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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Quintín Lame: resistencia y liberación]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">     <p align="center"><font size="4" face="verdana"><b>Quint&iacute;n Lame: resistencia y liberaci&oacute;n<sup><a href="#1" name="#s1">1</a></sup></b></font></p>      <p align="center"><font size="3" face="verdana">       <b>Quint&iacute;n Lame: Resistance and Liberation</b></font></p>     <p align="center"><font size="3" face="verdana">       <b>Quint&iacute;n Lame: resist&ecirc;ncia e liberta&ccedil;&atilde;o</b></font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p>   <b>LUIS GUILLERMO VASCO URIBE<sup><a href="#2" name="#s2">2</a></sup></b></p>     <p>   Investigador Independiente, Colombia   <a href="mailto:luguiva@cable.net.co">luguiva@cable.net.co</a></p>   <hr size="1">     <p>&nbsp;</p>     <p>    <center><img src="img/revistas/tara/n9/n9a14f1.jpg"></center></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   Cuando se habla del pensamiento propio ind&iacute;gena se suele hacer referencia al pensamiento tradicional, a la cosmovisi&oacute;n, a las historias propias y otros elementos similares. Pero aqu&iacute; quiero dirigir la atenci&oacute;n hacia una forma de pensamiento que, si bien es propio, no es tradicional ni viene de siglos; es el pensamiento de liberaci&oacute;n que expres&oacute; ya hace casi 100 a&ntilde;os Manuel Quint&iacute;n Lame.</p>     <p>   En una ocasi&oacute;n, en una charla en la Universidad Nacional, el senador ind&iacute;gena Jes&uacute;s Pi&ntilde;acu&eacute;, ya al final, cuando uno de los asistentes le pregunt&oacute; qu&eacute; pensaba de Quint&iacute;n Lame como guerrero (porque Pi&ntilde;acu&eacute; se hab&iacute;a referido a &eacute;l como escritor), respondi&oacute; de un modo muy claro y significativo: &laquo;&iquest;cu&aacute;l guerrero y cu&aacute;l guerra?, un mont&oacute;n de indios armados con machetes, palos y caucheras no fue una guerra&raquo;.</p>     <p>A ra&iacute;z de esa intervenci&oacute;n, mir&eacute; el pensamiento de Quint&iacute;n Lame un poco m&aacute;s all&aacute; de lo que lo hab&iacute;a hecho antes, en su ideario que est&aacute; publicado en el libro que dict&oacute; a sus secretarios y ayudantes, Los pensamientos del indio que se educ&oacute; dentro de las selvas colombianas, publicado como una parte de &laquo;En defensa de mi raza&raquo;, y tambi&eacute;n en algunos documentos que se editaron bajo el t&iacute;tulo de Las luchas del indio que baj&oacute; de la monta&ntilde;a al valle de la &laquo;civilizaci&oacute;n&raquo;. Al hacerlo, encontr&eacute; que en ese pensamiento estaba presente un aspecto fundamental, muy diferente de aqu&eacute;l en boga en ese entonces entre los ind&iacute;genas en Colombia, y con mayor raz&oacute;n del que est&aacute; vigente en las organizaciones y las reivindicaciones ind&iacute;genas de los &uacute;ltimos a&ntilde;os, en especial a partir de 1991.</p>     <p>   Manuel Quint&iacute;n Lame naci&oacute; en 1880 en la hacienda San Isidro, ubicada en los alrededores de Popay&aacute;n. Su abuelo Jacobo hab&iacute;a salido del resguardo de Lame, en Tierradentro, a causa de algunos problemas internos que se le presentaron all&iacute;, y se asent&oacute; en Silvia, en donde recibi&oacute; el apellido Lame por venir del resguardo del mismo nombre. All&iacute; naci&oacute; Mariano, padre de Manuel Quint&iacute;n, quien m&aacute;s tarde emigr&oacute; a la hacienda Polindara, en calidad de terrajero.</p>     <p>   Terrajero era quien pagaba terraje, y el terraje fue hasta hace unos treinta a&ntilde;os una relaci&oacute;n de car&aacute;cter feudal, servil, seg&uacute;n la cual un ind&iacute;gena deb&iacute;a pagar en trabajo gratuito dentro de la hacienda el derecho a vivir y usufructuar una peque&ntilde;a parcela, ubicada en las mismas tierras que les fueron arrebatadas a los resguardos ind&iacute;genas por los terratenientes, relaci&oacute;n que subsisti&oacute; hasta que fue barrida definitivamente por la lucha ind&iacute;gena que comenz&oacute; a desarrollarse a partir de 1970.</p>     <p>   Las tierras ind&iacute;genas de los resguardos fueron reconocidas como propiedad colectiva de las comunidades por la corona espa&ntilde;ola durante el per&iacute;odo colonial y constitu&iacute;an s&oacute;lo una parte de las tierras que pose&iacute;an los abor&iacute;genes a la llegada de los espa&ntilde;oles y desde &eacute;poca inmemorial, y no precisamente las mejores. Luego de la independencia de Colombia, la ley reconoci&oacute; esos resguardos y estableci&oacute; que eran tierras que no pod&iacute;an ser objeto de transacci&oacute;n comercial, ni pod&iacute;an ser embargadas.</p>     <p>   Pese a ello, durante el siglo XIX esas tierras comenzaron a pasar a manos de los terratenientes, y ellos a presentar escrituras p&uacute;blicas con las que pretend&iacute;an avalar su ocupaci&oacute;n. Se trataba de una ilegalidad absolutamente legal, como suele ser la ley en Colombia cuando responde a los intereses de las clases dominantes de la sociedad. Los terratenientes se apoderaron, pues, de las tierras que eran de los ind&iacute;genas, pero no para trabajarlas ellos ni sus familias, por lo cual necesitaban mano de obra para manejarlas, y la &uacute;nica disponible era la de los propios ind&iacute;genas despojados. Entregaban a estos peque&ntilde;as parcelas de tierra para que hicieran all&iacute; sus casas y tuvieran cultivos de pancoger (no pod&iacute;an sembrar ning&uacute;n cultivo permanente). La figura de esta entrega era la de arriendo, o sea, el terrateniente arrendaba a los ind&iacute;genas una parcela de la misma tierra que les acababa de expropiar, pero como estos en ese entonces no ten&iacute;a ning&uacute;n ingreso monetario, se ve&iacute;an obligados a pagar en trabajo gratuito para la hacienda, los hombres en las actividades agr&iacute;colas o ganaderas y las mujeres como sirvientas en la casa del patr&oacute;n. El trabajo duraba, como cuentan los ind&iacute;genas, de sol a sol y &uacute;nicamente se les daba media hora para comer algo que hubieran tra&iacute;do desde sus casas. Si no mor&iacute;an de hambre era porque los terratenientes no los obligaban a que pagaran terraje todos los d&iacute;as del mes, sino que les dejaban un poco de tiempo para que pudieran producir sus alimentos en la peque&ntilde;a parcela que ocupaban.</p>     <p>   Quint&iacute;n Lame naci&oacute; y se cri&oacute; en una de esas haciendas y fue terrajero desde muy ni&ntilde;o, pues los ni&ntilde;os tambi&eacute;n pagaban terraje, solamente que apenas les descontaban medio d&iacute;a por cada d&iacute;a de trabajo.</p>     <p>   A&ntilde;os despu&eacute;s, Quint&iacute;n Lame tomar&iacute;a conciencia de lo que implicaba ser terrajero y no quiso serlo m&aacute;s; entonces propuso a su patr&oacute;n que le vendiera la parcela donde trabajaba y el due&ntilde;o de la hacienda se neg&oacute;, dici&eacute;ndole: &laquo;&iquest;Se te ocurre indio, que voy a pedaciar mi finca&raquo;?, seg&uacute;n cuenta el historiador Diego Castrill&oacute;n Arboleda.</p>     <p>   Con el paso del siglo XIX al XX, el Cauca, como siempre ocurri&oacute; desde la independencia, se vio envuelto en una nueva guerra, la de los Mil D&iacute;as, y Quint&iacute;n Lame fue alistado a la fuerza en el ej&eacute;rcito del Cauca, que era uno de los contendientes; le toc&oacute; combatir en Buenaventura y en algunos otros lugares del suroccidente del pa&iacute;s, cosa que le permiti&oacute; conocer el mundo por fuera de la hacienda, porque los terrajeros no pod&iacute;an salir de ella sin autorizaci&oacute;n de los terratenientes y si no era para asuntos de los patrones; de ah&iacute; que su mundo estaba confinado durante toda su vida por los l&iacute;mites de las tierras usurpadas. M&aacute;s adelante, estando acantonado en Popay&aacute;n, el general Carlos Alb&aacute;n lo convirti&oacute; en su ordenanza, en su paje, y lo llev&oacute; con la tropa a Panam&aacute;, poco antes de que los Estados Unidos arrebataran esta provincia a los colombianos. Manuel Quint&iacute;n estuvo all&iacute; durante siete meses y cay&oacute; enfermo a causa del clima, raz&oacute;n por la cual lo devolvieron a su tierra; es muy posible que en Panam&aacute; Quint&iacute;n Lame hubiera conocido la lucha guerrillera de Victoriano Lorenzo, un ind&iacute;gena guaym&iacute;, cuyo accionar fue clave para la victoria de los ej&eacute;rcitos liberales sobre los conservadores en el istmo.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   A su vuelta, Quint&iacute;n se relacion&oacute; con abogados de Popay&aacute;n y estudi&oacute; las leyes, visit&oacute; archivos en b&uacute;squeda de los t&iacute;tulos de los resguardos, elabor&oacute; y envi&oacute; cientos de memoriales, demandas y solicitudes, pero todo eso fue in&uacute;til para lograr la devoluci&oacute;n de las tierras de los indios, llev&aacute;ndolo a tomar conciencia de que, en Colombia, la ley es ilegal, es &laquo;subversiva&raquo;, porque trastoca el orden natural de las cosas, y a entender que ese camino legal no constituye soluci&oacute;n para los problemas de los indios; comienza entonces a transformar su pensamiento, primero, orientando su lucha a terminar con el terraje y, posteriormente, a proponerse la liberaci&oacute;n de los ind&iacute;genas.</p>     <p>De su experiencia y sus estudios extrajo su primera gran conclusi&oacute;n: que los ind&iacute;genas son quienes tienen derecho a las tierras porque las han ocupado y trabajado inmemorialmente y que por lo tanto no tienen por qu&eacute; pagar terraje, no tienen por qu&eacute; pagar arriendo por las parcelas en que viven y mucho menos trabajar el resto de las tierras para unas personas que no son leg&iacute;timos propietarios, porque los blancos, dice, no son de aqu&iacute;, sino que llegaron para arrebatarles la tierra por la fuerza en la guerra de conquista. A partir de aqu&iacute; desarrolla dos conceptos muy claros: los de &laquo;invasi&oacute;n&raquo; y &laquo;usurpaci&oacute;n&raquo;; son los blancos quienes invadieron a los ind&iacute;genas y usurparon sus tierras. Con estas bases, afirma que &laquo;solo los indios somos los verdaderos due&ntilde;os de esta tierra de Colombia, porque toda Am&eacute;rica es bald&iacute;a&raquo;, es decir que quienes se las han apropiado no tienen sobre ellas t&iacute;tulos leg&iacute;timos que avalen su posesi&oacute;n.</p>     <p>   Con este criterio y con esos conceptos Quint&iacute;n Lame comienza un trabajo que poco a poco va deslegitimando entre los ind&iacute;genas el derecho de propiedad de los grandes terratenientes, de los hacendados. Recorre toda la regi&oacute;n, de casa en casa, reuni&eacute;ndose con la gente hasta convencerla. El movimiento ind&iacute;gena de comienzos de los a&ntilde;os setenta del siglo XX retomar&iacute;a esta experiencia, pues la gran mayor&iacute;a de los ind&iacute;genas pensaba que los terratenientes eran los due&ntilde;os, que quitarles la tierra era un robo y que robar era pecado (como se les dec&iacute;a en las iglesias). As&iacute; como hizo antes Quint&iacute;n, se buscaron y encontraron los t&iacute;tulos de los resguardos, el principal de todos: el t&iacute;tulo colonial legado por Juan Tama. Tambi&eacute;n se encontraron los reconocimientos de la validez de estos t&iacute;tulos hechos por la ley colombiana despu&eacute;s de la independencia. Con ellos se recalcaba que las tierras de los resguardos no se pod&iacute;an perder por ning&uacute;n concepto, ni por venta ni por compra ni por embargo ni por hipoteca. Fue un trabajo de varios a&ntilde;os para que el grueso de los ind&iacute;genas del Cauca y Nari&ntilde;o se convencieran de que ellos eran los propietarios de las tierras, que los terratenientes eran invasores y usurpadores, y se decidieran a entrar a recuperarlas.</p>     <p>   Manuel Quint&iacute;n hab&iacute;a adquirido tambi&eacute;n el saber acerca del papel que cumplen las leyes en una sociedad de clases y afirmaba que las leyes son el fundamento de la injusticia, que los jueces, tribunales, abogados y todo el aparato legal estaban a favor de los terratenientes y en contra de los indios. A diferencia de esto, entre nosotros, hoy, muchos consideran que las leyes son justas y que el problema est&aacute; en su incumplimiento. Llevan tiempos estudiando y leyendo en colegios y universidades, pero piensan de esta manera. En cambio, Quint&iacute;n Lame, pese a ser casi analfabeta, hab&iacute;a logrado entender el car&aacute;cter de las leyes en una sociedad de clases; de ah&iacute; deriv&oacute; la idea de que si ellas fundamentan la injusticia, no se trata ya de hacer juicios ni pleitos ni memoriales, ni acudir a abogado, ni a juzgados, ministerios o congresos. Al contrario, su planteamiento fue el de organizar a los ind&iacute;genas para lograr que &laquo;una columna formada por ind&iacute;genas se levantar&aacute; el d&iacute;a de ma&ntilde;ana para reivindicar sus derechos&hellip; y el d&iacute;a llegar&aacute; cuando el indio colombiano recuperar&aacute; su trono&raquo;. Con esta claridad convenci&oacute; a la gente de las comunidades del Cauca, sobre todo a paeces y guambianos, para que se organizaran, porque ten&iacute;an derecho a hacerlo y para recuperar las tierras que eran suyas. Pues, tambi&eacute;n ten&iacute;a claro que para conseguir este objetivo se necesitaba una organizaci&oacute;n.</p>     <p>   As&iacute; lo entendi&oacute; tambi&eacute;n en la d&eacute;cada de los setenta del siglo pasado el movimiento ind&iacute;gena del Cauca, cuando se cre&oacute; el Consejo Regional Ind&iacute;gena del Cauca. Comprendi&oacute; que la organizaci&oacute;n que condujera a los ind&iacute;genas en la lucha no pod&iacute;a quedarse solamente en los cabildos de los resguardos, primero, porque cada cabildo &uacute;nicamente era autoridad dentro de su peque&ntilde;o resguardo y, segundo, porque esos cabildos hab&iacute;an sido creados por los espa&ntilde;oles para su servicio, y as&iacute; funcionaban todav&iacute;a en lo fundamental luego de cien a&ntilde;os de la independencia: eran instituciones de dominaci&oacute;n de la sociedad nacional sobre los ind&iacute;genas; objetivo para el cual los hab&iacute;an creado los espa&ntilde;oles. Eran, como se llam&oacute; despu&eacute;s a esta clase de instituciones, gobiernos t&iacute;teres, integrados por ind&iacute;genas pero a &oacute;rdenes de los no ind&iacute;genas y para el provecho de estos; as&iacute;, los cabildos eran movidos y mandados por los curas, por los politiqueros, por las autoridades de los pueblos, por la polic&iacute;a.</p>     <p>   Quint&iacute;n Lame no ve&iacute;a en los cabildos la forma de organizaci&oacute;n que iba a permitir la lucha, aunque por una raz&oacute;n diferente a la del movimiento de la segunda mitad del pasado siglo. En lo fundamental, la clase de vida en la que creci&oacute; y form&oacute; sus ideas primeras fue la del terrajero; y en las haciendas de terraje no hab&iacute;a cabildos; all&iacute; la autoridad era ejercida directamente por el hacendado, por el terrateniente; &eacute;l constitu&iacute;a la autoridad pol&iacute;tica, econ&oacute;mica, social y hasta religiosa. Quint&iacute;n no conoc&iacute;a suficientemente los cabildos ni las relaciones de estos con sus comunidades. No logr&oacute; darse cuenta, como si lo hizo el movimiento ind&iacute;gena cincuenta a&ntilde;os m&aacute;s tarde, que era posible dar la vuelta al papel que cumpl&iacute;an esos cabildos y convertirlos en herramientas de lucha para la recuperaci&oacute;n, lo que origin&oacute; la lucha por &laquo;recuperar los cabildos&raquo;.</p>     <p>   Manuel Quint&iacute;n crey&oacute; necesaria la existencia de una autoridad central que unificara a todos los ind&iacute;genas, los del Cauca, primero, y, luego, los de todo el pa&iacute;s; y solicit&oacute; que reconocieran en &eacute;l a esa autoridad design&aacute;ndolo Cacique General de los Ind&iacute;genas de Colombia, y as&iacute; lo hicieron muchos de los cabildos del Cauca y de Nari&ntilde;o y, a&ntilde;os despu&eacute;s, algunos del Tolima. Con esto, Quint&iacute;n Lame dej&oacute; de lado la forma de organizaci&oacute;n que hab&iacute;an creado los espa&ntilde;oles para dominar a los ind&iacute;genas y que la ley colombiana hab&iacute;a mantenido, y regres&oacute; a la forma de organizaci&oacute;n pol&iacute;tica que hab&iacute;a habido en el Cauca antes de la llegada de los espa&ntilde;oles: el cacicazgo.</p>     <p>   Los cacicazgos todav&iacute;a estaban vigentes en la mentalidad, en la acci&oacute;n y en la vida de los ind&iacute;genas, aunque ya no como autoridades reconocidas por la naci&oacute;n colombiana. As&iacute; lo muestra el hecho de que a mediados de los a&ntilde;os 20 del siglo XX, el gobierno del Cauca pidi&oacute; al gobierno nacional que obligara al cumplimiento de la ley, la cual establec&iacute;a que el per&iacute;odo de los gobernadores de los cabildos era s&oacute;lo de un a&ntilde;o, al cabo de los cuales ten&iacute;an que ser remplazados; la justificaci&oacute;n de esta petici&oacute;n establec&iacute;a que los ind&iacute;genas estaban reeligiendo a los mismos gobernadores a&ntilde;o tras a&ntilde;o, con lo cual hab&iacute;an conseguido &laquo;perpetuar los cacicazgos&raquo;, que no eran convenientes y estaban prohibidos por la ley.</p>     <p>   Una idea muy extendida entre los ind&iacute;genas del sur de Am&eacute;rica, en Ecuador, Per&uacute;, Bolivia, norte de Argentina, aunque poco en Colombia, es la idea del Pachacutec. Seg&uacute;n ella, cada que se cumple un ciclo fundamental de tiempo, el mundo se da vuelta y queda al rev&eacute;s. Es decir, lo que est&aacute; abajo queda arriba y lo que est&aacute; arriba queda abajo. Igualmente Quint&iacute;n Lame, sin emplear el t&eacute;rmino quechua, consideraba que el mundo se dar&iacute;a vuelta y comenzar&iacute;a una nueva era y &laquo;as&iacute; rescatar&aacute; la raza ind&iacute;gena sus derechos en Colombia y quedar&aacute; el blanco de arrendatario del ind&iacute;gena&raquo;. Se dar&iacute;a, pues, una ruptura con el estado de cosas, pero, al mismo tiempo, &eacute;ste se conservar&iacute;a al mantener la relaci&oacute;n de terrazguer&iacute;a, aunque invertida.</p>     <p>   En ese entonces su programa ya no se contentaba s&oacute;lo con proclamar la eliminaci&oacute;n del terraje, como ocurri&oacute; en los primeros a&ntilde;os de su lucha, sino que se propuso expulsar a los blancos de los territorios ind&iacute;genas; este es el criterio que marcar&aacute; en adelante su campa&ntilde;a, la llamada &laquo;Quintinada&raquo;. Los ind&iacute;genas se organizaron y se armaron, como expres&oacute; Pi&ntilde;acu&eacute;, con palos, hondas, machetes y azadones y comenzaron a atacar y a tomar las haciendas, en ocasiones hasta quem&aacute;ndolas; en algunos sitios dieron plazo a los blancos que viv&iacute;an en ellos para que abandonaran esos territorios y, por supuesto, combatieron a las tropas enviadas para perseguirlos. Incluso llegaron a tomar algunos pueblos, como Inz&aacute; y Belalc&aacute;zar, ambos en Tierradentro.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   Para consolidar y desarrollar ese poder territorial que iba avanzando, Quint&iacute;n se propuso crear lo que denomin&oacute; un &laquo;Gobierno Chiquito&raquo;, y aseguraba: &laquo;Mi gobierno chiquito se enfrentar&aacute; al gobierno grande de los blancos, que nos han explotado y usurpado nuestras tierras... Hoy van a reventar los ca&ntilde;ones de mi gobierno chiquito que estoy enfrentando al gobierno grande de los blancos&raquo;.</p>     <p>   Sin embargo, aunque ese gobierno centrado alrededor suyo como cacique no se basaba en los cabildos ni en los resguardos, s&iacute; le permiti&oacute; utilizar como un primer punto de apoyo la relativa, recortada y peque&ntilde;a autonom&iacute;a que, de todas maneras, tanto el resguardo como el cabildo permit&iacute;an a los ind&iacute;genas en las tierras comunitarias, con el fin de romper la situaci&oacute;n total de negaci&oacute;n de autonom&iacute;a que se daba en las haciendas, en donde el mayordomo y el terrateniente eran due&ntilde;os de la &laquo;vida y honra&raquo; de los indios; incluso en ellas exist&iacute;a, como parte integrante del terraje, el derecho de pernada, es decir que el terrateniente o el mayordomo ten&iacute;an derecho a la primera noche de toda mujer ind&iacute;gena reci&eacute;n casada.</p>     <p>En 1915, Lame consider&oacute; que ya exist&iacute;a la base para un levantamiento en el que &laquo;todos los indios deb&iacute;an alzarse y adue&ntilde;arse de las haciendas de la cordillera y, en el cabildo de Cajib&iacute;o, se festejar&iacute;a el triunfo inevitable&hellip; proclam&aacute;ndolo a &eacute;l, Quint&iacute;n Lame, Mariscal General de los Indios de Colombia. Despu&eacute;s se deslindar&iacute;a la raza india de la blanca, se distribuir&iacute;an las tierras equitativamente y se establecer&iacute;a un &ldquo;Gobierno Chiquito&rdquo;, dirigido por &eacute;l, para enfrentarlo al &ldquo;Gobierno Grande&rdquo; de los blancos&raquo;, como anuncia un Informe del Secretario de Gobierno del Cauca. Denunciado por el gobernador ind&iacute;gena de Julumito, fue detenido en Coetando, Tierradentro, y llevado a la c&aacute;rcel en Popay&aacute;n. All&iacute; asumi&oacute; una actitud retadora y desafiante y se defendi&oacute; a s&iacute; mismo mediante varios memoriales; fue liberado despu&eacute;s de nueve meses en la prisi&oacute;n y regres&oacute; a sus tierras, desde donde no tard&oacute; en comenzar de nuevo su trabajo de organizaci&oacute;n y movilizaci&oacute;n de los ind&iacute;genas de ambos lados de la cordillera en preparaci&oacute;n de un nuevo levantamiento.</p>     <p>   Durante este per&iacute;odo fue organizando cada vez m&aacute;s su &laquo;gobierno chiquito&raquo;. El departamento del Cauca fue dividido en secciones, cada una de ellas bajo la direcci&oacute;n de un secretario general, cuya autoridad se extend&iacute;a incluso sobre los gobernadores de los cabildos ind&iacute;genas. En las otras regiones, Valle, Huila, Tolima y Nari&ntilde;o, design&oacute; gobernadores generales de departamento para la direcci&oacute;n de las parcialidades.</p>     <p>   Con este aparato de &laquo;gobierno&raquo;, su direcci&oacute;n se fortaleci&oacute; en las comunidades, llegando a orientar la participaci&oacute;n en las elecciones en apoyo a candidatos que considerara favorables para &laquo;aser (sic) el triunfo de los indios&raquo;. Durante la mayor parte de su vida, Quint&iacute;n Lame tuvo alg&uacute;n tipo de relaci&oacute;n con los dos partidos pol&iacute;ticos tradicionales en Colombia: liberales y conservadores, buscando utilizarlos para dar fuerza a su lucha, sin lograrlo; incluso, cay&oacute; preso en 1917 por una celada que le tendieron cuando iba a reunirse con el directorio liberal de Popay&aacute;n. No por eso dejaba de tener claridad respecto a la esencia de unos y otros en relaci&oacute;n con los indios; por eso afirmaba que &laquo;Debemos no ponerle acato se&ntilde;ores ind&iacute;genas colombianos es a la pol&iacute;tica de negocio que han tenido con nosotros esos dos viejos partidos liberal y conservador. Porque en la ante-v&iacute;spera y v&iacute;spera de las elecciones parece que est&aacute;n enamorando a una mujer bonita, ofreciendo miles de cosas, o sean miles de promesas&hellip;&raquo;; y tambi&eacute;n que &laquo;los conservadores los hab&iacute;an perseguido en forma ordinaria, mientras que los liberales lo hicieron en forma extraordinaria&raquo;.</p>     <p>   Pero, a diferencia de tales relaciones y a causa de su postura como conservador, Lame era contrario a los comunistas. Sin embargo, Jos&eacute; Gonzalo S&aacute;nchez, quien fue secretario de Quint&iacute;n Lame en el Cauca, ingres&oacute; al partido comunista en los a&ntilde;os treinta, estuvo en la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica, conoci&oacute; la experiencia sovi&eacute;tica de soluci&oacute;n del problema nacional, del problema de las nacionalidades y las minor&iacute;as nacionales, y gran parte de su trabajo de esos a&ntilde;os, hasta su asesinato en 1952, estuvo basado en tales experiencias, lo cual motiv&oacute; a que Manuel Quint&iacute;n rompiera con &eacute;l. Reci&eacute;n fundado el Partido Comunista, a principios de los a&ntilde;os 30, un ind&iacute;gena del Tolima, Eutiquio Timote, quien hab&iacute;a trabajado tambi&eacute;n con Quint&iacute;n Lame, fue su primer candidato a la presidencia de la rep&uacute;blica. Pero en ese momento, Quint&iacute;n ya hab&iacute;a roto con &eacute;l.</p>     <p>   En 1916 es detenido nuevamente, esta vez en San Isidro, y encarcelado en Popay&aacute;n, mientras los indios se movilizan en su defensa. Agustina Chantre, su cu&ntilde;ada, dijo a Castrill&oacute;n que &laquo;toda esa gente escurec&iacute;a esas lomas&raquo;. Durante todo el d&iacute;a, los indios lucharon contra el ej&eacute;rcito por toda la regi&oacute;n, siendo derrotados al caer la tarde, dejando un buen n&uacute;mero de muertos y heridos. Tres meses estuvo Manuel Quint&iacute;n en la c&aacute;rcel, asegurado con grilletes, antes de que el juez decretara su libertad condicional. Mientras tanto, el miedo hizo que las haciendas de la cordillera fueran siendo abandonadas por sus propietarios.</p>     <p>   Al salir de la prisi&oacute;n se traslada a Tierradentro y, en el p&aacute;ramo de Guanacas, se coloca otra vez al frente de sus gentes, con la consigna &laquo;reconquista completa de Tierradentro y la expulsi&oacute;n de los blancos&raquo;, dando un ultim&aacute;tum a la poblaci&oacute;n de Belalc&aacute;zar para que desocupara el pueblo, sin conseguirlo. D&iacute;as despu&eacute;s ataca y toma a Inz&aacute;, pese a la oposici&oacute;n de algunos indios capitaneados por el indio P&iacute;o Collo, azuzado por el alcalde municipal. Desde Valle, Huila y Popay&aacute;n fueron enviadas tropas para combatirlo, oblig&aacute;ndolo a desplazarse hacia Malvaz&aacute; y Totor&oacute;. A finales del a&ntilde;o, avanza velozmente sobre El Hatico, San Antonio, Polindara y Novirao. A su paso, las haciendas son asaltadas y tomados el ganado y los comestibles. Ante la presi&oacute;n del ej&eacute;rcito, se desplaza al Tolima y el Huila y de all&iacute; regresa por Tierradentro y se dirige hacia el centro del Cauca, desencadenando una guerra de guerrillas y llenando de terror a los payaneses.</p>     <p>   Con el pretexto de una reuni&oacute;n con el directorio liberal, es atra&iacute;do hasta El Cofre; all&iacute; se le tiende una celada y se le detiene el 10 de mayo de 1917, junto con nueve de sus principales dirigentes. Cargado de cadenas, se le conduce a la ciudad pasando por el Puente del Humilladero. Toda la clase dirigente de Popay&aacute;n, que durante siete a&ntilde;os ha estado temblando de pavor ante Quint&iacute;n Lame y su gente, sale a la calle a burlarse de &eacute;l, a insultarlo y a escupirlo.</p>     <p>   Preso, sometido a humillaciones y maltratos, expresa en uno de sus memoriales, dirigido al fiscal del juzgado, que es &laquo;tratado como una bestia, como un m&aacute;rtir, como una v&iacute;ctima&raquo;. Detenido en estas condiciones durante casi cuatro a&ntilde;os antes de ser juzgado, Manuel Quint&iacute;n asume su propia defensa, porque no confiaba en la justicia ni en los que la aplican y se conducen de acuerdo con ella: abogados, jueces, magistrados. En su intervenci&oacute;n, que se extiende durante 15 d&iacute;as consecutivos, reivindica los principios del derecho ind&iacute;gena a ser due&ntilde;os de la tierra, a tener su propia autoridad y a vivir con autonom&iacute;a. Condenado por el jurado a m&aacute;s de cuatro a&ntilde;os de prisi&oacute;n, es liberado en agosto de 1921.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Al salir libre, y luego de la tremenda represi&oacute;n que en el Cauca ha seguido a su captura, va al Tolima, en donde ya se encuentra quien hab&iacute;a sido su secretario, Jos&eacute; Gonzalo S&aacute;nchez. &Eacute;ste, siguiendo el ejemplo de Quint&iacute;n, ha ido a movilizar y a levantar a los ind&iacute;genas del Tolima, pero ya no con la idea lamista de organizarlos para luchar en una guerra, sino, por un lado, en busca de recuperar los resguardos, que en el Tolima han sido todav&iacute;a m&aacute;s usurpados y destruidos que en el Cauca y, por el otro, tratando de retomar los cabildos, que han sido disueltos. Juntos, Lame y S&aacute;nchez logran constituir un gobierno ind&iacute;gena al que denominan &laquo;Consejo Supremo de Indios&raquo;, cuya sede se encuentra en una poblaci&oacute;n tambi&eacute;n creada por ellos, San Jos&eacute; de Indias o Llanogrande, en Ortega. En la regi&oacute;n, Quint&iacute;n Lame dedica gran parte de sus esfuerzos a la creaci&oacute;n de escuelas ind&iacute;genas, en especial una en San Jos&eacute; de Indias, dirigida por una maestra blanca que le hizo la propuesta.</p>     <p>   En esta nueva etapa de su lucha, Quint&iacute;n Lame vuelve a su forma de pensar y actuar del primer per&iacute;odo del Cauca y abandona el pensamiento de &laquo;liberaci&oacute;n ind&iacute;gena&raquo; para retomar el de &laquo;resistencia ind&iacute;gena&raquo;, dentro de los marcos del sistema y de la ley, en particular la Ley 89 de 1890. De nuevo env&iacute;a memoriales a los gobiernos central y departamental e incluso plantea la posibilidad de elegir senadores ind&iacute;genas. Con esa idea, viaja a Bogot&aacute; para entregar un documento a los &laquo;altos poderes&raquo; y tratar de entrevistarse con el Presidente de la Rep&uacute;blica.</p>     <p>   Durante esta lucha logra la reconstituci&oacute;n del cabildo de Ortega y Chaparral y el reconocimiento del Resguardo de Ortega Chaparral, pero los terratenientes contin&uacute;an manteniendo sus haciendas en las tierras de resguardo, contando con el apoyo de las autoridades departamentales y municipales. Y ampl&iacute;a su acci&oacute;n a las parcialidades del Huila, en donde emplea la estrategia de &laquo;mingas&raquo; que tanto &eacute;xito le hab&iacute;a dado en el Cauca. Hasta que un choque armado con la polic&iacute;a de Neiva, en el cual resultaron 3 ind&iacute;genas muertos y numerosos heridos, lo obliga a refugiarse otra vez en el Tolima.</p>     <p>   All&iacute;, en 1931, los terratenientes y politiqueros del departamento organizan el asalto a la poblaci&oacute;n de San Jos&eacute; de Indias y masacran a los ind&iacute;genas. El resultado es de 17 ind&iacute;genas muertos y 37 heridos y el incendio de la poblaci&oacute;n. Lame huye y es perseguido por toda la regi&oacute;n; capturado ese mismo a&ntilde;o, permanece en la c&aacute;rcel durante dos a&ntilde;os. Al salir, se dedica por completo a la lucha legal, enviando memoriales, dictando conferencias, entrevist&aacute;ndose con las autoridades, incluso llega a ser elegido gobernador del cabildo de Ortega. Pero la violencia pol&iacute;tica y antiindia va desmovilizando a sus gentes, dispers&aacute;ndolas, y Quint&iacute;n se va sintiendo cada vez m&aacute;s solo. Y ve como sus acciones producen cada vez menos resultados. Esta es la &eacute;poca en que comienza a dictar su libro. En 1942 viaja in&uacute;tilmente a Bogot&aacute;, mientras los indios siguen siendo desplazados de sus tierras por la violencia terrateniente.</p>     <p>   Respecto al pensamiento de liberaci&oacute;n ind&iacute;gena expresado por Quint&iacute;n Lame, se podr&iacute;a reflexionar c&oacute;mo alguien pod&iacute;a creer posible que los ind&iacute;genas pudieran volver a vivir en libertad en sus antiguos territorios; pero hay que tener en cuenta el contexto hist&oacute;rico social de ese momento del siglo XX. La poblaci&oacute;n ind&iacute;gena constitu&iacute;a cerca del 20% de la poblaci&oacute;n colombiana y durante todo el per&iacute;odo republicano, en especial en el suroccidente del pa&iacute;s, los indios hab&iacute;an sido una fuerza importante en la larga sucesi&oacute;n de las guerras civiles. Por otra parte, tambi&eacute;n conformaban la base social y econ&oacute;mica sobre la cual se asentaba el poder pol&iacute;tico de los caudillos caucanos. De ah&iacute; que el dirigente liberal Rafael Uribe Uribe, asesinado en las afueras del capitolio en un crimen de Estado que permanece impune, pudiera escribir en su memoria sobre la &laquo;Reducci&oacute;n de salvajes&raquo;, en 1907, dirigi&eacute;ndose al Presidente de la Rep&uacute;blica, al arzobispo y obispos, a los gobernadores departamentales y la Academia de Historia:</p>     <p>   El constante testimonio de la Historia y de la experiencia contempor&aacute;nea demuestran que dondequiera que una raza civilizada se pone en contacto con una raza b&aacute;rbara, se plantea ipso facto este dilema: la primera se ve forzada a exterminar o esclavizar la segunda, o ense&ntilde;arle su lengua (citado por Pineda Camacho, 1984:207).</p>     <p>   Y tambi&eacute;n:</p>     <p>   Como se ve, la poblaci&oacute;n cristiana posee apenas una reducida porci&oacute;n de la parte central de esa enorme &aacute;rea llamada Colombia: casi toda la circunferencia est&aacute; en poder del salvaje, que posee tambi&eacute;n las regiones m&aacute;s f&eacute;rtiles..... De manera que en la mayor porci&oacute;n del suelo patrio no pueden establecerse familias nacionales o extranjeras sin exponerse a los ataques de los b&aacute;rbaros..... De donde se deduce que domesticarlos..... equivale a verificar la conquista de un territorio casi del tama&ntilde;o de Europa y con certeza m&aacute;s rico..... Evidentemente, el hecho de la existencia de 300.000 b&aacute;rbaros dominando la mayor parte del territorio colombiano, donde no puede penetrar la civilizaci&oacute;n, por el obst&aacute;culo que le oponen esos miles de salvajes, muchos de ellos aguerridos y que no entienden nuestra lengua, pudiendo hacer, como ya sucede, irrupci&oacute;n contra los cristianos, es un embarazo para el progreso y un peligro que crecer&aacute; en raz&oacute;n directa con la multiplicaci&oacute;n de los indios...... Repito que la cuesti&oacute;n no versa &uacute;nicamente sobre la utilidad que de ellos podemos sacar, sino tambi&eacute;n sobre los riesgos y gastos que se nos impondr&aacute;n si no cuidamos de amansarlos desde ahora. Abandonados a su natural desenvolvimiento, no tardar&aacute; el d&iacute;a en que tengamos que derramar su sangre y la nuestra para contenerlos (citado por Findji, 1983:500-501).</p>     <p>   Es claro, entonces, que no solamente Lame sino tambi&eacute;n un dirigente de peso de uno de los principales partidos pol&iacute;ticos de esa &eacute;poca, consideraba posible no solamente que los ind&iacute;genas pudieran independizarse, sino tambi&eacute;n que pudieran expulsar del territorio colombiano a los blancos.</p>     <p>En este contexto, podemos considerar que, en general, las actividades, organizaciones y pensamientos del movimiento ind&iacute;gena colombiano de los &uacute;ltimos ya casi cuarenta a&ntilde;os se han movido en el campo de la resistencia, es decir, no han cuestionado el actual sistema, no han pensado en un pachacutec, ni en una ruptura radical de las relaciones que los atan a la sociedad colombiana, al contrario, se piensan como colombianos y piden reconocimiento de derechos como partes integrantes de Colombia. Incluso van m&aacute;s all&aacute;: en su discurso inaugural en la Asamblea Nacional Constituyente, el guambiano Lorenzo Muelas, quien hab&iacute;a sido terrajero como Quint&iacute;n Lame, plante&oacute; que los ind&iacute;genas no llegaban a dicha asamblea a pedir cosas para ellos, sino que quer&iacute;an que se los dejara participar y aportar en la construcci&oacute;n de este pa&iacute;s.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   Sin embargo, peque&ntilde;os sectores de algunas regiones mantienen, casi cien a&ntilde;os despu&eacute;s de Quint&iacute;n Lame, una idea de liberaci&oacute;n. Los principales de ellos est&aacute;n entre los Koguis e Ij&rsquo;kas de las Sierra Nevada de Santa Marta. La mayor parte de los mamos, que son sus autoridades pol&iacute;tico-religiosas, lo han planteado sistem&aacute;ticamente y lo repitieron cuando se aprob&oacute; la nueva constituci&oacute;n. Lorenzo Muelas estuvo all&aacute; para preguntarles qu&eacute; quer&iacute;an ellos que quedara en la constituci&oacute;n, y la respuesta fue: queremos que nos devuelvan nuestras tierras dentro de la L&iacute;nea Negra y que nos dejen solos para poder vivir por nosotros mismos. Sin embargo, dadas sus caracter&iacute;sticas, estas dos sociedades no siguen el camino que gui&oacute; la &laquo;Quintinada&raquo;, porque consideran que es el trabajo de la mente el que puede cambiar las cosas; entonces, trabajan en sus reuniones en la Sierra Nevada con el pensamiento, trabajan en aluna para conseguir los cambios.</p>     <p>   En 1992, cuando hice por primera vez estas reflexiones sobre Manuel Quint&iacute;n Lame, el movimiento ind&iacute;gena en Colombia andaba engolosinado con la Constituci&oacute;n del 91 y hab&iacute;a adoptado una l&iacute;nea de concertaci&oacute;n con la sociedad colombiana a trav&eacute;s del gobierno, es decir, cre&iacute;a, como Quint&iacute;n Lame en sus primeras &eacute;pocas, que hab&iacute;a que cambiar la ley y, luego, aplicar las nuevas leyes para que el problema ind&iacute;gena se resolviera. Y en esa l&iacute;nea se han mantenido hasta hace pocos a&ntilde;os cuando, otra vez en el Cauca como en los a&ntilde;os setenta del siglo pasado, algunos sectores ind&iacute;genas han ido revisando poco a poco la importancia que ponen en la concertaci&oacute;n para volver a la lucha, en especial a la lucha por la tierra, es decir, que han comenzado a tomar conciencia de que esa concertaci&oacute;n no es el camino para la soluci&oacute;n de sus problemas.</p>     <p>   Se trata, sin embargo, de un proceso gradual que se va volviendo circular: el grueso de los ind&iacute;genas se moviliza para exigir al gobierno que cumpla lo que les prometi&oacute; despu&eacute;s de la movilizaci&oacute;n anterior, que se hizo para que el gobierno cumpliera lo acordado luego del movimiento anterior (la entrega de 40 mil hect&aacute;reas) y as&iacute; sucesivamente, sin conseguir que se les entreguen las tierras que les fueron prometidas durante tal concertaci&oacute;n.</p>     <p>En los &uacute;ltimos meses, en el norte del Cauca han comenzado a luchar de nuevo por la tierra conducidos por los &laquo;nietos de Quint&iacute;n Lame&raquo;, como se llaman a s&iacute; mismos. Pero han sido desconocidos por el CRIC &laquo;porque dificultan los procesos de negociaci&oacute;n con el gobierno&raquo;. Sin embargo resulta muy peculiar, por un lado, que los ind&iacute;genas, a quienes todos piensan como atrasados y como los m&aacute;s aislados, hayan sido los m&aacute;s dispuestos a dar la pelea contra el Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos, cuando entre nosotros no se hace pr&aacute;cticamente nada al respecto, y, en segundo lugar, que no le corran al ESMAD como le corren con frecuencia los estudiantes en Bogot&aacute; y en el resto del pa&iacute;s. Es muy reconfortante ver en televisi&oacute;n que, cuando los ESMAD despejaron la carretera, en el &uacute;ltimo bloqueo realizado por los ind&iacute;genas a la Panamericana en el Cauca, y salieron a perseguirlos, de repente se encontraron con centenares de ind&iacute;genas armados con hondas, piedras, palos y machetes, que los sacaron corriendo; y no solamente los corrieron, sino que, como se ve en la televisi&oacute;n, los acorralaron al borde de un barranco y los del ESMAD, muertos del p&aacute;nico, se tiraban por el barranco hasta caer en la carretera, algunos de cabeza, otros rodando y, a los que no se tiraron, los ind&iacute;genas los llevaron hasta el borde y los empujaron para tirarlos a la v&iacute;a. Por supuesto, estas luchas han dejado otra vez ind&iacute;genas muertos; y en Nari&ntilde;o y Cauca ha habido m&aacute;s de 150 ind&iacute;genas heridos. Es posible que todo esto signifique que, otra vez, se est&aacute; retomando el camino de la &laquo;Quintinada&raquo;, el de la lucha organizada.</p> <hr size="1">     <p><a href="#s1" name="1">1</a> Este texto es la transcripci&oacute;n corregida de una conferencia que dict&eacute; en el Seminario &laquo;Pensamiento Propio Ind&iacute;gena&raquo; en la Universidad Nacional de Colombia el 18 de mayo de 2006.</p>     <p>   <a href="#s2" name="2">2</a> &laquo;Antrop&oacute;logo de la Universidad Nacional de Colombia, se vincul&oacute; a la docencia en 1970. Fue profesor titular en el Departamento de Antropolog&iacute;a de la misma universidad y catedr&aacute;tico en las universidades de Antioquia, del Valle, Pedag&oacute;gica Nacional, Santo Tom&aacute;s, Colegio Mayor de Cundinamarca (Facultad de Trabajo Social) y Cooperativa de Colombia (Indesco). En los &uacute;ltimos a&ntilde;os ha sido profesor invitado en la Universidad del Magdalena, en el &aacute;rea de Metodolog&iacute;a de Investigaci&oacute;n Etnogr&aacute;fica. Entre sus publicaciones hay que destacar los textos de construcci&oacute;n conjunta con los taitas Abelino Dagua Hurtado y Misael Aranda y otros dirigentes y maestros guambianos: Guambianos. Hijos del aroiris y del agua, Korosraikwan isukun, Somos ra&iacute;z y reto&ntilde;o, Calendario guambiano y ciclo agr&iacute;cola, Sembrar y vivir en nuestra tierra, &ldquo;Srekollimisak. Historia del se&ntilde;or aguacero&rdquo;. En casi 40 a&ntilde;os de relaci&oacute;n con las nacionalidades embera y guambiana, ha desarrollado un replanteamiento de los m&eacute;todos y t&eacute;cnicas de trabajo etnogr&aacute;fico, con base en las formas de conocimiento propias de esas sociedades y en los planteamientos de Mao Tse-tung y Marx, hasta consolidar la metodolog&iacute;a denominada &ldquo;recoger los conceptos en la vida&rdquo;. Estas innovaciones se han empleado en las actividades de trabajo solidario conjunto con el Movimiento de Autoridades Ind&iacute;genas de Colombia, tanto en las luchas de recuperaci&oacute;n territorial y de autoridad, como en aquellos procesos de replanteamiento econ&oacute;mico y organizativo; igualmente en los de recuperaci&oacute;n de la historia, la cosmovisi&oacute;n y la cultura. As&iacute; mismo en los &uacute;ltimos a&ntilde;os ha participado en diversos procesos de formaci&oacute;n pedag&oacute;gica con educadores del CRIC. Para ello, la comparaci&oacute;n con los procesos vividos durante la Revoluci&oacute;n China ha sido de importancia, pues se han encontrado similitudes en algunos aspectos, por ejemplo en las formas de conocimiento propio comunitario, semejantes a las &ldquo;reuniones de discusi&oacute;n e investigaci&oacute;n&rdquo; que desarroll&oacute; Mao. Algo parecido se presenta en cuanto al papel que corresponde al pueblo en la &ldquo;recuperaci&oacute;n de la historia&rdquo;, que significa retomar en sus propias manos su destino como sociedad, es decir, la lucha por la autonom&iacute;a y los derechos. De la misma manera, su trabajo ha introducido elementos renovadores en la docencia universitaria (la pedagog&iacute;a de la confrontaci&oacute;n) y en la investigaci&oacute;n acad&eacute;mica durante varias d&eacute;cadas&raquo; (Referencia tomada de &laquo;Luis Guillermo Vasco Uribe&raquo;, <a href="http://www.luguiva.net/" target="_blank">http://www.luguiva.net/</a>).</p> <hr size="1">     <p>&nbsp;</p>      <p>   <font size="3" face="verdana"><b>Referencias</b></font></p>      <!-- ref --><p>   Castrill&oacute;n Arboleda, Diego. 1973. El indio Quint&iacute;n Lame, Bogot&aacute;, Tercer Mundo.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000061&pid=S1794-2489200800020001800001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Lame, Manuel Quint&iacute;n. 1971. &laquo;En defensa de mi raza&raquo;, Bogot&aacute;, Comit&eacute; de Defensa del Indio.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000062&pid=S1794-2489200800020001800002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Lame, Manuel Quint&iacute;n. 1973. Las luchas del indio que baj&oacute; de la monta&ntilde;a al valle de la &laquo;civilizaci&oacute;n&raquo;, Bogot&aacute;, Comit&eacute; de Defensa del Indio.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000063&pid=S1794-2489200800020001800003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Pineda Camacho, Roberto. 1984. &laquo;La reivindicaci&oacute;n del indio en el pensamiento social colombiano (1850-1950)&raquo;. En Jaime Arocha Rodr&iacute;guez y Nina S. de Friedemann (eds.). Un siglo de investigaci&oacute;n social. Antropolog&iacute;a en Colombia. Bogot&aacute;, Etno.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000064&pid=S1794-2489200800020001800004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Findji, Mar&iacute;a Teresa. 1983. &laquo;Relaci&oacute;n de la sociedad colombiana con las sociedades ind&iacute;genas&raquo;. En Bolet&iacute;n de Antropolog&iacute;a. Vol. V, 17-19:493-513. Medell&iacute;n, Departamento de Antropolog&iacute;a, Universidad de Antioquia.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000065&pid=S1794-2489200800020001800005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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