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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Uribe de Hincapié, María Teresa y López Lopera, Liliana María (2008) La guerra por las soberanías. Memorias y relatos en la guerra civil de 1859-1862 en Colombia. Medellín, Instituto de Estudios Políticos - La carreta, 272 pp.]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[ <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="4"><b>Uribe de Hincapi&eacute;, Mar&iacute;a Teresa y L&oacute;pez Lopera, Liliana Mar&iacute;a (2008) <i>La guerra por las soberan&iacute;as. Memorias y relatos en la guerra civil de 1859-1862 en Colombia.</i> Medell&iacute;n, Instituto de Estudios Pol&iacute;ticos - La carreta, 272 pp. </b></font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p align=""><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2"><b>Patricia Cardona</b> </font></p>     <P align=""><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2"><a href="mailto:azuluaga@eafit.edu.co">azuluaga@eafit.edu.co</a> </font></p> <hr />      <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="3"><b>Introducci&oacute;n</b></font></p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">Aunque mi trabajo acad&eacute;mico no ha estado enfocado al tema de las guerras civiles colombianas en el siglo XIX, &eacute;stas siempre han estado presentes de manera transversal en mis preocupaciones historiogr&aacute;ficas, pues el tema educativo y de la cultura pol&iacute;tica que es el que me ocupa, se vieron constantemente afectados por el problema b&eacute;lico, de hecho en casos de confrontaci&oacute;n, las escuelas fueron utilizadas como guarniciones militares, maestros y estudiantes compelidos a empu&ntilde;ar las armas y la mayor parte de los recursos econ&oacute;micos desviados para sufragar las contiendas. De tal manera que para cualquier historiador, ocupado en abordar nuestro apasionante y todav&iacute;a desconocido siglo XIX, el tema de la guerra se constituye en referente constante para la investigaci&oacute;n y todav&iacute;a sus causas, sus efectos y sus aconteceres siguen vigentes en la historiograf&iacute;a, y siguen siendo un punto referencial para comprender nuestras relaciones pol&iacute;ticas, la constituci&oacute;n de la naci&oacute;n, y para entender al estado y sus protagonistas. </font></p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">Hago esta breve introducci&oacute;n para contarles que me han obsequiado no s&oacute;lo el libro, sino la posibilidad de presentarlo, se&ntilde;alado antes que presentar un libro es siempre una tarea dif&iacute;cil, el presentador, en este caso yo, debe decir cosas inteligentes sobre el libro y no resumir su presentaci&oacute;n en una especie de juicio est&eacute;tico que diga que el libro es bonito, que produce placer su lectura y que est&aacute; bellamente construido. El inconveniente en este caso, es que las tres cosas las puedo decir, primero porque el per&iacute;odo y tema me apasionan, segundo porque est&aacute; bellamente tejida su trama y tercero porque me encant&oacute;. Ahora, presentar un libro implica otra dificultad y es que uno destaca en su lectura, precisamente aquello que m&aacute;s le apasiona y le llama la atenci&oacute;n, en mi caso, el tema historiogr&aacute;fico, la presentaci&oacute;n de la narraci&oacute;n y la construcci&oacute;n de los acontecimientos a partir de enfoques te&oacute;ricos que permiten otear en los magmas densos, a veces casi petrificados, pero siempre esclarecedores de la historia. Por eso hablo como historiadora, consciente de que la historia s&oacute;lo existe como narraci&oacute;n, en la medida en que las fuentes cuenten con investigadores que les hagan preguntas y las hagan hablar y confieran a papeles abandonados en anaqueles, la dimensi&oacute;n de un testimonio del pasado que da cuenta de los desdoblamientos de la memoria, del poder del lenguaje y de la inminencia del paso del tiempo y sobre todo, de que un acontecimiento es significativo para la posteridad en cuanto deja huellas que otros siguen. De todos modos la historia no es m&aacute;s que un di&aacute;logo permanente entre olvido y memoria, entre lo que se narra y lo que pasa a refundirse en los laberintos mudos del tiempo. </font></p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">Pido a ustedes disculpas si mi presentaci&oacute;n demasiado hist&oacute;rica no responde a sus expectativas, la lectura y por lo tanto la escritura de un texto sobre lo que se lee, es un acto personal, tan &iacute;ntimo que siento como si estuviera exhibiendo una parte oculta de mi ser, por eso tambi&eacute;n quiero ofrecerles disculpas si mi lectura, mi &iacute;ntima lectura tergiversa, o interfiere la lectura, este acto &iacute;ntimo entre el ser y el lenguaje que ustedes hagan de este libro. </font></p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">Sin lugar a dudas, las investigaciones de Mar&iacute;a Teresa Uribe y Liliana L&oacute;pez han hecho una mirada l&uacute;cida sobre las guerras del siglo XIX y han aportado dimensiones novedosas para comprender los lenguajes, los idearios; este texto hace parte de un trabajo m&aacute;s grande, el de <i>las palabras de la guerra</i> y se inscribe dentro de los marcos te&oacute;ricos y metodol&oacute;gicos apuntalados en conceptos como prefiguraci&oacute;n, refiguraci&oacute;n y configuraci&oacute;n elaborados a partir de la lectura de Paul Ricoeur.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="3"><b>I. Las guerras por las soberan&iacute;as. Los temas relevantes</b></font></p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">Los libros <i>Las Palabras de la guerra</i> y el que nos ocupa <i>La guerra por las Soberan&iacute;as Memorias y relatos en la guerra civil de 1859-1862 en Colombia</i>, ser&aacute;n hitos historiogr&aacute;ficos que contribuir&aacute;n a potenciar y a renovar la historiograf&iacute;a colombiana en torno a la guerra, la conformaci&oacute;n del Estado&ndash;naci&oacute;n, la definici&oacute;n ideol&oacute;gica de los partidos pol&iacute;ticos y los acontecimientos b&eacute;licos que definieron al Estado. Todas ellas entendidas de manera gen&eacute;rica como las Guerras del siglo XIX, est&aacute;n tejidas por hilos que las diferencian, y que incluso, hacen impertinente la pretensi&oacute;n de verlas como continuidades homog&eacute;neas, es decir como si una guerra fuera la causa inmediata de la otra, pues como lo han mostrado las autoras est&aacute;s guerras son diversas en sus alcances, m&oacute;viles, lenguajes y pretensiones. </font></p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">Tal es el caso que tan acertadamente analiza el libro <i>La guerra por las soberan&iacute;as. Memorias y relatos en la guerra civil de 1859-1862 en Colombia</i>, guerra tradicionalmente vista como el producto de la pugnacidad entre la tendencia federalista, representada por los liberales radicales, y la centralista, en cabeza de los conservadores. En el per&iacute;odo que comprende el libro, la Rep&uacute;blica de Colombia recib&iacute;a el nombre de Confederaci&oacute;n Granadina (1858- 1862) que alud&iacute;a a las intenciones federalizantes de sus gobernantes; la Confederaci&oacute;n era presidida por el conservador Mariano Ospina Rodr&iacute;guez y en ella las regiones hab&iacute;an adquirido importantes fueros internos. Las autoras nos muestran el calado ideol&oacute;gico y la hondura pol&iacute;tica de esta confrontaci&oacute;n, en la que a pesar de estar liberales y conservadores en bandos m&aacute;s o menos identificables, tambi&eacute;n es cierto que los matices y las facetas de los grandes protagonistas determinaron los giros de los acontecimientos b&eacute;licos, los lenguajes pol&iacute;ticos y las decisiones que se tomaron en ambos bandos. Y es que pasan por sus p&aacute;ginas personajes tan fascinantes y de tanto peso en las guerras de definici&oacute;n del Estado y la Naci&oacute;n como el General Tom&aacute;s Cipriano de Mosquera que fue presidente con el apoyo conservador entre 1845 y 1849, y que luego simpatiz&oacute; con la causa liberal, siendo presidente de los Estados Unidos de Colombia entre 1861-1864 y 1866- 1867, Mariano Ospina Rodr&iacute;guez 1857-1861 tal vez el m&aacute;s emblem&aacute;tico de los militantes conservadores decimon&oacute;nicos, adem&aacute;s de antiguos e importante l&iacute;deres militares de las guerras de independencia, la guerra de los supremos y las guerras de 1851 y 1854, que eran a la vez primordiales l&iacute;deres regionales, defensores de la causa federalista y de los fueros regionales, entre ellos se destacan Jos&eacute; Hilario L&oacute;pez, Jos&eacute; Mar&iacute;a Obando, Pedro Alc&aacute;ntara Herr&aacute;n, Jes&uacute;s Mar&iacute;a Giraldo, entre otros.</font></p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">El libro va tejiendo con gran lucidez, los lenguajes, los hechos, los acontecimientos y los personajes para mostrar el car&aacute;cter ret&oacute;rico de la guerra, la contundencia del lenguaje que define a amigos y enemigos, rebeldes y facciosos, beligerantes y h&eacute;roes de una guerra que las autoras precisan como particular en tanto que:</font></p>     <blockquote>    <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">&bull; Fue la &uacute;nica guerra del per&iacute;odo postindependista ganada por los rebeldes, lo cual implic&oacute; nuevos rumbos en el orden pol&iacute;tico, constitucional y cultural del pa&iacute;s, resultado de ello fue la Constituci&oacute;n de 1863 que dio forma jur&iacute;dica a los Estados Unidos de Colombia como Estado liberal con r&eacute;gimen federalista.</font></p></blockquote>     <blockquote>       <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">&bull; Fue una guerra que puso en evidencia no s&oacute;lo las tendencias pol&iacute;ticas de los grupos en contienda, sino que fue, sobre todo, una guerra que enfrent&oacute; a las &eacute;lites burocr&aacute;ticas de los reci&eacute;n creados Estados Soberanos y al Gobierno Central. Como cuidadosamente lo muestran las autoras se trat&oacute; de una guerra del Estado contra s&iacute; mismo; en definitiva estaba en juego la soberan&iacute;a en manos del gobierno central, entonces presidido por Marino Ospina Rodr&iacute;guez, y el derecho constitucional que adujeron los "rebeldes", liderados por Tom&aacute;s Cipriano de Mosquera, a definir asuntos en el seno de las regiones, se fij&oacute; as&iacute; el problema de la soberan&iacute;a &uacute;nica y centralizada y el de la doble soberan&iacute;a que fue definitivo en el per&iacute;odo posterior "el del radicalismo" en el que los estados Soberanos adquirieron una autonom&iacute;a tal, que puso en vilo al poder central, lo que fue el m&oacute;vil que defini&oacute; las posturas de los Regeneradores en relaci&oacute;n con la soberan&iacute;a y el r&eacute;gimen pol&iacute;tico que favoreci&oacute; al centralismo y la figura presidencial en los marcos constitucionales de 1886</font></p> </blockquote>     <blockquote>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">&bull; Fue una conflagraci&oacute;n en la que el lenguaje de la guerra adquiri&oacute; una fuerza particular, y no es que el lenguaje haya estado al margen de los conflictos anteriores, de hecho en el trabajo<i> las palabras de la guerra</i> las autoras muestran la contundencia ling&uuml;&iacute;stica de las guerras precedentes. En esta guerra en particular, el lenguaje po&eacute;tico declin&oacute; para dar paso a uno ret&oacute;rico que intent&oacute; apropiarse de los conceptos relacionados con el derecho a la guerra, la guerra justa y el derecho de gentes como componentes centrales de las proclamas y las acciones b&eacute;licas. En efecto, las autoras muestran el debate, filos&oacute;fico en el fondo, entre los rebeldes que reclamaban su derecho a declararse en insurrecci&oacute;n como respuesta a una legislaci&oacute;n que consideraban contraria al pacto constitucional, y el de los denominados "legalistas" que defend&iacute;a la institucionalidad y negar a los insurrectos el estatuto de beligerancia y el reconocimiento de su lucha como una guerra justa y legitima, finalmente, la incorporaci&oacute;n de acciones tendientes a humanizar la guerra en consonancia con lo que se esperaba de una "naci&oacute;n cristiana y civilizada".</font></p> </blockquote>     <blockquote>    <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">&bull; Fue una guerra que en contraste con otras, defini&oacute; su causa de una manera taxativa y fue la pretensi&oacute;n del gobierno central de dominar y extender su soberan&iacute;a a las regiones, a diferencia de otras guerras que fueron construyendo <i>a posteriori</i> el <i>casus belli</i>. Por eso la fecha de declaraci&oacute;n es significativa 8 de marzo de 1860 y sus or&iacute;genes, las leyes emanadas por el gobierno central para controlar las regiones durante el a&ntilde;o de 1859.</font></p> </blockquote>     <blockquote>       <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">   &bull; Fue la primera guerra del siglo XIX que incorpor&oacute; el derecho de gentes; en ella se hicieron importantes esfuerzos por humanizar las contiendas, limitar la crueldad de las acciones b&eacute;licas, proteger a heridos y retenidos. Al mismo tiempo se elaboraba y depuraba el lenguaje y la filigrana de la paz, a trav&eacute;s de acuerdos, exponsiones, armisticios, pactos, etc., tendientes a la restauraci&oacute;n, a la memoria y el olvido como v&iacute;as para hacer posible la reconciliaci&oacute;n.</font></p> </blockquote>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="3"><b>II. El libro</b></font></p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">El libro est&aacute; divido en tres partes. La primera parte se ocupa de las aproximaciones hist&oacute;ricas en torno a la guerra por las soberan&iacute;as, haciendo un recorrido tanto por las memorias, los diarios, las proclamas de la &eacute;poca, como por los aportes de la historia patria o nacional que busc&oacute; exaltar a los h&eacute;roes de la guerra, dependiendo de las simpat&iacute;as pol&iacute;ticas de los autores. Adem&aacute;s hace una cuidadosa descripci&oacute;n de los trabajos acad&eacute;micos m&aacute;s relevantes de los &uacute;ltimos a&ntilde;os en torno al tema de las guerras civiles del siglo XIX, y de esta guerra en particular. Este ac&aacute;pite resulta especialmente importante para los historiadores por el exhaustivo trabajo de recolecci&oacute;n, clasificaci&oacute;n e interpretaci&oacute;n de fuentes, que incluso ubican, sistematizan y validan para trabajos posteriores. </font></p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">Las fuentes est&aacute;n acompa&ntilde;adas por la elaboraci&oacute;n te&oacute;rica que les da pertinencia y validez. El uso de la teor&iacute;a y la filosof&iacute;a pol&iacute;tica, de autores cl&aacute;sicos en el tema de la guerra como Cal Von Clausewitz, Michel Walzer, Norberto Bobbio, y del derecho de gentes como Andr&eacute;s Bello y Emerich Vattel confiere a las fuentes, en ocasiones proclamas, edictos, leyes, biograf&iacute;as y memorias, una hondura filos&oacute;fica raramente tratada; pues como lo evidencian las autoras, los protagonistas de las guerra estaban influenciados por las lecturas y las diversas elucidaciones que hab&iacute;an hecho de algunos cl&aacute;sicos de la &eacute;poca, en especial de Vattel, Andr&eacute;s Bello y Clausewitz. Ello enriquece nuestra visi&oacute;n del siglo XIX y en particular de esta pugna, si pensamos que no se trat&oacute; s&oacute;lo de una guerra entre caudillos y militares, sino de una en la que asuntos definitorios como el <i>ius ad bellum</i>, el <i>ius in bello </i>y el <i>casus belli </i>y en t&eacute;rminos de Miche Walzer el<i> ius post bello</i> -los lenguajes del perd&oacute;n y olvido tan necesario en la construcci&oacute;n de la naci&oacute;nestaban presentes y defin&iacute;an el accionar b&eacute;lico, las posturas pol&iacute;ticas y los alcances de la guerra misma.</font></p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">De otro lado las autoras muestran el problema de la guerra como medio, objeto y fuente del derecho a trav&eacute;s de dos lenguajes; el lenguaje de la guerra y el de la paz. En el primero se presentan tres ejes: la guerra como medio del derecho y la justificaci&oacute;n del derecho a la guerra, <i>Ius ad bellum</i>, o mejor, la discusi&oacute;n en torno a la guerra justa, el segundo; la guerra como objeto del derecho, es decir los criterios para normalizar y limitar sus alcances, <i>ius in bello</i> y, finalmente, lo que algunos contempor&aacute;neos, como el ya mencionado Michael Walzer, han denominado justicia de los procesos de restauraci&oacute;n y pacificaci&oacute;n o el <i>ius post bello</i>.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">Este aparte otorga solidez te&oacute;rica al libro y permite a las autores salirse de una descripci&oacute;n factual de los eventos b&eacute;licos, para adentrarse en terrenos anal&iacute;ticos que revelan la dimensi&oacute;n in&eacute;dita de la guerra. El uso de la teor&iacute;a sobre la guerra y la paz, confieren a los hechos el soporte necesario para hacer encadenamientos m&aacute;s en funci&oacute;n de problemas, de tendencias ideol&oacute;gicas y de posturas con respecto a la guerra y al papel de los bandos enfrentados en ella, que en funci&oacute;n de las simples temporalidades. A mi modo de ver, una de las fortalezas de este trabajo es que no se limita a la elaboraci&oacute;n cronol&oacute;gica de los hechos, sino m&aacute;s bien a una concatenaci&oacute;n te&oacute;rica de los mismos a trav&eacute;s de tres conceptos centrales el <i>Ius ad bellum</i>, el<i> ius in bello</i> y <i>ius post bello</i>, pero todos articulados por el <i>casus belli</i>, es decir por los hechos que determinaron los levantamientos. </font></p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">Por eso, en el libro no se narra la guerra a partir de hechos, fechas y datos puestos en funci&oacute;n de su secuencialidad en el tiempo, sino de acontecimientos, es decir de momentos con valor hist&oacute;ricos narrados a partir de un marco problem&aacute;tico que cohesiona lo general con lo particular y viceversa, en consecuencia, los acontecimientos aqu&iacute; procuran un marco explicativo y de soporte a la teor&iacute;a y est&aacute;n escritos en funci&oacute;n de ella, las palabras por lo tanto son esclarecedoras, muestran que es una guerra fundada m&aacute;s en el lenguaje que en la disposici&oacute;n causal de los hechos, en la escritura que da forma al pensamiento de los oponentes, encarnado en los campos de batalla, ahora, estos sin la palabras no hubiesen tenido sentido.</font></p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2"> La segunda parte del libro se dedica a los acontecimientos b&eacute;licos que se estructuran a partir de un <i>casus belli</i> contundente, las leyes de 1859, objeto de discordia entre los que alegaban el derecho a la guerra justa y los l&iacute;mites de los alcances de la guerra. En esta parte las autoras van armando la trama, ajustando m&uacute;ltiples piezas: muestran la manera en la que los distintos estados soberanos entran en la confrontaci&oacute;n, unas veces de manera airada y temeraria como es el caso de Estado Soberano del Cauca y el Estado Soberano de Santander, otras veces de manera dubitativa y temerosa como el Estado Soberano de Antioquia y otras veces en defensa del <i>statu quo</i> representado por el gobierno conservador de Mariano Ospina Rodr&iacute;guez como en el caso de Cundinamarca. </font></p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">En este cap&iacute;tulo se hace claro el nombre del libro, pues a diferencia de otras guerras civiles donde las regiones se enfrentan entre s&iacute;, y el panorama de la guerra no permite que sea definida como una, sino como m&uacute;ltiples contiendas, por ejemplo la guerra de los supremos. En este caso la guerra procede de manera contraria, es una guerra en la que todos los actores luchan por un asunto, las soberan&iacute;as, o en otras palabras intentan contener al gobierno central en su empe&ntilde;o por limitar los poderes regionales, por eso esta lucha se perfila con un punto claro de anclaje, que empieza por un levantamiento en el Cauca, liderado por un hombre poderoso y con gran incidencia entre los suyos, adem&aacute;s de ser uno de los m&aacute;s connotados terratenientes de la zona y miembro de una de las familias m&aacute;s influyentes en la pol&iacute;tica colombiana de la &eacute;poca. El general Mosquera inici&oacute; entonces una confrontaci&oacute;n que fue haci&eacute;ndose extensiva a todo el pa&iacute;s, lo cual muestran las autoras de un modo delicado y riguroso, evidenciando la complejidad de las relaciones entre las burocracias regionales y el gobierno central y haciendo evidentes las dos facetas de la guerra, de un lado el accionar b&eacute;lico que se libr&oacute; con crudeza y ferocidad y de otro lado, la din&aacute;mica diplom&aacute;tica de los diversos agentes involucrados en el conflicto, que intentaron, a trav&eacute;s de lenguaje cort&eacute;s de la diplomacia, delimitar algunos asuntos sustantivos de la guerra y definir el estatuto pol&iacute;tico de los actores, tanto para negar o reconocer la condici&oacute;n de beligerancia a los insurrectos, como para apoyar, o sugerir al gobierno central una posici&oacute;n menos intransigente ante lo hostil de la situaci&oacute;n. </font></p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">En este cap&iacute;tulo las autoras articulan los acontecimientos b&eacute;licos y revelan de qu&eacute; forma una guerra que tiene un claro origen regional va extendi&eacute;ndose como polvor&iacute;n e introduciendo en sus l&oacute;gicas a todo el pa&iacute;s. Para ello hacen la trama epis&oacute;dica de los acontecimientos en cada uno de los Estados Soberanos y la descripci&oacute;n de los sucesos significativos y de sus personajes, hasta llegar al tema de la generalizaci&oacute;n de la pugna, en la que se ve sumido el pa&iacute;s. Aqu&iacute; la narraci&oacute;n hist&oacute;rica consigue mostrarle al lector la densidad y la complejidad de las circunstancias, los actores y los aconteceres de la guerra, a la vez que va desarroll&aacute;ndose la trama manteniendo unidas tres tesis. La primera muestra que las burocracias regionales ven en la guerra un medio de expresi&oacute;n de su poder y una forma de posicionarse con respecto al resto, es decir, la guerra les otorga reconocimiento y visibilidad en el &aacute;mbito nacional, a la vez que apunta a redefinir el esquema de la soberan&iacute;a y a evitar la intromisi&oacute;n de burocracias ajenas, dentro de las fronteras de sus respectivos territorios, podemos afirmar, sin temor a equivocarnos, que esta es la &uacute;ltima guerra del siglo XIX en la que tantos personajes significativos participaron y que tantos pr&oacute;ceres dieron a las regiones. </font></p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">La segunda tesis tiene que ver con la intercalaci&oacute;n entre la guerra y la diplomacia, en varios &aacute;mbitos: la pretensi&oacute;n de reconocimiento de beligerancia a los insurrectos, el lenguaje criminalizador esgrimido por el gobierno central que los define como bandas de facinerosos, negros, bandidos y peligrosos, lenguaje que de manera perentoria, define estereotipos en torno a los insurrectos que, de un lado, justifican el papel de los ej&eacute;rcitos del Estado central y la legalidad de la guerra misma como medio para preservar la institucionalidad y defender al pa&iacute;s de los embates de los bandoleros, adem&aacute;s de justificar las t&aacute;cticas militares empleadas para combatir a los insurrectos, enemigos de la ciudadan&iacute;a, la democracia y el estado. En este sentido, la guerra se entreteje con los discursos de la legalidad y la legitimidad que pretenden sustentar y aducir los bandos enfrentados y de esta manera justificar su accionar y su derecho a la insurrecci&oacute;n, a declarar la guerra, a hacer la guerra y a combatir en ella. </font></p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">La tercera tesis tiene que ver con el escalonamiento de la guerra y la casi imposibilidad de escapar de ella. La guerra es como una especie de destino que algunos intentan conjurar haciendo llamados al orden y la paz, hablando de su inutilidad y de aquella como el peor de los males. Estos discursos estructuran el lenguaje definitivo del ius post bello, es decir, de la paz, la reconciliaci&oacute;n y el olvido. Cabe destacar el papel desempe&ntilde;ado por personajes como Rafael N&uacute;&ntilde;ez y Pedro Alc&aacute;ntara Herr&aacute;n, reacios a la guerra, que adujeron constantemente la impertinencia de la guerra, se&ntilde;al&aacute;ndola como el peor de los males.</font></p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">La tercera tesis es el puente argumentativo que da paso a la tercera parte del libro, que las escritoras han denominado Los Textos, que se ocupa de los lenguajes pol&iacute;ticos de la confrontaci&oacute;n en dos partes: la primera examina los textos producidos en el marco de la guerra, tanto los escritos para justificar, describir, calificar o legislar la guerra, como los que empiezan a aparecer con especial fuerza en este periodo y que se dedican a cuestiones como la justicia retributiva, el perd&oacute;n, la memoria y el olvido. Estos lenguajes se ven materializados en las amnist&iacute;as, los indultos y el derecho a la retaliaci&oacute;n que esgrimieron los ganadores de la contienda. El estudio de estos lenguajes confieren al trabajo una riqueza particular por cuanto introducen el tema del derecho de gentes, de manera sistem&aacute;tica y anudada por nociones como la memoria y el olvido, tan importantes en los procesos de negociaci&oacute;n de la paz y en la definici&oacute;n de aquello que una naci&oacute;n para constituirse en tal, tiene que recordar, pero sobre todo, y en t&eacute;rminos de Ernest Ren&aacute;n, aquello que la naci&oacute;n tiene que olvidar.</font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="3"><b>III. Trama y narraci&oacute;n</b></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2"><i>La guerra por las soberan&iacute;as</i>, es un texto que hace, desde el punto de vista historiogr&aacute;fico un ejercicio interesante, y es que sin abandonar la historia problema, la historia que se trama y se constituye a partir de una cuidadosa y sistem&aacute;tica construcci&oacute;n conceptual, logra dar a los acontecimientos una presencia contundente en la estructura del libro. Entonces se combina con gran acierto, la historia problem&aacute;tica con la historia acontecimental, para ello, las autoras se valen no s&oacute;lo de la estructura te&oacute;rica y de la presencia permanente de los conceptos en cada uno de los cap&iacute;tulos abordados, sino que logran una cuidadosa selecci&oacute;n de los eventos m&aacute;s destacados en funci&oacute;n de la significaci&oacute;n de estos en los sucesos de la guerra. Los acontecimientos repiten la estructura tem&aacute;tica del libro, que a manera de fractal, dibuja la trama de la guerra manteniendo el hilo conductor tanto en el orden macro del texto, como en el micro, es decir, en cada uno de los cap&iacute;tulos y subcap&iacute;tulos que lo componen. As&iacute; los acontecimientos son presentados como en una forma de construir narrativamente la trama, y como momentos excepcionales donde se ponen en juego el <i>Ius in bello,</i> el <i>ius ad bellum</i>, el <i>ius post bello</i> y el <i>casus bello</i>. Por eso, la selecci&oacute;n de los acontecimientos no es fortuita, sino que sintetizan en su esencia, los elementos centrales de la contienda, veamos.</font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="3"><b>IV.La legislaci&oacute;n de 1859</b></font></p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">Puede ser vista como un gran acontecimiento, su importancia radica en que se constituye en el <i>casus belli</i> de orden nacional que agencia la insurrecci&oacute;n y lanza a las tropas mosqueristas a levantarse en contra del gobierno central. La legislaci&oacute;n de 1859 fue el punto de partida de la generalizaci&oacute;n de la guerra, el detonante que concit&oacute; los &aacute;nimos de todos los estados que entraron en la disputa, a partir de entonces los levantamientos tuvieron un punto de encuentro, un motor com&uacute;n de movilizaci&oacute;n y lucha, la disputa por evitar la intervenci&oacute;n del gobierno central en los estados "soberanos", en palabras de las autoras "las guerras regionales apuntaron a la definici&oacute;n de intermediarios y al establecimiento de controles partidistas en los Estados federales, mientras en el paralelo se fue configurando un <i>casus belli</i> de orden nacional, en torno al cual se articularon las disputas regionales, se conformaron, no sin tensiones, los dos grandes polos de la confrontaci&oacute;n: el de quienes defend&iacute;an la legitimidad del gobierno de Ospina y la legalidad adoptada por el congreso de 1859, y el de sus contradictores que ve&iacute;an en esta legislaci&oacute;n un ataque directo a la soberan&iacute;a de los estados (&hellip;). </font></p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">Las leyes de 1859 fueron las siguientes:</font></p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">La ley del 8 de abril de 1859 que limitaba la maniobra pol&iacute;tica de los caudillos y jefes regionales en el tema electoral. Esta ley cre&oacute; distritos electorales con criterios partidistas, para limitar el poder de los grandes intermediarios o l&iacute;deres regionales, entre ellos; Mosquera. Con esta ley el Estado central reclamaba su derecho a intervenir directamente todo el territorio nacional, adem&aacute;s de hacer depender el poder de los grandes caudillos del fuero del gobierno central. </font></p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">La ley org&aacute;nica de Hacienda (10 de mayo de 1859) que intentaba dar organicidad a la administraci&oacute;n p&uacute;blica, con funcionarios, representantes del gobierno central a trav&eacute;s de los cuales se ejerc&iacute;a el dominio sobre el gasto y los recursos de los Estados Soberanos. </font></p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">La ley org&aacute;nica de la fuerza p&uacute;blica (Ley del 14 de mayo de 1859) pretend&iacute;a cohesionar las fuerzas militares radicadas en cada estado y ponerlas bajo el control de gobierno central, con el &aacute;nimo de desmantelar el gran poder de los caudillos regionales que movilizaban sus propias tropas, adem&aacute;s de conferir organicidad y un mando centralizado a las fuerzas militares de todo el pa&iacute;s.</font></p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">Estas tres leyes fueron vistas por los Estados Soberanos como una pretensi&oacute;n de dominio directo mediante el control de tres ejes fundamentales: elecciones, hacienda y territorio, mientras que los l&iacute;deres regionales en la oposici&oacute;n buscaban la manera de mantener formas de dominio que les permitiese capacidad de maniobra pol&iacute;tica y la intermediaci&oacute;n que facilitase la negociaci&oacute;n con el gobierno central. </font></p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">Creo que es necesario recalcar que pese a la importancia del tema de las soberan&iacute;as, tambi&eacute;n debe enfatizarse en el tema del r&eacute;gimen pol&iacute;tico, el bando ganador de la guerra, el de los federalistas, en su mayor&iacute;a liberales radicales, promov&iacute;an el tema del federalismo que permitiera a los estados soberanos concentrar el poder dentro de sus l&iacute;mites regionales. La instauraci&oacute;n de un nuevo orden pol&iacute;tico, con La constituci&oacute;n de 1863 como directriz, mantuvo y defendi&oacute; los fueros regionales y delimit&oacute; el poder del gobierno central, lo que se materializ&oacute; en per&iacute;odos presidenciales de dos a&ntilde;os y en la pr&aacute;ctica incapacidad del gobierno central de intervenir en los estados soberanos, que redactaron sus c&oacute;digos de polic&iacute;a, de comercio y civil y que decidieron, en temas &aacute;lgidos como la reforma educativa (que laicizaba la educaci&oacute;n y pretend&iacute;a definir de manera clara la relaci&oacute;n entre iglesia y estado a trav&eacute;s de la subordinaci&oacute;n de la primera al segundo), aceptar o no la propuesta del gobierno central. Empero, historiadores como Fern&aacute;n Gonz&aacute;lez han defendido la tesis de que la constituci&oacute;n y el r&eacute;gimen pol&iacute;tico federal, con su casi total desmantelamiento del gobierno central, fue producto del temor que produc&iacute;a en los liberales un personaje como Mosquera; una vez este desapareci&oacute; del escenario pol&iacute;tico nacional en 1867, la tendencia de los radicales, entonces en el poder, fue la de iniciar un lento pero seguro proceso de fortalecimiento del gobierno central a partir de medidas como la reforma educativa iniciada hacia 1868, la creaci&oacute;n de la universidad nacional, y en general el control del sistema educativo y la tuici&oacute;n a la iglesia cat&oacute;lica para tratar de minimizar su soberan&iacute;a y supeditarla completamente al control del Estado Central.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="3"><b>V. Los eventos b&eacute;licos</b></font></p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">Elaborada por las autoras a partir de los lenguajes y los acontecimientos b&eacute;licos, se caracteriza por la descripci&oacute;n densa de los hechos, los ej&eacute;rcitos, y los protagonistas de la pugna. En ella se va haciendo evidente la manera en la que los relatos, los decretos y las mismas acciones van creando una geograf&iacute;a nacional que pone en contacto a diversas regiones y que va integrando el territorio mediante la diplomacia, las ofensivas y los enfrentamientos. </font></p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">En esta parte desfilan los ej&eacute;rcitos de los confederados y los ej&eacute;rcitos de los Estados por distintos puntos del territorio, alternan los acontecimientos en zonas tan distantes como Santa Marta y Popay&aacute;n, el ascenso de los ej&eacute;rcito por la cordillera central hacia Bogot&aacute;, las tensiones en Santander, los enfrentamientos entre el Estado Soberano de Antioquia y el Estado Soberano del Cauca, entre otros, los nombres y los lugares dan la certeza de la magnitud de la guerra y de su complejidad interna, haciendo hincapi&eacute; en el juego de estrategias b&eacute;licas y diplom&aacute;ticas de los ej&eacute;rcitos. Sin embargo, la nominaci&oacute;n topogr&aacute;fica no resulta innecesaria, pues pone al lector ante el mapa de la guerra generalizada, lo que habr&iacute;a sido mucho m&aacute;s enriquecedor si el lector contara con algunos mapas que facilitaran al lector la ubicaci&oacute;n de los ej&eacute;rcitos y los movimientos de estos en el territorio. </font></p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">La densidad tem&aacute;tica de este ac&aacute;pite responde a la complejidad misma de la guerra y a la presentaci&oacute;n te&oacute;rica de los acontecimientos, que revela la similar posici&oacute;n de los bandos enfrentados con respecto a la guerra, como un mal necesario y el &uacute;nico medio de defender la institucionalidad. Para Mosquera el asunto radicaba en defender el pacto federal, la soberan&iacute;a de los estados y el derecho a la guerra (<i>iustis hostis</i>); para Ospina defender la capacidad de intervenci&oacute;n del gobierno central, el orden pol&iacute;tico vigente, la ley y la constituci&oacute;n y garantizar el derecho del estado central para declarar la guerra y mantener la paz.</font></p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">Los movimientos de la tropas se dieron de acuerdo con estos principios y la guerra generalizada tuvo tres grandes focos de operaciones Santander, Cauca y Antioquia que m&aacute;s o menos respond&iacute;an a las diversas facetas del conflicto, en Santander sali&oacute; triunfante el gobierno central, en el segundo triunfaron los ej&eacute;rcitos rebeldes y en el tercero no hubo ganador claro, lo cual permiti&oacute; la exponsi&oacute;n de Manizales, que aunque no fue aceptada por el gobierno central, fue un acontecimiento definitivo en el devenir de la guerra.</font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="3"><b>VI. La exponsi&oacute;n de Manizales</b></font></p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">Este acontecimiento articula la tercera parte del libro y hace una especie de tr&aacute;nsito entre los eventos b&eacute;licos, el <i>ius in bello</i> y <i>ius ad bellum </i>con la tercera parte del libro, aquella que se ocupa del <i>ius post bello</i>, o de los lenguajes de la paz, la restauraci&oacute;n, la justicia y la memoria y el olvido. </font></p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">La exponsi&oacute;n de Manizales (27 de agosto de 1860) es un hecho sustancial, en &eacute;l se ponen en el escenario los lenguajes de la guerra y de la paz de los bandos enfrentados. Despu&eacute;s de una sangrienta batalla, con bandera blanca izada un oficial enviado por Mosquera, hizo manifiesta al disposici&oacute;n de cesar hostilidades, mientras se redactaba un documento con proposiciones de paz, la iniciativa se adhiri&oacute; a las formalidades de negociaci&oacute;n de la guerras internacionales, incluyendo marcos jur&iacute;dicos y reuni&oacute;n de comisionados oficiales que defin&iacute;an los t&eacute;rminos en los cuales deb&iacute;an redactarse los acuerdos. Lo interesante de esta exponsi&oacute;n, m&aacute;s all&aacute; del acontecimiento, es que se hacen evidentes las tensiones entre la guerra justa y la legalidad de la guerra, lo que est&aacute; en juego entonces es el reconocimiento de beligerancia de los insurrectos y su capacidad para entrar a negociar como parte pol&iacute;tica. En efecto, la exponsi&oacute;n dio a Mosquera y a las tropas federalistas la legitimidad y la legalidad suficientes para proponer el cese de hostilidades y para acogerse a los dict&aacute;menes negociados por las partes, aunque Ospina y los legalistas no los aceptaron, su redacci&oacute;n fue un importante punto de partida para la definici&oacute;n de la guerra y para la concreci&oacute;n de un lenguaje post b&eacute;lico que desde entonces se emple&oacute;, m&aacute;s ret&oacute;ricamente que en la pr&aacute;ctica, en las guerras civiles. </font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">En s&iacute;ntesis, la guerra por las soberan&iacute;as es un libro que muestra tres aspectos centrales de una guerra in&eacute;dita en la Colombia del siglo XIX. Es una guerra que supone la elaboraci&oacute;n de un lenguaje te&oacute;rico en torno a la guerra, su justificaci&oacute;n y las normas para limitar sus alcances, es una guerra en la que se esboza el lenguaje de la paz y se sistematiza por primera vez en la historia de Colombia, es la primera guerra con un <i>casus belli</i> definido que concita los &aacute;nimos de los estados soberanos a luchar contra las tendencias supeditadoras del estado central, finalmente, es una guerra en la que las burocracias regionales y nacionales se convierten en protagonistas en funci&oacute;n de la definici&oacute;n de una nueva cartograf&iacute;a del poder de acuerdo con las tendencias centralistas y federalistas en pugna. </font></p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">Finalmente, quiero invitarlos a leerlo, este libro supone retos te&oacute;ricos para fil&oacute;sofos e historiadores. Para los primeros porque supone la obligaci&oacute;n de construir conceptos y hacer una interpretaci&oacute;n dentro de marcos te&oacute;ricos que trascienden los hechos y los convierten en acontecimientos con relevancia y significaci&oacute;n en la larga duraci&oacute;n, por lo tanto la trascendencia de la guerra no se reduce a los eventos, sino a lo que signific&oacute; en t&eacute;rminos jur&iacute;dicos, de reacomodamiento de fuerzas y en la imposici&oacute;n del lenguaje de la paz. Para los fil&oacute;sofos implica la obligaci&oacute;n de poner la teor&iacute;a dentro de marcos acontecimentales que muestran su l&oacute;gica y su pertinencia y que pongan los conceptos al servicio de la interpretaci&oacute;n y el an&aacute;lisis factual. Ojal&aacute; lo disfruten tanto como yo lo hice</font>.</p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">&nbsp;</font></p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">&nbsp;</font></p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">&nbsp;</font></p>      ]]></body>
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