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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This paper suggests differentiating the issues of cause and determination when thinking about the subject. The idea is to address a certain concern about the place of the human within the current discourse of science, which seeks to integrate it into the field of natural objects. Before this «biological prejudice*, psychoanalysis proposes an innovative conception of causality, according to which the cause stems from the way the subject places itself in front of determinations, avoiding their imperative. Symptom appears as a resource of the subject and a way of understanding such avoidance.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">      <p><b>DOI:</b> <a href="http://dx.doi.org/10.14482/eidos.24.7920" target="_blank">http://dx.doi.org/10.14482/eidos.24.7920</a></p>      <p align="center"><font size="4"><b>Causa y determinaci&oacute;n del sujeto </b></font></p>      <p><font size="3"><b>Sylvia De Castro Korgi</b></font>    <br>Universidad Nacional de Colombia    <br><a href="mailto:sylviadecastro@gmail.com"><i>sylviadecastro@gmail.com</i></a></p>     <p><b>Fecha de recepci&oacute;n:</b> 30 de mayo de 2015     <br><b>Fecha de aceptaci&oacute;n:</b> 13 de septiembre de 2015</p> <hr>     <p><b>Resumen</b></p>     <p>Este articulo propone diferenciar los asuntos de la causa y la determinaci&oacute;n cuando del sujeto se trata; y lo hace en relaci&oacute;n con una preocupaci&oacute;n relativa al lugar que ocupa lo humano en el contexto actual del discurso de la ciencia, que pretende reintegrarlo al &aacute;mbito de los objetos naturales. Frente a este 'prejuicio biol&oacute;gico', el psicoan&aacute;lisis propone una concepci&oacute;n in&eacute;dita de la causalidad, en virtud de la cual la causa proviene de la manera como un sujeto se sit&uacute;a frente a las determinaciones, sustray&eacute;ndose a su imperativo. El sintoma se presenta como el recurso del sujeto y la via de aprehensi&oacute;n de dicha sustracci&oacute;n.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>Palabras clave:</b> <i>causa, determinaci&oacute;n, 'prejuicio biol&oacute;gico', psicoan&aacute;lisis, s&iacute;ntoma, sujeto.</i></p> <hr>     <p><b>Abstract</b></p>     <p>This paper suggests differentiating the issues of cause and determination when thinking about the subject. The idea is to address a certain concern about the place of the human within the current discourse of science, which seeks to integrate it into the field of natural objects. Before this &laquo;biological prejudice*, psychoanalysis proposes an innovative conception of causality, according to which the cause stems from the way the subject places itself in front of determinations, avoiding their imperative. Symptom appears as a resource of the subject and a way of understanding such avoidance.</p>      <p><b>Keywords:</b><i> cause, determination, 'biologicalprejudice', psychoanalysis, symptom, subject.</i></p> <hr> <b>Causa y determinaci&oacute;n del sujeto</b></p>     <blockquote><i>De nuestra posici&oacute;n de sujeto somos siempre     <br> responsables. Llamen a eso terrorismo donde quieran.     <br> Tengo derecho a sonre&iacute;r, pues no ser&aacute; en un      <br> medio donde la doctrina es abiertamente materia      <br>de compromisos, donde temer&eacute; ofuscar a nadie     <br> formulando que el error de buena fe es entre todos     ]]></body>
<body><![CDATA[<br> el m&aacute;s imperdonable. </i>Jacques Lacan</blockquote>     <p><b>i</b></p>      <p>Quiero empezar por situar el punto de partida de la reflexi&oacute;n que emprendo en relaci&oacute;n con la causa y la determinaci&oacute;n del sujeto. Palabras pesadas estas -causa, determinaci&oacute;n y sujeto-por la carga que cada una soporta de una tradici&oacute;n que es tanto filos&oacute;fica como cient&iacute;fica, con respecto a la cual me distancio sin detenerme especialmente en las razones, para afrontar r&aacute;pidamente la particularidad de su consideraci&oacute;n en el campo del psicoan&aacute;lisis y el tratamiento que le dar&eacute; al asunto, con lo cual espero rozar, despu&eacute;s de todo, dichas razones. Mi inter&eacute;s por este tema nace de la preocupaci&oacute;n que me asiste, que nos asiste a muchos, en relaci&oacute;n con el lugar que es llamado a ocupar lo humano en el mundo contempor&aacute;neo, sea que lo pensemos desde el campo de la ciencia y su l&oacute;gica de objetivaci&oacute;n, sea que lo hagamos en el marco del capitalismo y su l&oacute;gica mercantil. En el primer caso asistimos a la reintegraci&oacute;n de lo humano al &aacute;mbito de los objetos naturales de la ciencia, lo cual merece la acepci&oacute;n de biologismo, o como lo propone el psicoanalista Marie-Jean Sauret (Sauret, 2012, p. 237), de prejuicio biol&oacute;gico. Este prejuicio equivale a un rechazo del sujeto y se manifiesta de manera grosera en la sobrevaloraci&oacute;n de las determinaciones biol&oacute;gicas, lo que coincide, por lo dem&aacute;s, con un desconocimiento de la causalidad que comanda los hechos del &uacute;nico &quot;objeto&quot;, de todos aquellos examinados por la ciencia, que habla y que se pregunta por su ser. Esta causalidad que el discurso de la ciencia desconoce coexiste, en el campo del psicoan&aacute;lisis, con el silencio de las determinaciones naturales, que son, justamente, aquellas que la ciencia celebra.</p>      <p>Ahora bien, en el movimiento contempor&aacute;neo en curso no se trata exclusivamente de la sobrevaloraci&oacute;n las determinaciones biol&oacute;gicas, pues como podr&aacute; suponerse, la ideolog&iacute;a de la ciencia, ese prejuicio biol&oacute;gico, ha ocupado tambi&eacute;n los espacios de reflexi&oacute;n que previamente correspond&iacute;an a las llamadas ciencias humanas. Uno se sorprende al constatar la manera f&eacute;rrea como la misma l&oacute;gica en juego en la consideraci&oacute;n de las determinaciones naturales se mantiene cuando se trata de determinaciones psicol&oacute;gicas, incluso sociales, como si un naturalismo psicosociol&oacute;gico se hubiera apoderado de aquellas, de las disciplinas de lo humano.</p>      <p>Este prejuicio es cuestionado por la experiencia psicoanal&iacute;tica, cuya textura m&aacute;s propia, al decir del psicoanalista Pierre Bruno (2011), &quot;consiste en recusar toda combinatoria entre determinaciones biol&oacute;gicas, sociol&oacute;gicas y psicol&oacute;gicas&quot; (p. 15) cuando del sujeto se trata. Bruno, quien se ocupa a fondo de esta cuesti&oacute;n, advierte que en la actualidad las distintas escuelas de lo patol&oacute;gico, por as&iacute; decir, se acogen a esta combinatoria de determinaciones, si bien en diferente proporci&oacute;n seg&uacute;n sus propios intereses. La consideraci&oacute;n de esta combinatoria culmina por construir un 'sujeto' reducido a &quot;un paralelogramo de fuerzas&quot; (Bruno, 2011, p. 15). Por supuesto, la concepci&oacute;n del sujeto derivada de ese ejercicio no tiene nada que ver con el decidido determinismo freudiano, que apost&oacute; siempre por verificar la causa (significante) de los fen&oacute;menos que someti&oacute; a an&aacute;lisis, el s&iacute;ntoma en particular; y nada tiene que ver tampoco con la cura psicoanal&iacute;tica, que lejos est&aacute; de una intervenci&oacute;n cuya pretensi&oacute;n fuera hacer el recorrido de cada variante, biol&oacute;gica, sociol&oacute;gica y psicol&oacute;gica, de la historia, que a su t&eacute;rmino, le permitiera al sujeto un enga&ntilde;oso conocimiento de s&iacute;: finalidad de una cura que supone un sujeto transparente a s&iacute; mismo, con lo cual estamos en las ant&iacute;podas del sujeto del inconsciente.</p>      <p>Bruno llama la atenci&oacute;n sobre un asunto crucial, sobre una verdad que pasa desapercibida en la consideraci&oacute;n de esas determinaciones: es el hecho de que, sean las que sean las consecuencias sobre el sujeto, las circunstancias de lo vivido no pueden modificarse, pues ellas proceden de la realidad. Pero advierte, adem&aacute;s, y esto es quiz&aacute;s lo m&aacute;s importante, que de esas consecuencias el sujeto no podr&aacute; &quot;inocentarse&quot; por considerar que lo ocurrido estuvo al margen de su elecci&oacute;n. Lo vivido tiene efectos, no los mismos para todos, y es en relaci&oacute;n con el efecto sobre el sujeto que este podr&aacute; reconocer su participaci&oacute;n en los hechos y que podr&aacute;, en todo caso, esperar alguna modificaci&oacute;n.</p>      <p>Es esto, fundamentalmente, lo que est&aacute; implicado en &quot;una concepci&oacute;n in&eacute;dita de la causalidad&quot; (Bruno, 2011, p. 16), en virtud de la cual la causa proviene de la manera como un sujeto se sit&uacute;a frente a lo que &eacute;l es como efecto. Ahora bien, este sujeto, en la medida en que queda constituido como respuesta al efecto, puede oponer a la realidad, es decir, al conjunto de las determinaciones, una respuesta, precisamente, no cualquiera, la m&aacute;s real, cuya forma paradigm&aacute;tica es el sintoma. De entrada el sintoma le permite al sujeto sustraerse al imperativo de las determinaciones; imperativo que lo fija en esa posici&oacute;n oprobiosa que es la del sometimiento al Otro o a las circunstancias; dicho de otro modo, una posici&oacute;n de victima que implica una &quot;pasivizaci&oacute;n&quot; (Bruno, 2011, p. 17). Por supuesto, que el s&iacute;ntoma sea aqu&iacute; la respuesta excluye que sea el problema; pero entonces habr&aacute; que tomar nota de que la concepcion del s&iacute;ntoma en juego se aparta radicalmente de una vertiente patol&oacute;gica, incluso psicopatol&oacute;gica. El s&iacute;ntoma en este caso es un recurso del sujeto para impedir su sometimiento a la voluntad del Otro -cualquiera sea quien encarne a este Otro-; voluntad que es de goce, es decir, un exceso cuya satisfacci&oacute;n se traduce en sufrimiento<sup><a name="nu1"></a><a href="#num1">1</a></sup>.</p>      <p>El asunto es complejo, pero la simplicidad con la que Freud lo introduce al momento de dilucidar el enigma en el que consist&iacute;a el s&iacute;ntoma de las por entonces llamadas neurosis de guerra allana la dificultad. En efecto, en 1919, en un contexto social marcado por las condiciones de la guerra, cuando Freud es requerido por las autoridades que ten&iacute;an a su cargo el diagn&oacute;stico y el tratamiento de los soldados aquejados, produce una pieza de doctrina sobre el s&iacute;ntoma. En primer lugar, destaca la homolog&iacute;a de estructura entre las neurosis guerra y las neurosis a secas, dada &quot;la naturaleza ps&iacute;quica de la causaci&oacute;n&quot; (Freud, 1980c, p. 209). En cuanto a los s&iacute;ntomas, dice que tambi&eacute;n en las neurosis de guerra estos son efecto de la represi&oacute;n como defensa frente a un traumatismo, en este caso la guerra; traumatismo cuyos elementos en tensi&oacute;n son, de un lado, las exigencias culturales y, del otro, los intereses libidinales del yo a reprimir. Y bien, el s&iacute;ntoma de las neurosis de guerra le permite al sujeto concernido sustraerse de los &quot;servicios de la guerra&quot;. Su s&iacute;ntoma es entonces el lugar de un rechazo del sometimiento que le es exigido a los requerimientos del Otro; sometimiento que implicar&iacute;a para &eacute;l situarse a merced de la voluntad de ese Otro. Gracias a la constataci&oacute;n de que nunca un mercenario presenta s&iacute;ntomas de neurosis de guerra se entiende bien qu&eacute; se juega para aquel que hace un s&iacute;ntoma cuyo valor es el de una denuncia, de una objeci&oacute;n de conciencia, como dice Freud expl&iacute;citamente. No solamente el s&iacute;ntoma es un rechazo a sacrificar su libido narcisista, es tambi&eacute;n una &quot;renuencia ante la orden de matar&quot; (Freud, 1980c, p. 211), esto es, a satisfacer el goce propio de sus mociones asesinas.</p>      <p><b>ii</b></p>     <p>Gracias al s&iacute;ntoma nos ha sido posible acercarnos, pues, a esta novedosa concepci&oacute;n de la causa que ahora estamos en posibilidad de examinar desde la perspectiva de la formaci&oacute;n misma del s&iacute;ntoma en un ejemplo que nos revela tanto sus elementos constitutivos como el an&aacute;lisis al que es sometido en la b&uacute;squeda de su sentido. Es el ejemplo <i>princeps, </i>llamativamente presentado bajo el t&iacute;tulo de &quot;la <i>proton-pseudos </i>hist&eacute;rica&quot;, y nos es entregado por Freud en un momento muy temprano de su elaboraci&oacute;n. Se trata de una mujer aquejada de un s&iacute;ntoma f&oacute;bico que le impide ingresar sola a una tienda. Ella recuerda, a prop&oacute;sito, que a la edad de 12 a&ntilde;os entr&oacute;, en efecto, sola a una tienda en la que los empleados que la atendieron re&iacute;an entre s&iacute;, lo que ella achac&oacute; a su forma de vestir. De esta ocasi&oacute;n tambi&eacute;n recuerda que uno de los empleados le gust&oacute;. Ahora bien, ella no puede entrar sola a una tienda aun habiendo modificado su forma de vestir pero, en cambio, puede hacerlo si un ni&ntilde;o -de quien no esperamos que pueda protegerla- la acompa&ntilde;a. As&iacute; las cosas, Freud (1980a) concluye que este recuerdo &quot;no explica ni la compulsi&oacute;n ni el determinismo del s&iacute;ntoma&quot; (p. 401). La exploraci&oacute;n subsiguiente arroja otro recuerdo, que la mujer recupera en ese momento de su cura con Freud, es decir que ella no sab&iacute;a de esto previamente, y no sab&iacute;a porque le era inconsciente: a los 8 a&ntilde;os, seg&uacute;n dice, fue sola en dos oportunidades a la tienda de un pastelero y este se&ntilde;or, entrado en a&ntilde;os, la toc&oacute; a trav&eacute;s del vestido, lo que constituye ciertamente un traumatismo sexual... Por lo dem&aacute;s, este se&ntilde;or acompa&ntilde;&oacute; su atrevimiento con una risotada.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Quiero destacar lo que quiz&aacute;s ya ha sido notado en el relato, y es que de una escena a la otra, de un recuerdo a otro, las palabras utilizadas por la paciente de Freud se repiten: la risa de los empleados y la risotada del pastelero, el encontrarse sola, tanto en la tienda como en la pasteler&iacute;a, la menci&oacute;n del vestido. Digamos, para ir r&aacute;pido, que en el momento del segundo acontecimiento, a los 12 a&ntilde;os, la risa de los empleados evoc&oacute; inconscientemente la risotada del pastelero en el curso del primer acontecimiento, a los 8 a&ntilde;os, lo que trajo a su recuerdo el tocamiento a trav&eacute;s del vestido... Por eso, por esa evocaci&oacute;n, ella sale corriendo de la tienda de los empleados (a los 12 a&ntilde;os) en la que se encontraba sola como aquella vez en la tienda del pastelero. En fin, Freud (1980a) sostiene: &quot;La conclusi&oacute;n de no permanecer sola en la tienda a causa del peligro del [abuso] se form&oacute; de manera enteramente correcta, con miramiento por todos los fragmentos del proceso asociativo&quot; (p. 402).</p>      <p>El s&iacute;ntoma qued&oacute; as&iacute; constituido; pero se constituy&oacute; a prop&oacute;sito del segundo acontecimiento, no del primero. Y Freud afirma que por extra&ntilde;o que parezca, este modo de ocurrencia particular en el que el segundo acontecimiento en el tiempo adjudica valor y sentido a lo ocurrido en el primero caracteriza los hechos de la vida ps&iacute;quica inconsciente. Freud proporciona la noci&oacute;n de &quot;posterioridad&quot; <i>(apr&eacute;s coup </i>en franc&eacute;s, <i>Nachträglich </i>en alem&aacute;n) para nombrar esta rareza que es el tiempo en psicoan&aacute;lisis, cuyas consecuencias son enormes en lo relativo particularmente a la causalidad; tiempo que nada tiene de lineal, que desprecia la cronolog&iacute;a, que permite descartar la prevalencia de los or&iacute;genes y de la funci&oacute;n diacr&oacute;nica y que, en el campo del psicoan&aacute;lisis, Jacques Lacan radicaliza hasta convertirlo en el esquema explicativo de la significaci&oacute;n, que solo es posible por retroacci&oacute;n, al t&eacute;rmino de la cadena hablada.</p>      <p>Repasemos r&aacute;pidamente, con el caso cl&iacute;nico freudiano, los elementos en juego en esta concepci&oacute;n in&eacute;dita de la causalidad del s&iacute;ntoma. En primer lugar, el reconocimiento del efecto retroactivo del acontecimiento -o sea, del traumatismo-; efecto retroactivo que impide pensar en una consecuencia directa e inmediata, y en una consideraci&oacute;n cronol&oacute;gica del tiempo tambi&eacute;n, es decir, en una (cl&aacute;sica) relaci&oacute;n lineal de causa a efecto en la que, siendo as&iacute;, no hay cabida para el sujeto: el solo enunciado de una tal ecuaci&oacute;n, puesto que contempla dos t&eacute;rminos, C&#094;E, elide al sujeto. La causalidad descubierta por Freud introduce, en cambio, decididamente al sujeto, y es por eso que no puede designarse simplemente como ps&iacute;quica, por oposici&oacute;n a la causalidad implicada en los hechos f&iacute;sicos, pues en los dos casos, sea ps&iacute;quica, sea f&iacute;sica, la ecuaci&oacute;n es la misma. Ahora entendemos a qu&eacute; responde la designaci&oacute;n lacaniana de causalidad l&oacute;gica.</p>      <p>El segundo elemento en juego que podemos destacar es el hecho de que el s&iacute;ntoma, que constituye la respuesta-sujeto, por as&iacute; decir, no absuelve al sujeto, es decir, justamente, no lo &quot;inocenta&quot;. Ya la paciente de Freud afirma en el curso del relato un elemento sorprendente para ella misma: que luego de la agresi&oacute;n sexual del pastelero, regres&oacute; a la tienda una segunda vez, como si buscara que el atentado se repitiera, por lo cual se reprocha. Lacan (1990a), por su parte, no deja de mencionar al respecto que este elemento del recuerdo &quot;resuena con la idea de la atracci&oacute;n sexual experimentada en el otro recuerdo&quot; (p. 92). Ahora bien, el reproche de la paciente es correlativo del efecto de culpabilidad, que en este caso es un &iacute;ndice del sujeto. La cl&iacute;nica psicoanal&iacute;tica muestra de qu&eacute; manera, tras la queja a veces acendrada de ese sujeto que reclama su inocencia, se descubre un acuciante sentimiento de culpabilidad. Insistamos entonces en el hecho de que solo el reconocimiento de su participaci&oacute;n en aquello que lo aqueja le permitir&aacute; al sujeto sustraerse de esa posici&oacute;n pasivizada que es la de la v&iacute;ctima.</p>      <p>Se dir&iacute;a que en quien asume esa posici&oacute;n de v&iacute;ctima opera un rechazo del saber: lo que no se quiere saber es la participaci&oacute;n en el asunto; participaci&oacute;n activa o pasiva, poco importa. Ahora bien, este [no] saber que se rechaza se refiere entonces a la causa, y su procedimiento -el de no querer saber- equivale a valorar la determinaci&oacute;n por encima de la causa. Por el contrario, el psicoan&aacute;lisis se orienta de tal modo que se pueda liberar la causa de la determinaci&oacute;n. La mujer del caso cl&iacute;nico freudiano arriba comentado tendr&iacute;a muchas determinaciones a su disposici&oacute;n: uno puede imaginarlas simplemente haci&eacute;ndose eco de la simpleza de las explicaciones mediante las cuales la psicolog&iacute;a y la psiquiatr&iacute;a actualmente en boga inundan tanto los consultorios en los servicios de atenci&oacute;n como las franjas destinadas a entrevistar a los profesionales de la llamada salud mental en los noticieros de televisi&oacute;n.</p>      <p>Por lo dem&aacute;s, esta consideraci&oacute;n de la participaci&oacute;n del sujeto en el asunto del que se queja no quita en absoluto el reconocimiento de la presencia del abuso del Otro: de quien impone, o pretende imponer, su voluntad de goce.</p>      <p><b>iii</b></p>     <p>Ahora abordar&eacute; el asunto de la causa por otra v&iacute;a. La importancia de este otro abordaje radica en el hecho de que aqu&iacute; la causa es una forma de nombrar al sujeto del que se ocupa el psicoan&aacute;lisis: un sujeto causado por el lenguaje. El lenguaje, es, pues, lo que opera como causa del sujeto del inconsciente. As&iacute; las cosas, si el sujeto es efecto del lenguaje no es, no podr&iacute;a ser, causa de s&iacute; mismo.</p>      <p>Entonces, en el campo del psicoan&aacute;lisis situamos la causa en el lenguaje; y esto marca de hecho una posici&oacute;n frente a lo humano, m&aacute;s espec&iacute;ficamente, frente al sufrimiento humano. Por dar un ejemplo dir&eacute; que mientras los psicoanalistas creemos en la causa del lenguaje, el psiquiatra o, para estar a tono con la &eacute;poca, el neuropsiquiatra, piensa que la causa de la paranoia es una prote&iacute;na o una enzima. Puede que esta prote&iacute;na o esta enzima no hayan sido del todo estudiadas y que las investigaciones de laboratorio no hayan arrojado resultados inequ&iacute;vocos, pero eso no le resta seguridad alguna a la posici&oacute;n del psiquiatra, cuya creencia responde, no a su arbitrariedad, sino a la l&oacute;gica en juego en la explicaci&oacute;n de la ciencia. Entre tanto, Freud invent&oacute; una teor&iacute;a para la paranoia, que es el delirio. Todo freudiano sabe que el delirio es una tentativa de curaci&oacute;n, un intento de reconstrucci&oacute;n del mundo exterior entre tanto sumergido por el retraimiento narcis&iacute;stico del sujeto. Ahora bien, el mecanismo en juego en el delirio consiste en un procedimiento de transformaci&oacute;n de una proposici&oacute;n inicial que se reduce a una frase, y las distintas formas del delirio corresponden a la diferentes posibilidades gramaticales de declinarla. Asunto, pues, de gram&aacute;tica...</p>      <p>Remont&eacute;monos, por poco que sea, al punto de partida. El psicoan&aacute;lisis es ante todo la experiencia de palabra que Freud inaugura en v&iacute;speras del siglo XX. El momento preciso de su instauraci&oacute;n no es en absoluto ajeno a mi punto de partida para pensar los asuntos de la causa y la determinaci&oacute;n. Freud era un m&eacute;dico vien&eacute;s con ambiciones de investigador, inscrito en la corriente cientificista de la &eacute;poca representada por sus maestros -Br&uuml;cke en especial, heredero del ideal cient&iacute;fico de Helmholtz, Ludwig y Du Bois-Raymond-, quienes hab&iacute;an adherido a una posici&oacute;n que defend&iacute;an como la Verdad, seg&uacute;n la cual la explicaci&oacute;n cient&iacute;fica de los fen&oacute;menos exig&iacute;a la aplicaci&oacute;n de leyes fisicoqu&iacute;micas, se tratara de fen&oacute;menos naturales o de organismos vivos, el hombre entre ellos, lo que, dicho en otros t&eacute;rminos, consist&iacute;a en &quot;hacer entrar a la fisiolog&iacute;a y a las funciones del pensamiento a las que se consideraba incluidas en aquella, en los t&eacute;rminos matem&aacute;ticamente determinados de la termodin&aacute;mica&quot; (Lacan, 1985, p. 836). Solo que Freud, por razones poco cient&iacute;ficas, pues tuvieron que ver en &uacute;ltimas con la conciencia de su exclusi&oacute;n de los medios acad&eacute;micos en virtud de su pertenencia a la comunidad jud&iacute;a, se orienta hacia la psiquiatr&iacute;a naciente -una psiquiatr&iacute;a que, como la medicina de entonces, a&uacute;n contaba con el enfermo-, y empieza a ocuparse de la cl&iacute;nica de las llamadas enfermedades nerviosas. Es en el curso de esa desviaci&oacute;n, por as&iacute; decir, que Freud se encuentra con las hist&eacute;ricas. Tal vez no sobre tener presente que en los albores de la construcci&oacute;n freudiana el s&iacute;ntoma despreciado por la ciencia m&eacute;dica era precisamente el s&iacute;ntoma hist&eacute;rico, al cual se lo reconoc&iacute;a como producto de la simulaci&oacute;n de la enferma... Freud da el giro decisivo al respecto cuando reconoce que el s&iacute;ntoma tiene sentido no obstante su sinsentido aparente, y cuando, operando con el rigor que imprimi&oacute; en &eacute;l la marca del ideal cient&iacute;fico, descubre que es el efecto de una causa, que existe un nexo causal entre el proceso ocasionador y el fen&oacute;meno patol&oacute;gico, nexo del cual el sujeto no sabe.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Pues bien, en el curso de su tratamiento, una paciente, Emmy von N, le pide en una oportunidad que la deje hablar... Y as&iacute;, como dice Sauret (2008), &quot;por primera vez en la historia de la medicina, de la psiquiatr&iacute;a, de la psicolog&iacute;a, la palabra le es dada a los pacientes&quot; (p. 15). El psicoan&aacute;lisis nace en esa experiencia de palabra que reconoce al paciente como un sujeto, al que hay que distinguir del yo, incluso de la persona, pero sobre todo, al que hay que distinguir del individuo bio-psico-social.</p>      <p>Este sujeto, irreductible al individuo, es aquel quien dej&aacute;ndose interrogar por su sufrimiento no encuentra, por lo menos no encontraba en la &eacute;poca de Freud, respuesta a las preguntas sobre su ser de sujeto en las determinaciones individuales, sean estas, como ya lo he dicho, biol&oacute;gicas (de las que el caso de moda es &quot;el santo ADN&quot;, como dice Bruno al referirse a estos asuntos), psicol&oacute;gicas (por ejemplo, haber sido objeto de pr&aacute;cticas abusivas) o incluso de car&aacute;cter social (por ejemplo, contarse entre las familias desplazadas por la violencia del conflicto armado). Puede sonar extra&ntilde;o que lo social se agregue al listado de determinaciones individuales, pero es que aqu&iacute; lo social no es m&aacute;s que es un tipo de <i>realidad </i>cuya consideraci&oacute;n se plantea en el mismo nivel de las otras. En el discurso de las determinaciones, bajo la misma l&oacute;gica se sit&uacute;an todas esas realidades de distinto orden.</p>      <p>Ahora bien, en relaci&oacute;n con el psicoan&aacute;lisis se impone esta: &iquest;qu&eacute; de esta experiencia de palabra permite reconocer en el individuo a un sujeto o, m&aacute;s precisamente aun, escuchar en &eacute;l a un sujeto? Este sujeto, aprovechemos para decirlo, es aquel a quien Lacan nombra con un neologismo en su lengua, en franc&eacute;s, <i>parl&ecirc;tre </i>(hablanteser), y no, como ser&iacute;a debido, <i>&ecirc;tre parlante </i>(ser que habla), con lo cual antepone el hablar al ser (Friedman, 2010). Es decir, que es el lenguaje el que produce la idea del ser. Es este <i>parl&ecirc;tre </i>el que viene al lugar del sujeto del inconsciente.</p>      <p>En principio uno podr&iacute;a decir que el sujeto es quien habla en el individuo; pero dicho esto, el individuo abandona la escena, porque de ah&iacute; en m&aacute;s es la estructura del lenguaje la que responde por la condici&oacute;n de sujeto, es decir, por la condici&oacute;n de quien, en &uacute;ltimas, tiene a su disposici&oacute;n la posibilidad y el poder de decir &quot;yo soy...&quot;, sin que ese &quot;yo&quot; -y aqu&iacute; est&aacute; lo importante- pueda reducirse a los factores biol&oacute;gicos, psicol&oacute;gicos o sociales -incluso hist&oacute;ricos, econ&oacute;micos, la lista puede ser larga-; factores a los cuales est&aacute; de todos modos ligado, por supuesto, pero a los que no se reduce, como tampoco se reduce a la interacci&oacute;n compleja de todos ellos.</p>      <p>El lenguaje mismo impide esa reducci&oacute;n porque en cuanto el sujeto dice &quot;yo&quot;, en eso que dice &eacute;l no est&aacute; sino representado. Dicho de otro modo, en cuanto &eacute;l se pregunta por su ser no encuentra otra respuesta que &quot;lenguajera&quot;. As&iacute; pues, el sujeto no est&aacute; en las palabras con las que responde a la pregunta por su ser; digamos mejor que a falta de estar <i>in effigie, </i>se encuentra all&iacute; <i>in absentia </i>(Sauret, 2008, p. 15). En otros t&eacute;rminos, le falta el ser; y esa falta es lo que lo constituye como deseo. Este es el sujeto del inconsciente.</p>      <p>En alg&uacute;n momento Lacan (1990b) sostiene que</p>     <blockquote>El inconsciente es la suma de los efectos de la palabra sobre un sujeto, en el nivel en que el sujeto se constituye por los efectos del significante... con el t&eacute;rmino sujeto... no designamos el sustrato viviente necesario para el fen&oacute;meno subjetivo, ni ninguna especie de sustancia, ni ning&uacute;n ser de conocimiento en su <i>pat&iacute;a. </i>ni siquiera el logos encarnado en alguna parte, sino el sujeto cartesiano, que aparece en el momento en el que la duda se reconoce como certeza -solo que en nuestra manera de abordarlo, los fundamentos de este sujeto se revelan mucho m&aacute;s amplios y, por consiguiente, mucho m&aacute;s sumisos, en cuanto a la certeza que yerra. Eso es el inconsciente. (pp. 132-133).</blockquote>     <p>En fin, lo que el psicoan&aacute;lisis sit&uacute;a en el punto de partida es al Otro del lenguaje, en raz&oacute;n de lo cual el sujeto no es &quot;aut&oacute;nomo&quot; como lo quiere la ideolog&iacute;a liberal: se constituye como sujeto en el Otro del que se reconoce dependiente en el sentido de que requiere de &eacute;l los elementos del lenguaje indispensables para tomar la palabra. Si la toma, si hace de la palabra un acto mediante el cual verifica su existencia de sujeto, podr&aacute; a su vez tomar distancia del Otro, e incluso subvertir su discurso. As&iacute; pues, su necesaria dependencia no supone el sometimiento a la voluntad de ese Otro. Y es esto lo que nos introduce de manera expl&iacute;cita en el tratamiento de los l&iacute;mites a las determinaciones del Otro.</p>      <p>La f&oacute;rmula lacaniana seg&uacute;n la cual &quot;el inconsciente es el discurso del Otro&quot; recoge con una econom&iacute;a impresionante de palabras ese dato de la determinaci&oacute;n del sujeto por el discurso al estipular lo esencial de lo que le es transmitido, no cualquier cosa: lo decisivo en la constituci&oacute;n del sujeto del inconsciente. Pero aun si existiera una voluntad de dominio sobre aquello que se pretende transmitir, hay que contar con el hecho de que un punto permanece opaco, un punto que constituye lo indecible, que se halla por fuera de los enunciados formulados por los padres y que, sin embargo, se articula a esos enunciados en virtud de lo inconsciente (Izcovich, 2005, p. 13). La misma f&oacute;rmula del inconsciente como discurso del Otro se&ntilde;ala un equ&iacute;voco, pues tambi&eacute;n puede leerse en el sentido de que el sujeto es hablado por el Otro... &iquest;Y, acaso no? En otro momento dec&iacute;a Lacan (1999): &quot;La frase ya ha sido empezada antes del &eacute;l&quot; (p. 192), antes del ni&ntilde;o, de su nacimiento incluso, pero lo dec&iacute;a no sin advertir que &eacute;l, el mismo ni&ntilde;o, tiene que interpretarla, proseguirla y, en &uacute;ltimas, asumirla como propia, cuando no modificarla. En todo caso, en la diferencia entre hablar y ser hablado se juega el destino del sujeto -sujetado al Otro, ciertamente, pero no mediante los hilos de la marioneta-.</p>      <p>Aun otra f&oacute;rmula, aquella seg&uacute;n la cual &quot;el deseo es el deseo del Otro&quot;, permite situar la misma alternativa, en el sentido de que si bien la posici&oacute;n frente al deseo est&aacute; antecedida por el deseo del Otro -en cuanto que solo en el espacio de la falta materna el sujeto entra a jugar-, el sujeto es en &uacute;ltimas responsable del juego que juega., de la posici&oacute;n que elige. Esto merece una atenci&oacute;n especial, pues plantea ya aqu&iacute; el asunto de la responsabilidad asunto que como puede suponerse, es uno de los elementos propios de la causa, no de las determinaciones.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Cuando Freud (1980b) aseguraba que &quot;ninguna generaci&oacute;n es capaz de ocultar a la que le sigue sus procesos ps&iacute;quicos de mayor sustantividad&quot; (p. 160), no dejaba de se&ntilde;alar, en relaci&oacute;n con esa continuidad de una generaci&oacute;n a la siguiente, que &quot;una parte parece estar a cargo de la herencia de predisposiciones ps&iacute;quicas&quot; [esos eran los t&eacute;rminos en los que se planteaba en su tiempo la discusi&oacute;n], mientras que, y esto constituye la otra parte, &quot;necesitan de ciertos enviones en la vida individual para despertar a una acci&oacute;n eficaz&quot; (Freud, 1980b, 159)<sup><a name="nu2"></a><a href="#num2">2</a></sup>. En relaci&oacute;n con ello Freud menciona la m&aacute;xima de Goethe:</p>     <blockquote><i>Lo que has heredado de tus padres adqui&eacute;relo para poseerlo.</i></blockquote>     <p>De manera simult&aacute;nea, si no pudi&eacute;ramos salvaguardar un margen de libertad frente al Otro, no habr&iacute;a cabida alguna para la responsabilidad del sujeto. La cl&iacute;nica freudiana ense&ntilde;a de qu&eacute; modo el neur&oacute;tico se presenta como el producto de un destino trazado de antemano... Al respecto podr&iacute;amos decir que all&iacute; donde Freud no se dej&oacute; enga&ntilde;ar por la queja del sujeto inocente de su participaci&oacute;n en aquello de lo que se quejaba, el discurso de la psicolog&iacute;a, en cambio, concluy&oacute; que aquel, el neur&oacute;tico, era el resultado de una cadena de determinaciones, su v&iacute;ctima.</p>      <p>Es entonces la responsabilidad del sujeto la que queda en entredicho, pero no solamente. Es que as&iacute; tampoco ser&iacute;a posible pensar una &eacute;tica (Soler, 2014, p. 35). Ni una &eacute;tica ni incluso una pol&iacute;tica; y es en el terreno de la &eacute;tica y de la pol&iacute;tica donde vale la pena advertir de qu&eacute; manera la primac&iacute;a de las determinaciones en desmedro de la causa arriesgan el lugar del sujeto en favor de su supresi&oacute;n... Me apoyo en las palabras de Sauret (2000) para precisar que</p>      <blockquote>La posibilidad de que un sujeto escape a la determinaci&oacute;n significante a la cual, en cuanto objeto, &eacute;l es irreductible [es condici&oacute;n], para que pueda hablar en su nombre propio... por ejemplo. El sujeto no es igual a sus determinaciones... Quien habla debe escapar al hecho de ser hablado por el Otro -si no, es la ecolalia, la repetici&oacute;n, el conformismo, la lengua del disimulo [de lo pol&iacute;ticamente correcto], la idolatr&iacute;a del saber, la servidumbre, la adhesi&oacute;n ciega. La lista de los accidentes de la relaci&oacute;n con el Otro 'completo' no queda con lo dicho terminada. (pp. 160-161)</blockquote>     <p>Quiero concluir diciendo que es en el plano de la causa que el sujeto se extrae, o puede extraerse, del lugar de objeto <i>a </i>ser gozado por el Otro. Correlativamente, se extrae, o puede extraerse, del imperio, del imperativo de las determinaciones... En un psicoan&aacute;lisis el sujeto se encamina por la v&iacute;a de la subjetivaci&oacute;n de las determinaciones que lo han producido, para descubrirse como <i>no siendo </i>el producto de ellas, las que sin embargo experiment&oacute; antes de reconocerlas (Bruno, 2011, 29).</p>      <p>Quiz&aacute;s no haya otra forma de libertad.</p> <hr>     <p><font size="3"><b>Notas</b></font></p>     <p><sup><a name="num1"></a><a href="#nu1">1</a></sup> El acento puesto aqu&iacute; en la voluntad de goce del Otro no exime que el propio sujeto, identificado con ello, sea quien se imponga la sumisi&oacute;n al Otro. En ese caso es la textura del fantasma del sujeto lo que nos es revelado: &quot;Es as&iacute; como el fantasma impone al sujeto el sometimieto a la voluntad de goce del Otro, a consecuencia de lo cual su <i>yo no quiero estar a su disposici&oacute;n </i>no puede mantenerse, en virtud de lo cual su propia, a pesar del fantasma, sino por el s&iacute;ntoma&quot; (Bruno, 2012, p. 8).</p>      <p><sup><a name="num2"></a><a href="#nu2">2</a></sup> En el curso de esa discusi&oacute;n Freud no se aventura a afirmar la transmisi&oacute;n de los 'procesos ps&iacute;quicos' al margen de la explicaci&oacute;n filogen&eacute;tica, en virtud de lo cual adopta el punto de vista de la herencia soslayando lo que sin embargo anticipa: &quot;el peso de la cultura sobre la constituci&oacute;n de lo humano&quot; (Jaramillo, 1987, p. 32).</p>  <hr>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>Referencias</b></p>     <!-- ref --><p>Bruno, P. (2011), <i>Lacan, pasador de Marx. La invenci&oacute;n del s&iacute;ntoma. </i>Barcelona: S&amp;P Ediciones.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1255842&pid=S1692-8857201600010001100001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Freud, S. (1980a). <i>Proyecto de psicolog&iacute;a </i>(1850[1895]). En S. Freud, <i>Obras Completas, </i>t. I. Buenos Aires: Amorrortu.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1255844&pid=S1692-8857201600010001100002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Freud, S. (1980b). <i>T&oacute;tem y tab&uacute; </i>(1913). En S. Freud, <i>Obras Completas, </i>t. XIII. Buenos Aires: Amorrortu.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1255846&pid=S1692-8857201600010001100003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Freud, S. (1980c). <i>Introducci&oacute;n a </i>Zur Psychoanalyse der Kriegsneurosen (1919). En S. Freud, <i>Obras Completas, </i>t. XVII. Buenos Aires: Amorrortu.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1255848&pid=S1692-8857201600010001100004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Friedman, P. (2010). Acerca de la causa. <i>Virtualia, Revista digital de la Escuela de la Orientaci&oacute;n Lacaniana, </i>n&deg; 21. Disponible en: <a href="http://virtualia.eol.org.ar/021/template.asp?Estudios/Acerca-de-la-causa.html" target="_blank">http://virtualia.eol.org.ar/021/template.asp?Estudios/Acerca-de-la-causa.html</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1255850&pid=S1692-8857201600010001100005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Izcovich, L. (2005). <i>La depresi&oacute;n en la modernidad. </i>Medell&iacute;n (Colombia): Universidad Pontificia Bolivariana.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1255851&pid=S1692-8857201600010001100006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Jaramillo, J. (1987). <i>La descentraci&oacute;n biol&oacute;gica del sujeto, </i>Bogot&aacute;: Universidad Nacional de Colombia.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1255853&pid=S1692-8857201600010001100007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Lacan, J. (1985 [1966]). <i>La ciencia y la verdad. </i>En J. Lacan, <i>Escritos 2 </i>(pp. 834-856). M&eacute;xico: Siglo XXI.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1255855&pid=S1692-8857201600010001100008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Lacan, J. (1990a). <i>El Seminario, libro 7. La &eacute;tica del psicoan&aacute;lisis. </i>Buenos Aires: Paid&oacute;s.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1255857&pid=S1692-8857201600010001100009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Lacan, J. (1990b). <i>El Seminario, libroll. Los cuatro conceptos fundamentales del psicoan&aacute;lisis. </i>Buenos Aires: Paid&oacute;s.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1255859&pid=S1692-8857201600010001100010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Lacan, J. (1999). <i>El Seminario, libro 5. Las formaciones del inconsciente. </i>Buenos Aires: Paid&oacute;s.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1255861&pid=S1692-8857201600010001100011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Sauret, M.-J. (2008). <i>L'effet r&eacute;volutionnaire duympt&ocirc;me. </i>Toulouse: &Eacute;r&egrave;s.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1255863&pid=S1692-8857201600010001100012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Sauret, M.-J. (2000). <i>Psychanalyse et politique. </i>Toulouse: Presses Universitaires du Mirail.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1255865&pid=S1692-8857201600010001100013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Sauret, M.-J. (2012). El autismo a la luz del s&iacute;ntoma. <i>Desde el Jard&iacute;n de Freud, 12, </i>235-247.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1255867&pid=S1692-8857201600010001100014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Soler, C. (2014). <i>Lo que queda de la infancia. </i>Medell&iacute;n (Colombia): Asociaci&oacute;n Foro del Campo Lacaniano.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1255869&pid=S1692-8857201600010001100015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p> </font>     ]]></body>
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