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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This paper examines the relationship between reasons and causes of action in Freudian psychoanalysis. There is an agreement on the issue that, throughout his work, Freud confused or at least did not make a rigorous distinction between reasons and causes. Two interpretations will be analyzed on this matter. On one hand, a position that holds that there was a naturalistic tendency in Freud and, in that sense, that he never abandoned his aspiration to find the causes of human action. On the other hand, a position that argues that a psychologizing orientation always prevailed in Freud, based on which he defended the search for the meaning of Freudian slips, dreams, etc; which led him to abandon his scientific orientation and to focus on understanding or interpreting the action. As an alternative it is suggested that the conflict in Freud is solved if we discard the dualisms reasons/causes and understanding/explanation.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">      <p><b>DOI: </b><a href="http://dx.doi.org/10.14482/eidos.23.190">http://dx.doi.org/10.14482/eidos.23.190</a></p>      <p align="center"><font size="4"><b>Razones y causas en el psicoan&aacute;lisis freudiano</b></font></p>      <p><b>Flor Emilce Cely</b>    <br> Universidad El Bosque, Bogot&aacute;, Colombia    <br> <a href="mailto:florcely@gmail.com"><i>florcely@gmail.com</i></a></p>      <p><b>Fecha de recepci&oacute;n: </b>agosto 8 de 2014    <br> <b>Fecha de aceptaci&oacute;n: </b>enero 22 de 2015</p>  <hr>      <p><b>Resumen</b></p>     <p>Se examina la relaci&oacute;n entre razones y causas de la acci&oacute;n en el psicoan&aacute;lisis freudiano. Hay acuerdo en que Freud confund&iacute;a, o por lo menos no hizo una distinci&oacute;n rigurosa a lo largo de su trabajo, entre razones y causas. Se analizar&aacute;n dos interpretaciones al respecto. De un lado, la que sostiene que hab&iacute;a en &eacute;l una tendencia naturalista y que, en ese sentido, nunca abandon&oacute; su pretensi&oacute;n de encontrar las causas de la acci&oacute;n humana; de otro lado, la que defiende que en Freud imper&oacute; siempre una orientaci&oacute;n m&aacute;s psicologizante, con base en la cual defendi&oacute; la b&uacute;squeda del sentido de actos fallidos, sue&ntilde;os, etc.; lo cual lo llev&oacute; a abandonar su orientaci&oacute;n cientificista y a concentrarse en la comprensi&oacute;n o interpretaci&oacute;n de la acci&oacute;n. Como alternativa se propone considerar que el conflicto en Freud se soluciona si dejamos de lado los dualismos razones / causas y comprensi&oacute;n /explicaci&oacute;n.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>Palabras clave: </b><i>psicoan&aacute;lisis, razones, causas, explicaci&oacute;n, Freud, Davidson.</i></p>  <hr>      <p><b>Abstract</b></p>     <p>This paper examines the relationship between reasons and causes of action in Freudian psychoanalysis. There is an agreement on the issue that, throughout his work, Freud confused or at least did not make a rigorous distinction between reasons and causes. Two interpretations will be analyzed on this matter. On one hand, a position that holds that there was a naturalistic tendency in Freud and, in that sense, that he never abandoned his aspiration to find the causes of human action. On the other hand, a position that argues that a psychologizing orientation always prevailed in Freud, based on which he defended the search for the meaning of Freudian slips, dreams, etc; which led him to abandon his scientific orientation and to focus on understanding or interpreting the action. As an alternative it is suggested that the conflict in Freud is solved if we discard the dualisms reasons/causes and understanding/explanation.</p>     <p><b>Keywords: </b><i>psychoanalysis, reasons, causes, explanation, Freud, Davidson.</i></p>  <hr>      <p><b>Razones y causas en el psicoan&aacute;lisis freudiano</b></p>      <p>Hoy en d&iacute;a no parece ser cuestionado por nadie el hecho de que Freud confund&iacute;a, o por lo menos no hizo una distinci&oacute;n rigurosa a lo largo de su trabajo, entre causas y razones de la acci&oacute;n. Esta distinci&oacute;n se debe analizar en Freud en relaci&oacute;n con dos paradigmas o modelos de explicaci&oacute;n que estuvieron presentes en su trabajo y que generaron una tensi&oacute;n constante: el paradigma mecanicista y el paradigma psicol&oacute;gico; paradigmas entre los cuales oscil&oacute; todo el tiempo la teor&iacute;a freudiana. Por un lado, debido a su formaci&oacute;n como fisi&oacute;logo, no quer&iacute;a renunciar al paradigma mecanicista, y por ello insisti&oacute; en describir el inconsciente en t&eacute;rminos de flujo y descarga de energ&iacute;a; descripci&oacute;n que en todo caso siempre se mostraba insuficiente y revelaba, m&aacute;s bien, su intento frustrado de hacer ciencia solo con el uso de la terminolog&iacute;a; a lo que tuvo que recurrir dado que siempre fue consciente de que la ciencia de su &eacute;poca no llegar&iacute;a a probar sus tesis fisicalistas. Por otro lado, y empujado por las necesidades de su pr&aacute;ctica, Freud tuvo que recurrir a la descripci&oacute;n intencional, es decir, a un lenguaje m&aacute;s psicol&oacute;gico, que inclu&iacute;a deseos, creencias, motivos, razones para actuar, etc.</p>      <p>A continuaci&oacute;n se presentar&aacute;n las dos tendencias presentes en la obra freudiana, haciendo &eacute;nfasis en la tensi&oacute;n y la constante oscilaci&oacute;n entre las dos del pensamiento freudiano.</p>      <p><b>El cientificismo de Freud</b></p>      <p>Freud siempre estuvo interesado en incluir al psicoan&aacute;lisis dentro de las ciencias de la naturaleza; ciencias que en su &eacute;poca ten&iacute;an ya un nombre irrecusable, una unidad metodol&oacute;gica y un prestigio obtenido desde hac&iacute;a ya algunos siglos. A ellas se opon&iacute;a en su &eacute;poca un grupo de ciencias denominadas <i>ciencias del esp&iacute;ritu </i>(Dilthey, 1883). La raz&oacute;n de Freud para ubicar al psicoan&aacute;lisis del lado de las primeras radica en que para &eacute;l la &uacute;nica ciencia como tal es la ciencia de la naturaleza. De esta manera, se adhiere a un monismo epistemol&oacute;gico que rechaza cualquier consideraci&oacute;n de &quot;ciencias&quot; del esp&iacute;ritu y que considera como ciencias propiamente hablando solo a las de la naturaleza.</p>      <p>En varios lugares Freud intenta explicar en qu&eacute; sentido se puede entender que el psicoan&aacute;lisis sea una ciencia natural, exponiendo ciertas caracter&iacute;sticas que el psicoan&aacute;lisis compartir&iacute;a con otras ciencias. En <i>Introducci&oacute;n al Narcisismo, </i>por ejemplo, afirma Freud (1914/1986) que la f&iacute;sica se encuentra en igual situaci&oacute;n que el psicoan&aacute;lisis: &quot;En nuestros d&iacute;as vivimos id&eacute;ntica situaci&oacute;n en la f&iacute;sica, cuyas intuiciones b&aacute;sicas sobre la materia, los centros de fuerzas, la atracci&oacute;n y conceptos parecidos est&aacute;n sujetos casi a tantos reparos como los correspondientes del psicoan&aacute;lisis&quot; (p. 75). Y en el texto de 1933 titulado <i>En torno a una cosmovisi&oacute;n, </i>en el que emprende una defensa de la cosmovisi&oacute;n cient&iacute;fica (en oposici&oacute;n a una cosmovisi&oacute;n religiosa) que el psicoan&aacute;lisis, como ciencia especial, una rama de la psicolog&iacute;a (psicolog&iacute;a de lo profundo o de lo inconsciente), ha logrado mantener:</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote> Esp&iacute;ritu y alma son objeto de investigaci&oacute;n cient&iacute;fica exactamente como lo son cualesquiera otras cosas ajenas al hombre. El psicoan&aacute;lisis posee un t&iacute;tulo particular para abogar aqu&iacute; a favor de una cosmovisi&oacute;n cient&iacute;fica, puesto que no puede reproch&aacute;rsele haber descuidado lo an&iacute;mico en la imagen del universo. Su contribuci&oacute;n a la ciencia consiste, justamente, en haber extendido la investigaci&oacute;n al &aacute;mbito an&iacute;mico. Por lo dem&aacute;s, la ciencia quedar&iacute;a muy incompleta sin una psicolog&iacute;a de esta clase. (Freud, 1933/1986, p. 147) </blockquote>      <p>Sin embargo, estas y otras alusiones son claramente insatisfac-torias para comprender las pretensiones cientificistas de Freud. Para tal fin es necesario considerar las principales influencias cient&iacute;ficas en su pensamiento: el fisicalismo y el determinismo. En relaci&oacute;n con la primera, es reconocida la herencia del fisicalismo de Du Bois-Reymond, que planteaba la reducci&oacute;n de todo fen&oacute;meno a la acci&oacute;n de fuerzas f&iacute;sicoqu&iacute;micas, y el materialismo mecanicista de Helmholtz, que plantea una explicaci&oacute;n desde las causas naturales eficientes, prescindiendo de cualquier causa final. Tambi&eacute;n bajo la influencia de Meynert y Charcot adopt&oacute; un enfoque que buscaba las causas de fen&oacute;menos psicol&oacute;gicos; estos autores consideraban que los determinantes de problem&aacute;ticas psicol&oacute;gicas pod&iacute;an ser factores psicol&oacute;gicos.</p>      <p>Hay tambi&eacute;n una orientaci&oacute;n determinista en su pensamiento. Freud consideraba que el Universo sigue un orden &uacute;nico determinado en el cual no puede haber algo que no encaje; y el &aacute;mbito de lo mental, como parte de la naturaleza, no pod&iacute;a escapar a esta determinaci&oacute;n. Sin embargo, encuentra que una parte importante de los estados mentales y acciones del ser humano no ten&iacute;an explicaci&oacute;n (s&iacute;ntomas neur&oacute;ticos, sue&ntilde;os, acciones fallidas, etc.), lo cual constitu&iacute;a una laguna en ese cuadro determinista. As&iacute;, en lugar de desechar estos fen&oacute;menos como no relevantes para la investigaci&oacute;n cient&iacute;fica, Freud consider&oacute; que deb&iacute;a haber una estructura mental encargada de determinarlos. Es por ello que le parece <i>necesario </i>postular la existencia de los estados mentales inconscientes. Pues &iquest;qu&eacute; querr&iacute;a decir alguien &mdash;se pregunta Freud&mdash; que asegurara &quot;... que hay sucesos tan &iacute;nfimos que se salen del encadenamiento del acaecer universal, y que lo mismo podr&iacute;an no ser como son? Si alguien quebranta de esa suerte en un solo punto el determinismo de la naturaleza, echa por tierra toda la cosmovisi&oacute;n cient&iacute;fica&quot; (Freud, 1915-1916/1986, p. 25).</p>      <p>Parece ser que este determinismo nunca fue abandonado por Freud, y en esto parece haber consenso<sup><a name="nu1"></a><a href="#num1">1</a></sup> . Algo muy distinto sucede con lo que puede llamarse su orientaci&oacute;n fisicalista, sobre la cual hay una extensa discusi&oacute;n que involucra algunas posturas opuestas que es necesario examinar, dado que de esto depende en parte la caracterizaci&oacute;n del tipo de explicaci&oacute;n de la acci&oacute;n que aporta el psicoan&aacute;lisis. Por un lado, est&aacute;n quienes resaltan el Freud del &quot;Proyecto de psicolog&iacute;a para neur&oacute;logos&quot;, un cient&iacute;fico en b&uacute;squeda de los correlatos neuronales de las instancias ps&iacute;quicas (conciencia, preconsciente, inconsciente) que eran objeto de su investigaci&oacute;n (ver Kitcher &amp; Wilkes, 1988 y Wilkes, 1975). En esa medida, consideran que el abandono del proyecto solo se debe a que Freud se dio cuenta de que en ese momento no se contaba con los avances necesarios en neurofisiolog&iacute;a como para poder seguir adelante con sus especulaciones fisicalistas, pero que esto no era raz&oacute;n para cambiar o abandonar sus tesis:</p>      <blockquote> Cuando &#91;Freud&#93; abandona el 'Proyecto' fue precisamente porque las teor&iacute;as neurobiol&oacute;gicas del siglo XIX no cumpl&iacute;an la tarea de fundamentar sus hip&oacute;tesis psicol&oacute;gicas... Ser&iacute;a tristemente regresivo si, despu&eacute;s de abandonar el 'Proyecto', Freud hubiera abandonado tambi&eacute;n la creencia que yac&iacute;a detr&aacute;s: que cualquier teor&iacute;a sobre la operaci&oacute;n de la mente que se proponga apuntar a la verdad deber&aacute; alg&uacute;n d&iacute;a ser sustentada por la neurociencia. (Wilkes, 1975, pp. 120 y 123) </blockquote>      <p>Por tanto, la teor&iacute;a psicol&oacute;gica que adopt&oacute; era la mejor o la &uacute;nica por el momento, pero era solo provisional, pues nunca dej&oacute; de pensar que la confirmaci&oacute;n de sus hip&oacute;tesis fisicalistas era lo que le dar&iacute;a el estatus cient&iacute;fico al psicoan&aacute;lisis<sup><a name="nu2"></a><a href="#num2">2</a></sup>.</p>      <p>Sin embargo, cr&iacute;ticos como Gr&uuml;nbaum o Sulloway, que toman en serio la tendencia cientificista de Freud, son severos al concluir que no tuvo &eacute;xito en la misma. Sulloway basa toda su interpretaci&oacute;n de Freud en el hecho innegable de que para Freud el psicoan&aacute;lisis era una ciencia natural, lo cual considera evidencia suficiente para oponerse tajantemente a la orientaci&oacute;n hermen&eacute;utica que Habermas le pretende dar al psicoan&aacute;lisis. De igual manera, Gr&uuml;nbaum desarrolla un argumento detallado para mostrar que las teor&iacute;as de Freud no son apoyadas adecuadamente por la evidencia y, en este sentido, plantea que Freud fue un cient&iacute;fico fallido (Sulloway, 1979 y Gr&uuml;nbaum, 1984).</p>      <p>Y, por otro lado, est&aacute;n quienes consideran que el &quot;Proyecto de psicolog&iacute;a para neur&oacute;logos&quot; fue solo un desv&iacute;o insignificante<sup><a name="nu3"></a><a href="#num3">3</a></sup>respecto de las ambiciones explicativas centrales en Freud: esto es, aportar la explicaci&oacute;n psicol&oacute;gica que hac&iacute;a falta tanto para las neurosis, como para los fen&oacute;menos de la vida normal como los sue&ntilde;os y actos fallidos. Estos autores se basan en pasajes de Freud en los cuales se aprecia un marcado escepticismo respecto a las esperanzas de avanzar en la explicaci&oacute;n materialista de la mente; pasajes como este de <i>Lo inconsciente:</i></p>      <blockquote> Sabemos que tales relaciones &#91;del aparato ps&iacute;quico con la anatom&iacute;a&#93; existen, en lo m&aacute;s grueso. Es un resultado inconmovible de la investigaci&oacute;n cient&iacute;fica que la actividad del alma se liga con la funci&oacute;n del cerebro como no lo hace con ning&uacute;n otro &oacute;rgano. Un nuevo paso &mdash;no se sabe cu&aacute;n largo&mdash; nos hace avanzar el descubrimiento del desigual valor de las partes del cerebro y su relaci&oacute;n especial con determinadas partes del cuerpo y actividades mentales. Pero han fracasado de ra&iacute;z todos los intentos por colegir desde ah&iacute; una localizaci&oacute;n de los procesos an&iacute;micos, todos los esfuerzos por imaginar las representaciones almacenadas en c&eacute;lulas nerviosas y la circulaci&oacute;n de las excitaciones por los haces de nervios. Aqu&iacute; se nos abre una laguna; por hoy no es posible llenarla, ni es tarea de la psicolog&iacute;a. Nuestra t&oacute;pica ps&iacute;quica <i>provisionalmente </i>nada tiene que ver con la anatom&iacute;a; se refiere a regiones del aparato ps&iacute;quico, dondequiera que est&eacute;n situadas dentro del cuerpo, y no a localidades anat&oacute;micas. (Freud, 1915/1986, p. 170)  </blockquote>      <p>O  el siguiente de &quot;Inhibici&oacute;n, s&iacute;ntoma y angustia&quot;:</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote> Es muy de lamentar que siempre quede insatisfecha la necesidad de hallar una &laquo;causa &uacute;ltima&raquo; unitaria y aprehensible de la condici&oacute;n neur&oacute;tica <i>{Nervosität}. </i>El caso ideal, que probablemente los m&eacute;dicos sigan a&ntilde;orando todav&iacute;a hoy, ser&iacute;a el del bacilo, que puede ser aislado y obtenerse de &eacute;l un cultivo puro, y cuya inoculaci&oacute;n en cualquier individuo producir&iacute;a id&eacute;ntica afecci&oacute;n. O algo menos fant&aacute;stico: la presentaci&oacute;n de sustancias qu&iacute;micas cuya administraci&oacute;n produjera o cancelara determinadas neurosis. Pero no parece probable que puedan obtenerse tales soluciones del problema. (Freud, 1926/1986, pp.143-144) </blockquote>      <p>Lo cierto es que, debido al estado de avance de la fisiolog&iacute;a y la neurolog&iacute;a de su &eacute;poca, Freud tuvo que limitar sus aspiraciones fisicalistas, lo cual se evidencia en su claro desprecio por su trabajo sobre psicolog&iacute;a para neur&oacute;logos. Sin embargo, como anota Wilkes, nunca abandon&oacute; su fe en la verdad del fisicalismo (Wilkes, 1975)<sup><a name="nu4"></a><a href="#num4">4</a></sup>. El mismo Freud lo expresa con una mezcla de resignaci&oacute;n y esperanza:</p>      <blockquote> Pero la terapia nos ocupa aqu&iacute; &uacute;nicamente en la medida en que ella trabaja con medios psicol&oacute;gicos; por el momento no tenemos otros. Quiz&aacute;s el futuro nos ense&ntilde;e a influir en forma directa, por medio de sustancias qu&iacute;micas espec&iacute;ficas, sobre los vol&uacute;menes de energ&iacute;a y sus distribuciones dentro del aparato an&iacute;mico. Puede que se abran para la terapia otras insospechadas posibilidades; por ahora no poseemos nada mejor que la t&eacute;cnica psicoanal&iacute;tica, raz&oacute;n por la cual no se deber&iacute;a despreciarla a pesar de sus limitaciones. (Freud, 1940/1986, p.182) </blockquote>      <p>Y esta es la raz&oacute;n por la cual de ah&iacute; en adelante Freud fluctuara entre una actitud cientificista y una m&aacute;s psicologizante, puesto que la actitud con la que abordaba siempre los problemas te&oacute;ricos y pr&aacute;cticos era animada por un esp&iacute;ritu cient&iacute;fico (fisicalista y determinista), pero la ciencia de su &eacute;poca no contaba con los medios ni te&oacute;ricos (por ejemplo, una teor&iacute;a fisicalista reduccionista de lo mental) ni terap&eacute;uticos (un tratamiento qu&iacute;mico enteramente satisfactorio para tratar con los s&iacute;ntomas neur&oacute;ticos, por ejemplo) para poder dar rienda suelta a ese esp&iacute;ritu. Por esta raz&oacute;n es que, por ejemplo, tiene que recurrir al lenguaje psicol&oacute;gico de creencias, deseos o motivos para explicar las acciones incomprensibles de los pacientes neur&oacute;ticos, pero teniendo siempre en el horizonte una aspiraci&oacute;n a encontrar el correlato f&iacute;sico de lo inconsciente<sup><a name="nu5"></a><a href="#num5">5</a></sup>.</p>      <p>Hay otra discusi&oacute;n interesante respecto al lugar de la parte m&aacute;s te&oacute;rica del pensamiento de Freud, que &eacute;l llam&oacute; &quot;Metapsicolog&iacute;a&quot;. Para algunos se trata de una parte te&oacute;rica especulativa que le permiti&oacute; a Freud seguir trabajando con sus hip&oacute;tesis fisicalistas y mecanicistas, ya que no lo pod&iacute;a hacer en su trabajo cl&iacute;nico. Es por ello que autoras como Kitcher y Wilkes la resaltan, afirmando que se trataba para Freud de una superestructura te&oacute;rica fundamental, de la cual incluso se podr&iacute;an extraer algunos elementos que permitir&iacute;an mostrarlo como un cient&iacute;fico cognitivo. Pero otros, como Gr&uuml;nbaum, insisten en que Freud rechaz&oacute; finalmente esas especulaciones. Para ello se apoyan en citas de Freud en las que considera a la metapsicolog&iacute;a como una &quot;superestructura especulativa de la que se puede prescindir sin p&eacute;rdida&quot;. Y reducen el an&aacute;lisis de lo cient&iacute;fico en el trabajo de Freud a la parte cl&iacute;nica, esto es, a la &uacute;nica parte susceptible de verificaci&oacute;n emp&iacute;rica<sup><a name="nu6"></a><a href="#num6">6</a></sup>.</p>      <p>Lo cierto es que el manejo de Freud de la causalidad est&aacute; claramente influenciado por estas doctrinas y est&aacute; motivado, sobre todo, por encontrar la causa de las neurosis. Bajo tal influencia clasifica los factores etiol&oacute;gicos de las neurosis en tres categor&iacute;as</p>     <p>(Freud, 1895/1986):</p>      <blockquote> (a)&nbsp;<i>Condiciones, </i>que son factores indispensables (herencia) pero que no bastan por s&iacute; solos, sino que necesitan de    <br> (b)&nbsp;<i>Causas espec&iacute;ficas </i>(factores sexuales); y    <br> (c)&nbsp;<i>Causas auxiliares, </i>que no es preciso que est&eacute;n presentes en todos los casos, ni pueden producir por s&iacute; solas el efecto en cuesti&oacute;n (exceso de trabajo, emociones, enfermedad f&iacute;sica). </blockquote>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Por ello, afirma Freud, podr&iacute;a pensarse en una &quot;terapia causal&quot;, una que tendr&iacute;a el objetivo de eliminar las causas de las manifestaciones patol&oacute;gicas, pero no de manera inmediata. Pero al mismo tiempo reconoce que, en sentido estricto, la terapia no ser&iacute;a causal, puesto que no se cuenta, por ejemplo, con los medios para intervenir en los procesos libidinales por medios qu&iacute;micos (no por el momento, comenta Freud); raz&oacute;n por la cual debe reconocer que lo que realmente est&aacute; haciendo es una &quot;terapia ps&iacute;quica&quot; que aporta un acercamiento al conocimiento del mecanismo de los s&iacute;ntomas hist&eacute;ricos pero que no lleva al conocimiento de las causas internas de la histeria (Freud, 1916-1917/1986, p. 396). Una vez m&aacute;s esta ambivalencia en la propuesta freudiana puede ser aprovechada por las dos tendencias de interpretaci&oacute;n que se analizan aqu&iacute;: de un lado, se podr&iacute;a afirmar que Freud le apostaba a la 'terapia causal', solo que deb&iacute;a esperar por el avance de la investigaci&oacute;n cient&iacute;fica sobre las bases neurofisiol&oacute;gicas de la enfermedad y, mientras tanto, contentarse con hacer 'terapia ps&iacute;quica'. De otro lado, se podr&iacute;a ver a un Freud convencido de que la terapia ps&iacute;quica realmente era efectiva, a pesar de que no se llegara nunca a conocer las causas.</p>      <p>En s&iacute;ntesis, si tenemos en cuenta la ambig&uuml;edad en Freud entre lo causal y lo ps&iacute;quico, no parece tan f&aacute;cil optar por alguna de estas interpretaciones radicales sobre su obra: o bien que &eacute;l va a la b&uacute;squeda infructuosa de causas f&iacute;sicas &uacute;ltimas, o bien que solo aporta las razones de la acci&oacute;n y no las causas. El asunto es complicado adem&aacute;s porque de esto depende tambi&eacute;n la definici&oacute;n del estatuto del psicoan&aacute;lisis: o es una &quot;ciencia dura&quot;, y entonces es una ciencia frustradamente reduccionista, o es una &quot;ciencia blanda&quot;, y entonces no explica sino que interpreta, o, peor aun, no es ninguna de las dos, sino simplemente una pseudociencia, una mitolog&iacute;a fundada en supuestos metaf&iacute;sicos desde&ntilde;ables.</p>      <p><b>El psicoan&aacute;lisis no es una ciencia</b></p>      <p>Esta interpretaci&oacute;n del psicoan&aacute;lisis freudiano tiene dos importantes y muy diferentes vertientes (que coinciden en afirmar que el psicoan&aacute;lisis no es una ciencia). La primera opci&oacute;n considera al psicoan&aacute;lisis simplemente como una poderosa mitolog&iacute;a que se basa en una concepci&oacute;n err&oacute;nea del inconsciente como un hom&uacute;nculo o peque&ntilde;o agente con poderes. Este es el punto de vista de Wittgenstein, quien critica el uso que Freud hace del paradigma de la mec&aacute;nica, que lo lleva a ubicar err&oacute;neamente al psicoan&aacute;lisis dentro de las ciencias naturales, y afirma que, lejos de serlo, se lo debe considerar, m&aacute;s bien, como una &quot;mitolog&iacute;a&quot; que atrae por sus sugestivas explicaciones. La otra opci&oacute;n tiene que ver con que, dado que el psicoan&aacute;lisis no ofrece explicaciones causales respaldadas por leyes, solo quedar&iacute;a reconocerlo como una ciencia hermen&eacute;utica que ofrece una comprensi&oacute;n o interpretaci&oacute;n de la acci&oacute;n (e.g. Habermas). Veamos brevemente estas dos lecturas.</p>      <p>En general, tuvo una gran aceptaci&oacute;n la cr&iacute;tica cl&aacute;sica de Wittgenstein (1966/1992) en el sentido de que lo que Freud ofreci&oacute; fue un tipo de explicaci&oacute;n que aduce razones o motivos, aunque &eacute;l crey&oacute; que en realidad estaba aportando una explicaci&oacute;n causal. Wittgenstein, como lector y cr&iacute;tico de Freud, sostuvo en repetidas ocasiones que el psicoan&aacute;lisis no constitu&iacute;a una ciencia &mdash;en el sentido que Freud quiso otorgarle siempre&mdash;, pues no aporta una explicaci&oacute;n causal (que ayude a determinar elucidar los &quot;mecanismos&quot;). Y, a la vez, defendi&oacute; la idea de que el tipo de explicaci&oacute;n que hace el autor del psicoan&aacute;lisis es una explicaci&oacute;n est&eacute;tica, es decir, una que revela los motivos o razones de la acci&oacute;n, sin que estos alcancen a constituirse como causas. Al caracterizarlo como un discurso que apunta a las razones de la acci&oacute;n, esta concepci&oacute;n se aleja substantivamente de aquella que lo considera meramente como un discurso de ficci&oacute;n.</p>      <p>Una forma de entender la afirmaci&oacute;n de Wittgenstein seg&uacute;n la cual en psicoan&aacute;lisis se dan explicaciones est&eacute;ticas y no cient&iacute;ficas es relacion&aacute;ndola con la cr&iacute;tica que hace sobre las interpretaciones err&oacute;neas de la explicaci&oacute;n est&eacute;tica como dirigida tambi&eacute;n al psicoan&aacute;lisis. El meollo de la cr&iacute;tica a este tipo de explicaci&oacute;n radica en que identifica motivos o razones &mdash;de la acci&oacute;n, de la obra de arte, etc.&mdash; en un sentido diferente al causal, pues no trata de encontrar la causa &uacute;nica a la que ineludiblemente le seguir&aacute; un determinado efecto, sino que aporta los criterios que definen una acci&oacute;n determinada en un determinado juego de lenguaje. Y de acuerdo con Wittgentein, una explicaci&oacute;n de este tipo puede ser correcta pero no cient&iacute;fica.</p>      <p>Se supone que las personas conocen el motivo de su acci&oacute;n, que son capaces de dar la raz&oacute;n de por qu&eacute; han hecho algo. Para establecer la diferencia entre el tipo de explicaci&oacute;n que usualmente desplegamos en relaci&oacute;n con una acci&oacute;n y el tipo de explicaci&oacute;n que propone el psicoan&aacute;lisis, Wittgenstein propone el siguiente ejemplo:</p>      <p>En el evento &quot;X empuja a Y al r&iacute;o&quot; se pueden dar dos explicaciones de la acci&oacute;n de X:</p>      <blockquote> 1.&nbsp;Porque estaba se&ntilde;alando algo e involuntariamente empuj&oacute; a Y;    <br> 2.&nbsp;Porque inconscientemente lo odia (la explicaci&oacute;n del psicoanalista). </blockquote>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Para Wittgenstein ambas explicaciones son correctas. Se trata de motivos completamente diferentes: uno consciente y otro inconsciente; los juegos de lenguaje en los dos casos son completamente diferentes. Y sin embargo, en las mismas circunstancias la segunda explicaci&oacute;n ser&iacute;a correcta tambi&eacute;n; incluso dos explicaciones sobre el mismo hecho en las mismas circunstancias podr&iacute;an ser contradictorias y aun as&iacute; ser correctas. Pero precisamente ese es el problema de la explicaci&oacute;n por motivos, que se puede desplegar un abanico de explicaciones sobre un mismo hecho basadas en motivos muy diferentes y, mientras sean coherentes con los criterios del juego de lenguaje en que se aplican, pueden llegar a ser igualmente correctas<sup><a name="nu7"></a><a href="#num7">7</a></sup>.</p>      <p>Se puede aducir un motivo x para dar una explicaci&oacute;n, lo que no se puede es inferir a partir de all&iacute; que un motivo x sea la causa de <i>todo, </i>indefectiblemente: alguien pudo tener motivos sexuales para determinada acci&oacute;n y quererlo ocultar, pero esto no es una buena raz&oacute;n para admitir que el sexo sea el motivo de <i>todo. </i>Por ello Wittgenstein prefiere la f&oacute;rmula &quot;Todas las cosas son lo que son y no otra cosa&quot;; el sue&ntilde;o es lo que es y no otra cosa, como una manifestaci&oacute;n de un deseo obsceno; un sombrero de copa trazado por un pintor es solo eso un sombrero y no tiene por qu&eacute; ser otra cosa, un falo o algo as&iacute;.</p>      <p>Freud, nos dice Wittgenstein, confunde razones con causas, nos ofrece un tipo de explicaci&oacute;n que contiene razones o motivos, pero cree que est&aacute; aportando una explicaci&oacute;n causal:</p>      <blockquote> Freud toma la raz&oacute;n de una acci&oacute;n como una causa suponiendo que &eacute;sta puede ser conjeturada por una suerte de procedimiento cient&iacute;fico y confirmada al final por la aquiescencia del sujeto, quien la reconoce verdaderamente como su raz&oacute;n; y toma la causa como raz&oacute;n suponiendo que las causas que &eacute;l observa pueden ser conocidas seg&uacute;n el segundo camino y que no hay nada que hacer por la v&iacute;a en que las hip&oacute;tesis causales son verificadas en una ciencia experimental. (Bouveresse, 1995, p. 72) </blockquote>      <p>Aunque un aspecto definitorio de las causas es que estemos en la capacidad de predecirlas, para Freud lo m&aacute;s importante es que sea confirmada y reconocida por el paciente como la verdadera raz&oacute;n de su acci&oacute;n y no tanto que se exponga a ser verificada o no por una ciencia experimental. La dificultad radica en que no hay un tal reconocimiento libre y espont&aacute;neo del paciente o, por lo menos, no podremos estar seguros de que lo haya, pues siempre existir&aacute; la duda de si realmente el paciente reconoce una tal raz&oacute;n independientemente de la influencia o persuasi&oacute;n del analista. Dicha influencia lo puede llevar a uno a aceptar que realmente tuvo tales y tales pensamientos, aunque, en un sentido ordinario, nunca los haya tenido. As&iacute; pues, aunque estemos convencidos, persuadidos de que un motivo (un deseo insatisfecho en el caso de los sue&ntilde;o, por ejemplo) es la causa de todo, esto a&uacute;n no basta para indicar que efectivamente est&eacute; en la base de todo.</p>      <p>Por otro lado, Wittgenstein critica la idea misma de motivos inconscientes. Por un lado, rechaza enf&aacute;ticamente la utilizaci&oacute;n de la noci&oacute;n de inconsciente cuando es utilizada no en sentido adjetivo, sino en sentido sustantivo, como si pudi&eacute;ramos hablar de <i>'el </i>inconsciente', como un hom&uacute;nculo o un peque&ntilde;o agente que es el encargado de la represi&oacute;n, la censura, etc<sup><a name="nu8"></a><a href="#num8">8</a></sup>. Pero, m&aacute;s importante aun, rechaza esta noci&oacute;n, puesto que se supone que las personas conocen el motivo de su acci&oacute;n, que son capaces de dar la raz&oacute;n de por qu&eacute; han hecho algo. Al dar el resultado de una multiplicaci&oacute;n, por ejemplo, la explicaci&oacute;n que se da de por qu&eacute; se lleg&oacute; al mismo es comparable, seg&uacute;n Wittgenstein, con la alusi&oacute;n de un mecanismo, se&ntilde;alar un motivo para escribir los n&uacute;meros, &quot;pas&eacute; por tal y tal proceso de razonamiento&quot;. Una <i>raz&oacute;n </i>se caracteriza entonces por la capacidad de ser reconocida como tal por la persona que la enuncia y no sobre la base de una inferencia inductiva. Ante las preguntas &iquest;por qu&eacute; han hecho eso?, &iquest;c&oacute;mo han llegado a ello? se indica una raz&oacute;n, el camino andado. Por ello, si seguimos a Wittgenstein, parece implausible la noci&oacute;n de &quot;razones o motivos inconscientes&quot;.</p>      <p>En s&iacute;ntesis, cuando se aportan las razones para actuar, interviene de manera importante el acuerdo del sujeto. Y aunque un aspecto fundamental de la causa es que proporcione un marco adecuado para la predicci&oacute;n, para Freud &mdash;afirma Wittgenstein&mdash;, lo m&aacute;s importante es que sea confirmada y reconocida por el paciente como la verdadera raz&oacute;n de su acci&oacute;n y no tanto que se exponga a ser verificada o no por una ciencia experimental.</p>      <p>Desde un lugar diferente y con una orientaci&oacute;n distinta, la vertiente hermen&eacute;utica tambi&eacute;n va a negar que el psicoan&aacute;lisis sea una ciencia. La idea de que Freud aporta una explicaci&oacute;n causal, seg&uacute;n esta orientaci&oacute;n, parte de una interpretaci&oacute;n equivocada de sus pretensiones naturalistas, pues si bien estas tuvieron una gran influencia en su obra en los inicios, despu&eacute;s fueron abandonadas y en su lugar Freud puso todo su empe&ntilde;o en aportar una interpretaci&oacute;n o comprensi&oacute;n de la acci&oacute;n humana. Ahora bien, contin&uacute;a esta orientaci&oacute;n, es cierto que podemos encontrar en toda su obra posterior la utilizaci&oacute;n recurrente de t&eacute;rminos extra&iacute;dos de las ciencias naturales, pero solo como met&aacute;foras que ayudaban a la inteligibilidad de fen&oacute;menos que, como los inconscientes, resultaban dif&iacute;ciles de explicar.</p>      <p>Se hace &eacute;nfasis en que lo que Freud est&aacute; haciendo es una aplicaci&oacute;n y psicologizaci&oacute;n del lenguaje neurofisiol&oacute;gico y en que, si bien es cierto que uno de sus anhelos iniciales fue hallar un correlato neurofisiol&oacute;gico de los estados mentales, despu&eacute;s abandona dicho proyecto y se dedica al an&aacute;lisis de los determinantes propiamente psicol&oacute;gicos de la acci&oacute;n: &quot;Freud abandon&oacute; este <i>programafisicalista </i>en beneficio de un planteamiento psicol&oacute;gico en sentido estricto, que, por otra parte, conserva el lenguaje neurofi-siol&oacute;gico, pero hace accesible sus predicados de base a una t&eacute;cnica de <i>reinterpretaci&oacute;n mentalista&quot;</i>. (Habermas, 1968/1982, p. 247). As&iacute;, por ejemplo, explica el funcionamiento de la mente como un sistema que tiende fundamentalmente a la descarga de tensi&oacute;n o energ&iacute;a; los deseos y necesidades, en este sentido, representan una tensi&oacute;n para el sistema que busca liberarse o descargarla de alg&uacute;n modo; y es de este modo que se explica el deseo como la contraparte psicol&oacute;gica de la tensi&oacute;n que busca descarga.</p>      <p>Ricoeur lo considera tambi&eacute;n de este modo; para &eacute;l las nociones freudianas deben ser vistas bajo una &oacute;ptica intencional, lo cual las hace irreductibles a t&eacute;rminos fisicalistas. Este autor separa as&iacute; la esfera de la 'comprensi&oacute;n' de lo ps&iacute;quico o lo hist&oacute;rico, en la que se aportan las 'razones para', de la esfera de la 'explicaci&oacute;n' de la naturaleza, que tiene que ver con las causas, con la relaci&oacute;n entre hechos observables (Ricoeur, 1965/1970).</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El hecho es que no se puede adoptar f&aacute;cilmente una de estas interpretaciones de Freud y abandonar las otras, pues si se hace un an&aacute;lisis cuidadoso de los distintos momentos del pensamiento del psicoanalista vien&eacute;s, se puede observar que nunca abandon&oacute; ninguna tendencia y la oscilaci&oacute;n fue permanente.</p>      <p><b>Alternativa</b></p>      <p>Estas interpretaciones se basan en la tesis de que existe una diferencia tajante entre razones y causas y entre la racionalizaci&oacute;n y la explicaci&oacute;n causal<sup><a name="nu9"></a><a href="#num9">9</a></sup>. Diferencia que es planteada en el sentido de que la causa es descubierta experimentalmente, mientras que las razones no tienen que ver con m&eacute;todos experimentales, sino con la conformidad o aceptaci&oacute;n de la persona (Wittgenstein, 1966/1992). En otros t&eacute;rminos, la dicotom&iacute;a cl&aacute;sica se sol&iacute;a hacer en relaci&oacute;n con la perspectiva desde la cual se encuentran las causas y las razones. Las primeras tendr&iacute;an que ver con una perspectiva impersonal, de tercera persona, mientras que las razones, con una de primera persona. Pero hoy en d&iacute;a ya no es aceptada incuestionablemente esta dicotom&iacute;a; se ha rechazado la idea de que necesariamente las causas se relacionan con la verificaci&oacute;n objetiva, impersonal y las razones con la perspectiva personal. Lo que me interesa defender enseguida es que es solo a partir de la superaci&oacute;n de esta dicotom&iacute;a podemos entender el significado de la ambivalencia en Freud: de alguna manera ya estaba latente en su obra la idea de que las razones son las causas de la acci&oacute;n.</p>      <p>El autor, ya cl&aacute;sico, que propuso la superaci&oacute;n de esta dicotom&iacute;a fue Donald Davidson; dicha propuesta viene a cuestionar aquellas posiciones que defend&iacute;an una diferencia tajante entre razones y causas o entre explicaci&oacute;n y comprensi&oacute;n. En la d&eacute;cada de los 60 del siglo XX la discusi&oacute;n en torno a la naturaleza de la acci&oacute;n, as&iacute; como sobre su comprensi&oacute;n y explicaci&oacute;n, se desplegaba en torno a dos tipos de argumentos. Uno de ellos ten&iacute;a que ver con la adecuaci&oacute;n metodol&oacute;gica de la explicaci&oacute;n causal, pues, se sosten&iacute;a, el modelo de explicaci&oacute;n nomol&oacute;gico-deductivo de las ciencias naturales no es apropiado para ciencias como la historia, la sociolog&iacute;a y la psicolog&iacute;a, puesto que este tipo de explicaci&oacute;n plantea que los eventos particulares se deben subsumir en leyes generales, mientras que el fin de la explicaci&oacute;n en ciencias sociales es hacer a las acciones humanas individuales inteligibles en su particularidad. El otro argumento era conceptual y afirmaba que, dada la naturaleza de las razones con las cuales damos cuenta de la acci&oacute;n, no es posible que una raz&oacute;n pueda ser considerada como una causa de la acci&oacute;n. El &eacute;nfasis se hac&iacute;a b&aacute;sicamente en que las razones est&aacute;n l&oacute;gica o conceptualmente conectadas con las acciones; as&iacute;, se afirmaba, por ejemplo, que las razones no son eventos separados de la acci&oacute;n, sino meras re-descripciones de las mismas (Anscombe, 1963).</p>      <p>Es en este contexto de discusi&oacute;n que D. Davidson plante&oacute; su innovadora propuesta de considerar las razones como causas y a la explicaciones por razones como explicaciones causales. Innovadora porque, de un lado, a pesar de insistir en la importancia de las racionalizaciones en la explicaci&oacute;n de la acci&oacute;n, no adopta la perspectiva de la primera tradici&oacute;n, pues insiste en que si no se considera la raz&oacute;n como causa, no se habr&aacute; aportado realmente la explicaci&oacute;n de la acci&oacute;n. Y, de otro lado, a pesar de insistir en el car&aacute;cter causal de las razones, no se inscribe tampoco en la postura de la tradici&oacute;n naturalista, pues considera que no puede haber leyes psicof&iacute;sicas o psicol&oacute;gicas estrictas. El punto de partida de Davidson (1963/1995) es la cr&iacute;tica que hace a ciertas concepciones de la explicaci&oacute;n por razones de la acci&oacute;n (en particular a una teor&iacute;a contextualista como la de Melden) en las que no se esclarec&iacute;a la naturaleza de la relaci&oacute;n entre las razones y la acci&oacute;n; pues &mdash;se&ntilde;alaba&mdash; uno puede tener razones para hacer algo y hacerlo, pero no por esas razones. Al no contar con una explicaci&oacute;n satisfactoria del tipo de relaci&oacute;n o conexi&oacute;n que hay entre una acci&oacute;n y las razones que la explicar&iacute;an, el tipo de explicaci&oacute;n anticausalista, como el de Melden, hace que tal conexi&oacute;n resulte &quot;misteriosa&quot;. Es por esta raz&oacute;n que Davidson plantea que las racionalizaciones o explicaciones por razones deben ser consideradas como explicaciones causales y que las razones son causas.</p>      <p>A Davidson (1970/1995) le es posible formular esta propuesta en el marco de su tesis del monismo an&oacute;malo, seg&uacute;n la cual: (1) Los estados mentales se relacionan <i>causalmente </i>con estados f&iacute;sicos; (2) Las relaciones causales singulares caen bajo leyes deterministas estrictas; y (3) No hay leyes psicol&oacute;gicas ni psicof&iacute;sicas estrictas con el fin de defender la causalidad de lo mental, pero tambi&eacute;n su autonom&iacute;a. Lo interesante de esta tesis consiste en que intenta defender una concepci&oacute;n monista del ser humano, en la que lo mental es irreductible a lo f&iacute;sico, pero postulando que hay relaciones causales entre lo mental y lo f&iacute;sico<sup><a name="nu10"></a><a href="#num10">10</a></sup>. Ser&aacute; entonces a partir de estas dos tesis cardinales (la de la anomal&iacute;a de lo mental y la que postula que razones son causas de la acci&oacute;n) que Davidson arriesgar&aacute; una interesante interpretaci&oacute;n de Freud que permite, entre otras cosas, resolver el problema de la tensi&oacute;n entre las dos orientaciones de su pensamiento que se ha analizado aqu&iacute;. Veamos.</p>      <p>Davidson desaf&iacute;a las concepciones tradicionales que parten de la dicotom&iacute;a entre razones y causas, y entre comprensi&oacute;n y explicaci&oacute;n, cuando consigue conceptualizar las razones como causas y las explicaciones por razones como explicaciones causales, y proponer, sobre esta base, un interesante an&aacute;lisis del aporte freudiano. Seg&uacute;n Davidson, el fundador del psicoan&aacute;lisis aspiraba a que sus explicaciones se enmarcaran en el enfoque causal que permite el control; por ello, se refiere a estados y eventos mentales usando t&eacute;rminos metaf&oacute;ricos extra&iacute;dos de la hidr&aacute;ulica, el electromagnetismo, la neurolog&iacute;a y la mec&aacute;nica. Esta es una tendencia del pensamiento freudiano que parece ser irreconciliable con otra que tambi&eacute;n le es propia: la de ampliar el universo de los fen&oacute;menos que pueden considerarse racionales, pues una vez que consigue darles sentido y encontrar razones que las explican,< incluye en &eacute;l acciones tales como olvidos, lapsus, etc. En cualquier caso, seg&uacute;n Davidson, en Freud <i>no </i>hay conflicto inherente entre explicaciones por razones y explicaciones causales, &quot;puesto que creencias y deseos son causas de las acciones de las cuales son razones, las explicaciones por razones incluyen un elemento causal esencial&quot; (Davidson, 1982, p. 293)<sup><a name="nu11"></a><a href="#num11">11</a></sup>.</p>      <p>La manera en que esta interpretaci&oacute;n resuelve algunas de las aparentes contradicciones en el pensamiento de Freud se puede observar respecto al tema de la irracionalidad. Davidson (1982) propuso la siguiente tesis en relaci&oacute;n con este tema: las acciones irracionales tienen que ver con una causa que no es una raz&oacute;n para las acciones que ocasionan. &iquest;C&oacute;mo puede entenderse esto en el marco del pensamiento de Freud con sus m&uacute;ltiples influencias? Recordemos que Freud hizo uso de un lenguaje neurofisiol&oacute;gico para la explicaci&oacute;n del funcionamiento de la mente como un sistema que tiende fundamentalmente a la descarga de tensi&oacute;n o energ&iacute;a; los deseos y necesidades, en este sentido, representan una tensi&oacute;n para el sistema y este busca liberarse o descargar la tensi&oacute;n de alg&uacute;n modo. As&iacute;, se explica el deseo como el correlato psicol&oacute;gico de la tensi&oacute;n que busca descarga; por ejemplo, un deseo como el deseo de punici&oacute;n puede llegar a ser conflictivo, representa una tensi&oacute;n para todo el sistema y se vuelve inconsciente, pero debido a la necesidad de descarga, ese deseo debe poder ser manifestado a la conciencia de alguna forma, y lo hace a trav&eacute;s de un sue&ntilde;o, de una acci&oacute;n fallida o sintom&aacute;tica, etc. Partiendo de este modelo de explicaci&oacute;n se podr&iacute;a pensar &mdash;como tal vez lo hace Davidson&mdash; que Freud se est&aacute; basando, impl&iacute;citamente, en dos teor&iacute;as: la de la identidad y la de la superveniencia de lo mental en lo f&iacute;sico. As&iacute;, el estado mental (deseo inconsciente) <i>es </i>un estado f&iacute;sico, de tal manera que si el deseo est&aacute; presente, est&aacute; presente su estado f&iacute;sico correspondiente. En este sentido podemos explicar que un estado f&iacute;sico funcione como causa pero no como raz&oacute;n de una acci&oacute;n: &quot;Se puede decir que las razones constituyen causas precisamente cuando el sujeto puede ignorar las razones de su acci&oacute;n y, sin embargo, las reconoce como sus razones en un momento dado&quot; (Cavell, 2000, p. 106).</p>      <p>De esta manera, no habr&iacute;a que decidir entre una visi&oacute;n causalista, cient&iacute;fica como la de Gr&uuml;nbaum y una intencional, interpretativa como la de Habermas, ignorando o manipulando las evidencias te&oacute;ricas freudianas a favor o en contra de una o de la otra, sino reconocer que Freud estuvo cerca de plantear esta importante tesis filos&oacute;fica que consigue identificar a las razones como causas, precoz para su tiempo; siendo sus influencias te&oacute;ricas, marcadas por su contexto epist&eacute;mol&oacute;gico hist&oacute;rico, las que impidieron que pudiera considerar la eficacia causal de lo mental, sin relacionarla con una tesis fisicalista o determinista estricta<sup><a name="nu12"></a><a href="#num12">12</a></sup>.</p>  <hr>      <p><font size="3"><b>Notas</b></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P><sup><a name="num1"></a><a href="#nu1">1</a></sup>&nbsp;Jones (1957/1959) afirma que &quot;desde su primera formaci&oacute;n, Freud se hallaba profundamente imbuido en la creencia en el car&aacute;cter universal de la ley natural y decidido a no creer en la existencia de milagros o de actos espont&aacute;neos o sin causa. La investigaci&oacute;n cient&iacute;fica, en efecto, carecer&iacute;a de significado si el orden cuya certeza trata de establecer no existiera&quot; (p. 376). Este es un punto en el que hay un acuerdo entre sus int&eacute;rpretes, a diferencia de la discusi&oacute;n sobre su pretendido materialismo y mecanicismo, sobre lo cual hay divergencias importantes.    <br> <sup><a name="num2"></a><a href="#nu2">2</a></sup>&nbsp;As&iacute; mismo lo considera E. Jones (1957/1959), el bi&oacute;grafo m&aacute;s importante de Freud, cuando afirma que &quot;nunca abandon&oacute; el determinismo por la teleolog&iacute;a&quot; (p. 56).    <br> <sup><a name="num3"></a><a href="#nu3">3</a></sup>&nbsp;Algunos aducen, por ejemplo, que el &quot;Proyecto de psicolog&iacute;a para neur&oacute;logos&quot; fue una obra que Freud rechaz&oacute; y que nunca consider&oacute; publicar (su edici&oacute;n y publicaci&oacute;n se debe a L. A. Salom&eacute;). Ver Jones (1957/1959, cap. XVII) para la apasionante relaci&oacute;n de Freud con esta obra en particular.    <br> <sup><a name="num4"></a><a href="#nu4">4</a></sup>&nbsp;Cavell (2000) y Assoun (1982) tambi&eacute;n se&ntilde;alan que Freud no renunci&oacute; nunca a su intenci&oacute;n de reducir los conceptos psicoanal&iacute;ticos a su correlato neurofisiol&oacute;gico.    <br> <sup><a name="num5"></a><a href="#nu5">5</a></sup>&nbsp;A partir de una lectura lacaniana del pensamiento de Freud se ha propuesto considerar la relaci&oacute;n entre lo mental y lo ps&iacute;quico desde una perspectiva diferente. Esto lo hace, por ejemplo, Garc&iacute;a (2013), quien, defendiendo la idea de la imposibilidad de la reducci&oacute;n del sujeto de lo inconsciente al sujeto de la neurociencia, plantea una novedosa similitud entre los dos campos, en el sentido de que en ambos se desaf&iacute;a la postura de la psicolog&iacute;a popular que postula al agente como el individuo que lleva a, o produce un efecto ... &quot;las neurociencias y el psicoan&aacute;lisis pueden situar al agente en otro lugar: en el primer caso, en la sigularidad de la red neuronal del individuo considerado; en el segundo, en la configuraci&oacute;n de creencias, fantas&iacute;as, y deseos inconscientes tras los que se postula, por razones &eacute;ticas, un sujeto que elige&quot; (p. 118).    <br> <sup><a name="num6"></a><a href="#nu6">6</a></sup>&nbsp;Ver Kitcher y Wilkes (1988) y Gr&uuml;nbaum (1984). La cita de Freud corresponde a su <i>Presentaci&oacute;n autobiogr&aacute;fica </i>de 1925.    <br> <sup><a name="num7"></a><a href="#nu7">7</a></sup>&nbsp;Este problema lo se&ntilde;al&oacute; de manera insistente y contundente D. Davidson (1963/1995) con el fin de mostrar que las explicaciones por razones de la acci&oacute;n realmente no explican nada.    <br> <sup><a name="num8"></a><a href="#nu8">8</a></sup>&nbsp; No me detendr&eacute; a discutir este punto, pero tal vez quepa anotar que Freud suele utilizar mucho un lenguaje metaf&oacute;rico que lo lleva a la antropomorfizaci&oacute;n de conceptos como el de inconsciente, o como el del yo, ello y supery&oacute;; pero esto lo hac&iacute;a con el fin de mejorar la claridad expositiva y no desempe&ntilde;a un papel esencial, como afirma Bouveresse (1995). Para un una defensa de la analog&iacute;a antropom&oacute;rfica ver Wilkes (1975).    <br> <sup><a name="num9"></a><a href="#nu9">9</a></sup>&nbsp; G. H. Von Wright (1971/1979) ha hecho uno de los an&aacute;lisis m&aacute;s importantes de esta &uacute;ltima dicotom&iacute;a, y por ello no es coincidencia que considere la obra de Freud como &quot;una expl&iacute;cita b&uacute;squeda cient&iacute;fico-natural de explicaciones causales que frustra a menudo el desarrollo de una tendencia de pensamiento impl&iacute;cita hermen&eacute;utica y teleol&oacute;gica. Con uno y otro autor &#91;Marx y Freud&#93; se tiene la impresi&oacute;n de que su pensamiento se vio hasta cierto punto lastrado y pervertido por el &laquo;galileanismo&raquo; dominante en la ciencia y en la filosof&iacute;a de la ciencia (positivismo) de su tiempo&quot; (pp. 25-26, n. 27).    <br> <sup><a name="num10"></a><a href="#nu10">10</a></sup>&nbsp;Una intepretaci&oacute;n sugestiva de Freud plantea que &eacute;l tambi&eacute;n habr&iacute;a podido desarrollar la idea de una irreductibilidad de las explicaciones psicol&oacute;gicas a explicaciones fisiol&oacute;gicas. V&eacute;ase, por ejemplo, Fl&oacute;rez (2007).    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> <sup><a name="num11"></a><a href="#nu11">11</a></sup>&nbsp;Y a pesar de que Habermas (1968/1982) reconoce tambi&eacute;n que el psicoan&aacute;lisis &quot;aprehende conexiones causales&quot;, esta idea no tiene nada que ver con la concepci&oacute;n davidsoniana de que las creencias y deseos que constituyen las razones para actuar son causas de la acci&oacute;n. Pues Habermas alude a un sentido de causalidad distinto a la causalidad de la naturaleza que &eacute;l llama, con Hegel, &laquo;causalidad de destino&raquo;. Esta se caracteriza porque &quot;no est&aacute; fijada seg&uacute;n leyes naturales en una <i>invarianza de la naturaleza, </i>sino s&oacute;lo espont&aacute;neamente en una <i>invarianza de la biograf&iacute;a, </i>representada por la compulsi&oacute;n a la repetici&oacute;n, pero soluble mediante la fuerza de la reflexi&oacute;n&quot; (p. 268). Tambi&eacute;n afirma que &quot;una <i>conexi&oacute;n causal </i>es formulada hipot&eacute;ticamente como un <i>conjunto significativo comprensible hermen&eacute;uticamente&quot; </i>(p. 269)    <br> <sup><a name="num12"></a><a href="#nu12">12</a></sup>&nbsp;Una interesante alternativa de interpretaci&oacute;n, en la que no me voy a detener aqu&iacute;, tiene que ver con la influencia kantiana en Freud en relaci&oacute;n con la compatibilidad de mecanicismo y teleolog&iacute;a. En este sentido, J. L. Etcheverry &mdash;el traductor de las obras de Freud al castellano&mdash; plantea que Freud hace una combinaci&oacute;n metodol&oacute;gica entre &laquo;mecanicismo&raquo; y &laquo;finalismo&raquo; y sugiere la influencia de la concepci&oacute;n kantiana de la finalidad como idea regulativa de la raz&oacute;n que cumple un cometido imprescindible para la construcci&oacute;n del sistema de la ciencia.    <br></P>  <hr>      <p><b>Referencias</b></p>      <!-- ref --><p>Anscombe, G. E. M. (1963), <i>Intention </i>(2<sup>nd</sup>. ed.). Ithaca, NY: Cornell University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000087&pid=S1692-8857201500020000800001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Assoun, P.-L. (1982). <i>Introducci&oacute;n a la epistemolog&iacute;a freudiana </i>(O. Barahona y U. Doyhamboure, trads.). M&eacute;xico: Siglo XXI.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000089&pid=S1692-8857201500020000800002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Bouveresse, J. (1995). <i>Wittgenstein reads Freud. The myth of unconscious.</i>Princeton: Princeton University.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000091&pid=S1692-8857201500020000800003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Cavell, M. (2000). <i>La mente psicoanal&iacute;tica. De Freud a la filosof&iacute;a. </i>(Trads. G. Montes). M&eacute;xico: Paid&oacute;s.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000093&pid=S1692-8857201500020000800004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p> Davidson, D. (1963/1995). Acciones, razones y causas. En D. Davidson, <i>Ensayos sobre acciones y sucesos </i>(Trads. O. Hansberg, J. Robles y M. Vald&eacute;s) (pp. 17-36). Barcelona: Cr&iacute;tica.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000095&pid=S1692-8857201500020000800005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Davidson, D. (1970/1995) Sucesos mentales. En D. Davidson, <i>Ensayos sobre acciones y sucesos </i>(pp. 263-287). (Trads. O. Hansberg, J. Robles y M. Vald&eacute;s). Barcelona: Cr&iacute;tica.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000097&pid=S1692-8857201500020000800006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p> Davidson, D. (1982). Paradoxes of Irrationality. En J. Hopkins, J. &amp; Wollheim, R. (Eds.), <i>Philosophical Essays on Freud </i>(pp. 289-305).Cambridge: Cambridege University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000099&pid=S1692-8857201500020000800007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Fl&oacute;rez, A. (2007). Las neurociencias en el 150 aniversario de Freud. La apuesta psicoanal&iacute;tica por el sujeto hoy... como ayer. <i>ARBOR </i><i>Ciencia, Pensamiento y Cultura, </i><i>CLXXXIII</i>(723), 27-44&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000101&pid=S1692-8857201500020000800008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Freud, S. (1895/1986). A prop&oacute;sito de las cr&iacute;ticas a la &quot;neurosis de angustia&quot;. En J. L. Etcheverry (trad.), <i>Obras Completas </i>(vol. III, pp. 117-138). Buenos Aires: Amorrortu.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000102&pid=S1692-8857201500020000800009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Freud, S. (1914/1986). Introducci&oacute;n al narcisismo. En J. L. Etche verry (trad.), <i>Obras Completas </i>(vol. XIV, pp. 65-98). Buenos Aires: Amorrortu.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000104&pid=S1692-8857201500020000800010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Freud, S. (1915/1986). Lo Inconsciente. En En J. L. Etcheverry (trad.), <i>Obras Completas </i>(Vol. XIV, pp. 153-213). Buenos Aires: Amorrortu.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000106&pid=S1692-8857201500020000800011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Freud, S. (1915-1916/1986). Conferencias de introducci&oacute;n al psicoan&aacute;lisis. Partes I y II. En J. L. Etcheverry (trad.), <i>Obras Completas </i>(Vol. XV, pp. 1-219). Buenos Aires: Amorrortu.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000108&pid=S1692-8857201500020000800012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Freud, S. (1916-1917/1986). Conferencias de introducci&oacute;n al psicoan&aacute;lisis. Parte III. En J. L. Etcheverry (trad.), <i>Obras Completas </i>(Vol. XVI, pp. 221-421). Buenos Aires: Amorrortu.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000110&pid=S1692-8857201500020000800013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Freud, S. (1925/1986). Presentaci&oacute;n autobiogr&aacute;fica. En J. L. Etcheverry (trad.), <i>Obras Completas </i>(Vol. XX, pp. 1-70). Buenos Aires: Amorrortu.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000112&pid=S1692-8857201500020000800014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Freud, S. (1926/1986). Inhibici&oacute;n, s&iacute;ntoma y angustia. En J. L. Etcheverry (trad.), Obras Completas (Vol. XX, pp. 71-163). Buenos Aires: Amorrortu.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000114&pid=S1692-8857201500020000800015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Freud, S. (1933/1986). 35<sup>a</sup> Conferencia. En torno a una cosmovisi&oacute;n. En J. L. Etcheverry (trad.), <i>Obras Completas </i>(Vol. XXII, pp. 146-168). Buenos Aires: Amorrortu.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000116&pid=S1692-8857201500020000800016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Freud, S. (1940/1986). Esquema del psicoan&aacute;lisis. En J. L. Etcheverry (trad.), <i>Obras Completas </i>(Vol. XXIII, pp. 133-209). Buenos Aires: Amorrortu.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000118&pid=S1692-8857201500020000800017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Garc&iacute;a, H. (2013). <i>La encrucijada psicoan&aacute;lisis/neurociencias: algunas consideraciones epistemol&oacute;gicas enraizadas &eacute;ticamente en el sujeto del lenguaje. </i>Tesis Doctoral Programa de Ciencia Cognitiva y Lenguaje, Universidad de Barcelona. Disponible en: <a href="http://hdl.handle.net/10803/128413" target="_blank">http://hdl.handle.net/10803/128413</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000120&pid=S1692-8857201500020000800018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Gr&uuml;nbaum, A. (1984). <i>The Foundations of Psychoanalysis: A Philosophical Critique. </i>Berkeley, CA: University of California Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000122&pid=S1692-8857201500020000800019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Habermas, J. (1968/1982). <i>Conocimiento e inter&eacute;s </i>(Trads. M. Jim&eacute;nez, J. F. Ivars y L. M. Santos). Madrid: Taurus.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000124&pid=S1692-8857201500020000800020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Jones, E. (1957/1959). <i>Vida y obra de Sigmund Freud </i>(Trad. M. Carliski). Buenos Aires: Nova.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000126&pid=S1692-8857201500020000800021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Kitcher, P. S Wilkes, K. (1988). What Is Freud's Metapsychology? <i>Proceedings of the Aristotelian Society, </i>Supplementary Volumes, vol. 62, 101-115+117-137.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000128&pid=S1692-8857201500020000800022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Ricoeur, P. (1965/1970). <i>Freud: una interpretaci&oacute;n de la cultura </i>(Trad. A. Su&aacute;rez). M&eacute;xico: Siglo XXI.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000130&pid=S1692-8857201500020000800023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Sulloway, F. (1979). <i>Freud, Biologist of the Mind: Beyond the Psychoanalytic Legend. </i>New York: Basic Books.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000132&pid=S1692-8857201500020000800024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Von Wright, G. (1971/1979). <i>Explicaci&oacute;n y comprensi&oacute;n </i>(Trad. L. Vega). Madrid: Alianza.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000134&pid=S1692-8857201500020000800025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Wilkes, K. (1975). Anthropomorphism and Analogy in Psychology. <i>The Philosophical Quarterly, 25 </i>(99), 126-137.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000136&pid=S1692-8857201500020000800026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Wittgenstein, L. (1966/1992). <i>Lecciones y conversaciones sobre est&eacute;tica, psicologìa y creencia religiosa </i>(Trads. E. Fern&aacute;ndez, E. Hidalgo y P. Mantas). Barcelona: Paid&oacute;s.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000138&pid=S1692-8857201500020000800027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>   </font>      ]]></body><back>
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