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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[ANTROPOLOGÍA Y CIUDAD: HACIA UN ANÁLISIS CRÍTICO E HISTÓRICO]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[Departing from a theoretical discussion of the relationship between anthropology and the city, we problematize the foundations of both urban and anthropological studies. Rather than viewing the city as a stable and universal category, we emphasize the possibilities anthropology has to approach cities as products of historically-situated social practices. We illustrate this proposal by focusing on urbanistic projects in the city of Bogotá during three historical moments and by analyzing contemporary imaginations of the cities of the future.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[   <font face="verdana" size="2">      <p align="center" ><font face="verdana" size="4"><b>ANTROPOLOG&Iacute;A Y CIUDAD:</b>    <br> HACIA UN AN&Aacute;LISIS CR&Iacute;TICO E HIST&Oacute;RICO</font></p>      <p><b>Andr&eacute;s Salcedo Fidalgo / Austin Zeiderman</b><sup>1</sup></p>      <p><sup>1</sup> PhD de la Universidad de California, Irvine, profesor asociado  del departamento de Antropolog&iacute;a de la Universidad Nacional de Colombia,  investigador y coordinador del grupo Conflicto Social y Violencia del Centro de  Estudios Sociales de la Universidad Nacional de Colombia.&nbsp; <a href="mailto:asalcedofi@unal.edu.co">asalcedofi@unal.edu.co</a></p>     <p><sup>2</sup> Candidato al PhD en Antropolog&iacute;a social y cultural en Stanford University, <a href="mailto:agz@stanford.edu">agz@stanford.edu</a></p>  <hr size="1">      <p><b>RESUMEN</b></p>        <p>Partiendo de una discusi&oacute;n te&oacute;rica sobre la relaci&oacute;n entre antropolog&iacute;a y ciudad    proponemos problematizar los fundamentos tanto de los estudios urbanos como los    estudios antropol&oacute;gicos. En lugar de ver a la ciudad como una categor&iacute;a    universal y fija resaltamos las posibilidades que tiene la antropolog&iacute;a para    abordar las ciudades como productos de pr&aacute;cticas sociales hist&oacute;ricamente    situadas. Ilustramos esta propuesta deteni&eacute;ndonos en los proyectos urban&iacute;sticos    de Bogot&aacute; en tres momentos hist&oacute;ricos y en las imaginaciones contempor&aacute;neas de    las ciudades del futuro.</p>      <p><b>PALABRAS CLAVE</b>    <br> Ciudades, pr&aacute;cticas espaciales, antropolog&iacute;a urbana, Bogot&aacute;</p>  <hr size="1">      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>ABSTRACT</b></p>      <p>Departing from a theoretical discussion of the relationship between anthropology    and the city, we problematize the foundations of both urban and anthropological    studies. Rather than viewing the city as a stable and universal category, we    emphasize the possibilities anthropology has to approach cities as products of    historically-situated social practices. We illustrate this proposal by focusing    on urbanistic projects in the city of Bogot&aacute; during three historical moments and    by analyzing contemporary imaginations of the cities of the future.</p>        <p><b>KEY WORDS</b>    <br> Cities, spatial practices, urban anthropology, Bogot&aacute;</p>     <p>FECHA DE RECEPCI&Oacute;N: NOVIEMBRE DE 2008 / FECHA DE ACEPTACI&Oacute;N: DICIEMBRE DE 2008</p>  <hr size="1">      <p><b>INTRODUCCI&Oacute;N</b></p>      <p>Este ensayo recoge un esfuerzo  colaborativo a dos manos en el cual nos proponemos plasmar algunas reflexiones    que surgieron desde nuestras propias pr&aacute;cticas investigativas as&iacute; como del deseo    de proponer una discusi&oacute;n te&oacute;rica actualizada sobre la antropolog&iacute;a de las    ciudades y sus potencialidades en el mundo contempor&aacute;neo. Uno de nosotros parte    de su investigaci&oacute;n sobre los discursos emergentes del riesgo en las periferias    de Bogot&aacute;, ciudad en la que est&aacute; realizando su trabajo de campo desde hace    varios meses. El otro propone ilustrar nuestra propuesta de un an&aacute;lisis    socioespacial de ciudades tomando tres proyectos urban&iacute;sticos que han tenido    lugar en Bogot&aacute;, ciudad en la cual ha vivido siempre y en la que ha tenido lugar    su pr&aacute;ctica antropol&oacute;gica sobre el miedo al crimen, el desplazamiento y procesos    de urbanizaci&oacute;n. la intenci&oacute;n del escrito es entonces establecer un di&aacute;logo    entre la antropolog&iacute;a y la ciudad tomando a esta &uacute;ltima como proyecto de    ordenamiento socioespacial alejado de la descripci&oacute;n de unidades espaciales    coherentes y cerradas y cercano a un an&aacute;lisis cr&iacute;tico de la confluencia de    pr&aacute;cticas discursivas hist&oacute;ricamente situadas. Este texto es, entonces, una    invitaci&oacute;n para revertir la mirada del antrop&oacute;logo sobre una realidad    desbordante, compleja y discordante que muchas veces claudica debido a los retos metodol&oacute;gicos que &eacute;sta supone: abordar de manera simult&aacute;nea las condiciones    hist&oacute;ricas de producci&oacute;n, los discursos y las pr&aacute;cticas en los cuales emergen    las ciudades.</p>        <p>El segundo prop&oacute;sito que subyace a este escrito es descolonizar los paradigmas    euroc&eacute;ntricos que han dominado y reducido los an&aacute;lisis de lo urbano y el    urbanismo a la historia de la ciudad europea moderna. Para esto nos parece que    es precisamente la antropolog&iacute;a la llamada a cuestionar muchos supuestos y    visiones dicot&oacute;micos que suelen presentar una realidad urbana moderna,    industrial, cambiante y occidental opuesta a un mundo rural y tradicional visto    como congelado en el tiempo y menos occidentalizado. La ciudad en tanto concepto    tambi&eacute;n es un reto epistemol&oacute;gico para sacudir algunas premisas tradicionales de    los mismos m&eacute;todos antropol&oacute;gicos en su b&uacute;squeda y descripci&oacute;n de    comportamientos extra&ntilde;os, anodinos o ex&oacute;ticos. El objetivo del an&aacute;lisis que    proponemos aqu&iacute; es precisamente el de exponer unas propuestas sobre una    antropolog&iacute;a espacial e hist&oacute;rica adecuada al an&aacute;lisis de ciudades    contempor&aacute;neas y sus ordenamientos sociales.</p>         <p>Tomando el caso de la ciudad de Bogot&aacute;, proponemos una lectura hist&oacute;rica selectiva, sin    intentar ofrecer un recorrido hist&oacute;rico completo, de varios momentos    particulares en los cuales la ciudad fue objeto de planeaci&oacute;n y reflexi&oacute;n, y su    poblaci&oacute;n blanco de intervenciones y proyectos de transformaci&oacute;n a gran escala,    tanto cultural como f&iacute;sica. Abordaremos la forma como la ciudad fue objeto de experimentaci&oacute;n para el    proyecto de la conquista sirviendo los intereses de extracci&oacute;n de riqueza y    control de poblaci&oacute;n. Tambi&eacute;n discutiremos c&oacute;mo la ciudad fue modificada al    convertirse en s&iacute;mbolo de la construcci&oacute;n de naci&oacute;n al igual que terreno    intelectual y econ&oacute;mico propicio para corrientes de pensamiento que buscaban    emplear la ciudad como instrumento de integraci&oacute;n y progreso. Mostraremos c&oacute;mo a    finales del siglo XX en Bogot&aacute; el discurso sobre el crimen y la seguridad    enmarcan los intentos de una administraci&oacute;n que, desde la academia, intenta    modificar y corregir ciertos comportamientos de los ciudadanos en una ciudad    ca&oacute;tica y violenta. Luego abordaremos el agotamiento del paradigma moderno que    durante mucho tiempo acompa&ntilde;&oacute; la utop&iacute;a de la ciudad occidental al igual que el    desvanecimiento de las escalas unilineales desarrollistas que clasificaban las    ciudades en urbes desarrolladas y del tercer Mundo, para demostrar c&oacute;mo las    megaciudades parecen marcar el derrotero de los futuros asentamientos urbanos.    La emergencia de un nuevo discurso sobre la megaciudad mira a las periferias de    las grandes ciudades contempor&aacute;neas del sur como los lugares en los que en un    futuro muy pr&oacute;ximo todos tendremos que convivir con circunstancias sociales    explosivas, donde la vida misma est&aacute; en riesgo.</p>        <p><b>I. LA ANTROPOLOG&Iacute;A Y LA CIUDAD</b></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>EL LUGAR DEL CAMPO EN LA ANTROPOLOG&Iacute;A    <br>      <p>El eminente antrop&oacute;logo norteamericano Cliford Geertz alguna vez postul&oacute; la    siguiente m&aacute;xima metodol&oacute;gica: &quot;los antrop&oacute;logos no estudian aldeas &#91;...&#93;;    estudian <i>en </i>aldeas&quot; &#40;1973:22&#41;. Al insertar la preposici&oacute;n, Geertz intent&oacute;    enfatizar la primac&iacute;a de los conceptos te&oacute;ricos generales desarrollados a partir    de estudios etnogr&aacute;ficos en aldeas, adem&aacute;s de las particularidades locales de    las aldeas mismas. No obstante, al diferenciar la antropolog&iacute;a <i>en </i>las    aldeas de la antropolog&iacute;a <i>de </i>las aldeas, la afirmaci&oacute;n de Geertz tambi&eacute;n    refleja la tendencia a reificar la &quot;aldea&quot; como el indiscutible contenedor    espacial dentro del cual ocurre la investigaci&oacute;n etnogr&aacute;fica, as&iacute; como la    renuencia de la antropolog&iacute;a a comprometerse cr&iacute;ticamente con cuestiones de    lugar. Esto se hace a&uacute;n m&aacute;s evidente cuando Geertz afirma: &quot;se pueden estudiar    diferentes cosas en distintos lugares &#91;...&#93;. Pero eso no convierte al lugar en    el objeto de estudio&quot; &#40;Geertz 19 73: 22&#41;. Ahora, a casi treinta a&ntilde;os de Geertz,    la antropolog&iacute;a parece tambalearse, sin saberlo y parad&oacute;jicamente, hacia un    aprieto similar en su estudio de un locus diferente: no la aldea, sino la    ciudad.</p>        <p>En las d&eacute;cadas que siguieron al enunciado de Geertz, la cr&iacute;tica externa de los    interlocutores de la disciplina &#40;Said, 1989&#41; y la autorreflexi&oacute;n disciplinaria &#40;Cliford    y Marcus, 1986; Fabi&aacute;n, 2002; Gupta y Ferguson, 1997&#41; han llevado a la    antropolog&iacute;a a cuestionar el estatus privilegiado y el legado colonial de la    &quot;aldea&quot; y sus cualidades asociadas de lejan&iacute;a, aislamiento, otredad,    simplicidad, pureza y homogeneidad —tanto as&iacute; que la m&aacute;xima de Geertz, al punto    que vincul&oacute; la antropolog&iacute;a al escenario de la aldea, ahora suena absolutamente    curiosa—. sin embargo, en el presente la disciplina est&aacute; en peligro de cometer    errores similares con respecto a la ciudad. Pues los antrop&oacute;logos, con unas    pocas excepciones notables que se discutir&aacute;n m&aacute;s adelante en este ensayo, est&aacute;n    realizando de manera creciente su trabajo de campo en escenarios urbanos sin    pensar cr&iacute;tica y reflexivamente acerca de la &quot;ciudad&quot; a la vez como un locus y    como un objeto de an&aacute;lisis etnogr&aacute;fico. En la medida en que aumenta el n&uacute;mero de    antrop&oacute;logos trabajando en locaciones urbanas, la disciplina corre el riesgo de    casarse, sin sentido cr&iacute;tico, con otra unidad espacial —la ciudad—, sin indagar    sobre los supuestos t&aacute;citos detr&aacute;s de ese casamiento o de sus implicaciones    te&oacute;ricas.</p>        <p>Esto no quiere decir que dichos asuntos hayan sido ignorados por los    antrop&oacute;logos. Desde mediados del siglo XX, y especialmente en Am&eacute;rica latina y    &aacute;frica, generaciones de antrop&oacute;logos se han venido enfrentando en sus trabajos    de campo con los problemas metodol&oacute;gicos y epistemol&oacute;gicos relativos a la ciudad    como sitio de campo &#40;Hannerz, 1980&#41;. sin embargo, los t&eacute;rminos en que se han planteado estos temas limitan el rango de posibles respuestas. Para    citar un ejemplo com&uacute;n, se ha se&ntilde;alado con frecuencia que las ciudades no    ofrecen un todo conocible ni un l&iacute;mite geogr&aacute;fico f&aacute;cilmente identificable con    el cual delimitar una investigaci&oacute;n etnogr&aacute;fica. En comparaci&oacute;n con un estudio    de aldea, el espacio de posibilidad —tanto real/geogr&aacute;fico como conceptual/    epistemol&oacute;gico— parece infinito. a menudo esto ha llevado a los antrop&oacute;logos a    confinarse en una sola comunidad o vecindario en la ciudad &#40;&quot;los estudios de    barrio&quot;&#41;, lo que les permite conservar el tipo de orientaci&oacute;n basada en la    aldea, tan familiar a generaciones de etn&oacute;grafos, en vez de cuestionar los    supuestos sobre los que se basa esta orientaci&oacute;n &#40;cf. Ferguson, 1999:271, f.15&#41;.    Emergiendo de este acertijo, la pregunta de si es preferible hacer antropolog&iacute;a <i>en </i>las ciudades o antropolog&iacute;a <i>de </i>las ciudades ha sido una    perpetua espina clavada en el costado de la disciplina. M&aacute;s adelante, en este    ensayo, argumentaremos que oponer las implicaciones epistemol&oacute;gicas y    metodol&oacute;gicas de estas dos preposiciones &#40;&quot;de&quot; versus &quot;en&quot;&#41; es m&aacute;s desorientador    que instructivo. Como una alternativa, buscamos examinar la antropolog&iacute;a <i>y   </i>la ciudad en relaci&oacute;n una con la otra por razones que, creemos,    eventualmente se aclarar&aacute;n. Pero primero consideremos algunas perspectivas    claves que allanan el camino para este tipo de investigaci&oacute;n.</p>          <p><b>DESPLAZAR LA CUESTI&Oacute;N URBANA</b></p>      <p>Nuestra investigaci&oacute;n sigue, si bien de maneras poco convencionales, un n&uacute;mero    de movimientos te&oacute;ricos realizados a lo largo de las &uacute;ltimas tres d&eacute;cadas.    Aunque un recuento completo de todos estar&iacute;a por fuera del alcance de este    ensayo, un lugar instructivo para empezar son las perspectivas claves de Manuel    Castells y Raymond Williams. Castells argumenta, en una cr&iacute;tica de la escuela de    sociolog&iacute;a de chicago &#40;Park, 19 69; Wirth, 1969&#41; y de los te&oacute;ricos alemanes que    la precedieron &#40;Simmel, 1969; Weber, 1969&#41;, que tratar la forma espacial o    ecol&oacute;gica de la ciudad como el objeto primario de an&aacute;lisis es perpetuar un &quot;mito    de cultura urbana&quot; &#40;1977&#41;. Ver las maneras de vida &quot;urbanas&quot; como productos de    una forma espacial particular es un error ideol&oacute;gico, oscurece las relaciones    sociales y las estructuras econ&oacute;micas que son verdaderamente responsables de    producir las formas culturales y espaciales de la ciudad. Para Castells, el    espacio es resultado de las relaciones sociales y las pr&aacute;cticas materiales, no a    la inversa. Aunque muchos han llegado a considerar esta opini&oacute;n como parcial y    demasiado reduccionista, pues ignora las maneras en que lo social tambi&eacute;n est&aacute;    siempre espacialmente constituido &#40;Massey, 1992; soja, 1989&#41;, Castells contin&uacute;a    record&aacute;ndonos que, cuando tratamos de aprehender el objeto de la ciudad, bien    podemos estar olvidando aquello otro que est&aacute; dentro de &eacute;stas.</p>          <p>Para Castells, el &quot;mito de la cultura urbana&quot; es una falsa apreciaci&oacute;n que no    consigue ver la ciudad como la expresi&oacute;n espacial de un modo o una relaci&oacute;n de    producci&oacute;n —por ejemplo, el capitalismo industrial—. Asimismo, para Williams las    ideas de la ciudad son &quot;formas de respuesta a un sistema social como un todo&quot;    &#40;1973:297&#41;. Williams prosigue para argumentar: &quot;M&aacute;s obviamente de la revoluci&oacute;n    industrial, pero en m i opini&oacute;n tambi&eacute;n desde el comienzo del modelo de    producci&oacute;n capitalista agrario, nuestras poderosas im&aacute;genes de campo y ciudad    han sido maneras de responder a todo un desarrollo social&quot; &#40;1973:297&#41;. Y aunque    Williams es marxista al igual que Castells, como materialista cultural insiste    en que no hay que desestimar las <i>ideas </i>de campo y ciudad como meras    ideolog&iacute;as o mitos. Para Williams, ellas son integrales a las estructuras de    sentimiento —los significados, valores y relaciones afectivas— que reflejan y a    la vez sostienen las condiciones sociales hist&oacute;ricas &#40;1977:128-135&#41;. As&iacute; pues,    siguiendo a Williams y a Castells, vemos que la antropolog&iacute;a falla, tanto en el    terreno material como en el cultural, cuando considera a la ciudad como el    objeto primario de an&aacute;lisis. Aunque ni Castells ni Williams ofrecen un modelo    enteramente satisfactorio, aclaran el terreno hacia un planteamiento m&aacute;s    matizado para pensar sobre la antropolog&iacute;a y las ciudades —una que considera    c&oacute;mo y por qu&eacute; las ciudades, ya sea como formas espaciales o s&iacute;mbolos    culturales, se producen en locaciones hist&oacute;ricas particulares, con modos de    producci&oacute;n espec&iacute;ficos, y de acuerdo con relaciones de poder y pr&aacute;cticas    sociales situadas—. En consecuencia, la &quot;ciudad&quot; deja de ser una categor&iacute;a    universal trascendente que se aplica haciendo caso omiso de las especificidades    de tiempo y lugar.</p>        <p>Otro par de perspectivas te&oacute;ricas para reconsiderar la relaci&oacute;n entre la antropolog&iacute;a    y las ciudades proviene de Henri Lefebvre y Michel de Certeau. Como Castells y    Williams, Lefebvre llama nuestra atenci&oacute;n sobre la relaci&oacute;n entre ciudades y    modos de producci&oacute;n. si bien &eacute;l no ve el espacio de la ciudad como una expresi&oacute;n    directa de estructuras sociales y econ&oacute;micas, sino como un modo de producci&oacute;n en    s&iacute; mismo que participa de la producci&oacute;n del espacio, la ciudad se convierte, a    trav&eacute;s del mercado inmobiliario, en un circuito importante de acumulaci&oacute;n de    capital y en fuente de plusval&iacute;a &#40;Lefebvre, 1991&#41;. Queremos subrayar que en esta    opini&oacute;n est&aacute; impl&iacute;cito que, para Lefebvre, el espacio de la ciudad es un    producto de formas localizadas de pr&aacute;ctica social: &quot;es el resultado de una    historia que debe concebirse como el trabajo de &#39;agentes&#39; o &#39;actores&#39; sociales,    de &#39;sujetos&#39; colectivos&quot; &#40;2003:127&#41;. De las interacciones, las estrategias, los    &eacute;xitos y los fracasos de los grupos sociales &quot;surgen las cualidades y    &#39;propiedades&#39; del espacio urbano&quot; &#40;Lefebvre, 2003:127&#41;. Seg&uacute;n Lefebvre, los    urbanistas, y quiz&aacute;s esto tambi&eacute;n aplica para los antrop&oacute;logos, &quot;no logran    percibir que cada espacio es un <i>producto </i>y que este producto no surge del    pensamiento conceptual &#91;...&#93;. el espacio, como producto, resulta de las    relaciones de producci&oacute;n cuyo control est&aacute; al mando de un grupo activo&quot; &#40;Lefebvre 2003:    154&#41;. la fetichizaci&oacute;n de la ciudad —que surge cuando se pierde de vista la    labor encarnada, humana, y la acci&oacute;n detr&aacute;s de lo que parece ser un objeto con    cualidades y comportamientos propios— debe contrarrestarse analizando el trabajo    &#40;en el sentido m&aacute;s amplio del t&eacute;rmino&#41; de los actores sociales, grupos y fuerzas    que les dan a las ciudades sus normas y formas particulares.</p>        <p>Tambi&eacute;n podemos buscar en De certeau una ayuda para pensar c&oacute;mo el espacio de la    ciudad no es producido <i>enteramente </i>por las &quot;estrategias&quot; de quienes    controlan los medios de producci&oacute;n —la clase de los capitalistas    terratenientes—, sino tambi&eacute;n por las &quot;t&aacute;cticas&quot; de quienes <i>usan </i>el    espacio de manera cotidiana. Como dice De Certeau, &quot;el espacio es un lugar    practicado&quot;, para indicar que es s&oacute;lo a trav&eacute;s de las pr&aacute;cticas diarias de los    habitantes urbanos que el espacio de la ciudad toma forma &#40;1984 :117&#41;.    Desafortunadamente, Lefebvre y De Certeau crean ambos una divisi&oacute;n similar entre    espacio cotidiano, vivido, y espacios abstractos de representaci&oacute;n, al enfatizar    las pr&aacute;cticas de ciertos actores, mientras que le permiten a otros permanecer    como fuerzas desencarnadas. No obstante, juntos inspiran un planteamiento    antropol&oacute;gico que llama la atenci&oacute;n sobre las pr&aacute;cticas espaciales, productivas    y cotidianas de los actores sociales.</p>        ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Esta breve y limitada revisi&oacute;n de perspectivas te&oacute;ricas sobre el an&aacute;lisis urbano    demuestra que el estatus de la ciudad en tanto objeto primario de an&aacute;lisis    merece ser cuestionado, —ya sea que la ciudad se entienda como forma espacial,    s&iacute;mbolo cultural o producto social. Esto tiene implicaciones para la    investigaci&oacute;n antropol&oacute;gica, puesto que la disciplina finalmente est&aacute; empezando    a discutir las ciudades desde sus complejidades, des&oacute;rdenes y desencuentros.    &iquest;C&oacute;mo, entonces, va la antropolog&iacute;a a encarar la ausencia de adecuados    compromisos te&oacute;ricos con la ciudad y a evitar repetir el descuido de tratar a la    ciudad como lo hizo con la aldea? Para ir m&aacute;s al fondo de esta pregunta se    requiere examinar detenidamente la inc&oacute;moda relaci&oacute;n entre la antropolog&iacute;a y las    ciudades.</p>        <p>LA &quot;CARENCIA&quot; ETNOGR&Aacute;FICA</p>      <p>La antropolog&iacute;a de ciudades es un ox&iacute;moron. El foco de los antrop&oacute;logos nunca    ha sido la ciudad y rara vez los estudios urbanos incluyeron la antropolog&iacute;a    como parte de su pr&aacute;ctica interdisciplinaria. sin embargo, esto tambi&eacute;n puede    verse no s&oacute;lo como una contradicci&oacute;n, sino como una tensi&oacute;n productiva que    obliga a un repensar simult&aacute;neo de ambos campos. De ah&iacute; la importancia de situar    la antropolog&iacute;a <i>y </i>la ciudad en t&eacute;rminos relacionales.</p>        <p>Estudiar la ciudad inevitablemente problematiza suposiciones sostenidas por la disciplina    antropol&oacute;gica. Esto se refleja cuando James Ferguson interroga su trabajo de    campo en la Zambia urbana: &quot;&iquest;Qu&eacute; le sucede a la comprensi&oacute;n antropol&oacute;gica en una    situaci&oacute;n donde &#39;los nativos&#39;, al igual que el etn&oacute;grafo, carecen de una buena    comprensi&oacute;n de lo que est&aacute; ocurriendo a su alrededor?&quot; &#40;1999:19&#41;. la lecci&oacute;n    resultante nos indica que debemos remplazar nuestro ideal del sitio de campo    como un todo conocible y coherente mundo social, por aquel de una &quot;tumultuosa,    ruidosa escena callejera, donde diferentes lenguajes, distintas culturas,    diversos micromundos sociales y marcos de significado discordantes se lanzan    todos juntos siguiendo el curso normal de las cosas&quot; y donde cada uno &quot;est&aacute; un    poco confundido&quot; &#40;Ferguson, 1999:208&#41;. Retando al que fuera el <i>sine qua non   </i>de la disciplina durante buena parte del siglo XX, el trabajo de campo en la    ciudad impulsa a Ferguson a argumentar que la etnograf&iacute;a ya no puede asumir que    pasar suficiente tiempo en un lugar eventualmente revelar&aacute; &quot;comunidades    coherentes y semi&oacute;ticamente puras&quot; &#40;1999:208&#41;.</p>        <p>As&iacute; como la realidad social y cultural de las ciudades puede perturbar los    supuestos t&aacute;citos hechos por generaciones de antrop&oacute;logos culturales, as&iacute;    tambi&eacute;n la antropolog&iacute;a puede cuestionar muchos de los fundamentos euroc&eacute;ntricos    sobre los que descansa el campo de los estudios urbanos. Por ejemplo, Jennifer    Robinson discute que los paradigmas dominantes para entender el urbanismo est&aacute;n    basados en un conjunto limitado de experiencias de un pu&ntilde;ado de ciudades    europeas y norteamericanas. Robinson ve la urgente necesidad de &quot;descolonizar&quot;    la dominante imaginaci&oacute;n de ciudades y est&aacute; convencida de que es necesario    re-mapear la geograf&iacute;a de la teor&iacute;a urbana con el fin de comprender y captar los    retos urbanos centrales del siglo XXI. La teor&iacute;a urbana, insiste Robinson,    &quot;deber&iacute;a animarse a buscar formulaciones alternativas de <i>city-ness </i>que no    reposen sobre estas categor&iacute;as y que se inspiren en una gama mucho m&aacute;s amplia de    contextos urbanos&quot; &#40;2002:548&#41;. si los urbanistas se est&aacute;n moviendo en esta    direcci&oacute;n, los antrop&oacute;logos pueden hacer contribuciones importantes gracias a su    extensa experiencia como estudiosos del mundo no occidental. aquellos entrenados    en disciplinas que ahora empiezan a cuestionar la universalidad de sus    presupuestos sobre ciudades, sociedades y econom&iacute;as, pueden beneficiarse del    imperativo antropol&oacute;gico de desfamiliarizar marcos conceptuales ostensiblemente    naturales y situar a aquellos que se hacen pasar por universales dentro de sus    contextos culturales e hist&oacute;ricos particulares.</p>        <p>Si la relaci&oacute;n entre la antropolog&iacute;a y las ciudades es potencialmente tan    productiva, &iquest;por qu&eacute;, entonces, con unas pocas excepciones notables, los    antrop&oacute;logos se han mantenido relativamente ausentes de los debates en el campo    de los estudios urbanos? Dado que los etn&oacute;grafos han estado estudiando las    ciudades por d&eacute;cadas, aunque no hasta el punto en que lo hacen hoy en d&iacute;a, &iquest;qu&eacute;    explica su incapacidad para contribuir o ser escuchados en los &aacute;mbitos donde    suelen discutirse las ciudades? en una importante rese&ntilde;a cr&iacute;tica, &quot;la    antropolog&iacute;a de ciudades&quot;, Setha Low formula precisamente estas preguntas. Low    explica que, comparados con otros acad&eacute;micos, los antrop&oacute;logos &quot;han estado m&aacute;s    preocupados por los procesos urbanos cotidianos&quot; &#40;1996:383-384&#41; y, aunque la    ciudad ha estado presente en la antropolog&iacute;a, &quot;esta l&iacute;nea de investigaci&oacute;n no ha    tenido un gran impacto te&oacute;rico&quot; &#40;1999:1&#41;. Low se&ntilde;ala que los compromisos    te&oacute;ricos con la ciudad se han ido perdiendo, y ella cree posible buscar una    explicaci&oacute;n de por qu&eacute; &eacute;ste ha sido el caso.</p>        <p>En un ensayo m&aacute;s reciente, Smart y Smart &#40;2003&#41; expresan inquietudes similares a    las de Low en torno a la limitada contribuci&oacute;n de la antropolog&iacute;a al campo de    los estudios urbanos. Esta dificultad resulta en parte, seg&uacute;n ellos, del    problema de la incompletitud etnogr&aacute;fica: &quot;la mayor&iacute;a de los antrop&oacute;logos    mantienen un compromiso con el doble precepto metodol&oacute;gico del holismo y el    rigor etnogr&aacute;fico &#91;... y perciben&#93; un profundo sentido de insuficiencia al    plantear una investigaci&oacute;n sobre un proceso global o una gran ciudad&quot; &#40;Smart y    Smart, 2003:278&#41;. Esto conduce a los investigadores a aceptar su &quot;inhabilidad    para tratar con todas las fuerzas que interact&uacute;an y con sus complejos    resultados, al tiempo que reconocen la parcialidad de cualquier delimitaci&oacute;n    artificial del tema&quot; &#40;2003:278&#41;. De nuevo, parece que, en las ciudades, los    etn&oacute;grafos son susceptibles de dilemas epistemol&oacute;gicos y metodol&oacute;gicos, y el    infortunado desajuste entre la antropolog&iacute;a y las ciudades es la fuente del    fracaso.</p>        <p>En contra de esta opini&oacute;n, argumentamos que los &quot;problemas&quot; epistemol&oacute;gicos y    metodol&oacute;gicos que rondan los compromisos antropol&oacute;gicos con las ciudades pueden    ser, de hecho, una rica fuente de posibilidades te&oacute;ricas. Proponemos    reconsiderar aquello que los antrop&oacute;logos han visto como su desafortunada    insuficiencia mediante la problematizaci&oacute;n del sentido mismo de una &quot;carencia&quot;    etnogr&aacute;fica. Esto no implica concebir t&eacute;cnicas con las cuales resolverla, ni    abandonar las perspectivas que los investigadores de campo urbanos han estado    elaborando durante d&eacute;cadas, sino m&aacute;s bien asumir seriamente esta &quot;carencia&quot; en    un sentido te&oacute;rico. Los antrop&oacute;logos suelen luchar para aprehender el objeto de    la ciudad: las ciudades son complejas, confusas, est&aacute;n en movimiento. Pero    cuando los antrop&oacute;logos perciben esto como un s&iacute;ntoma de la insuficiencia    te&oacute;rica y metodol&oacute;gica de su disciplina, han perdido de vista el hecho de que no    est&aacute;n solos en su confusi&oacute;n. En efecto, la complejidad, la ininteligibilidad y    la fluidez caracterizan la vida cotidiana de muchos, estimulando varias    pr&aacute;cticas diarias que intentan contrarrestar o bien sacar provecho de estos    aspectos t&iacute;picos de la experiencia urbana. Muchas pr&aacute;cticas de la vida urbana    engendran y a la vez dependen de la estabilizaci&oacute;n de una ciudad en movimiento.    Estos mismos y precisos aspectos &#40;incoherencia e ininteligibilidad&#41; no deber&iacute;an    tratarse como un fracaso de la antropolog&iacute;a urbana, sino como reflexiones    importantes sobre las realidades sociales de sus sujetos. &iquest;Podemos abordar la &quot;carencia&quot; como una problem&aacute;tica te&oacute;rica, no como una deficiencia    epistemol&oacute;gica o metodol&oacute;gica?</p>        <p>Tres etnograf&iacute;as recientes ejemplifican este enfoque: el trabajo de Caldeira    &#40;2000&#41; sobre crimen y violencia en S&atilde;o Paulo, el estudio de Ferguson &#40;1999&#41;    sobre el deterioro econ&oacute;mico en la Zambia urbana y el an&aacute;lisis de Hansen &#40;2001&#41;    del nacionalismo religioso y el conflicto &eacute;tnico en Mumbai. En lugar de lamentar    la imposibilidad de la etnograf&iacute;a como lo han hecho tantos antrop&oacute;logos, ellos    enfocan sus a an&aacute;lisis s en la confusi&oacute;n e incertidumbre que se hallan en las    ciudades. Por ejemplo, la discusi&oacute;n de Ferguson sobre el estilo cultural del    &quot;cosmopolitanismo&quot; apunta a las siguientes condiciones semi&oacute;ticas: &quot;las ciudades    son ruidosas. La significaci&oacute;n, en las condiciones socialmente complejas y    culturalmente plurales de las metr&oacute;polis modernas, es complicada y desordenada;    a veces sencillamente fracasa&quot; &#40;1999:207&#41;. Al enfrentar un problema relativo a    la ininteligibilidad, Hansen argumenta que la sensaci&oacute;n de peligro que siente la    gente en Mumbai no est&aacute; basada en la regularidad o predictibilidad del crimen    violento, sino que &quot;es de una naturaleza intangible, m&aacute;s relacionada con la    opacidad y el misterio fundamentales de la estratificada vida en las metr&oacute;polis&quot;    &#40;2001:186&#41;. El an&aacute;lisis de Caldeira tambi&eacute;n gira en torno a c&oacute;mo las narrativas    del crimen organizan simb&oacute;licamente los ca&oacute;ticos y desconocidos entornos    sociales y espaciales de la ciudad &#40;2000:19&#41;. En los tres casos, aquello que en    un principio era visto como una deficiencia etnogr&aacute;fica, inherente al trabajo de    campo urbano, es repensado y transformado en una fuente de apalancamiento    cr&iacute;tico y perspectiva te&oacute;rica.</p>        <p>Volviendo ahora al atolladero en el que con frecuencia se ha encontrado la    antropolog&iacute;a — &iquest;se deber&iacute;a hacer antropolog&iacute;a <i>de </i>la ciudad o antropolog&iacute;a <i>en </i>la ciudad?— queremos reiterar que esta &quot;opci&oacute;n&quot; oscurece m&aacute;s de lo que    aclara. Hacer antropolog&iacute;a <i>en </i>las ciudades es reificar el objeto de la    &quot;ciudad&quot;, tratarlo como un contenedor espacial preexistente dentro del cual    tiene lugar una variedad de procesos sociales y pr&aacute;cticas culturales. Luego, las    preocupaciones tradicionalmente &quot;antropol&oacute;gicas&quot; —cultura, parentesco, religi&oacute;n,    mito, etc&eacute;tera— se estudian en un &quot;contexto urbano&quot;. Los m&eacute;todos etnogr&aacute;ficos se    aplican a objetos localizados &quot;dentro&quot; de la ciudad, mientras que el objeto de    la &quot;ciudad&quot; se mueve fuera del marco de an&aacute;lisis. La &quot;ciudad&quot; sigue siendo un    objeto fijo, estable y que se da por sentado. No obstante, hacer antropolog&iacute;a <i>   de </i>las ciudades es, parad&oacute;jicamente, lograr algo similar. Esta visi&oacute;n no se    imagina a s&iacute; misma &quot;dentro&quot;, sino &quot;fuera&quot; del objeto de estudio, posibilitando    una mirada esencializadora que ve la ciudad como una cosa en y de s&iacute; misma,    ontol&oacute;gicamente distinta de todas las dem&aacute;s categor&iacute;as de espacio, y capaz de    ser categorizada de acuerdo con una variedad de marcos tipol&oacute;gicos. en este    caso, el objeto de la ciudad se pone en cuesti&oacute;n, pero permanece fetichizado,    dejando fuera de vista el trabajo que fue necesario para convertirlo en objeto.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En ambas antropolog&iacute;as, el objeto de la ciudad es reificado como una unidad    espacial autoevidente y preexistente, con la cual la antropolog&iacute;a puede    desempe&ntilde;ar su trabajo, bien sea <i>al interior </i>o <i>por encima </i>de ella.    Por lo tanto, es err&oacute;neo ver esto como una dicotom&iacute;a epistemol&oacute;gica y    metodol&oacute;gica. Sin embargo, sostener ambas perspectivas juntas y en tensi&oacute;n puede    resultar bastante productivo. Al enfocar nuestras miradas en el objeto <i>de </i> la ciudad, quiz&aacute;s seamos capaces de ver precisamente <i>c&oacute;mo </i>&eacute;sta llega a    ser y entrar en nuestro &aacute;ngulo de visi&oacute;n como un objeto. Pero para hacer esto,    debemos permanecer atentos al hecho de que la ciudad es un producto, un    artefacto f&iacute;sico y cultural, un lugar elaborado a partir de pr&aacute;cticas    discursivas y materiales, algunas localizadas <i>dentro </i>de la ciudad y otras   <i>por fuera </i>de ella —todas las cuales pueden ser estudiadas    etnogr&aacute;ficamente. Las ciudades no son, por lo tanto, objetos tan imposibles de    la antropolog&iacute;a, sino m&aacute;s bien perfectamente compatibles con la investigaci&oacute;n    etnogr&aacute;fica.</p>        <p>Low es bastante sensible a este debate y abiertamente trata de evitar un    &quot;esencialismo de la ciudad&quot; ocup&aacute;ndose de &quot;las relaciones sociales, los s&iacute;mbolos    y las econom&iacute;as pol&iacute;ticas que son m&aacute;s manifiestas en la ciudad&quot; &#40;1999:1-2&#41;. Ella    argumenta que &quot;la &#39;ciudad&#39;, tal como se presenta en este volumen &#40;una antolog&iacute;a    de antropolog&iacute;a urbana&#41;, no es una reificaci&oacute;n sino el foco de estudio de    manifestaciones culturales y sociopol&iacute;ticas de vidas urbanas y pr&aacute;cticas    cotidianas ilustradas por etnograf&iacute;as urbanas&quot; &#40;Low, 1999:1-2&#41;. Y Low aboga por    ver &quot;&#39;lo urbano&#39; como un proceso m&aacute;s que como un tipo o una categor&iacute;a&quot;    &#40;1996:384&#41;. Como tal, ella ofrece una serie de im&aacute;genes y met&aacute;foras para    organizar diversas formas de teorizar la ciudad. &Eacute;stas se expresan como    modificadores adjetivados adjuntos a la &quot;ciudad&quot;: &eacute;tnica, dividida, de g&eacute;nero,    contestataria, desindustrializada, global, informacional, modernista, colonial,    posmoderna, fortificada, sagrada y tradicional. aunque Low niega la semejanza de    su planteamiento con los intentos previos de construir esquemas y tipolog&iacute;as    evolucionistas &#40;por ejemplo, Weber, 1969 ; Wirth, 19 6 9&#41;, en todos los casos la    ciudad es el objeto por ser entendido, descrito o explicado. si la b&uacute;squeda no    es por un tipo de ciudad, entonces al menos es por cierta cualidad que condense    la esencia de la ciudad en un todo unificado, coherente y conocible.</p>        <p>Nuestro postulado b&aacute;sico afirma que una relaci&oacute;n entre la antropolog&iacute;a y las    ciudades deber&iacute;a conllevar, para resumir, el estudio etnogr&aacute;fico de las    pr&aacute;cticas materiales y discursivas localizadas que llegan a ser el objeto de la    &quot;ciudad&quot;, en todas sus formas, en lugares y tiempos particulares. Una mirada    antropol&oacute;gica a la ciudad debe, por lo tanto, rechazar cualquier tendencia a    tratar la ciudad como una entidad obvia, <i>a priori</i>, autoevidente. A&uacute;n as&iacute;,    es importante reconocer que &eacute;sta no es una visi&oacute;n nominalista o constructivista    social, que intenta reducir la ciudad a un concepto o significante abstracto,    imaginario, sin ning&uacute;n referente material u objetivo que se corresponda con la realidad. M&aacute;s    bien, es un argumento para ir m&aacute;s all&aacute; del trato a la ciudad como <i>el </i> objeto por ser estudiado. la ciudad es sin duda un objeto —es tan material como    cultural, es tan real como abstracta—, pero es un objeto que requiere trabajo    con el fin de llegar a ser. Reconocer esto deber&iacute;a alejarnos de las teor&iacute;as que    le a&ntilde;aden adjetivos a la ciudad, puesto que esta pr&aacute;ctica com&uacute;n conserva la    suposici&oacute;n de que la ciudad en s&iacute; misma es el objeto por ser entendido, descrito    o explicado. El hecho de que los antrop&oacute;logos y otros cient&iacute;ficos sociales    cr&iacute;ticos sean casi tan irreflexivos sobre esta pr&aacute;ctica como lo son quienes    dise&ntilde;an pol&iacute;ticas y los expertos en desarrollo deber&iacute;a hacernos reflexionar.    Podr&iacute;amos empezar por secundar la provocaci&oacute;n de Jennifer Robinson de ver todas    las ciudades como &quot;ordinarias&quot; &#40;2006&#41;. Luego, la antropolog&iacute;a puede proceder con    la sofisticaci&oacute;n te&oacute;rica que tiene para con tantos otros objetos —estados,    culturas y naciones, para mencionar s&oacute;lo unos cuantos ejemplos claves—. Para    hacer esto, debemos desplazar el objeto de la ciudad y reemplazarlo con las    pr&aacute;cticas —simult&aacute;neamente materiales e imaginadas, a la vez abstractas y    concretas, ambas <i>en </i>y <i>de </i>la ciudad— que sean necesarias para que    ese objeto llegue a ser.</p>        <p>Dado que la locaci&oacute;n en la cual tiene lugar la investigaci&oacute;n antropol&oacute;gica ha    sido algo que hemos enfatizado, debemos permanecer atentos a cu&aacute;n    ostensiblemente supralocales, abstractos, pueden llegar a ser los debates    te&oacute;ricos acerca de lugares y regiones particulares. En consecuencia, la segunda    parte de este ensayo hace &eacute;nfasis en las <i>problematizaciones </i>—en los    t&eacute;rminos de Foucault &#40;19 9 4 :670&#41;, &quot;el conjunto de las pr&aacute;cticas discursivas y    no discursivas que hacen que algo entre en el juego de lo verdadero y lo falso y    que lo constituye como un objeto de pensamiento&quot;<sup><a name="s2" href="#2">2</a></sup>— que emergen de la    especificidad hist&oacute;rico-geogr&aacute;fica de las ciudades latinoamericanas. Con el    &aacute;nimo de repensar &quot;la tradici&oacute;n can&oacute;nica seg&uacute;n la cual la teor&iacute;a se produce en    el crisol de unas pocas &#39;grandes&#39; ciudades&quot; localizadas en Europa y estados    unidos, queremos, siguiendo los planteamientos de Ananya Roy &#40;2008:2&#41;, centrar    nuestra mirada en las experiencias de ciudades de Am&eacute;rica latina y contribuir a    la necesaria reconfiguraci&oacute;n de los fundamentos te&oacute;ricos del an&aacute;lisis urbano. al    reconocer que un &aacute;rea regional como &quot;Am&eacute;rica latina&quot; &#40;Mignolo, 2005&#41; es &quot;un    dispositivo heur&iacute;stico en vez de un hecho geogr&aacute;fico permanente&quot; &#40;Roy, 2008: 4&#41;,    consideramos la &quot;cuesti&oacute;n urbana&quot; en esta parte del mundo ilustr&aacute;ndola con tres    casos, que denominamos &quot;lentes&quot;, a trav&eacute;s de los cuales nos enfocamos en tres    planes y proyectos de ciudad que tuvieron lugar en una misma ciudad, Bogot&aacute;,    produciendo tres tipos de ordenamiento social y configuraci&oacute;n urbana diferentes.    Apoy&aacute;ndonos en fuentes secundarias y empleando una lectura antropol&oacute;gica e    historiogr&aacute;fica de las mismas, demostramos que estos planes, inspirados en    supuestos hist&oacute;ricos de orden y control social, son desbordados por estructuras    y pr&aacute;cticas sociales que tambi&eacute;n contribuyen a producir la especificad de estas    locaciones urbanas. esta orientaci&oacute;n epistemol&oacute;gica &quot;situada&quot; contribuir&aacute;, en    &uacute;ltimas, a redimensionar y repensar cr&iacute;ticamente la &quot;ciudad&quot; como un objeto del    estudio antropol&oacute;gico.</p>        <p><b>II. TRES LENTES, TRES MOMENTOS DE LA CIUDAD DE BOGOT&Aacute;</b></p>      <p>En la primera parte de este art&iacute;culo expusimos la idea de que la ciudad, como    cualquier otro &quot;lugar&quot; producido, practicado y construido socialmente, no puede    abordarse como un espacio geogr&aacute;fico total sino como una constelaci&oacute;n de    relaciones sociales que cobran forma a lo largo de contextos hist&oacute;ricos    particulares y bajo reg&iacute;menes sociales, econ&oacute;micos y pol&iacute;ticos espec&iacute;ficos. Nos    proponemos, entonces, ilustrar esta propuesta mostrando algunas particularidades    de ciertos momentos hist&oacute;ricos y modelos de control de la ciudad latinoamericana    para demostrar c&oacute;mo la ciudad y su poblaci&oacute;n han sido objetos de acciones    pol&iacute;ticas que responden a nociones diferentes de sociedad y orden social. Sin    tratar de hacer un recuento hist&oacute;rico continuo, lineal, ininterrumpido ni    progresivo, nos enfocaremos en varios momentos espec&iacute;ficos que nos parecen    supremamente instructivos para ejemplificar nuestro argumento. nos detendremos    en primer lugar en el proyecto de nucleaci&oacute;n urbana que se impuso en el per&iacute;odo    de la conquista en latinoam&eacute;rica recurriendo a ejemplos tomados de la ciudad de    Santaf&eacute; de Bogot&aacute;; enseguida, abordaremos los discursos pol&iacute;ticos y de    conocimiento que impulsaron cambios en la forma de gobernar y de vivir en la    ciudad de Bogot&aacute; durante el per&iacute;odo republicano; y, finalmente, analizaremos el    modelo de gobierno empleado por la primera administraci&oacute;n de Antanas Mockus,    alcalde de la ciudad durante la segunda mitad de la d&eacute;cada de los noventa del    siglo XX. Con estos casos queremos describir la forma como diferentes proyectos    de control poblacional intentaron producir tres tipos de ciudades enmarcadas en    tecnolog&iacute;as de poder particulares, reg&iacute;menes de conocimiento espec&iacute;ficos,    &oacute;rdenes socioraciales y pr&aacute;cticas discursivas hist&oacute;ricamente situados.</p>          <p>PRIMER LENTE: EL PROYECTO NUCLEADOR DE LA CONQUISTA</p>      <p>Poner la primera piedra de la iglesia y enterrar una cruz de madera en el sitio    donde se pensaba erigir una futura ciudad espa&ntilde;ola en el nuevo Mundo era el    gesto de fundaci&oacute;n que marcaba la presencia ib&eacute;rica en un continente desconocido    que se cre&iacute;a deb&iacute;a ser explorado, pacificado, cristianizado y sometido al mandato de sus colonizadores. Se marcaba, de este modo, lo que para la    mentalidad del colonizador era el punto de partida de un proceso de dominaci&oacute;n    donde la estrategia de amistad y alianzas con los &quot;se&ntilde;ores&quot; nativos se combinaba    con la de obediencia y sometimiento del resto de la poblaci&oacute;n ind&iacute;gena. Las    leyes de indias recomendaban a los fundadores de ciudades regalar e    intercambiarse cosas con los nativos para velar una profunda ambici&oacute;n por las    fant&aacute;sticas riquezas que supuestamente abundaban en sus territorios &#40;Crouch,    Garr y Mundigo, 1982&#41;. Al mismo tiempo, las ciudades ser&iacute;an los centros desde    donde estas mismas riquezas met&aacute;licas y minerales deb&iacute;an inventariarse y    transportarse dentro de lo que ser&iacute;a el posterior e intenso &quot;intercambio&quot;    econ&oacute;mico y pol&iacute;tico entre la colonia y la metr&oacute;poli.</p>        <p>Las Ordenanzas de Descubrimiento y Poblaci&oacute;n as&iacute; como las leyes de indias    constitu&iacute;an verdaderos experimentos en los cuales los espa&ntilde;oles, inspirados en    los textos de Vitrubio, santo Tom&aacute;s e Hip&oacute;crates, adoptaron el modelo de damero    como forma de controlar y evangelizar los territorios nativos que invad&iacute;an y    que, por lo general, albergaban poblados prehisp&aacute;nicos &#40;Alzate, 2007:47-48&#41;.    conten&iacute;an, en efecto, instrucciones precisas y minuciosas fundamentadas en    determinismos geogr&aacute;ficos y clim&aacute;ticos seg&uacute;n los cuales la construcci&oacute;n de    ciudades concebidas como ep&iacute;tomes de cultura y civilizaci&oacute;n &#40;Socolow, 1986&#41;    deb&iacute;an adem&aacute;s ser centros de comunicaci&oacute;n, defensa y administraci&oacute;n del imperio:    situados en un sitio medianamente elevado, con buenas condiciones de salubridad    que gozaran de los vientos del norte y del mediod&iacute;a, suelo f&eacute;rtil, cercano a    fuentes de combustible y de agua, se convertir&iacute;an en el modelo de control social    m&aacute;s efectivo del imperio espa&ntilde;ol para dominar la naturaleza americana &#40;Garr,    Crouch y Mundigo, 1982:13&#41;. Solamente virreyes y gobernadores reales pod&iacute;an    otorgar licencias de descubrimientos, y a trav&eacute;s de audiencias e informes    informaban al consejo de indias sobre los avances en el sometimiento, conversi&oacute;n    y ubicaci&oacute;n de la poblaci&oacute;n ind&iacute;gena dentro del modelo de vida &quot;civilizado&quot; de    los poblados.</p>        <p>Como punto de partida en el ordenamiento espacial de las ciudades coloniales    espa&ntilde;olas se encontraba la plaza cuadrada o rectangular, centro de la vida    c&iacute;vica, econ&oacute;mica y religiosa. De la plaza se desprend&iacute;an cuatro calles    principales que se&ntilde;alaban la direcci&oacute;n de las rutas principales del territorio    dominado. el terreno se divid&iacute;a en cuadrados formando lotes de construcci&oacute;n o    solares que deb&iacute;an ser repartidos entre el fundador de la ciudad y el grupo de    personas que lo acompa&ntilde;aba. Los terrenos circundantes, denominados <i>ejidos </i>   y <i>dehesas, </i>eran &aacute;reas de expansi&oacute;n destinadas a mantener el ganado que    serv&iacute;a para el suministro de carne y terrenos que se arrendaban para el cultivo    y siembra de productos cuyo usufructo estaba destinado a alimentar las arcas del    ayuntamiento &#40;Vargas, 2007:159-163&#41;.</p>        ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Cerca de la plaza o dentro de la misma deber&iacute;a levantarse el templo principal o    catedral que deb&iacute;a ser vista desde cualquier lugar con el fin de que adquiriera    mayor autoridad. es de anotar que en el caso de Santaf&eacute; de Bogot&aacute;, la    construcci&oacute;n de una catedral monumental se posterg&oacute; durante d&eacute;cadas por    negligencia del cabildo hasta el a&ntilde;o 1553, y s&oacute;lo hasta 1571 defini&oacute; jur&iacute;dica y    administrativamente el uso de las tierras comunales &#40;Mej&iacute;a, 2003:157&#41;.</p>        <p>La migraci&oacute;n forzosa de poblaci&oacute;n ind&iacute;gena, a trav&eacute;s de la <i>mita urbana</i>,    supli&oacute; la mano de obra para la construcci&oacute;n de las casas principales, edificios    p&uacute;blicos y, en el caso de Bogot&aacute;, ermitas, capillas, monasterios y conventos y    m&aacute;s adelante, casas civiles, c&aacute;rceles, hospitales, pilas, puentes y empedrados &#40;Vargasl    2007&#41;. La idea de la construcci&oacute;n de la ciudad consist&iacute;a en producir admiraci&oacute;n    y respeto por quienes a trav&eacute;s de sus edificios mostraban la clara intenci&oacute;n de    instalarse permanentemente en sus territorios. En el caso de Santaf&eacute; de Bogot&aacute;    algunas comunidades de la sabana estaban sometidas a varias modalidades de    trabajo forzoso: el trabajo forzoso para &oacute;rdenes religiosas, el trabajo en    haciendas, la &quot;mita le&ntilde;era&quot; a trav&eacute;s de la cual deb&iacute;an suministrar le&ntilde;a y carb&oacute;n    vegetal a la ciudad &#40;Vargas, 2007:183&#41; y la mita minera en las salinas de    Zipaquir&aacute; y Nemoc&oacute;n.</p>        <p>Una gran pugna se gest&oacute; entre el poder local de los encomenderos, representado    por el cabildo y la real audiencia conformada por los oidores, representantes de    la autoridad real &#40;Vargas, 2007:141&#41;. Dos aspectos originaban dicha pugna: el    manejo de tierras, por un lado, y el control sobre la poblaci&oacute;n ind&iacute;gena, por el    otro. En el caso de Santaf&eacute; de Bogot&aacute;, la real audiencia y sus esfuerzos por    ejercer soberan&iacute;a sobre los ind&iacute;genas considerados &quot;vasallos libres de la    corona&quot; fue un obst&aacute;culo para los encomenderos, que quer&iacute;an seguir ejerciendo    poder absoluto sobre el tributo ind&iacute;gena y la repartici&oacute;n de tierras en la    sabana.</p>        <p>La jerarqu&iacute;a racial se fundamentaba en el principio de la fe, atributo de una    persona que se med&iacute;a rastreando qu&eacute; tan cat&oacute;lico era su linaje y qu&eacute; tan puros    eran su calidad, clase y honor en contraposici&oacute;n a personas mestizas o    provenientes de linajes manchados &#40;De la cadena, 2006&#41;. De acuerdo con este    principio se ordenaba la distribuci&oacute;n de ocupaciones que formaba el tejido    social urbano de la ciudad colonial latinoamericana. los <i>vecinos, </i> propietarios de grandes extensiones de tierra y muy seguramente herederos y    familiares de los encomenderos, detentaban los puestos gubernamentales p&uacute;blicos    en el cabildo o concejo municipal obteniendo el apelativo de <i>hidalgos, </i>de    reconocida ascendencia peninsular a quienes se les hab&iacute;a conferido la    construcci&oacute;n y el futuro de la nueva ciudad. Mineros, grandes hacendados y    personas de profesiones &quot;honorables&quot; que tuvieran ascendencia ib&eacute;rica y que, por    lo general, habitaran el centro de la ciudad gozaban asimismo del estatus de <i>   vecino</i>. los apelativos de <i>gente decente</i> y <i>gente de raz&oacute;n </i>se refer&iacute;an a niveles superiores de la clase media    urbana conformada por profesionales, escribanos, bur&oacute;cratas de nivel inferior,    bajo clero, administradores, tenderos, manufactureros textiles, maestros y    artesanos &#40;Socolow, 1986&#41;.</p>        <p>La <i>gente del com&uacute;n </i>habitaba el centro y asentamientos pobres que    bordeaban la ciudad. en su mayor&iacute;a ind&iacute;genas trasladados forzosamente a trav&eacute;s    de la mita urbana vigente hasta 1741 y mestizos dedicados a labores manuales    consideradas de poco prestigio social &#40;Vargas, 2007:246&#41;. La poblaci&oacute;n india    ten&iacute;a restricciones legales no del todo infranqueables y, por lo mismo,    permeables a la movilidad social ascendente por medio de la conversi&oacute;n religiosa    o las uniones interraciales. esta poblaci&oacute;n estaba inhabilitada legalmente y    sujeta a pagar encomiendas, repartimientos y mitas; ten&iacute;a prohibido usar armas o    espadas, montar a caballo y tener contratos legales. en el caso de Bogot&aacute;, los    migrantes proven&iacute;an principalmente de poblados ind&iacute;genas cercanos de la sabana.    las mujeres ind&iacute;genas j&oacute;venes trabajaban como criadas o lavanderas en casas de    blancos, y los hombres en servicios varios del clero y dentro de las primeras    instituciones civiles. De hecho, la tercera parte de los indios e indias    residentes en Santaf&eacute; se desempe&ntilde;aban como criados y criadas &#40;Vargas, 2007:242&#41;.    La mayor&iacute;a de los ind&iacute;genas urbanos viv&iacute;an en los patios traseros de las casas    de sus amos en boh&iacute;os de paja o en solares no poblados. La aculturaci&oacute;n de los    ind&iacute;genas se llev&oacute; a cabo a trav&eacute;s de una serie de instrucciones que los    obligaban a cumplir con las ceremonias lit&uacute;rgicas y a abandonar sus pr&aacute;cticas    rituales, que eran vistas como manifestaciones de idolatr&iacute;a.</p>      <p>Los ind&iacute;genas que permanecieron en la ciudad aprendieron a la perfecci&oacute;n la lengua    castellana y los oficios artesanales de sastrer&iacute;a, zapater&iacute;a, confecci&oacute;n de    sombreros, carpinter&iacute;a, alba&ntilde;iler&iacute;a y plater&iacute;a, y con ello pudieron pagar m&aacute;s    f&aacute;cilmente sus tributos. Estos artesanos fueron organiz&aacute;ndose alrededor de    gremios y conformaron escuelas en las cuales los maestros se encargaban de    vestir y alimentar a sus disc&iacute;pulos durante un cierto n&uacute;mero de a&ntilde;os hasta que    pudieran desempe&ntilde;arse como <i>oficiales </i>&#40;Vargas, 2007:249-253&#41;.</p>        <p>El negocio de la chicha ocup&oacute; un lugar importante durante este per&iacute;odo como    punto de fuga de dicho control colonial y lugar de diversi&oacute;n para los grupos    excluidos de privilegios en la ciudad de Santaf&eacute; de Bogot&aacute;. Los propietarios    acaudalados alquilaban el primer piso de sus casas para el funcionamiento de    estos establecimientos —llamados chicher&iacute;as— que llegaron a ser 800 a mediados    del siglo XVIII &#40;Vargas, 2007:263&#41;. Las chicher&iacute;as no solamente eran sitios de    reuni&oacute;n de ind&iacute;genas y mestizos sino lugar de alojamiento de quienes reci&eacute;n    llegaban del campo. Representaban inmoralidad, desorden, malestar pol&iacute;tico,    vagancia y trasgresi&oacute;n moral en la ciudad, ya que las borracheras y jolgorios    desencadenaban de manera frecuente agresiones f&iacute;sicas y ri&ntilde;as entre personas   de la misma poblaci&oacute;n ind&iacute;gena. Con el nombre de <i>forajidos </i>&#40;Vargas,    2007:126&#41; se nombraba a la poblaci&oacute;n flotante que, seg&uacute;n la visi&oacute;n de los    gobernantes, eran ind&iacute;genas fugitivos que frecuentaban las chicher&iacute;as de la    ciudad y se cre&iacute;a eran agitadores de las jerarqu&iacute;as y normas sociales impartidas    por Dios y el rey &#40;Herrera, 2002&#41;.</p>        <p>A diferencia de otras ciudades de la zona andina, Santaf&eacute; de Bogot&aacute; se caracteriz&oacute;    por un intenso mestizaje y la gente del com&uacute;n pertenec&iacute;a a grupos sociales    heterog&eacute;neos clasificados a su vez en capas y estratos seg&uacute;n su ocupaci&oacute;n    ancestral y actual, su lugar de residencia, el color de la piel y el grado de    cumplimiento de la fe religiosa &#40;De la cadena, 2006&#41;. es as&iacute; como los peque&ntilde;os    comerciantes y due&ntilde;os de pulper&iacute;as detentaban un estatus un poco m&aacute;s elevado que    los vendedores callejeros y &eacute;stos, a su vez, se encontraban en una posici&oacute;n    social m&aacute;s elevada que los trabajadores no calificados que trabajaban por jornal    o al diario como acarreadores y aguateros. En lo m&aacute;s bajo de esta estructura    piramidal se encontraban los ladrones, lisiados, vagos, prostitutas y mendigos &#40;Socolow,    1986&#41;.</p>        <p>Los aspectos seleccionados y se&ntilde;alados por este recuento nos demuestran c&oacute;mo la    ciudad de la conquista produce un tipo de ordenamiento territorial as&iacute; como un    tipo de estructura social siguiendo dos razones de imperio: extracci&oacute;n de    riqueza y evangelizaci&oacute;n. Al congregar alrededor de fiestas y oficios religiosos    a la poblaci&oacute;n ind&iacute;gena se la pone al servicio de sus gobernantes en el trabajo    de las minas y en la construcci&oacute;n de edificaciones. Una estructura social    piramidal fundada en los principios de fe, pureza de linaje, color de piel y    servilismo demarca unas distancias sociales aparentemente infranqueables que    entran en tensi&oacute;n con lugares practicados de encuentro cruzados por la    resistencia, el deseo, el odio, la envidia, la dependencia y las pr&aacute;cticas de    mestizaje, imprimi&eacute;ndole un dinamismo especial y a la vez imborrable a la ciudad    latinoamericana de los siglos posteriores.</p>        <p>SEGUNDO LENTE: LA CIUDAD COMO EXPERIMENTO DE CONSTRUCCI&Oacute;N NACIONAL</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La persistencia del orden colonial en la ciudad de Bogot&aacute; y la conflictiva    construcci&oacute;n de un nuevo orden republicano y capitalista dieron lugar a    confrontaciones de tipo religioso, econ&oacute;mico y pol&iacute;tico que marcaron    profundamente las formas de gobernar la ciudad, as&iacute; como su conformaci&oacute;n    espacial a lo largo del siglo XIX. Detr&aacute;s de estos antagonismos yac&iacute;a la    cuesti&oacute;n de c&oacute;mo construir una unidad nacional amenazada por innumerables    guerras civiles y por la competencia entre varias provincias soberanas o estados    federales<i>. </i>Lentamente, el proyecto capitalista burgu&eacute;s y el proyecto    pol&iacute;tico ilustrado tomaron forma alterando el orden cat&oacute;lico que hab&iacute;a regido la    vida cotidiana de la ciudad durante siglos. la estructura colonial de damero se    mantuvo intacta pero la ciudad se densific&oacute;, creciendo muy poco en superficie y    aumentando su n&uacute;mero de habitantes por manzana &#40;Mej&iacute;a, 2003&#41;.</p>      <p>Como sede del gobierno central, Bogot&aacute; tuvo un papel protag&oacute;nico en las guerras    civiles del siglo XIX, ya que representaba el centro para la obtenci&oacute;n de    recursos y fuente de aprovisionamiento de hombres, alimentos y caballer&iacute;as    &#40;Mej&iacute;a, 2003:95&#41;. Como lo dice el mismo Germ&aacute;n Mej&iacute;a la ciudad simbolizaba a la    naci&oacute;n y en sus edificios, calles y monumentos deb&iacute;an inscribirse los grandes    hechos constitutivos de la patria &#40;Mej&iacute;a 2003:413&#41;. En 1846 se erige el primer    monumento civil de la ciudad: la estatua de Bol&iacute;var y se construyen los    edificios correspondientes a las instituciones civiles. Este &iacute;mpetu patriota    contrasta con un profundo desd&eacute;n por los asuntos p&uacute;blicos y una total ausencia    de sentido colectivo para pensar la ciudad, reflejados en el descuido y la    suciedad de las calles y espacios p&uacute;blicos.</p>        <p>La tensi&oacute;n y las guerras entre centralistas y federalistas repercutieron en la    forma de gobierno de la ciudad. El control del gobierno central sobre los    organismos municipales predomin&oacute; en el per&iacute;odo que va de 1821 a 1832. Este    centralismo pretend&iacute;a preservar el control de la iglesia en todos los dominios    de la vida de la ciudad as&iacute; como la protecci&oacute;n de corporaciones como el ej&eacute;rcito    y la clase terrateniente. Desde mediados del siglo XIX el federalismo cobr&oacute;    fuerza y se llev&oacute; a cabo una profunda descentralizaci&oacute;n pol&iacute;tica y  administrativa en el pa&iacute;s que repercuti&oacute; en el gobierno de la ciudad de Bogot&aacute;.</p>      <p>A trav&eacute;s de la ley de desamortizaci&oacute;n de 1861 Tom&aacute;s Cipriano de Mosquera asest&oacute; el    m&aacute;s duro golpe al enorme poder que deten&iacute;a la iglesia trasladando sus bienes al    dominio del estado y poni&eacute;ndolos en circulaci&oacute;n para su venta a particulares.    Como resultado 20% de las propiedades de fincas ra&iacute;z cambiaron de due&ntilde;o y se    produjo la primera reforma urbana en Colombia &#40;Guti&eacute;rrez 2007:23&#41;. Esta medida    alent&oacute; la reconstrucci&oacute;n y subdivisi&oacute;n de las viejas casonas santafere&ntilde;as que    alquilaron sus primeros pisos o <i>tiendas </i>a los flujos migratorios de    personas que llegaban de provincia. La mayor parte de los solares improductivos    fueron avaluados vendidos y adjudicados a personas comprometidas en edificarlos.    As&iacute; mismo, la expropiaci&oacute;n de los edificios conventuales fue aprovechada para    ubicar las oficinas de las nuevas dependencias civiles y administrativas. Cabe    anotar que, simult&aacute;neamente y bajo la misma administraci&oacute;n de Mosquera, se    erigi&oacute; el capitolio como gran monumento de la rep&uacute;blica, s&iacute;mbolo de los altos    poderes p&uacute;blicos. Las tres guerras civiles entre 1851 y 1863 paralizaron las    obras y luego por fallas en los cimientos su construcci&oacute;n se prolong&oacute; hasta 1881    &#40;Mej&iacute;a 2003:214&#41;.</p>      <p>La gran reforma liberal plasmaba los anhelos de las facciones m&aacute;s vanguardistas    de la sociedad que luchaban por la separaci&oacute;n de los poderes del     estado y la iglesia y la eliminaci&oacute;n de los fueros y reg&iacute;menes especiales de    &eacute;sta &uacute;ltima. La laicizaci&oacute;n de la sociedad por medio de la conversi&oacute;n de los    sacerdotes en trabajadores del estado, el cierre de conventos y la expulsi&oacute;n de    los jesuitas estuvo acompa&ntilde;ada por la reforma pedag&oacute;gica y universitaria de 1870    que buscaba quebrar el monopolio que la iglesia hab&iacute;a ejercido desde la colonia    sobre la educaci&oacute;n desde la Colonia.</p>        <p>Es necesario anotar que todo este impulso reformista tuvo un gran rev&eacute;s a    finales del siglo XIX y especialmente luego de 1883. La vigencia del r&eacute;gimen    federal se erosion&oacute; y la iglesia cat&oacute;lica recuper&oacute; sus privilegios e influencias<i>.   </i>el movimiento de la regeneraci&oacute;n, iniciado por obispos de provincia y bajo    el cual se unific&oacute; todo el clero, emprendi&oacute; una cruzada por la revitalizaci&oacute;n    del catolicismo como la religi&oacute;n de la naci&oacute;n que la purificar&iacute;a contra los    peligros de contaminaci&oacute;n de las ideas liberales.</p>        <p>Las clases gobernantes republicanas que habitaban la capital retomaron el principio    colonial de &quot;pureza de sangre&quot; para representarse como una nueva nobleza    republicana &#40;Castro 2004&#41;. Por lo mismo y profesando un culto exacerbado por las    ideas de la ilustraci&oacute;n en boga en las metr&oacute;polis europeas estas &eacute;lites criollas    se consideraban promotoras de la civilizaci&oacute;n y del progreso, adalides del    disciplinamiento del resto de la sociedad por medio de la ciudad. la misi&oacute;n    civil y moral era la de educar, corregir, asistir a la poblaci&oacute;n material y    espiritualmente conservando el orden, la concordia y la obediencia &#40;Alzate    2007:46&#41;.</p>        <p>Las disposiciones sobre limpieza y salud p&uacute;blica as&iacute; como los asuntos relativos    al orden y la decencia eran los nuevos par&aacute;metros para reformar una poblaci&oacute;n    considerada dispersa, desordenada, holgazana, ignorante, b&aacute;rbara, peligrosa y    sucia. El crecimiento de la poblaci&oacute;n y las epidemias, como la epidemia de    viruela que azot&oacute; a Bogot&aacute; de1840 a 1842 o la de tifo en 1870, empezaron a    formar parte de las preocupaciones del gobierno de las ciudades. el manejo de    los asuntos p&uacute;blicos de la ciudad deb&iacute;a estar respaldado por estudios sobre    higiene y la asesor&iacute;a de cient&iacute;ficos encargados de explicar las causas de las    altas tasas de mortalidad y enfermedades. los cad&aacute;veres, las basuras, los    excrementos y los cuerpos enfermos fueron identificados como los focos de las    epidemias y como parte de las condiciones de vida insalubres de la ciudad que el    gobierno municipal deb&iacute;a intervenir &#40;Alzate 2007:46&#41;.</p>        <p>Se crearon las &quot;disposiciones de polic&iacute;a&quot; ligadas a las nociones de buen orden que    consist&iacute;an en velar por el aseo, el ornato y la salubridad de la ciudad en un    primer plano as&iacute; como por el mantenimiento del orden y la seguridad de las    personas y sus propiedades &#40;Mej&iacute;a 2003:325&#41;. Las asociaciones de particulares    como las juntas de aseo y ornato, la de comercio y la de embellecimiento fueron    las figuras a trav&eacute;s de las cuales las &eacute;lites transformaron los espacios    p&uacute;blicos de acuerdo a la imagen de lo que para ellas deb&iacute;a ser una ciudad    moderna: convertir las plazas en parques, frecuentar los pasajes comerciales en    lugar de las plazas de mercado, construir alamedas y paseos, visitar lugares de    exhibici&oacute;n industrial y manufacturera, teatros, circo de toros y los primeros    centros cient&iacute;ficos como el observatorio nacional.</p>        <p>Como capital del nuevo estado de Colombia, Bogot&aacute; asume el papel de centro de las    relaciones econ&oacute;micas y pol&iacute;ticas que van a facilitar la transici&oacute;n del pa&iacute;s al    capitalismo. La ciudad no pod&iacute;a ser un obst&aacute;culo para el desarrollo econ&oacute;mico y    por lo tanto era imperativo acelerar la circulaci&oacute;n de personas y mercanc&iacute;as. si    bien no puede hablarse de un proceso de industrializaci&oacute;n la ciudad s&iacute; tuvo una    expansi&oacute;n comercial y burocr&aacute;tica de grandes proporciones. Para lograr la    integraci&oacute;n de la econom&iacute;a nacional al sistema de intercambio mundial, la    acumulaci&oacute;n de capital mercantil y la creciente inversi&oacute;n de capital en    haciendas, miner&iacute;a moderna y las primeras industrias manufactureras se inaugur&oacute;    y consolid&oacute; el sistema bancario &#40;Guti&eacute;rrez 2007&#41;.</p>        ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El pensamiento librecambista presion&oacute; la construcci&oacute;n de caminos as&iacute; como la    introducci&oacute;n del sistema de correos &#40;1838&#41; y el del tel&eacute;grafo &#40;1863&#41; y sistemas    r&aacute;pidos de transporte como el tranv&iacute;a &#40;1884&#41;, el ferrocarril &#40;1889&#41;, &#40;Mej&iacute;a    2003:129&#41; as&iacute; como la adopci&oacute;n de un sistema l&oacute;gico y racional de nomenclatura    que organizara espacialmente la ciudad. Durante los dos &uacute;ltimos decenios del    siglo XIX las primeras empresas de servicio p&uacute;blico estaban en manos de empresas    privadas extranjeras.</p>        <p>Toda la construcci&oacute;n de dichas obras p&uacute;blicas estuvo a cargo del trabajo personal    subsidiario en construcci&oacute;n &quot;sistema que obligaba en todas la comunidades a los    hombres mayores de edad sin distinci&oacute;n de clase a trabajar por un per&iacute;odo de    tiempo a favor de los caminos y otras obras provinciales y cantonales&quot; &#40;Mej&iacute;a    2003:108&#41;. La poblaci&oacute;n compuesta por reos, mendigos y vagos condenados en los    denominados &quot;presidios urbanos&quot; fue, a su vez, la encargada de ejecutar las    labores de aseo y embellecimiento urbano.</p>        <p>Por otro lado, el auge del pensamiento librecambista favoreci&oacute; la eliminaci&oacute;n    total de los impuestos al comercio interno como externo y afect&oacute; profundamente    la producci&oacute;n artesanal local llevando a varios enfrentamientos entre artesanos    y librecambistas desde mediados del siglo XIX. En varias ocasiones y a trav&eacute;s de    grandes levantamientos el gremio de artesanos se opuso a los abusos de quienes    se beneficiaban del <i>laissez faire </i>y de las leyes &quot;naturales&quot; de la    econom&iacute;a y respondi&oacute; a los ataques que con tintes de desprecio de clase lanzaban    los sectores liberales conformados por hombres de negocios &#40;Guti&eacute;rrez 2007&#41;.</p>        <p>A pesar de que a partir de 1821 desapareci&oacute; toda distinci&oacute;n racial en la    documentaci&oacute;n censal &#40;Mej&iacute;a 2003:256&#41;, se ha documentado que la poblaci&oacute;n    ind&iacute;gena en la ciudad aument&oacute; y gradualmente fue relegada a los estratos m&aacute;s    bajos y paup&eacute;rrimos de la clasificaci&oacute;n social de la ciudad. con la ley de    disoluci&oacute;n de resguardos en 1821 muchos de &eacute;stos vendieron a precios irrisorios    sus tierras a los gamonales de sus pueblos y migraron a Bogot&aacute; &#40;Guti&eacute;rrez 2007:    167-169&#41;. era muy probable que los hombres ind&iacute;genas reci&eacute;n llegados se    convirtieran en peones de jornal y las mujeres entraran a trabajar dentro de los    m&uacute;ltiples oficios que la servidumbre dom&eacute;stica urbana ten&iacute;a a su cargo.</p>        <p>Un grupo importante de poblaci&oacute;n mestiza estaba conformada por peque&ntilde;os artesanos.    los efectos de la econom&iacute;a librecambista introdujeron grandes diferenciaciones    dentro de este grupo poblacional: algunos lograron acumular capital y que sus    hijos se convirtieran en profesionales acerc&aacute;ndose de este modo a los sectores    de las &eacute;lites de fin de siglo mientras que otros, debido a las sucesivas crisis    econ&oacute;micas, se empobrecieron y terminaron emple&aacute;ndose como obreros de las    nacientes industrias y de las numerosas obras p&uacute;blicas que se estaban iniciando    en la ciudad o se convirtieron en empleados de los ferrocarriles, los tranv&iacute;as,    o el Estado.</p>        <p>A diferencia de la etapa de la conquista analizada anteriormente, durante este    per&iacute;odo republicano confluyeron en la ciudad de Bogot&aacute; varias corrientes    ideol&oacute;gicas antag&oacute;nicas que luchaban por encontrar los t&eacute;rminos bajo los cuales    se construir&iacute;a la naci&oacute;n. en lugar de ser el lugar de la conversi&oacute;n y el    sometimiento, la ciudad se convirti&oacute; en espacio de experimentaci&oacute;n emancipatoria    y nacionalista pero tambi&eacute;n lugar de convulsi&oacute;n social. Sectores con pensamiento    ilustrado y cient&iacute;fico conviv&iacute;an con otros que compart&iacute;an una profunda visi&oacute;n    religiosa de la realidad. Visiones que cre&iacute;an que las promesas del progreso se    obtendr&iacute;an a trav&eacute;s del librecambismo se contrapon&iacute;an a una creciente conciencia    ciudadana de protesta. Qui&eacute;nes dise&ntilde;aban las f&oacute;rmulas de gobernar la ciudad no    cre&iacute;an que el resto de la poblaci&oacute;n considerada ignorante y en espera de tutela    y gobierno, pudieran participar en los asuntos p&uacute;blicos de la administraci&oacute;n de    la ciudad.</p>        <p>TERCER LENTE: EL PROYECTO DE CULTURA CIUDADANA A FINALES DEL SIGLO XX</p>      <p>Teniendo en cuenta que ser&iacute;a infructuoso tratar de describir a una metr&oacute;polis que    multiplic&oacute; su tama&ntilde;o y su poblaci&oacute;n varias veces desde la d&eacute;cada de los    cincuenta y sesenta hasta finales del siglo XX y que alberga a varias ciudades    paralelas al mismo tiempo, vamos a referirnos &uacute;nicamente al per&iacute;odo que va desde    mediados de la d&eacute;cada de los noventa hasta finales del mismo. en realidad nos    gustar&iacute;a contextualizar el surgimiento de una nueva forma de gobernar la ciudad    por parte de una &eacute;lite pol&iacute;tica acad&eacute;mica que toma las riendas del gobierno de    Bogot&aacute; desde mediados de los noventa.</p>        <p>Los a&ntilde;os que van de finales de la d&eacute;cada de los ochenta hasta principios de los    noventa representa uno de los per&iacute;odos m&aacute;s agitados de la historia de la ciudad    de Bogot&aacute;. Es una metr&oacute;polis de aproximadamente 6 millones de habitantes que    crece sin cesar producto de la migraci&oacute;n interna voluntaria y forzosa, de la    concentraci&oacute;n de flujos de capital y de trabajo donde se entrecruzan m&uacute;ltiples    realidades y &oacute;rdenes sociales y econ&oacute;micos. es una ciudad que concentra gran    parte del pib del pa&iacute;s, en permanente mutaci&oacute;n no solamente por la reestructuraci&oacute;n de corte neoliberal    sino tambi&eacute;n debido a la inyecci&oacute;n que por parte del narcotr&aacute;fico se realiza en    el sector de la construcci&oacute;n, el comercio y las finanzas.</p>        <p>Es tambi&eacute;n una ciudad que acoge de manera entusiasta el movimiento de la    constituyente, lleva a cabo la reforma constitucional de 1991 e introduce el    discurso de tolerancia hacia la diversidad cultural y sexual. Por otro lado, es    una ciudad donde la industria cultural tiene un auge exponencial como lo    demuestran eventos como rock al Parque, el Festival internacional de teatro o la    red de Bibliotecas. Este esp&iacute;ritu progresista de apertura hacia la diversidad,    el entretenimiento, el arte y la educaci&oacute;n contrasta de manera dram&aacute;tica con las    tasas de homicidios m&aacute;s altas del mundo, con pr&aacute;cticas de vigilancia privadas    que realizan limpiezas sociales y controlan la seguridad de muchos barrios y con    una profunda desconfianza que marca las relaciones entre desconocidos. No    podemos olvidar que Bogot&aacute; fue el escenario en el que tuvo lugar la toma del    palacio de justicia &#40;19 85&#41;, parte del exterminio de la uni&oacute;n Patri&oacute;tica &#40;a lo    largo de la d&eacute;cada de los ochenta&#41; as&iacute; como el asesinato sucesivo de varios    l&iacute;deres pol&iacute;ticos presidenciables y periodistas: Guillermo cano &#40;19 8 6&#41;, Luis    Carlos Gal&aacute;n &#40;198 9&#41;, Carlos Pizarro &#40;1990&#41;, Alvaro G&oacute;mez &#40;1995&#41;.</p>        ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Es necesario mencionar que entre 1989 y 1993 la ciudad se estremeci&oacute; con una    oleada de terrorismo que evidenciaba el poder adquirido por los carteles de    narcotr&aacute;fico quienes a trav&eacute;s de la explosi&oacute;n de coches bomba amenazaban al    gobierno y la posible aprobaci&oacute;n de la ley de extradici&oacute;n. Estos actos    revelaban, as&iacute; mismo, las conexiones que la mafia, pol&iacute;ticos y militares hab&iacute;an    mantenido en secreto. M&aacute;s adelante, a mediados de la d&eacute;cada de los noventa, el    famoso Proceso 8000 revelar&aacute; como el narcotr&aacute;fico no s&oacute;lo era una fuente de    financiaci&oacute;n exclusiva de los grupos armados sino que candidatos presidenciales,    pol&iacute;ticos y funcionarios tambi&eacute;n hab&iacute;an participado de su bonanza.</p>        <p>En &uacute;ltimas, es una ciudad donde la proximidad de la muerte y la persecuci&oacute;n    pol&iacute;tica y el ajuste de cuentas llegaron a generar un sentimiento de    incertidumbre y caos tan grande que luego de estos asesinatos y explosiones, la    poblaci&oacute;n ten&iacute;a la sensaci&oacute;n de que la ciudad y el pa&iacute;s estaban cada vez m&aacute;s    cerca del colapso &#40;Rivas 2007&#41;. Como en muchas otras grandes ciudades del mundo,    el discurso sobre el miedo al crimen circul&oacute; y cobraron forma las respuestas    ante &eacute;ste a trav&eacute;s de las rejas y conjuntos cerrados que empezaron a albergar a    poblaciones de clase media que se refugiaban en condominios cerrados o enclaves    fortificados, como los llama Teresa Caldeira &#40;2000&#41;, protegi&eacute;ndose del ruido, la    congesti&oacute;n, la contaminaci&oacute;n y sobre todo, el peligro de la violencia callejera.</p>        <p>Una elite de intelectuales, acad&eacute;micos y expertos entrenados en la academia de la    universidad nacional de Colombia creyeron que era posible transformar los    valores, creencias y comportamientos que obstaculizaban la convivencia pac&iacute;fica    y que la violencia pod&iacute;a ser dominio de intervenci&oacute;n &#40;Rivas 2007&#41;. emprendieron    de ese modo una nueva racionalidad pol&iacute;tica: empleando el saber acad&eacute;mico, los    instrumentos de medici&oacute;n de las ciencias &quot;duras&quot; y ciertos postulados de la    filosof&iacute;a y las ciencias humanas crearon una manera de gobernar que consist&iacute;a en    mostrar resultados, a trav&eacute;s de las cifras y los argumentos t&eacute;cnicos.</p>        <p>La hip&oacute;tesis de la cual part&iacute;a la primera administraci&oacute;n Mockus &#40;1995-19 97&#41; era    que algo fallaba en los sistemas reguladores del comportamiento &#40;la ley, la    moral y la cultura&#41; en una de las ciudades m&aacute;s violentas y ca&oacute;ticas del mundo<i>.   </i>Sus habitantes no desaprobaban moral o culturalmente ciertos comportamientos    ilegales ni aprobaban moral y culturalmente el respeto por la ley. Partiendo del    supuesto de que no hab&iacute;a en Bogot&aacute; una tradici&oacute;n que considerara importante para    la convivencia el cumplimiento de normas y reglas, proponen el siguiente    concepto de cultura ciudadana:</p>    <ul>    <p>La cultura ciudadana es entendida como el conjunto de h&aacute;bitos, costumbres,    comportamientos ciudadanos y las reglas m&iacute;nimas compartidas que orientan esos    comportamientos, para generar sentido de pertenencia a la ciudad y facilitar la    vida colectiva en la ciudad &#40;Alcald&iacute;a Mayor de Bogot&aacute; 19 95:4&#41;.</p>    </ul>           <p>Como lo demuestra esta cita, la idea del equipo de la alcald&iacute;a liderada por Mockus,    era la creaci&oacute;n de un nuevo pacto social alrededor de unos principios m&iacute;nimos    compartidos de car&aacute;cter civilista: apostarle a una cultura de la legalidad.    Desde una concepci&oacute;n funcionalista, contractualista y conductista de cultura, la    intenci&oacute;n era que los ciudadanos, independientemente de la tradici&oacute;n cultural a    la cual pertenecieran, lograran interiorizar unas reglas m&iacute;nimas de convivencia    y que, a trav&eacute;s del ejemplo y del entrenamiento, aprendieran a apreciar los    beneficios del acatamiento de la ley, incorporaran voluntariamente estas reglas    y empezaran a interiorizarlas dentro de sus repertorios culturales hasta poderse    autorregular &#40;Mockus 1998&#41;.</p>        <p>La armonizaci&oacute;n entre ley, moral y cultura deber&iacute;a generar un ciudadano obediente,    responsable y h&aacute;bil para manejar los c&oacute;digos de convivencia. el &quot;buen    comportamiento&quot; consistir&iacute;a en saber manejar una serie de habilidades, acciones    y reglas m&iacute;nimas compartidas que generaran un sentido de pertenencia, facilitaran la convivencia ciudadana y condujeran al respeto del patrimonio    com&uacute;n y al reconocimiento de los derechos y deberes ciudadanos &#40;ortiz 2008:30&#41;.    Pronto, cultura ciudadana se convertir&iacute;a en un instrumento donde se podr&iacute;a medir    con indicadores los niveles de acatamiento o trasgresi&oacute;n de normas ciudadanas.</p>        <p>Dos tipos de tecnolog&iacute;as de gobierno fueron empleadas para moldear el car&aacute;cter    indisciplinado y la agresividad generalizada de los bogotanos: por un lado,    medidas de control y vigilancia, denominadas simb&oacute;licamente por el mismo Mockus    como de &quot;garrote&quot; y por otro, medidas pedag&oacute;gicas representadas por &quot;la    zanahoria&quot;.</p>        <p>En el primer conjunto de medidas se buscaba conocer, medir y analizar el    comportamiento urbano con el fin de conocer las causas del desorden y la    violencia para luego intervenirla. se cre&oacute; el observatorio urbano con el fin de    promover las investigaciones sobre temas relacionados con la convivencia, la    seguridad, la cultura democr&aacute;tica y la calidad de vida de sus habitantes y    posteriormente, la subsecretar&iacute;a para asuntos de convivencia y seguridad    ciudadana aplic&oacute; un modelo inspirado de la salud p&uacute;blica denominado &quot;enfoque    epidemiol&oacute;gico&quot; para identificar y actuar sobre los factores de riesgo que    llevan a la violencia tales como el porte de armas o el consumo de alcohol    &#40;Rivas 2007&#41;. Bajo el lema de &quot;la vida se sagrada&quot; y tomando la violencia como    un asunto de salud p&uacute;blica se llevaron a cabo campa&ntilde;as de vacunaci&oacute;n simb&oacute;lica    contra la violencia en los establecimientos escolares as&iacute; como jornadas de    entrega voluntaria de armas. De manera similar, se redujo el alto &iacute;ndice de    accidentalidad por causas relacionadas con la embriaguez a trav&eacute;s de programas    como la Hora Zanahoria que restring&iacute;a el horario de venta de bebidas alcoh&oacute;licas    en establecimientos nocturnos, o a trav&eacute;s del dibujo en las calles de estrellas    amarillas en los lugares donde hab&iacute;an sido arrollados los peatones.</p>        ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En 1997 la administraci&oacute;n de la ciudad decidi&oacute; concentrar sus esfuerzos en    atender lo que hab&iacute;a sido expresado en encuestas y sondeos como la necesidad m&aacute;s    apremiante de la ciudadan&iacute;a: la seguridad. se elabor&oacute; un proyecto para reformar    el car&aacute;cter punitivo del antiguo c&oacute;digo de polic&iacute;a, proponiendo un enfoque    pedag&oacute;gico y fortaleciendo los lazos entre la polic&iacute;a metropolitana y los    ciudadanos. a trav&eacute;s de los Frentes de seguridad los l&iacute;deres comunitarios    organizados colaborar&iacute;an con la polic&iacute;a en el seguimiento y control de la    delincuencia. se seleccionar&iacute;an as&iacute; mismo j&oacute;venes de poblaciones vulnerables que    trabajar&iacute;an como Gu&iacute;as c&iacute;vicos de Misi&oacute;n Bogot&aacute; vincul&aacute;ndose en programas de    seguridad comunitaria y convivencia ciudadana.</p>        <p>Inspirada en J&uuml;rgen Habermas, la administraci&oacute;n Mockus parti&oacute; de la premisa de    que la comunicaci&oacute;n ayudaba a aclarar la relaci&oacute;n entre los derechos y los    deberes y permit&iacute;a que los ciudadanos regularan tanto su acci&oacute;n propia como la    ajena. A trav&eacute;s de tarjetas ciudadanas repartidas entre los conductores los    ciudadanos pod&iacute;an aplaudir conductas c&iacute;vicas positivas mostrando la cara blanca    de la tarjeta y reprobar las conductas reprochables mostrando su rev&eacute;s rojo.    otra campa&ntilde;a pedag&oacute;gica que tuvo una alta efectividad consisti&oacute; en contratar a    mimos que sin palabras y sin gritos ense&ntilde;aban a los peatones a no arrojar    basuras, a ayudar a cruzar a los ancianos la calle y a respetar los sem&aacute;foros y    las cebras.</p>        <p>Con el fin de incrementar el sentido de pertenencia de los habitantes con la ciudad    se llev&oacute; a cabo una transformaci&oacute;n urbana radical interviniendo el entorno y    volvi&eacute;ndolo amable para el usuario. Inspirados en la teor&iacute;a de las Ventanas    rotas seg&uacute;n la cual el deterioro de los espacios f&iacute;sicos es propicio para    perpetrar cr&iacute;menes y albergar comportamientos ilegales, se renovaron y se    dise&ntilde;aron planes de recuperaci&oacute;n de &aacute;reas en decadencia con el fin de generar    &quot;espacios de orden&quot;. Incrementar el orgullo c&iacute;vico de espacios agradables y bien    manejados eran los objetivos de campa&ntilde;as de recuperaci&oacute;n del espacio p&uacute;blico,    reglamentaci&oacute;n y se&ntilde;alizaci&oacute;n de entornos urbanos, el uso de rituales festivos    como carnavales y la creaci&oacute;n de nuevos espacios de participaci&oacute;n ciudadana.</p>        <p>Es interesante analizar la puesta en marcha de esta serie de tecnolog&iacute;as de    gobierno inspiradas en postulados conductistas y filos&oacute;ficos modernos de las    ciencias sociales. Justo en el momento cuando Colombia parec&iacute;a estar cayendo en    manos del narcotr&aacute;fico y de las guerrillas, ambos s&iacute;mbolos de la ausencia de ley    y la seguridad, llega un acad&eacute;mico para llevar a cabo una cruzada por el orden y    la ley desde Bogot&aacute;. Creyendo firmemente en los postulados europeos de que la    convivencia pac&iacute;fica entre desconocidos s&oacute;lo es posible a trav&eacute;s de acuerdos de    civilidad y la obediencia de las reglas comunes, busca moldear los    comportamientos de los bogotanos a trav&eacute;s de la imposici&oacute;n no autoritaria de la    ley y de la interiorizaci&oacute;n de mecanismos de regulaci&oacute;n horizontal.</p>        <p>Estas tecnolog&iacute;as de la administraci&oacute;n Mockus que acabamos de exponer no creen que la    revisi&oacute;n cr&iacute;tica de la historia pueda contener las claves del cambio en el    comportamiento ciudadano. Por el contrario, mecanismos cognitivos, pedag&oacute;gicos e    interactivos ser&iacute;an las formas como los habitantes de la ciudad aprender&iacute;an a    relacionarse de manera distinta con su entorno. si bien se buscaba controlar y    corregir a una poblaci&oacute;n vista como desordenada y violenta tambi&eacute;n se buscaba    difundir un car&aacute;cter humanista universal defensor del buen vivir y la resoluci&oacute;n    pac&iacute;fica de conflictos. en la conjunci&oacute;n de estas dos facetas parece residir el    &eacute;xito del programa de cultura ciudadana que pronto se convertir&aacute; en discurso y    modelo global como modelo de gobierno de las ciudades contempor&aacute;neas y ca&oacute;ticas    y en especial de las ciudades de pa&iacute;ses clasificados como violentos, inseguros    dentro del discurso neoliberal global.</p>        <p><b>III. MODELOS EMERGENTES DE LA CIUDAD EN EL SIGLO XXI</b>    <p>      <p>LA DESAPARICI&Oacute;N DE UN FUTURO DETERMINADO</p>      <p>Hasta aqu&iacute;, hemos enfatizado la necesidad de construir un marco hist&oacute;rico y    antropol&oacute;gico de las pr&aacute;cticas sociales y culturales que producen la &quot;ciudad&quot; en    tanto espacio construido y discursivo enmarcado en la especificidad hist&oacute;rica y    geogr&aacute;fica. Hemos hecho un an&aacute;lisis cr&iacute;tico —concentr&aacute;ndonos de manera    espec&iacute;fica en la ciudad de Bogot&aacute; en tres momentos hist&oacute;ricos no necesariamente    cronol&oacute;gicos y sin la intenci&oacute;n de ofrecer una recorrido hist&oacute;rico completo ni    lineal de esta ciudad— para mostrar algunas de las formas en que las ciudades    pueden ser imaginadas, construidas, gobernadas y vividas. Con el prop&oacute;sito de    sentar los fundamentos para una futura investigaci&oacute;n etnogr&aacute;fica, sugerimos    posibles puntos de partida para aplicar la teor&iacute;a y la metodolog&iacute;a antropol&oacute;gica    a los discursos y las pr&aacute;cticas que afianzan los esfuerzos para crear las    ciudades y las sociedades del futuro.</p>        <p>Casi todas las teor&iacute;as modernas de cambio social, producidas tanto en occidente como    en el resto del mundo, han compartido una creencia teleol&oacute;gica sobre el    movimiento del tiempo hist&oacute;rico hacia un futuro relativamente cierto, a pesar de    que la especificidad de dicho futuro difiere entre las mismas. Las teor&iacute;as    liberales acerca de la relaci&oacute;n apropiada entre el estado, la econom&iacute;a y el    individuo, imaginaban un futuro ideal en el que no habr&iacute;a limitaciones ni    restricciones relativas a la libertad tanto del individuo para alcanzar sus    propios intereses, como de los mercados para operar de manera eficiente y    equitativa. La historia ser&iacute;a jalonada entonces por el mutuo deseo de la    voluntad humana y del intercambio econ&oacute;mico de liberarse de todo aquello que    estorbara su autonom&iacute;a e independencia. Las teor&iacute;as sobre el desarrollo segu&iacute;an    una l&oacute;gica similar, proyectando un futuro en el que la pobreza se reducir&iacute;a de    manera significativa, o incluso desaparecer&iacute;a, gracias a la progresiva    modernizaci&oacute;n e industrializaci&oacute;n de las econom&iacute;as y sociedades que desde hace    mucho tiempo se ven&iacute;an quedando atr&aacute;s respecto a occidente. En este pensamiento    desarrollista la fuerza de la historia no radica en el deseo de libertad, sino    en la intervenci&oacute;n tecno-pol&iacute;tica de los gobiernos y las organizaciones no    gubernamentales y en la aplicaci&oacute;n del conocimiento especializado de las    ciencias sociales y naturales a los problemas del &quot;mundo en v&iacute;as de desarrollo&quot;.    las teor&iacute;as sociales marxistas, por su parte, tambi&eacute;n cre&iacute;an en un futuro en el    cual la propiedad privada ser&iacute;a abolida, las relaciones de producci&oacute;n ser&iacute;an    superadas y la tiran&iacute;a del capital se acabar&iacute;a. el motor de esta versi&oacute;n de la    historia es la lucha de clases y la proyecci&oacute;n del futuro es la culminaci&oacute;n    hist&oacute;rica de una progresiva serie de revoluciones que finalmente desembocar&iacute;an    en el comunismo.</p>        ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Sin embargo, a finales del siglo XX todos estos futuros relativamente determinados y    un tanto ut&oacute;picos imaginados por las teor&iacute;as modernas de la sociedad y la    historia se han cuestionado significativamente. En consecuencia, se ha abierto    paso a una percepci&oacute;n del futuro radicalmente diferente: un futuro que no es    cierto ni deseable, un futuro lleno de incertidumbre e inseguridad caracterizado    por una visi&oacute;n no ut&oacute;pica de la manera en que se revelar&iacute;a la historia. Como    resultado de este proceso, los marcos categ&oacute;ricos convencionales que se han    venido usando para clasificar a las ciudades y, por lo tanto, de manera    impl&iacute;cita, a las poblaciones que las habitan, de acuerdo con ciertas    caracter&iacute;sticas &#40;vg. moderna&#41;, relaciones &#40;vg. poscolonial&#41;, funciones &#40;vg.    industrial&#41;, procesos &#40;vg. en v&iacute;a de desarrollo&#41; o posiciones &#40;vg. perif&eacute;rica&#41;,    han sufrido transformaciones importantes en los &uacute;ltimos a&ntilde;os. Nuevos imaginarios    sobre qu&eacute; son y c&oacute;mo deber&iacute;an ser las ciudades vienen surgiendo desde diversas    &aacute;reas de producci&oacute;n del conocimiento y est&aacute;n circulando alrededor del mundo.    Ciudades mundiales, megaciudades, ciudades-regiones, ciudades sostenibles,    ciudades multiculturales, ciudades competitivas: en donde busquemos, encontramos    imaginarios urbanos inspirados en nuevas formulaciones de &quot;city-ness&quot;<sup><a name="s3" href="#3">3</a></sup>.    Dichos modelos de &quot;la ciudad como una forma de diagramar la existencia humana,    la conducta humana, la subjetividad humana, la vida humana en s&iacute;&quot; est&aacute;n en    &quot;constante descomposici&oacute;n y recomposici&oacute;n&quot;, entreteji&eacute;ndose con otras verdades y    estructurando tentativas para gobernar bajo nuevas formas &#40;Osborne y Rose 1999:    737-739&#41;. Como tales, estos modelos constituyen las condiciones cambiantes de    posibilidad para un rango de racionalidades pol&iacute;ticas y gubernamentales    emergentes, reg&iacute;menes de ciudadan&iacute;a y pertenencia, movimientos sociales y    culturales, y formaciones del sujeto y del yo.</p>        <p>Aunque un an&aacute;lisis etnogr&aacute;fico localizado no es la meta de este ensayo en particular,    queremos destacar que, s&iacute; es posible hablar de la ciudad desde niveles de    an&aacute;lisis que muestren como los contextos hist&oacute;ricos al tiempo que los discursos,    tecnolog&iacute;as de gobierno y pr&aacute;cticas de la poblaci&oacute;n constituyen una buena parte    de la realidad. Tambi&eacute;n queremos enfatizar que dicho ejercicio es id&oacute;neo para    las fortalezas te&oacute;ricas y metodol&oacute;gicas de la antropolog&iacute;a, que logran    problematizar las condiciones y construcciones sociales que se dan por sentadas.    la propuesta consiste en poder teorizar la ciudad mostrando su complejidad    particular y el inter&eacute;s en las pr&aacute;cticas sustentadas en ideas y planes que    cobran forma y vida en el espacio practicado de las ciudades. Sin embargo, al    esbozar algunas de las formas en las que las ciudades est&aacute;n siendo re-imaginadas    y reproducidas, en y para el siglo XXI, hacemos un llamado en pos de un    planteamiento claramente antropol&oacute;gico de los &quot;problemas urbanos&quot; que en un    momento dado ameritan atenci&oacute;n p&uacute;blica e intervenci&oacute;n gubernamental.</p>            <p>LA MEGACIUDAD COMO LA &quot;CIUDAD DEL FUTURO&quot;</p>     <p>La &quot;megaciudad&quot; es una categor&iacute;a que proviene ante todo del Norte para referirse    a las metr&oacute;polis de r&aacute;pido crecimiento del sur<sup><a name="s4" href="#4">4</a></sup>. a medida que la    poblaci&oacute;n urbana del planeta est&aacute; a punto de sobrepasar en n&uacute;mero a la poblaci&oacute;n    rural, y que las ciudades, seg&uacute;n se predica, absorber&aacute;n casi todo el crecimiento    adicional de la poblaci&oacute;n mundial, solemos escuchar que no se espera que las    ciudades &quot;globales&quot; ni &quot;mundiales&quot; &#40;Sassen 2001, Taylor 2004&#41; —nodos del dominio    y control de la econom&iacute;a mundial— sean las anfitrionas de esta explosi&oacute;n    demogr&aacute;fica, sino que ser&aacute;n las &quot;grandes pero no poderosas&quot; megaciudades del    Tercer Mundo las depositarias de este crecimiento &#40;Massey 1999: 115, citada en    Robinson 2002: 540&#41;. Las ciudades modelo de la modernidad actualmente lucen como    un anacronismo de anta&ntilde;o, al mismo tiempo que lugares como Shangai y Mumbai    parecen presagiar lo que nos espera. En el siglo XXI, las megaciudades en    expansi&oacute;n de m&aacute;s de ocho a diez millones de habitantes, y las asombrosas    &quot;hiperciudades&quot; de m&aacute;s de veinte millones de habitantes est&aacute;n siendo imaginadas    como las nuevas &quot;ciudades del futuro&quot;.</p>        <p>Seg&uacute;n el ge&oacute;grafo Matthew Gandy, existen dos modos predominantes de an&aacute;lisis e    interpretaci&oacute;n de la megaciudad: las profec&iacute;as alarmistas del apocalipsis urbano    que hablan de los hiperghettos en las periferias urbanas y de la miseria de los    tugurios y los modelos optimistas de un nuevo urbanismo encontrado en el ingenio    de los mercados y asentamientos informales &#40;2005: 38-40&#41;. Aunque en algunas    ocasiones la megaciudad se discute desde una perspectiva optimista e incluso a    veces rom&aacute;ntica, en la mayor&iacute;a de los casos se habla de ella como motivo de    alarma. Com&uacute;nmente, las megaciudades se indexan como focos de crecimiento    explosivo de la poblaci&oacute;n y de concentraci&oacute;n masiva de la pobreza, condiciones    que parecen exacerbarse por el riesgo del deterioro ambiental y los desastres    naturales. Dicha distopia del Tercer Mundo tiene una herencia antigua: por    siglos la sensibilidad est&eacute;tica de norteamericanos y europeos &#40;o, en un sentido    m&aacute;s amplio, bajo la est&eacute;tica modernista&#41; se ha horrorizado ante &quot;las multitudes,    la mugre y las enfermedades&quot; que encuentran en las ciudades no occidentales    &#40;2002: 65-79&#41;. Pero m&aacute;s all&aacute; de s&iacute; estos pron&oacute;sticos tienen o no inflexiones    ut&oacute;picas o dist&oacute;picas, lo que finalmente nos interesa     en este momento es ver como el tugurio de la megaciudad refleja el sentido    compartido de transformaci&oacute;n mundial y se presenta como el espacio urbano    paradigm&aacute;tico del siglo XXI. El c&eacute;lebre arquitecto Rem    Koolhaas se refiere de este modo a la megaciudad m&aacute;s grande del &aacute;frica: &quot;lagos    no nos alcanza. M&aacute;s bien, es posible que alcancemos a lagos&quot; &#40;Ferguson 2007: 75,    Koolhaas et al. 2001: 653&#41;.</p>        <p>En principio, se podr&iacute;a creer que lo anterior significa un re-ordenamiento    radical de la presunta relaci&oacute;n entre la historia y la geograf&iacute;a que situaba a    las ciudades en escalas progresivas y unilineales, de acuerdo a las    clasificaciones propias de la modernidad europea. El cambio que se percibe    reflejar&iacute;a en t&eacute;rminos urban&iacute;sticos el declinante poder econ&oacute;mico y pol&iacute;tico del    imperialismo occidental &#40;o, hasta hace poco, el imperialismo estadounidense&#41;.    Tal vez este discurso constituya una cr&iacute;tica poscolonial <i>por excelencia </i> al mezclar estas coordenadas espacio-temporales imaginadas y desplazar las    posiciones relativas del tercer y del Primer Mundo. sin embargo,    parad&oacute;jicamente, este discurso reinscribe y refuerza, a&uacute;n cuando parece    cuestionar y reorganizar, la l&oacute;gica hist&oacute;rica y el orden geogr&aacute;fico    fundamentales para la puesta en escena de la modernidad en occidente<sup><a name="s5" href="#5">5</a></sup>.</p>        <p>Adem&aacute;s de examinar las implicaciones te&oacute;ricas y pol&iacute;ticas de dicho discurso,    tambi&eacute;n podemos formular la pregunta acerca del papel de la categor&iacute;a    &quot;megaciudad&quot; en el mundo. &iquest;cu&aacute;les son las pr&aacute;cticas concretas y los proyectos    localizados que se posibilitan por la misma? si podemos ver la ciudad <i>global</i>,    seg&uacute;n la ge&oacute;grafa Jennifer Robinson &#40;2002: 547&#41;, como un ideal normativo que    fomenta proyectos calculados de la gesti&oacute;n urbana o del &quot;empresialismo urbano&quot;    &#40;Harvey 19 89&#41; que buscan alcanzar dicho estatus, deber&iacute;amos estar en condici&oacute;n    de ver la <i>mega</i>ciudad como una categor&iacute;a que fomenta otras racionalidades    gubernamentales que podr&iacute;an tener efectos igualmente importantes en el mundo    real. teniendo en cuenta la afirmaci&oacute;n de Robinson sobre la ciudad global como    una &quot;ficci&oacute;n reguladora&quot; que &quot;puede tener consecuencias devastadoras para la    mayor parte de la gente en la ciudad, especialmente para los m&aacute;s pobres&quot; &#40;2002:    547&#41;, debemos preguntar: &iquest;qu&eacute; tipo de proyectos son inspirados y posibilitados    por la &quot;ficci&oacute;n reguladora&quot; de la megaciudad?</p>              <p>BOGOTA: UNA CIUDAD &quot;EN RIESGO&quot;</p>      <p>Aunque podr&iacute;amos abordar este asunto desde muchos &aacute;ngulos, el ejemplo que escogimos    equivale a una forma de gobierno urbano que opera por medio de la tecno-pol&iacute;tica    de riesgo. A finales del siglo XX, tal y como lo plantean un grupo    de te&oacute;ricos, el riesgo emergi&oacute; como una racionalidad y una tecnolog&iacute;a del    gobierno vinculadas con un conjunto de programas pol&iacute;ticos con miras a la    liberalizaci&oacute;n de las sociedades y las econom&iacute;as alrededor del mundo &#40;Dean 1999,    Osborne y rose 1999, rose 1999&#41;. La diseminaci&oacute;n del discurso del riesgo entr&oacute; a    formar parte de la gubernamentalidad neoliberal en todas las ciudades del sur al    tiempo que el estado de bienestar &#40;o de desarrollo&#41; se desmantelaba. estas    nuevas tecnolog&iacute;as de gobierno pretenden impartir pr&aacute;cticas sociales de cuidado    y prevenci&oacute;n que producen un imaginario modelado a partir del discurso de la    megaciudad y sus miedos dist&oacute;picos como el caos, el colapso y la cat&aacute;strofe.</p>      <p>Un proyecto gubernamental de reasentamiento en la ciudad de Bogot&aacute; ilustra bastante    bien esta din&aacute;mica. En el 2003, el gobierno distrital de Bogot&aacute; empez&oacute; un    programa encaminado a la reubicaci&oacute;n de miles de asentamientos informales en    lugares que el municipio defini&oacute; como <i>zonas de alto riesgo</i>: barrios    perif&eacute;ricos con escasez de recursos, considerados especialmente vulnerables ante    las amenazas de inundaci&oacute;n, deslizamientos y temblores. El precursor de este    programa aparece en la d&eacute;cada de los ochenta, cuando Colombia experiment&oacute; el    segundo desastre volc&aacute;nico de mayor mortandad del siglo XX &#40;la tragedia de    armero&#41; y el Programa de asentamientos Humanos de las naciones unidas &#40;UN-Habitat&#41;    comenz&oacute; a promover las evaluaciones de riesgo de los asentamientos informales en    todas las megaciudades en el planeta. Cabe anotar que el programa de    reasentamiento en Bogot&aacute; no hubiera sido posible sin la presencia de agencias de    desarrollo, tales como el Banco Mundial. Desde el principio, el Banco Mundial ha    estado proporcionando apoyo t&eacute;cnico y econ&oacute;mico bas&aacute;ndose en una pol&iacute;tica    general de reducci&oacute;n de riesgo y reasentamiento poblacional en las ciudades de    r&aacute;pido crecimiento de los pa&iacute;ses en v&iacute;a de desarrollo &#40;Mej&iacute;a 1996&#41;<sup><a name="s6" href="#6">6</a></sup>.</p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Percibir la problematizaci&oacute;n reciente del riesgo tan s&oacute;lo como una respuesta a    las imprevisibles condiciones sociales, pol&iacute;ticas y ambientales en Bogot&aacute; —y    entenderla como un fen&oacute;meno colombiano o latinoamericano— es hacer caso omiso    del hecho de que Bogot&aacute;, como un lugar ya incluido entre las &quot;megaciudades del    Tercer Mundo&quot;, est&aacute; situada dentro de un conjunto de relaciones que se extienden    mucho m&aacute;s all&aacute; que sus l&iacute;mites &#40;Massey 1994&#41;. Al adoptar los t&eacute;rminos en que    Ferguson caracteriza la posici&oacute;n de &aacute;frica dentro del &quot;orden global&quot;, tenemos que considerar a Bogot&aacute; como un    &quot;lugar-dentro-del-mundo&quot; &#40;2006: 5-6&#41;, dado que en la actualidad, el discurso de    la megaciudad clasifica los sitios como Bogot&aacute; dentro de un conjunto de ciudades    con ciertas caracter&iacute;sticas disfuncionales que, se presume, comparten entre    ellas: crecimiento incontrolable de la poblaci&oacute;n, concentraci&oacute;n extrema de la    pobreza, condiciones ambientales en deterioro, etc. es m&aacute;s, puesto que este    discurso desecha la narrativa moderna del progreso —es decir, que las ciudades    del tercer Mundo ya no est&aacute;n en v&iacute;a de desarrollo, sino del colapso, la    cat&aacute;strofe y el caos —el apoyo y la asesor&iacute;a transnacional que alguna vez se    invirti&oacute; en servicios sociales, bienestar, infraestructura, educaci&oacute;n y salud    han sido reemplazados por programas dise&ntilde;ados para promover de la precauci&oacute;n, la    prevenci&oacute;n y la prudencia en toda una poblaci&oacute;n de ciudadanos    &quot;responsabilizados&quot; &#40;Lakof 2007, rose 1999&#41;. Una vez enmarcada dentro del    discurso de la megaciudad, Bogot&aacute; se convierte en un ciudad &quot;en riesgo&quot;, lo que    en consecuencia diagnostica el problema que su gobierno ha de tratar.</p>        <p><b>CONCLUSI&Oacute;N: LA ANTROPOLOG&Iacute;A EN EL MUNDO CONTEMPOR&Aacute;NEO</b></p>      <p>La antropolog&iacute;a no ha estado en el centro de las conceptualizaciones sobre espacios    urbanos producidos y practicados a gran escala que se salgan de unidades de    an&aacute;lisis seguras y delimitadas. a diferencia de los soci&oacute;logos cl&aacute;sicos como los    integrantes de la escuela de Chicago, Marx, Weber o Simmel, el espacio de la ciudad parece infinito e inabarcable como    para ser objeto de un an&aacute;lisis que pueda dar cuenta de su magnitud y    complejidad. Tanto las pretensiones hol&iacute;sticas como el fetiche etnogr&aacute;fico de    documentar comportamientos, discursos, pr&aacute;cticas y redes en su minucia y    detalle, no parecen iluminar el abordaje epistemol&oacute;gico que estamos proponiendo.</p>        <p>Este ensayo intenta responder al desaf&iacute;o de una antropolog&iacute;a que tenga un papel    fundamental en la formulaci&oacute;n de planteamientos alternativos apropiados para las    apremiantes cuestiones urbanas y una antropolog&iacute;a que d&eacute; cuenta de las    formaciones discursivas dentro de las cuales se discuten los problemas de las    ciudades contempor&aacute;neas. el gran aporte que creemos tiene la antropolog&iacute;a en    este campo de estudio es desnaturalizar las visiones que desde la modernidad    capitalista y el urbanismo ven a la ciudad como un espacio universal de habitar    o como el estilo de vida que mejor responde a las demandas del orden global.    Proponemos, en cambio, revisar cr&iacute;ticamente la historia de las condiciones de    producci&oacute;n espec&iacute;ficas que dan lugar a otros desarrollos urban&iacute;sticos distintos    a los de la ciudad moderna euroamericana.</p>        <p>Nuestra propuesta ri&ntilde;e con los intentos de colgarle a la ciudad adjetivos y ep&iacute;tetos que    den cuenta de su car&aacute;cter o esencia. Sin embargo, consideramos     importante analizar cr&iacute;ticamente los discursos sobre las ciudades que circulan y    se convierten en paradigmas de disciplinas, pol&iacute;ticas p&uacute;blicas y tecnolog&iacute;as de    gobierno. Como lo afirma Robinson, las categorizaciones sobre las ciudades    importan y deben ser interpeladas porque &quot;limitan nuestra capacidad de    contribuir en la previsi&oacute;n de posibles futuros urbanos&quot; &#40;2002:546&#41;. Proponemos,    entonces, abordar las ciudades como constelaciones de relaciones que cobran    forma a lo largo de formaciones discursivas e hist&oacute;ricas. estas relaciones    responden a proyectos de gobierno espec&iacute;ficos que buscan generar pr&aacute;cticas y    ordenamientos sociales espec&iacute;ficos, din&aacute;micos y cambiantes.</p>        <p>En los tres casos presentados y construidos a partir de una lectura antropol&oacute;gica    cr&iacute;tica de fuentes hist&oacute;ricas secundarias sobre Bogot&aacute;, se intenta demostrar que    es imposible hablar de &eacute;sta como si fuera una sola urbe. tanto el proyecto de la    conquista, como los proyectos nacional y de cultura ciudadana buscan intervenir,    actuar y moldear ciertas caracter&iacute;sticas atribuidas a sus poblaciones: la    conquista pretend&iacute;a congregar a poblaciones recientemente sometidas y modificar    su car&aacute;cter salvaje; el proyecto nacional buscaba guiar a la poblaci&oacute;n gobernada    bajo los par&aacute;metros europeizantes de una vida civilizada, limpia e ilustrada; el    programa de cultura ciudadana busca erradicar las supuestas violencias e    indisciplinas intr&iacute;nsecas a la &quot;cultura&quot; del urbanita bogotano. con la revisi&oacute;n    de estos casos, quisimos demostrar como los cambios en la ciudad de Bogot&aacute; est&aacute;n    estrechamente ligados no solamente a los supuestos que se tienen de las    poblaciones en un momento hist&oacute;rico dado sino tambi&eacute;n a las formas que adquieren    las tecnolog&iacute;as de gobierno dentro de ciertos reg&iacute;menes de poder y conocimiento.</p>          <p>Dentro de estos discursos y nuevas formas gubernamentales de intervenci&oacute;n, el    discurso sobre el riesgo y la incertidumbre parecen caracterizar e indicar las    medidas que gobiernos, agencias y organismos deben tomar as&iacute; como las pautas de    prevenci&oacute;n y cuidado que los habitantes de las grandes &quot;metr&oacute;polis del sur&quot;    deben adoptar para sobrevivir. a diferencia de los discursos modernos y    desarrollistas que situaban a las ciudades en escalas unilineales de progreso,    los nuevos discursos de gesti&oacute;n urbana clasifican a las nuevas megaciudades y    sus tugurios con tintes apocal&iacute;pticos: megal&oacute;polis hacinadas, contaminadas en    paisajes y entornos alterados. este discurso sobre las megaciudades del futuro    no parece albergar las promesas de prosperidad material de las urbes modernas    sino que parecen inaugurar una nueva forma de hablar sobre las ciudades que  merece la pena ser atendida por la antropolog&iacute;a.</p>  <hr size="1">      <p><b>Comentarios</b></p>      <p><sup><a name="2" href="#s2">2</a></sup>  Citada en Collier, S. J., A. Lakoff, y P. Rabinow.  2004. Biosecurity: Towards an Anthropology of the Contemporary. <i> Anthropology Today </i> 20:7.  Vease tambi&eacute;n Restrepo, E. 2008.  Cuestiones de M&eacute;todo: &quot;Eventualizaci&oacute;n&quot; y Problematizaci&oacute;n en Foucault. <i> Tabula Rasa </i> 8:111-32.</p>       <p><sup><a name="3" href="#s3">3</a></sup>  Robinson, J. 2006. <i>Ordinary  Cities: Between Modernity and Development</i>. New York: Routledge. Queremos aclarar que Robinson se refiere al t&eacute;rmino  &quot;city-ness&quot; para significar lo que es propio a la ciudad o a una ciudad en  particular. No tradujimos la palabra porque pens&aacute;bamos que era mejor citar su  t&eacute;rmino literalmente.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><sup><a name="4" href="#s4">4</a></sup> El siguiente argumento se basa en un planteamiento m&aacute;s profundo acerca de c&oacute;mo  el discurso de la &quot;mega-ciudad&quot; re-imagina el espacio/tiempo de la modernidad  urbana, el cual se puede encontrar en Zeiderman, A. 2008. Cities of the Future? Megacities and the Space/Time of urban modernity. <i> Critical Planning </i> 15.</p>      <p><sup><a name="5" href="#s5">5</a></sup> Para ampliar este tema, v&eacute;ase Zeiderman,  2008.</p>      <p><sup><a name="6" href="#s6">6</a></sup> En el 2006, tras a&ntilde;os de apoyo  econ&oacute;mico y asesor&iacute;a t&eacute;cnica, el Banco mundial aprob&oacute; otro pr&eacute;stamo de USD 80 millones a la ciudad de Bogot&aacute;  designados para la gesti&oacute;n de riesgo y la vulnerabilidad al desastre. La  influencia del Banco no se limit&oacute; a la ciudad de Bogot&aacute;: en el 2005, el Banco estaba apoyando y aconsejando 45 programas similares de reasentamiento en las grandes ciudades de Am&eacute;rica latina. V&eacute;ase Correa, E., and  J. Villegas. 2005. &quot;El Banco Mudial  y el Reasentamiento de Poblaci&oacute;n en Am&eacute;rica latina: Tendencias y Retos,&quot; in <i> El Foro T&eacute;cnico Sobre Reasentamiento de Poblaci&oacute;n en Am&eacute;rica Latina y el Caribe</i>.Bogot&aacute;, Colombia: The World Bank, The Inter-American Development Bank.</p>  <hr size="1">      <p><b>REFERENCIAS</b></p>      <!-- ref --><p><b> Alcald&iacute;a Mayor de Bogot&aacute;</b> 1995 Prioridad de cultura ciudadana. Folleto.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000127&pid=S1900-5407200800020000500001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Alzate, Adriana Maria</b> 2007 <i> Suciedad y Orden. Reformas sanitarias borb&oacute;nicas en la Nueva Granada </i> 1760<i>-</i>1810.  Bogot&aacute;: Universidad del Rosario, Universidad de Antioquia e Instituto Colombiano de Antropolog&iacute;a e Historia&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000128&pid=S1900-5407200800020000500002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Caldeira, T. P. d. R</b>.    2000 <i> City of Walls: Crime, Segregation, and Citizenship in S&atilde;o Paulo</i>.    Berkeley: University of California Press.     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000129&pid=S1900-5407200800020000500003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p>      <!-- ref --><p><b>Castells, M.</b> 1977 <i>The Urban Question: A Marxist Approach</i>.    Cambridge: MIT Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000131&pid=S1900-5407200800020000500004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Castro-G&oacute;mez, Santiago</b> 2004 Introducci&oacute;n. En: Santiago    Castro-G&oacute;mez ed. Pensar el siglo XIX. Cultura, biopol&iacute;tica y modernidad en Colombia. Pittsburg: University of Pittsburg.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000132&pid=S1900-5407200800020000500005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Chakrabarty, D.</b>   2002 &quot;Of Garbage, Modernity, and    the Citizen&#39;s Gaze,&quot; in <i>Habitations of Modernity: Essays in the Wake of Subaltern Studies</i>, pp. 65-79. Chicago: University of Chicago Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000133&pid=S1900-5407200800020000500006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Clifford, J., and G. E. Marcus</b>   1986 <i>Writing Culture: The Poetics and Politics of Ethnography</i>.    Berkeley: University of California Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000134&pid=S1900-5407200800020000500007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Collier, S. J., A. Lakoff, and P. Rabinow</b>   2004 Biosecurity: Towards an Anthropology of the Contemporary. <i>Anthropology Today</i> 20:3-7.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000135&pid=S1900-5407200800020000500008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Correa, E., and J. Villegas</b>   2005 &quot;El Banco Mudial y el Reasentamiento de Poblaci&oacute;n en Am&eacute;rica Latina: Tendencias    y Retos,&quot; in <i>El Foro T&eacute;cnico Sobre Reasentamiento de Poblaci&oacute;n en Am&eacute;rica      Latina y el Caribe</i>. Bogot&aacute;, Colombia: The World Bank, The Inter-American Development Bank.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000136&pid=S1900-5407200800020000500009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Crouch, Dora, Daniel Garr y Axel Mundigo</b>   1982 &quot;City Planning Ordinances of the laws of the Indies&quot;. En: <i>Spanish City      Planning in North America</i>. Cambridge: MIT Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000137&pid=S1900-5407200800020000500010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>De Certeau, M.</b>   1984 <i>The Practice of Everyday Life</i>. Berkeley: University of California Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000138&pid=S1900-5407200800020000500011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>De la Cadena, Marisol</b>   2006 &quot;&iquest;Son los mestizos h&iacute;bridos? las pol&iacute;ticas conceptuales de las identidades    &quot;andinas&quot;. <i> Universitas Human&iacute;stica</i> 61 enero-junio:51-84.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000139&pid=S1900-5407200800020000500012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Dean, M.</b>   1999 <i>Governmentality: Power and Rule in Modern Society</i>. Thousand Oaks: Sage Publications.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000140&pid=S1900-5407200800020000500013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Fabian, J.</b>   2002 <i>Time and the Other: How Anthropology Makes its Object</i>.    New York: Columbia University Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000141&pid=S1900-5407200800020000500014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Ferguson, J.</b>   1999 <i>Expectations of Modernity: Myths and Meanings of Urban Life on the Zambian    Copperbelt</i>. Berkeley: University of California Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000142&pid=S1900-5407200800020000500015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br>   2006 <i>Global Shadows: Africa in the Neoliberal World Order</i>.    Durham: Duke University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000143&pid=S1900-5407200800020000500016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br>   2007 Formalities of Poverty: Thinking about Social Assistance in Neoliberal South    Africa. <i>African Studies Review </i>50:71-86.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000144&pid=S1900-5407200800020000500017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Foucault, M.</b>   1994 <i> Dits et &Eacute;crits: </i> 1954<i>-</i>1988. Paris: Editions Gallimard.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000145&pid=S1900-5407200800020000500018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Gandy, M.</b>   2005 Learning from Lagos. <i>New Left Review</i>: 37-52.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000146&pid=S1900-5407200800020000500019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Geertz, C.</b>   1973 <i>The Interpretation of Cultures</i>. New York: Basic Books.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000147&pid=S1900-5407200800020000500020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Gupta, A., and J. Ferguson</b>   1997 &quot;Discipline and Practice: &#39;The Field&#39; as Site, method, and Location in    Anthropology,&quot; in <i>Anthropological Locations: Boundaries and Grounds of a      Field Science</i>. Edited by A. Gupta and J. Ferguson, pp. 1-46. Berkeley: University of California Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000148&pid=S1900-5407200800020000500021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b> Guti&eacute;rrez, Eugenio</b>   2007 <i> Historia de Bogot&aacute; Siglo XIX</i>. Bogot&aacute;: Villegas Editores, Alcald&iacute;a mayor de Bogot&aacute;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000149&pid=S1900-5407200800020000500022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Hannerz, U.</b>   1980 <i>Exploring the City: Inquiries Toward an Urban Anthropology</i>.    New York: Columbia university Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000150&pid=S1900-5407200800020000500023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Hansen, T. B.</b>   2001 <i>Wages of Violence: Naming and Identity in Postcolonial Bombay</i>.    Princeton: Princeton University Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000151&pid=S1900-5407200800020000500024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Harvey, D.</b>   1989 From Managerialism to Entrepreneurialism: The Transformation in Urban Governance    in Late Capitalism. <i>Geografska Annaler </i>71:3-17.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000152&pid=S1900-5407200800020000500025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Herrera, Marta</b> 	2002 <i> Ordenar para gobernar. Ordenamiento espacial y control pol&iacute;tico en las llanuras      del Caribe y en los Andes Centrales Neogranadinos. Siglo XVIII</i>. Bogot&aacute;: Universidad de los Andes, ICAN, CESO.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000153&pid=S1900-5407200800020000500026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Koolhaas, R., S. Boeri, S. Kwinter, N. Tazi, and H.-U. Obrist</b>   2001 <i>Mutations</i>. Barcelona ACTAR.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000154&pid=S1900-5407200800020000500027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Lakoff, A.</b>   2007 Preparing for the Next Emergency. <i>Public Culture </i> 19:247-271.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000155&pid=S1900-5407200800020000500028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Lefebvre, H.</b> 	1991 <i>The Production of Space</i>. Cambridge: Blackwell.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000156&pid=S1900-5407200800020000500029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br>   2003 <i>The Urban Revolution</i>. Minneapolis: University of Minnesota Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000157&pid=S1900-5407200800020000500030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Low, S. M</b>.   1996 The Anthropology of cities: Imagining and Theorizing the City. <i>Annual Review      of Anthropology</i> 25:383-409.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000158&pid=S1900-5407200800020000500031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br>   1999 <i>Theorizing the City: The New Urban Anthropology Reader</i>. New Brunswick: Rutgers University Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000159&pid=S1900-5407200800020000500032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Massey, D.</b>   1992 Politics and Space/Time. <i>New Left Review</i>:65-84.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000160&pid=S1900-5407200800020000500033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br>   1994 &quot;Double Articulation: A Place in the World,&quot; in <i>Displacements: Cultural      Identities in Question</i>. Edited by A. Bammer, pp. 110-121. Bloomington: Indiana University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000161&pid=S1900-5407200800020000500034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br>   1999 &quot;Cities in the World,&quot; in <i>City Worlds</i>. Edited by D. Massey, J. Allen, and  S. Pile, London: Routledge, pp. 99-156.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000162&pid=S1900-5407200800020000500035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b> Mej&iacute;a, Germ&aacute;n</b>   2003 <i>Los a&ntilde;os del cambio. Historia urbana de Bogot&aacute; </i> 	1820<i>-</i>1910. Bogot&aacute;: Instituto Colombiano de Antropolog&iacute;a    e Historia y Pontificia Universidad Javeriana.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000163&pid=S1900-5407200800020000500036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> <b> Mej&iacute;a, M. C.</b>   1996 <i>Involuntary Resettlement of Urban Population: Experiences in World Bank-Financed Development</i>   <i>  Projects in Latin America</i>. The World Bank.         &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000164&pid=S1900-5407200800020000500037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Mignolo, W.</b>   2005 <i>The Idea of Latin America</i>. Malden: Blackwell Publishing.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000165&pid=S1900-5407200800020000500038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Ortiz, Ismael</b>   2008 &quot;Bogot&aacute; 1995-2005 Modelos Esparta-Atenas para la transformaci&oacute;n del comportamiento    ciudadano&quot;. Bogot&aacute;: Maestr&iacute;a en Estudios culturales, Universidad Nacional de Colombia.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000166&pid=S1900-5407200800020000500039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Osborne, T., and N. Rose</b>   1999 Governing cities: Notes on the Spatialisation of Virtue. <i>Environment and      Planning D: Society and Space</i> 17:737-760.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000167&pid=S1900-5407200800020000500040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Mockus, Antanas</b>   1998 &quot;Cultura, ciudad y pol&iacute;tica&quot;. En: Yesid Campos e Ismael Ortiz Comp. <i>La ciudad      observada. Violencia, cultura y pol&iacute;tica</i>. Bogot&aacute;: Tercer mundo Editores,    Observatorio de Cultura Urbana.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000168&pid=S1900-5407200800020000500041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Park, R. E.</b>   1969 &quot;The City: Suggestions for the Investigation of Human Behavior in the Urban    Environment,&quot; in <i>Classic Essays on the Culture of Cities</i>. Edited by R.    Sennett, pp. 143-149. New York: Appleton-Century-Crofts.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000169&pid=S1900-5407200800020000500042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Restrepo, E.</b>   2008 Cuestiones de M&eacute;todo: &quot;Eventualizaci&oacute;n&quot; y Problematizaci&oacute;n en Foucault. <i>Tabula Rasa</i> 8:111-32.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000170&pid=S1900-5407200800020000500043&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Rivas, Angela</b>   2007 Gorgeous Monster- The Arts of Governing and managing Violence in Contemporary    Bogot&aacute;. Saarbr&uuml;cken: VDm Verlag.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000171&pid=S1900-5407200800020000500044&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Robinson, J.</b>   2002 Global and World cities: A View from off the map. <i>International Journal of      Urban and Regional Research </i>26:531-554.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000172&pid=S1900-5407200800020000500045&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br>     2006 <i>Ordinary Cities: Between Modernity and Development</i>. New York: Routledge.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000173&pid=S1900-5407200800020000500046&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Rose, N.</b>   1999 <i>Powers of Freedom: Reframing Political Thought</i>. New York: Cambridge University Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000174&pid=S1900-5407200800020000500047&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Roy, A.</b>   2005 Urban Informality: Toward an Epistemology of Planning. <i>Journal of the      American Planning Association </i>71:147-158.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000175&pid=S1900-5407200800020000500048&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br>   2008 The 21st-Century Metropolis: New Geographies of Theory. <i>Regional Studies</i>.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000176&pid=S1900-5407200800020000500049&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Said, E.</b>   1989 Representing the Colonized: Anthropology&#39;s Interlocutors. <i>Critical Inquiry </i>15:205-225.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000177&pid=S1900-5407200800020000500050&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Sassen, S.</b>   2001 <i>The Global City: New York, London, Tokyo</i>. Princeton: Princeton University Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000178&pid=S1900-5407200800020000500051&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Simmel, G.</b>   1969 &quot;The Metropolis and Mental Life,&quot; in <i>Classic Essays on the Culture of Cities</i>. Edited by R. Sennett, pp.   47-60. New York: Appleton-Century-Crofts.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000179&pid=S1900-5407200800020000500052&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Simone, A.</b>   2004 People as Infrastructure: Intersecting Fragments in Johannesburg. <i>Public Culture </i>16:407-429.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000180&pid=S1900-5407200800020000500053&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Smart, A., and J. Smart</b>.   2003 Urbanization and the Global Perspective. <i>Annual Review of Anthropology </i> 32:263-285.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000181&pid=S1900-5407200800020000500054&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Socolow, Susan.</b>   1986 &quot;Introduction&quot;. En: Louisa Schell Hoberman y Susan Socolow Ed. <i>Cities and      Society in Colonial Latin America</i>. Albuquerque: University of New Mexico Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000182&pid=S1900-5407200800020000500055&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Soja, E. W.</b>   1989 <i>Postmodern Geographies: The Reassertion of Space in Critical Social Theory</i>. New York: Verso.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000183&pid=S1900-5407200800020000500056&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Taylor, P. J.</b>   2004 <i>  World City Network: A Global Urban Analysis</i>. New York: Routledge.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000184&pid=S1900-5407200800020000500057&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Vargas, Juli&aacute;n</b>   2007. <i> Historia de Bogot&aacute;. Conquista y Colonia</i>.    Bogot&aacute;: Villegas Editores, Alcald&iacute;a mayor de Bogot&aacute;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000185&pid=S1900-5407200800020000500058&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Weber, M.</b>   1969 &quot;The Nature of the City,&quot; in <i>Classic Essays on the Culture of Cities</i>.    Edited by R. Sennett, pp. 23-46. New York: Appleton-Century Crofts.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000186&pid=S1900-5407200800020000500059&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Williams, R.</b>   1973 <i>The Country and the City</i>. New York: Oxford University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000187&pid=S1900-5407200800020000500060&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> 1977. <i>Marxism and Literature</i>. Oxford: Oxford University Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000188&pid=S1900-5407200800020000500061&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Wirth, L.</b>   1969 &quot;Urbanism as a Way of Life,&quot; in <i>Classic Essays on the Culture of Cities</i>.    Edited by R. Sennett, pp. 143-164. 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