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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[LA VOCACIÓN CRÍTICA DE LA ANTROPOLOGÍA EN LATINOAMÉRICA]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[The relationships and contrast in the practice of Anthropology in Colombia and the metropolitan countries within a context of globalization was the main issue of the symposium "Metropolitan and Peripheral Anthropologies: Encounters and Nonencounters" (10 th Congress of Anthropology in Colombia, Manizales, September 22-26, 2003). I take this opportunity to state my argument based upon the anthropologies of Mexico and Brazil of the 1960&#39;s. The argument is that there is a close relationship between the anthropological and theorical practices and the commitment to the anthropologists has meant that the theoretical work has a critical bent that attempts to account for the disturbing presence of the Other.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">     <p align=center><font size="4"><b>LA VOCACI&Oacute;N CR&Iacute;TICA DE LA ANTROPOLOG&Iacute;A EN LATINOAM&Eacute;RICA</b></font></p>     <p><b>Myriam Jimeno</b></p>     <p><i>Profesora Asociada, Departamento de Antropolog&iacute;a. Centro de Estudios Sociales CES Universidad Nacional de Colombia </i><a href="mailto:msjimenos@unal.edu.co"><i> msjimenos@unal.edu.co</i></a></p>     <p><i>A la memoria grata de Guillermo Bonfil Batalla y de Arturo Warman<a name="s1" href="#1"><sup>1</sup></a></i></p> <hr size=1>     <p><b>RESUMEN</b></p>     <p>La pregunta por la relaci&oacute;n y el contraste entre la manera de hacer antropolog&iacute;a en Colombia y la que hacen nuestros colegas en los pa&iacute;ses desarrollados, dado un contexto de interconexi&oacute;n global, nos motiv&oacute; a Carlos Alberto Uribe y a m&iacute; para la realizaci&oacute;n del Simposio &quot;Antropolog&iacute;as metropolitanas y antropolog&iacute;as perif&eacute;ricas: Encuentros y desencuentros&quot;, dentro del x Congreso de Antropolog&iacute;a en Colombia celebrado en Manizales del 22 al 26 de septiembre de 2003. He tomado esa oportunidad para presentar mi argumento sobre el tema, basado en la producci&oacute;n antropol&oacute;gica de mexicanos y brasile&ntilde;os entre los sesenta y ochenta pasados. El argumento es que existe una estrecha relaci&oacute;n en Latinoam&eacute;rica entre la producci&oacute;n te&oacute;rica del antrop&oacute;logo y el compromiso con las sociedades estudiadas. La vecindad sociopol&iacute;tica entre los sujetos de estudio y los antrop&oacute;logos se ha traducido en una producci&oacute;n te&oacute;rica con una vocaci&oacute;n cr&iacute;tica, pues busca dar cuenta de la presencia perturbadora de Otros.</p>     <p><b>PALABRAS CLAVE</b></p>     <p>Antropolog&iacute;a latinoamericana, vocaci&oacute;n cr&iacute;tica, M&eacute;xico, Colombia y Brasil.</p> <hr size=1>     <p><b>ABSTRACT</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>The relationships and contrast in the practice of Anthropology in Colombia and the metropolitan countries within a context of globalization was the main issue of the symposium &quot;Metropolitan and Peripheral Anthropologies: Encounters and Nonencounters&quot; (10 th Congress of Anthropology in Colombia, Manizales, September 22-26, 2003). I take this opportunity to state my argument based upon the anthropologies of Mexico and Brazil of the 1960&#39;s. The argument is that there is a close relationship between the anthropological and theorical practices and the commitment to the anthropologists has meant that the theoretical work has a critical bent that attempts to account for the disturbing presence of the Other.</p>     <p><b>KEY WORDS</b></p>     <p>Latin American Anthropology, Critical Anthropology, Mexico, Colombia and Brazil.</p> <hr size=1>     <p><b>&iquest; Vale la pena discutir </b>la relaci&oacute;n y el contraste entre la manera de hacer antropolog&iacute;a en Colombia y la que hacen nuestros colegas en los pa&iacute;ses desarrollados, dado un contexto de interconexi&oacute;n global? &iquest;Existe siquiera tal contraste y tienen existencia las comunidades nacionales de cient&iacute;ficos, o son apenas localizaciones geogr&aacute;ficas volubles, meramente incidentales en relaci&oacute;n con la manera como conciben y realizan su trabajo? &iquest;Ha pasado el tiempo de considerar a lo nacional en relaci&oacute;n con el quehacer disciplinario? &Eacute;stas y otras muchas preguntas nos motivaron a Carlos Alberto Uribe y a m&iacute;, para la realizaci&oacute;n del Simposio &quot;Antropolog&iacute;as metropolitanas y antropolog&iacute;as perif&eacute;ricas: encuentros y desencuentros&quot;, dentro del x Congreso de Antropolog&iacute;a en Colombia. Partimos de preguntarnos por la relaci&oacute;n entre quienes hacemos antropolog&iacute;a en Colombia y los colegas extranjeros que han trabajado sobre Colombia. Tambi&eacute;n quer&iacute;amos saber qu&eacute; hab&iacute;a significado Colombia en su realizaci&oacute;n profesional y, a la inversa, la forma en que nosotros los vemos.</p>     <p>Pese a estos prop&oacute;sitos generales, el Simposio fue tomando otro rumbo: cada uno de los colegas extranjeros tuvo impedimentos para asistir al congreso, de manera que lo que se pens&oacute; como un di&aacute;logo se circunscribi&oacute; a la perspectiva de los ponentes colombianos.</p>     <p>En su escrito, Carlos Alberto Uribe se&ntilde;ala la necesidad de problematizar el uso de categor&iacute;as tales como <i>centro </i>y <i>periferia, </i>pero, al mismo tiempo, es preciso tomar en cuenta las relaciones asim&eacute;tricas y de poder que atraviesan el quehacer antropol&oacute;gico. Para &eacute;l, la asimetr&iacute;a est&aacute; presente en la manera misma como los antrop&oacute;logos locales asumimos el papel de int&eacute;rpretes de la producci&oacute;n intelectual de los pa&iacute;ses desarrollados. En la relaci&oacute;n entre unos y otros estar&iacute;amos en el lugar de traductores de su producci&oacute;n.</p>     <p>El sabor un tanto esc&eacute;ptico que deja la propuesta de Uribe se encuentra contrastado en Fran&ccedil;ois Correa, pues coloca su atenci&oacute;n en la desigualdad de las condiciones de formaci&oacute;n y trabajo entre nosotros y los colegas de los pa&iacute;ses desarrollados. En buena medida nosotros somos m&aacute;s un laboratorio de investigaci&oacute;n con &eacute;nfasis en el estudio de lo local y con la inmersi&oacute;n del antrop&oacute;logo colombiano en la din&aacute;mica nacional. Correa se&ntilde;ala las enormes dificultades que debe enfrentar un antrop&oacute;logo colombiano para dar continuidad a su l&iacute;nea de trabajo y el peso que adquieren los agentes financiadores, entre ellos el propio Estado, para definir temas y condiciones de trabajo en ese contexto de limitaci&oacute;n de opciones.</p>     <p>En &quot;Metr&oacute;polis y puritanismo en Afrocolombia&quot;, Jaime Arocha se sirve del recuento de los programas de investigaci&oacute;n sobre estos pueblos para mostrar dos perspectivas o enfoques contrastados: el de los cient&iacute;ficos sociales extranjeros se orienta hacia lo que &eacute;l llama <i>euroindog&eacute;nesis. </i>Esto los lleva a asumir posiciones esc&eacute;pticas frente a hechos sociopol&iacute;ticos que afectan a las poblaciones negras, como la Ley 70 de 1993, que legitima los derechos &eacute;tnico-territoriales y pol&iacute;ticos de los pueblos afrocolombianos. En contraste, para Arocha, la orientaci&oacute;n prevalente entre los antrop&oacute;logos colombianos los vincula y compromete con los logros pol&iacute;ticos del reconocimiento de estos pueblos.</p>     <p>Roberto Pineda Camacho tambi&eacute;n organiza su trabajo alrededor del contraste de perspectivas y lo hace sustentado en la etnolog&iacute;a de las tierras bajas de Suram&eacute;rica. A finales de la d&eacute;cada del sesenta, nos dice, &eacute;ste era uno de los campos de estudio menos conocidos de la Am&eacute;rica del Sur. Internacional-mente, se lanzaron diversos llamados para realizar una &quot;etnolog&iacute;a de urgencia&quot;, cuyo objetivo era salvar para la ciencia el conocimiento de las culturas amerindias amenazadas de extinci&oacute;n cultural y biol&oacute;gica, gener&aacute;ndose importantes investigaciones etnogr&aacute;ficas que privilegiaron el estudio de lo tradicional y de lo ex&oacute;tico. Pero, por entonces, tambi&eacute;n, en Am&eacute;rica Latina se desarroll&oacute; un nuevo paradigma de estudio de los pueblos ind&iacute;genas que privilegi&oacute; el contacto y el compromiso pol&iacute;tico de los investigadores con los grupos estudiados, conform&aacute;ndose una nueva manera de analizar los datos, entre ellas, un &eacute;nfasis en el contexto y en el entorno pol&iacute;tico. Uno u otro &quot;paradigma&quot; tuvo repercusiones importantes en la forma de concebir el trabajo de campo y en la manera de relacionar la antropolog&iacute;a con la historia y las pol&iacute;ticas de etnicidad. Tendr&eacute; oportunidad de mostrar mis propios argumentos dentro de esta misma perspectiva.</p>     <p>Queda pues iniciado un debate al cual quiero sumarme con los argumentos que tuve oportunidad de presentar ante el ix Congreso de Antropolog&iacute;a en Colombia, realizado en Popay&aacute;n en el a&ntilde;o 2000, y que contin&uacute;an hasta ahora in&eacute;ditos.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Argument&eacute; en esa ocasi&oacute;n, y lo creo v&aacute;lido hasta hoy, que la condici&oacute;n hist&oacute;rica de cociudadan&iacute;a entre el antrop&oacute;logo y sus sujetos de estudio en pa&iacute;ses como los latinoamericanos impulsa la creaci&oacute;n de enfoques cuya peculiaridad es un abordaje cr&iacute;tico de la producci&oacute;n de conocimiento antropol&oacute;gico. Ello es as&iacute; porque la construcci&oacute;n de conocimiento antropol&oacute;gico se realiza en condiciones donde el Otro es parte constitutiva y problem&aacute;tica del s&iacute; mismo, y ello implica un esfuerzo peculiar de conceptualizaci&oacute;n y modifica la relaci&oacute;n del antrop&oacute;logo con su propio quehacer. He argumentado tambi&eacute;n que esto es extensivo a la antropolog&iacute;a realizada en Latinoam&eacute;rica en general.</p>     <p><b>La antropolog&iacute;a en Latinoam&eacute;rica, pensamiento y compromiso</b><a name="s2" href="#2"><sup>2</sup></a></p>     <p>El argumento que busco desarrollar es el de que existe una estrecha relaci&oacute;n en Latinoam&eacute;rica entre la producci&oacute;n te&oacute;rica del antrop&oacute;logo y el compromiso con las sociedades estudiadas. Por ello, los sectores estudiados no son entendidos como mundos ex&oacute;ticos, aislados, lejanos o fr&iacute;os, sino como copart&iacute;cipes en la construcci&oacute;n de naci&oacute;n y democracia en estos pa&iacute;ses. Cada generaci&oacute;n de antrop&oacute;logos latinoamericanos problematiza a su manera la relaci&oacute;n entre los antrop&oacute;logos y el Otro, y se preocupa por las consecuencias sociales de los estudios realizados. Tratar&eacute; de mirar este argumento en relaci&oacute;n con la producci&oacute;n de antrop&oacute;logos mexicanos y brasile&ntilde;os entre las d&eacute;cadas del sesenta y ochenta pasados, pues permite ilustrar bien la argumentaci&oacute;n sobre la estrecha relaci&oacute;n entre la producci&oacute;n te&oacute;rica y el compromiso con las sociedades estudiadas. Ellos privilegiaron la relaci&oacute;n entre las sociedades ind&iacute;genas y los estados nacionales, pero creo que esa vena cr&iacute;tica prosigue, aunque ahora comprende nuevos temas, enfoques y sujetos de estudio.</p>     <p>Veena Das (1998) propone que el conocimiento antropol&oacute;gico se construye con base en mapas de alteridad informados por teor&iacute;as del Otro, en vez de teor&iacute;as del s&iacute; mismo. Considero que, justamente por ello, la vecindad sociopol&iacute;tica entre los sujetos de estudio y los antrop&oacute;logos en Latinoam&eacute;rica se ha traducido en una producci&oacute;n te&oacute;rica con acentos propios, dada la proximidad inquietante de Otros. Para examinar esta idea, mirar&eacute; algunos de los conceptos acu&ntilde;ados por varias generaciones de antrop&oacute;logos en M&eacute;xico y Brasil, pues es posible observar el cuestionamiento de la relaci&oacute;n entre los antrop&oacute;logos y los estudiados y el inter&eacute;s por cuestionar las jerarqu&iacute;as sociales en las cuales se inscriben los sujetos de estudio. No me detendr&eacute;, sin embargo, en ning&uacute;n concepto en particular ni en la historia espec&iacute;fica de la antropolog&iacute;a en estos pa&iacute;ses, sino m&aacute;s bien en mostrar que conceptos tales como los de <i>indigenismo, fricci&oacute;n inter&eacute;tnica </i>o <i>transculturaci&oacute;n, </i>responden a la preocupaci&oacute;n por comprender los pueblos estudiados como parte del problema de construcci&oacute;n de naci&oacute;n y ciudadan&iacute;a. Me restrinjo a la conceptualizaci&oacute;n sobre las sociedades ind&iacute;genas por la importancia que tuvo en la consolidaci&oacute;n de la disciplina en la regi&oacute;n y porque cuenta con un cuerpo apreciable de producci&oacute;n, pese a que ya hoy d&iacute;a ese tema haya perdido la centralidad de anta&ntilde;o.</p>     <p>Vivimos un momento en el cual algunas tendencias cr&iacute;ticas en Latinoam&eacute;rica, inspiradas por similares metropolitanas, proponen reconceptualizar categor&iacute;as b&aacute;sicas de la antropolog&iacute;a y pretenden fundar o iniciar el pensamiento cr&iacute;tico contra una pretendida llanura de autocomplacencias. Subyace all&iacute; la idea de que en los pa&iacute;ses perif&eacute;ricos o no se produce teor&iacute;a en antropolog&iacute;a o &eacute;sta es un trasplante de las tendencias te&oacute;ricas creadas en los centros metropolitanos. Estas propuestas reproducen una muy tradicional postura frente a la generaci&oacute;n de conocimiento en pa&iacute;ses de la periferia, pues ignoran la historia de su producci&oacute;n, y a sus propuestas las considera como irrelevantes. Seg&uacute;n este enfoque, incluso la cr&iacute;tica nos llega de fuera y no hacemos m&aacute;s que adaptarla o extenderla. As&iacute;, no s&oacute;lo ignoran la historia de la producci&oacute;n de conocimiento en Latinoam&eacute;rica, sino que subvaloran el conocimiento como producci&oacute;n socialmente insertada.</p>     <p>El pensamiento social latinoamericano ha sido repetidamente sacudido por pol&eacute;micas intelectuales que son al mismo tiempo formas de entender al Estado, la naci&oacute;n y la democracia, y que se plasman en instituciones, legislaci&oacute;n y oportunidades de vida para sectores de cada sociedad. Cada generaci&oacute;n de antrop&oacute;logos y cada comunidad nacional han dado un tinte propio a esa producci&oacute;n cuyos resultados son te&oacute;ricos tanto como pr&aacute;cticos.</p>     <p>Esta vocaci&oacute;n cr&iacute;tica no se restringe a la antropolog&iacute;a ni a las ciencias sociales y, en cierta forma, puede proponerse que se extiende desde las artes hacia &eacute;stas, dada una larga vecindad entre las artes y las ciencias sociales en Am&eacute;rica Latina. En la historia de las naciones latinoamericanas, las artes, en especial la literatura, han sido fuente privilegiada de im&aacute;genes nacionales y han tenido un compromiso particular con la realidad social, &quot;una funci&oacute;n testimonial de las aspiraciones colectivas&quot;, dice Arturo Arias (1994: 760). La antropolog&iacute;a latinoamericana ha compartido y, en cierta medida, ha heredado esa lucha constitutiva y su disposici&oacute;n cr&iacute;tica. En forma similar a lo que ha ocurrido en la literatura latinoamericana, podemos decir que situarse universalmente pasa en la antropolog&iacute;a latinoamericana por indagar propuestas discursivas con las cuales dibujar nuestra fisonom&iacute;a particular.</p>     <p>Para desarrollar la argumentaci&oacute;n me sustentar&eacute; en la producci&oacute;n brasile&ntilde;a y mexicana, pero podr&iacute;a hacerlo con la peruana, la ecuatoriana o la colombiana. Esta &uacute;ltima tiene ya una historia acumulada desde sus inicios en la d&eacute;cada de 1940; presenta un cuerpo consolidado de producci&oacute;n cuyos rasgos centrales se articulan alrededor de un fuerte v&iacute;nculo interactivo entre los estudiosos y la realidad estudiada, y una plasticidad que la ha llevado a incorporar una pluralidad de sujetos y metodolog&iacute;as de trabajo. La antropolog&iacute;a en Colombia ha estado involucrada en m&uacute;ltiples debates con efectos sociales, como la modificaci&oacute;n constitucional de 1991 y, en general, las pol&iacute;ticas sobre minor&iacute;as ind&iacute;genas y negras y la protecci&oacute;n del patrimonio cultural (Jimeno, 1999: 59). No me detendr&eacute; ahora en ello, pues ya lo he hecho en otros textos<a name="s3" href="#3"><sup>3</sup></a>.</p>     <p><b>Antropolog&iacute;a y naciocentrismo</b></p>     <p>Retomando el argumento de Veena Das, ella muestra la reelaboraci&oacute;n que el contacto con el Otro ha producido sobre categor&iacute;as importantes para el conocimiento antropol&oacute;gico. Esto ha permitido criticar un holismo inflexible, como lo llama, que es superado en la actualidad por la experimentaci&oacute;n en las representaciones etnogr&aacute;ficas y por la reconceptualizaci&oacute;n de ciertas categor&iacute;as usuales en la antropolog&iacute;a, como las de &quot;tradici&oacute;n&quot;, &quot;comunidad&quot;, &quot;luchas culturales&quot; o &quot;sectarismo religioso&quot;. Das muestra que es precisamente la emergencia en la India de nuevas comunidades, en calidad de comunidades pol&iacute;ticas, la que lleva a la discusi&oacute;n y creaci&oacute;n de nuevas categor&iacute;as antropol&oacute;gicas, dada la confrontaci&oacute;n entre los sectores diversificados que componen esa abstracci&oacute;n llamada <i>comunidad. </i>La discusi&oacute;n sobre esas categor&iacute;as tiene todo que ver con la naturaleza de la democracia pol&iacute;tica en la India. La lucha de los sikjs por la memoria colectiva y por la constituci&oacute;n de una memoria militante en torno al martirio, la vida heroica y al empleo de la violencia no es mero &quot;sectarismo religioso&quot;. Son formas de reclamar un espacio pol&iacute;tico en el conjunto de la sociedad. En breve, para Das, la antropolog&iacute;a realizada en pa&iacute;ses como la India, al intentar comprender nuevos actores sociales que entran en juego en los mismos escenarios sociales del antrop&oacute;logo, al recuperar sus narrativas peculiares, replantea los discursos totalizadores, rehace categor&iacute;as de an&aacute;lisis, recupera las variaciones de g&eacute;nero, clase, historia, lugar, y no se contenta con ser objeto de pensamiento, sino que se reclama como instrumento de pensamiento (1998: 30-34). As&iacute;, el discurso antropol&oacute;gico se replantea con los escenarios sociales donde tiene lugar el di&aacute;logo con Otros, y es con base en los mapas sobre el Otro como se crean nuevas categor&iacute;as de an&aacute;lisis.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La conformaci&oacute;n de los estados nacionales latinoamericanos impregna el surgimiento y el desarrollo de las antropolog&iacute;as latinoamericanas y, en sentido amplio, es el gran tel&oacute;n frente al cual dialogan en la regi&oacute;n los antrop&oacute;logos y los Otros. Por ello es &uacute;til la noci&oacute;n del <i>naciocentrismo </i>de los conceptos sociales que propuso Norbert Elias (1989). Quisiera extender este concepto para destacar la polivalencia de sentidos e intereses que se ponen en juego cuando los antrop&oacute;logos se preguntan por la relaci&oacute;n que tienen sus trabajos con respuestas a las preguntas sobre qu&eacute; naci&oacute;n, qu&eacute; estado, qui&eacute;nes, c&oacute;mo y en qu&eacute; condiciones participan. En Am&eacute;rica Latina las respuestas a estos interrogantes no son cap&iacute;tulo cerrado, sino que hasta el presente atraviesan la producci&oacute;n te&oacute;rica y el conjunto del quehacer de sus intelectuales.</p>     <p>Con la noci&oacute;n de <i>naciocentrismo, </i>Norbert Elias desea subrayar la relaci&oacute;n entre los conceptos y las condiciones sociales en que se forjan y ejercen (Elias, 1989; y ver Neiburg, 1999). De manera espec&iacute;fica, hace referencia a la orientaci&oacute;n intelectual que est&aacute; centrada en la naci&oacute;n. Elias demuestra c&oacute;mo este <i>naciocentrismo </i>se encuentra presente en buena parte de la producci&oacute;n de las ciencias sociales, y lo ejemplifica con los conceptos de civilizaci&oacute;n y cultura, a los que el <i>naciocentrismo </i>origina y transforma a medida en que se transforman las sociedades y las capas sociales nacionales en las cuales se originaron (ver Elias, 1989). Los dos conceptos, cultura y civilizaci&oacute;n, pasaron de ser formas de autopercepci&oacute;n de capas en ascenso en el siglo xviii, a ser ideales de escala mayor, a estatizarse. El t&eacute;rmino civilizaci&oacute;n entr&oacute; a designar la distinci&oacute;n entre el mundo occidental y las naciones con otras formas de organizaci&oacute;n sociopol&iacute;tica. Dej&oacute; de referirse al destino de la burgues&iacute;a francesa, para representar la conciencia de la superioridad del Estado-naci&oacute;n como un todo unificado. Se dio as&iacute; un proceso de &quot;nacionalizaci&oacute;n&quot; y al mismo tiempo de &quot;estatizaci&oacute;n&quot; de los conceptos, con implicaciones sobre su significado. Otros conceptos que sugieren unidades sociales, como el de <i>sociedad, </i>adquirieron tambi&eacute;n ese contenido estatizante, pues describen ideas de equilibrio, unidad, homogeneidad, y se refieren a un mundo dividido en unidades bien delimitadas y pacificado (Elias, 1989; y ver Neiburg, 1999; Fletcher, 1997)<a name="s4" href="#4"><sup>4</sup></a>.</p>     <p>Las anotaciones de Elias, como ya lo han resaltado numerosos autores (Fletcher, 1997), son fundamentalmente cr&iacute;ticas sobre el <i>naciocentrismo </i>como corriente intelectual ligada al ascenso del Estado nacional europeo. Pero su propuesta puede explorarse para las condiciones hist&oacute;ricas latinoamericanas, subrayando que no se da en estas sociedades nacionales -como tampoco en las europeas- una homogeneidad conceptual sobre la constituci&oacute;n de la naci&oacute;n, la nacionalidad y los estados nacionales. Por el contrario, en su nombre se disputan distintos sectores sociales y diversas aproximaciones intelectuales. En la constituci&oacute;n de los estados nacionales latinoamericanos esa polivalencia de propuestas est&aacute; presente desde la ruptura colonial en el siglo xix y atraviesa la historia del pensamiento antropol&oacute;gico en la forma de conceptualizaciones contrapuestas.</p>     <p>Los intelectuales latinoamericanos, los antrop&oacute;logos entre ellos, han participado activamente en la creaci&oacute;n de categor&iacute;as y enfoques generales con los cuales comprender la presencia y la acci&oacute;n social de una variedad de actores sociales, ind&iacute;genas, campesinos, comunidades negras, mujeres pobres, dentro de los estados nacionales. Los actores sociales emergentes no se restringen a reclamar existencia pol&iacute;tica, sino que al hacerlo buscan modificar las leyes nacionales, el contenido de la propia memoria hist&oacute;rica nacional, y hacen necesario replantear conceptos como los de <i>comunidad, etnia </i>o <i>identidad, </i>como lo subray&oacute; Das (1998). Tambi&eacute;n empujan a redefinir y ampliar el contenido de la democracia y de la diversidad cultural en el Estado nacional. Por ello, la presencia o la irrupci&oacute;n como sujetos pol&iacute;ticos de Otros dentro del mismo espacio social del investigador colorea la pr&aacute;ctica te&oacute;rica y la pr&aacute;ctica social del <i>investigador </i>Propuse denominar a este investigador como el investigador <i>ciudadano </i>(Jimeno, 2000) para subrayar la estrecha relaci&oacute;n que se establece en los pa&iacute;ses latinoamericanos entre el ejercicio del investigador y el ejercicio de la ciudadan&iacute;a. Krotz (1997) lo ha subrayado para lo que &eacute;l denomina &quot;antropolog&iacute;as del sur&quot; el Otro, los Otros son, al tiempo que conciudadanos, sujetos de conocimiento. La cociudadan&iacute;a impregna la pr&aacute;ctica de la antropolog&iacute;a latinoamericana y la aproxima con la pr&aacute;ctica pol&iacute;tica, en una forma de <i>naciocentrismo. </i>Sus huellas son visibles tanto en ciertas figuras destacadas de la antropolog&iacute;a latinoamericana como en el estilo cognitivo mismo, pese a las inflexiones y cambios generacionales (Ver Jimeno, 1999 y 2000).</p>     <p>Mariza Peirano (1991) destac&oacute; como rasgo de la antropolog&iacute;a brasile&ntilde;a su volcamiento hacia el proyecto de construcci&oacute;n de naci&oacute;n que se puede observar en la producci&oacute;n de las distintas generaciones de antrop&oacute;logos entre 1930 y 1980. A trav&eacute;s del examen de la obra de Florestan Fernandes, Darcy Ribeiro y Antonio C&aacute;ndido, entre las primeras generaciones, y Roberto DaMatta y Ot&aacute;vio Velho, en las recientes, Peirano sigue las discusiones que construyeron el campo intelectual de la antropolog&iacute;a brasile&ntilde;a. De manera expl&iacute;cita o impl&iacute;cita, la naci&oacute;n fue la unidad central de an&aacute;lisis para la mayor&iacute;a de los autores considerados (Peirano, 1991: 226-227).</p>     <p>Sin embargo, Peirano asume una falsa homogeneidad en la producci&oacute;n local y no percibe las implicaciones pol&eacute;micas de los distintos proyectos de naci&oacute;n e integraci&oacute;n nacional entre los propios antrop&oacute;logos. Un solo ejemplo: en el campo del pensamiento sobre las sociedades ind&iacute;genas dentro del conjunto nacional, es diferente denominarlas &quot;regiones de refugio&quot;, tal como lo propuso Aguirre Beltr&aacute;n, que como &quot;etnias&quot;, a la manera de Guillermo Bonfil Batalla, para tomar a dos mexicanos. As&iacute;, la cercana presencia del Otro modela la pr&aacute;ctica antropol&oacute;gica latinoamericana y la convierte, desde el inicio de su ejercicio, no en un campo pac&iacute;fico donde se intercambian notas acad&eacute;micas en congresos y otros eventos acad&eacute;micos, sino en un terreno de debates metaaca-d&eacute;micos, pues cada caracterizaci&oacute;n tiene implicaciones sobre la vida social de las personas y sobre el significado pr&aacute;ctico del ejercicio de ciudadan&iacute;a. Sonia &Aacute;lvarez, Arturo Escobar y Evelina Dagnino (1998) resaltaron el impacto de los movimientos sociales latinoamericanos sobre cambios culturales y de pol&iacute;tica cultural. Esto les permite afirmar que al luchar por sus derechos a la diferencia en una variedad de esferas de la sociedad y al emplear el discurso de identidad, politizan la cultura e infunden la democracia de preocupaciones culturales (&Aacute;lvarez <i>et al; </i>1998<a name="s5" href="#5"><sup>5</sup></a>). Este fen&oacute;meno, empero, lejos de ser novedad, es la constante en la antropolog&iacute;a y, muy de seguro, en las otras ciencias sociales latinoamericanas. De ah&iacute; la afirmaci&oacute;n de Alcida Ramos de que &quot;en el Brasil, como en otros pa&iacute;ses de Am&eacute;rica Latina, hacer antropolog&iacute;a es un acto pol&iacute;tico&quot; (Ramos, 1999-2000: 172). Miremos las implicaciones de esta afirmaci&oacute;n.</p>     <p><b>Estilos de antropolog&iacute;a</b></p>     <p>Alcida Ramos realiz&oacute; el art&iacute;culo &quot;Ethnology Brazilian Style&quot; (1990) con la preocupaci&oacute;n de la inserci&oacute;n pol&iacute;tica de la antropolog&iacute;a y su impacto en la construcci&oacute;n conceptual en la antropolog&iacute;a brasile&ntilde;a. Roberto Cardoso de Oliveira tambi&eacute;n la tiene presente cuando propone la noci&oacute;n de <i>estilo </i>para caracterizar la antropolog&iacute;a latinoamericana (Cardoso de Oliveira, 1995 y 1998; y para una discusi&oacute;n, ver Jimeno, 1999 y 2000; Krotz, 1996). Por su parte, Esteban Krotz (1997) critica el modelo difusionista de la antropolog&iacute;a que se sustenta en im&aacute;genes de &quot;extensi&oacute;n&quot; o &quot;adaptaci&oacute;n&quot; en el cual las antropolog&iacute;as del sur son permanentes aprendices de los &quot;verdaderos&quot; due&ntilde;os de la antropolog&iacute;a. Krotz recalca que para la versi&oacute;n difusionista la producci&oacute;n de conocimiento cient&iacute;fico no ser&iacute;a un proceso de creaci&oacute;n cultural, similar a otros procesos de creaci&oacute;n cultural, que no pueden ser analizados como meros sistemas simb&oacute;licos separados de otros aspectos de una realidad social m&aacute;s incluyente. La experiencia y ruptura coloniales compartidas por los latinoamericanos no tendr&iacute;an, en esa perspectiva, influencia en la producci&oacute;n intelectual, como si la producci&oacute;n de conocimiento fuera un proceso sin sujeto y sin referencia a quienes lo generan y lo difunden (Krotz, 1997: 243). De cierta forma, la postura difusionista se perpet&uacute;a en la actualidad cuando se ignoran las propuestas cr&iacute;ticas precedentes que han hecho parte de la construcci&oacute;n de conocimiento en Am&eacute;rica Latina y que han implicado aportes a la ampliaci&oacute;n de la democracia pol&iacute;tica culturalmente informada.</p>     <p>Una selecci&oacute;n peque&ntilde;a de la antropolog&iacute;a latinoamericana nos permitir&aacute; ahora detenernos en el v&iacute;nculo entre la responsabilidad social del antrop&oacute;logo y la producci&oacute;n de conocimiento (Ramos, 1990). Pese a que los distintos antrop&oacute;logos le dan un contenido variado a esa responsabilidad social, todos ellos hacen evidente, como lo propone Bourdieu, que el intelectual no puede ser pensado sin la categor&iacute;a de poder (Bourdieu, 1967). Si bien el antrop&oacute;logo latinoamericano realiza su conocimiento a partir de una relaci&oacute;n de exterioridad con otras culturas y lo hace a partir de su propia cultura cient&iacute;fica de origen principalmente metropolitano, inevitablemente mantiene una relaci&oacute;n de intimidad con ese &quot;Otro&quot;. El que ese Otro no sea transoce&aacute;nico, plantea Roberto Cardoso de Oliveira (1998), conduce a la creaci&oacute;n de un nuevo sujeto epistemol&oacute;gico que puede considerarse una caracter&iacute;stica peculiar de la antropolog&iacute;a latinoamericana. Lo peculiar de ese sujeto cognoscitivo es que no es un extranjero miembro de una sociedad colonizada el que se constituye como sujeto de conocimiento. Por el contrario, el Otro forma parte de la naci&oacute;n en formaci&oacute;n del propio antrop&oacute;logo (Cardoso de Oliveira, 1998). Es por ello que la pol&iacute;tica est&aacute; embutida en la reflexi&oacute;n de los antrop&oacute;logos, pese a que no la realicen ni la expresen como pr&aacute;ctica pol&iacute;tica. La realizaci&oacute;n de la profesi&oacute;n es al mismo tiempo la realizaci&oacute;n de la ciudadan&iacute;a del investigador y de su compromiso, expl&iacute;cito o no, con la construcci&oacute;n de naci&oacute;n (Cardoso de Oliveira, 1998).</p>     <p>La encarnaci&oacute;n privilegiada de ese &quot;Otro&quot; fueron hasta hace un par de d&eacute;cadas las sociedades ind&iacute;genas; los indios, dice Alcida Ramos, fueron en el Brasil &quot;nuestros Otros (...) ingrediente importante de nuestro proceso de construcci&oacute;n nacional; representan uno de nuestros espejos ideol&oacute;gicos reflejando nuestras frustraciones, vanidades, ambiciones y fantas&iacute;as de poder. Nosotros no los miramos como completamente ex&oacute;ticos, remotos o arcaicos como para hacerlos &#39;objetos&#39; literalmente&quot; (1990: 457, mi versi&oacute;n en espa&ntilde;ol).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El &eacute;nfasis que hizo la antropolog&iacute;a regional en las sociedades ind&iacute;genas durante varias d&eacute;cadas desbord&oacute; su inspiraci&oacute;n inicial de inter&eacute;s por la diferencia o por sociedades convertidas en objetos ex&oacute;ticos. Es posible seguir en cada pa&iacute;s, de M&eacute;xico hasta el sur, las peculiaridades nacionales de ese entretejido entre producci&oacute;n antropol&oacute;gica e indigenismo y entre &eacute;stos y los debates nacionales sobre el lugar del indio -y el campesino- en las distintas sociedades nacionales. Es claro que estos debates implicaban la comprensi&oacute;n sobre el lugar de la diversidad cultural dentro de la cuesti&oacute;n nacional. Muchos recogieron posturas radicales de las primeras d&eacute;cadas del siglo xx, como la de Jos&eacute; Carlos Mari&aacute;tegui. El problema del indio, el problema agrario y el nacional fueron para Mari&aacute;tegui, como para otros pensadores latinoamericanos, uno solo. Esto es palpable en los debates abiertos por Mari&aacute;tegui entre 1927 y 1928, ligados, entre otros, a su prop&oacute;sito de fundar el partido socialista en Per&uacute; (Mari&aacute;tegui y S&aacute;nchez 1987).</p>     <p>Desde mediados de los a&ntilde;os sesenta, poco despu&eacute;s de despegar como disciplina en la mayor&iacute;a de los pa&iacute;ses latinoamericanos, ya era un rasgo peculiar del pensamiento antropol&oacute;gico sobre las sociedades ind&iacute;genas el dejar atr&aacute;s el inter&eacute;s por realizar monograf&iacute;as de una etnia espec&iacute;fica, en favor del inter&eacute;s por el entorno pol&iacute;tico, la sociedad nacional o la situaci&oacute;n colonial. Por ejemplo, la producci&oacute;n de la etnolog&iacute;a brasile&ntilde;a entre los sesenta y hasta los a&ntilde;os ochenta dio &eacute;nfasis al contacto entre las sociedades ind&iacute;genas y las no ind&iacute;genas, y a las implicaciones del contacto, como lo rese&ntilde;&oacute; Julio Cezar Melatti (1982). En contraste, los etn&oacute;logos extranjeros que trabajaron sobre el Brasil en ese mismo lapso, se concentraron en aspectos de la organizaci&oacute;n social y la cultura (ver tambi&eacute;n Cardoso de Oliveira, 1998).</p>     <p>Alcida Ramos (1990) destaca que en los a&ntilde;os sesenta el se&ntilde;alamiento de problemas te&oacute;ricos fue el criterio de escogencia del terreno, bajo la influencia del proyecto conjunto entre David Maybury-Lewis de la Universidad de Harvard y Roberto Cardoso de Oliveira de Rio de Janeiro. Pero fue el &eacute;nfasis de varios antrop&oacute;logos brasile&ntilde;os -Roberto Da Matta, Julio Cezar Melatti, Manuela Carneiro da Cunha, Eduardo Viveiros de Castro, Abreu Filho- en la corporalidad, la persona y la substancia, el que abri&oacute; perspectivas sobre la etnolog&iacute;a de los indios americanos que modificaron la visi&oacute;n sobre las estructuras ind&iacute;genas como &#39;fluidas&#39;, propuesta por etn&oacute;logos como Kaplan y Rivi&eacute;re. Campos poco explorados como el arte, la persona, los nombres y el canibalismo fueron abordados por otros brasile&ntilde;os (Lux Vidal, Alcida Ramos, Viveiros de Castro).</p>     <p>Uno de los primeros y principales problemas abordados por la etnolog&iacute;a brasile&ntilde;a, contin&uacute;a Ramos, fueron las situaciones de contacto en relaciones inter&eacute;tnicas entre blancos e indios. No florecieron en el Brasil las perspectivas de &quot;culturas puras&quot;, y m&aacute;s bien la atenci&oacute;n etnogr&aacute;fica se dirigi&oacute; al proceso de destrucci&oacute;n violenta de las culturas ind&iacute;genas de la mano del expansionismo blanco, pese a que las teor&iacute;as y m&eacute;todos para captar ese proceso variar&aacute;n con el tiempo y con la formaci&oacute;n de cada antrop&oacute;logo. Entender las estructuras de dominaci&oacute;n, los mecanismos de supervivencia ind&iacute;gena, las transformaciones de esas sociedades, ha sido la preocupaci&oacute;n principal de la etnolog&iacute;a brasile&ntilde;a<a name="s6" href="#6"><sup>6</sup></a>. Por ello no se vieron las sociedades ind&iacute;genas como unidades cerradas, auto-suficientes. El modelo de aculturaci&oacute;n, por ejemplo, tra&iacute;do de Estados Unidos al Brasil por etn&oacute;grafos como Charles Wagley y Eduardo Galv&aacute;o, fue el recurso te&oacute;rico sobresaliente de los a&ntilde;os cuarenta y cincuenta. Pero en las manos de Galv&aacute;o, y sobre todo de Darcy Ribeiro, se transform&oacute;, se politiz&oacute;. Roberto Cardoso de Oliveira, la otra figura de la antropolog&iacute;a brasile&ntilde;a, influy&oacute; para hacer de la reflexi&oacute;n sobre relaciones inter&eacute;tnicas un campo de trabajo de varias generaciones de antrop&oacute;logos (Ramos, 1990). La diferencia cultural, dice el propio Cardoso de Oliveira (1998), fue as&iacute; recolocada.</p>     <p>Darcy Ribeiro, nos dice A. Ramos, desarroll&oacute; una serie de ensayos sobre la naturaleza destructiva y opresiva del contacto con las sociedades ind&iacute;genas en Brasil, los cuales tuvieron gran impacto en toda la antropolog&iacute;a latinoamericana, especialmente entre los a&ntilde;os setenta y ochenta<a name="s7" href="#7"><sup>7</sup></a>. Su exilio pol&iacute;tico durante la dictadura militar en Brasil contribuy&oacute; a diseminarlos por el continente. Marxismo y neoevolucionismo se combinaron en sus propuestas sobre <i>etnocidio </i>de las poblaciones ind&iacute;genas brasile&ntilde;as, cuya magnitud de devastaci&oacute;n lo llev&oacute; a una visi&oacute;n de la pronta destrucci&oacute;n completa de las sociedades ind&iacute;genas. En efecto, en los a&ntilde;os cincuenta se lleg&oacute; al punto demogr&aacute;fico m&aacute;s bajo del siglo para la poblaci&oacute;n ind&iacute;gena de aquel pa&iacute;s, cien mil habitantes, pero en la actualidad han alcanzado entre 200 y 300 mil personas (Ramos, 1990 y 1998). El concepto que Darcy Ribeiro propuso para entender el proceso fue el de <i>transfiguraci&oacute;n &eacute;tnica, </i>y pese a las cr&iacute;ticas que se le puedan formular a &eacute;ste, no cabe duda de su capacidad para poner en evidencia el drama humano y social del llamado &quot;contacto&quot;.</p>     <p>Roberto Cardoso de Oliveira, por su parte, cambi&oacute; el &eacute;nfasis en la aculturaci&oacute;n por el de las relaciones sociales. Para Ramos, la influencia principal fue la de Georges Balandier con sus trabajos sobre situaci&oacute;n colonial en &Aacute;frica<a name="s8" href="#8"><sup>8</sup></a>y con sus postulados sobre &quot;totalidad sincr&eacute;tica&quot;. Cardoso de Oliveira tom&oacute; como su objeto de investigaci&oacute;n la &quot;situaci&oacute;n inter&eacute;tnica&quot; en la cual indios y blancos conviven en interacciones asim&eacute;tricas e interdependientes, espec&iacute;ficas al contexto del contacto<a name="s9" href="#9"><sup>9</sup></a> (Ramos, 1990). La <i>fricci&oacute;n inter&eacute;tnica, </i>concepto que propon&iacute;a, ha sido tema de estudio de disc&iacute;pulos como Roque Laraia, Roberto DaMatta y Julio Cezar Melatti, entre muchos otros. Entre las nuevas generaciones, Jo&aacute;o Pacheco de Oliveira emplea el concepto de <i>situaci&oacute;n colonial </i>para explorar la presencia colonial que instaura una nueva relaci&oacute;n de la sociedad con el territorio (1999). El enfoque de Cardoso de Oliveira llev&oacute; tambi&eacute;n a un &eacute;nfasis en estudios sobre poblaciones regionales en contacto con grupos ind&iacute;genas: como ejemplo, los estudios de Lygia Sigaud y Ot&aacute;vio Velho en los a&ntilde;os setenta sobre el nordeste rural y la Amazonia, respectivamente. Luego, el inter&eacute;s de Cardoso se desplaz&oacute; hacia identidad y etnicidad <i>(Identidade, etnia e estrutura social, </i>1976<a name="s10" href="#10"><sup>10</sup></a>), inspirado en una variedad de autores, desde L&eacute;vi-Strauss hasta Poulantzas. En resumen, el contacto inter&eacute;tnico, dice Ramos, se convirti&oacute; en un sello distintivo de la etnolog&iacute;a brasile&ntilde;a.</p>     <p>No lo mencion&oacute; Ramos, pero entre las propuestas de Cardoso y algunos antrop&oacute;logos latinoamericanos, especialmente mexicanos, se produjo un intenso intercambio entre los a&ntilde;os setenta y ochenta, acicateado por las condiciones de las dictaduras militares en Brasil y otros pa&iacute;ses del Cono Sur. Ese intercambio dio frutos tales como la declaraci&oacute;n de Barbados, <i>Por la liberaci&oacute;n ind&iacute;gena. </i>Un grupo de antrop&oacute;logos reunido en la isla de Barbados produjo en enero de 1971 una declaraci&oacute;n candente en su tiempo. La declaraci&oacute;n fue elaborada por Guillermo Bonfil Batalla (M&eacute;xico), Arturo Warman (M&eacute;xico), Stefano Varese (Per&uacute;), Roberto Cardoso de Oliveira (Brasil), Nelly Arvelo (Venezuela), V&iacute;ctor Daniel Bonilla (Colombia), entre otros. Fue un manifiesto radical de denuncia contra la situaci&oacute;n de opresi&oacute;n de las poblaciones ind&iacute;genas de Latinoam&eacute;rica. De manera r&aacute;pida, la declaraci&oacute;n pas&oacute; a inspirar a los propios movimientos ind&iacute;genas continentales y a grupos de antrop&oacute;logos e intelectuales que los apoyaban<a name="s11" href="#11"><sup>11</sup></a>. Algunos a&ntilde;os despu&eacute;s, en 1977, la novedad en una segunda reuni&oacute;n en Barbados fue la protag&oacute;nica presencia de organizaciones ind&iacute;genas de distintos pa&iacute;ses, que propusieron analizar tanto las formas de dominaci&oacute;n de los ind&iacute;genas como estrategias para enfrentarlas (Bonfil Batalla, 1981). Entre los colombianos se hicieron notorios los delegados del Consejo Regional Ind&iacute;gena del Cauca, cric, constituido desde 1971 como germen de un vasto movimiento de organizaci&oacute;n ind&iacute;gena.</p>     <p>Los mexicanos, no sobra tal vez recordarlo, ten&iacute;an por ese entonces una ya larga historia de debates sobre los indios en la naci&oacute;n mexicana. Desde mediados de los a&ntilde;os sesenta, el antrop&oacute;logo Gonzalo Aguirre Beltr&aacute;n incentiv&oacute; discusiones sobre el indio en la naci&oacute;n mexicana. En 1967 propuso el concepto de <i>regiones de refugio. </i>Este concepto, propon&iacute;a Aguirre Beltr&aacute;n, permit&iacute;a dar cuenta del arrinconamiento de las sociedades ind&iacute;genas latinoamericanas y su expoliaci&oacute;n por blancos locales que aprovechaban su poder para explotar la poblaci&oacute;n ind&iacute;gena de varias formas. Lo denomin&oacute; <i>proceso dominical. </i>&quot;El juego de fuerzas que hace posible la dominaci&oacute;n y los mecanismos que se ponen en obra para sustentarla, es lo que llamamos <i>proceso dominical&quot; </i>(Aguirre, 1967: 1). Aguirre Beltr&aacute;n cre&iacute;a que la antropolog&iacute;a podr&iacute;a servir de herramienta para encontrar un mejor lugar de las sociedades indias dentro de las naciones latinoamericanas. Contra la postura de Aguirre Beltr&aacute;n se rebelaron, en el inicio de los setenta, j&oacute;venes antrop&oacute;logos mexicanos, marxistas, en su mayor&iacute;a. Entre ellos se destacaron Arturo Warman, Guillermo Bonfil Batalla y &Aacute;ngel Palerm.</p>     <p>Dec&iacute;a Warman, en un art&iacute;culo que titul&oacute; &quot;Todos santos y todos difuntos&quot; (1990 &#91;1970&#93;) que la antropolog&iacute;a &quot;no es una criatura arbitraria de la civilizaci&oacute;n occidental. Todo lo contrario: es una respuesta a necesidades concretas y precisas de civilizaci&oacute;n. El conocimiento de otros pueblos nunca ha sido un lujo sino una necesidad&quot; (1990: 10). Sus &quot;conocimientos primarios &#91;los de la antropolog&iacute;a&#93;, -sistema, conocimiento objetivo y cultura- no tienen contenido universal aunque as&iacute; lo pretendan. (... ) Son conceptos creados por una cultura y sometidos a los prop&oacute;sitos de &eacute;sta&quot; (1990: 10). Dejaba sentado, eso, s&iacute;, que la relaci&oacute;n entre antropolog&iacute;a y expansi&oacute;n occidental no implicaba que todo quehacer antropol&oacute;gico &quot;sirva mec&aacute;nicamente al imperialismo&quot;, sino que toda su actividad se da en un &quot;marco de servicio al que pueda afiliarse o, por el contrario, combatir&quot; (1990: 11). Los contenidos cr&iacute;ticos de esa &quot;nueva antropolog&iacute;a&quot; circularon r&aacute;pidamente por toda Am&eacute;rica Latina de habla hispana y, por supuesto, en los departamentos de antropolog&iacute;a colombianos de las universidades Nacional, de Antioquia y del Cauca, pese a que su reproducci&oacute;n se hac&iacute;a en el muy primitivo m&eacute;todo de mime&oacute;grafos. No fue entonces para nada accidental que Guillermo Bonfil Batalla fuera el invitado de honor del Primer Congreso Colombiano de Antropolog&iacute;a organizado en 1978 por la Universidad del Cauca.</p>     <p>En el citado texto de Warman -fue Secretario de Reforma Agraria de los dos pasados gobiernos del  PRI- &eacute;l dec&iacute;a que la disidencia era un sello constitutivo de la antropolog&iacute;a mexicana. Incluso, resaltaba que desde cuando la antropolog&iacute;a era realizada por los pioneros, como el cura Bartolom&eacute; de las Casas, predicaba el derecho de &quot;los naturales a combatir a sus dominadores&quot; (1990: 12). Warman ironizaba que los rebeldes de entonces se financiaban con el presupuesto de la Corona de Espa&ntilde;a. Destac&oacute; tres corrientes en la constituci&oacute;n del pensamiento antropol&oacute;gico mexicano: la preterista, que apunta al glorioso pasado prehisp&aacute;nico a trav&eacute;s de la arqueolog&iacute;a; la exotista, que ve en el indio lo &uacute;nico, lo sorprendente, lo irrepetible; y, finalmente, el indigenismo que se enfoca en el indio contempor&aacute;neo y que es transformado con la Revoluci&oacute;n Mexicana. Warman resalt&oacute; a Manuel Gamio, el primer antrop&oacute;logo mexicano graduado -en Estados Unidos-, quien lanz&oacute; los conceptos b&aacute;sicos de influencia en la antropolog&iacute;a por lo menos hasta los a&ntilde;os cincuenta, y quien fuera decisivo en la inserci&oacute;n institucional de la antropolog&iacute;a en M&eacute;xico. &quot;Todos ellos &#91;Gamio y sus disc&iacute;pulos&#93; -dice Warman- giraban alrededor de la unidad para la naci&oacute;n. Su prop&oacute;sito era nada menos que forjar una patria unitaria y homog&eacute;nea. Para ello &#91;Gamio&#93; plante&oacute; como indispensables la fusi&oacute;n de razas y culturas, la imposici&oacute;n de una sola lengua nacional y el equilibrio econ&oacute;mico entre todos los sectores&quot; (1990: 27).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El concepto de <i>integraci&oacute;n nacional </i>hab&iacute;a sido el eje del indigenismo de Gamio, que se replic&oacute; por toda Am&eacute;rica Latina impulsado por eventos como el Congreso de P&aacute;ztcuaro de 1940. Por ejemplo, en Colombia tuvo consecuencias en la formulaci&oacute;n de la pol&iacute;tica hacia las sociedades ind&iacute;genas a comienzos de los a&ntilde;os sesenta (Jimeno y Triana, 1985). Aguirre Beltr&aacute;n sigui&oacute; b&aacute;sicamente la misma orientaci&oacute;n de Gamio, como funcionario de distintas entidades de pol&iacute;tica indigenista en sus enfoques de estudio. &quot;Mi enfoque -dijo Aguirre en una de sus &uacute;ltimas publicaciones en las cuales realiz&oacute; un balance del indigenismo mexicano- es &quot;integrativo y aculturativo&quot; (Aguirre Beltr&aacute;n, 1988: 16). &Eacute;l mismo reconoci&oacute; en este enfoque la influencia de Melville Herskovitz, especialmente sus conceptos de aculturaci&oacute;n y sincretismo, pero en cambio no acept&oacute; la que le fue asignada de Julian Steward. Su preocupaci&oacute;n central fue &quot;afirmar que M&eacute;xico es un pa&iacute;s en formaci&oacute;n que est&aacute; en v&iacute;as de integrar en la cultura y en la sociedad nacionales a grupos &eacute;tnicos<a name="s12" href="#12"><sup>12</sup></a> -indios y ladinos- rezagados en la corriente maestra de la evoluci&oacute;n social&quot; (1998: 21; ver tambi&eacute;n Aguirre Beltr&aacute;n, 1953). Su desarrollo posterior del concepto de <i>regiones de refugio </i>(Aguirre Beltr&aacute;n, 1967) va a reforzar su rechazo a propuestas como la de Robert Redfield, pues &eacute;l juzga que Redfield y su concepto de comunidad <i>folk<a name="s13" href="#13"><sup>13</sup></a></i>contempla a las comunidades &quot;como entidades aisladas, aut&oacute;nomas, autocontenidas&quot; (1967: 15). Son &eacute;stas sus palabras, no las de alg&uacute;n texto &quot;cr&iacute;tico&quot; actual. Por la misma raz&oacute;n, Aguirre rechaz&oacute; tambi&eacute;n con vehemencia lo que &eacute;l llam&oacute; &quot;antropolog&iacute;a cr&iacute;tica&quot;, es decir, aquella propuesta por Bonfil y Warman en los a&ntilde;os setenta. Acepta que esos nuevos enfoques evidencian una crisis en el indigenismo mexicano, pero encuentra aislacionistas, &quot;utop&iacute;as laicas&quot;, las propuestas de Bonfil sobre pluralismo cultural y sobre la realizaci&oacute;n cultural india sin integraci&oacute;n a la sociedad nacional (Aguirre, 1967).</p>     <p>Uno de los rasgos de la pr&aacute;ctica antropol&oacute;gica especialmente acentuado en M&eacute;xico y en otros pa&iacute;ses como Colombia y Per&uacute; (a diferencia de la brasile&ntilde;a, siempre m&aacute;s enraizada en la vida universitaria), que ejemplifica bien Aguirre, es el tr&aacute;nsito de los antrop&oacute;logos entre proyectos institucionales aplicados, reflexiones acad&eacute;micas y vida universitaria. En aquellos pa&iacute;ses, las relaciones entre antropolog&iacute;a aplicada y antropolog&iacute;a han sido bien fluidas<a name="s14" href="#14"><sup>14</sup></a>, incluso hasta el presente, pese al fortalecimiento de una capa acad&eacute;mica dedicada a la investigaci&oacute;n b&aacute;sica y distanciada de la antropolog&iacute;a aplicada. El gozne de este tr&aacute;nsito es que cada postura te&oacute;rica a favor de la integraci&oacute;n o, por el contrario, de la reafirmaci&oacute;n &eacute;tnica ha tenido implicaciones legales e institucionales. Ha repercutido sobre la docencia y sobre la vida misma de las instituciones acad&eacute;micas; no s&oacute;lo los estudiantes han formado parte activa de las pol&eacute;micas<a name="s15" href="#15"><sup>15</sup></a>, sino que en M&eacute;xico, en los a&ntilde;os de controversias m&aacute;s candentes, &eacute;stas llevaron en m&aacute;s de una ocasi&oacute;n a escindir algunas instituciones y a la creaci&oacute;n de otras nuevas como la Escuela Nacional de Antropolog&iacute;a e Historia ENAH y el actual CIESAS (CISINA, originalmente).</p>     <p>Guillermo Bonfil Batalla pregon&oacute; en su texto &quot;Del indigenismo de la revoluci&oacute;n a la antropolog&iacute;a cr&iacute;tica&quot;<a name="s16" href="#16"><sup>16</sup></a> el fin del integracionismo y propuso una nueva b&uacute;squeda conceptual y de acci&oacute;n pr&aacute;ctica sobre el lugar de los pueblos indios y campesinos en las sociedades nacionales latinoamericanas. En <i>M&eacute;xico profundo. Una civilizaci&oacute;n negada<a name="s17" href="#17"><sup>17</sup></a>, </i>Bonfil propuso la g&eacute;nesis del problema mexicano en &quot;la instauraci&oacute;n de un r&eacute;gimen colonial a partir del siglo xvi&quot;. Ese r&eacute;gimen instaur&oacute; &quot;la subordinaci&oacute;n de un conjunto de pueblos de cultura mesoamericana bajo el dominio de un grupo invasor&quot;, creando, as&iacute;, una &quot;situaci&oacute;n colonial&quot; (1987: 113).</p>     <p>El concepto de <i>situaci&oacute;n colonial, </i>as&iacute; como variantes sobre el mismo, fue empleado por numerosos autores cr&iacute;ticos de las ciencias sociales latinoamericanas entre los a&ntilde;os sesenta y ochenta. Pablo Gonz&aacute;lez Casanova, por ejemplo, lo reformul&oacute; como <i>colonialismo interno. </i>Bonfil admite en <i>M&eacute;xico profundo </i>que en el M&eacute;xico prehisp&aacute;nico existieron situaciones de dominaci&oacute;n, especialmente la mexica, pero resalta que a diferencia de la dominaci&oacute;n moderna los dominadores compart&iacute;an una misma cultura con los dominados y, por tanto, los efectos del dominio eran de otro orden. Bonfil emple&oacute; tambi&eacute;n el concepto de <i>grupo &eacute;tnico </i>y subray&oacute; que la pertenencia a una colectividad no se define por sus &quot;rasgos culturales externos que lo hacen diferente ante los ojos de los extra&ntilde;os&quot; sino por su sentimiento de pertenencia a una &quot;herencia cultural propia que ha sido forjada y transformada hist&oacute;ricamente, por generaciones sucesivas&quot; (1987: 48).</p>     <p>Por su parte, &Aacute;ngel Palerm, considerado por muchos como el padre de esa ruptura cr&iacute;tica en la antropolog&iacute;a mexicana, resalta que en M&eacute;xico el florecimiento de los estudios de comunidad en los a&ntilde;os treinta estuvo ligado a los movimientos campesinos que dieron lugar a la Revoluci&oacute;n Mexicana, como tambi&eacute;n que desde entonces &quot;el problema ind&iacute;gena de M&eacute;xico empez&oacute; a ser tratado por los antrop&oacute;logos como parte de la cuesti&oacute;n campesina y no en forma meramente etnogr&aacute;fica&quot; (1980: 171). La cr&iacute;tica a los enfoques sobre los estudios de comunidad, en especial al trabajo de Robert Redfield, trajo como consecuencia que &quot;la comunidad debi&oacute; ser colocada firmemente en el contexto de la sociedad mayor, y no considerada como una entidad aislada. Los procesos hist&oacute;ricos tuvieron que ser analizados en sus aspectos reales y concretos, y no vistos como relaciones abstractas entre los tipos ideales folk y urbano&quot; (1980:173). Desde su perspectiva de marxista abog&oacute; decididamente entre sus alumnos por &quot;un enfoque hist&oacute;rico&quot; para los estudios campesinos y de comunidad en general (1980).</p>     <p>En fin, el joven Warman afirmaba que pese a que la antropolog&iacute;a mexicana &quot;se ha desarrollado en el seno de instituciones (...) &#91;y que&#93; los antrop&oacute;logos m&aacute;s que rebelarse se han incorporado con entusiasmo al sistema burocr&aacute;tico&quot;, tambi&eacute;n han ejercido la cr&iacute;tica y al hacerlo han aportado te&oacute;ricamente (1990: 37). Incluso, los antrop&oacute;logos como funcionarios estatales, los mexicanos, tal como sus similares en otros pa&iacute;ses latinoamericanos, se vieron forzados por su propio contexto a alejarse del Otro como ex&oacute;tico y lejano. Recientemente, Gonz&aacute;lez Casanova, todav&iacute;a activo, en una conferencia cr&iacute;tica del pensamiento neoliberal propon&iacute;a que &quot;la formaci&oacute;n de conceptos ha logrado una notabil&iacute;sima eficacia para la gobernabilidad de los pueblos; se construyen realidades con conceptos y los conceptos con realidades&quot;, dijo. Es por eso que con ellos algunos intelectuales pretenden ayudar a alcanzar objetivos de justicia, libertad y democracia (1995: 11). As&iacute;, esos ideales pol&iacute;ticos impregnan una larga vertiente cr&iacute;tica en el pensamiento latinoamericano.</p>     <p>Esto se aprecia tambi&eacute;n en los estudios sobre comunidades negras, en especial los realizados por Fernando Ortiz en Cuba. Su preocupaci&oacute;n por entender la din&aacute;mica de las poblaciones negras en Am&eacute;rica lo llev&oacute; a discutir con los literatos Alejo Carpentier y Nicol&aacute;s Guill&eacute;n sobre la mejor manera de caracterizar la identidad negra y, finalmente, a proponer los conceptos de <i>african&iacute;a </i>y <i>transculturaci&oacute;n<a name="s18" href="#18"><sup>18</sup></a>. </i>A&ntilde;os m&aacute;s tarde, Andr&eacute; Serbin (1986), estudioso de las culturas afrocaribe&ntilde;as, se&ntilde;al&oacute; que los conceptos antropol&oacute;gicos de <i>aculturaci&oacute;n </i>y <i>contacto cultural </i>ignoraban las relaciones de dominaci&oacute;n establecidas por los europeos sobre las sociedades nativas, y se apoy&oacute; en el concepto de <i>colonialismo </i>de Georges Balandier para entenderlas.</p>     <p>No es posible abarcar aqu&iacute; la gama de propuestas cr&iacute;ticas de otros autores como Ricardo Pozas y las m&aacute;s recientes de Rodolfo Stavenhagen y Roger Bartra, todas ellas atravesadas por la influencia marxista. Tampoco la variedad de t&oacute;picos sobre los que reflexiona hoy la antropolog&iacute;a en Latinoam&eacute;rica, ni la vasta producci&oacute;n contempor&aacute;nea de los brasile&ntilde;os o la de peruanos, ecuatorianos o venezolanos. No importa destacar la justeza o no de las apreciaciones de los antrop&oacute;logos aqu&iacute; referidos, ni se trata de exaltar las cualidades o las debilidades de sus propuestas conceptuales. Importa, s&iacute;, resaltar su decidido intento creativo, realizado en pol&eacute;mica con otras tendencias, a veces hegem&oacute;nicas, tanto de la antropolog&iacute;a de sus pa&iacute;ses como de la que se produce en los pa&iacute;ses metropolitanos y cuyo impulso creador ha sido la necesidad de dar cuenta de la proximidad del Otro.</p>     <p>Las propuestas de los antrop&oacute;logos aqu&iacute; rese&ntilde;ados pueden entenderse como inscritas dentro de un pensamiento social m&aacute;s vasto dentro del cual se mueven corrientes distintas. Una de las m&aacute;s influyentes en la segunda mitad del siglo xx fueron las teor&iacute;as de la &quot;dependencia&quot;. Su &aacute;ngulo com&uacute;n fue la cr&iacute;tica a las categor&iacute;as y las pol&iacute;ticas estadounidenses para los pa&iacute;ses &quot;subde-sarrollados&quot; y las teor&iacute;as que les hab&iacute;an dado sustento (ver, en especial, Rist, 1997; Escobar, 1999). Como lo disecciona el texto de Gilbert Rist, donde &eacute;ste le sigue las huellas al forjamiento de la idea de desarrollo en Occidente y rastrea su metamorfosis en el mito occidental y en pol&iacute;ticas de superpotencia para el sistema mundial, el punto de inflexi&oacute;n fue el llamado &quot;punto cuatro&quot;. &Eacute;ste fue incluido por primera vez por el presidente Harry Truman en un discurso de enero de 1949, en el cual anunciaba el Plan Marshall para la reconstrucci&oacute;n europea (Rist, 1997). El punto cuatro formul&oacute; la ampliaci&oacute;n de la asistencia t&eacute;cnica estadounidense, ya dada para Am&eacute;rica Latina, al mundo entero, &quot;para el mejoramiento y crecimiento de las &aacute;reas subdesarrolladas&quot; (citado en Rist, 1997: 71). Instaur&oacute; as&iacute; una nueva categor&iacute;a, la de &quot;subdesarrollo&quot;, como enunciado sobre la pobreza e inaugur&oacute; la &quot;era del desarrollo&quot;. Contra esa categorizaci&oacute;n se rebelaron intelectuales latinoamericanos, economistas y soci&oacute;logos principalmente. Propusieron diversas alternativas para pensar la condici&oacute;n de los pa&iacute;ses de Am&eacute;rica Latina y &Aacute;frica. Andr&eacute; Gunder Frank (Chile), O. Faletto y Fernando Enrique Cardoso (Brasil), Oswaldo Sunkel (Argentina), An&iacute;bal Quijano (Per&uacute;), Theotonio dos Santos (Brasil), Helio Jaguaribe (Brasil), Orlando Fals Borda (Colombia) y Antonio Garc&iacute;a (Colombia) son algunos de los m&aacute;s conocidos. Los antrop&oacute;logos participaron con su perspectiva propia centrando su inter&eacute;s en el lugar de las sociedades ind&iacute;genas en el mundo &quot;en desarrollo&quot;.</p>     <p>En la actualidad, el indigenismo ya no es la fuente privilegiada de la cual bebe la antropolog&iacute;a latinoamericana. Migrantes, pobladores urbanos, j&oacute;venes, mujeres, son temas ahora de estudio y preocupaci&oacute;n social. El papel preponderante de las sociedades ind&iacute;genas en la historia de la construcci&oacute;n conceptual latinoamericana, sin embargo, nos remite al argumento central de este texto: el pensamiento sobre las sociedades ind&iacute;genas fue central para la antropolog&iacute;a latinoamericana porque el indigenismo, entendido de manera amplia, como lo propone Alcida Ramos, es en verdad un &quot;campo pol&iacute;tico de relaciones&quot; entre los indios y los estados nacionales latinoamericanos (1998: 7, mi traducci&oacute;n). Como tal, es fecundo para el pensamiento y para interrogarse sobre las implicaciones de los productos del pensamiento. El indigenismo fue entonces el &quot;constructo cultural&quot; que elabor&oacute; la antropolog&iacute;a latinoamericana para hablar sobre &quot;otredad y mismidad en el contexto de la etnicidad y la nacionalidad&quot; (Ramos, 1998). Para ello desarrollaron tempranamente conceptos cr&iacute;ticos como <i>transculturaci&oacute;n, fricci&oacute;n inter&eacute;tnica, colonialismo interno, </i>en contraste con los de <i>aculturaci&oacute;n, equilibrio social </i>y <i>consenso.</i></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>Consideraciones finales</b></p>     <p>La antropolog&iacute;a, tanto como la creaci&oacute;n literaria y art&iacute;stica, muy cercanas entre s&iacute;, han sido en Am&eacute;rica Latina <i>nacioc&eacute;ntricas </i>en su producci&oacute;n conceptual. Pero, a diferencia de lo que Elias se&ntilde;alaba para Europa, nuestra condici&oacute;n hist&oacute;rica como naciones en construcci&oacute;n a partir de una com&uacute;n experiencia y ruptura coloniales hace que nuestra producci&oacute;n cultural est&eacute; atravesada por propuestas pol&eacute;micas sobre el Estado y la Naci&oacute;n que se quieren construir. Por ello tenemos una larga historia de teor&iacute;a cr&iacute;tica que se expresa en la diversidad de lenguajes individuales y generacionales, y cuyos conceptos pretenden capturar no la lejan&iacute;a, sino la proximidad sociopol&iacute;tica del Otro.</p>     <p>La antropolog&iacute;a latinoamericana ha dejado atr&aacute;s el indigenismo y enfrenta coyunturas nuevas. No obstante, contin&uacute;a en la b&uacute;squeda de espejos de otredad y mismidad de cara a la construcci&oacute;n de naci&oacute;n pues permanecen proyectos encontrados sobre lo que significa la construcci&oacute;n de naci&oacute;n, democracia y ciudadan&iacute;a. El modelo de Estado nacional de democracia liberal no se ha convertido nunca en un modelo incontestado para sectores importantes de la intelectualidad y la poblaci&oacute;n latinoamericanas.</p>     <p>Ahora nos decimos h&iacute;bridos y globalizados, pero seguimos precisando abrir  grietas en los acuerdos hegem&oacute;nicos. Por ello seguimos buscando, como lo dec&iacute;a  hace m&aacute;s de treinta a&ntilde;os Alejo Carpentier, c&oacute;mo dibujar nuestra fisonom&iacute;a  particular dentro de las corrientes universales, lejos de tipismos y  naturalismos (Carpentier, 1969) y tambi&eacute;n de vanguardismos. Lejos de la  repetici&oacute;n acr&iacute;tica de modelos que reducen nuestro quehacer a una r&eacute;plica, y  esto significa dar cuenta del cruce de culturas y sociedades en el cual estamos  instalados. De manera irremediable, a&uacute;n requerimos buscar la mejor manera de  nombrarlo todo.</p> <hr size=1>     <p><b>Comentarios</b></p>     <p><a name="1" href="#s1"><sup>1</sup></a>. Mientras escrib&iacute;a este art&iacute;culo ocurri&oacute; la muerte en M&eacute;xico de Arturo Warman, en octubre de 2003.</p>     <p><a name="2" href="#s2"><sup>2</sup></a>. Agradezco a los colegas colombianos &Aacute;lvaro Rom&aacute;n y Jaime Arocha sus sugerencias y los materiales que me permitieron retomar el indigenismo de d&eacute;cadas pasadas y el aporte de los estudios de negritudes.</p>     <p><a name="3" href="#s3"><sup>3</sup></a>. En Jimeno (1999), se plantea que la antropolog&iacute;a colombiana cuenta con unos dos millares de profesionales, cuyo tono ideol&oacute;gico est&aacute; dado por su af&aacute;n de ser &uacute;tiles y conocer la propia sociedad nacional, con cierto desprecio por el &quot;academicismo&quot; y las &quot;torres de marfil&quot;. Ver tambi&eacute;n Myriam Jimeno, &quot;La emergencia del investigador ciudadano: estilos de antropolog&iacute;a y crisis de modelos en la antropolog&iacute;a colombiana&quot;, en Jairo Tocancip&aacute; (ed.), <i>La formaci&oacute;n del Estado naci&oacute;n y las disciplinas sociales en Colombia, </i>Popay&aacute;n, Universidad del Cauca, pp. 157-190, 2000; &quot;La antropolog&iacute;a en Colombia&quot;, en Lourdes Arizpe y Carlos Serrano (comp.), <i>Balance de la antropolog&iacute;a en Am&eacute;rica Latina y el Caribe, </i>M&eacute;xico, Instituto de Investigaciones Antropol&oacute;gicas UNAM, pp. 381-394, 1993; &quot;Consolidaci&oacute;n del Estado y antropolog&iacute;a en Colombia&quot; en Jaime Arocha y Nina S. de Friedemann (orgs.), <i>Un siglo de investigaci&oacute;n social, </i>Bogot&aacute;, Etnos, pp. 200-230, 1984.</p>     <p><a name="4" href="#s4"><sup>4</sup></a>. Para el desarrollo alem&aacute;n de <i>cultura </i>y su relaci&oacute;n con la antropolog&iacute;a norteamericana, ver Bunzl (1996).</p>     <p><a name="5" href="#s5"><sup>5</sup></a>. Ver comentario de Eric Hershberg (1999), en <i>American Anthropologist, </i>Vol. 4 N&deg;  101, p. 869.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a name="6" href="#s6"><sup>6</sup></a>.&nbsp;Esta anotaci&oacute;n es igualmente cierta para la antropolog&iacute;a colombiana, especialmente desde la mitad de los a&ntilde;os sesenta. Incluso este &eacute;nfasis distanci&oacute; a las primeras generaciones de antrop&oacute;logos, pues mientras algunos pretend&iacute;an el ideal de estudios monogr&aacute;ficos de grupos ind&iacute;genas, otros abogaron por estudiar y confrontar las pol&iacute;ticas estatales asimilacionistas (ver Jimeno y Triana, 1985). Fueron de especial impacto las propuestas del historiador autodidacta Juan Friede plasmadas en sus libros <i>El indio en lucha por la tierra </i>(1973, &#91;1944&#93;) y <i>La explotaci&oacute;n ind&iacute;gena en Colombia, </i>1973. Tambi&eacute;n, <i>Siervos de Dios, amos de indios </i>1968 de V&iacute;ctor Daniel Bonilla.</p>     <p><a name="7" href="#s7"><sup>7</sup></a>.&nbsp;<i>Os Indios, e a civilizac&atilde;o: a integracoo das populac&oacute;es indigenas no Brasil moderno, 1970; </i>en espa&ntilde;ol, <i>Fronteras ind&iacute;genas de la civilizaci&oacute;n; Uir&aacute; sai ao encontro de Ma&iacute;ra, </i>1957.</p>     <p><a name="8" href="#s8"><sup>8</sup></a>.&nbsp;Balandier fue uno de los gestores de la ruptura de la etnolog&iacute;a francesa con el modelo de M. Griaule, tanto para tomar en cuenta la situaci&oacute;n hist&oacute;rica de los pueblos estudiados como para romper con la monograf&iacute;a de un pueblo, para pasar a los grupos nacionales. Present&oacute; el concepto de &quot;situaci&oacute;n colonial&quot; en varios textos entre 1950 y 1955. En especial, ver &quot;La situation colonial: approache th&eacute;orique&quot;, en <i>Cahiers Internationaux de Sociologie, </i>xii, 1952.</p>     <p><a name="9" href="#s9"><sup>9</sup></a>.&nbsp;Ver especialmente <i>O Indio e o Mundo dos Brancos: a Situa&ccedil;&atilde;o dos Tukuna do Alto Solimoes, </i>1964.</p>     <p><a name="10" href="#s10"><sup>10</sup></a>.&nbsp;Fue editado en espa&ntilde;ol por el CIESAS de M&eacute;xico, en 1992, con el t&iacute;tulo <i>Etnicidad y estructura social.</i></p>     <p><a name="11" href="#s11"><sup>11</sup></a>.&nbsp;El peri&oacute;dico <i>Micronoticias </i>de la Sociedad Antropol&oacute;gica Colombiana lo edit&oacute; en su n&uacute;mero 3.</p>     <p><a name="12" href="#s12"><sup>12</sup></a>.&nbsp;Aguirre Beltr&aacute;n fue uno de los pioneros de los estudios sobre comunidades negras en Latinoam&eacute;rica, vistas como grupos &eacute;tnicos dentro de la naci&oacute;n.</p>     <p><a name="13" href="#s13"><sup>13</sup></a>.&nbsp;&quot;La sociedad folk&quot;, <i>Revista Mexicana de Sociolog&iacute;a </i>(1942); <i>Tepoztl&aacute;n </i>(1948); <i>La sociedad primitiva y sus transformaciones </i>(1963).</p>     <p><a name="14" href="#s14"><sup>14</sup></a>.&nbsp;Para el caso colombiano, he propuesto que el acento en la aplicaci&oacute;n de  los estudios antropol&oacute;gicos como una forma de compromiso con la sociedad, y en  especial con los sectores m&aacute;s d&eacute;biles, ha sido a la vez fuente de creatividad  metodol&oacute;gica y de apoyo interdisciplinario, como de debilidades en la  acumulaci&oacute;n y profundizaci&oacute;n de conocimientos (Jimeno, 1999: 70).</p>     <p><a name="15" href="#s15"><sup>15</sup></a>.&nbsp;A este respecto, en Colombia es bien relevante la compilaci&oacute;n de Jaime Arocha y Nina S. de Friedemann (orgs.), <i>Un siglo de investigaci&oacute;n social, </i>Bogot&aacute;, Ed. Etnos, 1984.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a name="16" href="#s16"><sup>16</sup></a>.&nbsp;Fue publicado en 1970 en conjunto con el art&iacute;culo ya mencionado atr&aacute;s de Arturo Warman, con el t&iacute;tulo <i>De eso que llaman antropolog&iacute;a mexicana.</i></p>     <p><a name="17" href="#s17"><sup>17</sup></a>.&nbsp;La primera de numerosas ediciones fue en 1987; ver tambi&eacute;n <i>Utop&iacute;a y revoluci&oacute;n </i>(1981), que contiene una recopilaci&oacute;n de documentos-proclama de las diversas organizaciones indias de Am&eacute;rica Latina.</p>     <p><a name="18" href="#s18"><sup>18</sup></a>. Fernando Ortiz, <i>El contrapunteo cubano del tabaco y el az&uacute;car, </i>La Habana, Editorial de Ciencias Sociales.</p> <hr size=1>     <p><b>Referencias</b></p>     <!-- ref --><p><b>Ach&uacute;gar, Hugo </b>1994 &quot;La hora americana o el discurso americanista de entreguerras&quot;, en Ana Pizarro (org.), <i>Am&eacute;rica Latina. Palavra, Literatura e Cultura, </i>vol. 2, pp. 635-662, Sao Paulo, Editora da Unicamp.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000087&pid=S1900-5407200500010000400001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p><b>Aguirre Beltr&aacute;n, Gonzalo </b>1953 <i>Formas de gobierno ind&iacute;gena, </i>M&eacute;xico, Imprenta Universitaria.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000089&pid=S1900-5407200500010000400002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>1967&nbsp;<i>Regiones de refugio: el desarrollo de la comunidad y el proceso dominical en mestizo Am&eacute;rica, </i>M&eacute;xico, Instituto Indigenista Interamericano.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000091&pid=S1900-5407200500010000400003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>1988&nbsp;&quot;Formaci&oacute;n de una teor&iacute;a y una pr&aacute;ctica indigenistas&quot;, en  INI, <i>Instituto Nacional Indigenista, 40 a&ntilde;os, </i>pp. 11-101, M&eacute;xico,  INI.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000093&pid=S1900-5407200500010000400004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p><b>&Aacute;lvarez, Sonia E., Evelina Dagnino y Arturo Escobar </b>1998 <i>Culture of Politics, Politics of Cultures: Re-visioning Latin American Social Movements, </i>Boulder, Westview Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000095&pid=S1900-5407200500010000400005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p><b>Arias, Arturo </b>1994&nbsp;&quot;La novela social: entre la autenticidad del subdesarrollo y la falacia de la racionalidad conceptual&quot;, en Ana Pizarro (org.), <i>Am&eacute;rica Latina. Palavra, Literatura e Cultura, </i>vol.2, pp. 757-785, S&atilde;o Paulo, Editora da Unicamp.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000097&pid=S1900-5407200500010000400006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p><b>Bonfil Batalla, Guillermo </b>1987 <i>M&eacute;xico profundo. Una civilizaci&oacute;n negada, </i> M&eacute;xico, SEP\CIESAS.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000099&pid=S1900-5407200500010000400007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>1990 &#91;1970&#93; &quot;Del indigenismo de la revoluci&oacute;n a la antropolog&iacute;a cr&iacute;tica&quot;, en <i>De eso que llaman antropolog&iacute;a mexicana, </i>pp. 39-65, M&eacute;xico, Comit&eacute; de Publicaciones de los alumnos de la ENAH.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000101&pid=S1900-5407200500010000400008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p><b>Bonfil Batalla, Guillermo </b>(org). 1981 <i>Utop&iacute;a y revoluci&oacute;n. El pensamiento pol&iacute;tico contempor&aacute;neo de los indios de Am&eacute;rica Latina, </i>M&eacute;xico, Editorial Nueva Imagen.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000103&pid=S1900-5407200500010000400009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>1993 <i>Hacia nuevos modelos de relaciones interculturales, </i>M&eacute;xico, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000105&pid=S1900-5407200500010000400010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p><b>Bonilla, V&iacute;ctor Daniel </b>1968&nbsp;<i>Siervos de Dios, amos de Indios, </i>Bogot&aacute;, Tercer Mundo Editores.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000107&pid=S1900-5407200500010000400011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p><b>Bourdieu, Pierre </b>1967 &quot;Campo intelectual y proyecto creador&quot;, en Jean Pouillon, <i>Problemas del estructuralismo, </i>M&eacute;xico, Siglo xxi Editores.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000109&pid=S1900-5407200500010000400012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p><b>Bunzl, Matti </b>1996 &quot;Franz Boas and the Humboldtian Tradition. From Volkgeist and Nationalcharakter to an Anthropological Concept of Culture&quot;, en George Stocking Jr. (de.), <i>Volkgeist as Method and Ethic. Essays on Boasian Ethnography and the German Anthropological Tradition, </i>pp. 17-78, Madison, University of Wisconsin Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000111&pid=S1900-5407200500010000400013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p><b>Cardoso de Oliveira, Roberto </b>1964 <i>O Indio e o Mundo dos Brancos: a Situacao dos Tukuna do Alto Solimoes, </i>Sao Paulo, Difusao Europ&eacute;ia do Livro.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000113&pid=S1900-5407200500010000400014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>1992 &#91;1976&#93; <i>Etnicidad y estructura social, </i>M&eacute;xico,  CIESAS.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000115&pid=S1900-5407200500010000400015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>1995&nbsp;&quot;Notas sobre uma estil&iacute;stica da antropologia&quot;, en Roberto Cardoso de Oliveira y Guilhermo Raul Ruben (orgs.), <i>Estilos de antropologia, </i>pp. 177-196, Campinas S.P., Editora da Unicamp.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000117&pid=S1900-5407200500010000400016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>1998 <i>O Trabalho do Antrop&oacute;logo. Ensaios, </i>Bras&iacute;lia, Paralelo15\Editora</a> da  UNESP&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000119&pid=S1900-5407200500010000400017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Carpentier, Alejo </b>1969&nbsp;<i>Literatura e Consci&ecirc;ncia Pol&iacute;tica na Am&eacute;rica Latina, </i>S&atilde;o Paulo, Global Editora e Distribuidora Ltda.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000120&pid=S1900-5407200500010000400018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p><b>Das, Veena </b>1998 <i>Critical Events. An Anthropological Perspective on Contemporary India, </i>Delhi, Oxford University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000122&pid=S1900-5407200500010000400019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p><b>Elias, Norbert </b>1989&nbsp;<i>El proceso de la civilizaci&oacute;n, </i>M&eacute;xico, Siglo xxi Editores.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000124&pid=S1900-5407200500010000400020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p><b>Escobar, Arturo </b>1999 <i>El final del salvaje. Naturaleza, cultura y pol&iacute;tica en la antropolog&iacute;a contempor&aacute;nea, </i>Bogot&aacute;,  ICANH\CEREC.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000126&pid=S1900-5407200500010000400021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p><b>Fletcher, Jonathan </b>1997&nbsp;<i>Violence and Civilization. An Introduction to the Work of Norbert Elias, </i>Oxford, Pol ity Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000128&pid=S1900-5407200500010000400022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p><b>Friede, Juan </b>1973 &#91;1944&#93; <i>El indio en lucha por la tierra, </i>Bogot&aacute;, La Rosca Editores.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000130&pid=S1900-5407200500010000400023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>1973 <i>La explotaci&oacute;n ind&iacute;gena en Colombia, </i>Bogot&aacute;, La Rosca Editores.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000132&pid=S1900-5407200500010000400024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p><b>Gonz&aacute;lez Casanova, Pablo </b>1965 <i>La democracia en M&eacute;xico, </i>M&eacute;xico, Era.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000134&pid=S1900-5407200500010000400025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>1976 <i>Sociolog&iacute;a de la explotaci&oacute;n, </i>M&eacute;xico, Siglo xxi Editores.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000136&pid=S1900-5407200500010000400026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>1978 <i>Imperialismo y liberaci&oacute;n en Am&eacute;rica Latina, </i>M&eacute;xico, Siglo xxi Editores.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000138&pid=S1900-5407200500010000400027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>1995&nbsp;&quot;Ciencias humanas y democracia&quot;, en <i>Cemos Memoria, </i>M&eacute;xico, N&deg; 83, nov., pp. 4-11.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000140&pid=S1900-5407200500010000400028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p><b>Hershberg, Eric </b>1998&nbsp;&quot;Book Review of Culture of Politics, Politics of Culture: Re-visioning Latin American Social Movements&quot;, en Sonia E. &Aacute;lvarez, Evelina Dagnino y Arturo Escobar (eds.), <i>Culture of Politics, Politics of Cultures: Re-visioning Latin American Social Movements, </i>Boulder, Westview Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000142&pid=S1900-5407200500010000400029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p><b>Jimeno, Myriam </b>1984&nbsp;&quot;Consolidaci&oacute;n del Estado y antropolog&iacute;a en Colombia&quot;, en Jaime Arocha y Nina S. de Friedemann (orgs.), <i>Un siglo de investigaci&oacute;n social, </i>Bogot&aacute;, Etnos, pp. 200-230.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000144&pid=S1900-5407200500010000400030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>1993 &quot;La antropolog&iacute;a en Colombia&quot;, en Lourdes Arizpe y Carlos Serrano (comp.), <i>Balance de la antropolog&iacute;a en Am&eacute;rica Latina y el Caribe, </i>pp. 381-394, M&eacute;xico, Instituto de Investigaciones Antropol&oacute;gicas  UNAM.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000146&pid=S1900-5407200500010000400031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>1999&nbsp;&quot;Desde el punto de vista de la periferia: desarrollo profesional y conciencia social&quot;, en <i>Anu&aacute;rio Antropol&oacute;gico, </i>Brasilia, N&deg; 97, pp. 59-72.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000148&pid=S1900-5407200500010000400032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>2000&nbsp;&quot;La emergencia del investigador ciudadano: estilos de antropolog&iacute;a y crisis de modelos en la antropolog&iacute;a colombiana&quot;, en Jairo Tocancip&aacute; (ed.), <i>La formaci&oacute;n del Estado Naci&oacute;n y las disciplinas sociales en Colombia, </i>pp. 157-190, Popay&aacute;n, Taller Editorial, Universidad del Cauca.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000150&pid=S1900-5407200500010000400033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p><b>Jimeno, Myriam y Adolfo Triana </b>1985&nbsp;<i>Estado y minor&iacute;as &eacute;tnicas en Colombia, </i>Bogot&aacute;,  FUNCOL.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000152&pid=S1900-5407200500010000400034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p><b>Krotz, Esteban </b>1996&nbsp;<i>La generaci&oacute;n de teor&iacute;a antropol&oacute;gica en Am&eacute;rica Latina: silenciamientos, tensiones intr&iacute;nsecas y puntos de partida, </i>en Revista <i>Maguar&eacute;, </i>Departamento de Antropolog&iacute;a Universidad Nacional de Colombia, nos. 11-12, pp.25-40.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000154&pid=S1900-5407200500010000400035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>1997&nbsp;<i>Anthropologies of the South. Their rise, their silencing, their characteristics, </i>en <i>Critique of Anthropology </i>Vol. 13, N&deg; 3, 1997, pp. 237-251.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000156&pid=S1900-5407200500010000400036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p><b>Mari&aacute;tegui, Jos&eacute; Carlos y Luis Alberto S&aacute;nchez </b>1987 &#91;1927/28&#93; <i>La pol&eacute;mica del Indigenismo. </i>Textos recopilados por Manuel Aqu&eacute;zolo, Lima, Mosca Azul Editores.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000158&pid=S1900-5407200500010000400037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p><b>Melatti, Julio Cezar </b>1982 &quot;A etnologia das popula&ccedil;&otilde;es ind&iacute;genas do Brasil, nas duas &uacute;ltimas d&eacute;cadas&quot;, en <i>Anu&aacute;rio Antropol&oacute;gico, </i>Bras&iacute;lia, N&deg; 80, pp. 253-275.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000160&pid=S1900-5407200500010000400038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p><b>Neiburg, Federico </b>1999 &quot;O naciocentrismo das ci&ecirc;ncias sociais e as formas de conceituar a viol&ecirc;ncia pol&iacute;tica e os processos de politiza&ccedil;&atilde;o da vida social&quot;, en Leopoldo Waizborg (org.), <i>D&ocirc;ssier Norbert Elias, </i>S&atilde;o Paulo, Editora da Universidade de S&atilde;o Paulo.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000162&pid=S1900-5407200500010000400039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p><b>Oliveira, Jo&atilde;o Pacheco </b>1999 &quot;Uma etnolog&iacute;a dos &#39;&iacute;ndios misturados&#39;: situa&ccedil;&atilde;o colonial, territorializa&ccedil;&atilde;o e fluxos culturais&quot;, en Joao Pacheco de Oliveira (org.), <i>A viagen de volta. Etnicidade, pol&iacute;tica e reelaboracao cultural no Nordeste ind&iacute;gena, </i>pp. 11-40, Rio de Janeiro, Contra Capa Livraria.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000164&pid=S1900-5407200500010000400040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p><b>Ortiz, Fernando </b>1983 <i>El contrapunteo cubano del tabaco y el az&uacute;car, </i>La Habana, Editorial de Ciencias Sociales.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000166&pid=S1900-5407200500010000400041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p><b>Palerm, &Aacute;ngel </b>1980 &quot;Antrop&oacute;logos y campesinos&quot;, en &Aacute;ngel Palerm, <i>Antropolog&iacute;a y marxismo, </i>M&eacute;xico, Editorial Nueva Imagen.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000168&pid=S1900-5407200500010000400042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p><b>Peirano, Mariza </b>1991 <i>The Anthropology of Anthropology. The Brazilian Case, </i>S&eacute;rie Antropolog&iacute;a N&deg; 110, Departamento de Antropolog&iacute;a, Universidade de Brasilia.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000170&pid=S1900-5407200500010000400043&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p><b>Ramos, Alcida </b>1999 -2000 &quot;Anthropologist as political actor&quot;, en <i>Journal of Latin American Anthropology </i>Vol. 4, N&deg; 2/Vol. 5, N&deg; 1, pp. 172-189.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000172&pid=S1900-5407200500010000400044&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>1998 <i>Indigenism: ethnic politics in Brazil, </i>Madison, The University of Wisconsin Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000174&pid=S1900-5407200500010000400045&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>1990 &quot;Ethnology Brazilian Style&quot;, en <i>Cultural Anthropology, </i>Vol. 5, N&deg; 4, nov., pp. 452-472.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000176&pid=S1900-5407200500010000400046&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p><b>Ribeiro, Darcy </b>1962 <i>A Pol&iacute;tica indigenista brasileira, </i>Rio de Janeiro, Minist&eacute;rio da Agricultura.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000178&pid=S1900-5407200500010000400047&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>1970 <i>Os Indios e a civiliza&ccedil;&atilde;o: a integra&ccedil;&atilde;o das popula&ccedil;&otilde;es indigenas no Brasil moderno, </i>Rio de Janeiro, Civilizacao Brasileira.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000180&pid=S1900-5407200500010000400048&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>1974 <i>Uir&aacute; sai &agrave; procura de Deus: ensaios de etnologia e indigenismo, </i>Rio de Janeiro, Paz e Terra.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000182&pid=S1900-5407200500010000400049&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p><b>Rist, Gilbert </b>1997 <i>The History of Development: from Western Origins to Global Faith, </i>London, N. York, Zed Books.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000184&pid=S1900-5407200500010000400050&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p><b>Serbin, Andr&eacute;s </b>1986 <i>Etnicidad. Clase y naci&oacute;n de las ideolog&iacute;as del Caribe angl&oacute;fono, </i>Caracas, Universidad Central de Venezuela.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000186&pid=S1900-5407200500010000400051&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p><b>Warman, Arturo </b>1990 &#91;1970&#93; &quot;Todos santos y todos difuntos. Cr&iacute;tica hist&oacute;rica de la antropolog&iacute;a mexicana&quot;, en <i>De eso que llaman antropolog&iacute;a mexicana, </i>pp. 9-38, Comit&eacute; de Publicaciones de los Alumnos de la  ENAH, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000188&pid=S1900-5407200500010000400052&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p> </font>      ]]></body><back>
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