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<journal-title><![CDATA[Memorias: Revista Digital de Historia y Arqueología desde el Caribe]]></journal-title>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Revisitando un clásico: James Burney y su Historia de los Bucaneros de América. Una definición del mundo a principios del S. XIX]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[Taking into consideration literature and history, together with the accounts of the English naval officer James Burney, this paper examines the 18th century's knowledge-acquisition process regarding ocean navigation and makes special emphasis on the journeys in the Caribbean.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">     <p align="center"><font size="4"><b>Revisitando un cl&aacute;sico: James Burney y su <i>Historia de los Bucaneros de Am&eacute;rica. </i>Una definici&oacute;n del mundo a principios del S. XIX</b></font></p>     <p align="center"><font size="3"><b>Revisiting a classic: James Burney and <i>A History of the buccaneers of America. </i>A definitions of the world at the beginning of the 19th century</b></font></p>     <p><b>Juan Marchena</b><a href="#1" name="s1"><b><sup>1</sup></b></a></p>     <p><a href="#s1" name="1"><sup>1</sup></a> Universidad Pablo de Olavide.</p> <hr>     <p><b>Resumen</b></p>     <p>Entre la literatura y la historia y sobre la base de los escritos del navegante ingl&eacute;s James Burney el presente trabajo hace un recorrido a lo largo del siglo XVIII por el proceso de conocimiento de la navegaci&oacute;n en los mares del planeta haciendo especial &eacute;nfasis en los viajes por el Caribe.</p>     <p><b>Palabras Clave: </b>James Burney, bucaneros, navegaciones, siglo XVIII.</p> <hr>     <p><b>Abstract</b></p>     <p>Taking into consideration literature and history, together with the accounts of the English naval officer James Burney, this paper examines the 18th century's knowledge-acquisition process regarding ocean navigation and makes special emphasis on the journeys in the Caribbean.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>Keywords: </b>James Burney, buccaneers, navegations, XVIII century.</p> <hr>     <p><b>Libros como fragatas</b></p>     <p>Emily Dickinson escribi&oacute; que &quot;no existe mejor fragata que un libro para llevarnos a tierras lejanas&quot;<a href="#2" name="s2"><sup>2</sup></a>. Es una frase que resume lo que a mediados del S. XIX, en plena expansi&oacute;n de la revoluci&oacute;n industrial y en el v&oacute;rtice de un colonialismo ingl&eacute;s que se dilataba velozmente por Asia, &Aacute;frica y Oceania, se entendia como la mejor manera de explicar el mundo. Lo visto y observado desde la borda de un navio brit&aacute;nico, y transcrito en las p&aacute;ginas de un libro, constituia al parecer todo lo que se necesitaba para dominar y entender la geografia f&iacute;sica y humana del planeta. Solo Joseph Conrad, pocos a&ntilde;os despu&eacute;s, pondria en entredicho esta afirmaci&oacute;n porque, seg&uacute;n &eacute;l, desde la borda de un navio no podia aprenderse nada, a no ser sobre el alma de los que navegaban en &eacute;l<a href="#3" name="s3"><sup>3</sup></a>.</p>     <p>En pleno apogeo de las obras &quot;fragatas&quot; que llevaban a los lectores brit&aacute;nicos a &quot;tierras lejanas&quot;, destacaron enseguida aquellas que tenian como personajes principales a los piratas, seres mitad abominables, mitad fascinantes, que encarnaban, en aquel mundo de seguridades comerciales y empresariales, el viejo y eterno espiritu de aventuras, imprescindible para distraer y emocionar, en mitad del turbi&oacute;n rom&aacute;ntico, las almas de los viajeros y viajeras de papel. Obras -novelas casi en su totalidad, a las cuales se debi&oacute; el triunfo arrollador del g&eacute;nero-que componen un repertorio nutrido, desde las inaugurales de todas ellas, <i>Robinson Crusoe</i><a href="#4" name="s4"><i><sup>4</sup></i></a> (1719) y enseguida <i>Vida, aventuras y peripecias del famoso Capit&aacute;n Singleton</i><a href="#5" name="5"><i><sup>5</sup></i></a> (1720), ambas de Daniel Defoe, hasta la m&aacute;s cl&aacute;sica, <i>La isla del Tesoro</i><a href="#6" name="s6"><i><sup>6</sup></i></a> de Robert Louis Stevenson, escrita m&aacute;s de siglo y medio despu&eacute;s. Un mitad de ellas aparecieron otras, much&iacute;simo menos conocidas -hoy casi desconocidas, dir&iacute;a yo- que cumplieron el mismo papel: llevar, como fragatas, al gran p&uacute;blico a tierras lejanas, mostr&aacute;ndoles que fueron esos compatriotas suyos -los buenos y los malos, pero compatriotas en suma- los descubridores innegables de una nueva geograf&iacute;a aventurera ba&ntilde;ada por los siete mares del globo y que ahora aparec&iacute;a desvelada entre las manos de los lectores desde las p&aacute;ginas impresas de los libros.</p>     <p>Siempre hemos pensado y cre&iacute;do que fue Stevenson quien relacion&oacute; a los piratas con todas las maldades conocidas y posibles sobre los mares (identific&aacute;ndolos adem&aacute;s con corsarios, bucaneros, filibusteros, quienes, distintos en su manifestaciones, actuaciones,   marcos  jur&iacute;dicos,   etc., quedaron para siempre reunidos en este &uacute;nico apellido: pirata); y quien los vincul&oacute; tambi&eacute;n a un imaginario especifico que tiene que ver con mapas dibujados en torno a una <b>X </b>misteriosa, con buques pintados de negro, islas tropicales, marineros de una sola pierna y loros sobre sus hombros, barricas de ron, tormentas hy huracanes, peligros inauditos, naufragios, tiburones, raptos... En realidad, no fue as&iacute;, no tuvo mucho que inventar Stevenson, sino que bebi&oacute; (y por eso el tema se hizo tan popular inmediatamente, porque exist&iacute;a una s&oacute;lida base para recibir este tipo de relato-t&oacute;pico) de una extensa colecci&oacute;n de autores y obras (algunas tambi&eacute;n muy conocidas en su momento)<a href="#7" name="s7"><sup>7</sup></a>. Y, sobre todo, supo explotar un tema ampliamente difundido a trav&eacute;s de la literatura y la historia de los piratas o de la pirater&iacute;a.</p>     <p>En efecto, entre la segunda mitad del S. XVIII y la primera mitad del XIX, la cantidad de literatura editada sobre el tema en Inglaterra -especialmente- y en Europa en general, fue muy importante (N&oacute;tese la correspondencia de estas fechas de publicaci&oacute;n con los fen&oacute;menos econ&oacute;micos y pol&iacute;ticos que se estaban produciendo a nivel global, con epicentro en Gran Breta&ntilde;a, y a los que antes hicimos referencia). De modo que personajes como William Kidd, Howell Davis, Edward Teach (Barbanegra), Edgard England, Bartolomew Roberts, piratas de principios del XVIII, eran muy famosos entre los brit&aacute;nicos del S. XIX. Sin contar, obviamente, los cl&aacute;sicos del S. XVII.</p>     <p>Veamos algunos ejemplos de esta literatura.</p>     <p>No fue una novela pero s&iacute; un best-seller: del poema <i>El Corsario, A Tale</i><a href="#8" name="s8"><i><sup>8</sup></i></a><i>, </i>de Lord Byron (1814) se vendieron casi diez mil ejemplares en los primeros d&iacute;as tras su publicaci&oacute;n: pleno de romanticismo, queda en estos versos identificada la vinculaci&oacute;n de los piratas con la necesidad de vindicar y resarcir a los despose&iacute;dos y los humillados. A partir de aqu&iacute;, habr&aacute; piratas buenos y piratas malos: la diferencia estar&aacute; en las razones que les llevaron a emprender tales acciones<a href="#9" name="s9"><sup>9</sup></a>.</p>     <p>En una l&iacute;nea similar, ya en prosa, aparecieron enseguida <i>The Pirate, </i>de Walter Scott, editado en 1822<a href="#10" name="s10"><sup>10</sup></a>, y <i>The Red Rover: A Tale, </i>(traducido como El Corsario Rojo) de James Fenimore Cooper, publicado en 1826<a href="#11" name="s11"><sup>11</sup></a>. Y se hicieron muy populares las andanzas de Jean Lafitte en el Golfo de M&eacute;xico (a principios del S. XIX) por unas supuestas memorias editadas por William S. Spear<a href="#12" name="s12"><sup>12</sup></a>, seguidas de la novela de Joseph Holt Ingraham sobre el mismo personaje, <i>Lafitte: The Pirate of the Gulf </i><a href="#13" name="s13"><i><sup>13</sup></i></a> editada en 1836. El mismo autor, ya entrando en todos los t&oacute;picos del caso, public&oacute; tres a&ntilde;os m&aacute;s tarde <i>Captain Kyd, or The Wizard of the Sea</i><a href="#14" name="s14"><i><sup>14</sup></i></a><i>. </i>Tambi&eacute;n en 1836, Frederick Marryat (Capit&aacute;n Marryat), sacaba a la luz <i>The Pirate</i><a href="#15" name="s15"><i><sup>15</sup></i></a><i>. </i>Como en cascada, fueron apareciendo varias obras m&aacute;s de autores que publicaron relatos muy similares en fasc&iacute;culos y folletines, por todas partes, hasta <i>The Coral Island, A Tale of the Pacific Ocean, </i>de Robert Michael Ballantyne<a href="#16" name="s16"><sup>16</sup></a>, y el m&aacute;s literario de todos antes de Stevenson, Charles Kingsley, con <i>At Last: A Christmas in the West Indies, </i>en 1871<a href="#17" name="s17"><sup>17</sup></a>.</p>     <p>Para darnos una idea del alcance y contenidos de esta literatura de libros como &quot;fragatas&quot;, a las que se refer&iacute;a Emily Dickinson, anexamos los primeros p&aacute;rrafos de esta &uacute;ltima obra de Kingsley:</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote>       <p><i>Por fin nosotros, tambi&eacute;n, cruz&aacute;bamos el Atl&aacute;ntico. Por fin el sue&ntilde;o de cuarenta a&ntilde;os, gracias a Dios, ser&iacute;a realizado, y yo deber&iacute;a ver (y felizmente acompa&ntilde;ado) las Indias Occidentales, y el mar de las Antillas. Desde ni&ntilde;o hab&iacute;a estudiado su historia natural, sus mapas, sus historias, y &iexcl;ay! sus tragedias; y ahora, por fin, estaba a punto de comparar libros con hechos, y juzgar por m&iacute; mismo las maravillas del Para&iacute;so Terrenal. No pod&iacute;amos ni creer las evidencias de nuestros propios sentidos cuando nos dec&iacute;an que est&aacute;bamos con certeza a bordo un vapor de la West Indies, y no hab&iacute;a ninguna posibilidad de bajarnos de &eacute;l, salvo al oc&eacute;ano, hall&aacute;ndonos en el lado m&aacute;s alejado del oc&eacute;ano; y no fue sino en la ma&ntilde;ana del segundo d&iacute;a, el 3 de diciembre, que comenzamos a ser plenamente conscientes de que est&aacute;bamos sobre la vieja ruta hacia el Sudoeste, cada vez m&aacute;s lejos, en alta mar, mientras el Viejo Mundo quedaba atr&aacute;s nuestro como un sue&ntilde;o</i><a href="#18" name="s18"><i><sup>18</sup></i></a><i>.</i></p> </blockquote>     <p>Para haber llegado hasta aqu&iacute; hac&iacute;a falta mucha literatura previa. Pero para que &eacute;sta hubiera existido, para que se hubiera desarrollado como lo hizo hasta conformar todo un g&eacute;nero, era necesario que hubieran existido a la vez los tratadistas, los estudiosos de estos temas, para los cuales la pirater&iacute;a y los piratas, el mar y su ambiente, eran su objeto de an&aacute;lisis, su material de trabajo cient&iacute;fico y acad&eacute;mico.</p>     <p>Y aqu&iacute; es donde nos aparece el capit&aacute;n James Burney, el autor de <i>Historia de los Bucaneros de Am&eacute;rica, </i>libro fundamental que dio pi&eacute;, por encima de otras descripciones anteriores menos o poco rigurosas, a un mejor conocimiento de estos personajes, sus acciones y sus repercusiones en mucho &aacute;mbitos,     especialmente     en     el conocimiento de la geograf&iacute;a, la cosmolog&iacute;a, la n&aacute;utica, la medicina naval y las t&eacute;cnicas de combate en el mar.</p>     <p><b>El capit&aacute;n James Burney.</b></p>     <p>James Burney no fue un capit&aacute;n cualquiera, desde luego. Naci&oacute; un 13 de junio del a&ntilde;o 1750 en Londres, y fue el primog&eacute;nito de Charles Burney, compositor y music&oacute;logo que recorri&oacute; buena parte de Europa dando conciertos y exponiendo sus teor&iacute;as sobre la instrumentaci&oacute;n musical<sup><a href="#19" name="s19">19</a></sup>. Siendo apenas un ni&ntilde;o, su padre lo enrol&oacute; como aprendiz de marino en la Royal Navy -como sucedi&oacute; con otros muchos hijos de la peque&ntilde;a burgues&iacute;a inglesa- a fin de que hiciera carrera en una de las m&aacute;s consideradas profesiones que, en su tiempo, pudiera ejercer un verdadero caballero. As&iacute;, el futuro capit&aacute;n James Burney, conocido cari&ntilde;osamente en el entorno familiar como <i>Jem, </i>sin apenas otros estudios que los de la escuela primaria, entr&oacute; a servir en la armada como asistente de un amigo paterno, el capit&aacute;n Macartney, entonces al mando del HMS<a href="#20" name="s20"><sup>20</sup></a> <i>Princess Amelia</i><a href="#21" name="s21"><i><sup>21</sup></i></a> . Con apenas diez a&ntilde;os de edad pis&oacute; por primera vez la cubierta de un nav&iacute;o, y recibi&oacute; en &eacute;l su bautismo de fuego contra los franceses en el Golfo de Vizcaya, al mando del almirante Hawkes. Luego lo trasladaron al <i>Magnanime</i><a href="#22" name="s22"><i><sup>22</sup></i></a> y en &eacute;l continu&oacute; la guerra contra Francia. Unos meses despu&eacute;s, con doce a&ntilde;os, fue destinado al <i>N&iacute;ger</i><a href="#23" name="s23"><i><sup>23</sup></i></a><i>, </i>como cadete ayudante del capit&aacute;n, por lo que, reci&eacute;n cumplidos los quince, veterano ya de las arboladuras, los sollados, las bater&iacute;as de ca&ntilde;ones de a 24 y las cubiertas resbaladizas, sirvi&oacute; como guardiamarina en otro buque de Su Majestad, el <i>Aquilon</i><a href="#24" name="s24"><i><sup>24</sup></i></a><i>.</i></p>     <p>El joven James comenzaba as&iacute; una carrera que deb&iacute;a conducirle a la obtenci&oacute;n de un mando<a href="#25" name="s25"><sup>25</sup></a>, aunque como sus relaciones con Lord Keith, <i>Admiral of the Blue </i>y Primer Lord del Almirantazgo, no eran precisamente las mejores, pas&oacute; bastante tiempo esperando en tierra un nuevo mando, a pesar de ser muchos y buenos sus servicios, y m&aacute;s que evidentes sus apreciables m&eacute;ritos. En los inicios, su carrera de oficial en la armada parec&iacute;a bien prometedora. Seg&uacute;n lo describe su familia, era un joven de 20 a&ntilde;os muy resuelto, experimentado marino, hablador, lleno de humor, pero digno y pundonoroso oficial aunque algo exc&eacute;ntrico en su aspecto. Transit&oacute; de barco en barco y por sus m&uacute;ltiples destinos deducimos la extraordinaria vitalidad que pose&iacute;a la marina real brit&aacute;nica en esos a&ntilde;os, y la gran movilidad de sus oficiales, cambiando de nav&iacute;o casi continuamente hasta alcanzar un mando definitivo. Por ocho buques pas&oacute; Burney en poco menos de veinte a&ntilde;os, y en la mayor parte de ellos realiz&oacute; navegaciones oce&aacute;nicas.</p>     <p>En 1770 se hallaba embarcado en el <i>Greenwich, </i>un mercante del comercio con la India con el que fue hasta Bombay, pero no con el prop&oacute;sito de comerciar (lo que era corriente entre algunos marinos de la &eacute;poca cuando no estaban en el servicio activo, esperando un nuevo destino) sino con el prop&oacute;sito de conocer la ruta de las Indias Orientales. A su regreso, el entonces ministro de marina Duque de S&aacute;ndwich, con quien su familia ten&iacute;a una sincera y estrecha relaci&oacute;n, consigui&oacute; para Burney un empleo de guardiamarina meritorio en el <i>Resolution, </i>al mando del famoso capit&aacute;n James  Cook<a href="#26" name="s26"><sup>26</sup></a>,  que acababa de regresar de su primer viaje por la Mar del Sur (1768-1771) y se aprestaba a iniciar otro segundo<a href="#27" name="s27"><sup>27</sup></a>. El joven James entraba as&iacute; en la historia de las grandes exploraciones oce&aacute;nicas al otro lado del mundo, o lo que es lo mismo, en la historia de una geograf&iacute;a en movimiento donde era posible cubrir la distancia entre el empirismo y la raz&oacute;n que entonces divid&iacute;a al universo cient&iacute;fico.</p>     <p>Partieron de Plymouth en julio de 1772, y en octubre, en Ciudad del Cabo y antes de adentrarse en el Pac&iacute;fico Sur, Burney fue ascendido a segundo teniente del <i>Adventure</i><a href="#28" name="s28"><i><sup>28</sup></i></a><i>, </i>el otro nav&iacute;o que acompa&ntilde;aba al <i>Resolution </i>de Cook, navegando al mando del capit&aacute;n Tob&iacute;as Furneaux<a href="#29" name="s29"><sup>29</sup></a>. Fue, aparte un fant&aacute;stico viaje de exploraci&oacute;n, una gran aventura que qued&oacute; reflejada para siempre en la mirada de Burney, y posteriormente en sus escritos. En enero de 1773, ambos buques cruzaron por primera vez el c&iacute;rculo polar ant&aacute;rtico, quedando atrapados entre los hielos durante d&iacute;as. Finalmente llegaron al mar de Tasmania, cruzaron el estrecho que llevar&iacute;a el nombre del propio Cook entre las dos grandes islas de Nueva Zelanda, y desde all&iacute; ascendieron hacia Tahit&iacute; y Tonga, regresando de nuevo hasta Nueva Zelanda. Descendiendo m&aacute;s al sur, hasta alcanzar la latitud 71&deg;S. Luego recalaron en la Isla de Pascua y reconocieron Las Marquesas, Nuevas H&eacute;bridas y Nueva Caledonia, para volver una vez m&aacute;s a Nueva Zelanda. A finales de 1773 una cadena de grandes tormentas separ&oacute; a ambos nav&iacute;os en el estrecho de Cook, por lo que el <i>Adventure </i>, tras esperar infructuosamente al <i>Resolution </i>durante d&iacute;as, decidi&oacute; regresar a Inglaterra por la ruta del Cabo de Hornos, llegando a Plymouth en 1774, un a&ntilde;o antes de que lo hiciera Cook. En ese buque volvi&oacute; Burney a casa.</p>     <p>Una vez en tierra no tuvo tiempo ni para respirar. Primero se le design&oacute; int&eacute;rprete del pr&iacute;ncipe Omai, uno de los nativos de Tahit&iacute; que hab&iacute;an tra&iacute;do hasta Inglaterra, lo que demuestra que Burney hab&iacute;a aprovechado su viaje para algo m&aacute;s que para recorrer millas, y ya se mostraba un excelente conocedor de la geograf&iacute;a, la naturaleza y las costumbres y lenguas de los grupos nativos de las islas. Muy poco despu&eacute;s fue destinado como teniente en la fragata <i>Cerberus</i><a href="#30" name="s30"><i><sup>30</sup></i></a><i>, </i>armada a toda prisa con motivo de la guerra contra las Trece Colonias; un destino del que regres&oacute; a los pocos meses para incorporarse de nuevo al equipo del capit&aacute;n Cook, cuando supo que &eacute;ste organizaba una nueva expedici&oacute;n, y cuando el mismo Cook lo reclam&oacute; para formar parte de la misma. Fue una oferta que acept&oacute; encantado. Prefiri&oacute; regresar a los Mares del Sur, a la exploraci&oacute;n de las aguas y las tierras desconocidas, antes que procurar un mando que recibir&iacute;a m&aacute;s f&aacute;cilmente si hubiera continuado a bordo de un nav&iacute;o de guerra en primera l&iacute;nea de combate. Pero en &eacute;l ya se manifestaba la dicotom&iacute;a entre prestar el Real Servicio en la armada convencional, como el resto de sus compa&ntilde;eros, y la oportunidad que Cook le ofrec&iacute;a de alcanzar el conocimiento del mundo. Las aguas turquesas del Pac&iacute;fico Sur, el contacto con los naturalistas y los astr&oacute;nomos de abordo, el saberse descubridor de mundos y tierras nuevas, le subyugaron por entero y marcaron su futuro. En James Burney se cumpl&iacute;a aquel designio que movilizara a algunos marinos y cient&iacute;ficos de fines del s. XVIII y buena parte del XIX, fueran brit&aacute;nicos, franceses o espa&ntilde;oles: &quot;Por la ciencia y la gloria nacional&quot;, vino a ser su axioma.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Burney zarp&oacute; de nuevo en julio de 1776 como primer teniente del <i>Discovery</i><a href="#31" name="s31"><i><sup>31</sup></i></a><i>, </i>el buque que acompa&ntilde;ar&iacute;a al <i>Resolution </i>en el que ser&iacute;a el tercer y &uacute;ltimo viaje de Cook. El <i>Discovery </i>iba al mando del capit&aacute;n Charles Clarke, marino bien conocedor de las aguas y corrientes del Pac&iacute;fico puesto que hab&iacute;a navegado con Cook en los dos viajes anteriores. Acompa&ntilde;aban a Burney el astr&oacute;nomo Bayley, el m&eacute;dico Anderson y el pintor Webber; tambi&eacute;n el oficial de abordo William Bligh, al que luego nos referiremos, famoso por ser posteriormente el capit&aacute;n al que se le amotin&oacute; la tripulaci&oacute;n en la HSM <i>Bounty; </i>y el segundo teniente Phillips, que a&ntilde;os despu&eacute;s se casar&iacute;a con una de las hermanas de Burney, Susana Elizabeth. Aunque zarparon por separado, el <i>Resolution </i>y el <i>Discovery </i>se encontraron en Tenerife, y ya juntos prosiguieron la ruta de El Cabo, hasta alcanzar Tasmania, luego las islas Tonga y Tahit&iacute;, ascendiendo hasta las que llamaron islas Sandwich (Hawai) en enero de 1778. Desde all&iacute; alcanzaron las costas de Nutka (actual oeste de Canad&aacute;), Alaska y las Aleutianas, y penetraron en el estrecho de Bering (71&deg; N) buscando un paso entre el Pac&iacute;fico y el Atl&aacute;ntico, aunque pronto los hielos les obligaron a retroceder. En febrero de 1778 muri&oacute; Cook en una escaramuza con los nativos de las islas Hawai, por lo Charles Clarke pas&oacute; su pabell&oacute;n al <i>Resolution </i>quedando el <i>Discovery </i>al mando del capit&aacute;n John Gore, y Burney como su primer teniente. Intentaron de nuevo el paso por Bering, igualmente sin resultados, descendiendo entonces por la pen&iacute;nsula de Kantchatka hasta el puerto ruso de Petropavlosk. El capit&aacute;n Clarke muri&oacute; de tuberculosis, Gore pas&oacute; a mandar el <i>Resolution </i>y Burney, finalmente, obtuvo su primer mando en navegaci&oacute;n al quedar comandando el <i>Discovery. </i>Bordeando Jap&oacute;n y recalando en Macao y Sumatra, regresaron a Nore (Norte de Inglaterra) por el Cabo de Buena Esperanza en 1780. El mundo fue un poco m&aacute;s peque&ntilde;o despu&eacute;s de este viaje, la naturaleza menos desconocida, y James Burney un marino consumado y un cient&iacute;fico convencido.</p>     <p>Pas&oacute; buena parte de los meses que siguieron reescribiendo en la casa paterna las anotaciones que hab&iacute;a ido realizando a lo largo de sus dos viajes con Cook. Vistos con perspectiva, estos a&ntilde;os marcaron toda su vida, no solo como marino sino especialmente como intelectual, tanto en lo referente al conocimiento adquirido sobre la geograf&iacute;a del Pac&iacute;fico como, en general, acerca de la naturaleza de aquellos territorios; un bagaje de observaciones y reflexiones que utilizar&iacute;a en los a&ntilde;os siguientes para escribir la mayor parte de sus obras.</p>     <p>Despu&eacute;s de un a&ntilde;o de permanencia en tierra, al ya capit&aacute;n James Burney se le encomend&oacute; el mando de la fragata <i>Latona, </i>reci&eacute;n botada en el astillero de Limehouse. Pero ni siquiera lleg&oacute; a navegar en ella, a pesar de la alegr&iacute;a que le supuso &eacute;ste su primer mando oficial: era en realidad &quot;una capitan&iacute;a delegada&quot;, en espera de que la fragata estuviera completamente terminada y hubiera realizado todas las pruebas de mar<a href="#32" name="s32"><sup>32</sup></a>. No tuvo que aguardar mucho: a los dos meses se le asign&oacute; el mando del <i>Bristol</i><a href="#33" name="s33"><i><sup>33</sup></i></a><i>, </i>un nav&iacute;o que deb&iacute;a acompa&ntilde;ar y proteger a un convoy de doce buques mercantes de la East India Company con destino a Madr&aacute;s.</p>     <p>Este mando de Burney estuvo lleno de incidentes. Primero porque su comportamiento difer&iacute;a mucho del que normalmente ten&iacute;an los capitanes de la armada con sus tripulaciones: en vez de ser r&iacute;gido, &aacute;spero y excluyente, incluso con sus segundos oficiales, aplicando una sever&iacute;sima disciplina a bordo (todo lo cual era considerado como la mejor demostraci&oacute;n de celo, coraje y capacidad en el mando) Burney por el contrario se mostr&oacute; extraordinariamente cercano, amigable y de una gran humanidad en el trato con su tripulaci&oacute;n; normas de conducta sin duda aprendidas durante los largos meses de navegaci&oacute;n con Cook y sus compa&ntilde;eros, lo que fue entendido por el almirantazgo como claras actitudes &quot;heterodoxas y perjudiciales en un nav&iacute;o de guerra de Su Majestad&quot;, recibiendo por ello una formal admonici&oacute;n. <i>El Bristol, </i>una vez en la India, fue adscrito a la flota del almirante Edward Hughes, participando en 1783 en la batalla de Cuddalore<a href="#34" name="s34"><sup>34</sup></a> contra la armada francesa. En abril de ese mismo a&ntilde;o,  estando el <i>Bristol </i>fondeado en Madr&aacute;s cerca del buque mercante <i>Duke of Atholl, </i>de la East India Company, &eacute;ste estall&oacute;, causando graves da&ntilde;os al <i>Bristol, </i>siendo acusado Burney de no haber mantenido una severa disciplina a bordo ni seguido reglamentariamente las instrucciones recibidas, por lo que fue acusado de desobediencia y conminado a abandonar el nav&iacute;o y regresar urgentemente a Inglaterra, aunque pudo alegar razones de salud para no parecer m&aacute;s violenta esta brusca interrupci&oacute;n de su mando. En Londres le aguardaba adem&aacute;s una acusaci&oacute;n (m&aacute;s o menos velada) de mantener ideas republicanas, de resultas de sus contactos con numerosos ilustrados filofranceses (lo que fue un caso corriente entre muchos j&oacute;venes intelectuales de su generaci&oacute;n, deslumbrados por el pensamiento roussoniano y volteriano) siendo retirado definitivamente del mando del <i>Bristol </i>y de cualquier otro nav&iacute;o de Su Majestad. En vano solicitar&iacute;a despu&eacute;s el reingreso en la armada, en 1790, cuando se preve&iacute;a una nueva guerra contra Francia. De su entrevista con el ministro de marina Lord Chatham dedujo que ello no ser&iacute;a posible, porque los recelos contra &eacute;l segu&iacute;an bien activos en el seno del almirantazgo. Todav&iacute;a en 1806 el capit&aacute;n Burney se segu&iacute;a ofreciendo para un mando, esta vez directamente al rey, alegando que si no le hab&iacute;a servido no era por su voluntad, aunque de nuevo su petici&oacute;n fue rechazada y esto le llev&oacute; a solicitar el retiro definitivo.</p>     <p>La segunda parte de la vida de James Burney hab&iacute;a comenzado as&iacute;, abruptamente, en 1783, cuando se vio sin posibilidad de navegar en la armada. Surgi&oacute; entonces el Burney escritor, intelectual, preocupado por la difusi&oacute;n del conocimiento adquirido a partir de lo visto y lo vivido, a lo que se uni&oacute; una enorme capacidad para ir acumulando saberes y experiencias que otros, previamente a &eacute;l, o contempor&aacute;neamente a &eacute;l, hab&iacute;an ido alcanzando. Es el James Burney a trav&eacute;s del cual nos adentramos en el conocimiento de los c&iacute;rculos ilustrados de la Inglaterra de fines del s. XVIII y principios del XIX, de la Royal Society, de los archivos, las bibliotecas y los salones brit&aacute;nicos, de un mar que, si no es navegado, es puesto en conocimiento de muchos a trav&eacute;s de la literatura cient&iacute;fica y de la obra de divulgaci&oacute;n hist&oacute;rica.</p>     <p>Comenz&oacute; por rescribir los diarios de su primer viaje con Cook, que &eacute;l titul&oacute; &quot;Con el Capit&aacute;n James Cook en el Ant&aacute;rtico y el Pac&iacute;fico&quot;, luego publicados como <i>Whit Captain James Cook in the Antarctic and Pacific: The Private Journal of James Burney, Second Lieutenant of the Adventure on Cook's Second Voyage, 1772-1773</i><a href="#35" name="s35"><i><sup>35</sup></i></a><i>. </i>En estos diarios Burney se muestra como marino asombrado, ge&oacute;grafo sorprendido, aprendiz de naturalista y bot&aacute;nico, y, sobre todo, ne&oacute;fito etn&oacute;logo, ling&uuml;ista y antrop&oacute;logo, antes de que estas disciplinas hubieran sido desarrolladas. En un lenguaje que todav&iacute;a recuerda m&aacute;s al rudo marino que al cient&iacute;fico esmerado en el an&aacute;lisis de lo observado, sus descripciones aparecen llenas de comparaciones, algunas de ellas chocantes, aunque advirtiendo siempre que &quot;procurar&eacute; dibujar sus caracteres seg&uacute;n mis propias opiniones&quot;<a href="#36" name="s36"><sup>36</sup></a>. En general, el aspecto f&iacute;sico de los nativos insulares le llama poderosamente la atenci&oacute;n: aunque esperaba &quot;encontrar la gente tan blanca como los europeos... algunos de los de la mejor clase son tolerablemente blancos, m&aacute;s que un espa&ntilde;ol o un portugu&eacute;s, pero la generalidad es de un color verde oliva oscuro, y los hombres algo m&aacute;s grandes que lo com&uacute;n en Inglaterra&quot;. No obstante, se&ntilde;ala que existen muchas diferencias entre las distintas islas, tantas, aclara, como entre los &quot;lujosos italianos&quot; y los &quot;rudos y groseros habitantes del norte de Europa&quot;. Se asombra de su aseo, de sus abalorios (&quot;cualquier cosa llamativa u ornamental es aqu&iacute; muy estimada&quot;) y especialmente se detiene en las descripciones de las mujeres nativas, a las que considera tienen &quot;tanta vanidad como las europeas&quot;: &quot;Si quitamos los mo&ntilde;os y los tacones a las mujeres inglesas, la diferencia de tama&ntilde;o con las isle&ntilde;as no ser&iacute;a perceptible, aunque &eacute;stas son mucho m&aacute;s hermosas aunque m&aacute;s ordinarias&quot;. E insiste, como a todo lo largo del diario: &quot;Hablo solamente de mis propias impresiones, que no son infalibles, porque no tengo la pretensi&oacute;n de instalarme como un juez en esta materia&quot;<a href="#37" name="s37"><sup>37</sup></a>. Describir&aacute; repetidamente las costumbres familiares e individuales, los matrimonios, el car&aacute;cter y comportamientos sexuales de los sacerdotes, sus cultos, la poligamia en que viven los nativos, los apa&ntilde;os que hacen en los intercambios (&quot;son grandes ladrones&quot;, escribe). Pero junto con todo este alarde descriptivo y comparativo, Burney deja traslucir el impacto que le causa este nuevo universo hasta entonces   desconocido,   precisamente porque le concede a &eacute;l el car&aacute;cter de &quot;descubridor&quot;. Descubrir, avanzar sobre el conocimiento anteriormente establecido, sea en la geograf&iacute;a, la f&iacute;sica, la n&aacute;utica o la astronom&iacute;a, ser&aacute; uno de los motivos que le llevar&aacute; a escribir, que justificar&aacute; su vida en adelante como marinero en tierra.</p>     <p>Hay que indicar que esta producci&oacute;n cient&iacute;fica y literaria de Burney no fue ni muchos menos extra&ntilde;a a la condici&oacute;n y ocupaciones del resto de su familia. Ya comentamos c&oacute;mo su padre era un m&uacute;sico afamado. Pero el resto de sus hermanos y hermanas no quedaron atr&aacute;s, e incluso algunas de ellas alcanzaron mayor fama que el mismo James. Por ejemplo, Frances (Fanny) Burney<a href="#38" name="s38"><sup>38</sup></a>, nacida dos a&ntilde;os despu&eacute;s que &eacute;l, fue una de las escritoras m&aacute;s conocidas del periodo, y quiz&aacute;s una de las primeras a las que podr&iacute;amos considerar como pensadoras feministas, autora de obras como <i>Evelina, o el ingreso de una se&ntilde;orita en el mundo </i>(1778), <i>El fatuo </i>(1779), <i>Cecilia, o memorias de una heredera </i>(1782), <i>Camila, o un cuadro de juventud </i>(1796), <i>Amor y costumbres </i>(1801) o <i>El vagabundo, o dificultades femeninas </i>(1814). Su hermano Charles, nacido en 1757, fue poeta y gram&aacute;tico insigne, autor de <i>Appendix ad lexicon Graeco-Latinum a Joan Scapula constructum </i>(1789), <i>Observaciones sobre los Versos Griegos de Milton </i>(1790), <i>Richardi Bentleii et doctorum virorum epistolae </i>(1807) o el <i>Philemonos lexikon technologikon </i>(1812). Su hermana Susanna Elizabeth Phillips<a href="#39" name="s39"><sup>39</sup></a> (1755) se mantuvo muy cercana a las aficiones musicales paternas, y su sal&oacute;n de conciertos fue uno de los m&aacute;s importantes de Londres, constituyendo una referencia para el conocimiento de la cultura musicol&oacute;gica brit&aacute;nica, por los textos, correspondencia, anotaciones y materiales de todo tipo que acumul&oacute; procedentes de los principales artistas europeos de fines del s. XVIII. Su hermana (de la segunda esposa de su padre) Sarah Harriet Burney, nacida en 1772, sigui&oacute; los pasos de su hermanastra Fanny, y fue autora de textos singulares y muy conocidos, tanto ensayos como cuentos y novelas: <i>Clarentine </i>(1796), <i>Geraldine Faucomberg </i>(1808), <i>El naufragio </i>(1816), <i>Cuentos fant&aacute;sticos </i>(1820), <i>La novela de la vida privada </i>(1839). Incluso un primo suyo, hijo de un sobrino   paterno   llamado   m&aacute;s   que significativamente Charles Rousseau Burney, Francis Burney (1760-1848), fue uno de los pintores m&aacute;s importantes de su tiempo, cuyas obras pueden contemplarse en el Albert Museum o la Tate Gallery, e ilustrador de las obras de Frances Burney, de Milton y de otros escritores contempor&aacute;neos. A todos ellos se sinti&oacute; James Burney muy unido, as&iacute; como a los muchos amigos y conocidos que frecuentaban cotidianamente sus tertulias y sus salones<a href="#40" name="s40"><sup>40</sup></a>.</p>     <p>Ciertamente conforman una parte importante de la generaci&oacute;n ilustrada de la Inglaterra de esa &eacute;poca. Deben citarse entre los asiduos a su casa al poeta Samuel Johnson, al tambi&eacute;n poeta y ensayista Charles Lamb y a su hermana Mary<a href="#41" name="s41"><sup>41</sup></a>, al escritor William Hazlitt o al gran naturalista y bot&aacute;nico ya citado Joseph Banks, tambi&eacute;n colaborador de Cook y luego presidente de la Royal Society desde 1778, coleccionista de especies e introductor del eucalipto en Europa<a href="#42" name="s42"><sup>42</sup></a>. En la famosa obra de Lamb, <i>Ensayos sobre Elia, </i>aparece reflejado el mundo de la casa del capit&aacute;n Burney: los salones, las tertulias, los juegos de cartas (el <i>whist</i><a href="#43" name="s43"><i><sup>43</sup></i></a><i>, </i>del que Burney era un maestro  consumado),  las ingeniosas conversaciones sobre geograf&iacute;a, la navegaci&oacute;n y los nav&iacute;os, sobre las especies tropicales, la historia, la m&uacute;sica y la poes&iacute;a, en una algarab&iacute;a y desorden que contrastaba con el recatado convencionalismo en que discurr&iacute;a la vida burguesa y familiar de la mayor&iacute;a de las familias brit&aacute;nicas de su tiempo; desorden al que incluso se sumaban las canciones marineras entonadas por el due&ntilde;o de la casa, que aparece en la novela de Lamb como &quot;el almirante&quot;, y su esposa Sarah como &quot;Mrs. Battle&quot;. William Hazlitt tambi&eacute;n alab&oacute; en sus textos la importancia de los Burney en el panorama intelectual brit&aacute;nico de su generaci&oacute;n.</p>     <p>James se hab&iacute;a casado al poco tiempo de desembarcar, en 1785, con Sarah, la hija del editor londinense Thomas Payne, con quien tuvo dos hijos, y parec&iacute;a que su carrera como escritor ir&iacute;a delante en este ambiente familiar. En 1792 trabaj&oacute; sobre el texto de su amigo William Bligh, capit&aacute;n de la corbeta <i>Bounty </i>en un accidentado viaje por el Pac&iacute;fico, publicado en Londres ese mismo a&ntilde;o y titulado <i>A Voyage to the South Sea in HMS Bounty. </i>La expedici&oacute;n de William Bligh hab&iacute;a sido organizada por Joseph Banks desde la Royal   Society,  y  su  finalidad  era acopiar la mayor cantidad posible de plantones del &aacute;rbol del pan en las islas del Pac&iacute;fico a fin de introducirlos en las colonias brit&aacute;nicas del Caribe, y usar sus frutos como alimento b&aacute;sico en las plantaciones de esclavos. Como es sabido, el trato desapacible de Bligh con su tripulaci&oacute;n, y el hecho de que la mayor parte de los cuidados a bordo fueran para las plantas y no para la tripulaci&oacute;n, origin&oacute; la sublevaci&oacute;n de la misma y el consiguiente abandono del capit&aacute;n en una peque&ntilde;a embarcaci&oacute;n en mitad del Pac&iacute;fico, con la que no obstante regres&oacute; a Inglaterra. James Burney manej&oacute; el texto de Bligh como un homenaje al tes&oacute;n del capit&aacute;n, que en todo momento aparece como el h&eacute;roe de la historia, a la importancia de su empresa cient&iacute;fica, que se vio truncada por la insubordinaci&oacute;n de su tripulaci&oacute;n, y a los descubrimientos que lleg&oacute; a realizar en las costas de Australia<a href="#44" name="s44"><sup>44</sup></a>.</p>     <p>Sin que conozcamos los motivos de tal decisi&oacute;n, en 1798, a los trece a&ntilde;os de casado, Burney abandon&oacute; a su familia y se fue a vivir con su hermana Sarrah Harriet, en cuya morada residi&oacute; los siguientes    cinco   a&ntilde;os.    Ignorando igualmente las causas de su nueva decisi&oacute;n, en 1803 volvi&oacute; a su hogar con su esposa y sus hijos y sigui&oacute; trabajando si acaso m&aacute;s intensamente que antes.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En 1809 fue elegido miembro de la Royal Society (all&iacute; se encuentran depositados buena parte de sus documentos cient&iacute;ficos) y puso a disposici&oacute;n de sus socios diversos trabajos que hab&iacute;a realizado a fin de que fueran discutidos y valorados. Pero dado que la mayor parte de los miembros de la Sociedad dijeron no entenderlos, o quiz&aacute;s porque no le dedicaron la debida atenci&oacute;n, Burney se sinti&oacute; tan ofendido que se neg&oacute; a aceptar su incorporaci&oacute;n a la misma, lo que no llev&oacute; a cabo sino hasta siete a&ntilde;os despu&eacute;s. De esta &eacute;poca datan sus trabajos &quot;Nuevo m&eacute;todo propuesto para medir la velocidad de un nav&iacute;o a vela&quot;; &quot;Observaciones sobre el progreso de los cuerpos flotantes en una corriente, acompa&ntilde;ado de diversos experimentos realizados en el r&iacute;o T&aacute;mesis, con vistas a descubrir un m&eacute;todo para averiguar la direcci&oacute;n de las corrientes&quot;; &quot;Plan de defensa contra una invasi&oacute;n&quot;; y &quot;Complemento a los sistemas que hemos desarrollado para explicar el movimiento de los planetas&quot; (todos en la Royal Society, Londres, 1809). A&ntilde;os m&aacute;s tarde entregar&iacute;a otro trabajo m&aacute;s, &quot;Sobre las causas que influyen en la direcci&oacute;n de la aguja magn&eacute;tica&quot;, 1819.</p>     <p>En el tiempo que pas&oacute; alejado de su familia comenz&oacute; a escribir la que ser&iacute;a su gran obra, por importancia y tama&ntilde;o, una &quot;Historia Cronol&oacute;gica de los descubrimientos en el Mar del Sur u Oc&eacute;ano Pac&iacute;fico&quot; publicada como <i>A Chronological History of the Discoveries in the South Sea or Pacific Ocean, </i>en cinco vol&uacute;menes editados en Londres, el primero en 1803 y el &uacute;ltimo en 1817. Esta obra constituye un impresionante trabajo de recopilaci&oacute;n de informaci&oacute;n, extra&iacute;da tanto de la literatura inglesa, francesa, espa&ntilde;ola u holandesa, sobre las navegaciones llevadas a cabo por el Pac&iacute;fico desde su descubrimiento. Burney tuvo acceso a numerosos diarios de navegaci&oacute;n in&eacute;ditos de varios de estos marinos, la mayor&iacute;a bucaneros y corsarios, y a diversos documentos del Museo Brit&aacute;nico. El trabajo final lo dedic&oacute; a Sir Joseph Banks, y su &quot;Historia de los Bucaneros de Am&eacute;rica&quot;, la obra que ahora tienes en tus manos es, en realidad, la primera mitad del 4&deg; volumen de esta <i>Chronological History</i>... publicada aparte como <i>A History of the Buccaneers of America, </i>Londres, 1816. Todav&iacute;a en 1821 escribi&oacute; un &quot;Tratado sobre el juego del Whist&quot;, al que tan aficionado era, publicado como <i>A Treatise of the Game of Whist, </i>editado por Thomas and William Boone, Londres, 1823.</p>     <p>Por fin en julio de 1821, cuando ten&iacute;a 71 a&ntilde;os de edad, Burney recibi&oacute; el siempre so&ntilde;ado y esperado ascenso a Vice-almirante, aunque retirado; cargo que debi&oacute; a la influencia del Duque de Clarence (luego Guillermo IV), comandante supremo de la flota. Pero no disfrut&oacute; mucho de tal nombramiento: cuatro meses despu&eacute;s, el 17 de noviembre, mor&iacute;a de una apoplej&iacute;a, siendo enterrado en el cementerio de St. Margaret en Westminster</p>     <p>Fue una muerte llorada por sus familiares y amigos. Charles Lamb escribi&oacute; que para &eacute;l el whist hab&iacute;a perdido ya cualquier aliciente, pues no podr&iacute;a asistir a esas silenciosas partidas de naipes donde Burney vigilaba, con los ojos fijos en el jugador contrario, cada uno de sus m&aacute;s peque&ntilde;os gestos y movimientos. Otros testimonios fueron reflejados en citas, cartas, diarios, del mismo Burney y de sus contempor&aacute;neos, como ha recogido G.E. Manwaring en <i>My friends the Admiral: The Life, Letters and Journals of Rear-Admiral James Burney </i>(editado por George Routledge  en Londres, 1931)</p>     <p><b><i>A History of the Buccaneers of America.</i></b></p>     <p>La obra <i>A History of the Buccaneers of America </i>fue escrito en 1816, y su primera publicaci&oacute;n moderna fue realizada por la Unit Library Ltd., Leicester Square, Londres, 1902; y posteriormente por George Allen and Unwin Ltd., Londres, 1949, cuya edici&oacute;n estuvo a cargo de Malcolm Barnes. La primera traducci&oacute;n al castellano es de 2007<a href="#45" name="s45"><sup>45</sup></a>.</p>     <p>Burney usa en su texto cientos de referencias. Se muestra extraordinariamente minucioso en fechas, detalles, puertos, r&iacute;os, d&iacute;as de navegaci&oacute;n, posiciones, n&uacute;mero de hombres a bordo de los buques, botines, accidentes, incidentes, algunos de cierta trascendencia, otros francamente banales, descripciones de las costas, de los animales, las plantas, los peces, el estado del cielo, el oleaje, la temperatura... Todo ello fue acopiado por &eacute;l de multitud de obras, alguna de las cuales cita prolijamente y la mayor&iacute;a no tanto; de alguna podemos saber la edici&oacute;n de la que obtuvo la informaci&oacute;n, el volumen y hasta la p&aacute;gina; pero en muchos otros casos apenas si proporciona un fragmento del t&iacute;tulo o el apellido de su autor, perdido adem&aacute;s en un pi&eacute;lago de p&aacute;rrafos.</p>     <p>Los autores y fuentes que manej&oacute;, extractadas de la obra, pertenecen al s. XVII, aunque existen tambi&eacute;n bastantes referencias a las &uacute;ltimas ediciones de obras publicadas cuando Burney se hallaba todav&iacute;a en plena redacci&oacute;n del libro. Adem&aacute;s, he conseguido descifrar la mayor parte de las referencias documentales que manej&oacute; (fuentes de primera mano, lo cual dice mucho del celo cient&iacute;fico del autor) en el British Museum de Londres:</p>     <blockquote>       <p>- Richard Hakluyt, 1552-1616, marino ingl&eacute;s, <i>Divers Voyages Touching the Discoveries of America and the Lands Adjacent unto the Same, Made First of All by our Englishman and Afterward by the Frenchmen and Britons, </i>Londres, 1582; y <i>The Principal Navigations, Voyages and Discoveries of the English Nation, </i>Londres, 1589.</p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p>- Gonzalo Fern&aacute;ndez (Hern&aacute;ndez en el original de Burney) de Oviedo, 14781557, historiador y cronista espa&ntilde;ol, <i>Historia General de las Indias. </i>Burney lo cita en espa&ntilde;ol, por lo que debi&oacute; consultar algunas de las ediciones de esa obra, publicada por primera vez en Sevilla en 1535, en 19 tomos, el &uacute;ltimo de los cuales es al que se refiere.</p>       <p>- William Camden, 1551-1623, escritor ingl&eacute;s, <i>Elizabeth. Annales Rerum Gestarum Angliae et Hiberniae Regnante Elizabetha (1615 and 1625), </i>con una introducci&oacute;n de Sir Francis Bacon, Londres, 1680.</p>       <p>- Cesar de Rochefort, 1630-1691, jurista, lexic&oacute;grafo y ensayista franc&eacute;s, <i>Histoire Naturelle et Morale des Iles Antilles... Des habitants et de manage des Caraibes. Des repas ordinaire des Cara'ibes, </i>Roterdam, 1665.</p>       <p>- Pierre Francois Xavier de Charlevoix, 1682-1761, historiador jesuita franc&eacute;s, <i>Histoire  de  l'Isle  Saint Domingue,</i> Paris, 1730.</p>       <p>- Louis Antoine de Bougainville, 17291814, marino y naturalista franc&eacute;s, <i>Voyage autour du monde, </i>Par&iacute;s, 1771. Luego   public&oacute;   un   aparte   titulado <i>Voyage to the Malouines, </i>Londres, 1764, con pr&oacute;logo de Antoine-Joseph Pernety.</p>       <p>- Antoine-Joseph Pernety, (conocido tambi&eacute;n como Dom Pernety) 17161801, escritor y erudito franc&eacute;s, miembro de la expedici&oacute;n de Bouganville, <i>Dissertation sur l 'Amerique et les americaines contre les recherches philosophiques de M.de Pauw, </i>Berl&iacute;n, G.J. Decker, 1769, Londres, 1771.</p>       <p>- Jean Baptiste du Tertre (P&egrave;re de Tertre) 1610-1687, naturalista franc&eacute;s embarcado con los holandeses ; luego ingres&oacute; a la Orden de Predicadores, <i>Histoire G&eacute;n&eacute;ral des Antilles habit&eacute;es par les Francois, </i>Paris, 1667.</p>       <p>- Robert Southey, 1774-1843, poeta e historiador brit&aacute;nico, rom&aacute;ntico, primero revolucionario a la francesa, luego conservador, <i>History of Brazil,</i> Londres, 1810.</p>       <p>- Alexander Oexmelin, <i>Histoire des Aventuriers qui se sont signalez dans les Indes, </i>Paris, 1688. Otras veces citado como Alexander Exquemeling. M&eacute;dico nacido en Honfleur en 1646, bucanero, y muerto en Par&iacute;s en 1699, cuya obra <i>De Americaenesche Zee Roovers </i>fue publicada por primera vez en Amsterdam por Jan Ten Hoorn en 1678 y traducida enseguida a varios idiomas. En espa&ntilde;ol apareci&oacute; como Alexandre Olivier Exquemelin, <i>Piratas de la Am&eacute;rica, y luz a la defensa de las costas de Indias Occidentales, traducida del flamenco por el Dr. Alonso de Buena-Maison, espa&ntilde;ol, m&eacute;dico pr&aacute;ctico en la ampl&iacute;sima y magn&iacute;fica ciudad de Amsterdam, </i>Colonia, 1681. En Londres fue editada doce veces entre 1684 y 1773, y se titul&oacute; <i>The Buccaneers of America, </i>que es como la cita Burney, aunque otras veces refiere tambi&eacute;n las ediciones en franc&eacute;s, holand&eacute;s y espa&ntilde;ol. De esta &uacute;ltima, incluso transcribe en castellano unos versos que incluy&oacute; el editor Buena-Maison.</p>       <p>- Sir John Narborough, 1640-1688, almirante ingl&eacute;s, <i>An Account of General Voyages and Discoveries in the South Sea and North Sea, </i>Londres, 1694.</p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p>- Edward Long, 1734-1813, escritor ingl&eacute;s, miembro de la &eacute;lite de plantadores jamaicanos, <i>The History of Jamaica. Reflections on us Situation, Settlements, Inhabitants, Climate, Products, Commerce, Laws and Government, </i>Londres, 1774.</p>       <p>- Francisco de Seixas y Lovera, 16501705, marino espa&ntilde;ol, <i>Theatro Naval Hydrographico, </i>Madrid, 1688.</p>       <p>- Antonio de C&oacute;rdoba, marino espa&ntilde;ol, <i>Relaci&oacute;n del &uacute;ltimo viaje al estrecho de la fragata de S.M. Santa Mar&iacute;a de la Cabeza,  en los a&ntilde;os 1785 y 1786,</i> Madrid, 1788.</p>       <p>- Antonio de Vea, marino y explorador espa&ntilde;ol, <i>Noticia de las expediciones al Magallanes desde su descubrimiento, </i>Madrid, 1675-1676.</p>       <p>- John Oldmixon, 1673-1742, historiador, dramaturgo y poeta ingl&eacute;s, <i>British Empire of America, </i>Londres, 1708.</p>       <p>- Emerich de Vattel,  1714-1767, fil&oacute;sofo, diplom&aacute;tico y jurisconsulto suizo, experto en derecho internacional, <i>Droit des Gens, ou principes de la Loi Naturelle, </i>Londres, 1758.</p>       <p>- Basil Ringrose, bucanero ingl&eacute;s, piloto de Bartholomew Sharp, muerto por los espa&ntilde;oles en 1688 en la costa de Jalisco, autor de <i>The South Seas Waggoner, </i>Londres, 1680-1682 (que incluye un atlas con m&aacute;s de cien mapas de las costas del Pac&iacute;fico y el Caribe). En la nota 24 (y luego en la nota 83) Burney asigna a Ringrose la autor&iacute;a de parte del texto &quot;History of Buccaneers&quot;, seguramente el diario escrito con Sharp. En la nota 29 afirma que existe una copia manuscrita del diario de Ringrose que &eacute;l ha manejado en la Sloane Collection del Museo Brit&aacute;nico.</p>       <p>- William Dampier, 1651-1715, marino y bucanero ingles, <i>A New Voyage Round the World, </i>1697; <i>Voyages et Descriptions, </i>1699; <i>A Voyage to New Holland, </i>1703 y 1709.</p>       <p>- Thomas   Pennant,    1726-1798, naturalista     gal&eacute;s, <i>Synopsis     of Quadrupeds, </i>Londres, 1771. En &eacute;l se halla el art&iacute;culo citado &laquo; Mexican Wild Hog &raquo;. Pennant fue miembro de la Royal Society desde 1767.</p>       <p>- John Philips, <i>The History of Commodore Anson's Voyage Round the World, </i>Londres, 1764. La edici&oacute;n francesa del mismo diario de Anson, <i>Voyage autour du monde, </i>fue publicada en Par&iacute;s en 1750.</p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p>- James Colnet, <i>Voyage to the South Sea. The Journal of Captain James Colnet aboard the Argonaut, from April 1789, to November, 1791. </i>(Otras veces lo cita como <i>Voyage to the Pacific)</i></p>       <p>- Lionel Wafers, <i>New Voyage and Description of the Isthmus of Darien,</i> 1699.</p>       <p>- Raveneau de Lausannse (citado en ocasiones Raveneu de Lussan), <i>Journal du voyage au Mer de Sud de 1684, and the following years with the Filibusters,</i> 1689.</p>       <p>- David Porter, 1780-1843, marino estadounidense, <i>Journal of a Cruise to the Pacific Ocean, </i>Filadelfia, 1815.</p>       <p>- Woodes Rogers, <i>Cruising Voyage Round the World, 1708-1711, </i>Londres, 1718.</p>       <p>- David Henry en <i>A Historical Account of all the World Performed by English Navigators, </i>Londres, 1724; en esta obra recogi&oacute; los viajes del almirante holand&eacute;s Jacob Roggeweim, citados por Burney. Este marino lleg&oacute; a Samoa en 1722 en la que ser&iacute;a la &uacute;ltima gran expedici&oacute;n de exploraci&oacute;n organizada por los holandeses, en los nav&iacute;os Tienhoven. &Aacute;guila y Africana. Henry asegura que Roggeweim descubri&oacute; la tierra de Davis.</p>       <p>- Joris Van Spilbergen, 1568-1629, marino holand&eacute;s, <i>Voyage round the World, </i>1614-1618. La primera edici&oacute;n: <i>Te reis om de wereld van Joris Van Spilbergen, </i>Amsterdam 1619.</p>       <p>- George Vancouver, 1757-1798, marino brit&aacute;nico, <i>Voyage of Discovery to the North Pacific Ocean and Around the World in the years 1790-1795.</i></p>       <p>- Edward Cooke, <i>A Voyage to the South Sea, and Round the World, performed in the Years 1708,1709,1719 and 1711, </i>Londres, 1712.</p>       <p>- Jean-Fran&ccedil;ois-Marie de Sourville, 1717-1770, marino franc&eacute;s, <i>Voyage a la d&eacute;couverte de Port-Louisien.</i></p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p>- Alexander Murray, capit&aacute;n de la Compa&ntilde;&iacute;a de la Compa&ntilde;&iacute;a Inglesa de las Indias Occidentales. Sin m&aacute;s referencias.</p>       <p>- Sieur Froger de la Rigaudiere, Baron de Champagne, <i>Relation d'un voyage fait en 1695, 1696 et 1697 aux cotes d'Afrique, Detroit de Magellan, Br&eacute;sil, Cayenne et Isles Antilles par une Escadre des vaisseaux du Roi, command&eacute;e par Monsieur de Gennes, fait par le Sieur Froger, Ing&eacute;nieur volontaire sur le vaisseau de Faucon Anglais, </i>Paris,  1698, y Amsterdam 1699.</p>       <p>- Jean Bernard Luois Desjean, Monsieur de Pointis, Baron de Pointis, (16451707) noble y marino franc&eacute;s, <i>Relation de l 'expedition de Carthag&egrave;ne, faite par les Francois en M.DC.XCVII, </i>Antoine Shelte, Amsterdam, 1698.</p>       <p>- Jean Baptiste Labat (P&egrave;re Labat), 1663-1728, dominico, bot&aacute;nico y explorador franc&eacute;s, <i>Nouveau voyage aux Isles Francois de l'Am&eacute;rique, </i>Paris, 1722.</p> </blockquote>     <p>Y en cuanto a los documentos:</p>     <blockquote>       <p>- &quot;Case of His Majesty's Subjets upon the Mosquito Shore, most humbly submitted, &amp;c. Londres, 1789&quot;.</p>       <p>- Colecci&oacute;n Sloane de manuscritos del Museo Brit&aacute;nico. Sir Hans Sloane, 1660-1753, f&iacute;sico, coleccionista y navegante brit&aacute;nico.</p>       <p>- &quot;Diarios&quot; de Basil Ringrose (&iquest;-1688) y Bartholomew Sharp (1650-1690). En las notas 24 y 83 lo titula &quot;History of Buccaneers&quot;. Colecci&oacute;n Sloane.</p>       <p>- &quot;Libro de Cartas de Navegaci&oacute;n y mapas de puertos, estrechos, cabos y costas de la Mar del Sur, as&iacute; como costumbres de navegaci&oacute;n de los espa&ntilde;oles por dicho oc&eacute;ano&quot;. Sustra&iacute;do por Sharp del mercante espa&ntilde;ol <i>San Rosario </i>en el Pac&iacute;fico. Colecci&oacute;n Sloane, n&uacute;meros 239 y 44. Original en castellano y traducci&oacute;n al ingl&eacute;s, dedicada por Sharp al rey Carlos II.</p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p>- Ambrose Cowley, Carta de Gal&aacute;pagos, 1684, Colecci&oacute;n Sloane.</p>       <p>- &quot;Voyages&quot; de William Dampier, Colecci&oacute;n Sloane, n&uacute;mero 3236. En la nota 86 afirma que existe una edici&oacute;n impresa, sin m&aacute;s referencias. Los datos sobre &eacute;sta los he situado en el listado bibliogr&aacute;fico referido m&aacute;s arriba, aunque Burney no los ofrece.</p>       <p>- &quot;Diario&quot; de Ambrose Cowley, Colecci&oacute;n Sloane, N&uacute;mero 54.</p>       <p>- &quot;Diario&quot; de Swan, Colecci&oacute;n Sloane.</p> </blockquote>     <p>Fij&eacute;monos ahora en otros detalles. En l&iacute;neas generales podr&iacute;amos afirmar que la obra de Burney posee una estructura bien t&iacute;pica de la &eacute;poca: una especie de relaci&oacute;n cronol&oacute;gica de los acontecimientos, en el sentido de que su inter&eacute;s se centra en narrarnos los hechos con la mayor fidelidad posible, tal y como entiende que se fueron produciendo.</p>     <p>Tras los dos primeros cap&iacute;tulos, que constituyen una justificaci&oacute;n de sus intenciones y visiones, no solo del bucanerismo sino de las razones por las cuales &eacute;stos existieron, la obra se divide entre los que dedica al Caribe (aproximadamente un tercio del total de los cap&iacute;tulos) y los que tratan sobre el Pac&iacute;fico (la mayor parte de ellos, porque es lo que a Burney le interesa y lo que mejor conoce). De hecho, la mayor parte de los datos referentes al Caribe los obtiene de Alexander Exquemelin, mientras que para la Mar del Sur usa el resto de la bibliograf&iacute;a y los documentos que hall&oacute; en la Colecci&oacute;n Sloane.</p>     <p>As&iacute;, en los cap&iacute;tulos III al VI analiza la situaci&oacute;n en las Antillas, deteni&eacute;ndose en los casos de Tortuga<a href="#46" name="s46"><sup>46</sup></a> y San Crist&oacute;bal<a href="#s47" name="s47"><sup>47</sup></a> las dos grandes bases de operaciones de los bucaneros en el Caribe, y en los cap&iacute;tulos VIII, IX, y XI se centra en los asaltos al istmo de Panam&aacute;, especialmente durante la &eacute;poca de Henry Morgan, tanto como bucanero como Gobernador de Jamaica, terminando por narrar el saqueo de Veracruz por Van Horn, Granmont y Laurent de Graaf.</p>     <p>Como indicamos, el resto de la obra lo dedica a los viajes y asaltos por la Mar del Sur, es decir, los cap&iacute;tulos VII y X (primeros intentos de pasar al Pac&iacute;fico, y el viaje de Coxon en 1680) y los cap&iacute;tulos XII al XXIII, donde se narran las grandes incursiones del &uacute;ltimo tercio del siglo diecisiete, desde los viajes de John Cook (cap&iacute;tulos XII y XIII), de Edward Davis (cap&iacute;tulos XIV al XVII) de Swan, Sharp, Cowley, Dampier, Wafer, Ringrose (cap&iacute;tulos XVIII al XXII) hasta las incursiones de los bucaneros franceses Groniet y Le Picard (cap&iacute;tulo XXIII). Al final del libro,</p>     <p>Burney regresa al Caribe: los cap&iacute;tulos XXIV y XXV son dedicados a explicar al fin del bucanerismo, y el XXVI y XXVII a la &uacute;ltima gran empresa en la que participaron, la toma y saqueo de Cartagena de Indias en 1697 por el Bar&oacute;n de Point&iacute;s y Monsieur Du Casse.</p>     <p>En el pr&oacute;logo a la obra, Burney se muestra de acuerdo con que el bucanerismo fue no solo un hecho consumado, una realidad que explica muchas cosas de la &eacute;poca, sino una consecuencia l&oacute;gica de la expansi&oacute;n de occidente; algo as&iacute; como lo que el historiador Fernand Braudel denominar&iacute;a, muchos a&ntilde;os despu&eacute;s, &quot;los inicios de la econom&iacute;a-mundo&quot;, una especie de primera globalizaci&oacute;n sucedida en el s. XVI con la introducci&oacute;n de Am&eacute;rica y el Pac&iacute;fico en la &oacute;rbita de la econom&iacute;a occidental. Pero, a&ntilde;ade, el que este reparto fuera tan asim&eacute;trico (se refiere a que la donaci&oacute;n del Papa a Espa&ntilde;a y Portugal de la exclusividad en el trato con aquellos inmensos y lejanos territorios dej&oacute; fuera de la circulaci&oacute;n y del comercio al resto de la naciones europeas) indujo a estas potencias a tom&aacute;rselos por sus propias manos, actuando en connivencia con estos empresarios de robar lo ajeno que fueron los aventureros, filibusteros y bucaneros que &eacute;l estudia.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Esto no implica que los bucaneros hayan sido sin m&aacute;s, insiste en ello, unos navegantes o ladronzuelos al paso, sino que, frente a otros autores que han escrito sobre el tema (de los que &eacute;l se desmarca desde luego), alabando sus acciones y transform&aacute;ndolos en h&eacute;roes, estos bucaneros han sido seg&uacute;n &eacute;l criminales notorios, crueles y sanguinarios, y autores de horrorosos e infames delitos. Lo cual no exime tampoco a Espa&ntilde;a de su responsabilidad en estos episodios sangrientos, afirma; porque los verdaderos due&ntilde;os de todas aquellas tierras y bienes eran los nativos, hacia los que todos, espa&ntilde;oles y bucaneros, mostraron la mayor de las desconsideraciones, despoj&aacute;ndolos de sus bienes y conculcando sus derechos. Y afirma rotundamente que el descubrimiento no concede un derecho de aniquilaci&oacute;n, que es, concluye (y lo destacar&aacute; varias veces a lo largo de la obra) lo que han hecho los espa&ntilde;oles con los nativos americanos, aunque las dem&aacute;s potencias europeas realizaron la misma operaci&oacute;n, llevando a cabo &quot;las m&aacute;s cultas naciones del mundo&quot; una larga &quot;serie de inicuas usurpaciones... contra sus hermanos m&aacute;s d&eacute;biles, los nativos de Am&eacute;rica&quot;.</p>     <p>En todo caso Burney salva de esta cr&iacute;tica a la reina Isabel de Castilla, de la que dice era &quot;la buena reina&quot;, que intent&oacute; proteger a estos ind&iacute;genas americanos, aunque la mayor&iacute;a de sus s&uacute;bditos actuaron contra ellos del modo m&aacute;s desp&oacute;tico y cruel, &quot;enriqueci&eacute;ndose a costa de las destrucci&oacute;n de los nativos&quot;,   y   ella   debi&oacute;   consentirlo &quot;arrastrada... por el poderoso empuje de la opini&oacute;n p&uacute;blica&quot;. Y concluye: &quot;Los bucaneros de Am&eacute;rica, cuyas aventuras y cr&iacute;menes vamos a relatar, pueden considerarse santos en comparaci&oacute;n con estos hombres que han sido celebrados como    conquistadores    del    Nuevo Mundo&quot;.</p>     <p>El origen del bucanerismo lo sit&uacute;a Burney en el despoblamiento que los espa&ntilde;oles provocaron en las Antillas, y en la enorme cantidad de ganado cimarr&oacute;n que qued&oacute; suelto por sus bosques, especialmente en la isla de La Espa&ntilde;ola<a href="#48" name="s48"><sup>48</sup></a>. De modo que muchos desocupados europeos, principalmente ingleses y franceses, fueron a situarse all&iacute;, comenzando sus acciones primero como &quot;colonos de lo salvaje&quot;, cazando el ganado, haciendo <i>boucan </i>con su carne -m&eacute;todo que aprendieron de los ind&iacute;genas- y de paso robando lo que pod&iacute;an en los poblados espa&ntilde;oles m&aacute;s cercanos. Luego, con buques r&aacute;pidos aunque peque&ntilde;os, los fly boat (de donde vendr&iacute;a el nombre de filibusteros) se dedicar&iacute;an a asaltar a los barcos que se aproximaban a las costas. M&aacute;s adelante se establecer&iacute;an definitivamente estos bucaneros en Tortuga y San Crist&oacute;bal, as&iacute; llamados por extensi&oacute;n los piratas organizados en una especie de gran hermandad o cofrad&iacute;a, dedicados al asalto de cuanto buque de cualquier naci&oacute;n surcara el mar; o de cuanta ciudad, independientemente tambi&eacute;n de a que monarqu&iacute;a perteneciera, pudiera caer en sus manos. No obstante, y a pesar de esta &quot;hermandad&quot;, las desavenencias entre los bucaneros franceses e ingleses nunca terminaron de disiparse.</p>     <p>Y aqu&iacute;, en las Antillas, arranca su historia. Una historia donde mezcla los grandes viajes con los combates por conseguir cualquier cosa que pudiera rendirles beneficios. Narra primero las empresas de Mansvelt, Morgan o d'Ogeron, cuyas crueldades, subrayadas por Burney, parecieron no tener fin, aunque no por eso les resta un &aacute;pice de valor y osad&iacute;a. Como indicamos, todos los episodios referentes a sus actuaciones en el Caribe las toma de Exquemelin, a quien sigue a pi&eacute; juntillas, hasta que llega al Pac&iacute;fico: su mundo. Y aqu&iacute; Burney ya se encuentra en casa, y comienza a ofrecer todos los detalles   de   cada   expedici&oacute;n,   por peque&ntilde;o que sea, desbrozando minuciosamente diarios, textos, descripciones... no solo de las correr&iacute;as de estos bucaneros, sino de la fauna, la flora, el clima, las costumbres, los territorios que arrostraron sus maldades...</p>     <p>Vuelve una y otra vez a otro de sus t&oacute;picos, como ya hizo en el diario que realiz&oacute; durante su viaje con Cook, en este caso tom&aacute;ndolo del de Batholomew Sharp: &quot;Los habitantes de Dari&eacute;n son en su mayor&iacute;a hermosos, especialmente las mujeres, que, adem&aacute;s, son pr&oacute;digas amantes y generosas con los brazos extranjeros&quot;. O de los animales que le parecen extra&ntilde;os, esta vez del diario de Wafer: &quot;Nuestra cena era una muy sabrosa especie de bestia salvaje llamada <i>warre</i><a href="#49" name="s49"><i><sup>49</sup></i></a><i>, </i>muy parecida a nuestro cerdo e igualmente buena. Estas abundan en la zona. He observado que el ombligo de estos animales se halla en sus lomos&quot;. O sobre sus comportamientos, especialmente en Gal&aacute;pagos: &quot;Me qued&eacute; perplejo al pensar en c&oacute;mo aquellos peque&ntilde;os p&aacute;jaros que parec&iacute;an estar de manera permanente en aquel lugar pod&iacute;an sobrevivir sin agua; pero alguno de nuestros hombres me inform&oacute; de que mientras descansaba bajo un peral espinoso, hab&iacute;a observado a un p&aacute;jaro adulto dando de beber a tres de los j&oacute;venes exprimiendo sobre sus picos la baya de un &aacute;rbol. Era como del tama&ntilde;o de un guisante y dentro ten&iacute;a un jugo acuoso y &aacute;cido de sabor agradable&quot;. Y sobre las serpientes, a las que temen: &quot;Hay serpientes cuyo mordisco es tan venenoso que provoca una muerte inevitable y r&aacute;pida a menos que se pueda recurrir de inmediato a cierto fruto que hay que masticar y colocar sobre la zona mordida.... se parece al almendro que crece en Francia. El fruto es parecido a la casta&ntilde;a de mar, pero es de color gris y tiene un sabor amargo y una almendra blanquecina en el centro... Es la baya de la serpiente&quot;.</p>     <p>A menudo los top&oacute;nimos se vuelven dif&iacute;ciles de localizar, como la isla de <i>Quibo </i>en el texto, en realidad la isla de Coiba, en la costa pac&iacute;fica de Panam&aacute;. Desconociendo los nombres espa&ntilde;oles, les asignaban otros nuevos, de manera que a veces es peliagudo saber por d&oacute;nde se mov&iacute;an. O asignaban nombres en funci&oacute;n de c&oacute;mo les sonaban las palabras, como <i>Yqueque </i>(Iquique), <i>R&iacute;a Lexa </i>(Realejo, en Costa Rica) o <i>Campeachy </i>(Campeche).    Y    a&uacute;n asignaban estos nombres en funci&oacute;n de intereses posteriores, como la isla de Pepys, as&iacute; nombrada en honor del secretario del almirantazgo Samuel Pepys<a href="#50" name="s50"><sup>50</sup></a>; y no contentos con ello, sobre esta isla situaron adem&aacute;s una Bah&iacute;a del Almirantazgo y una Punta del Secretario, para que no quedara duda alguna de sus panegiristas intenciones. Lastimosamente la isla result&oacute; ser falsa, aunque durante a&ntilde;os se situ&oacute; en los mapas cerca de las Malvinas. Otras veces los detalles son muy precisos, como los referentes a la isla de la Gorgona, en la actual costa colombiana, cerca de Tumaco: &quot;Gorgona es una isla alta y monta&ntilde;osa, de alrededor de cuatro leguas de per&iacute;metro, a unas cuatro leguas de distancia del continente. El anclaje es posible a un tiro de pistola de la orilla, con una profundidad de entre quince y veinte brazas. Al suroeste de Gorgona hay una isla menor de la que sobresale un peque&ntilde;a roca&quot;. A veces tambi&eacute;n les sobrecoge la geograf&iacute;a, como cuando observan la cordillera de los Andes desde el mar: &quot;La tierra es alta e imponente&quot;, escriben en los diarios. Especialmente hermosas son las descripciones sobre las islas Gal&aacute;pagos, y se muestran extra&ntilde;ados sobre el petr&oacute;leo que mana cerca de la punta de Santa Elena, en el actual Ecuador: &quot;No lejos del pueblo indio, y a unos cinco pasos de la l&iacute;nea de la marea alta, una sustancia grasienta borboteaba de un peque&ntilde;o agujero en la tierra. Es como una especie de brea l&iacute;quida que los espa&ntilde;oles llaman algatrane. Cuando se extrae, se hace dura como la brea... Aparece sobre todo durante la marea alta, y los habitantes la conservan en botes&quot;.</p>     <p>Con los frutos sucede algo por el estilo, donde los nombres asignados son onomatop&eacute;yicos, como <i>mammee, </i>en realidad mamey. O sin nombre alguno, o por comparaci&oacute;n, como el aguacate, al que Dampier denomina <i>ciruela cerdo: </i>&quot;Dicho fruto es ovalado, tiene un enorme hueso y poca pulpa alrededor, aunque su sabor es muy agradable&quot;. Parecen dispuestos a com&eacute;rselo todo, como sucede con el que llaman &quot;&aacute;rbol de la col&quot;, &quot;el m&aacute;s alto de todos en aquellos bosques&quot;, que hallan en el cabo de San Francisco en la actual costa de Esmeraldas (Ecuador). &quot;Carec&iacute;an de ramas, excepto en la parte m&aacute;s alta, donde hab&iacute;a ramificaciones poco mayores que el brazo de un hombre. Su fruto nace de estas ramas, rodeado de hojas, y puede alcanzar un pie de largo. Es blanco como la leche y dulce como una nuez cuando se come crudo, aunque tambi&eacute;n es muy dulce y saludable cuando se come hervido&quot;. O m&aacute;s adelante y en otro diario: &quot;La carne de flamenco es magra y oscura, aunque muy buena, no sabe a pescado ni es salada. Las lenguas de flamenco son un plato digno de la mesa de un pr&iacute;ncipe; son grandes y tienen un bulto de grasa en la ra&iacute;z que es un bocado excelente&quot;. Otras veces se&ntilde;alan el peligro de lo desconocido: &quot;El 15 de enero mor&iacute;a el marinero William Stephens, cuya muerte se atribuy&oacute; a que, seis meses antes, hab&iacute;a comido tres manzanas de un <i>&aacute;rbol manzanilla </i>en la costa de Nueva Espa&ntilde;a, y desde entonces se fue desgastando hasta convertirse en un aut&eacute;ntico esqueleto&quot;.</p>     <p>Sobre los nativos y sus instrumentos, las descripciones son en ocasiones bien rudas, como &eacute;sta de un muchacho ind&iacute;gena mapuche al que atraparon en una canoa muy al sur, en las costas australes: &quot;Solo llevaba unas escasas vestiduras de piel de foca. Era bizco, y ten&iacute;a el pelo corto. El bote en el que iban &eacute;l y los otros indios era muy afilado en los extremos y ten&iacute;a el fondo plano; en el medio ten&iacute;an un hogar para cocinar o para cualquier otro uso. Tambi&eacute;n ten&iacute;an una red para cazar ping&uuml;inos, un palo parecido a nuestros <i>bandies</i><a href="#51" name="s51"><i><sup>51</sup></i></a><i>, </i>y dardos de madera. El joven indio, por su comportamiento, parec&iacute;a ser bastante simple e inocente. Era capaz de abrir grande mejillones con los dedos, mientras que nuestros bucaneros a duras penas pod&iacute;an hacerlo con sus navajas. Era tan salvaje que pod&iacute;a comer la carne cruda&quot;. Otras veces emplear&aacute;n cerca de dos p&aacute;ginas para explicar qu&eacute; es un catamar&aacute;n, asombrados no s&oacute;lo de que tan extra&ntilde;a canoa no se hundiera, sino de lo bien y r&aacute;pido que navegaba.</p>     <p>En otras ocasiones destacan las paradojas del mundo colonial: &quot;He observado -escribe Dampier- en todas las ciudades indias bajo la autoridad espa&ntilde;ola, que las im&aacute;genes de la Virgen Mar&iacute;a y de otros santos que abundan en sus iglesias muestran rasgos f&iacute;sicos propios de los indios, y, en ocasiones, tambi&eacute;n sus vestiduras; sin embargo, en las ciudades habitadas por una mayor&iacute;a de espa&ntilde;oles, las im&aacute;genes presentan una caracterizaci&oacute;n espa&ntilde;ola&quot;. Paradojas en las que ellos tambi&eacute;n se ven inmersos, pues es corriente que, una vez conquistada al asalto una ciudad y asesinados los habitantes que no pudieron huir, los franceses (cat&oacute;licos al fin) se reunieran en la iglesia a entonar un <i>Te Deum </i>antes de dedicarse al saqueo definitivo.</p>     <p>Se extra&ntilde;an de las construcciones, como las del norte peruano: &quot;Las casas estaban construidas con ladrillos hechos de una mezcla de barro y paja secados al sol; muchas de las casas no ten&iacute;an otro techo que unas esteras colocadas sobre las vigas, pues all&iacute; nunca llueve y s&oacute;lo es necesario protegerse del sol&quot;. Tambi&eacute;n hallaron restos de culturas precolombinas, aunque no entendieron muy bien de qu&eacute; se trataba, como cuando vieron las momias de la cultura de Atacama, seg&uacute;n se&ntilde;ala Wafer: &quot;Anduvimos cerca de cuatro millas por una bah&iacute;a arenosa que encontramos cubierta de cad&aacute;veres de hombres, mujeres y ni&ntilde;os. Los cuerpos no aparentaban llevar muertos m&aacute;s de una semana, pero al tocarlos parec&iacute;an secos y ligeros como una esponja o un pedazo de corcho&quot;. Una de estas momias fue subida al buque, aunque, seg&uacute;n cuenta el diario, enseguida la arrojaron al mar porque todos opinaron que llevar un muerto produc&iacute;a desviaciones en la br&uacute;jula y daba mala suerte en la navegaci&oacute;n.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Abundan tambi&eacute;n los detalles acerca de lo que llevaban los buques que apresaban, como aquel <i>San Rosario, </i>procedente del Callao con rumbo a Panam&aacute;, al que captur&oacute; Sharp cerca de la Isla de la Plata (actual costa ecuatoriana, frente a Machalilla) en el que hallaron &quot;700 cerdos de un metal que pensamos era hojalata, y por este error fueron despreciados por todos nosotros, y especialmente por el capit&aacute;n, que no pudo ser, a pesar de los intentos de unos pocos, persuadido de llevarlos a nuestro barco, como hicimos con la mayor&iacute;a de las otras cosas. As&iacute; pues los dejamos en el Rosario, que abandonamos a la deriva en el mar. Aquel parec&iacute;a un metal no lo suficientemente refinado y preparado como para acu&ntilde;ar monedas, lo que fue el motivo de nuestro enga&ntilde;o. Solo subimos a bordo uno de los 700 cerdos, con la intenci&oacute;n de fabricar balas con &eacute;l; con este objeto, o con cualquier otro que idearon nuestros marineros, la mayor parte fue fundida y desperdiciada. Despu&eacute;s, cuando llegamos a Antigua<a href="#52" name="s52"><sup>52</sup></a>, dimos lo que quedaba (que era alrededor de un tercio del total) a un hombre de Bristol que sab&iacute;a de qu&eacute; se trataba, y &eacute;ste la trajo a Inglaterra y aqu&iacute; la vendi&oacute; por 75 libras esterlinas. As&iacute; perdimos el mayor bot&iacute;n obtenido en todo el viaje por nuestra ignorancia y desidia&quot;. Obviamente se trataba de piezas precolombinas, procedentes de un huaqueo<a href="#53" name="s53"><sup>53</sup></a>, seguramente felinos (m&aacute;s que cerdos) fabricados en oro muy fino.</p>     <p>Otras veces obten&iacute;an en los buques apresados cartas de navegaci&oacute;n espa&ntilde;olas, que les eran de gran utilidad, y algunas tan bellas que las regalaron al rey Carlos II y que se conservan en la Colecci&oacute;n Sloane. O, en ocasiones, incendiaban los nav&iacute;os capturados &quot;para que no contaran cuentos a nadie&quot;. Tambi&eacute;n mencionan al vino, como el que robaron en <i>La Nasca </i>(Nazca, costa sur del Per&uacute;) seg&uacute;n el diario de Wafer: &quot;Se trata de un vino fuerte y azucarado de sabor muy parecido al Madeira. Se produce en la regi&oacute;n y es embarcado para su transporte a Lima y Panam&aacute;. En ocasiones se conserva durante a&ntilde;os en barriles de ocho galones que se dejan expuestos al calor del sol entre las rocas a lo largo de toda la bah&iacute;a&quot;. Y a&ntilde;ade, socarr&oacute;n, Burney: &quot;No era posible pon&eacute;rselo m&aacute;s f&aacute;cil a los bucaneros&quot;.</p>     <p>A&uacute;n algunos reconocen que ciertas expediciones eran fletadas por &quot;comerciantes de renombre&quot; y hab&iacute;a nav&iacute;os que llevaban &quot;el cargamento propio de un buque comercial, adem&aacute;s de contar con licencia del Duque de York, entonces Ministro de Marina de Inglaterra&quot;. Otros afirman llevar &quot;mercanc&iacute;a suntuaria, como seda, muselina o medias&quot;.</p>     <p>Aparte los asaltos a los nav&iacute;os, los rescates   de   las   ciudades   (siempre mediando cantidades fabulosas de miles de monedas de oro y plata), la crueldad con los prisioneros y cautivos, las p&eacute;rdidas en el juego despu&eacute;s del reparto del bot&iacute;n... la obra ofrece una visi&oacute;n realmente v&iacute;vida de lo que para estos bucaneros era el mundo americano, el mundo de la navegaci&oacute;n, el mundo de los buques y el de sus tripulaciones... Un universo que se mostraba ancho y desconocido. James Burney sab&iacute;a muy bien de eso cuando escrib&iacute;a.</p> <hr>     <p><a href="#s2" name="2"><sup>2</sup></a> Poetisa estadounidense (1830-1886). Sus obras completas no fueron publicadas sino hasta 1955 por Thomas Johnson.</p>     <p><a href="#s3" name="3"><sup>3</sup></a> <i>Heart of darkness, </i>Londres 1899. <i>El coraz&oacute;n de las tinieblas. </i>&quot;En una ocasi&oacute;n, me acuerdo muy bien, nos acercamos a un barco de guerra anclado en la costa. No hab&iacute;a siquiera una caba&ntilde;a, y sin embargo disparaba contra los matorrales. Seg&uacute;n parece los franceses libraban all&iacute; una de sus guerras. Su ense&ntilde;a flotaba con la flexibilidad de un trapo desgarrado. Las bocas de los largos ca&ntilde;ones de seis pulgadas sobresal&iacute;an de la parte inferior del casco. El oleaje aceitoso y espeso levantaba al barco y lo volv&iacute;a a bajar perezosamente, balanceando sus espigados m&aacute;stiles. En la vac&iacute;a inmensidad de la tierra, el cielo y el agua, aquella nave disparaba contra el continente. &iexcl;Paf!, har&iacute;a uno de sus peque&ntilde;os ca&ntilde;ones de seis pulgadas; aparecer&iacute;a una peque&ntilde;a llama y se extinguir&iacute;a; se esfumar&iacute;a una ligera humareda blanca; un peque&ntilde;o proyectil silbar&iacute;a d&eacute;bilmente y nada habr&iacute;a ocurrido. Nada podr&iacute;a ocurrir. Hab&iacute;a un aire de locura en aquella actividad; su contemplaci&oacute;n produc&iacute;a una impresi&oacute;n de broma l&uacute;gubre. Y esa impresi&oacute;n no desapareci&oacute; cuando alguien de a bordo me asegur&oacute; con toda seriedad que all&iacute; hab&iacute;a un campamento de abor&iacute;genes (&iexcl;los llamaba enemigos!), oculto en alg&uacute;n lugar fuera de nuestra vista&quot;. Traducci&oacute;n de Sergio Pitol. Lumen, Barcelona, 1982.</p>     <p><a href="#s4" name="4"><sup>4</sup></a> Primera edici&oacute;n, 1719. T&iacute;tulo completo: <i>The Life and Strange Surprizing Adventures of Robinson Crusoe of York, mariner: Who lived Eight and Twenty Years, All Alone in Uninhabited Island on the Coast of America, Near the Mouth on the Great River of Oroonoque; Having Been Cast of Shore by Shipwreck, where in all the Men perished but himself. With an Account how he was at last strangely deliver'd by pirates.   Written   by  Himself, </i>Londres, impreso por W. Taylor en Paternoster Row, 1719.</p>     <p><a href="#s5" name="5"><sup>5</sup></a> <i>The life, adventures and Pyracies of the famous Captain Singleton, </i>J. Brotherton, Graves and Co., London, 1720.</p>     <p><a href="#s6" name="6"><sup>6</sup></a> El t&iacute;tulo original de su primera edici&oacute;n (en fasc&iacute;culos) fue: <i>The Sea Cook, or Treasure Island, </i>Young Folks, Londres, 1881-1882.</p>     <p><a href="#s7" name="7"><sup>7</sup></a> Que el tema de la pirater&iacute;a y sus t&oacute;picos eran bien populares en esa &eacute;poca entre muchos sectores de poblaci&oacute;n se demuestra por el hecho de que, como Stevenson cuenta en sus memorias, muchas personas (su padre, sus parientes, sus amigos) le ayudaron d&aacute;ndole detalles, que &eacute;l incorporaba a la obra, sobre la vestimenta de los piratas, hasta la forma de hablar y comportarse, etc. Es decir, el t&oacute;pico se construy&oacute; sobre otros t&oacute;picos.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a href="#s8" name="8"><sup>8</sup></a> Ed. John Murray, Londres, 1814.</p>     <p><a href="#s9" name="9"><sup>9</sup></a> El ejemplo de Byron en esta tem&aacute;tica fue seguido en Espa&ntilde;a por Jos&eacute; de Espronceda, con su poema, que tambi&eacute;n se hizo famos&iacute;simo, <i>La canci&oacute;n del Pirata </i>(Madrid, 1840). Para este tipo de literatura en castellano ver Gerardo Gonz&aacute;lez de la Vega, <i>Por donde el viento nos lleve. Antolog&iacute;a de relatos espa&ntilde;oles de piratas,</i> Ediciones B, Madrid, 2003.</p>     <p><a href="#s10" name="10"><sup>10</sup></a> Hurst, Robinson and Co., London, 1822. Fenimore Cooper fue al autor de otra novela de gran &eacute;xito, <i>El &uacute;ltimo Mohicano, </i>1826.</p>     <p><a href="#s11" name="11"><sup>11</sup></a> Paris-Londres, 1826.</p>     <p><a href="#s12" name="12"><sup>12</sup></a> William S. Spear (comp y ed.), <i>The Memoirs of Lafitte, or The Barratarian Pirate: A Narrative Founded on Fact, </i>Impr. W.S. Spear, Providence, 1826.</p>     <p><a href="#s13" name="13"><sup>13</sup></a> Harper and Brothers, Nueva York, 1836.</p>     <p><a href="#s14" name="14"><sup>14</sup></a> Harper and Brothers, Nueva York, 1839.</p>     <p><a href="#s15" name="15"><sup>15</sup></a> Longman, Rees and Co., Londres, 1836. (Publicado conjuntamente con otro cuento, <i>The Three Cutters</i>)</i></p>     <p><a href="#s16" name="16"><sup>16</sup></a> Thomas Nelson and Sons, Londres, 1857.</p>     <p><a href="#s17" name="17"><sup>17</sup></a> Macmillan y and Co., Londres y Nueva York, 1871. (Por <i>fin: Unas navidades en las Indias Occidentales)</i></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a href="#s18" name="18"><sup>18</sup></a> Capitulo I. Traducci&oacute;n del autor.</p>     <p><a href="#s19" name="19"><sup>19</sup></a> De origen escoc&eacute;s (1726-1814). Autor de diversas composiciones como <i>Seis sonatas para viol&iacute;n </i>(1748), <i>Canciones para Sue&ntilde;o de una noche de verano </i>(1763) o varios himnos religiosos (1769). Escribi&oacute; tambi&eacute;n un trabajo sobre m&uacute;sica y teor&iacute;a musical, <i>Estado actual de la m&uacute;sica en Francia e Italia </i>(1771), una <i>Historia General de la M&uacute;sica </i>en 4 vol&uacute;menes (1776-1789) e incluso un ensayo biogr&aacute;fico titulado <i>Memorias de la vida y obras del Abate Metastasio </i>(1796).</p>     <p><a href="#s20" name="20"><sup>20</sup></a> <i>Her Majesty Ship. </i>Nav&iacute;o de Su Majestad. Distintivo de los buques de guerra brit&aacute;nicos.</p>     <p><a href="#s21" name="21"><sup>21</sup></a> Nav&iacute;o de l&iacute;nea de 80 ca&ntilde;ones construido en Woolwich en 1757, es decir, que Burney casi lo estren&oacute;. Estaba al mando del capit&aacute;n Macartney. Su combate m&aacute;s riguroso sucedi&oacute; en 1781 (ya no estaba Burney a bordo) contra la flota del almirante holand&eacute;s Zoutman, sufriendo severos da&ntilde;os y muriendo el mismo capit&aacute;n. Fue transformado en mercante en 1788 y vendido para su desguace en 1818. Todos los datos sobre los nav&iacute;os brit&aacute;nicos en Juan Marchena &quot;Parte V, Los buques de la Armada&quot;, en J. Marchena (coord.) <i>Apogeo y crisis de la Real Armada, 1750-1820, </i>J. de Anda., Universidad Pablo de Olavide Sevilla, 2012 (en prensa).</p>     <p><a href="#s22" name="22"><sup>22</sup></a> Nav&iacute;o de 74 ca&ntilde;ones. Capturado a las afueras de Brest por la flota del almirante Edward Hawkes a los franceses en 1748 cuando retornaba de escoltar un convoy a Saint Domingue. Ya bajo bandera inglesa, estuvo en 1757 a las &oacute;rdenes del capit&aacute;n Richard Howe en la isla de Aix, en un intento de tomar Rochefort. Combati&oacute; con efectividad durante toda la guerra de los Siete A&ntilde;os encuadrado en la flota de Hawkes. Fue desguazado en 1775.</p>     <p><a href="#s23" name="23"><sup>23</sup></a> Fragata de 33 ca&ntilde;ones, construida en Sheerness en 1759. Un buque con un largo historial: particip&oacute; en diversos combates, especialmente en la d&eacute;cada de los 90, en la flota de Lord Howe; tambi&eacute;n en la batalla del cabo San Vicente en 1797; luego fue destinado al Mediterr&aacute;neo, a la costa de Barcelona, donde lleg&oacute; a bombardear la ciudad, a Malta, donde apres&oacute; diversos nav&iacute;os mercantes enemigos, o en Aboukir, al mando del capit&aacute;n Hillyar. Recibi&oacute; varias menciones del almirante Horacio Nelson en sus partes de combate, en Argel, Tol&oacute;n, Batalla de Trafalgar y Algeciras. En 1810 fue anclado en Portsmouth como buque prisi&oacute;n y hospital,  y  finalmente vendido en 1814.</p>     <p><a href="#s24" name="24"><sup>24</sup></a> Una corbeta de 28 ca&ntilde;ones, construida en 1758, clasificada como de 6<sup>a</sup> rango en la Royal Navy. En este mismo buque hab&iacute;a servido el que luego ser&iacute;a famoso James Cook en 1765. Fue dado de baja y construido otro nav&iacute;o con el mismo nombre en 1786, mucho m&aacute;s grande, que particip&oacute; en las guerras Napole&oacute;nicas en la flota al mando de Horacio Nelson.</p>     <p><a href="#s25" name="25"><sup>25</sup></a> En la nomenclatura naval de la &eacute;poca, se entend&iacute;a por &quot;mando&quot; el estar al frente de un nav&iacute;o de Su Majestad como capit&aacute;n.</p>     <p><a href="#s26" name="26"><sup>26</sup></a> El <i>Resolution </i>era una balandra, es decir, un buque de peque&ntilde;o tama&ntilde;o (33 metros de eslora y 460 tn.) pero completamente modificado por Cook para realizar su segundo viaje de exploraci&oacute;n por el Pac&iacute;fico hasta quedar, en sus propias palabras, como &quot;el buque m&aacute;s apto para este servicio que cualquiera que haya visto&quot;. Fue construido en Whitby, Yorkshire, en 1770 como carbonero apto para el Mar del Norte, y se llam&oacute; originalmente <i>Drake. </i>Renombrado como <i>Marquis of Gramby, </i>fue comprado por la armada brit&aacute;nica en 1772 a fin de destinarlo a viajes de exploraci&oacute;n. En los astilleros de Deptford se le dot&oacute; de los m&aacute;s modernos instrumentos de navegaci&oacute;n de la &eacute;poca, como el comp&aacute;s de azimut de Gregory, los cron&oacute;metros conocidos como K1 para el c&aacute;lculo de la longitud, perfeccionados por Larcum Kendall, llevando a bordo adem&aacute;s al famoso astr&oacute;nomo William Wales y sus nuevos aparatos de medici&oacute;n, anclas especiales para el hielo, una potabilizadora de agua salada (la primera de su tiempo), doce ca&ntilde;ones de seis libras de cure&ntilde;a giratoria, y una gran cabina de puertas de cobre dise&ntilde;ada por el naturalista Joseph Banks, del que luego hablaremos, y que hab&iacute;a acompa&ntilde;ado a Cook en su primer viaje. Su cubierta fue ampliada a fin de que cupieran las plantas que habr&iacute;an de traer de la Polinesia, aunque, cuando se hicieron las pruebas de mar, el buque result&oacute; demasiado pesado y tuvo que ser de nuevo rehabilitado a pesar de la protestas de Banks, que se quej&oacute; de no poder hacer bien su trabajo de bot&aacute;nico si las condiciones no eran las requeridas. Banks fue finalmente sustituido en este viaje por los bot&aacute;nicos alemanes John Reinhold Forster y su hijo George Adam. El costo total de la remodelaci&oacute;n del buque, ahora llamado <i>Resolution, </i>alcanz&oacute; las 10.000 libras, y su airoso porte qued&oacute; inmortalizado en las acuarelas de Holman y William Hodges. A bordo de este mismo buque realiz&oacute; tambi&eacute;n Cook su tercer y &uacute;ltimo viaje (1776-1779) (Andrew Kippis, <i>The life of Captain James Cook... </i>G. Nicol, y J. Robinson, Londres, 1788) Al t&eacute;rmino de este viaje, el <i>Resolution </i>fue convertido en transporte armado y naveg&oacute; por las Indias Orientales, siendo capturado por el nav&iacute;o franc&eacute;s <i>Sphinx, </i>del almirante Suffren, en 1782. Fue enviado por &eacute;ste a Manila en busca de provisiones para su flota, pero nunca regres&oacute;. Suffren anot&oacute; que fue visto por &uacute;ltima vez en el estrecho de Sunda, y que sospechaba que o bien se hab&iacute;a hundido o hab&iacute;a sido retomado por los ingleses. Otras noticias afirman que el <i>Resolution </i>acab&oacute; como carbonero portugu&eacute;s en R&iacute;o de Janeiro, aunque tal dato nunca se confirm&oacute;. Philip Edwards (ed.) <i>James Cook: The Journals, </i>Penguin Books, Londres, 2003.</p>     <p><a href="#s27" name="27"><sup>27</sup></a> En el primer viaje, el buque de Cook hab&iacute;a sido el <i>Endeavour.</i></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a href="#s28" name="28"><sup>28</sup></a> Era originalmente el <i>Rayleigh </i>(340 tn.) muy similar al <i>Resolution. </i>Fue luego renombrado como <i>Marquis of Rockingham, </i>un carbonero originalmente, como el <i>Endeavour, </i>construido para la navegaci&oacute;n en el Mar del Norte. La armada brit&aacute;nica lo compr&oacute; en 1772 junto al anterior para participar en la segunda expedici&oacute;n de Cook. Fue igualmente readaptado en Deptford y armado con 10 ca&ntilde;ones de &uacute;ltima generaci&oacute;n. Partieron ambos buques de Plymouth en julio de 1772, y navegaron en conserva buena parta del tiempo, regresando el <i>Adventure </i>a Inglaterra en 1774. El <i>Adventure </i>fue transformado en 1780 en buque antiincendios y finalmente vendido en 1783, regresando a su originario destino de carbonero. Peter Aughton, Peter, <i>Endeavour: The Story of Captain Cook's First Great Epic Voyage. </i>Cassell &amp; Co., Londres, 2022.</p>     <p><a href="#s29" name="29"><sup>29</sup></a> Hab&iacute;a sido el segundo oficial de Samuel Wallis, que, al mando de la fragata <i>Dolphin, </i>naveg&oacute; el Pac&iacute;fico entre 1766 y 1768 por encargo del almirantazgo ingl&eacute;s. Desde Malvinas cruzaron el estrecho de Magallanes, alcanzando Tahit&iacute;, Tanian y Batavia, regresando por Buena Esperanza a Londres en 1768.</p>     <p><a href="#s30" name="30"><sup>30</sup></a> Una fragata de 28 ca&ntilde;ones, construida en Cowes en 1758. Al mando del capit&aacute;n Charles Webber particip&oacute;, integrando la flota del almirante Pocock, en el sitio y toma de la Habana de 1762. En 1776, comandada por el capit&aacute;n John Simons, tom&oacute; parte en la campa&ntilde;a naval contra las Trece Colonias, los futuros Estados Unidos. El 7 de agosto de 1778, junto con otros cinco buques, fue embarrancada e incendiada en Rhode Island antes de que cayera en manos del enemigo, pero Burney ya no estaba a bordo.</p>     <p><a href="#s31" name="31"><sup>31</sup></a> Era, una vez m&aacute;s, un carbonero construido en Whitby en 1774. De 298 tn., se trataba de un bergant&iacute;n llamado originariamente <i>Diligence, </i>al que Cook transform&oacute; en un &quot;full rigged ship&quot; (nav&iacute;o muy bien aparejado). Al regreso de este viaje sirvi&oacute; como buque de transporte hasta su desguace en 1797. Posteriormente llev&oacute; su mismo nombre una corbeta que fue la que utiliz&oacute; George Vancouver en su expedici&oacute;n por el Pac&iacute;fico Norte (1791-1795).</p>     <p><a href="#s32" name="32"><sup>32</sup></a> Efectivamente, seg&uacute;n la documentaci&oacute;n de la Royal Navy en The National Archives, la fragata <i>Latona </i>de 38 ca&ntilde;ones se incorpor&oacute; a la Armada en 1781, participando en la mayor parte de las actividades navales de la d&eacute;cada de los 90, especialmente en el Atl&aacute;ntico y el Caribe (Cura&ccedil;ao, Guadalupe, 1809) con el capit&aacute;n Brisbane, en Lisboa con el capit&aacute;n Rodney (1812) y luego en las costas en el norte de Espa&ntilde;a en 1813. Fue vendida en 1815.</p>     <p><a href="#s33" name="33"><sup>33</sup></a> Nav&iacute;o de 50 ca&ntilde;ones construido en Sheerness en 1775. Tras el viaje a la India con Burney y los da&ntilde;os causados por el accidente del <i>Duke od Atholl </i>en 1783, volvi&oacute; a Inglaterra, y qued&oacute; transformado en buque prisi&oacute;n en 1794 en Chatham. Fue finalmente desguazado en 1810.</p>     <p><a href="#s34" name="34"><sup>34</sup></a> Cuddalore en tamil significa Ciudad del Mar, y est&aacute; situada al sur de la Bah&iacute;a de Bengala. En la &eacute;poca de Burney se la conoc&iacute;a como Fort Saint David, y en ella estaba instalado el cuartel general brit&aacute;nico del sur de la India. En 1782 fue capturada por los franceses, siendo recuperada al a&ntilde;o siguiente por los brit&aacute;nicos, batalla en la que particip&oacute; el <i>Bristol.</i></p>     <p><a href="#s35" name="35"><sup>35</sup></a> Editado por Beverly Hooper, National Library of Australia, Canberra, 1975.</p>     <p><a href="#s36" name="36"><sup>36</sup></a> &Iacute;dem, p&aacute;g. 67.</p>     <p><a href="#s37" name="37"><sup>37</sup></a> &Iacute;dem, p&aacute;g. 68.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a href="#s38" name="38"><sup>38</sup></a> Tambi&eacute;n conocida como Madame D'Arblay.</p>     <p><a href="#s39" name="39"><sup>39</sup></a> Casada, como ya indicamos, con uno de los compa&ntilde;eros de Burney en el tercer viaje de Cook.</p>     <p><a href="#s40" name="40"><sup>40</sup></a> La importancia de la familia Burney en la Inglaterra de estos a&ntilde;os puede seguirse a trav&eacute;s de The Burney Centre, Department of English, McGill University, Montreal.</p>     <p><a href="#s41" name="41"><sup>41</sup></a> Charles Lamb (1775-1834) ensayista y escritor londinense, es muy conocido por sus obras <i>Ensayos de Elia </i>(1823), o <i>Cuentos de Shakespeare </i>(1811), escritos estos &uacute;ltimos con su hermana Mary. Sus personalidades constituyen un claro exponente del artista brit&aacute;nico de su &eacute;poca, con claras influencias de un romanticismo envuelto en severas dosis de melancol&iacute;a, y cuyas poes&iacute;as <i>(Versos en blanco, </i>1798, <i>Curaci&oacute;n del orgullo, </i>1802) fueron referentes de toda una generaci&oacute;n. Eran &iacute;ntimos amigos de Samuel Coleridge, de William y Dorothy Wordsworths, y en su grupo se incluyen los dem&aacute;s escritores j&oacute;venes que tanto favorecieron la reforma pol&iacute;tica en Inglaterra, como Percy Bysshe Shelley, William Hazlitt o Leigh Hunt, tambi&eacute;n asiduos de la casa de James Burney. La relaci&oacute;n entre los dos hermanos Lamb, Charles y Mary, ambos solteros, fue tan estrecha que a su muerte fueron enterrados juntos en el cementerio de Todos los Santos, Edmonton.</p>     <p><a href="#s42" name="42"><sup>42</sup></a> Sir Joseph Banks (1743-1829) fue uno de los m&aacute;s destacados naturalistas y, sobre todo, coleccionista y sistematizador, de la Inglaterra de la &eacute;poca. Viaj&oacute; con Cook en el primer viaje, e introdujo en Europa diversas especies como los eucaliptos, las acacias y las mimosas. Estudi&oacute; en Oxford y public&oacute; sus primeros trabajos sobre la bot&aacute;nica de Terranova y Labrador siguiendo el sistema de Linneo. Junto con el bot&aacute;nico sueco Daniel Solander, realiz&oacute; la primera descripci&oacute;n y recolecci&oacute;n de la flora australiana. Al regresar a Londres, y no aceptando las condiciones para viajar en la segunda expedici&oacute;n de Cook, fue nombrado miembro de la Royal Society, y luego su presidente, cargo en el que permanecer&iacute;a durante 42 a&ntilde;os. Realiz&oacute; expediciones a Islandia y &eacute;l mismo organiz&oacute; la de George Vancouver al noroeste del Canad&aacute; y la de William Bligh a la polinesia. Fue consejero del rey Jorge III y creador del jard&iacute;n bot&aacute;nico de Kew, convertido en uno de los m&aacute;s importantes del mundo por la gran cantidad de variedades que, siguiendo sus instrucciones, trajeron hasta &eacute;l muchos nav&iacute;os brit&aacute;nicos procedentes de los cinco continentes. Mantuvo adem&aacute;s las relaciones cient&iacute;ficas con el resto de Europa, a pesar del bloqueo impuesto por las guerras napole&oacute;nicas, especialmente con los colegas franceses, y entre ellos con Monsieur Louis Antoine de Bougainville, cuya planta que lleva su nombre fue estudiada por Banks e incorporada a los jardines europeos.</p>     <p><a href="#s43" name="43"><sup>43</sup></a> Literalmente &quot;El Mudo&quot;, o &quot;El Silencio&quot;, a medio camino entre la canasta y el bridge.</p>     <p><a href="#s44" name="44"><sup>44</sup></a> Como recompensa por sus servicios, William Bligh fue nombrado gobernador de Nueva Gales del Sur, donde de nuevo su car&aacute;cter intolerante origin&oacute; la conocida como rebeli&oacute;n del Ron en 1808.</p>     <p><a href="#s45" name="45"><i><sup>45</sup></i></a><i> Historia de los bucaneros de Am&eacute;rica. </i>Editorial Renacimiento, Sevilla, 2007.</p>     <p><a href="#s46" name="46"><sup>46</sup></a> Isla situada en la costa norte del actual Hait&iacute;.</p>     <p><a href="#s47" name="47"><sup>47</sup></a> Actual Saint Christopher, Islas de Sotavento, Peque&ntilde;as Antillas, rep&uacute;blica independiente de Saint Christopher-Nevis, con capital en Basseterre.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a href="#s48" name="48"><sup>48</sup></a> Para una ubicaci&oacute;n del bucanerismo en el contexto de la econom&iacute;a y la sociedad americanas del periodo, junto con una amplia bibliograf&iacute;a moderna sobre el tema, puede verse Juan Carlos Garavaglia y Juan Marchena F., <i>Am&eacute;rica Latina, de los or&iacute;genes a la Independencia, </i>Vol I, &quot;Am&eacute;rica Precolombina y la consolidaci&oacute;n del espacio colonial&quot;, Ed. Cr&iacute;tica, Barcelona, 2005. P&aacute;gs.336-346.</p>     <p><a href="#s49" name="49"><sup>49</sup></a> &quot;Guarro&quot;, en castellano. Una vez m&aacute;s, triunfa la onomatopeya.</p>     <p><a href="#s50" name="50"><sup>50</sup></a> Personaje verdaderamente fascinante cuyos diarios ha sido traducidos y publicados: <i>Diarios, 1660-1669, </i>Ed. Renacimiento, Sevilla, 2003, con pr&oacute;logo de Paul Morand.</p>     <p><a href="#s51" name="51"><sup>51</sup></a> Garrote.</p>     <p><a href="#s52" name="52"><sup>52</sup></a> Una de las islas de Sotavento, Peque&ntilde;as Antillas, y una de las bases de operaciones de los bucaneros en el Caribe. Actualmente rep&uacute;blica independiente de Antigua y Barbuda, con capital en Saint John's.</p>     <p><a href="#s53" name="53"><sup>53</sup></a> En la regi&oacute;n andina, expolio de sepulturas o lugares sagrados antiguos.</p> <hr>     <p><b>Bibliograf&iacute;a</b></p>     <!-- ref --><p>Beverly Hooper (ed.). <i>Whit Captain James Cook in the Antarctic and Pacific: The Private Journal of James Burney, Second Lieutenant of the Adventure on Cook's Second Voyage, 1772-1773. </i>National Library of Australia, Canberra, 1975. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000170&pid=S1794-8886201200010000300001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Charles Burney. <i>Estado actual de la m&uacute;sica en Francia e Italia. </i>Londres, 1771&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000171&pid=S1794-8886201200010000300002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><i>__________. Historia General de la M&uacute;sica. </i>Londres, 1776 - 1789.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000172&pid=S1794-8886201200010000300003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><i>__________. Memorias de la vida y obras del Abate Metastasio. </i>Londres, 1796.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000173&pid=S1794-8886201200010000300004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Charles Kingsley. <i>At Last: A Christmas in the West Indies. </i>Macmillan and Co., Londres y Nueva York, 1871.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000174&pid=S1794-8886201200010000300005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Charles Lamb. <i>Ensayos de Elia. </i>El Cobre. Barcelona, 2003.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000175&pid=S1794-8886201200010000300006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><i>__________. Cuentos de Shakespeare. </i>El Aleph. Barcelona, 2006&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000176&pid=S1794-8886201200010000300007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Daniel Defoe &amp; Shiv Kumar Kumar. <i>The life, adventures and Pyracies of the famous Captain Singleton. </i>Graves and Co. London, 1720.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000177&pid=S1794-8886201200010000300008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><i>__________. Robinson Crusoe. </i>W. TaylorLondres, impreso por W. Taylor en Paternoster Row, 1719.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000178&pid=S1794-8886201200010000300009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><i>__________. The Sea Cook or Treasure Island, </i>Young Folks, Londres, 1881-1882.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000179&pid=S1794-8886201200010000300010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Frederick Marryat. <i>The Pirate. </i>Longman, Rees and Co., Londres, 1836.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000180&pid=S1794-8886201200010000300011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Gerardo Gonz&aacute;lez de la Vega. <i>Por donde el viento nos lleve. Antolog&iacute;a de relatos espa&ntilde;oles de piratas, </i>Ediciones B. Madrid, 2003.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000181&pid=S1794-8886201200010000300012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>James Burney. <i>Historia de los bucaneros de Am&eacute;rica. </i>Editorial Renacimiento, Sevilla, 2007.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000182&pid=S1794-8886201200010000300013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>James Fenimore Cooper. <i>El &uacute;ltimo Mohicano. </i>Hurst, Robinson and Co. London, 1826. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000183&pid=S1794-8886201200010000300014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Jos&eacute; de Espronceda. <i>La canci&oacute;n del Pirata. </i>Madrid, 1840.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000184&pid=S1794-8886201200010000300015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Juan Carlos Garavaglia y Juan Marchena. Am&eacute;rica Latina, de los or&iacute;genes a la Independencia. En: <i>Am&eacute;rica Precolombina y la consolidaci&oacute;n del espacio colonial. </i>Ed. Cr&iacute;tica, Barcelona, 2005. P. 336-346.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000185&pid=S1794-8886201200010000300016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Juan Marchena. Los buques de la Armada. En: Juan Marchena (coord.) <i>Apogeo y crisis de la Real Armada, 1750-1820. </i>Universidad Pablo de Olavide. Sevilla, 2012.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000186&pid=S1794-8886201200010000300017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Lord Byron. <i>El Corsario, A Tale. </i>Ed. John Murray, Londres, 1814.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000187&pid=S1794-8886201200010000300018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Peter Aughton. <i>Endeavour: The Story of Captain Cook's First Great Epic Voyage.</i> Cassell &amp; Co. Londres, 2012.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000188&pid=S1794-8886201200010000300019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Philip Edwards (ed.). <i>James Cook: The Journals, </i>Penguin Books, Londres, 2003. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000189&pid=S1794-8886201200010000300020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Robert Michael Ballantyne. <i>The Coral Island, A Tale of the Pacific Ocean. </i>Thomas Nelson and Sons, Londres, 1857.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000190&pid=S1794-8886201200010000300021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Samuel Pepys. <i>Diarios 1660-1669. </i>Ed. Renacimiento, Sevilla, 2003.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000191&pid=S1794-8886201200010000300022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Sergio Pitol. El coraz&oacute;n de las tinieblas (Trad.) Joseph Conrad. <i>Heart of darkness.</i> Lumen, Barcelona, 1982.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000192&pid=S1794-8886201200010000300023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Thomas Johnson (ed). <i>The Complete Poems of Emily Dickinson. </i>Little, Brown &amp; Co., Boston, 1960.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000193&pid=S1794-8886201200010000300024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>William S. Spear (comp y ed.). <i>The Memoirs of Lafitte or The Barratarian Pirate: A Narrative Founded on Fact,, </i>Impr. W.S. Spear. Providence, 1826.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000194&pid=S1794-8886201200010000300025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><i>__________. Captain Kyd or The Wizard of the Sea. </i>Harper and Brothers, Nueva York, 1839.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000195&pid=S1794-8886201200010000300026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><i>__________. 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