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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">     <p align="center"><font size="4"><b>Una imagen de &Aacute;frica: racismo en <I>El coraz&oacute;n de las tinieblas </I>de conrad</b></font><sup><a name="nu1"></a><a href="#num1">1</a></sup></p>     <p align="center"><font size="3"><b>An Image of &Aacute;frica: Racism in Conrad's <I>Heart of Darkness </I></b></font></p>     <p align="center"><font size="3"><b>Uma imagem da &Aacute;frica: racismo em <I>O cora&ccedil;&atilde;o das trevas</I> de Conrad</b></font></p>     <p align="center">Chinua Achebe</p> <hr>     <p>En el oto&ntilde;o de 1974 caminaba desde el Departamento de ingl&eacute;s de la universidad de Massachusetts hasta un parqueadero. Era una linda ma&ntilde;ana de oto&ntilde;o que me animaba a ser amistoso con los extra&ntilde;os que encontraba. J&oacute;venes vigorosos se afanaban en todas las direcciones; era obvio que muchos de ellos eran estudiantes de primeros semestres en sus arrebatos iniciales de entusiasmo. Un hombre mayor que iba en la misma direcci&oacute;n que la m&iacute;a se volvi&oacute; hacia m&iacute; y me se&ntilde;al&oacute; que cada vez eran m&aacute;s j&oacute;venes. Estuve de acuerdo. Luego me pregunt&oacute; si yo tambi&eacute;n era estudiante. Le dije que no, que era profesor. &iquest;Qu&eacute; ense&ntilde;aba? Literatura africana. Dijo que eso era gracioso porque conoc&iacute;a un tipo que tambi&eacute;n ense&ntilde;aba la misma cosa o, quiz&aacute;s, <I>historia</I> africana en una universidad cercana. Siempre lo sorprend&iacute;a, continu&oacute; diciendo, porque nunca hab&iacute;a pensado que &Aacute;frica tuviera ese tipo de cosas, usted sabe. Para entonces yo estaba caminando mucho m&aacute;s r&aacute;pido. Oh, bueno, lo o&iacute; diciendo finalmente, detr&aacute;s de m&iacute;: &laquo;Supongo que debo tomar su curso para enterarme&raquo;. </p>     <p>Unas pocas semanas despu&eacute;s recib&iacute; dos cartas muy conmovedoras de estudiantes de bachillerato de Yonkers, nueva York, quienes &mdash;bendecido sea su maestro&mdash; acababan de leer <I>Todo se desmorona</I>.<sup><a name="nun2"></a><a href="#num2">2</a></sup> Uno de ellos estaba particularmente feliz de conocer las costumbres y supersticiones de una tribu africana. </p>      <p>Propongo sacar de estos encuentros m&aacute;s bien triviales conclusiones m&aacute;s bien profundas que, a primera vista, parecer&iacute;an desproporcionadas con respecto a ellos. Pero s&oacute;lo a primera vista. </p>     <p>El joven de Yonkers, quiz&aacute;s debido a su edad pero yo creo que tambi&eacute;n por razones mucho m&aacute;s profundas y m&aacute;s serias, es obviamente inconsciente de que la vida de los miembros de su propia tribu en Yonkers, Nueva York, tambi&eacute;n est&aacute; llena de costumbres extra&ntilde;as y de supersticiones y, como cualquier otra persona en su cultura, imagina que necesita un viaje a &Aacute;frica para encontrar esas cosas. </p>     <p>La otra persona, de mi misma edad, no puede ser excusada debido a sus a&ntilde;os. La ignorancia puede ser una raz&oacute;n m&aacute;s probable pero en este asunto tambi&eacute;n creo que se trata de algo m&aacute;s deliberado que la simple ignorancia. Porque &iquest;no dijo, tambi&eacute;n, ese erudito historiador brit&aacute;nico y Profesor Real de Oxford, hugh Trevor-Roper, que la historia africana no exist&iacute;a? </p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&iquest;Qu&eacute; hay en estas declaraciones que sea m&aacute;s que inexperiencia juvenil, m&aacute;s que la falta de un conocimiento f&aacute;ctico? en pocas palabras, se trata del deseo&mdash;o de la necesidad&mdash; de la psicolog&iacute;a Occidental por establecer a &Aacute;frica como contraste de europa, como un lugar de negaciones al mismo tiempo remoto y vagamente familiar en comparaci&oacute;n con el cual se manifestar&iacute;a el estado de gracia espiritual de europa. </p>     <p>Esta necesidad no es nueva, lo que deber&iacute;a aliviar a todos de una responsabilidad considerable y, quiz&aacute;s, incluso hacernos ver este fen&oacute;meno desapasionadamente. No quiero, ni tengo la capacidad, de hacer eso con las herramientas de las ciencias sociales y biol&oacute;gicas sino, m&aacute;s simplemente, como un novelista que responde a un famoso libro europeo de ficci&oacute;n, <I>El coraz&oacute;n de las tinieblas</I>, de Joseph Conrad, que despliega, mejor que cualquier otro libro que conozca, ese deseo y esa necesidad de Occidente que acabo de mencionar. Desde luego, hay muchos libros dedicados al mismo prop&oacute;sito pero muchos de ellos son tan obvios y tan toscos que poca gente se preocupa por ellos en esta &eacute;poca. Conrad, en cambio, es, sin duda, uno de los grandes estilistas de la ficci&oacute;n moderna y un buen contador de relatos, adem&aacute;s. Su contribuci&oacute;n, por lo tanto, cae, autom&aacute;ticamente, en una clase diferente &mdash;literatura permanente&mdash;, le&iacute;da y ense&ntilde;ada y evaluada, constantemente, por acad&eacute;micos serios. <I>El coraz&oacute;n de las tinieblas</I> est&aacute; tan seguro hoy que un conocido estudioso de Conrad lo ha situado &laquo;entre las seis m&aacute;s grandes novelas cortas de la lengua inglesa&raquo;.<sup><a name="nu3"></a><a href="#num3">3</a></sup> M&aacute;s adelante regresar&eacute; a esta opini&oacute;n cr&iacute;tica porque puede modificar, seriamente, mis suposiciones anteriores sobre qui&eacute;n puede ser o no ser culpable de las cosas de las que hablar&eacute; ahora. </p>      <p><I>El coraz&oacute;n de las tinieblas </I>proyecta la imagen de &Aacute;frica como &laquo;el otro mundo&raquo; la ant&iacute;tesis de europa y, por lo tanto, de la civilizaci&oacute;n, un lugar donde la inteligencia y el refinamiento humanos, tan pregonados, son finalmente burlados por una bestialidad triunfante. El libro inicia en el r&iacute;o T&aacute;mesis, tranquilo, descansando pl&aacute;cidamente &laquo;al final del d&iacute;a despu&eacute;s de a&ntilde;os de buen servicio a la raza que puebla sus orillas&raquo;.<sup><a name="nu4"></a><a href="#num4">4</a></sup> Pero la historia real tiene lugar en el r&iacute;o Congo, la ant&iacute;tesis del T&aacute;mesis. El Congo no es, sin duda, un R&iacute;o em&eacute;rito. No ha prestado ning&uacute;n servicio y no goza de pensi&oacute;n por vejez. Se nos dice que &laquo;subir por ese r&iacute;o era como retroceder a los comienzos del mundo&raquo;. </p>      <p>&iquest;Est&aacute; diciendo Conrad, entonces, que estos dos r&iacute;os son muy diferentes, uno bueno, el otro malo? S&iacute;, pero ese no es el asunto importante. No es la diferencia la que preocupa a Conrad sino el acechante indicio de parentesco, de un ancestro com&uacute;n. Porque el T&aacute;mesis tambi&eacute;n &laquo;ha sido uno de los lugares oscuros de la Tierra&raquo;. Conquist&oacute; su oscuridad, desde luego, y ahora est&aacute; en la luz del d&iacute;a y en paz. Pero si fuera a visitar a su pariente primordial, el Congo, correr&iacute;a el terrible riesgo de o&iacute;r ecos grotescos de su propia oscuridad olvidada y de ser v&iacute;ctima de un recrudecimiento vengador del frenes&iacute; sin sentido de los primeros tiempos. </p>     <p>Estos ecos sugestivos abarcan la famosa evocaci&oacute;n que hace Conrad de la atm&oacute;sfera africana en<I> El coraz&oacute;n de las tinieblas</I>. En &uacute;ltimas, su m&eacute;todo equivale a poco m&aacute;s de una repetici&oacute;n ritualista continua, pesada y falsa de dos frases antit&eacute;ticas, una sobre el silencio y la otra sobre el frenes&iacute;. Podemos inspeccionar muestras de esto en las p&aacute;ginas 103 y 105 de la edici&oacute;n de la new american Library: (1) <I>Era la quietud de una fuerza implacable cerni&eacute;ndose sobre una intenci&oacute;n inescrutable</I>, y (2)<I> El vapor avanz&oacute;, fatigosamente, a lo largo del borde de un frenes&iacute; negro e incomprensible</I>. Desde luego, hay un juicioso cambio de adjetivo de cuando en cuando, tanto as&iacute; que en vez de <I>inescrutable</I>, por ejemplo, uno encuentra <I>indecible, </I>incluso simplemente <I>misterioso</I>, etc., etc. </p>     <p>Hace a&ntilde;os F. R. Leavis, el cr&iacute;tico ingles con ojo de &aacute;guila, llam&oacute; la atenci&oacute;n sobre la &laquo;insistencia adjetiva &#91;de Conrad&#93; en un misterio inexpresable e incomprensible&raquo;. Esa insistencia no debe tomarse a la ligera, como muchos cr&iacute;ticos han tendido a hacer, como una simple falla estil&iacute;stica, porque plantea preguntas serias sobre la buena fe art&iacute;stica. Cuando un escritor que pretende registrar escenas, incidentes y su impacto est&aacute;, en realidad, decidido a inducir estupor hipn&oacute;tico en sus lectores a trav&eacute;s de un bombardeo de palabras emotivas y otras formas de enga&ntilde;o hay mucho m&aacute;s en juego que s&oacute;lo felicidad estil&iacute;stica. Generalmente, los lectores normales est&aacute;n bien armados para detectar y resistir una actividad solapada de ese tipo. Pero Conrad escogi&oacute; bien su tema &mdash; uno que, estaba garantizado, no lo pondr&iacute;a en conflicto con la predisposici&oacute;n psicol&oacute;gica de sus lectores ni plantear&iacute;a la necesidad de que lidiara con su resistencia. Conrad eligi&oacute; el papel de proveedor de mitos consoladores. </p>     <p>Sin embargo, los pasajes m&aacute;s interesantes y reveladores de <I>El coraz&oacute;n de las tinieblas </I>son sobre personas. Tengo que implorar la indulgencia de mi lector para citar casi una p&aacute;gina entera de la parte media del relato, cuando los representantes de europa que van en un barco de vapor que navega r&iacute;o abajo por el Congo encuentran a los habitantes de &Aacute;frica: </p>    <blockquote>     <p>&Eacute;ramos n&oacute;madas en una tierra prehist&oacute;rica, en una tierra que ten&iacute;a el aspecto de un planeta desconocido. Podr&iacute;amos habernos imaginado como los primeros hombres que tomaban posesi&oacute;n de una herencia maldita, sometida a costa de angustia profunda y esfuerzo excesivo. Pero de repente, mientras avanz&aacute;bamos con dificultad por un recodo del r&iacute;o, vislumbramos paredes de juncos, techos de paja puntudos, una explosi&oacute;n de gritos, un torbellino de extremidades negras, una masa de manos aplaudiendo, de pies golpeando el suelo, de cuerpos balance&aacute;ndose, de ojos en blanco, bajo la ca&iacute;da de follaje denso e inm&oacute;vil. El vapor avanz&oacute;, fatigosamente, a lo largo del borde de un frenes&iacute; negro e  incomprensible. &iquest;el hombre prehist&oacute;rico nos estaba maldiciendo, rogando, d&aacute;ndonos la bienvenida? Qui&eacute;n sabe. Est&aacute;bamos incapacitados para comprender lo que nos rodeaba; nos desliz&aacute;bamos como fantasmas, asombrados y secretamente espantados, como estar&iacute;an los hombres cuerdos ante el brote de entusiasmo en una casa de locos. No pod&iacute;amos entender porque est&aacute;bamos demasiado lejos y no pod&iacute;amos recordar porque est&aacute;bamos viajando en la noche de los primeros tiempos, de edades desaparecidas, que apenas dejan huellas &mdash;pero no recuerdos. La tierra parec&iacute;a sobrenatural. Estamos acostumbrados a considerar la forma encadenada de un monstruo conquistado pero all&iacute;, all&iacute; se pod&iacute;a ver algo monstruoso y libre. Era sobrenatural y los hombres eran... No, no eran inhumanos. Bueno, ya sabes, eso fue lo peor de todo, esta sospecha de que no fueran inhumanos. Esa sospecha surg&iacute;a lentamente. Aullaban y saltaban y giraban y hac&iacute;an muecas horribles pero lo estremecedor era la idea de su humanidad, como la de uno, la idea de su parentesco remoto con este alboroto salvaje y apasionado. horrible. S&iacute;, era bastante horrible; pero si usted fuera suficientemente hombre admitir&iacute;a que ten&iacute;a una leve huella de respuesta a la terrible franqueza de ese ruido, una vaga sospecha de que todo eso ten&iacute;a un significado que usted, usted, tan lejos de la noche de los primeros tiempos, pod&iacute;a comprender (pp. 105-106). </p></blockquote>     <p>Aqu&iacute; radica el significado de <I>El coraz&oacute;n de las tinieblas</I> y la fascinaci&oacute;n que ejerce sobre la mente Occidental: &laquo;...lo estremecedor era la idea de su humanidad, como la de uno... horrible&raquo;. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Despu&eacute;s de habernos mostrado la masa africana Conrad se centra, media p&aacute;gina despu&eacute;s, en un ejemplo espec&iacute;fico, d&aacute;ndonos una de sus raras descripciones de un africano que no es s&oacute;lo miembros u ojos en blanco: </p>    <blockquote>     <p>A ratos ten&iacute;a que vigilar al salvaje que llev&aacute;bamos como fogonero. Era un esp&eacute;cimen mejorado; pod&iacute;a prender una caldera vertical. Estaba debajo de m&iacute; y, lo  juro, mirarlo era tan edificante como ver a un perro en una parodia, con pantalones y sombrero de plumas, caminando en sus miembros traseros. Unos pocos meses de entrenamiento hab&iacute;an sido muy &uacute;tiles. Dio un vistazo a los medidores de vapor  y de agua con un evidente esfuerzo de intrepidez &mdash;y tambi&eacute;n hab&iacute;a afilado sus dientes, el pobre diablo, y la lana de su coronilla cortada en patrones extra&ntilde;os, y tres cicatrices ornamentales en cada mejilla. Deber&iacute;a haber estado batiendo palmas y golpeando con los pies en la orilla del r&iacute;o; en vez de ello era bueno en el trabajo, esclavo de una brujer&iacute;a extra&ntilde;a, lleno de un conocimiento mejorado (p. 106). </p></blockquote>     <p>Como todos saben Conrad es un rom&aacute;ntico, adem&aacute;s. Puede no exactamente admirar a los salvajes que aplauden y golpean con sus pies pero ellos tienen el m&eacute;rito, por lo menos, de estar en su lugar, a diferencia de este perro en una parodia de pantalones. Para Conrad es muy importante que las cosas est&eacute;n en su lugar. </p>     <p>&laquo;Tipos buenos &mdash;can&iacute;bales&mdash; en su lugar&raquo;, nos dice intencionadamente. La tragedia comienza cuando las cosas abandonan su lugar acostumbrado, como cuando europa deja su plaza fuerte, segura entre la polic&iacute;a y el panadero, para echar un vistazo en el coraz&oacute;n de las tinieblas. </p>     <p>Antes de que la historia nos lleve a la cuenca del Congo recibimos esta linda vi&ntilde;eta como un ejemplo de las cosas en su lugar: </p>     <blockquote>    <p>De vez en cuando un bote de la orilla nos daba un moment&aacute;neo contacto con la realidad. Los remeros eran negros. De lejos se pod&iacute;a ver el blanco de sus ojos brillando. Gritaban y cantaban; sus cuerpos estaban ba&ntilde;ados en sudor; las caras de estos tipos eran como m&aacute;scaras grotescas pero ten&iacute;an hueso, m&uacute;sculo y una vitalidad salvaje, una intensa energ&iacute;a de movimiento que era tan natural y verdadera como las olas a lo largo de su costa. No necesitaban excusa para estar all&iacute;. Mirarlos era reconfortante (p. 78). </p></blockquote>     <p>Hacia el final del relato, inesperadamente, Conrad prodiga una p&aacute;gina entera a una mujer africana que, evidentemente, ha sido una especie de amante del se&ntilde;or Kurtz y ahora preside (si se me permite una peque&ntilde;a libertad), como un misterio formidable, la inexorable inminencia de su partida: </p>     <blockquote>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Era fiera y espl&eacute;ndida, con ojos salvajes y magn&iacute;ficos... Nos miraba, de pie y sin moverse, y como la selva misma, con un aire de que estaba considerando un prop&oacute;sito inescrutable (p. 137). </p></blockquote>     <p>Esta amazona est&aacute; dibujada con detalle considerable, aunque predecible, por dos razones. En primer lugar, est&aacute; en su lugar y as&iacute; obtiene la aprobaci&oacute;n especial de Conrad. En segundo lugar, cumple una exigencia estructural de la narraci&oacute;n, ser una contraparte salvaje de la refinada mujer europea con la que termina el texto: </p>     <p>Ella se adelant&oacute;, toda de negro con la cabeza p&aacute;lida, flotando hacia m&iacute; en el atardecer. Estaba de luto... Tom&oacute; mis manos entre las suyas y murmur&oacute;: &laquo;hab&iacute;a o&iacute;do que usted ven&iacute;a&raquo;... Ten&iacute;a una capacidad madura para la fidelidad, para la creencia, para el sufrimiento (p. 111). </p>     <p>La diferencia en la actitud del novelista hacia estas dos mujeres se transmite de tantas maneras directas y sutiles como para que necesite m&aacute;s elaboraci&oacute;n. Pero quiz&aacute;s la diferencia m&aacute;s significativa est&aacute; implicada en la forma como Conrad otorga expresi&oacute;n humana a una de ellas y la niega a la otra. Evidentemente, no es parte del prop&oacute;sito de Conrad dar lenguaje a las &laquo;almas rudimentarias&raquo; de &Aacute;frica. En vez de lenguaje hac&iacute;an &laquo;un violento balbuceo de sonidos extra&ntilde;os&raquo;. &laquo;intercambiaban cortas frases de gru&ntilde;idos&raquo;, incluso entre ellos, pero la mayor parte del tiempo estaban demasiado ocupados con su frenes&iacute;. Sin embargo, hay dos momentos en el libro cuando Conrad abandona un poco su costumbre y confiere habla, incluso habla inglesa, a los salvajes. El primero ocurre cuando el canibalismo los domina: </p>     <blockquote>    <p>&laquo;C&oacute;janlos&raquo;, grit&oacute;, abriendo sus ojos inyectados en sangre y con un destello de dientes blancos afilados. &laquo;C&oacute;janlos. Entr&eacute;guenlos a nosotros&raquo;. &laquo;&iquest;a ustedes, no?&raquo;, pregunt&eacute;, &laquo;&iquest;qu&eacute; har&iacute;an con ellos?&raquo; &laquo;&iexcl;Comerlos!&raquo; dijo (p. 148). </p></blockquote>     <p>El otro momento es el famoso anuncio: &laquo;Mistah Kurtz, &eacute;l muerto&raquo; (p. 153). A primera vista estos casos podr&iacute;an confundirse con anuncios inesperados de generosidad por parte de Conrad. En realidad, son algunos de sus mejores ataques. En el caso de los can&iacute;bales los gru&ntilde;idos incomprensibles que, hasta ahora, les serv&iacute;an para hablar de pronto resultan insuficientes para el prop&oacute;sito de Conrad de permitir que los europeos vean el ansia indecible en sus corazones. Al sopesar la necesidad de coherencia en la representaci&oacute;n de las bestias mudas frente a las ventajas sensacionales de lograr su condena por medio de la evidencia clara e inequ&iacute;voca que sale de su propia boca, Conrad eligi&oacute; la segunda opci&oacute;n. En cuanto al anuncio de la muerte del se&ntilde;or Kurtz por &laquo;la insolente cabeza negra que estaba en la puerta&raquo; &iquest;qu&eacute; mejor o m&aacute;s adecuado <I>finis </I>pudo ser escrito en los cuentos de terror de ese ni&ntilde;o caprichoso de la civilizaci&oacute;n que voluntariamente hab&iacute;a dado su alma a los poderes de las tinieblas y &laquo;ocupado un sitial elevado entre los demonios de la tierra&raquo; que la proclamaci&oacute;n de su muerte f&iacute;sica por las fuerzas a las que se hab&iacute;a unido? </p>     <p>Podr&iacute;a alegarse, por supuesto, que la actitud hacia los africanos en <I>El coraz&oacute;n de las tinieblas</I> no es de Conrad sino de su narrador ficticio, Marlow, y que, lejos de refrendarla, Conrad podr&iacute;a estar someti&eacute;ndola a iron&iacute;a y cr&iacute;tica. De hecho, Conrad parece esforzarse considerablemente para crear capas de aislamiento entre &eacute;l y el universo moral de su narraci&oacute;n. Tiene, por ejemplo, un narrador detr&aacute;s de un narrador. El narrador principal es Marlow pero su relato nos llega a trav&eacute;s del filtro de una segunda persona, que est&aacute; en la sombra. Pero si la intenci&oacute;n de Conrad es trazar un <I>cordon sanitaire</I> entre &eacute;l y el malestar moral y psicol&oacute;gico de su narrador me parece que su cuidado es totalmente desaprovechado porque se niega a insinuar, clara y adecuadamente, un marco de referencia alternativo por el cual podamos juzgar las acciones y opiniones de sus personajes. No hubiera estado fuera del poder de Conrad hacerlo, si lo hubiera considerado necesario. Me parece que Conrad aprueba a Marlow, s&oacute;lo con peque&ntilde;as reservas &mdash;un hecho reforzado por la estrecha similitud entre sus dos carreras. </p>     <p>Marlow llega a nosotros no s&oacute;lo como testigo de la verdad sino como alguien que comparte las ideas avanzadas y humanas de la tradici&oacute;n liberal inglesa que exig&iacute;a a todo ingl&eacute;s decente estar profundamente impresionado por las atrocidades cometidas en bulgaria o en el Congo del rey Leopoldo de b&eacute;lgica o en cualquier otra parte. As&iacute;, Marlow es capaz de arrojar sentimientos tan compasivos como estos: </p>     <blockquote>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Todos estaban muriendo lentamente, era muy claro. No eran enemigos, no eran criminales, ahora no eran nada terrenal, s&oacute;lo sombras negras de enfermedad y hambre, yaciendo, confusamente, en la penumbra verdosa. Tra&iacute;dos desde todos los rincones de la costa bajo la legalidad de los contratos a destajo, perdidos en ambientes desagradables, alimentados con comida desconocida, se enfermaban, se volv&iacute;an ineficientes y despu&eacute;s se les permit&iacute;a alejarse arrastr&aacute;ndose para descansar (p. 82). </p></blockquote>     <p>El tipo de liberalismo propugnado aqu&iacute; por Marlow/Conrad toc&oacute; a las mejores mentes de la &eacute;poca en inglaterra, europa y am&eacute;rica. Tom&oacute; formas diferentes en las mentes de gente diferente pero casi siempre se las arregl&oacute; para eludir la cuesti&oacute;n fundamental de la igualdad entre los blancos y los negros. Ese extraordinario misionero, albert Schweitzer, quien sacrific&oacute; brillantes carreras en m&uacute;sica y teolog&iacute;a en europa por una vida de servicio a los africanos en la misma zona sobre la que escribe Conrad, personifica la ambivalencia. En un comentario que ha sido citado a menudo Schweitzer dice: &laquo;el africano es, de hecho, mi hermano, pero mi hermano menor&raquo;. As&iacute; procedi&oacute; a construir un hospital adecuado a las necesidades de los hermanos menores con normas de higiene que recuerdan la pr&aacute;ctica m&eacute;dica antes de que surgiera la teor&iacute;a de los g&eacute;rmenes de las enfermedades. Naturalmente, se convirti&oacute; en una sensaci&oacute;n en europa y am&eacute;rica. Acudieron peregrinos &mdash;y creo que a&uacute;n acuden, incluso despu&eacute;s de su muerte&mdash; para presenciar el milagro prodigioso en Lambar&eacute;n&eacute;, en el borde de la selva virgen. </p>     <p>Sin embargo, el liberalismo de Conrad no lo hubiera llevado tan lejos como el de Schweitzer. No hubiera usado la palabra &laquo;hermano&raquo;, ni siquiera de una manera limitada; lo m&aacute;s lejos que lleg&oacute; fue usar la palabra &laquo;parentesco&raquo;. Cuando el timonel africano de Marlow cae herido con una lanza en su coraz&oacute;n da a su amo blanco una &uacute;ltima mirada inquietante: </p>       <blockquote>    <p>Y la profundidad &iacute;ntima de esa mirada que me dio cuando recibi&oacute; su herida permanece hasta hoy en mi memoria &mdash;como un reclamo de un parentesco lejano afirmado en un momento supremo (p. 124). </p></blockquote>     <p>Es importante se&ntilde;alar que Conrad, siempre tan cuidadoso con sus palabras, no est&aacute; hablando tanto de <I>parentesco lejano</I> como de alguien que <I>lo reclama</I>. El hombre negro formula un reclamo casi intolerable para el hombre blanco. Es la formulaci&oacute;n de ese reclamo lo que asusta y, al mismo tiempo, fascina a Conrad, &laquo;la idea de su humanidad, como la de uno... horrible&raquo;. </p>     <p>El prop&oacute;sito de mis observaciones debe ser muy claro a estas alturas, es decir, que Joseph Conrad era un completo racista. Que esta simple verdad sea pasada por alto en las cr&iacute;ticas a su obra se debe al hecho de que el racismo blancocontra &Aacute;frica es una forma tan habitual de pensar que sus manifestaciones pasan completamente desapercibidas. Los estudiosos de <I>El coraz&oacute;n de las tinieblas </I>a menudo le dir&aacute;n que Conrad no se preocupa tanto por &Aacute;frica como por el deterioro de una mente europea provocado por la soledad y la enfermedad. Dir&aacute;n que en el relato Conrad es, en todo caso, menos caritativo con los europeos que con los nativos, que el prop&oacute;sito del relato es ridiculizarla misi&oacute;n civilizadora de europa en &Aacute;frica. Un estudioso de Conrad me dijoen escocia que &Aacute;frica no es m&aacute;s que un escenario para la desintegraci&oacute;n de la mente del se&ntilde;or Kurtz. </p>     <p>Lo cual es, en parte, el asunto. &Aacute;frica como escenario y tel&oacute;n de fondo que elimina al africano como factor humano. &Aacute;frica como un campo de batalla metaf&iacute;sico desprovisto de cualquier humanidad reconocible, donde el europeo errante entra por su cuenta y riesgo. &iquest;es que nadie puede ver la absurda y perversa arrogancia en reducir as&iacute; a &Aacute;frica al papel de puntal de la ruptura de una mente europea mezquina? Pero ese ni siquiera es el punto. La verdadera cuesti&oacute;n es la deshumanizaci&oacute;n de &Aacute;frica y de los africanos que ha fomentado y sigue fomentando esta actitud secular en el mundo. Y la pregunta es si una novela que celebra esta deshumanizaci&oacute;n, que despersonaliza una parte de la raza humana, pueda ser llamada una gran obra de arte. Mi respuesta es: no, no puede. </p>     <p>No dudo de los grandes talentos de Conrad. Incluso <I>El coraz&oacute;n de las tinieblas </I>tiene sus pasajes y momentos memorables: </p>     <blockquote>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Aquellas grandes extensiones se abr&iacute;an ante nosotros y volv&iacute;an a cerrarse, como si la selva hubiera entrado relajadamente en el agua para impedir nuestro regreso. </p></blockquote>     <p>Su exploraci&oacute;n de la mente de los personajes europeos es usualmente penetrante y aguda. Pero todo eso ha sido suficientemente discutido en los &uacute;ltimos cincuenta a&ntilde;os. Sin embargo, su obvio racismo no ha sido abordado. &iexcl;Y ya era hora de que lo hubiera sido! </p>     <p>Conrad naci&oacute; en 1857, el mismo a&ntilde;o en que los primeros misioneros anglicanos llegaron a mi pueblo en nigeria. En realidad no fue su culpa que viviera en la &eacute;poca en que la reputaci&oacute;n del hombre negro estaba en un nivel particularmente bajo. Pero incluso aceptando las influencias que pudieron tener los prejuicios de la &eacute;poca sobre su sensibilidad a&uacute;n persiste en la actitud de Conrad un residuo de antipat&iacute;a hacia la gente negra que s&oacute;lo su psicolog&iacute;a peculiar puede explicar. Su relato de su primer encuentro con un hombre negro es muy revelador: </p>     <blockquote>    <p>Un enorme macho negro encontrado en hait&iacute; fij&oacute; mi concepci&oacute;n de una rabia ciega, furiosa e irracional, manifestada en el animal humano hasta el final de mis d&iacute;as. A&ntilde;os despu&eacute;s a&uacute;n sol&iacute;a so&ntilde;ar con ese negro.<sup><a name="nu5"></a><a href="#num5">5</a></sup></p> </blockquote>     <p>Ciertamente Conrad ten&iacute;a un problema con los negros. Su excesivo amor por esa palabra &#91;<I>nigger</I>&#93; deber&iacute;a interesar a los psicoanalistas. A veces su obsesi&oacute;n por lo negro es igualmente interesante, como en esta breve descripci&oacute;n: &laquo;una figura negra se levant&oacute;, dando zancadas con largas piernas negras y agitando brazos largos y negros&raquo; (p. 142) &mdash;&iexcl;como si pudi&eacute;ramos esperar una figura negra caminando con piernas negras y agitando brazos blancos! Pero as&iacute; es la implacable obsesi&oacute;n de Conrad. </p>      <p>Como un asunto de inter&eacute;s, Conrad nos da en <I>A personal record </I>lo que equivale a una pieza de acompa&ntilde;amiento para el macho negro de hait&iacute;. A la edad de diecis&eacute;is a&ntilde;os Conrad encontr&oacute; su primer ingl&eacute;s en europa. Lo llama &laquo;mi inolvidable ingl&eacute;s&raquo; y lo describe de la siguiente manera: </p>    <blockquote>     <p>(sus) pantorrillas expuestas a la mirada p&uacute;blica... Deslumbraron al espectador por el esplendor de su marm&oacute;rea condici&oacute;n y su tono intenso de marfil joven... La luz de una satisfacci&oacute;n exaltada e impetuosa con el mundo de los hombres... Ilumin&oacute; su rostro... Y los ojos triunfantes. Al pasar ech&oacute; una mirada de curiosidad amable y un brillo amistoso de grandes dientes sanos y brillantes... Sus pantorrillas blancas centellearon con solidez.<sup><a name="nu6"></a><a href="#num6">6</a></sup></p></blockquote>      <p>El amor y el odio irracionales code&aacute;ndose en el coraz&oacute;n de aquel hombre talentoso y atormentado. Pero mientras que el amor irracional puede, en el peor de los casos, producir indiscreciones tontas el odio irracional puede poner en peligro la vida de la comunidad. Naturalmente, Conrad es un sue&ntilde;o para los cr&iacute;ticos psicoanal&iacute;ticos. Quiz&aacute;s el estudio m&aacute;s detallado de Conrad en este sentido fue hecho por el m&eacute;dico bernard C. Meyer. En su extenso libro Meyer sigue todas las pistas concebibles (y algunas veces las inconcebibles) para explicar a Conrad. Por ejemplo, hace largas disquisiciones sobre el significado de su corte de pelo. Sin embargo, no dedica ni siquiera una palabra a su actitud hacia la gente negra. Ni siquiera la discusi&oacute;n sobre su antisemitismo fue suficiente para desencadenar en la mente del Dr. Meyer esos otros pensamientos oscuros y explosivos. Lo que s&oacute;lo nos lleva a suponer que los psicoanalistas occidentales deben considerar absolutamente normal el tipo de racismo mostrado por Conrad, a pesar del importante trabajo hecho por Frantz Fanon en los hospitales psiqui&aacute;tricos en la argelia francesa. </p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Cualquiera que hayan sido los problemas de Conrad usted podr&iacute;a decir que ahora est&aacute; a salvo porque est&aacute; muerto. Muy cierto. Por desgracia, su coraz&oacute;n de las tinieblas nos afecta todav&iacute;a. Es por eso que un libro ofensivo y totalmente deplorable puede ser descrito por un acad&eacute;mico serio como &laquo;una de las mejores seis novelas cortas en ingl&eacute;s&raquo;. Por esa misma raz&oacute;n hoy es, quiz&aacute;s, la novela usada con m&aacute;s frecuencia en los cursos de literatura del siglo XX en los Departamentos de ingl&eacute;s de las universidades norteamericanas. </p>     <p>Lo que he dicho hasta ahora puede ser impugnado, probablemente, en dos terrenos. El primero es que no es asunto de la ficci&oacute;n complacer a la gente sobre quien se escribe. Voy a aceptarlo. Pero no estoy hablando de agradar a la gente. Estoy hablando de un libro que muestra, de la manera m&aacute;s vulgar, prejuicios e insultos por cuenta de los cuales una parte de la humanidad ha sufrido incontables agon&iacute;as y atrocidades en el pasado y contin&uacute;a sufri&eacute;ndolas en muchos aspectos y en muchos lugares hoy en d&iacute;a. Estoy hablando de una narraci&oacute;n en la que se cuestiona la humanidad de la gente negra. </p>     <p>Segundo, puedo ser refutado con hechos. Conrad, despu&eacute;s de todo, naveg&oacute; por el Congo en 1890, cuando mi padre era todav&iacute;a un beb&eacute; de brazos. &iquest;C&oacute;mo podr&iacute;a levantarme m&aacute;s de cincuenta a&ntilde;os despu&eacute;s de su muerte y pretender contradecirlo? Mi respuesta es que, como hombre sensible, no tengo que aceptar las historias de cualquier viajero s&oacute;lo porque yo no haya hecho ese mismo viaje. No confiar&eacute; en la evidencia, ni siquiera si es de un testigo presencial, cuando sospeche que es tan hostil como la de Conrad. Y tambi&eacute;n sabemos que Conrad fue, en palabras de su bi&oacute;grafo, bernard C. Meyer, &laquo;notoriamente inexacto en la presentaci&oacute;n de su propia historia&raquo;.<sup><a name="nu7"></a><a href="#num7">7</a></sup></p>      <p>Pero mucho m&aacute;s importante es el abundante testimonio que podr&iacute;amos reunir sobre los salvajes de Conrad si nos inclin&aacute;ramos por otras fuentes y que podr&iacute;a llevarnos a pensar que esta gente debi&oacute; tener otras ocupaciones, adem&aacute;s de fundirse en el bosque malvado o materializarse fuera de &eacute;l s&oacute;lo para atormentar a Marlow y su banda desalentada. Porque ocurre que poco despu&eacute;s de que Conrad escribiera su libro tuvo lugar en el mundo art&iacute;stico europeo un evento con consecuencias mucho m&aacute;s importantes. As&iacute; lo describi&oacute; Frank Willett, un historiador de arte brit&aacute;nico: </p>     <blockquote>     <p>Gauguin hab&iacute;a ido a Tahit&iacute;, el acto individual m&aacute;s extravagante de recurrir a una cultura no europea en las d&eacute;cadas anteriores y posteriores a 1900, cuando los artistas europeos estaban &aacute;vidos por nuevas experiencias art&iacute;sticas, pero no fue sino hasta 1904-1905 que el arte africano comenz&oacute; a hacer su impacto distintivo. Una pieza todav&iacute;a se puede identificar; es una m&aacute;scara que hab&iacute;a sido dada a Maurice Vlaminck en 1905. &Eacute;l escribi&oacute; que Derain qued&oacute; &laquo;sin habla&raquo; e &laquo;impactado&raquo; cuando la vio; la compr&oacute; a Vlaminck y, despu&eacute;s, la mostr&oacute; a Picasso y Matisse, quienes tambi&eacute;n fueron afectados por ella. Ambroise Vollard la pidi&oacute; prestada y logr&oacute; que le hicieran una copia en bronce... &iexcl;estaba en marcha la revoluci&oacute;n del arte del siglo XXI<sup><a name="nu8"></a><a href="#num8">8</a></sup></p></blockquote>      <p>La m&aacute;scara en cuesti&oacute;n hab&iacute;a sido hecha por otros salvajes que viv&iacute;an justo al norte del r&iacute;o Congo de Conrad. Tambi&eacute;n tienen nombre, pueblo Fang, y est&aacute;n, sin duda, entre los grandes maestros mundiales de la escultura. El evento referido por Frank Willett marc&oacute; el comienzo del cubismo y la infusi&oacute;n de nueva vida en el arte europeo que hab&iacute;a perdido toda su fuerza. </p>      <p>Con esto quiero sugerir que la imagen que hace Conrad de los pueblos del Congo parece groseramente inadecuada, incluso en el apogeo de su sujeci&oacute;n a los destrozos producidos por la international association for the Civilization of Central africa del rey Leopoldo. </p>     <p>Los viajeros de mente cerrada pueden decirnos muy poco, excepto sobre ellos mismos. Pero incluso quienes no est&aacute;n cegados por la xenofobia, como Conrad, pueden ser sorprendentemente ciegos. Perm&iacute;tanme desviarme un poco del argumento. Uno de los m&aacute;s grandes e intr&eacute;pidos viajeros de todos los tiempos, Marco Polo, viaj&oacute; al Lejano Oriente desde el Mediterr&aacute;neo en el siglo Xiii y pas&oacute; veinte a&ntilde;os en la corte de Kublai Khan en China. A su regreso a Venecia escribi&oacute; en el libro titulado <I>Descripci&oacute;n del mundo</I> sus impresiones sobre los pueblos, lugares y costumbres que hab&iacute;a visto. Pero hubo dos omisiones extraordinarias en su relato. No dijo nada sobre el arte de la impresi&oacute;n, desconocido entonces en europa pero en pleno desarrollo en China. No se dio cuenta de &eacute;l y si lo hizo no vio c&oacute;mo europa pod&iacute;a utilizarlo. En cualquiera caso, europa tuvo que esperar otros cien a&ntilde;os por Gutenberg. Pero a&uacute;n m&aacute;s espectacular fue la omisi&oacute;n de Marco Polo de toda referencia a la Gran Muralla China, de cerca de 6.500 kil&oacute;metros de largo y ya con m&aacute;s de 1.000 a&ntilde;os de antig&uuml;edad en el momento de su visita. Quiz&aacute;s tampoco la vio, &iexcl;pero la Gran Muralla China es la &uacute;nica estructura construida por el hombre que es visible desde la luna! S&iacute;, los viajeros pueden estar ciegos. </p>     <p>Como he dicho antes Conrad no invent&oacute; la imagen de &Aacute;frica que se encuentra en su libro. Era y es la imagen dominante de &Aacute;frica en la imaginaci&oacute;n Occidental y Conrad s&oacute;lo aport&oacute; los dones peculiares de su mente para influir sobre ella. Por razones que, sin duda, puede utilizar una investigaci&oacute;n psicol&oacute;gica rigurosa Occidente parece sufrir ansiedades profundas acerca de la precariedad de su civilizaci&oacute;n y necesitar reafirmaci&oacute;n constante por medio de su comparaci&oacute;n con &Aacute;frica. Si europa, avanzando en civilizaci&oacute;n, pod&iacute;a echar una mirada hacia atr&aacute;s, peri&oacute;dicamente, a &Aacute;frica, atrapada en una barbarie primordial, pod&iacute;a decir con fe y sentimiento: yo tambi&eacute;n pude haber sufrido un destino similar pero no sucedi&oacute; as&iacute; gracias a la misericordia de Dios. &Aacute;frica es a europa lo que el retrato es a Dorian Gray &mdash;un portador en quien el amo descarga sus deformidades f&iacute;sicasy morales para poder seguir adelante, erguido e impecable. Por lo tanto, &Aacute;frica es algo que debe evitarse, as&iacute; como el retrato tiene que ser escondido para salvaguardarla arriesgada integridad del hombre. &iexcl;Mant&eacute;ngase lejos de &Aacute;frica o at&eacute;ngase a las consecuencias! el se&ntilde;or Kurtz de <I>El coraz&oacute;n de las tinieblas</I> deber&iacute;a haber tenido en cuenta esta advertencia y el horror que acechaba en su coraz&oacute;n habr&iacute;a mantenido su lugar, encadenado a su guarida. Pero &eacute;l, tontamente, se expuso a la irresistible seducci&oacute;n salvaje de la selva y, &iexcl;he aqu&iacute;!, las tinieblas lo encontraron. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Inicialmente hab&iacute;a pensado terminar este ensayo agradablemente, con una nota positiva apropiada con la cual sugerir&iacute;a, desde mi posici&oacute;n de privilegio en la cultura africana y occidental, algunas ventajas que Occidente podr&iacute;a obtener de &Aacute;frica una vez que hubiera liberado su mente de viejos prejuicios y comenzara a mirar a &Aacute;frica no a trav&eacute;s de una neblina de distorsiones y mistificaciones baratas sino, simplemente, como un continente con gente &mdash;no &aacute;ngeles, pero tampoco almas rudimentarias&mdash;, simplemente gente, a menudo personas talentosas y con frecuencia sorprendentemente exitosas en sus empresas con la vida y la sociedad. Pero como pens&eacute; m&aacute;s en la imagen estereotipada, sobre su control y su omnipresencia, sobre la tenacidad deliberada con la que Occidente la aferra a su coraz&oacute;n; cuando pens&eacute; en la televisi&oacute;n, el cine y los peri&oacute;dicos occidentales, en los libros que se leen en las escuelas y fuera de ellas, en las iglesias que predican a bancas vac&iacute;as sobre la necesidad de enviar ayuda a los paganos en &Aacute;frica, me di cuenta de que no era posible un optimismo f&aacute;cil. Y hab&iacute;a algo totalmente equivocado en ofrecer sobornos a Occidente a cambio de su buena opini&oacute;n sobre &Aacute;frica. En &uacute;ltima instancia el abandono de pensamientos insanos debe ser su &uacute;nica recompensa. Aunque en este texto he utilizado la palabra <I>deliberada</I> unas cuantas veces para caracterizar la visi&oacute;n Occidental sobre &Aacute;frica bien puede ser que lo que ocurre en esta etapa sea m&aacute;s af&iacute;n a la acci&oacute;n refleja que a la malicia calculada. Lo que no hace la situaci&oacute;n m&aacute;s sino menos esperanzadora. </p>     <p>El <I>Christian Science Monitor</I>, un peri&oacute;dico m&aacute;s ilustrado que muchos otros, public&oacute; alguna vez un interesante art&iacute;culo escrito por su editor de educaci&oacute;n sobre los graves problemas psicol&oacute;gicos y de aprendizaje que enfrentan los ni&ntilde;os que hablan un idioma en casa y luego van a la escuela donde se habla un idioma diferente. Era un art&iacute;culo de gran alcance que mencionaba a los ni&ntilde;os que hablan espa&ntilde;ol en estados unidos, a los hijos de los trabajadores migrantes italianos en alemania, al fen&oacute;meno del cuatriling&uuml;ismo en Malasia, etc. Y todo esto mientras el art&iacute;culo habla, inequ&iacute;vocamente, sobre el idioma. Pero entonces, de repente, aparece esto: &laquo;en Londres hay una enorme inmigraci&oacute;n de ni&ntilde;os que hablan dialectos hind&uacute;es o de nigeria o alg&uacute;n  otro idioma nativo&raquo;.<sup><a name="nu8"></a><a href="#num8">8</a></sup> Me parece que  la introducci&oacute;n de la palabra <I>dialectos</I>, t&eacute;cnicamente err&oacute;nea en ese contexto, es casi un acto reflejo causado por un deseoinstintivo del escritor por rebajar el debate al nivel de &Aacute;frica y la india. Y esto es comparable a la negativa de Conrad de dar un idioma a sus almas rudimentarias. El lenguaje es demasiado importante para esos tipos; &iexcl;por eso vamos a darles dialectos! </p>      <p>En todo este asunto no s&oacute;lo se ejerce, inevitablemente, una violencia sobre la imagen de gentes despreciadas sino sobre las palabras, las herramientas de una posible reparaci&oacute;n. Consideren la expresi&oacute;n &laquo;lengua nativa&raquo; en la cita anterior. Sin duda, la &uacute;nica lengua <I>nativa</I> posible en Londres es el llamado ingl&eacute;s <I>cockney</I>.<sup><a name="nu10"></a><a href="#num10">10</a></sup> Pero nuestro escritor quiere significar algo m&aacute;s &mdash;algo apropiado para los sonidos que hacen los indios y los africanos. </p>      <p>Aunque el trabajo de reparaci&oacute;n que necesita ser hecho pueda parecer demasiado desalentador, me parece que nunca es tarde para comenzar. Conrad vio y conden&oacute; la maldad de la explotaci&oacute;n inconsciente del racismo en el que afilaba sus dientes de hierro. Pero las v&iacute;ctimas de la calumnia racista, que han tenido que vivir por siglos con la inhumanidad de que les ha hecho herederas, siempre han sabido mejor que cualquier visitante casual, incluso cuando viene cargado con los dones de un Conrad. </p> <HR>     <p><b>Pie de p&aacute;gina</b></p>     <P><sup><a name="num1"></a><a href="#nu1">1</a></sup>Publicado originalmente en ingl&eacute;s en <I>The Massachusetts Review</I> 18(4):782-794, 1977. Los derechos de traducci&oacute;n    fueron otorgados sobre la versi&oacute;n, ligeramente diferente, incluida en <I>Hopes and impediments: selected essays, 19651987</I>, una colecci&oacute;n de ensayos de Achebe publicada en 1988. Traducci&oacute;n de Crist&oacute;bal Gnecco.    <br> <sup><a name="num2"></a><a href="#nu2">2</a></sup>T&iacute;tulo en espa&ntilde;ol de la novela de Achebe <I>Things fall apart</I>, publicada en 1958.    <br> <sup><a name="num3"></a><a href="#nu3">3</a></sup>Albert J. Guerard, introducci&oacute;n a <I>Heart of darkness </I> (Nueva York: New American Library, 1950), p. 9    <br> <sup><a name="num4"></a><a href="#nu4">4</a></sup>Joseph Conrad, <I>Heart of darkness </I>and <I>The secret </I> <I>sharer </I>(Nueva York: New American Library, 1950), p. 66; de aqu&iacute; en adelante lo cito en el texto por  n&uacute;mero de p&aacute;gina.    <br> <sup><a name="num5"></a><a href="#nu5">5</a></sup>Jonah Raskin, <i>The mythology of imperialism</i> (Nueva York: Random House, 1971), p. 143. Nota del traductor: la palabra que usa Conrad en este p&aacute;rrafo (y a la que alude Achebe a continuaci&oacute;n) es <i>nigger</i>, una palabra derogatoria y agresiva usada en el mundo angl&oacute;fono para referirse a la gente negra.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> <sup><a name="num6"></a><a href="#nu6">6</a></sup>Bernard C. Meyer, <i>Joseph Conrad: a psychoanalytic biography</i> (Princeton: Princeton University Press, 1967), p. 30.    <br> <sup><a name="num7"></a><a href="#nu7">7</a></sup><I>Ibid</I>.    <br> <sup><a name="num8"></a><a href="#nu8">8</a></sup>Frank Willett, <I>African art </I>(Nueva York: Praeger, 1971), pp. 35-36.    <br> <sup><a name="num9"></a><a href="#nu9">9</a></sup><I>Christian Science Monitor, </I>25 de noviembre de 1974, p. 11.    <br> <sup><a name="num10"></a><a href="#nu10">10</a></sup><I>Nota del traductor</I>: en este caso el t&eacute;rmino <I>cockney </I>refiere al tipo de ingl&eacute;s hablado por las personas de imperial pero fue extra&ntilde;amente origen obrero que viven en East London.</P> </font>      ]]></body>
</article>
