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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[GEOGRAFÍAS DEL CONOCIMIENTO EN LA POLÍTICA MUNDIAL]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[The problem of «foundations» is a crucial one for any field, particularly perhaps one with as varied a possible repertoire of elementary sources as the study of world politics. In this paper, I want to draw attention to some different ways of thinking about how and where knowledge is produced; how knowledge circulates can be used to inform understanding about geographies of knowledge of world politics. Such geographies, however, are not ends in themselves. The point is to understand the ontological bases of knowing from perspectives that do not privilege a singular history of knowledge associated with a specific world region or of conceptions of knowledge that implicitly or explicitly presume their self-evident universality.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">     <p align="center"><font size="4" face="verdana"><b>GEOGRAF&Iacute;AS DEL CONOCIMIENTO EN LA POL&Iacute;TICA MUNDIAL</b></font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p align="center">   <font size="3" face="verdana"><b>(Geographies of Knowledge in World Politics)</b></font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p>   <b>JOHN AGNEW<sup><a href="#1" name="s1">1</a></sup></b></p>     <p>   University of California, Los Angeles, UCLA (Estados Unidos)<sup><a href="#2" name="s2">2</a></sup>   <a href="mailto:jagnew@geog.ucla.edu">jagnew@geog.ucla.edu</a></p>     <p align="center">   Art&iacute;culo de reflexi&oacute;n Recibido: Marzo 30 de 2006 Aceptado: Abril 26 de 2006</p>     <p>   (Traducci&oacute;n del manuscrito en ingl&eacute;s de Mar&iacute;a Luisa Valencia)</p>    <hr size="1">       <p>&nbsp;</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   <b>Resumen.</b></p>     <p>   El problema de los &laquo;fundamentos&raquo; es decisivo para cualquier area de estudio, tal vez particularmente   para un &aacute;rea con un posible repertorio de fuentes elementales tan variado como el estudio de pol&iacute;ticas mundiales. En este trabajo yo quiero llamar la atencion a algunas maneras diferentes de pensar sobre donde y como se produce el conocimiento; como el conocimiento que circula puede ser usado para informar nuestro entendimiento sobre las geograf&iacute;as del conocimiento en pol&iacute;ticas mundiales. Estas geograf&iacute;as, sin embargo, no son fines en si mismos. Es importante entender las bases ontol&oacute;gicas del saber, desde perspectivas que no privilegian una sola historia del conocimiento asociada con una regi&oacute;n espec&iacute;fica del mundo, o de opiniones sobre conocimiento que impl&iacute;cita o expl&iacute;citamente presumen su universalidad auto-evidente.</p>     <p>   <b>Palabras clave: </b>Conocimiento, pol&iacute;ticas mundiales, geograf&iacute;as.</p>    <hr size="1">       <p>&nbsp;</p>     <p>   <b>Abstract</b></p>     <p>   The problem of &laquo;foundations&raquo; is a crucial one for any field, particularly perhaps one with as varied a possible repertoire of elementary sources as the study of world politics. In this paper, I want to draw attention to some different ways of thinking about how and where knowledge is produced; how knowledge circulates can be used to inform understanding about geographies of knowledge of world politics. Such geographies, however, are not ends in themselves. The point is to understand the ontological bases of knowing from perspectives that do not privilege a singular history of knowledge associated with a specific world region or of conceptions of knowledge that implicitly or explicitly presume their self-evident universality.</p>     <p>   <b>Key words:</b> Knowledge, world politics, geographies.</p>    <hr size="1">       <p>&nbsp;</p>       <p>    <center><img src="img/revistas/tara/n4/n4a03f1.gif"></a></center></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Se ha convertido en lugar com&uacute;n proclamar que lo que sabemos es una funci&oacute;n, al menos hasta cierto punto, del lugar en que estamos o de donde venimos. La pregunta: &laquo;&iquest;de d&oacute;nde vienes?&raquo; es m&aacute;s que una floritura ret&oacute;rica o filosof&iacute;a callejera. Sin embargo, en la pr&aacute;ctica mucha parte del conocimiento sobre pol&iacute;tica mundial, por ejemplo, involucra la universalizaci&oacute;n de lo que podr&iacute;a llamarse &laquo;dudosos particularismos&raquo;. &Eacute;stas son concepciones tomadas de la experiencia de lugares y momentos espec&iacute;ficos sobre todos los lugares y tiempos. Gran parte de esto es resultado de la imposici&oacute;n de hegemon&iacute;as pol&iacute;ticas e intelectuales de algunos lugares sobre otros. De este modo, mucho de lo que hoy en d&iacute;a se presenta como &laquo;teor&iacute;a de las relaciones internacionales&raquo; es la concepci&oacute;n del mundo en las ideas originadas en los Estados Unidos sobre la naturaleza de la estadidad y la econom&iacute;a mundial aun cuando esto puede a menudo diferir notablemente de la pr&aacute;ctica real en la pol&iacute;tica exterior estadounidense. En este art&iacute;culo, quiero analizar de manera cr&iacute;tica algunas de las formas en las que puede introducirse &laquo;la geograf&iacute;a del conocimiento&raquo; en el estudio de la pol&iacute;tica mundial. El prop&oacute;sito es analizar este campo en desarrollo y lo que puede ofrecer a quienes estudian la pol&iacute;tica mundial, no dar una explicaci&oacute;n definitiva sobre la mejor manera de hacerlo.</p>     <p>   En a&ntilde;os recientes han sido muy observadas tres tendencias de pensamiento sobre el mundo y el conocimiento que es importante reconocer y combatir con el fin de cultivar mejor el estudio sobre la geograf&iacute;a del conocimiento. Una es la imaginaci&oacute;n del espacio global como una &laquo;superficie&raquo; en lugar de, digamos, como sugiere Doreen Massey (2005:4), una &laquo;coincidencia de historias&raquo;. La importancia de esto radica en que una superficie (al menos en el sentido euclideano) presupone una total facilidad de movimiento, atemporalidad, ning&uacute;n sesgo direccional y una visi&oacute;n arquimedeana del todo. Sin embargo, la historia mundial ha sido una historia de colisiones entre concepciones del espacio (y del tiempo), en cuanto el mundo mismo se form&oacute; por la imposici&oacute;n de coordenadas dominantes (pi&eacute;nsese en la latitud y la longitud o en el establecimiento de la fecha basado en las eras cristiana y precristiana) m&aacute;s que en una incisi&oacute;n directa de la historia sobre una superficie pasiva. Otra tendencia es la de convertir el tiempo en espacio al considerar que algunos lugares &laquo;siguen los pasos&raquo; de otros en la medida en que recapitulan la historia previa. &Eacute;sta es la direcci&oacute;n principal de la modernizaci&oacute;n y de otras concepciones desarrollistas del espacio y el tiempo. El &uacute;ltimo es el marcado contraste que a menudo se traza entre el espacio, como representaci&oacute;n de lo general o universal, por un lado, y entre el lugar, que representa lo local y lo espec&iacute;fico, por el otro. A menudo se conciben los lugares como si fueran &laquo;fortines&raquo; o comunidades aisladas separadas de cualquier otro lugar. Para el nacionalismo y la pol&iacute;tica identitaria, el lugar se considera como el ideal en el que el grupo vive herm&eacute;ticamente cerrado a todos los otros. Para los cosmopolitas, en contraste, el espacio es el ideal; un mundo sin fronteras en el que la hibridaci&oacute;n y las relaciones interculturales imperan en todas las direcciones. Esta oposici&oacute;n, presente con mayor claridad en los debates contempor&aacute;neos sobre la globalizaci&oacute;n entre quienes se encierran en un mundo territorializado y quienes proclaman un mundo incipiente de flujos de no lugares, carece tanto del alcance en el que los lugares siempre hacen parte de redes espaciales que abarcan barreras culturales y pol&iacute;ticas y hasta entornos en los que se dan h&aacute;bitos y rutinas sociales y morales distintivas.</p>     <p>   Es posible que mucha parte de la teor&iacute;a literaria y cultural del &uacute;ltimo cuarto de siglo haya estado absorbida en el debate de estos problemas aun cuando a menudo lo haya hecho usando diferente terminolog&iacute;a. Pero la cuesti&oacute;n de la &laquo;pertenencia ontol&oacute;gica&raquo; ha confundido cada vez m&aacute;s el debate: desde la pol&iacute;tica de la identidad grupal hasta el &laquo;choque de civilizaciones&raquo;. En esta construcci&oacute;n, tal vez demasiado de la discusi&oacute;n sobre la geograf&iacute;a del conocimiento se acerca mucho a lo que Timothy Brennan (2006:6) llama &laquo;un enfoque religioso del conocimiento en general, es decir, de la creaci&oacute;n de comunidades de pensamiento similar con base en convicciones trascendentales&raquo;. Sea como sea, el conocimiento nunca est&aacute; libre de compromisos ontol&oacute;gicos, sean ellos nacionales, de clase, de g&eacute;nero o de cualquier otra &iacute;ndole. &Eacute;ste es precisamente el punto al referirnos a la geograf&iacute;a del conocimiento: la cuesti&oacute;n de d&oacute;nde re&uacute;ne bajo la r&uacute;brica de la diferencia espacial un amplio rango de efectos ontol&oacute;gicos. Al mismo tiempo, cambios amplios y profundos en el mundo est&aacute;n modelando cambios (independientemente de con qui&eacute;n o d&oacute;nde estemos) en las maneras como nos involucramos en la forma como se ordena y circula el conocimiento. As&iacute; mismo, anomal&iacute;as en las teor&iacute;as dominantes y los l&iacute;mites a los t&eacute;rminos convencionales en los que se han organizado las teor&iacute;as de la ciencia social &mdash;los Estados contra los mercados, Occidente contra el resto del mundo, el pasado contra el presente, el telos de la historia contra el flujo perpetuo&mdash; plantean serios desaf&iacute;os a los c&oacute;digos disciplinarios que han dominado durante largo tiempo el pensamiento sobre la pol&iacute;tica mundial. Quiz&aacute; el problema m&aacute;s grave se refiere a la continuada relevancia de la oposici&oacute;n idiogr&aacute;fica/nomot&eacute;tica (particulares/universales) que ha atormentado a la ciencia social desde el Methodenstreit de finales del siglo XIX. El conocimiento siempre se construye en alg&uacute;n lugar por personas particulares que reflexionan sobre la experiencia hist&oacute;rica en su lugar. Los &laquo;universales&raquo; surgen por lo general de la proyecci&oacute;n de dichas experiencias en todo el mundo. Lo que se requiere son formas de entender c&oacute;mo sucede esto y llamar la atenci&oacute;n sobre la necesidad de negociar entre diferentes perspectivas con el &aacute;nimo de que la pol&iacute;tica mundial en s&iacute; misma pueda ser menos el resultado de imposiciones hegem&oacute;nicas (y un di&aacute;logo de sordos) y m&aacute;s el resultado del reconocimiento de las diferencias y el respeto hacia ellas, tanto culturales como intelectuales.</p>     <p>En t&eacute;rminos generales hay cinco formas diferentes en las que puede entenderse la &laquo;geograf&iacute;a&raquo; como parte de la producci&oacute;n y circulaci&oacute;n del conocimiento. Estoy seguro de que otros podr&iacute;an dividirlas de manera diferente o identificar otras que he pasado por alto. Tipolog&iacute;as como &eacute;sta son problem&aacute;ticas en s&iacute; mismas, en cuanto simplifican una imagen mucho m&aacute;s compleja con el fin de obtener alg&uacute;n beneficio de ello. La primera es etnogr&aacute;fica, por la que me refiero a enfoques que conciben el conocimiento como plural por s&iacute; mismo y se centran en las jurisdicciones y los sitios en los que se produce y consume el conocimiento. El enfoque aqu&iacute; radica en la rehabilitaci&oacute;n de lo que en ocasiones se ha llamado &laquo;conocimientos ind&iacute;genas&raquo; o en se&ntilde;alar la manera como la &laquo;ciencia&raquo; est&aacute; modificada por la cultura. Otra posici&oacute;n relacionada pero diferente tiende a privilegiar el rol de la &laquo;colonialidad&raquo; o los efectos del colonialismo en las jerarqu&iacute;as del conocimiento. Un tercer enfoque se deriva de manera m&aacute;s inmediata de las filosof&iacute;as de la fenomenolog&iacute;a que hacen &eacute;nfasis en las relaciones &iacute;ntimas entre contextos particulares del &laquo;ser&raquo;, por un lado, y la adquisici&oacute;n del conocimiento, por el otro. Aunque tambi&eacute;n se cree que el conocimiento se produce localmente, un cuarto enfoque hace mayor &eacute;nfasis en c&oacute;mo lo local se convierte en global dado el ascenso y ca&iacute;da de ideas en la medida en que sus padrinos pol&iacute;ticos sufren un proceso similar. Finalmente, el &eacute;nfasis ha cambiado de alg&uacute;n modo en algunos recuentos recientes de la producci&oacute;n del conocimiento para dirigirse a la circulaci&oacute;n y al consumo del mismo resaltando lo que se llama &laquo;geograf&iacute;a de la lectura&raquo;. Lo que se intenta aqu&iacute; es asumir que ideas similares tienen amplia circulaci&oacute;n pero generan lecturas diferentes seg&uacute;n los lugares, con lo que se crean perspectivas distintas.</p>     <p>   Quiero subrayar un ejemplo de cada enfoque para dar una impresi&oacute;n general de la riqueza de la epistemolog&iacute;a geogr&aacute;fica contempor&aacute;nea, para acu&ntilde;ar un t&eacute;rmino que cubra todas las perspectivas, y la manera como cada una de ellas podr&iacute;a ofrecer interpretaciones diferentes que facilitaran la comprensi&oacute;n de los modos de acci&oacute;n y la pr&aacute;ctica de la pol&iacute;tica mundial. La colecci&oacute;n editada por Laura Nader Naked Science: Anthropological Inquiry into Boundaries, Power, and Knowledge (Routledge, 1996) ofrece muchos buenos ejemplos del primer enfoque. Una contribuci&oacute;n suya radica en el desaf&iacute;o a la noci&oacute;n de que cierta idea de &laquo;ciencia&raquo; como actividad t&eacute;cnico-racional geogr&aacute;fica fija m&aacute;s all&aacute; de la sociedad produce un conocimiento de mejor calidad que otras &laquo;formas del saber&raquo;. Pero la ciencia misma asume diferentes inflexiones intelectuales dependiendo de d&oacute;nde se practica. Uno de los cap&iacute;tulos m&aacute;s relevantes e interesantes en este aspecto es una comparaci&oacute;n de los campos de la primatolog&iacute;a en Jap&oacute;n y Canad&aacute; (Asquith, 1996). En este caso, las perspectivas de la &laquo;naturaleza de la naturaleza&raquo; reflejan supuestos no articulados sobre los roles de los grupos y los individuos en el comportamiento de simios y monos. En Jap&oacute;n, los primat&oacute;logos optan por la observaci&oacute;n de los grupos durante largos periodos, haciendo &eacute;nfasis en las relaciones inter- e intra-grupales, las jerarqu&iacute;as y la afiliaci&oacute;n de los individuos al grupo. En Canad&aacute;, el enfoque radica en la observaci&oacute;n intensa durante cortos periodos de las conductas adaptativas de los individuos. Estas diferencias no parecen ser coincidencia. La sociedad humana en Jap&oacute;n es c&eacute;lebre por su orientaci&oacute;n grupal en comparaci&oacute;n con la de Canad&aacute; o la de los Estados Unidos. Como el escrito de Donna Haraway Primate Visions (1989), sobre la manera en que se unen lo pol&iacute;tico y lo psicol&oacute;gico, este estudio es un ejemplo fascinante sobre cu&aacute;n inmersa en la cultura puede estar la ciencia y, por ende, sobre c&oacute;mo el conocimiento no se construye de la misma manera en todos los lugares aun cuando se conserven ciertos c&aacute;nones de observaci&oacute;n y registro de la informaci&oacute;n. Diversos &laquo;estudios sociales&raquo; de la ciencia llevan esta interpretaci&oacute;n al nivel del laboratorio y el sal&oacute;n de clases. En el contexto de la pol&iacute;tica mundial, lo que indican es que todo el conocimiento, incluyendo el que se atribuye la calificaci&oacute;n de ciencia, est&aacute; condicionado al menos socialmente. As&iacute;, el supuesto de la &laquo;anarqu&iacute;a&raquo; m&aacute;s all&aacute; de las fronteras del Estado no es un hecho objetivo sobre el mundo, sino m&aacute;s bien un reclamo construido socialmente por te&oacute;ricos y actores que operan en sitios y jurisdicciones condicionadores (universidades, centros de conocimiento, oficinas gubernamentales, etc.) que reproducen irreflexivamente el supuesto sin tener en cuenta su estatus de &laquo;verdad&raquo; emp&iacute;rica. Al hacerlo, por supuesto, y si es lo bastante fuerte, pueden convertirlo en verdad.</p>     <p>   El ejemplo de la primatolog&iacute;a, sin embargo, presume que el conocimiento viene empacado en contenedores territoriales con etiquetas como &laquo;Jap&oacute;n&raquo; y &laquo;Canad&aacute;&raquo; y por lo tanto dicha pr&aacute;ctica se ha desarrollado de manera separada en ambos pa&iacute;ses. A escala mundial, quiz&aacute; la caracter&iacute;stica notable de los siglos pasados haya sido la forma en la que se han incorporado la mayor&iacute;a de los lugares a los flujos de conocimiento dominado por los europeos y por extensiones de Europa al otro lado del oc&eacute;ano, como los Estados Unidos. &Eacute;sta es la historia, en la evocadora frase de Eric Wolf, de Europa y la Gente sin Historia (University of California Press, 1982). Desarrollado en especial por Edward Said (1978) y m&aacute;s recientemente por Walter Mignolo (2000) y otros, se considera que el colonialismo est&aacute; sentando las bases para la geopol&iacute;tica global del conocimiento. Inicialmente dando origen al tipo de conocimiento tipificado por el orientalismo, &eacute;ste ha dado lugar posteriormente a reacciones a las que suelen anexarse expresiones como &laquo;conocimientos subalternos&raquo; y &laquo;pensamiento fronterizo&raquo;. Desde tal punto de vista, la modernidad asociada a Europa ya no puede imaginarse como el &uacute;nico lugar de la epistemolog&iacute;a. Mignolo (2000:95), por ejemplo, hace &eacute;nfasis en lo que llama una &laquo;raz&oacute;n subalterna&raquo; como &laquo;una serie diversa de pr&aacute;cticas te&oacute;ricas que surgen de y responden a legados coloniales en la intersecci&oacute;n de la historia moderna euroamericana&raquo;. Gran parte de estos escritos centra la experiencia del colonialismo (en sus diferentes manifestaciones) como clave para la producci&oacute;n del conocimiento. En lugar de una experiencia singular, sin embargo, esto se considera plural. El &laquo;lugar de la teorizaci&oacute;n&raquo;, en el sentido de provenir de un lugar, venir de un lugar y estar en un lugar, condicionan lo que pueda o quiera decirse (Mignolo, 2000:115). Esto no significa que s&oacute;lo las personas de un lugar X puedan decir esto y aquello, sino que lo que se dice es una fusi&oacute;n de &laquo;circunstancias hist&oacute;ricas y sensibilidades personales&raquo;, lo que hace que &eacute;ste pueda ser el caso. Sin duda, las teor&iacute;as de la ciencia social, como la teor&iacute;a de la dependencia y g&eacute;neros literarios como el realismo m&aacute;gico, con sus obvias ra&iacute;ces en Latinoam&eacute;rica, as&iacute; como los estudios subalternos, con sus estrechos lazos con la India, sugieren que Mignolo ha dado en el clavo con esto. En efecto, &eacute;l sugiere que los Estados Unidos, como sociedad de colonizadores con sus ra&iacute;ces mismas en el colonialismo, puede mirarse tambi&eacute;n bajo una &oacute;ptica similar en lugar de verse simplemente como una extensi&oacute;n de Europa en Am&eacute;rica. Su lema &laquo;estoy donde pienso&raquo; ve con claridad la producci&oacute;n del conocimiento como geogr&aacute;ficamente relacional: reflejando historias coloniales particulares y c&oacute;mo ellas estimulan el contenido local generado por los nativos.</p>     <p>   Mi tercer tipo de geograf&iacute;a del conocimiento es fenomenol&oacute;gico, con su peso en la preocupaci&oacute;n por las formas de actuaci&oacute;n y conocimiento que los seres humanos traen para &laquo;estar en el mundo&raquo;. Partiendo de Martin Heidegger y otros fil&oacute;sofos, pero con ra&iacute;ces tambi&eacute;n en la disciplina de la geograf&iacute;a (Wright, 1947; Lowenthal, 1961), el inter&eacute;s aqu&iacute; radica m&aacute;s en establecer c&oacute;mo las concepciones de espacio, lugar y tiempo dependen por s&iacute; mismas de lo que Edward Casey (1996:19) llama la &laquo;dial&eacute;ctica de la percepci&oacute;n y el lugar&raquo; porque los seres humanos est&aacute;n &laquo;ineluctablemente limitados por el lugar&raquo;. Por supuesto, es un lugar com&uacute;n hoy en d&iacute;a decir que vivimos en un mundo que est&aacute; desterritorializ&aacute;ndose y &laquo;deslocaliz&aacute;ndose&raquo;. Sin embargo, emp&iacute;ricamente puede ser m&aacute;s &uacute;til decir que la situaci&oacute;n actual para muchas personas es &laquo;crisis y una modificaci&oacute;n de nuestra experiencia tradicional del espacio y el lugar&raquo; (H&ouml;nnighausen, 2005:46) m&aacute;s que una desespacializaci&oacute;n total de la vida. Como lo se&ntilde;ala Clifford Geertz: &laquo;Nadie vive en el mundo en general&raquo;. Los lugares reales, tanto en la experiencia como en la imaginaci&oacute;n, sirven para anclar concepciones sobre c&oacute;mo se estructura pol&iacute;ticamente el mundo, qui&eacute;n est&aacute; a cargo, d&oacute;nde y con qu&eacute; efectos, y qu&eacute; nos preocupa en este lugar. As&iacute;, los estadounidenses y los creadores de pol&iacute;ticas en este pa&iacute;s aplican a sus acciones en el mundo toda una serie de presuposiciones sobre aqu&eacute;l, derivadas de sus experiencias como &laquo;americanos&raquo;; en especial algunos relatos sobre la historia de los Estados Unidos y su &laquo;misi&oacute;n&raquo; en el mundo, que a menudo resultan obstaculizados por debates acad&eacute;micos sobre &laquo;teor&iacute;as&raquo; que no llegan a tener en cuenta este fundamental condicionamiento geogr&aacute;fico de fondo. Con cierta nota de iron&iacute;a, la misma visi&oacute;n del mundo en Heidegger podr&iacute;a servir para ilustrar este punto. Como ha afirmado hace poco Dean Lauer (2005), la geopol&iacute;tica de Heidegger era el resultado de su aparente filosof&iacute;a &laquo;acad&eacute;mica&raquo; del &laquo;estar ah&iacute;&raquo;.</p>     <p>EE.UU. y la antigua Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica, en esta construcci&oacute;n, universalizaban la victoria de los credos universalizantes sobre el estar en un lugar. En el contexto de la &eacute;poca posterior a la Segunda Guerra Mundial, en consecuencia, &laquo;Heidegger ve a Europa como atrapada entre las piedras angulares del liberalismo americano y el bolchevismo ruso&raquo; (Lauer, 2005:134). Seg&uacute;n esta l&oacute;gica, son metaf&iacute;sicamente lo mismo porque ellos, &laquo;Am&eacute;rica y Rusia&raquo;, est&aacute;n atrapadas en un &laquo;sombr&iacute;o frenes&iacute; tecnol&oacute;gico, la misma organizaci&oacute;n desarraigada del hombre promedio. En una &eacute;poca en la que los rincones m&aacute;s rec&oacute;nditos del globo han sido conquistados por la tecnolog&iacute;a y abiertos a la explotaci&oacute;n econ&oacute;mica&raquo; (Heidegger, 1987:37). Por supuesto, ambos credos ten&iacute;an en realidad ra&iacute;ces geogr&aacute;ficas definidas, sus propios estar en el lugar, aun cuando se embarcaron en una competencia hegem&oacute;nica global.</p>     <p>   C&oacute;mo han reclutado partidarios los credos universalizantes m&aacute;s all&aacute; de sus lugares de origen es la principal preocupaci&oacute;n del cuarto enfoque. &Eacute;ste podr&iacute;a pensarse como una cuesti&oacute;n de difusi&oacute;n espacial. A decir verdad, hay algo de esto en ello. As&iacute;, algunos se han centrado en la forma como se difunden las ideas sobre los partidos y otras formas institucionales por imitaci&oacute;n de un pa&iacute;s a otro (ve&aacute;se por ejemplo, Pombeni, 2005), mientras que otros han rastreado la influencia de la conversi&oacute;n intelectual en la difusi&oacute;n de las pol&iacute;ticas fiscales y monetarias de corte neoliberal, por ejemplo (un caso est&aacute; en Biersteker, 1995). De manera m&aacute;s hol&iacute;stica, sin embargo, el concepto de &laquo;hegemon&iacute;a&raquo; en Gramsci es &uacute;til para tratar de entender c&oacute;mo las elites (y las poblaciones) aceptan e incluso aclaman ideas y pr&aacute;cticas sobre la pol&iacute;tica mundial y su lugar en ellas que son importadas de pa&iacute;ses y organizaciones m&aacute;s poderosos. En un reciente libro (Agnew, 2005) he tratado de mostrar que si bien parte de la hegemon&iacute;a estadounidense en el mundo contempor&aacute;neo consiste en &laquo;enrolar&raquo; a otros en sus pr&aacute;cticas de consumo y mentalidad de mercado, tambi&eacute;n se adapta en la medida en que lo hace ajust&aacute;ndose a normas y pr&aacute;cticas locales. Esto hace parte de su &laquo;genio&raquo;. Durante la Guerra Fr&iacute;a, la alternativa sovi&eacute;tica siempre plante&oacute; el riesgo de la divisi&oacute;n pol&iacute;tica entre los seguidores porque involucraba la adopci&oacute;n de una serie de medidas pol&iacute;tico-econ&oacute;micas m&aacute;s que un paquete de mercadeo que pudiera acomodarse a circunstancias locales en la medida en que respondiera a ciertos criterios m&iacute;nimos de conformidad a las normas gobernantes. Hoy en d&iacute;a, el conflicto entre el Islam militante y el gobierno de los Estados Unidos se trata en gran medida de resistir el llamado de una hegemon&iacute;a estadounidense cada vez m&aacute;s desligada del patrocinio directo de este pa&iacute;s y con muchos defensores en el mundo musulm&aacute;n mismo. El mensaje parece ser: mejor hacer el intento y socavarla mientras a&uacute;n parece tener una sede fija.</p>     <p>   Finalmente, aun frente a tendencias hegem&oacute;nicas, no menos que la de la difusi&oacute;n mundial del conocimiento cient&iacute;fico, el donde sigue teniendo importancia, pero con respecto a c&oacute;mo se entienden las ideas (c&oacute;mo se leen los textos) m&aacute;s que en t&eacute;rminos de d&oacute;nde se produce originalmente el nuevo conocimiento. As&iacute;, al hacer un recuento de varias diferencias en la forma como se construy&oacute; en varios escenarios la teor&iacute;a biogeogr&aacute;fica de Darwin sobre la evoluci&oacute;n por selecci&oacute;n natural, David Livingstone (2005) sugiere, citando a Edward Said (1991), que la &laquo;teor&iacute;a viaja&raquo;. Esto no quiere decir simplemente que los textos y las ideas se muevan de un lugar a otro, sino tambi&eacute;n que al hacerlo se modifican. En cierto sentido, por lo tanto, el conocimiento se construye en la medida en que circula; nunca se desarrolla en un lugar para luego consumirse en otro. En la pol&iacute;tica mundial, las ideas constitutivas del llamado realismo, como lo plantearon Maquiavelo, Hobbes y otros, han asumido, a manos de los acad&eacute;micos alemanes refugiados en los Estados Unidos, como Morgenthau, y posteriormente a manos de te&oacute;ricos m&aacute;s americanizados, como Gilpin, una forma muy distinta de la que sus creadores podr&iacute;an haber sugerido alguna vez que fuera la cuesti&oacute;n. M&aacute;s notable aun es el hecho de que el llamado neorrealismo combina elementos de realismo pol&iacute;tico y econom&iacute;a liberal que han recorrido cierta distancia intelectual desde sus ra&iacute;ces geogr&aacute;ficas en la Italia del Renacimiento y la Escocia de finales del siglo XVIII, respectivamente.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   <font size="3" face="verdana"><b>Conclusi&oacute;n</b></font></p>      <p>   En resumen, he tratado de mostrar algunas de las maneras en las que podemos construir una &laquo;geograf&iacute;a del conocimiento&raquo; para la pol&iacute;tica mundial, que se base en algunas de las formas en las que se han incorporado el espacio y el lugar en estudios recientes sobre la producci&oacute;n de conocimiento y su circulaci&oacute;n. Mi objetivo no es defender ninguna de &eacute;stas por s&iacute; mismas. A decir verdad, creo que cada una ofrece algo distintivo y de utilidad para la tarea en conjunto. Ninguna ofrece una soluci&oacute;n total. La primera (la etnogr&aacute;fica) y la quinta (la geograf&iacute;a de la lectura) son las m&aacute;s &uacute;tiles para resaltar las pr&aacute;cticas de conocimiento y su condicionamiento social. Las otras tres llaman la atenci&oacute;n respecto a las condiciones pol&iacute;ticas en las cuales se produce y difunde el conocimiento, privilegiando, respectivamente, el colonialismo, el estar en el lugar y la hegemon&iacute;a. Cualquier recuento relativamente completo necesitar&iacute;a interrogar, relacionar y luego combinarlos todos. Eso est&aacute; por hacerse.</p>    <hr size="1">       <p><a href="#s1" name="1">1</a> Ph.D. Geography, Ohio State University</p>       <p>     <a href="#s2" name="2">2</a> Department of Geography</p>   <hr size="1">       <p>&nbsp;</p>      <p>   <font size="3" face="verdana"><b>Bibliograf&iacute;a</b></font></p>      <!-- ref --><p>   Agnew, J. 2005. Hegemony: The New Shape of Global Power. Filadelfia: Temple University Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000039&pid=S1794-2489200600010000300001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Asquith, P. 1996. &laquo;Japanese science and western hegemonies: primatology and the limits set to questions&raquo;, en L. Nader (ed.) Naked Science: Anthropological Inquiry into Boundaries, Power, and Knowledge. Nueva York: Routledge.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000040&pid=S1794-2489200600010000300002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Biersteker, T.J. 1995. &laquo;The "triumph" of liberal economic ideas in the developing world&raquo; en B. Stallings (ed.) Global Change. Regional Responses: The New International Context of Development. Cambridge: Cambridge University Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000041&pid=S1794-2489200600010000300003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Brennan, T. 2006. Wars of Position: The Cultural Politics of Left and Right. Nueva York: Columbia University Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000042&pid=S1794-2489200600010000300004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Casey, E. S. 1996. &laquo;How to get from space to place in a fairly short stretch of time&raquo; en S. Feld y K.H. Basso (eds.) Senses of Place. Santa Fe NM: School of American Research Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000043&pid=S1794-2489200600010000300005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Haraway, D. 1989. Primate Visions: Gender, Race and Nature in the World of Modern Science. Nueva York: Routledge.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000044&pid=S1794-2489200600010000300006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Heidegger, M. 1987. Introduction to Metaphysics. New Haven: Yale University Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000045&pid=S1794-2489200600010000300007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   H&ouml;nnighausen, L. 2005. &laquo;Where we are? Some methodological reflections on space, place, and postmodern reality&raquo; en K. Benesch y K. Schmidt (eds.) Space in America: Theory/History/Culture. 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Telos, 132:132-50.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000047&pid=S1794-2489200600010000300009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Livingstone, D.N. 2005. &laquo;Science, text and space: thoughts on the geography of reading&raquo; Transactions of the Institute of British Geographers, NS 30:391-401.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000048&pid=S1794-2489200600010000300010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Lowenthal, D. 1961. &laquo;Geography, experience, imagination: towards a geographical epistemology&raquo; Annals of the Association of American Geographers, 51:241-60.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000049&pid=S1794-2489200600010000300011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Massey, D. 2005. For Space. Londres: Sage.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000050&pid=S1794-2489200600010000300012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Mignolo, W.D. 2000. Local Histories/Global Designs: Coloniality, Subaltern Knowledges, and Border Thinking. Princeton: Princeton University Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000051&pid=S1794-2489200600010000300013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Pombeni, P. 2005. &laquo;Political models and political transfer in the shaping of Europe&raquo; European Review of History, 12:223-38.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000052&pid=S1794-2489200600010000300014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Said, E.W. 1978. Orientalism. Nueva York: Harper.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000053&pid=S1794-2489200600010000300015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Said, E.W. 1991. &laquo;Traveling theory&raquo; en The World, The Text and the Critic. Londres: Vintage.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000054&pid=S1794-2489200600010000300016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Wright, J.K. 1947. &laquo;Terrae Incognitae: the place of the imagination in geography&raquo; Annals of the Association of American Geographers, 37:1-15.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000055&pid=S1794-2489200600010000300017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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