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<journal-title><![CDATA[Antipoda. Revista de Antropología y Arqueología]]></journal-title>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[PODER CONOCIMIENTO Y CREENCIA: POR LOS CAMINOS DE LA RUDA EN LA LOCALIDAD SEPTIMA DE BOGOTÁ]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[PODER, KNOWLEDGE, AND BELIEF: FOLLOWING THE TRAIL OF THE RUDA PLANT IN BOGOTÁ, COLOMBIA]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This text explores the inconsistencies in the local laws thought from the biomedicine, about traditional, alternative and complementary medicine. For it, explores the cultural biography of a specifc plant in the community of Bosa in Bogota, comparing it with the state ordinances dedicated to regulate their commercialization and consumption. It concludes questioning the budgets with which they seek to be captured these practices, showing their conceptual and practical limitations, and wondering for the global, economic and social factors that justify this regulation.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">      <p align="center" ><font face="verdana" size="4"><b>PODER CONOCIMIENTO Y CREENCIA:     <br>   POR LOS CAMINOS DE LA RUDA EN LA LOCALIDAD  SEPTIMA DE BOGOT&Aacute;<sup><a name= "s1" href="#1">1</a></sup></b></font></p>        <p><b>Santiago Mart&iacute;nez Medina<sup><a name= "s" href="#2">2</a></sup></b></p>        <p><sup><a name="2" href="#s2" >2</a></sup> M&eacute;dico, Universidad Nacional de Colombia. Estudiante de la maestr&iacute;a en antropolog&iacute;a social, Universidad de los Andes,    Bogot&aacute;. gran parte de esta ponencia pertenece al trabajo de grado para dicha    maestr&iacute;a y recoge algunas de mis observaciones de campo.   <a href="mailto:s.martinez36@uniandes.edu.co"> s.martinez36@uniandes.edu.co</a></p>    <hr size="1">      <p><b>RESUMEN</b></p>        <p>El presente ensayo explora las inconsistencias en las normatividades que    pensadas desde la biomedicina pretenden reglamentar el uso de las llamadas    &quot;medicinas alternativas, complementarias, tradicionales o no convencionales&quot; a    nivel local. Para ello explora etnogr&aacute;ficamente la biograf&iacute;a cultural de una    planta espec&iacute;fica en la localidad de Bosa, en Bogot&aacute;, compar&aacute;ndola con los    decretos estatales destinados a reglamentar su comercializaci&oacute;n y consumo.    Concluye cuestionando los presupuestos con que pretenden capturarse estas    pr&aacute;cticas, mostrando sus limitaciones conceptuales y pr&aacute;cticas, y pregunt&aacute;ndose    por los factores globales, econ&oacute;micos y sociales que justifican dicha    reglamentaci&oacute;n.</p>          <p><b>PALABRAS CLAVE</b>    <br>   Medicinas alternativas, complementarias y tradicionales, ruda, antropolog&iacute;a    m&eacute;dica cr&iacute;tica, Cabildo Ind&iacute;gena Muisca de Bosa.</p>        <hr size="1">        <p align="center" ><font face="verdana" size="3"><b>PODER,  KNOWLEDGE, AND BELIEF: FOLLOWING THE TRAIL OF THE RUDA PLANT IN BOGOT&Aacute;,  COLOMBIA</b></font></p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>ABSTRACT</b></p>        <p>This text explores the inconsistencies in the local laws thought from the  biomedicine, about traditional, alternative and complementary medicine. For it,  explores the cultural biography of a specifc plant in the community of Bosa in  Bogota, comparing it with the state ordinances dedicated to regulate their  commercialization and consumption. It concludes questioning the budgets with  which they seek to be captured these practices, showing their conceptual and  practical limitations, and wondering for the global, economic and social factors  that justify this regulation.</p>        <p><b>KEY WORDS</b>    <br> Alternative, Traditional and Complementary medicine, Ruda, Critical Medical  Anthropology, Muisca Indigenous Council from Bosa.</p>       <p>FECHA DE RECEPCI&Oacute;N: MARZO DE 2008 / FECHA DE ACEPTACI&Oacute;N: ABRIL DE 2008</p>    <hr size="1">      <p><b>INTRODUCCI&Oacute;N</b></p>        <p>Este art&iacute;culo surgi&oacute; de una conversaci&oacute;n con un amigo acupunturista. Seg&uacute;n me    cont&oacute; aquel d&iacute;a, la secretar&iacute;a distrital de salud 15 4 de Bogot&aacute;, SDS, a trav&eacute;s    de su oficina de inspecci&oacute;n, Vigilancia y control, se encontraba revisando las    caracter&iacute;sticas locativas y sanitarias de varios consultorios de medicina    alternativa de la ciudad. El problema, argument&oacute; mi amigo, es que los    funcionarios del distrito no tienen en cuenta las sutilezas propias del    conocimiento terap&eacute;utico tradicional chino. Por esto, en varios consultorios se    decomisaron las agujas de acupuntura porque no eran desechables, e incluso, la    SDS clausur&oacute; varios establecimientos porque su dise&ntilde;o arquitect&oacute;nico se ajustaba    a las reglas del feng shui, desobedeciendo los nueve par&aacute;metros de la    habilitaci&oacute;n dise&ntilde;ados para las IPS de todo el pa&iacute;s. &quot;no puede medirse todo con    el mismo rasero&quot;, concluy&oacute; mi amigo, mientras ejemplificaba su opini&oacute;n cont&aacute;ndome    c&oacute;mo para esta &quot;medicina milenaria&quot; el concepto de infecci&oacute;n y asepsia es    tangencialmente diferente al de la medicina alop&aacute;tica, donde opera una cierta    obsesi&oacute;n por la limpieza y la desinfecci&oacute;n que caracteriza los par&aacute;metros de la  habilitaci&oacute;n.</p>        <p> De manera similar la legislaci&oacute;n nacional y los aparatos de control entienden    los medicamentos de las llamadas &quot;medicinas alternativas&quot;. En el caso de la    homeopat&iacute;a, por ejemplo, a pesar de contar con una asociaci&oacute;n reconocida por    parte del estado, el instituto nacional de Vigilancia de medicamentos y    alimentos, INVIMA, y las llamadas &quot;buenas pr&aacute;cticas de manufactura&quot;, mantienen    una creciente presi&oacute;n sobre productores, terapeutas y consumidores, aplicando    medidas que no se corresponden con su cuerpo de conocimientos. Por esta raz&oacute;n,    los medicamentos homeop&aacute;ticos cuentan actualmente con fecha de vencimiento, lo    que para aquellos home&oacute;patas m&aacute;s ortodoxos es de por s&iacute; un absurdo. Una vez m&aacute;s    el problema radica en que los expertos del INVIMA parten de un principio    considerado verdad, a saber, un producto, para ser calificado como medicamento,    debe contener un principio activo capaz de contrarrestar los efectos de la    enfermedad, principio activo que adem&aacute;s debe poder identificarse en el producto    final mediante m&eacute;todos de laboratorio. El punto es que si usted aplica al pie de    la letra dicho axioma a un medicamento homeop&aacute;tico s&oacute;lo va a encontrar en &eacute;l    alcohol y agua, pues el m&eacute;todo de preparaci&oacute;n del home&oacute;pata a&iacute;sla la energ&iacute;a del    producto inicial y la preserva en dicha mezcla. De all&iacute; que parezca absurdo a    muchos home&oacute;patas suponer una fecha de expiraci&oacute;n para sus compuestos, pues como  ellos mismos dicen, &quot;... La energ&iacute;a no tiene fecha de vencimiento&quot;.</p>        <p>En su tarea de control las instituciones sanitarias nacionales y locales tambi&eacute;n    est&aacute;n interesadas en las plantas medicinales. El INVIMA public&oacute; una lista de    &quot;plantas medicinales aceptadas con fines terap&eacute;uticos&quot; que contiene noventa y    cinco plantas de diferente origen y siete &quot;asociaciones aprobadas&quot; de dos o m&aacute;s    plantas &#40;INVIMA, 2003&#41;. Al mismo tiempo en los &uacute;ltimos tres a&ntilde;os se ha producido    abundante reglamentaci&oacute;n sobre lo que las instituciones de salud p&uacute;blica llaman    &quot;fitomedicamentos&quot;. Esta reglamentaci&oacute;n responde en lo local a las pol&iacute;ticas de    salud de la OMS-OPS que abogan por la integraci&oacute;n a los sistemas de salud    formales de las llamadas &quot;medicinas alternativas, complementarias, tradicionales    o no convencionales&quot;, con argumentos que van desde su &quot;arraigo cultural&quot; hasta  su bajo costo &#40;Organizaci&oacute;n Mundial de la Salud, 2002&#41;.</p>        <p>Al analizar el marco desde donde esta reglamentaci&oacute;n se est&aacute; produciendo, se    puede constatar una vez m&aacute;s que &eacute;sta parte de asumir como verdadero un    determinado tipo de conocimiento, que en alianza con el estado y con sus    instituciones, valida o no a los otros conocimientos terap&eacute;uticos disponibles.    reglamentando, controlando y colonizando aquellos considerados como    &quot;verdaderos&quot;, y prohibiendo o m&aacute;xime tolerando con desd&eacute;n, aquellos dispuestos    en el mundo de la creencia y con ello de la no verdad &#40;Good, 2003&#41;. El punto,    sin embargo, es que m&aacute;s all&aacute; de este ejercicio de poder conocimiento, los    enfermos en el plano local parecen transgredir en su misma b&uacute;squeda terap&eacute;utica    las fronteras de lo que las instituciones y la &quot;buena&quot; ciencia consideran como    seguro o efectivo, mostrando as&iacute; la insuficiencia de las dicotom&iacute;as creencia    verdad; mito ciencia con las cuales contin&uacute;a pens&aacute;ndose el proceso salud    enfermedad. En este escenario, el objetivo de este art&iacute;culo es cuestionar, a    partir de la &quot;biograf&iacute;a cultural&quot; &#40;Kopitof, 1986&#41; de una planta espec&iacute;fica en la    localidad bogotana de Bosa, los conceptos sobre los cu&aacute;les est&aacute; construida la  &uacute;ltima reglamentaci&oacute;n nacional sobre el uso de plantas medicinales.</p>        ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>LA REGLAMENTACI&Oacute;N</b></p>        <p>Solamente desde el a&ntilde;o 2004 el pa&iacute;s cuenta con una reglamentaci&oacute;n espec&iacute;fica    sobre el uso de plantas medicinales &#40;hay, luna Borda et &aacute;l., 2005&#41;. El decreto    2266 de 2004 y el 3553 del mismo a&ntilde;o, que lo modifica en algunos aspectos    puntuales, tiene como objetivo reglamentar &quot;los reg&iacute;menes de registros    sanitarios, y de vigilancia y control sanitario y publicidad de los productos    fitoterap&eacute;uticos&quot;, entendidos &eacute;stos como cualquier presentaci&oacute;n bruta o modificada    de una planta medicinal cuyos componentes activos no han sido modificados ni    aislados por m&eacute;todos de laboratorio. Se incluyen las formas iniciales de    transformaci&oacute;n de la planta, como tinturas, esencias, extractos y jarabes, que    pueden fabricarse en el hogar o a baja escala industrial. El decreto clasifica a    su vez los &quot;ftomedicamentos&quot; en tres grupos: &quot;preparaciones farmac&eacute;uticas con    base en plantas medicinales&quot;, &quot;producto fitoterap&eacute;utico tradicional&quot;, y &quot;producto    fitoterap&eacute;utico de uso tradicional importado&quot;.</p>          <p>Llegu&eacute; al estudio de estos decretos gracias mi trabajo en el hospital pablo VI    de Bosa, ese, y a mi tesis de maestr&iacute;a en antropolog&iacute;a, a trav&eacute;s de los cuales    he tenido la oportunidad de conocer al grupo de mujeres y de mayores del cabildo    ind&iacute;gena muisca de dicha localidad. Esta comunidad, organizada alrededor de la    figura de cabildo ind&iacute;gena desde los a&ntilde;os noventa del siglo XX, obtuvo el    reconocimiento oficial de la direcci&oacute;n general de asuntos ind&iacute;genas del    ministerio del interior en 1999. Desde entonces el cabildo se encuentra    comprometido con m&uacute;ltiples objetivos, uno de ellos, la &quot;recuperaci&oacute;n y    fortalecimiento&quot; de la medicina tradicional. raizales de Bosa, los actuales    cabildantes muiscas se encuentran en el proceso de consolidarse como    organizaci&oacute;n sociopol&iacute;tica en la localidad y la ciudad, articulados con otros    cabildos y organizaciones de la ciudad. Esta tarea implica necesariamente    reconceptualizar su historia y costumbres en el marco de lo que llamamos    &quot;tradici&oacute;n&quot; &#40;Sotomayor, 1998&#41;, enfrent&aacute;ndose y adapt&aacute;ndose de muy diversas    maneras a lo que la sociedad mayoritaria considera como &quot;ind&iacute;gena&quot; y como    &quot;muisca&quot; &#40;Dur&aacute;n Bernal, 2004; 2005; Restrepo, 2005; L&oacute;pez Rodr&iacute;guez, 2005&#41;.    dicha tarea no es ajena a la &quot;medicina tradicional&quot;, que en la comunidad gira en    torno a las plantas medicinales y la huerta casera, con un protagonismo    considerable de la mujer, quien se constituye en el primer nodo terap&eacute;utico para    la mayor&iacute;a de enfermedades en la comunidad &#40;Mart&iacute;nez Medina, Chiguasuque et &aacute;l.,    2006&#41;. En el contexto de la reconceptualizaci&oacute;n y el fortalecimiento, el grupo    de mujeres y de mayores, consideraron viable y necesaria la implementaci&oacute;n de un    expendio de plantas medicinales, que articulado con las huertas caseras y la    droguer&iacute;a alop&aacute;tica comunitaria, redundara en beneficios productivos y culturales    para el resto de la comunidad. Dicho espacio deb&iacute;a facilitar la difusi&oacute;n de los    conocimientos de las mujeres a las nuevas generaciones, extendiendo los usos de    las plantas tradicionales dentro y fuera de la comunidad. Al mismo tiempo, se    consider&oacute; inicialmente importante que el espacio cumpliera con las    reglamentaciones vigentes, raz&oacute;n por la cual estudiamos en detalle los distintos    decretos reglamentarios. Nos detuvimos especialmente en los llamados &quot;productos    fitoterap&eacute;uticos tradicionales&quot;, en los cuales pens&aacute;bamos pod&iacute;an incluirse las    plantas medicinales utilizadas por las mujeres de la comunidad ind&iacute;gena. Sin    embargo, muchas fueron las sorpresas que deparaba la reglamentaci&oacute;n. Desde la    misma definici&oacute;n de &quot;producto fitoterap&eacute;utico tradicional&quot;:</p>   <ul>    <p>Aquel producto fitoterap&eacute;utico de fabricaci&oacute;n nacional elaborado a partir de    material de planta medicinal o asociaciones entre s&iacute;, cultivadas en nuestro pa&iacute;s    en las formas farmac&eacute;uticas aceptadas, cuya eficacia y seguridad, aun sin haber    realizado estudios cl&iacute;nicos, se deduce de la experiencia por su uso registrado a    lo largo del tiempo, y en raz&oacute;n de su inocuidad est&aacute; destinado para el alivio de    manifestaciones sintom&aacute;ticas de una enfermedad.</p>    </ul>          <p>Esta definici&oacute;n hace eco de los lineamientos internacionales emitidos desde la    OMS sobre la materia &#40;OMS, 2002; 2003&#41;. como agencia multilateral, los decretos    se concentran en reglamentar el uso de las plantas medicinales a trav&eacute;s de dos    conceptos biom&eacute;dicos: la seguridad y la eficacia. Analicemos por un momento a qu&eacute;    tipo de seguridad, y a qu&eacute; tipo de eficacia se refieren.</p>          <p>Con respecto a la seguridad, el decreto entiende las plantas medicinales y sus    productos derivados como temporalmente seguros, en cuanto que ante la ausencia    de estudios cl&iacute;nicos que demuestren su seguridad, las instituciones y el estado    deben considerar el uso prolongado en contextos espec&iacute;ficos como prueba de    inocuidad. La biomedicina es pues garante de la seguridad del producto. S&oacute;lo    mientras tal constataci&oacute;n se realiza, la &quot;tradici&oacute;n&quot; es llamada a autorizar su    uso. Las plantas medicinales y sus preparaciones son as&iacute; pensadas como un    momento inicial en la producci&oacute;n de medicamentos alop&aacute;ticos. La invitaci&oacute;n del    decreto y de la OMS, es pues a someter las preparaciones tradicionales a la    verificaci&oacute;n mediante las herramientas de la biomedicina, como un primer paso en    la determinaci&oacute;n de los compuestos activos presentes en las plantas para su    posterior fabricaci&oacute;n como medicamento alop&aacute;tico. recordemos ahora la definici&oacute;n    de &quot;fitomedicamento&quot;, como producto cuyos compuestos activos a&uacute;n no han sido    aislados por m&eacute;todos de laboratorio. Es as&iacute; como se reconoce en otras pr&aacute;cticas    terap&eacute;uticas una fuente para la obtenci&oacute;n de nuevas herramientas terap&eacute;uticas.    fuente, debemos decirlo aqu&iacute;, en bruto, que debe ser antes procesada por las    estrategias conceptuales y metodol&oacute;gicas de la biomedicina moderna.</p>          <p>En cuanto a la eficacia, la reglamentaci&oacute;n es tambi&eacute;n coherente con estos    presupuestos. Los &quot;productos fitoterap&eacute;uticos tradicionales&quot; son inocuos, es    decir, no tienen la capacidad de hacer da&ntilde;o o alg&uacute;n efecto objetivo, por lo que    estos productos s&oacute;lo est&aacute;n destinados al tratamiento de los s&iacute;ntomas. En otras    palabras, estos tratamientos no se dirigen a la causa de la enfermedad,    entendida &eacute;sta seg&uacute;n criterios alop&aacute;ticos, sino a proporcionar alg&uacute;n tipo de    bienestar subjetivo a la persona enferma. Es as&iacute; como la reglamentaci&oacute;n ubica al    &quot;ftomedicamento tradicional&quot; en el campo de los placebos, de lo psicosom&aacute;tico,    de la creencia y en general, de todos aquellos dispositivos terap&eacute;uticos que no    afectan la biolog&iacute;a de la enfermedad sino el psiquismo del paciente.</p>          <p>La reglamentaci&oacute;n expone adem&aacute;s los requisitos que estos productos deben cumplir    para obtener el aval de las instituciones necesario para su producci&oacute;n,    comercializaci&oacute;n y consumo. Aval que se concreta en la expedici&oacute;n de un registro    sanitario, que requiere pruebas de inocuidad, formas de presentaci&oacute;n y    certificados del &quot;uso tradicional&quot;. De esta manera, el &quot;ftomedicamento    tradicional&quot; debe demostrar su incapacidad de intervenir sobre la enfermedad a    partir de pruebas de laboratorio para poder ser distribuido legalmente. De no    ser as&iacute;, el producto no puede someterse a comercializaci&oacute;n por este medio, sino    a las evaluaciones destinadas a aislar sus compuestos activos para la producci&oacute;n    masificada de medicamentos alop&aacute;ticos. Pero de todos los requisitos tal vez el    m&aacute;s interesante es el que se refiere al &quot;certifcado de uso tradicional&quot;.    deteng&aacute;monos un momento en este &uacute;ltimo, para apreciar los presupuestos a partir    de los cuales est&aacute; construido el cuerpo conceptual de los decretos. El    &quot;certifcado de uso tradicional&quot;.</p>      <ul>    <p>Se refiere a las pruebas documentales que demuestran que las sustancias activas    presentes en las plantas medicinales se han utilizado durante tres o m&aacute;s    generaciones para un uso medicinal o relacionado con la salud. En los casos en    que el uso sea registrado como tradici&oacute;n oral y no escrita, las pruebas se    obtendr&aacute;n recurriendo a un profesional competente o a grupos ind&iacute;genas o    comunidades afroColombianas que mantengan dicha historia.</p>    ]]></body>
<body><![CDATA[</ul>          <p>Los interrogantes que genera el decreto en este punto son m&uacute;ltiples: &iquest;c&oacute;mo puede    demostrarse el uso de una sustancia activa por m&aacute;s de tres generaciones? &iquest;no    implica el uso tradicional la inexistencia de la prueba de sustancias activas en    las plantas? &iquest;por qu&eacute; tres o m&aacute;s generaciones? &iquest;c&oacute;mo puede registrarse por    tradici&oacute;n oral un uso de esta naturaleza? gran parte de las inconsistencias    evidentes en la reglamentaci&oacute;n se deben a la forma como se entiende la eficacia    de las plantas medicinales y de otras estrategias terap&eacute;uticas no alop&aacute;ticas. Ya    analizamos c&oacute;mo para la biomedicina y el estado si la planta funciona es porque    debe tener un compuesto activo aprovechable. toda la reglamentaci&oacute;n est&aacute; as&iacute;    orientada a limitar el acceso a estas otras terap&eacute;uticas a trav&eacute;s del control, y    a aprovechar alop&aacute;ticamente aquellos conocimientos que pueden ser &uacute;tiles a una    concepci&oacute;n parcializada y hegem&oacute;nica de la eficacia terap&eacute;utica. mientras tanto,    lo &quot;tradicional&quot; del uso es lo que permite pensar que las plantas son seguras    vimos c&oacute;mo est&aacute; explicitado en la reglamentaci&oacute;n y que las plantas son eficaces,    bajo el supuesto empirista de que si no funcionaran las personas no las    utilizar&iacute;an por largos per&iacute;odos de tiempo. Pero recordemos una vez m&aacute;s que si    funcionan es porque tienen dentro de s&iacute; una sustancia aislable, que debe ser    objeto de investigaci&oacute;n y manipulaci&oacute;n subsecuente. Por otra parte, de la    definici&oacute;n podemos tambi&eacute;n inferir que para la reglamentaci&oacute;n lo &quot;tradicional&quot;    est&aacute; circunscrito y localizado en tiempo, persona y espacio.</p>          <p>De esta manera podemos subrayar tres supuestos desde donde el decreto captura el uso tradicional de plantas medicinales,    convertidas ahora en medicamentos de uso tradicional:</p>   <ul>    <p>1. El decreto asume una definici&oacute;n de tradici&oacute;n y tradicional como    proveniente del pasado, inalterada e inalterable, contrario al conocimiento cient&iacute;fico moderno de la medicina institucional-alop&aacute;tica. Esta concepci&oacute;n de lo    tradicional implica que los conocimientos y usos de plantas medicinales no    pueden actualizarse, modificarse o asociarse con otros conocimientos y usos,    provenientes de variadas fuentes. Son a su vez vistos estos conocimientos como    totalidades, f&aacute;cilmente diferenciables de otros usos terap&eacute;uticos. Por esta    raz&oacute;n, el uso tradicional es definido como aquel que puede documentarse    hist&oacute;ricamente por &quot;tres o m&aacute;s generaciones&quot; en un contexto espec&iacute;fico.</p>          <p>2. El decreto asume que los llamados fitomedicamentos tradicionales se    usan por un grupo poblacional particular. En este sentido coincide con la OMS y    su definici&oacute;n sobre medicina tradicional que niega los intercambios de    conocimientos y pr&aacute;cticas entre diferentes tradiciones m&eacute;dicas, gracias a una    perspectiva que resalta la continuidad y niega el cambio, tanto en la pr&aacute;ctica    curativa como en los grupos humanos considerados tradicionales.</p>          <p>3. El decreto asume que el fitomedicamento s&oacute;lo funciona en la medida en    que sus componentes, as&iacute; sean definidos cualitativamente y no por laboratorio,    produzcan un alivio sintom&aacute;tico al paciente para un tipo de dolencia considerado    enfermedad, en un tipo espec&iacute;fico de cuerpo, a partir de la &oacute;ptica de la    medicina institucional alop&aacute;tica.</p>    </ul>          <p>Es claro que para una comunidad en proceso de consolidarse como comunidad    ind&iacute;gena, en un contexto tan profundamente din&aacute;mico como lo es la ciudad de    Bogot&aacute;, los presupuestos del decreto hacen imposible su aplicaci&oacute;n por lo menos    en lo que a sus plantas medicinales se refiere. Pero que sean las mismas mujeres    del cabildo y de la localidad las que cuestionen lo tradicional del medicamento  tradicional, y lo enclaustrado de sus conocimientos.</p>        <p><b>POR LOS CAMINOS DE LA RUDA</b></p>        <p>Do&ntilde;a Dolores Fontiba Tunjo tiene actualmente m&aacute;s de setenta y cinco a&ntilde;os    de vida en la vereda, hoy barrio de san Bernardino. Ella ha visto al pueblo de    Bosa perder su independencia al anexarse a Bogot&aacute;, como ha visto luego la ciudad    crecer sobre sus parcelas. Dolores tambi&eacute;n puede contar c&oacute;mo el r&iacute;o tunjuelito,    que atraviesa la localidad de Bosa, fue contaminado por la creciente    industrializaci&oacute;n del sur de la ciudad en los a&ntilde;os setenta y ochenta, y por las    aguas negras de m&aacute;s de la mitad de la urbe que utiliza al r&iacute;o tunjuelito como    canal de desag&uuml;e. Los dos apellidos de dolores son considerados hoy como    tradicionales, en la medida en que corresponden a los apellidos de las personas    entre las cuales se dividieron los predios del antiguo resguardo ind&iacute;gena de    Bosa a mediados del siglo XIX. Por eso, y por considerarse raizal de la    localidad, dolores est&aacute; incluida en el censo poblacional del reci&eacute;n constituido    cabildo ind&iacute;gena muisca de Bosa.</p>          ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Do&ntilde;a dolores es adem&aacute;s reconocida como amplia conocedora en materia de plantas    medicinales. Su huerta, sostenida a duras penas en contra de la sequ&iacute;a, la    escasez de agua apta para el riego, y la disposici&oacute;n de residuos de    construcci&oacute;n, han servido para que las mujeres m&aacute;s j&oacute;venes y las instituciones    interesadas aprendan m&aacute;s de las plantas y su uso medicinal. Entre las muchas    plantas que siembra dolores siempre est&aacute; presente una famos&iacute;sima planta amarga    conocida como ruda de castilla o ruta graveolens &#40;Mart&iacute;nez Medina, Chiguasuque    n. Et &aacute;l., 2006&#41;, que dolores a&uacute;n vende en diferentes expendios de plantas    medicinales de la localidad.</p>          <p>La ruda no est&aacute; incluida en el listado de plantas medicinales aprobadas del    INVIMA, lo que demuestra una vez m&aacute;s el rango reducido de productos que incluye    &#40;hay, luna Borda et &aacute;l., 2005&#41;. Su uso puede rastrearse varios a&ntilde;os atr&aacute;s    gracias a la memoria de dolores y otras mujeres mayores de la comunidad. Aunque,    como ella misma lo explica, la ruda que se utilizaba cuando ella era ni&ntilde;a no se    sembraba, sino que se encontraba en los camellones junto al r&iacute;o o en los    cercanos humedales. Se trataba de otra variedad de ruda, conocida por las    mujeres mayores como &quot;ruda de la tierra&quot;, &quot;ruda de arado&quot; o Tagetes    zipaquirensis &#40;Zuluaga, 1995&#41;, de origen centroandino, v&iacute;ctima de la    contaminaci&oacute;n del r&iacute;o tunjuelito y de la llegada del pasto quicuyo al sector    &#40;Mart&iacute;nez Medina, Casallas et &aacute;l., 2007&#41;.</p>          <p>As&iacute; pues, el uso actual de la ruda de castilla reemplaza el uso de otras plantas    que debido a los cambios medio ambientales ya no se encuentra en la zona.    dolores recuerda que la ruda de la tierra, como la ruda de huerta o de castilla,    se utilizaba sobre todo para los dolores menstruales y para &quot;despu&eacute;s del parto&quot;. La ruda, es as&iacute;, una planta esencialmente femenina, utilizada para la    dismenorrea, como emenagogo<sup><a name= "s3" href="#3">3</a></sup> y para &quot;alimentar&quot; y &quot;cerrar la matriz&quot; despu&eacute;s    del alumbramiento, todos estos usos relacionados con su capacidad para modificar    la contractilidad uterina. Planta relacionada estrechamente con la figura de la    partera, cultivada o recogida, se daba mezclada con todos los alimentos a las    madres &quot;reci&eacute;n paridas&quot;. Abortiva, alrededor de la ruda hay una buena cantidad    de prescripciones y advertencias, como el consenso general que proh&iacute;be su    ingesta durante el embarazo. Pero la ruda tambi&eacute;n tiene otros usos en la    comunidad. Dolores explica c&oacute;mo, debido a su fuerte olor, es ideal para    &quot;espantar moscas&quot; y otros insectos indeseables, sola o en combinaci&oacute;n con la    altamisa, el paico, el ajenjo o la cicuta. tambi&eacute;n puede utilizarse para el    dolor de o&iacute;do, aplicada la semilla en el pabell&oacute;n auricular doloroso    &#40;Mart&iacute;nez Medina,    Chiguasuque n. Et &aacute;l., 2006&#41;.</p>          <p>Si bien es poco probable que pueda demostrarse &quot;documentalmente&quot; el uso de la    ruda por parte de la bisabuela de dolores, como lo exige el decreto, lo cierto    es que su uso se ha visto modificado por los diferentes elementos que han    transformado la vida cotidiana de los raizales de la localidad. con sus palabras    dolores nos ense&ntilde;a c&oacute;mo los conocimientos pueden actualizarse y complementarse,    adaptando anteriores procedimientos a nuevos medios o viceversa. Do&ntilde;a in&eacute;s    alonso, por ejemplo, ha complementado sus conocimientos con la informaci&oacute;n que    sobre plantas medicinales puede leer en revistas, peri&oacute;dicos, o la internet    gracias a los buenos auspicios de sus nietos ya bachilleres. Es ella la que    describe c&oacute;mo la ruda &quot;... controla casos de epilepsia y hemorragias, dolores de    cabeza, reumatismo, y gota. El cocimiento contin&uacute;a In&eacute;s alivia los dolores de    parto, los entuertos, y los desarreglos menstruales&quot;. Finalmente su semilla &quot;... En un pa&ntilde;ito blanco y colocado en el o&iacute;do&quot; calma los dolores del mismo.</p>          <p>Las mujeres intercambian as&iacute; por diferentes v&iacute;as los usos que conocen de las    mismas plantas que ellas siembran en sus huertas o en materas. Para In&eacute;s la    planta sirve para por lo menos cinco dolencias m&aacute;s, muchas de ellas concebidas a    partir de la popularizaci&oacute;n del lenguaje biom&eacute;dico de sus lecturas. Pero la vida    de la ruda no termina all&iacute;. Dolores corta la ruda de su huerta, ojal&aacute; mientras    la luna est&aacute; en per&iacute;odo menguante, y la vende a los diferentes y abundantes    expendios de plantas medicinales de la localidad. Una vez en la venta de    hierbas, la ruda de dolores abandona el peque&ntilde;o circuito raizal de las veredas    de san Bernardino y san Jos&eacute;. Uno de estos expendios es atendido por do&ntilde;a    marina<sup><a name= "s4" href="#4">4</a></sup> desde hace m&aacute;s de diez a&ntilde;os. como se describe en mi diario de campo la    tarde que conoc&iacute; a marina, la ruda comparte en este sitio un tipo de espacio muy    particular con otras plantas, esencias, riegos, velas y velones:</p>          <p>Do&ntilde;a marina tiene un puesto de plantas medicinales de unos dos por cuatro metros    aproximadamente, vecino de otros negocios de hierbas, ventas de animales,    utensilios de cocina, cacharrer&iacute;as, etc&eacute;tera. Est&aacute; ubicado en un sitio llamado    el Tropez&oacute;n, un antiguo punto de confluencia de dos caminos, convertido ahora en    lugar de referencia en medio de la urbanizada localidad. colgando de la peque&ntilde;a    apertura a la calle hay paquetes llenos de polvos de diferentes colores, azufre,    semillas, manilas y lo que parecen ser amuletos. Sobre el mostrador la    zarzaparrilla, con su forma de piedra, la cal&eacute;ndula de flores anaranjadas, y un    par de mara&ntilde;ones. Dentro del peque&ntilde;o puesto, en el suelo, ape&ntilde;uscados, varios    frascos de esencias y riegos para la suerte y el amor. Al fondo, junto a ellos,    velas y velones de colores, miel de abejas y otros frascos cuyo contenido no    puedo identificar. La s&aacute;bila, siempre colgando al lado del mostrador. Perdida en    el rinc&oacute;n se encuentra una vitrina con im&aacute;genes del santoral cat&oacute;lico. marina me    muestra adem&aacute;s las bolsas de pl&aacute;stico y los atados de papel peri&oacute;dico donde    guarda muchas otras plantas medicinales. Veo, por ejemplo, la ya famosa esteiva    que sirve para endulzar las bebidas y que marina recomienda para los enfermos de    diabetes, o su compa&ntilde;era la insulina, de la cual marina no hab&iacute;a escuchado hasta    hace unos a&ntilde;os y que sirve, ¡oh sorpresa!, &quot;... Para bajar el az&uacute;car en la    sangre&quot;.</p>          <p>En el local de marina, envuelta en papel peri&oacute;dico la ruda espera al pr&oacute;ximo    comprador. como ella misma confirma, la mayor&iacute;a de las personas piden la planta    para el dolor abdominal, especialmente las mujeres para el dolor y los &quot;atrasos&quot;    menstruales. Es m&aacute;s raro a&uacute;n que alguien pregunte por c&oacute;mo curar el dolor de    o&iacute;do, o c&oacute;mo ahuyentar pulgas con su extracto. Sin embargo, no s&oacute;lo la compran    mujeres y no s&oacute;lo se usa para dichos fines. como tambi&eacute;n nos puede explicar Mar&iacute;a    Nelly Chiguasuque, m&eacute;dica tradicional del cabildo, con la ruda se pueden hacer    muchas otras cosas que superan con creces el &aacute;mbito de lo estrictamente    terap&eacute;utico sobre el cuerpo f&iacute;sico que entiende la medicina institucional. De la    misma forma que el puesto de ventas de marina supera lo propiamente    fitoterap&eacute;utico, la ruda sale del restringido mundo del alivio sintom&aacute;tico para    ubicarse en el centro de los rituales con los que muchas personas en la    localidad, ind&iacute;genas y no ind&iacute;genas, buscan corregir los malos rumbos de la    suerte.</p>          <p>Explorando estos usos conoc&iacute; a una partera retirada, do&ntilde;a Lucila<sup><a name= "s5" href="#5">5</a></sup>, esposa de    un raizal de Bosa y cabildante de la comunidad muisca por adopci&oacute;n. En aquella    oportunidad Lucila estaba cont&aacute;ndome c&oacute;mo la ruda puede darse con la flor de la    borraja y con la de la sanguinaria para producir abortos, o para &quot;purgar la    matriz&quot;, cuando el aborto ya se ha producido. Entonces me cont&oacute; la historia de    un par de inquilinos que vivieron en su casa hace algunos a&ntilde;os, a trav&eacute;s de la    cual podemos entender la forma en que la ruda limpia las malas energ&iacute;as y aleja    la envidia, y c&oacute;mo ahuyenta los insectos o limpia la matriz.</p>          <p>Do&ntilde;a Lucila no era en aquella &eacute;poca experta en seleccionar a sus inquilinos. tal    vez por eso acept&oacute; en casa a una pareja de j&oacute;venes, reci&eacute;n llegados a Bogot&aacute; con    un par de ni&ntilde;os. Pronto fue claro para esta mujer que la relaci&oacute;n de la pareja    no era buena. Peleaban, discut&iacute;an; el hombre golpeaba a los ni&ntilde;os y a su    &quot;pobrecita&quot; esposa. con el tiempo la violencia empeor&oacute; y amenaz&oacute; con afectar a    los hijos de do&ntilde;a Lucila, que recriminaban a su madre por no desalojar a la    pareja. Pero &eacute;sta le hab&iacute;a &quot;cogido cari&ntilde;o&quot; a los ni&ntilde;os y no se atrev&iacute;a a    expulsarlos. hasta que las peleas de sus inquilinos empezaron a afectar a su    propio n&uacute;cleo familiar. Sus hijos varones re&ntilde;&iacute;an constantemente con su padre,    quien a su vez discut&iacute;a continuamente con ella por cualquier motivo. con el    tiempo la partera descubri&oacute; la 16 3 raz&oacute;n de sus discusiones. La pareja de    inquilinos estaba afectando de alguna forma toda la paz del hogar. &quot;entonces    dije, ya no m&aacute;s cuenta do&ntilde;a Lucila y le dije a la muchacha que con mucha pena,    pero que no pod&iacute;an seguir con esas discordias en mi casa. Al otro d&iacute;a el hombre    me pag&oacute; y se fueron&quot;. Sin embargo, aunque la tranquilidad volvi&oacute; a sus o&iacute;dos, no    as&iacute; a sus relaciones familiares:</p>      <ul>    <p>Por eso me fui donde el se&ntilde;or Aabel. &Eacute;l ten&iacute;a un puesto &#91;de hierbas&#93; ah&iacute;, frente    al cementerio. Yo le cont&eacute; y me dijo que eso era por esas discordias y esas    envidias que trajeron a mi casa. me recomend&oacute; hacer unos riegos con las siete    hierbas amargas y las siete dulces, por siete d&iacute;as, trapeando con el agua el    cuarto donde ellos &#91;la pareja&#93; estaban y ba&ntilde;&aacute;ndonos todos en la casa con el    riego. Pero que ten&iacute;a adem&aacute;s que hacer una oraci&oacute;n que era... &#39;Que salga el mal y    que entre el bien como entr&oacute; Jes&uacute;s en Jerusal&eacute;n&#39;. me tocaba primero barrer y    lavar, y luego s&iacute; trapear con el agua &#91;de hierbas&#93;. Al final echaba aceite de    s&aacute;ndalo en el agua, que adem&aacute;s de limpiar, ambienta.</p>    ]]></body>
<body><![CDATA[</ul>          <p>La ruda, planta clasificada por las mujeres del cabildo como amarga, es parte    esencial de este famoso &quot;ba&ntilde;o de las siete hierbas&quot; con el que Lucila purg&oacute; su    casa de la violencia. Pertenece a un grupo especial de plantas que se pueden    ubicar en los dos grandes grupos de plantas seg&uacute;n la clasificaci&oacute;n de Nelsy Chiguasuque:   Plantas curativas y plantas rituales o esot&eacute;ricas. Por esto do&ntilde;a In&eacute;s, aunque    con cierta reticencia, tambi&eacute;n puede explicar el &quot;otro&quot; uso de la planta, que    con creces sobrepasa cualquier definici&oacute;n de fitomedicamento: &quot;... Se usa para ba&ntilde;os    de la cabeza a los pies, ya sea en cocimiento o en extracto. Esta planta se    puede mezclar con las siete hierbas amargas, o con lim&oacute;n y canela&quot;. La mala    suerte, la envidia y el desamor se pueden as&iacute; tratar con la ruda y sus    acompa&ntilde;antes, como tambi&eacute;n las consecuencias de todos estos males &#40;Pinz&oacute;n, 1998;    Uribe, 2003&#41;: con cruces de ruda debajo del colch&oacute;n se evita la acci&oacute;n del    maleficio brujesco.</p>          <p>As&iacute; pues, la ruda se utiliza en dos registros no f&aacute;cilmente diferenciables entre    s&iacute;, y sin duda interrelacionados. Puede hacer bien como puede hacer mal, al    tiempo que puede curar en m&uacute;ltiples niveles, sanando el cuerpo m&aacute;s all&aacute; de la    facticidad con que lo entiende la medicina alop&aacute;tica. reproduce sus efectos en    diferentes niveles de realidad, a trav&eacute;s de su cualidad mim&eacute;tica &#40;Taussig,    1993&#41;: puede alimentar la matriz y producir la menstruaci&oacute;n, como saca la mala    suerte y limpia las malas energ&iacute;as y la envidia. Aleja las brujas y las plagas,    como protege el cuerpo contra su efecto; de la misma forma cierra la matriz    despu&eacute;s del parto impidiendo que se &quot;enfr&iacute;e&quot;. Por esto la ruda es un verdadero    Pharmakon &#40;Girard, 1983; Uribe, 2000&#41;, que es capaz de limpiar, en el sentido de    atraer sobre s&iacute; el mal para poderlo sacar. No en vano la oraci&oacute;n que el    yerbatero ense&ntilde;&oacute; a do&ntilde;a Lucila compara expl&iacute;citamente a la planta con    Jesucristo. Por las mismas razones, dolores insiste en la importancia de tener    siempre ruda en la huerta de su casa. como la s&aacute;bila, la ruda se&ntilde;ala la acci&oacute;n    de la envidia al tiempo que previene su efecto gracias a su penetrante olor y a    la aplicaci&oacute;n sobre el cuerpo. Beatriz Chiguasuque, l&iacute;der del grupo de mujeres    del cabildo, explica este punto en particular: cuando se brota la piel despu&eacute;s    de un ba&ntilde;o con agua de ruda, sola o en combinaci&oacute;n, significa que sobre la    persona est&aacute; actuando la envidia o la brujer&iacute;a en forma de malas energ&iacute;as,    frente a las cuales reacciona la planta previniendo su entrada en el cuerpo, o    se&ntilde;alando su acci&oacute;n para que el enfermo pueda tomar las medidas adecuadas. Por    esto, los ba&ntilde;os con ruda y sus plantas acompa&ntilde;antes deben realizarse    especialmente en algunas fechas del calendario. La importante difusi&oacute;n de esta    pr&aacute;ctica satisface especialmente a dolores, para quien el fin del a&ntilde;o es siempre    una muy buena temporada: la ruda multiplica sus clientes para esas fechas.</p>          <p>Nelsy, por su parte, la considera indispensable en el trabajo ritual que realiza    en el Cabildo. Las limpiezas que realiza al lado de su esposo, tambi&eacute;n m&eacute;dico    tradicional de la comunidad, incluyen &quot;barrer el cuerpo&quot; del afectado con ruda, artemisa y cicuta, de forma similar a como el m&eacute;dico del    Putumayo usa la waira    sacha. Este soplar y limpiar con la planta lo aprendi&oacute; Nelsy precisamente de los    taitas del sibundoy en su largo recorrido f&iacute;sico y espiritual por diferentes    comunidades ind&iacute;genas del territorio nacional, buscando reintroducir la    &quot;medicina ind&iacute;gena&quot; en su comunidad. As&iacute; mismo, Nelsy contin&uacute;a interesada en    aprender m&aacute;s de las mujeres mayores de su propio cabildo, segura de poder    integrar esos conocimientos en su ya h&iacute;brida pr&aacute;ctica curativa.</p>          <p>Cada diciembre dolores aumenta la venta de la ruda. Llegada esta temporada    vienen las preparaciones para recibir el a&ntilde;o &quot;como dios manda&quot;, es decir    protegido con el ba&ntilde;o de las siete hierbas. Al mismo tiempo, Nelsy y su esposo    duplican sus consultas y limpiezas. Es una buena temporada donde los dolientes    ind&iacute;genas y no ind&iacute;genas acuden a la planta en busca de protecci&oacute;n y curaci&oacute;n. En la ruda encuentran mucho m&aacute;s que un producto &quot;en bruto&quot;, que a pesar de todos    los an&aacute;lisis no agota sus m&uacute;ltiples significaciones y usos potenciales. Es esta    riqueza la que hace que la planta sea tan apreciada en las huertas y los    expendios como el de do&ntilde;a marina. Para la ruda, lo intrincado y complejo de su    historia como producto medicinal hace tambi&eacute;n parte de su eficacia como  tratamiento.</p>        <p><b>PERSPECTIVA CR&Iacute;TICA</b></p>        <p>Hace ya varios a&ntilde;os Charles Leslie propuso tratar los sistemas m&eacute;dicos como    estructuras pluralistas, en donde un conjunto de pr&aacute;cticas m&eacute;dicas mantienen una    relaci&oacute;n competitiva o complementaria, al tiempo que sostienen entre ellas    relaciones asim&eacute;tricas de poder &#40;Pedersen, 1988: 404; Nichter y Lock, 2002&#41;. En    estos sistemas m&aacute;s o menos integrados, m&aacute;s o menos controlados por parte del    estado, las pr&aacute;cticas que los componen no pueden pensarse como aisladas en la    medida que tanto unas como otras comparten conocimientos y se transforman    r&aacute;pidamente. As&iacute;, las tecnolog&iacute;as, practicantes y sustratos ideol&oacute;gicos, en los    que se apoyan estas medicinas se ven modificados por el contacto que de una u    otra manera establecen entre ellas a trav&eacute;s de los enfermos en sus m&aacute;s o menos    abigarrados itinerarios terap&eacute;uticos.</p>          <p>Es precisamente esto lo que nos ense&ntilde;a el particular camino de la ruda. S&oacute;lo    siguiendo los pasos de aquel la s personas que se sanan o hacen da&ntilde;o con un a    determinada pr&aacute;ctica, podemos apreciar la complejidad del enfermar y sanar en    medios como el nuestro. De ah&iacute; que la tan prometida incorporaci&oacute;n de estas    &quot;otras medicinas&quot; solamente sea posible en la medida que se considere al sistema    de atenci&oacute;n a la enfermedad como un sistema cultural y local &#40;Kleinman, 1980&#41;,    en relaci&oacute;n con sistemas y redes m&aacute;s amplias de ofertas de salud, donde operan    otras formas de entender y actuar sobre el cuerpo y la enfermedad. De otra    manera estas mismas pr&aacute;cticas corren el peligro de perder, en medio de la &quot;    ideolog&iacute;a del control &quot; de la salud p&uacute;blica &#40;Watts, 1999&#41;, gran parte de su    potencial curativo, despojadas de la vitalidad que el intercambio de    significados y conocimientos produce.</p>          <p>Sin embargo, para el estado, la medicina institucional y las agencias    multilaterales, la pregunta sigue reduci&eacute;ndose a la seguridad y eficacia desde    una perspectiva considerada verdad; esto es, desde la biomedicina occidental,    que impide cualquier otra aproximaci&oacute;n al problema &#40;Waldram, 2000&#41;. La    reglamentaci&oacute;n sobre fitomedicamentos promete as&iacute; controlar los peligros del uso    &quot;no racional&quot; de plantas y preparaciones similares, a trav&eacute;s de su validaci&oacute;n,    por u n cuerpo de conocimiento in sensible a la forma como las plantas son    utilizadas a nivel local. Este panorama se consolida mediante la definici&oacute;n de    instrumentos t&eacute;cnicos para aplicar los mecanismos de inspecci&oacute;n, vigilancia y    control a los expendios de medicina tradicional o popular. De esta manera,    puestos como el de marina quedar&iacute;an sometidos al control de las instituciones de    salud, con herramientas tan inadecuadas como los decretos que someramente hemos    analizado en este documento. Es as&iacute; como a nivel local la prometida integraci&oacute;n    a los sistemas de salud formales de las llamadas &quot;medicinas tradicionales,    alternativas, complementarias o no convencionales&quot; promovida desde la OMS, y su    estrategia de atenci&oacute;n primaria en salud, m&aacute;s que una integraci&oacute;n de otras    perspectivas sobre el enfermar y el curar, se convierte en una herramienta para    la colonizaci&oacute;n y aprovechamiento de otros conocimientos terap&eacute;uticos. medicinas    &quot;alternativas&quot; ahora no proscritas sino coaptadas y adoptadas por el capitalismo    &#40;Baer, 2002&#41;, obligadas a integrarse a la medicina alop&aacute;tica occidental, no en    vano son consideradas por muchos la &quot;&uacute;nica medicina&quot; &#40;Angell y Kassirer, 1998&#41;,    la propietaria de la verdad natural sobre el proceso salud enfermedad.</p>          <p>Lo que debe interesarnos, sin embargo, no es si debe o no modificarse la    reglamentaci&oacute;n. Es, por el contrario, si existen realmente las condiciones para    que tal reglamentaci&oacute;n sea factible. En un medio donde un determinado    conocimiento terap&eacute;utico ha construido una alianza con el estado, los medios de    verificaci&oacute;n, interpretaci&oacute;n y aprehensi&oacute;n del proceso salud-enfermedad est&aacute;n ya    establecidos de antemano &#40;Waldram, 2000&#41;. As&iacute;, lo que queda de la ecuaci&oacute;n no es    m&aacute;s que un ejercicio de poder a trav&eacute;s del cual las otras medicinas, no    gratuitamente llamadas &quot;alternativas, complementarias o no convencionales&quot;,    deben situarse: medicaliz&aacute;ndose a trav&eacute;s de normas para su ejercicio como que    todo home&oacute;pata deba ser antes m&eacute;dico o a trav&eacute;s de reglamentaciones como la    analizada hasta el momento.</p>          ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Finalmente, es importante preguntarse por las m&uacute;ltiples motivaciones que llevan    a las instituciones nacionales e internacionales de salud a plantearse la    integraci&oacute;n de estas pr&aacute;cticas a un ejercicio fuertemente hegem&oacute;nico e    ideol&oacute;gico. Por alguna raz&oacute;n, en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas la opini&oacute;n de la    institucionalidad de la salud p&uacute;blica mundial ha virado de la condenaci&oacute;n al    control de estas &quot;otras&quot; medicinas. Sin embargo, no es dif&iacute;cil constatar c&oacute;mo    este tipo de reglamentaciones no constituye una respuesta pluralista a la    &quot;diversidad m&eacute;dica postmoderna&quot; &#40;Adler, 2002&#41; sino, por el contrario, es un    ejemplo de la radicalizaci&oacute;n del control a trav&eacute;s de la salud p&uacute;blica. As&iacute;, no    se puede ser muy optimista con respecto a la perspectiva &quot;integrativa&quot; u    hol&iacute;stica en esta materia, si se consigue a trav&eacute;s de una reglamentaci&oacute;n que    desconoce el papel cultural en la construcci&oacute;n del proceso salud-enfermedad, y en    las estrategias dise&ntilde;adas para curar. Vivimos en un contexto donde se ha    radicalizado una determinada perspectiva de la eficacia y seguridad de las    tecnolog&iacute;as curativas, que ignora el papel simb&oacute;lico de todo acto curativo,    incluso en el seno de la misma biomedicina explorado por m&uacute;ltiples analistas,    ver por ejemplo Hellman, 2007; Welch, 2003; van der Geest y Reynolds, 1989, al    tiempo que devora cualquier nueva opci&oacute;n terap&eacute;utica para reintegrarla en la    creciente econom&iacute;a de la salud. No en vano el mercado de &quot;medicamentos    herbarios&quot; ha crecido &quot;dr&aacute;sticamente&quot; en los &uacute;ltimos a&ntilde;os. Seg&uacute;n estimaciones,    el mercado mundial de los &quot;ftomedicamentos&quot; ha alcanzado &quot;... Un valor de sesenta    mil millones de d&oacute;lares de los EE.UU., con una tasa de crecimiento anual entre    el 5 y el 15 por ciento&quot; &#40;correa, 2005&#41;. Es precisamente en este contexto que    una antropolog&iacute;a que se pregunte por las medicinas llamadas &quot;alternativas,    tradicionales, complementarias o no convencionales&quot;, no debe s&oacute;lo &quot;... mostrar las    limitaciones del actual modelo biom&eacute;dico e incorporar observaciones de    perspectivas m&eacute;dicas cross-culturales&quot; &#40;Micozzi, 2002&#41;, sino tambi&eacute;n evidenciar    las relaciones de poder que atraviesan la vida social de estas terap&eacute;uticas.</p>          <p><b>EP&Iacute;LOGO</b></p>        <p>Tiempo despu&eacute;s de la presentaci&oacute;n en el congreso de antropolog&iacute;a de la versi&oacute;n    ponencia de este documento, gentilmente fui invitado al &quot;primer encuentro de    pueblos ind&iacute;genas. Bogot&aacute; cada vez m&aacute;s diversa&quot;, que se llev&oacute; a cabo en el    parque sim&oacute;n Bol&iacute;var, una lluviosa tarde de octubre de 2007. como representante    de la transversalidad de etnias del hospital pablo VI Bosa, ese, present&eacute;    nuestra experiencia y me refer&iacute; a las limitaciones nacionales y locales para la    implementaci&oacute;n adecuada de un &quot;enfoque diferencial de etnias&quot; para las    actividades de salud p&uacute;blica en la capital. Esa tarde tambi&eacute;n intervinieron los    representantes de la secretar&iacute;a Distrital de Salud, SDS, y voceros de algunos    cabildos de la ciudad. En esa oportunidad, la persona m&aacute;s interesada en mi    reflexi&oacute;n alrededor de la reglamentaci&oacute;n sobre &quot;productos fitoterap&eacute;uticos    tradicionales&quot; fue V&iacute;ctor Jacanamijoy, que como todo taita yajecero est&aacute;    acostumbrado tanto a desconfiar de las reglamentaciones sobre su actividad, como    a la persecuci&oacute;n de entidades estatales por ejemplo el ministerio del medio    ambiente y el departamento administrativo del medio ambiente, dama por los    productos vegetales que comercializan taitas que en Bogot&aacute; se visten tambi&eacute;n de    legalidad portando una fotocopia de la resoluci&oacute;n 5078 del ministerio de salud  nacional<sup><a name= "s6" href="#6">6</a></sup>.</p>        <p>Empero, fue hasta el final de mi intervenci&oacute;n que pudimos cruzar un par de    palabras. conversaci&oacute;n que a la postre dej&oacute; muy preocupado a don V&iacute;ctor.</p>          <p>Como si fuera poco le dije el decreto define que ning&uacute;n producto puede ser    legalmente comercializado si contiene actividad estupefaciente o psicotr&oacute;pica.</p>          <p>El doctor V&iacute;ctor, como le llamo desde su cr&iacute;tica mordaz a mi propia condici&oacute;n de    terapeuta cuando nos conocimos hace unos a&ntilde;os, solamente me mir&oacute;, alz&oacute; los    hombros y sin alterarse concluy&oacute;:    <br>   Nos tocar&aacute; estudiar con cuidado ese decreto.</p>    <hr size="1">    <p><b>Comentarios</b></p>    <sup><a name="1" href="#s1" >1</a></sup> presente art&iacute;culo fue desarrollado a partir de la ponencia del mismo  nombre presentada en el xii Congreso de Antropolog&iacute;a en Colombia en el simposio  &quot;Creencia y verdad en los sistemas terap&eacute;uticos contempor&aacute;neos&quot;, que se llev&oacute; a  cabo en octubre de 2007 en la Universidad nacional de Colombia, sede Bogot&aacute;.  referente de etnias y g&eacute;nero PAB vigencia 20072008, Hospital Pablo VI Bosa,  Empresa social del Estado, ESE, Bogot&aacute;, Colombia.</p>        <p><sup><a name="3" href="#s3" >3</a></sup> La capacidad de producir la menstruaci&oacute;n es reconocida  tambi&eacute;n a nivel internacional por las publicaciones especializadas &#40;Thompson,  1981&#41;. En otros pa&iacute;ses de Latinoam&eacute;rica la ruda tiene usos similares  &#40;MaynardTucker, 1989&#41;. Para comparar los usos de la ruda en el nuevo Mundo con  respecto a los usos tradicionales en Europa &#40;Halliwell, 1985&#41;.</p>        <p><sup><a name="4" href="#s4" >4</a></sup> &Eacute;ste un nombre pseud&oacute;nimo.</p>        ]]></body>
<body><![CDATA[<p><sup><a name="5" href="#s5" >5</a></sup> A pesar de hacer parte de la comunidad, ocultar&eacute; la  identidad de esta mujer a petici&oacute;n suya, especialmente porque con ella trat&eacute;  temas como la interrupci&oacute;n del embarazo en la comunidad.</p>        <p><sup><a name="6" href="#s6" >6</a></sup> Por la cual &quot;... Se adoptan normas t&eacute;cnico  administrativas en materia de medicinas tradicionales y terap&eacute;uticas  alternativas y se crea el Consejo Asesor para la conservaci&oacute;n de las mismas&quot;.</p>    <hr size="1">      <p><b>REFERENCIAS</b></p>        <!-- ref --><p><b>Adler, S. R.</b> 2002 &quot;Integrative Medicine and Culture: Toward an Anthropology of CAM&quot;, en  Medical Anthropology Quarterly 16&#40;4&#41;: 412-414.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000076&pid=S1900-5407200800010000900001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Angel&iacute;, M. y J. P. Kassirer</b> 1998 &quot;Alternative Medicine. The risk of untested and unregulated remedies&quot;, en  New England Journal of Medicine 339&#40;12&#41;: 839-841.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000077&pid=S1900-5407200800010000900002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Baer, H. A.</b> 2002 &quot;The Growing Interest of Biomedicine in Complementary and Alternative  Medicine: A Critical Perspective&quot;, en Medical Anthropology Quarterly 16&#40;4&#41;: 403-405.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000078&pid=S1900-5407200800010000900003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Correa, C. M.</b> 2005 &quot;Protecci&oacute;n y promoci&oacute;n de la medicina tradicional. Consecuencias para la  salud p&uacute;blica en los pa&iacute;ses en desarrollo&quot;. Ginebra, South Centre.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000079&pid=S1900-5407200800010000900004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Dur&aacute;n Bernal, C. A.</b> 2004 &quot;El Cabildo Muisca de Bosa: el discurso de un movimiento social &eacute;tnico y  urbano&quot;. Trabajo de grado para optar al t&iacute;tulo de polit&oacute;logo, Departamento de  Ciencia Pol&iacute;tica, Facultad de Ciencias Sociales, Bogot&aacute;, Universidad de los Andes.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000080&pid=S1900-5407200800010000900005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Dur&aacute;n Bernal, C. A.</b> 2005 &quot;Ser un muisca hoy. La identidad muisca como proyecto colectivo de  organizaci&oacute;n pol&iacute;tica y cultural en la Localidad de Bosa&quot;, en A. M. G&oacute;mez  Londo&ntilde;o, Muiscas: representaciones, cartograf&iacute;as y etnopol&iacute;ticas de la memoria.  Bogot&aacute;, Pontificia Universidad Javeriana, pp. 348-369.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000081&pid=S1900-5407200800010000900006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Girard, R.</b> 1983 La violencia y lo sagrado. Barcelona, Editorial Anagrama.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000082&pid=S1900-5407200800010000900007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Good, B. J.</b> 2003 Medicina, racionalidad, y experiencia. Una perspectiva antropol&oacute;gica. Barcelona, Ediciones Bellaterra.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000083&pid=S1900-5407200800010000900008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Halliwell, B.</b> 1985 &quot;Two Plant notes&quot;, en Garden History 13&#40;2&#41;: 160-163.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000084&pid=S1900-5407200800010000900009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Hay, Y. O., C. A. Luna Borda, et &aacute;l</b>. 2005 Estrategia promoci&oacute;n de uso de plantas medicinales y productos derivados. Bogot&aacute;, Secretar&iacute;a Distrital de Salud de Bogot&aacute; D. C. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000085&pid=S1900-5407200800010000900010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Hellman, C. G.</b> 2007 Culture, Health and Illness. Fifth edition. New York, Oxford University Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000086&pid=S1900-5407200800010000900011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>INVIMA</b> 2003 Plantas medicinales aceptadas con fines terap&eacute;uticos. Consultado en la red  mundial octubre de 2007: <a target=_blank  href="http://web.invima.gov.co"> http://www.INVIMA.gov.co/version1/consultas_publicas/archivos/plantasmedicinales.pdf</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000087&pid=S1900-5407200800010000900012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Kleinman, A.</b> 1980 Patients and Healers in the Context of Culture. An  Exploration of the Borderline between Anthropology, Medicine, and Psychiatry. Berkeley, University of California Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000088&pid=S1900-5407200800010000900013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Kopitoff, I.</b> 1986 &quot;La biograf&iacute;a cultural de las cosas: la mercantilizaci&oacute;n como proceso&quot;, en  A. Appadurai, La vida social de las cosas. Perspectiva cultural de la cosas.  M&eacute;xico, Grijalbo, pp. 89-122.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000089&pid=S1900-5407200800010000900014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>L&oacute;pez Rodr&iacute;guez, M.</b> 2005 &quot;Los resguardos muiscas y raizales de la sabana de Bogot&aacute;: espacios  sociales de construcci&oacute;n de la memoria&quot;, en A. M. G&oacute;mez Londo&ntilde;o. Muiscas:  representaciones, cartograf&iacute;as y etnopol&iacute;ticas de la memoria. Bogot&aacute;, Pontifcia Universidad Javeriana, pp. 332-347.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000090&pid=S1900-5407200800010000900015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Mart&iacute;nez Medina, S., M. N. Chiguasuque, et &aacute;l. </b>2006 Ziscagoscua. Manual de salud para la Comunidad Ind&iacute;gena Muisca de Bosa. Bogot&aacute;, Hospital Pablo VI Bosa E. S. E.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000091&pid=S1900-5407200800010000900016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Mart&iacute;nez Medina, S., R. Casallas, et &aacute;l.</b> 2007 Los seres del agua. Memoria, contaminaci&oacute;n ambiental y cultura en el  Cabildo Ind&iacute;gena Muisca de Bosa. Bogot&aacute;, Hospital Pablo VI Bosa E.S.E. Cabildo Ind&iacute;gena Muisca de Bosa.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000092&pid=S1900-5407200800010000900017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Maynardtucker, G.</b> 1989 &quot;Knowledge of reproductive Physiology and Modern Contraceptives in rural Peru&quot;, en Studies in Family Planning 20&#40;4&#41;: 215-224.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000093&pid=S1900-5407200800010000900018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Micozzi, M. S.</b> 2002 &quot;Culture, Anthropology, and the return of &#39;Complementary Medicine&#39;&quot;, en Medical Anthropology Quarterly 16&#40;4&#41;: 398-403.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000094&pid=S1900-5407200800010000900019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Nichter, M. y M. Lock</b> 2002 &quot;From Documenting Medical Pluralism to Critical Interpretations of  Globalized Health Knowledge, Policies, and Practices&quot;, en M. Nichter y M. Lock, New Horizons in Medical Anthropology. Essays in Honour of Charles Leslie. London, Routledge. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000095&pid=S1900-5407200800010000900020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Organizaci&oacute;n Mundial de la Salud</b> 2002 Estrategia de la OMS sobre medicina tradicional 2002-2005. Ginebra,  organizaci&oacute;n Mundial de la Salud.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000096&pid=S1900-5407200800010000900021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Organizaci&oacute;n Mundial de la Salud</b> 2003 Pautas generales para las metodolog&iacute;as de investigaci&oacute;n de la medicina  tradicional. Ginebra, OMS.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000097&pid=S1900-5407200800010000900022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Pedersen, D.</b> 1988 &quot;Curanderos, divinidades, santos y doctores: elementos para el an&aacute;lisis de  los sistemas m&eacute;dicos&quot;, en E. Reichel-Dolmatoff, Rituales y fiestas de la Am&eacute;ricas.  Memorias de 45º Congreso Internacional de Americanistas. Bogot&aacute;, Uniandes, pp. 403-418.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000098&pid=S1900-5407200800010000900023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Pinz&oacute;n, C</b>. 1988 &quot;Violencia y brujer&iacute;a en Bogot&aacute;&quot;, en Bolet&iacute;n Cultural y Bibliogr&aacute;fico XXV &#40;16&#41;: 3549.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000099&pid=S1900-5407200800010000900024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Rep&uacute;blica de Colombia. Ministerio de Protecci&oacute;n Social</b> 2004 Decreto 2266 de 2004. Por el cual se reglamentan los reg&iacute;menes de  registros sanitarios, y de vigilancia y control sanitario y publicidad de los  productos fitoterap&eacute;uticos. Bogot&aacute;, Ministerio de Protecci&oacute;n Social.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000100&pid=S1900-5407200800010000900025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Rep&uacute;blica de Colombia. Ministerio de Protecci&oacute;n Social</b> 2004 Decreto 3553 de 2004. Por el cual se modifica el Decreto 2266 de 2004 y  se dictan otras disposiciones. Bogot&aacute;, Ministerio de Protecci&oacute;n Social.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000101&pid=S1900-5407200800010000900026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Restrepo, L. F.</b> 2005 &quot;Reflexiones sobre los estudios muiscas y las etnopol&iacute;ticas de la  memoria&quot;, en A. M. G&oacute;mez Londo&ntilde;o. Muiscas: representaciones, cartograf&iacute;as y  etnopol&iacute;ticas de la memoria. Bogot&aacute;, Pontificia Universidad Javeriana, pp. 316-330.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000102&pid=S1900-5407200800010000900027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Sotomayor, M. L.</b> 1998 &quot;Porque somos ind&iacute;genas, pero &iquest;por qu&eacute; somos ind&iacute;genas?&quot;, en M. L.  Sotomayor. Modernidad, identidad y desarrollo. Bogot&aacute;, Instituto Colombiano de Antropolog&iacute;a, pp. 399-423.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000103&pid=S1900-5407200800010000900028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Taussig, M.</b> 1993 Mimesis and Alterity. A Particular  History of the Senses. New York, Routledge.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000104&pid=S1900-5407200800010000900029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Thomson, W. A. R., Ed.</b> 1981 Gu&iacute;a pr&aacute;ctica ilustrada de las plantas medicinales. Barcelona, MacGraw-Hill.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000105&pid=S1900-5407200800010000900030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Uribe, C. A.</b> 2000 &quot;La violencia sacrificial y la locura&quot;, en E. Villa. Memorias del II  seminario de Antropolog&iacute;a de la Religi&oacute;n. 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Reynolds White</b> 1989 &quot;The Charm of Medicines: Metaphors and Metonyms&quot;, en Medical Anthropology Quarterly 3&#40;4&#41;: 345-367.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000108&pid=S1900-5407200800010000900033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Waldram, J. B.</b> 2000 &quot;The Efficacy of Traditional Medicine: Current Theoretical and  Methodological Issues&quot;, en Medical Anthropology Quarterly 14&#40;4&#41;: 603-625.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000109&pid=S1900-5407200800010000900034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Watts, S. 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Bogot&aacute;,    Fundaci&oacute;n Herencia Verde, Ministerio de Salud.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000112&pid=S1900-5407200800010000900037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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