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<journal-title><![CDATA[Diversitas: Perspectivas en Psicología]]></journal-title>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Duelo por muerte súbita desde el enfoque apreciativo: una opción de vida desde la pérdida]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Sorrow by sudden death from the appreciative approach: a life option from the loss]]></article-title>
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<institution><![CDATA[,Universidad Francisco José de Caldas  ]]></institution>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[The article presents the most representative approaches of psychology to the sorrow by sudden death and the positions for the handling of that from the clinical intervention, in order to discern the epistemological frame of reference on which the appreciative systematic exercise is sustained. In consequence, the text outlines an ecological understanding, integrating, of the no chronological moments by which the bereaved go across, that favors a crisis situations re-signification. Because of that, there is an emphasis in the relevance of the language that, understood in the order of the narration, allows the dialogal activity that made it constructor of realities.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[   <font face="verdana" size="2">  <font size="4">     <br>    <p align="center"><b>Duelo por muerte s&uacute;bita desde el enfoque    <br> apreciativo: una opci&oacute;n de vida desde la p&eacute;rdida</b></p></font>  <font size="3">     <p align="center"><b>Sorrow by sudden death from the appreciative    <br> approach: a life option from the loss</b></p></font>      <p>Lina Mar&iacute;a Parada Mu&ntilde;oz<a name="ast1" id="ast1"></a><a href="#ast1b"><sup>*</sup></a></p>     <p>Universidad Francisco Jos&eacute; de Caldas, Bogot&aacute;, Colombia</p>      <p><b>Recibido</b>: noviembre 20 de 2006 <b>Revisado</b>: diciembre 10 de 2006 <b>Aceptado</b>: enero 19 de 2007</p>  <hr>  <font size="3">     <br>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>RESUMEN</b></p></font>      <p>El art&iacute;culo presenta las aproximaciones m&aacute;s representativas de la psicolog&iacute;a al duelo por muerte s&uacute;bita y las posturas para el manejo del mismo desde la intervenci&oacute;n cl&iacute;nica, para discernir el marco de referencia epistemol&oacute;gico sobre el que se sustenta el ejercicio sist&eacute;mico apreciativo. En consecuencia, el texto perfila una comprensi&oacute;n ecol&oacute;gica, integradora, de los momentos no cronol&oacute;gicos por los que atraviesan los dolientes, que favorece una resignificaci&oacute;n de la situaci&oacute;n de crisis. Para esto, se hace &eacute;nfasis en la relevancia del lenguaje que, entendido en el orden de la narraci&oacute;n, permite la actividad dialogal que lo hace constructor de realidades.</p>      <p><b>Palabras clave</b>: Duelo, Intervenci&oacute;n sist&eacute;mica, Narrativa.</p>  <hr>  <font size="3">     <br>    <p><b>ABSTRACT</b></p></font>      <p>The article presents the most representative approaches of psychology to the sorrow by sudden death and the positions for the handling of that from the clinical intervention, in order to discern the epistemological frame of reference on which the appreciative systematic exercise is sustained. In consequence, the text outlines an ecological understanding, integrating, of the no chronological moments by which the bereaved go across, that favors a crisis situations re-signification. Because of that, there is an emphasis in the relevance of the language that, understood in the order of the narration, allows the dialogal activity that made it constructor of realities.</p>      <p><b>Keywords</b>: Sorrow, Systemic intervention, Narrative.</p>  <hr>      <br>    <p align="right"><i>Fuerte como la muerte es el amor.</i>    <br> San Agust&iacute;n</p>  <font size="3">     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>De las posturas tradicionales para abordar el duelo, y otros caminos de esperanza</b></p></font>      <p>En la actualidad se habla y escribe diariamente de la violencia y en especial de su principal consecuencia: la muerte. La recurrencia en el tema de la muerte proviene de un espectro de posturas con consideraciones diversas y divergentes sobre lo que &eacute;sta entra&ntilde;a (Fonnegra, 1999; Blair, 2005). Para el caso concreto de la psicolog&iacute;a, la preocupaci&oacute;n por la muerte ha redundado en una preocupaci&oacute;n por comprender las m&uacute;ltiples dimensiones que se hacen manifiestas en esta situaci&oacute;n, buscando reconocer, favorecer o movilizar las potencialidades humanas que la hacen comprensible y su papel en el duelo que afrontan las personas sobrevivientes.</p>     <p>En este sentido, la disciplina psicol&oacute;gica, como otras, ha promovido unas comprensiones de la situaci&oacute;n de muerte propicias para unos tiempos en los cuales no son suficientes los recursos que las sociedades y las culturas han utilizado desde siempre para hacerla admisible a los dolientes, y que b&aacute;sicamente proven&iacute;an de las estructuras del discurso religioso. As&iacute;, diferentes disciplinas se han encaminado a integrar las dimensiones que median no s&oacute;lo en las concepciones del morir, sino en las formas del duelo.</p>     <p>En relaci&oacute;n con el duelo, concretamente, esta integraci&oacute;n ha buscado reconocer las conexiones que existen entre las reacciones org&aacute;nicas asociadas a la pena, las implicaciones individuales que estas reacciones acarrean, los mecanismos culturales que las hacen comprensibles para un colectivo y las mediaciones sociales que las hacen tratables.</p>     <p>Al respecto, se ha comprobado que la pena, entendida como un dolor ps&iacute;quico que experimentan los seres humanos cuando pierden a alguien cercano, interfiere fisiol&oacute;gicamente con el flujo de secreciones corporales, present&aacute;ndose, entre otras reacciones, alteraciones org&aacute;nicas, como problemas respiratorios, palpitaciones, sudoraciones y trastornos del sue&ntilde;o y del apetito. Estas alteraciones no son causadas por la pena, pero s&iacute; est&aacute;n relacionadas con ella (Maturana, 1993). Estas reacciones no est&aacute;n inconexas de algunos patrones sociales y culturales que les confieren unos &oacute;rdenes de significaci&oacute;n, asumidos &eacute;stos como pautas de mediaci&oacute;n del duelo. Hasta cierto punto, se asumen como tr&aacute;nsitos inevitables. No obstante, queda abierta la cuesti&oacute;n de c&oacute;mo las significaciones generadas por estas pautas de mediaci&oacute;n definidas por la sociedad y la cultura pueden terminar favoreciendo situaciones de dilemas y crisis entre las personas en sus diferentes contextos.</p>     <p>En el caso espec&iacute;fico de la muerte s&uacute;bita o violenta de un ser querido, diferentes te&oacute;ricos han sustentado que en el proceso de vivenciar una pena, (es decir, en el duelo), as&iacute; como en la elaboraci&oacute;n del mismo, se presentan con frecuencia s&iacute;ntomas espec&iacute;ficos indicadores de crisis (O'Connor, 1990). Tales s&iacute;ntomas pueden ser la depresi&oacute;n severa o cr&oacute;nica (Bowlby, 2002), sentimientos de culpa (Fonnegra, 1996), el desarrollo de h&aacute;bitos de alcoholismo, ataques de p&aacute;nico, conductas agresivas e incluso suicidio (Grollman, 1989).</p>     <p>Sin pretender se&ntilde;alar una relaci&oacute;n de causalidad lineal y reduccionista entre el duelo y la crisis, es evidente que la muerte de un ser querido, en especial aquella inesperada y violenta, activa una serie de afecciones, emociones y vivencias que se pueden constituir en determinados contextos en factores perturbadores de la calidad de vida de una persona, en especial cuando &eacute;sta se rinde a la opci&oacute;n de resignificar esta situaci&oacute;n de muerte. Valga se&ntilde;alar que vivenciar un duelo no implica caracter&iacute;sticas patol&oacute;gicas ni tampoco que la persona que lo padece est&eacute; sometida a una enfermedad. Se trata, por el contrario, de un proceso que compromete las formas de significar la existencia. Este art&iacute;culo se afianza en esta consideraci&oacute;n que hace posible asumir que compartir el dolor permite trascenderlo.</p>     <p>En tal sentido, los te&oacute;ricos del campo de las ciencias sociales, en especial aquellos que se ubican dentro enfoques sist&eacute;micos, cibern&eacute;ticos y comunicacionales para dar cuenta del funcionamiento de los sistemas humanos, se interesan con mayor frecuencia en observar y estudiar la capacidad de los sistemas para persistir a pesar del cambio; es decir, la posibilidad que tienen &eacute;stos de absorber el cambio cualitativo y mantener la integridad del sistema a lo largo de un proceso de desarrollo (Foerster, 1996). As&iacute;, el foco para la resoluci&oacute;n del problema cambia de observar las debilidades a observar las fortalezas, los recursos y las potencialidades desde la narrativa de los sistemas, lo cual implica una visi&oacute;n diferente en el abordaje de los fen&oacute;menos humanos. Este enfoque resulta especialmente pertinente para el caso del duelo por muerte s&uacute;bita.</p>     <p>Aqu&iacute; se encuadra el enfoque apreciativo, centrado en investigar, con el sistema que consulta, con las historias de futuro que construyen un mejor presente, con las historias de lo que funciona, con las redes que se han silenciado, utilizando para ello el poder del lenguaje como potencializador de acciones asociadas a estas fortalezas (Lang, 1999). Este abordaje de la experiencia de duelo no pretende negar la dureza y crudeza de la muerte, sino que se dirige a reconocerla a trav&eacute;s de nuevos mapas, como maestra para quienes son testigos de su acontecer. De este modo, se busca que a trav&eacute;s del di&aacute;logo se pueda ampliar la capacidad de reflexi&oacute;n, acci&oacute;n y emoci&oacute;n del doliente para darle un nuevo significado a la experiencia de duelo, utilizando para ello herramientas apreciativas.</p>     <p>Esta concepci&oacute;n permite entender la actividad dialogal como un medio para re-relatar la experiencia, construir nuevos significados sobre los cuales se repotencian recursos, capacidades y fortalezas propias de las personas y de los contextos en donde se desenvuelven, de manera que esta resignificaci&oacute;n o construcci&oacute;n de significados alternativos reconfiguran la experiencia de la existencia trascendiendo el car&aacute;cter fijo o imposibilitante de los significados que configuran la experiencia anterior (White, citado por Medina, 1999). As&iacute;, en medio del duelo por una muerte s&uacute;bita se pueden configurar resignificaciones a la experiencia de vivir.</p>  <font size="3">     ]]></body>
<body><![CDATA[<br>    <p><b>Reflexi&oacute;n epistemol&oacute;gica</b></p>      <p><i><b>Del paradigma comprensivo al paradigma interventivo</b></i></p></font>      <p>La Teor&iacute;a General de los Sistemas, propuesta en un primer momento por Ludwig Von Bertalanffy (1967), asume que la organizaci&oacute;n de cualquier entidad procede de la interacci&oacute;n entre sus partes mediada por el ambiente. Esta propuesta, desplazada al campo de las ciencias humanas, hizo manifiesto el car&aacute;cter reductor de las aproximaciones que atomizaban a los individuos o los supeditaban a la coacci&oacute;n de estructuras. Los desarrollos de la Teor&iacute;a General de los Sistemas se conectaron con los alcances de la Cibern&eacute;tica, propuesta inicialmente por autores como Norbert Wiener, que permitieron dilucidar el funcionamiento sist&eacute;mico. As&iacute;, reconociendo los aportes de diferentes ciencias, estos autores pudieron se&ntilde;alar que un sistema ten&iacute;a dentro de sus principios la auto-organizaci&oacute;n y la retroalimentaci&oacute;n que permitieron dar cuenta de las formas de equilibrio, estabilidad, transformaci&oacute;n y cambio de los sistemas.</p>     <p>Las propuestas de la Teor&iacute;a General de los Sistemas y de la Cibern&eacute;tica redundaron en una transformaci&oacute;n de las teor&iacute;as de la comunicaci&oacute;n. En este sentido, los modelos cl&aacute;sicos que supeditaban la comunicaci&oacute;n a un evento cerrado configurado por emisores, receptores y mensajes en condiciones ideales fueron redefinidos por nuevos modelos que reconoc&iacute;an la comunicaci&oacute;n como una interacci&oacute;n inscrita en un sistema abierto donde emisores, receptores y mensajes estaban organizados en virtud de c&oacute;digos alimentados y retroalimentados contextualmente (Parada, 2006).</p>     <p>Con estas tres fuentes se afianz&oacute; un paradigma que entiende la acci&oacute;n humana como un proceso organizado en el lenguaje y sus m&uacute;ltiples niveles de codificaci&oacute;n, proceso que no est&aacute; predeterminado por estructuras o por individualidades, sino que se manifiesta precisamente en contextos sist&eacute;micos, interaccionales y comunicacionales. En consecuencia, esta definici&oacute;n del contexto lo hace &aacute;mbito de significaciones en las cuales se mantienen, transforman y expanden los potenciales de las acciones humanas (Gergen, 1996). Por esto, esta concepci&oacute;n contextual permiti&oacute; que estas tres fuentes se articularan con los desarrollos del construccionismo.</p>     <p>Este paradigma sist&eacute;mico, cibern&eacute;tico, comunicacional y construccionista fue reconocido tempranamente en el campo de la psicolog&iacute;a como una forma de reemprender nuevas aproximaciones que no estuvieran reducidas al fijismo de los individuos o al determinismo psicosocial. Por una parte, esta concepci&oacute;n permiti&oacute; redefinir la comprensi&oacute;n de los entramados humanos como sistemas, lo que reclamaba el car&aacute;cter interaccional de los fen&oacute;menos psicol&oacute;gicos. Esto supuso nuevas consideraciones para entender nociones como las de equilibrio, estabilidad, crisis y, obviamente, transformaci&oacute;n y cambio. Por otra parte, esta concepci&oacute;n, al plantear la comprensi&oacute;n sobre la interacci&oacute;n, la construcci&oacute;n de contextos y sobre el lenguaje, igualmente transform&oacute; la pr&aacute;ctica de la terapia. En este sentido, esta concepci&oacute;n centra la terapia en el contexto que permite la emergencia de significados sist&eacute;mica e interaccionalmente concebidos, los cuales pueden ser resignificados dentro de las posibilidades del lenguaje como constructores de realidades (Watzlawick, 1983).</p>     <p>Estos desarrollos permitieron involucrar a la narrativa como recurso para la terapia (Gonz&aacute;lez y Serna 2005). En efecto, en tanto la interacci&oacute;n terap&eacute;utica supone la presencia de relatos, &eacute;stos pueden ser reconocidos no como simples alusiones de una experiencia individual o como textos que ocultan una verdad s&oacute;lo reconocible por el terapeuta; por el contrario, este paradigma emergente permite que el relato que irrumpe en la interacci&oacute;n terap&eacute;utica se asuma como una convocatoria de significados inscritos en unos sistemas de origen que, a trav&eacute;s de la intervenci&oacute;n, pueden ser resignificados para movilizar a esos sistemas de base.</p>     <p>De esta manera, se forma el material m&aacute;s importante de trabajo del terapeuta: las historias que viven los consultantes, as&iacute; como las historias que crean y narran acerca de esas historias. En tal sentido, la terapia es una conversaci&oacute;n con sentido, un intercambio de historias que, apelando al significado como constructor del contexto, puede modificar el contexto para proponer nuevas formas de significaci&oacute;n. Considerar la terapia como una conversaci&oacute;n, y no como una cura, exige no s&oacute;lo evitar incurrir en el error de clasificarla como una intervenci&oacute;n m&eacute;dica, sino replantear el tema de la ret&oacute;rica y evaluar su significaci&oacute;n para la salud mental.</p>     <p>Este planteamiento abre una ventana que acerca al terapeuta a las personas desde el propio discurso del consultante, ya que la narrativa encarna la vivencia y la experiencia humana. En este sentido, se tiene en cuenta que la narrativa no s&oacute;lo es un asunto de contenido, sino que toma la forma de un tejido muy fino de sentimientos que reviven el pasado para construir el futuro, brindando la posibilidad de transformar el propio presente. Por tal raz&oacute;n, en el contexto del di&aacute;logo se encuentra una verdad de conexiones recursivas que enriquecen los procesos y contribuyen a la evoluci&oacute;n del ser humano en su integralidad, pese al dolor que implica perder a otro ser significativo.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Como se muestra, esta conexi&oacute;n paradigm&aacute;tica resulta en especial pertinente para las aproximaciones al duelo por muerte s&uacute;bita. Hace de la experiencia de p&eacute;rdida una situaci&oacute;n generadora de significaciones que no est&aacute;n relacionadas s&oacute;lo con el hecho de morir, que no son s&oacute;lo percepciones individuales y que tienen en medio el funcionamiento de unos sistemas y unos contextos. De este modo, la muerte se hace un marco generador de significaciones sobre el sentido de la vida.</p>  <font size="3">     <br>    <p><b>Reflexi&oacute;n disciplinar</b></p>     <p><i><b>El territorio del dolor ps&iacute;quico</b></i></p></font>      <p>Ahora bien, en relaci&oacute;n espec&iacute;fica con la muerte, se puede decir que todos los sentimientos, reacciones y cambios que ocurren en el per&iacute;odo que sigue a la muerte de alguien afectivamente importante se conocen como proceso de duelo. El t&eacute;rmino duelo tiene su origen en dos ra&iacute;ces latinas, <i>dolus </i>(dolor) y <i>duellum </i>(desaf&iacute;o). En este sentido, se puede afirmar que el duelo se entiende como un dolor ps&iacute;quico y tambi&eacute;n como un desaf&iacute;o a la estructura establecida, un desaf&iacute;o a producir una recomposici&oacute;n significante que le permita al deudo disponer de la falta instituyente, recreando una nueva realidad.</p>      <p>El duelo es una reacci&oacute;n frente a la p&eacute;rdida de una persona amada o de una abstracci&oacute;n que haga sus veces; es un agujero en lo real que moviliza todo el orden simb&oacute;lico. Dicho de otro modo, es un proceso activo de adaptaci&oacute;n ante la p&eacute;rdida de un ser querido que genera cambios en el emocionar del doliente. Sin embargo, la naturaleza del duelo est&aacute; directamente asociada a la forma de la muerte. En este caso, el duelo es diferente cuando tiene tras de s&iacute; una muerte preavisada o una muerte sin aviso.</p>     <p>En la muerte que no da preaviso y que se lleva a los seres amados de forma tr&aacute;gica, el dolor es m&aacute;s agudo y traum&aacute;tico, porque llega de una manera repentina, inesperada y prematura, que no da tiempo a decir adi&oacute;s. Este tipo de p&eacute;rdida puede llegar a sumergir a una persona en un sufrimiento devastador, a la vez que puede acarrear problem&aacute;ticas de distinta &iacute;ndole tanto a nivel f&iacute;sico como psicol&oacute;gico. En este sentido, es diferente la resonancia emocional de una muerte s&uacute;bita a la de una muerte esperada. La muerte que se avisa permite un espacio de preparaci&oacute;n para ir cerrando historias, limando rencores y saldando cuentas. Mientras que la muerte repentina aparece en escena como incomprensible, con la carga de fatalidad propia de un hecho irreparable.</p>     <p>La muerte inesperada, violenta o s&uacute;bita deja a los dolientes en un sinsentido, en una doble significaci&oacute;n: por una parte, con la conciencia aturdida, desmayado el psiquismo, vulnerada la seguridad y, por otra, sin entender ni comprender el significado de lo acontecido, como vac&iacute;o de respuestas (Grecco, 1998). Las personas que sufren el arrebato de una p&eacute;rdida como &eacute;sta parecen sufrir de una herida abierta que les causa inmenso dolor. A su vez, esto los sit&uacute;a en el escenario de las emociones donde afloran sentimientos de venganza, odio e impotencia entre los sobrevivientes, as&iacute; como la necesidad apremiante de encontrar un culpable. El mismo autor se&ntilde;ala que la muerte sorpresiva es un acontecimiento que no se metaboliza, incorpora y transforma en acci&oacute;n efectiva, que puede llevar al doliente a la rememoraci&oacute;n dolorosa del hecho a trav&eacute;s de los sue&ntilde;os y, en ocasiones, en plena vigilia.</p>     <p>La psiquiatra y sanat&oacute;loga Elizabeth K&uuml;bler-Ross (1995) es una de las pioneras en la investigaci&oacute;n con personas que enfrentan el duelo ante la muerte. Ella abri&oacute; una ventana para la comprensi&oacute;n desde la psicolog&iacute;a de la vivencia del morir, mediante el uso de la entrevista como herramienta de intervenci&oacute;n y estudio. Seg&uacute;n K&uuml;bler-Ross, en el duelo pueden presentarse ciertas respuestas emocionales en forma de etapas. Al conjunto de estas etapas se ha llamado proceso de duelo. En un primer momento, seg&uacute;n la autora, hay una reacci&oacute;n inicial de choque, donde algunas personas sienten una sacudida f&iacute;sica ante la conmoci&oacute;n de descubrir que alguien cercano ha muerto. La noticia de la muerte invade en forma de sorpresa violenta, una experiencia que se intenta negar, amortiguar o adormecer. Los sobrevivientes quedan en un estado de entumecimiento e incredulidad que les permite aislarse temporalmente de la angustia que genera el deceso de alguien cercano. Las personas se perciben como si no sintieran nada, es probable que no expresen o no manifiesten nada en los rituales san&aacute;ticos y que atiendan otros asuntos de forma &aacute;gil y pr&aacute;ctica.</p>     <p>Puede que aparezca, entonces, la negaci&oacute;n asociada al impacto de la muerte, para luego, al estar lista la psiquis, empezar a conectarse con el dolor de la p&eacute;rdida. La negaci&oacute;n como mecanismo de defensa es &uacute;til, ya que permite a la psiquis acomodarse y asimilar lentamente, y no de un solo golpe, la nueva realidad. De hecho, para algunos autores, como O'Connor (1990), en este proceso puede aparecer una etapa por lo regular corta, en la cual el sobreviviente recurre a fantas&iacute;as acerca de devolverle la vida a la persona muerta, asumiendo que todo ha sido un mal entendido y para ello proyecta recurrentemente fantas&iacute;as que se desvanecen r&aacute;pidamente.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En otros momentos del duelo puede aparecer el enojo como un sentimiento que se puede exteriorizar en forma de rabia o agresividad o internalizarse y experimentarse como depresi&oacute;n. El enojo se puede proyectar hacia las otras personas en forma de reproches, poca tolerancia y resentimiento. En algunos casos, esto propicia conductas violentas encaminadas a liberar sentimientos de odio y frustraci&oacute;n. Cuando se reviste como depresi&oacute;n, el enojo es una autoflagelaci&oacute;n, que conduce a sentimientos de desamparo, desesperanza e impotencia. Se manifiesta a trav&eacute;s del llanto, del des&aacute;nimo y del desapego.</p>     <p>En ocasiones, se presenta la victimizaci&oacute;n del doliente asociada a discursos de fragilidad. Este tipo de rebusque emocional demanda un trato especial y consideraciones. La persona llega a sentir que es la &uacute;nica en vivenciar el dolor, queriendo en ocasiones obtener ganancias del sentimiento de conmiseraci&oacute;n que despierta en quienes la rodean, ya sea obteniendo trato especial o cualquier tipo de concesiones. Aqu&iacute; aparecen esos sentimientos de orfandad que est&aacute;n relacionados con una fuerte p&eacute;rdida de autoestima, de no valer ni merecer nada, lo que puede llegar a fortalecer la depresi&oacute;n, traducida tambi&eacute;n en sensaciones de inutilidad en la vida y de hast&iacute;o, as&iacute; como en la incapacidad de tolerarse a s&iacute; mismo.</p>     <p>La culpa nace en la idea de que algo se pudo haber hecho y no se hizo, o la retractaci&oacute;n de algo que se hizo, se pens&oacute; o se dijo. El sentimiento de culpa es un factor que puede retrasar significativamente el proceso de duelo. Sin embargo, la aceptaci&oacute;n pac&iacute;fica de la muerte de una persona cercana es una meta alcanzable donde se da el recuerdo sin dolor (Worden, 1997).</p>     <p>Ahora bien, Grollman (1991) postula cuatro grandes tareas que pueden facilitar la elaboraci&oacute;n del duelo y superar los momentos expuestos anteriormente, cada una es prerrequisito para la siguiente y son de gran utilidad pr&aacute;ctica, pues permiten al profesional de la salud mental evaluar cada caso particular y detectar d&oacute;nde se ubican los bloqueos y las fallas. Estas tareas son:</p>  <ul>       <li>    <p> Aceptar: hace referencia a admitir la muerte como un final inmodificable. Lo opuesto ser&iacute;a negar la muerte o desconocer los detalles de la misma.</p></li>          <li>    <p> Reaccionar: poder sentir y manifestar el dolor, la rabia, la impotencia, la angustia y la apat&iacute;a que se pueden llegar a experimentar en estos momentos dif&iacute;ciles. Lo opuesto es reforzar el rol de fuertes e inquebrantables, rehusando aceptar la fragilidad humana, rol que exalta la cultura y por el cual se paga un alto costo emocional.</p></li>          <li>    <p> Readaptarse: ubicarse en un ambiente que acepta el vac&iacute;o que deja el que muri&oacute;. Lo contrario ser&iacute;a renunciar a asumir nuevas funciones y responsabilidades o no cambiar nada del ambiente f&iacute;sico, dejando las cosas tal como estaban antes de la muerte despu&eacute;s de pasados tres meses de p&eacute;rdida.</p></li>          ]]></body>
<body><![CDATA[<li>    <p> Liberar la energ&iacute;a psicol&oacute;gica de la relaci&oacute;n con quien muri&oacute;, en el sentido de reinventar proyectos para la vida y volver a amar. Lo contrario ser&iacute;a la muerte afectiva, sobreviviendo y renunciando a vivir.</p></li>      </ul>        <p>Es importante tener en cuenta, al trabajar terap&eacute;uticamente con los sobrevivientes de una muerte s&uacute;bita o inesperada, el nivel de idealizaci&oacute;n que se hace de la persona muerta, ya que esto puede llegar a intensificar el dolor del duelo. El doliente selecciona los recuerdos positivos sobregeneraliz&aacute;ndolos a todas las &aacute;reas de la vida de esa persona, bloqueando aquellas vivencias menos agradables que facilitan los sentimientos de culpa.</p>     <p>Otros dos componentes importantes en este fen&oacute;meno de la muerte s&uacute;bita son el proceso de inhibici&oacute;n del psiquismo y la presencia de dolor moral. Por inhibici&oacute;n se entiende una lentificaci&oacute;n de las funciones ps&iacute;quicas que trae como consecuencia una reducci&oacute;n del campo de conciencia de la persona y del dolor moral, y que se manifiesta como p&eacute;rdida de valor e imagen, desesperanza y angustia por el mundo que rodea al doliente.</p>     <p>As&iacute;, la muerte inesperada aparece como un acontecimiento sorpresivo, que conmociona y desborda, pero sobre todo como una experiencia que transforma y violenta la cotidianidad.</p>     <p>Sin duda, cualquier muerte cercana, aun la esperada, posee estas caracter&iacute;sticas, pero en la muerte que se prev&eacute; se ha ido dando una preparaci&oacute;n, de tal modo que el impacto se amortigua en la elaboraci&oacute;n de la espera. Los dolientes se van acondicionando a una nueva realidad. Ambos tipos de muerte son dolorosos, pero uno es bajo la forma del sobresalto; el otro, del sobrecogimiento.</p>     <p>En este sentido, con la muerte s&uacute;bita de una persona, un sistema familiar se ve en la necesidad de adaptarse en varios niveles de su funcionamiento, entre los que se incluyen la reorganizaci&oacute;n de los sistemas comunicacionales, las reglas, las nuevas jerarqu&iacute;as y la redistribuci&oacute;n de roles. Cada cambio que sigue a la muerte de un miembro de la familia simboliza la muerte de la familia misma, siendo el objetivo primordial establecer una nueva familia nacida de la vieja. Por lo tanto, las personas necesitan tiempo para negociar estos cambios, ya que, como lo se&ntilde;ala Ortega Allu&eacute; (1995), en los momentos de p&eacute;rdida el sistema corre el riesgo de estar amenazado con su propia desaparici&oacute;n. En este per&iacute;odo de crisis, en una actitud defensiva del sistema, es posible que se d&eacute; un reagrupamiento de la familia, una intensificaci&oacute;n relacional con la familia extensa, a la vez que disminuye la interacci&oacute;n con el entorno.</p>     <p>Precisamente, el sentido del duelo dentro del funcionamiento de un sistema hace parte sustantiva del enfoque sist&eacute;mico del duelo (Hart y Goznes, 1987). Para el abordaje terap&eacute;utico sist&eacute;mico, se plantean posibilidades para la elaboraci&oacute;n de rituales y tareas terap&eacute;uticas, que comprenden tres fases (preparaci&oacute;n, reorganizaci&oacute;n y finalizaci&oacute;n) con el fin de facilitar la adaptaci&oacute;n de una familia a la realidad de muerte.</p>     <p><i>En la fase de preparaci&oacute;n</i>, se observa si es un solo miembro o son varios los que tienen problemas en la elaboraci&oacute;n del duelo, conociendo a la vez si es una muerte esperada o inesperada. En este punto del proceso se reconoce si ciertos objetos, los llamados objetos vinculares, son reverenciados por el consultante o la familia y la funci&oacute;n que est&aacute;n cumpliendo. Por lo general, estos objetos sirven para crear la ilusi&oacute;n de que quien muri&oacute; sigue viviendo. En la fase preparatoria, el psic&oacute;logo explica c&oacute;mo se llevar&aacute; a cabo el proceso psicol&oacute;gico. Es importante determinar si el consultante est&aacute; muy motivado para una tarea que ser&aacute; emocionalmente ardua, siendo posible m&aacute;s de un encuentro por semana y llamadas telef&oacute;nicas siempre que exista necesidad.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><i>En la fase de reorganizaci&oacute;n </i>se trabaja la parte m&aacute;s dolorosa dentro del proceso terap&eacute;utico para el consultante, ya que se colocan al descubierto los sentimientos de desesperaci&oacute;n, desesperanza o depresi&oacute;n. Durante esta fase los rituales ayudan al tr&aacute;nsito del per&iacute;odo de duelo a la vida normal, toda vez que el deudo elabora a trav&eacute;s del lenguaje la ausencia f&iacute;sica y emocional que deja la persona que fallece. En este tipo de rituales terap&eacute;uticos, el psic&oacute;logo puede pedir al consultante ciertos objetos simb&oacute;licos que le unan a la persona muerta pidi&eacute;ndosele que confiera a los objetos una importancia mayor y m&aacute;s visibilidad dentro de su contexto f&iacute;sico y cotidiano. El consultante puede crear poemas, cartas, esculturas, dibujos, que sirvan como s&iacute;mbolo del v&iacute;nculo.</p>     <p>Este abordaje, adem&aacute;s, trabaja la carta continuada como tarea terap&eacute;utica. &eacute;sta es una despedida ritual que se elabora a lo largo de dos semanas y es especialmente adecuada para consultantes con un duelo complicado y sostenido por un largo per&iacute;odo. Esta tarea funciona como posibilidad de expresar sentimientos ambivalentes hacia la persona que fallece. El consultante debe escribir todos los d&iacute;as o al menos tres d&iacute;as por semana, durante una hora prefijada, emociones, ideas o recuerdos que se asocien a su pena. Si en alg&uacute;n momento el consultante no sabe qu&eacute; escribir, debe continuar sentado frente al papel hasta agotar el tiempo acordado. Esta tarea busca especialmente delimitar en t&eacute;rminos de tiempo la energ&iacute;a psicol&oacute;gica asociada a la pena, con el fin de que el dolor no se desborde en la cotidianidad y la persona pueda continuar con su vida.</p>     <p><i>En la fase de finalizaci&oacute;n </i>se observan, adem&aacute;s, tres partes: ceremonia de despedida, rito de pureza y rito de reunificaci&oacute;n.</p>     <p>Este enfoque valora el conocimiento de la configuraci&oacute;n global de la familia que reconoce la posici&oacute;n funcional que ocupaba la persona que falleci&oacute;, el nivel general de readaptaci&oacute;n vital, la etapa del ciclo de vida familiar, el rol que jugaba el difunto, la integraci&oacute;n y expresi&oacute;n emocional y los factores socioculturales dentro de los cuales la familia se desenvuelve. Estos aspectos se consideran de gran ayuda en el momento de evaluaci&oacute;n de este tipo de casos y su posterior intervenci&oacute;n (Bowlby, 1996).</p>  <font size="3">     <br>    <p><i><b>Historias sobre las historias y otras estrategias para la intervenci&oacute;n</b></i></p></font>      <p>De acuerdo con diferentes autores (Watzlawick, 1983; Gergen, 1996), si se quiere hacer alg&uacute;n cambio significativo hacia una evoluci&oacute;n arm&oacute;nica, es el lenguaje por donde se debe empezar. Los autores proponen una reflexi&oacute;n cuya actividad dialogal y recursiva conceda una resignificaci&oacute;n a trav&eacute;s de la narrativa y del lenguaje, y facilite un espacio donde la vida contin&uacute;e a pesar del dolor por la p&eacute;rdida. Se utilizan para ello los sue&ntilde;os, habilidades y recursos de los sobrevivientes. La b&uacute;squeda de un nuevo sentido permite decir adi&oacute;s sin olvidar, permiti&eacute;ndose percibir la muerte como una fuerza poderosa y creativa.</p>     <p>La construcci&oacute;n de espacios transformadores se percibe mucho m&aacute;s en el centro de las crisis. En estos momentos de dolor y fragilidad resulta &uacute;til un mensaje que invite a dejar morir lo que ha muerto y a escuchar en la p&eacute;rdida mucho m&aacute;s que dolor, sufrimiento o temor. As&iacute;, una historia de crisis se asume como una historia entre otras historias. Historias de duelo, de muertes s&uacute;bitas, historias de sufrimiento y sinsentido, historias de reencuentro con el otro, historias a las que un proceso interventivo puede facilitar el cambio, historias que se mantienen en conversaciones que se traducen en narrativas, que construyen realidades (Navarro, 1992).</p>     <p>En t&eacute;rminos socioling&uuml;&iacute;sticos, las narrativas son unidades de discurso organizadas que tienen como funci&oacute;n el relato de una historia. Narrar es una forma de volver sobre la experiencia pasada o de construir una experiencia presente o futura que implica a menudo una secuencia temporal (Landau, 1984). Estas narrativas tienen una visi&oacute;n en primera persona, una organizaci&oacute;n, temporalidad y coherencia tem&aacute;tica. Su uso en la investigaci&oacute;n psicol&oacute;gica tiene muchas de sus ra&iacute;ces en la investigaci&oacute;n personol&oacute;gica de Murray (2001), con el entendimiento evolutivo de los asuntos vitales narrados.</p>     <p>Varios autores han examinado la tematizaci&oacute;n de historia vital personal como una autoimagen estructurada. En este sentido, las conversaciones encontradas en un marco de grupo pueden representar narrativas completas en el sentido de una historia personal, y son utilizadas para entender el s&iacute; mismo y los asuntos vitales de los participantes del grupo.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Estas narrativas personales que aparecen en conversaciones de grupo necesitan interpretarse en contexto y ser vistas como generadoras de contextos a los que los miembros de un grupo pueden responder. As&iacute;, la construcci&oacute;n de un individuo debe entenderse en comuni&oacute;n con los significados compartidos entre &eacute;l mismo, el grupo y la cultura, a trav&eacute;s del intercambio narrativo.</p>     <p>Partiendo del supuesto que plantean White y Epston (1993) &mdash;seg&uacute;n el cual la actividad dialogal permite, al re-relatar una experiencia, construir nuevos significados en la medida que cada conversaci&oacute;n facilita la repotenciaci&oacute;n de recursos, fortalezas y capacidades propias de la diversidad del ser humano&mdash;, se puede se&ntilde;alar que el duelo por muerte s&uacute;bita es una proceso propicio para que, convertido en forma de significaci&oacute;n del sistema ante la p&eacute;rdida, explore nuevas significaciones ante la vida. Es precisamente a trav&eacute;s del lenguaje y del hecho de conversar que, de alguna manera, los sujetos sociales participamos de la construcci&oacute;n de conocimiento en torno a la vida y a las caracter&iacute;sticas del ambiente. Al apelar a la exploraci&oacute;n y a la continua pr&aacute;ctica de nuevas formas de hablar, pueden darse nuevos estilos de funcionamiento y cambios en sus patrones de relaci&oacute;n con los dem&aacute;s. Las personas pueden modificar lo que sienten por ellas y verse a s&iacute; mismas construyendo, restableciendo y asumiendo valores, visiones y actitudes integradoras que movilizan estructuras profundas en el marco de vida de la persona. En este punto, es participe activo en el direccionamiento de su vida.</p>     <p>Dentro de esta postura, la intervenci&oacute;n se lleva a cabo a trav&eacute;s de la entrevista, utilizando para ello el uso de preguntas reflexivas, circulares y apreciativas, hechas con la intenci&oacute;n de facilitar la auto-recuperaci&oacute;n del individuo. Este proceso se lleva a cabo mediante la activaci&oacute;n de la flexibilidad entre los significados de los sistemas preexistentes de creencias, con el fin de permitir a los miembros de una familia generar por s&iacute; mismos patrones constructivos de cognici&oacute;n y conducta.</p>     <p>Una postura flexible que se conecta con las ideas anteriores es precisamente la argumentada por el enfoque apreciativo. P. Lang (1999) plantea que con esta visi&oacute;n ecol&oacute;gica del sistema, se puede orientar el trabajo interventivo para centrarse en los recursos de las personas y lo positivo de sus historias del pasado, para crear un presente esperanzador, a pesar de la crisis.</p>     <p>El planteamiento se basa en los sue&ntilde;os silenciados y en un lenguaje constructor de realidades, que posibilita a las personas retomar sus habilidades y valores. La mirada apreciativa facilita el trabajo con contextos m&aacute;s amplios que atraviesan por muertes violentas de miembros de su comunidad, pretendiendo cambiar el foco de la visi&oacute;n en torno al problema, en el sentido de proyectar las persona del pasado hacia el futuro, de forma que se permita desarrollar una planeaci&oacute;n de c&oacute;mo construir el futuro a partir del encuentro con las potencialidades y fortalezas de las personas. En este sentido, el trabajo apuntar&iacute;a a la prevenci&oacute;n de narraciones y acciones violentas; en suma, historias de venganza.</p>     <p>Lo anterior se basa en el prejuicio sist&eacute;mico seg&uacute;n el cual cuando una persona ve lo mejor de s&iacute; y del otro, compartiendo sus sue&ntilde;os, construye formas de materializarlo a trav&eacute;s de caminos de acci&oacute;n y de la conexi&oacute;n de las fortalezas, habilidades y potencialidades silenciadas. Es probable que no se obtenga una soluci&oacute;n ideal, pero s&iacute; se introduce a la persona en un lenguaje que se asocia a cambios contundentes en la capacidad de acci&oacute;n, emoci&oacute;n y reflexi&oacute;n que repercute en el estilo de vida, en las conversaciones y, en general, en el libreto de vida que se asume. Este planteamiento se apoya en los postulados de Rosenwald y Ochberg (2001), seg&uacute;n los cuales el modo en que los individuos recuentan sus historias, aquello que recalcan u omiten, su posici&oacute;n como protagonistas o v&iacute;ctimas, as&iacute; como la relaci&oacute;n que el relato establece entre el que cuenta y el p&uacute;blico, moldea lo que los individuos pueden declarar de sus propias vidas. Las historias personales son meramente un modo de contar a alguien o a s&iacute; mismo la propia vida, son medios a trav&eacute;s de los cuales las identidades pueden ser moldeadas.</p>     <p>El prop&oacute;sito del enfoque apreciativo es fundamentar pr&aacute;cticas que movilicen procesos a trav&eacute;s de miradas integradoras para la transformaci&oacute;n activa de las personas. Estos procesos implican grupos de gente reunida con el fin de construir estrategias creativas que lleven al futuro y construyan presente.</p>     <p>Por &uacute;ltimo, es pertinente anotar que autores como Lang (1999), que trabaja con este enfoque, sostienen que este m&eacute;todo afecta el estilo de pensamiento de las personas, su modo de comunicarse y relacionarse con el mundo. As&iacute; mismo, posibilita la transformaci&oacute;n del sistema y favorece, a su vez, un significativo incremento de di&aacute;logos internos positivos. La validez narrativa, por consiguiente, depende fuertemente de la afirmaci&oacute;n de los dem&aacute;s. Cada uno est&aacute; soldado en las construcciones de las historias de las otras personas con las que socializa, creando as&iacute; una red de identidades en relaci&oacute;n de reciprocidad que puede propiciar un vivir m&aacute;s armonioso para las personas que experimentan la p&eacute;rdida de un ser querido.</p>  <font size="3">     <br>    <p><b>Comentarios finales</b></p></font>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Cuando una persona fallece, especialmente de manera s&uacute;bita y violenta, las personas cercanas a ella que le sobreviven se enfrentan en la mayor&iacute;a de los casos a enormes presiones, a decisiones dif&iacute;ciles de tomar y a cambios en su emocionar interno. Cambios que marcan su particular forma de interactuar en y con el mundo.</p>     <p>Para estas personas que se enfrentan a momentos dif&iacute;ciles, como la muerte prematura de un ser querido, resulta &uacute;til abrir un espacio encaminado hacia la reflexi&oacute;n, donde el emocionar se manifieste de forma espont&aacute;nea y permita en el dolor descubrir la voluntad necesaria para asumir la p&eacute;rdida como parte de una realidad inmodificable.</p>     <p>Este espacio bien podr&iacute;a constituirse en un contexto terap&eacute;utico que facilite elaborar los sentimientos asociados a la p&eacute;rdida, utilizando para ello la conversaci&oacute;n con sentido que plantea el enfoque apreciativo, que centra sus ejes de trabajo en rescatar las historias de lo que ha funcionado en la vida de las personas. As&iacute; mismo, invita a rerelatar una experiencia, en este caso, de enorme costo emocional, a construir nuevos significados, de forma que la vida pueda seguir su curso a pesar del dolor, a ampliar la conciencia y la aceptaci&oacute;n de la muerte del otro, facilitando la repotenciaci&oacute;n de los recursos del ser humano.</p>     <p>Finalmente, se pretende invitar a aprender con ese lado de la vida que es el sufrimiento, ya que experiencias dolorosas pueden ser aleccionadoras y potencializadoras en la experiencia humana, utilizando el lenguaje como herramienta para discernir la lecci&oacute;n que una muerte s&uacute;bita propone.</p>  <hr>  <font size="3">     <br>    <p><b>Referencias</b></p></font>      <!-- ref --><p>Bertalanffy, L<i>. </i>(1967) <i>Robots, men and minds</i>, New York: Gerge Braziller.        &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000099&pid=S1794-9998200700010000500001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Blair, E. (2005). <i>Muertes violentas</i>. Medell&iacute;n: Universidad de Antioquia.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000100&pid=S1794-9998200700010000500002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Bowlby, J. (2002). <i>Attachment and loss, sandness and depression</i>. New York: Basic book.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000101&pid=S1794-9998200700010000500003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Bowlby, J. (1996). V&iacute;nculos afectivos: formaci&oacute;n desarrollo y p&eacute;rdida. Buenos Aires: Morata.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000102&pid=S1794-9998200700010000500004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Fonnegra, (1999). <i>De cara a la muerte</i>, Bogot&aacute;: Intermedio.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000103&pid=S1794-9998200700010000500005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Fonnegra, (1996) Cuando la muerte no se anuncia, Bogot&aacute;: Fundaci&oacute;n Omega&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000104&pid=S1794-9998200700010000500006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Foerster, H. (1996). <i>Las semillas de la cibern&eacute;tica</i>. Barcelona: Editorial Gedisa.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000105&pid=S1794-9998200700010000500007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Gergen, K. (1996). <i>Realidades y relaciones</i>. <i>Aproximaciones a la construcci&oacute;n social</i>. Buenos Aires: Paid&oacute;s.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000106&pid=S1794-9998200700010000500008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Gonz&aacute;lez, O. &amp; Serna, A. (2005). "Entre el estilo y el m&eacute;todo: el estatuto de la narrativa en la comprensi&oacute;n de los universos psico-socio-culturales". <i>Diversitas: perspectivas en psicolog&iacute;a</i> 1(1):63-78. Bogot&aacute;: Universidad Santo Tom&aacute;s.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000107&pid=S1794-9998200700010000500009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Grecco, E. (1998) <i>Muertes inesperadas</i>, Buenos Aires: Continente.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000108&pid=S1794-9998200700010000500010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Grollman, E. (1991). <i>Suicide prevention, intervention postvention</i>. Boston: Beacon press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000109&pid=S1794-9998200700010000500011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Grollman, E. (1989). <i>Talking about death</i>, New York: Beacon Press books.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000110&pid=S1794-9998200700010000500012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>K&uuml;bler-Ross, E. (1995). <i>Sobre la muerte y los moribundos</i>, Barcelona: Grijalbo.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000111&pid=S1794-9998200700010000500013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Lang, P. (1999). Ensayo: <i>El enfoque apreciativo, </i>Bogot&aacute;, Sistemas Humanos.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000112&pid=S1794-9998200700010000500014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Landau, M. (1984).<i>Human evolution as narrative</i>, New York: American Scientist.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000113&pid=S1794-9998200700010000500015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Maturana, H. (1993<i>). El sentido de lo humano</i>, Barcelona: Dolmen Ediciones.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000114&pid=S1794-9998200700010000500016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Medina, M. (1999). "Reflexiones en torno a la muerte de un ser querido." <i>En Cosechando semillas. </i>Bogot&aacute;: Pontificia Universidad Javeriana, Editorial Ceja.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000115&pid=S1794-9998200700010000500017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Murray, K. (2001<i>). Justificatory accounts and the meaning of the marathon as asocial event. </i>Sydney: Australian psychologist.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000116&pid=S1794-9998200700010000500018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Navarro, J. (1992). <i>T&eacute;cnicas y programas en terapia familiar</i>. 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(1995). <i>En la escuela de la terapia familiar. </i>Barcelona: Universidad Aut&oacute;noma de Barcelona.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000119&pid=S1794-9998200700010000500021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Parada, L.M. (2006). "Modos comunicacionales en el universo de las organizaciones: elementos para un abordaje sist&eacute;mico". En <i>Estructura tiempo y sujeto nuevos recursos para la discusi&oacute;n interdisciplinaria. </i>Bogot&aacute;: Fondo de Publicaciones Universidad Distrital Francisco Jos&eacute; de Caldas.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000120&pid=S1794-9998200700010000500022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Rosenwald, G. y Ochberg, (2001). <i>Storied Lives: The cultural politics off self</i> <i>understanding, </i>New Haven, Yale University press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000121&pid=S1794-9998200700010000500023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Van der Hart, O. y Goossens, F.A. (1987). <i>Leavetaking rituals in mourning therapy</i>, Israel Journal of psychiatry and related sciences, vol. 24.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000122&pid=S1794-9998200700010000500024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Worden J. (1997). <i>El tratamiento del duelo: asesoramiento psicol&oacute;gico y terapia</i>. Barcelona: Paid&oacute;s.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000123&pid=S1794-9998200700010000500025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Watzlawick, (1983)<i>. El lenguaje del cambio, </i>Barcelona: Herder.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000124&pid=S1794-9998200700010000500026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>White, M. y Epston D. (1993)<i>. Medios narrativos para fines terap&eacute;uticos, </i>Barcelona: Paid&oacute;s.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000125&pid=S1794-9998200700010000500027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p><a name="ast1b" id="ast1b"></a><a href="#ast1">*</a> Correspondencia: Lina Maria Parada. Docente Universidad Francisco Jos&eacute; de Caldas, Bogot&aacute;, D.C. 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