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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Rafael Gutiérrez Girardot, La identidad hispanoamericana y otras polémicas.: (Antología y estudio introductorio de Damián Pachón Soto). Bogotá, Universidad Santo Tomás, Biblioteca colombiana de filosofía, 2012, 396 p.]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="4">     <p><b>Rafael Guti&eacute;rrez Girardot, La identidad hispanoamericana y otras pol&eacute;micas. </b>    <br>   <b>(Antolog&iacute;a y estudio introductorio de Dami&aacute;n Pach&oacute;n Soto).    <br> Bogot&aacute;, Universidad Santo Tom&aacute;s, Biblioteca colombiana de filosof&iacute;a, 2012, 396 p.</b></p></font> <font face="verdana" size="2">     <p>Dami&aacute;n Pach&oacute;n Soto    <br> Universidad Santo Tom&aacute;s (Colombia)    <br> <a href="mailto:damianpachon@gmail.com"><i>damianpachon@gmail.com</i></a></p>     <p>Fecha de recepci&oacute;n: febrero 28 de 2013     <br>Fecha de aceptaci&oacute;n: marzo 25 de 2013</p> <hr>     <p>La permanencia desde los a&ntilde;os cincuenta de Rafael Guti&eacute;rrez Girardot en Alemania, pa&iacute;s que lo acogi&oacute; en la vida acad&eacute;mica y universitaria, y donde el fil&oacute;sofo colombiano perfeccion&oacute; su formaci&oacute;n y su forma de trabajo que hab&iacute;a iniciado en el Instituto de Filosof&iacute;a de la Universidad Nacional, luego con Xavier Zubiri en Espa&ntilde;a y finalmente con Heidegger y Hugo Friedrich, ha llevado a muchos a la trivial y superficial acusaci&oacute;n de germanofilia o, lo que es m&aacute;s desacertado, que al colombiano no le interes&oacute; lo producido en Am&eacute;rica Latina y que subvalor&oacute; sus producciones filos&oacute;ficas y literarias. Lo cierto es que la permanencia en Alemania fue lo que le posibilit&oacute; a Guti&eacute;rrez Girardot desarrollar su obra. All&aacute; tuvo la formaci&oacute;n, los contactos intelectuales, los materiales y, ante todo, la libertad que le permitieron su labor cr&iacute;tica y pol&eacute;mica. Pero, Guti&eacute;rrez Girardot nunca dej&oacute; fuera de su horizonte a Hispanoam&eacute;rica, es m&aacute;s, esta fue su &uacute;nica preocupaci&oacute;n.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En una entrevista sostuvo: &quot;No me he germanizado, si no que me he superamericanizado&quot;. En efecto, su obra es una cr&iacute;tica a la cultura latinoamericana y espa&ntilde;ola, a su atraso y sobre todo a sus vicios; es, igualmente, una recuperaci&oacute;n de nuestra tradici&oacute;n literaria: &quot;En las obras de Bello, Sarmiento, Gonz&aacute;lez Prada, Mart&iacute;, Rub&eacute;n Dar&iacute;o, o de Reyes, Henr&iacute;quez Ure&ntilde;a, Pic&oacute;n Salas, o Jos&eacute; Luis Romero, Jorge Basadre, est&aacute; lo mejor de nuestra inteligencia americana, de Nuestra Am&eacute;rica. Pero esa herencia se socava, se regatea o se oculta&quot; (Guti&eacute;rrez Girardot, 2011, p. 15).</p>     <p>La obra de Guti&eacute;rrez Girardot estuvo y estar&aacute; vinculada a la cr&iacute;tica y la pol&eacute;mica. Pero no solo eso. Tambi&eacute;n lo estar&aacute; a la filosof&iacute;a, la literatura, la sociolog&iacute;a, a la denuncia de las aristocracias recienvenidas latinoamericanas que han desangrado al continente. Su obra es una cr&iacute;tica de la simulaci&oacute;n o lo que &eacute;l llam&oacute;, con Dar&iacute;o y Silva, el rastacuerismo; es una cr&iacute;tica de las modas acad&eacute;micas o de lo que podemos llamar la &quot;neolatr&iacute;a&quot; o el &quot;filone&iacute;smo&quot;, que considera que todo lo nuevo es bueno, simplemente porque es nuevo, sin ocuparse de una discusi&oacute;n seria con esas novedades. En este sentido, la obra de Guti&eacute;rrez Girardot (2011) es un llamado a instaurar el rigor, formas serias de trabajo acad&eacute;mico y a superar ese sentimiento de inferioridad que los europeos propagaron y que los latinoamericanos han reproducido. Y para lograr eso: &quot;El primer paso es la integraci&oacute;n cultural, porque no despierta el recelo de intereses econ&oacute;micos y pol&iacute;ticos, esta integraci&oacute;n cultural es el camino de la Utop&iacute;a bolivariana. Pero esa integraci&oacute;n tiene un aspecto t&eacute;cnico-diplom&aacute;tico; debe ser serio, planificado, y no puede darse el lujo de dejarlo en manos de poetas y novelistas&quot; (p. 12).</p>     <p><b>I</b></p>     <p>Esta antolog&iacute;a, titulada <i>La identidad de Hispanoam&eacute;rica y otras pol&eacute;micas, </i>intenta dar cuenta de lo se&ntilde;alado arriba. Por eso tiene tres partes, donde se resaltan precisamente importantes aspectos de la obra del profesor colombiano de la Universidad de Bonn: su <i>hispanoamericanismo, </i>su relaci&oacute;n con la filosof&iacute;a y su indeclinable vocaci&oacute;n cr&iacute;tica y pol&eacute;mica. Todos estos temas est&aacute;n de manera transversal en sus escritos, son el horizonte desde donde su obra debe ser abordada.</p>     <p>En este ensayo introductorio me referir&eacute; esquem&aacute;ticamente a cada una de las partes de la antolog&iacute;a, as&iacute; no le evito al lector el deber -y el placer- de leer cada uno de los ensayos. Aqu&iacute; solo indicar&eacute; las l&iacute;neas generales de la antolog&iacute;a. No est&aacute; dem&aacute;s decir que en una nota al pie se indica la fuente de donde fue tomado cada art&iacute;culo, muchos de ellos publicados en varios lugares.</p>     <p>En la primera parte, titulada &quot;El problema de la identidad hispanoamericana&quot;, se recogen cuatro ensayos: <i>La identidad hispanoamericana, Mestizaje y cosmopolitismo: perspectivas de interpretaciones literarias y sociol&oacute;gicas en Am&eacute;rica Latina, Sobre el problema de la definici&oacute;n de Am&eacute;rica Notas sobre la obra de Jos&eacute; Luis Romero </i>y <i>Estratificaci&oacute;n social, cultura y violencia en Colombia. </i>Esta parte responde, a mi juicio, las siguientes preguntas: &iquest;qu&eacute; es eso que en la filosof&iacute;a latinoamericana y en otras disciplinas en el continente han llamado identidad? &iquest;Representan el indigenismo y el mestizaje esa identidad? &iquest;Cu&aacute;l es el verdadero problema del continente y cu&aacute;l es la responsabilidad de las aristocracias latinoamericanas?</p>     <p>En primer lugar, para Rafael Guti&eacute;rrez Girardot (1997), la pregunta por la identidad es una especulaci&oacute;n turbia, un pseu-doproblema conceptual en la filosof&iacute;a latinoamericana. Y lo es porque tal concepto pertenece a la &quot;psicolog&iacute;a social&quot; y denota: &quot;El estadio al que llega el individuo cuando al salir de la adolescencia adquiere conciencia de que es alguien en la sociedad, de que tiene un papel en ella&quot;(p. 201). Es un concepto biol&oacute;gico que pertenece a la vida del individuo, y por eso mismo no se puede trasponer a la vida de los pueblos. Pues si lo hacemos, terminamos cayendo en los mismos fundamentos de los fascismos de distinto cu&ntilde;o que se dieron en Europa y que en el caso alem&aacute;n fundament&oacute; biol&oacute;gicamente el nazismo. El concepto de identidad, por otra parte, no hace alusi&oacute;n a una &quot;esencia&quot;, a una &quot;sustancia&quot;, a algo por fuera de la historia; no es una pregunta especulativa por el &quot;ser&quot; de Am&eacute;rica. En Am&eacute;rica Latina la identidad est&aacute; en la &quot;civilizaci&oacute;n material&quot; (Braudel), en los procesos materiales, econ&oacute;micos; en la interacci&oacute;n con Europa, en la forma detallada como se dio la europeizaci&oacute;n del continente desde el siglo XVI, tal como lo ha mostrado en su obra Jos&eacute; Luis Romero. Para el colombiano, Romero mostr&oacute; con sus estudios, especialmente con <i>Latinoam&eacute;rica: las ciudades y las ideas </i>(1976), que la pregunta por el ser de Am&eacute;rica era un problema mal planteado; que en su caso se trataba de la forma como a trav&eacute;s de las ciudades llegaron las ideas; c&oacute;mo se dieron procesos aut&oacute;nomos y heter&oacute;nomos que explicitaron la vida material, su modo de producci&oacute;n, las mentalidades en nuestro suelo.</p>     <p>Por lo dem&aacute;s, el concepto de identidad al remitir a lo que &quot;somos&quot;, a lo &quot;originario&quot;, a la &quot;naturaleza&quot; solo confirmaba el prejuicio de los europeos de lo ex&oacute;tico latinoamericano, de la Am&eacute;rica natural, del &quot;buen salvaje&quot;. Es decir, de una imagen de Am&eacute;rica que se transmiti&oacute; en Europa desde el siglo XVI y que los mismos europeos explotaron, tal como puede verse durante los siglos XXVIII y XIX: &quot;La colonizaci&oacute;n europea se justific&oacute; a s&iacute; misma en cuanto convirti&oacute; a la juventud de las naciones colonizadas en permanente inmadurez, y cre&oacute; y foment&oacute; en ellas la condici&oacute;n de su inferioridad&quot; (Guti&eacute;rrez, 1997, p. 203). Ese problema lo mostr&oacute; magistralmente Antonello Gerbi (1993) en su libro <i>La disputa del Nuevo Mundo. </i>As&iacute; las cosas, el concepto de &quot;Identidad&quot;, con lo propio, lo nuestro, etc., se vincula a la &quot;inmadurez&quot;, la &quot;juventud&quot; de Am&eacute;rica, a la vez que alude a la &quot;mayor&iacute;a de edad&quot; de Europa. Asimismo, la alusi&oacute;n a la identidad fundament&oacute; los populismos, nacionalismos y dictaduras latinoamericanas del siglo pasado.</p>     <p>El indigenismo, por su parte, si bien hizo reivindicaciones justas como la de Ra&uacute;l Haya de Latorre, pues el ind&iacute;gena y tambi&eacute;n el negro han estado marginados de la sociedad latinoamericana, excluidos, no representa la identidad de Hispanoam&eacute;rica. De tal modo que expresiones como &quot;Amerindia&quot;, &quot;Indoam&eacute;rica&quot;, etc., hacen alusi&oacute;n a una &quot;realidad parcial&quot; y no a toda Am&eacute;rica Latina. Es un ejercicio abusivo trasponer una realidad particular del continente -lo ind&iacute;gena- al todo. Y ese indigenismo, precisamente, a trav&eacute;s de la literatura, foment&oacute; la visi&oacute;n ex&oacute;tica de Europa sobre Nuestra Am&eacute;rica. Fue, por lo dem&aacute;s, solo explotaci&oacute;n literaria de lo ind&iacute;gena, tal como aparece en las novelas de Miguel Ángel Asturias. En este sentido, para Guti&eacute;rrez Girardot (1989) es claro que nuestra sustancia espiritual es europea: &quot;La sustancia institucional y cultural latinoamericana es europea. <i>Las poblaciones ind&iacute;genas y negras, que han sido mantenidas al margen de la sociedad y de la historia, no han podido contribuir en nada a la transformaci&oacute;n y diferenciaci&oacute;n de esa sustancia&quot; </i>(p. 52).</p>     <p>El mestizaje tiene el mismo problema, pues &iquest;qu&eacute; es mestizo? &iquest;Qu&eacute; es una obra mestiza? En este caso hay mayor confusi&oacute;n porque el mestizaje recoge motivos ideol&oacute;gicos y econ&oacute;micos: ciertos valores como el honor y el prestigio, pues basta pensar en los pleitos por el Don ante el Consejo de Indias, la simulaci&oacute;n de la blancura o lo que Santiago Castro-G&oacute;mez ha llamado &quot;el imaginario social de la blancura&quot;, el blanqueamiento jur&iacute;dico y la compra de t&iacute;tulos. En su ensayo &quot;Mestizaje y cosmopolitismo...&quot; encontramos un importante p&aacute;rrafo:</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote>    <p>Antes de que el conde de Gobineau decretara en su <i>Ensayo sobre la desigualdad de las razas </i>(1853-1855) la superioridad de la raza arquet&iacute;picamente blanca, la aria, los espa&ntilde;oles educados en la custodia de la pureza de sangre hab&iacute;an elaborado un cat&aacute;logo de los diversos cruces de razas en el Nuevo Mundo: era tan diferenciado como los cat&aacute;logos de pecados que hab&iacute;an elaborado los p&aacute;rrocos de la Espa&ntilde;a contrarreformista. Todos los productos de esos injertos eran natural y necesariamente inferiores. (Guti&eacute;rrez Girardot, 1998, p. 240)</p></blockquote>     <p>Esto le permite decir a Guti&eacute;rrez Girardot que los verdaderos creadores de esa &quot;ficci&oacute;n encubridora&quot; que es la superioridad blanca son los espa&ntilde;oles, antes de Gobineau y los alemanes (tambi&eacute;n de Kant en su <i>Antropolog&iacute;a, </i>D.P). Pero la importancia de esto consiste en que el mestizaje, las castas, los pardos, etc., todas estas expresiones, remiten a la &quot;pureza de sangre&quot; y esta a la &quot;pureza de fe&quot;. Es decir, hay un fundamento de ese racismo en t&eacute;rminos religiosos. Pero, a la vez, ese racismo es una ficci&oacute;n, pues &iquest;qu&eacute; es la pureza de sangre? Ese racismo, desde la perspectiva de Guti&eacute;rrez Girardot, le permiti&oacute; a los espa&ntilde;oles blancos legitimar su superioridad sobre lo no blanco a la vez que legitimaba la inferioridad de lo no espa&ntilde;ol. De tal manera que la lucha de clases entre nosotros era una &quot;lucha de razas&quot;. Pero la raza no es el real problema de lo que se ha llamado &quot;identidad&quot;. El problema real es otro: que a trav&eacute;s de esa &quot;ficci&oacute;n encubridora&quot; de la pureza de sangre, los blancos fundamentaron su condici&oacute;n social superior. , Esa ficci&oacute;n, con su base religiosa, es el fundamento de la &quot;constituci&oacute;n social aristocr&aacute;tica&quot; de Am&eacute;rica; de sus &quot;jerarqu&iacute;as sociales&quot;. Fue el legado que recogieron los criollos y todos aquellos que, basados en la blancura y en la inferioridad de los dem&aacute;s injertos, se convirtieron en aristocracias en la Am&eacute;rica de la posindependencia, especialmente en los siglos XVIII y XIX: &quot;La contribuci&oacute;n de la aristocracia latinoamericana, la continuadora de las familias criollas que analizaron sucintamente Jorge Juan y Antonio de Ulloa, a la cultura universal se reduce a la entrada <i>rast-&aacute;-couer&eacute; </i>en el diccionario franc&eacute;s de Littr&eacute; y a mantener en estado primitivo a las sociedades latinoamericanas para que su <i>folklore </i>peculiar deleite a los europeos&quot; (Guti&eacute;rrez Girardot, 1998, p. 249).</p>     <p>Esas aristocracias han encarnado la simulaci&oacute;n o el rastacue-rismo: ese &quot;parecer ser lo que no se es&quot;, esto es, la enga&ntilde;ifa, la estafa, el mimetismo, el encubrimiento. Se ha simulado la cr&iacute;tica y hasta la fama (como Mario Laserna), la representaci&oacute;n genuina del pueblo y sus intereses (como en los Camilos Torres). Esas aristocracias han encarnado el triple yugo del que habl&oacute; Bol&iacute;var: la ignorancia, la tiran&iacute;a y el vicio. Esas aristocracias han fomentado la violencia y han desvalijado al continente; impidieron, de la mano de la Iglesia, la secularizaci&oacute;n total y, lo m&aacute;s importante, con todas sus estrategias socavaron el ingreso de la modernidad. As&iacute; evitaron la movilidad social y han mantenido sus privilegios. Son ellas las responsables del desangre, la mediocridad (lograda a trav&eacute;s de las universidades) y del estado de cuasidestrucci&oacute;n de Nuestra Am&eacute;rica. Estos aspectos se encuentran en el ensayo <i>Estratificaci&oacute;n social, cultura y violencia en Colombia, </i>contenido en esta antolog&iacute;a, y en el texto &quot;La cr&iacute;tica a la aristocracia bogotana en Gabriel Garc&iacute;a M&aacute;rquez y R. H. Moreno Dur&aacute;n&quot; (Guti&eacute;rrez, 1997, pp. 173-200).</p>     <p>El problema de la identidad hispanoamericana no se trata de preguntas &quot;aventuradas y aventureras&quot; o especulaciones sobre el ser, lo originario, lo peculiar o alguna &quot;sustancia&quot; tal como en los indigenismos o el mestizaje de los Otto Morales Ben&iacute;tez o en algunos fil&oacute;sofos latinoamericanos que han fomentado ese malentendido: Edmundo O'gorman, Leopoldo Zea, Salazar Bondy, etc. Lo que puede llamarse identidad es, m&aacute;s bien, el desentra&ntilde;amiento del pasado, de la forma como hemos llegado a ser lo que somos, pero m&aacute;s que eso: implica un proyecto de porvenir, de futuro, que proyecte a Hispanoam&eacute;rica m&aacute;s all&aacute; de su realidad, que la eleve a la universalidad. Esto est&aacute; presente en Reyes, Henr&iacute;quez Ure&ntilde;a, Mart&iacute;, Bello, etc., en quienes encontramos esos proyectos de futuro, ese &quot;no somos todav&iacute;a&quot; como pueblo; y en Jos&eacute; Luis Romero y en autores como el chileno Mario G&oacute;ngora encontramos nuestra historia inserta en la historia occidental, encontramos en ellos el &quot;decurso temporal&quot;, los procesos hist&oacute;ricos, etc., que explicitan c&oacute;mo Am&eacute;rica ha llegado a ser lo que es, y a partir de all&iacute; puede proyectar lo que quiere ser o lo que no es todav&iacute;a.</p>     <p>En el caso de Guti&eacute;rrez Girardot, esto tambi&eacute;n lo satisfac&iacute;a su proyecto de &quot;una historia social de la literatura&quot;, la cual adem&aacute;s de ser un problema epistemol&oacute;gico, pues implica mostrar c&oacute;mo la sociedad se hace presente en la literatura, tiene una funci&oacute;n pol&iacute;tica, la historia social de la literatura, ya que tiene en Guti&eacute;rrez Girardot (2001) una relaci&oacute;n con la utop&iacute;a:</p>     <blockquote>    <p>La de hacer consciente a la sociedad de lo que ella es y c&oacute;mo ha llegado a ser lo que es, y la de se&ntilde;alar, a trav&eacute;s de la cr&iacute;tica, metas ut&oacute;picas, es decir, contribuir a dinamizarla &#91;...&#93; la de rescatar, actualizar y vivificar la tradici&oacute;n menospreciada &#91;...&#93;; y la de recuperar por este camino la conciencia de la unidad de Nuestra Am&eacute;rica, que es el &uacute;nico freno a la creciente atomizaci&oacute;n de nuestras sociedades. Estas sociedades vejadas por quienes deber&iacute;an defenderlas y dirigirlas, tienen hoy un &uacute;nico soporte y esperanza de recuperar su fuerza unitaria, y &eacute;ste es el intelectual.(p. 147)</p></blockquote>     <p><b>II</b></p>     <p>En la segunda parte, titulada &quot;Incursiones filos&oacute;ficas&quot;, aparecen varios ensayos que muestran la ocupaci&oacute;n permanente de Guti&eacute;rrez Girardot con esta disciplina. Esto permite derrumbar otro malentendido, pues si bien Guti&eacute;rrez se dedic&oacute; con pasi&oacute;n a la cr&iacute;tica literaria, tambi&eacute;n es cierto que nunca abandon&oacute; su labor filos&oacute;fica. Esta permea toda su obra de manera transversal. En ella se inici&oacute; en la Universidad Nacional, luego con Zubiri y Heidegger. Prueba de ello son sus estudios sobre Hegel, Nietzsche, Luk&aacute;cs, Walter Benjamin, Ortega y sus escritos sobre el llamado proceso de normalizaci&oacute;n entre nosotros que aparecen aqu&iacute;. Sobre este conjunto de ensayos es pertinente subrayar lo siguiente.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El ensayo &quot;Otra vez Nietzsche&quot;, publicado en la revista <i>Mito </i>en 1957, denota la temprana presencia del autor alem&aacute;n en la obra del colombiano. Este ensayo trata sobre la edici&oacute;n de las obras completas de Nietzsche, hecha entre 1954-1957 por Karl Schlechta, una edici&oacute;n en la que se depuran los aforismos que la hermana de Nietzsche y Peter Gast hab&iacute;an publicado bajo el t&iacute;tulo de <i>La voluntad de poder, </i>que sirvi&oacute;, entre otras cosas, y gracias a sus recortes, mutilaciones y omisiones, para vincular a Nietzsche con el nazismo. Por otro lado, Guti&eacute;rrez se volver&iacute;a a enfrentar con Nietzsche en su libro <i>Nietzsche y la filolog&iacute;a cl&aacute;sica, </i>de 1966 (publicado en Buenos Aires por la editorial Eudeba), texto cl&aacute;sico en los estudios del joven Nietzsche, que trata de su relaci&oacute;n compleja y cr&iacute;tica con la filolog&iacute;a de su &eacute;poca a la vez que alumbra aspectos importantes para la comprensi&oacute;n y las circunstancias en que apareci&oacute; <i>El nacimiento de la tragedia en el esp&iacute;ritu de la m&uacute;sica </i>(1872), as&iacute; como la &quot;transformaci&oacute;n&quot; de Nietzsche a la filosof&iacute;a.</p>     <p>Los ensayos sobre Hegel dan muestra del rigor de Guti&eacute;rrez Girardot como fil&oacute;sofo y de la importante influencia del pensador alem&aacute;n en su obra. De Hegel siempre admir&oacute; Guti&eacute;rrez Girardot su llamado al &quot;esfuerzo del concepto&quot;, o como ha sido traducido por Roses: &quot;La labor del concepto&quot;, que no es otra cosa que el trabajo sistem&aacute;tico, riguroso con las fuentes, donde se muestra la necesidad interna de los conceptos y su desenvolvimiento. Con Hegel se aprende, en efecto, que si bien se puede estar en desacuerdo con lo que plantea, su lectura constituye un buen entrenamiento para el posterior enfrentamiento con los problemas filos&oacute;ficos de quien se inicia en la filosof&iacute;a. Hegel siempre signific&oacute; para Guti&eacute;rrez Girardot: la labor de taller conceptual y el ejemplo de una forma seria de trabajo filos&oacute;fico y cr&iacute;tico. En los ensayos aqu&iacute; presentados, Guti&eacute;rrez Girardot (2006a) establece -contra muchos marxistas dogm&aacute;ticos- el v&iacute;nculo entre Hegel y Marx, hace algunas anotaciones sobre la est&eacute;tica y el concepto de lo bello, muestra c&oacute;mo su &quot;filosof&iacute;a especulativa&quot; tiene una &quot;g&eacute;nesis pol&iacute;tica&quot; y as&iacute; sit&uacute;a la relaci&oacute;n de su filosof&iacute;a con la realidad inmediata de Alemania y con el problema de la naciente sociedad burguesa y sus inherentes caracter&iacute;sticas: el desgarramiento, la ambigüedad, la escisi&oacute;n, el ego&iacute;smo, el individualismo, etc., tal como tambi&eacute;n lo refiere en su libro m&aacute;s importante, <i>Modernismo: supuestos hist&oacute;ricos y culturales </i>(Guti&eacute;rrez, 2004, Cap. I). La vinculaci&oacute;n de la filosof&iacute;a de Hegel con la situaci&oacute;n pol&iacute;tica de la Alemania de las primeras d&eacute;cadas del siglo XIX y con el problema del nacimiento de la Sociedad burguesa es f&aacute;cilmente corroborable en el libro <i>Raz&oacute;n y revoluci&oacute;n. Hegel y el nacimiento de la teor&iacute;a social&quot; </i>del fil&oacute;sofo alem&aacute;n Herbert Marcuse (1994).</p>     <p>Guti&eacute;rrez Girardot tambi&eacute;n encontr&oacute; en Hegel las bases epistemol&oacute;gicas principales (aunque no &uacute;nicamente en &eacute;l) o, mejor, el problema a resolver, de su propuesta de una &quot;Historia social de la literatura hispanoamericana&quot;. Para Guti&eacute;rrez Girardot, la <i>Est&eacute;tica </i>de Hegel<i>formul&oacute; </i>filos&oacute;ficamente el problema de la relaci&oacute;n entre la literatura, la sociedad y los g&eacute;neros literarios, aunque sin tematizarlos profundamente. El asunto lo trat&oacute; Guti&eacute;rrez Girardot en varios escritos, principalmente en <i>Hegel y la literatura </i>(1994) y en <i>Fin del arte y p&eacute;rdida del aura (Hegely Walter Benjamin), </i>este &uacute;ltimo no incluido en esta antolog&iacute;a. El problema tiene que ver con &quot;el fin del arte&quot; o la &quot;muerte del arte&quot;. Fen&oacute;meno est&eacute;tico y sociol&oacute;gico que trata Hegel en su <i>Est&eacute;tica. </i>All&iacute; Hegel explica que el arte ya no capta las verdades esenciales del esp&iacute;ritu, que es inadecuado en la sociedad burguesa para esos menesteres. Esto quiere decir que en la nueva sociedad, donde reina el ego&iacute;smo, donde el hombre es medio para el hombre, donde reina la escisi&oacute;n y el individuo es un ser &quot;anfibio&quot;, el arte, que Hegel consideraba dentro de lo cl&aacute;sico, esto es, de una &eacute;poca arm&oacute;nica, ideal, donde existe una totalidad org&aacute;nica y sin mayores contradicciones, ha sido superado por la filosof&iacute;a: &quot;En su filosof&iacute;a, la marcha exigente del esp&iacute;ritu, hab&iacute;a negado, conservado, absorbido, y por lo tanto, anulado, llev&aacute;ndolos a un m&aacute;s alto nivel, la religi&oacute;n y el arte&quot; (p. 183). Esto indica que el arte es algo del pasado en la nueva sociedad y que lo que se impone ahora es lo que Hegel llam&oacute; &quot;la era mundial de la prosa&quot;. Aqu&iacute; se impone la reflexi&oacute;n y el pensamiento sobre la verdad art&iacute;stica. Esta &quot;es libre, no utilizable para proyectos pr&aacute;cticos, porque est&aacute; fuera de la lucha de fuerzas en que consiste la dial&eacute;ctica y que provoca la inteligencia finita, el poder absoluto del entendimiento&quot; (1994, p. 183). Guti&eacute;rrez Girardot no entra en detalle a dilucidar la relaci&oacute;n que en Hegel existe entre la filosof&iacute;a y el arte. Le interesa mostrar que en la <i>Est&eacute;tica </i>aparece una &quot;sociolog&iacute;a de la literatura&quot;, pues el arte propio de la sociedad burguesa, de la era mundial de la prosa, es la novela. Es decir, Hegel ha avanzado en la dilucidaci&oacute;n de la relaci&oacute;n que existe entre g&eacute;neros literarios y sociedad. En esa sociedad burguesa, pues, el arte pierde su papel, pero sigue desarroll&aacute;ndose, perfeccion&aacute;ndose. Hegel no quiso decir que nunca habr&iacute;a m&aacute;s arte. La muerte que &eacute;l proclama es una muerte dial&eacute;ctica. Dice Gadamer (2007) en su ensayo <i>&iquest;Fin del arte?: </i>&quot;La teor&iacute;a de Hegel sobre el car&aacute;cter pasado del arte no implica sin m&aacute;s que el arte ya no tiene ning&uacute;n futuro, sino que en su esencia pertenece siempre al pasado, cuandoquiera que florezca, hasta cualquier futuro&quot; (p. 67). Este problema lo trato en detalle en mi libro <i>La concepci&oacute;n de Hispanoam&eacute;rica en Rafael Guti&eacute;rrez Girardot </i>(Pach&oacute;n, 2010, pp. 35-58).</p>     <p>Por otra parte, los ensayos sobre Luk&aacute;cs y Benjamin esclarecen algunos puntos interesantes de estos dos autores. En el primer caso, Guti&eacute;rrez refiere las causas del &eacute;xito de la recepci&oacute;n de Luk&aacute;cs en la Alemania de la posguerra, a la vez que pone el acento en la experiencia militante de Luk&aacute;cs con el socialismo real, as&iacute; como sus intentos te&oacute;ricos de salvar la &quot;teor&iacute;a del reflejo de Lenin&quot; con su teor&iacute;a del mimetismo. Guti&eacute;rrez Girardot critica el &quot;realismo est&eacute;tico&quot; de Luk&aacute;cs, su compromiso pol&iacute;tico y los efectos que esto tuvo sobre la cr&iacute;tica literaria; as&iacute; como el anacronismo de sus teor&iacute;as est&eacute;ticas al ocuparse de lo bello y su convencimiento de que no es posible, ni deseable, un renacimiento de este autor. De Luk&aacute;cs solo resalta Guti&eacute;rrez Girardot (1986) en este escrito su libro <i>El joven Hegel </i>(1948), el cual considera fundamental para el renacimiento del autor de la <i>Fenomenolog&iacute;a del esp&iacute;ritu: </i>&quot;La nueva imagen de Hegel es inconcebible sin esa obra&quot; (p. 104).</p>     <p>Por su parte, el ensayo sobre Benjamin muestra las &quot;afinidades electivas&quot; del autor alem&aacute;n -entre ellos Carl Schmitt-, miembro de la famosa Escuela de Frankfurt, quien se suicid&oacute; en los Pirineos en 1940. Un autor que Guti&eacute;rrez Girardot dio a conocer tempranamente en Colombia antes de que Rub&eacute;n Jaramillo hiciera una seria difusi&oacute;n entre nosotros de la teor&iacute;a cr&iacute;tica. Por lo dem&aacute;s, esa labor de Guti&eacute;rrez Girardot tambi&eacute;n tom&oacute; frutos en las publicaciones de la Editorial Sur en los a&ntilde;os sesenta, donde el fil&oacute;sofo colombiano colabor&oacute; con traducciones y alent&oacute; la difusi&oacute;n de lo que hoy se conoce como la Escuela de Frankfurt.</p>     <p>El ensayo titulado &quot;Michel Foucault: los laberintos del es-tructuralismo&quot; recobra hoy gran importancia, 36 a&ntilde;os despu&eacute;s de su publicaci&oacute;n en su libro <i>Horas de estudio </i>(Guti&eacute;rrez Girardot, 1976, pp. 291-298). Lo es porque, adem&aacute;s de ser una cr&iacute;tica a los presupuestos epistemol&oacute;gicos expuestos por Foucault en <i>La arqueolog&iacute;a del saber, </i>cobija parte de esos mismos presupuestos que el fil&oacute;sofo franc&eacute;s mantuvo durante su vida: lo es tambi&eacute;n porque la cr&iacute;tica a Foucault se extiende a todos los fil&oacute;sofos posmodernos o &quot;postconfisos&quot;, como tambi&eacute;n los llam&oacute; el cr&iacute;tico colombiano. Asunto que se trata con detalle en el segundo ensayo de este estudio introductorio.</p>     <p>Para Guti&eacute;rrez Girardot (2009) la posmodernidad es &quot;una especie de acompa&ntilde;ante del neoliberalismo&quot; (p. 8). Y a su vez, el neoliberalismo se funda en los &quot;suspiros filos&oacute;ficos&quot; de Sir Karl R. Popper. Pero, &iquest;por qu&eacute; Guti&eacute;rrez Girardot le adjudica la paternidad del neoliberalismo a Popper? Sencillamente porque fue Popper quien en su libro <i>La sociedad abierta y sus enemigos </i>atac&oacute; a Plat&oacute;n, Hegel y Marx rechazando las filosof&iacute;as de &quot;intenci&oacute;n sistem&aacute;tica&quot; y de &quot;explicaci&oacute;n de los fen&oacute;menos hist&oacute;ricos desde una perspectiva de totalidad&quot; y equipar&oacute; esa pretensi&oacute;n de la filosof&iacute;a tradicional occidental con una praxis pol&iacute;tica totalitaria (Guti&eacute;rrez, 2002, p. 131). Por otra parte, Popper propuso una pol&iacute;tica de &quot;pasos breves&quot;, de &quot;soluciones inmediatas a problemas inmediatos&quot;. Es decir, justific&oacute; el &quot;inmediatismo&quot;. Aqu&iacute; ya est&aacute;n puestos los fundamentos de la posmodernidad.</p>     <p>La actitud de Popper y la de los fil&oacute;sofos posmodernos se corresponde con la &quot;mala conciencia&quot; despu&eacute;s de la Segunda Guerra Mundial. En este periodo, los pol&iacute;ticos quisieron abandonar la noci&oacute;n de totalidad de los fen&oacute;menos para ocultar su responsabilidad en esos hechos. Por lo dem&aacute;s, la conciencia de la &eacute;poca es la de renuncia a esa historia, el abandono de la tradici&oacute;n y, como correlato, el adanismo, que consiste en querer empezar la historia de nuevo, de fundarla. De ah&iacute; surgi&oacute; el culto a lo nuevo o lo que aqu&iacute; he llamado el &quot;neolatrismo&quot;. La filosof&iacute;a de Foucault y los posmodernos deben sus &eacute;xitos a esa conciencia; tambi&eacute;n la de Habermas en Alemania. En el caso de los franceses, Mayo del 68 atiz&oacute; ese sentimiento.</p>     <p>Todo esto lleva a que Guti&eacute;rrez Girardot (2009) afirme: &quot;La posmodernidad ha suprimido el pensamiento&quot; (p. 8). Y es as&iacute; por lo siguiente: el culto a lo inmediato impide que los hechos sean explicados dentro de fen&oacute;menos o totalidades mayores, es decir, impide pensar en los contextos mismos que hacen posibles esos hechos o esos &quot;fen&oacute;menos inmediatos&quot;. Se pierde la visi&oacute;n general del cuadro y se cae en lo que Mar&iacute;a Zambrano (2000) llam&oacute;, tambi&eacute;n en 1945, en <i>La agon&iacute;a de Europa, </i>la sumisi&oacute;n a la &quot;pavo-rosidad de los hechos&quot;, de lo existente (pp. 25-26). En t&eacute;rminos hegelianos esto implica renunciar al &quot;esfuerzo del concepto&quot;. Y si se renuncia al esfuerzo de comprender el contexto de lo &quot;inmediato&quot; se cae en el <i>facilismo </i>y se promueve el <i>automatismo </i>y el <i>conformismo </i>en la sociedad actual neoliberal, tal como lo reitera en el ep&iacute;logo de <i>Nietzsche y la filolog&iacute;a cl&aacute;sica. </i>Todas estas son las glorias del posmodernismo, el cual es un clon del capitalismo, tal como tambi&eacute;n lo sostiene entre nosotros Ren&aacute;n Vega Cantor.</p>     <p>A la &quot;supresi&oacute;n del pensamiento&quot;, del esfuerzo del concepto, se sigue la muerte de la cr&iacute;tica. Pues si todo vale y es v&aacute;lido por el solo hecho de existir, &iquest;qu&eacute; papel le queda al intelectual? &iquest;Cu&aacute;l ser&iacute;a su funci&oacute;n en una sociedad donde todo es salvado sin discriminaci&oacute;n alguna, donde no hay criterios? Es decir, de esos presupuestos se deriva tambi&eacute;n la cr&iacute;tica de los intelectuales, la muerte de la cr&iacute;tica y el antihumanismo de la filosof&iacute;a posmoderna. Todas estas caracter&iacute;sticas de la posmodernidad son rechazadas por Guti&eacute;rrez Girardot. Ahora bien, el &eacute;xito de Foucault se debe a ese clima espiritual. Su obra se inscribe en el adanismo y en el filone&iacute;smo descrito arriba. Eso explica su categor&iacute;a de la <i>discontinuidad. </i>La discontinuidad en Foucault es la ruptura de la historia despu&eacute;s de 1945 y de Mayo del 68. Por lo dem&aacute;s, esa pretensi&oacute;n de fundar el mundo de nuevo es lo que lleva a Foucault y a los posmodernos a su &quot;arbitrismo&quot; y &quot;aventurerismo te&oacute;rico&quot;, a la &quot;inflaci&oacute;n terminol&oacute;gica&quot;, inflaci&oacute;n con la cual pretenden llenar los supuestos &quot;d&eacute;ficit de teor&iacute;a&quot;, pero en esa tarea -es el caso de Foucault- no hace otra cosa que mostrar como nuevo lo que ya es viejo; por ejemplo, su teor&iacute;a del enunciado, que la encuentra Guti&eacute;rrez Girardot (1976, p. 292) en el idealismo alem&aacute;n, su teor&iacute;a del documento, que ya se encontraba en Droysen; de hecho antes, a partir de 1909, Eduard Fuchs hab&iacute;a escrito su libro <i>Historia ilustrada de la moral sexual desde la Edad Media hasta la &eacute;poca burguesa, </i>en seis tomos, de tal manera que la de Foucault no es la primera. Lo mismo cabe decir de la muerte del sujeto, que como es sabido ya se encuentra en Nietzsche y Heidegger. En el ensayo &quot;Problemas de la filosof&iacute;a en Colombia&quot;, incluido en esta antolog&iacute;a, dice Guti&eacute;rrez Girardot (s.f.) sobre Foucault:</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote>    <p>El ecl&eacute;ctico Foucault, que puede considerarse como medio representante a medias del estructuralismo franc&eacute;s y de la filosof&iacute;a anal&iacute;tica inglesa, por ejemplo, &quot;elabora&quot; una teor&iacute;a del documento, que no solamente ya se encontraba en la <i>Historik </i>de Droysen (de 1862 a 1879), sino que adem&aacute;s se hallaba all&iacute; mejor formulada que en Foucault. El mismo Foucault, asegura en su <i>Historia de la sexualidad, </i>de 1976, que hasta ahora no se ha hecho cosa semejante, lo cual sorprende o tiene que sorprender si se tiene en cuenta que ya en 1909 el &quot;coleccionista e historiador&quot; Eduard Fuchs, como lo llama Walter Benjam&iacute;n, hab&iacute;a publicado una muy documentada historia de las costumbres, que en realidad no era otra cosa que una historia de la sexualidad desde el Renacimiento. Cierto es que no todas las tendencias &quot;metodol&oacute;gicas&quot; y &quot;cientificistas&quot; y &quot;estructuralistas&quot; cometen las ligerezas de Foucault. Muchas de ellas, como lo apunta el ya citado Apel, desarrollaron m&aacute;s ampliamente y formularon m&aacute;s eficazmente los problemas de las &quot;fenomenolog&iacute;as&quot; o, m&aacute;s exactamente, planteados por esa y otras corrientes afines. Pero a todas ellas les es com&uacute;n, especialmente en sus seguidores, no siempre en sus fundadores, la ruptura con la historia propia, que en algunos casos, como en el de Von Wright, vuelve a introducirse en el tratamiento nuevo de alg&uacute;n problema viejo. Esa ruptura con la historia propia result&oacute; favorable a una forma terca del escolasticismo y de los h&aacute;bitos intelectuales hisp&aacute;nicos: <i>la de orientarse por la &uacute;ltima autoridad o por la &uacute;ltima de que se tiene noticia en esos pa&iacute;ses.</i></p></blockquote>     <p>El ensayo &quot;Ortega y Gasset o el arte de la simulaci&oacute;n majestuosa&quot; es, literalmente, un desenmascaramiento de Ortega como fil&oacute;sofo. Esa tarea tambi&eacute;n la hizo Guti&eacute;rrez Girardot (1997, pp. 75-118) en un conjunto de ensayos titulados &quot;Jos&eacute; Ortega y Gasset en el primer centenario de su nacimiento&quot;. En ellos denuncia la falta de rigor de Ortega, la ausencia de alguna teor&iacute;a importante suya que se haya convertido en legado para el conocimiento universal, su simulaci&oacute;n y rastacuerismo, su prepotencia intelectual, la costumbre de inflar el yo; el vicio de prometer escribir algo que finalmente nunca escrib&iacute;a; sus saltos por encima de toda la tradici&oacute;n filos&oacute;fica sin discutir con ella y su pretensi&oacute;n de ponerse en</p>     <p>la cima de la filosof&iacute;a universal. Guti&eacute;rrez Girardot lamenta que Ortega haya opacado a un fil&oacute;sofo mucho mejor que &eacute;l como fue Xavier Zubiri y le endilga el haber heredado a los intelectuales hispanoamericanos todos sus vicios filos&oacute;ficos y su simuladora forma de trabajo. Con todo, Guti&eacute;rrez Girardot nunca desconoci&oacute; la labor de difusor cultural que jug&oacute; Ortega en Am&eacute;rica Latina con su <i>Revista de occidente, </i>as&iacute; como la introducci&oacute;n de la filosof&iacute;a alemana en Espa&ntilde;a y en Am&eacute;rica; con esa filosof&iacute;a nos sac&oacute; de &quot;los tomismos dom&eacute;sticos&quot;. En un ensayo titulado &quot;Jos&eacute; Ortega y Gasset y Xavier Zubiri&quot; sostiene:</p>     <blockquote>    <p>Una especie de onanismo intelectual caracteriza a la obra filos&oacute;fica de Ortega. Este coincide con el sentido toreril del lance: Ortega cape&oacute; a los sistemas filos&oacute;ficos de la tradici&oacute;n, pero supo esquivar la discusi&oacute;n con ellos y se satisfizo con el gesto sin llegar siquiera a las banderillas. Jos&eacute; Ortega y Gasset ha sido el &uacute;nico torero al que sin matar el p&uacute;blico le concedi&oacute; m&aacute;s orejas de las que hab&iacute;a. (p. 204)</p></blockquote>     <p>Los &uacute;ltimos ensayos de la segunda parte se titulan, respectivamente, <i>La introducci&oacute;n de la filosof&iacute;a moderna en Colombia </i>y <i>Problemas de la filosof&iacute;a en Colombia. </i>Es una reflexi&oacute;n sobre lo que se ha llamado entre nosotros, a partir de la declaraci&oacute;n de Francisco Romero en 1940, &quot;normalizaci&oacute;n filos&oacute;fica&quot;. Se reconoce que en el caso colombiano la introducci&oacute;n de la filosof&iacute;a moderna se la debemos a Danilo Cruz V&eacute;lez y Rafael Carrillo. Guti&eacute;rrez Girardot tambi&eacute;n ha resaltado el papel que en ese proceso jugaron intelectuales como Nieto Arteta y Cayetano Betancur. Por lo dem&aacute;s, afirma en un ensayo titulado &quot;El libro de Danilo Cruz V&eacute;lez&quot;, incluido en <i>Hispanoam&eacute;rica: im&aacute;genes y perspectivas </i>(1989), que si bien el fil&oacute;sofo caldense introdujo formas serias de trabajo entre nosotros, al enfrentarse a la tradici&oacute;n que difundi&oacute;, debido a la &quot;circunstancia&quot; &eacute;l tuvo que &quot;monograf&iacute;ar&quot; a Heidegger y no pudo ir m&aacute;s all&aacute;. Sin embargo, esa labor, la de enfrentarse con los textos, y su buen manejo de estos, es algo valioso y un requisito de todo trabajo intelectual.</p>     <p>Por nuestra parte, consideramos que a futuro un estudio m&aacute;s minucioso de la obra de Danilo Cruz V&eacute;lez ofrecer&aacute; una mejor perspectiva para juzgar y valorar su obra. Por ejemplo, en la Universidad Santo Tom&aacute;s saldr&aacute; pr&oacute;ximamente un estudio sobre la lectura de Nietzsche que hizo Cruz V&eacute;lez, y se ha podido comprobar que en ella sigui&oacute; al pie de la letra la interpretaci&oacute;n que Heidegger hizo en sus conferencias sobre Nietzsche entre los a&ntilde;os treinta y cuarenta, incluso que copi&oacute; p&aacute;rrafos casi textualmente, por no hablar de plagio. Lo mismo cabe decir sobre el tratamiento que da Cruz V&eacute;lez a la t&eacute;cnica, donde la presencia de Heidegger es notoria.</p>     <p>El ensayo &quot;Problemas de la filosof&iacute;a en Colombia&quot; no solo critica el hecho de que la declaraci&oacute;n de normalizaci&oacute;n entre nosotros fue un poco apresurada, sino que enjuicia la labor que por aquella &eacute;poca hizo un hombre como Jos&eacute; Gaos, quien, tal como hab&iacute;a hecho Ortega en Espa&ntilde;a, introdujo la &uacute;ltima moda filos&oacute;fica entre nosotros en desmedro de un tratamiento y enfrentamiento riguroso con la tradici&oacute;n filos&oacute;fica. Ese enfrentamiento deb&iacute;a hacerse primero antes de pasar a la fenomenolog&iacute;a. Guti&eacute;rrez Girardot se&ntilde;ala adem&aacute;s los problemas que se derivaron de su &quot;cantinflizaci&oacute;n de Heidegger&quot;, esto es, la traducci&oacute;n que Gaos hizo de <i>Ser y tiempo. </i>Igualmente, culpa a la intelectualidad latinoamericana de seguir la &quot;forma de trabajo de Ortega&quot;, lo cual explica el atraso de la filosof&iacute;a en este continente. Pero su an&aacute;lisis y su diagn&oacute;stico de los problemas no se limita a los procesos hist&oacute;ricos arriba se&ntilde;alados, menciona tambi&eacute;n los problemas institucionales: carencia de bibliotecas, la confusi&oacute;n de la libertad de ense&ntilde;anza con la libertad de ense&ntilde;ar, el mal pago y la inseguridad laboral de profesores, as&iacute; como la inexistencia de profesores de tiempo completo, entre otros. Para sintetizar este texto podemos decir con el propio Guti&eacute;rrez Girardot (s.f.):</p>     <blockquote>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&iquest;C&oacute;mo esperar que se pueda emprender una asimilaci&oacute;n cr&iacute;tica de la tradici&oacute;n filos&oacute;fica europea, que se intenten trabajos serios sobre Arist&oacute;teles, sobre Plat&oacute;n, sobre Kant, sobre Hegel, a&uacute;n desde la perspectiva de las modernas corrientes adoptadas y aceptadas porque son las &uacute;ltimas? Suponiendo que la sociedad comprendiera y aceptara tal tarea de asimilaci&oacute;n cr&iacute;tica -&iquest;existir&iacute;an las posibilidades institucionales para cumplirla? Esas tareas son propias, no s&oacute;lo de centros seleccionados de investigaci&oacute;n, de centros &quot;elitarios&quot; como los que existen en los pa&iacute;ses industriales &#91;...&#93;. Pero la existencia de esos centros, desde los que se mantiene a alto nivel la densidad intelectual, supone primeramente la existencia de universidades suficientemente dotadas, con un profesorado profesional y libre en la c&aacute;tedra y en la investigaci&oacute;n, provisto de una garant&iacute;a de seguridad en el ejercicio de su tarea, que pueda entonces organizar el estudio de tal manera que en la Universidad no s&oacute;lo se aprenda, sino que se aprenda a investigar y que se investigue. Con reformas fragmentarias y remendonas, la universidad en Colombia s&oacute;lo ha cambiado -y empeorado- su fachada, ha copiado a veces las estructuras formales norteamericanas o ha generado una mezcla de estructuras tradicionales -el supuesto modelo napole&oacute;nico- y modernas que van desde las norteamericanas hasta las de las escuelas de comercio y de enfermeras.</p></blockquote>     <p><b>III</b></p>     <p>Antes de aludir a los ensayos de la &uacute;ltima parte es necesario hacer algunas precisiones sobre el significado de la cr&iacute;tica y la pol&eacute;mica en Rafael Guti&eacute;rrez Girardot. Como es sabido, estas atraviesan toda la obra del fil&oacute;sofo, hispanista, germanista y cr&iacute;tico colombiano.</p>     <p>En primer lugar, la cr&iacute;tica la encuentra Guti&eacute;rrez Girardot en la tradici&oacute;n alemana, especialmente en Schlegel, Kant y Hegel. Guti&eacute;rrez Girardot sol&iacute;a citar el famoso p&aacute;rrafo contenido en una nota al pie de la <i>Cr&iacute;tica de la raz&oacute;n pura </i>en la que Kant sostiene:</p>     <blockquote>    <p>Nuestra &eacute;poca es la &eacute;poca propiamente de la cr&iacute;tica, a la que todo debe someterse. De ordinario, a ella quieren sustraerse la <i>religi&oacute;n por su santidad </i>y la <i>legislaci&oacute;n </i>por su <i>majestad. </i>Pero pronto despiertan justa sospecha contra s&iacute; mismas y no pueden exigir que se les preste el respeto sincero que la raz&oacute;n s&oacute;lo concede a lo que ha podido soportar su libre y p&uacute;blico examen. (Citado en Guti&eacute;rrez, 1997, p. 31)</p></blockquote>     <p>Pues bien, la cr&iacute;tica es esclarecimiento, dilucidaci&oacute;n y exige de preparaci&oacute;n, m&eacute;todo, entrenamiento y un enfrentamiento previo con la tradici&oacute;n. Esto lo puso de presente Guti&eacute;rrez Girardot (1997, pp. 29-53) en un ensayo titulado &quot;Sobre la cr&iacute;tica y su carencia en las Espa&ntilde;as&quot;. En el colombiano la cr&iacute;tica tiene una funci&oacute;n positiva, como he escrito en otro lado:</p>     <blockquote>    <p>En Guti&eacute;rrez Girardot la cr&iacute;tica tiene, como toda cr&iacute;tica seria, la funci&oacute;n de discernir, esclarecer y dilucidar aspectos nuevos en la lectura de autores, corrientes y obras. Aqu&iacute; se trata de establecer nuevas relaciones internas, de sustentar una nueva posici&oacute;n sobre un tema o un concepto; de aclarar, por ejemplo, el sentido de una obra dentro de un contexto social o dentro de la totalidad de la obra del autor estudiado. Es mostrar un nuevo horizonte de comprensi&oacute;n de un t&oacute;pico normalmente monopolizado por un especialista. En este sentido, la cr&iacute;tica es combativa, porque rebate viejas posiciones; porque ataca el anquilosamiento de interpretaciones sobre un fen&oacute;meno literario determinado. La cr&iacute;tica as&iacute; entendida es creadora porque vislumbra nuevas posibilidades, alumbra nuevos problemas para ser investigados y desecha problemas mal planteados o entendidos. En Guti&eacute;rrez la cr&iacute;tica no consiste en desenterrar datos, nombres o fechas, se trata de revisar presupuestos epist&eacute;micos, formas de trabajo y m&eacute;todos de acercamiento a los objetos de estudio, es decir, la cr&iacute;tica como &quot;operaci&oacute;n intelectual&quot; llega hasta el fondo del asunto, del tema; se incrusta, se sumerge en &eacute;l, observa, dilucida y cuestiona la forma como se ha llegado a un determinado juicio o valoraci&oacute;n y, por eso mismo, est&aacute; en capacidad de revaluar u ofrecer una nueva perspectiva de an&aacute;lisis, un nuevo juicio. De esta forma Guti&eacute;rrez permaneci&oacute; fiel al lema de Husserl: &quot;ir a las cosas mismas&quot; y que en palabras de su maestro Heidegger puede definirse as&iacute;: &quot;un peculiar <i>c&oacute;mo de la investigaci&oacute;n. </i>Los objetos llegan a determinarse tal como ellos mismos se dan &#91;.&#93; Los objetos deben tomarse tal como ellos en s&iacute; mismos se muestran, es decir, tal como aparecen a un <i>determinado mirar </i>&#91;.&#93; Se trata de llegar a aprender la cosa libre de encubrimientos&quot;. (Pach&oacute;n, 2010, pp. 63-64)</p> </blockquote>     <p>Hay que decir, pues, que la cr&iacute;tica tiene la funci&oacute;n de develar, mostrar, sacar a la luz y, en ese sentido, desenterrar, des-encubrir aspectos no vistos por otros cr&iacute;ticos. Eso fue lo que Guti&eacute;rrez hizo durante su vida.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Ahora, del p&aacute;rrafo de Kant sobre la cr&iacute;tica deduc&iacute;a Guti&eacute;rrez Girardot la necesidad de la pol&eacute;mica: si todo debe someterse al &quot;libre y p&uacute;blico examen&quot;, es claro que este aspecto permite formar la opini&oacute;n p&uacute;blica. Y esa opini&oacute;n p&uacute;blica consiste en que cada ciudadano, como individuo y no como s&uacute;bdito, puede hacerse su propio juicio sobre los temas pol&iacute;ticos y sociales. La &quot;opini&oacute;n p&uacute;blica&quot; permite la discusi&oacute;n, posibilita &quot;polemizar&quot;, esto es, &quot;la guerra intelectual&quot;. En el ensayo <i>Pol&eacute;mica y cr&iacute;tica, </i>que aparece en la tercera parte, sostiene Guti&eacute;rrez Girardot (2006b): &quot;La pol&eacute;mica es, seg&uacute;n el concepto griego del que desciende, esto es, <i>polemos, </i>guerra. Guerra literaria o intelectual que se diferencia de la guerra pol&iacute;tica, en la que se ataca a la persona que representa determinados intereses, disfrazados de programa. En la pol&eacute;mica intelectual, &eacute;sta es hom&oacute;nima de refutaci&oacute;n&quot; (p. 238). Guti&eacute;rrez Girardot (2006b) aclara que la refutaci&oacute;n debe aqu&iacute; entenderse en el sentido de Hegel: &quot;Atender y entrar en la fuerza del contrincante y situarse en el &aacute;mbito de su fortaleza. Atacarlo fuera de &eacute;l y mantener raz&oacute;n donde &eacute;l no est&aacute;&quot; (p. 239).</p>     <p>Hay que decir que trat&aacute;ndose de &quot;polemizar&quot;, de &quot;guerra intelectual&quot;, de refutaci&oacute;n, Guti&eacute;rrez Girardot fue uno de los mejores representantes que tuvo &quot;Nuestra Am&eacute;rica&quot;. Pose&iacute;a una asombrosa erudici&oacute;n y una formaci&oacute;n en varias disciplinas, as&iacute; como el manejo de las lenguas cl&aacute;sicas, ingl&eacute;s, franc&eacute;s y alem&aacute;n. Esto lo convirti&oacute; en un cr&iacute;tico temible, como sostiene R. H. Moreno Dur&aacute;n (1993) en un ensayo titulado &quot;Los argumentos del francotirador&quot;. Un cr&iacute;tico que recurr&iacute;a a la iron&iacute;a para lograr el &quot;blanco perfecto&quot;. Sobre este aspecto ha dicho Rub&eacute;n Sierra Mej&iacute;a (2005):</p>     <blockquote>    <p>Guti&eacute;rrez Girardot habitu&oacute; a sus lectores a su indeclinable vocaci&oacute;n de polemista, a&uacute;n en aquellos escritos de mayor rigor acad&eacute;mico. Hay que anotar a este respecto que, aparte de las razones que lo asisten en sus cr&iacute;ticas y observaciones sobre autores y tendencias, en especial espa&ntilde;oles e hispanoamericanos, es este aspecto de su obra el que m&aacute;s flaquezas presenta. La pol&eacute;mica y la cr&iacute;tica tienen indudablemente el poder de hacer avanzar una regi&oacute;n del conocimiento, de evitar el dogmatismo anquilosante. Guti&eacute;rrez Girardot fue un autor cr&iacute;tico por vocaci&oacute;n, que se apoy&oacute; en la iron&iacute;a para lograr el blanco perfecto. Pero la iron&iacute;a cuando es reiterativa, pierde sus efectos literarios para convertirse en obsesi&oacute;n. Es entonces cuando la cr&iacute;tica desciende a la camorra y al rega&ntilde;o. Y el argumento irremediablemente se debilita. (p. 121)</p></blockquote>     <p>Tambi&eacute;n hay que resaltar que la &quot;carencia de la cr&iacute;tica en las Espa&ntilde;as&quot; se debe a nuestra sustancia cat&oacute;lica. El cristianismo no solo ense&ntilde;aba a odiar al cuerpo (como los ejercicios espirituales de Ignacio de Loyola), sino tambi&eacute;n la realidad latinoamericana; este mundo. Entre nosotros no se pod&iacute;a criticar el dogma de la Iglesia porque esto equival&iacute;a a desdecir de las propias entra&ntilde;as, de la existencia. Las universidades nuestras, que se encargaban de divulgar y estudiar (no cr&iacute;ticamente) los dogmas, no pod&iacute;an investigar, pues la investigaci&oacute;n pod&iacute;a poner en tela de juicio las verdades de la Santa Madre. Esto explica por qu&eacute; la universidad no ha aportado nada al desarrollo del continente, m&aacute;s bien ha fomentado el &quot;subdesarrollo&quot; y, por otro lado, la universidad privada ha feudalizado m&aacute;s la sociedad al tener estudiantes de primera, segunda o tercera categor&iacute;a. Al mismo tiempo, la ausencia de cr&iacute;tica, la propagaci&oacute;n del inmovilismo y la pereza mental en las universidades, la ausencia de investigaci&oacute;n y la no formulaci&oacute;n de problemas, ha mantenido la estratificaci&oacute;n social, la jerarquizaci&oacute;n misma de la sociedad; <i>ha hecho posible la reproducci&oacute;n de las aristocracias.</i></p>     <p>En el ensayo sobre Octavio Paz, recogido en la &uacute;ltima parte, podemos comprobar la presencia fuerte de la iron&iacute;a a la que aludi&oacute; Sierra Mej&iacute;a:</p>     <blockquote>    <p>Los lectores que se emocionan con las cataratas sonoras del narciso tel&uacute;rico Neruda o con las verbosidades peninsulares de Le&oacute;n Felipe o con las ternuras materno-l&aacute;cteas de Gabriela Mistral encontrar&aacute;n en la obra del fil&oacute;sofo, helenista, soci&oacute;logo, germanista, anglista, galoromanista (sic), hispanista, orientalista y m&iacute;stico mexicano Octavio Paz, esto es, <i>El arco y la lira, </i>ocasiones de sobra para satisfacer de modo alucinante la curiosa necesidad de embriagarse con nebulosidades. (Guti&eacute;rrez, p. 1997)</p></blockquote>     <p>En este ensayo la iron&iacute;a va acompa&ntilde;ada de la demostraci&oacute;n de sus falencias apoyando sus juicios en fuentes de primera mano. Por lo dem&aacute;s, lo dicho aqu&iacute; sobre la cr&iacute;tica y la pol&eacute;mica puede ampliarse en el corto art&iacute;culo ya citado que lleva precisamente ese nombre.</p>     <p>Los art&iacute;culos <i>La formaci&oacute;n del intelectual hispanoamericano en el siglo XIX, A prop&oacute;sito de las interpretaciones de la literatura latinoamericana </i>y <i>El modernismo como proceso hist&oacute;rico-cultural </i>contienen varios temas que interesaron a Guti&eacute;rrez Girardot: en el primero, el rescate de nuestra mejor tradici&oacute;n ensay&iacute;stica del siglo XIX, una tradici&oacute;n desconocida en Europa y en la propia Am&eacute;rica. Es un ensayo en el que se rescata de la &quot;peste del olvido&quot; a autores como Bello, Sarmiento, Mart&iacute;, etc. El ensayo sobre las interpretaciones de la literatura en Latinoam&eacute;rica reitera sus cr&iacute;ticas al indigenismo y al &quot;realismo m&aacute;gico&quot; precisamente por dar una imagen desfigurada de nuestra literatura, una imagen que reproduc&iacute;a el af&aacute;n de deleite de los europeos, quienes, entre otras cosas, por ejemplo en el caso de los alemanes, desconoc&iacute;an la literatura en Hispanoam&eacute;rica y cre&iacute;an que esta se reduc&iacute;a al &quot;Boom&quot;.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El ensayo sobre el modernismo puede ser considerado apenas un esbozo sobre este tema. Recordemos que el &quot;problema del modernismo&quot; fue tratado por Guti&eacute;rrez Girardot en su magistral libro <i>Modernismo. Supuestos hist&oacute;ricos y culturales, </i>publicado por primera vez en 1983 y reeditado por el Fondo de Cultura Econ&oacute;mica de M&eacute;xico. Para Guti&eacute;rrez Girardot el modernismo no fue exclusivamente europeo, espa&ntilde;ol o latinoamericano, fue un &quot;fen&oacute;meno&quot; general de la cultura occidental favorecido por la &quot;era del capital&quot; y su concomitante &quot;unificaci&oacute;n del mundo&quot;, asociado al problema de la secularizaci&oacute;n y modernizaci&oacute;n de las sociedades, el crecimiento demogr&aacute;fico, el crecimiento de las ciudades y las incidencias que estos fen&oacute;menos de la sociedad burguesa tuvieron sobre el escritor y su sensibilidad.</p>     <p>Con esta antolog&iacute;a la Biblioteca Colombiana de Filosof&iacute;a da a conocer solo una muestra de la ensay&iacute;stica de Rafael Guti&eacute;rrez Girardot, invita a leerlo y a explorar su obra, a la vez que cumple una deuda pendiente se&ntilde;alada por Manuel Guillermo Rodr&iacute;guez (2003, p. 317) -quien de seguro piensa ahist&oacute;ricamente (cosa rara en un buen lector de Marx como &eacute;l) que la Universidad Santo Tom&aacute;s de hoy es la misma de hace cuarenta a&ntilde;os-, cuando en su libro <i>La filosof&iacute;a en Colombia. Modernidad y conflicto </i>se&ntilde;alaba que esta colecci&oacute;n no hab&iacute;a mencionado ni publicado nada del maestro Guti&eacute;rrez Girardot.</p>     <p>Invito, pues, a que cada quien se haga su propio juicio sobre la obra de Guti&eacute;rrez. Eso s&iacute;, sin olvidar un pertinente apunte que hace R. H. Moreno Dur&aacute;n (1993) cuando dice: &quot;Puede que leerlo nos incomode e incluso nos eche a perder el d&iacute;a, aunque lo que est&aacute; claro es que lo que dice nos obliga a revisar con atenci&oacute;n lo que ha suscitado su divergencia, su entusiasmo o su apostas&iacute;a&quot; (p. 39).</p>     <p><b>Referencias</b></p>     <!-- ref --><p>Gadamer, H.- G. (2000). <i>La herencia de Europa. Ensayos. </i>Barcelona: Ediciones Pen&iacute;nsula.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000077&pid=S1692-8857201300020001100001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Gerbi, A. (1993). <i>La disputa del Nuevo Mundo, </i>M&eacute;xico: Fondo de Cultura Econ&oacute;mica.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000079&pid=S1692-8857201300020001100002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Guti&eacute;rrez, G. R. (1976). <i>Horas de estudio. </i>Bogot&aacute;: Instituto Colombiano de Cultura.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000081&pid=S1692-8857201300020001100003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Guti&eacute;rrez, G. R. (1986). <i>Aproximaciones. </i>Bogot&aacute;: Procultura.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000083&pid=S1692-8857201300020001100004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Guti&eacute;rrez, G. R. (1989). <i>Hispanoam&eacute;rica: im&aacute;genes y perspectivas. </i>Bogot&aacute;: Temis, 1989.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000085&pid=S1692-8857201300020001100005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Guti&eacute;rrez, G. R. (1994). <i>Cuestiones. </i>M&eacute;xico: Fondo de Cultura Econ&oacute;mica.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000087&pid=S1692-8857201300020001100006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Guti&eacute;rrez, G. R. (1997). <i>Provocaciones </i>(2<sup>a</sup> ed.). Bogot&aacute;: Ariel.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000089&pid=S1692-8857201300020001100007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Guti&eacute;rrez, G. R. (1998). <i>Insistencias. </i>Bogot&aacute;: Ariel.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000091&pid=S1692-8857201300020001100008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Guti&eacute;rrez, G. R. (2001). Temas y problemas de una historia social de la literatura hispanoamericana. En <i>El intelectual y la historia. </i>Caracas: Fondo Editorial La Nave va.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000093&pid=S1692-8857201300020001100009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Guti&eacute;rrez, G. R. (2002). <i>Nietzsche y la filolog&iacute;a cl&aacute;sica. </i>Bogot&aacute;: Panamericana Editorial.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000095&pid=S1692-8857201300020001100010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Guti&eacute;rrez, G. R. (2004). <i>Modernismo: supuestos hist&oacute;ricos y culturales </i>(3<sup>a</sup>ed.). M&eacute;xico: Fondo de Cultura Econ&oacute;mica.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000097&pid=S1692-8857201300020001100011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Guti&eacute;rrez, G. R. (2006a). <i>Hegely lo tr&aacute;gico. </i>Bogot&aacute;: Universidad Nacional de Colombia.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000099&pid=S1692-8857201300020001100012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Guti&eacute;rrez, G. R. (2006b). <i>Tradici&oacute;n y ruptura. </i>Bogot&aacute;: Mondadori.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000101&pid=S1692-8857201300020001100013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Guti&eacute;rrez, G. R. (2009). El partido liberal est&aacute; en crisis permanente. Revista <i>Babel, 11. </i>Medell&iacute;n.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000103&pid=S1692-8857201300020001100014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Guti&eacute;rrez, G. R. (2011). &quot;Falta mucho para hacer, para recuperar la memoria cultural de nuestro pa&iacute;s&quot;. Entrevista con Rub&eacute;n H. Romero, publicada en el peri&oacute;dico <i>Desde Abajo, </i>Bogot&aacute;, 18 de marzo - 18 de abril de 2011. Suplemento &quot;Cuerpo de Letras&quot;, <i>0.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000105&pid=S1692-8857201300020001100015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </i></p>     <!-- ref --><p>Marcuse, H. (1994). &#91;1941&#93;. <i>Raz&oacute;n y revoluci&oacute;n. </i>Madrid: Altaya &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000107&pid=S1692-8857201300020001100016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Moreno Dur&aacute;n, R. H. (1993). Los argumentos del francotirador. En <i>Homenaje a Rafael Guti&eacute;rrez </i>Girardot. VervuetVerlag, Frankfurt am Main.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000108&pid=S1692-8857201300020001100017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Pach&oacute;n Soto, D. (2010). <i>La concepci&oacute;n de Hispanoam&eacute;rica en Rafael Guti&eacute;rrez</i><i>Girardot. </i>Bogot&aacute;: Universidad Santo Tom&aacute;s.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000110&pid=S1692-8857201300020001100018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p> Rodr&iacute;guez, M. G. (2003). <i>La filosof&iacute;a en Colombia. Modernidad y conflicto.</i> Buenos Aires: Laborde Editores.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000112&pid=S1692-8857201300020001100019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Romero, J.L. (1999) &#91;1976&#93;. Latinoam&eacute;rica: las ciudades y las ideas, Medell&iacute;n: Editorial Universidad de Antioquia.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000114&pid=S1692-8857201300020001100020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Sierra Mej&iacute;a, R. (2005). Rafael Guti&eacute;rrez Girardot (1928-2005) In memorian. <i>Ideas y valores, 128. </i>Bogot&aacute;: Universidad Nacional de Colombia.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000116&pid=S1692-8857201300020001100021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Zambrano, Ma. (2000). La agon&iacute;a de Europa. Madrid: Trotta.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000118&pid=S1692-8857201300020001100022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p> <img src="img\Revistas\eidos\n19\n19a11-1.jpg" alt="" style=" width:335.01pt; height:559.93pt;"> </font>      ]]></body><back>
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