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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Explicación psicoanalítica del acto criminal]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[A theoretical analysis is offered from the psychological explanations of human conduct having been exposed, particularly regarding the criminal act. Starting from the epistemological conceptions on which criminology relies in its pretentious intentions to explain the genesis of criminal behavior, in order to locate from there the explicative vacuums that these approaches offer at the time of attempting to give a causal explanation to genesis and criminal conduct. Unconscious motivation is placed as a work hypothesis as the cause of criminal behavior, understood as a psychic causality.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[   <font face="verdana" size="2">      <p align="center"><font size="4"><b>Explicaci&oacute;n psicoanal&iacute;tica del acto criminal</b></font></p>     <p align="center"><font size="3"><b>Psychoanalytical explanation of the criminal act</b></font></p>      <p align="center">Armando Aguilera Torrado<sup>*</sup></p>       <p><sup>*</sup>Mag&iacute;ster en Ciencias Sociales. Psicoan&aacute;lisis, Cultura y V&iacute;nculo Social Profesor Asistente, Universidad Industrial de Santander, Barrancabermeja, Colombia Investigador, Centro de Convivencia Ciudadana del Municipio de Barrancabermeja <a href="mailto:aaguileratorrado@yahoo.com">aaguileratorrado@yahoo.com</a></p>       <p>Fecha de recepci&oacute;n: 2009-07-28. Fecha de aceptaci&oacute;n: 2010-04-26</p><hr>      <p><font size="3"><b>Resumen</b></font></p>      <p>Se presenta un an&aacute;lisis te&oacute;rico desde las explicaciones psicol&oacute;gicas que se han hecho de la conducta humana, particularmente del acto criminal. Se parte de las concepciones epistemol&oacute;gicas en las que se apoya la criminolog&iacute;a en sus pretensiones de querer explicar la g&eacute;nesis del comportamiento criminal, para desde all&iacute; ubicar los vac&iacute;os explicativos que estos planteamientos presentan a la hora de querer dar una explicaci&oacute;n causal de la g&eacute;nesis y la conducta criminal. Se ubica como hip&oacute;tesis de trabajo la motivaci&oacute;n inconsciente como causa del comportamiento criminal, entendida esta como causalidad ps&iacute;quica.</p>      <p><i><b>Palabras clave: </b>Teor&iacute;as psicol&oacute;gicas, criminolog&iacute;a, conducta antisocial, psicoan&aacute;lisis, comportamiento criminal (fuente: Tesauro de Pol&iacute;tica Criminal Latinoamericana - ILANUD).</i></p><hr>      <p><font size="3"><b>Abstract</b></font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>A theoretical analysis is offered from the psychological explanations of human conduct having been exposed, particularly regarding the criminal act. Starting from the epistemological conceptions on which criminology relies in its pretentious intentions to explain the genesis of criminal behavior, in order to locate from there the explicative vacuums that these approaches offer at the time of attempting to give a causal explanation to genesis and criminal conduct. Unconscious motivation is placed as a work hypothesis as the cause of criminal behavior, understood as a psychic causality.</p>      <p><i><b>Key words: </b>Psychological theories, criminology, antisocial conduct, psychoanalysis, criminal behavior (Source: Thesaurus of Latin American Criminal Policy - ILANUD).</i></p><hr>      <p><font size="3"><b>Introducci&oacute;n</b></font></p>      <p>El estudio de la g&eacute;nesis del comportamiento criminal dentro de la criminolog&iacute;a se ubica b&aacute;sicamente dentro de dos tendencias epistemol&oacute;gicas: una que pertenece a lo que se ha denominado la criminolog&iacute;a precient&iacute;fica, en la que se sit&uacute;an la Escuela Criminol&oacute;gica Cl&aacute;sica y la del Revisionismo Neocl&aacute;sico, y la otra, ubicada en la etapa cient&iacute;fica de la criminolog&iacute;a, en la cual se colocan la Escuela Positiva, la intermedia o ecl&iacute;ptica, la social, la an&oacute;mica y la ecol&oacute;gica.</p>      <p>Para la primera Escuela, es decir, la cl&aacute;sica, el acto criminal se caracteriza por ser: 1. Una conducta normal: nada distingue al ser humano delincuente de aquel no delincuente, pues todos los hombres son iguales; 2. Una conducta irracional: el crimen es un acto irracional e incomprensible, ya que el ser humano con su libertad y capacidad de decisi&oacute;n no ha sabido elegir el camino que m&aacute;s le conven&iacute;a; 3. Un comportamiento al que se le debe dar prioridad sobre el autor del mismo: el delincuente s&oacute;lo aparecer&aacute; como el sujeto activo del delito y no se le prestar&aacute; mayor atenci&oacute;n; 4. Un comportamiento situacional: no existe una etiolog&iacute;a del crimen, sino que este es consecuencia de un mal uso de la libertad, y todos los ciudadanos son criminales en potencia, porque todos son libres; son situaciones espec&iacute;ficas las que pueden explicar, caso a caso, la opci&oacute;n del ser humano a favor del crimen; 5. Un comportamiento que exige un castigo. Fundamentan la legitimaci&oacute;n y delimitaci&oacute;n del castigo y sacan conclusiones sobre el cu&aacute;ndo, el c&oacute;mo y el porqu&eacute; se castigan los delitos; la respuesta al comportamiento delictivo se efect&uacute;a con una pena justa, proporcionada y &uacute;til.</p>      <p>En cuanto a la segunda concepci&oacute;n de la conducta criminal, la Escuela Positiva, el comportamiento criminal es concebido como: 1. Un hecho de la naturaleza y debe estudiarse como un ente real, actual y existente; 2. Un comportamiento ejecutado por un delincuente que comete delitos por influencias del medio en que vive; la Escuela busca la readaptaci&oacute;n del delincuente y, para estos, establece los sustitutivos penales; 3. Un comportamiento marcado por un determinismo, la voluntad del ser humano no desempe&ntilde;a ning&uacute;n papel en sus actos, &eacute;l no tiene libre albedr&iacute;o y est&aacute; determinado a cometer delitos; 4. Un comportamiento variado y depende del perfil del criminal. Acepta "tipos" criminales.</p>      <p>A pesar de su distanciamiento epistemol&oacute;gico, estas dos concepciones del acto criminal tienen en com&uacute;n la creencia de que el comportamiento humano alberga conductas ajenas al prop&oacute;sito de su naturaleza, como es el caso del comportamiento criminal, el cual, para los te&oacute;ricos de la criminolog&iacute;a, tiene su g&eacute;nesis en factores externos, como la irracionalidad, las desviaciones o rasgos biol&oacute;gicos y/o las contingencias ambientales.</p>      <p>El psicoan&aacute;lisis viene a revaluar este tipo de explicaciones, para lo cual presenta una nueva manera de investigar la personalidad y las caracter&iacute;sticas de conducta del criminal, distinta a la identificaci&oacute;n de rasgos de personalidad y la construcci&oacute;n de tipolog&iacute;as de conductas, que ha sido la tendencia que la psicolog&iacute;a y psiquiatr&iacute;a criminal han desarrollado, inspiradas en la perspectiva positiva de la criminolog&iacute;a.</p>      <p>Partiendo de los aportes del psicoan&aacute;lisis, particularmente de las contribuciones de Freud (1989), Lacan (1978), Miller (2002 y 2005) y Zuleta (1987), en el art&iacute;culo se identifican y siguen las pistas del origen de este error, para lo que se plantea como hip&oacute;tesis de trabajo lo siguiente: el error de la concepci&oacute;n del acto criminal dentro de las teor&iacute;as criminol&oacute;gicas se ha debido al desconocimiento u olvido, por parte de los investigadores, de una de las variables esenciales del comportamiento: la motivaci&oacute;n inconsciente del comportamiento, variable que posibilita no solo la identificaci&oacute;n del perfil conductual, sino tambi&eacute;n la exploraci&oacute;n de las intenciones de quien act&uacute;a.</p>      <p>El estudio del crimen desde una perspectiva motivacional posibilita establecer:</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>1. El modus operandi y el repertorio conductual del criminal; 2. El focus del crimen, y 3. La intencionalidad de quien comete un delito.</p>      <p><font size="3"><b>Desarrollo del problema</b></font></p>      <p>La revisi&oacute;n de las teor&iacute;as explicativas de la g&eacute;nesis del comportamiento criminal permite identificar que los estudios que, desde la psicolog&iacute;a y la psiquiatr&iacute;a, se han desarrollado para establecer las causas personales que favorecen el surgimiento de comportamientos delictivos, se han centrado en dos aspectos: uno, en identificar los rasgos de personalidad propios de los criminales, y dos, en evaluar y determinar los trastornos psicopatol&oacute;gicos en la poblaci&oacute;n carcelaria.</p>      <p>Estos trabajos tienen como transfondo la creencia de que el criminal es un ser excepcional, con caracter&iacute;sticas psicopatol&oacute;gicas y de personalidad particulares, las cuales son la causa del acto criminal. Sin embargo, revisando estos trabajos sobre la g&eacute;nesis del comportamiento criminal, surgen varios interrogantes para quien asume el estudio del comportamiento desde la perspectiva del determinismo psicol&oacute;gico, desde la intencionalidad del acto humano.</p>      <p>El estado actual de la civilizaci&oacute;n ha llevado a una extensi&oacute;n de los cr&iacute;menes y a una revaluaci&oacute;n de las teor&iacute;as psicol&oacute;gicas y psiqui&aacute;tricas que explican el comportamiento criminal; es all&iacute; donde surge el psicoan&aacute;lisis como contrapartida a las explicaciones positivistas. Desde esta perspectiva, la pr&aacute;ctica del psicoanalista ya no se limita al dispositivo anal&iacute;tico en el &aacute;mbito de los consultorios privados sino tambi&eacute;n en otros dispositivos. El psicoan&aacute;lisis entra en la escena p&uacute;blica.</p>      <p>La incidencia del psicoan&aacute;lisis en la subjetividad contempor&aacute;nea conlleva un fuerte desaf&iacute;o al tener que dar respuestas a los s&iacute;ntomas sociales, pero conservando los principios &eacute;ticos que rigen para el psicoan&aacute;lisis. Una primera cuesti&oacute;n, que se debe tener en cuenta cuando el psicoan&aacute;lisis d&eacute; explicaciones acerca del crimen, es preguntarse por lo siguiente: &iquest;es l&iacute;cito hablar de psicoan&aacute;lisis aplicado a la criminolog&iacute;a o deber&iacute;amos simplemente denominar a esa pr&aacute;ctica de intervenci&oacute;n anal&iacute;tica en dispositivos no anal&iacute;ticos? Y, en segundo lugar, &iquest;cu&aacute;les ser&iacute;an los par&aacute;metros que se deben tener en cuenta para afirmar que esa pr&aacute;ctica es anal&iacute;tica?</p>      <p>Miller (2005) habl&oacute; de acci&oacute;n lacaniana, en tanto que ella, fuera del dispositivo anal&iacute;tico, se orienta por el discurso anal&iacute;tico; esa acci&oacute;n, fuera del dispositivo, no se dirige ni a la masa ni a la sociedad, sino a un sujeto extra&iacute;do de la masa. Ese es el responsable del cual habla Lacan. El discurso anal&iacute;tico, se aplique donde se aplique, produce un sujeto, y el operador para ello no es otro que el deseo del analista, que se hace presente tanto en el dispositivo anal&iacute;tico como en otros dispositivos. Por lo tanto, el deseo del analista es el que opera tanto en la acci&oacute;n lacaniana como en el acto anal&iacute;tico.</p>      <p>Teniendo en cuenta estas aclaraciones, surgen las preguntas que pretenden responderse en este art&iacute;culo: 1. &iquest;Cu&aacute;les son los aportes del psicoan&aacute;lisis a la comprensi&oacute;n del acto criminal? 2. &iquest;Por qu&eacute; esta aproximaci&oacute;n es distinta a la planteada por las escuelas criminol&oacute;gicas y la psicolog&iacute;a criminal de corte positivista?</p>      <p>Lacan, en 1950, ya hab&iacute;a escrito acerca de las relaciones entre el psicoan&aacute;lisis y criminolog&iacute;a en un texto absolutamente precursor. Los vaticinios del Lacan de esa &eacute;poca hoy se ven plasmados en una desintegraci&oacute;n de los lazos sociales a una escala muy preocupante.</p>      <p>En los peri&oacute;dicos y noticieros nacionales a diario aparecen noticias sobre los estragos y la capacidad siniestra del ser humano; como casos particulares es posible ubicar, en primer lugar, el caso sonado y manipulado por los medios de comunicaci&oacute;n del ni&ntilde;o que fue secuestrado y posteriormente asesinado por su propio padre en el municipio de Ch&iacute;a (Cundinamarca); en segundo, el de los dos ni&ntilde;os de la ciudad de Bogot&aacute; que fueron golpeados hasta ser asesinados por parte del novio de su madre; por &uacute;ltimo, est&aacute; el caso del ni&ntilde;o de dos a&ntilde;os asesinado a bala por un desconocido en la ciudad de Cali. Situaciones lamentables y vergonzosas para el pueblo colombiano, las cuales han conmovido a la opini&oacute;n p&uacute;blica y justifican la iniciativa popular de buscar la condena de cadena perpetua para violadores y agresores de los ni&ntilde;os en Colombia. Ante estos criminales surgen las preguntas: &iquest;Qu&eacute; pasa con el r&eacute;gimen de la ley en la civilizaci&oacute;n? &iquest;Qu&eacute; ocurre con las restricciones pulsionales en los sujetos? Estos tres casos, como tantos otros de nuestro actual malvivir, nos llevan a un inter&eacute;s renovado por los primeros textos de Lacan. &iquest;Qu&eacute; aportes puede hacer el psicoan&aacute;lisis a la criminolog&iacute;a?</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Textos como Introducci&oacute;n te&oacute;rica de las funciones del psicoan&aacute;lisis en criminolog&iacute;a (1978) y La ciencia y la verdad (1978) son completamente actuales. En el primero, Lacan articula el advenimiento de la modernidad y el crimen. A partir de ello, enmarca la responsabilidad que le cabe a ese sujeto particularizado de la sociedad moderna, pues es sobre el concepto de responsabilidad que Lacan fundamenta los aportes que el psicoan&aacute;lisis puede hacer al campo del derecho, haciendo la salvedad de que no es lo mismo la responsabilidad para el discurso jur&iacute;dico que para el anal&iacute;tico. Para el jur&iacute;dico hay una continuidad entre culpa y responsabilidad, pero para el psicoan&aacute;lisis no, dado que un sujeto puede sentirse culpable de algo no cometido, as&iacute; como culparse toda la vida sin hacerse responsable.</p>      <p>A partir de asentarse en la responsabilidad del sujeto es que Lacan se manifiesta contrario a que el psicoan&aacute;lisis utilice los elementos del Edipo freudiano como aporte a una psicopatolog&iacute;a clasificatoria del criminal. Esa es la advertencia que nos deja a los psicoanalistas: no aportar las categor&iacute;as psicopatol&oacute;gicas, como perversi&oacute;n, psicopat&iacute;as o psicosis.</p>      <p>La contribuci&oacute;n del psicoan&aacute;lisis deber&aacute; ir m&aacute;s all&aacute; de las clasificaciones. Es una advertencia para no ser funcionarios que ejerzan un papel de peritos seudocient&iacute;ficos. Tambi&eacute;n es reacio a que desde la ciencia se arme una teor&iacute;a del criminal, apuntalada en la biolog&iacute;a del modelo lambrosiano, que teoriza al criminal como un depravado de instintos arcaicos, un inhumano de instintos at&aacute;vicos deducibles de su biolog&iacute;a.</p>      <p>Hoy tenemos una versi&oacute;n m&aacute;s actualizada del criminal desde la neurociencia, que busca el gen del criminal.</p>      <p>As&iacute; sali&oacute; publicado en un diario el descubrimiento del gen ego&iacute;sta de los dictadores...: "En concreto, el AVPR1 permite que una hormona act&uacute;e sobre c&eacute;lulas cerebrales creando sentimientos de solidaridad y comunicaci&oacute;n. Se supone que los dictadores no habr&iacute;an desarrollado ese gen, por lo que adoptaron conductas individualistas" (El Tiempo, noviembre de 2009).</p>      <p>Cuando Lacan se apoya en los desarrollos ed&iacute;picos freudianos, lo hace para realizar una lectura de la sociedad moderna y de la subjetividad que de ella se desprende. Se trata, para &eacute;l, de los efectos pat&oacute;genos producidos tanto por el declive de la autoridad del padre como por la forclusi&oacute;n del sujeto producida por la ciencia y al servicio del discurso capitalista, todo ello en una relaci&oacute;n directa con el aumento de los cr&iacute;menes.</p>      <p>El texto no se apoya en el Edipo freudiano para realizar una teor&iacute;a del criminal, sino que, basado en los textos freudianos, ofrece una lectura absolutamente actual del Otro social. Es un texto sobre la responsabilidad o tambi&eacute;n, si se quiere, sobre su contracara de la irresponsabilidad generalizada que se abre a partir de la sociedad moderna capitalista.</p>      <p>En este orden de ideas, la de la responsabilidad social del crimen y la clasificaci&oacute;n de los criminales, Zuleta (1987), retomando el modelo explicativo del psicoan&aacute;lisis, plantea el determinismo ps&iacute;quico como causa del comportamiento criminal; con ello le da un giro a los estudios sobre las causas personales y sociales que determinan el crimen, pues esta nueva visi&oacute;n implica analizar las relaciones intersubjetivas para determinar si estas inciden en la estructuraci&oacute;n de la personalidad del criminal; igualmente, significa tener clara la manera como las relaciones intersubjetivas son vividas por el sujeto y c&oacute;mo determinan su comportamiento.</p>      <p>Este determinismo lo explica Zuleta de la siguiente manera:</p>      <blockquote>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>"no podemos explicarnos la conducta del hombre, cuando se conduce de una u otra manera, por arbitraria decisi&oacute;n de una voluntad que escapa a toda causa, pero tampoco podemos explicarnos su conducta como un producto del estado actual de su organismo. Para el psicoan&aacute;lisis esa conducta es el producto de todo lo que ha sido su vida, de su recuerdo, de lo que ha olvidado, de los fen&oacute;menos que han repercutido a trav&eacute;s de toda su historia de vida, es decir, el psicoan&aacute;lisis considera que su conducta se puede explicar por las relaciones que con las otras personas ha tenido, por el sentido fundamental de esas relaciones, comenzando por sus relaciones originarias con su madre, hasta las &uacute;ltimas que haya tenido. Si asumimos que el efecto puesto en estas relaciones, la forma que &eacute;stas tuvieron y la manera como fueron vividas determina una conducta, nos ubicamos necesariamente frente al determinismo ps&iacute;quico" (pp. 8-9).</p> </blockquote>      <p>Asumir el determinismo ps&iacute;quico como hip&oacute;tesis explicativa del acto criminal trae consecuencias procedimentales en la elaboraci&oacute;n y redacci&oacute;n de los dict&aacute;menes o peritazgos que los abogados, fiscales y jueces le demandan a los psiquiatras y psic&oacute;logos. De forma usual, el Derecho utiliza la evaluaci&oacute;n psicol&oacute;gica con el fin de determinar si hay indicios para establecer la culpabilidad o inocencia de un sindicado.</p>      <p>El criterio de culpabilidad o inocencia frente a la responsabilidad de un acto es una categor&iacute;a de an&aacute;lisis que se sale del referente te&oacute;rico del psicoan&aacute;lisis y del modelo explicativo que &eacute;l asume para explicar la g&eacute;nesis de las actuaciones humanas. Para el psicoan&aacute;lisis no es posible determinar que un comportamiento ha sido previsto y hecho a prop&oacute;sito, ya que para la teor&iacute;a freudiana todas las causas del comportamiento humano son inconscientes. En este sentido, Zuleta (1987), a partir de los planteamientos te&oacute;ricos freudianos del determinismo, afirma:</p>      <blockquote>     <p>"El psicoan&aacute;lisis puede llegar a explicar en general una conducta, pero no puede contestar a la pregunta de en qu&eacute; medida es culpable el delincuente, porque esta pregunta est&aacute; planteada en t&eacute;rminos que el psicoan&aacute;lisis rechaza. Por lo tanto, no puede contestar a esa pregunta" (p. 16).</p> </blockquote>      <p>Para Zuleta, el problema no est&aacute; solo en c&oacute;mo responder, sino tambi&eacute;n en c&oacute;mo preguntar:</p>      <blockquote>     <p>"hay preguntas que ya tienen una serie de respuestas impl&iacute;citas y uno no puede contestarlas sino que tiene que criticar las preguntas. Porque la diferencia entre la ciencia no est&aacute; solamente en la manera de responder a unas mismas preguntas, sino que est&aacute; tambi&eacute;n en la manera de hacer las preguntas, de preguntar. La diferencia est&aacute; en que la ciencia hace preguntas abiertas; es decir, preguntas cuyas respuestas no est&aacute;n impl&iacute;citas en el planteamiento de las preguntas, y la ideolog&iacute;a hace preguntas que est&aacute;n llenas de implicaciones, que tienden a determinar una respuesta; por eso cuando se pregunta &iquest;qui&eacute;n hizo el mundo? se implica que el mundo fue hecho y fue hecho por alguien. Si uno acepta la pregunta, no tiene m&aacute;s que una respuesta... El psicoan&aacute;lisis como ciencia puede colaborar en el estudio de la delincuencia pero tiene sus propios planteamientos. No puede constituirse como una rama que vaya a responder en forma de ayuda c&oacute;mplice a las preguntas jur&iacute;dicas. Si se pregunta: &iquest;Cu&aacute;les son las causas por las que un determinado individuo realiz&oacute; un acto delictivo?, puede iniciarse una investigaci&oacute;n desde el psicoan&aacute;lisis y es esa &uacute;nica pregunta a la que puede el psicoan&aacute;lisis ayudar a responder" (p. 16).</p> </blockquote>      <p>La causalidad ps&iacute;quica, planteada por Zuleta, es una doctrina intencionalista sobre el comportamiento humano; pero el psicoan&aacute;lisis no es la &uacute;nica teor&iacute;a que asume el intencionalismo como modelo explicativo de las acciones humanas, ya que la psicolog&iacute;a cognitivo-gen&eacute;tica tambi&eacute;n hab&iacute;a asumido la intencionalidad como fundamento causal del acto humano. Cabe aqu&iacute; formular una pregunta, con miras a precisar la originalidad de la teor&iacute;a freudiana. &iquest;En qu&eacute; se diferencia el pensamiento freudiano de la intencionalidad y el de los seguidores de la psicolog&iacute;a cognitivogen&eacute;tica? Porque la simple afirmaci&oacute;n seg&uacute;n la cual las causas de los actos humanos son ps&iacute;quicas no es suficiente para diferenciarlos. Se distingue m&aacute;s bien en que la causalidad de Freud no es una intencional, no es una causalidad final, como s&iacute; lo es para Piaget y sus seguidores en la concepci&oacute;n del desarrollo de la inteligencia y de la acci&oacute;n. El determinismo ps&iacute;quico que plantea Freud permite entender que: primero, el ser humano nunca ha sido determinado principalmente en sus actos por el estado actual de su organismo (como s&iacute; lo plantea la teor&iacute;a piagetiana), sino por sus relaciones con los otros seres humanos: ling&uuml;&iacute;sticas, afectivas e hist&oacute;ricas, es decir, por su infancia, y segundo, que esa determinaci&oacute;n no es a la manera teleol&oacute;gica (como s&iacute; lo observamos en las teor&iacute;as cognitivas de la mente), la que afirma que los proyectos, los anhelos, los deseos y los valores del ser humano determinan lo que hace; esa es m&aacute;s bien la imagen que trata de hacer de s&iacute; mismo. Sin embargo, hay una determinaci&oacute;n que no conoce, pero que es eficaz, la cual es operada por el inconsciente.</p>      <p>Una vez delineados los fundamentos conceptuales del psicoan&aacute;lisis en torno a la g&eacute;nesis del comportamiento humano, podemos iniciar el an&aacute;lisis del comportamiento criminal desde la perspectiva psicoanal&iacute;tica. Para orientarnos en este prop&oacute;sito retomaremos la pregunta freudiana en torno al acto criminal.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&iquest;Cu&aacute;les son las causas por las que un determinado individuo realiza un acto criminal?</p>      <p>Veamos primero qu&eacute; es lo que Lacan plantea en el texto Introducci&oacute;n te&oacute;rica a las funciones del psicoan&aacute;lisis en criminolog&iacute;a:</p>      <blockquote>    <p>"Toda sociedad, en fin, manifiesta la relaci&oacute;n entre el crimen y la ley a trav&eacute;s de castigos, cuya realizaci&oacute;n, sean cuales fueren sus modos, exige un asentimiento subjetivo. Aqu&iacute; es donde el psicoan&aacute;lisis puede, por las instancias que distingue en el individuo moderno, aclarar las vacilaciones de la noci&oacute;n de responsabilidad para nuestro tiempo y el advenimiento correlativo de una objetivaci&oacute;n del crimen, a la que puede colaborar" (Lacan, 1978, p. 86).</p></blockquote>      <p>El texto es una colaboraci&oacute;n del psicoan&aacute;lisis a la criminolog&iacute;a. El lazo social se afirma si se conserva el anudamiento del sujeto a la ley. Para la ley jur&iacute;dica, el castigo es el correlato de un crimen. Pero en el asentimiento subjetivo a la ley el psicoan&aacute;lisis puede hacer su aporte a la criminolog&iacute;a, a sabiendas de que la ley que rige para el derecho no es la misma que la ley entendida desde el psicoan&aacute;lisis. Para la ley jur&iacute;dica, el delito est&aacute; tipificado y conlleva un castigo. Para el psicoan&aacute;lisis, se trata de la operatoria que en cada sujeto deja un goce interdicto, y eso mismo es constatable uno por uno, no rige all&iacute; la categor&iacute;a universalizante del derecho.</p>      <p>Lo social est&aacute; definido a partir de t&oacute;tem y tab&uacute;, y el pacto social deviene del crimen primordial como fundante de la ley. Con la ley y el crimen se inicia el ser humano, y si hay alguna posibilidad de referencia a la humanidad desde el psicoan&aacute;lisis, ella se establece por el lazo de un sujeto con el l&iacute;mite que la ley de interdicci&oacute;n del goce le impone. All&iacute; se separa el individuo del hombre; lo humano en Freud y Lacan est&aacute; delimitado por ese lazo social que liga al sujeto con el Otro, y es una humanidad del uno por uno, nunca la Humanidad. Las pretensiones universalizantes que pregona el humanismo con su proliferaci&oacute;n de Derechos del Hombre, esa universalizaci&oacute;n totalizante e igualitaria respecto al hombre, no son los preceptos de Lacan.</p>      <p>El lazo social se asienta en la disimetr&iacute;a, no es igualitario sino, como refiere Miller, &eacute;l es nominal. La simetr&iacute;a imaginaria del espejo y la igualdad no llevan al sujeto al lazo social sino a la destrucci&oacute;n del otro.</p>      <p>En ese sentido, el discurso jur&iacute;dico y el anal&iacute;tico comparten la misma idea respecto de la disimetr&iacute;a que la ley introduce, el lugar del Otro que representa la ley es disim&eacute;trico respecto al sujeto.</p>      <p>Desde el psicoan&aacute;lisis es sabido que la &uacute;nica forma posible que tiene el ser humano para existir en lo psicol&oacute;gico y lo cultural es la de asumir la prohibici&oacute;n, la norma. El ser humano para ser realmente humano debe someterse al Otro (cultura), en un proceso de alienaci&oacute;n que se inicia en la relaci&oacute;n imaginaria de completud con el otro (madre o sustituto de la madre) y que contin&uacute;a en la etapa de Edipo, en la que se instaura la castraci&oacute;n.</p>      <p>El ser humano, para el psicoan&aacute;lisis, es un ser alienado por estructura; tal alienaci&oacute;n se da por efecto de la doble prohibici&oacute;n que debe asumir toda persona: una a nivel individual (psicol&oacute;gica), la castraci&oacute;n, y otra a nivel social (cultural), la del incesto. En ese sentido, en psicoan&aacute;lisis no se habla ni de individuo ni de persona sino de sujeto, haciendo referencia a estar sujetado a Otro (la norma cultural).</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>A nivel ps&iacute;quico, el complejo de castraci&oacute;n es la prohibici&oacute;n que inaugura o da inicio a la vida an&iacute;mica escindida (dividida) del sujeto, actuando como un operador l&oacute;gico que ordena y reorienta el deseo del sujeto; este complejo le proh&iacute;be la madre como objeto de amor al ser humano, a condici&oacute;n de no ser castrado; en esta medida reorienta la vida subjetiva de hombres y mujeres y les permite liberarse de la relaci&oacute;n inicial de fusi&oacute;n con la madre, donde se encontraban capturados por efecto de la fantas&iacute;a de la completud. El corte que produce la prohibici&oacute;n lleva al sujeto a acceder a otros tipos de v&iacute;nculos distintos al materno, pasando a convertirse en un sujeto de cultura, apto para la vida en sociedad.</p>      <p>A nivel cultural, el incesto es la prohibici&oacute;n que estructura el intercambio social, actuando como un operador l&oacute;gico que ordena y reorienta el acceso y el intercambio sexual; la ley del incesto le proh&iacute;be al sujeto el v&iacute;nculo sexual con sus parientes; a trav&eacute;s de esta prohibici&oacute;n, el v&iacute;nculo societario encuentra la v&iacute;a para pasar de un foco (locus) de control externo, representado en el protopadre (padre autoritario, terror&iacute;fico y temido), a un foco (locus) de control interno, representado en el padre asesinado, devorado (interiorizado) y venerado. La prohibici&oacute;n del incesto es la introyecci&oacute;n cultural de la norma, representada en las instituciones sociales como la religi&oacute;n, la familia, la educaci&oacute;n, etc.</p>      <p>Asumir la norma, la ley, es la &uacute;nica posibilidad que tiene el sujeto para sobrevivir ps&iacute;quica y culturalmente; en esa medida, el sujeto es un ser alienado a una prohibici&oacute;n que le antecede y le sigue.</p>      <p>La forma como cada sujeto asume la norma y la ley es particular, no es igual en todos:</p>      <p>- Unos asumen la ley de manera dolorosa (los neur&oacute;ticos).</p>      <p>- Otros la reconocen para violarla (los perversos).</p>      <p>- Hay quienes la forcluyen, la niegan y se mantienen por fuera de ella (los psic&oacute;ticos).</p>      <p>En cada una de estas maneras de relacionarse con la ley, con la norma, la prohibici&oacute;n opera, no hay escapatoria para el sujeto ante la ley, ella lo marca, lo estructura, lo organiza ps&iacute;quica y culturalmente; si se quiere llegar a constituir en un verdadero ser humano, se debe estar atravesado por la ley. Este proceso es universal, se da en todo sujeto. Lo particular en el proceso de estructuraci&oacute;n de la vida ps&iacute;quica es la forma como la ley reorienta el deseo en cada sujeto; ante la ley (el Otro) cada sujeto se relaciona de manera singular y distinta, y esta distinci&oacute;n depender&aacute; de su estructura ps&iacute;quica, que puede ser: neur&oacute;tica â€“con sus variantes: histeria, obsesi&oacute;n y fobiaâ€“, perversa o psic&oacute;tica.</p>      <p>En cualquiera de estas tres estructuras se ubican todos los infractores y delincuentes que se encuentran pagando una condena en la c&aacute;rcel por hab&eacute;rseles comprobado que infringieron una norma culturalmente establecida o cometieron un delito. All&iacute;, en esas estructuras, tambi&eacute;n est&aacute;n ubicados los no delincuentes, las personas que no han sido condenadas por el sistema judicial de una sociedad.</p>      <p>La cl&iacute;nica psicoanal&iacute;tica demuestra que el criminal no es un ser excepcional o distinto en su estructura ps&iacute;quica frente a aquellos que no lo son; por ello, para el psicoan&aacute;lisis es infructuoso pretender construir una psicopatolog&iacute;a particular del criminal, en la que se describan de forma detallada los rasgos de la conducta criminal; para el psicoan&aacute;lisis, lo prioritario realmente para entender la causalidad ps&iacute;quica del acto criminal no son los rasgos de personalidad de un sujeto, sino la din&aacute;mica inconsciente que sustenta dicha actuaci&oacute;n (determinismo ps&iacute;quico).</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Los rasgos de personalidad para el psicoan&aacute;lisis deben leerse como signos que dan cuenta de un conflicto pulsional (ps&iacute;quico), de un malestar, que, para el caso del criminal, se articula con el exceso o la ausencia de operadores l&oacute;gicos que organizan la vida ps&iacute;quica y cultural del sujeto (castraci&oacute;n e incesto), siendo el padre en su funci&oacute;n metaf&oacute;rica el que los hace operar. En ese sentido, se puede afirmar que la causalidad ps&iacute;quica del comportamiento criminal est&aacute; relacionada de manera directa con la funci&oacute;n que culturalmente debe ejercer el padre (ordenador l&oacute;gico de la vida ps&iacute;quica y cultural del sujeto). El padre que identifica el psicoan&aacute;lisis en su funci&oacute;n de met&aacute;fora paterna no es el padre biol&oacute;gico de cada uno de nosotros, el de carne y hueso, sino el padre institucional, el representante cultural de la ley, el tercero regulador del deseo, que hace a cada hombre y cada mujer aptos para vivir en sociedad.</p>      <p>Los manuales de diagn&oacute;stico sobre la conducta criminal establecen unas caracter&iacute;sticas de personalidad y del repertorio conductual propias del criminal; si las analizamos, es posible encontrar alg&uacute;n parecido con los comportamientos de los sujetos con estructura ps&iacute;quica perversa o psic&oacute;tica. Sin embargo, no se pueden asumir estos rasgos de personalidad como predictores de comportamientos criminales, ya que no es cierto que todo perverso o psic&oacute;tico pueda realmente llegar a ser un delincuente. El acto criminal aflora seg&uacute;n la manera como se organice el deseo y el goce en la vida ps&iacute;quica de cada sujeto; es decir, el acto criminal, antes que con los rasgos de personalidad, tiene que ver con el m&aacute;s all&aacute; del principio del placer y con la compulsi&oacute;n a la repetici&oacute;n, dos fen&oacute;menos ps&iacute;quicos estudiados por Freud, que son los que sustentan y le dan sentido a los s&iacute;ntomas, los sue&ntilde;os, los actos fallidos y los chistes, como manifestaciones del inconsciente.</p>      <p>Tener rasgos psic&oacute;ticos o perversos no es raz&oacute;n suficiente para generar una psicosis o una perversi&oacute;n, mucho menos para afirmar que se llegar&aacute; a ser un criminal. El crimen como acto es el contenido manifiesto de una acci&oacute;n que sustenta una din&aacute;mica ps&iacute;quica inconsciente, un sentido oculto y reprimido que da cuenta de una causalidad ps&iacute;quica, que se escapa de la comprensi&oacute;n de la racionalidad aristot&eacute;lica y cartesiana, pues no opera bajo las mismas dimensiones espacio-temporales de la raz&oacute;n. Para el psicoan&aacute;lisis, el acto criminal es asumido con la misma estructura con la que se toma el s&iacute;ntoma, es decir, desde la perspectiva del malestar que da cuenta de un conflicto pulsional, en el que a trav&eacute;s de la repetici&oacute;n compulsiva de acciones se busca saldar un conflicto no resuelto, lo que produce un desgaste de energ&iacute;a, frente a lo cual el sujeto no puede hacer nada para parar, pues no conoce los hilos conductores que determinan las causas que lo mantienen repitiendo acciones que lo desintegran an&iacute;micamente. El s&iacute;ntoma, al igual que el acto criminal, ubica al sujeto en una forma mortificante de gozar y de relacionarse con el otro.</p>      <p>As&iacute; lo entendi&oacute; el escritor Dostoievski, quien lo presenta de manera magistral en su obra Crimen y castigo (1989).</p>      <p>Dostoievski es el escritor de la din&aacute;mica ps&iacute;quica del criminal, una din&aacute;mica que sustenta el crimen. En su obra muestra c&oacute;mo el acto criminal opera bajo la l&oacute;gica del inconsciente, la cual deforma y disfraza por efecto de la censura el contenido latente de la acci&oacute;n criminal; por ello, las acciones del criminal se hacen il&oacute;gicas, ilegibles e incomprensibles para la sociedad, para el sistema judicial y para el mismo criminal; nadie entiende c&oacute;mo una persona puede arriesgarse por sus acciones criminales, hasta el punto de buscar la muerte y la propia destrucci&oacute;n.</p>      <p>El crimen, como lo demuestra Dostoievski, es la v&iacute;a que encuentra la vida ps&iacute;quica para resolver un conflicto no resuelto. En su obra Crimen y castigo, el novelista muestra c&oacute;mo se comete un crimen, para luego ser castigado y cerrar el c&iacute;rculo del sentimiento de culpa.</p>      <p>Con respecto al sentimiento de culpa, Zuleta (1987) afirma:</p>      <blockquote>     <p>"En el psicoan&aacute;lisis siempre que se hable de culpa (culpa quiere decir sentimiento de culpa), es un sentimiento independiente de toda calificaci&oacute;n moral del acto a que se refiere, el sentimiento de culpa procede de que cuando nacemos ingresamos en la vida social por medio de leyes y de normas, por medio de prohibiciones, cuando nacemos y nos encontramos con un no... Esa normatividad que produce lo que llama un fil&oacute;sofo moderno la humanizaci&oacute;n forzada del animalito humano... Pues bien, ese ser que somos puede perfectamente tener el sentimiento de haber cometido un horrible crimen por haber tenido sencillamente una grave hostilidad, una presi&oacute;n negativa inconsciente, pero terriblemente fuerte e interna. Se produce entonces el extra&ntilde;o fen&oacute;meno de la culpa, extra&ntilde;o por la dificultad para explicarlo, y la persona que lo sufre no sabe a qu&eacute; adjudicarle tal sentimiento de culpa sin objeto" (p. 33-34).</p> </blockquote>      <p>Esta es la interpretaci&oacute;n que hace Zuleta de la lectura del texto El malestar en la cultura, de Freud (1998); en este libro, el padre del psicoan&aacute;lisis expone de manera magistral c&oacute;mo la norma (la prohibici&oacute;n), en un momento de la evoluci&oacute;n cultural, deja de ser externa para convertirse una voz interior, en una prohibici&oacute;n introyectada (sentimiento de culpa).</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El sentimiento de culpa, seg&uacute;n Zuleta, es uno de los problemas humanos que parecen m&aacute;s graves en sus consecuencias pr&aacute;cticas, pues es un sentimiento de autorreproche, que busca en vano algo para recriminarse, sin lograr encontrar realmente un objeto razonable para esa actitud.</p>      <p>Freud, en su texto El delincuente por sentimiento de culpa (1989), nos muestra c&oacute;mo el sentimiento de culpa en muchos cr&iacute;menes es el m&oacute;vil del acto delictivo; en varios de sus pacientes, Freud encontr&oacute; un fen&oacute;meno que parec&iacute;a extra&ntilde;&iacute;simo, consistente en que el sentimiento de culpa era el origen del delito y no lo suced&iacute;a, como parecer&iacute;a lo l&oacute;gico; que el sentimiento de culpa no era la consecuencia del delito, sino la causa; en consecuencia, el hombre acosado por la culpa, de origen desconocido, buscaba un castigo, un hecho real al cual poder adjudicarla. Ese sentimiento llegaba a ser intolerable y la persona hallaba un enorme alivio al lograr realizar algo a lo cual atribuir esa culpa.</p>      <p>Detr&aacute;s del crimen, al igual que en todo acto humano, hay una din&aacute;mica inconsciente: as&iacute; nos lo revel&oacute; Freud, quien aborda el fen&oacute;meno de la criminolog&iacute;a en varias de sus obras; una de ellas es el escrito Las excepciones (1989), en el que nos explica c&oacute;mo en muchos de sus pacientes, y tambi&eacute;n en varios personajes de la literatura, existe un tipo de car&aacute;cter con una particularidad curiosa, la cual consiste en que parece considerar que si bien las normas, las leyes y los frenos morales son v&aacute;lidos en la mayor&iacute;a de las personas en general, no lo son en el caso de los criminales. Su situaci&oacute;n constituye una excepci&oacute;n. Son personas que se pueden permitir una serie de actos que condenar&iacute;an en otros, y es un tipo de car&aacute;cter que por simple descripci&oacute;n est&aacute; continuamente en el umbral de la delincuencia.</p>      <p>La exploraci&oacute;n llevada a cabo por Freud, sobre las personas que manifiestan al mismo tiempo una aprobaci&oacute;n de la ley en conjunto, pero consideran sus propios casos como excepciones, conduce a un rasgo que todos presentan en com&uacute;n: todos ellos creen haber sido v&iacute;ctimas. A menudo es un sentimiento inconsciente de una injusticia originaria que los dispensa para entrar en el orden social en el cual se encuentran quienes no fueron en un principio v&iacute;ctimas de una grave injusticia.</p>      <p>Los seres de excepci&oacute;n son sujetos que fenomenol&oacute;gica y estructuralmente est&aacute;n cercanos a la figura del mendigo, quien considera que los dem&aacute;s est&aacute;n obligados a procurarle su sustento, que todos est&aacute;n obligados a cumplir la ley natural de tener que trabajar para sostenerse, menos &eacute;l.</p>      <p>En este texto, Freud nos muestra que la causalidad ps&iacute;quica no obedece a la l&oacute;gica racional, la cual determinar&iacute;a la pobreza como causa de la mendicidad; entonces, cabr&iacute;a preguntarnos: &iquest;por qu&eacute; todos los pobres no son mendigos y no todos los mendigos son pobres? La cl&iacute;nica psicoanal&iacute;tica nos revela que el rasgo de excepci&oacute;n se da gracias a un placer f&aacute;cil e inmediato que en la teor&iacute;a psicoanal&iacute;tica se llama goce. La din&aacute;mica ps&iacute;quica del ser excepcional est&aacute; sostenida por el hecho de haber sufrido tempranamente una injusticia, que lo oblig&oacute; a someterse a un padecimiento, el cual lleva al sujeto a creer que se le debe eximir del cumplimiento de cualquier norma; el ser excepcional reclama el derecho de ser eximido de la norma, a manera de un derecho de resarcimiento, como si se tratara de reclamar los beneficios de un seguro o una p&oacute;liza de indemnizaci&oacute;n.</p>      <p>Freud aborda este tema de la criminolog&iacute;a en otras obras, como: Los que fracasan al triunfar, La perversi&oacute;n colectiva y La negaci&oacute;n. En estos trabajos, Freud explica que el crimen, al igual que cualquier acci&oacute;n humana, est&aacute; sujeto a una din&aacute;mica inconsciente, que moviliza un deseo que no obedece a la l&oacute;gica racional, el cual da cuenta de la vida an&iacute;mica y subjetiva.</p>      <p>Teniendo en cuenta los aportes cl&iacute;nicos y sociol&oacute;gicos del psicoan&aacute;lisis, &iquest;cuales ser&iacute;an los aportes de este al sistema judicial en la comprensi&oacute;n y abordaje del crimen?</p>      <p>El aporte ir&iacute;a desde lo que en psicoan&aacute;lisis se suele llamar psicoan&aacute;lisis aplicado, que es una especie de intervenci&oacute;n anal&iacute;tica en dispositivos que no son anal&iacute;ticos, lo cual plantea diferencias en la intervenci&oacute;n, ya que el acto anal&iacute;tico presupone un lazo transferencial entre analista y analizante. No son estos los t&eacute;rminos que se presentan cuando un analista interviene en una instituci&oacute;n asistencial o en un dispositivo jur&iacute;dico. En los dispositivos asistenciales o jur&iacute;dicos puede haber un analista, pero &eacute;l no est&aacute; all&iacute; como sujeto puesto por el analizante, sino que est&aacute; puesto por la demanda de la instituci&oacute;n, demanda que requiere ser interpretada. Que un analista est&eacute; puesto por la instituci&oacute;n no invalida la contingencia por la cual se ofrezca a la transferencia, pero cabe aclarar que en principio es puesto por la instituci&oacute;n y la demanda viene de ella, no del sujeto. &iquest;De qu&eacute; manera, entonces, el analista puede hacerse presente en las instituciones para que su intervenci&oacute;n no quede diluida ni confundida con otros discursos?</p>      <p>Si nos hacemos eco de la reivindicaci&oacute;n del sujeto, estaremos operando desde el discurso hist&eacute;rico; si intervenimos con un plan normativo, estamos interviniendo desde el discurso universitario; pero si confrontamos a un sujeto con el goce impl&iacute;cito en sus dichos y actos, estamos operando desde el discurso anal&iacute;tico; aunque esa intervenci&oacute;n no sea efectuada en el dispositivo anal&iacute;tico, ser&aacute; una intervenci&oacute;n anal&iacute;tica. Los analistas son llamados a intervenir en sujetos agentes de s&iacute;ntomas sociales, pero no va de suyo que intervengan en s&iacute;ntomas subjetivos. Si el analista puede con su intervenci&oacute;n mutar ese s&iacute;ntoma social en s&iacute;ntoma subjetivo, su acci&oacute;n ser&aacute; lacaniana. El discurso anal&iacute;tico no produce un plan de regulaci&oacute;n, ni un veredicto jur&iacute;dico, ni reivindicaciones sobre v&iacute;ctimas y victimarios.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Con el declive del discurso entramos en aquello que J.A. Miller y E. Laurent han calificado como la &eacute;poca del Otro que no existe.</p>      <p>Los peritajes y la mediaci&oacute;n son dispositivos jur&iacute;dicos que ponen de manifiesto el relevo del Uno de la ley. Ambos dispositivos responden a los dos paradigmas del mundo moderno se&ntilde;alados por J. C. Milner (2005), a saber: el paradigma de la evaluaci&oacute;n y el del problemasoluci&oacute;n.</p>      <p>Milner (2005) hace una distinci&oacute;n entre la l&oacute;gica que rige para los contratos y la l&oacute;gica que rige para la ley. La ley se presenta como el significante del Otro, y su relaci&oacute;n con el sujeto es disim&eacute;trica, y los contratos se rigen por una serie que no tiene l&iacute;mite, como pueden ser los miles e ilimitados arreglos entre las partes. Ellos obedecen a la l&oacute;gica del no-todo, en cambio la ley determina un conjunto cerrado en su totalidad. Para Milner, el contrato es de un orden diferente del jur&iacute;dico.</p>      <p>La mediaci&oacute;n, como dispositivo que intenta la soluci&oacute;n de un conflicto apelando a un acuerdo entre las partes, responde al paradigma del problema-soluci&oacute;n. Pero para el discurso anal&iacute;tico mediar es otra cosa, no implica un acuerdo entre las partes, no es una simetr&iacute;a ni una instancia alternativa a la ley sino todo lo contrario. Por la mediaci&oacute;n del discurso del padre se introduce la ley, articulando un no en el discurso de la madre. Tomar la palabra en una mediaci&oacute;n, enunciando la reparaci&oacute;n a la v&iacute;ctima, no implica asunci&oacute;n de responsabilidad subjetiva.</p>      <p>Si para el dispositivo de la mediaci&oacute;n se trata de la toma de la palabra por parte del sujeto, para los peritajes se trata de otra cuesti&oacute;n, no es la soluci&oacute;n de un problema sino la evaluaci&oacute;n del sujeto. All&iacute;, al sujeto no se le otorga la palabra sino que se lo introduce en la clasificaci&oacute;n evaluadora. Entonces, en oposici&oacute;n al protocolo masificante o la clasificaci&oacute;n psicopatol&oacute;gica es que se puede esperar un aporte del psicoan&aacute;lisis en los dispositivos jur&iacute;dicos: ir m&aacute;s all&aacute; de la toma libre de la palabra del sujeto en un caso, como de la clasificaci&oacute;n en el otro, para el analista se tratar&aacute; de recortar los significantes amos de un sujeto. El juez delega su acto en el perito y este desresponsabiliza al sujeto al forcluirlo por operar con un protocolo o limitarse a incluirlo en una categor&iacute;a. De todas ellas, la categor&iacute;a de inimputable es inadmisible para un sujeto, como nos recuerda Lacan en este maravilloso p&aacute;rrafo:</p>      <blockquote>     <p>"Una civilizaci&oacute;n cuyos ideales sean cada vez m&aacute;s utilitarios, comprometida como est&aacute; en el movimiento acelerado de la producci&oacute;n, ya no puede conocer nada de la significaci&oacute;n expiatoria del castigo... Los ideales del humanismo se resuelven en el utilitarismo del grupo... Ahora busca su soluci&oacute;n en una posici&oacute;n cient&iacute;fica del problema: a saber, en un an&aacute;lisis psiqui&aacute;trico del criminal, a lo cual se debe remitir, habida cuenta ya de todas las medidas de prevenci&oacute;n contra el crimen y de protecci&oacute;n contra su recidiva, lo que podr&iacute;amos designar como una concepci&oacute;n sanitaria de la penolog&iacute;a" (Lacan, 1978, p. 108).</p> </blockquote>      <p><font size="3"><b>Conclusiones</b></font></p>      <p>En la actualidad, el estudio del comportamiento criminal desde lo psicol&oacute;gico y psiqui&aacute;trico ha permanecido dentro de un marco de referencia, el cual establece que las personas que cometen delitos presentan trastornos psicopatol&oacute;gicos, tienen unos rasgos de comportamiento particulares y excepcionales frente a la poblaci&oacute;n promedio "normal", que no comete delitos. Este argumento e hip&oacute;tesis de estudio del comportamiento criminal est&aacute; revaluado por los estudiosos del crimen (victim&oacute;logos, crimin&oacute;logos y psic&oacute;logos policiales), quienes han establecido, a partir de sus investigaciones y evidencias emp&iacute;ricas, que los delitos son cometidos por personas que saben, conocen y entienden de manera plena sus acciones y sus consecuencias, es decir, son mentalmente "sanas".</p>      <p>Los estudiosos del crimen han encontrado que, independientemente de que la v&iacute;ctima provoque la situaci&oacute;n de riesgo delictivo o de las circunstancias sociales y pol&iacute;ticas que lleven a que una persona cometa un delito, lo que se debe tener en cuenta a la hora de analizar el comportamiento criminal son las motivaciones del sujeto, ya que esta variable es la que en realidad puede explicar la g&eacute;nesis del comportamiento criminal.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Si aceptamos que el delincuente no es un ser excepcional (es decir, que la g&eacute;nesis de su conducta no est&aacute; determinada por una patolog&iacute;a ni por unos rasgos de conducta particulares), y si asumimos que el crimen tiene una motivaci&oacute;n de tipo inconsciente, que es la causa que moviliza el acto criminal, entonces se puede afirmar que una de las explicaciones m&aacute;s apropiadas para dar cuenta de la causa del comportamiento criminal son las proporcionadas por el psicoan&aacute;lisis.</p>      <p>Para el psicoan&aacute;lisis, la estructura ps&iacute;quica del criminal no es distinta a la estructura ps&iacute;quica de quien no ha cometido un delito. La cl&iacute;nica psicoanal&iacute;tica revela que el criminal no es un ser excepcional, no presenta unos rasgos de personalidad particulares asociados a su condici&oacute;n de delincuente. Tanto los criminales como los que no lo son se estructuran ps&iacute;quicamente de la misma manera, es decir, a trav&eacute;s del Edipo y la castraci&oacute;n, y es este proceso el que conduce al desarrollo de la neurosis, de la perversi&oacute;n y de la psicosis, &uacute;nicas v&iacute;as de estructuraci&oacute;n ps&iacute;quica del g&eacute;nero humano.</p>      <p>Al no encontrar diferencias significativas entre la estructura ps&iacute;quica de un criminal y una persona que no lo es, no resulta v&aacute;lido ni funcional pretender construir una psicopatolog&iacute;a particular del comportamiento criminal, pues para el psicoan&aacute;lisis lo que importa para entender la causalidad ps&iacute;quica del acto criminal no son los rasgos de personalidad del delincuente, sino la din&aacute;mica inconsciente que sustenta dicha actuaci&oacute;n (motivaci&oacute;n).</p>      <p>Para el psicoan&aacute;lisis, la motivaci&oacute;n del acto criminal es de car&aacute;cter inconsciente, tiene que ver con la manera como se organiza el deseo y el goce en la vida ps&iacute;quica de cada sujeto.</p>      <p>Para el psicoan&aacute;lisis no tienen sentido ni los portazgos ni los ex&aacute;menes psicol&oacute;gicos o psiqui&aacute;tricos, que buscan establecer la responsabilidad objetiva del delincuente frente al acto delictivo, pues esta es del orden de lo subjetivo, la cual escapa de las pretensiones de estandarizaci&oacute;n y universalidad de la mirada positiva.</p>  <hr>       <p><font size="3"><b>Bibliograf&iacute;a</b></font></p>      <!-- ref --><p>Bandura, Albert (1986). Social Foundations of Thought and action: A Social Cognitive&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6067584&pid=S1794-3108201000010000800001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>View. Englewood Cliffs, NJ: Prentice Hall.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6067585&pid=S1794-3108201000010000800002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Baratta, Alessandro (2004). Criminolog&iacute;a cr&iacute;tica y cr&iacute;tica del derecho penal. Argentina: Siglo Veintiuno Editores.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6067587&pid=S1794-3108201000010000800003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Barrita L&oacute;pez, Fernando (1996). Manual de criminolog&iacute;a. M&eacute;xico: Porr&uacute;a.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6067589&pid=S1794-3108201000010000800004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Cata&ntilde;o, Gonzalo (2006). Robert K. Merton. Espacio Abierto. Cuaderno Venezolano de Sociolog&iacute;a, vol. 15, No. 1 y 2 (enero-junio). Maracaibo, Venezuela.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6067591&pid=S1794-3108201000010000800005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Dostoievski (1989). Crimen y castigo. Bogot&aacute;: Aguilar.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6067593&pid=S1794-3108201000010000800006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Escobar, Ra&uacute;l Tom&aacute;s (1997). Elementos de criminolog&iacute;a. Argentina: Universidad de Buenos Aires.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6067595&pid=S1794-3108201000010000800007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Freud (1989). Obras completas. El delincuente por sentimiento de culpa. Madrid: Biblioteca Nueva.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6067597&pid=S1794-3108201000010000800008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Freud (1989). Obras completas. Las excepciones. Madrid: Biblioteca Nueva.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6067599&pid=S1794-3108201000010000800009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Goring, Charles (1913). The English Convict. A Statistical Study. London: His Majestyâ€™s Stationery Office.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6067601&pid=S1794-3108201000010000800010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Greiser, I. (2008). Delito y trasgresi&oacute;n: un abordaje psicoanal&iacute;tico de la relaci&oacute;n del sujeto con la ley. Buenos Aires: Grama Ediciones.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6067603&pid=S1794-3108201000010000800011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Lacan, J. (1978). La ciencia y la verdad. En: Escritos 2. Buenos Aires: Siglo Veintiuno Editores.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6067605&pid=S1794-3108201000010000800012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Lacan, J. (1978). Introducci&oacute;n te&oacute;rica a las funciones del psicoan&aacute;lisis en criminolog&iacute;a. En: Escritos 2. Buenos Aires: Siglo Veintiuno Editores.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6067607&pid=S1794-3108201000010000800013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>L&oacute;pez Calvo, P., G&oacute;mez Silva, P. (2000). Investigaci&oacute;n criminal y criminal&iacute;stica (pp. 137-146). Bogot&aacute;: Temis.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6067609&pid=S1794-3108201000010000800014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Machicago, Jorge (2010). Explicaciones biol&oacute;gicas del hecho criminal. Recuperado el domingo 25 de abril de 2010 en <a href="http://jorgemachicado.blogspot.com/2009/03/explicaciones-biologicas-delhecho.html" target="_blank">http://jorgemachicado.blogspot.com/2009/03/explicaciones-biologicas-delhecho.html</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6067611&pid=S1794-3108201000010000800015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Mariaca, Margot (2010). Teor&iacute;a de la inferioridad de Earnest Albert Hooton. Recuperado el domingo 25 de abril de 2010 en <a href="http://jorgemachicado.blogspot.com/2010/04/tieh.html" target="_blank">http://jorgemachicado.blogspot.com/2010/04/tieh.html</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6067613&pid=S1794-3108201000010000800016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Milinoski, Bronislaw (1985). Crimen y costumbre en la sociedad salvaje. Barcelona, Espa&ntilde;a: Planeta.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6067615&pid=S1794-3108201000010000800017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Miller, J.-A. (2001). El Otro que no existe y sus comit&eacute;s de &eacute;tica. Buenos Aires: Paid&oacute;s.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6067617&pid=S1794-3108201000010000800018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Miller, J.-A. (2002). Un esfuerzo de poes&iacute;a. Curso de la orientaci&oacute;n lacaniana 2002. In&eacute;dito.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6067619&pid=S1794-3108201000010000800019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Miller, J.-A. (2005). Psicoan&aacute;lisis y sociedad. En Freudiana, 43/44, marzo-octubre. Barcelona.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6067621&pid=S1794-3108201000010000800020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Milner, J.-C. (2005). La evaluaci&oacute;n. En: Psicoan&aacute;lisis y pol&iacute;tica. Buenos Aires: EOL-Grama Ediciones.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6067623&pid=S1794-3108201000010000800021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Montagu, Asheley (1970). El hombre observado. Madrid, Espa&ntilde;a: Monte &Aacute;vila.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6067625&pid=S1794-3108201000010000800022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Pavarini, Massimo (2003). Control y dominaci&oacute;n. Buenos Aires: Siglo XXI Editores.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6067627&pid=S1794-3108201000010000800023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Skinner, B. F. (1978). Ciencia y conducta. M&eacute;xico: Fontanella.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6067629&pid=S1794-3108201000010000800024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Taylor, I., Walton, P., Young, J. (1990). La nueva criminolog&iacute;a. Buenos Aires, Argentina: Amorrortu.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6067631&pid=S1794-3108201000010000800025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Vigolini, Julio S. (2004). Cr&iacute;menes de cuello blanco, crimen organizado y corrupci&oacute;n. Argentina: Editores Del Pueblo.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6067633&pid=S1794-3108201000010000800026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Villa, J. (2006). Crimen y criminalidad en Puerto Rico: el sujeto criminal. San Juan: Ediciones Situm.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6067635&pid=S1794-3108201000010000800027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Wright, Richard A., Miller, J. Mitchell (Eds.) (2006). Encyclopedia of Criminology &#91;en l&iacute;nea&#93;. New York: Routledge. Recuperado el 9 de noviembre del 2006 en: <a href="http://www.routledge-ny.com/ref/criminology/sutherland.html" target="_blank">http://www.routledge-ny.com/ref/criminology/sutherland.html</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6067637&pid=S1794-3108201000010000800028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Zuleta, E. (1987). Psicoan&aacute;lisis y criminolog&iacute;a. Medell&iacute;n: Hombre Nuevo Editores y Fundaci&oacute;n Estanislao Zuleta, Cali, Colombia.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6067639&pid=S1794-3108201000010000800029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>  </font>       ]]></body><back>
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