<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1"?><article xmlns:mml="http://www.w3.org/1998/Math/MathML" xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xmlns:xsi="http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance">
<front>
<journal-meta>
<journal-id>1900-5407</journal-id>
<journal-title><![CDATA[Antipoda. Revista de Antropología y Arqueología]]></journal-title>
<abbrev-journal-title><![CDATA[Antipod. Rev. Antropol. Arqueol.]]></abbrev-journal-title>
<issn>1900-5407</issn>
<publisher>
<publisher-name><![CDATA[Departamento de Antropología, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de los Andes]]></publisher-name>
</publisher>
</journal-meta>
<article-meta>
<article-id>S1900-54072007000100005</article-id>
<title-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[La globalización del testimonio:: historia, silencio endémico y los usos de la palabra]]></article-title>
</title-group>
<contrib-group>
<contrib contrib-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Castillejo Cuéllar]]></surname>
<given-names><![CDATA[Alejandro]]></given-names>
</name>
<xref ref-type="aff" rid="A01"/>
</contrib>
</contrib-group>
<aff id="A01">
<institution><![CDATA[,Universidad de los Andes Departamento de Antropología ]]></institution>
<addr-line><![CDATA[ ]]></addr-line>
</aff>
<pub-date pub-type="pub">
<day>00</day>
<month>01</month>
<year>2007</year>
</pub-date>
<pub-date pub-type="epub">
<day>00</day>
<month>01</month>
<year>2007</year>
</pub-date>
<numero>4</numero>
<fpage>75</fpage>
<lpage>100</lpage>
<copyright-statement/>
<copyright-year/>
<self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1900-54072007000100005&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_abstract&amp;pid=S1900-54072007000100005&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_pdf&amp;pid=S1900-54072007000100005&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><abstract abstract-type="short" xml:lang="es"><p><![CDATA[Este ensayo explora la manera como el proceso de reconfiguración histórica, realizado por una comisión de investigación, produce y refuerza una serie de silencios-sobre la experiencia y los hechos de la guerra- que emergen, paradójicamente, en el momento mismo de su articulación en el lenguaje. Particularmente, la manera como el terrorismo del sobreviviente hace parte de los mecanismos de legitimación de las comisiones -y toda una red de ejercicios miméticos que escenifican el dolor-, a través de si incorporación a una serie de topos de enunciación. en ese momento, la densidad semántica de lo narrado queda supeditada a las presiones que definen política y discursivamente este topos. En ese momento de generalización y de reducción, el testimonio hace parte de otras tecnologías de transición.]]></p></abstract>
<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This text axplores the ways in which historical reconstructions, carried out by different kinds of commissions of enquiry during political transitions, reproduce an reinforce a number of silences -specially those regarding the experiences of war- that paradoxically emerge at the actual moment or their articulation in language. How do survivors&#39; testimonies are part or the mechanisms that legitimate these commissions? How are they inscribed into the political spaces of enunciation?]]></p></abstract>
<kwd-group>
<kwd lng="es"><![CDATA[Comisiones de la verdad]]></kwd>
<kwd lng="es"><![CDATA[testimonios]]></kwd>
<kwd lng="es"><![CDATA[memoria]]></kwd>
<kwd lng="es"><![CDATA[Perú]]></kwd>
<kwd lng="es"><![CDATA[Colombia]]></kwd>
<kwd lng="es"><![CDATA[Sudáfrica]]></kwd>
<kwd lng="en"><![CDATA[Truth Commissions]]></kwd>
<kwd lng="en"><![CDATA[Testimonies]]></kwd>
<kwd lng="en"><![CDATA[Memory]]></kwd>
<kwd lng="en"><![CDATA[Peru]]></kwd>
<kwd lng="en"><![CDATA[Colombia]]></kwd>
<kwd lng="en"><![CDATA[South Africa]]></kwd>
</kwd-group>
</article-meta>
</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">     <p align=center><font size="4"><b>La globalizaci&oacute;n del testimonio: historia, silencio end&eacute;mico y los usos de la  palabra</b></font><sup><a name="s1" href="#1">1</a></sup>    <p> <b>Alejandro Castillejo Cu&eacute;llar</b>    <p> <i>Profesor asociado, Departamento de Antropolog&iacute;a, Universidad de los Andes,  Colombia</i>. <a href="mailto: acastill@uniandes.edu.co">acastill@uniandes.edu.co</a> <hr size="1"> <b>RESUMEN:</b>    <p>Este ensayo explora la manera como el proceso de reconfiguraci&oacute;n hist&oacute;rica, realizado por una comisi&oacute;n de investigaci&oacute;n, produce y refuerza una serie de silencios-sobre la experiencia y los hechos de la guerra- que emergen,  parad&oacute;jicamente, en el momento mismo de su articulaci&oacute;n en el lenguaje.</p>      <p>Particularmente, la manera como el terrorismo del sobreviviente hace parte de los mecanismos de legitimaci&oacute;n de las comisiones -y toda una red de ejercicios mim&eacute;ticos que escenifican el dolor-, a trav&eacute;s de si incorporaci&oacute;n a una serie de <i>topos</i> de enunciaci&oacute;n. en ese momento, la densidad sem&aacute;ntica de lo narrado queda supeditada a las presiones que definen pol&iacute;tica y discursivamente este <i>topos</i>. En ese momento de generalizaci&oacute;n y de reducci&oacute;n, el testimonio hace parte de otras tecnolog&iacute;as de transici&oacute;n.</p>      <p><b>PALABRAS CLAVE:</b></p>      <p>Comisiones de la verdad, testimonios, memoria, Per&uacute;, Colombia, Sud&aacute;frica</p>  <hr size="1">      <p><b>ABSTRACT:</b></p>      <p>This text axplores the ways in which historical reconstructions, carried out by different kinds of commissions of enquiry during political transitions, reproduce an reinforce a number of silences -specially those regarding the experiences of war- that paradoxically emerge at the actual moment or their articulation in language. How do survivors&#39; testimonies are part or the mechanisms that legitimate these commissions? How are they inscribed into the political spaces of enunciation?</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>KEY WORDS:</b></p>      <p>Truth Commissions, Testimonies, Memory, Peru, Colombia, South Africa.</p>  <hr size="1">      <p align="right"> <i>&quot;Why a Truth Commission here -in Sierra Leone-?&quot;, I asked </i>     <p align="right"> <i>&quot;Because it is modern&quot;, she answered.</i>    <p align="right"> <i>&quot;&iquest;Porqu&eacute; una Comisi&oacute;n de la Verdad aqu&iacute; -en Sierra Leona-?&quot;, pregunt&eacute;.</i></p>     <p align="right"> <i>&quot;Porque es moderna&quot;, ella respondi&oacute;.</i></p>     <p align="right">Notas de campo, mayo de 2003. </p>     <p><b>Introducci&oacute;n </b></p>     <p>Las comisiones de la verdad don, entre otras cosas mecanismos de reconstrucci&oacute;n hist&oacute;rica que se encargan de la definici&oacute;n, recolecci&oacute;n y producci&oacute;n de un saber institucionalmente legitimado sobre el pasado violento de un pa&iacute;s o un Estado-naci&oacute;n (Boraine y Levy, 1995; Minow, 1998; Nuttal y Coetzee, 1998; Villa-Vicencio, 2000). En cierto sentido, no se diferencian, en lo esencial, de otro tipo de comisiones de investigaci&oacute;n (Posel y Simpson, 2002; Richards, 1993). En el caso que aqu&iacute; nos concierne, ellas hacen parte de una red de conceptos que podr&iacute;an denominarse tecnolog&iacute;as de gobernabilidad, y que se despliegan durante per&iacute;odos  -o espasmos- de transici&oacute;n pol&iacute;tica entre reg&iacute;menes autoritarios, dictaduras militares o conflictos armados, de un lado, y, exclusivamente, democracias parlamentarias bajo la efigie de una econom&iacute;a capitalista, del otro (Marais, 2001). La l&oacute;gica de la idea de &quot;transici&oacute;n&quot; es precisamente permitir, en teor&iacute;a, esta teleolog&iacute;a pol&iacute;tica, de un estado de guerra o no democr&aacute;tico a uno en paz. Este axioma hace parte de todo ese circuito transnacional de teorizaci&oacute;n conocido con el nombre de  	<i>transitional justice </i>con su respectivo evangelio de la reconciliaci&oacute;n, la verdad y el perd&oacute;n como horizonte para una futura comunidad moral (Battle, 1997; De Grunchy, 2002). Parte de este proceso pasa por una reinterpretaci&oacute;n de la noci&oacute;n de pasado; de ah&iacute; el papel de la comisi&oacute;n investigadora para documentarlo y producir una instant&aacute;nea social lo m&aacute;s completa posible de las violaciones de derechos humanos (Meredith y Rosenberg, 1999).</p>     <p> Con frecuencia, este pasado se cristaliza en una serie de productos espec&iacute;ficos, como los &quot;informes finales&quot; o los archivos y documentos institucionales donde reposan no s&oacute;lo los folios donde se consignan y guardan las investigaciones propias de la comisi&oacute;n, sino adem&aacute;s las transcripciones de miles de testimonios recogidos durante el proceso investigativo<sup><a name="s2" href="#2">2</a></sup>. La versi&oacute;n final de este proceso, usualmente, si las condiciones pol&iacute;ticas de su producci&oacute;n y desarrollo son apropiadas, debe generar una historia que hable de las causas y los efectos de la guerra y la dictadura durante un periodo espec&iacute;fico, delimitado por el mandato de la ley que con frecuencia ha dado origen a la comisi&oacute;n misma. La sociedad en general  <i>vuelve, </i>siempre que sea necesario, a esta historia institucionalizada, a los periodos, eventos y protagonistas que el relato indexa como relevantes, para recordar los hechos, las responsabilidades y los procesos hist&oacute;ricos que han dado origen al presente. De ah&iacute; su importancia, ya que los t&eacute;rminos de referencia con los que se construye este relato, la forma como se elabora y se aborda la causalidad hist&oacute;rica, la manera como se definen las diferentes formas de agenciamiento en el proceso social, determinan, de antemano, la manera como ser&aacute; le&iacute;do ese pasado por las generaciones por venir, no s&oacute;lo de historiadores o investigadores sino de ciudadanos. En efecto, las comisiones son formas sociales de administraci&oacute;n del pasado, de archivarlo y, como plantear&iacute;a Jacques Derrida en su l&uacute;cido ensayo sobre Freud, &quot;consignarlo&quot; (Castillejo, 2007c: 129; Derrida, 1995: XI).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> Dado que uno de sus objetivos es la producci&oacute;n de dicho saber, enmarcado fundamentalmente en el discurso de los derechos humanos y en el derecho internacional humanitario, la comisi&oacute;n busca producir datos sobre &quot;graves violaciones a los derechos humanos&quot;. Las fuentes de dicha producci&oacute;n son, como se podr&iacute;a esperar, muy diversas (Bur, 2002; Wilson, 2004): desde investigaciones de car&aacute;cter jur&iacute;dico y forense, a cargo de unidades especiales, hasta la recolecci&oacute;n de testimonios a trav&eacute;s de diferentes mecanismos, como las audiencias o protocolos de recolecci&oacute;n. La diversidad de fuentes de una comisi&oacute;n se consigna o congrega siempre alrededor de una matriz interpretativa preestablecida por el marco te&oacute;rico-institucional que dirige la investigaci&oacute;n (Castillejo, 2007b; Ross, 2003). En este contexto, la presencia de testimonios de supervivientes no s&oacute;lo define parte de la legitimidad que una comisi&oacute;n debe tener, en la medida en que demuestra una apertura hacia la experiencia de otros seres humanos, sino que adem&aacute;s este demostrar s&oacute;lo es posible a trav&eacute;s de su articulaci&oacute;n dentro de una matriz te&oacute;rica e interpretativa.    <p> Mi inter&eacute;s en este ensayo es pues explorar la manera como dicho proceso de reconfiguraci&oacute;n hist&oacute;rica produce y refuerza una serie de silencios  -sobre la experiencia y los hechos de la guerra- que emergen, parad&oacute;jicamente, &quot;en el momento mismo de su articulaci&oacute;n en el lenguaje&quot; (Castillejo, 1997). Particularmente, me interesa la manera como el testimonio del sobreviviente hace parte de los mecanismos de legitimaci&oacute;n de las comisiones  -y toda una red de ejercicios mim&eacute;ticos que escenifican el dolor- a trav&eacute;s de su incorporaci&oacute;n en una serie de  <i>topos </i>de enunciaci&oacute;n (Bozzoli, 1998; Latu y Harris, 1996). En ese momento, la densidad sem&aacute;ntica de lo narrado queda supeditada a las presiones que definen discursivamente este  <i>topos </i>(Meyer, 1999).</p>     <p> Este ejercicio de an&aacute;lisis quiero hacerlo en tres partes. La primera, es sobre el trabajo de la Comisi&oacute;n para la Verdad y la Reconciliaci&oacute;n del Per&uacute;, a trav&eacute;s de la cual espero ilustrar de forma introductoria el problema de la violencia, la palabra, el  <i>topos </i>de la enunciaci&oacute;n y la imposibilidad del escuchar. La segunda es una lectura de las relaciones entre desplazamiento forzado, la imposibilidad de la verdad colectiva y el problema del silencio instaurado por la ley en el contexto de la South African Truth and Reconciliation Commission (Bonner y Nieftagodien, 1998). La tercera, una &uacute;ltima vi&ntilde;eta en donde describo muy brevemente la puesta en escena del testimonio en el contexto de una reciente Conferencia Internacional sobre V&iacute;ctimas del Terrorismo, celebrada en Bogot&aacute; en febrero del 2005. Con estas vi&ntilde;etas quiero, en el contexto de diferentes eventos donde se reproduce y se nombra el pasado violento, plantear el problema de las vicisitudes de la palabra y del silencio en el contexto global.     <p> <b>Per&uacute; y el otro como apor&iacute;a</b>    <p> En diciembre del a&ntilde;o 2002 tuve la oportunidad de visitar y participar dentro del proceso de la Comisi&oacute;n para la Verdad y la Reconciliaci&oacute;n del Per&uacute;<sup><a name="s3" href="#3">3</a></sup>. Durante esos d&iacute;as de diciembre, se hab&iacute;a organizado una de las audiencias p&uacute;blicas tem&aacute;ticas: esta especie de espacio de interlocuci&oacute;n itinerante y complejo, en donde &quot;v&iacute;ctimas de graves violaciones de derechos humanos&quot;, en el sentido legal del t&eacute;rmino, se sentaban, frente a un p&uacute;blico emp&aacute;tico, a contar sus historias de tragedias y sufrimientos. Las audiencias se realizaron en diferentes lugares de la naci&oacute;n y ten&iacute;an por objeto general, como la propia Comisi&oacute;n lo plante&oacute; en su momento, &quot;... visibilizar ante la opini&oacute;n p&uacute;blica las violaciones a los derechos humanos&quot; que sufrieron &quot;desproporcionadamente algunos sectores de la sociedad&quot;  <i>(Informe final, </i>Vol. 2: s. p.). As&iacute; mismo, en la misma l&iacute;nea de la Comisi&oacute;n sudafricana, la audiencia era igualmente concebida como un espacio de dignificaci&oacute;n, reconocimiento y sanaci&oacute;n de la persona que narra, e idealmente de la comunidad de escuchas (Asmal, Asmal y Roberts, 1997). La de ese 12 de diciembre era una audiencia sobre &quot;La violencia pol&iacute;tica y las comunidades de desplazados&quot;. Como se sabe, el desplazamiento forzado est&aacute; tipificado en el derecho internacional humanitario como una violaci&oacute;n a una serie de derechos fundamentales.</p>     <p> En el caso de mi trabajo espec&iacute;fico, mi asistencia a la audiencia y a una variedad de eventos institucionales estuvo mediada por extensas conversaciones con los funcionarios de la Comisi&oacute;n en Lima  -incluyendo el director general, el director de audiencias, la direcci&oacute;n de medios, al igual que otros cargos intermedios-, donde se llevar&iacute;a a cabo la audiencia, al igual que con algunas personalidades pol&iacute;ticas y acad&eacute;micas locales. Varias cosas me sorprendieron de esa visita. La primera, que a diferencia de lo que hab&iacute;a constatado en mi investigaci&oacute;n sobre la Comisi&oacute;n en Sud&aacute;frica, la peruana no hab&iacute;a tenido la misma centralidad social. Digamos que por lo menos no cautiv&oacute; el escenario medi&aacute;tico (Castillejo, 2007c). Es decir, durante las semanas precedentes a la audiencia, el silencio casi total de todos los medios de comunicaci&oacute;n privados, excepto el canal estatal que en su momento la transmiti&oacute; en directo, era una realidad palpable. Esto se deb&iacute;a, en lo fundamental, a que la Comisi&oacute;n investigaba violaciones de derechos humanos que se hab&iacute;an dado bajo el mandato de diferentes presidentes, algunos con intenciones pol&iacute;ticas en el Per&uacute; postconflicto, en el periodo entre 1980 y 2000. Los medios, por supuesto, hac&iacute;an eco a esos grupos de presi&oacute;n, ya que al fin de cuentas estaban umbilicalmente conectados con ellos, creando as&iacute; una cortina de desinter&eacute;s generalizado. Como si no hubiera pasado nada. Eso fue corroborado por encuestas informales que demostraban que m&aacute;s all&aacute; de los grupos representados en la audiencia, el desconocimiento o el desinter&eacute;s sobre la Comisi&oacute;n era alarmante.    <p> Antes de puntualizar algunos elementos importantes para el argumento de este ensayo, quisiera resumir brevemente las actividades de la audiencia tem&aacute;tica a la que asist&iacute;. Este ejercicio, en todo caso, ser&aacute; &uacute;til para contextualizar el punto que desarrollar&eacute; posteriormente. El programa de la ma&ntilde;ana estaba dividido en tres partes o bloques diferentes. El primero constaba de un emotivo video sobre el tema, precedido por un discurso inaugural por parte del presidente de la Comisi&oacute;n o alg&uacute;n comisionado delegado, en donde se daba la bienvenida a los testimoniantes exhortando a la sociedad en general a pensar sobre su pasado y a reconocer el dolor del otro. El segundo bloque, centrado en las causas y antecedentes del fen&oacute;meno del desplazamiento contaba con la participaci&oacute;n de tres testimoniantes, con veinticinco minutos cada uno, donde describ&iacute;an la naturaleza de las violaciones de las que fueron objeto en las zonas del Valle del Monz&oacute;n y Alto Huallaga, en el departamento de San Mart&iacute;n, al igual que en las comunidades de Ostocollo, Tancayllo, Izcahuanca y Huayrapampa en el departamento de Apurimac. Estos testimonios eran puntualizados con intervenciones de representantes del Comit&eacute; Internacional de la Cruz Roja y la Mesa Nacional de Desplazados. El &uacute;ltimo bloque aglutinaba testimoniantes de otras regiones, igualmente puntualizado por funcionarios y miembros del Programa de Apoyo al Repoblamiento y Desarrollo de Zonas de Emergencia, la Mesa Nacional de Desplazados y la Coordinadora Nacional de Desplazados y Comunidades en Reconstrucci&oacute;n del Per&uacute;. No es mi inter&eacute;s desarrollar ninguna clase de ex&eacute;gesis de los testimonios presentados esa ma&ntilde;ana; quiz&aacute;s s&iacute; afirmar que en general ellos presentaban, como es obvio, la experiencia de la guerra a manos de los diferentes actores armados, particularmente  <i>Sendero Luminoso </i>y las Fuerzas Armadas del Per&uacute;. Los testimonios fueron presentados, como ser&iacute;a de esperar, en diferentes idiomas, atestiguando, como posteriormente la Comisi&oacute;n lo estableci&oacute; en su  <i>Informe, </i>la manera como la violencia hab&iacute;a golpeado las comunidades campesinas ind&iacute;genas del Per&uacute;. Seg&uacute;n sus propias cifras, &quot;del an&aacute;lisis de los testimonios recibidos resulta que el setenta y cinco por ciento de las v&iacute;ctimas fatales del conflicto armado interno ten&iacute;an el quechua y otras lenguas nativas como idioma materno. Este dato contrasta de manera elocuente con el hecho de que la poblaci&oacute;n que comparte esta caracter&iacute;stica constituye solamente el diecis&eacute;is por ciento de la poblaci&oacute;n peruana de acuerdo con el censo nacional de 1993&quot;  	<i>(Informe final, </i>Vol. 7: 316). En otras palabras, dada la geograf&iacute;a de la guerra, localizada fundamentalmente en las zonas m&aacute;s pobres del pa&iacute;s, los ind&iacute;genas pusieron la abrumadora mayor&iacute;a de muertos. Aunque la Comisi&oacute;n hizo una evaluaci&oacute;n de la escala de la violencia pol&iacute;tica, la violencia estructural no hace parte, estad&iacute;sticamente hablando, de sus c&aacute;lculos; &eacute;sta aparece s&oacute;lo como parte de las condiciones que precipitaron la guerra, sumada a los errores de las &eacute;lites pol&iacute;ticas al abdicar la democracia a los grupos armados legales o ilegales. Aunque reconoce la existencia de la exclusi&oacute;n  -pero no de la opresi&oacute;n-, el  	<i>Informe final </i>es muy claro -por las razones te&oacute;rico-institucionales de las que hablaba anteriormente- al plantear o establecer un horizonte temporal en 1980 como el a&ntilde;o en el que comienza el conflicto armado, es decir, el momento en que  	<i>Sendero Luminoso </i>asume las armas. Este hecho deja por fuera la posibilidad de una relectura m&aacute;s articulada e integral de la guerra y un contexto hist&oacute;rico m&aacute;s amplio que dar&iacute;a una relaci&oacute;n de continuidad con el presente y que permitir&iacute;a entender que la riqueza de unos es consubstancial con la pobreza de otros, y que m&aacute;s que causas son tambi&eacute;n formas de violencia y de violaci&oacute;n a los derechos humanos. La misma noci&oacute;n de responsabilidad o culpabilidad se ver&iacute;a dram&aacute;ticamente redefinida. Es evidente que para llegar a la conclusi&oacute;n citada anteriormente, los testimonios tuvieron que haber sido escuchados  -y a la vez no escuchados-, clasificados y catalogados de una forma muy espec&iacute;fica. Y es hacia este punto, teniendo como marco de referencia lo que escuch&eacute; ese d&iacute;a, a donde quisiera dirigir esta primera parte del texto.    <p> La pregunta que surgi&oacute; durante la sesi&oacute;n de aquella ma&ntilde;ana fue &iquest;hasta qu&eacute; punto existe una cierta incapacidad para escuchar  -es decir, una especie de punto ciego auditivo- las articulaciones complejas y los reclamos hist&oacute;ricos presentes en el acto de recordar un pasado violento a trav&eacute;s del testimoniar? &iquest;Hasta qu&eacute; punto la nueva reconstrucci&oacute;n hist&oacute;rica realizada por la Comisi&oacute;n incorpora o reinscribe esta red de silencios y jerarqu&iacute;as en el texto escrito?</p>     <p> Como parte de las consecuencias de la violencia pol&iacute;tica durante el periodo a cargo de la Comisi&oacute;n, la audiencia se concentr&oacute; en la experiencia casi irreconocible de las comunidades ind&iacute;genas y campesinas que sufrieron el conflicto. Puesto que el epicentro de la guerra entre el Estado y los grupos guerrilleros se localiz&oacute; principalmente en las monta&ntilde;as, la audiencia p&uacute;blica, hasta cierto punto, tuvo la capacidad de fracturar, al menos temporalmente, esa sensaci&oacute;n de insuperable distancia f&iacute;sica, emocional y cognitiva que exist&iacute;a entre la guerra, un lugar tanto geogr&aacute;fico como existencial, y otros sectores de la sociedad. Tal distancia cognitiva que concibe la guerra como un problema de all&aacute;, replic&oacute; las ya cl&aacute;sicas dicotom&iacute;as alrededor de centros organizados y periferias violentas (Bauman, 1993: 145). Fue precisamente la  <i>liminalidad </i>de la persona desplazada, como se ha documentado sobre Colombia, hablando de un lugar caracterizado por la ambig&uuml;edad de su estatus en tanto desplazada, ni de aqu&iacute;  -el tugurio urbano- ni de all&aacute; -la selva o la monta&ntilde;a-, lo que me permiti&oacute; entrever los distintos registros de sentido que constituyeron su testimonio verbal (Castillejo, 2006c).    <p> Un d&iacute;a antes de la audiencia, la Comisi&oacute;n, junto con unas pocas organizaciones de desplazados, organiz&oacute; una jornada cultural en el Centro C&iacute;vico de Lima. Su prop&oacute;sito fue sensibilizar e informar al p&uacute;blico en general sobre el problema del desplazamiento en Per&uacute;  -un tema que hab&iacute;a pasado casi completamente desapercibido durante todo el conflicto- y la necesidad de enfrentar el impacto social de tal fen&oacute;meno. Fue b&aacute;sicamente una expresi&oacute;n y una puesta en escena, por as&iacute; decirlo, de identidades culturales, a trav&eacute;s de presentaciones art&iacute;sticas como danzas, teatro callejero y m&uacute;sica. Una representaci&oacute;n de la cultura en su sentido m&aacute;s tradicional. Una serie de elocuentes discursos de parte de los representantes de estas comunidades tambi&eacute;n fueron incluidos en el programa general del d&iacute;a. La mayor&iacute;a de los oradores, campesinos e ind&iacute;genas de la regi&oacute;n andina  -de la sierra-, destacaron las muchas dificultades que tuvieron que soportar durante el proceso de expulsi&oacute;n<sup><a name="s4" href="#4">4</a></sup>.</p> A pesar de la diferencia en las experiencias personales y colectivas en el proceso de desplazamiento  -abrumadoramente sentidas como un momento de ruptura con los territorios ancestrales y una fractura de las relaciones sociales-, el acto fue, a mi modo de ver, una declaraci&oacute;n pol&iacute;tica en dos registros diferentes: por una parte, evidenci&oacute; la existencia de una categor&iacute;a muy espec&iacute;fica de personas, los peruanos desplazados, que se hab&iacute;an convertido en una de las consecuencias invisibles de la guerra. Por otra parte, expres&oacute; reclamos pol&iacute;ticos que sutilmente se refirieron a anteriores formas de exclusi&oacute;n, al hablar de la guerra y la violencia en registros distintos a los definidos por el derecho internacional humanitario.    ]]></body>
<body><![CDATA[<p> En primer lugar, en las notas de campo y en las entrevistas que realic&eacute; durante este evento particular, la principal solicitud de los desplazados fue la del reconocimiento y la aceptaci&oacute;n, no s&oacute;lo institucional, por parte del poder gubernamental, y que se expresar&iacute;a al promulgar leyes que pudieran favorecer su vida diaria, sino tambi&eacute;n existencial, por parte de la sociedad en general, la cual parece ser indiferente a su sufrimiento. Este reclamo, esta necesidad de ser reconocido como un &quot;otro&quot; leg&iacute;timo dentro de las fronteras de un espacio social particular, estuvo usualmente articulado a trav&eacute;s de un lenguaje que interconectaba la experiencia colectiva y la personal: &quot;. por favor, no olviden que nosotros existimos, que tambi&eacute;n somos seres humanos y merecemos un sitio para vivir&quot;, dec&iacute;a una l&iacute;der comunal a la concurrencia. La declaraci&oacute;n, sobra decirlo, integra en formas sutiles toda una cartograf&iacute;a social y una econom&iacute;a pol&iacute;tica de la experiencia y la exclusi&oacute;n. Es, en todo caso y retrospectivamente, una articulaci&oacute;n que requerir&iacute;a indagar m&aacute;s seriamente sobre su densidad sem&aacute;ntica, sobre los intersticios de sus palabras, sobre la temporalidad y la espacialidad de este enunciado y la historia de opresi&oacute;n que se cristaliza en esa existencia. Los debates sobre subjetividad con frecuencia dejan de lado la historicidad de dicha fenomenolog&iacute;a (Castillejo, 2006a; Steiner, 2005).    <p> Este evento cultural, que yuxtapon&iacute;a im&aacute;genes de ind&iacute;genas presentando, en el sentido teatral, sus costumbres e identidades mientras los discursos de los l&iacute;deres comunitarios alud&iacute;an a esta falta de reconocimiento, eran escenificados para una audiencia general de transe&uacute;ntes. En cuanto a la gente que estaba observando este evento y que tomaba unos minutos para observar, &eacute;ste se interpret&oacute; como un acto de testificaci&oacute;n que amalgam&oacute;  -en una sola palabra, desplazado, y en formas casi irreconocibles- distintas categor&iacute;as de seres humanos: comuneros, indios, cholos, mestizos, v&iacute;ctimas, campesinos y los procesos hist&oacute;ricos a trav&eacute;s de los cuales estas categor&iacute;as han sido socialmente constituidas<sup><a name="s5" href="#5">5</a></sup>.</p>     <p> Esta amalgama de categor&iacute;as ciertamente puede ser vista como una consecuencia de la diversidad en el origen cultural y geogr&aacute;fico de las comunidades desplazadas. Cada una de ellas tiene su propia genealog&iacute;a. Sin embargo, m&aacute;s que aparentes confusiones categoriales, la noci&oacute;n de desplazamiento, puesta en escena durante este evento, articula diferentes historias de opresi&oacute;n que, en general, han permanecido al margen de la sociedad peruana, a pesar de su obviedad. Ellos, los desplazados, son percibidos y estigmatizados por las comunidades receptoras que los ven como una masa de desconocidos que personifican el peligro, la ambig&uuml;edad, el atraso y la ignorancia. Son un reservorio de &quot;lo otro&quot; y, en este sentido, parecen habitar un no-lugar. Al mismo tiempo, estas representaciones hablan del complejo proceso de la inserci&oacute;n urbana y la reubicaci&oacute;n comunal, ya que estas personas tratan de reconstruir un proyecto de vida. Esta experiencia de no tener un sitio, en el sentido metaf&oacute;rico y literal, de no ser bienvenido, es el mismo centro de sus demandas sociales. En este sentido, salvo la magnitud y algunas especificidades, no hay muchas diferencias con las poblaciones desplazadas en Colombia (Castillejo, 2000).    <p> En un registro interpretativo diferente, me parece que las demandas de reconocimiento que emanan de las declaraciones pronunciadas durante la audiencia y los eventos culturales que la precedieron tambi&eacute;n articulaban una clase particular de voz que combinaba, quiz&aacute;s de forma m&aacute;s clara, el presente y el pasado, las ansiedades actuales y las expectativas hacia el futuro. Este evento, en un pa&iacute;s donde el quechua es tambi&eacute;n un idioma oficial  -aunque el espa&ntilde;ol sea el idioma de la burocracia gubernamental-, la frase &quot;nosotros existimos&quot;  -pronunciada en quechua y repetida en espa&ntilde;ol- ciertamente expresa, como se ha planteado, la realidad de las poblaciones desplazadas y su situaci&oacute;n actual, pero tambi&eacute;n tiene, a mi modo de ver, un peso hist&oacute;rico de mayor profundidad. Fue la violencia  -en un sentido muy espec&iacute;fico y durante un periodo particular, entre 1980 y 2000- la que le permiti&oacute; a la Comisi&oacute;n la posibilidad de existir. Es decir, su nacimiento institucional est&aacute;, tristemente, unido a la destituci&oacute;n de otros seres humanos. Sin embargo, esta violencia originaria, que define las posibilidades de lectura del pasado, rebasa este periodo, dado que otras violencias, por decirlo as&iacute;, y otros desplazamientos han sido parte de ese pasado y han definido el presente.</p>     <p> Fue precisamente en los sutiles detalles de aquellos discursos que esta necesidad de reconocimiento adquiri&oacute; un tono m&aacute;s complejo y, yo sugerir&iacute;a, una temporalidad distinta. &quot;Nosotros existimos&quot; hablaba de un pasado muy distante, anterior a 1980, en el idioma del presente  -la verdad, la justicia, la reconciliaci&oacute;n y el desplazamiento forzado-, refiri&eacute;ndose a la vez al mismo presente. La noci&oacute;n de voz se volvi&oacute; entonces m&aacute;s dif&iacute;cil de comprender, menos autoevidente. Su significado iba m&aacute;s all&aacute; de la simple afirmaci&oacute;n, m&aacute;s all&aacute; de la narraci&oacute;n, m&aacute;s all&aacute; de la declaraci&oacute;n, rebasando los l&iacute;mites de las categor&iacute;as legales que de alguna forma las enmarcaba en un  <i>topos </i>espec&iacute;fico de enunciaci&oacute;n. Fue la convergencia de estos ejes, mutuamente constituyentes, personales y colectivos, anclados en una multitud de temporalidades  -en el pasado colonial, en los a&ntilde;os de guerra o en el hecho de que Am&eacute;rica es un continente de indios desplazados, y en Per&uacute;, de muertos-, la que permiti&oacute; vislumbrar la profundidad hist&oacute;rica de la palabra.     <p> Pero esta posible profundidad hist&oacute;rica, aunque en este texto por razones de espacio no sea m&aacute;s que una invitaci&oacute;n a pensarla, se ve desvirtuada a trav&eacute;s de la exclusi&oacute;n normalizada, de la invisibilidad, en el sentido m&aacute;s cotidiano. Recuerdo cuando les hablaba a los transe&uacute;ntes acerca de las reuniones organizadas por la Comisi&oacute;n de la Verdad con ocasi&oacute;n de la audiencia p&uacute;blica: &quot;Esos indios quej&aacute;ndose de nuevo. Si ellos se sienten tan aislados en las monta&ntilde;as o en la selva, es porque ellos se aferran a sus costumbres tradicionales&quot;, replicaba el ciudadano malhumorado. Esta persona particular fue un buen ejemplo de alguien incapaz de escuchar, culturalmente sordo y parcialmente ciego. S&oacute;lo que, en este caso, el punto ciego era un ser humano y su historia. Su respuesta expresa otra iron&iacute;a, adem&aacute;s de culpar al ind&iacute;gena y al empobrecido campesino, y es la de ser partidario de su propia miseria y desolaci&oacute;n.    <p> Quisiera dejar algunas cosas claras. Una, existe una complejidad inherente al ejercicio de escuchar que plantea la dificultad de asir la densidad sem&aacute;ntica e hist&oacute;rica de una frase. El problema no es darle una voz al otro, como reza el argumento neocolonialista, sino recalibrar la capacidad propia de escuchar con profundidad hist&oacute;rica. Adicionalmente, o&iacute;r o escuchar est&aacute; determinado por el contexto de enunciaci&oacute;n que le impone unos l&iacute;mites a ese escuchar e incluso a ese decir. Cuando una comisi&oacute;n realiza estad&iacute;sticas de violaciones de derechos humanos, guiada por el horizonte de una transici&oacute;n, la verdad y la reconciliaci&oacute;n producen un abismo epistemol&oacute;gico, una incapacidad que imposibilita leer m&aacute;s all&aacute; de los l&iacute;mites impuestos por la definici&oacute;n. La violencia enunciada y definida dentro del recinto es diferente, aunque consubstancial, con la que se enunciaba fuera de &eacute;l: entre estas dos hay varios abismos, varias formas de ininteligibilidad, varias traducciones. La experiencia de la persona es traducida a otro lenguaje, por as&iacute; decirlo, en donde esa profundidad se diluye en el presente. Pero para ver este fen&oacute;meno, que requiere de un mayor entramado, quisiera recorrer muy brevemente los corredores del r&eacute;gimen del  <i>apartheid </i>en Sud&aacute;frica, particularmente en lo que respecta al tema del desplazamiento.</p>     <p> <b>Consignaci&oacute;n, legibilidad y desaparici&oacute;n</b></p> En esta parte del texto quisiera proponer, en una misma clave que relaciona la palabra y su ausencia, una serie de meditaciones sobre el tema del desplazamiento forzado, la violencia pol&iacute;tica y la noci&oacute;n de reparaci&oacute;n. Esto lo hago con un doble inter&eacute;s: por una parte, en el contexto de la actual coyuntura nacional, en donde se ha instaurado una comisi&oacute;n encargada de investigar un aspecto del pasado de este pa&iacute;s, mi objetivo es pensar la naturaleza del archivo y de los silencios que se estructuran a trav&eacute;s de este proceso. En este sentido, &eacute;sta es una invitaci&oacute;n a detenerse y meditar por el tipo de pasado que se articula y desarticula institucionalmente. Una labor que por supuesto deber&iacute;a ser parte del quehacer de la historia acad&eacute;mica. Por otro lado, derivado de lo anterior, me interesa reflexionar sobre la idea de reparaci&oacute;n en la medida en que &eacute;sta se conecta con el tema del desplazamiento y el problema de la reconstrucci&oacute;n hist&oacute;rica y la experiencia de la violencia. Este ejercicio, que no pretende ni agotar estos temas ni ser exhaustivo en su planteamiento, hay que leerlo como un alto en el camino ya que  	<i>el </i>futuro habita en el lenguaje del pasado.    <p> Quiero realizar esto mediante la discusi&oacute;n de lo que es o podr&iacute;a ser un archivo y lo que el proceso de archivar implicar&iacute;a, es decir, localizar y nombrar el pasado, adem&aacute;s de permitir pensar las condiciones de posibilidad o imposibilidad de un futuro, en el momento mismo de esta enunciaci&oacute;n. Sobre esta base, primero quiero mirar las relaciones entre la ley, la violencia y la v&iacute;ctima en el contexto sudafricano de la Comisi&oacute;n de la Verdad, un contexto que tuve la oportunidad de conocer de cerca. Aqu&iacute; lo que quiero mostrar es que, incluso en un caso que se ha convertido en ejemplo ic&oacute;nico de justicia de transici&oacute;n, el gran ausente en las discusiones sobre reparaciones es el desplazamiento interno forzado.</p>     <p> <b>Nombrar la violencia</b></p> En un texto titulado <i>Los archivos del dolor: ensayos sobre la violencia y el recuerdo en la Sud&aacute;frica contempor&aacute;nea,  </i>he intentado entender la manera como la memoria colectiva -llam&eacute;mosla as&iacute; provisionalmente- es un artefacto cultural, cuya configuraci&oacute;n espec&iacute;fica est&aacute; determinada por una serie de condiciones hist&oacute;ricas espec&iacute;ficas de producci&oacute;n. Es decir, lo que llamamos el pasado, o lo que identificamos como tal, no necesariamente es lo mismo a lo largo de la historia de un pa&iacute;s o de un grupo social espec&iacute;fico. Aquello, a estas alturas, resulta una autoevidencia. Sin embargo, lo que no resulta tan obvio es que el contenido de ese pasado est&aacute; en relaci&oacute;n directa con las maneras en que se articula en el lenguaje y se inscribe dentro de una matriz discursiva. Debates alrededor del pasado versan tambi&eacute;n sobre la manera de nombrarlo (Amadiume y An-Na&#39;im, 2000; Trouillot, 1995; Werbner, 1998).    ]]></body>
<body><![CDATA[<p> En el seno de esta cuesti&oacute;n, se encuentra el problema de c&oacute;mo asirlo, o recordarlo, para utilizar una palabra m&aacute;s familiar. Quiero distanciarme por el momento de la idea de memoria, que es el t&eacute;rmino gen&eacute;rico con el que se discute este tipo de asuntos, y hablar de este asir, o mejor de este aprehender, como un proceso mediante el cual el pasado es archivado. Con &quot;archivo&quot; no hago referencia exclusiva al lugar o al depositario, sobre el que resta parte del poder del Estado, o al archivador, quien administra su acceso ritualizado y en quien se deposita su cuidado. No hago referencia al espacio donde se almacenan los documentos, que con frecuencia son escritos, que fungen como fuentes naturales y neutrales del pasado, esperando la ex&eacute;gesis del especialista. Detr&aacute;s de este &quot;archivo&quot; existe una voluntad de consignar y organizar. Esta voluntad hace del archivo un artefacto, un producto de lo pol&iacute;tico. La propuesta es, en este sentido, pensar el archivo en el momento en que se nombra el pasado, es m&aacute;s, pensar ese nombrar como archivo mismo. Esta idea emparentar&iacute;a el testimonio, el silencio, las comisiones de la verdad y la historia acad&eacute;mica.    <p> Sali&eacute;ndome por el momento de esta idea de archivo como depositario, perm&iacute;tanme entonces aventurar una definici&oacute;n de este archivar para as&iacute; clarificar esta idea. Archivar nos habla de una serie de operaciones conceptuales y pol&iacute;ticas por medio de las cuales se autoriza, se domicializa  -en coordenadas espaciales y temporales-, se consigna, se codifica, y se nombra el pasado en tanto tal. Este ejercicio es esencialmente an&aacute;logo al ejercicio de producir un mapa.</p>     <p> Con esta definici&oacute;n, mi inter&eacute;s no se centra &uacute;nicamente en el contenido de aquello que se recuerda o se silencia, sino en el proceso social y pol&iacute;tico a trav&eacute;s del cual se recuerda lo que se recuerda y se olvida lo que se olvida; es decir, las condiciones que posibilitan identificar un cierto lugar  -en el tiempo y en el espacio, tanto discursivo como geogr&aacute;fico- como &quot;archivo&quot;, como  <i>arkh&eacute;, </i>seg&uacute;n su etimolog&iacute;a griega, como origen, como principio, como autoridad.</p> En otras palabras, para identificar y autorizar el pasado como pasado es necesaria una matriz interpretativa, una serie de conceptos y presupuestos que permitan aprehender una inmensa variedad de experiencias y articularlas en un  <i>corpus. </i>En este sentido, la mirada siempre es una mirada interesada. Es a esta articulaci&oacute;n, a este mapa conceptual, al que hago referencia con el t&eacute;rmino operaci&oacute;n conceptual. Este mapa enmarca nuestra mirada sobre el pasado, influyendo en su concepci&oacute;n, defini&eacute;ndolo, haci&eacute;ndolo posible dentro de un horizonte de posibilidades. Esta matriz est&aacute;, por supuesto, en una tensi&oacute;n permanente con lo pol&iacute;tico, en sentido amplio, y con las diferentes formas como circula el poder en una sociedad. Se ha dicho con frecuencia que la historia es la historia del vencedor. Hablar de memoria implica pues hablar de formas sociales de administraci&oacute;n del pasado. Y en esto hay una calibraci&oacute;n de esta mirada sobre &eacute;l, de donde surgen diferentes clases de documentos, de narrativas e historias al igual que otro tipo de artefactos.    <p> Archivar implica pues nombrar ese pasado, codificarlo por medio de una serie de conceptos y reg&iacute;menes de clasificaci&oacute;n, y unificarlo en un  <i>corpus </i>interpretativo. En este sentido, nuestra relaci&oacute;n con el pasado es an&aacute;loga a la relaci&oacute;n que el mapa tiene con el territorio. As&iacute;, cuando hablamos de violencia, el t&eacute;rmino &quot;reparaci&oacute;n&quot; implica hablar de un mapa conceptual que ilumina tanto como oscurece. En otras palabras, hablar de &quot;reparaci&oacute;n&quot; implica nombrar, codificar y consignar la violencia de una manera muy particular.</p> Algunas sociedades pasan por procesos pol&iacute;ticos a trav&eacute;s de los cuales emerge una necesidad de enfrentar la atrocidad. Una forma de hacerlo es organizando comisiones de investigaci&oacute;n, con frecuencia llamadas comisiones de la verdad, que son instauradas mediante el mandato de la ley y la autoridad: leyes de reconciliaci&oacute;n nacional, o de unidad nacional, o de justicia y paz. Estas leyes permiten la producci&oacute;n de un conocimiento sobre lo traum&aacute;tico, sobre lo hist&oacute;rico y, en este sentido, se constituyen como matriz conceptual que dinamiza la discusi&oacute;n social sobre el conflicto, sobre la guerra y sobre la posibilidad de la restauraci&oacute;n de la verdad, de la humanidad, y del futuro. Estas leyes son el archivo mismo. Perm&iacute;tanme hablar de las relaciones entre el archivo, la ley y la reparaci&oacute;n, usando como base la experiencia sudafricana.    <p> <b>Sud&aacute;frica, la Ley y la v&iacute;ctima</b></p>     <p> En el prefacio a la Ley de Unidad Nacional y Reconciliaci&oacute;n de 1995 -la reglamentaci&oacute;n que dio origen a la Comisi&oacute;n Sudafricana para la Verdad y la Reconciliaci&oacute;n-, la centralidad de la clarificaci&oacute;n factual fue establecida claramente desde el comienzo. Uno de los objetivos de la Comisi&oacute;n era, y lo cito extensamente:</p> <ul>Permitir la investigaci&oacute;n y el establecimiento de una imagen lo m&aacute;s completa posible de la naturaleza, causas y extensi&oacute;n de graves violaciones a los derechos humanos cometidos durante el periodo de marzo de 1960 y mayo de 1994, dentro o fuera de la Rep&uacute;blica, que emana de los conflictos del pasado, al igual que el destino y ubicaci&oacute;n de las v&iacute;ctimas de dichas violaciones. Es necesario para establecer la verdad en conexi&oacute;n con eventos pasados  	-develar- los motivos y las circunstancias en las cuales estas graves violaciones a los derechos humanos han ocurrido.    </ul>    <p> La Comisi&oacute;n estableci&oacute; una serie de mecanismos que permiten dilucidar dicha imagen del pasado del pa&iacute;s bajo el r&eacute;gimen del  <i>apartheid. </i>Por una parte, un proceso de investigaci&oacute;n y corroboraci&oacute;n -suscitado por los testimonios de las v&iacute;ctimas y realizado por la unidad de investigaci&oacute;n- que colaboraba en localizar y &quot;mapear&quot; ciertos incidentes dentro de unas coordenadas generales de violaciones de derechos humanos definidos por el mandato de la Comisi&oacute;n. Este mandato no s&oacute;lo identific&oacute; actos espec&iacute;ficos como violaciones  -basados en un sentido espec&iacute;fico del t&eacute;rmino &quot;violencia&quot;-, sino que tambi&eacute;n restringi&oacute; y defini&oacute; el horizonte de la investigaci&oacute;n al desconectarla de una serie de relaciones de causalidad que hubieran podido explicar, por ejemplo, las interrelaciones hist&oacute;ricas entre el  <i>apartheid </i>y el uso que el r&eacute;gimen hizo de otras formas de violencia.</p> Segundo, una gran cantidad de informaci&oacute;n provino de perpetradores de graves violaciones a los derechos humanos que aplicaron para amnist&iacute;a. Esta informaci&oacute;n fue recolectada a trav&eacute;s de declaraciones juramentadas, audiencias p&uacute;blicas y entrevistas a puerta cerrada. La conexi&oacute;n entre estos dos mecanismos produjo lo que se denomin&oacute; en el  <i>Informe final </i>los &quot;hallazgos de la Comisi&oacute;n&quot;, es decir, un conocimiento destilado a partir de un proceso social de investigaci&oacute;n y realizado dentro de ciertos par&aacute;metros conceptuales. En este sentido, por ejemplo, la Ley nos habla de una verdad factual o forense que se debe establecer dentro de los confines espaciotemporales del mandato y que concentra sus esfuerzos en dar raz&oacute;n de cierta clase de actos, tipificados como graves violaciones a los derechos humanos. Estas violaciones son definidas por la Ley, por un lado, como el &quot;asesinato, abducci&oacute;n, tortura o maltrato severo a cualquier persona&quot; o &quot;cualquier intento, conspiraci&oacute;n, instigaci&oacute;n u orden de cometer actos referidos en el p&aacute;rrafo anterior&quot;, por otro. Para que estas acciones fueran clasificadas como graves violaciones, ten&iacute;an que ser realizadas en el contexto de los conflictos del pasado y estar asociados a un objetivo pol&iacute;tico. De entrada, la Comisi&oacute;n cualificaba y orientaba la b&uacute;squeda.    <p> Este proceso de recolecci&oacute;n, que oscilaba entre lo f&aacute;ctico-jur&iacute;dico y lo testimonial, cre&oacute; un saber especializado y legitimado socialmente: una cartograf&iacute;a del pasado que se realizaba sobre la base de unos conceptos transversales y unos presupuestos que estructuraban las ideas de &quot;agenciamiento&quot; hist&oacute;rico, violencia, dislocaci&oacute;n social, y las presentaba en formas particulares a trav&eacute;s de tablas estad&iacute;sticas de violaciones segmentadas por regiones, ciudades, agrupaciones militares y patrones de violaci&oacute;n.</p>     <p> Estos dos mecanismos, que se basaban en dos conceptos de lo que constituyen las &quot;fuentes&quot;, en un sentido epistemol&oacute;gico, fueron el fundamento que permiti&oacute; no s&oacute;lo el prospecto de la restauraci&oacute;n de la verdad, sino la producci&oacute;n de un conocimiento sobre el pasado y la viabilidad de articular el lenguaje de la reparaci&oacute;n.</p> Ciertamente, uno de los problemas del proceso de toma de testimonios fue el hecho de que la definici&oacute;n del acto era tan restrictiva que no pod&iacute;a tomar en consideraci&oacute;n la red de efectos de la segregaci&oacute;n en el mundo de la vida en la familia o la comunidad.    ]]></body>
<body><![CDATA[<p> Durante el tiempo de funcionamiento de la Comisi&oacute;n, entre 1996 y 1997 fundamentalmente, una serie de cambios en los protocolos de recolecci&oacute;n de testimonios, producto de un debate interno sobre la definici&oacute;n de verdad, depuraron el relato de sus dimensiones narrativas para convertirlo en una relaci&oacute;n de fechas y eventos descritos y organizados seg&uacute;n la tipolog&iacute;a establecida por la Ley de Unidad Nacional. La informaci&oacute;n recibida por este medio en las oficinas locales de la Comisi&oacute;n era traducida, a trav&eacute;s del Sistema Nacional de Informaci&oacute;n, en estad&iacute;sticas de graves violaciones a los derechos humanos y patrones de abuso que permit&iacute;an llegar a una serie de hallazgos y conclusiones generales. Comparaciones entre oficinas regionales inevitablemente llevar&iacute;an a generalizaciones nacionales sobre el fen&oacute;meno en cuesti&oacute;n durante el mandato espaciotemporal. El producto de este proceso es el  <i>Informe final.</i>    <p> Este procedimiento redujo la historia sudafricana de los &uacute;ltimos cuarenta a&ntilde;os a una relaci&oacute;n de patrones de abusos de derechos humanos en donde se situaban v&iacute;ctimas, en el sentido definido por la Ley, y se localizaba la culpabilidad en perpetradores de dichas violaciones. Cuestiones relacionadas con la historicidad del  	<i>apartheid </i>como una experiencia compleja que act&uacute;a sobre el ser humano en m&uacute;ltiples registros subjetivos no hicieron parte, por razones epistemol&oacute;gicas, del  	<i>Reporte final. </i>La Comisi&oacute;n no investig&oacute; la violencia inherente al refuerzo permanente y diario de las leyes de segregaci&oacute;n raciales establecidas desde la d&eacute;cada del cincuenta. Tampoco indag&oacute; sobre las condiciones objetivas para la producci&oacute;n de la experiencia y la subjetividad como una manera de aprehender la naturaleza sistem&aacute;tica del  	<i>apartheid, </i>como un sistema legalista de segregaci&oacute;n racial a trav&eacute;s del cual se cristalizaba la explotaci&oacute;n econ&oacute;mica, la dominaci&oacute;n pol&iacute;tica, las causas centrales que llevaron a muchos africanos negros a enfrentar militarmente el r&eacute;gimen neocolonial.    <p> As&iacute; mismo, la perspectiva del mandato constitucional de la Comisi&oacute;n dif&iacute;cilmente permiti&oacute; un examen detenido de los fen&oacute;menos de violencia pol&iacute;tica y sus efectos m&aacute;s all&aacute; de las definiciones limitadas de la Ley de Unidad Nacional, violencias que eran consubstanciales con los pilares te&oacute;ricos del sistema racista, como la idea de desarrollo separado. La indagaci&oacute;n dej&oacute; por fuera la distribuci&oacute;n social del dolor y del sufrimiento colectivo, a trav&eacute;s de la dislocaci&oacute;n social, el desplazamiento forzado, la apropiaci&oacute;n de la tierra y la riqueza y, en general, la experiencia de un sistema avasallador que buscaba, para mantener los privilegios de algunos pocos, regular incluso las dimensiones m&aacute;s &iacute;ntimas del ser humano. Las experiencias de un sistema injusto, cuya violencia no se centraba en la espectacularidad de la muerte masiva sino en el rastro invisible que el poder inscribe, no fueron, te&oacute;ricamente hablando, parte del conocimiento y la historia producida por la Comisi&oacute;n.</p>     <p> Entre 1950 y 1960, como parte del proyecto de ingenier&iacute;a social concebido por los te&oacute;ricos de la segregaci&oacute;n total, el gobierno nacionalista hacin&oacute; el ochenta por ciento de la poblaci&oacute;n en el diez por ciento del territorio nacional, a trav&eacute;s de un programa masivo de desplazamientos forzados. Las consecuencias se sienten a&uacute;n hoy, generaciones despu&eacute;s, en los barrios polvorientos y miserables, y las localidades segregadas que fueron asignadas para albergar africanos. En total estamos hablando de millones de personas cuyas vidas fueron irreversiblemente fracturadas. Estas experiencias de violencia no hicieron parte del conteo estad&iacute;stico de violaciones, ni se convirtieron en v&iacute;ctimas oficiales de este proceso investigativo. El reconocido polit&oacute;logo ugand&eacute;s Mahmood Mamdani lo plantea de la siguiente forma:</p> <ul>La injusticia ya no es la injusticia del  <i>apartheid: </i>desplazamientos forzados, leyes de flujo, familias partidas. Por el contrario, la definici&oacute;n de injusticia ha sido limitada a los abusos dentro del marco legal del  	<i>apartheid: </i>detenci&oacute;n, tortura, y asesinato. Las v&iacute;ctimas del <i>apartheid  	</i>ahora est&aacute;n estrechamente definidas como aquellos militantes victimizados en su lucha contra el  	<i>apartheid, </i>y no aquellos cuyas vidas fueron mutiladas en la red de regulaciones que era el  	<i>apartheid. </i>Llegamos a un mundo en el cual las reparaciones son para los militantes, aquellos que sufrieron la c&aacute;rcel o el exilio, pero no para esos que sufrieron los trabajos forzados y los hogares destruidos (1997: 23).    </ul>    <p> Esta depuraci&oacute;n de la experiencia colectiva, en detrimento de una historia m&aacute;s integral de proceso sudafricano, este amaestrar lo sist&eacute;mico en el momento mismo de su enunciaci&oacute;n y apropiaci&oacute;n en el lenguaje jur&iacute;dico-legal durante el proceso de recolecci&oacute;n testimonial y su an&aacute;lisis subsiguiente, finalmente se cristaliz&oacute; en la narrativa hist&oacute;rico teleol&oacute;gica del  <i>Informe final. </i>El informe es un relato unilineal que describe, en t&eacute;rminos de muertos y torturados, el tr&aacute;nsito de la oscuridad y la inmoralidad del pasado a la luz del porvenir. La prerrogativa t&eacute;cnica y pol&iacute;tica que requer&iacute;a el descubrimiento de patrones generales de abusos nunca puso seriamente bajo la lupa el fen&oacute;meno llamado  <i>apartheid, </i>el centro mismo y la causa de la confrontaci&oacute;n pol&iacute;tica por m&aacute;s de cuatro d&eacute;cadas. Esto llev&oacute; a que la culpabilidad penal cayera sobre perpetradores espec&iacute;ficos por haber cometido cr&iacute;menes motivados pol&iacute;ticamente, dispersando la responsabilidad pol&iacute;tica que tendr&iacute;a la parte de la sociedad que se privilegi&oacute; del sistema. El  <i>Informe </i>describe un proceso de violencia, lo cuantifica, pero no da raz&oacute;n ni explicaci&oacute;n de &eacute;l. La historia oficial, a la que el estudiante de colegio vuelve para leer su pasado, es una historia con unos enormes silencios. A trav&eacute;s de la Comisi&oacute;n, podemos entender lo que el  <i>apartheid </i>hizo en casos espec&iacute;ficos, pero no lo que en el fondo era.</p>     <p> Producto de la investigaci&oacute;n llevada a cabo por la Comisi&oacute;n Sudafricana para la Verdad y la Reconciliaci&oacute;n emerge la siguiente cifra: veintid&oacute;s mil v&iacute;ctimas de graves violaciones a los derechos humanos; es decir, veintid&oacute;s mil personas que directa o indirectamente fueron maltratadas, torturadas o asesinadas por los conflictos pol&iacute;ticos del pasado. &Eacute;stas ser&iacute;an las personas que a partir de 2005 recibir&iacute;an de parte del gobierno central las reparaciones.</p> Las discusiones sobre el problema de las reparaciones en Sud&aacute;frica han tenido dos registros complementarios. Por un lado, en el contexto de quienes de manera oficial tienen derecho a ellas por haber sido clasificadas como v&iacute;ctimas, las reparaciones han sido o bien materiales o bien simb&oacute;licas. Sobre las primeras no hay mucho que decir, salvo que el gobierno  -de las arcas estatales- ya reparti&oacute; el equivalente a cuatro mil d&oacute;lares a cada v&iacute;ctima o beneficiario. Las segundas hacen referencia a monumentos, memoriales y toda una serie de rituales  -desde los entierros simb&oacute;licos hasta el cambio de nombres a las calles- que permiten a familiares y comunidades v&iacute;ctimas del r&eacute;gimen elaborar un duelo, restituir un sentido de lo humano, dignificar la vida y honrar a aquellos que murieron durante el proceso de liberaci&oacute;n.    <p> Por supuesto, esto fue posible para quienes fueron clasificados como v&iacute;ctimas por la Comisi&oacute;n. En este sentido, si el tejido urbano es tambi&eacute;n el tejido del recuerdo, las ciudades sudafricanas est&aacute;n talladas con los rastros de los cr&iacute;menes que la misma Comisi&oacute;n index&oacute; como provistos de centralidad hist&oacute;rica: los Siete de Gugulethu, el Alzamiento de Soweto, la Masacre de Shapeville, entre muchos otros eventos. Por supuesto, hay en esta cartograf&iacute;a urbana a&uacute;n incontables silencios. Pero lo que me interesa de las reparaciones no son las pol&iacute;ticas oficiales que, inmersas en el evangelio transnacional de la reconciliaci&oacute;n y el perd&oacute;n, circulan globalmente. De hecho, en el contexto de esta circulaci&oacute;n, el discurso p&uacute;blico sobre el tema separa verdad, justicia y reparaci&oacute;n.</p>     <p> Sin embargo, lo que m&aacute;s me llama la atenci&oacute;n, en un segundo registro, son las reparaciones de aquellos quienes no tuvieron derecho a recibirlas. Estamos hablando de m&aacute;s de dos millones de personas que fueron trasladadas forzosamente y sectorizadas en virtud de su color de piel. Como se ha mencionado, esta poblaci&oacute;n no hace parte del conteo oficial. Este hecho ha tenido dos efectos fundamentales en cuanto al tema de la reparaci&oacute;n. Por un lado, ha obligado al gobierno a emprender procesos de reparaci&oacute;n colectiva que esencialmente se reducen al mejoramiento de la infraestructura en las localidades segregadas. Por ejemplo, en los &uacute;ltimos a&ntilde;os de la d&eacute;cada de los noventa, m&aacute;s de cuatro millones de llaves de agua potable, al igual que tendidos de redes el&eacute;ctricas y de alcantarillado fueron instalados en estas localidades. Por un tiempo, esto fue le&iacute;do como parte del proceso global de reparaci&oacute;n. Infortunadamente, la din&aacute;mica de la econom&iacute;a sudafricana, cuyo proceso de liberaci&oacute;n econ&oacute;mica ha producido m&aacute;s pobres de los que hab&iacute;a, pone en tela de juicio esta noci&oacute;n de la reparaci&oacute;n colectiva, una reparaci&oacute;n que no desestructur&oacute; las relaciones de poder econ&oacute;mico que han existido desde el periodo colonial y que a&uacute;n hoy d&iacute;a definen la vida de muchos. La transici&oacute;n pol&iacute;tica y una concepci&oacute;n particular de reparaci&oacute;n dejaron ese poder intacto.</p> Una manera de ver este problema es el relativo al desplazamiento forzado en Sud&aacute;frica. Si el concepto de violencia, centrado en el maltrato puramente corporal, no permite ver la dimensi&oacute;n sist&eacute;mica de la guerra, aquella que es tambi&eacute;n producto de la expropiaci&oacute;n forzada, quiere decir que la Comisi&oacute;n no pudo ver en el desplazamiento end&eacute;mico como una consecuencia de la violencia, de lo contrario los afectados tambi&eacute;n hubiesen sido clasificados como &quot;v&iacute;ctimas&quot;. Para la Comisi&oacute;n, el desplazado no es una v&iacute;ctima en el sentido oficial. Esto tuvo como efecto, adem&aacute;s de producir una jerarqu&iacute;a moral alrededor de la guerra y hasta un privilegio en el mundo de la pobreza, haber sacado de la discusi&oacute;n p&uacute;blica el complejo problema de la restituci&oacute;n de la tierra y la manera como en Sud&aacute;frica se forj&oacute; un conflicto acerca del tema. En otras palabras, dada la definici&oacute;n de violencia, y de lo que &eacute;sta exclu&iacute;a, la Comisi&oacute;n dej&oacute; intacto el fundamento mismo del  	<i>apartheid.</i>    <p> Para muchos ciudadanos, reparar la sociedad implicaba, precisamente, socavar el fundamento de esta apropiaci&oacute;n del territorio. De este universo de despose&iacute;dos end&eacute;micos e hist&oacute;ricos, por supuesto, nace todo el movimiento de los &quot;sin tierra&quot; y todas las iniciativas de restituci&oacute;n violenta que se han dado en el pa&iacute;s en los &uacute;ltimos a&ntilde;os: masas de pobres que quieren reapropiarse de lo propio, incluso si eso implica liquidar los propietarios y herederos del sistema colonial, como pasa en la regi&oacute;n de Natal.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> La Comisi&oacute;n no permiti&oacute; el debate de forma sistem&aacute;tica de todo el problema de la violencia estructural, de los privilegios de una parte de la sociedad. En su momento permiti&oacute; agilizar una serie de cambios pol&iacute;ticos, que para el contexto de segregaci&oacute;n total fueron radicales. Sin embargo, permiti&oacute; el anclaje del poder econ&oacute;mico e imposibilit&oacute; una discusi&oacute;n que permitiera cambios m&aacute;s profundos dentro de la sociedad.</p> En otras palabras, fue una forma de administrar el conflicto sin que se interviniera de forma efectiva en los or&iacute;genes de dicho conflicto. Haber excluido el desplazamiento forzado, en tanto efecto del conflicto pol&iacute;tico  -o incluso como parte de su origen-, de las discusiones sobre reparaciones -que en &uacute;ltimas son individuales- implic&oacute; excluir una de las dimensiones m&aacute;s palpables de c&oacute;mo habita el pasado en el presente; un presente que para muchas organizaciones de base est&aacute; comenzando a ser profundamente cuestionado, donde la ret&oacute;rica de la nueva naci&oacute;n, de la reconciliaci&oacute;n, el perd&oacute;n y la teleolog&iacute;a de la democracia parlamentaria comienzan a mostrar profundos clivajes. Esto ha tra&iacute;do nuevas formas de violencia y ha permitido la criminalizaci&oacute;n del reclamo por la tierra. La reparaci&oacute;n colectiva y, en particular, aquella que no es tipificada legalmente, en un sentido m&aacute;s sist&eacute;mico, podr&iacute;a ser la piedra angular que dar&iacute;a pie a temas fundamentales alrededor de los or&iacute;genes de la guerra y las responsabilidades de la sociedad.    <p> <b>El mapa, el pasado y el archivo</b></p> La legislaci&oacute;n sudafricana que dio origen a la Comisi&oacute;n de la Verdad estaba estructurada sobre la base de unos conceptos clave: &quot;graves violaciones a los derechos humanos&quot;, &quot;pasado conflictivo&quot;, &quot;conflicto pol&iacute;tico&quot;, &quot;v&iacute;ctima de graves violaciones&quot;, &quot;perpetrador de graves violaciones&quot; y &quot;reparaci&oacute;n&quot;. Es a este proceso a lo que hac&iacute;a referencia con el t&eacute;rmino &quot;codificar&quot; o &quot;clasificar&quot;. Estos conceptos determinaron la mirada de la Comisi&oacute;n sobre el periodo de mandato, el tipo de eventos que busca y tabula, y el tipo de agenciamiento hist&oacute;rico impl&iacute;cito en esta selecci&oacute;n. Es decir, nos ofrece una visi&oacute;n de la historia y, en este sentido, del futuro. De igual manera, los conceptos determinaron el lenguaje que se usar&iacute;a para nombrar ese pasado, la manera como retrospectivamente se volver&iacute;a a &eacute;l, como fuente o archivo de la historia misma. Digamos que la Comisi&oacute;n localiz&oacute; el pasado en el espacio creado por el discurso de los derechos humanos y su apego al maltrato f&iacute;sico como efecto de la violencia pol&iacute;tica. Esto ilumin&oacute; una dimensi&oacute;n de la guerra, a la vez que hizo invisibles muchas otras. La Comisi&oacute;n implic&oacute; un &quot;mapeado&quot; del pasado, defini&oacute; y restringi&oacute; las posibilidades de la reparaci&oacute;n  -haci&eacute;ndola posible a una minor&iacute;a- y sac&oacute; del debate p&uacute;blico temas centrales para el pa&iacute;s. La Ley es, en s&iacute; misma, la lupa con la que la mirada se acerca a las relaciones entre trauma e historia. En este sentido, el archivo y la posibilidad de sanar el futuro son determinados por unas condiciones hist&oacute;ricas de producci&oacute;n.    <p> Quiero terminar esta secci&oacute;n con una pregunta que me surgi&oacute; luego de una lectura desinteresada de la Ley de Justicia y Paz. &iquest;Qu&eacute; implica, para un pa&iacute;s como Colombia, unas operaciones conceptuales que producen un pasado centrado en un mapa conceptual del que han sido desterradas  -o al menos no es muy clara su presencia en la letra menuda de la Ley- las ideas de un conflicto pol&iacute;tico? &iquest;Qu&eacute; clase de causalidad hist&oacute;rica emerge de esta din&aacute;mica? Unas operaciones conceptuales que cartograf&iacute;an el pasado  -y el presente- como un enfrentamiento entre grupos armados &quot;al margen de la ley&quot; y con una definici&oacute;n de v&iacute;ctima y de violencia tan amplia y a veces tan despolitizada que navega casi en la indefinici&oacute;n. &iquest;Qu&eacute; concepciones del da&ntilde;o, de la responsabilidad y, por tanto, de la reparaci&oacute;n pueden emerger de un modelo as&iacute;? Despolitizar la guerra implicar&iacute;a decir que el desplazamiento forzado es el efecto de agrupaciones ilegales en disputa  -en este punto, &quot;maras&quot;, pandillas, bloques o frentes resultan categor&iacute;as casi indiferenciables-. &iquest;Qu&eacute; clase de archivo se produce y legitima en el momento de su recolecci&oacute;n y qu&eacute; clase de silencios se est&aacute;n labrando? A mi modo de ver, aqu&iacute; no s&oacute;lo hay que restaurar un da&ntilde;o, sino el pasado, el presente y especialmente el futuro. La estructura de la Comisi&oacute;n, las formas de recolecci&oacute;n de informaci&oacute;n, las maneras como defin&iacute;a la violencia determinaron las condiciones para la presencia o la ausencia de la palabra, del testimonio como artefacto pol&iacute;tico, convirti&eacute;ndolo, en esta reducci&oacute;n, en parte de un proyecto pol&iacute;tico.</p>     <p> <b>Ep&iacute;logo: Colombia y el fetichismo de la palabra</b></p> El 23 y 24 de diciembre de 2005, la Universidad Sergio Arboleda en Bogot&aacute;, respaldada por la Universidad de San Pablo en Espa&ntilde;a, organiz&oacute; el Segundo Congreso Internacional sobre V&iacute;ctimas del Terrorismo. El primero hab&iacute;a sido celebrado en Espa&ntilde;a, en la citada universidad, y hab&iacute;a dado como producto la llamada &quot;Declaraci&oacute;n de Madrid&quot;. Muchas cosas podr&iacute;an decirse sobre un evento de esta envergadura, al que asistieron cientos de personas y varias decenas de conferencistas. Por un lado, la conferencia cont&oacute; con el apoyo de grandes conglomerados medi&aacute;ticos de radio, televisi&oacute;n y prensa, del Partido Conservador de Colombia, al igual que de empresas privadas. La bandera del evento, colgada en las  &aacute;reas laterales del prestigioso Sal&oacute;n Rojo del Hotel Tequendama en Bogot&aacute;, avasallaba al incauto visitante. Adicionalmente, el comit&eacute; de honor estaba conformado por figuras de la pol&iacute;tica y la Iglesia colombiana y espa&ntilde;ola: el presidente de Colombia &Aacute;lvaro Uribe, los ex mandatarios de Espa&ntilde;a Jos&eacute; Mar&iacute;a Aznar y de Colombia Alfonso L&oacute;pez Michelsen, el arzobispo de Bogot&aacute;, el presidente de la Universidad Sergio Arboleda, el presidente de la Universidad San Pablo, un miembro del consejo directivo de la Sergio Arboleda y, curiosamente, el cient&iacute;fico Manuel Elkin Patarroyo.    <p> Adem&aacute;s de la gran envergadura pol&iacute;tica y medi&aacute;tica, la propia puesta en escena del evento hablaba de su importancia. Sonido est&eacute;reo, traducci&oacute;n simult&aacute;nea para los invitados internacionales, pantalla gigante que mostraba escenas de muerte y carros bomba, mientras los conferencistas hablaban.</p>     <p> Fueron dos d&iacute;as intensos sin duda, pues adem&aacute;s de escuchar una gran cantidad de testimonios sobre el terrorismo, el escenario era compartido por multitud de soldados colombianos y civiles sin piernas y sin brazos, en sillas de ruedas, muletas y cojeando. No cabe duda de que la guerra, en cualquiera de sus dimensiones existenciales, deja marcas sobre el cuerpo. Como su nombre lo indica, el Congreso estaba dedicado a la v&iacute;ctima del terrorismo, a escucharla y a crear junto con ella una comunidad de dolor y un lenguaje para hablar de su propia experiencia. El evento adem&aacute;s ocurr&iacute;a en un momento en el que el proceso de desmovilizaci&oacute;n paramilitar estaba cobrando mayor legitimidad, especialmente en las instancias institucionales que eran las que le daban su  <i>momentum. </i>Tomando en cuenta que el vicepresidente de la Rep&uacute;blica de Colombia abri&oacute; el congreso con una presentaci&oacute;n de su propia experiencia de secuestro, y el presidente Uribe lo cerr&oacute;, no cabe duda de que este evento respaldaba una pol&iacute;tica institucional, severamente cuestionada por otros sectores, se puede decir, por otro tipo de v&iacute;ctima, por la sociedad colombiana. El primer d&iacute;a estuvo esencialmente dedicado a v&iacute;ctimas internacionales, quienes fueron presentadas apropiadamente y tuvieron gran cantidad de tiempo para hablar. Las v&iacute;ctimas nacionales, por supuesto, se aglutinaron en las dos &uacute;ltimas horas de la jornada que culminaba hacia las ocho de la noche. Ese d&iacute;a hablaron cinco testimoniantes relacionados con los eventos del 11 de septiembre en Estados Unidos, dos expertos del National Institute for the Prevention of Terrorism, dos representantes de Irlanda, el padre de dos sobrevivientes de la toma de la escuela en Rusia, dos parientes de v&iacute;ctimas de una bomba en Yakarta. Colombia apareci&oacute; al final, con Bojay&aacute;, Machuca, Carmen de Chucur&iacute;, Club el Nogal, Urrao, Alto Naya. En estos casos, a diferencia de los otros, no hay nombres que identifiquen a las personas. Al d&iacute;a siguiente, a excepci&oacute;n de dos hijos de desaparecidos durante las dictaduras del Cono Sur, el evento gir&oacute; fundamentalmente alrededor de las bombas de marzo 11 en Espa&ntilde;a.    <p> Varias cosas quiero resaltar. La primera es el contexto de enunciaci&oacute;n. Nuevamente la presencia de la experiencia vivida de la muerte hace parte del andamiaje moral que se despleg&oacute; dentro del evento. La legitimidad del proceso con el paramilitarismo se ve&iacute;a sustentado en la medida en que se pudiera demostrar la maldad del enemigo. Evidentemente, los ejemplos en los que las guerrillas colombianas se ten&iacute;an por responsables eran de tal magnitud, que voces de perd&oacute;n se escucharon hacia aquellos que, a pesar de sus t&aacute;cticas, ve&iacute;an a las autodefensas como parte de la l&iacute;nea de defensa contra las  FARC. Sobra decir que de los muy conocidos casos de matanzas paramilitares a finales de la d&eacute;cada del noventa, no hab&iacute;a ning&uacute;n representante. Segundo elemento interesante es que, en buena medida, el evento giraba masivamente en torno al eje Washington-Madrid y al terrorismo islamita, como el mismo Aznar lo calificaba. Sin embargo, Colombia parec&iacute;a pues parte de la doctrina oficial antiterrorista, que en c&iacute;rculos norteamericanos significa que los terroristas son todos iguales, son man&iacute;acos, locos o degenerados morales, como afirm&oacute; uno de los expertos. Las explicaciones hist&oacute;ricas o contextuales son excusas. Se puede decir que as&iacute; como el terrorismo es un mal transnacional, la v&iacute;ctima tambi&eacute;n lo es. Esto me lleva al siguiente punto, que es una consecuencia l&oacute;gica de lo anterior. Todos los testimonios citados carec&iacute;an por completo de contexto hist&oacute;rico. Eran narraci&oacute;n tras narraci&oacute;n, sufrimiento. El &uacute;nico marco temporal posible estaba delimitado por los eventos mismos, ocurridos durante los &uacute;ltimos cinco a&ntilde;os.</p>     <p> El problema con todo esto es que el testimonio, como artefacto de legitimaci&oacute;n, puede ser utilizado en una variedad de escenarios, incompatibles unos con otros. El dolor aparece presentado como si fuera un cataclismo repentino, como si no hubiera condiciones nacionales y globales que convierten la muerte en una posibilidad. En este sentido, el marco temporal y la cartograf&iacute;a de la guerra y la muerte en el que estaba inmerso dicho testimonio, nos defin&iacute;a lo que podr&iacute;a llamarse terrorismo. Resultaba particular que, en el caso de Colombia, no hab&iacute;a memoria de nada antes del 2000. Con eso, los cientos de asesinados de la Uni&oacute;n Patri&oacute;tica fueron doblemente asesinados. La v&iacute;ctima es una v&iacute;ctima abstra&iacute;da de cualquier contexto hist&oacute;rico y, en este sentido, se diluye la responsabilidad que la sociedad en general puede o no tener en cuanto a las condiciones de vida de un pa&iacute;s. De esta manera, el evento constru&iacute;a un solo lenguaje para hablar de la muerte, lo legitimaba a trav&eacute;s de los medios, fracturaba el pasado hist&oacute;rico y lo establec&iacute;a como un r&eacute;gimen de verdad. El evento era una r&eacute;plica, en diferentes registros, de una comisi&oacute;n de la verdad. El problema es que si se escribiera un informe final sobre la base de esta recolecci&oacute;n, no cabe duda de que tendr&iacute;amos una versi&oacute;n muy peculiar de la historia colombiana. Casi se podr&iacute;a afirmar que, antes de 2000, Colombia era un pa&iacute;s pac&iacute;fico. Eso con seguridad, antes que acabar con la posibilidad de la guerra, la extender&iacute;a otro siglo m&aacute;s.    <p> De ah&iacute; la vital importancia de mirar con cautela iniciativas de reconstrucci&oacute;n hist&oacute;rica, de los l&iacute;mites que la definen, de las formas de recolecci&oacute;n e interpretaci&oacute;n del pasado, en general de todo eso que hemos llamado la comisi&oacute;n de la verdad. En este sentido, hay que mirar las leyes que decretan sobre el pasado, que producen eventos y desaparecen otros. Estos ser&aacute;n los documentos y los archivos de los futuros investigadores, historiadores, etc&eacute;tera. Ante la reciente marea de leyes para permitir desmovilizaciones, leyes que inscriben el pasado y el futuro, resulta muy particular el silencio de muchos historiadores alrededor de la producci&oacute;n del archivo y, por lo tanto, del pasado. La sola presencia del superviviente no asegura que su voz no sea, parad&oacute;jicamente, doblemente secuestrada.<hr size="1">      <p><b>Comentarios</b></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><sup><a name="1" href="#s1">1</a></sup> Este texto hace parte de una investigaci&oacute;n de mayor envergadura sobre la violencia y la memoria, realizada gracias a la asistencia financiera de las siguientes instituciones: Solomon Asch Center for Study of Ethnopolitical Conflict, Universidad de Pensilvania, la Mellon Foundation, The New School for Social Research, la WennerGren Foundation for Anthropological Research, la Comisi&oacute;n Fulbright y, Analmente, el Instituto Colombiano para el Desarrollo de la Ciencia y la Tecnolog&iacute;a, Colciencias. Mis estad&iacute;as como investigador visitante en el Institute for Justice and Reconciliation, la University of Cape Town y en el Direct Action Center for Peace and Memory, y como profesor invitado de la School of Oriental and African Studies, University of London, fueron vitales para el desarrollo del trabajo.</p>      <p><sup><a name="2" href="#s2">2</a></sup> La masa bibliogr&aacute;fica, que con frecuencia terriblemente apolog&eacute;tica y evangelista, se da largas describiendo las experiencias de aqu&iacute; y de all&aacute;, es tan vasta que ya parece una industria cultural y editorial, una verdadera industria del &quot;nunca jam&aacute;s&quot; que permite sostener toda una tecnocracia internacional y local de consultores permanentes, observadores, consejeros, especialistas en transicionalidad, centros de investigaci&oacute;n y programas de estudio.</p>      <p><sup><a name="3" href="#s3">3</a></sup> Gracias a una invitaci&oacute;n del Ministerio de Relaciones Exteriores de Dinamarca y del Institute for Justice and Reconciliation en Sud&aacute;frica, donde fui investigador visitante entre 2001 y 2003, tuve la oportunidad de fungir como observador internacional y consultor del proceso que se desarrollaba en Per&uacute; a finales de 2002. El prop&oacute;sito era hacer un seguimiento del tema del desplazamiento forzado y de las audiencias p&uacute;blicas, dos temas que han hecho parte de mi trabajo tanto en Sud&aacute;frica como en Colombia, con miras a informar a los financiadores internacionales acerca las audiencias y del desarrollo de la mismas, al igual que facilitar el proceso. En este texto utilizo el t&iacute;tulo que di a uno de los informes que fueron presentados ante el gobierno dan&eacute;s.</p>      <p><sup><a name="4" href="#s4">4</a></sup> La tipolog&iacute;a del desplazamiento, seg&uacute;n la Comisi&oacute;n, se puede resumir de la siguiente manera: aquellas comunidades de comuneros o campesinos e ind&iacute;genas que se han insertado definitivamente en un nuevo medio social; retornantes: que son aquellos que est&aacute;n en proceso de reinserci&oacute;n y regresan a su lugar de origen, y aquellos que est&aacute;n en proceso de reubicaci&oacute;n y no se encuentran en sus lugares de origen (Truth and Reconciliation Commission, 1998: 642).</p>      <p><sup><a name="5" href="#s5">5</a></sup> A&uacute;n en la actualidad se puede percibir la normalizaci&oacute;n de estas dicotom&iacute;as como la existencia de jerarqu&iacute;as dentro de las diferentes jerarqu&iacute;as entre las comunidades ind&iacute;genas de la  	<i>sierra </i>y la <i>selva. </i>Es decir, la diferencia que se establece entre los quechuas y los aymaras, hablando de comunidades que viven en las monta&ntilde;as andinas  -el gran territorio del emperador inca-, particularmente en lo que hoy se conoce como el Cuzco y Huancavelica, entre otros sitios, y las comunidades ind&iacute;genas que viven en poblados m&aacute;s peque&ntilde;os dispersos a trav&eacute;s de la selva h&uacute;meda tropical amaz&oacute;nica  -particularmente Loreto, Jun&iacute;n y Amazonas- que representan alrededor de cincuenta y cinco grupos etnoling&uuml;&iacute;sticos. Esta clasificaci&oacute;n se basa ciertamente en la localizaci&oacute;n ecol&oacute;gica: los grupos se definen por su contexto ambiental. A&uacute;n parece que hay grados de olvido, dado que los indios de la selva no comparten la misma clase de capital simb&oacute;lico concedido a los incas y sus descendientes en las monta&ntilde;as, cuyas ruinas son una prueba evidente de su gloria. La  	<i>selva, </i>por otra parte, transmite im&aacute;genes de otro <i>mundo, </i>de diferencia radical  -al menos desde el punto de vista de los urbanistas euroc&eacute;ntricos-. En su significado social, la selva denota la supervivencia de la naturaleza m&aacute;s adaptada, en su pura y cruda realidad, y la fiereza ind&oacute;mita.</p>   <hr size="1">  <b>Referencias</b>    <!-- ref --><p> <b>Amadiume, Ifi y Abdullahi AnNa&#39;im (eds.) </b>2000 <i>The Politics of Memory. Truth, Healing and Social Justice,  </i>London, Zed Books.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000078&pid=S1900-5407200700010000500001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p> <b>Asmal, Kader, Louise Asmal y Ronald Suresh Roberts (eds.) </b>1997 <i>Reconciliation Through Truth,  </i>Cape Town, Oxford y New York, David Philip Publishers, James Currey Publishers y St. Martin Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000080&pid=S1900-5407200700010000500002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p> <b>Battle, Michael </b>1997<i> Reconciliation: The Ubuntu Theology of Desmond Tutu,  </i>Cleveland (Ohio), The Pilgrim Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000082&pid=S1900-5407200700010000500003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p> <b>Bauman, Zygmunt </b>1993 <i>Postmodern Ethics, </i>Oxford, Blackwell &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000084&pid=S1900-5407200700010000500004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> <b>Bozzoli, Belinda </b>1998&quot;Public Ritual and Private Transition: The Truth and reconciliation Commission in Alexandra Township 1996&quot;, en  <i>African Studies </i>No. 57, pp. 167-195.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000085&pid=S1900-5407200700010000500005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>    <!-- ref --><p> <b>Bonner, Philip y Noor Nieftagodien&nbsp;</b>2002. &quot;The Truth and reconciliation Commission and the Pursuit of &#39;Social Truth&#39;&quot;, en Deborah Posel y Greame Simpson (eds.),  <i>Commissioning the Past, </i>Johannesburg, Witswaterrand University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000087&pid=S1900-5407200700010000500006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p> <b>Boraine, Alex y Janet Levy (eds.)  </b>1995 <i>The Healing of A Nation, </i>Cape Town, Justice in Transition.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000089&pid=S1900-5407200700010000500007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p> <b>Boraine, Alex, Janet Levy y Ronel Scheffer (eds.)  </b>1997 <i>Dealing with Past, </i>Cape Town, Idasa, Institute for a Democratic.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000091&pid=S1900-5407200700010000500008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p> <b>Bur, Laars </b>2002 &quot;Monumental Historical Memory: Managing Truth in the Everyday Work of the South African Truth and Reconciliation Commission&quot;, en Deborah Posel y Greame Simpson (eds.),  <i>Commissioning the Past, </i>Johannesburg, Witswaterrand University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000093&pid=S1900-5407200700010000500009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref -->&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000094&pid=S1900-5407200700010000500010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Castillejo Cu&eacute;llar, Alejandro </b>2000<i> Po&eacute;tica de lo otro: una antropolog&iacute;a de la guerra, la soledad y el exilio interno en Colombia,  </i>Bogot&aacute;, Instituto Colombiano de Antropolog&iacute;a (Ministerio de la Cultura), Instituto Colombiano para el Desarrollo de la Ciencia y la T&eacute;cnica.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000095&pid=S1900-5407200700010000500011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p> <b>Castillejo Cu&eacute;llar, Alejandro </b>2005 &quot;The Textures of Silence: Violence, Memory, and the Limits of Anthropology&#39;s Craft&quot;, en  <i>Dialectical Anthropology,  </i>No. 29, pp. 1-22.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000097&pid=S1900-5407200700010000500012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p> <b>Castillejo Cu&eacute;llar, Alejandro </b>2006a &quot;Entre los intersticios de las palabras: memoria, postconflicto y educaci&oacute;n para la paz en la Sud&aacute;frica contempor&aacute;nea&quot;, en <i>Estudios de Asia y &Aacute;frica (Colegio de M&eacute;xico),  </i>Vol. XLI, No. 1, pp.11-46.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000099&pid=S1900-5407200700010000500013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p> <b>Castillejo Cu&eacute;llar, Alejandro </b>2006b &quot;Violence and Question of Meaning&quot;, en  <i>The Seed Querterly </i>Vol. 1, No. 4, pp. 8-9.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000101&pid=S1900-5407200700010000500014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p> <b>Castillejo Cu&eacute;llar, Alejandro </b>2006c &quot;Voces desde el sepulcro: terror, espacio, y alteridad en la guerra colombiana&quot;, en Diego Herrera y Carlo Piazzini (eds.),  <i>(Des)territorialidades y (No)lugares. Procesos de configuraci&oacute;n y transformaci&oacute;n social del espacio,  </i>Medell&iacute;n, Institutos de Estudios Regionales y Universidad de Antioquia.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000103&pid=S1900-5407200700010000500015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref -->&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000104&pid=S1900-5407200700010000500016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> <b>Castillejo Cu&eacute;llar, Alejandro </b>2007b &quot;Knowledge, Experience, and South Africas Scenarios of Forgiveness&quot;, en  <i>Radical History Review, </i>No. 97, pp. 11-42.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000105&pid=S1900-5407200700010000500017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p><b>Castillejo Cu&eacute;llar, Alejandro </b>2007c <i>Los archivos del dolor: ensayos sobre la violencia y el recuerdo en la Sud&aacute;frica contempor&aacute;nea, </i>Bogot&aacute;, Universidad de los Andes, en prensa.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000107&pid=S1900-5407200700010000500018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->  </p>     <!-- ref --><p><b>Derrida, Jacques </b>1995<i>Archive Fever: A Freudian Impression,  </i>Baltimore, Johns Hopkins University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000109&pid=S1900-5407200700010000500019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p><b>De Gruchy, John </b>2002 <i>Reconciliation, Restoring Justice,  </i>Cape Town, David Philip.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000111&pid=S1900-5407200700010000500020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p><b>Gibson, James </b>2004 <i>Overcoming Apartheid,  </i>Johannesburg, Human Science Research Council.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000113&pid=S1900-5407200700010000500021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p><b>James, Wilmot y Linda van de Vijver (eds.) </b>2001<i> After the TRC, </i>Athens and Cape Town, Ohio University Press David Philip Publishers.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000115&pid=S1900-5407200700010000500022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p><b>Lalu, Premesh y Brent Harris </b>1996 &quot;Journeys From the Horizons of History: Text, Trial and the Tales in the Construction of Narratives of Pain&quot;, en  <i>Current Writing, </i>Vol. 8, No. 2, pp. 24-37.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000117&pid=S1900-5407200700010000500023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref -->&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000118&pid=S1900-5407200700010000500024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Marais, Hein </b>2001 <i>Limits to Change: the Political Economy of Transition,  </i>Cape Town, London, New York, Zed Books, University of Cape Town.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000119&pid=S1900-5407200700010000500025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p> <b>Meredith, Martin y Tina Rosenberg (eds.)  </b>1999 <i>Coming to Terms, </i>New York, Public Affairs.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000121&pid=S1900-5407200700010000500026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p> <b>Meyer, Denise </b>1999 &quot;&#39;Telling the Truth&#39;: Writing the Story of History Through the &#39;True Stories&#39; of Women&#39;s Life&quot;; Van Schalkyk, Annalet, &quot;A Gendered Truth. Women&#39;s Testimonies at the TRC and Reconciliation&quot;, en  <i>Missionalia </i>No. 27, pp. 165-188.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000123&pid=S1900-5407200700010000500027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p> <b>Minow, Martha </b>1998 <i>Between Vengeance and Forgiveness: Facing History after Genocide and Mass Violence,  </i>Boston, Beacon Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000125&pid=S1900-5407200700010000500028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p><b>Nuttal, Sarah y Carli Coetzee (eds.) </b>1998 <i>Negotiating the Past, </i>Oxford, Oxford University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000127&pid=S1900-5407200700010000500029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p><b>Posel, Deborah y Greame Simpson (eds.) </b>2002<i> Commissioning the Past,  </i>Johannesburg, Witwatersrand University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000129&pid=S1900-5407200700010000500030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p><b>Republic of South Africa </b>1995 <i>National Unity and Reconciliation Act of 1995,  </i>Pretoria, Gobernment Gazzett.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000131&pid=S1900-5407200700010000500031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p><b>Richards, Thomas </b>1993 <i>The Imperial Archive: Knowledge and the Fantasy of Empire,  </i>London, Versos.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000133&pid=S1900-5407200700010000500032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p><b>Ross, Fiona </b>2003<i> Bearing Witness,  </i>Virginia, Pluto Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000135&pid=S1900-5407200700010000500033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p><b>Sparks, Allister </b>2003<i> Beyond the Miracle,  </i>Johannesburg y Cape Town, Jonathan Ball Publisher.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000137&pid=S1900-5407200700010000500034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p><b>Steiner, George </b>2005 <i>Despu&eacute;s de Babel. Aspectos del lenguaje y la traducci&oacute;n,  </i>M&eacute;xico D.F., Fondo de Cultura Econ&oacute;mica.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000139&pid=S1900-5407200700010000500035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p><b>Trouillot, MichelRolph </b>1995 <i>Silencing the Past: Power and the Production of History  </i>Boston, Beacon Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000141&pid=S1900-5407200700010000500036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p><b>Truth and Reconciliation Commision </b>1998 <i>Truth and reconciliation Commission of South Africa Final Report,  </i>Cape Town, Juta.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000143&pid=S1900-5407200700010000500037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p><b>VillaVicencio, Charles y Wilhelm Verwoerd (eds.) </b>2000 <i>Looking back Reaching Forward,  </i>Cape Town y London, University of Cape Town y Zed Books.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000145&pid=S1900-5407200700010000500038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p><b>Werbner, Ricgard (ed.) </b>1998 <i>Memory and the Postcolony,  </i>London, Zed Books.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000147&pid=S1900-5407200700010000500039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p><b>Wilson, Richard </b>2004<i>The Politics of Truth,  </i>Cambridge, Cambridge University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000149&pid=S1900-5407200700010000500040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p> </font>      ]]></body><back>
<ref-list>
<ref id="B1">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Amadiume]]></surname>
<given-names><![CDATA[Ifi]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[AnNa&#39;im]]></surname>
<given-names><![CDATA[Abdullahi]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[The Politics of Memory: Truth, Healing and Social Justice]]></source>
<year>2000</year>
<publisher-loc><![CDATA[London ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Zed Books]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B2">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Asmal]]></surname>
<given-names><![CDATA[Kader]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Asmal]]></surname>
<given-names><![CDATA[Louise]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Suresh Roberts]]></surname>
<given-names><![CDATA[Ronald]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Reconciliation Through Truth]]></source>
<year>1997</year>
<publisher-loc><![CDATA[Cape TownOxfordNew York, ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[David Philip PublishersJames Currey PublishersSt. Martin Press]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B3">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Battle]]></surname>
<given-names><![CDATA[Michael]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Reconciliation:: The Ubuntu Theology of Desmond Tutu]]></source>
<year>1997</year>
<publisher-loc><![CDATA[Cleveland (Ohio) ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[The Pilgrim Press]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B4">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Bauman]]></surname>
<given-names><![CDATA[Zygmunt]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Postmodern Ethics]]></source>
<year>1993</year>
<publisher-loc><![CDATA[Oxford ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Blackwell]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B5">
<nlm-citation citation-type="">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Bozzoli]]></surname>
<given-names><![CDATA[Belinda]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Public Ritual and Private Transition:: The Truth and reconciliation Commission in Alexandra Township 1996]]></article-title>
<source><![CDATA[African Studies]]></source>
<year>1998</year>
<volume>57</volume>
<page-range>167-195</page-range></nlm-citation>
</ref>
<ref id="B6">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Bonner]]></surname>
<given-names><![CDATA[Philip]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Nieftagodien]]></surname>
<given-names><![CDATA[Noor]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[The Truth and reconciliation Commission and the Pursuit of &#39;Social Truth&#39;]]></article-title>
<person-group person-group-type="editor">
<name>
<surname><![CDATA[Posel]]></surname>
<given-names><![CDATA[Deborah]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Simpson]]></surname>
<given-names><![CDATA[Greame]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Commissioning the Past]]></source>
<year>2002</year>
<publisher-loc><![CDATA[Johannesburg ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Witswaterrand University Press]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B7">
<nlm-citation citation-type="">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Boraine]]></surname>
<given-names><![CDATA[Alex]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Levy]]></surname>
<given-names><![CDATA[Janet]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[The Healing of A Nation]]></source>
<year>1995</year>
<publisher-loc><![CDATA[Cape Town ]]></publisher-loc>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B8">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Boraine]]></surname>
<given-names><![CDATA[Alex]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Levy]]></surname>
<given-names><![CDATA[Janet]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Scheffer]]></surname>
<given-names><![CDATA[Ronel]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Dealing with Past]]></source>
<year>1997</year>
<publisher-loc><![CDATA[Cape Town ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Idasa, Institute for a Democratic]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B9">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Bur]]></surname>
<given-names><![CDATA[Laars]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Monumental Historical Memory:: Managing Truth in the Everyday Work of the South African Truth and Reconciliation Commission]]></article-title>
<person-group person-group-type="editor">
<name>
<surname><![CDATA[Posel]]></surname>
<given-names><![CDATA[Deborah]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Simpson]]></surname>
<given-names><![CDATA[Greame]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Commissioning the Past,]]></source>
<year>2002</year>
<publisher-loc><![CDATA[Johannesburg ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Witswaterrand University Press]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B10">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Castillejo Cuéllar]]></surname>
<given-names><![CDATA[Alejandro]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Antropologia, posmodernidad y diferencia:: un examen crítico al debate antropológico y cultural de fin de siglo]]></source>
<year>1997</year>
<publisher-loc><![CDATA[Bogotá ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Instituto de Investigaciones Signos e Imágenes]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B11">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Castillejo Cuéllar]]></surname>
<given-names><![CDATA[Alejandro]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Poética de lo otro:: una antropología de la guerra, la soledad y el exilio interno en Colombia]]></source>
<year>2000</year>
<publisher-loc><![CDATA[Bogotá ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Instituto Colombiano de Antropología (Ministerio de la Cultura)Instituto Colombiano para el Desarrollo de la Ciencia y la Técnica]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B12">
<nlm-citation citation-type="">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Castillejo Cuéllar]]></surname>
<given-names><![CDATA[Alejandro]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[The Textures of Silence:: Violence, Memory, and the Limits of Anthropology&#39;s Craft]]></article-title>
<source><![CDATA[Dialectical Anthropology]]></source>
<year>2005</year>
<volume>29</volume>
<page-range>1-22</page-range></nlm-citation>
</ref>
<ref id="B13">
<nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Castillejo Cuéllar]]></surname>
<given-names><![CDATA[Alejandro]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Entre los intersticios de las palabras:: memoria, postconflicto y educación para la paz en la Sudáfrica contemporánea]]></article-title>
<source><![CDATA[Estudios de Asia y África]]></source>
<year>2006</year>
<volume>XLI</volume><volume>1</volume>
<page-range>11-46</page-range><publisher-name><![CDATA[(Colegio de México)]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B14">
<nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Castillejo Cuéllar]]></surname>
<given-names><![CDATA[Alejandro]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Violence and Question of Meaning]]></article-title>
<source><![CDATA[The Seed Querterly]]></source>
<year>2006</year>
<volume>1</volume>
<numero>4</numero>
<issue>4</issue>
<page-range>8-9</page-range></nlm-citation>
</ref>
<ref id="B15">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Castillejo Cuéllar]]></surname>
<given-names><![CDATA[Alejandro]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Voces desde el sepulcro:: terror, espacio, y alteridad en la guerra colombiana]]></article-title>
<person-group person-group-type="editor">
<name>
<surname><![CDATA[Herrera]]></surname>
<given-names><![CDATA[Diego]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Piazzini]]></surname>
<given-names><![CDATA[Carlo]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[(Des)territorialidades y (No)lugares.: Procesos de configuración y transformación social del espacio]]></source>
<year>2006</year>
<publisher-loc><![CDATA[Medellín ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Institutos de Estudios RegionalesUniversidad de Antioquia]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B16">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Castillejo Cuéllar]]></surname>
<given-names><![CDATA[Alejandro]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[The Courage of Dispair:: Fragments of an Intellectual Project]]></article-title>
<person-group person-group-type="editor">
<name>
<surname><![CDATA[Eidelson]]></surname>
<given-names><![CDATA[R]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Laske]]></surname>
<given-names><![CDATA[J]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Cherfas]]></surname>
<given-names><![CDATA[L]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Peacemaker:: Careers confronting Conflict,]]></source>
<year>2007</year>
<publisher-loc><![CDATA[Philadelphia ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Solomon Asch Centerfor Study of Ethnopolitical Conflict,University of Pennsylvania]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B17">
<nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Castillejo Cuéllar]]></surname>
<given-names><![CDATA[Alejandro]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Knowledge, Experience, and South Africas Scenarios of Forgiveness]]></article-title>
<source><![CDATA[Radical History Review]]></source>
<year>2007</year>
<volume>97</volume>
<page-range>11-42</page-range></nlm-citation>
</ref>
<ref id="B18">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Castillejo Cuéllar]]></surname>
<given-names><![CDATA[Alejandro]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Los archivos del dolor:: ensayos sobre la violencia y el recuerdo en la Sudáfrica contemporánea]]></source>
<year>2007</year>
<publisher-loc><![CDATA[Bogotá ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Universidad de los Andes]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B19">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Derrida]]></surname>
<given-names><![CDATA[Jacques]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Archive Fever:: A Freudian Impression]]></source>
<year>1995</year>
<publisher-loc><![CDATA[Baltimore ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Johns Hopkins University Press.]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B20">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[De Gruchy]]></surname>
<given-names><![CDATA[John]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Reconciliation, Restoring Justice]]></source>
<year>2002</year>
<publisher-loc><![CDATA[Cape Town ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[David Philip]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B21">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Gibson]]></surname>
<given-names><![CDATA[James]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Overcoming Apartheid]]></source>
<year>2004</year>
<publisher-loc><![CDATA[Johannesburg ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Human Science Research Council]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B22">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Wilmot]]></surname>
<given-names><![CDATA[James]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[van de Vijver]]></surname>
<given-names><![CDATA[Linda]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[After the TRC]]></source>
<year>2001</year>
<publisher-loc><![CDATA[AthensCape Town ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Ohio University PressDavid Philip Publishers]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B23">
<nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Premesh]]></surname>
<given-names><![CDATA[Lalu]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Harris]]></surname>
<given-names><![CDATA[Brent]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Journeys From the Horizons of History:: Text, Trial and the Tales in the Construction of Narratives of Pain]]></article-title>
<source><![CDATA[Current Writing]]></source>
<year>1996</year>
<volume>8</volume>
<numero>2</numero>
<issue>2</issue>
<page-range>24-37</page-range></nlm-citation>
</ref>
<ref id="B24">
<nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Mamdani]]></surname>
<given-names><![CDATA[Mahmood]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Reconciliation without Justice]]></article-title>
<source><![CDATA[Southern Review]]></source>
<year>1997</year>
<volume>10</volume>
<numero>6</numero>
<issue>6</issue>
<page-range>22-25</page-range></nlm-citation>
</ref>
<ref id="B25">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Marais]]></surname>
<given-names><![CDATA[Hein]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Limits to Change:: the Political Economy of Transition]]></source>
<year>2001</year>
<publisher-loc><![CDATA[Cape TownLondonNew York ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Zed BooksUniversity of Cape Town]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B26">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Meredith]]></surname>
<given-names><![CDATA[Martin]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Rosenberg]]></surname>
<given-names><![CDATA[Tina]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Coming to Terms]]></source>
<year>1999</year>
<publisher-loc><![CDATA[New York ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Public Affairs]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B27">
<nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Meyer]]></surname>
<given-names><![CDATA[Denise]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[&#39;Telling the Truth&#39;: Writing the Story of History Through the &#39;True Stories&#39; of Women&#39;s Life"; Van Schalkyk, Annalet, "A Gendered Truth.: Women&#39;s Testimonies at the TRC and Reconciliation]]></article-title>
<source><![CDATA[Missionalia]]></source>
<year>1999</year>
<volume>27</volume>
<page-range>165-188</page-range></nlm-citation>
</ref>
<ref id="B28">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Minow]]></surname>
<given-names><![CDATA[Martha]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Between Vengeance and Forgiveness:: Facing History after Genocide and Mass Violence]]></source>
<year>1998</year>
<publisher-loc><![CDATA[Boston ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Beacon Press]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B29">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Nuttal]]></surname>
<given-names><![CDATA[Sarah]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Coetzee]]></surname>
<given-names><![CDATA[Carli]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Negotiating the Past]]></source>
<year>1998</year>
<publisher-loc><![CDATA[Oxford ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Oxford University Press]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B30">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Posel]]></surname>
<given-names><![CDATA[Deborah]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Simpson]]></surname>
<given-names><![CDATA[Greame]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Commissioning the Past,]]></source>
<year>2002</year>
<publisher-loc><![CDATA[Johannesburg ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Witwatersrand University Press]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B31">
<nlm-citation citation-type="book">
<collab>Republic of South Africa</collab>
<source><![CDATA[National Unity and Reconciliation Act of 1995]]></source>
<year>1995</year>
<publisher-loc><![CDATA[Pretoria ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Gobernment Gazzett]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B32">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Richards]]></surname>
<given-names><![CDATA[Thomas]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[The Imperial Archive:: Knowledge and the Fantasy of Empire]]></source>
<year>1993</year>
<publisher-loc><![CDATA[London ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Versos]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B33">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Ross,]]></surname>
<given-names><![CDATA[Fiona]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Bearing Witness]]></source>
<year>2003</year>
<publisher-loc><![CDATA[Virginia ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Pluto Press]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B34">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Sparks]]></surname>
<given-names><![CDATA[Allister]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Beyond the Miracle]]></source>
<year>2003</year>
<publisher-loc><![CDATA[JohannesburgCape Town ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Jonathan Ball Publisher]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B35">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Steiner]]></surname>
<given-names><![CDATA[George]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Después de Babel: Aspectos del lenguaje y la traducción,]]></source>
<year>2005</year>
<publisher-loc><![CDATA[México D.F ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Fondo de Cultura Económica.]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B36">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Trouillot]]></surname>
<given-names><![CDATA[MichelRolph]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Silencing the Past:: Power and the Production of History]]></source>
<year>1995</year>
<publisher-loc><![CDATA[Boston, ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Beacon Press]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B37">
<nlm-citation citation-type="book">
<collab>Truth and Reconciliation Commision</collab>
<source><![CDATA[Truth and reconciliation Commission of South Africa Final Report]]></source>
<year>1998</year>
<publisher-loc><![CDATA[Cape Town ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Juta]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B38">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[VillaVicencio]]></surname>
<given-names><![CDATA[Charles]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Verwoerd]]></surname>
<given-names><![CDATA[Wilhelm]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Looking back Reaching Forward]]></source>
<year>2000</year>
<publisher-loc><![CDATA[Cape TownLondon ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[University of Cape TownZed Books]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B39">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Werbner]]></surname>
<given-names><![CDATA[Ricgard]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Memory and the Postcolony]]></source>
<year>1998</year>
<publisher-loc><![CDATA[London ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Zed Books]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B40">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Wilson]]></surname>
<given-names><![CDATA[Richard]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[The Politics of Truth]]></source>
<year>2004</year>
<publisher-loc><![CDATA[Cambridge ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Cambridge University Press]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
</ref-list>
</back>
</article>
