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</front><body><![CDATA[   <font face="verdana" size="2">      <p><font size="3"><b>Editorial</b></font></p>      <p align="left"><b>Memoria de un flagelo</b></p>      <p>En la d&eacute;cada de los 90 y a comienzos del a&ntilde;o 2000, Colombia vivi&oacute; una de las peores pesadillas de su historia con el flagelo del secuestro.</p>      <p>Las cifras se&ntilde;alaban que al menos diez personas eran secuestradas cada d&iacute;a en Colombia. A tal punto lleg&oacute; la degradaci&oacute;n de esta pr&aacute;ctica violatoria de los derechos humanos, que los plagiarios ten&iacute;an entre sus principales v&iacute;ctimas a los ni&ntilde;os, tal como ocurri&oacute; con el primer caso registrado en el pa&iacute;s, en enero de 1933, cuando en un parque de Cali secuestraron a una ni&ntilde;a de tres a&ntilde;os, hija del reconocido empresario del Valle H&aacute;rold &Eacute;der, quien tres d&eacute;cadas m&aacute;s tarde fue asesinado, precisamente en un intento de plagio.</p>      <p>Luego vino la ola de secuestros del cartel de Medell&iacute;n, de las guerrillas, los grupos paramilitares y la delincuencia com&uacute;n. Era una sociedad atemorizada por las mal llamadas â€˜pescas milagrosas' y los plagios masivos, como ocurri&oacute; en la iglesia La Mar&iacute;a, o con cientos de soldados y polic&iacute;as.</p>      <p>El pa&iacute;s entero escuch&oacute; parte de los desgarradores testimonios de nuestros polic&iacute;as y soldados, de la forma tan cruel como fueron tratados en cautiverio, en sitios que parec&iacute;an campos de concentraci&oacute;n.</p>      <p>Por eso, en momentos en que Colombia dej&oacute; de estar secuestrada, valoro todas las iniciativas e investigaciones tendientes a no olvidar a las v&iacute;ctimas, tanto a quienes fueron secuestradas como a sus familias, para entender qu&eacute; nos pas&oacute; y construir una memoria hist&oacute;rica que contribuya a impedir que esa tr&aacute;gica historia se repita.</p>      <p>Uno de los art&iacute;culos de esta edici&oacute;n de la <i>Revista Criminalidad</i> va enfocado en esa direcci&oacute;n, a analizar este fen&oacute;meno desde la narrativa de ocho v&iacute;ctimas. Lo propio est&aacute; haciendo la Polic&iacute;a Nacional, a trav&eacute;s de investigaciones profundas lideradas por la Direcci&oacute;n de Inteligencia Policial y por el &Aacute;rea de Historia, Memoria Hist&oacute;rica y V&iacute;ctimas de la Unidad Policial para la Edificaci&oacute;n de la Paz (UNIPEP).</p>      <p>Son miles de testimonios pendientes de ser documentados, procesados y analizados, si tenemos en cuenta que una investigaci&oacute;n del Centro Nacional de Memoria Hist&oacute;rica sit&uacute;a en m&aacute;s de 39.000 el n&uacute;mero de secuestros en Colombia entre 1970 y el 2010.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Por fortuna, la cifra de secuestros anuales hoy en d&iacute;a no supera los 180. Pero tiene que llegar a cero, porque ning&uacute;n plagio, ya sea con fines extorsivos, pol&iacute;ticos o de cualquier otra naturaleza, tiene justificaci&oacute;n alguna en la Colombia del posconflicto.</p>      <p>Hoy, el pa&iacute;s cuenta con una Polic&iacute;a Nacional que tiene las mejores capacidades para que, efectivamente, el flagelo del secuestro solo haga parte de la memoria hist&oacute;rica de un pa&iacute;s que rompi&oacute; las cadenas de uno de los peores delitos contra la integridad humana.</p>        <p><b>General Jorge Hernando Nieto Rojas</b></p>     <p>Director General de la Polic&iacute;a Nacional de Colombia</p>  </font>      ]]></body>
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