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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"size="2">     <p align="center"><font size="4"><b>Casi una premisa<sup><a href="#0">*</a></sup><a name="b0"></a></b></font></p>     <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="center">&nbsp;</p>     <p><b>Norberto Bobbio</b></p>     <p>&nbsp;</p> </font>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"size="2">Recibido: abril 12 de 2012.  Aprobado: mayo 30 de 2012</font></p>     <p>&nbsp;</p> <hr />     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"size="2"></font></p> <font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"size="2">     <p>&nbsp;</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Aunque la tradici&oacute;n de los estudios de la pol&iacute;tica   cuenta en Italia con una obra muy conocida,   no solo en nuestro pa&iacute;s, tal como los <i>Elementi   di scienza pol&iacute;tica</i> de Gaetano Mosca, cuya   primera edici&oacute;n aparece en 1896, la ciencia pol&iacute;tica<sup><a href="#1">1</a></sup><a name="b1"></a>  fue la &uacute;ltima entre las ciencias sociales en   renacer en estos &uacute;ltimos a&ntilde;os del abandono al   que hab&iacute;a sido relegada<sup><a href="#2">2</a></sup><a name="b2"></a>. Las razones culturales   de ese extra&ntilde;o acontecimiento deben ubicarse   en el hecho de que su avance fue impedido por   dos grupos poderosos que atacaron desde dos   frentes opuestos: hablo del grupo de los juristas   y el de los historiadores. El problema actual de   la ciencia pol&iacute;tica en Italia es justamente abrir   un pasaje entre la historiograf&iacute;a y las disciplinas   jur&iacute;dicas; su &aacute;rea propia de investigaci&oacute;n coincide,   de hecho, en buena parte, con las de la historia   pol&iacute;tica y las disciplinas jur&iacute;dicas p&uacute;blicas.   Lo que la distingue es su diferente perspectiva,   para la que se sirve de una metodolog&iacute;a distinta y debe emplear t&eacute;cnicas de investigaci&oacute;n diferentes.</p>     <p>A fines de 1962 se realiz&oacute; en Tur&iacute;n un congreso entre juristas y   soci&oacute;logos<sup><a href="#3">3</a></sup><a name="#b3"></a> que en mente de los promotores deb&iacute;a tener como principal   objetivo suscitar propuestas e indicaciones para el desarrollo   de la ciencia pol&iacute;tica en Italia. Los pocos estudiosos de la ciencia   pol&iacute;tica presentes ten&iacute;an la ilusi&oacute;n de encontrar en los juristas sus   aliados y colaboradores, cuando en verdad se encontraban delante,   salvo algunas excepciones, o de una ben&eacute;vola indiferencia o de una   tentativa de sometimiento, que se revel&oacute; en las declaraciones abiertas   e insidiosas de que la ciencia pol&iacute;tica siempre hab&iacute;a sido, y deb&iacute;a   continuar siendo, un ap&eacute;ndice del derecho p&uacute;blico. En cuanto a los   historiadores, a quienes tengo el m&aacute;ximo respeto, fue para m&iacute; raz&oacute;n   de gran satisfacci&oacute;n leer en la ponencia de Spini-Gambi, presentada   en el congreso sobre la reforma de los estudios hist&oacute;ricos, realizado   en Mil&aacute;n el 22 y 23 de septiembre de 1962, la afirmaci&oacute;n de que   ''los vecinos naturales de los historiadores no son los fil&oacute;logos rom&aacute;nticos   o los fil&oacute;logos te&oacute;ricos, sino quienes estudian igualmente   el hombre y sus formas de vida asociativa, o sea, quienes estudian la geograf&iacute;a humana y la sociolog&iacute;a''<sup><a href="#4">4</a></sup><a name="b4"></a>.</p>     <p>Pero, para ser sincero, en frecuentes coloquios, frente a frente   con los historiadores, sent&iacute; que se hac&iacute;an juicios nada ben&eacute;volos   sobre las ciencias sociales y sus cultores, adem&aacute;s se mostraba una   indiferencia instintiva por los tipos de problemas estudiados, asociada   con una incredulidad desconfiada en los resultados. Cuando   present&eacute; a Gaetano Mosca &#8211;estando en un homenaje en la academia   nacional de los Lincei, en ocasi&oacute;n del centenario de su nacimiento&#8211;   como el defensor y creador de la ciencia pol&iacute;tica en Italia,   algunos amigos historiadores comentaron que yo le hab&iacute;a ofrecido   un p&eacute;simo servicio a la memoria del homenajeado. Si alg&uacute;n d&iacute;a alcanz&aacute;ramos   una alianza entre la historiograf&iacute;a y la ciencia social,   hoy apenas estamos, con dificultad, entrando en la fase de los preparativos   diplom&aacute;ticos. Imagino que eso no va a ser f&aacute;cil si todos los embajadores fueran como Nicola Matteucci &#8211;fomentador como muchos otros del desarrollo de las ciencias pol&iacute;ticas o sociales y &eacute;l tambi&eacute;n historiador y estudioso de los problemas hist&oacute;ricos&#8211; quien, comentando la propuesta de Espin&eacute; para una aproximaci&oacute;n entre las ciencias hist&oacute;ricas y las ciencias sociales, afirm&oacute;, de manera un poco dr&aacute;stica, que las ciencias sociales ''no tienen ninguna relaci&oacute;n con la historiograf&iacute;a'' (Matteucci, 1962: 1073).</p>     <p>Se repite frecuentemente que la ciencia pol&iacute;tica (as&iacute; como la   sociolog&iacute;a, la antropolog&iacute;a cultural y no s&eacute; cuantas otras disciplinas   que se empezaron a destacar en los &uacute;ltimos a&ntilde;os) fue asesinada por   el fascismo. La verdad es que, al momento del advenimiento del fascismo,   aquel poco de ciencia pol&iacute;tica que hab&iacute;a nacido en Italia, se   encontraba en estado de extremo abandono: por lo tanto el fascismo   habr&iacute;a asesinado a un hombre muerto. Es necesario reconocer de   manera sincera que la aversi&oacute;n de los juristas hacia la ciencia pol&iacute;tica   ten&iacute;a ra&iacute;ces mucho m&aacute;s antiguas; la de los historiadores mucho   m&aacute;s profundas. La primera era producto del formalismo dominante,   hac&iacute;a algunos decenios, en la escuela m&aacute;s aguerrida (tambi&eacute;n m&aacute;s   avanzada t&eacute;cnicamente) del derecho p&uacute;blico y de su prejuiciada antisociolog&iacute;a;   la otra era la consecuencia inmediata del historicismo ya dominante y de su pol&eacute;mica contra el cientificismo.</p>     <p>El estudio emp&iacute;rico y generalizador de los fen&oacute;menos pol&iacute;ticos   era combatido, en ambos casos, en nombre de un ideal m&aacute;s alto y   m&aacute;s puro de ciencia: recordemos, de un lado, la <i>pureza</i> exaltada y   poco a poco conquistada por los juristas, comenzando por Laband o,   mejor, por Gerber, incluso por Kelsen; y, de otro lado, los conceptos   <i>puros</i> que Croce contrapon&iacute;a a los pseudoconceptos, propios de las   ciencias matem&aacute;ticas y emp&iacute;ricas, y a los que atribu&iacute;a exclusivamente   el poder de producir nuevos acontecimientos. Para los juristas   formalistas el punto cr&iacute;tico de la as&iacute; llamada ciencia pol&iacute;tica era   la fluidez y provisionalidad (alguien tambi&eacute;n dir&iacute;a, reavivando la   vieja pol&eacute;mica cartesiana contra la historia, la contingencia) de sus   contenidos, su incurable y constitutivo empirismo; para los historiadores   de tendencia historicista, el punto cr&iacute;tico era, al contrario,   el procedimiento met&oacute;dico de generalizaci&oacute;n, que por recoger las   c&aacute;scaras vac&iacute;as de los pseudoconceptos pierde la pulpa de los hechos individuales, lo que hac&iacute;a definitiva su inevitable abstracci&oacute;n. Los centinelas que imped&iacute;an el acceso de los estudios emp&iacute;ricos de   la pol&iacute;tica al noble castillo de las ciencias fueron, de un lado, el   <i>m&eacute;todo jur&iacute;dico</i>, con el cual se ven&iacute;a intentando cada vez m&aacute;s una   construcci&oacute;n de formas estables y con el cual podr&iacute;a cerrarse cualquier   contenido, y, del otro, el <i>m&eacute;todo hist&oacute;rico</i>, que, volcado hacia   la investigaci&oacute;n de lo individual, se esforzaba por mantener lejos las   falsas y muchas veces exc&eacute;ntricas generalizaciones de los positivistas del siglo XVIII.</p>     <p>Hoy sabemos que el noble castillo de las ciencias puras estaba   lleno de impureza ideol&oacute;gica. Detr&aacute;s del formalismo jur&iacute;dico exist&iacute;a   el ideal del derecho como orden, el ordenamiento jur&iacute;dico como   promotor y fiador de la paz social, el estado de derecho entendido   kantianamente como estado que no tiene otro objetivo distinto al   del derecho (y no al bienestar, la justicia, la felicidad de los s&uacute;bditos),   un ideal esencialmente conservador de aceptaci&oacute;n del <i>status   quo</i>, adaptado a los tiempos de la estabilidad pol&iacute;tica ya alcanzada,   y a un orden de estabilidad pol&iacute;tica y social mantenido o deseado   como inmutable. Walter Wilhelm, al concluir su estudio sobre la   historia de la sociolog&iacute;a jur&iacute;dica en la Alemania del siglo pasado,   escribi&oacute; respecto de Laband: ''la funci&oacute;n pol&iacute;tica del m&eacute;todo jur&iacute;dico   despu&eacute;s de 1870 consiste esencialmente en legitimar las nuevas   relaciones del derecho p&uacute;blico del imperio y en garantizar su estabilidad,   excluyendo cualquier cr&iacute;tica de naturaleza pol&iacute;tica. La premisa   pol&iacute;tica de la teor&iacute;a jur&iacute;dica del derecho p&uacute;blico de Laband era   la afirmaci&oacute;n del principio mon&aacute;rquico conservador y de la pol&iacute;tica antiliberal de Bismarck''<sup><a href="#5">5</a></sup><a name="b5"></a>.</p>     <p>En Italia el nacimiento de la escuela del derecho p&uacute;blico &#8211;hija   de la escuela alemana&#8211; coincide, a comienzos de siglo, con la estabilidad   constitucional que caracteriz&oacute; al periodo giolittiano. No   quiero decir con eso que la ciencia jur&iacute;dica no haya contribuido al   severo tecnicismo introducido por los juristas puros. Nada me parece   m&aacute;s detestable que la cacer&iacute;a de las brujas ideol&oacute;gicas que impide   al investigador dar un paso sin ser acusado de quinta columna de   una u otra facci&oacute;n. Pero es innegable que el ejercicio formal de los puristas del derecho supone un cuerpo de normas que se presume estable (el mayor impulso del formalismo jur&iacute;dico se dio, en el siglo pasado, por las grandes codificaciones), al menos porque un cambio imprevisto transformar&iacute;a muchas doctas elucubraciones &#8211;como dice Kirchmann golpeando la misma tecla&#8211; en letra muerta. Si uno de los argumentos m&aacute;s comunes para repudiar a la ciencia pol&iacute;tica y separarla definitivamente del derecho constitucional era que las formas son estables y los contenidos son mutables, ese argumento era v&aacute;lido solamente para los que cre&iacute;an en la estabilidad de aquellas formas y, como las construcciones jur&iacute;dico-formales no ten&iacute;an en cuenta deliberadamente la continua capacidad de creaci&oacute;n de la sociedad civil, tend&iacute;an a suponerlas eternas<sup><a href="#6">6</a></sup><a name="b6"></a>.</p>     <p>Tras el historicismo de Croce, que se presentaba como una pura   y simple metodolog&iacute;a de la historia, hab&iacute;a tambi&eacute;n, como se repiti&oacute;   varias veces, una ideolog&iacute;a, y era una ideolog&iacute;a de la &eacute;poca de la   Restauraci&oacute;n. En cuanto el reformador tiende a considerar el pasado   como el dominio de las pasiones, de lo irracional, y formula proyectos   de racionalizaci&oacute;n de la historia futura, el conservador tiende a   justificar racionalmente el pasado y mira el futuro con inquietud,   con la postura de quien teme que la edad de la raz&oacute;n haya terminado   para siempre y el futuro reserve solamente nuevas pasiones   y nuevas ruinas. Croce ten&iacute;a los ojos vueltos m&aacute;s hacia el pasado   que hacia el futuro: no cre&iacute;a en la racionalidad y por tanto en la   previsibilidad de la historia futura<sup><a href="#7">7</a></sup><a name="b7"></a>. Estaba en constante pol&eacute;mica   con el Iluminismo y esa pol&eacute;mica conten&iacute;a una refutaci&oacute;n impl&iacute;cita   de la mentalidad reformadora, de la mentalidad de quien cree poder   modificar el presente y preparar el futuro partiendo de la compresi&oacute;n   del pasado. Su lema era: la historiograf&iacute;a para la teor&iacute;a, esto es, para   los historiadores, los eruditos; la pol&iacute;tica para los pol&iacute;ticos, esto es   para los pr&aacute;cticos. Entre la historiograf&iacute;a y la pr&aacute;ctica pol&iacute;tica no   hab&iacute;a espacio para las ciencias sociales, esto es, para aquellas ciencias   que se sirven de la historia y, por tanto, tambi&eacute;n, de la ayuda de los historiadores, pero que tienden a recoger en los hechos l&iacute;neas tendenciales de desarrollo de las cuales los pol&iacute;ticos se puedan servir. El desarrollo de las ciencias sociales, se debe, en general, a la maduraci&oacute;n de la convicci&oacute;n de que el futuro est&aacute; mucho menos en las manos de Dios que en las manos de los propagandistas de las ideolog&iacute;as de la Restauraci&oacute;n, o de los vendedores de ilusiones o de los reformadores desilusionados, y que la acci&oacute;n pol&iacute;tica puede sacar alguna utilidad de un mejor conocimiento de los hechos pasados y convertirse en una actividad como aquella del arquitecto o del economista, racional o, sin muchas ilusiones, m&aacute;s racional de lo que hab&iacute;a sido hasta entonces. En otras palabras, el desarrollo de las ciencias sociales siempre estuvo <i>pari passu</i> con el desarrollo de la tendencia de reconocer ''el lugar de la raz&oacute;n'' en la historia. La exaltaci&oacute;n de la historiograf&iacute;a como el conocimiento de lo individual, exaltaci&oacute;n que fue propia en la Italia de Croce y del croceanismo, y que es en general aceptada por los historiadores de profesi&oacute;n, abre el camino a una concepci&oacute;n irracionalista de la historia o bien a su opuesto, esto es, a una concepci&oacute;n providencialista; las dos concepciones de las cuales la primera torna <i>imposible</i> el desarrollo de las ciencias sociales y la segunda lo vuelve <i>superfluo</i>.</p>     <p>No quiero atribuir a estas observaciones sobre el aspecto ideol&oacute;gico,   sea del formalismo jur&iacute;dico, sea del historicismo idealista,   una importancia excesiva en el esclarecimiento del problema que   nos ata&ntilde;e. Estas observaciones son apenas una invitaci&oacute;n dirigida a   aquellos que por prejuicio de formaci&oacute;n dudan de la ciencia pol&iacute;tica   para que hagan un examen de conciencia y comiencen a dudar   tambi&eacute;n de sus propias tesis. El argumento m&aacute;s fuerte que se puede   adoptar en favor de la ciencia pol&iacute;tica es, en mi opini&oacute;n, otro: consiste   en mostrar que el estudio jur&iacute;dico normativo y aquel hist&oacute;rico   individualista del fen&oacute;meno pol&iacute;tico &#8211;ambos todav&iacute;a preponderantes   en nuestra ense&ntilde;anza universitaria, no solo en las facultades de   derecho y de letras sino tambi&eacute;n en las de ciencias pol&iacute;ticas&#8211; no agotan   todas las posibles maneras de estudiar el fen&oacute;meno pol&iacute;tico, y en   el medio est&aacute; aquella tierra de nadie que fue ocupada otrora ya con   estabilidad por las ciencias sociales, de las cuales la ciencia pol&iacute;tica   es una provincia; y que, a pesar de las pretensiones expansionistas   de los juristas y de los historiadores, existen campos de investigaci&oacute;n diferentes de las disciplinas hist&oacute;ricas o jur&iacute;dicas, cuyo desarrollo se encamina, entre otros, a favorecer la modernizaci&oacute;n de la una y de la otra.</p>     <p>Lo que importa saber es en qu&eacute; consiste la <i>diferencia</i> de la ciencia   pol&iacute;tica en relaci&oacute;n con las ciencias jur&iacute;dicas y la historiograf&iacute;a. Para   comenzar creo que la distinci&oacute;n entre ciencia pol&iacute;tica y ciencias   jur&iacute;dicas est&aacute; en la cuesti&oacute;n, sobre todo, de la diversidad del <i>punto de   vista</i>, mientras que la distinci&oacute;n entre ciencia pol&iacute;tica e historia est&aacute;   en la cuesti&oacute;n, principalmente, de la diversidad del <i>m&eacute;todo</i>. Examino estas dos cuestiones separadamente.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Tanto el jurista como el cient&iacute;fico pol&iacute;tico se interesan en los   comportamientos t&iacute;picos o abstractos y no en los comportamientos   concretos de esta o de aquella persona, indicada con un nombre   propio: en ese punto difieren de la historia, pero el jurista tiene   como objeto de sus propias investigaciones los comportamientos en   cuanto regulados por las normas de un determinado ordenamiento   jur&iacute;dico y los estudia para conocer cu&aacute;les son las llamadas consecuencias   jur&iacute;dicas (y, por tanto, en t&eacute;rminos de deber, poder, capacidad,   etc.) que derivan de aquella determinada calificaci&oacute;n normativa.   Un comportamiento no regulado no entra en el horizonte de   investigaci&oacute;n del jurista. El cient&iacute;fico pol&iacute;tico, al contrario, estudia   de un comportamiento, sobre todo las motivaciones y las consecuencias   en relaci&oacute;n con los objetivos propuestos. El mismo comportamiento,   por ejemplo, inscribirse en un partido, estimular&aacute; al   jurista a buscar el estatuto del partido para estudiar con base en las   normas estatutarias (y en la aplicaci&oacute;n, que puede ser diferente de   las reglas estatutarias) cu&aacute;les son los presupuestos y las condiciones   de inscripci&oacute;n, los derechos y sus poderes que derivan de ese acto, en   otras palabras, la naturaleza de las diversas relaciones jur&iacute;dicas que   se instauran entre inscritos y asociaciones, entre un inscrito y otros   inscritos, hechos constitutivos, modificativos y extinguidos de esas   relaciones. Para un jurista, los inscritos en un partido son, como tales,   esto es, como se&ntilde;alados por un marco normativo, todos iguales.   Al cient&iacute;fico pol&iacute;tico, por el contrario, le interesa saber, antes que   nada, las razones por las cuales una persona decide inscribirse en un   partido y de qu&eacute; manera despu&eacute;s, una vez inscrita, se comporta de   hecho: si frecuenta reuniones, si participa de las elecciones y cu&aacute;les prefiere, se sigue una l&iacute;nea del partido o si no se interesa, o incluso si se rebela contra ella. Enti&eacute;ndase que desde este punto de vista los inscritos no son todos iguales, y su clasificaci&oacute;n dar&aacute; lugar a una tipolog&iacute;a diversa a aquella del jurista. Adem&aacute;s de esto, existen puntos de relaciones entre ciudadanos y partidos, como aquellos que dan lugar a la figura del simpatizante (algo menos que el inscrito) o del militante o activista (algo m&aacute;s que el inscrito), que escapan a cualquier clasificaci&oacute;n normativa y ante las cuales el bot&iacute;n del jurista que va a la caza de los debidos comportamientos l&iacute;citos o il&iacute;citos es bien peque&ntilde;o, sino inexistente.</p>     <p>La estructura normativa de una sociedad es una red con mallas   m&aacute;s o menos largas, que atrapa a los peces que puede; pero, para el   soci&oacute;logo, son peces tambi&eacute;n aquellos que est&aacute;n fuera de la red, as&iacute;   sea m&aacute;s dif&iacute;cil observarlos, y frecuentemente el &uacute;nico modo de observarlos   es pesc&aacute;ndolos (y en esta operaci&oacute;n el jurista y el soci&oacute;logo se pueden ayudar mutuamente).</p>     <p>En cuanto los juristas dan muestras de no percibir que existe   la ciencia pol&iacute;tica, los historiadores saben que ella existe pero no   le dan mucha importancia: toda vez que los hechos hist&oacute;ricos &#8211;dicen   ellos&#8211; son diversos unos de otros, para conocerlos es necesario   estudiarlos en su individualidad. Para ellos toda generalizaci&oacute;n es   peligrosa, tendenciosa, falsificadora; es una manera de reducir la   historia, la naturaleza, de matar aquello que es viviente, de cristalizar   aquello que est&aacute; en continuo movimiento, de imponer esquemas   abstractos a los hechos concretos. La acusaci&oacute;n m&aacute;s frecuente   que el historiador hace a los cultivadores de las ciencias sociales   es la del esquematismo pero, frecuentemente, lo que &eacute;l considera   esquemas son conceptos generales &#8211;como revoluci&oacute;n, contrarrevoluci&oacute;n,   reacci&oacute;n, golpe de estado, despotismo ilustrado, monarqu&iacute;a   constitucional, gobierno parlamentario, posici&oacute;n constitucional e   inconstitucional&#8211; de los cuales &eacute;l mismo se sirve y no podr&iacute;a dejar   de hacerlo. El historiador deber&iacute;a comenzar a indagar si es posible   conocer un hecho individual cualquiera sin hacer uso de conceptos   generales<sup><a href="#8">8</a></sup><a name="b8"></a>. Si realmente todo aquello que sucede no pudiera repetirse y no pudi&eacute;ramos formar conceptos generales juntando elementos comunes de los diversos fen&oacute;menos, toda forma de conocimiento estar&iacute;a bloqueada. El propio lenguaje es un proceso continuo de abstracci&oacute;n: la diferencia entre el lenguaje cotidiano y el lenguaje t&eacute;cnico es que ese proceso de abstracci&oacute;n es, en el primer caso, inconsciente y en el segundo consciente. Los hechos individuales son aquellos para los cuales usamos nombres propios; pero tambi&eacute;n en el discurso de un historiador y de un ge&oacute;grafo (el historiador y el ge&oacute;grafo son estudiosos que tienen como objeto de investigaci&oacute;n cosas con nombres propios y de ah&iacute; sus afinidades electivas) los nombres propios, que designan individuos concretos, se mezclan con los nombres comunes, que designan no un individuo, sino tambi&eacute;n un g&eacute;nero. El discurso del historiador ser&aacute; m&aacute;s riguroso y exhaustivo cuanto m&aacute;s bien definidos sean los conceptos generales de los que se sirve, cuanto m&aacute;s se usen con sentido propio las palabras de las lenguas t&eacute;cnicas, como la jur&iacute;dica y la econ&oacute;mica, de las que no se puede prescindir, cuanto m&aacute;s sean utilizadas categor&iacute;as de comprensi&oacute;n hist&oacute;rica elaboradas por todas las ciencias que estudian al hombre. Me limito a llamar la atenci&oacute;n sobre el hecho de que uno de los &uacute;ltimos lenguajes que se est&aacute; tecnificando (aunque est&eacute; atravesando una fase de exhibicionismo expresado en jergas, a veces irritante) es el de la ciencia social. Por otra parte, todos est&aacute;n convencidos de que no se puede producir historia econ&oacute;mica sin conocer econom&iacute;a. Se comienza a sospechar que no se puede producir seriamente historia social sin conocer la sociolog&iacute;a. Con el desarrollo de los estudios de ciencia pol&iacute;tica, no habr&aacute; historia pol&iacute;tica seria que no aprenda a valerse de la contribuci&oacute;n de la ciencia pol&iacute;tica.</p>     <p>La raz&oacute;n por la cual el historiador pol&iacute;tico puede todav&iacute;a darse el   lujo de no percibir la ciencia pol&iacute;tica, radica pura y simplemente en   el atraso de la ciencia pol&iacute;tica en relaci&oacute;n a las otras ciencias sociales.   Pero haber prescindido de la ciencia pol&iacute;tica hasta hoy no es un   buen argumento para creer que quien estudia hechos individuales   se pueda eximir de tener una amplia y s&oacute;lida base de conceptos generales o para creer que la elaboraci&oacute;n de esos conceptos generales, que es el objetivo principal de la ciencia pol&iacute;tica, sea una p&eacute;rdida de tiempo.</p>     <p>Quiero dejar bien claro que al hablar de la utilidad de la ciencia   pol&iacute;tica para el historiador no quiero ofrecerle a este el argumento   de que la ciencia pol&iacute;tica y las ciencias sociales sean solamente   ciencias instrumentales y, como tales, inferiores. Planteo una relaci&oacute;n   de complementariedad de la ciencia pol&iacute;tica, sea en relaci&oacute;n   con la ciencia jur&iacute;dica, sea con la historia, con la &uacute;nica finalidad   de eliminar una barrera de incomprensi&oacute;n que, en cuanto impide   a la ciencia pol&iacute;tica fijar ra&iacute;ces en nuestra cultura, no favorece el   progreso de la investigaci&oacute;n jur&iacute;dica y de la investigaci&oacute;n hist&oacute;rica.   El hecho de que el jurista y el historiador se puedan valer de la   ciencia pol&iacute;tica no significa que la ciencia pol&iacute;tica no tenga su raz&oacute;n   de ser independientemente del derecho y de la historia en el cuadro   del sistema de conocimientos organizados al cual damos el nombre   de ciencia. Consid&eacute;rese, en vez de la ciencia pol&iacute;tica, una ciencia   humana como la econom&iacute;a, elevada entre todas las ciencias humanas   al mayor nivel de generalizaci&oacute;n: el hecho de que el jurista y el   historiador la usen, que deben usarla, no implica que la econom&iacute;a   sea una ciencia instrumental. Instrumental para el historiador, con   seguridad. Pero no existe solo para la historia: quiero decir que la   historia, o sea, la comprensi&oacute;n del pasado por medio del estudio de   las acciones individuales no es la &uacute;nica manera de abordar el estudio   del hombre en la sociedad. Se instituyen y organizan formas diversas   del saber, cuyo objetivo principal es establecer l&iacute;neas de tendencias   del desarrollo de la vida en sociedad por medio de operaciones de   comparaci&oacute;n, abstracci&oacute;n y de generalizaci&oacute;n emp&iacute;rica, se equipa   para construir esquemas previsionales y modelos de acci&oacute;n racional,   esto es, se dirige a fines diversos de aquellos a los cuales tiende el historiador.   Si fuera el caso, con una cierta simplificaci&oacute;n, que espero   me sea permitida en un discurso did&aacute;ctico m&aacute;s que metodol&oacute;gico, la   dimensi&oacute;n temporal propia de la historia es el pasado, la dimensi&oacute;n   propia de las ciencias sociales es el futuro. En cuanto partiendo del   pasado, la historia sirve para iluminar el presente, partiendo del presente   la ciencia social mira hacia el futuro. La intencionalidad de   una y de otra es profundamente distinta. Cada una toma su parte en la multiplicidad de los intereses te&oacute;rico-pr&aacute;cticos del hombre (una teor&iacute;a nunca est&aacute; separada, a corto o largo plazo, de una exigencia pr&aacute;ctica) y adapta los diversos objetivos perseguidos a las diversas y no intercambiables metodolog&iacute;as.</p>     <p>El discurso sobre el desarrollo actual de la ciencia pol&iacute;tica quedar&iacute;a   incompleto sino se hiciese una &uacute;ltima observaci&oacute;n: la aplicaci&oacute;n   de la metodolog&iacute;a de las ciencias generalizadoras al estudio de   los hechos pol&iacute;ticos estuvo favorecida por la profunda transformaci&oacute;n   de la sociedad, que se extendi&oacute; a las masas, por ejemplo por la   instituci&oacute;n del sufragio universal y la consecuente organizaci&oacute;n de   los partidos cada vez m&aacute;s gigantescos, la participaci&oacute;n tradicionalmente   circunscrita de pocos individuos identificados por el nombre   y apellido en las decisiones pol&iacute;ticas. Para comprender la pol&iacute;tica   de un pa&iacute;s no es suficiente, hoy, el conocimiento los hechos relativos   a este o a otro personaje (ministros, diplom&aacute;ticos, miembros de   un parlamento, etc.). Es necesario conocer los llamados fen&oacute;menos   de masas y para estudiarlos son necesarias una serie de t&eacute;cnicas de   investigaci&oacute;n, distintas a las usadas tradicionalmente por el historiador,   que consigue su informaci&oacute;n esencialmente de testimonios   personales, esto es, de fuentes de archivo. Esas nuevas t&eacute;cnicas elaboradas,   aplicadas y perfeccionadas por los soci&oacute;logos, permiten hacer   abstracci&oacute;n de las caracter&iacute;sticas del comportamiento individual   y establecer tipolog&iacute;as. Probablemente, si existiesen solamente diez   camellos en el mundo, el zo&oacute;logo estudiar&iacute;a la vida, la muerte y los   detalles de cada camello, de la misma manera como un historiador   hace con sus ministros. Como los camellos son millares, el &uacute;nico   modo de saber alguna cosa es estudiar la clase. Lo mismo sucede hoy   en las ciencias humanas, y por &uacute;ltimo tambi&eacute;n, en el estudio de los   fen&oacute;menos pol&iacute;ticos, en el cual el &uacute;nico modo de obtener una idea   precisa, por ejemplo, sobre el comportamiento del voto, cuando los   electores no son s&oacute;lo diez sino varios millones, es renunciar a la   pretensi&oacute;n de conocer la historia individual de todos los Garc&iacute;a y   los P&eacute;rez que votan, y entender las determinaciones de los comportamientos   t&iacute;picos. Cada objeto requiere t&eacute;cnicas de investigaci&oacute;n   m&aacute;s apropiadas. Cuando exist&iacute;an apenas tres o cuatro peri&oacute;dicos importantes,   era suficiente historiar este u otro peri&oacute;dico, individualizando   por el t&iacute;tulo o por la direcci&oacute;n. Ahora que son millares los peri&oacute;dicos pol&iacute;ticos, principalmente en periodos electorales, quien quiera estudiar el fen&oacute;meno de la propaganda tendr&aacute; que usar el llamado an&aacute;lisis de contenido, en el cual desaparecen los individuos y permanecen los tipos.</p>     <p>Se podr&iacute;a seguir. Pero el prop&oacute;sito de estas observaciones era   desaminar definitivamente la infecunda competencia entre las diversas   ciencias humanas en Italia y en otros pa&iacute;ses: la diversificaci&oacute;n   de la metodolog&iacute;a depende de los fines que cada investigaci&oacute;n se   propone, est&aacute; condicionada, entonces, por el objeto al cual se dirige.   Respecto a la ciencia pol&iacute;tica, si la consideraci&oacute;n de los fines nos   lleva a destacar la utilidad, la consideraci&oacute;n del objeto nos obliga realmente a afirmar que no se puede prescindir de ella.</p>     <p>&nbsp;</p>      <p><font size="3"><b>Referencias</b></font></p>     <p>   1. Bobbio, Norberto, 1962, ''Benedetto Croce a dieci anni dalla morte'', en:   <i>Belgafor</i>, XVII.  </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>2. Bobbio, Norberto, 1964, <i>Italia civile</i>, Lacita: Manduria.</p>     <p>   3. Carr, Edward H., 1966, <i>Sei lezioni sulla storia</i>, Tur&iacute;n: Einaudi.</p>     <p>   4. Leoni, Bruno, 1960, ''Un bilancio lamentevole: il sottosviluppo della   scienza politica in italia'', en: <i>O Politico</i>, XXV, pp. 31-42.</p>     <p>   5. Matteucci, Nicola, 1962, ''Per una facolt&aacute; di scienza storiche'', en: <i>Il Mulino</i>,   XI.</p>     <p>   6. Meynaud, Jean, 1963, ''La scienza politica in Italia: un convegno del centro   di studi metodologici'', en: <i>Tiempi Moderni</i>, XI, No. 12, pp. 80-87.</p>     <p>   7. Passigli, Stefano, 1966, ''La scienza politica'', en: <i>Rassegna Italiana di Sociologia</i>,   VII, pp. 287-317.  </p>     <p>8. Sartori, Giovanni, 1967, <i>La scienza pol&iacute;tica</i>. Ponencia presentada en el   Congreso sobre ciencia social, reforma universitaria y sociedad italiana,   Mil&aacute;n, noviembre 17-19.  </p>     <p>9. Spreafico, Alberto, 1964, ''Studi politici e scienza politica in Italia'', en:   <i>Annuario Politico Italiano</i>, Mil&aacute;n: Edizioni di Comunit&aacute;, pp. 202-230.  </p>     <p>10. Wilhelm, Walter, 1958, <i>Zur juristichen Methodenlehre im 19 Jahrhundert</i>,   Frankfurt.</p>     <p>&nbsp;</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="3"><b>Notas al pie</b></font></p>     <p><sup><a href="#b0">*</a></sup><a name="0"></a> Traducci&oacute;n de Jorge   Giraldo Ram&iacute;rez (Profesor   y Decano de la   Escuela de Ciencias y   Humanidades, Universidad   EAFIT-Medell&iacute;n).   Agradezco a la Editori   Laterza por autorizar la   traducci&oacute;n y publicaci&oacute;n,   y a Pablo Zapata   Tamayo (Polit&oacute;logo de   la Universidad EAFITMedell&iacute;n)   por hacerse   cargo de dicha gesti&oacute;n.   ''Quase uma premissa''   apareci&oacute; como primer   cap&iacute;tulo de <i>Saggi sulla   scienza politica in Italia</i>,   1996, pp. 23-34. Se   conservan los &eacute;nfasis del texto original.</p>     <p><sup><a href="#b1">1</a></sup><a name="1"></a> Me refiero a la ciencia   pol&iacute;tica m&aacute;s en el sentido   europeo que en   el americano. La diferencia   entre las dos fue   analizada por Sartori en   un estudio presentado   en el congreso sobre   ciencia pol&iacute;tica en Europa   que fue realizado   en Ginebra, en abril de   1966, por iniciativa del   IPSA: <i>Political Science   in Europe. Problems and   Solutions...</i> Para profundizar,   cfr. del mismo   autor, <i>La scienza politica</i>,   trabajo presentado en el   congreso sobre ciencia   social, reforma universitaria   y sociedad italiana,   Mil&aacute;n, 17-19 de noviembre   de 1967. El problema   tambi&eacute;n fue discutido   en el art&iacute;culo de Passigli (1966: 287-317).</p>     <p><sup><a href="#b2">2</a></sup><a name="2"></a> En 1960, B. Leoni escribi&oacute;   un art&iacute;culo con un t&iacute;tulo por s&iacute; mismo significativo: ''Un bilancio lamentevole: il sottosviluppo della scienza politica in italia''. (Leoni, 1960: 31-42). En el mismo a&ntilde;o apareci&oacute; una rese&ntilde;a m&iacute;a sobre la situaci&oacute;n de la ciencia pol&iacute;tica en Italia, en el volumen <i>Politische Forschung</i>. Esta rese&ntilde;a fue complementada en 1964 por Spreafico (1964: 202-230).</p>     <p><sup><a href="#b3">3</a></sup><a name="3"></a> Con relaci&oacute;n a ese congreso, ver el comentario de Meynaud (1963: 80-87).  </p>     <p><sup><a href="#b4">4</a></sup><a name="4"></a> Publicada en la revista <i>Nord e Sud</i>, noviembre de 1962, p. 63.</p>     <p><sup><a href="#b5">5</a></sup><a name="5"></a> <i>Zur juristichen Methodenlehre im 19 Jahrhundert</i>, Frankfurt, 1958, p. 159.</p>     <p><sup><a href="#b6">6</a></sup><a name="6"></a> As&iacute; es como hablaba Gerber: ''En general, una &eacute;poca en la cual una organizaci&oacute;n reemplaza a otra y   todas las relaciones p&uacute;blicas est&aacute;n en estado de perpetua oscilaci&oacute;n y aquello que era estable es amenazado   por constantes cambios bruscos es desfavorable a la ciencia jur&iacute;dica: es una &eacute;poca apropiada para la pol&iacute;tica, no para el derecho''. (<i>Ueber &ouml;ffentliche Rechte</i>, 1852, p.13. Tom&eacute; la cita de Wilhelm (1958: 131).</p>     <p>   <sup><a href="#b7">7</a></sup><a name="7"></a> Sobre la concepci&oacute;n de la historia en Croce, me detuve m&aacute;s en el ensayo ''Benedetto Croce a dieci anni   dalla morte'' (Bobbio, 1962: 625-627) y despu&eacute;s en el libro <i>Italia civile</i> (Bobbio, 1964: 71-95).</p>     <p><sup><a href="#b8">8</a></sup><a name="8"></a> Esta verdad elemental fue finalmente reconocida por Carr, quien despu&eacute;s de haber dicho que la tesis seg&uacute;n   la cual la historia estaba escrita por individuos y que tiene por objeto a los individuos es ''simplista e inadecuada'', lanza frases de efecto una despu&eacute;s de otra, como las siguientes: ''quien lee un libro historia, es, como aquel que lo escribe, un generalizador cr&oacute;nico''; ''afirmar que las generalizaciones son extra&ntilde;as a la actividad del historiador es una estupidez: la historia se alimenta de generalizaciones''; ''los fines y los m&eacute;todos del historiador y el f&iacute;sico no presentan diferencias sustanciales'' y, para concluir : ''cuanto m&aacute;s la historia se vuelva sociol&oacute;gica y la sociolog&iacute;a se vuelva hist&oacute;rica, mejor ser&aacute; para las dos''. (Carr, 1966: 42, 72-74, 78).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p> </font>      ]]></body>
</article>
