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<journal-title><![CDATA[Avances en Psicología Latinoamericana]]></journal-title>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Relaciones entre el aprendizaje implícito y la edad en niños de 7 a 12 años]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Relationships between Implicit Learning and Age in Children from 7 to 12 Years Old]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="es"><p><![CDATA[El objetivo de este estudio es analizar las relaciones existentes entre el aprendizaje implícito (AI), el aprendizaje explícito (AE) y la edad en niños de 7 a 12 años. Se trabajó con un diseño cuasi-experimental. Se administraron dos pruebas de aprendizaje: una prueba de AI de gramáticas artificiales con un diseño lúdico y figurativo diseñado para niños, y una prueba de AE figurativa. Se trabajó con una muestra de 49 niños de 7 a 12 años de la ciudad de Mar del Plata, Argentina. Los resultados obtenidos brindaron apoyo empírico a la afirmación de Reber sobre la independencia del AI con respecto a la edad de los sujetos. Se discute la importancia del AI como un mecanismo temprano de abstracción de regularidades que desempeña un destacado rol en la edad escolar y que permanece más estable que el aprendizaje explícito.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="3">    <p align="center"><b>Relaciones entre el aprendizaje impl&iacute;cito y la edad en ni&ntilde;os de 7 a 12 a&ntilde;os</b></p></font> <font face="Verdana" size="2">    <p align="center"><b>Relationships between Implicit Learning and Age in Children from 7 to 12 Years Old</b></p></font> <font face="Verdana" size="2">    <p align="center">Mar&iacute;a Fernanda L&oacute;pez-Ram&oacute;n*</p>     <p>* <i>Universidad Nacional de Mar del Plata, Argentina</i>. Correspondencia: Mar&iacute;a Fernanda L&oacute;pez. Gasc&oacute;n 1676, 6 A. Mar del Plata (7600), Argentina. Correo electr&oacute;nico: <a href="mailto:mariafernandalopezramon@gmail.com">mariafernandalopezramon@gmail.com</a>.</p>     <p><b>Fecha de recepci&oacute;n: octubre de 2006    <br> Fecha de aceptaci&oacute;n: julio de 2007</b></p> <hr>     <p align="center"><b>Abstract </b></p>     <p>The aim of this study is to analyze the relations between Implicit Learning (IL), Explicit Learning (EL) and age in children of 7 to 12 years old. We administered two learning tests: an Artificial Grammars IL test with a playful figurative design made for children, and an EL figurative test. We worked with a sample of 49 children from 7 to 12 years old of the city of Mar del Plata, Argentina. The obtained results offered empirical support to Reber's assumption of the independence between IL and age. In the discussion, we outlined the importance of the IL as an early mechanism of abstraction of regularities that plays an out-standing role in the acquisition during the infancy and that remains more stable than Explicit Learning.</p>     <p><i>Key words</i>: learning, implicit, explicit, age, children.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center"><b>Resumen </b></p>     <p>El objetivo de este estudio es analizar las relaciones existentes entre el aprendizaje impl&iacute;cito (AI), el aprendizaje expl&iacute;cito (AE) y la edad en ni&ntilde;os de 7 a 12 a&ntilde;os. Se trabaj&oacute; con un dise&ntilde;o cuasi-experimental. Se administraron dos pruebas de aprendizaje: una prueba de AI de gram&aacute;ticas artificiales con un dise&ntilde;o l&uacute;dico y figurativo dise&ntilde;ado para ni&ntilde;os, y una prueba de AE figurativa. Se trabaj&oacute; con una muestra de 49 ni&ntilde;os de 7 a 12 a&ntilde;os de la ciudad de Mar del Plata, Argentina. Los resultados obtenidos brindaron apoyo emp&iacute;rico a la afirmaci&oacute;n de Reber sobre la independencia del AI con respecto a la edad de los sujetos. Se discute la importancia del AI como un mecanismo temprano de abstracci&oacute;n de regularidades que desempe&ntilde;a un destacado rol en la edad escolar y que permanece m&aacute;s estable que el aprendizaje expl&iacute;cito.</p>     <p><i>Palabras clave</i>: aprendizaje, impl&iacute;cito, expl&iacute;cito, edad, ni&ntilde;os.</p> <hr>     <p align="center"><b>Introducci&oacute;n</b></p>     <p>A pesar de la existencia de innumerables estudios sobre la variaci&oacute;n de la capacidad de aprendizaje expl&iacute;cito durante la infancia, hay escasa informaci&oacute;n acerca de la variaci&oacute;n de los procesos de aprendizaje impl&iacute;cito que no implican un registro fenomenol&oacute;gico y consciente por parte del ni&ntilde;o. El aprendizaje impl&iacute;cito (AI) se define como un modo adaptativo de procesamiento de la informaci&oacute;n novedosa que est&aacute; basado en la extracci&oacute;n de los rasgos estructurales de una situaci&oacute;n experimentada y cuya adquisici&oacute;n se produce en ausencia de una exploraci&oacute;n intencional expl&iacute;cita de dichos rasgos (Perruchet &amp; Vinter, 1998). Gran parte de la informaci&oacute;n existente en el campo del AI proviene de los estudios pioneros de Reber y sus seguidores (e.g. Reber, 1969, 1989, 1993; Reber &amp; Allen, 1978; Reber, Allen, Regan, 1985; Reber, Walkenfeld, &amp; Herstadt, 1991). Reber (1993) sugiri&oacute; que la inclusi&oacute;n del fen&oacute;meno impl&iacute;cito en un marco filogen&eacute;tico y ontogen&eacute;tico explicaba gran parte de las diferencias observadas en el laboratorio entre AI y AE. Por ello, entre otras afirmaciones, plante&oacute; la existencia de la independencia entre los resultados de las pruebas de AI y la edad de los sujetos. Este postulado implica que, al contrario de lo que sucede entre el aprendizaje expl&iacute;cito y la edad, el aprendizaje impl&iacute;cito debe mostrar muy pocas diferencias en relaci&oacute;n con la variaci&oacute;n de la edad de los sujetos de estudio. Esta afirmaci&oacute;n, de corte puramente especulativo, no presenta a&uacute;n suficiente apoyo emp&iacute;rico; para que pueda comenzar a cobrar m&aacute;s robustez te&oacute;rica se deben acopiar datos que provengan del estudio sistem&aacute;tico de poblaciones de ni&ntilde;os de diferentes edades para que la disociaci&oacute;n pueda evidenciarse de manera clara.</p>     <p>Las investigaciones emp&iacute;ricas realizadas en ni&ntilde;os son dispersas y, en su mayor&iacute;a, no han tenido como norte la comprobaci&oacute;n de la afirmaci&oacute;n de Reber. Por ello, el resultado de la revisi&oacute;n de los antecedentes es un conjunto de investigaciones, fundamentalmente inespec&iacute;ficas, que han encontrado evidencia a favor de la existencia de mecanismos de aprendizaje basados en la abstracci&oacute;n de patrones que, en ni&ntilde;os pos-ling&uuml;&iacute;sticos, act&uacute;an independientemente de la consciencia.</p>     <p>En t&eacute;rminos generales, las investigaciones realizadas en ni&ntilde;os pueden dividirse en tres grupos. En primer lugar, se encuentra un grupo conformado por trabajos dedicados a comprobar la existencia de mecanismos de extracci&oacute;n de patrones durante la vida intrauterina; en segundo lugar, existe un grupo de investigaciones dedicadas al estudio de la abstracci&oacute;n impl&iacute;cita de patrones en ni&ntilde;os menores a un a&ntilde;o y su relaci&oacute;n con la adquisici&oacute;n del lenguaje; el &uacute;ltimo grupo de investigaciones se focalizan en muestras de ni&ntilde;os entre 6 y 11 a&ntilde;os, y en algunos casos comparan el rendimiento del AI con el AE. De los tres grupos enumerados, el tercero es el que reviste mayor relevancia para el presente estudio, ya que los autores trabajan con muestras que pertenecen al mismo per&iacute;odo de edad. No obstante, dada la escasez de estudios existentes en los tres grupos, y en funci&oacute;n de la construcci&oacute;n de un marco referencial para el an&aacute;lisis de la afirmaci&oacute;n de Reber, se describir&aacute;n brevemente las tres agrupaciones.</p>     <p>El primer grupo est&aacute; conformado por investigaciones dedicadas a puntualizar la existencia de sofisticadas habilidades de aprendizaje impl&iacute;cito que comienzan desde la gestaci&oacute;n. Por ejemplo, DeCasper &amp; Fifer (1980) comprobaron que durante el tercer trimestre de gestaci&oacute;n los ni&ntilde;os son capaces de distinguir la voz materna de otras voces. A partir de la utilizaci&oacute;n de grabaciones de sonidos intrauterinos observaron que existen sonidos de baja frecuencia y caracter&iacute;sticas r&iacute;tmicas del discurso materno que son escuchadas por el feto durante el embarazo. Encontraron que durante el &uacute;ltimo per&iacute;odo de gestaci&oacute;n y durante los primeros d&iacute;as de vida el beb&eacute; ya es capaz de identificar el discurso materno. DeCasper &amp; Spence (1986) hallaron que durante la gestaci&oacute;n, los bebes tambi&eacute;n aprenden a preferir las frases de la lengua materna en comparaci&oacute;n con otras lenguas. Los estudios sobre el aprendizaje durante la gestaci&oacute;n revelan que el proceso de extracci&oacute;n y transferencia de patrones se encuentra presente desde antes del nacimiento y en los primeros d&iacute;as de vida. En este grupo de estudios no fueron utilizados m&eacute;todos experimentales especialmente dise&ntilde;ados para la medici&oacute;n del AI, pero resultan de inter&eacute;s debido a que comprueban la presencia de mecanismos de extracci&oacute;n y transferencia de patrones, propios del AI, durante la vida intrauterina.</p>     <p>El segundo grupo de investigaciones, dedicado al estudio de la abstracci&oacute;n impl&iacute;cita de patrones en ni&ntilde;os de hasta un a&ntilde;o de edad y su relaci&oacute;n con la adquisici&oacute;n del lenguaje, presenta investigaciones de inter&eacute;s emp&iacute;rico. Por ejemplo, Marcus, Vijayan, Bandi, Rao &amp; Vishton (1999) administraron pruebas de gram&aacute;ticas artificiales a ni&ntilde;os de siete meses de vida. Expusieron a los bebes a ejemplares que segu&iacute;an el patr&oacute;n de ordenamiento ABA o ABB. En este estudio, los ejemplares de la fase de adquisici&oacute;n y de la fase de evaluaci&oacute;n compart&iacute;an el mismo patr&oacute;n subyacente, pero variaban el formato. Encontraron que los beb&eacute;s eran capaces de discriminar las secuencias que segu&iacute;an el patr&oacute;n aprendido en la fase de entrenamiento de las secuencias que segu&iacute;an otro patr&oacute;n en la fase de evaluaci&oacute;n. Estos hallazgos muestran que los ni&ntilde;os de siete meses de vida son capaces de abstraer patrones de orden a pesar de la variaci&oacute;n del formato estimular entre ambas fases. Los autores concluyeron que los beb&eacute;s demostraron la capacidad abstracta de sustituir elementos arbitrarios en variables abstractas a partir de regularidades estad&iacute;sticas.</p>     <p>Por otra parte, G&oacute;mez &amp; Gerken (1999) adaptaron el paradigma de gram&aacute;ticas artificiales para ser aplicado en una muestra de ni&ntilde;os de 12 meses de edad. En la fase de aprendizaje, trabajaron con ejemplares correctos integrados en un dise&ntilde;o similar al modelo original de Reber (1967), pero presentado a partir de la modalidad auditiva. En la fase de evaluaci&oacute;n, le informaban verbalmente al ni&ntilde;o sobre la existencia de dos grupos de ordenamientos, uno gramaticalmente correcto y otro distractor. En este estudio, los ejemplares expuestos en la primera y la segunda fase compart&iacute;an el mismo formato. Los resultados mostraron que los beb&eacute;s prefer&iacute;an las cadenas correctas, ya que se orientaban hacia las cadenas v&aacute;lidas por m&aacute;s tiempo que en relaci&oacute;n a las incorrectas.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En el trabajo realizado por Saffran, Aslin &amp; Newport (1996), los autores investigaron si los ni&ntilde;os eran capaces de abstraer las probabilidades de transici&oacute;n entre s&iacute;mbolos para la identificaci&oacute;n de palabras en el discurso hablado. A partir de un tratamiento experimental no espec&iacute;fico para la medici&oacute;n del AI, expusieron a beb&eacute;s de ocho meses de edad a un discurso continuo de una duraci&oacute;n de dos minutos que estaba compuesto por cuatro palabras trisil&aacute;bicas sin sentido que se presentaban ordenadas aleatoriamente. En una segunda fase, se evalu&oacute; la preferencia que demostraban los beb&eacute;s hacia palabras familiares (construidas a partir de las mismas s&iacute;labas que constitu&iacute;an las palabras de la primera fase y que pose&iacute;an las mismas caracter&iacute;sticas de transici&oacute;n entre palabras) y no familiares (construidas a partir de las mismas s&iacute;labas que constitu&iacute;an las palabras de la primera fase, pero no pose&iacute;an las mismas caracter&iacute;sticas de transici&oacute;n entre palabras). Concluyeron que los beb&eacute;s de ocho meses de vida eran capaces de lograr un aprendizaje de patrones acerca de las transiciones entre palabras. Este hallazgo sugiere la presencia de un sofisticado mecanismo de detecci&oacute;n de regularidades estad&iacute;sticas que interviene en la adquisici&oacute;n del lenguaje.</p>     <p>Vistos en conjunto, los estudios que conforman el segundo grupo muestran la presencia de mecanismos de abstracci&oacute;n de regularidades propios del AI en los primeros meses de vida, con rendimientos que versan entre el 60% y el 80% de aciertos (igual que en adultos), en presencia o en ausencia de variaci&oacute;n del formato superficial de los est&iacute;mulos. Estos datos son de inter&eacute;s cient&iacute;fico para el an&aacute;lisis de la invariancia del aprendizaje impl&iacute;cito con respecto a la edad y resaltan el rol que tiene el aprendizaje impl&iacute;cito en los mecanismos tempranos de adquisici&oacute;n del lenguaje.</p>     <p>En relaci&oacute;n al tercer grupo de investigaciones, existen algunos estudios que han trabajado con muestras de ni&ntilde;os entre 6 y 11 a&ntilde;os y que utilizan paradigmas experimentales m&aacute;s espec&iacute;ficos para la evaluaci&oacute;n del AI. Por ejemplo, en 1985, Roter realiz&oacute; una investigaci&oacute;n no publicada (comentado en Reber, 1993) en la que aplic&oacute; una prueba de aprendizaje impl&iacute;cito a ni&ntilde;os de diferentes edades (6-7 a&ntilde;os/ 9-10 a&ntilde;os/ 12-15 a&ntilde;os) y no encontr&oacute; diferencias significativas en el rendimiento de los mismos. Por otra parte, Vinter &amp; Perruchet (2000) aplicaron un dise&ntilde;o l&uacute;dico creativo en un grupo de ni&ntilde;os (entre 6 y 10 a&ntilde;os) y en un grupo de adultos. Para ello, dise&ntilde;aron una adaptaci&oacute;n de la tarea experimental basada en paradigma de aprendizaje impl&iacute;cito de covariaciones que registraba el aprendizaje de modificaciones no concientes en los dibujos de los ni&ntilde;os. Los resultados mostraron la ocurrencia del AI por sobre el azar, pero no fueron diferentes en las distintas edades. Por &uacute;ltimo, Meulemans &amp; Van der Linden (1998) utilizaron la prueba de tiempo de reacci&oacute;n serial para evaluar a ni&ntilde;os (entre 6 y 11 a&ntilde;os) y adultos (entre 18 y 27 a&ntilde;os). No encontraron diferencias en la ejecuci&oacute;n en relaci&oacute;n a la edad de los sujetos evaluados.</p>     <p>Analizadas como una totalidad, las investigaciones del tercer grupo son m&aacute;s espec&iacute;ficas y en los tres casos trabajan con paradigmas experimentales de AI con resultados concluyentes en cuanto a la independencia entre AI y la edad. No obstante, trabajan con paradigmas experimentales que eval&uacute;an la ocurrencia del AI en diferentes planos de abstracci&oacute;n, siendo el paradigma de gram&aacute;ticas artificiales m&aacute;s abstracto, y el de tiempo de reacci&oacute;n serial (tanto en su versi&oacute;n l&uacute;dica como en d&iacute;gitos) m&aacute;s incidental. As&iacute; mismo, el &uacute;nico estudio realizado desde el paradigma de gram&aacute;ticas artificiales no ha sido publicado y solo aparece referenciado en uno de los trabajos pioneros de Reber (1993) al respecto.</p>     <p>Las investigaciones citadas en los tres grupos presentan datos globalmente coherentes con la afirmaci&oacute;n de Reber. En t&eacute;rminos generales, se observa la ocurrencia del AI (o de mecanismos propios de la abstracci&oacute;n impl&iacute;cita de regularidades) desde la gestaci&oacute;n, y en diferentes edades. No obstante, por la dispersi&oacute;n y falta de especificidad de los paradigmas experimentales utilizados en muchos de los estudios citados, es todav&iacute;a prematuro arribar a una conclusi&oacute;n &uacute;nica en relaci&oacute;n con la hip&oacute;tesis de Reber (1993) acerca de la variaci&oacute;n de la capacidad de AI con respecto a la edad de los sujetos. En resumen, el marco conceptual expuesto muestra la necesidad de una mayor profundizaci&oacute;n emp&iacute;rica y te&oacute;rica de aspectos relativos al aprendizaje impl&iacute;cito en ni&ntilde;os y su relaci&oacute;n con la edad. Para un mayor esclarecimiento del postulado de Reber (1993) es necesario realizar investigaciones en ni&ntilde;os que demuestren que el proceso de adquisici&oacute;n del aprendizaje Impl&iacute;cito (en contraposici&oacute;n al expl&iacute;cito) muestre muy pocas diferencias en relaci&oacute;n con la variaci&oacute;n de la edad de los sujetos de estudio. Por ello, en el presente estudio se analizar&aacute;n las relaciones entre el AI y la edad durante la infancia, pues es posible que un incremento de los estudios sistem&aacute;ticos en poblaciones de ni&ntilde;os de diferentes intervalos de edad permita esclarecer la disociaci&oacute;n con respecto a las pruebas de aprendizaje impl&iacute;cito con respecto a la edad.<b>&nbsp; </b></p></font> <font face="Verdana" size="2">    <p align="center"><b>M&eacute;todo</b></p>     <p>Se trabaj&oacute; con un dise&ntilde;o cuasi-experimental, ya que los grupos de tercero y quinto a&ntilde;o estaban ya conformados, sin que existiera asignaci&oacute;n aleatoria de los sujetos a los tratamientos. Corresponde a un estudio correlacional, puesto que ha sido dise&ntilde;ado en funci&oacute;n del establecimiento de relaciones entre las variables.</p>     <p align="center"><b>Muestra</b></p>     <p>Se trabaj&oacute; con una muestra de 27 ni&ntilde;os de tercer a&ntilde;o de ense&ntilde;anza general b&aacute;sica (EGB), y 22 de quinto a&ntilde;o de EGB de la Escuela Provincial n&uacute;m. 27 de la ciudad de Mar del Plata, Argentina. Se tomaron los dos cursos completos. En el grupo de ni&ntilde;os de tercer a&ntilde;o, el porcentaje de sujetos de sexo femenino fue del 44%. El rango de edad de los ni&ntilde;os de tercer a&ntilde;o fue desde 7 a&ntilde;os y 11 meses hasta 8 a&ntilde;os y 10 meses de edad. En el grupo de ni&ntilde;os de quinto a&ntilde;o, el porcentaje de sujetos de sexo femenino fue del 65%. En este grupo, el rango de edad fue desde 10 a&ntilde;os y 3 meses hasta 11 a&ntilde;os y 2 meses.</p>     <p align="center"><b>Instrumentos</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Se administr&oacute; un instrumento de evaluaci&oacute;n de aprendizaje impl&iacute;cito y uno de aprendizaje expl&iacute;cito en un &uacute;nico encuentro que dur&oacute; entre 25 y 50 minutos. A continuaci&oacute;n se describen los dos instrumentos utilizados.</p>     <p><b>Prueba de aprendizaje impl&iacute;cito con formato estimular figurativo</b></p>     <p>Se utiliz&oacute; la prueba para ni&ntilde;os propuesta por L&oacute;pez-Ram&oacute;n (2006b) que sigue la estructura general del paradigma de gram&aacute;ticas artificiales de Reber (1967), pero presenta un dise&ntilde;o y un procedimiento en figuras que resulta m&aacute;s amigable y din&aacute;mico para los ni&ntilde;os. La prueba propone un dise&ntilde;o inform&aacute;tico que utiliza como estructura estimular de manera superficial un conjunto de formas figurativas dispuestas en vagones de trenes que simulan las cadenas gramaticales del modelo original de Reber. El esquema de las reglas de orden subyacente se muestra en la <a href="#f1">figura 1</a>. Los ordenamientos utilizados siguen la estructura presentada en la <a href="#f2">figura 2</a>.</p>     <p> <img src="/img/revistas/apl/v25n2/v25n2a9f1.jpg"><a name="f1"></a></p>     <p><i>Figura 1</i>. Estructura de Gram&aacute;tica Artificial por L&oacute;pez-Ram&oacute;n (2006b). Fueron sustituidas las letras por formas gr&aacute;ficas sencillas y de f&aacute;cil decodificaci&oacute;n para los ni&ntilde;os.    <br> Fuente: elaboraci&oacute;n propia</p>     <p><img src="/img/revistas/apl/v25n2/v25n2a9f2.jpg"><a name="f2"></a></p>     <p><i>Figura 2</i>. Secuencias utilizadas en la prueba de Aprendizaje Impl&iacute;cito propuesta para ni&ntilde;os en formato figurativo. Entre par&eacute;ntesis se indica el n&uacute;mero de elementos de cada secuencia.    <br> Fuente: elaboraci&oacute;n propia.</p>     <p align="center"><b>Procedimientos</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>1. Prueba de aprendizaje impl&iacute;cito con formato estimular figurativo</b></p>     <p>La prueba impl&iacute;cita se administr&oacute; a partir de un programa inform&aacute;tico que utiliz&oacute; de soporte un computador con pantalla amplia de 15.4” con alta resoluci&oacute;n. La prueba impl&iacute;cita cont&oacute; con un dise&ntilde;o interactivo que le permiti&oacute; al ni&ntilde;o basarse en las se&ntilde;ales de retroalimentaci&oacute;n del programa para resolver la actividad. Por ello, el investigador intervino &uacute;nicamente para enunciar las consignas y para supervisar en caso de que el ni&ntilde;o lo requiriese. El juego impl&iacute;cito cont&oacute; con tres fases sucesivas: adquisici&oacute;n, transici&oacute;n y evaluaci&oacute;n. <i></i></p>     <p><b><i>Fase de adquisici&oacute;n</i></b></p>     <p>Se presentaron 8 ejemplares de manera individual, y se les solicit&oacute; que lo reprodujeran ante la desaparici&oacute;n de los mismos. Para cada ejemplar el ni&ntilde;o cont&oacute; con un m&aacute;ximo de tres intentos. Cada ejemplar se repiti&oacute; dos veces, pero el orden de repetici&oacute;n fue aleatorio.</p>     <p>Pasos en el procedimiento de la fase de adquisici&oacute;n:</p> <ol>    <li>Consigna: <i> Te voy a mostrar unos trenes que transportan letras</i> </li>     <li>Consigna: <i> Los vagones pueden ser los siguientes</i> </li>     <li>El investigador describe uno a uno los vagones posibles del tren que aparecen uno debajo del otro en la primera pantalla. </li>     <li>Al concluir con esta presentaci&oacute;n inicial se pasa a la siguiente pantalla en donde aparece un tren. El primer tren es de prueba y se utiliza para asegurarse de que el ni&ntilde;o haya comprendido correctamente la consigna. El procedimiento para el primer tren de prueba es id&eacute;ntico a todos los “trenes est&iacute;mulo” de la fase de adquisici&oacute;n. </li>     <li>Consigna: <i> Te voy a pedir que observes bien los vagones del tren y que trates de aprender de memoria el orden en el que est&aacute;n ubicados</i> </li>     ]]></body>
<body><![CDATA[<li>Consigna: <i> &iquest;C&oacute;mo me dir&iacute;as en voz alta el nombre de los vagones de este tren?</i> </li>     <li>El investigador repite los nombres de los elementos con el ni&ntilde;o en voz alta y se asegura de que haya entendido la consigna y de que identifique correctamente los elementos. </li>     <li>Consigna: <i> &iquest;Lo haz memorizado como para repetirlo cuando el tren desaparezca? </i> </li>     <li>Aparece la pantalla en blanco con la locomotora, una l&iacute;nea que simboliza el carril del tren y la hilera de elementos disponibles para que el ni&ntilde;o forme el tren. <i></i></li>     <li>Consigna: <i> Ahora intenta reconstruir el tren que memorizaste con los vagones que tienes en la pantalla</i> </li>     <li>El investigador ayuda al ni&ntilde;o en los primeros movimientos para que adquiera dominio del <i>mouse</i>. Al arrastrar los elementos con el <i>mouse</i>, el ni&ntilde;o va formando la fila de vagones hasta completar el tren. </li>     <li>Una vez que el ni&ntilde;o completa el tren, aparece el original en la parte superior para que lo pueda contrastar. Si el tren construido corresponde con el original, se pasa al siguiente &iacute;tem. En caso de ausencia de coincidencia exacta, el ni&ntilde;o cuenta con dos intentos adicionales para repetir el procedimiento de reproducci&oacute;n y contraste de ejemplares durante el proceso de memorizaci&oacute;n. En caso de que en el tercer intento el ni&ntilde;o falle, el investigador se lo explica y se pasa al siguiente. </li>     </ol>     <p><b><i>Fase de transici&oacute;n</i></b></p>     <p> En esta fase se instruy&oacute; al ni&ntilde;o (a partir de la utilizaci&oacute;n de ejemplares de trenes) sobre el significado diferencial entre un tren id&eacute;ntico, diferente, y un tren de la misma familia o del mismo grupo de ejemplares. Esta fase de transici&oacute;n fue agregada, ya que en estudios anteriores (L&oacute;pez-Ram&oacute;n, 2006a) se observ&oacute; que en muchas ocasiones los ni&ntilde;os confund&iacute;an el concepto “mismo grupo” con el concepto “id&eacute;ntico” y que esta confusi&oacute;n conceptual ten&iacute;a efectos negativos en la discriminaci&oacute;n de ejemplares en la fase de evaluaci&oacute;n.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><i><b>Fase de evaluaci&oacute;n</b></i></p>     <p> Se presentaron 16 ejemplares de trenes que compart&iacute;an la estructura profunda de ordenamiento con los ejemplares presentados en la fase de aprendizaje (pero que eran diferentes a los ya presentados), mezclados con 16 ejemplares de trenes que no pose&iacute;an la estructura de ordenamiento subyacente. Durante esta fase, se le solicit&oacute; al ni&ntilde;o que realizara una discriminaci&oacute;n entre los ejemplares del mismo grupo de trenes de la primera fase (se le explic&oacute; que pod&iacute;an ser id&eacute;nticos o de la misma familia) y los que no pertenecen a ese grupo (se le explic&oacute; que son los diferentes).</p>     <p>Consigna: <i>Debes elegir &acute;s&iacute;&acute; con el mouse cuando consideres que es id&eacute;ntico o de la misma familia que los trenes que haz copiado y &acute;no&acute; cuando consideres que el tren es diferente a los que has copiado.</i> </p>     <p><b>2. Prueba de aprendizaje expl&iacute;cito con figuras</b></p>     <p>Como prueba de aprendizaje expl&iacute;cito se utiliz&oacute; el Test de Matrices Progresivas, Escala Especial (Raven, 1991). Dicha prueba presenta al ni&ntilde;o situaciones gr&aacute;ficas de descubrimiento expl&iacute;cito de las reglas que gobiernan el ordenamiento de las secuencias.</p>     <p align="center"><b></b><b>Resultados</b></p>     <p><b>Dise&ntilde;o y an&aacute;lisis estad&iacute;stico</b></p>     <p>Los datos fueron procesados y analizados con el programa SPSS. Se realiz&oacute; un an&aacute;lisis de correlaci&oacute;n bivariada y un an&aacute;lisis de varianza multivariado (comando de MLG Multivariante). Para el an&aacute;lisis de varianza multivariado se utiliz&oacute; un modelo factorial completo que analiz&oacute; el efecto de un factor inter-sujetos fijo en dos variables dependientes, as&iacute; como sus respectivas interacciones. El factor inter-sujetos considerado fue la edad y las variables dependientes fueron: 1) Aprendizaje Impl&iacute;cito Figurativo, 2) Aprendizaje Expl&iacute;cito Figurativo.</p>     <p><b>Resultados</b></p>     <p>En la <a href="#t1">tabla 1</a> se presentan los estad&iacute;sticos descriptivos discriminados en dos grupos: tercero y quinto curso de ense&ntilde;anza general b&aacute;sica.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a name="t1"></a>Tabla 1    <br> <i>S&iacute;ntesis de los resultados</i></p>     <p><img src="/img/revistas/apl/v25n2/v25n2a9t1.jpg"></p>     <p>* La correlaci&oacute;n es significante al nivel 0,05 (bilateral).    <br> Fuente: elaboraci&oacute;n propia.</p>     <p>Se realizaron correlaciones bivariadas entre la cantidad de aciertos de la prueba expl&iacute;cita, el puntaje de la prueba impl&iacute;cita y la edad de los sujetos. Como se observa en la <a href="#t2">tabla 2</a>, &uacute;nicamente la correlaci&oacute;n bivariada entre el puntaje obtenido por los ni&ntilde;os en la prueba de aprendizaje expl&iacute;cito y la edad de los sujetos mostr&oacute; resultados estad&iacute;sticamente significativos (<i>r</i> =0,28, <i>p</i> &lt;0,05).</p>     <p><a name="t2"></a>Tabla 2    <br> <i>Correlaciones bivariadas entre las variables estudiadas</i></p>     <p><img src="/img/revistas/apl/v25n2/v25n2a9t2.jpg"></p>     <p>* La correlaci&oacute;n es significante al nivel 0,05 (bilateral).    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> Fuente: elaboraci&oacute;n propia.</p>     <p>El an&aacute;lisis de varianza multivariado realizado entre las variables de estudio (<a href="#f3">figura 3</a>) no mostr&oacute; efectos multivariados significativos [Traza de Pillai=0,892, <i>F</i> (40, 56)=1,126, <i>p</i> &gt;0,05]; por ello a continuaci&oacute;n se analizaron los efectos univariados tomando las variables dependientes por separado. Se obtuvieron &uacute;nicamente efectos univariados significativos para la variable dependiente <i>aprendizaje expl&iacute;cito figurativo</i>, <i>F</i> (20, 28)=1,94; <i>p</i> &lt;0,05; <i>Eta 2</i> =0,58. No se observaron efectos significativos para la variable dependiente <i>aprendizaje impl&iacute;cito figurativo</i>. La <a href="#t3">tabla 3</a> permite una inspecci&oacute;n detallada de estos resultados.</p>     <p><a name="t3"></a>Tabla 3    <br> <i>Pruebas de los efectos inter-sujetos</i></p>     <p><img src="/img/revistas/apl/v25n2/v25n2a9t3.jpg"></p>     <p>a Calculado con alfa = 0,05.    <br> b R cuadrado = 0,581 (R cuadrado corregida = 0,282).    <br> c R cuadrado = 0,338 (R cuadrado corregida = -0,135).    <br> Fuente: elaboraci&oacute;n propia.</p>     <p>A partir de los resultados obtenidos es posible observar una correlaci&oacute;n directa entre la cantidad de aciertos de los sujetos en la prueba de aprendizaje expl&iacute;cito y la edad. Esta relaci&oacute;n no se observa entre la cantidad de aciertos obtenida en la prueba impl&iacute;cita y la edad.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center"><b>Discusi&oacute;n</b></p>     <p>Las investigaciones antecedentes al respecto de la afirmaci&oacute;n de Reber (1993) sobre la independencia del aprendizaje impl&iacute;cito en relaci&oacute;n con la edad de los sujetos, citadas en la introducci&oacute;n, presentan datos globalmente coherentes con la afirmaci&oacute;n de Reber, ya que reportan la ocurrencia de mecanismos propios de la abstracci&oacute;n impl&iacute;cita de regularidades desde la gestaci&oacute;n y en diferentes edades. Pero, fundamentalmente por la inespecificidad de los paradigmas experimentales utilizados en muchos de los estudios citados, es todav&iacute;a prematuro arribar a una conclusi&oacute;n &uacute;nica en relaci&oacute;n a la hip&oacute;tesis de Reber. Los datos presentados en estudios antecedentes reflejan la necesidad de un mayor acopio de datos emp&iacute;ricos acerca de aspectos relativos al aprendizaje impl&iacute;cito en ni&ntilde;os y su relaci&oacute;n con la edad. Por ello, y en funci&oacute;n de un mayor esclarecimiento del postulado de Reber, se analizaron las relaciones entre el AI y la edad en una muestra de ni&ntilde;os de 7 a 12 a&ntilde;os, ya que consideramos que un incremento de los estudios sistem&aacute;ticos en poblaciones de ni&ntilde;os de diferentes intervalos de edad permitir&aacute; esclarecer los interrogantes en torno a la variabilidad del AI en relaci&oacute;n con la edad. Los resultados obtenidos en el presente estudio aportan evidencia emp&iacute;rica a favor de la hip&oacute;tesis que plantea que los procesos cognitivos implicados en el aprendizaje impl&iacute;cito (en contraposici&oacute;n al expl&iacute;cito) no presentan diferencias estad&iacute;sticamente significativas en relaci&oacute;n con la edad.</p>     <p>La comprobaci&oacute;n de la existencia de mecanismos de aprendizaje impl&iacute;cito que permanecen relativamente estables durante la infancia en un marco de cambio, reviste inter&eacute;s te&oacute;rico debido a que est&aacute; relacionado con la construcci&oacute;n de un marco interpretativo global del desarrollo infantil. Es decir, la existencia de mecanismos de AI estables durante la infancia pareciera hacer las veces de base y sost&eacute;n de los procesos expl&iacute;citos variables que presentan un claro incremento y complejizaci&oacute;n durante el desarrollo que tiene lugar en el per&iacute;odo escolar. Primero, y para la comprensi&oacute;n global del rol que puede tener el aprendizaje impl&iacute;cito como mecanismo relativamente estable durante el desarrollo, es necesaria la clarificaci&oacute;n de las interacciones te&oacute;ricas que los conceptos aprendizaje y desarrollo poseen. Como se&ntilde;alan Hoyer &amp; Lincourt (1998), ambos conceptos se definen a partir de la adquisici&oacute;n de nuevos conocimientos como consecuencia la interacci&oacute;n con un ambiente estructurado, pero pueden distinguirse en algunos aspectos. En primer lugar, se diferencian en cuanto al grado de inclusi&oacute;n de aspectos comportamentales como centro de an&aacute;lisis de los cambios relacionados con el tiempo: mientras el t&eacute;rmino aprendizaje es menos inclusivo y est&aacute; muy relacionado con influencias pr&aacute;cticas y contextuales en el comportamiento, el t&eacute;rmino desarrollo no posee restricciones acerca de la fuente de influencia para que los cambios en el tiempo se produzcan. En segundo lugar, se diferencian en cuanto al intervalo temporal incluido en el que operan y producen efectos los cambios de edad: el concepto aprendizaje se refiere a fragmentos temporales m&aacute;s situacionales (minutos) y el desarrollo se refiere a intervalo m&aacute;s largos y globales (a&ntilde;os). Por &uacute;ltimo, el aprendizaje y el desarrollo se distinguen en cuanto a qu&eacute; se considera como producto del proceso, es decir, el aprendizaje implica la adquisici&oacute;n de un conocimiento pr&aacute;ctico relacionado con el incremento de la velocidad o la eficiencia en determinado tipo de habilidades, mientras el desarrollo implica la adquisici&oacute;n de un repertorio de estrategias que permiten la adaptaci&oacute;n. Al clarificar las diferencias te&oacute;ricas entre aprendizaje y desarrollo se torna m&aacute;s claro el planteamiento de una visi&oacute;n global en la que los procesos de aprendizaje (tanto impl&iacute;citos como expl&iacute;citos) se entrelazan, de manera complementaria, para dar como resultado la construcci&oacute;n de estrategias adaptativas que caracterizan el producto del desarrollo en el intercambio con ambientes estructurados. En funci&oacute;n de ello, compartimos la postura planteada por Perruchet &amp; Vinter (1998) que postulan que el aprendizaje impl&iacute;cito (sin importar la etapa evolutiva en la que se lo registre) debe ser concebido como parte crucial en el proceso de cambio progresivo de las representaciones y percepciones del mundo. Es decir, que el AI ser&iacute;a parte del mapeo asociativo estructural no consciente, que tiene lugar para la construcci&oacute;n emergente, de las representaciones expl&iacute;citas y progresivamente m&aacute;s complejas del mundo.</p>     <p>Desde este marco global, la existencia de mecanismos de extracci&oacute;n y transferencia de patrones antes del nacimiento (DeCasper &amp; Fifer, 1980; DeCasper &amp; Spence ,1986), la capacidad de abstracci&oacute;n de regularidades en los primeros meses de vida (Marcus <i>et &aacute;l</i>., 1999; Gomez &amp; Gerken, 1999; Saffran <i>et &aacute;l</i>., 1996), y la ocurrencia del AI sin variaci&oacute;n en relaci&oacute;n a la edad en ni&ntilde;os de 7 a 12 a&ntilde;os encontrado en el presente estudio y en estudios antecedentes (Meulemans &amp; Van der Linden, 1998; Roter, 1985; Vinter &amp; Perruchet, 2000) sugieren que los mecanismos de abstracci&oacute;n de regularidades durante la infancia se mantienen relativamente estables, pero intervienen como cimientos activos de construcci&oacute;n para que a partir ellos se incremente la capacidad explicita y se manifieste de manera global en el desarrollo emergente. Por ello, y visto desde el marco del desarrollo infantil, el aprendizaje impl&iacute;cito implica una capacidad temprana de procesamiento, basada en el agrupamiento de elementos del ambiente, que trabaja con informaci&oacute;n ambiental estructurada o repetitiva, y que permite que la composici&oacute;n de las unidades subjetivas de codificaci&oacute;n implicadas en el emergente desarrollo expl&iacute;cito se modifiquen progresivamente para brindar al sujeto una representaci&oacute;n m&aacute;s clara del mundo. Desde este punto de vista, el conocimiento impl&iacute;cito ser&iacute;a un constructor, no visible para el procesamiento conciente, que modela desde la base la experiencia ambiental brindando un fraccionamiento &oacute;ptimo de los est&iacute;mulos.</p>     <p>El inter&eacute;s adicional que reviste el aprendizaje impl&iacute;cito, como campo de estudio e investigaci&oacute;n, es que brinda un lugar &oacute;ptimo de fusi&oacute;n de conceptos que normalmente son desarrollados de manera independiente en la producci&oacute;n cient&iacute;fica actual en dos &aacute;reas generalmente aut&oacute;nomas: el &aacute;rea del aprendizaje y el &aacute;rea del desarrollo infantil. Este deseo de esclarecimiento del &aacute;rea del desarrollo infantil a partir del conocimiento del funcionamiento de la cognici&oacute;n impl&iacute;cita ha sido t&aacute;citamente el motor de muchas investigaciones del &aacute;rea del AI desde sus or&iacute;genes. De hecho, Mathews &amp; Cochran (1998) se&ntilde;alaron al respecto que u na de las cuestiones m&aacute;s curiosas de la fascinaci&oacute;n que genera el estudio del aprendizaje impl&iacute;cito en algunos investigadores se relaciona con la sensaci&oacute;n de que a trav&eacute;s del descubrimiento del funcionamiento de estos mecanismos es posible develar cient&iacute;ficamente algunos de los misterios m&aacute;s profundos sobre el desarrollo del pensamiento humano. En relaci&oacute;n con este deseo, que gu&iacute;a a muchos investigadores del &aacute;rea, que aspira a que la cognici&oacute;n impl&iacute;cita sea el haz de luz que ilumine aspectos del desarrollo infantil que son de dif&iacute;cil esclarecimiento, hubo diversas teorizaciones en relaci&oacute;n con el estudio de primeras y segundas lenguas y a la adquisici&oacute;n de la capacidad lectora y de producci&oacute;n escrita (v&eacute;ase Carr &amp; Curran, 1994; Chandler, 1993; Krist, Fieberg &amp; Wilkening, 1993).</p>     <p>A pesar de ello, como ya fue se&ntilde;alado en la introducci&oacute;n, los estudios realizados para medir la capacidad de AI durante la infancia y describir sus diferencias e interacciones con el AE han sido muy escasos. Por ello, y conociendo las limitaciones que implica la transposici&oacute;n de resultados provenientes del &aacute;rea del estudio de procesos cognitivos b&aacute;sicos en un marco controlado a la vida real de los ni&ntilde;os, consideramos que las sesiones de AI captan de manera parcial aspectos estables y no conscientes que estar&iacute;an sosteniendo y brindando base para el procesamiento cognitivo de patrones ambientales de gran complejidad que permiten un interjuego en el que emerge el incremento del conocimiento expl&iacute;cito en el desarrollo infantil.</p>     <p>A partir de lo expuesto, el presente estudio implica un aporte destacado para apoyar la caracterizaci&oacute;n del AI como un mecanismo de detecci&oacute;n de regularidades, que es mucho m&aacute;s estable que el aprendizaje expl&iacute;cito durante la edad escolar, y que puede tener relevancia te&oacute;rica como concepto explicativo de los procesos intervinientes en el desarrollo, ya que es base e interviene en la adquisici&oacute;n del lenguaje y de numerosas habilidades durante la infancia.</p> <hr>     <p align="center"><b>Referencias</b></p>     <!-- ref --><p>1. Carr, T. H., &amp; Curran, T.  Cognitive factors in learning about structured sequences. <i>Studies in Second language Acquisition</i>, <i>16</i>, (1994), 205-230.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000101&pid=S1794-4724200700020000900001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>2. Chandler, S.  Are rules and modules really necessary for explaining language? <i>Journal of Psycholinguistic Research</i>, <i>22</i>, (1993), 593-606.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000102&pid=S1794-4724200700020000900002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>3. DeCasper, A.J., &amp; Fifer, W.P.  Of human bonding: newborns prefer their mothers' voices. <i>Science</i>, <i>208</i>, (1980), 1174-1176.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000103&pid=S1794-4724200700020000900003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>4. DeCasper, A.J., &amp; Spence, M.J.  Prenatal maternal speech influences newborns' perception of speech sounds. <i>Infant Behavioral Development</i>, <i>9</i>, (1986), 133-150.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000104&pid=S1794-4724200700020000900004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>5. G&oacute;mez, R.L., &amp; Gerken, L.A.  Artificial grammar learning by one-year-olds leads to specific and abstract knowledge. <i>Cognition</i>, <i>70</i>, (1999), 109-135&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000105&pid=S1794-4724200700020000900005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>6. Hoyer, W., &amp; Lincourt, A. E.  Aging and the Development of Learning. In M. Stadler &amp; P. Frensch (eds.), <i>Handbook of implicit learning</i> (pp. 445-469). California: Sage Publications, (1998).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000106&pid=S1794-4724200700020000900006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>7. Krist, H., Fieberg, E. L., &amp; Wilkening, F.  Intuitive physics in action and judgment: The development of knowledge about projectile motion. <i>Journal of Experimental Psychology: Learning, Memory, and Cognition, 19</i>, (1993), 952-966.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000107&pid=S1794-4724200700020000900007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>8. L&oacute;pez-Ram&oacute;n, M. F.  Relaciones entre Aprendizaje Impl&iacute;cito/Expl&iacute;cito y la Inteligencia General en ni&ntilde;os de Ense&ntilde;anza General B&aacute;sica. <i>Interdisciplinaria</i>, <i> 23</i> (1), (2006a), 101-119.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000108&pid=S1794-4724200700020000900008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>9. L&oacute;pez-Ram&oacute;n, M. F.  Relaciones entre Aprendizaje Impl&iacute;cito e inteligencia General, Tesis para acceder al grado de Doctor en psicolog&iacute;a. San Luis: Universidad Nacional de San Luis, (2006b).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000109&pid=S1794-4724200700020000900009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>10. Marcus, G. F., Vijayan, S., Bandi Rao, S., &amp; Vishton, P. M.  Rule learning by seven-month-old infants. <i>Science, 283</i> (5398), (1999), 234-275.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000110&pid=S1794-4724200700020000900010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>11. Mathews, R. C., &amp; Cochran, B. P.  Project grammarama revisited: Generativity of implicitly acquired knowledge. In M. Stadler &amp; P. Frensch (Eds.), <i>Handbook of implicit learning</i> (pp. 223-259). Thousand Oaks, CA: Sage Publications, (1998).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000111&pid=S1794-4724200700020000900011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>12. Meulemans, T., &amp; Van der Linden, M.  Implicit sequence learning in children. <i>Journal of Experimental Child Psychology, 69</i>, (1998), 199-221.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000112&pid=S1794-4724200700020000900012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>13. Perruchet, P., &amp; Vinter, A.  Learning and development. In M. Stadler &amp; P. 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Aprendizaje impl&iacute;cito y memoria de trabajo: evidencia para postular su separaci&oacute;n funcional. <i>Estudios de Psicolog&iacute;a, 23</i> (2), (2002), 251-272.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000121&pid=S1794-4724200700020000900021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>22. Roter, A.  Implicit processing: A developmental study. <i></i>Disertaci&oacute;n doctoral no publicada, University of New York, (1985).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000122&pid=S1794-4724200700020000900022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>23. Saffran, J. R., Aslin, R. N., &amp; Newport, E. L.  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