<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1"?><article xmlns:mml="http://www.w3.org/1998/Math/MathML" xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xmlns:xsi="http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance">
<front>
<journal-meta>
<journal-id>1692-8857</journal-id>
<journal-title><![CDATA[Eidos]]></journal-title>
<abbrev-journal-title><![CDATA[Eidos]]></abbrev-journal-title>
<issn>1692-8857</issn>
<publisher>
<publisher-name><![CDATA[Fundación Universidad del Norte]]></publisher-name>
</publisher>
</journal-meta>
<article-meta>
<article-id>S1692-88572014000200002</article-id>
<title-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[El consenso como concepto filosófico-político: contribución a la historia y a la re-composición de un rompecabezas teórico]]></article-title>
</title-group>
<contrib-group>
<contrib contrib-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Mori]]></surname>
<given-names><![CDATA[Luca]]></given-names>
</name>
<xref ref-type="aff" rid="A01"/>
</contrib>
</contrib-group>
<aff id="A01">
<institution><![CDATA[,Universita di Pisa  ]]></institution>
<addr-line><![CDATA[ ]]></addr-line>
</aff>
<pub-date pub-type="pub">
<day>15</day>
<month>07</month>
<year>2014</year>
</pub-date>
<pub-date pub-type="epub">
<day>15</day>
<month>07</month>
<year>2014</year>
</pub-date>
<numero>21</numero>
<fpage>12</fpage>
<lpage>41</lpage>
<copyright-statement/>
<copyright-year/>
<self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1692-88572014000200002&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_abstract&amp;pid=S1692-88572014000200002&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_pdf&amp;pid=S1692-88572014000200002&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><abstract abstract-type="short" xml:lang="es"><p><![CDATA[Aunque el uso no problematizado en el lenguaje ordinario de los términos "consenso" y "consentimiento" sugiere que debe haber alguna comprensión compartida de su significado, no hay un acuerdo generalizado sobre el uso de estos conceptos entre los filósofos políticos. De hecho, el significado filosófico de estos conceptos sigue siendo elusivo y controvertido; tal vez precisamente a causa de su amplitud y centralidad. Teniendo en cuenta los numerosos intentos de explicar satisfactoriamente consenso y consentimiento -que con el tiempo se han vuelto más sofisticados-, este artículo recoge algunos usos filosóficos fundamentales de estos dos multifacéticos conceptos y sugiere una estrategia para bosquejar un mapa que parece un rompecabezas cuyas piezas están moldeadas de tal forma que se necesita un enfoque multidisciplinario para poder identificar adecuadamente sus significados e implicaciones.]]></p></abstract>
<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[Although the unproblematic use of the terms "consensus" and "consent" in ordinary language suggests that there must be some shared understanding of their meaning, there is no widespread assent on the use of these concepts among political philosophers. In fact, the philosophical meaning of these concepts remains elusive and controversial, perhaps exactly because of their extension and centrality. Taking note of the numerous attempts to provide a satisfactory account of "consensus" and "consent" - that have become increasingly sophisticated in time - this article recollects some fundamental philosophical uses of the two many-faceted concepts, and suggests a strategy for delineating a map that looks like a puzzle, whose pieces are shaped in such a way that we need a multidisciplinary approach in order to adequately identify their meanings and implications.]]></p></abstract>
<kwd-group>
<kwd lng="es"><![CDATA[Consenso]]></kwd>
<kwd lng="es"><![CDATA[consentimiento]]></kwd>
<kwd lng="es"><![CDATA[Einverstandnis]]></kwd>
<kwd lng="es"><![CDATA[construcción de consentimiento]]></kwd>
<kwd lng="es"><![CDATA[consentimiento tácito]]></kwd>
<kwd lng="en"><![CDATA[Consensus]]></kwd>
<kwd lng="en"><![CDATA[consent]]></kwd>
<kwd lng="en"><![CDATA[Einverstandnis]]></kwd>
<kwd lng="en"><![CDATA[manufacture of consent]]></kwd>
<kwd lng="en"><![CDATA[tacit consent]]></kwd>
</kwd-group>
</article-meta>
</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">      <p align="center"><font size="4"><b>E</b><b>l consenso como concepto filos&oacute;fico</b><b>-</b><b>pol&iacute;tico</b><b>: </b><b>contribuci&oacute;n a la historia y a la re</b><b>-</b><b>composici&oacute;n de un rompecabezas te&oacute;rico</b></font></p>     <p><b>Luca Mori</b>    <br> <a href="mailto:mori@fls.unipi.it"><i>mori@fls.unipi.it</i></a></p>     <p>Universita di Pisa      <p><b>Fecha de recepci&oacute;n:</b> junio 25 de 2013    <br>  <b>Fecha de aceptaci&oacute;n:</b> octubre 22 de 2013</p> <hr>     <p><b>Resumen</b></p>     <p>Aunque el uso no problematizado en el lenguaje ordinario de los t&eacute;rminos &quot;consenso&quot; y &quot;consentimiento&quot; sugiere que debe haber alguna comprensi&oacute;n compartida de su significado, no hay un acuerdo generalizado sobre el uso de estos conceptos entre los fil&oacute;sofos pol&iacute;ticos. De hecho, el significado filos&oacute;fico de estos conceptos sigue siendo elusivo y controvertido; tal vez precisamente a causa de su amplitud y centralidad. Teniendo en cuenta los numerosos intentos de explicar satisfactoriamente consenso y consentimiento -que con el tiempo se han vuelto m&aacute;s sofisticados-, este art&iacute;culo recoge algunos usos filos&oacute;ficos fundamentales de estos dos multifac&eacute;ticos conceptos y sugiere una estrategia para bosquejar un mapa que parece un rompecabezas cuyas piezas est&aacute;n moldeadas de tal forma que se necesita un enfoque multidisciplinario para poder identificar adecuadamente sus significados e implicaciones.</p>     <p><b>PALABRAS CLAVE:</b> Consenso, consentimiento, Einverstandnis, construcci&oacute;n de consentimiento, consentimiento t&aacute;cito.</i></p> <hr>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>Abstract</b></p>     <p>Although the unproblematic use of the terms &quot;consensus&quot; and &quot;consent&quot; in ordinary language suggests that there must be some shared understanding of their meaning, there is no widespread assent on the use of these concepts among political philosophers. In fact, the philosophical meaning of these concepts remains elusive and controversial, perhaps exactly because of their extension and centrality. Taking note of the numerous attempts to provide a satisfactory account of &quot;consensus&quot; and &quot;consent&quot; - that have become increasingly sophisticated in time - this article recollects some fundamental philosophical uses of the two many-faceted concepts, and suggests a strategy for delineating a map that looks like a puzzle, whose pieces are shaped in such a way that we need a multidisciplinary approach in order to adequately identify their meanings and implications.</p>     <p><b>KEYWORDS:</b> <i>Consensus, consent, Einverstandnis, manufacture of consent, tacit consent.</i></p> <hr>         <p>A comienzos de los a&ntilde;os setentas el fil&oacute;sofo Percy Herbert Partridge (1971) hac&iacute;a notar que el significado de &quot;consentimiento&quot; y &quot;consenso&quot; permanec&iacute;a oscuro en la historia del pensamiento pol&iacute;tico a pesar de la persistente importancia de las dos ideas; cerca de treinta a&ntilde;os m&aacute;s tarde Ruth Zimmerling (2005) se&ntilde;al&oacute; una falta an&aacute;loga de precisi&oacute;n y claridad en el uso de los t&eacute;rminos &quot;influencia&quot; <i>(influence) </i>y &quot;poder&quot; <i>(power), </i>igualmente centrales en la filosof&iacute;a y en la ciencia pol&iacute;tica. Se puede establecer una relaci&oacute;n entre los dos casos, ya que el surgimiento del consenso en t&eacute;rminos pol&iacute;ticos se comprende bajo el trasfondo de las relaciones de poder e influencia que han existido hist&oacute;ricamente entre los seres humanos. Los fen&oacute;menos que esto implica no solamente son los que se pueden observar en el plano de las din&aacute;micas pol&iacute;ticas en sentido estricto, pues la formaci&oacute;n, la expresi&oacute;n y la trasforma-ci&oacute;n del consenso implican procesos intraps&iacute;quicos, cognitivos y emotivos de diversa complejidad, adem&aacute;s de procesos normativos, organizativos y sociales que se pueden analizar a diferentes escalas, desde la de peque&ntilde;os grupos informales de la llamada &quot;socializaci&oacute;n primaria&quot; hasta la de los Estados. Por este motivo, el consenso se ha vuelto uno de los &aacute;mbitos de la investigaci&oacute;n en el cual la filosof&iacute;a debe confrontarse con los logros de diferentes disciplinas -cada una con sus ulteriores especializaciones-, desde la psicolog&iacute;a hasta la sociolog&iacute;a, desde la antropolog&iacute;a hasta las teor&iacute;as de los medios de comunicaci&oacute;n, desde las ciencias cognitivas hasta las neurociencias.</p>     <p>Partiendo de un alto nivel de generalidad, con el t&eacute;rmino consenso podemos indicar el rec&iacute;proco establecer v&iacute;nculos e influenciarse de los seres humanos en el dotar de sentido las acciones, las palabras, las cosas y los acontecimientos; y, por lo tanto, en el orientar las propias expectativas, las creencias y las conductas de la vida. Desarrollando una analog&iacute;a formulada por Hume (1994, p. 189) tanto en las relaciones entre los padres y los hijos como entre soberanos, gobiernos y s&uacute;bditos, los seres humanos aparecen insertos en un campo gravitacional en el cual las conexiones de &quot;obediencia o sujeci&oacute;n&quot; <i>(obedience orsubjection) </i>se vuelven tan familiares que raramente se problematizan: el principio de esas conexiones aparece de hecho tan natural e inevitable como el principio de gravedad, y precisamente por este motivo son -seg&uacute;n Hume- &quot;independientes de nuestro consentimiento&quot; <i>(independent of our consent). </i>Aqu&iacute; emerge, por otra parte, la necesidad de una primera precisi&oacute;n en la utilizaci&oacute;n del t&eacute;rmino, puesto que las relaciones de obediencia y sujeci&oacute;n -que emergen y subsisten sin que les sea acordado un consentimiento <i>(consent) </i>expl&iacute;cito o t&aacute;cito- perfilan, sin embargo, una dimensi&oacute;n &quot;consensual&quot; de la interacci&oacute;n humana, por lo menos en los t&eacute;rminos de un <i>consensus </i>social que conecte las expectativas rec&iacute;procas, las intenciones y los comportamientos individuales prescindiendo de la existencia de una voluntad orientada en ese sentido.</p>     <p>Teniendo en cuenta esto, el &aacute;mbito de aplicaci&oacute;n del t&eacute;rmino consenso abarca desde el &quot;darse forma&quot; <i>(con-formarse) </i>rec&iacute;proco y el influenciarse inconsciente, pre-ling&uuml;&iacute;stico y pre-intencional, hasta el ponerse de acuerdo y el contratar llevados a cabo inten-cionalmente con declaraciones expl&iacute;citas encomendadas al lenguaje hablado o escrito. En la medida, sin embargo, en que son inevitables, los m&uacute;ltiples v&iacute;nculos del consenso pre-ling&uuml;&iacute;stico y pre-intencional nunca se dan por descontados ni por definitivos: por eso entre el conformarse inconsciente a creencias o conductas de vida y el acuerdo consciente realizado y formulado expl&iacute;citamente se encuentran innumerables gradaciones, individualizadas y nombradas desde la Antig&uuml;edad con vocablos diferentes (como <i>homologuein </i>y <i>homonoia, consensus </i>y <i>concordia) </i>o con la integraci&oacute;n del t&eacute;rmino consenso mediante adjetivos que lo especifican.</p>       <p>Si consideramos adem&aacute;s que el &aacute;rea sem&aacute;ntica del consenso se cruza con la de t&eacute;rminos de empleo igualmente amplio como poder e influencia, a pesar de intentos de esclarecimiento -como el de Dahl (1957) sobre la distinci&oacute;n entre poder, influencia, control y autoridad-, nos encontramos enfrentados a un <i>puzzle </i>complicad&iacute;simo que no se puede recomponer de una manera definitiva porque toda tentativa ser&iacute;a anulada por el hecho de que en las historias de los conceptos filos&oacute;ficos toda relectura redise&ntilde;a el mapa. Este art&iacute;culo pretende, sin embargo, contribuir a recoger algunas piezas fundamentales de ese <i>puzzle </i>y poni&eacute;ndolas juntas, obtener un efecto similar a lo que Ludwig Wittgenstein buscaba refiri&eacute;ndose a Francis Galton y poniendo en secuencia expresiones de tipo &eacute;tico m&aacute;s o menos sin&oacute;nimas. Mientras Galton con sus &quot;retratos compuestos&quot; superpon&iacute;a sobre la misma placa fotogr&aacute;fica im&aacute;genes de caras diversas para encontrar rasgos t&iacute;picos comunes, este art&iacute;culo recoge usos y cuestiones en los cuales el lema consenso ha sido y sigue siendo central, de modo que se hagan perceptibles nexos, diferencias y problemas que de otra manera escapar&iacute;an a la mirada, sin la pretensi&oacute;n esencialista de definir una ra&iacute;z com&uacute;n en todos los procesos interpretables en relaci&oacute;n con el consenso, sino sugiriendo una estrategia para presentar de un modo perspicaz las distinciones y las superposiciones parciales entre las variantes m&aacute;s significativas.</p>     <p><b>Antig&uuml;edad y Medioevo</b></p>     <p>Se le atribuye al sofista Antifonte, quien vivi&oacute; en la segunda mitad del s. V a.C., un tratado <i>Sobre la concordia (Peri Homonoias), </i>en el cual la noci&oacute;n que aparece en el t&iacute;tulo resulta central para definir la relaci&oacute;n entre leyes humanas <i>(nomoi) </i>y naturaleza <i>(physis). </i>Por una parte, lo que dispone la naturaleza vincula necesariamente, mientras que las leyes establecidas por los hombres parecen accesorias y, por decirlo as&iacute;, sobrepuestas <i>(epitheta) </i>a ella, capaces de vincular por encima de todo porque han sido concordadas (verbo <i>homologuen) </i>(ver DK 87B44b). Pens&aacute;ndolo bien, sin embrago, el <i>homologuein </i>entendido literalmente como un &quot;decir las mismas cosas&quot; no es suficiente para garantizar el orden de las relaciones humanas y necesita adiciones, como el temor a la condena y a la pena que se derivan de la posibilidad de ser vistos y juzgados. Los motivos que vinculan al respeto de las leyes para integrar el &quot;concordar&quot; son m&uacute;ltiples. Como sugiere Glauc&oacute;n con el experimento mental del Anillo de Gijes, si un hombre pudiese actuar sin ser visto -como sucede tambi&eacute;n en el sue&ntilde;o o cuando se puede ejercer un poder tir&aacute;nico-, no se comportar&iacute;a seg&uacute;n las leyes y se &quot;desvincular&iacute;a&quot; de los comportamientos compartidos, mostrando as&iacute;, en negativo, que el compartir solo era supuesto y aparente <i>(Rep&uacute;blica, </i>II, 359c-361d).</p>     <p>Seg&uacute;n los <i>Memorabilia </i>de Jenofonte (IV, 4.16), Grecia se distingue porque los ciudadanos hacen juramento de <i>homonoia, </i>identificando en ella -concordia y conformidad de sentimientos- la condici&oacute;n de una <i>polis </i>bien vivible y de una casa en la cual sea bello vivir: sin embargo, <i>homonoia </i>no significa que se deban pensar y sentir las <i>mismas </i>cosas, votar del <i>mismo </i>modo, etc.: lo que agrupa es la obediencia a las leyes y el estar &quot;juntos&quot; <i>(syn-) </i>de la asamblea, en la cual se nos convoca y nos re&uacute;ne <i>(synag&oacute;g&eacute;n)<a name="n_1"></a><a href="#n1"><sup>1</sup></a>. </i>En esta perspectiva, el consenso presupone la disponibilidad para expresar y para elaborar los <i>conflictos </i>en el interior de un marco compartido de reglas y de discusi&oacute;n p&uacute;blica.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Entre <i>nomos </i>y <i>physis, </i>el pensamiento antiguo identific&oacute; una especie de dimensi&oacute;n intermedia del consenso en las costumbres y en los h&aacute;bitos que hacen surgir una &quot;segunda naturaleza&quot; para los seres humanos. As&iacute;, Arist&oacute;teles subraya que el buen <i>nomoteta </i>no se debe limitar a hacer leyes sino que debe preocuparse de c&oacute;mo se pueda &quot;hacer crear h&aacute;bitos&quot; <i>(Eth. Nic., </i>1180a), en l&iacute;nea, sobre este punto, con las preocupaciones de Plat&oacute;n, quien en las <i>Leyes </i>presenta a Magnesia como una ciudad que deber&iacute;a &quot;encantarse incesantemente&quot; <i>(Leyes </i>665c) con mitos y narraciones compartidas capaces de generar una sola visi&oacute;n de las cosas <i>(Leyes </i>663e-664a): Plat&oacute;n observa, sin embargo, que el acuerdo <i>(homologuen) </i>fallido sobre lo conveniente provoca transformaciones ocultas e inadvertidas de las costumbres <i>(Leyes </i>797b-c) comprometiendo con el tiempo la unidad y la vida misma de la <i>polis. </i>El acuerdo que el verbo <i>homologuein </i>designa puede manifestarse tanto en la adhesi&oacute;n de conformidad con las costumbres como en el proceso dial&oacute;gico <i>(dialeguestai) </i>y en el hablar en p&uacute;blico <i>(demegorein)<a name="n_2"></a><a href="#n2"><sup>2</sup></a>; </i>puede indicar un &quot;conceder&quot;, un &quot;acordar&quot; y &quot;estar de acuerdo&quot; con alguien<a name="n_3"></a><a href="#n3"><sup>3</sup></a>; o el &quot;convenir&quot;, el &quot;reconocer&quot; y el &quot;entenderse&quot; sobre cualquier cosa<a name="n_4"></a><a href="#n4"><sup>4</sup></a>, con el consiguiente problema de permanecer fiel a lo que se ha reconocido<a name="n_5"></a><a href="#n5"><sup>5</sup></a>.</p>     <p>En parte correlacionados con los t&eacute;rminos griegos <i>homologuein </i>y <i>homonoia </i>est&aacute;n los t&eacute;rminos latinos <i>consensus </i>y <i>concordia, </i>que significan, en primer lugar, una concordancia del sentir en sentido amplio, estando construidos del prefijo con- (=cum, que indica uni&oacute;n) a&ntilde;adido a los sustantivos <i>sensus </i>(=sentido) y <i>cor, cordis </i>(=coraz&oacute;n), ambos con capacidad de abarcar un &aacute;rea sem&aacute;ntica extensa desde la dimensi&oacute;n f&iacute;sico-biol&oacute;gica a la cognitiva y moral. En la <i>Oratio IV in Catilinam </i>de Cicer&oacute;n encontramos diferenciados y al mismo tiempo relacionados los diversos niveles del <i>consentire, </i>con la mente, la voluntad, la pasi&oacute;n, el car&aacute;cter (virtuoso) y la voz: <i>Omnes ordines ad conservandam rempublicam mente, voluntate, studio, virtute, voce consentiunt (Cat. </i>4.18). Sin entrar en m&aacute;s detalles, es importante subrayar que <i>consensos </i>y <i>concordia </i>son t&eacute;rminos cruciales cuando se da cuenta del orden pol&iacute;tico y de su evoluci&oacute;n. De hecho aparecen tanto en las narraciones relativas al nacimiento de la Rep&uacute;blica romana como en las relativas a su ocaso. Remont&aacute;ndose a los primeros a&ntilde;os de la Rep&uacute;blica, por ejemplo, la c&eacute;lebre alegor&iacute;a de Menenio Agripa relativa al conflicto entre patricios y plebeyos pone la cuesti&oacute;n de la <i>concordia </i>con la met&aacute;fora del organismo aplicada a la ciudad (ver Bertelli, 1972). Tito Livio <i>(Ab urbe condita, </i>11.32) cuenta que los patricios se dieron cuenta de que no hab&iacute;a otra esperanza para la ciudad y para ellos mismos &quot;que no fuera la concordia de los ciudadanos&quot; <i>(nisi in concordia civium) </i>y que Menenio Agripa, a fin de restablecer tal concordia, utiliz&oacute; el ejemplo del cuerpo humano, que solo puede vivir si los &oacute;rganos individuales se armonizan y &quot;concuerdan en la unidad&quot; (in <i>unum consentiant). </i>En el episodio destaca igualmente el hecho de que el consenso entre seres humanos puede surgir en relaci&oacute;n con un discurso capaz de &quot;plegar las mentes&quot; <i>(flectere mentes).</i></p>     <p>Como evidenci&oacute; Lobur (2008), los t&eacute;rminos <i>consensus </i>y <i>concordia </i>juegan un rol igualmente decisivo en el paso de la Rep&uacute;blica al Imperio, puesto que Augusto se presenta como tal <i>per consensus universorum, </i>fundando su propia <i>auctoritas </i>en el consenso emergente despu&eacute;s del arduo per&iacute;odo de la tarda Rep&uacute;blica, marcado por la falta de <i>concordia.</i></p>     <p>En el pensamiento medieval el campo sem&aacute;ntico que estamos estudiando sufre un desplazamiento significativo: la universalidad con la cual Augusto pretende legitimarse es de hecho reformula-da en relaci&oacute;n con la universalidad de una <i>Ecclesia </i>que se afirma progresivamente en el plano del poder temporal y espiritual y que se pone como int&eacute;rprete y custodia de la <i>lex aeterna </i>y de la <i>lex natu-ralis, </i>dentro de las cuales debe inscribirse la ley humana; as&iacute;, a los dos planos de la <i>nomos </i>humana y de la <i>physis </i>se a&ntilde;ade el de la ley divina, ya sea revelada o &iacute;nsita en la naturaleza de las cosas; con relaci&oacute;n a esa ley y a la consiguiente revelaci&oacute;n, cambia el modo en el que se interpreta el estar juntos y el consentir de los hombres.</p>       <p>Un ejemplo de ello es el tema de la <i>synderesis, </i>que de las <i>Sentencias </i>de Pedro Lombardo (libro II, distinci&oacute;n 39, cap&iacute;tulo 3) pasa al pensamiento sucesivo: en Tom&aacute;s, el t&eacute;rmino significa la existencia de una &quot;ley de nuestro intelecto&quot; <i>(Sum. Theol., </i>I-II, q. 94, a. 1), iluminaci&oacute;n y h&aacute;bito que reclama los principios de la ley natural y estimula al bien; la consciencia puede entonces escoger obrar el bien por fuerza de la sind&eacute;resis que re&uacute;ne a todos los seres humanos (De <i>Ver., </i>q. 17, a 1, In II Sent., d. XXIV, q. 2, a 4). Dada, sin embargo, la perspectiva escatol&oacute;gica general que conjuga el espacio concedido a la libertad humana con una inclinaci&oacute;n al mal fijada por el pecado original, ni siquiera principios generales como aquel considerado autoevidente, seg&uacute;n el cual <i>bonum est faciendum etprosequendum et malum vitandum (Sum. Theol., </i>I-II, q. 94, a 2), bastan para garantizar el consenso efectivo sobre las buenas conductas de vida. Como lo evidencia Anselmo d'Aosta en el tratado <i>De Concordia </i>(1107-1108), de hecho la <i>affectio </i>-la tendencia a actuar como parte de la voluntad- puede dirigirse tanto a la utilidad <i>(comodum) </i>y a la felicidad <i>(beatitudo) </i>personal -que pueden conducir al mal- como a la rectitud <i>(rectitudo) </i>y a la justicia. En el fondo permanece el tema agustiniano del pecador, cuya condici&oacute;n es de dispersi&oacute;n e &iacute;ntima laceraci&oacute;n <i>(Confessiones, </i>II. 1. 1; X. 29.40; XI.29.39; XII.16.23): hay en cada ser humano una voluntad perversa que produce la pasi&oacute;n y que genera el h&aacute;bito <i>(consuetudo), </i>la cual, a su vez, ata la voluntad como una necesidad: m&aacute;s propiamente, parece haber en cada uno dos voluntades <i>(duae voluntates meae), </i>carnal y espiritual, en desacuerdo entre ellas <i>(Conf., </i>VIII.5.10), al punto que &quot;el &aacute;nimo manda que el &aacute;nimo quiera y no es otro el que manda, aunque no ejecuta&quot; <i>(Imperat animus, utvelitanimus, necalterestnecfacittamen) </i>(VIII.9.21). Es en raz&oacute;n de tanta ambig&uuml;edad que la condici&oacute;n humana requiere, en el plano de la historia, sistemas de <i>educaci&oacute;n, </i>disciplina, control y castigo adecuados, sobre los cuales la soberan&iacute;a temporal y la espiritual puedan entrar en conflicto o concordar.</p>       <p>Otro fil&oacute;n de la reflexi&oacute;n medieval sobre el consenso se puede encontrar en el nacimiento de las comunas entre el siglo XI y el XII, cuando el paso de las <i>coniurationes </i>a los estatutos comunales sancionados &quot;de com&uacute;n acuerdo&quot;<a name="n_6"></a><a href="#n6"><sup>6</sup></a> <i>(comuni consensu) </i>inaugura una dimensi&oacute;n de la organizaci&oacute;n citadina en la cual las decisiones relativas a la gesti&oacute;n y a la defensa de los bienes colectivos hacen uso del consenso con f&oacute;rmulas varias, como &quot;universorum civium voluntate et consensu&quot;, &quot;de comuni consensu et voluntate totius populi&quot;, &quot;consentiente et volente cuncto populo&quot;. En esas expresiones est&aacute; preanunciado un problema crucial del pensamiento pol&iacute;tico moderno relativo a la articulaci&oacute;n entre ejercicio de la soberan&iacute;a, mediaci&oacute;n del gobierno y expresi&oacute;n del consenso (o de la voluntad) de &quot;todo el pueblo&quot;. El problema emerge claramente ya en el <i>Defensor pacis </i>(1324) de Marsilio de Padua, que, por una parte, se refiere a la voluntad de todos los citadinos <i>(civium universitas) </i>y, por otra, vincula la expresi&oacute;n de esa voluntad a la mediaci&oacute;n de la &quot;parte m&aacute;s v&aacute;lida&quot; <i>(valentiorpars). </i>Es significativo que en esos a&ntilde;os en Siena hubiera el Gobierno de los Nueve (1287-1355), que solicit&oacute; el ciclo de frescos de Ambrosio Lorenzetti que contiene la <i>Alegor&iacute;a del buen y del mal gobierno. </i>La Concordia aparec&iacute;a entre las virtudes pol&iacute;ticas necesarias al buen gobierno y a la felicidad citadina y el mensaje era fijado sobre los muros del <i>Palazzo Pubblico </i>para ser consignado a la posteridad en una &eacute;poca de sublevaciones y luchas internas entre familias nobles, mercaderes y populares que llevaron en el trascurso de algunos decenios a los gobiernos de los Quince (1368-1386), de los Diez (1386-1387), de los Once (1388-1398) y de los Doce Priores (1398-1399).</p>        <p><b>Edad moderna</b></p>     <p>Grotius, Hobbes y Pufendorf han sido se&ntilde;alados como autores decisivos para el reposicionamiento del pensamiento pol&iacute;tico con relaci&oacute;n a las teor&iacute;as medievales de la legitimaci&oacute;n de corte teol&oacute;gico basadas en la referencia a la autoridad divina mediada por la Iglesia<a name="n_7"></a><a href="#n7"><sup>7</sup></a>.</p>     <p>Antes de ellos Maquiavelo hab&iacute;a emprendido la refundaci&oacute;n del discurso filos&oacute;fico relativo al poder bajo el an&aacute;lisis de las pasiones humanas, de las instituciones pol&iacute;ticas y de las formas de la vida asociada, poniendo en evidencia la importancia de estudiar los modos en que hist&oacute;ricamente los seres humanos se unen y se reconocen en los &oacute;rdenes de su convivencia. La naturaleza humana a la que se refiere Maquiavelo ya no es aquella dise&ntilde;ada por la referencia teol&oacute;gica a una revelaci&oacute;n extrahist&oacute;rica sino una a la que se accede combinando el an&aacute;lisis historiogr&aacute;fico, el estudio de los cl&aacute;sicos y la consideraci&oacute;n atenta de la &quot;realidad efectiva&quot;. La reformulaci&oacute;n de la cuesti&oacute;n del consenso, en esa perspectiva, ya es evidente en la <i>Dedicatoria </i>del <i>Pr&iacute;ncipe </i>(1513) al Magn&iacute;fico Lorenzo de Medicis, en la que Maquiavelo pone en evidencia la importancia, para el pr&iacute;ncipe, de tener en cuenta la mirada &quot;desde abajo&quot;. Entrecruzando la mirada &quot;desde lo alto&quot;, que le es propia, con la mirada &quot;desde abajo&quot; e integr&aacute;ndola con el conocimiento de la historia y de los cl&aacute;sicos, de donde se concluye que el pr&iacute;ncipe debe saber cambiar la propia naturaleza adecuando &quot;su proceder a la cualidad de los tiempos&quot; <i>(El Pr&iacute;ncipe, </i>XXV, 4, 11 y 16-17), que la utilidad del pr&iacute;ncipe requiere garantizar cierta felicidad a los subditos y que debe poner l&iacute;mites a su propio imperio, garantizando cierta libertad y motivos de satisfacci&oacute;n tambi&eacute;n al pueblo (El <i>Pr&iacute;ncipe, </i>XIX, 1, 3 e 9; XVII, 12-13; XXII, 25-28) para ver reconocida la propia autoridad. De hecho, el &quot;pr&iacute;ncipe sabio&quot; sabe que los s&uacute;bditos deben tener necesidad de &eacute;l <i>(El</i> <i>Pr&iacute;ncipe, </i>IX) como &eacute;l puede tener necesidad de los subditos. Surge as&iacute; un principio general seg&uacute;n el cual es duradero el dominio que encuentra el reconocimiento y la voluntad de los subditos, aunque es imposible enumerar todos los modos como un pr&iacute;ncipe puede, de hecho, ganarse el favor del pueblo: esos modos &quot;var&iacute;an seg&uacute;n el tema y no se puede determinar una regla&quot; (El <i>Pr&iacute;ncipe, </i>IX, 17).</p>     <p>Un autor intermedio entre la postura teologizante medieval y la t&iacute;pica de la filosof&iacute;a pol&iacute;tica moderna es Jean Bodin, quien en <i>De Republica Libri Sex </i>(1576) formula el principio de la soberan&iacute;a <i>(maiestas) </i>como &quot;poder supremo sobre citadinos y s&uacute;bditos, disuelto en las leyes&quot; <i>(summa in cives ac sudditos legibusque soluta potestas) </i>(I, 8). Tal principio se justifica, m&aacute;s que en el plano de la historia, en el teol&oacute;gico y en el <i>l&oacute;gico, </i>sobre la base de la suposici&oacute;n general seg&uacute;n la cual si el poder soberano estuviera sujeto al consenso de los s&uacute;bditos, se tendr&iacute;a como consecuencia la absurda e insostenible subdivisi&oacute;n de la soberan&iacute;a en dos. No el consenso de los s&uacute;bditos, que tambi&eacute;n puede contribuir a la elecci&oacute;n de un soberano, sino la ley natural y divina establece el l&iacute;mite intr&iacute;nseco del poder soberano.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En <i>De iure belli acpacis </i>(1625) Grotius, por el contrario, habr&iacute;a correlacionado de un modo m&aacute;s estrecho el derecho del soberano al querer de aquellos que le dan el poder, planteando principios del derecho que fuesen reconocidos v&aacute;lidos &quot;etsi Deus non daretur&quot;. Pero en los a&ntilde;os de Bodin el car&aacute;cter parad&oacute;jico del v&iacute;nculo entre poder soberano y obediencia de los s&uacute;bditos fue tratado de una manera desacralizante en <i>Discours de la servitude volontaire ou le Contr'un </i>(1576), atribuido a &Eacute;tienne de la Bo&eacute;tie y editado por Michel de Montaigne. El autor se interrogaba sobre el porqu&eacute; millares de hombres se dejan imponer el yugo de un tirano, como encantados y fascinados por alguien que no podr&iacute;a imponerse por la fuerza ni como objeto de admiraci&oacute;n: intentando responder, el autor identificaba el secreto de la esclavitud voluntaria y, por tanto, el sost&eacute;n oculto de la dominaci&oacute;n no en las alabardas y centinelas del soberano sino en las multitudes de aprovechados que se vinculan a este convirti&eacute;ndose en c&oacute;mplices de sus comportamientos disolutos y de sus robos. La posibilidad de que el soberano busque y obtenga consenso con la profusi&oacute;n de los cl&aacute;sicos <i>panem et circensis, </i>o apoy&aacute;ndose en las creencias y en las supersticiones que saturan las mentes de la mayor&iacute;a, no est&aacute; ciertamente excluida, pero esa posibilidad se convierte en parte de una din&aacute;mica m&aacute;s amplia y compleja que se expresa en la formaci&oacute;n de una red que vincula con el tirano y rec&iacute;procamente entre ellos, a creciente distancia del v&eacute;rtice del dominio, a millares, centenas de millares o millones de personas interesadas en obtener peque&ntilde;os o grandes favores, botines, ventajas, reconocimientos, prebendas y cosas por el estilo.</p>     <p>Con Johannes Althusius y Thomas Hobbes cambia una vez m&aacute;s la perspectiva te&oacute;rica en la que se ponen los procesos del consenso pol&iacute;tico. En <i>Politica methodice digesta </i>(1603/1614) de Althusius, el consenso -sobre todo en la forma de la promesa rec&iacute;proca, t&aacute;cita o expl&iacute;cita- se convierte en el v&iacute;nculo del cuerpo y de la comunidad del Estado, en el cual el hombre como &quot;animal gregario&quot; o &quot;agrupable&quot; <i>(animalgregabile) </i>se une impulsado por la necesidad natural de vivir junto a los otros <i>(symbiotik&eacute;) </i>y de actuar en com&uacute;n <i>(koinopraxia): </i>es decisivo el momento del &quot;pactum... seu contractum mandati&quot;, mandato que mantiene operativo el consenso que all&iacute; encuentra expresi&oacute;n, delegando el ejercicio del poder a un gobernante controlado, sin embargo, por el pueblo, de modo tal que el <i>consensus </i>y la <i>concordia </i>de las asociaciones se mantengan como condiciones preliminares constantes para el ejercicio leg&iacute;timo de la soberan&iacute;a.</p>     <p>Con Hobbes el consenso de los subditos se expresa, por el contrario, de una vez por todas, en el pacto originario que sanciona la salida del estado natural de guerra, legitimando una soberan&iacute;a que no est&aacute; obligada a apoyarse sucesivamente en el consenso de los subditos sino solamente a autolimitarse: el poder del soberano es, de hecho, absoluto pero al mismo tiempo sometido a leyes de la naturaleza elaborables mediante un cierto c&aacute;lculo racional que sugiere la indivisibilidad entre el bien del Soberano y el bien del pueblo <i>(Leviat&aacute;n, </i>XXX). Se ha discutido la novedad de la posici&oacute;n hobbesiana evidenciando en ella la coexistencia del implante iusnaturalista, con la referencia a las leyes de la naturaleza, y un iuspositivismo de fondo, que se puede expresar tambi&eacute;n como &quot;positivismo de la potencia&quot; <i>(Machtpositivismus), </i>dada la autonom&iacute;a del soberano para establecer los contenidos de la ley positiva<a name="n_8"></a><a href="#n8"><sup>8</sup></a>. As&iacute;, en <i>De Cive, </i>contraponi&eacute;ndose a la seudoaristot&eacute;lica <i>Retorica ad Alessandro, </i>Hobbes rechaza la idea de que las leyes deban ser entendidas como <i>omologh&eacute;mata, </i>o sea, como &quot;reglas de vida establecidas por el consenso com&uacute;n de los hombres&quot;: no se derivan del consenso las leyes divinas ni las naturales, ni propiamente las civiles, puesto que las reglas fundadas eventualmente en el solo consenso no ser&iacute;an otra cosa que &quot;pactos rec&iacute;procos que no obligan a nadie&quot; (XIV. 2).</p>     <p>Lo que vincula y obliga a los hombres al respeto de los pactos (el <i>stare pactis </i>que Grotius hab&iacute;a establecido como fuente de todos los <i>iura civilia) </i>son sobre todo las &quot;pasiones calculantes&quot; del miedo y de la esperanza: tales pasiones siguen siendo esenciales incluso donde parece valer el adagio seg&uacute;n el cual &quot;solo el consenso obliga&quot; <i>(solus consensus obligat), </i>a partir de una imagen del estado natural caracterizado por una &quot;paz vacilante e insegura&quot; (Pufen-dorf, <i>De statu hominum naturali, </i>1675) debida a la combinaci&oacute;n de la maldad de los deseos y de las pasiones con el sentimiento de benevolencia y de uni&oacute;n rec&iacute;proca hecho posible por la semejanza natural y la com&uacute;n indigencia. Seg&uacute;n Pufendorf, sin embargo, no podemos ser constre&ntilde;idos a entrar al Estado sin haber otorgado el consenso y sin haber asociado la voluntad propia a la de todos los otros de forma simple (aceptando las decisiones de la mayor&iacute;a) o condicionada; pero es el temor de lo que suceder&iacute;a lo que retiene de sustraerse a lo establecido por el consenso com&uacute;n y da, por as&iacute; decirlo, consistencia a la obligaci&oacute;n<a name="n_9"></a><a href="#n9"><sup>9</sup></a>.</p>     <p>Es, sin embargo, Locke el fil&oacute;sofo que en la Edad Moderna ha elaborado la teorizaci&oacute;n probablemente m&aacute;s influyente del nexo entre consenso y legitimaci&oacute;n del poder pol&iacute;tico. En <i>Essays on the Law of Nature </i>(1676) distingue primero que todo lo que obliga por fuerza propia -como la voluntad de Dios o la ley de la naturaleza- y lo que obliga indirectamente, que requiere el concurso de un poder externo, como el ejercido por el rey o el padre. Cuando en el &sect; 119 de <i>Second Treatise ofGovernment </i>(1690) el mismo Locke retoma la &quot;distinci&oacute;n corriente&quot; <i>(common distinction) </i>entre consenso &quot;expreso&quot; <i>(express) </i>y &quot;t&aacute;cito&quot; <i>(tacit) </i>tratando de aclarar c&oacute;mo debe ser comprendida la &quot;adecuada manifestaci&oacute;n de consenso por parte de un hombre&quot; <i>(sufficientDeclaration of a Mans Consent): </i>presuponiendo el v&iacute;nculo entre obligaci&oacute;n y consenso <i>(Every Man being... naturally free, andnothing beingable toput him into subjection toany Earthly Power, butonly hisown Consent..), </i>el fil&oacute;sofo afirma, en &uacute;ltimo an&aacute;lisis, que el consenso t&aacute;cito que obliga al respeto de las leyes de un Estado est&aacute; &quot;representado por el hecho mismo de encontrarse dentro de los territorios de aquel Estado&quot;. Si luego viniese a menos el consenso entre legislativo y ejecutivo o entre legislativo y pueblo, no quedar&iacute;a m&aacute;s que rogar al cielo<a name="n_10"></a><a href="#n10"><sup>10</sup></a>.</p>     <p>La cr&iacute;tica de Hume (1748) al modelo del &quot;contrato&quot; social originario implica de modo expl&iacute;cito tambi&eacute;n las tesis de Locke acerca del &quot;consenso t&aacute;cito&quot;<a name="n_11"></a><a href="#n11"><sup>11</sup></a>: en opini&oacute;n de Hume, de hecho, las relaciones de obediencia y sujeci&oacute;n en las cuales estamos insertos como en un campo gravitacional son &quot;independientes de nuestro consenso&quot; <i>(independent of our consent), </i>ni se puede hablar propiamente de consenso -en cuanto t&aacute;cito- cuando no hay la posibilidad efectiva de escogencia: as&iacute;, de un hombre secuestrado mientras duerme y llevado en una nave, no se puede decir que haya dado su consenso -en cuanto t&aacute;cito- para estar en la embarcaci&oacute;n solamente porque despert&aacute;ndose en mar abierto no decide lanzarse al agua. Considerando que lanz&aacute;ndose morir&iacute;a, aquel hombre est&aacute; vinculado a una condici&oacute;n que no ha escogido y a la cual se ajusta sin consenso, y m&aacute;s aun, posiblemente, con un disenso t&aacute;cito, incapaz de hacerse sentir y de traducirse en acci&oacute;n<a name="n_12"></a><a href="#n12"><sup>12</sup></a>.</p>     <p><b>De Weber a nosotros</b></p>     <p>El an&aacute;lisis hecho hasta ahora pone en evidencia que el significado de la locuci&oacute;n <i>government by consent </i>est&aacute; lejos de ser claro y un&iacute;voco. El <i>Oxford Companion to Philosophy </i>lo refiere al &quot;modo can&oacute;nico&quot; (the <i>standard way) </i>de establecer la obligaci&oacute;n pol&iacute;tica seg&uacute;n el pensamiento y la pr&aacute;ctica liberal, y luego distingue la obligaci&oacute;n asumida expl&iacute;citamente mediante un contrato o un pacto, de la impl&iacute;citamente correlacionada con actos y omisiones ordinarios interpretados como signos de consenso t&aacute;cito a una forma de gobierno establecida (Hoderich, 1995). Otras diferencias son posibles: por ejemplo, entre consenso activo y pasivo, entre la expresi&oacute;n del consenso como evento discreto y dar el consenso como proceso (Elazar, 1979), entre consenso procedural, relativo a reglas y modalidades compartidas para cumplir determinadas acciones, y consenso sustantivo, relativo a acciones, contenidos o significados particulares (Moreno, 1994).</p>     <p>La expresi&oacute;n <i>government by consent </i>no es suficiente, por lo dem&aacute;s, para caracterizar una particular forma de gobierno, pues tambi&eacute;n los reg&iacute;menes totalitarios se han fundado sobre un consenso (se lo puede definir totalitario, organizado o de otras maneras)<a name="n_13"></a><a href="#n13"><sup>13</sup></a>. Para complicar m&aacute;s el cuadro est&aacute;n las variantes del despotismo que Benjamin Constant (1980) llamaba &quot;indirecto u oculto&quot;, en las cuales un poder ileg&iacute;timo, aparentemente leg&iacute;timo, trata de extorsionar &quot;los s&iacute;ntomas del consenso&quot; (les <i>sympt&oacute;mes du consentement), </i>en un clima de libertad falsa, alimentando &quot;simulacros de supuestas opiniones&quot; (p. 493).</p>     <p>No parece que se pueda aclarar la mara&ntilde;a que as&iacute; surge buscando criterios para medir o discriminar grados y cualidades de los actos de consenso<a name="n_14"></a><a href="#n14"><sup>14</sup></a>. La misma conciencia respecto a aquello sobre lo que versa el consenso no parece una variable decisiva para llegar a una definici&oacute;n suficientemente comprensiva y los usos efectivos del t&eacute;rmino impiden referirlo un&iacute;vocamente a una dimensi&oacute;n del actuar caracterizada por la capacidad de dar raz&oacute;n respecto de lo actuado: &quot;consenso&quot; puede indicar, de hecho, tanto la influencia rec&iacute;proca entre sujetos que asumen conductas de vida habituales y no problematizadas como la adhesi&oacute;n compartida a sistemas bien estructurados de creencias expl&iacute;citas y de doctrinas ense&ntilde;adas abiertamente.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Puede ayudar a profundizar estos aspectos la reflexi&oacute;n de Max Weber que a comienzos del siglo XX introduce una profunda revoluci&oacute;n metodol&oacute;gica y conceptual respecto de los t&eacute;rminos prevalecientes del pensamiento pol&iacute;tico moderno. Asumiendo que en Weber el poder <i>(Herrschaft), </i>a diferencia de la potencia <i>(Mach&iacute;),</i> necesita &quot;suscitar la fe en la propia legitimidad&quot; (p. 122), la validez de un ordenamiento depende de la &quot;posibilidad&quot; <i>(Chance) </i>de que el actuar y las relaciones sociales est&eacute;n orientadas &quot;por parte de los participantes, con base en la representaci&oacute;n de un ordenamiento leg&iacute;timo&quot; (an <i>der Vorstellung vom Bestehen einer legitimen Ordnung orientiert werden) </i>(Weber, 1972, p. 16). El consenso en esa perspectiva se entiende como la <i>&quot;chance </i>emp&iacute;ricamente valida&quot; de que &quot;un actuar orientado en vista de las expectativas de la actitud de los otros&quot; vea realizadas esas expectativas (Weber, 1988, p. 456). La noci&oacute;n de <i>Chance </i>define las condiciones de la uniformidad (la <i>Regelmafiigkeit </i>weberiana) en relaci&oacute;n con la pr&aacute;ctica <i>(Übung), </i>uso <i>(Brauch), </i>costumbre <i>(Sitte) </i>y convenci&oacute;n <i>(Konvention): </i>tales t&eacute;rminos exigen pensar en una persona que act&uacute;a en busca de otras personas que constituyen su ambiente <i>(&quot;Umwelt&quot; des Handelnden), </i>vincul&aacute;ndola, por ejemplo, con manifestaciones de aprobaci&oacute;n <i>(Billigung) </i>o desaprobaci&oacute;n <i>(Mifibilligung), </i>que pueden incluir formas m&aacute;s o menos significativas de coerci&oacute;n f&iacute;sica o ps&iacute;quica (ver Weber, 1972, p. 187).</p>     <p>En este cuadro, la posibilidad de coerci&oacute;n jur&iacute;dica <i>(Die Chance des Rechtszwangs) </i>solo se vuelve garant&iacute;a de una parte del efectivo desarrollarse del actuar de consenso <i>(Einverstandnishandeln), </i>mientras que los motivos por los cuales los individuos vinculados por el consenso asumen como vinculante, por s&iacute; mismo, &quot;un actuar subjetivamente conforme al consenso&quot; ('<i>' einverstandnisgemafies' Han-deln) </i>(Weber, 1972, pp. 190-191) no son descriptibles en t&eacute;rminos absolutos, pero son concebidos seg&uacute;n grados y distribuciones con probabilidades variables, en t&eacute;rminos de <i>Chance. </i>Weber (1988), de hecho, precisa que existe una escala de gradaciones &quot;entre el ordenamiento estipulado expl&iacute;citamente y el consenso&quot; <i>(von der explicite vereinbarten Ordnung zum Einverstandnis) </i>(p. 457). En esa escala se encuentran, por ejemplo, el comportamiento consensual que, aunque sin estipulaci&oacute;n, puede exhibir emp&iacute;ricamente la regularidad caracter&iacute;stica de la dependencia de normas v&aacute;lidas.</p>     <p>La escala de gradaciones weberiana puede ser considerada una imagen emblem&aacute;tica de la imposibilidad de contener los fen&oacute;menos del consenso en un &uacute;nico plano y en una &uacute;nica dimensi&oacute;n. Sin embargo, en la tradici&oacute;n filos&oacute;fica hay una propensi&oacute;n normativa contrapuesta que tiende a &quot;reducir&quot; la complejidad de la historia poni&eacute;ndola en tensi&oacute;n con un plano ideal de la interacci&oacute;n humana. Un ejemplo es la teor&iacute;a de la acci&oacute;n comunicativa de J&uuml;rgen Habermas, que distingue las pretensiones de validez de las pretensiones del poder y pone la comprensi&oacute;n <i>(Verstan-digung) </i>y el entendimiento <i>(Einverstandnis) </i>como fin <i>(telos) </i>de la comunicaci&oacute;n humana: m&aacute;s precisamente, Habermas (1981b) entiende el discurso dirigido al entendimiento como un proceso p&uacute;blico de formaci&oacute;n de la voluntad subordinado al principio de la &quot;comunicaci&oacute;n ilimitada&quot; y del &quot;consenso libre&quot;; incluso, consciente del hecho de que todo consenso que se pueda lograr emp&iacute;ricamente es sospechoso de dar voz a alguna constricci&oacute;n (de opiniones privilegiadas, por ejemplo, en el plano de los <i>media </i>poder y dinero), Habermas afirma que las pretensiones intr&iacute;nsecas a la acci&oacute;n discursiva hacen referencia a la idea de un &quot;acuerdo&quot; <i>(Übereinstimmung) </i>aut&eacute;nticamente v&aacute;lido como ser&iacute;a posible en condiciones de &quot;discusi&oacute;n libre e ilimitada&quot;.</p>     <p>Afrontando cuestiones en parte an&aacute;logas y con una constante preocupaci&oacute;n por la fundaci&oacute;n de una teor&iacute;a normativa de la justicia, a partir de los a&ntilde;os ochentas John Rawls -creador de una c&eacute;lebre variante de la<i>fictio </i>del pacto social en su ensayo de 1971- elabor&oacute; una teor&iacute;a del &quot;consenso entrecruzado&quot; <i>(overlapping consen-sus), </i>es decir, del consenso posible entre exponentes de doctrinas religiosas, filos&oacute;ficas y morales irreductibles e intraducibles. La pregunta de Rawls (1997, p. 783) tiene que ver con las condiciones en las cuales creyentes de diferentes tradiciones religiosas y no creyentes estar&iacute;an dispuestos a apoyar un gobierno laico incluso en el caso en el que sus respectivas doctrinas omnicomprensivas se viesen debilitadas o cayeran en decadencia. La motivaci&oacute;n a la base de la pregunta se puede formular en los siguientes t&eacute;rminos: una vez encontrado el pluralismo de las doctrinas comprensivas (morales, religiosas, etc.) y el hecho de que una de estas podr&iacute;a imponerse a todas las otras solamente instaurando un estado de dominio opresivo, se debe finalmente pensar una justificaci&oacute;n <i>(justifcation) </i>pol&iacute;tica que derive &quot;de alg&uacute;n consenso&quot; <i>(from some consensus) </i>(Rawls, 1987). En el intento, Rawls no abraza el llamado habermasiano al entendimiento como fin de la acci&oacute;n comunicativa, ni asume que el <i>overlapping consensus </i>siempre sea posible.</p>     <p>De diversas maneras, en los escritos de Habermas y de Rawls y en el inmenso debate cr&iacute;tico que suscitaron se recoge una oscilaci&oacute;n difusa del pensamiento filos&oacute;fico contempor&aacute;neo entre el an&aacute;lisis de lo que sucede en la historia y la elaboraci&oacute;n de variantes idealizadas de lo que los seres humanos podr&iacute;an hacer en condiciones abstractas m&aacute;s o menos idealizadas (el &quot;velo de la ignorancia&quot; de Rawls constituye otro ejemplo en esa direcci&oacute;n).</p>     <p>Inexorablemente, sin embargo, la confrontaci&oacute;n con la historia suscita interrogantes sobre los grados intermedios entre lo que las definiciones conceptuales normativas tienden a distinguir de manera neta, introduciendo dualismos que recalcan lo fundamental entre el plano de los <i>ideales </i>y el plano de la <i>historia. </i>Surgen entonces casos problem&aacute;ticos relativos a los grados intermedios entre acciones efectivas e intenciones de acci&oacute;n; entre motivos conscientes e inconscientes; entre comportamientos voluntarios y no voluntarios, condicionados de diversas maneras; entre consenso deliberado y consenso sufrido. Innumerables formas de presi&oacute;n y coerci&oacute;n subsisten incluso cuando se deber&iacute;an evaluar racionalmente los tiempos y los costos externos de las decisiones no un&aacute;nimes (Buchanan &amp; Tullock, 1962), o la arquitectura institucional de una democracia en la alternativa entre enfoque mayoritario o consensual (Lijphart, 1984).</p>     <p>Tanto en el plano de las teor&iacute;as como en el de las pr&aacute;cticas otras gradaciones en la &quot;escala&quot; del consenso se encuentran discutiendo el impacto de t&eacute;cnicas particulares de comunicaci&oacute;n o de medios particulares sobre la formaci&oacute;n de las opiniones difusas, de los comportamientos del voto e innumerables otras circunstancias. A este prop&oacute;sito hay una singular coincidencia: cuando Habermas publica <i>Theorie des kommunikativen Handelns, </i>en la cual el entendimiento <i>(Einvestandnis) </i>se convierte en el fin de una acci&oacute;n comunicativa &quot;libre&quot; y de una comunicaci&oacute;n idealmente &quot;ilimitada&quot;, al amparo de la influencia de los <i>media </i>&quot;poder&quot; y &quot;dinero&quot;, en Estados Unidos sale una obra colectiva que se&ntilde;ala la exigencia de un tratamiento sistem&aacute;tico de la comunicaci&oacute;n pol&iacute;tica (Nimmo &amp; Sanders, 1981) en relaci&oacute;n, entre otras cosas, con las t&eacute;cnicas de la publicidad y del marketing <i>(political advertising </i>y <i>political marketing). </i>El entendimiento idealizado de la filosof&iacute;a habermasiana y la perspectiva sobre el consenso ofrecida por los estudiosos de la comunicaci&oacute;n pol&iacute;tica efectiva parecen colocarse en las ant&iacute;podas, en los a&ntilde;os que ven a Margaret Thatcher confiar la propia campa&ntilde;a electoral a la consultor&iacute;a de Saatchi &amp; Saatchi en 1979 y a un actor cinematogr&aacute;fico convertirse en presidente de Estados Unidos en 1980.</p>     <p>La cuesti&oacute;n por discutir no es si la tensi&oacute;n normativa del discurso filos&oacute;fico deba o no, en l&iacute;nea de principios, fundarse en la referencia a condiciones idealizadas de las cuales sacar ideas regulativas distantes y eventualmente antit&eacute;ticas respecto al <i>statu quo </i>y a las pr&aacute;cticas prevalecientes; el punto es si una concepci&oacute;n filos&oacute;fica construida de manera prominente sobre versiones altamente idealizadas del consenso y de los actores sociales pueda interpretar de manera apropiada lo que pretende normatizar y modificar sin confundir el plano de lo &quot;deseable&quot; con los planos de lo efectivo y de lo consentido.</p>     <p>Las contribuciones sobre el marketing pol&iacute;tico que se difunden en los a&ntilde;os ochenta del siglo XX no introducen, por lo dem&aacute;s, temas completamente nuevos: a menudo retoman impl&iacute;citamente, actualizan y sistematizan ideas y argumentos elaborados desde los primeros a&ntilde;os del Novecientos en los tratados relativos a las t&eacute;cnicas de la propaganda y en los estudios sobre opini&oacute;n p&uacute;blica y medios de comunicaci&oacute;n de masas. La &quot;manipulaci&oacute;n del consenso&quot; <i>(manufacture of consent) </i>que aparece en el t&iacute;tulo de un libro de Chomsky y Herman (1988) hab&iacute;a sido estudiada en el ensayo de Walter Lippmann (1922) sobre la opini&oacute;n p&uacute;blica y los tratados sobre la propaganda hab&iacute;an puesto en evidencia que el problema tiene que ver tanto con los reg&iacute;menes totalitarios como con las variantes de las democracias representativas parlamentarias con sus patolog&iacute;as, los enredos entre formas del poder (pol&iacute;tico, medi&aacute;tico, econ&oacute;mico, etc.), las caracter&iacute;sticas de los <i>mass media </i>y las estrategias de la comunicaci&oacute;n pol&iacute;tica. La <a href="#g_01">tabla 1</a> propone una s&iacute;ntesis de algunos aspectos sobresalientes en la divergencia entre las versiones &quot;idealizadas&quot; del consenso (legitimaci&oacute;n basada en el <i>discurso) </i>y las elaboradas pensando en los efectos &quot;pr&aacute;cticos&quot; de la comunicaci&oacute;n pol&iacute;tica (legitimaci&oacute;n basada en el c&oacute;mputo de los <i>votos):</i></p>     <p align="center"><a name="g_01"><img src="img/revistas/eidos/n21/n21a01f01.jpg"></a></p>        ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>Hacia un mapa</b></p>     <p>Intentando hacer claridad sobre los motivos que acompa&ntilde;an el actuar consensual, David Held (1987) identific&oacute; siete grupos principales: se consiente, se aprueba o se condesciende alguna cosa por (1) ausencia de posibilidades de escogencia <i>(ejecuci&oacute;n de &oacute;rdenes </i>o <i>coerci&oacute;n); </i>(2) propensi&oacute;n a conformarse a lo habitual o a lo anticuado sin reflexionar en ello <i>(tradici&oacute;n); </i>(3) condescendencia debida a falta de voluntad <i>(apat&iacute;a); </i>(4) incapacidad de imaginar algo distinto de lo existente o las v&iacute;as para acceder a ello, incluso si lo existente disgusta <i>(aquiescenciapragm&aacute;tica); </i>(5) propensi&oacute;n a adecuarse tambi&eacute;n a lo que no gusta, en cuanto se buscan las ventajas que se podr&iacute;an conseguir de ello <i>(aprobaci&oacute;n instrumental </i>o <i>acuerdo condicional); </i>(6) asentimiento a lo que se considera efectivamente justo y apropiado <i>(acuerdo normativo); </i>(7) asentimiento a lo que se har&iacute;a en abstracto y en circunstancias ideales <i>(acuerdo normativo ideal). </i>Los siete motivos introducen otras tantas acepciones de &quot;consenso&quot; y de cierta manera parecen desarticular el significado en siete conceptos distintos: circunstancia que hace dif&iacute;cil captar conceptualmente lo que sucede en las circunstancias ordinarias de la vida, en las cuales, por admisi&oacute;n del mismo Held, los siete motivos se encuentran generalmente mezclados y en las que -podr&iacute;amos a&ntilde;adir- las din&aacute;micas cambian tambi&eacute;n en relaci&oacute;n con aquellas que Dahl llam&oacute; &quot;dimensiones&quot; del consenso, como el n&uacute;mero de las personas implicadas en el acuerdo, la intensidad de su convicci&oacute;n y el grado en el que el comportamiento visible se conforma a la convicci&oacute;n misma.</p>     <p>En la medida en que puede ayudar a poner en relaci&oacute;n y al mismo tiempo a distinguir una gran variedad de procesos y condiciones, el concepto de &quot;consenso&quot; debe ser comprendido en su <i>multidimensionalidad: </i>m&aacute;s que como concepto, como matriz conceptual en cuyo interior se articulan conceptos distintos que pueden llegar a incluir, adem&aacute;s de los ya vistos, tambi&eacute;n variantes &quot;meta-&quot; del concepto, como sugieren Dryzek y Niemeyer (2006), quienes a&ntilde;aden a consenso normativo (relativo a normas), epist&eacute;mico (relativo a las creencias acerca del impacto de una direcci&oacute;n pol&iacute;tica), un metaconsenso normativo, que tiene que ver con lo admisible en el debate o la legitimidad de los diversos valores antag&oacute;nicos; un metaconsenso epist&eacute;mico, que tiene que ver con la credibilidad de las creencias antag&oacute;nicas o su relevancia en el caso bajo examen; finalmente, un metaconsenso de la preferencia, que tiene que ver con la naturaleza de las escogencias contrapuestas y tiene dos aspectos que conciernen: &quot;el radio de las alternativas consideradas aceptables&quot; o &quot;la validez de las diferentes maneras como pueden ser estructuradas las escogencias entre las alternativas&quot; (p. 641)<a name="n16"></a><a href="#n_16"><sup>16</sup></a>.</p>     <p>Teniendo en cuenta la complejidad del paisaje al que se refiere el concepto de consenso, proponemos distribuir las acepciones en un espacio de m&aacute;s dimensiones construyendo dos ejes relativos (1) a la menor o mayor posibilidad de acceso consciente a los contenidos del consenso y (2) a la mayor o menor posibilidad de cambiar de idea en la relaci&oacute;n por parte de un agente inserto en grupos m&aacute;s o menos extensos y formalizados<a name="n17"></a><a href="#n_17"><sup>17</sup></a>.</p>       <p align="center"><img src="img/revistas/eidos/n21/n21a01f02.jpg"></p>     <p>El espacio conceptual que la tabla deja entrever debe ser concebido como un <i>continuum </i>en el interior del cual cada individuo se mueve al cambiar de las circunstancias y de las relaciones en las que est&aacute; inserto, pensando los ejes -recordando a Weber- como una escala con innumerables gradaciones. Dada la infinidad de las gradaciones posibles, las indicadas en los cuadrantes son solamente algunas categor&iacute;as &quot;macrosc&oacute;picas&quot;.</p>     <p>Otras nociones presentadas en este art&iacute;culo, como la de &quot;consenso t&aacute;cito&quot;, no ser&iacute;an ubicables en un solo cuadrante, puesto que hay muchas maneras de consentir t&aacute;citamente; por ejemplo, con alta o baja consciencia de los detalles y de las excepciones de leyes y normas que regulan los comportamientos ordinarios a los cuales nos conformamos orientados con base en un conocimiento sumario de lo que es consentido o castigado (no solo por la norma sino tambi&eacute;n por la fuerza vinculante de la aprobaci&oacute;n y de la desaprobaci&oacute;n de los otros). Recordando la objeci&oacute;n de Hume seg&uacute;n la cual <i>no se da propiamente consenso si faltan alternativas entre las cuales escoger libremente, </i>el &quot;consenso t&aacute;cito&quot; no indica propiamente una forma de consenso, sino un comportamiento que tiende a conformarse a un <i>statu quo </i>en el que es baja o ausente la posibilidad no solo de cambiar de idea sino tambi&eacute;n de cambiar la conducta de vida.</p>     <p>La tabla propuesta no abarca, sin embargo, las dimensiones del consenso que se manifiestan en el paso de cambiar una idea -de manera m&aacute;s o menos consciente- a cambiar comportamientos y conductas de vida: tales dimensiones requieren pensar el consenso en relaci&oacute;n con los v&iacute;nculos y a las posibilidades de aprendizaje. No es objetivo de este art&iacute;culo, sin embargo, trazar un mapa completo del inmenso territorio del consenso, pero s&iacute; presentar una estrategia para comenzar a orientarse en la polisemia del concepto.</p> <hr>     <p><a name="n_1"></a><a href="#n1"><sup>1</sup></a> Ver Stob. II.33.15 y DK 87B44a; ver adem&aacute;s Cassin (1995).</p>     <p><a name="n_2"></a><a href="#n2"><sup>2</sup></a>&nbsp;Plat&oacute;n distingue <i>dialeguestai </i>y <i>demegorein </i>(cf. Prot&aacute;goras 336b; <i>Gorgias </i>482c, 503b). En <i>Gorgias, </i>482c, en particular, Calicles acusa a S&oacute;crates de hablar como un orador pol&iacute;tico <i>(demegorein), </i>en vez de dialogar, inmediatamente despu&eacute;s de un pasaje en el cual S&oacute;crates afirma preferir que la mayor&iacute;a de los hombres no est&eacute; de acuerdo con &eacute;l <i>(homologuein), </i>en vez de contradecirse a s&iacute; mismo.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a name="n_3"></a><a href="#n3"><sup>3</sup></a>&nbsp;Ver <i>Banquete </i>196c y <i>Crit&oacute;n </i>52a.</p>     <p><a name="n_4"></a><a href="#n4"><sup>4</sup></a>&nbsp;Ver <i>Rep&uacute;blica </i>544a, <i>Cratilo </i>439b.</p>     <p><a name="n_5"></a><a href="#n5"><sup>5</sup></a>&nbsp;En <i>Crit&oacute;n </i>50a Plat&oacute;n hace referencia a S&oacute;crates y al deber de permanecer firme en los principios que se han reconocido como justos. Anteponiendo una negaci&oacute;n, el verbo puede expresar el ser incoherentes (ver tambi&eacute;n <i>Metaf&iacute;sica </i>985a, en la discusi&oacute;n sobre Emp&eacute;docles y Anax&aacute;goras).</p>     <p><a name="n_6"></a><a href="#n6"><sup>6</sup></a></a><a href="#n6"><sup>6</sup></a> Sobre el tema en el marco de una reflexi&oacute;n hist&oacute;rico-cr&iacute;tica sobre las instituciones europeas, v&eacute;ase Portinaro (2007).</p>     <p><a name="n_7"></a><a href="#n7"><sup>7</sup></a> Ver Schneewind (1998) y Hampton (1998).</p>     <p><a name="n_8"></a><a href="#n8"><sup>8</sup></a> Ver Terrel (1994) sobre el v&iacute;nculo entre naturaleza y artificio y, por tanto, entre derecho natural y fundaci&oacute;n artificial del derecho. Pacchi (1989, pp.92-93) argumenta que la teor&iacute;a de Hobbes es ya sea iusnaturalista (la ley natural funda y legitima la civil) ya sea iuspositivista (por la completa autonom&iacute;a de las leyes positivas que el soberano puede establecer). Sobre la existencia de una &eacute;tica de la responsabilidad del soberano en relaci&oacute;n con el derecho de resistencia concedido a los s&uacute;bditos, v&eacute;ase Zarka (1990). Sobre la compleja imbricaci&oacute;n de motivaciones que implica la raz&oacute;n y la pasi&oacute;n en el fundamento de la obligaci&oacute;n, v&eacute;ase Polin (1953, 1962, 1990).</p>     <p><a name="n_9"></a><a href="#n9"><sup>9</sup></a>&nbsp;Pufendorf, <i>De Jure Naturae et Gentium, </i>L. III, cap. V, <i>De natura promissorum et pactorum in generey, </i>cap. VI, <i>De consensu circapromissa et pacta adhibendo.</i></p>     <p><a name="n_10"></a><a href="#n10"><sup>10</sup></a>&nbsp;Cf. IVI, el cap. XIV sobre el tema de la prerrogativa, y el &sect; 168 sobre el rogar al cielo. Sobre el hecho de que en Locke el &quot;consent&quot; as&iacute; definido presuponga un &quot;consensus&quot; social, cf. McClelland (2005, p. 231).</p>     <p><a name="n_11"></a><a href="#n11"><sup>11</sup></a>&nbsp;Sobre el consenso t&aacute;cito, cf. Simmons (1976). Sobre la interpretaci&oacute;n del consenso t&aacute;cito y del &quot;consenso de los gobernados&quot; como constuctos ficticios <i>(fiction), </i>con una referencia al pensamiento de las argumentaciones humeanas, cf. Cassinelli (1959).</p>     <p><a name="n_12"></a><a href="#n12"><sup>12</sup></a> Sobre el tema de las gradaciones de legitimidad, cf. Kann (1978). Sobre el <i>tacit dissent, </i>cf. Harris (1992). Beran (1987) elabora la idea de un Estado que d&eacute; opciones alternativas a quien, siendo nacido all&iacute;, no pretenda expresar expl&iacute;citamente el propio consenso a vivir all&iacute; (podr&iacute;a irse a otra parte o a una suerte de enclave de disidentes). Plamenatz (1968) y Steinberger (2004) se preguntaron si la participaci&oacute;n en las elecciones y la ejecuci&oacute;n de otras actividades ordinarias (como llamar a la polic&iacute;a, usufructuar una biblioteca o mandar los hijos a una escuela p&uacute;blica) puedan contar como signos y explicitaciones de un consenso t&aacute;cito. Ver tambi&eacute;n Murphy (1999) y Gilbert (1993, 2006) para otras variaciones.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a name="n_13"></a><a href="#n13"><sup>13</sup></a>&nbsp;Ver Kershaw (2000), Corner (2009), Zaslavsky (1981) y Friedrich &amp; Brzezinski (1956).</p>     <p><a name="n_14"></a><a href="#n14"><sup>14</sup></a>&nbsp;Ver sobre este aspecto Prothro y Grigg (1960) y McClosky (1964).</p>     <p><a name="n_15"></a><a href="#n15"><sup>15</sup></a> Tomada de Mori (2010, p. 74).</p>     <p><a name="n_16"></a><a href="#n16"><sup>16</sup></a>&nbsp;Los autores especifican <i>consensus </i>introduciendo el t&eacute;rmino <i>agreement. </i>Para los tres tipos de consenso se refieren a Elster (1998). Precisan por qu&eacute; lo que definen como &quot;consenso normativo&quot; es, en sustancia, el &quot;consenso axiol&oacute;gico&quot; de Rescher (1993); finalmente, el &quot;consenso universal&quot; de Femia (1996) corresponder&iacute;a al darse contempor&aacute;neo de los tres tipos de consenso.</p>     <p><a name="n_17"></a><a href="#n17"><sup>17</sup></a>&nbsp;La tabla propuesta en la p&aacute;gina 35, fue en parte inspirada por la de Weg-ner (2002), relativa al &quot;querer&quot; estudiado en la articulaci&oacute;n entre <i>Doing/NotDoing </i>y <i>Feeling of Doing/Not Feeling of doing.</i></p> <hr>     <p><b>Referencias</b></p>     <!-- ref --><p>Althusius, J. (1603/1614). <i>Pol&iacute;tica methodice digesta atque exemplis sacris et profanis illustrata </i>(3<sup>a</sup> ed.). Herbornae Nassoviorum.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000079&pid=S1692-8857201400020000200001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Beran, H. (1987). <i>The Consent Theory of Political Obligation. </i>London: Croom Helm.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000081&pid=S1692-8857201400020000200002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Bertelli, L. (1972). L'apologo di Menenio Agrippa: incunabolo della 'Homonoia' a Roma? <i>Index, 3, </i>224-234.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000083&pid=S1692-8857201400020000200003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Buchanan J. M. &amp; Tullock, G. (1962). <i>The Calculas of Consent: Logical</i> <i>Foundations of Constitutional Democracy. </i>Ann Arbor: University of Michigan Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000085&pid=S1692-8857201400020000200004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Cassin B. (1995). <i>L'effetsophistique. </i>Paris: Gallimard.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000086&pid=S1692-8857201400020000200005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Cassinelli, C. W. (1959). The &quot;consent&quot; of the Governed. <i>The Western</i> <i>Political Quarterly, 12 </i>(2), 391-409.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000088&pid=S1692-8857201400020000200006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Chomsky, N. &amp; Herman, E. S. (1988). <i>Manufacturing Consent: the Political</i> <i>Economy of theMass Media. </i>New York: Pantheon Books.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000090&pid=S1692-8857201400020000200007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>       <!-- ref --><p>Constant, B. (1980). Principes de politique applicables &aacute; tous les gouver-nements (1806-1810). En E. Hoftnann (Ed.), <i>Les &laquo;Principes depolitique&raquo; de Benjam&iacute;n Constant. Lagen&eacute;se d'une oeuvre et l'&eacute;volution de lapens&eacute;e de leur auteur (1789-1806) </i>(2 vols.). Gen&eacute;ve: Droz.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000092&pid=S1692-8857201400020000200008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Corner, P. (2009) (Ed.). <i>Popular Opinion in Totalitarian Regimes: Fascism, Nazism, Communism. </i>Oxford: Oxford University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000094&pid=S1692-8857201400020000200009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Dahl, R. A. (1956). <i>A Preface to Democratic Theory. </i>Chicago: University of Chicago Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000096&pid=S1692-8857201400020000200010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Dahl, R. A. (1957). The Concept of Power. <i>BehavioralScience, 2, </i>201-215.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000098&pid=S1692-8857201400020000200011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Dryzek, J. S. &amp; Niemeyer, S. (2006). Reconciling Pluralism and Con-sensus as Political Ideals. <i>American Journal of Political Science, </i><b>50</b>(3), 634-649.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000100&pid=S1692-8857201400020000200012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Elazar, D. J. (1979) (Ed.). <i>Republicanism, Representation, andConsent: Views of theFoundingEra. </i>New Brunswick, NJ: Transaction Publishers.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000102&pid=S1692-8857201400020000200013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Elster, J. (1998). Deliberation and Constitution Making. En J. Elster (Ed.), <i>Deliberative Democracy </i>(pp. 97-122). New York: Cambridge University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000104&pid=S1692-8857201400020000200014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Estlund, D. (2008). <i>Democratic Authority. A Philosophical Framework.</i> Princeton: Princeton University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000106&pid=S1692-8857201400020000200015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Femia, J. (1996). Complexity and Deliberative Democracy. <i>Inquiry, 39</i> (3-4), 359-397.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000108&pid=S1692-8857201400020000200016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Friedrich, C. J. &amp; Brzezinski, Z. K. (1956). <i>Totalitarian Dictatorship and</i> <i>Autocracy. </i>Cambridge: Harvard University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000110&pid=S1692-8857201400020000200017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Gilbert, M. (1993). Group Membership and Political Obligation. <i>The</i> <i>Monist, 76, </i>119-31.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000112&pid=S1692-8857201400020000200018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Gilbert, M. (2006). <i>A Theory of Political Obligation. </i>Oxford: Oxford University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000114&pid=S1692-8857201400020000200019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Habermas, J. (1981a). <i>Theorie des kommunikativen Handelns. </i>Band 1. <i>Zur Kritik der fmktionalistischen Vernunft. </i>Band 2. <i>Handlungsrationalitat und gesellschaftliche Rationalisierung. </i>Frankfurt am Main. Suhrkamp Verlag.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000116&pid=S1692-8857201400020000200020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Habermas, J. (1981b). <i>Philosophish-politische Profile. </i>Frankfurt a. Main: Suhrkamp Verlag.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000118&pid=S1692-8857201400020000200021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Habermas J. (1992). <i>Faktizitat und Geltung. </i>Frankfurt am Main. Suhrkamp Verlag &#91;Eng. Transl. <i>Between Facts and Norms. </i>Cambridge: Polity, 1996&#93;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000120&pid=S1692-8857201400020000200022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</p>     <!-- ref --><p>Hampton, J. (1998). <i>Political Philosophy. </i>Boulder: Westview Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000122&pid=S1692-8857201400020000200023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>       <!-- ref --><p>Harris, E. A. (1992). From Social Contract to Hypothetical Agreement: Consent and the Obligation to Obey the Law. <i>Columbia Law Review, 92 </i>(3), 651-683.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000124&pid=S1692-8857201400020000200024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Held, D. (1987). <i>Models of Democracy. </i>Cambridge: Polity Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000126&pid=S1692-8857201400020000200025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>       <!-- ref --><p>Honderich, T. (1995). <i>The Oxford Companion to Philosophy. </i>Oxford-New York: Oxford University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000128&pid=S1692-8857201400020000200026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Hume, D. (1994). Of the original contract (1748). En K. Haakonssen (Ed.), <i>D. Hume. Political Essays </i>(pp. 186-201). Cambridge: Cambridge University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000130&pid=S1692-8857201400020000200027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Kann, Mark E. (1978). The Dialectic of Consent Theory. <i>The Journal of</i> <i>Politics, 40 </i>(2), 386-408.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000132&pid=S1692-8857201400020000200028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Kershaw, I. (2000). <i>Hitler: 1936-1945. </i>New York: W.W. Norton.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000134&pid=S1692-8857201400020000200029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Lijphart, A. (1984). <i>Democracies: Patterns of Majoritarian and Consensus</i> <i>Government in Twenty-One Countries. </i>New Haven (CT): Yale University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000136&pid=S1692-8857201400020000200030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Lippmann, W. (1922). <i>Public Opinion. </i>New York: Macmillan.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000138&pid=S1692-8857201400020000200031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Lobur, J. A. (2008). <i>Consensus, Concordia, and the Formation of Roman</i> <i>Imperial Ideology. </i>London-New York: Routledge.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000140&pid=S1692-8857201400020000200032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>McClelland, J. S. (1996). <i>A History of Western Political Thought </i>(2005). London-New York: Routledge.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000142&pid=S1692-8857201400020000200033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>McClosky, H. (1964). Consensus and Ideology in American Politics. <i>The</i> <i>American Political Science Review, 58 </i>(2), 361-382.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000144&pid=S1692-8857201400020000200034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Moreno, J. D. (1994). Consensus by Committee: Philosophical and Social Aspects of Ethics Committees. En Kurt Bayertz (Ed.), <i>The</i> <i>Concept of Moral Consensus </i>(pp. 145-162). Amsterdam: Kluwer Academic Publishers.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000146&pid=S1692-8857201400020000200035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Mori, L. (2010). Consensus and democratic legitimacy: political marketing versus political philosophy. <i>Hamburg Review of Social Sciences, 5 </i>(1), 1-2, 62-86.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000148&pid=S1692-8857201400020000200036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Murphy, M. (1999). Surrender of Judgment and the Consent Theory of Political Obligation. <i>Law and Philosophy, 16, </i>115-43.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000150&pid=S1692-8857201400020000200037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Nimmo, D. &amp; Sanders, K. (1981) (Eds.) <i>The Handbook of Political Com-munication. </i>Beverly Hills (CA): Sage.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000152&pid=S1692-8857201400020000200038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Pacchi, A. (1989). Introduzione. En T. Hobbes, <i>Leviatano. </i>Roma-Bari: Laterza.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000154&pid=S1692-8857201400020000200039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Partridge, P. H. (1971). <i>Consent and Consensus. </i>New York: Praeger Publishers.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000156&pid=S1692-8857201400020000200040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>       <!-- ref --><p>Plamenatz, J. (1968). <i>Consent, Freedom, and Political Obligation </i>(2<sup>nd</sup> edi-tion). Oxford: Oxford University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000158&pid=S1692-8857201400020000200041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Polin, R. (1953). <i>Politique etphilosophie chez Thomas Hobbes. </i>Paris: PUF.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000160&pid=S1692-8857201400020000200042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Polin, R. (1962). Justice et raison chez Hobbes. <i>Rivista critica di storia della filosofa, 17 </i>(4), 450-469.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000162&pid=S1692-8857201400020000200043&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Polin, R. (1990). Hobbes et le citoyen. En Y. C. Zarka (Ed.), <i>Thomas Hobbes. Philosophie premi&eacute;re, th&eacute;orie de la science et politique </i>(pp. 327337). Paris: PUF.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000164&pid=S1692-8857201400020000200044&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Portinaro, P. P. (2007). <i>Il labirinto delle istituzioni nella storia europea.</i> Bologna: Il Mulino.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000166&pid=S1692-8857201400020000200045&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Prothro, J. W. &amp; Grigg, C. W. (1960). Fundamental Principles of Democracy: Bases of Agreement and Disagreement. <i>The Journal of</i> <i>Politics, 22 </i>(2), 276-294.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000168&pid=S1692-8857201400020000200046&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Rawls, J. (1971). <i>A Theory of Justice. </i>Cambridge (Mass.): Harvard Uni-versity Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000170&pid=S1692-8857201400020000200047&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Rawls, J. (1987). The Idea of an Overlapping Consensus. <i>Oxford Journal of Legal Studies, 7 </i>(1), 1-25.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000172&pid=S1692-8857201400020000200048&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Rawls, J. (2007). The Law of Peoples. En R. E. Goodin &amp; P. Pettit (Eds.), <i>Contemporary Political Philosophy </i>(pp. 649-669). Malden, MA/ Oxford: Blackwell Publishing. {Reimpreso de <i>Critical Inquiry, 20 </i>(1), 36-68, 1993}.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000174&pid=S1692-8857201400020000200049&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Rawls, J. (1997). The Idea of Public Reason Revisited. <i>The University of</i> <i>Chicago Law Review, 64</i>(3), 765-807.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000176&pid=S1692-8857201400020000200050&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Raz, J. (1986). <i>TheMorality of Freedom. </i>Oxford: Oxford University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000178&pid=S1692-8857201400020000200051&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Rescher, N. (1993). <i>Pluralism: Against the Demandfor Consensus. </i>Oxford: Clarendon Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000180&pid=S1692-8857201400020000200052&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Schneewind, J. B. (1998). <i>The Invention of Autonomy. </i>Cambridge: Cambridge University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000182&pid=S1692-8857201400020000200053&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Simmons, J. (1976). Tacit consent and Political Obligation. <i>Philosophy and Public Affairs, 5 </i>(3), 274-291.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000184&pid=S1692-8857201400020000200054&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Steinberger, P. (2004). <i>The Idea of the State. </i>Cambridge: Cambridge University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000186&pid=S1692-8857201400020000200055&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Terrel, J. (1994). <i>Hobbes. Mat&eacute;rialisme et Politique. </i>Paris: Vrin.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000188&pid=S1692-8857201400020000200056&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Weber, M. (1972). <i>Wirtschaft und Gesellschaft </i>(1922), 5. Auflage besorgt von J. Winckelmann. T&uuml;bingen: J. C. B. Mohr.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000190&pid=S1692-8857201400020000200057&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>       <!-- ref --><p>Weber, M. (1988). Über <i>einige Kategorien </i>der <i>verstehenden Soziologie (1913).</i> En M. Weber, <i>Gesammelte Aufsatze zur Wissenschaftslehre </i>(hrsg. von J. Winckelmann). T&uuml;bingen: J. C. B. Mohr.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000192&pid=S1692-8857201400020000200058&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Wegner, D. M. (2002). <i>The Illusion of Conscious Will, </i>Cambridge, MA/ London: MIT Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000194&pid=S1692-8857201400020000200059&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Zarka, Y. C. (1990). Droit de resistance et droit penal chez Hobbes. En A. Napoli (Ed.), <i>Hobbes oggi </i>(pp. 177-196). Milano: Franco Angeli.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000196&pid=S1692-8857201400020000200060&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Zaslavsky, V. (1981). <i>Il consenso organizzato. La societ&aacute; sovietica negli anni</i> <i>di Breznev. </i>Bologna: Il Mulino.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000198&pid=S1692-8857201400020000200061&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Zimmerling, R. (2005). <i>InfluenceandPower.Variations on a Messy Theme.</i> Dordrecht: Springer.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000200&pid=S1692-8857201400020000200062&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>  </font>      ]]></body><back>
<ref-list>
<ref id="B1">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Althusius]]></surname>
<given-names><![CDATA[J]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Política methodice digesta atque exemplis sacris et profanis illustrata]]></source>
<year>1603</year>
<edition>3</edition>
<publisher-name><![CDATA[Herbornae Nassoviorum]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B2">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Beran]]></surname>
<given-names><![CDATA[H]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[The Consent Theory of Political Obligation]]></source>
<year>1987</year>
<publisher-loc><![CDATA[London ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Croom Helm]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B3">
<nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Bertelli]]></surname>
<given-names><![CDATA[L]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="it"><![CDATA[L'apologo di Menenio Agrippa: incunabolo della 'Homonoia' a Roma?]]></article-title>
<source><![CDATA[Index]]></source>
<year>1972</year>
<numero>3</numero>
<issue>3</issue>
<page-range>224-234</page-range></nlm-citation>
</ref>
<ref id="B4">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Buchanan]]></surname>
<given-names><![CDATA[J. M.]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Tullock]]></surname>
<given-names><![CDATA[G]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[The Calculas of Consent: Logical Foundations of Constitutional Democracy]]></source>
<year>1962</year>
<publisher-name><![CDATA[Ann Arbor: University of Michigan Press]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B5">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Cassin]]></surname>
<given-names><![CDATA[B]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[L'effetsophistique]]></source>
<year>1995</year>
<publisher-loc><![CDATA[Paris ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Gallimard]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B6">
<nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Cassinelli]]></surname>
<given-names><![CDATA[C. W.]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[The "consent" of the Governed]]></article-title>
<source><![CDATA[The Western Political Quarterly]]></source>
<year>1959</year>
<volume>12</volume>
<numero>2</numero>
<issue>2</issue>
<page-range>391-409</page-range></nlm-citation>
</ref>
<ref id="B7">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Chomsky]]></surname>
<given-names><![CDATA[N]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Herman]]></surname>
<given-names><![CDATA[E. S.]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Manufacturing Consent: the Political Economy of theMass Media]]></source>
<year>1988</year>
<publisher-loc><![CDATA[New York ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Pantheon Books]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B8">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Constant]]></surname>
<given-names><![CDATA[B]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="fr"><![CDATA[Principes de politique applicables á tous les gouver-nements (1806-1810)]]></article-title>
<person-group person-group-type="editor">
<name>
<surname><![CDATA[Hoftnann]]></surname>
<given-names><![CDATA[E.]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Les «Principes depolitique» de Benjamín Constant: Lagenése d'une oeuvre et l'évolution de lapensée de leur auteur (1789-1806)]]></source>
<year>1980</year>
<volume>2</volume>
<publisher-loc><![CDATA[Genéve ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Droz]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B9">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Corner]]></surname>
<given-names><![CDATA[P]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Popular Opinion in Totalitarian Regimes: Fascism, Nazism, Communism]]></source>
<year>2009</year>
<publisher-loc><![CDATA[Oxford ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Oxford University Press]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B10">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Dahl]]></surname>
<given-names><![CDATA[R. A]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[A Preface to Democratic Theory]]></source>
<year>1956</year>
<publisher-loc><![CDATA[Chicago ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[University of Chicago Press]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B11">
<nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Dahl]]></surname>
<given-names><![CDATA[R. A.]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[The Concept of Power]]></article-title>
<source><![CDATA[BehavioralScience]]></source>
<year>1957</year>
<numero>2</numero>
<issue>2</issue>
<page-range>201-215</page-range></nlm-citation>
</ref>
<ref id="B12">
<nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Dryzek]]></surname>
<given-names><![CDATA[J. S.]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Niemeyer]]></surname>
<given-names><![CDATA[S]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Reconciling Pluralism and Con-sensus as Political Ideals]]></article-title>
<source><![CDATA[American Journal of Political Science]]></source>
<year>2006</year>
<volume>50</volume>
<numero>3</numero>
<issue>3</issue>
<page-range>634-649</page-range></nlm-citation>
</ref>
<ref id="B13">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Elazar]]></surname>
<given-names><![CDATA[D. J.]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Republicanism, Representation, andConsent: Views of theFoundingEra]]></source>
<year>1979</year>
<publisher-loc><![CDATA[New Brunswick, NJ ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Transaction Publishers]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B14">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Elster]]></surname>
<given-names><![CDATA[J]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Deliberation and Constitution Making]]></article-title>
<person-group person-group-type="editor">
<name>
<surname><![CDATA[Elster]]></surname>
<given-names><![CDATA[J.]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Deliberative Democracy]]></source>
<year>1998</year>
<page-range>97-122</page-range><publisher-loc><![CDATA[New York ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Cambridge University Press]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B15">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Estlund]]></surname>
<given-names><![CDATA[D]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Democratic Authority: A Philosophical Framework]]></source>
<year>2008</year>
<publisher-loc><![CDATA[Princeton ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Princeton University Press]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B16">
<nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Femia]]></surname>
<given-names><![CDATA[J]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Complexity and Deliberative Democracy]]></article-title>
<source><![CDATA[Inquiry]]></source>
<year>1996</year>
<volume>39</volume>
<numero>3-4</numero>
<issue>3-4</issue>
<page-range>359-397</page-range></nlm-citation>
</ref>
<ref id="B17">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Friedrich]]></surname>
<given-names><![CDATA[C. J.]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Brzezinski]]></surname>
<given-names><![CDATA[Z. K.]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Totalitarian Dictatorship and Autocracy]]></source>
<year>1956</year>
<publisher-loc><![CDATA[Cambridge ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Harvard University Press]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B18">
<nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Gilbert]]></surname>
<given-names><![CDATA[M]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Group Membership and Political Obligation]]></article-title>
<source><![CDATA[The Monist]]></source>
<year>1993</year>
<numero>76</numero>
<issue>76</issue>
<page-range>119-31</page-range></nlm-citation>
</ref>
<ref id="B19">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Gilbert]]></surname>
<given-names><![CDATA[M]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[A Theory of Political Obligation]]></source>
<year>2006</year>
<publisher-loc><![CDATA[Oxford ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Oxford University Press]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B20">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Habermas]]></surname>
<given-names><![CDATA[J]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Theorie des kommunikativen Handelns. Band 1. Zur Kritik der fmktionalistischen Vernunft. Band 2. Handlungsrationalitat und gesellschaftliche Rationalisierung]]></source>
<year>1981</year>
<publisher-loc><![CDATA[Frankfurt am Main ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Suhrkamp Verlag]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B21">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Habermas]]></surname>
<given-names><![CDATA[J]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Philosophish-politische Profile]]></source>
<year>1981</year>
<publisher-loc><![CDATA[Frankfurt a. Main ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Suhrkamp Verlag]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B22">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Habermas]]></surname>
<given-names><![CDATA[J]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Faktizitat und Geltung]]></source>
<year>1992</year>
<publisher-loc><![CDATA[Frankfurt am Main ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Suhrkamp Verlag]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B23">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Hampton]]></surname>
<given-names><![CDATA[J]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Political Philosophy]]></source>
<year>1998</year>
<publisher-loc><![CDATA[Boulder ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Westview Press]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B24">
<nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Harris]]></surname>
<given-names><![CDATA[E. A.]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[From Social Contract to Hypothetical Agreement: Consent and the Obligation to Obey the Law]]></article-title>
<source><![CDATA[Columbia Law Review]]></source>
<year>1992</year>
<volume>92</volume>
<numero>3</numero>
<issue>3</issue>
<page-range>651-683</page-range></nlm-citation>
</ref>
<ref id="B25">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Held]]></surname>
<given-names><![CDATA[D]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Models of Democracy]]></source>
<year>1987</year>
<publisher-loc><![CDATA[Cambridge ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Polity Press]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B26">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Honderich]]></surname>
<given-names><![CDATA[T]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[The Oxford Companion to Philosophy]]></source>
<year>1995</year>
<publisher-loc><![CDATA[Oxford-New York ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Oxford University Press]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B27">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Hume]]></surname>
<given-names><![CDATA[D]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Of the original contract (1748)]]></article-title>
<person-group person-group-type="editor">
<name>
<surname><![CDATA[Haakonssen]]></surname>
<given-names><![CDATA[K.]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[D. Hume. Political Essays (pp. 186-201)]]></source>
<year>1994</year>
<publisher-loc><![CDATA[Cambridge ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Cambridge University Press]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B28">
<nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Kann, Mark]]></surname>
<given-names><![CDATA[E]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[The Dialectic of Consent Theory]]></article-title>
<source><![CDATA[The Journal of Politics]]></source>
<year>1978</year>
<volume>40</volume>
<numero>2</numero>
<issue>2</issue>
<page-range>386-408</page-range></nlm-citation>
</ref>
<ref id="B29">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Kershaw]]></surname>
<given-names><![CDATA[I]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Hitler: 1936-1945]]></source>
<year>2000</year>
<publisher-loc><![CDATA[New York ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[W.W. Norton]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B30">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Lijphart]]></surname>
<given-names><![CDATA[A]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Democracies: Patterns of Majoritarian and Consensus Government in Twenty-One Countries]]></source>
<year>1984</year>
<publisher-loc><![CDATA[New Haven (CT) ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Yale University Press]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B31">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Lippmann]]></surname>
<given-names><![CDATA[W]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Public Opinion]]></source>
<year>1922</year>
<publisher-loc><![CDATA[New York ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Macmillan]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B32">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Lobur]]></surname>
<given-names><![CDATA[J. A.]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Consensus, Concordia, and the Formation of Roman Imperial Ideology]]></source>
<year>2008</year>
<publisher-loc><![CDATA[London-New York ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Routledge]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B33">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[McClelland]]></surname>
<given-names><![CDATA[J. S.]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[A History of Western Political Thought (2005)]]></source>
<year>1996</year>
<publisher-loc><![CDATA[London-New York ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Routledge]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B34">
<nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[McClosky]]></surname>
<given-names><![CDATA[H]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Consensus and Ideology in American Politics]]></article-title>
<source><![CDATA[The American Political Science Review]]></source>
<year>1964</year>
<volume>58</volume>
<numero>2</numero>
<issue>2</issue>
<page-range>361-382</page-range></nlm-citation>
</ref>
<ref id="B35">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Moreno]]></surname>
<given-names><![CDATA[J. D.]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Consensus by Committee: Philosophical and Social Aspects of Ethics Committees]]></article-title>
<person-group person-group-type="editor">
<name>
<surname><![CDATA[Bayertz]]></surname>
<given-names><![CDATA[Kurt]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[The Concept of Moral Consensus]]></source>
<year>1994</year>
<page-range>145-162</page-range><publisher-loc><![CDATA[Amsterdam ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Kluwer Academic Publishers]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B36">
<nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Mori]]></surname>
<given-names><![CDATA[L]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Consensus and democratic legitimacy: political marketing versus political philosophy]]></article-title>
<source><![CDATA[Hamburg Review of Social Sciences]]></source>
<year>2010</year>
<volume>5</volume>
<numero>1</numero>
<issue>1</issue>
<page-range>1-2, 62-86</page-range></nlm-citation>
</ref>
<ref id="B37">
<nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Murphy]]></surname>
<given-names><![CDATA[M]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Surrender of Judgment and the Consent Theory of Political Obligation]]></article-title>
<source><![CDATA[Law and Philosophy]]></source>
<year>1999</year>
<numero>16</numero>
<issue>16</issue>
<page-range>115-43</page-range></nlm-citation>
</ref>
<ref id="B38">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Nimmo]]></surname>
<given-names><![CDATA[D]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Sanders]]></surname>
<given-names><![CDATA[K]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[The Handbook of Political Com-munication]]></source>
<year>1981</year>
<publisher-loc><![CDATA[Beverly Hills (CA) ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Sage]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B39">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Pacchi]]></surname>
<given-names><![CDATA[A]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Introduzione.]]></article-title>
<person-group person-group-type="editor">
<name>
<surname><![CDATA[Hobbes]]></surname>
<given-names><![CDATA[T]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Leviatano]]></source>
<year>1989</year>
<publisher-loc><![CDATA[Roma-Bari ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Laterza]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B40">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Partridge]]></surname>
<given-names><![CDATA[P. H.]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Consent and Consensus]]></source>
<year>1971</year>
<publisher-loc><![CDATA[New York ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Praeger Publishers]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B41">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Plamenatz]]></surname>
<given-names><![CDATA[J]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Consent, Freedom, and Political Obligation]]></source>
<year>1968</year>
<edition>2</edition>
<publisher-loc><![CDATA[Oxford ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Oxford University Press]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B42">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Polin]]></surname>
<given-names><![CDATA[R]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Politique etphilosophie chez Thomas Hobbes]]></source>
<year>1953</year>
<publisher-loc><![CDATA[Paris ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[PUF]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B43">
<nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Polin]]></surname>
<given-names><![CDATA[R]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="it"><![CDATA[Justice et raison chez Hobbes]]></article-title>
<source><![CDATA[Rivista critica di storia della filosofa]]></source>
<year>1962</year>
<volume>17</volume>
<numero>4</numero>
<issue>4</issue>
<page-range>450-469</page-range></nlm-citation>
</ref>
<ref id="B44">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Polin]]></surname>
<given-names><![CDATA[R]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="fr"><![CDATA[Hobbes et le citoyen]]></article-title>
<person-group person-group-type="editor">
<name>
<surname><![CDATA[Zarka]]></surname>
<given-names><![CDATA[Y. C.]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Thomas Hobbes: Philosophie premiére, théorie de la science et politique]]></source>
<year>1990</year>
<page-range>327337</page-range><publisher-loc><![CDATA[Paris ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[PUF]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B45">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Portinaro]]></surname>
<given-names><![CDATA[P. P.]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Il labirinto delle istituzioni nella storia europea]]></source>
<year>2007</year>
<publisher-loc><![CDATA[Bologna ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Il Mulino]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B46">
<nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Prothro]]></surname>
<given-names><![CDATA[J. W.]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Grigg]]></surname>
<given-names><![CDATA[C. W.]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Fundamental Principles of Democracy: Bases of Agreement and Disagreement]]></article-title>
<source><![CDATA[The Journal of Politics]]></source>
<year>1960</year>
<volume>22</volume>
<numero>2</numero>
<issue>2</issue>
<page-range>276-294</page-range></nlm-citation>
</ref>
<ref id="B47">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Rawls]]></surname>
<given-names><![CDATA[J]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[A Theory of Justice]]></source>
<year>1971</year>
<publisher-loc><![CDATA[Cambridge (Mass.) ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Harvard Uni-versity Press]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B48">
<nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Rawls]]></surname>
<given-names><![CDATA[J]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[The Idea of an Overlapping Consensus]]></article-title>
<source><![CDATA[Oxford Journal of Legal Studies]]></source>
<year>1987</year>
<volume>7</volume>
<numero>1</numero>
<issue>1</issue>
<page-range>1-25</page-range></nlm-citation>
</ref>
<ref id="B49">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Rawls]]></surname>
<given-names><![CDATA[J]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[The Law of Peoples]]></article-title>
<person-group person-group-type="editor">
<name>
<surname><![CDATA[Goodin]]></surname>
<given-names><![CDATA[R. E.]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Pettit]]></surname>
<given-names><![CDATA[P.]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Contemporary Political Philosophy]]></source>
<year>2007</year>
<page-range>649-669</page-range><publisher-loc><![CDATA[Malden, MA/ Oxford ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Blackwell Publishing]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B50">
<nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Rawls]]></surname>
<given-names><![CDATA[J]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[The Idea of Public Reason Revisited]]></article-title>
<source><![CDATA[The University of Chicago Law Review]]></source>
<year>1997</year>
<volume>64</volume>
<numero>3</numero>
<issue>3</issue>
<page-range>765-807</page-range></nlm-citation>
</ref>
<ref id="B51">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Raz]]></surname>
<given-names><![CDATA[J]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[TheMorality of Freedom]]></source>
<year>1986</year>
<publisher-loc><![CDATA[Oxford ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Oxford University Press]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B52">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Rescher]]></surname>
<given-names><![CDATA[N]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Pluralism: Against the Demandfor Consensus]]></source>
<year>1993</year>
<publisher-loc><![CDATA[Oxford ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Clarendon Press]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B53">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Schneewind]]></surname>
<given-names><![CDATA[J. B.]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[The Invention of Autonomy]]></source>
<year>1998</year>
<publisher-loc><![CDATA[Cambridge ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Cambridge University Press]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B54">
<nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Simmons]]></surname>
<given-names><![CDATA[J]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Tacit consent and Political Obligation]]></article-title>
<source><![CDATA[Philosophy and Public Affairs]]></source>
<year>1976</year>
<volume>5</volume>
<numero>3</numero>
<issue>3</issue>
<page-range>274-291</page-range></nlm-citation>
</ref>
<ref id="B55">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Steinberger]]></surname>
<given-names><![CDATA[P]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[The Idea of the State]]></source>
<year>2004</year>
<publisher-loc><![CDATA[Cambridge ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Cambridge University Press]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B56">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Terrel]]></surname>
<given-names><![CDATA[J]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Hobbes: Matérialisme et Politique]]></source>
<year>1994</year>
<publisher-loc><![CDATA[Paris ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Vrin]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B57">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Weber]]></surname>
<given-names><![CDATA[M]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Wirtschaft und Gesellschaft (1922), 5. Auflage besorgt von J. Winckelmann]]></source>
<year>1972</year>
<publisher-loc><![CDATA[Tübingen ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[J. C. B. Mohr]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B58">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Weber]]></surname>
<given-names><![CDATA[M]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="de"><![CDATA[Über einige Kategorien der verstehenden Soziologie (1913)]]></article-title>
<person-group person-group-type="editor">
<name>
<surname><![CDATA[Weber]]></surname>
<given-names><![CDATA[M.]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Aufsatze zur Wissenschaftslehre (hrsg. von J. Winckelmann)]]></source>
<year>1988</year>
<publisher-loc><![CDATA[Tübingen ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[J. C. B. Mohr]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B59">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Wegner]]></surname>
<given-names><![CDATA[D. M.]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[The Illusion of Conscious Will]]></source>
<year>2002</year>
<publisher-loc><![CDATA[Cambridge, MA/ London ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[MIT Press]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B60">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Zarka]]></surname>
<given-names><![CDATA[Y. C.]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="it"><![CDATA[Droit de resistance et droit penal chez Hobbes]]></article-title>
<person-group person-group-type="editor">
<name>
<surname><![CDATA[Napoli]]></surname>
<given-names><![CDATA[A.]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Hobbes oggi (pp. 177-196)]]></source>
<year>1990</year>
<publisher-loc><![CDATA[Milano ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Franco Angeli]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B61">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Zaslavsky]]></surname>
<given-names><![CDATA[V]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Il consenso organizzato: La societá sovietica negli anni di Breznev]]></source>
<year>1981</year>
<publisher-loc><![CDATA[Bologna ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Il Mulino]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B62">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Zimmerling]]></surname>
<given-names><![CDATA[R]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[InfluenceandPower: Variations on a Messy Theme]]></source>
<year>2005</year>
<publisher-loc><![CDATA[Dordrecht ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Springer]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
</ref-list>
</back>
</article>
