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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Una mirada materialista sobre los debates epistemológicos en la psicología social]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[In this paper we develop a material point of view in terms of epistemological debates introduced in psychology and in social psychology by social constructionism (it's impossible today think about epistemology without going through their contributions). First, we show the most relevant critical questions done by this prospect. After we show our proposal on some points of tension with the social constructionism. Finally we emphasize the ethical and political implications of our materialistic point of view.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[   <font face="verdana" size="2">  <font size="4">     <br>    <p align="center"><b>Una mirada materialista sobre los debates epistemol&oacute;gicos en la psicolog&iacute;a social <sup>**</sup></b></p></font>  <font size="3">     <p align="center"><b>A materialist look about epistemological debates in social psychology</b></p></font>      <p><b>Jos&eacute; Enrique Ema L&oacute;pez <a name="ast1"></a><a href="#ast1a"><sup>*</sup></a></b></p>      <p>Centro de Estudios Universitarios de Talavera de la Reina Universidad de Castilla-La Mancha, Espa&ntilde;a</p>      <p><sup>**</sup> Art&iacute;culo de investigaci&oacute;n documental</p>      <p><b>Recibido: </b>2 de diciembre de 2008 <b>Revisado: </b>15 de febrero de 2009 <b>Aceptado: </b>19 de mayo de 2009</p>  <hr>  <font size="3"> 	     <br>    <p><b>Resumen</b></p></font>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Este art&iacute;culo desarrolla un punto de vista materialista en el terreno de los debates epistemol&oacute;gicos introducidos en la psicolog&iacute;a y en la psicolog&iacute;a social por el Construccionismo Social (no es posible pensar hoy sobre la epistemolog&iacute;a en este campo sin pasar por sus aportaciones). Para ello se expone, en primer lugar, las interrogaciones cr&iacute;ticas m&aacute;s relevantes introducidas por esta perspectiva. Despu&eacute;s se dialogar&aacute; con ellas al mostrar una propuesta a partir de algunos puntos de tensi&oacute;n con el Construccionismo Social. Finalmente, a modo de conclusi&oacute;n, se destacan las implicaciones &eacute;ticas y pol&iacute;ticas sobre los dos elementos planteados &mdash;sujeto-agente y objetividad situada&mdash;.</p>      <p><b>Palabras clave: </b>Epistemolog&iacute;a, Construccionismo Social, materialismo.</p>  <hr>  <font size="3"> 	     <br>    <p><b>Abstract</b></p></font>      <p>In this paper we develop a material point of view in terms of epistemological debates introduced in psychology and in social psychology by social constructionism (it's impossible today think about epistemology without going through their contributions). First, we show the most relevant critical questions done by this prospect. After we show our proposal on some points of tension with the social constructionism. Finally we emphasize the ethical and political implications of our materialistic point of view.</p>      <p><b>Keywords: </b>epistemology, Social Constructionism, materialism.</p>  <hr>  <font size="3"> 	     <br>    <p><b>Introducci&oacute;n</b></p></font>      <p>La promesa emancipadora derivada de la Ilustraci&oacute;n ha sido alimentada por una concepci&oacute;n objetivo-positivista del conocimiento cient&iacute;fico que se ha desarrollado hegem&oacute;nicamente en las ciencias sociales, mediante una idea de objetividad como correspondencia (de nuestras representaciones) con la realidad. Desprovisto as&iacute; de cualquier &quot;sesgo&quot; subjetivo, el conocimiento cient&iacute;fico se relacionar&iacute;a parad&oacute;jicamente con nuestras posibilidades de transformaci&oacute;n emancipadora. La paradoja radica en que la dimensi&oacute;n &eacute;tica de esta promesa de emancipaci&oacute;n se vincula con un tipo de conocimiento cient&iacute;fico &mdash;objetivo-positivista&mdash; y de un saber t&eacute;cnico-instrumental derivado de &eacute;ste, cuando precisamente, la &eacute;tica y la pol&iacute;tica no pueden ser tales si encuentran un fundamento previo a la apertura de una posici&oacute;n subjetiva de responsabilidad (aunque &eacute;sta s&oacute;lo pueda ser parcial y limitada, como veremos).</p>      <p>Si nuestras propuestas &eacute;ticas y pol&iacute;ticas contaran con ese fundamento (una realidad positiva &quot;ah&iacute; fuera&quot;, un conocimiento cient&iacute;fico capaz de representarla fielmente y una t&eacute;cnica de intervenci&oacute;n deducida necesariamente de este conocimiento) s&oacute;lo tendr&iacute;amos f&oacute;rmulas que ejecutar sin margen alguno para una decisi&oacute;n &eacute;tico-pol&iacute;tica. As&iacute;, el sujeto &uacute;nicamente deber&iacute;a leer y obedecer las leyes escritas del mundo, situ&aacute;ndose por debajo de la Ley (cient&iacute;fica o natural) como su resultado o consecuencia. Pero tampoco del lado de un sujeto trascendental y omnipotente (por encima de la Ley) podr&iacute;a venir la viabilidad de la &eacute;tica y de la pol&iacute;tica. Esta posici&oacute;n ser&iacute;a igualmente determinista, aunque en el sentido inverso, ocupar&iacute;amos el lugar de Dios, en donde no hay decisi&oacute;n &eacute;tica posible, sino un saber absoluto y autoproducido.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Y es que la experiencia &eacute;tica s&oacute;lo puede existir a partir de la confrontaci&oacute;n del sujeto con la misma imposibilidad de una ley definitiva (cient&iacute;fica, natural, divina), tal y como afirma Giorgio Agamben:</p>      <blockquote>     <p>el hombre <i>(sic) </i>no es, ni ha de ser o realizar ninguna esencia, ninguna vocaci&oacute;n hist&oacute;rica o espiritual, ning&uacute;n destino biol&oacute;gico. S&oacute;lo por esto puede existir algo as&iacute; como una &eacute;tica: pues est&aacute; claro que si el hombre fuese o tuviese que ser esta o aquella sustancia, este o aquel destino, no existir&iacute;a experiencia &eacute;tica posible, y s&oacute;lo habr&iacute;a tareas que realizar. Esto no significa, todav&iacute;a, que el hombre no sea ni tenga que ser alguna cosa... Hay, de hecho, alguna cosa que el hombre es y tiene que pensar, pero esto no es una esencia, ni es tampoco propiamente una cosa: es el simple hecho de la propia existencia como posibilidad y potencia. Pero justo por esto todo se complica, justo por esto la &eacute;tica llega a ser efectiva (1996, p. 31).</p> </blockquote>      <p>Resulta necesario, entonces, reconocer como condici&oacute;n para la &eacute;tica y la pol&iacute;tica un espacio de contingencia y apertura inerradicable en la experiencia humana. Sin embargo, hoy en d&iacute;a el discurso sobre lo humano de la ciencia y el saber t&eacute;cnico se levantan sobre el ideal de la clausura de esta brecha necesaria entre conocimiento y acci&oacute;n &eacute;tica y pol&iacute;tica. As&iacute;, asistimos a la homogeneizaci&oacute;n, finalmente autoritaria, del conocimiento bajo el revestimiento de un saber t&eacute;cnico-cient&iacute;fico ofrecido como promesa de compresi&oacute;n absoluta y definitiva<a name="1"></a><a href="#1a"><sup>1</sup></a>. De este modo, nos encontramos con una estrecha vinculaci&oacute;n entre el orden hegem&oacute;nico establecido (el capitalismo global contempor&aacute;neo) y un saber cient&iacute;fico despolitizador que considera como inviable cualquier formulaci&oacute;n &eacute;tico-pol&iacute;tica que escape de los posibles ya naturalizados como &quot;obvios&quot; (las &quot;leyes&quot; del mercado, la bondad de la l&oacute;gica de la cuantificaci&oacute;n y el beneficio econ&oacute;mico, la individualizaci&oacute;n de los malestares culturales y las desigualdades sociales, etc.).</p>      <p>En la psicolog&iacute;a social, el Construccionismo Social (en adelante CS) se ha enfrentado a estos efectos autoritarios de la ciencia &mdash;y especialmente de la psicolog&iacute;a&mdash; fundamentalmente a partir del cuestionamiento de la epistemolog&iacute;a objetivista y positivista predominante en esta disciplina. Sin embargo, a partir de sus cr&iacute;ticas nos hemos encontrado con la dificultad de sostener (epistemol&oacute;gicamente) cualquier tipo de noci&oacute;n de objetividad &mdash;no s&oacute;lo aquellas que se levantaban sobre una concepci&oacute;n positivista, sino de cualquier otra forma de objetividad/verdad parcial y situada&mdash;. Y tal y como afirma Donna Haraway en relaci&oacute;n con su propuesta de &quot;conocimientos situados&quot;, nos parecen necesarios, frente a las totalizaciones del &quot;objetivismo desencarnado&quot; y del &quot;relativismo ingenuo&quot;, conocimientos que permitan:</p>      <blockquote>     <p>una versi&oacute;n del mundo m&aacute;s adecuada, rica y mejor, con vistas a vivir bien en &eacute;l y en relaci&oacute;n cr&iacute;tica y reflexiva con nuestras pr&aacute;cticas de dominaci&oacute;n y con las de otros y con las partes desiguales de privilegio y de opresi&oacute;n que configuran todas las posiciones (Haraway, 1995, p. 321).</p> </blockquote>      <p>La posibilidad misma de las pr&aacute;cticas emancipadoras depende del modo como vinculemos nuestras concepciones sobre el conocimiento (epistemolog&iacute;a) y el sujeto, y tambi&eacute;n sobre la naturaleza de los objetos del mundo (ontolog&iacute;a). Se tratar&iacute;a de hacer viables dos elementos. El primero: un sujeto capaz para la &eacute;tica, es decir, un sujeto agente -o con <i>agencia- </i>(Ema, 2004) y responsable, ni por encima, ni por debajo de la Ley. El segundo: la posibilidad/necesidad pr&aacute;ctica de acceder a versiones de la realidad &quot;m&aacute;s adecuadas&quot;, a alguna noci&oacute;n objetiva. En nuestra opini&oacute;n, es necesario mantener ambas cuestiones entrelazadas bajo una concepci&oacute;n ontol&oacute;gica materialista que, alejada de cualquier pretensi&oacute;n idealista y metaf&iacute;sica, asuma la imposibilidad de un discurso de plenitud para la existencia humana.</p>      <p>Este trabajo est&aacute; dedicado a desarrollar y argumentar este punto de vista materialista en el terreno de los debates epistemol&oacute;gicos introducidos en la psicolog&iacute;a y en la psicolog&iacute;a social por el CS (no es posible pensar hoy sobre la epistemolog&iacute;a en este campo sin pasar por sus aportaciones). Para ello expondremos, en primer lugar, las interrogaciones cr&iacute;ticas m&aacute;s relevantes introducidas por esta perspectiva. Despu&eacute;s, dialogaremos con ellas mostrando nuestra propuesta a partir de algunos puntos de tensi&oacute;n con el CS. Finalmente, a modo de conclusi&oacute;n, destacaremos las implicaciones &eacute;ticas y pol&iacute;ticas de nuestro punto de vista sobre los dos elementos planteados &mdash;sujeto-agente y objetividad situada&mdash;.</p>  <font size="3"> 	     <br>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>La propuesta epistemol&oacute;gica y ontol&oacute;gica del Construccionismo Social</b></p></font>      <p>El nacimiento del CS<a name="2"></a><a href="#2a"><sup>2</sup></a> est&aacute; vinculado al autor norteamericano Kenneth J. Gergen. Desde la aparici&oacute;n de su art&iacute;culo en 1985: <i>The Social Constructionist Movement in Modern Psychology </i>el &quot;movimiento&quot; socioconstruccionista se ha ido constituyendo dentro de la psicolog&iacute;a social como una estimulante propuesta cr&iacute;tica. Desde sus inicios, ha mantenido una clara preocupaci&oacute;n &eacute;tica y pol&iacute;tica frente a los efectos normativizadores y autoritarios atribuidos a la psicolog&iacute;a.</p>      <p>El CS aborda las relaciones que se establecen entre el conocimiento y la realidad en un contexto de cuestionamiento de algunos presupuestos sobre el conocimiento cient&iacute;fico de los fen&oacute;menos psicosociales (epistemolog&iacute;a), la propia naturaleza de estos fen&oacute;menos (ontolog&iacute;a) y las relaciones entre epistemolog&iacute;a y ontolog&iacute;a a partir de sus implicaciones &eacute;tico-pol&iacute;ticas. As&iacute;, el CS introduce algunos de los debates &quot;postmodernos&quot; que ya estaban produci&eacute;ndose en otras disciplinas y que afectan a lo que Gonzalo Abril (1999) denomina como las dos dimensiones complementarias de la ley social: la legibilidad y la legitimidad; es decir, por una parte, la posibilidad misma del conocimiento y la producci&oacute;n de sentido, y por otra, su dimensi&oacute;n &eacute;tico-normativa. De este modo se anudaban tambi&eacute;n en la psicolog&iacute;a y en la psicolog&iacute;a social diferentes cuestionamientos hacia la herencia moderna e ilustrada que ha sostenido (y sostiene) la propia posibilidad de una actividad humana emancipadora.</p>  <font size="3">     <br>    <p><b><i>Epistemolog&iacute;a</i></b></p></font>      <p>El CS cuestiona el trasfondo de presupuestos epistemol&oacute;gicos hegem&oacute;nicos en la psicolog&iacute;a contempor&aacute;nea a los que vincula con la producci&oacute;n de un conocimiento autoritario y normativizador. De este modo se volver&iacute;a imprescindible deshacerse de estos presupuestos para hacer de la psicolog&iacute;a una herramienta liberadora y no un dispositivo de control (Ib&aacute;&ntilde;ez, 2001).</p>      <p>As&iacute;, el socioconstruccionismo, en deuda con el &quot;giro ling&uuml;&iacute;stico&quot;, critica la creencia de que los seres humanos podemos producir un lenguaje que refleje o represente la realidad &quot;tal cual es&quot;. Esta cr&iacute;tica cuestiona radicalmente la concepci&oacute;n objetivista y positivista del conocimiento como representaci&oacute;n (de la realidad) al considerar al propio conocimiento como una pr&aacute;ctica constructora de su objeto. Tal y como afirma Ib&aacute;&ntilde;ez:</p>      <blockquote>     <p>Cuando elaboramos un conocimiento no estamos representando algo que estar&iacute;a ah&iacute; fuera en la realidad, como tampoco estamos traduciendo esos objetos exteriores en ecuaciones y en enunciados, estamos construyendo de par en par un objeto original que no traduce nada y que no representa ning&uacute;n trozo de realidad con el cual estar&iacute;a en correspondencia (1994, p. 248).</p> </blockquote>      <p>Para una posici&oacute;n objetivo-positivista se podr&iacute;a definir el grado de verdad de las representaciones que constituyen nuestro conocimiento contrast&aacute;ndolas con la realidad misma. El criterio de legitimidad &mdash;de verdad&mdash; del conocimiento ser&iacute;a, por tanto, el de su correspondencia con la realidad. Sin embargo, este punto de vista puede ser rebatido al constatar que no podemos acceder directamente &mdash;sin mediaci&oacute;n de alguna forma de representaci&oacute;n&mdash; a la realidad misma &quot;tal cual es&quot; para comparar &eacute;sta con nuestras representaciones y ver as&iacute; si &quot;se corresponden&quot; con aquella (Rorty, 1979).</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Aunque los argumentos que se pueden utilizar para impugnar esta creencia representacionista son diversos y provienen de distintos &aacute;mbitos &mdash;desde las cr&iacute;ticas ideol&oacute;gicas desarrolladas en torno a la Escuela de Frankfurt, pasando por las del posestructuralismo franc&eacute;s, hasta las cr&iacute;ticas sociales de la sociolog&iacute;a del conocimiento (Gergen, 1996, 1999)&mdash; quiz&aacute; el elemento m&aacute;s relevante para caracterizar la propuesta epistemol&oacute;gica socioconstruccionista es el reconocimiento de la imposibilidad de un conocimiento libre de marcas sociales, es decir, de condiciones sociales de enunciaci&oacute;n. Para el CS, el significado es un producto social. As&iacute;, se formula una teor&iacute;a de la producci&oacute;n de conocimiento como construcci&oacute;n social y discursiva que pone de manifiesto c&oacute;mo el significado de las palabras no tiene su origen en su correspondencia con un objeto que est&aacute; &quot;ah&iacute; fuera&quot; en el mundo, sino que &eacute;ste deriva de su participaci&oacute;n en un juego de sedimentaciones y regularidades sociales (c&oacute;digos, normas), que no est&aacute;n ah&iacute; con independencia de la participaci&oacute;n humana. Los significados son dependientes de estas regularidades sedimentadas que hacen posible cualquier pr&aacute;ctica de producci&oacute;n de sentido. La propuesta socioconstruccionista muestra, por tanto, que el conocimiento no est&aacute; determinado por los objetos, sino que se constituye en una red de <i>pr&aacute;cticas sociales y ling&uuml;&iacute;sticas convencionales, </i>social e hist&oacute;ricamente situadas en una tradici&oacute;n cultural (Gergen, 1996).</p>      <p>As&iacute;, desde el CS se critica radicalmente el supuesto que sostiene que la realidad existe &quot;tal cual es&quot; con independencia de las pr&aacute;cticas y el conocimiento de los seres humanos. Los mismos procesos de conocimiento que median entre nosotros y lo que denominamos como realidad, intervienen constitutivamente en el <i>estatus </i>mismo que adquiere la realidad. Lo que tomamos como objetos naturales en nuestras vidas cotidianas no son sino objetivaciones que resultan de nuestras convenciones y de nuestras pr&aacute;cticas ling&uuml;&iacute;sticas (Ib&aacute;&ntilde;ez, 1996).</p>      <p>De este modo, el CS vincula el punto de vista objetivo-positivista con efectos autoritarios. En la medida que consideramos que la realidad &quot;habla por s&iacute; misma&quot; y los hechos &quot;son como son&quot;, con independencia de nuestro modo (social) de acceder a ellos, invisibilizamos las relaciones humanas (de poder) que est&aacute;n en la base de cualquier efecto de objetivaci&oacute;n y naturalizaci&oacute;n del mundo. As&iacute;, en nombre de la objetividad, asumimos como necesarios y esencialmente incontrovertibles fen&oacute;menos que son contingentes y modificables. Desde este punto de vista reconocer el car&aacute;cter construido de la realidad ser&iacute;a una condici&oacute;n necesaria para cualquier propuesta de cambio liberadora y emancipadora.</p>  <font size="3">     <br>    <p><b><i>Ontolog&iacute;a</i></b></p></font>      <p>La propuesta epistemol&oacute;gica socioconstruccionista tiene implicaciones ontol&oacute;gicas, es decir, mantiene una determinada concepci&oacute;n impl&iacute;cita sobre lo que son los objetos del mundo (construidos, dependientes del conocimiento, etc.). Afirmar que el conocimiento, m&aacute;s que representar, construye, supone reconocer que, en alguna medida, algo de lo que el objeto <i>es, </i>es producido por la misma pr&aacute;ctica de conocimiento. As&iacute;, conocer la realidad, es hacer realidad. Al destacar el car&aacute;cter instituyente de nuestro conocimiento, el CS desarrolla a trav&eacute;s de &eacute;ste una explicaci&oacute;n ontol&oacute;gica de los contenidos de la realidad en tanto que es producto humano. Sin embargo, las propuestas construccionistas renuncian a elaborar una propuesta ontol&oacute;gica expl&iacute;cita para evitar cualquier posible mirada sustancialista metaf&iacute;sica que reintrodujera como fundamento &uacute;ltimo del conocimiento una supuesta naturaleza esencial y positiva (&quot;ah&iacute; dada&quot;) de los objetos del mundo. Expl&iacute;citamente la ontolog&iacute;a se convierte en algo sobre lo que no se puede, ni se debe decir nada. De este modo, el CS se constituye como ontol&oacute;gicamente mudo y desplaza y subordina cualquier tipo de preocupaci&oacute;n ontol&oacute;gica al terreno de la epistemolog&iacute;a. En palabras de Gergen:</p>      <blockquote>     <p>El construccionismo no niega que haya explosiones, pobreza, muerte, o, de un modo m&aacute;s general, el 'mundo ah&iacute; fuera'. Tampoco hace ninguna afirmaci&oacute;n. Tal como indiqu&eacute;, el construccionismo es ontol&oacute;gicamente mudo. Cualquier cosa que sea, simplemente es. No hay descripci&oacute;n fundacional que hacer sobre un 'ah&iacute; fuera' como algo opuesto a 'aqu&iacute; dentro', sobre la experiencia o lo material (1996, p. 98).</p> </blockquote>      <p>No se afirma que los hechos sociales no existan, sino que se renuncia a la posibilidad de formular cualquier tipo de lectura sobre la naturaleza de las cosas. Al poner en el lugar de la ontolog&iacute;a a la epistemolog&iacute;a no podemos hablar &quot;directamente&quot; de los objetos del mundo, sino s&oacute;lo de nuestro modo de referirnos a ellos. Por eso, Gergen argumenta a favor de la duda del <i>estatus </i>de realidad del mundo que est&aacute; &quot;ah&iacute; fuera&quot; desde la consideraci&oacute;n de que la realidad es dependiente de las operaciones y procesos que posibilitan su conocimiento. El anti-esencialismo del CS se convierte as&iacute; en anti-ontolog&iacute;a.</p>  <font size="3">     <br>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b><i>Algunos cuestionamientos y puntos de tensi&oacute;n con el Construccionismo Social (CS)</i></b></p></font>      <p>El CS se mueve entre dos opciones que <i>construye </i>como antag&oacute;nicas: o silenciamos cualquier preocupaci&oacute;n ontol&oacute;gica a partir de la constataci&oacute;n de que nuestra realidad est&aacute; constituida por nuestras pr&aacute;cticas sociales (de conocimiento) o reintroducimos una mirada ontol&oacute;gica esencialista metaf&iacute;sica de la que se derivar&iacute;a una propuesta epistemol&oacute;gica objetivo-positivista. Nuestra posici&oacute;n, que comparte la cr&iacute;tica &quot;antiautoritaria&quot; a la concepci&oacute;n objetivo-positivista del conocimiento, se distancia de esta <i>obligaci&oacute;n</i> al silencio ontol&oacute;gico. En la base de la propuesta del CS estar&iacute;a presente el binarismo ontol&oacute;gico caracter&iacute;stico de la Modernidad que modela el mundo bajo la forma de parejas de elementos opuestos (social vs. natural, cultural vs. biol&oacute;gico, simb&oacute;lico vs. material, sujeto vs. objeto, mente vs. cuerpo, etc.). Y, desde nuestro punto de vista, estos presupuestos ontol&oacute;gicos nos sit&uacute;an ante algunas dificultades para la transformaci&oacute;n emancipadora. Veamos esta cuesti&oacute;n con m&aacute;s detalle.</p>      <p>En las &uacute;ltimas d&eacute;cadas ha aparecido un conjunto de trabajos que han dirigido sus cuestionamientos a la modelizaci&oacute;n ontol&oacute;gica binaria de la Modernidad. Ésta supuso la constituci&oacute;n de una posici&oacute;n universal dominante alrededor de un ideal de sujeto humano aut&oacute;nomo &mdash;sin la dependencia heter&oacute;noma de Dios o la Naturaleza&mdash;, transparente &mdash;capaz de un conocimiento que lo sabe todo sobre s&iacute;, sin desconocimiento&mdash;, y actor principal en el mundo. As&iacute;, este sujeto ideal se constitu&iacute;a a partir del privilegio del primer elemento de cada dicotom&iacute;a (simb&oacute;lico, subjetivo, mental,... ) frente a &quot;lo otro&quot; que quedaba (del lado del segundo elemento), caracterizado como mudo, pasivo, salvaje, etc. As&iacute;, &quot;lo otro&quot; (la naturaleza, las mujeres, lo ind&iacute;gena deber&iacute;a ser dominado, civilizado y domesticado. Sin embargo, al menos con mayor preeminencia durante el siglo XX, asistimos a lo que podr&iacute;amos denominar como la rebeli&oacute;n de los otros en la que lo que se hab&iacute;a situado en los segundos polos de las anteriores dicotom&iacute;as reclaman con voz propia una modificaci&oacute;n del orden jer&aacute;rquico que ellas instauraban. De este modo se cuestiona el car&aacute;cter universal del sujeto moderno al mostrar que &eacute;ste es un particular muy concreto (hombre, blanco, occidental, heterosexual...) expandido a ese lugar universal, y, finalmente, un ideal normativo veh&iacute;culo de relaciones de dominaci&oacute;n.</p>      <p>Pero tambi&eacute;n desde diferentes enfoques<a name="3"></a><a href="#3a"><sup>3</sup></a>  articulados con esta &quot;rebeli&oacute;n&quot;, se ha puesto a nuestra disposici&oacute;n un vocabulario te&oacute;rico para subvertir esta mirada ontol&oacute;gica binaria. Desde estas posiciones podemos cuestionar tambi&eacute;n al CS por seguir manteniendo un punto de vista ontol&oacute;gico binario derivado, no del hecho de esencializar los objetos, lo natural, lo material, etc., sino de hacerlo con el otro polo de las dicotom&iacute;as: lo social, lo cultural, lo simb&oacute;lico, discursivo, etc. (y todo ello precisamente para mostrar el car&aacute;cter construido de los objetos, la naturaleza, etc.). As&iacute;, el CS ha sido criticado precisamente por priorizar lo subjetivo, discursivo y simb&oacute;lico, desatendiendo a lo corporal, lo material, lo afectivo-emocional (Pujol, Montenegro, Balasch, 2003; Pujal, 2003).</p>      <p>Ejemplificamos brevemente esta cuesti&oacute;n en relaci&oacute;n con la distinci&oacute;n social vs. natural<a name="4"></a><a href="#4a"><sup>4</sup></a>. Las posiciones socioconstruccionistas han puesto de manifiesto que lo social construye lo natural considerando a lo social-humano como un punto de partida no construido. La naturaleza no participa de ning&uacute;n modo en la construcci&oacute;n de lo social humano, salvo como un testigo pasivo y silencioso. Si para las concepciones cient&iacute;ficas tradicionales era la naturaleza la que determinar&iacute;a el contenido del conocimiento, para el CS, tanto lo natural como lo social son dependientes de lo social. Ambas visiones separan lo social-humano de lo natural-no humano, manteniendo de este modo una brecha entre el sujeto y la realidad. Pareciera que el origen del mundo estar&iacute;a exclusivamente del lado de las pr&aacute;cticas sociales construidas por los seres humanos. Las siguientes palabras ejemplifican lo que queremos se&ntilde;alar:</p>      <blockquote>     <p>...somos nosotros quienes instituimos como objetos los objetos de los que aparentemente est&aacute; hecha la realidad. El objeto no genera nuestra representaci&oacute;n de &eacute;l sino que resulta de las pr&aacute;cticas que articulamos para representarlo (Ib&aacute;&ntilde;ez, 1996, p. 330).</p> </blockquote>      <p>Pero si nosotros instauramos unidireccionalmente el mundo, nuestras pr&aacute;cticas de construcci&oacute;n del mundo aparecen como independientes y separadas de &eacute;ste. As&iacute;, el CS que cuestiona la existencia del mundo independiente de lo humano, no logra superar esta brecha al sacar ahora a lo humano del mundo convirti&eacute;ndolo en su constructor <i>cuasi-</i>omnipotente. De este modo se mantiene el mismo dualismo sujeto-objeto que se ha disuelto en una direcci&oacute;n (los objetos del mundo <i>dentro </i>de lo humano) para bifurcarse en otra (lo humano <i>fuera </i>del mundo de los objetos) (Ema, Garc&iacute;a Dauder &amp; Sandoval, 2003).</p>      <p>Tambi&eacute;n, en relaci&oacute;n con el sujeto, el CS seguir&iacute;a instalado en esta mirada binaria, participando en ella a partir del enfrentamiento entre objetivismo y subjetivismo que ha acompa&ntilde;ado desde sus inicios a las ciencias sociales (aunque su posici&oacute;n es m&aacute;s fina y matizada que la que se reducir&iacute;a a la elecci&oacute;n de uno de estos polos). As&iacute;, el CS sostiene la paradoja de &quot;autonomizar&quot; al sujeto separ&aacute;ndolo del mundo como su constructor <i>cuasi</i>-omnipotente y simult&aacute;neamente hacerlo desaparecer como producto de las condiciones sociales. En relaci&oacute;n con el sujeto epist&eacute;mico &mdash;al sujeto que conoce o que es capaz de conocer&mdash; su posici&oacute;n se desplazar&iacute;a hacia el polo subjetivista (Sandoval, 2004) &mdash;entendiendo &eacute;ste en su dimensi&oacute;n antropoc&eacute;ntrica y humanista&mdash;. El sujeto que construye el mundo aparece fuera de &eacute;l, es decir, no construido por &eacute;l. Impl&iacute;citamente, si el sujeto constituye el mundo, se reintroduce esta dimensi&oacute;n de <i>cuasi</i>-omnipotencia de lo humano que desde una posici&oacute;n de exterioridad es capaz de hacerlo emerger.</p>      <p>Sin embargo, el CS participa tambi&eacute;n de la deconstrucci&oacute;n del ideal de un sujeto individual aut&oacute;nomo, origen y fuente &uacute;nica del significado del mundo al atender especialmente a su dimensi&oacute;n social y relacional y cuando muestra su dependencia hist&oacute;rica y contextual de la trama de relaciones sociales que lo constituyen. No en vano trata de enfrentarse al reduccionismo psicologicista e individualista que constituye al sujeto-individuo y/o sus caracter&iacute;sticas psicol&oacute;gicas, o psicopatol&oacute;gicas, como destino y origen de todo lo que acontece. De este modo, la psicolog&iacute;a se convertir&iacute;a en aliada necesaria del orden establecido para evitar cualquier tipo de explicaci&oacute;n en t&eacute;rminos sociales, colectivos o pol&iacute;ticos que puedan cuestionarlo.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Esta desconstrucci&oacute;n del ideal de un sujeto aut&oacute;nomo y transparente ha permitido desmontar alguno de los lugares comunes psicologicistas e individualistas que sostienen la atribuci&oacute;n individual de responsabilidades &quot;morales&quot; estimulando, por el contrario, la cr&iacute;tica de las condiciones sociales y pol&iacute;ticas. As&iacute; por ejemplo, frente a la descalificaci&oacute;n moral que puede recibir una persona que ha cometido un delito, el punto de vista socioconstruccionista puede permitirnos desplazar la responsabilidad m&aacute;s all&aacute; del propio individuo (&quot;no le culpabilicemos a &eacute;l&quot;, &quot;han sido las condiciones sociales y pol&iacute;ticas de desigualdad en las que vive&quot;, &quot;es una v&iacute;ctima de condiciones sociales injustas&quot;). Sin embargo, esta posici&oacute;n tiene un reverso (¿negativo?) que podemos ejemplificar con alguna de las noticias sobre demandas judiciales en Estados Unidos, que de vez en cuando aparecen en los medios de comunicaci&oacute;n, por ejemplo, aquella en la que una persona con m&aacute;s de 120 kilos de peso y dificultades cardiovasculares graves relacionadas con la dieta, denuncia a las principales empresas de comida r&aacute;pida por no haberle informado de los riesgos que corr&iacute;a al consumir con frecuencia sus productos. Aqu&iacute; podr&iacute;amos reconocer un mensaje ¿no-psicologicista? del que se podr&iacute;an derivar algunas conclusiones &eacute;ticas. Efectivamente, el sujeto (y sus pr&aacute;cticas) aparece como un efecto de las condiciones sociales (por ejemplo, de la publicidad de las empresas de comida r&aacute;pida) pero tambi&eacute;n aparece finalmente pasivo, victimizado y desprovisto de toda capacidad de responsabilidad sobre sus actos, de la posibilidad de hacerse cargo de sus condiciones sociales y transformarlas. Nuevamente nos vemos obligados a elegir: o la responsabilidad se encuentra completamente del lado del sujeto o del de sus condiciones sociales.</p>      <p>Las contradicciones que se derivan de la mirada ontol&oacute;gica binaria que hemos presentado (el sujeto omnipotente que construye al mundo frente al sujeto resultado de sus condiciones sociales) se muestran ahora con toda claridad como cuesti&oacute;n &eacute;tica y pol&iacute;tica: nos encontramos con un sujeto que es, o bien, absolutamente capaz y responsable de todo lo que acontece (y, que por tanto invisibiliza cualquier tipo de explicaci&oacute;n sobre sus acciones en t&eacute;rminos sociopol&iacute;ticos) o bien, ante un sujeto pasivo sin capacidad de acci&oacute;n responsable.</p>      <p>El compromiso emancipador del CS se ve limitado a partir de sus presupuestos ontol&oacute;gicos binarios impl&iacute;citos. La limitaci&oacute;n que hemos mostrado se refiere a la misma posibilidad de un sujeto-agente responsable, puesto que la posici&oacute;n socioconstruccionista nos sit&uacute;a ante dos opciones igualmente inviables (sujeto omnipotente vs. sujeto pasivo, v&iacute;ctima de las condiciones sociales). Pero adem&aacute;s, estos presupuestos ontol&oacute;gicos (en funci&oacute;n de su &iacute;ntima conexi&oacute;n con aspectos epistemol&oacute;gicos) nos confrontan con otra limitaci&oacute;n para la tarea emancipatoria. Nos referimos a la misma posibilidad de conocimiento que nos permita decir y hacer algo que consideramos (&eacute;ticamente) mejor. Veamos esta segunda cuesti&oacute;n.</p>      <p>Si para el CS no podemos hablar de la naturaleza de los objetos del mundo sino del modo de conocerlos/construirlos, las herramientas pol&iacute;ticas transformadoras se desplazan &uacute;nicamente hacia el lado de la deconstrucci&oacute;n de las objetividades dadas, mostrando el car&aacute;cter construido y no natural de los procesos de conocimiento implicados y, por tanto, del mismo objeto. Pero, en este punto, nos encontrar&iacute;amos con la dificultad de legitimar y/o proponer otros mundos posibles alternativos a aquellos que se deconstruyen. De acuerdo a la pregunta planteada por Vivian Burr &quot;¿C&oacute;mo podemos decir, por ejemplo, que ciertos grupos est&aacute;n oprimidos, si estos grupos y su opresi&oacute;n son construcciones que no pueden ser consideradas m&aacute;s verdaderas que otras?&quot; (1998, p. 14).</p>      <p>Si como asume el CS, nada puede ser fundamentado al margen de los juegos del lenguaje en los que se inscribe la propia fundamentaci&oacute;n ¿c&oacute;mo es posible optar por un juego del lenguaje determinado para transformar la realidad? Esta posici&oacute;n puede llevarnos a dejar el lugar de la fundamentaci&oacute;n &eacute;tica y pol&iacute;tica vac&iacute;o, no ya de fundamentos &uacute;ltimos y trascendentales, sino de cualquier tipo de fundamento parcial e inmanente.</p>      <p>De nuevo, la mirada ontol&oacute;gica binaria impl&iacute;cita en las posiciones socioconstruccionistas nos lleva a un callej&oacute;n sin salida: tenemos que elegir entre el absolutismo de los fundamentos &uacute;ltimos y las esencias metaf&iacute;sicas o la renuncia a cualquier fundamento utilizando como herramienta pol&iacute;tica &uacute;nicamente la problematizaci&oacute;n y desnaturalizaci&oacute;n de las objetividades dadas.</p>      <p>Podemos ejemplificar esta posici&oacute;n con estas palabras de Gergen:</p>      <blockquote>     <p>La investigaci&oacute;n construccionista no va en pos de soluciones para las cuestiones del bien y del mal, sino que m&aacute;s bien se mueve en el sentido de una problematizaci&oacute;n acrecentada. Resolver los problemas del bien y del mal en cualquier caso en concreto es congelar el significado en un punto dado y por consiguiente, acallar las voces y segmentar el mundo social... En la medida en la que el di&aacute;logo sigue y las construcciones contin&uacute;an abiertas, los significados locales tal vez se ramifiquen y quiz&aacute; las personas lleguen a compartir o asimilar los modos de vida de los dem&aacute;s. En este resultado descansa tal vez la mayor esperanza de lograr el bienestar humano (1996, p. 50).</p> </blockquote>      <p>Observamos en estas palabras una renuncia a explicitar una posici&oacute;n pol&iacute;tica concreta (sobre el bien y el mal) para evitar cualquier tipo de fijaci&oacute;n (&quot;congelaci&oacute;n&quot;) que pudiera considerarse como autoritaria por &quot;acallar voces y segmentar el mundo social&quot;. Simult&aacute;neamente, se propone la problematizaci&oacute;n y la apertura ¿infinita? de las construcciones sociales. Pero ¿no significa este no-posicionamiento ya una postura muy concreta? Pensamos que s&iacute;, en este caso, la que podr&iacute;amos vincular a una posici&oacute;n liberal-dial&oacute;gica que conf&iacute;a en la posibilidad de alcanzar el bienestar humano mediante la multiplicaci&oacute;n de posiciones en di&aacute;logo. La paradoja de esta posici&oacute;n es que se coloca a s&iacute; misma en un lugar de exterioridad a las voces y construcciones del mundo social que deben entrar en di&aacute;logo; por tanto, en una posici&oacute;n que s&iacute; propone una soluci&oacute;n &quot;para las cuestiones del bien y del mal&quot;<a name="5"></a><a href="#5a"><sup>5</sup></a>.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El CS permite desreificar y desconstruir poniendo en evidencia la contingencia de lo social, pero puede resultar inmovilizador por su miedo a reificar el lugar &eacute;tico-pol&iacute;tico desde el cual se realiza su cr&iacute;tica. Tal y como hemos argumentado en otro lugar con m&aacute;s detalle, la acci&oacute;n pol&iacute;tica no consiste solamente en problematizar, deconstruir y politizar el orden de lo dado, sino tambi&eacute;n en privilegiar y fijar determinadas versiones y posiciones de valor y de poder antes que otras (Ema, Garc&iacute;a Dauder &amp; Sandoval, 2003).</p>      <p>Podemos afirmar, por tanto, a modo de s&iacute;ntesis, que los presupuestos epistemol&oacute;gicos, ontol&oacute;gicos y sobre el sujeto del CS nos sit&uacute;an ante, al menos, dos tipos de limitaciones para la acci&oacute;n &eacute;tica y pol&iacute;tica. La primera tendr&iacute;a que ver con la dificultad de delimitar una posici&oacute;n subjetiva como agente, al tener que elegir entre un sujeto constructor <i>cuasi</i>-omnipotente o un sujeto pasivo, v&iacute;ctima de sus condiciones sociales. La segunda se referir&iacute;a a la dificultad para ofrecer herramientas que permitan ir m&aacute;s all&aacute; de la deconstrucci&oacute;n y la cr&iacute;tica de las objetividades dadas para poder comprometerse con posiciones &eacute;tico-pol&iacute;ticas concretas.</p>  <font size="3">           <br>    <p><b>Una ontolog&iacute;a materialista y no binaria</b></p></font>      <p>Nuestra propuesta para abordar las cuestiones planteadas pasa por subvertir la modelizaci&oacute;n binaria de los presupuestos ontol&oacute;gicos impl&iacute;citos en el CS. Pero ¿qu&eacute; significa subvertir esta mirada binaria? Desde luego no puede suponer la victoria de alguno de sus polos frente a sus opuestos, sino escapar de la propia l&oacute;gica <i>&mdash;idealista</i>&mdash;que los relaciona como mutuamente excluyentes. Podemos definir idealismo como el punto de vista ontol&oacute;gico que reconoce la posibilidad de una metamirada sobre el <i>Todo </i>del ser (o sobre el ser como un <i>todo), </i>de la reducci&oacute;n del ser a una sustancia total, cerrada y suturada, de modo que fuera posible un cierre ontol&oacute;gico bajo alg&uacute;n principio ideal absoluto, ya sea empirista (ej.: los hechos mismos, los objetos del mundo, la realidad &quot;ah&iacute; fuera&quot;) o racionalista (ej.: un mundo ordenado de acuerdo con leyes...). El idealismo se levanta entonces sobre la misma posibilidad de decir que &quot;todo es&quot;. En este sentido, ser&iacute;a igualmente idealista aquella posici&oacute;n que afirmara, por ejemplo, que &quot;todo es una construcci&oacute;n social-simb&oacute;lica&quot; como la que considerara que &quot;todo es material&quot;.</p>      <p>Y es que enunciar que &quot;todo es&quot; significa poder ubicarse en un lugar exterior al <i>Todo </i>para poder mirarlo y aprehender sus l&iacute;mites. As&iacute;, al analizar el lugar del sujeto que conoce, tanto en el objetivismo positivista como en el CS, podemos encontrar en ambos esta metamirada exterior. En el primer caso, bajo el ideal de la neutralidad y objetividad del &quot;ojo de Dios&quot; (Putnam, 1987), en el segundo, bajo el ideal de una posici&oacute;n subjetiva productora del mundo. La mirada idealista supone, por tanto, un sujeto epist&eacute;mico desencarnado, separado y abstra&iacute;do del mundo y, por ello, fuera de su cuerpo, de modo tal que al obviar que el sujeto es corporeizado terminamos por considerar que el sujeto que conoce no es cuerpo, sino mente.</p>      <p>Frente a esta mirada idealista proponemos un punto de vista materialista no reduccionista que NO afirma que &quot;todo es material&quot;, sino que renuncia a hablar del mundo en su extensi&oacute;n ya que no podemos afirmar, ni negar, que &quot;todo es&quot;. Y no podemos hacerlo precisamente porque tambi&eacute;n somos mundo y somos construidos en y por &eacute;l. As&iacute;, nuestras construcciones del mundo son en realidad co-construcciones. No hablamos de agentes constructores por un lado (el sujeto <i>cuasi</i>-omnipotente) y de un mundo construido, por otro, sino del mundo como red compartida de relaciones entre elementos sociales-naturales, humanos y no humanos, de entidades que toman su forma, atributos y significado como resultado de sus relaciones. As&iacute;, este privilegio materialista por las relaciones no pone a ning&uacute;n actor antes de ellas para explicar los procesos de co-construcci&oacute;n de la realidad desde una &uacute;nica fuente y apuesta por una hibridaci&oacute;n que escapa de los binarismos ontol&oacute;gicos.</p>      <p>Por tanto, no es posible esa metamirada exterior (ni la metamirada del objetivismo, ni la de sujeto <i>cuasi</i>-omnipotente del CS). Y es que, retomando la expresi&oacute;n de Jacques Lacan (1981) la realidad es &quot;no-toda&quot;, es decir, no puede formar una totalidad (Copjec, 2006a). De este modo podr&iacute;amos afirmar junto con el CS que <i>no existe realidad que no est&eacute; mediada por nuestras construcciones simb&oacute;lico culturales </i>pero distanci&aacute;ndonos de &eacute;l simult&aacute;neamente que <i>no todo en la realidad es simb&oacute;lico cultural<a name="6"></a><a href="#6a"><sup>6</sup></a>. </i>Esta doble enunciaci&oacute;n nada afirma sobre la totalidad, sobre la posibilidad de capturar la realidad bajo alguna definici&oacute;n total. Pero tambi&eacute;n nos se&ntilde;ala c&oacute;mo la realidad no se puede reducir a un efecto de construcci&oacute;n social, hay algo que dificulta y limita la omnipotencia de lo social-cultural. Este &quot;algo&quot; limitante no es una supuesta realidad positiva y exterior al discurso (a nuestras relaciones y pr&aacute;cticas socio-simb&oacute;licas &mdash;una naturaleza sustantiva, esencial y plena del mundo, por ejemplo&mdash;) sino algo inherente a ellas: la misma imposibilidad del discurso de decirlo todo, la propia imposibilidad de la raz&oacute;n humana de aprehender el <i>Todo. </i>Y es que con el discurso y la raz&oacute;n siempre fallamos, nunca alcanzamos a representar nuestra existencia como plenitud. Pero precisamente nuestra vida es posible gracias a este fallo, hablamos y razonamos para poder manejarnos con esta imposibilidad inherente a nuestra condici&oacute;n humana.</p>      <p>A partir del reconocimiento de esta dimensi&oacute;n <i>imposible, </i>podemos terminar de caracterizar nuestra propuesta mediante las siguientes palabras de Slavoj Zizek: &quot;La realidad que veo nunca es 'total', no porque una parte importante me eluda, sino porque contiene una mancha, un punto ciego, que se&ntilde;ala mi inclusi&oacute;n en ella&quot; (2006, p. 26). Encontramos en este enunciado los principales elementos ontol&oacute;gicos y epistemol&oacute;gicos que constituyen nuestro punto de vista materialista.</p>      <p>Por una parte tenemos, de modo similar a las posiciones socioconstruccionistas: (1) una mirada no-esencialista (el mundo es incompleto, no hay posibilidad de plenitud, no es posible una realidad total); (2) un distanciamiento del punto de vista objetivo-positivista que considera un mundo &quot;ah&iacute; fuera&quot;, independiente de nuestro modo de conocer (la realidad no elude mi conocimiento); y (3) una vinculaci&oacute;n impl&iacute;cita entre conocimiento y ontolog&iacute;a, puesto que la realidad no es independiente de nuestro modo de conocer (hay algo de</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>nuestra mirada sobre la realidad que est&aacute; en la realidad misma, al menos, una mancha).</p>     <p>Sin embargo, podemos observar tambi&eacute;n algunas diferencias relevantes con el Construccionismo Social (CS):</p>      <p>1.&nbsp;- Para el CS el modo como el sujeto (mediante el conocimiento) construye el objeto es, podr&iacute;amos decir, <i>aditivo-productivo, </i>es decir, el objeto se constituye con algo que se pone, se <i>a&ntilde;ade-produce, </i>desde el lado de lo humano. Sin embargo, para la posici&oacute;n materialista que sostenemos, lo que el sujeto &mdash;lo humano&mdash; aporta es tambi&eacute;n una sustracci&oacute;n: la imposibilidad de una presencia plena. A esta imposibilidad se refiere Zizek al reconocer un punto ciego en la realidad que nos impide verla como totalidad. No se trata de que haya una realidad m&aacute;s all&aacute; que no podamos ver (una parte importante de la realidad que me eluda) sino que es nuestra misma inclusi&oacute;n en ella la que hace imposible una realidad ah&iacute; fuera como totalidad independiente de nosotros. Es decir, la incompletud de la realidad es correlativa a la inserci&oacute;n material del sujeto en el mundo y a la imposibilidad de la raz&oacute;n, del lenguaje y del conocimiento de aprehender el <i>Todo. </i>Es la misma raz&oacute;n humana la que hace imposible un &quot;todo del ser&quot; pero no (s&oacute;lo) como una limitaci&oacute;n de la misma raz&oacute;n y el conocimiento, sino como &quot;una propiedad del ser&quot; (Copjec, 2006a).</p>      <p>2.&nbsp;- Esta interdependencia &quot;sustractiva&quot; entre los l&iacute;mites del conocimiento y la incompletud de la realidad nos sit&uacute;an ante un modo de entender las relaciones entre epistemolog&iacute;a y ontolog&iacute;a alternativa a la socioconstrucionista. La relaci&oacute;n entre el conocimiento y su objeto es tan &iacute;ntima, a partir de sus limitaciones, que sit&uacute;a a ambos en una situaci&oacute;n de estrecha interdependencia que nunca es reconciliada (por ejemplo, bajo un conocimiento &quot;definitivo&quot; del mundo o de nosotros mismos). Sujeto, conocimiento y objeto est&aacute;n &iacute;ntimamente vinculados, hasta el punto de que &quot;un desplazamiento 'epistemol&oacute;gico' en el punto de vista del sujeto refleja siempre un desplazamiento 'ontol&oacute;gico' en el objeto mismo&quot; (Zizek, 2006, p. 25). No se trata de reabsorber la ontolog&iacute;a en la epistemolog&iacute;a &mdash;tal y como hace el CS con su silencio ontol&oacute;gico (no podemos decir nada sobre la naturaleza del objeto s&oacute;lo c&oacute;mo lo conocemos)&mdash; sino de mantener una cierta brecha insuperable pero interdependiente entre nuestro conocimiento y lo que el objeto es (imposible, incompleto, no definitivo y por tanto no alcanzable como una totalidad por nuestra mirada).</p>      <p>Como puede apreciarse no hay aqu&iacute; recuperaci&oacute;n de esencia metaf&iacute;sica alguna y, sin embargo, los presupuestos ontol&oacute;gicos (el ser, la realidad como imposible, incompleta, etc.) no quedan desdibujados bajo un silencio ontol&oacute;gico.</p>      <p>3.- Por &uacute;ltimo, esta interdependencia entre epistemolog&iacute;a y ontolog&iacute;a &mdash;y entre sujeto y objeto, mediante el conocimiento&mdash; es finalmente de doble direcci&oacute;n y pone de manifiesto que mediante el conocimiento se construye realidad, pero tambi&eacute;n al propio sujeto.</p>      <p>La mirada del sujeto est&aacute; inscrita en el mundo y, por tanto, es constitutiva de lo que el mundo es para el sujeto. Pero, si el sujeto pudiera distinguir lo que hay de &eacute;l en la realidad (su mirada inscrita en ella) &mdash;y, por tanto, lo que la realidad es sin su mirada&mdash;s&iacute; ser&iacute;a posible un punto de vista objetivo-positivista sobre el mundo &quot;ah&iacute; fuera&quot;. Eso es lo que el &quot;m&eacute;todo cient&iacute;fico&quot; ha tratado de hacer: depurar el m&eacute;todo de conocimiento hasta sacar cualquier elemento (&quot;sesgo&quot;) subjetivo presente en el objeto. Sin embargo, tal depuraci&oacute;n no es posible. El objeto devuelve la propia mirada del sujeto a &eacute;ste y esta mirada devuelta forma parte de lo que el sujeto percibe como realidad. Sin embargo, la mirada devuelta no puede ser aprehendida por el sujeto, no puede ser vista por &eacute;l (Lacan, 1987). Por eso ese punto desde el cual el objeto devuelve la mirada al sujeto supone para &eacute;l una &quot;mancha&quot;, un &quot;punto ciego&quot;, en su propia visi&oacute;n.</p>      <p>Y esta mancha permite un doble movimiento. Por una parte, indica precisamente el lugar de nuestra inserci&oacute;n material en el mundo. El punto en el cual somos tambi&eacute;n mundo y formamos parte del cuadro que estamos contemplando. Pero por otra, permite la aparici&oacute;n de una distancia necesaria entre sujeto y mundo. Necesaria para que el conocimiento sea posible y el sujeto pueda percibirse como separado del objeto. Pero adem&aacute;s, no s&oacute;lo el objeto es constituido por el sujeto como algo separado de &eacute;l, sino que tambi&eacute;n la propia mirada que nos devuelve el objeto es constitutiva de nuestra posici&oacute;n subjetiva (que nunca ser&aacute; la posici&oacute;n de un sujeto completo, definitivo, sino atravesado por esa mirada de &quot;lo otro&quot; imposible de capturar <a name="7"></a><a href="#7a"><sup>7</sup></a>.</p>      <p>Tenemos experiencia de esto cuando observamos, por ejemplo, c&oacute;mo nuestros &quot;prejuicios&quot; ideol&oacute;gicos lejos de imposibilitar una mirada sobre la verdadera realidad del mundo, son precisamente la condici&oacute;n de posibilidad de nuestra mirada &quot;objetiva&quot; sobre &eacute;l. Estos &quot;prejuicios&quot; son nuestra propia mirada devuelta y ocultada que aparecen, no como una condici&oacute;n subjetiva de nuestra mirada sino como una propiedad espec&iacute;fica del objeto, es decir, bajo la misma forma de la objetividad. De este modo introducimos una cierta distancia entre sujeto y mundo (justo a partir de este &quot;punto ciego&quot; en nuestra mirada) que nos permite constituirnos como sujetos separados de los objetos.</p>      <p>N&oacute;tese c&oacute;mo en esta lectura materialista conviven simult&aacute;neamente, por tanto: La posibilidad de una distancia entre sujeto y objeto (sin esta distancia, no habr&iacute;a ni sujeto, ni mundo, ni conocimiento) y la misma constituci&oacute;n del sujeto &iacute;ntimamente situado y atrapado en el mundo. Podemos pensar, por tanto, en los elementos mediadores de nuestro conocimiento (es decir, todos aquellos elementos que nos vinculan con el mundo y simult&aacute;neamente nos permiten establecer una distancia con &eacute;l: desde los terminales nerviosos a los c&oacute;digos simb&oacute;lico-culturales) como un resultado de nuestra articulaci&oacute;n situada en el mundo (son tambi&eacute;n mundo) y no (s&oacute;lo) una condici&oacute;n individual o subjetiva del conocimiento<a name="8"></a><a href="#8a"><sup>8</sup></a>.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En resumen, el punto de vista materialista no significa &uacute;nicamente la afirmaci&oacute;n directa de mi inclusi&oacute;n en la realidad objetiva (Zizek, 2006) sino que supone un movimiento de dos direcciones (sujeto-objeto y viceversa) que, a la vez que da testimonio de mi existencia material y situada en el mundo, constituye el mismo mundo en donde estoy incluido. Por eso, inherente a nuestras pr&aacute;cticas de conocimiento, podemos reconocer una dimensi&oacute;n de subjetivaci&oacute;n.</p>      <p>El conocimiento supone, por tanto, un triple movimiento simult&aacute;neo y mutuamente dependiente: (1) una representaci&oacute;n del mundo (habilitada por la creaci&oacute;n de una distancia entre el mundo y objeto); (2) la producci&oacute;n de un objeto como algo diferente del sujeto; y (3) la propia producci&oacute;n de un sujeto (separado del objeto). Este triple proceso es precisamente el correlato de la imposibilidad del mundo coherente, absolutamente separado de nosotros. El mundo es imposible de percibir como un todo cerrado, precisamente porque, en tanto sujetos que conocemos, estamos insertados en el mundo mismo formando parte de &eacute;l.</p>  <font size="3">           <br>    <p><b>A modo de conclusi&oacute;n: un sujeto-agente responsable y un conocimiento situado</b></p></font>      <p>Llegados a este punto, terminamos por hilvanar los argumentos expuestos para mostrar las implicaciones &eacute;tico-pol&iacute;ticas de la mirada materialista que hemos presentado. En nuestra opini&oacute;n, este punto de vista ontol&oacute;gico (y sus implicaciones sobre el sujeto y el conocimiento) son una condici&oacute;n ineludible para pensar las pr&aacute;cticas emancipadoras hoy en d&iacute;a. Acercarnos al conocimiento cient&iacute;fico en las ciencias sociales desde esta mirada supone admitir la imposibilidad de una mirada determinista sobre el comportamiento humano bajo alguna ley o causa universal. Y ello, no tanto porque nuestro comportamiento no est&eacute; regulado y normativizado, sino porque las propias leyes reguladoras son finalmente la sedimentaci&oacute;n de los intentos reiterados por domesticar <i>la imposibilidad </i>inherente a la existencia humana (intentos que no consiguen alcanzar definitivamente su objetivo). Esto se puede confirmar con el siguiente argumento de Alem&aacute;n:</p>      <blockquote>     <p>La lengua, el sexo, la muerte nombran el mismo exilio, la misma imposibilidad; jam&aacute;s podr&aacute; ser conquistada una identidad plena ni por la reflexi&oacute;n de la conciencia, ni por el dominio del yo, ni por el &quot;autocontrol&quot;, ni por el proceso de emancipaci&oacute;n. La existencia siempre construye su casa o refugio desde el temblor de las huellas de lo imposible... nombran entonces la misma imposibilidad, la de establecer una relaci&oacute;n &quot;sustancial&quot;, permanente, &quot;natural&quot;, con la vida (p. 24).</p> </blockquote>      <p>Vivimos &iacute;ntimamente atrapados en el mundo, somos resultado de una trama de relaciones que nos precede. Pero simult&aacute;neamente el mundo es tambi&eacute;n humano-dependiente, tal y como ha puesto de manifiesto el CS. No hay exterioridad entre mundo y sujeto. Por tanto, mundo y sujeto no se relacionan como entidades completas y separadas, sino como articulaciones a partir de la imposibilidad de un mundo cerrado y de un sujeto definitivo y pleno<a name="9"></a><a href="#9a"><sup>9</sup></a>. Tal y como hemos puesto de manifiesto, esta imposibilidad es ontol&oacute;gica, no se trata (s&oacute;lo) de una limitaci&oacute;n epistemol&oacute;gica. Por esta raz&oacute;n, nuestras pr&aacute;cticas de conocimiento &mdash;es decir, las mismas pr&aacute;cticas mediante las que el mundo es constituido como objetividad (para nosotros)&mdash; son simult&aacute;neamente pr&aacute;cticas de subjetivaci&oacute;n, de producci&oacute;n de un sujeto. Por ello y junto con ello, el mundo se constituye como objetividad en la medida en la que se incluye en &eacute;l al propio sujeto.</p>      <p>Y esto lo cambia todo. Ya no podemos entender el conocimiento como un proceso cognitivo neutral que circula entre sujeto y mundo, sino como un momento constitutivo de sujeto y mundo que conlleva una marca subjetiva de la que podemos/ debemos hacernos cargo. De este modo, el criterio de legitimidad del conocimiento ya no ser&aacute; su correspondencia con la realidad &quot;ah&iacute; fuera&quot;, sino tambi&eacute;n el de la responsabilidad derivada de nuestro papel (situado, limitado) como co-constructores del mundo, es decir, con nuestra propia posici&oacute;n subjetiva en el mundo.</p>      <p>Es preciso distanciarse aqu&iacute; de cualquier lectura idealista de esta noci&oacute;n de responsabilidad que estamos proponiendo. No se trata de recuperar un antropocentrismo humanista que pondr&iacute;a al sujeto en el centro de todo, sino precisamente de hacernos cargo de nuestra posici&oacute;n incompleta y de interdependencia, de c&oacute;mo nuestra capacidad de acci&oacute;n siempre es derivada de nuestra interacci&oacute;n con otros (incluso con otros no humanos). As&iacute;, lejos de toda pretensi&oacute;n de omnipotencia, se trata de manejarnos con los l&iacute;mites de nuestra (im)potencia constatando que no es posible una mirada transparente sobre nosotros mismos y sobre el mundo, y que nuestro conocimiento objetivo es inherentemente parcial y situado, y se sostiene en la misma imposibilidad de una metamirada sobre el <i>Todo.</i></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Esta posibilidad de un sujeto-agente responsable no puede venir del lado de un sujeto calculable bajo cualquier ley -social, biol&oacute;gica, u otras-, pero tampoco del de un sujeto completamente por encima de la Ley como actor/legislador omnipotente. Es decir, un sujeto-agente responsable, no puede estar ni por encima -un sujeto omnipotente-, ni por debajo de la ley -un sujeto calculable-. Este sujeto, radicalmente incognoscible e incalculable, es la &uacute;nica garant&iacute;a que tenemos para la &eacute;tica y la pol&iacute;tica. Esta garant&iacute;a es, por tanto, la misma imposibilidad de un cierre definitivo (idealista) por encima o por debajo del trasfondo de regularidades y relaciones de poder en el que habitamos. La propia incompletud del sujeto derivada de su inserci&oacute;n material y simb&oacute;lica en el mundo es la que precisamente lo habilita como sujeto &eacute;tico. En la medida en que este sujeto no las tiene todas consigo &mdash;no tiene un fundamento &uacute;ltimo del qu&eacute; deducir su acci&oacute;n algor&iacute;tmicamente&mdash; se ve confrontado con la dimensi&oacute;n indecidible<a name="10"></a><a href="#10a"><sup>10</sup></a> inherente a la &eacute;tica y la pol&iacute;tica (Ema, 2007).</p>      <p>Por eso esta responsabilidad a la que apelamos es materialmente situada, es &quot;no-toda&quot; (Zizek, 2004b). No consistir&iacute;a en afirmar: soy responsable de todo, sino m&aacute;s bien: <i>no existe nada a lo que no pueda vincular mi responsabilidad </i>y simult&aacute;neamente: <i>no soy responsable de todo </i>(no puedo tener una visi&oacute;n global del <i>Todo). </i>Estar arrojado al mundo, condicionado, limitado pero habilitado en &eacute;l, significa que no hay nada que pueda escapar a una mirada responsable, aunque &eacute;sta, como el mundo, sea no-toda. Pero tambi&eacute;n asumir modestamente nuestra imposibilidad de hacernos cargo de todo, abandonar el trono del ideal del Sujeto dominador de la Naturaleza y de la propia naturaleza humana.</p>      <p>Desde este punto de vista, no renunciar&iacute;amos al uso del t&eacute;rmino objetividad como criterio de legitimidad del conocimiento si vinculamos &eacute;sta a la noci&oacute;n de responsabilidad que hemos presentado. As&iacute;, podemos poner la objetividad de nuestros conocimientos en funci&oacute;n de su subordinaci&oacute;n a un saber pr&aacute;ctico que nos permita articular significados y representaciones para mostrar, en relaci&oacute;n con la cuesti&oacute;n que nos ocupa, un horizonte posible de cambio emancipador. En este sentido, tal y como afirma Haraway:</p>      <blockquote>     <p>lo imaginario y lo racional &mdash;la visi&oacute;n visionaria y objetiva&mdash; rondan juntos (... ) este toque cercano del elemento fant&aacute;stico de esperanza en el conocimiento transformador y la severa verificaci&oacute;n y el est&iacute;mulo de la b&uacute;squeda cr&iacute;tica sostenida, son la base de cualquier pretensi&oacute;n cre&iacute;ble de objetividad o de racionalidad, no cargada de negaciones desalentadoras y de represiones desalentadoras (1995, p. 330).</p> </blockquote>      <p>Por eso, el problema &eacute;tico y pol&iacute;tico de la objetividad del conocimiento no es tanto el de la fidelidad de la representaci&oacute;n, sino, m&aacute;s bien, el de su fiabilidad y validez para la transformaci&oacute;n emancipadora. Es decir, de su capacidad de articular experiencias y pr&aacute;cticas concretas y desde ellas contribuir al impulso de la acci&oacute;n etico-pol&iacute;tica. Sostenemos as&iacute; un criterio de verdad del conocimiento pragm&aacute;tico y &eacute;ticamente situado, y no el de la neutralidad abstracta, y finalmente imposible, de la correspondencia con la &quot;realidad ah&iacute; fuera&quot; tal y como nos prometi&oacute; el objetivismo positivista.</p>      <p>El CS, articulado con toda una serie de propuestas cr&iacute;ticas, nos ha permitido a lo largo de estos a&ntilde;os problematizar algunos presupuestos epistemol&oacute;gicos y ontol&oacute;gicos que sosten&iacute;an y sostienen las pr&aacute;cticas normativizadoras de las ciencias sociales y especialmente de la psicolog&iacute;a. En este trabajo hemos tratado de prolongar su impulso cr&iacute;tico radicalizando, matizando o apart&aacute;ndonos de algunas de sus principales herramientas. De cualquier modo, la tarea cr&iacute;tica no puede terminar, no hay un lugar seguro para su descanso. La disposici&oacute;n para la cr&iacute;tica debe permanecer siempre abierta, hasta para deshacer sus propios cimientos.</p>  <hr>  <font size="3">           <br>    <p><b>Pie de P&aacute;gina</b></p></font>      <p> <sup><a name="1a"></a><a href="#1">1</a></sup> Aunque muchas de las cuestiones que presentamos en este trabajo se pueden aplicar a lo que se han denominando como ciencias naturales, nuestras reflexiones se refieren espec&iacute;ficamente a las ciencias humanas-sociales (¡y a las m&eacute;dicas!) en tanto que dispositivos tecno-cient&iacute;ficos que tratan de explicar el funcionamiento de lo humano.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> <sup><a name="2a"></a><a href="#2">2</a></sup> Para esta breve presentaci&oacute;n del Construccionismo Social tomamos como referencia fundamentalmente los trabajos de Kenneth J. Gergen y Tom&aacute;s Ib&aacute;&ntilde;ez aunque hay una ampl&iacute;sima red de autores y autoras relevantes que pueden ser adscritos a esta perspectiva y que l&oacute;gicamente presentan matices y diferencias importantes que impiden hablar de un enfoque homog&eacute;neo.    <br> <sup><a name="3a"></a><a href="#3">3</a></sup> Por ejemplo: los estudios sociales de la ciencia y la tecnolog&iacute;a (especialmente la Teor&iacute;a del Actor-Red) Feminismos, Estudios Poscoloniales o incluso el Psicoan&aacute;lisis.    <br> <sup><a name="4a"></a><a href="#4">4</a></sup> Recogemos aqu&iacute; las cr&iacute;ticas de Bruno Latour (1992, 1993) al punto de vista socioconstruccionista en los Estudios Sociales de la Ciencia.    <br> <sup><a name="5a"></a><a href="#5">5</a></sup> Es preciso dejar claro que &eacute;sta no es la &uacute;nica lectura &eacute;tico-pol&iacute;tica posible del relativismo epistemol&oacute;gico y del silencio ontol&oacute;gico del CS. Hay otras posiciones, de las que nos encontramos m&aacute;s cerca, como la de Ib&aacute;&ntilde;ez (2001) quien vincula la necesidad de un compromiso &eacute;tico y pol&iacute;tico con una decisi&oacute;n/elecci&oacute;n subjetiva. A&uacute;n pensamos que la ambig&uuml;edad del CS en relaci&oacute;n con esta cuesti&oacute;n merece una atenci&oacute;n cr&iacute;tica sobre los presupuestos que la sostienen.    <br> <sup><a name="6a"></a><a href="#6">6</a></sup> Esta lectura materialista desarrollada a partir de esta l&oacute;gica del &quot;no-todo&quot; est&aacute; basada en las ideas de Joan Copjec y Slavoj Zizek y en la vinculaci&oacute;n que establecen entre las antinomias cosmol&oacute;gicas de la raz&oacute;n de Kant y el &quot;lado&quot; femenino de las f&oacute;rmulas lacanianas de la sexuaci&oacute;n (Copjec, 2006b; Zizek, 2006, 2004a, 2003).    <br> <sup><a name="7a"></a><a href="#7">7</a></sup> Nuestra posici&oacute;n subjetiva se constituye intersubjetivamente a partir de la mirada del otro, tal y como ya se sabe bien en la psicolog&iacute;a social. Pero esta mirada (del otro humano o no humano) no es absolutamente transparente para nosotros, de modo que a nuestra interdependencia (de la mirada) del otro tenemos que a&ntilde;adir la dimensi&oacute;n afectiva y deseante que implica ser (bien) reconocidos por esa mirada y reconocernos en ella. Por eso debemos complejizar el punto de vista &quot;reflexivo&quot; sobre la acci&oacute;n humana que proponen enfoques como el Interaccionismo Simb&oacute;lico (por ejemplo en Mead, 1977), incorporando esta dimensi&oacute;n afectiva &mdash;que es limitante de la misma posibilidad de un conocimiento transparente de los otros y autotransparente de uno mismo&mdash;.    <br> <sup><a name="8a"></a><a href="#8">8</a></sup> Puede reconocerse en este punto el parecido de familia con el enfoque enactivo del bi&oacute;logo y epistem&oacute;logo Francisco Varela. Para este autor: &quot;Estamos obligados a concluir que la cognici&oacute;n no se puede entender adecuadamente sin sentido com&uacute;n, el cual no es otra cosa que nuestra historia corporal y social, la inevitable conclusi&oacute;n es que conocedor y conocido, sujeto y objeto, se determinan uno al otro y surgen simult&aacute;neamente&quot; (1988, p. 96). As&iacute;, entiende por cognici&oacute;n: &quot;hacer emerger un mundo&quot; mediante el acoplamiento de las entidades implicadas. Varela propone la enacci&oacute;n como proceso de articulaci&oacute;n entre sujeto y objeto destacando c&oacute;mo las propiedades de ambos son emergentes en la relaci&oacute;n: &quot;lo que marca la diferencia entre el enfoque enactivo y cualquier forma de constructivismo o neokantismo biol&oacute;gico es este &eacute;nfasis en la codeterminaci&oacute;n&quot; (1988,p.102).    <br> <sup><a name="9a"></a><a href="#9">9</a></sup> Este sujeto incompleto no se relaciona con el mundo como un reducto de intimidad separado de un escenario exterior. En realidad, la propia intimidad del sujeto es ya <i>extimidad </i>en relaci&oacute;n con el mundo. Con este neologismo tomado de Lacan (1989) nos escapamos de la oposici&oacute;n limitante entre mundo interno y mundo externo para poner de manifiesto que el sujeto est&aacute; habilitado (y limitado) por algo extranjero y ajeno, la alteridad radical de &quot;lo otro&quot; que viene de afuera y su correlato en lo m&aacute;s &iacute;ntimo y desconocido en cada uno.    <br> <sup><a name="10a"></a><a href="#10">10</a></sup> Derrida define lo indecidible en su reflexi&oacute;n sobre la justicia de una decisi&oacute;n que siguiendo una regla general debe enfrentarse a la singularidad de una situaci&oacute;n concreta y &uacute;nica, del siguiente modo: Lo indecidible no es meramente la oscilaci&oacute;n o la tensi&oacute;n entre dos decisiones; es la experiencia de aquello que, aunque heterog&eacute;neo, extra&ntilde;o al orden de lo calculable y de la regla, aun est&aacute; obligado -es de obligaci&oacute;n de lo que debemos hablar- a rendirse a la decisi&oacute;n imposible, a la vez que toma en cuenta la ley y las reglas. Una decisi&oacute;n que no pasar&aacute; a trav&eacute;s de la dura prueba de lo indecidible no ser&iacute;a una decisi&oacute;n libre, ser&iacute;a solamente la aplicaci&oacute;n o el despliegue programable de un proceso calculable (Derrida, 1997, p. 57).  </p>  <hr>  <font size="3">     <br>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>Referencias</b></p></font>      <!-- ref --><p>Abril, G. (1999). Cronotop&iacute;as del destiempo. Viajes a los cronotopos sociales y textuales de la sociedad de la informaci&oacute;n y a sus astucias. En Gatti, G. &amp; Mart&iacute;nez de Albeniz, I. (Coords). <i>Las astucias de la identidad: Figuras, territorios y estrategias de lo social contempor&aacute;neo. </i>Bilbao: UPV/EHU&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000124&pid=S1794-9998200900020000300001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Agamben, G. (1996). <i>La comunidad que viene. </i>Valencia: Pre-textos.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000125&pid=S1794-9998200900020000300002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Alem&aacute;n, J. (2003). <i>Derivas del discurso capitalista: notas sobre psicoan&aacute;lisis y pol&iacute;tica. </i>M&aacute;laga: Miguel G&oacute;mez Ediciones.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000126&pid=S1794-9998200900020000300003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Alem&aacute;n, J. (2003). <i>Existencia y sexo: notas sobre el psicoan&aacute;lisis. </i>Recuperado el d&iacute;a 3 de julio de 2005 de: <a href="http://www.hartza.com/sexistencia.html" target="_blank">http://www.hartza.com/sexistencia.html</a>.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000127&pid=S1794-9998200900020000300004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Burr, V. (1998). Overview: realism, relativism, social constructionism and discourse. En Parker, I. (comp.). <i>Social Constructionism, Discourse and Realism. </i>Londres: Sage Publication.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000128&pid=S1794-9998200900020000300005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Copjec, J. (2006a). <i>Imaginemos que la mujer no existe. &Eacute;tica y sublimaci&oacute;n. </i>Buenos Aires: Fondo de Cultura Econ&oacute;mica.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000129&pid=S1794-9998200900020000300006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Copjec, J. (2006b). <i>El sexo y la eutanasia de la raz&oacute;n. Ensayos sobre el amor y la diferencia. </i>Buenos Aires: Paid&oacute;s.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000130&pid=S1794-9998200900020000300007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Derrida, J. (1997). <i>Fuerza de ley. El fundamento m&iacute;stico de la autoridad. </i>Madrid: Tecnos.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000131&pid=S1794-9998200900020000300008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Ema L&oacute;pez, J. E., Garc&iacute;a D. S. &amp; Sandoval Moya, J. (2003). Fijaciones pol&iacute;ticas y trasfondo de la acci&oacute;n: movimientos dentro/fuera del socioconstruccionismo. <i>Pol&iacute;tica y Sociedad, 40 </i>(1), 71-86. Recuperado el 19 de diciembre de 2007 desde <a href="http://revistas.ucm.es/cps/11308001/articulos/POSO0303130071A.PDF" target="_blank">http://revistas.ucm.es/cps/11308001/articulos/POSO0303130071A.PDF</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000132&pid=S1794-9998200900020000300009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Ema L&oacute;pez, J. E. (2004). Del sujeto a la agencia (a trav&eacute;s de la pol&iacute;tica). <i>Athenea Digital, 5. </i>Recuperado el 12 de enero de 2005 desde:  <a href="http://psicologiasocial.uab.es/athenea/index.php/atheneaDigital/article/view/114/114" target="_blank">http://psicologiasocial.uab.es/athenea/index.php/atheneaDigital/article/view/114/114</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000133&pid=S1794-9998200900020000300010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Ema L&oacute;pez, J. E. (2007). Lo pol&iacute;tico, la pol&iacute;tica y el acontecimiento. <i>Foro interno: anuario de teor&iacute;a pol&iacute;tica, </i>7, 51-76. Recuperado el 19 de diciembre de 2007 desde  <a href="http://revistas.ucm.es/cps/15784576/articulos/FOIN0707110051A.PDF" target="_blank">http://revistas.ucm.es/cps/15784576/articulos/FOIN0707110051A.PDF</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000134&pid=S1794-9998200900020000300011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Gergen, K. (1985). The Social Constructionist Movement in Modern Psychology. <i>American Psychologist, 40, </i>266-275.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000135&pid=S1794-9998200900020000300012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Gergen, K. (1996). <i>Realidades y relaciones. Aproximaciones a la construcci&oacute;n social. </i>Barcelona: Paid&oacute;s.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000136&pid=S1794-9998200900020000300013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Gergen, K. (1999). <i>A Invitation to Social Construction. </i>Londres: Sage.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000137&pid=S1794-9998200900020000300014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Haraway, D. (1995). <i>Ciencia, cyborgs y mujeres. La reinvenci&oacute;n de la naturaleza. </i>Madrid: C&aacute;tedra.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000138&pid=S1794-9998200900020000300015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Ib&aacute;&ntilde;ez, T. (1994). <i>Psicolog&iacute;a Social Construccionista. </i>Guadalajara: Universidad de Guadalajara.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000139&pid=S1794-9998200900020000300016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Ib&aacute;&ntilde;ez, T. (1996). Construccionismo y psicolog&iacute;a. En Gordo L&oacute;pez, A. &amp; Linaza, J.L. (comp.). <i>Psicolog&iacute;as, discursos y poder. </i>Madrid: Visor.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000140&pid=S1794-9998200900020000300017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Ib&aacute;&ntilde;ez, T. (2001). <i>Municiones para disidentes. Realidad-verdad-pol&iacute;tica. </i>Barcelona: Gedisa.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000141&pid=S1794-9998200900020000300018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Lacan, J. (1981). <i>El Seminario de Lacan. Libro 20. Aun. 1971-1973. </i>Buenos Aires: Paid&oacute;s.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000142&pid=S1794-9998200900020000300019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Lacan, J. (1987). <i>El Seminario de Lacan. Libro 11. Los cuatro conceptos fundamentales del Psicoan&aacute;lisis. 1964. </i>Buenos Aires: Paid&oacute;s.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000143&pid=S1794-9998200900020000300020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Lacan, J. (1989). <i>El Seminario de Lacan. Libro 7. 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(1993). <i>Nunca hemos sido modernos. </i>Madrid: Debate.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000146&pid=S1794-9998200900020000300023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Mead, G. H. (1977). <i>Esp&iacute;ritu, persona y sociedad. </i>Barcelona: Paid&oacute;s.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000147&pid=S1794-9998200900020000300024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Pujal i Llombart, M. (2003). La tarea cr&iacute;tica: interconexiones entre lenguaje, deseo y subjetividad. <i>Pol&iacute;tica y sociedad, 40 </i>(1), 129-140. 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(1979). <i>La filosof&iacute;a y el espejo de la naturaleza. </i>Madrid: C&aacute;tedra.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000151&pid=S1794-9998200900020000300028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Sandoval, J. (2004). <i>Representaci&oacute;n discursividad y acci&oacute;n situada. </i>Valpara&iacute;so: Universidad de Valpara&iacute;so.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000152&pid=S1794-9998200900020000300029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Varela, F. (1988). <i>Conocer. </i>Barcelona: Gedisa.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000153&pid=S1794-9998200900020000300030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Zizek, S. (2003). <i>Las met&aacute;stasis del goce. Seis ensayos sobre la mujer y la causalidad. </i>Buenos Aires: Paid&oacute;s.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000154&pid=S1794-9998200900020000300031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Zizek, S. (2004a). <i>A prop&oacute;sito de Lenin. Pol&iacute;tica y subjetividad en el capitalismo tard&iacute;o. </i>Buenos Aires: Atuel.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000155&pid=S1794-9998200900020000300032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Zizek, S. (2004b). <i>Violencia en acto. Conferencias en Buenos Aires. </i>Buenos Aires: Paid&oacute;s.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000156&pid=S1794-9998200900020000300033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Zizek, S. (2006). <i>Visi&oacute;n de paralaje. </i>Buenos Aires: Fondo de Cultura Econ&oacute;mica.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000157&pid=S1794-9998200900020000300034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p><sup><a name="ast1a"></a><a href="#ast1">*</a></sup> Correspondencia: Jos&eacute; Enrique Ema L&oacute;pez, Profesor de la Universidad de Castilla-La Mancha. Avda. Real F&aacute;brica de Sedas, s/n 45600 - Talavera de la Reina, Toledo, Espa&ntilde;a. Correo electr&oacute;nico: <a href="mailto:JoseEnrique.Ema@uclm.es">JoseEnrique.Ema@uclm.es</a>.</p>   </font>      ]]></body><back>
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