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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Pobreza global o desigualdad doméstica: Una crítica a las propuestas de David Miller y Laura Valentini]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[In this article I question David Miller and Laura Valentini's reasons to claim that duties to reduce inequalities inside the State should be prioritized over duties to reduce extreme global poverty. According to Miller, global duties, unlike domestic ones, cannot be legitimately enforced, and they are therefore mere humanitarian duties that weigh less than domestic duties, which are duties of justice. According to Valentini, domestic duties should be prioritized over global humanitarian duties because the former are duties not to harm, while the latter are mere duties to help. I argue that both views fail in their attempt to show that duties to reduce extreme global poverty are not duties ofjustice too.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">     <p align="center"><font size="4"><b>Pobreza global o desigualdad dom&eacute;stica. Una cr&iacute;tica a las propuestas de David Miller y Laura Valentini*</b></font></p>     <p><b>Francisco Garc&iacute;a Gibson</b>    <br> <a href="mailto:garciagibson@yahoo.com"><i>garciagibson@yahoo.com</i></a></p>     <p>CONICET, UBA </p>     <p>* Este art&iacute;culo fue desarrollado en el marco del proyecto PIP 112-200801-01835 y la Beca doctoral tipo I del Consejo Nacional de Investigaciones Cient&iacute;ficas y T&eacute;cnicas (CONICET) de Argentina. Una versi&oacute;n preliminar fue presentada en el XVI Congreso Nacional de Filosof&iacute;a en marzo de 2013 en Buenos Aires. Agradezco a los asistentes al Congreso y a Eduardo Rivera L&oacute;pez por sus comentarios.</p>     <p><b>Fecha de recepci&oacute;n:</b> abril 18 de 2013    <br> <b>Fecha de aceptaci&oacute;n:</b> enero 14 de 2014</p> <hr>     <p><b>Resumen</b></p>     <p>En este trabajo cuestiono las razones que ofrecen David Miller y Laura Valentini para afirmar que el deber de reducir la desigualdad dentro del propio Estado tiene prioridad sobre el deber de reducir la pobreza extrema global. Seg&uacute;n Miller, los deberes globales, a diferencia de los dom&eacute;sticos, no pueden leg&iacute;timamente hacerse cumplir mediante la fuerza, y por esa raz&oacute;n son meros deberes humanitarios que tienen menor peso que los deberes dom&eacute;sticos, que son deberes de justicia. Seg&uacute;n Valentini, el deber de reducir la desigualdad dom&eacute;stica tiene prioridad sobre los deberes humanitarios globales porque el primero es un deber de no da&ntilde;ar, mientras que los segundos son meros deberes de ayudar. El problema principal de ambas propuestas consiste en que fallan en su intento de mostrar que los deberes de reducir la pobreza extrema global no son tambi&eacute;n deberes de justicia.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>Palabras clave:</b> Pobreza global, desigualdad dom&eacute;stica, prioridad, justicia, humanitarismo.</p> <hr>     <p><b>Abstract</b></p>     <p>In this article I question David Miller and Laura Valentini's reasons to claim that duties to reduce inequalities inside the State should be prioritized over duties to reduce extreme global poverty. According to Miller, global duties, unlike domestic ones, cannot be legitimately enforced, and they are therefore mere humanitarian duties that weigh less than domestic duties, which are duties of justice. According to Valentini, domestic duties should be prioritized over global humanitarian duties because the former are duties not to harm, while the latter are mere duties to help. I argue that both views fail in their attempt to show that duties to reduce extreme global poverty are not duties ofjustice too.</p>     <p><b>Keywords:</b> <i>Global poverty, domestic inequality, priority, justice, humanitarianism.</i></p> <hr>         <p>Incluso en los Estados con mayores ingresos per c&aacute;pita existen grandes desigualdades. En Estados Unidos, por ejemplo, hay importantes diferencias en el acceso a bienes y servicios cruciales, como una educaci&oacute;n eficaz, beneficios importantes de salud e influencia pol&iacute;tica (Altonji &amp;Mansfield, 2011; Bartels, 2005; Cen-ters for Disease Control and prevention &#91;CDC&#93;, 2011). Seg&uacute;n la mayor&iacute;a de las teor&iacute;as igualitaristas, los ciudadanos y funcionarios de este pa&iacute;s tienen el deber de promover reformas institucionales que reduzcan esas desigualdades o problemas distributivos. Un ejemplo de reforma ser&iacute;a la reciente ampliaci&oacute;n en dicho pa&iacute;s del programa de salud Medicaid, destinado a que ciertas personas de bajos ingresos accedan a beneficios importantes de salud. Este programa se financia con dinero del Estado federal y de los Estados.</p>     <p>Al mismo tiempo, en muchos Estados del mundo existe no solo desigualdad sino pobreza extrema. Cerca de 1290 millones de personas carecen actualmente de acceso a una alimentaci&oacute;n b&aacute;sica, a cuidados de salud m&iacute;nimos o a un refugio (Chen &amp; Rava-llion, 2012)<a name="n1"></a><a href="#n_1"><sup>1</sup></a>. El consenso actual entre los te&oacute;ricos liberales consiste en que los ciudadanos y funcionarios de los Estados ricos tienen cierto deber de contribuir con la reducci&oacute;n de la pobreza extrema mundial, promoviendo que los mismos donen dinero -y otros bienes y servicios- para combatirla<a name="n2"></a><a href="#n_2"><sup>2</sup></a>. Por ejemplo, se considera que alcanzar las Metas de Desarrollo del Milenio -que establecen que los Estados ricos aumenten la cantidad de dinero que destinan a ayuda humanitaria internacional, hasta que constituya el 0,7 % de su PBI- es un deber de los Estados (y es un deber que no existe solo porque los Estados hayan realizado un acuerdo entre ellos, sino que es, en cierto sentido, un deber previo al acuerdo).</p>     <p>El problema normativo que me interesa analizar surge cuando los deberes locales entran en conflicto con los globales. Los Estados, incluso los ricos, tienen fondos limitados. Si un Estado destina dinero a, por ejemplo, financiar un programa para reducir las desigualdades en el acceso a la salud en el &aacute;mbito dom&eacute;stico, eso disminuye su capacidad de donar dinero para reducir la pobreza extrema en otros pa&iacute;ses, y viceversa. Si, como vimos, los ciudadanos y funcionarios tienen un deber (al menos <i>prima facie) </i>de tratar de solucionar tanto el problema distributivo dom&eacute;stico como el global, &iquest;cu&aacute;l de los dos deberes tiene m&aacute;s peso o prioridad? Ciertos autores, que podemos llamar &quot;liberales igualitaristas&quot;, sostienen, a grandes rasgos, que los deberes de reducir la desigualdad dom&eacute;stica tienen prioridad sobre los deberes de reducir la pobreza global. Los autores que podemos llamar &quot;cosmopolitas&quot;, en cambio, sostienen que los deberes de reducir la pobreza global tienen prioridad sobre los deberes dom&eacute;sticos<a name="n3"></a><a href="#n_3"><sup>3</sup></a>.</p>         <p>Recientemente varios autores de ambos bandos se enfocaron en la distinci&oacute;n entre deberes de justicia y deberes humanitarios<a name="n4"></a><a href="#n_4"><sup>4</sup></a>. El punto central de la discusi&oacute;n en torno a esa distinci&oacute;n puede sintetizarse por referencia al siguiente argumento b&aacute;sico, que es defendido por los liberales igualitaristas y rechazado por los cosmopolitas:</p>     <p>    <blockquote>(a) los deberes de justicia tienen siempre prioridad sobre los deberes humanitarios.</blockquote></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>    <blockquote>(b1) el deber de los Estados de reducir la desigualdad dom&eacute;stica es un deber de justicia.</blockquote></p>     <p>    <blockquote>(b2) el deber de los Estados de reducir la pobreza global es un deber humanitario.</blockquote></p>     <p>    <blockquote>(c) por lo tanto, el deber de los Estados de reducir la desigualdad dom&eacute;stica tiene prioridad sobre su deber de reducir la pobreza global.</blockquote></p>     <p>El objetivo de este art&iacute;culo es criticar la defensa que hacen David Miller (2007) y Laura Valentini (2009) de las diferentes premisas de ese argumento b&aacute;sico. En la secci&oacute;n 1 presento una serie de consideraciones preliminares. En la secci&oacute;n 2 muestro que el intento de Miller de mostrar que los deberes hacia los pobres globales son deberes humanitarios (premisa (b2)), y no deberes de justicia, tiene graves problemas, principalmente porque el &quot;test&quot; que el autor propone para evaluar si un deber es humanitario o de justicia no es confiable. En la secci&oacute;n 3 muestro que Valentini no logra explicar por qu&eacute; los deberes de justicia tienen m&aacute;s peso que los humanitarios (premisa (a)) ni tampoco logra probar que los deberes hacia los pobres globales son deberes humanitarios (premisa (b2)). En la secci&oacute;n 4 presento la conclusi&oacute;n.</p>     <p><b>1. </b><b>Consideraciones preliminares</b></p>     <p>Este trabajo solo se ocupa de casos en que la pobreza extrema se debe a causas puramente internas, en particular, cuando se debe a ciertas medidas econ&oacute;micas libremente adoptadas por el gobierno del pa&iacute;s que devino pobre. Lo que este trabajo excluye son casos en que los Estados ricos son los responsables del surgimiento de la pobreza en los Estados pobres. Por ejemplo, excluye casos en que existe una historia de dominaci&oacute;n colonial por parte de alg&uacute;n Estado rico, lo cual podr&iacute;a explicar las desventajas econ&oacute;micas actuales de cierto Estado pobre. Otro ejemplo de lo que este trabajo excluye son los casos en que uno o varios Estados ricos imponen a Estados pobres normas inequitativas de comercio internacional (para este tipo de casos v&eacute;ase el an&aacute;lisis de Pogge, 2008). Esta manera de delimitar el tema del trabajo tiene consecuencias importantes para la cuesti&oacute;n de la prioridad. Si la pobreza fuera producto de la acci&oacute;n del Estado rico, los deberes de este Estado de reparar o resarcir al Estado pobre tendr&iacute;an seguramente m&aacute;s peso que sus deberes de reducir las desigualdades dom&eacute;sticas del pa&iacute;s rico. La raz&oacute;n para excluir esos casos y limitarme a los casos de causas puramente internas es porque intento discutir en los mismos t&eacute;rminos que ciertas teor&iacute;as liberales igualitarias prominentes (v&eacute;ase, por ejemplo, Rawls, 2001) y que cierta opini&oacute;n p&uacute;blica extendida, seg&uacute;n las cuales las causas principales de la pobreza en otros pa&iacute;ses son principalmente internas. (Ahora bien, esta manera de delimitar el trabajo no implica adoptar una posici&oacute;n acerca de la cuesti&oacute;n de si efectivamente existen casos en que la pobreza tenga causas puramente internas).</p>     <p>Por razones de simplicidad, este trabajo tambi&eacute;n omite el hecho de que en muchos pa&iacute;ses ricos no solo existen desigualdades importantes, sino que en ellos existe tambi&eacute;n pobreza extrema.</p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Se estima que actualmente en Estados Unidos casi 2 millones de personas est&aacute;n por debajo de la l&iacute;nea de pobreza extrema establecida por el Banco Mundial (ver nota 2). Si tuvi&eacute;semos en cuenta ese hecho, entonces la cuesti&oacute;n normativa ser&iacute;a distinta a la que me ocupa, pues lo que importar&iacute;a no ser&iacute;a si la desigualdad dom&eacute;stica tiene prioridad sobre la pobreza global, sino si la pobreza dom&eacute;stica tiene prioridad sobre la pobreza global. Considero que la respuesta a esta pregunta es circunstancial, no de principio. Si donar recursos a otros pa&iacute;ses librar&iacute;a a m&aacute;s gente de la pobreza que si se donaran los mismos recursos a personas del propio pa&iacute;s (por ejemplo, porque en los otros pa&iacute;ses utilizar&iacute;an esos recursos de manera m&aacute;s eficiente), entonces nuestra obligaci&oacute;n ser&iacute;a realizar donaciones a otros pa&iacute;ses. Y viceversa.</p>     <p>Por &uacute;ltimo, es importante observar una diferencia entre el problema que me ocupa en este trabajo y un problema diferente que se discute en otros trabajos de la bibliograf&iacute;a sobre pobreza global (v&eacute;ase, por ejemplo, Meckled-Garcia, 2008). Muchas veces la pregunta es si el Estado rico tiene derecho a postergar la ayuda a pa&iacute;ses pobres con el fin de privilegiar el desarrollo de universidades prestigiosas, estadios deportivos y otros bienes que mejoran el nivel de vida de todos o muchos de sus miembros y que definen un estilo colectivo de vida o proyecto de pa&iacute;s. Aunque no pretendo negarle importancia moral al derecho a desarrollar un estilo colectivo de vida, no es esa la consideraci&oacute;n moral de la que me ocupo aqu&iacute;, sino de una consideraci&oacute;n muy diferente y, en cierto sentido, m&aacute;s urgente: me ocupo del deber de reducir la desigualdad dom&eacute;stica respecto a bienes cruciales, como el acceso a una educaci&oacute;n primaria eficaz, a beneficios importantes de salud y a influencia pol&iacute;tica.</p>     <p><b>2. </b><b>David Miller: justicia y fuerza</b></p>     <p>En su libro reciente, <i>NationalResponsibility and Global Justice </i>(2007), Miller sostiene que cuando la pobreza extrema en otros pa&iacute;ses tiene causas exclusivamente internas, los deberes de los pa&iacute;ses ricos de colaborar con la reducci&oacute;n de esa pobreza son deberes de menor peso que sus deberes distributivos dom&eacute;sticos<a name="n5"></a><a href="#n_5"><sup>5</sup></a>. Antes de presentar las razones del autor para defender algunas de las premisas del argumento mencionado en la introducci&oacute;n, es importante mencionar, en primer lugar, c&oacute;mo entiende la distinci&oacute;n entre deberes de justicia y deberes humanitarios:</p>     <p>    <blockquote>Los deberes humanitarios tienen en general menos peso que los deberes de justicia. Eso es importante cuando tenemos que considerar qu&eacute; costos es razonable esperar que un agente afronte para cumplir los deberes de cada tipo -en el contexto actual, hasta d&oacute;nde se puede esperar que los ciudadanos de los Estados ricos sacrifiquen sus diversos proyectos dom&eacute;sticos con el fin de cumplir con sus responsabilidades remediales hacia los extranjeros-. La distinci&oacute;n tambi&eacute;n es importante cuando consideramos la posici&oacute;n de terceros. Los deberes de justicia se pueden hacer cumplir mediante la fuerza &#91;are <i>enforceable&#93;, </i>en el sentido de que los terceros pueden estar justificados para aplicarles sanciones a quienes los incumplan; pero no sucede lo mismo con los deberes humanitarios. (p. 248; todas las citas de Miller son traducciones propias)</blockquote></p>     <p>En pocas palabras, los elementos centrales de la distinci&oacute;n entre deberes de justicia y deberes humanitarios son, seg&uacute;n Miller, que los primeros tienen en general m&aacute;s peso que los segundos (esto equivale a afirmar la premisa (a) del argumento) y que los primeros pueden hacerse cumplir mediante la fuerza y los segundos no.</p>     <p>En segundo lugar, es importante mencionar que seg&uacute;n Miller en los casos en que la pobreza tiene causas puramente internas, la responsabilidad primaria de reducir esa pobreza recae sobre aquellos que la produjeron, es decir, quienes poseen el poder pol&iacute;tico en el Estado pobre y tomaron las decisiones econ&oacute;micas equivocadas. Sin embargo, Miller reconoce que normalmente es poco probable que quienes provocaron la pobreza cumplan con sus deberes de repararla (especialmente en casos en que el grupo que posee el poder pol&iacute;tico obtuvo el poder ileg&iacute;timamente).</p>     <p>La pregunta entonces es si los Estados ricos -que no provocaron la pobreza pero pueden hacer algo para aliviarla- tienen el deber de reducir la pobreza cuando los responsables primarios incumplen sus deberes. Miller considera que s&iacute;, pero que su deber es humanitario, no de justicia. Eso equivale a sostener la premisa (b2) del argumento presentado al principio. La raz&oacute;n que da para afirmar esa premisa es la siguiente:</p>     <p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote>En principio, cuando el agente A, que es el responsable primario, incumple su deber de aliviar al paciente P, la responsabilidad pasa a B, que es el siguiente en la fila.</blockquote></p>     <p>    <blockquote>&iquest;En estas circunstancias tiene B un deber de justicia de aliviar a P? Es evidente que B tiene una <i>raz&oacute;n </i>fuerte para actuar, dado que las privaciones que sufre P son graves y B tiene alguna manera factible de aliviarlas. Pero ser&iacute;a mejor decir que el deber aqu&iacute; es humanitario antes que un deber de justicia. Una raz&oacute;n es que podr&iacute;amos pensar que a B no se le puede <i>exigir </i>actuar, dado que la responsabilidad primaria la tiene A. Es decir, no debemos aplicarle a B sanciones del tipo que podr&iacute;amos justificadamente aplicarle si fuera el responsable primario de aliviar a P pero se negara a hacerlo. Suger&iacute; anteriormente que una de las marcas del deber de justicia es que siempre se lo puede potencialmente hacer cumplir mediante la fuerza en este sentido. (Miller 2007, pp. 257-258)</blockquote></p>     <p>Miller trata de explicar por qu&eacute; debemos considerar que el deber del Estado rico hacia los pobres globales es un deber humanitario, no de justicia. En su explicaci&oacute;n parece aplicar lo que Laura Valentini (2009) llama &quot;test de la fuerza&quot; <i>&#91;enforceability test&#93; </i>(p. 17; las citas del art&iacute;culo de Valentini son traducciones propias).</p>       <p>El test consiste en verificar si el deber en cuesti&oacute;n puede hacerse cumplir mediante la fuerza o no. Si se puede, podemos concluir que es un deber de justicia; si no se puede, no es un deber de justicia, y por lo tanto es un deber humanitario<a name="n6"></a><a href="#n_6"><sup>6</sup></a>. Dado que, seg&uacute;n Miller, el deber del Estado rico no puede hacerse valer mediante la fuerza -debido a que ese Estado no es el responsable primario-, su deber es humanitario, no de justicia.</p>     <p>Miller concluye (paso (c) del argumento mencionado m&aacute;s arriba) que el deber de los Estados ricos de reducir la pobreza extrema global tiene menos peso que sus deberes distributivos dom&eacute;sticos, que son deberes de justicia (Miller, 2007). Sin embargo, en las dos secciones que siguen me propongo mostrar que la justificaci&oacute;n que hace Miller de la premisa (b2) es insuficiente. En primer lugar, Miller extrae conclusiones equivocadas de la aplicaci&oacute;n del test de la fuerza a los deberes de los pa&iacute;ses ricos hacia los pobres, porque, a diferencia de lo que &eacute;l afirma, esos deberes pueden leg&iacute;timamente hacerse cumplir mediante la fuerza (secci&oacute;n 2.1). En segundo lugar, incluso si concedemos que esos deberes no pueden hacerse cumplir mediante la fuerza, el test de la fuerza tiene dos problemas graves que hacen que no sea un test confiable (secci&oacute;n 2.2).</p>     <p><b>2.1 Primer problema</b></p>     <p>Como vimos, un punto central de Miller consiste en que si en el pa&iacute;s A existe un grupo de personas que es responsable de la pobreza en ese pa&iacute;s, entonces</p>     <p>    <blockquote>... a B no se le puede <i>exigir </i>actuar, dado que la responsabilidad primaria la tiene A. Es decir, no debemos aplicarle a B sanciones del tipo que podr&iacute;amos justificadamente aplicarle si fuera el responsable primario de aliviar a P pero se negara a hacerlo. (p. 258)</blockquote></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Ese punto es importante porque Miller cree que si un deber no se puede leg&iacute;timamente hacer cumplir mediante la fuerza, entonces no es un deber de justicia, sino un deber humanitario, y por lo tanto pesa menos que los deberes de justicia (en particular, que los deberes distributivos dom&eacute;sticos del Estado rico).</p>     <p>Ahora bien, &iquest;por qu&eacute; raz&oacute;n los deberes de B no se pueden hacer cumplir mediante la fuerza (aplicando sanciones comerciales, por ejemplo)? La raz&oacute;n, seg&uacute;n Miller, consiste en que B no tiene responsabilidad primaria. Pero &iquest;por qu&eacute; eso constituye una raz&oacute;n? Desafortunadamente, el autor no desarrolla este punto, as&iacute; que en lo que sigue proveo dos respuestas posibles. Luego muestro que ninguna de las dos respuestas apoyar&iacute;a la conclusi&oacute;n de Miller.</p>     <p><b><i>2.1.1 Sobre la </i>capacidad <i>para hacer cumplir mediante la fuerza los deberes del responsable primario</i></b></p>     <p>La idea de Miller quiz&aacute;s sea que si tenemos <i>suficiente poder </i>para hacer que B cumpla sus deberes, eso significa que tambi&eacute;n tenemos suficiente poder para hacer que A cumpla sus deberes en su lugar. Por lo tanto, debemos usar ese poder para obligar a A, que tiene responsabilidad primaria, y no a B, que no tiene esa responsabilidad. Pero este razonamiento tiene varios problemas.</p>     <p>Primero, no es necesariamente cierto que si tenemos suficiente poder para hacer que B cumpla sus deberes, entonces tenemos suficiente poder para que A cumpla con los suyos en su lugar. Podemos f&aacute;cilmente imaginar que las circunstancias pol&iacute;ticas globales est&aacute;n configuradas de tal manera que forzar a un pa&iacute;s rebelde a que reduzca la pobreza de su poblaci&oacute;n ser&iacute;a imposible, pero forzar a otros pa&iacute;ses a que ayuden a ese pa&iacute;s ser&iacute;a posible. Por ejemplo, un pa&iacute;s rico que tiene v&iacute;nculos fuertes y civilizados con otros pa&iacute;ses ricos puede ser m&aacute;s propenso a responder favorablemente a las sanciones que un pa&iacute;s rebelde gobernado por una dictadura. Por lo tanto, la pregunta sigue en pie: si <i>no tenemos suficiente poder </i>para forzar a A pero <i>tenemos suficiente poder </i>para forzar a B, &iquest;por qu&eacute; no podr&iacute;amos leg&iacute;timamente forzar a B?</p>     <p>Segundo, incluso aunque tengamos suficiente poder para forzar a A en lugar de a B, quiz&aacute;s A no tenga la capacidad para resolver el problema de pobreza que cre&oacute;. Por ejemplo, los miembros del gobierno dictatorial de A quiz&aacute;s no tengan los conocimientos de econom&iacute;a necesarios para reparar el da&ntilde;o que crearon, o quiz&aacute;s el da&ntilde;o que causaron es tan grave que ning&uacute;n gobierno local podr&iacute;a solucionarlo sin ayuda externa, incluso aunque tuvieran los mejores conocimientos de econom&iacute;a. Adem&aacute;s, incluso si A tuviera cierta capacidad para resolver el problema de pobreza, quiz&aacute;s solo pueda resolver <i>una parte </i>del problema, no todo. Por lo tanto podr&iacute;amos preguntarnos -de nuevo-: si los agentes internos que provocaron el problema de pobreza no pueden resolverlo (total o parcialmente), y por lo tanto por m&aacute;s que se los fuerce a cumplir sus deberes no ser&iacute;an capaces de reducir la pobreza, &iquest;por qu&eacute; no se podr&iacute;a leg&iacute;timamente forzar a agentes externos a que provean ayuda?</p>     <p><b><i>2.1.2 Sobre el peso de los deberes de los responsables no primarios</i></b></p>     <p>Quiz&aacute;s la idea de Miller sea otra. El autor a lo mejor cree que la raz&oacute;n por la cual no se puede forzar a B a que cumpla con sus deberes es que la responsabilidad no primaria es siempre liviana, o d&eacute;bil -a diferencia de la responsabilidad primaria-, y <i>los deberes livianos no pueden leg&iacute;timamente hacerse cumplir mediante la fuerza. </i>M&aacute;s exactamente, el argumento ser&iacute;a as&iacute;: si un deber tiene poco peso, es probable que no sea, todas las cosas consideradas, nuestro deber, pues f&aacute;cilmente otros deberes tendr&aacute;n m&aacute;s peso que &eacute;l. Y si ese deber no es, todas las cosas consideradas, nuestro deber, entonces no nos pueden forzar a cumplirlo. En esa l&iacute;nea, el argumento de Miller ser&iacute;a que si la responsabilidad de B no es primaria, entonces sus deberes son livianos, y por lo tanto no se puede leg&iacute;timamente forzar a B a que los cumpla.</p>       <p>El problema con ese posible argumento es que no hay raz&oacute;n para pensar que la responsabilidad no primaria es siempre liviana. Por supuesto, en un primer momento podr&iacute;amos vernos llevados a suponer lo contrario, sobre todo si nos guiamos por nuestras intuiciones respecto a situaciones como la siguiente:</p>     <p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote><i>Robo: </i>el ladr&oacute;n C entr&oacute; en la casa de D y rob&oacute; varios electrodom&eacute;sticos. Hay una tercera persona, E, que tiene suficiente dinero como para, en un gesto de ayuda, comprarle a D de nuevo todos los electrodom&eacute;sticos.</blockquote></p>     <p>En casos como ese la mayor&iacute;a de nosotros cree que E no tiene ning&uacute;n deber de ayudar a D, o que en todo caso su deber es muy liviano y f&aacute;cilmente ser&iacute;a desplazado por otras consideraciones morales de mayor peso (como los deberes de D hacia su familia o su proyecto personal de construirse una casa de campo, por ejemplo).</p>     <p>Sin embargo, es importante observar que el caso de la pobreza global difiere crucialmente del caso de Robo. La pobreza extrema es un asunto urgente, es una emergencia. Si no se avanza pronto en una soluci&oacute;n, mucha gente morir&aacute; o sufrir&aacute; discapacidades fuertes, y por esa raz&oacute;n la inacci&oacute;n en esos casos tiene implicancias normativas distintas a la inacci&oacute;n en casos no urgentes. Podr&iacute;amos decir, entonces, que el caso de la pobreza global no se asemeja al caso de Robo, sino a la siguiente situaci&oacute;n (que es una variaci&oacute;n de un experimento mental cl&aacute;sico de Peter Singer<a name="n7"></a><a href="#n_7"><sup>7</sup></a>):</p>     <p>    <blockquote><i>Laguna violenta: </i>F pasa caminando por una laguna poco profunda y ve que G empuja a un ni&ntilde;o inocente al agua, e inmediatamente G sale corriendo. A menos que F o G salven al ni&ntilde;o r&aacute;pidamente, se ahogar&aacute;. Tanto a G como a F salvar al ni&ntilde;o les costar&iacute;a muy poco: meramente se arruinar&iacute;a su ropa. F ve claramente que G no tiene ninguna intenci&oacute;n de salvar al ni&ntilde;o<a name="n8"></a><a href="#n_8"><sup>8</sup></a>.</blockquote></p>     <p>Nuestras intuiciones morales sobre ese caso son diferentes a las que tenemos en casos como el de Robo. Aunque seguramente el deber de G de salvar al ni&ntilde;o tiene mayor peso que el de F de todos modos consideramos que F tiene, <i>un deber de mucho peso y decisivo de salvarlo. </i>Este caso se asemeja al caso de pobreza global, porque ambos son casos en que alguien provoc&oacute; la situaci&oacute;n de emergencia y no est&aacute; dispuesto a remediarla. Nosotros podemos hacer algo para remediarla, y si no lo hacemos, morir&aacute; gente. Por lo tanto, a diferencia de lo que afirma Miller, no hay razones para pensar que los deberes de los responsables no primarios son siempre deberes livianos.</p>     <p>En esta secci&oacute;n trat&eacute; de mostrar que los deberes hacia los pobres globales podr&iacute;an leg&iacute;timamente hacerse cumplir mediante la fuerza, contrariamente a lo que afirma Miller. En la secci&oacute;n siguiente trato de mostrar que incluso si le concedemos a Miller el punto de que esos deberes no pueden hacerse cumplir mediante la fuerza, eso no es suficiente para mostrar que no son deberes de justicia. La raz&oacute;n es que el test de la fuerza de Miller tiene dos problemas: no es cierto que todos los deberes de justicia pueden hacerse cumplir mediante la fuerza ni es cierto que no se pueda hacer cumplir mediante la fuerza ning&uacute;n deber humanitario.</p>        <p><b>2.2 Segundo problema</b></p>     <p>Como mencion&eacute;, Miller considera que &quot;Los deberes de justicia se pueden hacer cumplir mediante la fuerza &#91;are <i>enforceable&#93;, </i>en el sentido de que los terceros pueden estar justificados para aplicarles sanciones a quienes los incumplan; pero no sucede lo mismo con los deberes humanitarios&quot; (2007, p. 248). Esa afirmaci&oacute;n es el n&uacute;cleo del test de la fuerza que describ&iacute; en la secci&oacute;n 2. Pero es una afirmaci&oacute;n incorrecta, porque el hecho de que un deber se pueda hacer cumplir mediante la fuerza no es condici&oacute;n necesaria para que sea un deber de justicia. Para comprobarlo, consideremos el siguiente ejemplo de Pablo Gilabert (2012):</p>     <p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote>A veces, hacer cumplir coercitivamente mediante la fuerza ciertas exigencias puede ser, todas las cosas consideradas, irrazonable. Un ejemplo de debate sobre ese tema es acerca de la introducci&oacute;n de &quot;c&oacute;digos de habla&quot; que imponen penalidades a quienes realizan actos de habla que acarrean contenido claramente racista o sexista. Algunos arguyen que aunque la gente tenga un <i>deber de justicia </i>de no hablarle a los dem&aacute;s de manera racista o sexista, ser&iacute;a a fin de cuentas una mala idea que el Estado se encargue de patrullar la pr&aacute;ctica ling&uuml;&iacute;stica. Aunque esa posici&oacute;n puede estar equivocada, no es conceptualmente incoherente. (p. 6; it&aacute;licas agregadas; traducci&oacute;n propia)</blockquote></p>     <p>Este ejemplo muestra que nuestro uso del concepto de &quot;deber de justicia&quot; no se limita a casos en los cuales el deber puede leg&iacute;timamente hacerse cumplir mediante la fuerza. Eso implica que el test de la fuerza no es confiable, porque si lo aplic&aacute;ramos en el ejemplo de Gilabert, nos llevar&iacute;a a pensar que nuestro deber de evitar hablarles a otros de manera racista o sexista no es un deber de justicia. Por lo tanto, cuando aplicamos el test a los deberes de los pa&iacute;ses ricos hacia los pobres globales, no podemos confiadamente concluir que no son deberes de justicia, aun si suponemos que son deberes que no pueden hacerse cumplir mediante la fuerza.</p>     <p>Tampoco parece correcto afirmar que ning&uacute;n deber humanitario puede hacerse cumplir mediante la fuerza. En efecto, algunos autores consideran que en el experimento mental cl&aacute;sico de la laguna (ver nota 8) nuestro deber de salvar al ni&ntilde;o que se ahoga es un deber que se puede hacer cumplir mediante la fuerza (Beauchamp, 2008), aunque se lo considera com&uacute;nmente un deber humanitario. Por lo tanto, aplicar en ese caso el test de la fuerza nos llevar&iacute;a a una conclusi&oacute;n incorrecta, porque el test sugerir&iacute;a que estamos ante un deber de justicia.</p>     <p>El problema de fondo en el planteamiento de Miller consiste en que no aporta una explicaci&oacute;n de por qu&eacute; el hecho de que un deber se pueda o no hacer cumplir mediante la fuerza es relevante para identificarlo como deber de justicia o humanitario (y esto afecta la plausibilidad de la premisa (b2) ), ni tampoco explica por qu&eacute; los deberes de justicia tienen m&aacute;s peso que los deberes humanitarios (premisa (a) ). En la pr&oacute;xima secci&oacute;n analizo la propuesta de Valentini, que parece poder subsanar esas carencias. Sin embargo, pretendo mostrar que esa propuesta tambi&eacute;n es insuficiente para justificar las premisas mencionadas.</p>     <p><b>3. </b><b>Laura Valentini: justicia y da&ntilde;o</b></p>     <p>En su art&iacute;culo <i>Justice and Assistance: Three Approaches and a Fourth One </i>(2009) Laura Valentini intenta dar respaldo a las afirmaciones que arriba llam&eacute; premisas (a) y (bl). En la secci&oacute;n 3.1 eval&uacute;o si su propuesta es suficiente para respaldarlas, y en la secci&oacute;n 3.2 eval&uacute;o si la propuesta de la autora servir&iacute;a tambi&eacute;n para respaldar la premisa (b2) (aunque la autora no lo intenta en su trabajo).</p>     <p>El punto central del trabajo de Valentini es la b&uacute;squeda de la ra&iacute;z o fundamento &uacute;ltimo de la distinci&oacute;n entre deberes de justicia y humanitarios (que llama &quot;deberes de asistencia&quot;). Valentini encuentra ese fundamento en uno de los principios m&aacute;s extendidos de la filosof&iacute;a pol&iacute;tica contempor&aacute;nea: el deber fundamental de <i>respetar a todos por igual </i>en tanto personas racionales y propositivas. Seg&uacute;n Valentini, ese principio fundamenta dos tipos de deber: el deber universal de <i>no da&ntilde;ar </i>a otros y el deber universal de <i>ayudar a quienes lo necesitan </i>cuando ayudar no tiene costos excesivos para nosotros. Afirma entonces que &quot;el deber de no da&ntilde;ar demarca la provincia de la justicia&quot; y &quot;los deberes de ayudar demarcan la de asistencia&quot; (p. 20).</p>     <p>Veamos c&oacute;mo esa manera de demarcar las provincias de la justicia y la asistencia le permite a Valentini fundamentar las dos premisas del argumento b&aacute;sico mencionadas. Primero, para fundamentar la premisa (a), busca explicar por qu&eacute; los deberes de justicia tienen prioridad sobre los humanitarios, y encuentra esa explicaci&oacute;n en que los deberes de no da&ntilde;ar tienen m&aacute;s peso que los deberes de ayudar. Veamos c&oacute;mo explica este &uacute;ltimo punto:</p>     <p>    <blockquote>Si tengo deberes de ayudar a otros, entonces, <i>a fortiori, </i>tengo deberes de no da&ntilde;arlos. Por ejemplo, si tengo un deber de ayudar a los hambrientos, entonces tendr&eacute; un deber todav&iacute;a m&aacute;s fuerte de no colocar a otros en condiciones en las cuales est&eacute;n condenados al hambre. (p. 19)</blockquote></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Segundo, Valentini tambi&eacute;n pretende explicar por qu&eacute; los deberes distributivos dom&eacute;sticos deben considerarse deberes de justicia (premisa (b1) del argumento del comienzo). Seg&uacute;n Valentini, cuando vivimos en instituciones jur&iacute;dicas, pol&iacute;ticas y econ&oacute;micas, el deber de no da&ntilde;ar adquiere un significado m&aacute;s rico y complejo, expresado por los est&aacute;ndares de justicia distributiva. Con otras palabras, la raz&oacute;n por la cual los deberes distributivos dom&eacute;sticos son deberes de justicia consiste en que solo si cumplimos esos deberes podemos asegurarnos de que no estamos da&ntilde;ando a los dem&aacute;s (Valentini, 2009).</p>     <p>Valentini parece explicar varias de las premisas que Miller hab&iacute;a dejado sin fundamentar. Sin embargo, en las siguientes secciones me propongo mostrar que su propuesta es insuficiente para respaldar esas premisas.</p>     <p><b>3.1. Primer problema</b></p>     <p>Un problema importante de la propuesta de Valentini radica en que no logra mostrar que los deberes de no da&ntilde;ar tengan prioridad sobre los deberes de ayudar. Hab&iacute;amos dicho que una de las virtudes de su propuesta estriba en que no presupone simplemente que los deberes de justicia tienen prioridad sobre los humanitarios (premisa (a)), sino que trata de explicar esa prioridad por referencia a la prioridad de los deberes de no da&ntilde;ar sobre los de ayudar. Pero esta vuelta de tuerca no hace m&aacute;s que mover un paso m&aacute;s atr&aacute;s la pregunta crucial: &iquest;por qu&eacute; unos tienen prioridad sobre los otros? Valentini da una respuesta (que cit&eacute; m&aacute;s arriba) que puede sintetizarse en la idea de que si tengo un deber de ayudar a quien padece de hambre, entonces tengo tambi&eacute;n un deber <i>todav&iacute;a m&aacute;s pesado </i>de evitar colocar al otro en una posici&oacute;n en que est&eacute; condenado a pasar hambre. Pero esa respuesta tiene muchos problemas.</p>     <p>Primero, el ejemplo que da Valentini no es an&aacute;logo al caso de pobreza global. En el ejemplo hay un deber de ayudar a alguien respecto a X (ayudar a que no padezca hambre) y un deber de evitar da&ntilde;ar a alguien respecto a X (evitar colocarlo en una situaci&oacute;n de hambre). En cambio, en el caso de pobreza global hay un deber de ayudar a alguien respecto a X (ayudar a que no padezca hambre) y un deber de evitar da&ntilde;ar a alguien respecto a Y (evitar que padezca desigualdades distributivas dom&eacute;sticas). El ejemplo de Valentini solo muestra que los deberes de no da&ntilde;ar tienen prioridad sobre los deberes de ayudar a alguien <i>respecto a lo mismo, </i>pero no muestra que tengan prioridad sobre los deberes de ayudar respecto a otra cosa. De manera m&aacute;s general, que <i>algunos </i>deberes de no da&ntilde;ar tengan prioridad sobre <i>algunos </i>deberes de ayudar no implica que <i>todos </i>los deberes de no da&ntilde;ar tengan prioridad sobre <i>todos </i>los deberes de ayudar.</p>     <p>Segundo, aunque se puede conceder que <i>algunos deberes de no da&ntilde;ar </i>(como el deber de no torturar o el deber de no asesinar) tienen prioridad sobre <i>todos </i>los deberes de ayudar, eso no implica que <i>todos </i>los deberes de no da&ntilde;ar tengan prioridad sobre <i>todos </i>los deberes de ayudar. Un ejemplo ser&iacute;a el siguiente: le promet&iacute; a mi amigo que me encontrar&iacute;a con &eacute;l en la biblioteca esta tarde, pero en el camino encuentro a un ni&ntilde;o que se est&aacute; ahogando en una laguna. Si dedico mi tiempo a salvarlo, no llegar&eacute; a la reuni&oacute;n con mi amigo y faltar&eacute; a mi promesa, produciendo as&iacute; un da&ntilde;o a mi amigo (seg&uacute;n las teor&iacute;as expectativistas de la promesa, romper una promesa implica da&ntilde;ar al destinatario de la misma, pues se traiciona la fe que &eacute;l hab&iacute;a puesto en m&iacute;; v&eacute;ase al respecto Habib, 2008). Sin embargo, cualquiera admitir&iacute;a que se trata de un da&ntilde;o <i>leve </i>en comparaci&oacute;n con el peso del deber de ayudar al ni&ntilde;o. Este ejemplo muestra que no todos los deberes de no da&ntilde;ar tienen mayor peso que los deberes de ayudar, pues algunos deberes de no da&ntilde;ar se refieren a da&ntilde;os leves. Ahora bien, el objetivo de este ejemplo no es sugerir que incumplir los deberes distributivos dom&eacute;sticos produzca meramente un da&ntilde;o leve, sino que busca poner en duda la idea de que esos deberes distributivos, por el mero hecho de ser deberes de no da&ntilde;ar, tienen autom&aacute;ticamente prioridad sobre cualquier deber de ayudar (que es lo que presupone el argumento mencionado en la introducci&oacute;n).</p>     <p><b>3.2 Segundo problema</b></p>     <p>Un segundo problema consiste en que la propuesta de Valentini no servir&iacute;a para respaldar la premisa (b2), seg&uacute;n la cual los deberes hacia los pobres globales son deberes humanitarios y no de justicia. Como vimos, la autora explica por qu&eacute; los deberes distributivos dom&eacute;sticos son deberes de justicia (premisa (b1)): porque son deberes de no da&ntilde;ar. Me propongo indagar, entonces, si los deberes hacia los pobres globales no deber&iacute;an considerarse tambi&eacute;n como deberes de justicia, es decir, de no da&ntilde;ar, y no como deberes de ayuda.</p>     <p>La cuesti&oacute;n fundamental es c&oacute;mo distinguir un deber de no da&ntilde;ar de un deber de ayuda. Se trata de una cuesti&oacute;n muy compleja que es imposible abordar aqu&iacute;. Perm&iacute;taseme, entonces, simplemente dar por supuesta cierta respuesta razonablemente plausible a esa cuesti&oacute;n: da&ntilde;ar quiere decir violar un derecho. Un agente A tiene un deber de no da&ntilde;ar a un agente B si el agente B tiene <i>derecho </i>a que A realice cierta acci&oacute;n u omisi&oacute;n. Si A no la realiza, da&ntilde;a a B. Aplicado al problema que me concierne, la pregunta es si los extranjeros en situaci&oacute;n de pobreza extrema <i>tienen derecho </i>a que los pa&iacute;ses ricos les transfieran recursos.</p>     <p>La pregunta pasa a ser, entonces, por el criterio para afirmar que una persona tiene derecho a algo. Esa cuesti&oacute;n tambi&eacute;n es extremadamente compleja, raz&oacute;n por la cual simplemente dar&eacute; por supuesta la teor&iacute;a de los derechos basada en el <i>status </i>(bas&aacute;ndome en la versi&oacute;n de Quinn, 1993), que es una de las teor&iacute;as m&aacute;s aceptadas. Seg&uacute;n esa teor&iacute;a, hay ciertos atributos de los seres humanos en virtud de los cuales es adecuado asignarles a estos ciertos derechos. La idea consiste en que esos atributos -racionalidad, autonom&iacute;a, dignidad u otros- merecen ser reconocidos por los dem&aacute;s mediante el respeto por sus derechos. Entonces, una persona tiene un derecho a que otra realice cierta acci&oacute;n cuando omitir esa acci&oacute;n implicar&iacute;a no reconocer esos atributos valiosos de la persona.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Apliquemos, entonces, la teor&iacute;a de los derechos basada en el <i>status </i>a la cuesti&oacute;n de los deberes hacia los pobres globales. Si dejamos morir a una persona que est&aacute; delante de nuestros ojos cuando podemos salvarla f&aacute;cilmente con costo y riesgo m&iacute;nimo, no estamos reconociendo aquellos atributos propios de los seres humanos que merecen reconocimiento. Estamos, por lo tanto, faltando al respeto que merece el valor intr&iacute;nseco de esa persona (Smith, 1998). La posici&oacute;n de los pa&iacute;ses ricos frente a los pobres globales, como vimos, es precisamente la de estar frente a personas que podr&iacute;an salvar f&aacute;cilmente. No ayudar a los pobres globales implica no respetar los atributos propios de esos seres humanos. Los pobres globales tienen, entonces, un derecho a que los pa&iacute;ses ricos les transfieran recursos.</p>     <p>Ahora bien, si la anterior argumentaci&oacute;n (que no pretende m&aacute;s que ser exploratoria) es correcta, entonces el deber de transferir recursos a los pobres globales es un deber de no da&ntilde;ar, y por lo tanto un deber de justicia. Eso niega la premisa (b2). A su vez, eso afecta la solidez del argumento reconstruido al principio del trabajo. Si tanto los deberes dom&eacute;sticos como los globales son deberes de justicia, no se puede afirmar que los dom&eacute;sticos tengan prioridad sobre los globales (o al menos no se puede afirmar eso sobre la base de que la justicia tiene prioridad sobre el humanitarismo).</p>     <p><b>4. </b><b>Conclusi&oacute;n</b></p>     <p>Asumamos que los pa&iacute;ses ricos tienen deberes importantes de reducir las desigualdades dom&eacute;sticas respecto a bienes cruciales como educaci&oacute;n eficaz, beneficios importantes de salud e influencia pol&iacute;tica. Las propuestas de Miller y Valentini, que se apoyan en la distinci&oacute;n entre deberes de justicia y deberes humanitarios, pretenden mostrar que esos deberes dom&eacute;sticos tienen m&aacute;s peso que los deberes de los pa&iacute;ses de contribuir con la reducci&oacute;n de la pobreza extrema global. En este trabajo me propuse mostrar que esas propuestas fallan, principalmente, porque no dan buenas razones para pensar que los deberes hacia los pobres globales no son tambi&eacute;n deberes de justicia, al igual que los deberes distributivos dom&eacute;sticos. Ahora bien, el mero hecho de se&ntilde;alar graves problemas en las propuestas de Miller y Valentini no alcanza para mostrar que el cosmopolitismo sea correcto y que los deberes hacia los pobres globales tengan prioridad sobre los deberes dom&eacute;sticos. Si realmente los deberes globales son deberes de justicia, al igual que los dom&eacute;sticos, eso solo muestra que la cuesti&oacute;n de cu&aacute;les deberes tienen prioridad sigue abierta.</p> <hr>     <p><a name="n_1"></a><a href="#n1"><sup>1</sup></a>&nbsp;La l&iacute;nea internacional de pobreza extrema est&aacute; establecida por el Banco Mundial en USD 1,25 diarios PPA (paridad del poder adquisitivo), lo cual, en pocas palabras, significa que una persona est&aacute; por debajo de esa l&iacute;nea si su poder adquisitivo le impide adquirir el equivalente a los bienes que una persona podr&iacute;a adquirir en Estados Unidos con USD 1,25 por d&iacute;a. Para objeciones a la metodolog&iacute;a del Banco Mundial para medir la pobreza extrema, ver Pogge &amp; Reddy (2006).</p>     <p><a name="n_2"></a><a href="#n2"><sup>2</sup></a>&nbsp;Muchos autores consideran que donar no es la &uacute;nica manera (o la m&aacute;s eficiente) de combatir la pobreza extrema global, sino que se debe promover ciertas reformas de las normas econ&oacute;micas internacionales (v&eacute;ase, por ejemplo, Pogge, 2008). La mayor&iacute;a de lo que digo en este trabajo acerca de la donaci&oacute;n se aplica tambi&eacute;n a la reforma de las normas econ&oacute;micas internacionales. Ahora bien, es importante observar que actualmente es materia de debate que tanto las donaciones como las reformas puedan ser realmente efectivas para reducir la pobreza global (Rivera L&oacute;pez, 2007), y por lo tanto, todo lo dicho acerca de los deberes de donar o de reformar tiene car&aacute;cter condicional.</p>     <p><a name="n_3"></a><a href="#n3"><sup>3</sup></a> Aqu&iacute; me refiero exclusivamente a una versi&oacute;n d&eacute;bil de cosmopolitismo, aquella seg&uacute;n la cual las obligaciones globales se reducen a asegurar que todos los seres humanos tengan acceso seguro a una alimentaci&oacute;n b&aacute;sica, cuidados m&iacute;nimos de salud y refugio. Las versiones fuertes del cosmopolitismo consideran que las obligaciones son mayores. Por ejemplo, igualitaristas como Tan (2004) consideran que las obligaciones globales son iguales a las que seg&uacute;n los liberales igualitaristas existen solo en el &aacute;mbito dom&eacute;stico (como la obligaci&oacute;n de promover cierta igualdad distributiva).</p>     <p><a name="n_4"></a><a href="#n4"><sup>4</sup></a> Para los prop&oacute;sitos de este trabajo tomo como sin&oacute;nimos &quot;deberes humanitarios&quot;, &quot;deberes de beneficencia&quot; y &quot;deberes de asistencia&quot;. Por otra parte, es importante no confundir los deberes humanitarios, que constituyen propiamente un deber, con las acciones supererogatorias, que son acciones que aunque ser&iacute;a loable realizar, no constituyen un deber. En este art&iacute;culo solo me ocupo de acciones obligatorias, no de acciones supererogatorias.</p>     <p><a name="n_5"></a><a href="#n5"><sup>5</sup></a> A lo largo del cap&iacute;tulo Miller habla indistintamente de las obligaciones de los pa&iacute;ses y de las obligaciones de los ciudadanos de esos pa&iacute;ses. Adem&aacute;s, al hablar de &quot;pa&iacute;ses&quot; <i>&#91;countries&#93; </i>no est&aacute; claro si se refiere a Estados, naciones u otra cosa. A lo largo de este art&iacute;culo voy a preservar esas imprecisiones del autor, pero se&ntilde;alando que en ciertos debates puede ser importante distinguir entre las obligaciones de los ciudadanos, de los funcionarios y de los Estados (u otras instituciones), y entre Estado, naci&oacute;n, sociedad, etc. Para un an&aacute;lisis de estas distinciones en la discusi&oacute;n sobre justicia global, ver Gosselin (2006).</p>     <p><a name="n_6"></a><a href="#n6"><sup>6</sup></a> Adem&aacute;s de otros problemas que muestro m&aacute;s adelante, el test de la fuerza presupone -cuestionablemente- que todo deber es o un deber de justicia o un deber humanitario, y no hay una tercera opci&oacute;n.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a name="n_7"></a><a href="#n7"><sup>7</sup></a> El experimento mental cl&aacute;sico que formul&oacute; Peter Singer (1972) es el siguiente: &quot;Paso caminando por una laguna poco profunda y veo a un ni&ntilde;o ahog&aacute;ndose. &#91;Si&#93; me zambullo y saco al ni&ntilde;o... mi ropa se embarrar&aacute;&quot; (p. 231). Este caso tiene dos diferencias con el caso Laguna violenta. Primero, en el caso cl&aacute;sico nadie empuja al ni&ntilde;o al agua. Segundo, en el caso cl&aacute;sico los &uacute;nicos agentes relevantes son el ni&ntilde;o y la persona que pasa caminando, y no hay un tercer agente.</p>     <p><a name="n_8"></a><a href="#n8"><sup>8</sup></a> Miller hace referencia precisamente al experimento mental que aqu&iacute; llamo &quot;Laguna violenta&quot;, pero lo utiliza para mostrar que los deberes de F son m&aacute;s livianos que los de G. Sin embargo, ese punto es irrelevante aqu&iacute;, pues lo que importa es si los deberes de F son m&aacute;s livianos que los dem&aacute;s deberes de F, no que los deberes de G.</p> <hr>     <p><b>Referencias</b></p>     <!-- ref --><p>Altonji, J. &amp; Mansfield, R. (2011). The Role of Family, School, and Community Characteristics in Inequality in Education and Labor-Market Outcomes. En G. Duncan &amp; R. Murnane (Eds.), <i>Whither Opportunity?RisingInequality, Schools, and Children'sLife Chances </i>(pp. 339-358). New York: Russell Sage Foundation.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000106&pid=S1692-8857201400020000300001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Beauchamp, T. (2008). The Principle of Beneficence in Applied Ethics. En E. Zalta (Ed.), <i>Stanford Encyclopedia of Philosophy. </i>Disponible en: <a href="http://plato.stanford.edu/archives/fall2008/entries/principle-beneficence/" target="_blank">http://plato.stanford.edu/archives/fall2008/entries/principle-beneficence/</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000108&pid=S1692-8857201400020000300002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Centers for Disease Control and Prevention &#91;CDC&#93; (2011). CDC Health Disparities and Inequalities Report: United States, 2011. <i>Morbidity</i> <i>andMortality Weekly Report, 60 (supl.), </i>1-113.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000109&pid=S1692-8857201400020000300003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Chen, S. &amp; Ravallion, M. (2012). <i>An update to the WorldBank's estimates</i> <i>of consumption poverty in the developing world. </i>Development Research Group, Banco Mundial. Disponible en: <a href="http://siteresources.worldbank.org/INTPOVCALNET/Resources/Global_Poverty_Update_2012_02-29-12.pdf" target="_blank">http://siteresources.worldbank.org/INTPOVCALNET/Resources/Global_Poverty_Update_2012_02-29-12.pdf</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000111&pid=S1692-8857201400020000300004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Gilabert, P. (2012). <i>Justice and Beneficence. </i>Manuscrito no publicado. Montreal (Canad&aacute;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000112&pid=S1692-8857201400020000300005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->).      <!-- ref --><p>Gosselin, A. (2006). Global Poverty and Responsibility: Identifying the Duty-Bearers of Human Rights. <i>Human Righs Review, 8, </i>35-52.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000114&pid=S1692-8857201400020000300006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Habib, A. (2008). Promises. En E. Zalta (Ed.), <i>Stanford Encyclopedia</i> <i>of Philosophy. </i>Disponible en: <a href="http://plato.stanford.edu/archives/fall2008/entries/principle-beneficence/" target="_blank">http://plato.stanford.edu/archives/fall2008/entries/principle-beneficence/</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000116&pid=S1692-8857201400020000300007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Meckled-Garcia, S. (2008). On the Very Idea of Cosmopolitan Justice: Constructivism and International Agency. <i>The Journal of Political</i> <i>Philosophy, 16, </i>245-271.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000117&pid=S1692-8857201400020000300008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Miller, D. (2007). <i>National Responsibility and Global Justice. </i>New York: Oxford University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000119&pid=S1692-8857201400020000300009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p> Pogge, T. &amp; Reddy, S. (2006). Unknown: Extent, Distribution, and Trend of Global Income Poverty. <i>Economic and Political Weekly, 41,</i> 2241-2247.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000121&pid=S1692-8857201400020000300010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Pogge, T. (2008). <i>World Poverty and Human Rights. </i>Malden, MA: Blackwell.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000123&pid=S1692-8857201400020000300011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> Quinn, W. (1993). <i>Morality andAction. </i>Cambridge: Cambridge Univer-sity Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000124&pid=S1692-8857201400020000300012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Rawls, J. (2001). <i>El derecho de gentes y una revisi&oacute;n de la idea de raz&oacute;n p&uacute;blica.</i> Barcelona: Paid&oacute;s.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000126&pid=S1692-8857201400020000300013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Rivera L&oacute;pez, E. (2007). Pobreza global y conocimiento emp&iacute;rico. <i>Revista</i> <i>Latinoamericana de Filosof&iacute;a, 33, </i>315-332.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000128&pid=S1692-8857201400020000300014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Singer, P. (1972). Famine, Affluence, and Morality. <i>Philosophy and Public</i> <i>Affairs, 1, </i>229-243.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000130&pid=S1692-8857201400020000300015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Smith, P. (1998). <i>Liberalism and Affirmative Obligation. </i>New York: Oxford University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000132&pid=S1692-8857201400020000300016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Tan, K. (2004). <i>Justice WithoutBorders: Cosmopolitanism, Nationalism, and Patriotism. </i>Cambridge, UK: Cambridge University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000134&pid=S1692-8857201400020000300017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>       <!-- ref --><p>Valentini, L. (2009). Justice and Assistance: Three Approaches and a Fourth One. <i>CSSJ </i><i>Working Papers Series, SJ009. </i>Disponible en: <a href="http://social-justice.politics.ox.ac.uk/materials/SJ009_Valentini_Justice&Assistance.pdf" target="_blank">http://social-justice.politics.ox.ac.uk/materials/SJ009_Valentini_Justice&Assistance.pdf</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000136&pid=S1692-8857201400020000300018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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