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<journal-title><![CDATA[Avances en Psicología Latinoamericana]]></journal-title>
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<publisher-name><![CDATA[Universidad del Rosario]]></publisher-name>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[El juego de imitación de Turing y el pensamiento humano]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="es"><p><![CDATA[En 1950, el matemático inglés Alan Mathison Turing propuso los fundamentos de lo que algunos autores consideran la prueba que debería pasar una máquina para establecer que piensa. Esta prueba es básicamente un juego; sin embargo, ha tenido gran influencia en el desarrollo de las teorías sobre el funcionamiento de la mente. Las especificaciones del juego y algunas de sus repercusiones en la concepción del pensamiento, la conciencia y la voluntad humana, serán ramificaciones del camino que nos llevará a través de los inicios de la inteligencia artificial, pasando por algunas de sus singulares manifestaciones, a culminar en el planteamiento de ciertas restricciones de su fundamento.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="3">    <p align="center"><b>El juego de imitaci&oacute;n de Turing y el pensamiento humano</b></p></font> <font face="Verdana" size="2">    <p align="center"><b>Turing's imitation game and human thought</b></p>     <p align="center">Leonardo Francisco Bar&oacute;n Birchenall*</p>     <p>* <i>Universidad de Buenos Aires, Argentina</i>. Correspondencia: Leonardo Francisco Bar&oacute;n Birchenall. Calle 54 No. 9-15, Apto. 204, Bogot&aacute;, Colombia. Correo electr&oacute;nico: <a href="mailto:laescaladesol@gmail.com">laescaladesol@gmail.com</a>.</p>     <p><b>Fecha de recepci&oacute;n: abril de 2008    <br> Fecha de aceptaci&oacute;n: agosto de 2008</b></p> <hr>     <p align="center"><b>Abstract</b></p>     <p>In 1950, the English mathematician Alan Mathison Turing proposed the basis of what some authors consider the test that a machine must pass to establish that it can think. This test is basically a game; nevertheless, it has had great influence in the development of the theories of the mind performance. The game specifications and some of its repercussions in the conception of thinking, the consciousness and the human will, will be ramifications of the path that will take us through the beginning of the artificial intelligence, passing along some of its singular manifestations, to culminate in the posing of certain restrictions of its fundaments.</p>     <p><i>Key words</i>: artificial intelligence; thought; simulation; Turing test.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center"><b>Resumen</b></p>     <p>En 1950, el matem&aacute;tico ingl&eacute;s Alan Mathison Turing propuso los fundamentos de lo que algunos autores consideran la prueba que deber&iacute;a pasar una m&aacute;quina para establecer que piensa. Esta prueba es b&aacute;sicamente un juego; sin embargo, ha tenido gran influencia en el desarrollo de las teor&iacute;as sobre el funcionamiento de la mente. Las especificaciones del juego y algunas de sus repercusiones en la concepci&oacute;n del pensamiento, la conciencia y la voluntad humana, ser&aacute;n ramificaciones del camino que nos llevar&aacute; a trav&eacute;s de los inicios de la inteligencia artificial, pasando por algunas de sus singulares manifestaciones, a culminar en el planteamiento de ciertas restricciones de su fundamento.</p>     <p><i>Palabras clave</i>: inteligencia artificial; pensamiento; simulaci&oacute;n; prueba de Turing.</p> <hr>     <blockquote>     <p align="right"><i>Solamente un ensayo, solamente una tentativa    <br>     de humanidad.    <br>     Al principio hablaron, pero sus rostros se    <br>     desecaron;    <br>     sus pies, sus manos, [eran] sin consistencia;    <br>     ni sangre, ni humores, ni humedad, ni grasa;    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>     mejillas desecadas [eran] sus rostros; secos    <br>     sus pies, sus manos; comprimida su carne.    <br>     Por tanto no [hab&iacute;a] ninguna sabidur&iacute;a en sus    <br>     cabezas, ante sus Constructores,    <br>     sus Formadores, sus Procreadores, sus    <br>     Animadores</i>    <br>     Popol-Vuh, An&oacute;nimo.</p> </blockquote>     <p align="center"><b>El juego de Turing</b></p>     <p>En su art&iacute;culo de 1950 en la revista <i>Mind</i>, titulado “Los aparatos de computaci&oacute;n y la inteligencia”, Alan Turing (1950/1983) plantea la posibilidad de pensamiento por parte de las m&aacute;quinas; para esto, se sirve de un juego al que llama <i>Juego de la Imitaci&oacute;n</i>. Este consta de tres participantes: un hombre (A), una mujer (B) y un interrogador (C) (que puede ser hombre o mujer). C se encuentra separado de los otros dos jugadores y no puede verlos ni escucharlos; solo los conoce como X e Y; adem&aacute;s, solo puede comunicarse con ellos en forma escrita o mediante un mensajero (idealmente con una m&aacute;quina, para evitar el reconocimiento caligr&aacute;fico).</p>     <p>El objetivo del interrogador es adivinar qui&eacute;n es el hombre y qui&eacute;n la mujer; el del hombre es inducir al interrogador a hacer una identificaci&oacute;n err&oacute;nea; y el de la mujer es colaborar con el interrogador para que este identifique correctamente qui&eacute;n es qui&eacute;n. El interrogador puede hacer preguntas del tipo <i>&iquest;Puede decirme X de qu&eacute; largo tiene el pelo?</i> (Turing, 1950, p. 70), a las que los otros dos jugadores pueden responder de la forma que consideren m&aacute;s conveniente y convincente para lograr su cometido; por lo dem&aacute;s, el entrevistador no puede exigir demostraciones pr&aacute;cticas de ning&uacute;n tipo a los otros participantes. Estas son las reglas del juego; no se especifica tiempo l&iacute;mite ni otras restricciones.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Ya explicado el proceso, Turing plantea los siguientes cuestionamientos: “&iquest;Qu&eacute; suceder&aacute; cuando una m&aacute;quina tome la parte de A en el juego? &iquest;Decidir&aacute; equivocadamente el interrogador con la misma frecuencia cuando se juega as&iacute; el juego como ocurre cuando en &eacute;l participan un hombre y una mujer?” (p. 70). Estas preguntas remplazan, finalmente, la pregunta original acerca de la posibilidad de pensamiento en las m&aacute;quinas. La idea, entonces, es esta: <i>si en el juego, una m&aacute;quina logra enga&ntilde;ar a un interrogador</i>, <i>haci&eacute;ndole creer que es una mujer o que el otro jugador es un hombre, una cantidad de veces equivalente a la que ocurrir&iacute;a si el juego se diera entre humanos y mayor a la que ocurrir&iacute;a por azar, podr&iacute;a decirse que la m&aacute;quina en cuesti&oacute;n piensa y, por tanto, que las m&aacute;quinas pueden pensar</i>. Es preciso aclarar que Turing no profundiza en las conclusiones que arrojar&iacute;a el hecho de que una m&aacute;quina pasara la prueba, por lo menos en el art&iacute;culo que estamos refiriendo; en ese sentido, parece dejar las conclusiones a juicio del lector.</p>     <p>T&eacute;ngase en cuenta tambi&eacute;n que la m&aacute;quina expuesta a la prueba puede eludir preguntas, de cualquier forma, como neg&aacute;ndose a responder, guardando silencio, repitiendo respuestas o contestando con otras preguntas; por ejemplo: la m&aacute;quina podr&iacute;a evitar ser descubierta por su precisi&oacute;n matem&aacute;tica, contestando adrede mal a algunas preguntas de dicha &iacute;ndole. Para Turing, la mejor estrategia que podr&iacute;a adoptar la m&aacute;quina para enga&ntilde;ar al interrogador, ser&iacute;a “… intentar el logro de respuestas como las que naturalmente dar&iacute;a un hombre” (p. 72). Para alcanzar tal grado de sofisticaci&oacute;n, aclara el matem&aacute;tico, se puede hacer uso de cualquier tipo de tecnolog&iacute;a para la creaci&oacute;n del aparato que ha de superar el reto.</p>     <p>El planteamiento de Turing acerca del juego, la parte fundamental del art&iacute;culo al que hacemos referencia, ocupa unas pocas l&iacute;neas, un par de carillas a lo m&aacute;s; el resto del texto est&aacute; dedicado a responder posibles acotaciones al desaf&iacute;o (como convencionalmente se ha denominado a la prueba). Revisemos brevemente algunas de estas objeciones, para entender mejor la propuesta de Turing.</p>     <p>Seg&uacute;n la <i>objeci&oacute;n teol&oacute;gica</i>, el pensamiento es una funci&oacute;n del alma inmortal que Dios ha dado a los hombres, pero no a los animales o a las m&aacute;quinas; por consiguiente, las m&aacute;quinas no pueden pensar. A esto responde Turing que no podemos “incurrir en la irreverencia de usurpar el poder de Dios de crear almas” (p. 75), y al final desecha el argumento haciendo alusi&oacute;n a casos del pasado en que concepciones religiosas estuvieron en contra de un hecho cient&iacute;ficamente validado m&aacute;s tarde; no se crea, sin embargo, que Turing cae en el embrollo metaf&iacute;sico de la repartici&oacute;n de almas; simplemente sucede que evita el terreno de la especulaci&oacute;n pura.</p>     <p>Otra objeci&oacute;n considerada es la llamada <i>de cabezas hundidas en la arena</i>, seg&uacute;n la cual, “las consecuencias de que las m&aacute;quinas pensaran ser&iacute;an horrorosas” (p. 75); objeci&oacute;n esta, seg&uacute;n Turing, posiblemente hecha por personas que postulan una superioridad humana basada en el pensamiento; en consecuencia, Turing deja ir la objeci&oacute;n, en sus palabras, con tan solo una “nota de consuelo” (es decir, la considera <i>no a lugar</i>).</p>     <p>Una r&eacute;plica m&aacute;s cient&iacute;fica es la <i>objeci&oacute;n matem&aacute;tica</i>, seg&uacute;n la cual en cualquier sistema l&oacute;gico se pueden formular afirmaciones imposibles de probar o refutar dentro de la l&oacute;gica propia de dicho sistema, a menos que el sistema mismo no sea consistente; esta objeci&oacute;n estriba en el segundo teorema de la incompletitud de Kurt G&ouml;del: ning&uacute;n sistema consistente se puede usar para demostrarse a s&iacute; mismo; es decir, dentro de cualquier sistema l&oacute;gico se pueden generar afirmaciones imposibles de probar o refutar dentro del propio sistema, a no ser que el mismo sea incoherente (esto es, que haga uso de un lenguaje que no le es propio), ya que no todos los teoremas posibles se desprender&iacute;an l&oacute;gicamente de los axiomas del sistema, obligando al uso de un lenguaje externo para establecer los elementos ajenos<a href="#1" name="n1"><sup>1</sup></a> (Hofstadter, 1983).</p>     <p>La respuesta de Turing a esta objeci&oacute;n es tan sencilla como categ&oacute;rica: si bien las m&aacute;quinas pueden presentar errores de pensamiento y mostrar inconsistencias, los humanos tambi&eacute;n; en otras palabras, si se pudiesen evaluar todas las ideas de un individuo, estas no presentar&iacute;an una total coherencia interna. De hecho, presentar&iacute;an incoherencias, muchas incoherencias; no obstante, no es esto impedimento para que el sistema cognitivo humano funcione en concordancia con el medio. En el caso del humano, como en el de los sistemas de G&ouml;del, existe la imposibilidad de explicarse <i>totalmente</i> a s&iacute; mismo, lo cual, nuevamente, no ha sido obst&aacute;culo para que los humanos, y los sistemas, sigan existiendo.</p>     <p>Otra acotaci&oacute;n considerada es el argumento de <i>la conciencia de uno mismo</i>. Este plantea la imposibilidad de que las m&aacute;quinas tengan auto-conciencia, es decir, que piensen sobre su pensamiento. Turing responde a esta objeci&oacute;n afirmando que <i>los estados de conciencia solo pueden inferirse mediante la observaci&oacute;n de la conducta</i>, ya que es imposible comprobar la existencia de los procesos mentales ajenos. No hacerlo de este modo, equivaldr&iacute;a a un solipsismo, en el que solo se da por cierto el pensamiento propio. A estas y otras posibles objeciones contesta Turing; sin embargo, la refutaci&oacute;n m&aacute;s conocida al reto del pensamiento maquinal es la del fil&oacute;sofo norteamericano John Searle, publicada en 1980 (cuando Turing ya hab&iacute;a fallecido) y conocida como el <i>argumento de la habitaci&oacute;n china</i>.</p>     <p align="center"><b>El argumento de la habitaci&oacute;n china</b></p>     <p>En t&eacute;rminos generales, este argumento consiste en la reducci&oacute;n del supuesto pensamiento de las m&aacute;quinas, a un proceso de relacionamiento de s&iacute;mbolos basado en reglas impartidas por un operador. Este proceso no incluir&iacute;a la comprensi&oacute;n de sentidos y significados, y funcionar&iacute;a bajo principios meramente sint&aacute;cticos (Searle, 1983).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Concretamente, este argumento consiste en un experimento mental, perteneciente a una clase de procesos experimentales virtuales de amplia aceptaci&oacute;n en el &aacute;mbito de la filosof&iacute;a de la mente. En dicho experimento, nuestro fil&oacute;sofo se imagina a s&iacute; mismo encerrado en un cuarto, en el que se le entrega un manuscrito en chino (idioma que no comprende en absoluto); luego, se le da otro manuscrito, tambi&eacute;n en chino, junto a una serie de instrucciones escritas en ingl&eacute;s que correlacionan el manuscrito entregado en primer t&eacute;rmino con el que se entreg&oacute; despu&eacute;s (los dos en chino); a continuaci&oacute;n, se le entrega un tercer juego de s&iacute;mbolos en chino y otras instrucciones en ingl&eacute;s que permiten correlacionar este &uacute;ltimo manuscrito chino con los dos manuscritos anteriores (con base en la forma y obviando el significado).</p>     <p>Con toda esta documentaci&oacute;n, el fil&oacute;sofo de la habitaci&oacute;n china es capaz de <i>aparentar</i> el conocimiento de variados asuntos que le son consultados, as&iacute; como el conocimiento del idioma chino (entregando determinado manuscrito cuando se le presenta otro); es decir, relacionando juegos de s&iacute;mbolos que no conoce, mediante instrucciones que s&iacute; conoce (ya que se dieron en ingl&eacute;s). El fil&oacute;sofo en la habitaci&oacute;n hace parecer que conoce los temas que se le consultan, y el lenguaje en el cual le son consultados.</p>     <p>Ve&aacute;moslo un poco m&aacute;s detalladamente: las instrucciones en ingl&eacute;s, perfectamente entendibles para Searle (quien, no olvidemos, se ha confinado el mismo en la habitaci&oacute;n), equivaldr&iacute;an al programa de un computador. Estas indicaciones le permitir&iacute;an, al hombre o a la m&aacute;quina, correlacionar lo que para un observador externo (hablante del chino) ser&iacute;a una serie de preguntas y respuestas l&oacute;gicas, coherentes y acertadas (en forma de intercambio de manuscritos). El observador externo (quien no ve los escritos, la traducci&oacute;n ni los dem&aacute;s papeleos) no tiene forma de saber que quien da contestaci&oacute;n tan acertada no tiene ni idea de qu&eacute; est&aacute; hablando (ya que simplemente correlacion&oacute; s&iacute;mbolos, sin comprenderlos). Aun m&aacute;s, un conjunto de jueces que realizasen preguntas en ingl&eacute;s y chino, y recibieran respuestas correctas en ambos idiomas, podr&iacute;an deducir que un mismo proceso de pensamiento subyace a ambas.</p>     <p>El <i>quid</i> del planteamiento de Searle en contra de la posibilidad de pensamiento en las m&aacute;quinas, es la falta de <i>intencionalidad</i> del mismo. La intencionalidad se ha considerado tradicionalmente como un <i>rasgo definitorio de los procesos mentales</i>, y tal cual fue definida por el fil&oacute;sofo alem&aacute;n Franz Brentano en el siglo XIX consiste en el hecho de <i>estar dirigido a algo</i>; es decir, <i>ser acerca de algo</i> (Acero, 1995). Las manipulaciones formales de s&iacute;mbolos realizadas por las m&aacute;quinas no poseer&iacute;an intencionalidad, ya que la base de su organizaci&oacute;n ser&iacute;a la forma, y no el significado; o lo que es igual, los procesos realizados por una m&aacute;quina no estar&iacute;an dirigidos a algo, no ser&iacute;an acerca de nada. Seg&uacute;n Searle, los humanos, por el contrario, realizamos manipulaciones sint&aacute;cticas de s&iacute;mbolos <i>y</i>, <i>adem&aacute;s</i>, tenemos acceso a su significado. Para este fil&oacute;sofo de la mente, <i>los humanos somos m&aacute;quinas exponentes de programas de computaci&oacute;n, manipulamos s&iacute;mbolos formalmente y, aun as&iacute;, podemos pensar</i>. Las computadoras no tienen intencionalidad y, por ende, no piensan. La intencionalidad de los humanos deviene de su biolog&iacute;a, y las entra&ntilde;as de nuestros aspirantes a seres pensantes no poseen tal caracter&iacute;stica.</p>     <p align="center"><b>A la defensa de Turing: el predicamento de las m&aacute;quinas y los huracanes simulados</b></p>     <p>Iniciando la d&eacute;cada de los 80, el matem&aacute;tico y f&iacute;sico estadounidense Douglas Hofstadter defendi&oacute; la posibilidad de pensamiento en las m&aacute;quinas, en un escrito en forma de conversaci&oacute;n (virtual, como el argumento de la habitaci&oacute;n china) titulado “Temas metam&aacute;gicos bizantinos. El test de Turing: Conversaci&oacute;n en un caf&eacute;” (1983). En esta conversaci&oacute;n hipot&eacute;tica, toman parte tres personajes igualmente hipot&eacute;ticos: Sandy, estudiante de Filosof&iacute;a; Pat, estudiante de Biolog&iacute;a; y Chris, estudiante de F&iacute;sica. Estos camaradas discurren alegremente entre s&iacute;, dejando de a poco emerger las ideas de Hofstadter en defensa del pensamiento de las m&aacute;quinas, las cuales podemos caracterizar as&iacute;:</p>     <p>Para Hofstadter (1983): <i>desear, pensar, intentar y esperar</i> (procesos considerados tradicionalmente como intencionales), <i>son caracter&iacute;sticas que emerger&iacute;an de la complejizaci&oacute;n de las relaciones funcionales de las m&aacute;quinas</i>. Refiere tambi&eacute;n, este te&oacute;rico de la mente, que los computadores se han considerado tradicionalmente como objetos fr&iacute;os y cuadrados, y que acaso, si esto cambiase, se facilitar&iacute;a la concepci&oacute;n de la inteligencia artificial, y las m&aacute;quinas podr&iacute;an evocar en las mentes humanas “trazados de luz danzantes m&aacute;s bien que palas de vapor gigantescas” (p. 112).</p>     <p>Refiri&eacute;ndose al estatus del pensamiento artificial como simulaci&oacute;n del pensamiento humano, <i>Hofstadter entiende la simulaci&oacute;n como equivalente a lo simulado</i>. Para establecer este punto, se vale como ejemplo de la simulaci&oacute;n computarizada de un hurac&aacute;n, la cual considera como una suerte de hurac&aacute;n real que modifica las relaciones existentes dentro del programa, damnificando a los unos y ceros: habitantes binarios de la simulaci&oacute;n. Se lee en el texto: “En el caso del hurac&aacute;n simulado, si observas la memoria de la computadora con la esperanza de ver cables rotos y dem&aacute;s, tendr&aacute;s una desilusi&oacute;n. Pero mira el nivel correcto (…) Ver&aacute;s que se han roto algunos lazos abstractos, que han cambiado radicalmente algunos de los valores de las variables y muchas cosas m&aacute;s. Aqu&iacute; tienes tu inundaci&oacute;n…” (p. 97).</p>     <p>Evidentemente, el an&aacute;lisis de Hofstadter se da en un nivel abstracto, ya que si bien no afirma que el simulacro de un hurac&aacute;n es <i>id&eacute;ntico</i> a un hurac&aacute;n real, s&iacute; ubica, usando una expresi&oacute;n propia del &aacute;mbito filos&oacute;fico, la “huracaneidad”, en los efectos del fen&oacute;meno y la coherencia de sus componentes; es decir, la esencia del hurac&aacute;n no estar&iacute;a en sus componentes f&iacute;sicos, sino en sus efectos dentro de las restricciones especificas del marco en que se desarrolla. Se simular&iacute;a pues la esencia de lo simulado, lo cual significa, extrapolando, que <i>la esencia del pensamiento habr&iacute;a de ser el proceso que lo subyace: el c&oacute;mputo matem&aacute;tico</i>. Al final, no interesar&iacute;a tanto el medio en el que, y mediante el cual, se realiza la operaci&oacute;n, sino la operaci&oacute;n misma.</p>     <p>Este tipo de razonamiento corresponde a una corriente filos&oacute;fica conocida como <i>funcionalismo</i>, la cual fundamenta la ciencia cognitiva presentando los fen&oacute;menos mentales en funci&oacute;n de sus roles causales, sin depender de un constituyente f&iacute;sico (Bechtel, 1991) (no confundir con el funcionalismo de James). Dicho de otra forma, no importa si se es un computador o un humano; para el funcionalismo, la esencia del pensamiento radica en el proceso del mismo y no en su sustrato f&iacute;sico. Son palabras del texto de Hofstadter: “Yo dir&iacute;a que el que t&uacute; hagas depender de mi cuerpo f&iacute;sico la evidencia de que soy un ser pensante es un poco superficial” (1983, p. 105).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Es evidente, en este postulado, una objeci&oacute;n fundamental al argumento de la habitaci&oacute;n china (en el que la intencionalidad del pensamiento emerge del sustrato biol&oacute;gico del organismo). Para Hofstadter, al igual que para el fil&oacute;sofo de la mente Jerry Fodor (1997), <i>la intencionalidad del pensamiento existe; pero responde a la complejidad de las relaciones funcionales del ser pensante, sea este, m&aacute;quina o humano</i>. Seg&uacute;n la lectura que el ling&uuml;ista Ray Jackendoff hace de Hofstadter, el planteamiento de este implica que si un computador puede alcanzar un alto grado de complejidad, la conciencia emerger&aacute; de alguna forma milagrosa (“ <i>consciousness will somehow miraculously emerge</i>” [1987, p. 18]).</p>     <p>Al igual que para Turing, para Hofstadter, la forma de constatar que los otros piensan es mediante la observaci&oacute;n de los hechos externos: sus acciones. Esta ser&iacute;a evidencia directa; el resto (preguntarles, por ejemplo), ser&iacute;a evidencia indirecta y por tanto sospechosa. De no confiar en el m&eacute;todo de observaci&oacute;n externa caer&iacute;amos en un solipsismo; en t&eacute;rminos de Hofstadter: “… la gente acepta que el pr&oacute;jimo tiene conciencia tan s&oacute;lo porque hay un monitoreo exterior constante sobre los otros, lo cual en s&iacute; se parece mucho al Test de Turing” (1983, p. 104). En consonancia y seg&uacute;n Fodor: “… no podemos tener nunca razones para suponer que los predicados mentales se puedan aplicar a personas distintas de nosotros mismos.” (1986, p. 94).</p>     <p>Como consecuencia de lo anterior, el conocimiento de los estados mentales de los otros es solo probable; la &uacute;nica forma de acercamiento es mediante la conducta. Una de las razones de esta tesis, es validar la existencia de pensamiento, sin la presencia de procesos “internos”, bas&aacute;ndose solo en la conducta observable. De esta forma, en el caso de la habitaci&oacute;n china, los observadores externos podr&iacute;an concluir que se est&aacute; produciendo un proceso leg&iacute;timo de pensamiento, tan solo considerando la naturaleza y relaci&oacute;n de las preguntas y respuestas, sin importar qu&eacute; clase de proceso se d&eacute; <i>dentro</i> de la habitaci&oacute;n.</p>     <p>En cuanto a la ausencia de una estructura biol&oacute;gica, subyacente al pensamiento maquinal, se plantea Hofstadter la posibilidad transicional entre un nivel f&iacute;sico y uno biol&oacute;gico, en el sistema constituyente del organismo; en este sentido, los hombres ser&iacute;amos m&aacute;quinas y la base biol&oacute;gica de nuestra humanidad ser&iacute;a una serie de procesos f&iacute;sicos que bien podr&iacute;an ser emulados por otra m&aacute;quina; de esta forma, al igual que mediante la complejizaci&oacute;n de procesos formales, tambi&eacute;n podr&iacute;a emerger la intencionalidad. En todo caso, en el art&iacute;culo que estamos refiriendo, Hofstadter no profundiza en las particularidades de su proceso de transici&oacute;n entre el nivel biol&oacute;gico y f&iacute;sico en los humanos, lo cual, junto a su planteamiento de las caracter&iacute;sticas conscientes-emergentes, y la posible identidad de la simulaci&oacute;n y lo simulado, basada en presupuestos funcionalistas, constituye su defensa de la posibilidad del pensamiento artificial. No obstante, la posibilidad total, o la imposibilidad absoluta del pensamiento artificial, no son la &uacute;nica forma de contestar al desaf&iacute;o de Turing; pasemos ahora, a considerar otras opciones. &nbsp;</p>     <p align="center"><b>Posibles respuestas al desaf&iacute;o de Turing</b></p>     <p><b>&iquest;Realmente, pueden pensar las m&aacute;quinas?</b></p>     <p>&Aacute;ngel Rivi&egrave;re, psic&oacute;logo madrile&ntilde;o, refiere cuatro respuestas al desaf&iacute;o de Turing, en sus <i>Objetos con mente</i> (1991). La primera es simple y llanamente: No, las m&aacute;quinas no pueden pensar (que ser&iacute;a acorde al argumento de la habitaci&oacute;n china); la segunda, considera totalmente posible el pensamiento en las m&aacute;quinas y lo ubica en la misma categor&iacute;a del pensamiento humano (consonante con el argumento de Hofstadter); la tercera, implica aceptar el desaf&iacute;o de Turing como una met&aacute;fora y, por tanto, menguar de alguna forma la rigidez de una pretendida identidad entre el pensamiento humano y el maquinal, haciendo brumosa la frontera entre estos y aprovechando la analog&iacute;a para el estudio de la mente humana. La cuarta respuesta corresponde, en palabras de Rivi&egrave;re (1988), a una posici&oacute;n matizada ante el desaf&iacute;o, en la cual se considera a la mente como un sistema de computo, pero no del tipo que propone Turing, sino como un sistema acorde a ciertas propiedades especificas del sistema nervioso humano. Consideremos un poco m&aacute;s de cerca las tres opciones que admiten la existencia de inteligencia artificial.</p>     <p>La aceptaci&oacute;n total de la posibilidad de pensamiento artificial, v <i>ersi&oacute;n fuerte de la met&aacute;fora del ordenador</i> o <i>paradigma de c&oacute;mputos sobre representaciones</i>, busca la explicaci&oacute;n del conocimiento en general, profesando la identidad del pensamiento hombre-m&aacute;quina y radicando su fundamento en operaciones formales sobre s&iacute;mbolos (de ah&iacute; la acepci&oacute;n de paradigma de c&oacute;mputos…) (De Vega, 1984; Rivi&egrave;re, 1991). De acuerdo con esta l&iacute;nea te&oacute;rica, el pensamiento podr&iacute;a identificarse con un tipo de estructura compleja algor&iacute;tmica, que permitir&iacute;a la resoluci&oacute;n de problemas abstractos y cotidianos. Para alcanzar sus objetivos, los defensores de la versi&oacute;n fuerte de la met&aacute;fora del ordenador se valen del “modelado computacional”, el cual consiste, <i>grosso modo</i>, en programar una m&aacute;quina para que realice procesos de conocimiento comunes en las personas (Eysenck y Keane, 2000; Gardner, 1985); sin embargo, para lograr esto, no se circunscriben a las restricciones psicol&oacute;gicas caracter&iacute;sticas del sistema cognitivo humano, por lo cual, igualar o mejorar el proceso o el resultado mediante artilugios inform&aacute;ticos, les viene bien.</p>     <p>La aceptaci&oacute;n restringida de la posibilidad de inteligencia artificial, <i>versi&oacute;n d&eacute;bil de la met&aacute;fora del ordenador</i> o <i>paradigma del procesamiento de informaci&oacute;n</i>, busca explicar el conocimiento psicol&oacute;gico en espec&iacute;fico, sin la pretensi&oacute;n de generalizar su teor&iacute;a a la cognici&oacute;n en general (De Vega, 1984; Rivi&egrave;re, 1991). As&iacute; como los te&oacute;ricos de la met&aacute;fora fuerte hacen uso del modelado computacional, el paradigma del procesamiento de informaci&oacute;n se sirve de la <i>simulaci&oacute;n</i>, la cual, si bien busca implementar procesos de conocimiento en m&aacute;quinas para develar el funcionamiento cognitivo, respeta las restricciones psicol&oacute;gicas y se sirve de estudios de la actuaci&oacute;n humana, esto es, de teor&iacute;as psicol&oacute;gicas (m&eacute;todo tal que es obviado por el paradigma de c&oacute;mputos sobre representaciones) (Eysenck y Keane, 2000; Gardner, 1985). Esta forma de entender la inteligencia artificial se constituye como una influencia te&oacute;rica contundente en la psicolog&iacute;a cognitiva contempor&aacute;nea.</p>     <p>La cuarta opci&oacute;n ante el desaf&iacute;o de Turing, que considera las especificidades del sistema nervioso humano en la investigaci&oacute;n de los procesos de conocimiento, se conoce como <i>conexionismo</i>, y goza de buena reputaci&oacute;n en el &aacute;mbito cient&iacute;fico moderno. A diferencia del tradicional procesamiento de tipo serial (en serie), el conexionismo se ha caracterizado por postular un manejo de informaci&oacute;n simult&aacute;neo y paralelo, lo que implica la posibilidad de realizar varios procesos al mismo tiempo, e incluso varias fases de un mismo proceso en simult&aacute;neo. Diferenci&aacute;ndose aun m&aacute;s de las teor&iacute;as anteriormente citadas, el conexionismo no se basa en representaciones simb&oacute;licas, sino en patrones de activaci&oacute;n en redes de nodos (que equivaldr&iacute;an en manera a&uacute;n algo confusa, a las neuronas) (Haberlandt, 1997; Tienson, 1995).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>De acuerdo con lo anterior, se busca una s&iacute;ntesis equilibrada entre procesos operacionalizables computacionalmente y caracter&iacute;sticas conocidas del <i>hardware</i> humano, es decir, su biolog&iacute;a (para un acercamiento m&aacute;s sustancioso al conocimiento conexionista v&eacute;ase, por ejemplo, la reci&eacute;n citada <i>Introducci&oacute;n al conexionismo</i> de J. Tienson). Ya referidas algunas de las posibles respuestas al desaf&iacute;o de Turing, continuemos con los efectos que el reto del matem&aacute;tico caus&oacute; en la comunidad acad&eacute;mica.</p>     <p align="center"><b>Estibadores virtuales, paranoicos aparentes y otras particulares consecuencias del desaf&iacute;o de Turing en el desarrollo de la inteligencia artificial</b></p>     <p>En este punto nos es imposible proseguir, sin una definici&oacute;n de inteligencia artificial (I.A.), as&iacute; que brindaremos la siguiente:</p>     <blockquote>     <p>la I.A., consiste en producir, en un ente no-humano, y ante un estimulo especifico, una respuesta que al ser dada por una persona, se considerar&iacute;a inteligente. (Gardner, 1985; Simon y Kaplan, 1989)</p> </blockquote>     <p>Es esta definici&oacute;n sencilla, pr&aacute;ctica y usual, la que nos hac&iacute;a falta. En cuanto al albor de esta disciplina (la I.A.), se&ntilde;alaremos que estuvo nutrido por diversos saberes, entre los cuales resaltan la <i>teor&iacute;a de la comunicaci&oacute;n</i>, de Claude Shannon, que vio la luz p&uacute;blica en 1948; la <i>teor&iacute;a cibern&eacute;tica</i>, de Norbert Wiener, de la d&eacute;cada del 40; los estudios psicoling&uuml;&iacute;sticos, liderados por Noam Chomsky, acad&eacute;mico de creciente relevancia a partir de mediados del siglo pasado; y en gran medida, por el desaf&iacute;o de Turing; el cual, seg&uacute;n algunos te&oacute;ricos, constituye el nacimiento mismo de la inteligencia artificial (como Simon y Kaplan, 1989; de quienes tomamos tambi&eacute;n las referencias sobre las disciplinas que produjeron el nacimiento de la I.A.). &nbsp; Ya sea que adoptasen la versi&oacute;n d&eacute;bil o fuerte de la met&aacute;fora del ordenador, varios cient&iacute;ficos se vieron muy influenciados por el planteamiento de Turing, entre ellos, los pioneros de la inteligencia artificial: John McCarthy, Marvin Minsky, Allen Newell y Herbert Simon (todos investigadores norteamericanos), quienes se reunieron en 1956 en el <i>Simposio de Dartmouth</i> (que constituye un hito en la creaci&oacute;n de la I.A.), En este encuentro se discuti&oacute; sobre las bases de la nueva ciencia, y se acu&ntilde;o el t&eacute;rmino “inteligencia artificial” (Eysenck y Keane, 2000; Gardner, 1985). Tambi&eacute;n en 1956, durante el <i>Simposio sobre la teor&iacute;a de la informaci&oacute;n</i>, Newell y Simon presentaron su “m&aacute;quina de la teor&iacute;a l&oacute;gica”, bautizada <i>Johniac</i>,<a href="#2" name="n2"><sup>2</sup></a> la cual realiz&oacute; con &eacute;xito la resoluci&oacute;n de uno de los teoremas, que ya hab&iacute;an sido resueltos por Alfred Whitehead y Bertrand Russell; sin embargo, aunque el teorema fue resuelto en forma m&aacute;s <i>elegante</i> que la de Whitehead y Russell, seg&uacute;n refiere Gardner (1985), no se acept&oacute; su publicaci&oacute;n, debido a la autor&iacute;a rob&oacute;tica.</p>     <p>Con base en los planteamientos expuestos y las conclusiones alcanzadas durante estos encuentros, en &eacute;pocas subsiguientes se cre&oacute; <i>software</i> computacional que realizaba interesantes y curiosas labores, del cual se suele destacar: el programa <i>Eliza</i>, realizado en la d&eacute;cada del 70 por el cient&iacute;fico alem&aacute;n, recientemente fallecido, Joseph Weizenbaum. Dicho programa consist&iacute;a en la simulaci&oacute;n (o parodia) de un terapeuta de corte rogeriano; el <i>SHRDLU</i>, de Terry Winograd, desarrollado por la misma &eacute;poca que el Eliza, se dirig&iacute;a, mediante un reducido n&uacute;mero de &oacute;rdenes por escrito, a un acomodador de figuras geom&eacute;tricas, en un peque&ntilde;o mundo virtual de bloques; y por supuesto, el inquietante <i>Parry</i>: paranoico aparente, profundamente consternado por la mafia y las carreras de caballos, escrito (es decir, creado como programa) en los tempranos 70, por el psiquiatra norteamericano Kenneth Colby (Copeland, 1996; Gardner, 1985; Simon y Kaplan,1989).</p>     <p>El funcionamiento de estos programas, Parry y Eliza en espec&iacute;fico, no era en ning&uacute;n sentido misterioso. Entre las acciones para las que estaban programados, conocidas como <i>proceso de comparaci&oacute;n de patrones</i> (Copeland, 1996), estaba la de detectar palabras espec&iacute;ficas en las oraciones, y contestar, tomando la primera de una lista de respuestas predeterminada; estas respuestas estaban asociadas en forma coherente con la palabra elegida, o consist&iacute;an en una simple transformaci&oacute;n sint&aacute;ctica de la frase de entrada. La frase con que se respond&iacute;a era ubicada luego al final de la lista, de forma tal que se agotase determinado n&uacute;mero de respuestas, antes de repetirse. Parry, por ejemplo, emit&iacute;a una respuesta acalorada cuando detectaba una increpaci&oacute;n de paranoico en la charla de su interlocutor.</p>     <p>Estos programas tambi&eacute;n pod&iacute;an trasformar pronombres tales como <i>t&uacute;</i> o <i>m&iacute;</i>, en <i>yo</i> o <i>t&uacute;</i>, respectivamente, as&iacute; como modificar la sintaxis de la oraci&oacute;n entrante, para crear, mediante la oraci&oacute;n de salida, una ilusi&oacute;n de entendimiento.<a href="#3" name="n3"><sup>3</sup></a> Eliza, por su parte, reten&iacute;a frases encabezadas por <i>m&iacute;o</i> o <i>m&iacute;</i>, escritas por el interlocutor, las etiquetaba, y las usaba luego, tom&aacute;ndolas como frases de contenido especialmente significativo para los pacientes (de acuerdo con la programaci&oacute;n del operador, claro est&aacute;). Para los casos en que no se detectaba un patr&oacute;n espec&iacute;fico al cual contestar, contaba Eliza con frases de caj&oacute;n como: “&iquest;Qu&eacute; te hace pensar eso?” (Copeland, 1996) (si acaso el lector se ha visto interesado por una conversaci&oacute;n de este tipo, no hace falta m&aacute;s que navegar en la red, en donde se encuentran disponibles al p&uacute;blico diversas versiones de estos programas).</p>     <p>Aunque el proceso de funcionamiento de los primeros programas de I.A. no es ning&uacute;n arcano, el desempe&ntilde;o de los mismos resulta desconcertante y atrayente, pero causa aun m&aacute;s desconcierto todo el asunto de la creatividad en las m&aacute;quinas. Consid&eacute;rese que varios autores de la psicolog&iacute;a de la creatividad, como Howard Gardner, Robert Weisberg y Margaret Boden, comparten algo conocido como la concepci&oacute;n “m&aacute;s de lo mismo”, la cual consiste en el planteamiento de que no hay nada especial o m&iacute;stico en el trabajo creativo de la mente humana, sino m&aacute;s de lo mismo, de los procesos que utilizamos habitualmente (Romo, 1997). En este sentido, no es de extra&ntilde;ar que existan programas que realicen obras de arte pict&oacute;ricas, musicales o literarias; programas que descubran leyes cient&iacute;ficas, e incluso, uno que otro que publique un art&iacute;culo (todo esto avalado por el &aacute;mbito al que pertenecen las creaciones) (Boden, 1994).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Para la muestra, un bot&oacute;n. He aqu&iacute; las primeras l&iacute;neas, respetando el idioma vern&aacute;culo, del libro de prosa y poes&iacute;a, de Racter (abreviaci&oacute;n de <i>raconteur</i>, t&eacute;rmino galo para narrador de cuentos): programa de inteligencia artificial creado por William Chamberlain y Thomas Etter, quienes le atribuyen la autor&iacute;a del escrito: “<i>At all events my own essays and dissertations about love and its endless pain and perpetual pleasure will be known and understood by all of you who read this and talk or sing or chant about it to your worried friends or nervous enemies</i>” (Racter, 1984; sin numeraci&oacute;n de pagina o puntuaci&oacute;n en el original).</p>     <p>Con respecto a la creatividad en la inteligencia artificial, el investigador croata Mih&aacute;ly Csikszentmihalyi (1998) se&ntilde;ala que a los computadores les es dada la informaci&oacute;n y las variables espec&iacute;ficas por parte de los cient&iacute;ficos; que esta informaci&oacute;n sirve como p&aacute;bulo de sus creaciones, y que esto no sucede en la vida real. Por el contrario, algunos autores consideran que la creatividad es un proceso noexclusivo de los humanos, e incluso consideran que las creaciones art&iacute;sticas computacionales zanjan otro tanto la brecha que aleja a los hombres de las m&aacute;quinas; al respecto, afirma la investigadora en inteligencia artificial Margaret Boden (1994) que la creatividad computacional no amenaza nuestro auto-respeto, ya que el hecho de compartir procesos no termina por igualar a los seres que los realizan.</p>     <p align="center"><b>En las teor&iacute;as de la mente</b></p>     <p>La influencia del desaf&iacute;o de Turing no fue exclusivamente sobre el trabajo en la inteligencia artificial; se dio tambi&eacute;n en te&oacute;ricos del funcionamiento de la mente humana, quienes propusieron ideas de suma relevancia, como la de <i>arquitectura mental</i>, del fil&oacute;sofo norteamericano Jerry Fodor (1968, 1986, 1997). Fodor, claro seguidor de la met&aacute;fora fuerte, propone la organizaci&oacute;n funcional de la mente, mediante la siguiente divisi&oacute;n: transductores sensoriales, sistemas de entrada y sistemas centrales. Los transductores tomar&iacute;an, en forma pre-conceptual, informaci&oacute;n sobre los est&iacute;mulos del ambiente, para pasarla luego a los sistemas de entrada. Estos ser&iacute;an perceptivos y tratar&iacute;an la informaci&oacute;n algor&iacute;tmicamente, envi&aacute;ndola luego a los sistemas centrales (el pensamiento y la resoluci&oacute;n de problemas) (Fodor, 1986).</p>     <p>Lo m&aacute;s curioso de la tesis de Fodor es la definici&oacute;n que realiza de los sistemas de entrada y de los sistemas centrales: los primeros, responder&iacute;an a la caracter&iacute;stica de ser modulares, lo que implica funcionar de forma algor&iacute;tmica, autom&aacute;tica y sumamente eficiente, en un dominio especifico y con un tipo de informaci&oacute;n que no se compartir&iacute;a con otros m&oacute;dulos. Estos sistemas modulares de entrada reconocer&iacute;an solamente los est&iacute;mulos que les es propio tratar y aplicar&iacute;an procesos formales sobre ellos, de forma s&uacute;per r&aacute;pida, eficiente, obligatoria y, de cierta forma, obtusa, ya que har&iacute;an lo que tienen que hacer, siempre de la misma forma, y lo que es aun m&aacute;s importante, <i>sin que nuestra conciencia tuviese acceso a sus procedimientos, ni pudiese modificarlos; solo contemplar al resultado del c&oacute;mputo de informaci&oacute;n, que llega del ambiente</i> (Fodor, 1986).</p>     <p>Los sistemas centrales, seg&uacute;n Fodor encargados del pensamiento y la resoluci&oacute;n de problemas, funcionar&iacute;an bajo las caracter&iacute;sticas que este fil&oacute;sofo denomina <i>isotrop&iacute;a</i> y <i>quineanismo</i>, que b&aacute;sicamente se refieren al inconveniente de definir qu&eacute; informaci&oacute;n es relevante para aplicar en una situaci&oacute;n problem&aacute;tica, o para comprobar una hip&oacute;tesis dada, y qu&eacute; informaci&oacute;n se afecta y modifica despu&eacute;s de un proceso de conocimiento (Fodor, 1986).</p>     <p>Estas supuestas caracter&iacute;sticas del funcionamiento del pensamiento humano (isotrop&iacute;a y quineanismo) guardan preocupante similitud con el llamado “problema del marco”, propio del &aacute;mbito computacional, y que seg&uacute;n refiere John Tienson (1995) fue una de las razones de la crisis de la <i>buena y anticuada inteligencia artificial</i> (BAIA, como la denomina Haugeland). El <i>problema del marco</i> consiste justamente en la extrema dificultad de que una m&aacute;quina, o su operador, establezca el conjunto de informaci&oacute;n que se debe considerar antes y durante una acci&oacute;n espec&iacute;fica, as&iacute; como el conjunto de informaci&oacute;n que se ve modificada luego de alg&uacute;n proceso. En este punto no es dif&iacute;cil notar c&oacute;mo el funcionamiento especifico de una m&aacute;quina, y en este caso una restricci&oacute;n procedimental o de implementaci&oacute;n, se extrapola de forma tal que <i>se le confieren a la mente humana propiedades y restricciones propias de las m&aacute;quinas</i>.</p>     <p>La propuesta de Fodor ha dado paso a lo que se conoce como <i>arquitecturas mentales post-fodorianas</i> (Igoa, 2003), como las <i>inteligencias m&uacute;ltiples</i> de Gardner, la <i>mente computacional</i> de Jackendoff o la escuela de la <i>modularidad masiva</i>. Estas formas de explicaci&oacute;n de la mente, basadas en la met&aacute;fora del ordenador, proponen una particular partici&oacute;n de la mente que contempla una gran variedad de componentes, entre los que podemos contar: de lenguaje, visi&oacute;n y musical; perceptivos; de inteligencias de diversos tipos (entre los m&aacute;s conservadores modularmente hablando); o m&oacute;dulos innatos de f&iacute;sica, biolog&iacute;a y psicolog&iacute;a; e incluso, m&oacute;dulos a granel del tama&ntilde;o de conceptos (Cosmides y Tooby, 2002; Fodor, 1986; Hirschfeld y Gelman, 2002; Jackendoff, 1987; Karmiloff-Smith, 1994; Pinker, 2001).</p>     <p>De estas arquitecturas, la propuesta taxon&oacute;mica de la mente, realizada por Ray Jackendoff (1987), ha sido de particular importancia en la psicolog&iacute;a moderna. Consiste, b&aacute;sicamente, en la diferenciaci&oacute;n entre <i>mente fenomenol&oacute;gica</i> y <i>mente computacional</i>. En la primera residir&iacute;an las ilusiones, sensaciones, imaginaciones y la conciencia de uno mismo, mientras que la segunda se encargar&iacute;a del reconocimiento, comparaci&oacute;n, an&aacute;lisis y dem&aacute;s procesos de conocimiento, los cuales <i>estar&iacute;an por fuera del alcance consciente</i>. Reflexiones de esta &iacute;ndole, sumadas a numerosas investigaciones pr&aacute;cticas en psicolog&iacute;a, han llevado a postular un supuesto muy com&uacute;n en las explicaciones contempor&aacute;neas sobre la mente, seg&uacute;n el cual, <i>la mayor&iacute;a de los procesos del conocimiento suceden a un nivel no consciente, en ocasiones llamado: inconsciente Cognitivo</i> (LeDoux, 1999).</p>     <p>Es as&iacute; como tenemos que en las teor&iacute;as actuales sobre la mente se evidencia, cada vez con mayor fuerza, una clara diferencia e independencia entre la mente que realiza los procesos de conocimiento y la mente que comporta la conciencia (Froufe, 2004). Esta &uacute;ltima (la conciencia) ha ido perdiendo paulatinamente su relevancia en el terreno del pensamiento (en t&eacute;rminos te&oacute;ricos por supuesto); de hecho, existen teor&iacute;as como la del fil&oacute;sofo americano Richard Rorty (1989), quien propone el abandono de la investigaci&oacute;n y discusi&oacute;n de los conceptos relativos a la conciencia fenomenol&oacute;gica, para centrarse en el estudio neurofisiol&oacute;gico, buscando con ello cambiar la forma intencional de comprender la mente, por una centrada en su constituyente neural; incluso, propone Rorty que as&iacute; pervivan los t&eacute;rminos referentes a la mente fenomenol&oacute;gica (los t&eacute;rminos mentalistas propiamente hablando, como: desear, querer o intuir), los estados del sistema nervioso ser&iacute;an suficientes para explicar y entender la actividad humana.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Consideraciones como las precedentes sobre el car&aacute;cter computacional &uacute;nico de los procesos de conocimiento, la imposibilidad de comprender fen&oacute;menos que no sean formulados en t&eacute;rminos de c&oacute;mputos sint&aacute;cticos sobre representaciones, o la futilidad de los estados conscientes, constituyen un ejemplo de las repercusiones de una extrapolaci&oacute;n de concepciones sint&aacute;ctico-computacionales a la explicaci&oacute;n de la mente humana. Esto puede redundar (o degenerar) en teor&iacute;as confusas sobre los procesos de pensamiento, la voluntad y la esencia del conocimiento; pero, un momento, tal parece que el sencillo juego planteado por Turing ha tenido algunas repercusiones inesperadas; acaso sea menester, hasta donde nos sea posible, plantear las condiciones del tipo de inteligencia que se toma hoy en d&iacute;a como modelo para la explicaci&oacute;n de la mente. Ya que hemos llegado hasta aqu&iacute;, &iquest;por qu&eacute; no hacerlo? &nbsp;</p>     <p align="center"><b>Restricciones fundamentales de la inteligencia artificial</b></p>     <p>Ya expuestas las singularidades del tema en cuesti&oacute;n (quiz&aacute; muy extensamente), mediante la presentaci&oacute;n del desaf&iacute;o de Turing, sus consecuencias y posibles respuestas, el contraargumento de la habitaci&oacute;n china, las razones de Hofstadter y la alusi&oacute;n al nacimiento y temprano desarrollo de la inteligencia artificial, estamos preparados para tratar el tema que va a englobar la reflexi&oacute;n buscada: las restricciones fundamentales de la inteligencia artificial. Proponemos aqu&iacute;, las dos siguientes:</p>     <p>1. Imposibilidad ontol&oacute;gica de la identidad de la inteligencia artificial y el pensamiento humano, debido a g&eacute;nesis dispares.    <br> 2. Imposibilidad sem&aacute;ntica de la identidad de la inteligencia artificial y el pensamiento humano, debido a categor&iacute;as conceptuales dispares.</p>     <p align="center"><b>Consideraciones preliminares sobre el sentido y el enga&ntilde;o</b></p>     <p>En relaci&oacute;n con el asunto del acceso al significado en la I.A., comenta Searle que “una de las afirmaciones de los propulsores de la IA fuerte [versi&oacute;n fuerte de la met&aacute;fora del ordenador] es que cuando yo comprendo una historia en ingl&eacute;s, lo que estoy haciendo es ni m&aacute;s ni menos lo mismo —por lo menos aproximadamente lo mismo— que lo que hac&iacute;a al manipular los s&iacute;mbolos chinos” (1983, p. 458) (recuerda el lector el asunto de los manuscritos chinos, no es cierto). Este presupuesto de los defensores de la met&aacute;fora fuerte no es muy atinado, ya que <i>la “ruta” del proceso cognitivo, en el ejemplo de la habitaci&oacute;n china, consiste en una conexi&oacute;n directa entre sistemas de entrada y salida, o una conexi&oacute;n que en cualquier caso, no pasa por el “almac&eacute;n” de significados</i>; y es que ese es un atajo cognitivo no del todo impropio del humano.</p>     <p>Los investigadores en neuropsicolog&iacute;a cognitiva Andrew Ellis y Andrew Young (1992) refieren posibles conexiones entre <i>lexicones</i> de entrada y salida que obvian el paso por el almac&eacute;n sem&aacute;ntico, ruta tal que si bien en ocasiones es funcional (para la repetici&oacute;n de palabras desconocidas o no-palabras, por ejemplo), puede constituir una patolog&iacute;a, de ser el &uacute;nico medio usado para la comprensi&oacute;n o producci&oacute;n del lenguaje.<a href="#4" name="n4"><sup>4</sup></a> Para decirlo en forma sencilla: el recibir y responder preguntas relativas a una lluvia venidera, en forma coherente e incluso precisa, solo bas&aacute;ndose en la estructura de las mismas y no en su significado, no implica considerar el uso de un paraguas en un futuro pr&oacute;ximo para evadir el chaparr&oacute;n. Estamos hablando pues de dos tipos de entendimiento distintos: asociativo y comprensivo; el &uacute;ltimo abarca al primero, pero no al contrario. Esta cuesti&oacute;n de acceso al significado ha obstaculizado los avances en I.A. de tal forma que se ha considerado dotar a las m&aacute;quinas de una sem&aacute;ntica que analice im&aacute;genes y las relacione con estructuras sint&aacute;cticas, almacenadas en la memoria (Sagal, 1982; Simon y Kaplan, 1989).</p>     <p>Existe tambi&eacute;n, en relaci&oacute;n con la prueba de Turing, el problema de la m&aacute;quina enga&ntilde;ando, haciendo creer que es un humano; y es que este asunto del enga&ntilde;o no carece de profundidad, ya que presupone la capacidad del que enga&ntilde;a de comprender, en un nivel no necesariamente consciente, que los otros poseen representaciones mentales que son esencialmente distintas a la realidad, y que se basan en estas para conducirse; en este sentido, las representaciones del que es enga&ntilde;ado pueden ser m&aacute;s o menos acordes a la situaci&oacute;n, pudiendo por eso conducirlo a equivocaciones en su actuar.</p>     <p>&Aacute;ngel Rivi&egrave;re refiere la diferencia entre un enga&ntilde;o, digamos autom&aacute;tico, como el de algunos animales para despistar a sus enemigos y presas, y uno de tipo t&aacute;ctico (Rivi&egrave;re y N&uacute;&ntilde;ez, 1998). Este se define por su flexibilidad y su posibilidad de ser adaptado seg&uacute;n la situaci&oacute;n y las caracter&iacute;sticas del que se quiere enga&ntilde;ar. El enga&ntilde;o no-t&aacute;ctico, entonces, ser&iacute;a inflexible, predeterminado y no intencional, y suceder&iacute;a en seres que no poseen la capacidad de reconocer al otro como un ser de experiencia, falible y guiado por sus representaciones mentales del mundo y de los otros; seres que no poseen la capacidad que usualmente se denomina <i>teor&iacute;a de la mente</i> (ToM). Sin intenci&oacute;n de entrar en la pol&eacute;mica sobre la ToM, la sem&aacute;ntica o el tipo de enga&ntilde;o que implicar&iacute;a la t&aacute;ctica de una m&aacute;quina para pasar el desaf&iacute;o de Turing, es obligado hacer notar que hace falta algo m&aacute;s que coherencia sint&aacute;ctica para poseer pensamiento.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center"><b>Imposibilidad ontol&oacute;gica de la identidad de la inteligencia artificial y el pensamiento humano debido a g&eacute;nesis dispares</b></p>     <p>El estudio de la mente y su an&aacute;lisis no se agotan en una visi&oacute;n centrada en las caracter&iacute;sticas actuales de la poblaci&oacute;n, representada por unos pocos. Debe considerarse, adem&aacute;s, entre otras cosas, la aproximaci&oacute;n filogen&eacute;tica; es decir, el estudio de la mente desde presupuestos evolucionistas y de adaptabilidad y progresi&oacute;n como los que han sido defendidos por la escuela conocida como Nueva S&iacute;ntesis (llamada as&iacute; debido a su concreci&oacute;n de teor&iacute;as cognitivas con la teor&iacute;a evolucionista de Darwin) (Mithen, 1998; Pinker, 2001). De acuerdo con las investigaciones de esta escuela, la especificidad gen&eacute;tica innata interact&uacute;a con las caracter&iacute;sticas ambientales haciendo posible la modificaci&oacute;n modular (Fern&aacute;ndez y Ruiz, 1990).</p>     <p>De acuerdo con lo anterior, la mente, incluso, puede haber venido mutando de tal forma que recursos que usamos hoy d&iacute;a en un proceso X, pudiesen ser modificaciones de otros usados originalmente en un proceso Y (Cosmides y Tooby, 2002). Esta transformaci&oacute;n no solo seria filogen&eacute;tica, ya que podr&iacute;a tambi&eacute;n presentarse en forma progresiva en el transcurso de una vida, mediante, por ejemplo, el proceso que Karmiloff-Smith (1994) denomina <i>redescripci&oacute;n representacional</i>. Durante este proceso de cambio conceptual, los formatos representacionales, esto es, las formas en que est&aacute; representado el conocimiento, van modific&aacute;ndose hasta alcanzar niveles cuyas caracter&iacute;sticas constituyentes son dis&iacute;miles de las de sus predecesores.</p>     <p>Desde otro &aacute;mbito de la psicolog&iacute;a, se afirma que, <i>dependiendo de la organizaci&oacute;n de un sistema y de la complejidad de sus relaciones, pueden emerger cualidades que no existen por s&iacute; solas en los elementos constituyentes de un conjunto</i> (Morin, 1999); es decir, las relaciones estructurales y funcionales de un conjunto son m&aacute;s que la suma de las caracter&iacute;sticas estructurales y funcionales de sus constituyentes. Cuando las cualidades de los componentes interact&uacute;an, crean fen&oacute;menos que responden espec&iacute;ficamente a la din&aacute;mica del grupo en que se presentan. En sistemas complejos, es decir, con gran cantidad de componentes y relaciones, los fen&oacute;menos resultantes de la interacci&oacute;n de los elementos del grupo pueden generar caracter&iacute;sticas definitorias del propio sistema (es siguiendo esta l&oacute;gica que Searle propone a la intencionalidad como propiedad emergente de la biolog&iacute;a humana, y Hofstadter la propone como propiedad emergente de la conformaci&oacute;n estructural del organismo).</p>     <p>Desde estos presupuestos (la modificaci&oacute;n modular, la redescripci&oacute;n representacional y las propiedades emergentes), <i>el pensamiento podr&iacute;a considerarse como una propiedad emergente del sistema humano en su totalidad, que se ha constituido con el paso del tiempo en lo que es hoy: una cualidad</i> (por nombrarlo de alg&uacute;n modo) <i>que responde a las particularidades del hombre como especie y a las de la historia que ha transitado</i>. Para Hofstadter (1983), las cualidades intencionales ser&iacute;an caracter&iacute;sticas que emerger&iacute;an en la m&aacute;quina de la complejizaci&oacute;n de sus relaciones funcionales internas. En este sentido, es oportuno aclarar que si la emergencia de cualidades est&aacute; basada en las relaciones generales que posee un sistema, la aparici&oacute;n de las caracter&iacute;sticas espec&iacute;ficas presentes en el humano responder&iacute;a a un largo y complejo proceso de interacci&oacute;n entre sus constituyentes biol&oacute;gicos, culturales y ambientales (entre tantos otros).</p>     <p>Asimismo, las caracter&iacute;sticas que pudiesen emerger de las relaciones de los componentes de las m&aacute;quinas responder&iacute;an a las especificidades de su <i>hardware</i>, su ambiente, su historia y, por supuesto, &iexcl;sus creadores! Es en este sentido que el argumento de Hofstadter se queda corto, ya que aun aceptando que la interacci&oacute;n de caracter&iacute;sticas en la m&aacute;quina redundara en la emergencia de propiedades novedosas, no hay ninguna raz&oacute;n para suponer que estas ser&iacute;an id&eacute;nticas a las que han emergido en los humanos a trav&eacute;s de su historia. Se&ntilde;ala tambi&eacute;n Hofstadter (1983, pp. 115-116): “Lo que pasa adem&aacute;s es que los dise&ntilde;adores humanos van a acelerar el proceso evolucionario al dirigirse en forma deliberada a la meta de crear inteligencia…”.</p>     <p>Este hecho implica que en la evoluci&oacute;n y g&eacute;nesis de la m&aacute;quina, a diferencia de la nuestra, la participaci&oacute;n de los creadores es clara. Ser&iacute;a quiz&aacute; insensato ignorar estos factores preponderantes en la aparici&oacute;n de las propiedades emergentes en las m&aacute;quinas, que imposibilitan la identidad del pensamiento humano y la inteligencia artificial desde la constituci&oacute;n misma de su esencia. No significa esto que las caracter&iacute;sticas que pueda llegar a presentar una m&aacute;quina, bien sea por su constituci&oacute;n o por la relaci&oacute;n compleja de sus componentes, no puedan ser similares en sus efectos o procesos a las humanas; simplemente significa, que no son, o ser&aacute;n, id&eacute;nticas. Para lograr un repertorio de caracter&iacute;sticas mentales iguales a las de los humanos, se requerir&iacute;a la creaci&oacute;n de un ser con caracter&iacute;sticas constituyentes iguales a las humanas, y este asunto, por m&eacute;todos distintos al tradicional, acaso se nos complicase un poco. &nbsp;</p>     <p align="center"><b>Imposibilidad sem&aacute;ntica de la identidad de la inteligencia artificial y el pensamiento humano debido a categor&iacute;as conceptuales dispares</b></p>     <p>Para Turing, la mejor estrategia que pudiese usar una m&aacute;quina ser&iacute;a “la de intentar el logro de respuestas como las que naturalmente dar&iacute;a un hombre” (1981, p. 72); es decir, la m&aacute;quina deber&iacute;a <i>imitar</i> con precisi&oacute;n la conducta verbal humana (y eventualmente tambi&eacute;n las acciones). Sin embargo, <i>imitar implica la irrealidad de lo que imita frente a lo imitado</i>; veamos c&oacute;mo.</p>     <p>De acuerdo con Chomsky (1980, 1988), existe cierta clase de categor&iacute;as sem&aacute;nticas innatas, categor&iacute;as conceptuales predeterminadas en el humano que se etiquetan por medio del lenguaje y significan lo mismo universalmente; aun siendo nombradas de forma distinta por distintas culturas, estas categor&iacute;as implicar&iacute;an la existencia de estructuras conceptuales similares en las distintas personas del mundo; de ah&iacute; lo que este autor denomina “verdades de significado” (1988, p. 35). Estas <i>verdades de significado</i> no depender&iacute;an de la experiencia para su constataci&oacute;n, es m&aacute;s, ni siquiera requerir&iacute;an constataci&oacute;n, ya que oficiar&iacute;an como pilares categoriales del proceso de adquisici&oacute;n de conocimiento.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Esta idea de conocimientos y categor&iacute;as preestablecidas en la mente es tambi&eacute;n un presupuesto fundamental para los te&oacute;ricos de la modularidad masiva, quienes refieren, con amplio apoyo emp&iacute;rico, la existencia de conocimiento (nociones o preferencias) de tipo f&iacute;sico, biol&oacute;gico, psicol&oacute;gico y de otras variadas &iacute;ndoles. Estos conocimientos estar&iacute;an presentes en los reci&eacute;n nacidos (o en todo caso a tempran&iacute;sima edad) y constituir&iacute;an el fundamento para la consolidaci&oacute;n del conocimiento. Estos autores afirman, adem&aacute;s, que <i>una categor&iacute;a de conocimiento innata al humano le permite distinguir entre seres animados e inanimados o vivos y no-vivos</i> (Cosmides y Tooby 2002; Pinker, 2001).</p>     <p>Con base en este principio y en las <i>verdades de significado</i> de Chomsky <i>podemos entender las categor&iacute;as sem&aacute;nticas de simulaci&oacute;n y simulado como dispares, por el hecho mismo, tan evidente que se obvia, de que la simulaci&oacute;n por definici&oacute;n requiere lo simulado para existir; su esencia se basa en tratar de ser algo que no es: en aparentar</i>; en otras palabras, la simulaci&oacute;n es irreal en el sentido de la realidad de lo que simula: desde estas premisas, <i>la inteligencia artificial representa una fantasmagor&iacute;a</i>. Aclaremos que bajo ninguna circunstancia estamos en una discusi&oacute;n de t&eacute;rminos de c&oacute;mo calificar ling&uuml;&iacute;sticamente la inteligencia artificial; el punto aqu&iacute; recae en las diferentes esencias del pensamiento humano y el pensamiento artificial, ocupando distintas categor&iacute;as conceptuales en la clasificaci&oacute;n propia de la mente humana; esto debido, entre otras cosas, a que las g&eacute;nesis de ambas son claramente dispares.</p>     <p>Ahora, aunque esta negaci&oacute;n de la identidad entre el pensamiento humano y la I.A. pueda parecer vana, no lo es; t&eacute;ngase en cuenta que pioneros de la I.A., como Allen Newell y Herbert Simon, “escriben que el tipo de conocimiento cuya existencia ellos afirman en las computadoras es exactamente el mismo que el de los seres humanos.” (Searle, 1983, p. 461); y no se olvide tampoco de las repercusiones que puede traer, y de hecho ha tra&iacute;do, en la concepci&oacute;n contempor&aacute;nea de la mente, el forzado parang&oacute;n entre esta y una m&aacute;quina computarizada. As&iacute; que si tomar el pensamiento humano por &uacute;nico, o como el pensamiento por antonomasia, resulta ingenuo, lo es tambi&eacute;n considerar que el pensamiento de las m&aacute;quinas, en alg&uacute;n tramo de su periplo evolutivo, resulte ser id&eacute;ntico al nuestro.</p>     <p>La inteligencia artificial llegara con seguridad, si es que no lo ha hecho ya, a superar la prueba de Turing; es de esperar tambi&eacute;n que se logre simular, de alguna forma, la intencionalidad y la conciencia en cerebros de silicio; pero, aun as&iacute;, las propiedades de estas m&aacute;quinas no ser&aacute;n las mismas que las nuestras, ya que entre la complejidad de la interacci&oacute;n de sus componentes constitutivos, se contar&aacute;n factores distintos a los que cuentan en nosotros; el pensamiento de las m&aacute;quinas, si quiere llam&aacute;rsele as&iacute;, va a pertenecer, o pertenece, a categor&iacute;as primordialmente distintas.</p>     <p><b>NOTAS AL PIE</b></p>     <p><a href="#n1" name="1">1</a>. Para establecer los l&iacute;mites de un sistema no se puede decir, por ejemplo, que <i>Y es un elemento ajeno</i>, sin usar el t&eacute;rmino <i>Y</i>, que no pertenece al lenguaje del sistema; por tanto, se deben usar t&eacute;rminos impropios en el proceso de definici&oacute;n, imposibilit&aacute;ndosele al conjunto llegar a ser auto-demostrado en su totalidad mediante su propio lenguaje.</p>     <p><a href="#n2" name="2">2</a>. En deferencia al matem&aacute;tico h&uacute;ngaro John von Neumann, quien tuvo gran influencia en la creaci&oacute;n de los procesos mn&eacute;micos computacionales, el <i>software</i> auto-modificable, el procesamiento serial y los c&oacute;mputos sobre s&iacute;mbolos aplicados a la computaci&oacute;n (Simon y Kaplan, 1989).</p>     <p><a href="#n3" name="3">3</a>. Por ejemplo, en el caso de Eliza, una posible respuesta a “<i>T&uacute; me</i> odias” ser&iacute;a “Te gusta pensar que <i>yo te</i> odio, no es cierto”, transformando la oraci&oacute;n que contiene: “<i>T&uacute; me”</i> por una pre-establecida que contiene: “<i>Yo te</i>”, modificando a su vez la conjugaci&oacute;n del verbo (Copeland, 1996).</p>     <p><a href="#n4" name="4">4</a>. Recordemos que en el modelo de comprensi&oacute;n y producci&oacute;n del lenguaje presentado por estos acad&eacute;micos, el significado de las palabras se encuentra ubicado en un sitio distinto al de la conformaci&oacute;n estructural-ortogr&aacute;fica de las mismas, ya sea en formato visual o auditivo, total que se pueden asociar palabras entre s&iacute; sin acceder a su significado (Ellis y Young, 1992).</p> <hr>     <p align="center"><b>Referencias</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>1. Acero, J. J.  Teor&iacute;as del contenido mental. En F. Broncano (Ed.), <i>La mente humana</i> (pp. 175-206). Madrid: Trotta, (1995).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000113&pid=S1794-4724200800020000600001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>2. Bechtel, W. <i>Filosof&iacute;a de la mente. Una panor&aacute;mica para la ciencia cognitiva</i>. Madrid: Tecnos, (1991).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000114&pid=S1794-4724200800020000600002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>3. Boden, M. <i>La mente creativa: mitos y mecanismos</i>. Barcelona: Gedisa, (1994).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000115&pid=S1794-4724200800020000600003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>4. Chomsky, N.  On cognitive structures and their development: A reply to Piaget. En M. Piattelli-Palmarini (Ed.), <i>Language and learning: The debate between Jean Piaget and Noam Chomsky</i> (pp. 35-54). Cambridge, MA: Harvard University Press, (1980).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000116&pid=S1794-4724200800020000600004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>5. Chomsky, N. <i>El lenguaje y los problemas del conocimiento. Conferencias de Managua I</i>. Madrid: Visor, (1988).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000117&pid=S1794-4724200800020000600005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>6. Copeland, J. <i>Inteligencia artificial: una introducci&oacute;n filos&oacute;fica</i>. Madrid: Alianza, (1996).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000118&pid=S1794-4724200800020000600006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>7. Cosmides, L. y Tooby, J.  Or&iacute;genes de la especificidad de dominio: la evoluci&oacute;n de la organizaci&oacute;n funcional. En L. Hirschfeld y S. Gelman (Comps.), <i>Cartograf&iacute;a de la mente</i>: <i>la especificidad de dominio en la cognici&oacute;n y la cultura</i> (pp. 132-173). Barcelona: Gedisa, (2002).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000119&pid=S1794-4724200800020000600007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>8. Csikszentmihalyi, M. <i>Creatividad. El fluir y la psicolog&iacute;a del descubrimiento y la invenci&oacute;n</i>. Barcelona: Paid&oacute;s, (1998).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000120&pid=S1794-4724200800020000600008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>9. de Vega, M. <i>Introducci&oacute;n a la psicolog&iacute;a cognitiva</i>. Madrid: Alianza, (1984).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000121&pid=S1794-4724200800020000600009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>10. Ellis, A. W. y Young, A. W. <i>Neuropsicolog&iacute;a cognitiva humana</i>. Barcelona: Masson, (1992).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000122&pid=S1794-4724200800020000600010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>11. Eysenck, M. W. y Keane, M. T. <i>Cognitive psychology: A student's handbook</i>. Hove, UK: Psychology Press, (2000).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000123&pid=S1794-4724200800020000600011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>12. Fern&aacute;ndez, P. y Ruiz, M. (Eds.). <i>Cognici&oacute;n y modularidad</i>. Barcelona: PPU, (1990).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000124&pid=S1794-4724200800020000600012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>13. Fodor, J. <i>La explicaci&oacute;n psicol&oacute;gica. Introducci&oacute;n a la filosof&iacute;a de la psicolog&iacute;a</i>. Madrid: C&aacute;tedra, (1968/1980).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000125&pid=S1794-4724200800020000600013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>14. Fodor, J. <i>La modularidad de la mente</i>. Madrid: Morata, (1986).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000126&pid=S1794-4724200800020000600014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>15. Fodor, J. <i>El olmo y el experto. El reino de la mente y su sem&aacute;ntica</i>. Barcelona: Paid&oacute;s, (1997).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000127&pid=S1794-4724200800020000600015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>16. Froufe, M.  Disociaciones entre cognici&oacute;n y conciencia. En D. A. Duarte y E. A. Rabossi (Eds.), <i>Psicolog&iacute;a Cognitiva y Filosof&iacute;a de la Mente: Pensamiento, Representaci&oacute;n y Conciencia</i> (pp. 285-307). Buenos Aires: Alianza, (2004).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000128&pid=S1794-4724200800020000600016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>17. Gardner, H. <i>La nueva ciencia de la mente</i>. <i>Historia de la revoluci&oacute;n cognitiva</i>. Barcelona: Paid&oacute;s, (1985/1988).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000129&pid=S1794-4724200800020000600017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>18. Haberlandt, K. <i>Cognitive psychology</i> (2nd. edition). Boston: Allyn and Bacon, (1997).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000130&pid=S1794-4724200800020000600018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>19. Hirschfeld, L. y Gelman, S.  Hacia una topograf&iacute;a de la mente: una introducci&oacute;n a la especificidad de dominio. En L. Hirschfeld y S. Gelman (Comps.), <i>Cartograf&iacute;a de la Mente</i> (pp. 23-67). Barcelona: Gedisa, (2002).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000131&pid=S1794-4724200800020000600019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>20. Hofstadter, D.  Temas metam&aacute;gicos bizantinos. El test de Turing: conversaci&oacute;n en un caf&eacute;. En D. Hofstadter y D. Dennett (Comps.), <i>El ojo de la mente: fantas&iacute;as y reflexiones sobre el yo y el alma</i> (pp. 90-125). Buenos Aires: Sudamericana, (1983).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000132&pid=S1794-4724200800020000600020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>21. Igoa, J. M.  Las paradojas de la modularidad. <i>Anuario de Psicolog&iacute;a</i>, <i>34</i> (4), (2003), 529-536.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000133&pid=S1794-4724200800020000600021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>22. Jackendoff, R. <i>Consciousness and the computational mind</i>. Cambridge, MA: MIT Press, (1987).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000134&pid=S1794-4724200800020000600022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>23. Karmiloff-Smith, A. <i>M&aacute;s all&aacute; de la modularidad</i>. Madrid: Alianza, (1994).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000135&pid=S1794-4724200800020000600023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>24. LeDoux, J. <i>El cerebro emocional</i>. Buenos Aires: Planeta, (1999).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000136&pid=S1794-4724200800020000600024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>25. Mithen, S. <i>Arqueolog&iacute;a de la mente</i>. Barcelona: Cr&iacute;tica, (1998).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000137&pid=S1794-4724200800020000600025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>26. Morin, E. <i>Introducci&oacute;n al pensamiento complejo</i>. Barcelona: Gedisa, (1995).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000138&pid=S1794-4724200800020000600026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>27. Pinker, S. <i>C&oacute;mo Funciona la Mente</i>. 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Hofstadter y D. Dennett (Comps.), <i>El ojo de la mente: fantas&iacute;as y reflexiones sobre el yo y el alma</i> (pp. 69-89). Buenos Aires: Sudamericana, (1950/1983).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000149&pid=S1794-4724200800020000600037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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