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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[The spreading of the gospel today is nothing but the announcement of a mystic experience that transforms all of men by the effective testimony of a faith community: The church.]]></p></abstract>
<abstract abstract-type="short" xml:lang="pt"><p><![CDATA[A evangelização hoje nada mais é do que o anúncio de uma experiência mística que transforma a todos os homens pelo depoimento eficaz de uma comunidade de fé que é a igreja.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[   <font size="2" face="verdana">      <p><b>Ensayo</b></p>      <p align="center"><font size="4"><b>Los alcances de la fe en la posmodernidad</b><sup>*</sup></font></p>      <p align="center"><font size="3"><b>How far faith goes in the post modern era</b></font></p>      <p align="center"><font size="3"><b>Os alcances da f&eacute; na post.modernidade</b></font></p>      <p align="center">Pbro. Carlos Arboleda Mora<sup>1</sup></p>      <br>  <sup>*</sup> Conferencia presentada en el Foro "Alcances de la fe en la contemporaneidad", realizado el 25 de octubre de 2007 en la Corporaci&oacute;n Universitaria Lasallista, Caldas (Antioquia, Colombia).    <br>  <sup>1</sup> Sacerdote, PhD en Filosof&iacute;a de la Universidad Pontificia Bolivariana, Magister en Licenciatura en Ciencias Sociales de la Pontificia Universita Gregoriana, PUG, Italia, Mag&iacute;ster en Historia de la Universidad Nacional de Colombia, Profesor de Universidad Pontificia Bolivariana. Correspondencia: email: <a href="mailto:carlos.arboleda@upb.edu.co">carlos.arboleda@upb.edu.co</a>.</p>      <p>Recibido: 25/10/2007; fecha de aprobaci&oacute;n: 22/09/2008</p>  <hr>      <br>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="3"><b>Resumen</b></font></p>      <p>La evangelizaci&oacute;n hoy no es m&aacute;s que el anuncio de una experiencia m&iacute;stica que transforma a todos los hombres por el testimonio eficaz de una comunidad de fe que es la iglesia.</p>      <p><b>Palabras clave</b>: Fe. Postmodernidad.</p>  <hr>      <br>     <p><font size="3"><b>Abstract</b></font></p>      <p>The spreading of the gospel today is nothing but the announcement of a mystic experience that transforms all of men by the effective testimony of a faith community: The church.</p>      <p><b>Key words</b>: Faith. Postmodern era.</p>  <hr>     <br>      <p><font size="3"><b>Resumo</b></font></p>      <p>A evangeliza&ccedil;&atilde;o hoje nada mais &eacute; do que o an&uacute;ncio de uma experi&ecirc;ncia m&iacute;stica que transforma a todos os homens pelo depoimento eficaz de uma comunidade de f&eacute; que &eacute; a igreja.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>Palavras chaves</b>: F&eacute;. Post.modernidade.</p>  <hr>      <br>      <p align="right"><i>La filosof&iacute;a no podr&aacute; operar ning&uacute;n cambio    <br> inmediato en el actual estado de cosas del    <br> mundo. Esto vale no s&oacute;lo para la filosof&iacute;a,    <br> sino especialmente para todos los esfuerzos    <br> y afanes meramente humanos. S&oacute;lo un dios    <br> puede a&uacute;n salvarnos. La &uacute;nica posibilidad de    <br> salvaci&oacute;n la veo en que preparemos, con el    <br> pensamiento y la poes&iacute;a, una disposici&oacute;n    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> para la aparici&oacute;n del dios o para su ausencia    <br> en el ocaso; dicho toscamente, que no    <br> &laquo;estiremos la pata&raquo;, sino que, si    <br> desaparecemos, que desaparezcamos ante    <br> el rostro del dios ausente.</p>      <p align="right">Mart&iacute;n Heidegger</i></p>      <p>Hace unos a&ntilde;os, la sociedad cre&iacute;a que la religi&oacute;n y Dios iban a desaparecer del mundo. La teor&iacute;a de la secularizaci&oacute;n aseguraba que lo religioso hab&iacute;a sido superado por la modernidad y la ciencia, y se abr&iacute;a el campo a una cultura postcristiana y post.te&iacute;sta. La teolog&iacute;a de la muerte de Dios se daba como un hecho seguro y hab&iacute;a que acostumbrarse a vivir sin Dios.</p>      <p>A fines del siglo XX, sin embargo, se da un renacimiento de lo religioso. Esto llev&oacute; a te&oacute;ricos como Harvey Cox que hab&iacute;a planteado la desaparici&oacute;n de Dios en su famoso libro <i>La ciudad secular</i><sup>1</sup>, a replantear su pensamiento y hablar de un revival de lo espiritual en su obra <i>Fuego del cielo</i><sup>2</sup>. Se constata la crisis de la teor&iacute;a de la secularizaci&oacute;n y comienzan a esbozarse otros marcos interpretativos acerca del renacimiento, permanencia y auge del fen&oacute;meno religioso. La religi&oacute;n vuelve a estar de moda y hay una revancha de Dios como lo expresa la obra de Gilles Kepel <i>(La revancha de Dios)</i> <sup>3</sup>.</p>      <p>Pero al mismo tiempo, se dan dos hechos interesantes desde el punto de vista de la reflexi&oacute;n y de la acci&oacute;n. Primero, el fen&oacute;meno laicista que lleva la religi&oacute;n al &aacute;mbito de lo privado sin influencia social. Es un laicismo estatalista que, pretendiendo defender los derechos humanos, env&iacute;a al &aacute;mbito de lo privado toda identidad cultural o religiosa. Esto est&aacute; creando conflictos graves como la reivindicaci&oacute;n de identidad especialmente a partir de grupos fundamentalistas que pueden llegar al fanatismo. Y ha hecho que la misma cristiandad se interrogue acerca de su funci&oacute;n en la sociedad si &eacute;sta quiere reducirla a las sacrist&iacute;as. Tienen los cristianos algo qu&eacute; decir en la vida p&uacute;blica? Ciertamente, pues las dimensiones sociales y pol&iacute;ticas son constitutivas de la persona humana.</p>      <p>Segundo, la reflexi&oacute;n sobre qui&eacute;n es Dios, despojado ya de sus conceptualizaciones filos&oacute;ficas y de sus concreciones hist&oacute;ricas, ha permitido una b&uacute;squeda sincera y pura de la experiencia religiosa. Los maestros de la sospecha han colaborado en esta labor de purificaci&oacute;n del Dios manejable y utilizable para acercarnos a lo que es verdaderamente Dios. Dios se sit&uacute;a m&aacute;s all&aacute; de las tenazas del concepto y de la formulaci&oacute;n hist&oacute;rica de la experiencia espiritual.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Pero tambi&eacute;n hay problemas graves en la misma iglesia:</p>      <p>La cultura postmoderna es una cultura fragmentada, pragm&aacute;tica, esteticista, capitalista. No reconoce una verdad absoluta ni valores absolutos. Todas las ideas y formas de pensar se consideran igualmente v&aacute;lidas y leg&iacute;timas. Mucha de esta posmodernidad ha penetrado con fuerza en la Iglesia que se ha acomodado muy bien a esta realidad fragmentada. La iglesia, en vastos sectores, ha abandonado su tarea hist&oacute;rica de ser contracultura, respuesta y alternativa a la cultura imperante, conform&aacute;ndose en ser subcultura, un fragmento m&aacute;s, una opci&oacute;n m&aacute;s, una propuesta m&aacute;s, en el supermercado actual religioso. Aunque algunos cristianos rechazan el relativismo y se jactan de creer todav&iacute;a en una verdad absoluta y proclamar unos valores absolutos, en muchas iglesias la exposici&oacute;n de la Palabra ha dejado de ocupar un lugar central, y las visiones personales del p&aacute;rroco son vistas y adoptadas como palabra de Dios para el momento actual. Sin memoria de sus propias ra&iacute;ces, viven sumidos en una permanente crisis de identidad. Sacrifican la teolog&iacute;a a favor de la pr&aacute;ctica, el profetismo cede el paso a la modernizaci&oacute;n y el resultado es la p&eacute;rdida de los distintivos cristianos.</p>      <p>Se hace necesario pensar c&oacute;mo hacer la presencia de lo divino en la sociedad y la cultura de tal manera que seamos fieles a la experiencia espiritual pero tambi&eacute;n fieles a los retos que la &eacute;poca presenta. Estas reflexiones las organizaremos en tres puntos:</p>      <br>      <p><font size="3"><b>Contexto</b></font></p>      <p>El comienzo del siglo XXI est&aacute; marcado por unos elementos socioculturales como son:</p>  <ul>    <p>    <li> La globalizaci&oacute;n general de la humanidad, no s&oacute;lo en lo econ&oacute;mico, que va creando una nueva cultura (no metaf&iacute;sica, esteticista, individualista), una nueva relaci&oacute;n pol&iacute;tica (conflicto entre nacionalismos y globalismos con tendencia a un gobierno mundial supranacional, y una mayor conciencia del papel de la sociedad civil como guardiana de los derechos humanos), unas nuevas relaciones econ&oacute;micas (libre mercado con funciones m&iacute;nimas del Estado nacional). El gran peligro es imponer un pensamiento &uacute;nico (a trav&eacute;s de las Nuevas Tecnolog&iacute;as de la Informaci&oacute;n y la comunicaci&oacute;n), una especie de normalizaci&oacute;n cultural universal, que mire s&oacute;lo los aspectos t&eacute;cnicos, lucrativos e instrumentales del sistema y no piense en los aspectos sociales, humanos y de sentido.</li></p>      <p>    <li> La exclusi&oacute;n de vastos sectores de la poblaci&oacute;n o de pa&iacute;ses enteros, es el resultado de esa globalizaci&oacute;n. Fen&oacute;meno tan grave que se puede considerar la nueva cuesti&oacute;n social. Esta exclusi&oacute;n es generadora de conflictos por las reivindicaciones de los pobres, de los nacionalismos y de las diferencias. La imposici&oacute;n de un pensamiento &uacute;nico es resistida desde los reclamos de identidad, diferencia, nacionalismo o situaci&oacute;n social. El documento de Aparecida habla en este contexto de colonizaci&oacute;n cultural<sup>4</sup>.</li></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>    <li> El pluralismo en todos los &oacute;rdenes, debido a la ca&iacute;da de los paradigmas de los llamados grandes relatos, crea una multiplicidad de opciones, razones y comportamientos que excluyen la posibilidad de un acuerdo fundamental y da origen a m&uacute;ltiples y temporales consensos. Especialmente para las grandes religiones institucionalizadas ha sido grave la situaci&oacute;n pues son las m&aacute;s afectadas por la ca&iacute;da de la pr&aacute;ctica religiosa de sus fieles y por los ataques a unas doctrinas fijas e inmutables.</p>    </ul>      <p>Y dentro de la iglesia cat&oacute;lica latinoamericana, se dan tambi&eacute;n unos fen&oacute;menos que la marcan en el presente:</p>  <ul>    <p>    <li> Un descenso en la pertenencia de sus fieles debido a varios factores, pero que especialmente se debe al abandono de su misi&oacute;n espiritual en aras de un compromiso social demasiado ideologizado, a una actitud secularizada en sus agentes y a una pastoral muy masiva y tradicionalista. Explicitando m&aacute;s esto, se puede decir una frase que es dura pero que hace pensar: "Cuando la iglesia opt&oacute; por los pobres, los pobres optaron por el pentecostalismo". El compromiso social de la Iglesia en los a&ntilde;os 60 y 70 del siglo pasado estuvo marcado, en algunos sectores, por una visi&oacute;n ideol&oacute;gica muy social. Esta visi&oacute;n, aparentemente muy de avanzada, realmente pudo ser la causa de un relativo olvido de lo espiritual y trascendente<sup><a name="nuI"></a><a href="#numI">I</a></sup></li>.</p>    </ul>      <p>De ah&iacute; que las personas encontraron en los movimientos pentecostales, una experiencia espiritual que no les estaba dando el catolicismo. En algunos lugares, los pobres no sienten que el marxismo o las comunidades eclesiales de base los representen, pues el primero niega su religiosidad como algo irracional, supersticioso o premoderno, e insiste demasiado en la lucha pol&iacute;tica, y las segundas, son un movimiento ideol&oacute;gico promovido por te&oacute;logos de la clase media, no permiten a la gente la libertad hacer su culto espont&aacute;neo y libre y est&aacute;n tambi&eacute;n muy enfocadas a la praxis social. No se trata de desvalorizar el compromiso social de la iglesia, que es fundamental a su misi&oacute;n, sino de relativizar las ideolog&iacute;as sociales que estaban en el fondo del an&aacute;lisis. El marxismo lleg&oacute; a ser m&aacute;s importante en la reflexi&oacute;n que el mismo evangelio y &eacute;ste se utilizaba para justificar las decisiones tomadas desde el an&aacute;lisis sociol&oacute;gico.</p>      <p>Por otra parte, algunos en la iglesia entendieron la apertura de la iglesia realizada en el Concilio Vaticano II no como renovaci&oacute;n y regreso a las fuentes, sino como acomodaci&oacute;n al mundo de la modernidad. Esta se asumi&oacute; sin una previa cr&iacute;tica y as&iacute; se cay&oacute; en un cientifismo en los an&aacute;lisis teol&oacute;gicos, incluso en los exeg&eacute;ticos; en una desmitologizaci&oacute;n de lo sagrado, en una desacralizaci&oacute;n de los ritos y signos, en una vida m&aacute;s "mundana" que espiritual en los agentes pastorales y en un reconocimiento excesivo de la autonom&iacute;a individual que llev&oacute; a un alejamiento de las normas morales. El sacerdote moderno lleg&oacute; a ser visto, no como pastor, sino como "un ejecutivo que celebra misa".</p>      <p>En tercer lugar, la confianza en el poder de la cultura tradicional y en las fidelidades heredadas, condujo a que la iglesia no reactivara sus m&eacute;todos y planes pastorales continuando apoyada en la fuerza de la tradici&oacute;n familiar, cultural y social. La idea era que la iglesia ten&iacute;a una fuerza hist&oacute;rica que no ser&iacute;a desafiada. Desaf&iacute;o que se hizo realidad cuando muchos encontraron en otros grupos religiosos o en los nuevos movimientos religiosos, lo que no encontraban en la iglesia cat&oacute;lica. Las razones de cambio de confesi&oacute;n religiosa, para gran parte de los latinoamericanos, pueden resumirse en esta frase: "All&iacute; (en el nuevo grupo religioso) me encontr&eacute; a Jesucristo, all&iacute; me dieron la Biblia, all&iacute; me trataron como persona". La experiencia, la palabra y la comunidad son los elementos recuperados en el nuevo grupo. El &eacute;nfasis en lo comunitario, lo emocional, lo experiencial y lo vivido son motivo para encontrar en otros grupos religiosos, aspectos que se hab&iacute;an debilitado en el catolicismo<sup><a name="nuII"></a><a href="#numII">II</a></sup>.</p>  <ul>    ]]></body>
<body><![CDATA[<li> Un segundo gran aspecto que hace que la iglesia latinoamericana se ponga alerta es el campo del sentido de la vida y de la defensa de los derechos humanos en su acepci&oacute;n m&aacute;s amplia. All&iacute; estar&iacute;an los compromisos sociales y &eacute;ticos m&aacute;s importantes donde la iglesia deber&iacute;a estar presente. El problema es el m&eacute;todo. &iquest;C&oacute;mo realizar su misi&oacute;n sin tener que caer otra vez en el recurso f&aacute;cil a las ideolog&iacute;as? &iquest;C&oacute;mo hacer el cambio social sin usar el m&eacute;todo revolucionario? &iquest;C&oacute;mo, sin ser revolucionario, se puede aparecer del lado de los exclu&iacute;dos? Aqu&iacute; se presenta un gran reto para la iglesia latinoamericana agravado por un hecho cultural de vastas proporciones: la crisis de la metaf&iacute;sica. Desde las denuncias hechas por los llamados maestros de la sospecha (Marx, Freud, Nietzsche) hasta los autores que ahora recogen las consecuencias de las cr&iacute;ticas a la metaf&iacute;sica y que se agrupan en el denominado grupo posmoderno, se insiste en que no hay un mundo trascendente metaf&iacute;sico y que, por tanto, Dios ha muerto. Parece no encontrarse fundamento s&oacute;lido para Dios, para el sentido, para la &eacute;tica, y el resultado obvio es la vida en un eterno presente, de esteticismos agradables, de individualismo hedonista, de sensaciones pasajeras, sin compromisos de ninguna clase en el amor, en lo social, en lo pol&iacute;tico o en lo religioso. Y, de pronto, la iglesia (o mejor, el cristianismo en general) no parece tener las herramientas filos&oacute;ficas para afrontar ese reto de la ca&iacute;da de la metaf&iacute;sica.<sup><a name="nuIII"></a><a href="#numIII">III</a></sup> De ah&iacute; que se recurra a la apolog&eacute;tica defensiva, al moralismo sin razones, o lo que es peor a posturas fundamentalistas que buscan seguridad en un mundo cambiante. Estos &uacute;ltimos recursos tienen ya poca aplicabilidad en la evangelizaci&oacute;n y m&aacute;s bien refuerzan los argumentos de los adversarios del cristianismo.</li>    </ul>      <br>      <p><font size="3"><b>Las tendencias actuales de la religi&oacute;n</b></font></p>      <p>Hay una recomposici&oacute;n y transformaci&oacute;n de lo religioso. Esta recomposici&oacute;n es un proceso que implica una cierta desinstitucionalizaci&oacute;n de la religi&oacute;n oficial que se manifesta en construcci&oacute;n, reconstrucci&oacute;n e invenci&oacute;n de nuevas memorias colectivas, que ser&iacute;an la base simb&oacute;lica de unas nuevas l&iacute;neas de creencia. Demos un r&aacute;pido vistazo a la religi&oacute;n en nuestro medio:</p>  <ol type="a">    <p>    <li> Hay una permanencia fuerte de la religi&oacute;n. La mayor&iacute;a se autodefinen creyentes y creyentes dentro de la religi&oacute;n cat&oacute;lica. La influencia de la iglesia y de la familia antioque&ntilde;a es todav&iacute;a muy fuerte en la definici&oacute;n del mundo de sentido con su espec&iacute;fico cuadro de valores. Esta permanencia no se trata &uacute;nicamente de auto confesarse creyentes, sino de la permanencia misma del hecho religioso como dador de sentido a las acciones y a la vida de la persona y de la comunidad. La modernidad ha sido incapaz de borrar el sentimiento religioso y de aportar las respuestas que da la religi&oacute;n a la pregunta por el sentido de la vida y de la muerte.</p>      <p>El ate&iacute;smo es muy bajo constituy&eacute;ndose en algo marginal. M&aacute;s interesante es el porcentaje de indiferentes que forman tambi&eacute;n una franja plural que recorre el camino que va, desde la indiferencia total, hasta la aceptaci&oacute;n de algunas normas y creencias en su vida personal, pero siempre con una cr&iacute;tica fuerte a la instituci&oacute;n. El concepto de indiferentismo sufre tambi&eacute;n cambios. Tradicionalmente se hab&iacute;a entendido como una actitud h&iacute;brida que conjugaba, la exclusi&oacute;n de la incidencia de lo radicalmente otro, con la permanencia de algunos elementos sacrales. Hoy se vuelve un concepto m&aacute;s problem&aacute;tico por haberse hecho un fen&oacute;meno plural. No hay un solo tipo de indiferentismo, sino varios indiferentismos. Hay quienes rechazan y quienes admiten creencias, rituales y normas en forma diferenciada. Hay quienes siguen haciendo la cr&iacute;tica iluminista de la religi&oacute;n y quienes son indiferentes por opci&oacute;n o por reacci&oacute;n. Hay otros que mezclan elementos de la religi&oacute;n con posiciones &uacute;nicamente humanistas. Y parece que es un grupo que tiende a aumentar en el pr&oacute;ximo futuro.</li></p>      <p>    <li> Se va encontrando un pluralismo de opciones religiosas que va desde el polo fundamentalista, hasta el polo de la completa desinstitucionalizaci&oacute;n del sentido en una religi&oacute;n "light", pasando por las m&aacute;s diversas formas neorreligiososas (Nueva Era, Satanismo, nuevos movimientos religiosos...). El pluralismo religioso constatado en la sociedad posmoderna puede deberse a diversas causas. Una de ellas es la crisis de la autoridad de la iglesia y de la familia. La p&eacute;rdida de confianza en las fuentes tradicionales de autoridad y en la mayor&iacute;a de las instituciones como tales ha provocado su diseminaci&oacute;n y disgregaci&oacute;n. Adem&aacute;s, la aparici&oacute;n de nuevos &laquo;leaders&raquo; carism&aacute;ticos ha acentuado y reforzado esa disgregaci&oacute;n. Estos leaders proponen nuevas opciones y por su capacidad de conducci&oacute;n, arrastran grupos numerosos que producen la innovaci&oacute;n religiosa.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Las carencias espirituales y personales no satisfechas por las religiones oficiales o institucionales, como ser&iacute;a el caso de la rigidez y entumecimiento de las formas institucionales, el no sentirse integrado y tenido en cuenta como persona, el no tomar en su plenitud la experiencia vivida, el no dar la suficiente acogida a lo afectivo, lo emocional, etc., tambi&eacute;n se pueden descubrir como factores causales de esa pluralidad de formas religiosas. Pero sobre todo, hay una crisis de credibilidad en la iglesia cat&oacute;lica por los problemas con sacerdotes, por el testimonio precario que da y por el clericalismo en sus estructuras.</p>      <p>La Nueva Era, por su parte, tiene una sutil red internacional de interacci&oacute;n social que explica la difusi&oacute;n de nuevas creencias. A trav&eacute;s de la estructura capilar de transmisi&oacute;n de las nuevas creencias, que no se basan en dogmas, pueden atraer m&aacute;s por lo fascinante misterioso, por las promesas de salud psicof&iacute;sica y de experiencias nuevas y extraordinarias, ya que no por su absoluta credibilidad. En segundo lugar, la fuente de autoridad no es el sacerdote o l&iacute;der carism&aacute;tico, sino la figura h&iacute;brida del experto.sabio.maestro que se parece m&aacute;s a un consejero espiritual y a un siquiatra que al ministro de un culto. Adem&aacute;s el participante no es pasivo sino que participa activamente en experiencias profundas.</p>      <p>â€¢ En la sociedad tradicional, hab&iacute;a una socializaci&oacute;n religiosa que, dentro de la instituci&oacute;n cristiana, daba sentido a la totalidad de la vida. Las experiencias vividas por cada persona y las individualidades se sumerg&iacute;an por la socializaci&oacute;n dada por la iglesia y la familia. La crisis viene no de la secularizaci&oacute;n sino del pluralismo moderno que conduce a la relativizaci&oacute;n total de los sistemas de valores, esquemas de interpretaci&oacute;n, socavando el conocimiento, la aceptaci&oacute;n de todo lo dado por supuesto hasta ese momento. Esto conlleva un proceso de elecci&oacute;n personal e individual de escogencia entre m&uacute;ltiples alternativas, proceso que produce la pluralidad religiosa pues cada uno escoge su parte de porci&oacute;n simb&oacute;lica y la combina con otras porciones provenientes de otros caudales de sentido. Los medios de comunicaci&oacute;n, y la comunicaci&oacute;n en general hacen circular todo ese capital simb&oacute;lico, estallado y fragmentado, por toda la cultura. Es un acto casi heroico el realizado por el sujeto pues se replantea y se reorienta su vida de una manera personal y no institucional. Por su parte, las instituciones religiosas entran en una crisis de funci&oacute;n pues su capital simb&oacute;lico ya no es el &uacute;nico que dirige el actuar de los sujetos creyentes. Estos tratan de formar "peque&ntilde;os mundos de vida, de sentido" para dar seguridad a su existencia y, generalmente, se vinculan a grupos de religiosidad emocional de tipo pentecostal.</li></p>      <p>    <li> Hay una dispersi&oacute;n de las creencias y de las normas morales. La religi&oacute;n cat&oacute;lica no tiene el monopolio de lo religioso sino que &eacute;ste se ve como flotando y cada uno toma lo que le gusta o satisface. As&iacute;, ese capital simb&oacute;lico flotante puede dar origen a muchas y diferentes posturas religiosas. La religiosidad es difusa y atipol&oacute;gica. En a&ntilde;os anteriores, en t&eacute;rminos globales, se pod&iacute;a decir qu&eacute; cre&iacute;a y hac&iacute;a un creyente. Vemos hoy que es muy dif&iacute;cil formar una categor&iacute;a o tipolog&iacute;a que acoja a las m&uacute;ltiples formas religiosas.</p>      <p>Hay cat&oacute;licos que se autodenominan as&iacute;, pero en sus creencias y comportamientos asimilan o practican creencias y comportamientos de otras fuentes simb&oacute;licas. Y lo mismo puede aseverarse de otros creyentes. Es como el estallido del capital simb&oacute;lico en m&uacute;ltiples elementos que cada uno reconfigura y recompone (supermercado religioso).</p>      <p>Esa fragmentaci&oacute;n de la coherencia doctrinal y moral produce una religi&oacute;n a la carta, como quien escoge su propio men&uacute; en un restaurante o arma su propio rompecabezas. Se presenta una menor aceptaci&oacute;n de la mediaci&oacute;n oficial y se da m&aacute;s espacio a la opci&oacute;n personal, y a la escogencia libre. Baja la presi&oacute;n de los &oacute;rganos de control tradicional (escuela, iglesia, ambiente geogr&aacute;fico...) y cada uno, de manera personal, hace su religi&oacute;n. La p&eacute;rdida del monopolio ejercido por una sola religi&oacute;n, produce una fluidificaci&oacute;n de lo religioso que puede muy bien expresarse en lo que se llama la constelaci&oacute;n de nuevos movimientos religiosos que desembocar&aacute; tambi&eacute;n en la &laquo;nebulosa m&iacute;stico esot&eacute;rica&raquo; de la sociedad contempor&aacute;nea.</p></li>      <p>    <li> Se da una b&uacute;squeda de la realizaci&oacute;n personal fuera de la instituci&oacute;n, a causa de una conciencia individual ampliada. Tradicionalmente se formaba la unidad de la persona con base en unos pocos referentes. Hoy se debe formar la unidad del yo teniendo m&uacute;ltiples referentes, entre los cuales se escoge con criterios de bienestar individual. &laquo;Tomo lo que me sirve para mi vida&raquo;, podr&iacute;a ser la regla de selecci&oacute;n. No quiere decir esto que se llegue a una perversi&oacute;n en la elecci&oacute;n, pues es claro que existen par&aacute;metros morales: el bien del cuerpo, el crecimiento personal o social, el bienestar s&iacute;quico, la tranquilidad espiritual... Los rituales y los comportamientos morales se asumen, no por obligaci&oacute;n religiosa o tradici&oacute;n, sino por libre elecci&oacute;n. El temor a un castigo desaparece, para mirar m&aacute;s a la utilidad personal o espiritual y a ser el autor de la propia vida y destino.</p>      <p>En cierta manera, se va hacia una religiosidad con las siguientes caracter&iacute;sticas:</p>  <ol>. Voluntarismo.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> . &Eacute;nfasis en la experiencia personal, lo afectivo y emocional.    <br> . B&uacute;squeda de la &laquo;utilidad &laquo; de la religi&oacute;n y b&uacute;squeda de seguridad individual (bienestar y realizaci&oacute;n personal).    <br> . Fluidez para permanecer o abandonar.( Creer sin pertenecer)    <br> . Libertad para escoger las normas y las creencias.    <br> . Bajo compromiso social y empe&ntilde;o pol&iacute;tico.</p>    </ol>      <p>La b&uacute;squeda de realizaci&oacute;n personal se hace independientemente de la instituci&oacute;n pero no necesariamente contra la instituci&oacute;n. La cr&iacute;tica &laquo;&aacute;cida&raquo; (de las filosof&iacute;as materialistas de anta&ntilde;o, como la marxista, o el positivismo cientifista o alguna corriente psicoanal&iacute;tica) no se presenta en el an&aacute;lisis de las iglesias o instituciones, m&aacute;s bien se reconoce el papel positivo de la religi&oacute;n en la sociedad. Pero se tiene un sentido cr&iacute;tico frente a las creencias y las normas, (&laquo;cristiano s&iacute; pero con conciencia&raquo;), y se reconoce a la religi&oacute;n como factor de integraci&oacute;n pero en espec&iacute;ficos aspectos de la interrelaci&oacute;n social como en el trabajo por los derechos humanos o b&uacute;squeda de la paz. Se da una calma en la cr&iacute;tica a la iglesia, pero se toma de ella s&oacute;lo lo que me sirve para mi realizaci&oacute;n personal o familiar, de tal manera, que sirven los contenidos pero no la forma dogm&aacute;tica, inhibitoria de la conciencia. La pertenencia a la iglesia institucional es d&eacute;bil como ya se analiz&oacute;. La participaci&oacute;n activa en grupos de iglesia es muy baja, as&iacute; mismo el sentimiento de vinculaci&oacute;n a la instituci&oacute;n que implica un compromiso vital y existencial con ella. Pr&aacute;cticamente la pertenencia se sigue dando por la influencia de los v&iacute;nculos familiares y la fuerza que todav&iacute;a tiene la familia en el proceso socializador.</li></p>      <p>    <li> En el campo moral y de los comportamientos, hay tambi&eacute;n un alejamiento de las normas oficiales y de los modelos tradicionales. Se da la diseminaci&oacute;n de comportamientos y cada uno acoge lo que le parece que est&aacute; de acuerdo con su manera de pensar y vivir. El hogar nuclear o monoparental, la sexualidad libremente asumida, el confort, la preocupaci&oacute;n ecol&oacute;gica, son los lugares de la nueva moral constru&iacute;da a partir de una opci&oacute;n personal, sin tener en cuenta los dict&aacute;menes de la norma oficial. As&iacute; mismo, en el campo de la moral social, la defensa de los derechos humanos es el objetivo central de la moralidad y es el fundamento del actuar. El temor a los castigos o la autoridad del sacerdote no son ya m&aacute;s los referentes para la acci&oacute;n. As&iacute;, el comportamiento se aleja de las normas oficiales, aunque siga la persona autodenomin&aacute;ndose creyente. En el fondo, el cuerpo de creencias cristiano sigue imponi&eacute;ndose mayoritariamente, aunque no as&iacute; el cuerpo de normas morales.</p>      <p>La posmodernidad presenta una renovaci&oacute;n de la religiosidad, pero con car&aacute;cter plural, diverso y aut&oacute;nomo. Hay una recomposici&oacute;n de lo sagrado a trav&eacute;s del ejercicio de la libertad y en consonancia con las exigencias del contexto, present&aacute;ndose sin embargo, polarizaciones dignas de analizar: el fundamentalismo religioso y el absoluto pluralismo; el cat&oacute;lico integrado plenamente y el indiferente o ateo; la aceptaci&oacute;n de un Dios personal de un lado, y concepci&oacute;n de lo sagrado como fuerza, energ&iacute;a o luz, del otro lado; la rigidez heter&oacute;noma de la moral y la completa autonom&iacute;a en el obrar. Las iglesias tradicionales no desaparecen pero s&iacute; ven c&oacute;mo sus fieles adoptan comportamientos m&aacute;s libres en sus decisiones personales. La pertenencia religiosa contin&uacute;a alta pues ella da seguridad, no hay que reinventar el sistema simb&oacute;lico a cada momento (pertenencia nominal), pero la pertenencia subjetiva llega a ser algo personal, fruto de la libertad personal, de la igualdad y del pluralismo.</li></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Hay una permanencia de la religi&oacute;n. Se da p&eacute;rdida de la identidad institucional, pero no desaparici&oacute;n de la religi&oacute;n. Podr&iacute;a hablarse m&aacute;s de metamorfosis, cambio, reconstrucci&oacute;n y reconfiguraci&oacute;n de la religi&oacute;n, que de realizaci&oacute;n de las profec&iacute;as de la secularizaci&oacute;n.</p>    </ol>      <br>      <p><font size="3"><b>Retos</b></font></p>      <p>Uno de los problemas grandes para la evangelizaci&oacute;n ha sido la concepci&oacute;n doctrinaria y conceptual de la fe, tal como fue presentada en ciertos momentos de la historia de la iglesia. Se puede recordar la formaci&oacute;n presacramental dada a ni&ntilde;os y adultos en el pasado, cuando se preguntaba: "Qui&eacute;n es Dios Nuestro Se&ntilde;or?" y se respond&iacute;a mec&aacute;nicamente seg&uacute;n el catecismo del padre Astete o del padre Ripalda: "Es una cosa lo m&aacute;s excelente y admirable que se puede decir ni pensar, un Se&ntilde;or infinitamente Bueno, Poderoso, Sabio, Justo, Principio y fin de todas las cosas, (premiador de buenos y castigador de malos)." El padre Ripalda dec&iacute;a: "Dios es un Ser infinitamente bueno, sabio, poderoso, principio y fin de todas las cosas". Dios era concebido como cosa o como ser. El fin del hombre era servirle y adorarle en esta vida y despu&eacute;s gozarle en la eterna. Pero no se presentaba como una persona con la que se ten&iacute;a una experiencia de amor. En los ni&ntilde;os y adultos se daba una aceptaci&oacute;n intelectual de lo que era Dios pero no se ten&iacute;a la experiencia de Dios. Era una presentaci&oacute;n fundamentada en la filosof&iacute;a griega, vista a trav&eacute;s del Concilio de Trento, que el papa Benedicto XVI, aunque no niega su valor, s&iacute; indica la diferencia con el Dios b&iacute;blico. En la enc&iacute;clica <i>Deus Caritas est</i><sup>8</sup> (N. 9) critica esta concepci&oacute;n: "La potencia divina a la cual Arist&oacute;teles, en la cumbre de la filosof&iacute;a griega, trat&oacute; de llegar a trav&eacute;s de la reflexi&oacute;n, es ciertamente objeto de deseo y amor por parte de todo ser -como realidad amada, esta divinidad mueve el mundo-, pero ella misma no necesita nada y no ama, s&oacute;lo es amada." Y dice a rengl&oacute;n seguido que el Dios de Israel ama personalmente con un amor que es <i>eros</i> y <i>&aacute;gape</i>.</p>      <p>Se puede decir que la formaci&oacute;n conceptual y memor&iacute;stica flaco servicio prestaba a la evangelizaci&oacute;n y a la acci&oacute;n moral del cristiano y f&aacute;cilmente se pod&iacute;a ser cristiano con el cerebro pero ateo con el coraz&oacute;n. Correspond&iacute;a a una visi&oacute;n metaf&iacute;sica de la teolog&iacute;a que llev&oacute; a la separaci&oacute;n entre vida y fe, a la consideraci&oacute;n fisicalista de los dos pisos (lo natural y lo sobrenatural), a la idea de Dios como un personaje lejano y a&uacute;n a la absoluta eficacia de los sacramentos sin disposici&oacute;n interna de quien los celebraba. La cr&iacute;tica filos&oacute;fica a esta teolog&iacute;a metaf&iacute;sica, que se mencionaba al principio de este trabajo, iba encaminada a destruir esta imagen de Dios que era, de alguna manera, idol&aacute;trica. Era una purificaci&oacute;n del concepto de Dios m&aacute;s que la muestra de un ate&iacute;smo militante. Dios no era lo que los cristianos presentaban conceptual o hist&oacute;ricamente de &eacute;l. Dios no era accesible por la filosof&iacute;a y mucho menos comprensible en conceptos o t&eacute;rminos o juicios. En el fondo de la cr&iacute;tica a la metaf&iacute;sica est&aacute; la idea de que Dios est&aacute; m&aacute;s all&aacute; de los conceptos, m&aacute;s all&aacute; de las representaciones filos&oacute;ficas o populares, m&aacute;s all&aacute; de las simples capacidades de la <i>gnosis</i> humana. Podr&iacute;a afirmarse que el abandono que se hac&iacute;a de Dios por parte de quienes emigraban del cristianismo, era el abandono de su imagen distorsionada por la presentaci&oacute;n conceptual e hist&oacute;rica de &eacute;l.</p>      <p>El documento de Aparecida es consciente de estas fallas:</p>      <p><i>"Seg&uacute;n nuestra experiencia pastoral muchas veces la gente sincera que sale de nuestra Iglesia no lo hace por lo que los grupos "no cat&oacute;licos" creen, sino fundamentalmente por lo que ellos viven; no por razones doctrinales sino vivenciales; no por motivos estrictamente dogm&aacute;ticos, sino pastorales; no por problemas teol&oacute;gicos sino metodol&oacute;gicos de nuestra Iglesia. En verdad, mucha gente que pasa a otros grupos religiosos no est&aacute; buscando salirse de nuestra Iglesia sino que est&aacute; buscando sinceramente a Dios."</i><sup>9</sup></p>      <p>La conciencia actual del cristianismo es conocedora de estas deficiencias presentes sobre todo en las iglesias occidentales. Y es notoria el ansia de espiritualidad y de sentido en un mundo sometido al tr&aacute;fago de informaci&oacute;n, producci&oacute;n y consumo. No es extra&ntilde;o, por tanto, que se descubran de nuevo los veneros m&iacute;sticos de la humanidad: religiones orientales, misticismo <i>suffi</i> entre los musulmanes, meditaci&oacute;n trascendental. Dentro del cristianismo hay un redescubrimiento del Maestro Eckhart, Dionisio Areopagita, Santa Teresa y San Juan de la Cruz.</p>      <p>En la teolog&iacute;a se vuelve a pensar en la sabidur&iacute;a m&aacute;s que en la elaboraci&oacute;n conceptual y en la revelaci&oacute;n vivida m&aacute;s que en un conjunto de verdades dogm&aacute;ticas. La filosof&iacute;a, cansada de dar vueltas en c&iacute;rculo o de caminar en laberintos sin salida, trata de mostrar la posibilidad de la revelaci&oacute;n<sup><a name="nuIV"></a><a href="#numIV">IV</a></sup>. La m&iacute;stica es el proceso para recibir el don. Jean Luc Marion, en sus obras filos&oacute;ficas, plantea la posibilidad filos&oacute;fica de la donaci&oacute;n de Dios al hombre y la capacidad de &eacute;ste, de ser tocado por la llamada. Los m&iacute;sticos muestran la realizaci&oacute;n de esa donaci&oacute;n en una forma interior que se escapa a las trampas del concepto. La experiencia m&iacute;stica nos pone en relaci&oacute;n con ese fundamento &uacute;ltimo que s&oacute;lo es posible expresarlo en t&eacute;rminos simb&oacute;licos y que en la teolog&iacute;a se ha llamado el &aacute;gape. S&oacute;lo una experiencia m&iacute;stica nos pone en relaci&oacute;n con Dios, una relaci&oacute;n que nos constituye como sujetos pasivos de la apelaci&oacute;n y nos constituye como amor. Quien ha tenido esa experiencia la comunica. Es su deber imperioso ser testigo de que ha sido elegido y ha sido llamado. No por deber ni por imposici&oacute;n, sino por su car&aacute;cter difusivo, el amor impele a la acci&oacute;n testimonial. Esta acci&oacute;n testimonial es recogida en el n&uacute;mero 14 de la Enc&iacute;clica <i>Deus Caritas est</i>, donde gracias al &iacute;mpetu de la experiencia, fe, liturgia y ethos se convierten en la misma cosa: una simultaneidad de llamada, celebraci&oacute;n y respuesta. As&iacute; la liturgia y la &eacute;tica no son reflexiones posteriores de quien ha tenido la experiencia, sino simultaneidad de quien ha experimentado el paso de la donaci&oacute;n en la profundidad inmanente de su ser. Quien ha sentido el paso de Dios por las habitaciones de los hombres, es quien tiene la experiencia del acontecimiento definitivo y, con temor, da testimonio de las incalculables posibilidades para nuestra historia.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El compromiso &eacute;tico est&aacute; unido a la experiencia. La &uacute;nica experiencia &eacute;tica original es la cercan&iacute;a de lo Incondicionado como llamamiento al ser humano en su carne. La experiencia fundamental que origina la &eacute;tica es una cercan&iacute;a &iacute;ntima con la fuente que es el mismo amor. Quien siente la experiencia s&oacute;lo puede testimoniarla. De lo contrario, la &eacute;tica se reduce a un deber al estilo kantiano, a una imposici&oacute;n heter&oacute;noma, o a una b&uacute;squeda incesante e in&uacute;til de fundamento. S&oacute;lo desde la llamada del amor, el hombre se constituye como amor y da amor a todo hombre. Este amor a todo hombre no es un amor universal abstracto sino el reconocimiento de cada ser humano como destinatario irrec&iacute;proco de mi amor. Si hay reciprocidad no puede haber leg&iacute;timo amor.</p>      <p>La experiencia es la experiencia del amor. Tanto Emmanuel L&eacute;vinas como Jean Luc Marion, tratan de entender a Dios como no contaminado por el ser. L&eacute;vinas lo entiende desde la llegada abrupta del Otro. Marion trata de entenderlo como &aacute;gape (I Jn 4,8) que se da y se da sin condiciones previas. Dios se abandona totalmente a la donaci&oacute;n hasta el punto que &eacute;l es don y donaci&oacute;n. El amor no se da sino abandon&aacute;ndose, transgrediendo continuamente los l&iacute;mites del propio don, hasta instalarse fuera de s&iacute;. Ese es Dios sin el ser. Y el sujeto es el adonado, el interpelado, distinto al sujeto husserliano constituyente de los objetos que al final permanece solips&iacute;sticamente en s&iacute;, incapaz de encontrar a los otros. El sujeto adonado que se define como el que recibe el don y se recibe del don, puede perfectamente recibir entre los procedimientos de la donaci&oacute;n, la donaci&oacute;n del rostro concreto del otro. El otro no es una invasi&oacute;n abstracta, sino un llamado del amor. S&oacute;lo la fenomenolog&iacute;a de la donaci&oacute;n, nos dice Marion, est&aacute; en grado de restituir al amor la dignidad de un concepto abriendo as&iacute; la v&iacute;a a una correcta individuaci&oacute;n de los otros. No se trata, entonces, de intersubjetividad o de interobjetividad (lo que puede llevar a la indiferencia), sino de interdonaci&oacute;n. Aqu&iacute; se mira la &eacute;tica desde el punto de vista de la experiencia m&iacute;stica del otro que se me da, no como objeto que es el problema grande de las ciencias objetivantes, ni como otro yo igual a m&iacute; que es el problema de las metaf&iacute;sicas unificantes. Es la interdonaci&oacute;n del amor que nos plantea el problema del eros y el &aacute;gape, resuelto en una intercomunicaci&oacute;n total y no dualista.</p>      <p>Se puede en un cuadro, sintetizar el esquema de esta clave de lectura:</p>      <p>    <center><a name="img1"><img src="img/revistas/rlsi/v5n2/v5n2a16img1.jpg"></center></p>      <p>El documento de Aparecida asume plenamente esta filosof&iacute;a y esta teolog&iacute;a<sup><a name="nuV"></a><a href="#numV">V</a></sup>. El disc&iacute;pulo es quien ha tenido la experiencia de Dios en Jesucristo y la respuesta a esa experiencia que es una llamada, es el testimonio (el disc&iacute;pulo va al mundo y expresa su experiencia). El disc&iacute;pulo no es un t&eacute;cnico o un ingeniero social, no es un profeta de desgracias ni un contestador profesional, no es un trabajador sicol&oacute;gico o social, sino que va m&aacute;s all&aacute;: es el testigo de la vida, es la antorcha de la luz, es el amante de los hombres. No es la vida, la luz y el amor sino el testigo que va a llevar la vida, la luz y el amor. Y no es una imposici&oacute;n ni un mandato en s&iacute;, sino una iluminaci&oacute;n y una propuesta.</p>      <p>El n&uacute;mero 226 del documento de Aparecida sintetiza as&iacute; las acciones que se han de emprender para llegar realmente a la realizaci&oacute;n del proceso experiencia. testimonio:</p>      <p>"Hemos de reforzar en nuestra Iglesia cuatro ejes:</p>  <ol type="a">    <p>    <li> <i>La experiencia religiosa.</i> En nuestra Iglesia debemos ofrecer a todos nuestros fieles un "encuentro personal con Jesucristo", una experiencia religiosa profunda e intensa, un anuncio kerigm&aacute;tico y el testimonio personal de los evangelizadores, que lleve a una conversi&oacute;n personal y a un cambio de vida integral.</li></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>    <li> <i>La Vivencia Comunitaria.</i> Nuestros fieles buscan comunidades cristianas, en donde sean acogidos fraternalmente y se sientan valorados, visibles y eclesialmente incluidos. Es necesario que nuestros fieles se sientan realmente miembros de una comunidad eclesial y corresponsables de su desarrollo. Eso permitir&aacute; un mayor compromiso y entrega en y por la Iglesia.</li></p>      <p>    <li> <i>La formaci&oacute;n b&iacute;blico.doctrinal.</i> Junto con una fuerte experiencia religiosa y una destacada convivencia comunitaria, nuestros fieles necesitan profundizar el conocimiento de la Palabra de Dios y los contenidos de la fe ya que es la &uacute;nica manera de madurar su experiencia religiosa. En este camino acentuadamente vivencial y comunitario, la formaci&oacute;n doctrinal no se experimenta como un conocimiento te&oacute;rico y fr&iacute;o, sino como una herramienta fundamental y necesaria en el crecimiento espiritual, personal y comunitario.</li></p>      <p>    <li> <i>El compromiso misionero de toda la comunidad.</i> Ella sale al encuentro de los alejados, se interesa de su situaci&oacute;n, a reencantarlos con la Iglesia y a invitarlos a volver a ella."</li></p>    </ol>      <p>Estos cuatro ejes indican, en forma por dem&aacute;s muy espec&iacute;fica, todo el proceso: una experiencia de fe, una vivencia comunitaria de la experiencia, una profundizaci&oacute;n de la Palabra y como consecuencia de la experiencia, la misi&oacute;n. "Voy porque he sido llamado". Aqu&iacute; se ve claramente que se pasa de una formaci&oacute;n meramente intelectual, conceptual y tradicional, a una formaci&oacute;n de tipo experiencial y testimonial. Hay que sacar las consecuencias de &eacute;sto. Se cambia el proceso de formaci&oacute;n y se va a otro proceso que es el indicado en la Sagrada Escritura: "Estoy aqu&iacute; porque me has llamado". Se puede colegir que la experiencia es una experiencia m&iacute;stica que se expresa racionalmente y que lleva a un testimonio &eacute;tico. La &eacute;tica cristiana no es as&iacute; una simple obediencia a un mandato o el cumplimiento de una ley externa, sino una exigencia de respuesta a un llamado. Se supera la excesiva autonom&iacute;a del sujeto y se pasa a una heteronom&iacute;a amorosa: respondo porque he sido llamado con un amor absoluto y mi respuesta es respuesta amorosa, no obligada o simplemente temerosa.</p>      <p>Aunque el Documento no habla expl&iacute;citamente de m&iacute;stica (s&oacute;lo cita esta palabra tres veces y no espec&iacute;ficamente en el contexto de la experiencia m&iacute;stica exceptuando cuando habla de la vida religiosa<sup>11</sup>), s&iacute; est&aacute; referenciado en la DCE. Y all&iacute; hay un punto que no aparece tampoco en el documento pero que es necesario colocar ac&aacute;: la m&iacute;stica del sacramento eucar&iacute;stico. En el documento se habla profusamente de la Eucarist&iacute;a pero no hace &eacute;nfasis en la m&iacute;stica del encuentro ag&aacute;pico que se da en ella aunque impl&iacute;citamente se reconoce. Los n&uacute;meros 13 y 14 de DCE hablan de esta m&iacute;stica:</p>      <p><i>"La &laquo; m&iacute;stica &raquo; del Sacramento, que se basa en el abajamiento de Dios hacia nosotros, tiene otra dimensi&oacute;n de gran alcance y que lleva mucho m&aacute;s alto de lo que cualquier elevaci&oacute;n m&iacute;stica del hombre podr&iacute;a alcanzar</i><sup>12</sup>. <i>Se entiende, pues, que el &aacute;gape se haya convertido tambi&eacute;n en un nombre de la Eucarist&iacute;a: en ella el &aacute;gape de Dios nos llega corporalmente para seguir actuando en nosotros y por nosotros. S&oacute;lo a partir de este fundamento cristol&oacute;gico.sacramental se puede entender correctamente la ense&ntilde;anza de Jes&uacute;s sobre el amor</i><sup>13</sup>.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La Eucarist&iacute;a como lugar m&iacute;stico es el momento en que se puede dar la experiencia del encuentro ag&aacute;pico y por tanto, la exigencia de salir a testimoniar. La Eucarist&iacute;a tiene en s&iacute; una estructura m&iacute;stica que no se puede desconocer: all&iacute; se da la etapa purificativa (la parte penitencial), la etapa iluminativa (la escucha de la palabra que anuncia el misterio) y la etapa unitiva (la presencia real comulgada &iacute;ntimamente por los creyentes). Se da una experiencia unitiva m&iacute;stica que desemboca en un salir, un <i>ite missa est</i> que no clausura la experiencia sino que la prolonga en la acci&oacute;n apost&oacute;lica del cristiano. Se ha tenido la experiencia de profunda comuni&oacute;n con el que se hace presente, Jesucristo, y de all&iacute; nace como de una fuente, el &iacute;mpetu de ir a contar lo que ha sucedido.</p>      <p>Esta instancia m&iacute;stica hay que recuperarla en toda comunidad para que la Iglesia de Am&eacute;rica latina viva en la Eucarist&iacute;a el misterio de una manera m&iacute;stica, real, experiencial, y no como una tradici&oacute;n, costumbre o norma externa. S&oacute;lo as&iacute; la vida cristiana ser&aacute; vida eucar&iacute;stica<sup>14</sup>. Esto implica l&oacute;gicamente otra manera de celebrar la Eucarist&iacute;a d&aacute;ndole todo el tiempo, la preparaci&oacute;n, la est&eacute;tica y el sentido necesarios.</p>      <br>      <p><font size="3"><b>Doctrina social de la iglesia</b></font></p>      <p>La Doctrina Social de la Iglesia (DSI) ha venido evolucionando. Especialmente a partir de Juan XXIII cuando la reflexi&oacute;n sobre lo social comenzaba en el an&aacute;lisis de la realidad y no en los principios filos&oacute;ficos. De una DSI te&oacute;rica, filos&oacute;fica, fuertemente jusnaturalista, con un estatuto epistemol&oacute;gico de car&aacute;cter deductivo, se fue pasando a una reflexi&oacute;n evang&eacute;lica sobre la realidad vivida por las comunidades cristianas. La DSI se va convirtiendo en teolog&iacute;a moral social.<sup><a name="nuVI"></a><a href="#numVI">VI</a></sup> El estudio de la vida social no se reduce s&oacute;lo a la filosof&iacute;a social, ni sus objetos son s&oacute;lo la familia y el trabajo como se consideraba anteriormente. Lo social es supremamente amplio (sujeto, instituciones y cultura) y se desarrolla en campos extensos (vida pol&iacute;tica, vida econ&oacute;mica y vida social). La DSI se encuadra en la teolog&iacute;a moral social como &aacute;mbito amplio de la vida del hombre tratando no de dar normas externas (lo que ser&iacute;a un legalismo o un moralismo), sino que es la experiencia de comuni&oacute;n con Dios y con los hombres en Cristo en y a lo largo de la historia. No es una consideraci&oacute;n t&eacute;cnica (aunque se apoya en ciencias sociales y humanas) sino, adem&aacute;s, una presencia evang&eacute;lica en el mundo<sup>16</sup>. Como teolog&iacute;a moral social se trata de la reflexi&oacute;n sobre la realidad social hecha desde el evangelio y la tradici&oacute;n para iluminar el quehacer cristiano en el mundo. Como reflexi&oacute;n sobre la realidad social implica partir del an&aacute;lisis de lo que viven las comunidades como mirada del disc&iacute;pulo a su entorno<sup>17</sup>. En el Documento no hay un an&aacute;lisis t&eacute;cnico de la globalizaci&oacute;n sino una mirada desde la percepci&oacute;n de las comunidades y sus pastores, fij&aacute;ndose especialmente en los efectos inhumanos de ella como se puede ver en el capitulo segundo. La iglesia latinoamericana ya ha tenido la tr&aacute;gica experiencia de detener la reflexi&oacute;n &uacute;nicamente en lo que aportan las ciencias sociales y los enfoques ideol&oacute;gicos. Estos han dado la impresi&oacute;n de modernizar los an&aacute;lisis pero realmente han reducido el &aacute;mbito de la mirada y han provocado el descuido de la espiritualidad. Eso lo captan las comunidades y buscan, como compensaci&oacute;n, movimientos religiosos espiritualistas, seudo m&iacute;sticos o emotivistas. La reflexi&oacute;n teol&oacute;gica es planteada en el documento desde el evangelio le&iacute;do en la iglesia y en su historia (que no es otra cosa que la manera como la iglesia ha vivido la fe en contextos dis&iacute;miles). Aqu&iacute; el documento plantea algo fundamental en la l&iacute;nea de <i>Deus Caritas est</i>: la labor del disc&iacute;pulo no es competir cient&iacute;fica y t&eacute;cnicamente (aunque debe ser competente) con los t&eacute;cnicos y cient&iacute;ficos. La labor del disc&iacute;pulo es dar un testimonio de lo que ha vivido: el amor. Y esto dentro del trabajo que realiza codo a codo con los dem&aacute;s hombres: haciendo lo mismo, el sentido, sin embargo, es diferente.</p>      <p>Es importante notar que el Documento reconoce el car&aacute;cter p&uacute;blico y social de la fe<sup>17</sup>. El cristiano dice su palabra p&uacute;blicamente. No se trata de imponer o volver al r&eacute;gimen de cristiandad sino de proponer un estilo de vida, una nueva forma de relaci&oacute;n entre los hombres, denunciando lo inhumano y anunciando lo plenamente humano: la revelaci&oacute;n dada en Jesucristo, rostro divino del hombre y rostro humano de Dios<sup>18</sup>. Esta afirmaci&oacute;n, profundamente b&iacute;blica y teol&oacute;gica, corresponde tambi&eacute;n a reflexiones de la filosof&iacute;a contempor&aacute;nea que consideran al hombre no como un sustantivo sino como un verbo: abrirse. El hombre es la apertura, el abrirse a Dios, y Dios es la manifestaci&oacute;n del amor en su totalidad que constituye al hombre en su ser, es decir, amor. Dios es la vida que hace al hombre vida y &eacute;ste se descubre como vida en lo m&aacute;s profundo de su ser<sup>19</sup>. L&eacute;vinas participa de este pensamiento cuando habla del otro como irrupci&oacute;n que me llama y me constituye responsable de &eacute;l. Estas concepciones se oponen a otras concepciones antropol&oacute;gicas modernas que no alcanzan a decir lo que es el hombre pues al dar demasiado poder al yo, no permiten la manifestaci&oacute;n que es puro don, regalo. Permanecen dando vueltas alrededor de lo mismo (pragmatismo est&eacute;tico, sensaciones corporales, particularismo individualistas) que lleva a la conclusi&oacute;n de que todo vale. Y todo vale mientras satisfaga al sujeto individual, encerrado en su esfera privada, sin inter&eacute;s o preocupaci&oacute;n por los dem&aacute;s. Al punto que se puede mirar una masacre por televisi&oacute;n sin ninguna incomodidad ni para la conciencia ni para el est&oacute;mago.</p>      <p>La comprensi&oacute;n de la profunda antropolog&iacute;a contenida en la afirmaci&oacute;n arriba citada, bastar&iacute;a para proponer un vasto designio de evangelizaci&oacute;n y &eacute;sta se resume en otra frase: el que ha sido llamado (fe) responde don&aacute;ndose a los dem&aacute;s (&eacute;tica), o mejor, quien ha sido amado (experiencia), dona el amor que lo ha constituido (testimonio). Quien ha tenido la experiencia se siente impelido a comunicarla. Aqu&iacute; est&aacute; toda una teolog&iacute;a y una filosof&iacute;a del encuentro a partir de la interdonaci&oacute;n que permitir&iacute;a una &eacute;tica muy diferente a las actuales<sup><a name="nuVII"></a><a href="#numVII">VII</a></sup>.&iquest;Pero el testimonio es algo v&aacute;lido hoy? &iquest;No ser&aacute; el testimonio simplemente la proposici&oacute;n de una verdad hist&oacute;rica en un momento dado? &iquest;Ser&aacute; el testimonio simplemente morir de una manera fan&aacute;tica por una idea m&aacute;s? &iquest;Es posible el testimonio en una sociedad instrumentalizada? &iquest; El testimonio no ser&aacute; la transmisi&oacute;n de una idea aprendida acr&iacute;ticamente de la sociedad en que se vive? Estas son cr&iacute;ticas que vienen del pensamiento filos&oacute;fico actual. Nietzsche, Heidegger, Vattimo, presentan estas cr&iacute;ticas<sup>22</sup>. Reconociendo que puede darse testimonio de tipo fan&aacute;tico, de tipo partidista o de tipo fundamentalista, Bernard Welte aporta una l&iacute;nea de salida cuando dice que el testimonio es testimonio de una verdad dada en el contexto de un encuentro personal. La revelaci&oacute;n cristiana, explica Welte, opera en t&eacute;rminos de un encuentro personal, no de la afiliaci&oacute;n a una ideolog&iacute;a, ense&ntilde;anza coyuntural o grupo determinado. S&oacute;lo la experiencia del encuentro personal, permite a alguien decir: "Puedo abandonarme, puedo confiar". Ese encuentro personal es el que hace que lo manifestado est&eacute; all&iacute; presente en forma real. El testimonio de quien ha tenido el encuentro, muestra al evento Jes&uacute;s real y presente. La tradici&oacute;n, en este sentido, no es una colecci&oacute;n de elementos materiales y conceptuales, sino la verdad de lo que una vez sucedi&oacute; y que aparece como verdad en cada nuevo evento de una existencia hist&oacute;rica capaz de verdad<sup>22</sup>.</p>      <p>As&iacute; lo social no aparece como un a&ntilde;adido a la fe, ni como una norma externa a la misma, sino que el testimonio social es algo propio y constitutivo de la respuesta dada por quien ha tenido el encuentro. La DSI se aleja de lo mandado para convertirse en pura donaci&oacute;n de lo recibido y en encuentro de interdonadores de experiencia.</p>      <p>El campo de la DSI, as&iacute; entendida, va invadiendo positivamente todos los aspectos de la vida social del hombre: pol&iacute;tica, econom&iacute;a, ecolog&iacute;a, educaci&oacute;n, etc, donde el cristiano realiza su trabajo. As&iacute; se superan los problemas ocasionados por una concepci&oacute;n externizante de la DSI que se ve como algo ut&oacute;pico e irrealizable, o la concepci&oacute;n de la misma como una opci&oacute;n ideol&oacute;gica que pretende ser una tercera v&iacute;a entre sistemas socio.pol&iacute;ticos enfrentados. La DSI, m&aacute;s bien, aparece como la contribuci&oacute;n de los cristianos a construir una sociedad justa, dialogando, proponiendo y construyendo una convivencia libre, justa y participativa, construcci&oacute;n en la que participan no s&oacute;lo los mismos cristianos sino tambi&eacute;n todos los hombres que buscan sinceramente un mundo m&aacute;s humano.</p>      <p>A veces, la iglesia se ha entendido como la guardiana de la verdad entendida &eacute;sta como conjunto de definiciones o como la que custodia unos contenidos conceptuales. Para algunos, custodiar el dep&oacute;sito de la fe, ha sido defender la pureza categorial o conceptual de unos enunciados teol&oacute;gicos. Bien lo dice el documento:</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>"No resiste a los embates del tiempo una fe cat&oacute;lica reducida a bagaje, a elenco de normas y prohibiciones, a pr&aacute;cticas de devoci&oacute;n fragmentadas, a adhesiones selectivas y parciales de las verdades de la fe, a una participaci&oacute;n ocasional en algunos sacramentos, a la repetici&oacute;n de principios doctrinales, a moralismos blandos o crispados que no convierten la vida de los bautizados" <sup>23</sup>.</p>      <p>Pero m&aacute;s bien, es la Verdad de Cristo la que guarda y defiende a su iglesia.</p>      <p>"Los cristianos no defienden la verdad de la revelaci&oacute;n; la verdad de la revelaci&oacute;n es la que los defiende a ellos, la que les sostiene. No es la iglesia la que defiende a Cristo, sino Cristo el que defiende a la iglesia...porque si no, las verdades que la iglesia proclama se presentar&iacute;an...como una ideolog&iacute;a propia de la iglesia<sup>24</sup>.</p>      <p>Lo que verdaderamente deben hacer los cristianos es mostrar que el modelo cristiano de vivir es &uacute;nico, insustitu&iacute;ble, plenamente humano y que, por tanto, quien sigue a Cristo est&aacute; en la verdad de la vida y tendr&aacute; vida eterna. No es la adhesi&oacute;n a una doctrina, sino la respuesta a un llamado. "No se comienza a ser cristiano por una decisi&oacute;n &eacute;tica o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientaci&oacute;n decisiva"<sup>25</sup>. Se insiste en el t&eacute;rmino "acontecimiento" que bien puede significar tambi&eacute;n "evento", "apropiaci&oacute;n", "manifestaci&oacute;n", y que es lo que marca la misi&oacute;n de la iglesia. La misi&oacute;n no es un proyecto pastoral, ni un programa bien hecho, ni unas acciones intensivas, sino que es compartir, testimoniar y anunciar la experiencia del acontecimiento de Jesucristo en la total historia del mundo<sup>26</sup>.</p>      <br>      <p><font size="3"><b>Conclusi&oacute;n</b></font></p>      <p>Quiz&aacute;s el cristianismo se estaba volviendo una ideolog&iacute;a o una visi&oacute;n m&aacute;s del mundo que compet&iacute;a por el mercado religioso. Heidegger sit&uacute;a la ca&iacute;da del cristianismo precisamente en que por volverse moderno y acomodarse a los tiempos nuevos, transforma su ideal de vida en una cosmovisi&oacute;n o una visi&oacute;n del mundo<sup>27</sup>. La fe se vuelve algo subjetivo, una experiencia est&eacute;tica personal y el vac&iacute;o que deja se llena con estudios e investigaciones sobre el mito o sobre la historia de las religiones. Queda una fe sin ning&uacute;n Dios o un Dios sin quien lo experimente. El cristianismo ha de volver a su esencia de ser experiencia vivida, experiencia comunitaria y experiencia transmitida de la donaci&oacute;n del amor de Dios en Jesucristo, sin preocupaciones de <i>marketing, rating</i> o estad&iacute;stica. "Estos son los que buscan al Se&ntilde;or, conviven con El y luego proclaman en el desierto o en la ciudad que el amor es posible." "En consecuencia, la mejor defensa de Dios y del hombre consiste precisamente en el amor. Las organizaciones caritativas de la Iglesia tienen el cometido de reforzar esta conciencia en sus propios miembros, de modo que a trav&eacute;s de su actuaci&oacute;n -as&iacute; como por su hablar, su silencio, su ejemplo- sean testigos cre&iacute;bles de Cristo"<sup>27</sup>.</p>      <p>Ser testigos cre&iacute;bles de Cristo. He ah&iacute; el meollo. Por mucho tiempo se confi&oacute; la defensa de Cristo a los argumentos teol&oacute;gicos y conceptuales, a la perfecta construcci&oacute;n de los edificios dogm&aacute;ticos o a la rica historia espiritual y cultural de la iglesia. Pero esto no va m&aacute;s. Todo lo anterior tiene sentido y valor si est&aacute; respaldado por la acci&oacute;n concreta de los cristianos y que se vea que nace de la experiencia y no del deber o de la competencia del mercado o de la tarea profesional. La misi&oacute;n en esta perspectiva no busca crear una sociedad c&oacute;moda o lograr un bienestar material humano, o reducir los &iacute;ndices de necesidades b&aacute;sicas insatisfechas, sino crear un hogar humano para Dios y un hogar divino para el hombre. &iquest;No es esto el inicio.fin del Reino de Dios?</p>      <p>La experiencia del amor es una experiencia universal. Dios no es una experiencia restringida a una confesi&oacute;n sino que es una posibilidad humana. El cristianismo tiene conciencia de ser la experiencia total de Dios en Jesucristo, pero no puede negar la presencia de ese amor en otras religiones o confesiones religiosas. Y mucho menos, puede considerar, en forma exclusivista, que posee &uacute;nicamente la verdad, como tampoco puede aceptar que todas las expresiones hist&oacute;ricas y culturales de la experiencia de Dios sean iguales. Hay una experiencia humana com&uacute;n, una apertura a una exigencia infinita de sentido, que se manifiesta plenamente, para los cristianos, en la donaci&oacute;n de Dios en Jesucristo. All&iacute; radica la especificidad cristiana que se propone a la humanidad. No es una imposici&oacute;n sino una propuesta de plena salvaci&oacute;n.</p>      <p>Adem&aacute;s, estamos en una sociedad pluralista, donde hay libertad de elecci&oacute;n y de vivencia. El cristiano aprende a compartir con quien no tiene su propia fe, enriqueci&eacute;ndose del otro y aport&aacute;ndole lo propio de su fe. En un mundo pluralista, se comparte la riqueza espiritual que se tiene pero no se discrimina ni destruye al otro. Y la verdad que el cristiano presenta, es la verdad existencial de una presencia que se da y se da cambiando al hombre de sujeto potente en sujeto dado, pasivo, que recibe la totalidad de Dios y por eso puede ser testigo de la misma totalidad de Dios. As&iacute; el cristiano se presenta con la totalidad de su verdad existencial provocando en los otros una experiencia semejante. De la actitud m&iacute;stica, se presentan algunos elementos para una antropolog&iacute;a nueva:</p>  <ul>    ]]></body>
<body><![CDATA[<li> El hombre creyente se constituye por la llamada de Dios, anterior a todo. La esencia humana se da por la llamada y la respuesta a esa llamada. Ser hombre significa estar abierto a la recepci&oacute;n de Dios y desde esa experiencia recibir a los dem&aacute;s, en un proceso de donaci&oacute;n e interdonaci&oacute;n.</li></p>      <p>    <li> Dios hace al hombre libre, lo libera de s&iacute; mismo y para s&iacute; mismo. La libertad no es encapsulamiento pues la donaci&oacute;n permanente de Dios constituye al hombre en un ser nuevo en cada momento de su vida. Dios lo abre a cada momento. Esa libertad no lo cierra sino que lo abre en la donaci&oacute;n del amor a los semejantes.</li></p>      <p>    <li> Todos son llamados, cada uno recibe a Dios en un proceso de unidad.pluralidad que no niega las diferencias pues hace diferente a lo diferente. Es el proceso humilde del amor que no deja nada para s&iacute; sino que se retira d&aacute;ndose y se dona ocult&aacute;ndose.</p>    </ul>      <p>Las l&iacute;neas para una evangelizaci&oacute;n que surgen de una posici&oacute;n m&iacute;stica:</p>  <ul>    <p>    <li> El hombre es un sujeto humilde puesto por Dios (abierto, pasivo, humilde, hist&oacute;rico...) y que es constitu&iacute;do en la llamada del amor (m&iacute;stica de la apelaci&oacute;n). Sentir la experiencia. Crear actitud m&iacute;stica de respuesta: escuchar, atender, responder, agradecer, o&iacute;r a Dios que llama (arte, sufrimiento, liturgia bella, naturaleza, silencio, palabra, o&iacute;r...). Mostrar que Dios se revela en lo m&aacute;s profundo del ser humano ("M&aacute;s cerca de m&iacute;, que yo mismo").</li></p>      <p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<li> Testimoniar esa experiencia ante los dem&aacute;s creando un mundo humano.</li></p>    </ul>      <p>En s&iacute;ntesis, la Evangelizaci&oacute;n hoy no es m&aacute;s que el anuncio de una experiencia m&iacute;stica que transforma a todos los hombres por el testimonio eficaz de una comunidad de fe que es la iglesia.</p>  <hr>      <p><font size="3"><b>Pie de p&aacute;gina</b></font></p>  <sup><a name="numI"></a><a href="#nuI">I</a></sup>Generalmente se pensaba que las CEBÂ¨s eran modernizantes y el pentecostalismo protestante era reaccionario. Sin embargo, este era m&aacute;s espiritual y aquellas m&aacute;s inclinadas a la praxis social<sup>5</sup>.    <br>  <sup><a name="numII"></a><a href="#nuII">II</a></sup>Muchas personas pobres no optaron por la teolog&iacute;a de la liberaci&oacute;n, sino por otra manera de ser cristianos en el pentecostalismo. Por eso el pentecostalismo se ha constitu&iacute;do en una fuerza grande diferente a lo ocurrido con las Comunidades eclesiales de Base<sup>6</sup>. Sin negar el valor de las CEB's, cuyo sentido comunitario rescata el documento de Aparecida (178 ss)<sup>7</sup>, se puede decir que les falt&oacute; experiencia de lo divino. Estas comunidades correspondieron m&aacute;s a una modernizaci&oacute;n social que a una renovaci&oacute;n espiritual. (cfr 178). En cuanto a la iglesia como formadora de comunidad m&iacute;rese el n&uacute;mero 334 del Documento.    <br>  <sup><a name="numIII"></a><a href="#nuIII">III</a></sup>Aqu&iacute; se ve la necesidad de que los intelectuales y de las universidades cristianos propongan una nueva manera de pensar que reconozca todo el poder de la raz&oacute;n sin reducirla a la raz&oacute;n cient&iacute;fica &uacute;nicamente.    <br>  <sup><a name="numIV"></a><a href="#nuIV">IV</a></sup>Es especialmente notorio el esfuerzo de fil&oacute;sofos como L&eacute;vinas, Jean Luc Marion, Michel Henry, Jean Louis Chretien, por mostrar la donaci&oacute;n del fen&oacute;meno pleno fuera de los marcos de la metaf&iacute;sica tradicional<sup>10</sup>.    <br>  <sup><a name="numV"></a><a href="#nuV">V</a></sup>Es innegable el influjo de la Enc&iacute;clica <i>Deus Caritas Est</i> en el documento de Aparecida tanto en cuanto a la experiencia como en cuanto a la doctrina social de la iglesia como testimonio de la experiencia. Es como providencial o un signo de los tiempos, que el documento de Aparecida marche por estos rumbos de una filosof&iacute;a y una teolog&iacute;a de la donaci&oacute;n.    <br>  <sup><a name="numVI"></a><a href="#nuVI">VI</a></sup>"Su objetivo principal es interpretar esas realidades, examinando su conformidad o diferencia con lo que el Evangelio ense&ntilde;a acerca del hombre y su vocaci&oacute;n terrena y, a la vez, trascendente, para orientar en consecuencia la conducta cristiana. Por tanto, no pertenece al &aacute;mbito de la ideolog&iacute;a, sino al de la teolog&iacute;a y especialmente de la teolog&iacute;a moral."<sup>15</sup>    <br>  <sup><a name="numVII"></a><a href="#nuVII">VII</a></sup>Valdr&iacute;a la pena recuperar la filosof&iacute;a del encuentro de Mart&iacute;n Buber <sup>21</sup>por su afinidad con el amor.&aacute;gape cristiano y las reflexiones de Ferdinand Ebner, Rosenzweig y Gabriel Marcel.</p>  <hr>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="3"><b>Referencias</b></font></p>      <!-- ref --><p>1. COX, Harvey. La ciudad Secular. Barcelona: Pen&iacute;nsula, 1968.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000164&pid=S1794-4449200800020001600001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>2. _. Fire from Heaven. Reading, Massachusetts: Addison.Wesley Publishing Company, 1995.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000165&pid=S1794-4449200800020001600002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>3. KEPEL, Gilles. La revancha de Dios. Madrid: Alianza Editorial, 1991.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000166&pid=S1794-4449200800020001600003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>4. BENEDICTO XVI. Discurso de Apertura de la Conferencia de Aparecida. Brasil: Benedicto XVI, 2007. s. 46.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000167&pid=S1794-4449200800020001600004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>5. BASTIAN, Jean.Pierre. La mutaci&oacute;n religiosa de Am&eacute;rica Latina. Para una sociolog&iacute;a del cambio social en la modernidad perif&eacute;rica. M&eacute;xico: FCE, 1997.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000168&pid=S1794-4449200800020001600005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>6. CESAR, W y SHAULL, R. Pentecostalismo e futuro das igrejas crist&atilde;s. Petr&oacute;polis. S&atilde;o Leopoldo: Vozes.Sinodal, 1999. p. 294.295.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000169&pid=S1794-4449200800020001600006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>7. BENEDICTO XVI. Discurso de Apertura de la Conferencia de Aparecida, Op. Cit., s. 178.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000170&pid=S1794-4449200800020001600007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>8. BENEDICTO XVI. Carta enc&iacute;clica <i>DEUS CARITAS EST (DCE)</i> del Sumo Pont&iacute;fice Benedicto XVI a los obispos, a los presb&iacute;teros y di&aacute;conos, a las personas consagradas y a todos los fieles laicos sobre el amor cristiano &#91;online&#93;. Roma: Benedicto XVI, <i>25 de diciembre de</i> 2005. &#91;Citado agosto 2008&#93;. URL disponible en  &lt;<a href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/encyclicals/documents/hf_ben.xvi_enc_20051225_deus.caritas.est_sp.html"  target="_blank">http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/encyclicals/documents/hf_ben.xvi_enc_20051225_deus.caritas.est_sp.html</a>&gt;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000171&pid=S1794-4449200800020001600008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>9. BENEDICTO XVI. Discurso de Apertura de la Conferencia de Aparecida, Op. Cit., s. 225.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000172&pid=S1794-4449200800020001600009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>10. ARBOLEDA, Carlos. Profundidad y cultura. Del concepto de Dios a la experiencia de Dios. Medell&iacute;n: UPB, 2007.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000173&pid=S1794-4449200800020001600010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>11. BENEDICTO XVI. Discurso de Apertura de la Conferencia de Aparecida, Op. Cit., s. 220.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000174&pid=S1794-4449200800020001600011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>12. _. Carta enc&iacute;clica <i>DEUS CARITAS EST (DCE),</i> Op. Cit., s. 13.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000175&pid=S1794-4449200800020001600012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>13. _. Carta enc&iacute;clica <i>DEUS CARITAS EST (DCE),</i> Op. Cit., s. 14.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000176&pid=S1794-4449200800020001600013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>14. _. Discurso de Apertura de la Conferencia de Aparecida, Op. Cit., s. 251, 262, 305, 316, 354, 363.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000177&pid=S1794-4449200800020001600014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>15. IOANNES PAULUS II. SOLLICITUDO REI SOCIALIS. Carta enc&iacute;clica promulgada el 30 de diciembre de 1987. Rome: Ioannes Paulus II, 1987. s. 41.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000178&pid=S1794-4449200800020001600015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>16. BENEDICTO XVI. Discurso de Apertura de la Conferencia de Aparecida, Op. Cit., s. 372, 400.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000179&pid=S1794-4449200800020001600016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>17. _. Discurso de Apertura de la Conferencia de Aparecida, Op. Cit., s. 33.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000180&pid=S1794-4449200800020001600017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>18. _. Discurso de Apertura de la Conferencia de Aparecida, Op. Cit., s. 505.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000181&pid=S1794-4449200800020001600018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>19. _. Discurso de Apertura de la Conferencia de Aparecida, Op. Cit., s. 107.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000182&pid=S1794-4449200800020001600019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>20. HENRY, Michel. Encarnaci&oacute;n. Salamanca: S&iacute;gueme, 2001. Citado por: MARION, Jean Luc. El fen&oacute;meno er&oacute;tico. Buenos Aires: El cuenco de Plata, 2005.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000183&pid=S1794-4449200800020001600020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>21. BUBER, Mart&iacute;n. Mart&iacute;n Buber por su afinidad con el amor. &aacute;gape cristiano. En: _. Yo y T&uacute;. 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