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<journal-title><![CDATA[Antipoda. Revista de Antropología y Arqueología]]></journal-title>
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<publisher-name><![CDATA[Departamento de Antropología, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de los Andes]]></publisher-name>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[LOCURA Y ENCIERRO PSIQUIÁTRICO EN MÉXICO: EL CASO DEL MANICOMIO LA CASTAÑEDA, 1910]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[The Manicomio General La Castañeda founded in 1910 at the outside of Mexico City, was the most important psychiatric institution of the XXth century in Mexico. When it was open, the families let there men and women whom had the requirement for being considered madness and in consequences, they where appropriate for having psychiatric treatment. In this article I explore the cultural bases of the therapeutic confinement through the imaginaries that the Mexican society of those days had about madness, its causes, symptOMS and treatments. It analyzes both faces of madness: the one of the degenerate and the other of the nervous. Both refierences synthesize psychiatric terms and social variables as class and gender.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">      <p align="center" ><font face="verdana" size="4"><b>LOCURA Y ENCIERRO PSIQUI&Aacute;TRICO EN M&Eacute;XICO:     <br>   EL CASO DEL MANICOMIO LA  CASTA&Ntilde;EDA, 1910.</b></font></p>        <p><b>Andr&eacute;s R&iacute;os Molina</b><sup><a name= "s1" href="#1">1</a></sup></p>        <p><sup><a name="1" href="#s1" >1</a></sup> Antrop&oacute;logo de la Universidad Nacional de Colombia y  doctor en Historia de El Colegio de M&eacute;xico. Actualmente trabaja para el  Instituto de Investigaciones Hist&oacute;ricas de la Universidad Nacional Aut&oacute;noma de  M&eacute;xico, UNAM. <a href="mailto:crios@colmex.mx">crios@colmex.mx</a></p>    <hr size="1">      <p><b>RESUMEN</b></p>       <p>El Manicomio General La Casta&ntilde;eda, fundado en 1910 a las afueras de la ciudad de    M&eacute;xico, fue la instituci&oacute;n psiqui&aacute;trica m&aacute;s importante del pa&iacute;s en el siglo XX.    Cuando se inaugur&oacute;, las familias internaron a hombres y mujeres que reun&iacute;an los    requisitos para ser considerados como locos y merecedores de tratamiento    psiqui&aacute;trico. En este art&iacute;culo se exploran las bases culturales del encierro    terap&eacute;utico a trav&eacute;s de los imaginarios que la sociedad mexicana de aquellos    d&iacute;as ten&iacute;a sobre locura, sus causas, s&iacute;ntomas y tratamientos. Se analizan las    dos caras de la locura: el degenerado y el nervioso; referentes que sintetizaban    t&eacute;rminos psiqui&aacute;tricos y variables sociales como la clase y el g&eacute;nero.    <br>       <br>   <b>PALABRAS CLAVE</b>    <br>   Psiquiatr&iacute;a, locura, manicomio, degeneraci&oacute;n, nervios.</p>      </p>   <hr size="1">      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center" ><font face="verdana" size="3"><b>MADNESS AND PSYCHIATRIC CONFINEMENT IN MEXICO: THE CASE OF MANICOMIO LA    CASTA&Ntilde;EDA, 1910.</b></font></p>          <p><b>ABSTRACT</b></p>       <p>The Manicomio General La Casta&ntilde;eda founded in 1910 at the outside of Mexico    City, was the most important psychiatric institution of the XXth century in    Mexico. When it was open, the families let there men and women whom had the    requirement for being considered madness and in consequences, they where    appropriate for having psychiatric treatment. In this article I explore the    cultural bases of the therapeutic confinement through the imaginaries that the    Mexican society of those days had about madness, its causes, symptOMS and    treatments. It analyzes both faces of madness: the one of the degenerate and the    other of the nervous. Both refierences synthesize psychiatric terms and social    variables as class and gender.    <br>       <br>   <b>KEY WORDS</b>    <br>   Psychiatry, Insanity, Asylum, Degeneration, Nerves.</p>          <p>FECHA DE RECEPCI&Oacute;N: MARZO DE 2008 / FECHA DE ACEPTACI&Oacute;N: MAYO DE 2008</p>   <hr size="1">       <p><b>UN PALACIO PARA LA LOCURA</b></p>       <p>Ciudad de M&eacute;xico tuvo dos hospitales para de mentes desde inicios del per&iacute;odo    colonial. All&iacute; se encontraba el primer manicomio de Am&eacute;rica, el hospital san    hip&oacute;lito &#40;1566&#41;, donde fueron atendidos hombres sumidos en la locura. Este    hospital para dementes fue erigido en el l&iacute;mite occidental de la traza urbana    que imper&oacute; hasta fines del siglo XVIII. El segundo establecimiento fue fundado en    1700 con el objetivo de albergar mujeres dementes. Su nombre era el divino    salvador, conocido popularmente como la canoa nombre de la calle sobre la que    estaba. Este hospital era mucho m&aacute;s c&eacute;ntrico, a s&oacute;lo cincuenta metros se hallaba    el teatro de iturbide, que en 1872 se convertir&iacute;a en la sede de la c&aacute;mara de    diputados. Ambos inmuebles fueron usados como hospitales militares y cuarteles    durante la primera mitad del siglo XIX &#40;Berkstein Kanarek, 1981&#41;. En este lapso,    los pacientes mentales internadosse redujeron a unas cuantas decenas y eran    remitidos a hospitales, c&aacute;rceles o simplemente se les dejaba en libertad. Pero    una vez desmilitarizada la ciudad durante el segundo imperio &#40;18641872&#41; hubo un    crecimiento de la poblaci&oacute;n psiqui&aacute;trica<sup><a name= "s2" href="#2">2</a></sup>. En cuanto a administraci&oacute;n se refiere, el divino salvador fue dirigido por un miembro de la sociedad san    Vicente de Paul, mientras que el san hip&oacute;lito fue administrado directamente por    el Gobierno del ayuntamiento.</p>       <p> Las descripciones de las instalaciones no son tan deprimentes como pudi&eacute;semos imaginar. Por ejemplo, en su informe sobre los establecimientos de    beneficencia y correcci&oacute;n de esta capital de 1864, Joaqu&iacute;n Garc&iacute;a icazbalceta    nos hace la siguiente descripci&oacute;n:</p>   <ul>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Aun cuando el hospital de san hip&oacute;lito est&eacute; lejos de llenar las condiciones de    una verdadera casa de locos, no dudo que una administraci&oacute;n inteligente pudiera    sacar de &eacute;l mucho m&aacute;s partido, como lo prueba el estado del hospital del divino    salvador, edificio muy inferior a san hip&oacute;lito bajo todos los aspectos<sup><a name= "s3" href="#3">3</a></sup>.</p>    </ul>          <p>Por su parte, Juan de Dios peza en su libro la Beneficencia en M&eacute;xico &#40;1881&#41;    mencionaba lo siguiente sobre el mismo establecimiento: &quot;no est&aacute; en la    actualidad en primera l&iacute;nea, comparado con otros hospitales de M&eacute;xico, pero    ser&iacute;a injusto se&ntilde;alarle como figurando entre los de &uacute;ltima&quot;<sup><a name= "s4" href="#4">4</a></sup>. En cuanto a las    condiciones del divino salvador, su director inform&oacute; en 1863:</p>      <ul>    <p>El local es amplio y los salones est&aacute;n tan perfectamente ventilados, tan llenos    de luz, de limpieza, de alegr&iacute;a, que nadie, por escrupuloso que sea, siente    repugnancia ni tristeza por cualquiera de ellos. Los dormitorios destinados para    las tranquilas asiladas, honrar&iacute;an al mejor hospital de Europa<sup><a name= "s5" href="#5">5</a></sup>.</p>    </ul>          <p>Pese a los buenos informes, los miembros de la &eacute;lite comenzaron a emitir    propuestas para construir un nuevo manicomio que reemplazara los &quot;oscuros e    insalubres&quot; hospitales para dementes, argumentando que dicho deterioro    contradec&iacute;a las ideas cient&iacute;ficas del momento, a saber, que el aire puro ten&iacute;a    dotes terap&eacute;uticos sobre la locura, que el ruido citadino no ayudaba a la    curaci&oacute;n, que la mezcla de pacientes con diferentes enfermedades en espacios    comunes no permit&iacute;a una detallada observaci&oacute;n cl&iacute;nica; en resumen, eran sitios    en los que no pod&iacute;a incursionar la ciencia. Pero hab&iacute;a otra raz&oacute;n para sugerir    la construcci&oacute;n de un nuevo manicomio. &Eacute;sta fue expuesta por uno de los m&eacute;dicos    del divino salvador en 1879: &quot;el n&uacute;mero de locos est&aacute; creciendo gradualmente,    por lo que conviene tener un lugar donde recogerlos&quot; &#40;labastida, 1879: 116&#41;. En    este mismo tenor, el doctor Miguel Alvarado, quien fuera considerado como el m&aacute;s    importante alienista mexicano en el siglo XIX, propuso la perentoriedad de un    nuevo establecimiento psiqui&aacute;trico ya que la cantidad de locos ir&iacute;a en aumento    constante; la enfermedad mental era el &quot;mal de la civilizaci&oacute;n&quot;. Alvarado    expon&iacute;a que los establecimientos para dementes no daban abasto ya que en ese    momento hab&iacute;a doscientas catorce mujeres y ciento noventa y siete    hombres, ambos estaban al tope. Viendo hacia el futuro, Alvarado supon&iacute;a que en    diez a&ntilde;os habr&iacute;a unos seiscientos locos, entre hombres y mujeres, que    requerir&iacute;an encierro &#40;AHSS, F-BP, S-EH, SE-MG, leg. 1, exp. 2, f. 5&#41;<sup><a name= "s6" href="#6">6</a></sup>. Y, en    efecto, el aumento de los enfermos mentales continu&oacute;. En 1910 hubo un total de    setecientos setenta y nueve locos y locas de ambas instituciones, cantidad que    nos permite suponer un alto grado de hacinamiento en los &uacute;ltimos a&ntilde;os de los    viejos hospitales para dementes.</p>          <p>El presidente Porfirio D&iacute;az, cuya controvertida dictadura inici&oacute; como el triunfo    del liberalismo en 1877 y concluy&oacute; muy debilitada en 1910, a&ntilde;o en que inici&oacute; la    revoluci&oacute;n, cerr&oacute; su administraci&oacute;n con las fiestas del centenario de la    independencia. La primera de las fiestas fue la pomposa inauguraci&oacute;n del nov&iacute;simo Manicomio General la casta&ntilde;eda. &Eacute;sta fue la &uacute;ltima de las imponentes    obras arquitect&oacute;nicas creadas como parte del proyecto porfiriano que buscaba    convertir la capital en el reflejo fehaciente del ingreso de M&eacute;xico en la    modernidad<sup><a name= "s7" href="#7">7</a></sup>. Siguiendo un esquema franc&oacute;flo que imper&oacute; en las m&uacute;ltiples    reformas arquitect&oacute;nicas impulsadas por D&iacute;az, los gestores del nuevo manicomio    se ad hirieron a los lineamientos esbozados por quien fuera el reformador de la    arquitectura psiqui&aacute;trica en Francia ochenta a&ntilde;os atr&aacute;s, Jean &Eacute;tienne    Esquirol<sup><a name= "s8" href="#8">8</a></sup>. Para este m&eacute;dico, buena parte de la eficacia terap&eacute;utica se    encontraba en las condiciones &oacute;ptimas del edificio. En consecuencia, las antiguas    y oscuras estructuras medievales aumentaban la sensaci&oacute;n de encierro e imped&iacute;an    el proceso de recuperaci&oacute;n debido a la falta de luz y ventilaci&oacute;n. Para evitar    tan nocivo ambiente, los espacios de encierro que pretendieran la curaci&oacute;n de    los enfermos mentales deb&iacute;an reunir tres caracter&iacute;sticas: la clasificaci&oacute;n de los    internos deb&iacute;a hacerse seg&uacute;n los s&iacute;ntomas similares y, a su vez, se separaba    cada grupo en pabellones aut&oacute;nomos; la funcionalidad estar&iacute;a dada por la    construcci&oacute;n de tres hileras de edificios, a la izquierda y a la derecha de los    pabellones centrales, que albergar&iacute;an los hospitalizados, la administraci&oacute;n y    los servicios generales; la eficiencia de un manicomio implicaba que deb&iacute;a ser    construido a las afueras de la ciudad, preferiblemente en la ladera de una    monta&ntilde;a para que los internos tuvieran una agradable vista y as&iacute; evitar la    sensaci&oacute;n de encierro &#40;Postel y Quetel, 1993: 314&#41;.</p>          <p>Para construir el nuevo Manicomio General fueron elegidos los terrenos de la    antigua hacienda la Casta&ntilde;eda<sup><a name= "s9" href="#9">9</a></sup>. Don    Porfirio destin&oacute; un presupuesto de    $1.783.357 y fueron contratados miles de obreros para erigir un monumental    manicomio de 141.662 m2. Muy cerca de las l&iacute;neas del tranv&iacute;a aparec&iacute;a una    imponente reja forjada de once metros de ancho, con un letrero en la parte    superior que dec&iacute;a manicomio General<sup><a name= "s10" href="#10">10</a></sup>. Al lado izquierdo de la reja se    encontraban la garita del vigilante y una casita con dos rec&aacute;maras, ba&ntilde;o y    cocina. Despu&eacute;s de pasar la reja, las tres viviendas de los m&eacute;dicos era lo    primero que el visitante ve&iacute;a. cada una ten&iacute;a un despacho, estudio, sala,    comedor, cuarto de servicio, cocina, cuatro rec&aacute;maras, cuarto para el mozo de    limpieza y cuatro piezas en el s&oacute;tano. Frente a estas tres casas estaban los    exuberantes jardines que daban una halagadora bienvenida. Una vez adentro, el    visitante se encontraba con un complejo arquitect&oacute;nico acorde con el modelo esquiroliano. Era un conjunto de pabellones aut&oacute;nomos regidos por un eje    central que iniciaba con las oficinas de administraci&oacute;n, y pabellones laterales    que se alineaban de forma casi sim&eacute;trica; todo esto rodeado por una imponente    muralla que acordonaba el complejo, rematando con casetas de vigilancia en cada    esquina &#40;Cuadriello Aguilar, 1983: 7778&#41;. De tal forma, la casta&ntilde;eda constaba de    tres hileras de edificios: en el centro estaban los generales, a la derecha los    de hombres y a la izquierda los de mujeres, todos ellos separados por amplios    corredores. As&iacute;, frente a los jardines, el visitante se encontraba con la    imponente fachada del pabell&oacute;n de servicios Generales, de clara influencia    francesa. Se ingresaba por una prolongada y ancha escalera o por una de las dos    rampas que sal&iacute;an a cada lado de la entrada principal<sup><a name= "s11" href="#11">11</a></sup>. Este edificio, el m&aacute;s    grande del complejo, estaba compuesto por dos pisos y un s&oacute;tano; all&iacute; se    concentraban la administraci&oacute;n, los salones de clase para estudiantes de    medicina, las bodegas, el sal&oacute;n con m&aacute;quinas para lavar y desinfectar ropa, la    botica, el laboratorio, los comedores para empleados, la cocina y, adem&aacute;s, el    sal&oacute;n de eventos. En la planta alta funcionaba la biblioteca, el archivo, la    sala de juntas, el laboratorio, el museo, una sala de lectura y los dormitorios    para los internos y la servidumbre. Detr&aacute;s de los servicios Generales estaba el    pabell&oacute;n de Enfermer&iacute;a y Electroterapia. All&iacute; hab&iacute;a un sal&oacute;n para hombres y otro    para mujeres, cada uno con veinticuatro camas y con los aparatos transformadores    necesarios para la terapia el&eacute;ctrica. Posterior a &eacute;ste se hallaba el pabell&oacute;n de    imb&eacute;ciles, de una sola planta, el cual ten&iacute;a una sala para distinguidos, otra    para la escuela y en medio del edificio hab&iacute;a un comedor, un taller y un espacio    para el gimnasio. Yy concluyendo esta hilera de edificios estaban los ba&ntilde;os para    hombres y para mujeres, y el mortuorio. Los pabellones laterales eran los de    distinguidos, alcoh&oacute;licos, tranquilos divididos en a y b, de acuerdo a la    categor&iacute;a de &quot;indigentes&quot; o &quot;pensionistas&quot;, infecciosos y peligrosos. Los    hombres y mujeres siempre estaban e pabellones aparte, con excepci&oacute;n del &uacute;ltimo    ya que s&oacute;lo hab&iacute;a hombres.</p>          <p>El Manicomio la casta&ntilde;eda fue concebido como un gran museo de la locura, donde    las diferentes formas de anormalidad ser&iacute;an clasificadas y guardadas en bellas    estanter&iacute;as, todo en aras de construir un saber cient&iacute;fico sobre aquellos seres    cuya d&eacute;bil constituci&oacute;n biol&oacute;gica los margin&oacute; del mundo civilizado. Bajo la    l&oacute;gica de los museos erigidos a fines del siglo xix<sup><a name= "s12" href="#12">12</a></sup>, el Manicomio General    ser&iacute;a el espacio en el que la sociedad porfiriana reunir&iacute;a sujetos extra&ntilde;os en    los cuales reconocerse a s&iacute; misma a trav&eacute;s de la alteridad. En el marco del    segundo congreso panamericano de Medicina &#40;1898&#41;, dos m&eacute;dicos mexicanos    presentaron el proyecto del nuevo manicomio. Argumentaron que la psiquiatr&iacute;a se    har&iacute;a cient&iacute;fica cuando se empezara a separar a los locos que compartiesen el    mismo conjunto de s&iacute;ntomas. Lo justificaron de la siguiente forma: &quot;si se miran    unos a otros se entiende que se miran en un espejo. As&iacute; conseguiremos evitar que    se lastimen y perturben las facultades&quot; &#40;Morales Pereyra y Romero, 1898: 895&#41;.    si los locos deb&iacute;an verse entre ellos como si se observasen en un espejo, la    sociedad porfiriana ver&iacute;a, a trav&eacute;s de las diferentes formas de locura, un    panorama aleccionador: las ruinas humanas de quienes no pudieron o no quisieron    beber los jugosos beneficios de la modernidad.</p>          <p><b>EL ENCIERRO TERAP&Eacute;UTICO Y SUS BASES CULTURALES</b></p>        ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Si observamos lo que estaba ocurriendo fuera del pa&iacute;s nos damos cuenta de un  proceso generalizado. Por ejemplo, en Estados Unidos la cantidad de pacientes  psiqui&aacute;tricos internos tuvo un acelerado ascenso: entre 1880 y 1923 la poblaci&oacute;n  pas&oacute; de cuarenta mil a doscientos sesenta y tres mil &#40;Grob, 1983:181&#41;. En  algunos pa&iacute;ses de Am&eacute;rica latina hubo tambi&eacute;n un crecimiento en la poblaci&oacute;n  psiqui&aacute;trica que motiv&oacute; la construcci&oacute;n de nuevas instalaciones. Para mencionar  s&oacute;lo unos casos, en 1892 se fund&oacute; el hospital psiqui&aacute;trico de caracas; en  santiago de chile se estaba construyendo un anexo a la casa de orates, conocido  como el Manicomio nacional en 1910 con capacidad para mil quinientos pacientes;  en lima se constru&iacute;a el hospital psiqui&aacute;trico larco herrera, frente al mar,  clausurando el patio de locos que funcionaba en antiguo hospital de san Andr&eacute;s.  dicho proceso tambi&eacute;n tuvo lugar en otras ciudades mexicanas: en orizaba,  Veracruz, la pujante &eacute;lite de comerciantes erigi&oacute; el hospital del Estado en 1897  &#40;Ayala Flores, 2007&#41;; en M&eacute;rida, Yucat&aacute;n, se fund&oacute; el hospital Leandro Le&oacute;n  Ayala; la orden san Juan de dios fund&oacute; dos hospitales psiqui&aacute;tricos que siguen  en funcionamiento, uno en Zapopan, Jalisco, en 1905 y otro en cholula, puebla,  en 1910, al lado de una pir&aacute;mide prehisp&aacute;nica.</p>        <p>&iquest;Por qu&eacute; crec&iacute;a la poblaci&oacute;n psiqui&aacute;trica? Edward Shorter propone tres posibles    respuestas en a History of Psychiatry. Form the era of the asylum to the age of    Prozac. La primera se fundamenta en el cambio que tuvo lugar en la segunda mitad    del siglo XIX, generado por la migraci&oacute;n del campo a las ciudades en    crecimiento, aunado a un cambio en la composici&oacute;n de las familias. En    consecuencia, el v&iacute;nculo hipot&eacute;tico entre la locura y la migraci&oacute;n es el    siguiente: la carencia de una s&oacute;lida red familiar que funcionara como apoyo    cuando se presentaban los s&iacute;ntomas de alguna enfermedad mental hizo que la    poblaci&oacute;n migrante fuera mucho m&aacute;s vulnerable y m&aacute;s proclive al encierro    psiqui&aacute;trico. Esto tambi&eacute;n nos puede ayudar a comprender por qu&eacute; hubo m&aacute;s    hombres que mujeres en el Manicomio que adem&aacute;s eran j&oacute;venes y solteros o por lo    menos sin pareja estable, ya que estos son los que m&aacute;s tienden a migrar<sup><a name= "s13" href="#13">13</a></sup>.</p>       <p>Como segunda causa para comprender el aumento en el n&uacute;mero de internos en los    hospitales psiqui&aacute;tricos, Shorter afirma que hubo una redistribuci&oacute;n de la    poblaci&oacute;n de las instituciones para pobres, enfermos y hu&eacute;rfanos. De all&iacute;    salieron los que, adem&aacute;s, ten&iacute;an alguna enfermedad mental, posibilitando el    aumento de la poblaci&oacute;n en los psiqui&aacute;tricos &#40;Shorter, 1997: 48 y SS&#41;. Este    mismo proceso ocurri&oacute; en M&eacute;xico a mediados del siglo XIX, pero no durante el    porfiiriato. con base en las cartas que solicitaron la internaci&oacute;n de las    pacientes en el divino salvador en 1845 y 1861, encontramos que un significativo    64 por ciento fueron remitidas de hospitales san Juan de dios, San Andr&eacute;s, san    pablo, hospital de Jes&uacute;s, entre otros. Las remisiones se justificaban de dos    formas: eran pacientes que adem&aacute;s de tener alguna afecci&oacute;n psiqui&aacute;trica padec&iacute;an    de alguna enfermedad cr&oacute;nica, o bien estaban afectados por alguna enfermedad    extra&ntilde;a o desconocida para los m&eacute;dicos por lo que eran catalogadas como    neurosis<sup><a name= "s14" href="#14">14</a></sup>. Este fen&oacute;meno lo podemos entender como una consecuencia l&oacute;gica de    las guerras que M&eacute;xico viv&iacute;a en estos a&ntilde;os, lo que gener&oacute; una saturaci&oacute;n de los    hospitales y llev&oacute; a los m&eacute;dicos a tomar las medidas para deshacerse de quienes    no deb&iacute;an estar all&iacute;. Empero, no es posible aplicar este esquema al porfiriato    tard&iacute;o &#40;1910&#41;, ya que s&oacute;lo el 3,2 por ciento de los pacientes procedentes de los    viejos asilos para dementes que ingresaron a la casta&ntilde;eda, fueron remitidos por    los hospitales &#40;r&iacute;os Molina, 2007: 3132&#41;.</p>          <p>Y en tercer lugar, Shorter afirma que hubo un aumento en la cantidad de pacientes    afectados de esquizofrenia, psicosis alcoh&oacute;lica y neuros&iacute;flis. En cuanto a los    esquizofr&eacute;nicos, esta afecci&oacute;n no fue diagnosticada en M&eacute;xico sino hasta la    segunda d&eacute;cada del siglo xx. Antes exist&iacute;an con la etiqueta de &quot;dementes&quot; por    ser un criterio que englobaba a todos los que hablaban incoherencias y viv&iacute;an en    otra realidad, distanci&aacute;ndose del mundo en el suyo propio. En lo referente al    alcoholismo, en M&eacute;xico fue considerada, seg&uacute;n los m&eacute;dicos, como la causa del    crecimiento de la poblaci&oacute;n psiqui&aacute;trica<sup><a name= "s15" href="#15">15</a></sup>. Finalmente, los casos de neuros&iacute;flis, o par&aacute;lisis general progresiva, fueron muy pocos durante este    periodo. Sin embargo, estos argumentos no nos explican del todo el aumento de    los enfermos mentales en M&eacute;xico.</p>          <p>Otro tipo de explicaciones han sido elaboradas en t&eacute;rminos pol&iacute;ticos gracias a    la influencia de los trabajos de Michael foucault, esto es, comprender el saber    psiqui&aacute;trico y los manicomios como herramientas del Estado para el control de    las conductas que amenazaban con la estabilidad social<sup><a name= "s16" href="#16">16</a></sup>. Por consiguiente, la    consolidaci&oacute;n del Estado moderno aparece como un tel&oacute;n de fondo para comprender    el crecimiento de la poblaci&oacute;n psiqui&aacute;trica tanto en Europa como en Estados    Unidos. No obstante, el an&aacute;lisis de los expedientes cl&iacute;nicos<sup><a name= "s17" href="#17">17</a></sup> de los    pacientes que ingresaron a la casta&ntilde;eda nos mostr&oacute; que no eran los psiquiatras,    apoyados por las instituciones de control social como la polic&iacute;a, quienes    recorr&iacute;an las calles en busca de todos aquellos que amenazaran el proyecto de    naci&oacute;n. Nos encontramos, m&aacute;s bien, con las familias. Ellas eran las que tomaban    la decisi&oacute;n de cederle al Estado el control y el cuidado de sus locos. Es m&aacute;s,    los mismos psiquiatras viv&iacute;an en una constante lucha para que los familiares se    hicieran cargo de los pacientes que pod&iacute;an vivir en sociedad, pero los locos    eran abandonados en el encierro, lo que aceleraba de forma dram&aacute;tica el    hacinamiento &#40;sacrist&aacute;n, 2002&#41;. hubo momentos en que las mismas familias    terminaron imponi&eacute;ndose sobre el criterio m&eacute;dico. Por ejemplo, cuando los    m&eacute;dicos consideraban que el paciente merec&iacute;a ser dado de alta, algunas familias    se comprometieron a pagar una mensualidad con tal de que permaneciera en el    encierro &#40;r&iacute;os, 2007: 180208&#41;. La siguiente carta resulta ilustrativa:</p>      <ul>    <p>Mi citado hijo ha tenido varias &eacute;pocas de mejor&iacute;a durante los a&ntilde;os de su    enfermedad, y en una ocasi&oacute;n estuvo continuamente bien por m&aacute;s de cuatro meses,    pero a continuaci&oacute;n, por causas que me son desconocidas ha vuelto a sufrir con    m&aacute;s frecuencia, no s&oacute;lo los ataques epil&eacute;pticos que padece por las noches sino    desequilibrios intelectuales al grado de enfurecerse, por lo que en la &uacute;ltima    ocasi&oacute;n intervino la autoridad pol&iacute;tica de esta ciudad para impedir que    inconscientemente cometiera alg&uacute;n acto reprobado. En otras veces tambi&eacute;n se ha    visto mejorado, cuando por prescripci&oacute;n de sus m&eacute;dicos se le ha tenido aislado    hasta donde ha sido posible en fincas de campo; pero ha not&aacute;ndose que a pesar de    las medicinas, al volver a las poblaciones, su enfermedad se ha presentado de    nuevo, perdiendo visiblemente la raz&oacute;n. Estos hechos me hacen pensar que si    abandonara el estado de reclusi&oacute;n a que se le ha sometido en ese humanitario    establecimiento, indudablemente se perder&iacute;a todo lo que se ha ganado en favor de    su salud... &#40;ahss, fmg, seec, caja 40, exp. 37, f. 46 y 87. Destacado m&iacute;o&#41;.</p>    </ul>          <p>As&iacute;, las familias se apropiaban de la instituci&oacute;n psiqui&aacute;trica de acuerdo con    sus propios intereses y necesidades. Este hecho nos permite afirmar que la    internaci&oacute;n psiqui&aacute;trica estaba precedida de una definici&oacute;n social y cultural de    lo que era considerado como locura. En consecuencia, los estudios sobre la    locura se deben enfocar en las razones que en cada momento hist&oacute;rico llevaron a    las familias y a las otras instancias remitentes, a entregarle sus locos a la    instituci&oacute;n psiqui&aacute;trica del Estado. Esto implica que el criterio usado para    encerrar a los locos no fue necesariamente psiqui&aacute;trico, sino que hubo    referentes culturales que definieron los comportamientos que se asociaban con la    locura. Esta presencia del saber psiqui&aacute;trico y los referentes culturales para    definir qui&eacute;n merec&iacute;a el encierro terap&eacute;utico nos marca la diferencia entre    enfermedad mental y locura. La primera es un criterio cl&iacute;nico para ubicar un    sujeto en una entidad nosol&oacute;gica, mientras que la segunda tiene que ver con los    referentes usados por cada cultura para aislar a quienes asumen como poseedores    de una naturaleza &quot;anormal&quot;. N&oacute;tese en la siguiente carta la manera en que los    familiares de los locos interpretaron ciertas conductas como manifestaciones de    locura:</p>      <ul>    <p>Su conducta con sus familiares ha sido de verdadero martirio, airado siempre,    carente de toda clase de sentimientos nobles, de la m&aacute;s rudimentaria educaci&oacute;n    &#40;...&#41;. Su actual ingreso al Manicomio fue para que una hermana pudiera morir en    paz. Este estado que causa tristeza y horror, revela la perversi&oacute;n moral a que    ha descendido nuestro familiar &#40;...&#41;. All&iacute; en nuestro pueblo ha dispuesto de los    productos de los sembrados de sus familiares; y no solamente ha hecho esto sino    cuando ya no tiene de que disponer, ha vendido los vidrios de las ventanas y aun    intent&oacute; vender el tejado de la propia casa. En cierta ocasi&oacute;n se hinc&oacute; en la    calle, gritando que trotski hab&iacute;a envenenado el agua &#40;AHSS, F-MG, SE-EC, caja 23,    exp. 46. Destacado m&iacute;o&#41;.</p>    </ul>          ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Quienes compon&iacute;an el entorno social inmediato del loco daban cuenta a los    psiquiatras de las excentricidades y transgresiones que hac&iacute;an urgente el    encierro terap&eacute;utico. Los psiquiatras escuchaban detenidamente la descripci&oacute;n de    tales excesos, hac&iacute;an varias preguntas sobre los antecedentes familiares y    personales para, finalmente, emitir alg&uacute;n diagn&oacute;stico. Este di&aacute;logo entre los    especialistas de la mente y las familias es sintom&aacute;tico de un lenguaje m&eacute;dico    compartido. Las familias usaban conceptos para justificar el encierro de su    familiar inc&oacute;modo, tuviera o no una enfermedad mental. La carta evidencia el uso    de un t&eacute;rmino propio de la &eacute;poca: la perversi&oacute;n moral. Es com&uacute;n encontrar en las    cartas t&eacute;rminos como trastorno, demencia, desequilibrio mental, delirios,    etc&eacute;tera. Este hecho nos marca el inicio de un proceso totalmente consolidado en    nuestros d&iacute;as, a saber, la psiquiatrizaci&oacute;n del lenguaje. t&eacute;rminos como    histeria, neurosis, psicosis, trauma, paranoia, alucinaci&oacute;n, delirio, depresi&oacute;n,    todos ellos gestados en la psiquiatr&iacute;a del siglo XIX, se han incorporado al    lenguaje cotidiano de nuestra sociedad; y la literatura, la prensa y el cine han    despe&ntilde;ado un papel determinante en este proceso. La psiquiatr&iacute;a se ha insertado    en nuestras expresiones cotidianas d&aacute;ndonos referentes para pensar y cuestionar    nuestro propio comportamiento y el de los otros. El abanico de tratamientos de    toda &iacute;ndole y la sobreoferta de psicof&aacute;rmacos es una muestra de la exitosa    incursi&oacute;n de la cultura del <i>psi</i> en nuestros h&aacute;bitos de consumo, dejando en el    pasado aquellos tratamientos asociados con los choques el&eacute;ctricos, el encierro y    la camisa de fuerza.</p>          <p>Pero es necesario hacer una precisi&oacute;n. Si bien el saber psiqui&aacute;trico ha incidido    en el lenguaje y el discurso de occidente, &eacute;ste no ha sido un proceso    verticalizado. Si bien la psiquiatr&iacute;a nos da todos estos referentes, la sociedad    le ha dado la materia prima al saber psiqui&aacute;trico: los locos. La psiquiatr&iacute;a    observa al loco, pero &eacute;ste es elegido por la sociedad. En consecuencia, el saber    psiqui&aacute;trico tiene como sustrato los referentes sociales y culturales para    definir la anormalidad. Este hecho abre un rico campo de investigaci&oacute;n    antropol&oacute;gica: el fundamento cultural del saber psiqui&aacute;trico. Es posible    diseccionar el saber psiqui&aacute;trico con herramientas de la antropolog&iacute;a ya que    dicho saber no nace de la observaci&oacute;n minuciosa en los laboratorios, con la    ayuda de potentes microscopios que escudri&ntilde;aban los secretos del cerebro, sino    en la interacci&oacute;n con la sociedad. Esto nos acerca a la naturaleza dial&oacute;gica del    saber psiqui&aacute;trico.</p>          <p><b>EL OTRO Y EL MITO DE LA CIENCIA</b></p>        <p>Es obvio el v&iacute;nculo cultural que une el psiquiatra con las familias, ya que 83    el especialista forma parte de una cultura y su quehacer tiene lugar en funci&oacute;n    de las exigencias de la colectividad. Este hecho nos permite plantear que tanto    la sociedad capitalina como los m&eacute;dicos estaban convencidos de la eficacia    terap&eacute;utica del encierro, y en ello radicaba la legitimidad de dicha    instituci&oacute;n. En consecuencia, ubicamos el tema la eficacia terap&eacute;utica como    verdad en el marco de la relaci&oacute;n psiquiatr&iacute;acultura. Por consiguiente puede    formularse una pregunta de rigor: &iquest;cu&aacute;les fueron las bases culturales que    fundamentaron la construcci&oacute;n de esta &quot;verdad&quot;? si busc&aacute;ramos las bases    hist&oacute;ricas de este fen&oacute;meno, llegar&iacute;amos a una reconstrucci&oacute;n de los hechos que    nos expondr&iacute;a qui&eacute;nes trajeron los imaginarios y c&oacute;mo los difundieron. Sin    embargo, en este escrito nos preguntamos por las bases culturales de la relaci&oacute;n    entre psiquiatr&iacute;a y cultura. Esto implica determinar qu&eacute; mecanismo sirvi&oacute; de    v&iacute;nculo entre ambos sectores. La propuesta es la siguiente: el loco fue un mito    compartido tanto por los cient&iacute;ficos como por las familias. Si bien en cada    momento hist&oacute;rico impera una noci&oacute;n de locura, a partir del siglo xix, cuando la    medicina se hace cient&iacute;fica, el mito del loco se construye en t&eacute;rminos biol&oacute;gicos    &#40;porter, 2002: 123151&#41;. El enfermo mental existe de facto, pero las ideas sobre  &eacute;l la locura cambian con el tiempo.</p>        <p>As&iacute; como el gran mito de la antropolog&iacute;a de fin de siglo fue el del salvaje, la    naciente psiquiatr&iacute;a cre&oacute; el mito del loco &#40;Bartra, 1992&#41;. Si bien ambas    im&aacute;genes exist&iacute;an con siglos de anterioridad, en este momento hist&oacute;rico, la    hegemon&iacute;a de la ciencia basada en el positivismo, le imprimi&oacute; un nuevo    significado. Si la antropolog&iacute;a era la ciencia que observaba a los otros, a los    extra&ntilde;os que estaban distantes en el espacio, la psiquiatr&iacute;a ve&iacute;a a los otros, a    los extra&ntilde;os que conviv&iacute;an en el seno de las ciudades modernas. Ambas miradas    buscaban comprender por qu&eacute; eran refractarios al orden social y al progreso, y    qu&eacute; los hab&iacute;a mantenido al margen de los jugosos beneficios de la civilizaci&oacute;n y    la cultura. En ese sentido se hermanan la antropolog&iacute;a y la psiquiatr&iacute;a en sus    or&iacute;genes hist&oacute;ricos.</p>          <p>Los primeros psiquiatras o m&eacute;dicos interesados en las enfermedades mentales, en    tanto insertos en los espacios de poder estatal como secretar&iacute;as o ministerios    de salud, tuvieron la capacidad de crear y difundir un mito sobre la locura que    le permitiera a la sociedad justificar el encierro de sus sujetos indeseables.    Ellos articularon, en el lenguaje m&eacute;dicobiol&oacute;gico, un mito con base en los    referentes sociales de normalidad y anormalidad que se tejieron a lo largo del    siglo XIX. Y como suele ocurrir en las relaciones de poder, el subalterno se    apropi&oacute; del discurso del dominante en aras de sus propios intereses<sup><a name= "s18" href="#18">18</a></sup>.</p>          <p>El mito moderno del loco tuvo dos caras: la del degenerado y la del nervioso.    fueron dos formas distintas y a la vez complementarias de ver la locura que    determinaron la manera de comprender a los anormales. Son m&aacute;scaras que si le    hormaban bien al supuesto loco, a &eacute;ste se le comenzaba a tratar como tal<sup><a name= "s19" href="#19">19</a></sup>. As&iacute; como las m&aacute;scaras ocultan la identidad del actor, &eacute;stas de la locura nos    impiden conocer el real estado mental del supuesto loco. A continuaci&oacute;n veremos    c&oacute;mo eran esas m&aacute;scaras a partir de textos escritos por m&eacute;dicos de aquella    &eacute;poca.</p>          <p><b>M&Aacute;SCARA 1: EL DEGENERADO</b></p>        <p>La teor&iacute;a de la degeneraci&oacute;n estuvo en boga en todo el mundo occidental desde    mediados del siglo XIX hasta bien entrado el siglo XX, cuando tuvieron lugar las    m&aacute;s racistas propuestas emanadas de la eugenesia, como los proyectos fascistas    para la purificaci&oacute;n de la raza. Dicha teor&iacute;a, propuesta por el alienista franc&eacute;s    August Benedict Morel, consideraba que la especie humana era viable de cambiar o    mejorar a trav&eacute;s del tiempo. Por ello, h&aacute;bitos nocivos como el alcoholismo o una    vida sexual que rompiera los c&aacute;nones de lo normal, degenerar&iacute;an la raza. En    consecuencia, los viciosos o enfermos cr&oacute;nicos ser&iacute;an propensos a tener hijos    epil&eacute;pticos, locos o criminales. Estos, a su vez, tendr&iacute;an hijos imb&eacute;ciles que    no se reproducir&iacute;an<sup><a name= "s20" href="#20">20</a></sup>. De manera que los pujantes proyectos de naci&oacute;n en el    mundo occidental se preocuparon por el loco en tanto amenaza para los objetivos modernizantes y civilizatorios, y de este modo el encierro del loco ocult&oacute; intereses pol&iacute;ticos. Esta    teor&iacute;a fue fundamental ya que sent&oacute; las bases de una aut&eacute;ntica biopol&iacute;tica: el    ejercicio del poder bajo la legitimidad que otorgaba la ciencia. Este referente    centraba su mirada en todos aquellos sujetos que, generalmente, pertenec&iacute;an a    los cinturones de miseria y cuyas vidas trascurr&iacute;an entre la insalubridad, otra    causa de la degeneraci&oacute;n. La pobreza se convirti&oacute; en cuna de locura,    delincuencia, prostituci&oacute;n, alcoholismo, en resumen, de degeneraci&oacute;n. Se    consideraba que estos sujetos carec&iacute;an de preceptos morales que les permitieran    ponerle un freno a sus impulsos, y esto s&oacute;lo era posible a trav&eacute;s de la cultura.    &iquest;c&oacute;mo definir al degenerado que deb&iacute;a ser recluido en el Manicomio? las primeras    reflexiones sobre la locura que deb&iacute;a ser encerrada en M&eacute;xico no tuvieron lugar    al calor de la cl&iacute;nica psiqui&aacute;trica, ni tampoco desde las c&aacute;tedras que en las    Universidades se destinaron a comprender las enfermedades mentales. M&aacute;s bien,    tuvieron lugar en un espacio transdisciplinario: la medicina legal. En ella    converg&iacute;an los referentes del derecho con las herramientas de la medicina. Los    m&eacute;dicos legistas fueron los primeros en reflexionar sobre las implicaciones    legales de la locura. La importancia jur&iacute;dica de dicha afecci&oacute;n radicaba en que    el loco no estaba en capacidad de ejercer sus derechos civiles ni sus    responsabilidades penales. Un loco no pod&iacute;a comprar o vender propiedades,    testar, casarse ni administrar sus propiedades. Adem&aacute;s, en caso de que un loco    cometiera un crimen no se le consideraba culpable y en lugar de recibir un    castigo, recibir&iacute;a tratamiento m&eacute;dico. reci&eacute;n redactados los c&oacute;digos civil y    penal, la definici&oacute;n de la locura fue una necesidad jur&iacute;dica. Si bien se asum&iacute;a    que todos eran iguales ante la ley otro mito de la modernidad pol&iacute;tica, hab&iacute;a    unos que no lo eran y su diferencia deb&iacute;a ser se&ntilde;alada cient&iacute;ficamente. En    consecuencia, se publicaron art&iacute;culos y tesis donde los m&eacute;dicos se preguntaban    si la epilepsia, el alcoholismo, la demencia o las neurosis hac&iacute;an a los    afectados incapaces en t&eacute;rminos jur&iacute;dicos. resumiendo, el degenerado como una    cara del mito del loco ten&iacute;a los siguientes elementos: por ser amorales    tender&iacute;an a la delincuencia con facilidad; el degenerado era pobre; la locura    desde esta perspectiva era hereditaria, como el pecado original, raz&oacute;n por la    que se asum&iacute;a la existencia de un destino fat&iacute;dico para los hijos de los    viciosos; el degenerado era una amenaza p&uacute;blica, raz&oacute;n por la cual su encierro    era una medida para cuidar la sociedad; el degenerado aparec&iacute;a con m&aacute;s  frecuencia entre los hombres que entre las mujeres.</p>        <p><b>M&Aacute;SCARA 2: LOS NERVIOSOS</b></p>    <ul>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Ella siempre fue de temperamento muy nervioso y bilioso, siendo muy afecta a la    lectura de novelas, a la m&uacute;sica, al canto, al cine y deseando figurar como    artista, pues estos deseos la hac&iacute;an impresionarse y posesionarse de cientos de    actos, que la hac&iacute;an rom&aacute;ntica. Motiv&oacute; su desequilibrio cerebral, una decepci&oacute;n    amorosa causada por an&oacute;nimos injuriosos. Alg&uacute;n tiempo se le inyect&oacute; por    prescripci&oacute;n m&eacute;dica, no habiendo en su familia personas atacadas del cerebro    tambi&eacute;n sent&iacute;a afecto por pintar &#40;AHSS, F-MG, SE-EC, caja 90, exp. 34, f. 11&#41;.</p>    </ul>       <p>Esta carta fue escrita por la hermana de una paciente de veinticuatro a&ntilde;os,    soltera y con una posici&oacute;n social que le permit&iacute;a tener acceso a la lectura de    novelas, al cine y a la m&uacute;sica, al punto de desear &quot;figurar como artista&quot;. Sin    embargo, el problema apareci&oacute; debido a su temperamento &quot;nervioso y bilioso&quot;.    desde la medicina hipocr&aacute;tica, el exceso de bilis negra fue considerado como la    causa de la melancol&iacute;a, una propensi&oacute;n a la tristeza profunda que sol&iacute;a ser    propia de los poetas &#40;Bartra, 2001&#41;. Pero las afecciones &quot;nerviosas&quot; son mucho    m&aacute;s recientes. Datan de siglo XVIII cuando el escoc&eacute;s William cullen propuso    este t&eacute;rmino para designar trastornos ps&iacute;quicos sin una alteraci&oacute;n org&aacute;nica    demostrable cuyo origen resid&iacute;a en alteraciones de los &quot;nervios&quot;. Bajo esta    categor&iacute;a fueron clasificados desde s&iacute;ncopes hasta hidrofobia, pasando por    histeria, melancol&iacute;a, amencia, man&iacute;a, neurastenia, psicosis y paranoia    &#40;L&oacute;pez Pi&ntilde;ero,1985: 3335&#41;. En el contexto mexicano, el doctor Jos&eacute;    Olvera public&oacute; un    art&iacute;culo donde expon&iacute;a ampliamente las causas de las &quot;nevrosis&quot; en M&eacute;xico. Seg&uacute;n    sus investigaciones, los neur&oacute;ticos no eran pobres; m&aacute;s bien, pertenec&iacute;an a la    clase &quot;suprema&quot; y adquir&iacute;an la enfermedad por imitaci&oacute;n o por &quot;la funesta    influencia de los libros&quot;; adem&aacute;s, sol&iacute;a presentarse en sujetos &quot;en extremo    sensibles&quot; &#40;Olvera, 1870: 53&#41;.</p>          <p>Otro m&eacute;dico que trabaj&oacute; en el hospital de san hip&oacute;lito escribi&oacute; en 1887 que las    neurosis eran propias de la &quot;sociedad moderna&quot; ya que los grupos ind&iacute;genas, al    carecer de novedades y est&iacute;mulos fuertes, no &quot;alborotaban sus pasiones&quot;. Por    ello, &quot;la sociedad es la que arregla esas circunstancias que muchas veces se    atraviesan en nuestros d&iacute;as, lastim&aacute;ndonos al punto de enloquecernos, aunque sea    s&oacute;lo por unos instantes&quot; &#40;Rivadeneyra, 1887: 13&#41;. En consonancia con esto, en    1900 el doctor Adolfo Aguirre mencionaba que en medio de la agitaci&oacute;n propia de    la vida moderna se estaba creando un temperamento nervioso que afectaba, entre    otros, a comerciantes, ministros de Estado, hombres de negocios, diplom&aacute;ticos,    matem&aacute;ticos, financieros, economistas, tenedores de libros, periodistas y    estudiantes: &quot;todos est&aacute;n en disposici&oacute;n de hacerse neurast&eacute;nicos por la fatiga    intelectual a la que los conduce su ocupaci&oacute;n&quot; &#40;Aguirre, 1900: 15&#41;. Esta    perspectiva fue compartida por un n&uacute;mero nada despreciable de m&eacute;dicos. Por    ejemplo, en 1893 el doctor Vergara y Flores en su art&iacute;culo &quot;nEuropat&iacute;as y    aberraci&oacute;n intelectual&quot;, expuso una visi&oacute;n similar sobre la naturaleza de las    enfermedades nerviosas. conclu&iacute;a que estas afecciones emerg&iacute;an en la &quot;raza    moderna&quot; en medio del progreso tecnol&oacute;gico y econ&oacute;mico: la sociedad se elevaba    &quot;a las alturas en alas bienhechoras; pero va dejando sobre la tierra los tristes    despojos de sus &oacute;rganos maltratados, de un sistema nervioso deca&iacute;do y vacilante&quot;    &#40;Vergara y Flores, 1893: 200&#41;.</p>          <p>Estos m&eacute;dicos nos ofrecen una visi&oacute;n triste y melanc&oacute;lica de los cambios    sociales que estaban afectando al M&eacute;xico porfiriano. No todo era desarrollo    tecnol&oacute;gico, social y cultural. El tan anhelado progreso iba dejando despojos    humanos a su paso: sujetos que sin pericia se hab&iacute;an sumergido en la seductora    corriente del progreso sin tener en cuenta las sutiles trampas a las que se    expon&iacute;an. Por consiguiente, los psiquiatras que tuvieron ante s&iacute; a las v&iacute;ctimas    de la neurosis no s&oacute;lo observaban una enfermedad, sino los estragos de la    modernidad. La muy optimista mirada de los positivistas, que s&oacute;lo ve&iacute;a beneficios    y bondades en civilizar a M&eacute;xico, tuvo su contraparte: es decir la mirada    melanc&oacute;lica frente a quienes se hab&iacute;an contagiado de la plaga intr&iacute;nseca al    progreso: la alteraci&oacute;n de los nervios. Este hecho movi&oacute; al mencionado doctor    flores y Vergara a afirmar que las neurosis no eran otra cosa que &quot;el grito de    alarma dado por los centros nerviosos fatigados para prevenir y anunciar una    ruina tremenda que se acerca&quot; &#40;Vergara y flores, 1893: 202&#41;.</p>          <p>Las afecciones nerviosas se consideraban m&aacute;s recurrentes en las mujeres debido a    que, seg&uacute;n se dec&iacute;a, ten&iacute;an una constituci&oacute;n m&aacute;s d&eacute;bil. Sin embargo, 87 hubo una    tendencia generalizada a que estas mujeres no fueran encerradas en los    manicomios p&uacute;blicos; de hecho, no alcanzaban el 3 por ciento de la poblaci&oacute;n    total. M&aacute;s bien, estas reflexiones partieron del ejercicio de la cl&iacute;nica privada.    Estas pacientes ten&iacute;an la capacidad de pagar la consulta de un prominente    m&eacute;dico. Adem&aacute;s, en lugar del encierro psiqui&aacute;trico, el tratamiento recomendado    era los c&oacute;modos balnearios con aire puro y seleccionada comida para se&ntilde;oritas y    j&oacute;venes de buena familia que requirieran la terap&eacute;utica distancia del bullicio    citadino &#40;porter, 2003: 98&#41;. resumiendo, las neurosis se caracterizaban por:    afectar a las clases pudientes; ocurr&iacute;an por el exceso de vida cultural;    afectaban m&aacute;s a mujeres que a hombres; a diferencia de los degenerados que    heredaban su locura, los nerviosos la eleg&iacute;an por voluntad propia raz&oacute;n por la    que se consideraba que la histeria era una enfermedad de la &quot;voluntad&quot;; el    encierro, en los pabellones de pensionistas, ten&iacute;a lugar para la tranquilidad    familiar en aras de la paz dom&eacute;stica.</p>          <p>La psiquiatr&iacute;a cre&oacute; un mito de la locura con dos caras, atravesado por variables    de clase y de g&eacute;nero. Este mito se enriqueci&oacute; con los referentes culturales para    diferenciar lo &quot;normal&quot; de lo &quot;anormal&quot; en aqu&eacute;l M&eacute;xico porfiriano. El    historiador Klaus d&ouml;rner en su libro ciudadanos y locos, propone una hip&oacute;tesis    aplicable al contexto mexicano: la locura fue, justamente, la ant&iacute;tesis de la    ciudadan&iacute;a. El ciudadano era el sujeto ideal, mientras que el loco carec&iacute;a del    elemento que hac&iacute;a al ciudadano ilustrado, es decir la raz&oacute;n. S&oacute;lo el hombre    racional pod&iacute;a participar en pol&iacute;tica, esto es, en el espacio p&uacute;blico. Quienes    no fueran lo suficientemente racionales deb&iacute;an vivir aislados, observados y    cient&iacute;ficamente clasificados, cual materializaci&oacute;n de los nuevos demonios que    embadurnaban el progreso en un mundo que parec&iacute;a secular y moderno.</p>      <hr size="1">    <p><b>Comentarios</b></p>        <p><sup><a name="2" href="#s2" >2</a></sup> Por ejemplo, los internos del Hospital San Hip&oacute;lito    pasaron de ochenta y cinco en 1864 a ciento cuarenta y cinco en 1877.</p>          <p><sup><a name="3" href="#s3" >3</a></sup> La benefcencia p&uacute;blica en el distrito federal,  1926, tomo i, n&uacute;mero 3, pp. 9.</p>        ]]></body>
<body><![CDATA[<p><sup><a name="4" href="#s4" >4</a></sup> La benefcencia p&uacute;blica en el distrito federal,  1926, tomo i, n&uacute;mero 3, pp. 21.</p>        <p><sup><a name="5" href="#s5" >5</a></sup> La benefcencia p&uacute;blica en el distrito federal,  1926, tomo i, n&uacute;mero 3, pp. 49</p>        <p><sup><a name="6" href="#s6" >6</a></sup> A partir de ac&aacute; se nombrar&aacute;n las siguientes  instituciones de esta manera: archivo hist&oacute;rico de la secretar&iacute;a de salud, AHSS,  Fondo Beneficencia P&uacute;blica, FBP, Secci&oacute;n Establecimientos Hospitalarios, SEH,  Serie Manicomio General, SEMG, Fondo Manicomio General, FMG, Secci&oacute;n Expedientes  Cl&iacute;nicos, SEEC.</p>        <p><sup><a name="7" href="#s7" >7</a></sup> Para un an&aacute;lisis estil&iacute;stico de la casta&ntilde;eda en  el contexto arquitect&oacute;nico del porfiriato v&eacute;ase macmichael reese, 2004: 207210. Un riguroso estudio de las reformas arquitect&oacute;nicas en funci&oacute;n de una l&oacute;gica  sanitaria durante el mismo per&iacute;odo es el de Agostoni, 2003.</p>        <p><sup><a name="8" href="#s8" >8</a></sup> A inicios del siglo XIX hubo un movimiento de  alienistas que pugnaba por la construcci&oacute;n de nuevas instituciones psiqui&aacute;tricas  que permitieran darle un tratamiento cient&iacute;fico a los miles de enfermos mentales  que se hacinaban en c&aacute;rceles, hospicios y hospitales en Francia. Para cambiar  esta situaci&oacute;n se construyeron nuevos pabellones en antiguos hospitales como en  Saint Meen, Fains, Saint Dizier, Quimper, Ale&ccedil;on, Ch&acirc;lonssurMarne, Bic&ecirc;tre y  Salp&ecirc;tri&egrave;re &#40;Postel y Quetel, 1993: 316&#41;. Sin embargo, hubo propuestas para la  erecci&oacute;n de nuevos hospitales para enfermos mentales de acuerdo con los  planteamientos de Jean &Eacute;tienne Esquirol &#40;17721840&#41;. Este hombre estudi&oacute; medicina  en Montpellier y en 1799 lleg&oacute; a Par&iacute;s para vincularse como practicante en la  Salp&ecirc;tri&egrave;re al servicio de Phillipe Pinel. En 1811 fue nombrado m&eacute;dico vigilante  de la divisi&oacute;n de locas de Salp&ecirc;tri&egrave;re. En 1819 present&oacute; su c&eacute;lebre informe al  ministro del Interior &quot;Los establecimientos consagrados a los alienados en  Francia y los medios para mejorarlos&quot;, texto en el que sentaba las bases de una  reforma arquitect&oacute;nica como parte de los planes terap&eacute;uticos.</p>        <p><sup><a name="9" href="#s9" >9</a></sup> La primera propuesta apareci&oacute; en 1861 cuando  mariano G&aacute;lvez propuso llevar los locos a las afueras de la ciudad, por lo que  consider&oacute; que podr&iacute;a ser en el convento de el carmen en san &aacute;ngel. Sin embargo,  el agua que all&iacute; se consum&iacute;a no era potable. Posteriormente se sugiri&oacute; que el  manicomio funcionara en el rancho la hormiga, situado en las cercan&iacute;as al bosque  de chapultepec; no obstante, por ser un terreno pantanoso, se desech&oacute; la  propuesta. Una tercera posibilidad fue un terreno ubicado en el norte de la  colonia santa mar&iacute;a la ribera, pero el estar expuesto a &quot;fuertes vientos&quot; y  debido al elevado precio del terreno esta propuesta no prosper&oacute;. Finalmente, se  sugiri&oacute; el rancho San Jos&eacute;, ubicado en la ribera del r&iacute;o consulado, y no sabemos  qu&eacute; elementos negativos se encontraron en estas tierras &#40;AHSS, F-BP, S-EH, SE-SH,  leg. 1, exp. 1&#41;.</p>        <p><sup><a name="10" href="#s10" >10</a></sup> La descripci&oacute;n del manicomio la tomamos del  informe presentado por el ingeniero Porfirio D&iacute;az al momento de hacer entrega de  las instalaciones del manicomio general al ministerio de obras p&uacute;blicas. El  informe se localiza en el fondo Porfirio D&iacute;az, biblioteca xavier clavijero de la  Universidad iberoamericana, carpeta 2722.</p>        <p><sup><a name="11" href="#s11" >11</a></sup> Despu&eacute;s de haber sido desmantelado el manicomio en  1968, la fachada fue lo &uacute;nico que qued&oacute; en pie ya que fue vendida y trasladada  al pueblo de amecameca como el &uacute;nico vestigio de lo que fue alguna vez la  casta&ntilde;eda.</p>        <p><sup><a name="12" href="#s12" >12</a></sup> Cuando Andrew Scull &#40;1979&#41; analiza la construcci&oacute;n y  el dise&ntilde;o de hospitales para enfermos mentales en el siglo XIX en Inglaterra,  los compara con la l&oacute;gica que subyace a la construcci&oacute;n de museos: colectar y  clasificar ex&oacute;ticos objetos perteneciente s a sociedades sumidas en la barbarieais lada s en el tiempo o en el espacio, coleccione s usa das por la sociedad moderna para regodearse en su propia civilizaci&oacute;n, frente a objetos de  mundos salvajes.</p>        <p><sup><a name="13" href="#s13" >13</a></sup> La amplia bibliograf&iacute;a sobre la migraci&oacute;n nos muestra  que las caracter&iacute;sticas de este fen&oacute;meno cambian de acuerdo con las condiciones  hist&oacute;ricas que las generan. Sin embargo, como tendencia general, se ha  demostrado que la mayor&iacute;a de las migraciones econ&oacute;micas comienzan con personas  j&oacute;venes y econ&oacute;micamente activas &#40;Castles y Miller, 2004: 44&#41;. Podemos suponer  que el crecimiento de la poblaci&oacute;n de la capital durante la revoluci&oacute;n se debi&oacute;  por una parte a la violencia en el campo, lo que oblig&oacute; a muchos a buscar  refugio en la capital junto a un mejoramiento en la situaci&oacute;n econ&oacute;mica, y, por  otra, a la movilidad generada por el constante desplazamiento de ej&eacute;rcitos a lo  largo de pa&iacute;s, lo que posibilit&oacute; que hombres en pie de lucha llegaran a la  capital y decidieran iniciar all&iacute; una nueva vida. Carecemos de informaci&oacute;n  exacta sobre las caracter&iacute;sticas sociol&oacute;gicas de la poblaci&oacute;n migrante durante  la revoluci&oacute;n. Sin embargo, la presencia de una aplastadora mayor&iacute;a de hombres  migrantes en el Manicomio puede ser se&ntilde;al de una superioridad num&eacute;rica.</p>        ]]></body>
<body><![CDATA[<p><sup><a name="14" href="#s14" >14</a></sup> AHSS, F-BP, S-EH. Serie Hospital  El divino salvador, leg. 1, exp. 13, ff. 1345 y leg. 8, exp. 16, ff. 1170.</p>        <p><sup><a name="15" href="#s15" >15</a></sup> El texto que uso como base para comprender la  lucha de la &eacute;lite porfiriana contra el alcoholismo es carrillo, &#40;2002&#41;.</p>        <p><sup><a name="16" href="#s16" >16</a></sup> Las principales historias de la psiquiatr&iacute;a que  fueron notablemente influidas por la obra de Michael Foucault: &Aacute;lvarezur&iacute;a,  &#40;1983&#41;; Castel, &#40;1980&#41;; D&ouml;rner, &#40;1975&#41;; y Scull, &#40;1993&#41;.</p>        <p><sup><a name="17" href="#s17" >17</a></sup> Una gu&iacute;a metodol&oacute;gica para el an&aacute;lisis de los  expedientes cl&iacute;nicos como fuente para la historia es huertas, &#40;2001&#41;.</p>        <p><sup><a name="18" href="#s18" >18</a></sup> Est&aacute; demostrado, desde las teor&iacute;as de la subalternidad, que en las relaciones de poder los dominados se apropian del  discurso de los dominantes como un mecanismo de resistencia &#40;Scott, 2000; 1985;  Moore, 1996&#41;.</p>        <p><sup><a name="19" href="#s19" >19</a></sup> Esta es la l&oacute;gica del estigma planteada por  Goffman &#40;1970&#41;.</p>        <p><sup><a name="20" href="#s20" >20</a></sup> La teor&iacute;a del degeneracionismo es ampliamente  expuesta por huertas Garc&iacute;aalejo, &#40;1987&#41;.</p>    <hr size="1">      <p><b>BIBLIOGRAF&Iacute;A</b></p>          <p><b>FUENTES PRIMARIAS</b></p>          <!-- ref --><p><b>Aguirre, Adolfo</b>  1900 La neurastenia. M&eacute;xico, Imprenta de la Secretar&iacute;a de Fomento.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000082&pid=S1900-5407200800010000500001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Labastida, Sebasti&aacute;n</b> 1879 &quot;Estado que manifiesta el movimiento de enfermos habido en Hospital de San  Hip&oacute;lito en el a&ntilde;o de 1878, con relaci&oacute;n a sus diagn&oacute;sticos&quot;, en Gaceta M&eacute;dica  de M&eacute;xico, 26, pp. 112-120.     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000083&pid=S1900-5407200800010000500002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Morales Pereyra, Samuel y Antonio Romero</b> 1898 &quot;Exposici&oacute;n y proyecto para construir un manicomio en el Distrito Federal&quot;,  en Memorias del Segundo Congreso Panamericano de Medicina, verificado en M&eacute;xico,  1619 de noviembre de 1896. M&eacute;xico, Hoeack y Compa&ntilde;&iacute;a Impresores y Editores, pp.  888-896.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000084&pid=S1900-5407200800010000500003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Olvera, Jos&eacute;</b> 1870 &quot;Discurso sobre causas de la nevrosis en M&eacute;xico&quot;, en El Observador M&eacute;dico,  I, 4, pp. 4954.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000085&pid=S1900-5407200800010000500004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Rivadeneyra, Mariano</b> 1887 Apuntes para la estad&iacute;stica de la locura en M&eacute;xico. M&eacute;xico, Tipograf&iacute;a de  la Secretar&iacute;a de Fomento. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000086&pid=S1900-5407200800010000500005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Vergara y Flores, L. </b> 1893 &quot;Neuropat&iacute;a y aberraci&oacute;n  intelectual&quot;, en Medicina Cient&iacute;fica, VI, 13, pp. 200204.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000087&pid=S1900-5407200800010000500006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p><b>FUENTES SECUNDARIAS</b></p>        <!-- ref --><p><b>&Aacute;lvarezUr&iacute;a, Fernando</b> 1983 Miserables y locos. Medicina mental y orden social en la Espa&ntilde;a del siglo  XIX. Barcelona, Tusquets.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000089&pid=S1900-5407200800010000500007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Agostoni, Claudia</b> 2003 Monuments of Progress. Modernization and Public  Health in Mexico City 18761910. University of Calgary Press, University Press of  Colorado, Instituto de Investigaciones Hist&oacute;ricas, UNAM.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000090&pid=S1900-5407200800010000500008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Ayala Flores, Hubonor</b> 2007 Salvaguardar el orden social. El manicomio del estado de Veracruz  &#40;18831920&#41;. Zamora, Michoac&aacute;n, El Colegio de Michoac&aacute;n.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000091&pid=S1900-5407200800010000500009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Bartra, Roger</b> 2004 Trasgresi&oacute;n y melancol&iacute;a en el M&eacute;xico colonial. M&eacute;xico, UNAM.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000092&pid=S1900-5407200800010000500010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Bartra, Roger</b> 2001 Cultura y melancol&iacute;a. Las enfermedades del alma en la Espa&ntilde;a del Siglo  de Oro. Barcelona, Anagrama.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000093&pid=S1900-5407200800010000500011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Bartra, Roger</b> 1992 El salvaje en el espejo. M&eacute;xico, Editorial Era.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000094&pid=S1900-5407200800010000500012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Berkstein Kanarek, Cecilia</b> 1981 Hospital del Divino Salvador para mujeres dementes. M&eacute;xico, Tesis de  Licenciatura en Historia, ENAH.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000095&pid=S1900-5407200800010000500013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Carrillo, Ana Mar&iacute;a</b> 2002 &quot;La profesi&oacute;n m&eacute;dica ante el alcoholismo en el M&eacute;xico moderno&quot;, en  Cuicuilco, 9, XXVI, pp. 295-314.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000096&pid=S1900-5407200800010000500014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Castell, Robert</b> 1980 El orden psiqui&aacute;trico. La edad de oro del alienismo. Madrid, La Piqueta.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000097&pid=S1900-5407200800010000500015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Castles, Stephen y Mark Miller</b> 2004 La era de la migraci&oacute;n. Movimientos internacionales de poblaci&oacute;n en el  mundo moderno. M&eacute;xico, Universidad Aut&oacute;noma de Zacatecas, C&aacute;mara de Diputados  LIX Legislatura. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000098&pid=S1900-5407200800010000500016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Cuadriello Aguilar, Jaime Genaro</b> 1983 La arquitectura en M&eacute;xico    &#40;1853-1920&#41;. Ensayo para el estudio de sus tipos y programas. M&eacute;xico, Tesis de    Licenciatura en Historia del Arte, Universidad Iberoamericana.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000099&pid=S1900-5407200800010000500017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>D&ouml;rner, Klaus</b> 1975 Ciudadanos y locos. Historia social de la psiquiatr&iacute;a. Madrid, Taurus.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000100&pid=S1900-5407200800010000500018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Foucault, Michel</b> 1987 Enfermedad mental y personalidad. M&eacute;xico, Editorial  Paid&oacute;s.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000101&pid=S1900-5407200800010000500019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Foucault, Michel</b> 1996 La vida de los hombres infames. Argentina, Editorial  Altamira.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000102&pid=S1900-5407200800010000500020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Foucault, Michel</b> 2000 Los anormales. M&eacute;xico, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000103&pid=S1900-5407200800010000500021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Goffman, Irving</b> 1970 Estigma. La identidad deteriorada. Buenos Aires, Amorrortu.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000104&pid=S1900-5407200800010000500022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Goffman, Irving</b> 2001 Internados. Ensayos sobre la situaci&oacute;n social de los enfermos mentales. Buenos Aires, Amorrortu.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000105&pid=S1900-5407200800010000500023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Goldstein, Jan</b> 1987 Console and Classify. The French Psychiatric Profession in the Nineteenth  Century. Cambridge, Cambridge University Press. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000106&pid=S1900-5407200800010000500024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Grob, Gerald</b> 1983 Mental Illness and American Society, 1875-1940. Princeton, Princeton University Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000107&pid=S1900-5407200800010000500025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Grob, Gerald</b> 1994 The Mad Among Us: A History of the Care of American&#39;s Mentally III.  Cambridge, Harvard University Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000108&pid=S1900-5407200800010000500026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Huertas Garc&iacute;a-Alejo, Rafael</b> 1987 Locura y degeneraci&oacute;n. Psiquiatr&iacute;a y sociedad en el positivismo  franc&eacute;s. Madrid, C.S.I.C.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000109&pid=S1900-5407200800010000500027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Huertas Garc&iacute;a-Alejo, Rafael</b> 2001 &quot;Las historias cl&iacute;nicas como fuente para la historia de la psiquiatr&iacute;a:  posibles acercamientos metodol&oacute;gicos&quot;, en Frenia. Revista de Historia de la  Psiquiatr&iacute;a, I &#40;2&#41;, pp. 7-37.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000110&pid=S1900-5407200800010000500028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>L&oacute;pez Pi&ntilde;ero, Jos&eacute; Mar&iacute;a</b> 1985 Or&iacute;genes hist&oacute;ricos del concepto de neurosis. Espa&ntilde;a, Alianza Universidad.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000111&pid=S1900-5407200800010000500029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>MacMichael Reese, Carol</b> 2004 &quot;Nacionalismo, progreso y modernidad en la cultura arquitect&oacute;nica de la  ciudad de M&eacute;xico, 1900&quot;, en Widdifeld, Stacie &#40;ed.&#41;, Hacia otra historia del  arte en M&eacute;xico. La amplitud del modernismo y la modernidad &#40;1861-1920&#41;. M&eacute;xico,  Arte e Imagen Conaculta.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000112&pid=S1900-5407200800010000500030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Moore, Barrington</b> 1996 La injusticia: las bases sociales de la obediencia y la rebeli&oacute;n. M&eacute;xico,  UNAM.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000113&pid=S1900-5407200800010000500031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Porter, Roy</b> 2003 Breve historia de la locura. Espa&ntilde;a, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000114&pid=S1900-5407200800010000500032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Postel,    Jacques y Claude Quetel &#40;comps.&#41;</b> 1987 Historia de la psiquiatr&iacute;a. M&eacute;xico, Fondo    de Cultura Econ&oacute;mica.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000115&pid=S1900-5407200800010000500033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>R&iacute;os, Molina, Andr&eacute;s</b> 2007 La locura durante la Revoluci&oacute;n mexicana. Los primeros a&ntilde;os del Manicomio  La Casta&ntilde;eda, 1910-1920. M&eacute;xico, Tesis Doctoral en Historia. El Colegio de  M&eacute;xico.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000116&pid=S1900-5407200800010000500034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Sacrist&aacute;n, Cristina</b> 2002 &quot;Entre curar y contener. La psiquiatr&iacute;a mexicana ante el desamparo  jur&iacute;dico, 1870-1944&quot;, en Frenia. Revista de Historia de la Psiquiatr&iacute;a, II  &#40;2&#41;, pp. 6180.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000117&pid=S1900-5407200800010000500035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Sacrist&aacute;n, Cristina</b> 1992 Locura e Inquisici&oacute;n en la Nueva Espa&ntilde;a. M&eacute;xico, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica -  El Colegio de Michoac&aacute;n.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000118&pid=S1900-5407200800010000500036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Sacrist&aacute;n, Cristina</b> 1994 Locura y disidencia en el M&eacute;xico Ilustrado. M&eacute;xico, El  Colegio de Michoac&aacute;n - Instituto Mora. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000119&pid=S1900-5407200800010000500037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Scott, James</b> 1985 Weapons of the Weak:    Everyday Forms of Peasant Resistance. New Haven, Yale University Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000120&pid=S1900-5407200800010000500038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Scott, James</b> 2000 Los dominados y el arte de la resistencia: discursos ocultos. M&eacute;xico, Editorial Era.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000121&pid=S1900-5407200800010000500039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Scull, Andrew</b> 1979 Museums of Madness. The Social Organization of Insanity in  NineteenthCentury England. New York, St. Martin&#39;s Press. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000122&pid=S1900-5407200800010000500040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Shorter, Edward</b> 1997 A History of Psychiatry. Form the    Era of the Asylum to the Age of Prozac. New York, John Wiley &amp; Sons, Inc.  &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000123&pid=S1900-5407200800010000500041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Shorter, Edward</b> 2005 A Historical Dictionary of Psychiatry. New York, Oxford    University Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000124&pid=S1900-5407200800010000500042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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