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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[The purpose of this article is to illustrate the experience of the research group that worked in Ciudad Perdida &#40;Magdalena, Colombia&#41; between 1979 and 1983, and to discuss the production of anthropological knowledge as a spatial practice. The group&#39;s itinerary begins in an archaeological site and ends with the creation of an NGO and the invention of the Sierra Nevada de Santa Marta as a planning region. Through the reconstruction of the journey, the article explores the different spatial realities produced by the appropriation, study and management of the site. Finally, it juxtaposes them with the meaning that this place has for it&#39;s aboriginal inhabitants.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[   <font face="verdana" size="2">      <p align="center" ><font face="verdana" size="4"><b>LA INVERSI&Oacute;N DE LA SIERRA NEVADA</b></font></p>      <p><b>Margarita Serje</b></p>     <p><i>Doctora en Antropolog</i><i>&iacute;a  Social y Etnolog&iacute;a, Ecole des Hautes Etudes en Sciences Sociales, Par&iacute;s. </i>Profesora Asociada, Departamento de Antropolog&iacute;a, Universidad de los Andes,  Bogot&aacute;. Correo electr&oacute;nico:<i> <a href="mailto:mserje@uniandes.edu.co">mserje@uniandes.edu.co</a>. </i>Agradezco los comentarios que generosamente me hizo Carlos Alberto Uribe.</p>  <hr size="1">      <p><b>RESUMEN</b></p>      <p>Este art&iacute;culo se propone ilustrar y discutir, a trav&eacute;s de la experiencia del  equipo de investigadores del proyecto de Ciudad Perdida entre 1979 y 1983, la producci&oacute;n de  conocimiento antropol&oacute;gico como una pr&aacute;ctica espacial. Se narra el itinerario  que este grupo recorre a partir de un sitio arqueol&oacute;gico y que culmina con la  creaci&oacute;n de una ONG y con la invenci&oacute;n de la Sierra Nevada de Santa Marta como  regi&oacute;n de planificaci&oacute;n. Al repetir este recorrido, se exploran las diferentes  realidades espaciales que se producen con la apropiaci&oacute;n, estudio y manejo de  este sitio arqueol&oacute;gico y se yuxtaponen con el sentido que tiene este lugar para  las comunidades ind&iacute;genas habitantes de la zona.</p>      <p><b>PALABRAS CLAVE</b>    <br> Utop&iacute;a, paisaje, lugar, lugares sagrados, zona de intervenci&oacute;n.</p>  <hr size="1">      <p><b>ABSTRACT</b>    <br>          ]]></body>
<body><![CDATA[<p>The purpose of this article is to illustrate the experience of the research    group that worked in Ciudad Perdida &#40;Magdalena, Colombia&#41; between   1979 and  1983, and to discuss the    production of anthropological knowledge as a spatial practice. The group&#39;s    itinerary begins in an archaeological site and ends with the creation of an NGO    and the invention of the Sierra Nevada de Santa Marta as a planning region.    Through the reconstruction of the journey, the article explores the different    spatial realities produced by the appropriation, study and management of the    site. Finally, it juxtaposes them with the meaning that this place has for it&#39;s    aboriginal inhabitants.</p>        <p><b>KEY WORDS</b>    <br> Utopia, landscape, place, sacred places, zone of intervention.</p>      <p>FECHA DE RECEPCI&Oacute;N: JULIO DE 2008 / FECHA DE ACEPTACI&Oacute;N: NOVIEMBRE DE 2008</p>  <hr size="1">      <p>Hace varios a&ntilde;os   hice parte de un experimento ut&oacute;pico inspirado en la magia que la Sierra Nevada    de Santa Marta tiene en Colombia. Sus cumbres nevadas, que se erigen a tan solo    45 Km del litoral en medio de &aacute;ridas planicies del Caribe colombiano, marcan el    &aacute;pice de esta cordillera, que tiene la forma de una pir&aacute;mide de base triangular.    All&iacute; se encuentra la casi totalidad del espectro de ecosistemas tropicales    americanos y una gran cantidad de especies end&eacute;micas por lo que fue declarada    &quot;Reserva del Hombre y la Biosfera&quot; por la Unesco en 1979. Para el momento de la    Conquista, la sierra estaba habitada por una numerosa poblaci&oacute;n organizada y    asentada en m&uacute;ltiples poblados de diversos tama&ntilde;os que los europeos consideraron    &quot;provincias&quot;: &quot;Los pueblos pasaban de mil, con caminos enlosados de cuatro y    seis leguas; las lenguas muchas&quot; &#40;Sim&oacute;n, 1982 vol. VI:272&#41;. La sociedad que    habit&oacute; esta regi&oacute;n, conocida como Tairona se considera, junto con la Muisca,    como una de las grandes civilizaciones precoloniales Colombianas. Hoy, las    tierras altas de la sierra est&aacute;n habitadas por cuatro grupos ind&iacute;genas,    descendientes de estos constructores de ciudades y caminos de piedra y han sido    objeto de una seductora representaci&oacute;n que enfatiza el hecho de que se piensan a    s&iacute; mismos como los &quot;hermanos mayores&quot;, protectores de la Ley de la Madre que    tienen a su cargo el equilibrio del mundo. As&iacute;, aparecen impecablemente vestidos    de blanco, adivinando, pensando y haciendo &quot;pagamento&quot;. Esta imagen ha sido    nutrida, sin duda, por etn&oacute;grafos y arque&oacute;logos, periodistas y viajeros. La    Sierra Nevada, rodeada por el halo de estos ind&iacute;genas que se dirigen a los    blancos con un lenguaje a la vez po&eacute;tico y esot&eacute;rico, aparece como un lugar m&aacute;gico desde    donde nos hablan con &quot;voces de sabidur&iacute;a ancestral&quot;<sup><a name="s1" href="#1">1</a></sup>.</p>         <p>En la cara de la sierra que mira al mar se comenzaron a estudiar a mediados de    la d&eacute;cada de los setenta los vestigios de las antiguas ciudades tairona, entre    los que sobresali&oacute; el sitio conocido como &quot;Ciudad Perdida&quot;. All&iacute; se puso en    marcha una estaci&oacute;n de investigaci&oacute;n del Instituto Colombiano de Antropolog&iacute;a &#91;ICAN&#93;.<sup><a name="s2" href="#2">2</a></sup>    Yo hac&iacute;a parte del equipo que lleg&oacute; a vivir al sitio en 1980, cuando &eacute;ste ya    hab&iacute;a sido guaqueado, excavado y estaba en buena parte restaurado. Para ese    entonces esa vertiente estaba en su mayor parte cubierta por bosques h&uacute;medos    tropicales de monta&ntilde;a. La belleza y profusi&oacute;n de estos boques en medio de los    cuales aparec&iacute;an las estructuras l&iacute;ticas hizo que para nosotros, el recuperar    los sitios arqueol&oacute;gicos no solo deb&iacute;a tener como objetivo estudiar la    organizaci&oacute;n social de los tairona, sino tambi&eacute;n su organizaci&oacute;n para manejar el    ambiente. Consideramos que adem&aacute;s de los vestigios que se recuperaban en las    excavaciones y del conjunto de la infraestructura l&iacute;tica, deb&iacute;amos entender como    informaci&oacute;n arqueol&oacute;gica la cultura y el modo de vida de los ind&iacute;genas que    habitan hoy la regi&oacute;n, as&iacute; como el bosque mismo en la medida en que su historia    se relaciona necesariamente con la ocupaci&oacute;n tairona. Nos pregunt&aacute;bamos c&oacute;mo un    poblamiento tan denso no comprometi&oacute; la potencialidad de regeneraci&oacute;n de estos    bosques: &iquest;C&oacute;mo hab&iacute;a sido posible que tras la ocupaci&oacute;n intensiva que evidencia    la infraestructura l&iacute;tica pudieran resurgir bosques cuando la ocupaci&oacute;n reciente    en menos de 30 a&ntilde;os ya dejaba tras de s&iacute; laderas cubiertas por potreros donde la    erosi&oacute;n es irreversible?</p>      <p>Para esos a&ntilde;os estaba en pleno auge la bonanza de la marihuana &#40;<i>cannabis      sativa</i>&#41;. El cultivo de la <i>Santa Marta Golden </i>avanzaba como una sombra    que iba talando a su paso miles de hect&aacute;reas de bosque. Con ella penetraron    aguas arriba contingentes de campesinos-colonos que ven&iacute;an empujando a los    ind&iacute;genas a las tierras m&aacute;s altas. Frente a esta situaci&oacute;n nos propusimos    establecernos de manera permanente en el terreno, con el reto de convivir con    los vecinos tanto colonos como ind&iacute;genas. Para nosotros no se trataba ya    solamente de estudiar los vestigios arqueol&oacute;gicos, sino de que ese conocimiento    y nuestra presencia en el lugar tuvieran una funci&oacute;n expl&iacute;cita en la regi&oacute;n.    Resolvimos asumir que la presencia de etn&oacute;grafos o de arque&oacute;logos necesariamente    transforma la vida de las localidades donde trabajan. As&iacute;, la idea de estudiar    &quot;el pasado para el futuro&quot; se convirti&oacute; en uno de nuestros principales    objetivos. Delimitamos entonces un &aacute;rea para constituirla en &quot;Parque Hist&oacute;rico y    Reserva Natural del Alto R&iacute;o Buritaca&quot;, donde fuera posible cumplir dos grandes objetivos. El primero era    proteger —al menos en esa zona— la integridad del territorio ind&iacute;gena frente a    la violenta embestida de los cultivos de marihuana; y el segundo, proteger tanto    los sitios arqueol&oacute;gicos como el bosque, ambos igualmente valiosos como    evidencia del poblamiento antiguo y como paisaje del poblamiento ind&iacute;gena    actual. Para lograrlo, decidimos construir &quot;estaciones&quot; en sitios estrat&eacute;gicos.    Concientes de que la forma f&iacute;sica que asumiera nuestra presencia institucional    iba a expresar un tipo de relaci&oacute;n con el entorno, decidimos que los lugares    habitados por nosotros deb&iacute;an enunciar en su arquitectura y paisajismo lo que el    poblamiento ind&iacute;gena &#40;tanto el actual como el antiguo&#41; ense&ntilde;a en cuanto a uso de    materiales, manejo del agua y la vegetaci&oacute;n e implantaci&oacute;n topogr&aacute;fica.</p>        <p>Las autoridades ind&iacute;genas ven&iacute;an con frecuencia a ver qu&eacute; est&aacute;bamos haciendo con    los sitios donde sus &quot;antiguos se volvieron piedra&quot; y expl&iacute;citamente nos    solicitaron no excavar. Los vestigios arqueol&oacute;gicos son para ellos lugares donde    se guardan las &quot;madres&quot; de muchos saberes rituales, rituales y curaciones.    Aunque obviamente, ni para nosotros ni para el ICAN estuviera en cuesti&oacute;n el    derecho a permanecer en el sitio, convinimos no hacer excavaciones    arqueol&oacute;gicas, dedic&aacute;ndonos a estudiar lo ya guaqueado y a hacer prospecciones    regionales. Buscamos establecer con ellos una relaci&oacute;n de intercambio y amistad,    o por lo menos de la amistad que puede ofrecer quien usurpa un territorio, as&iacute;    sea a nombre del patrimonio nacional.</p>        <p>En nuestro af&aacute;n por proteger la zona, comenzamos tambi&eacute;n a conocer y a    acercarnos a los colonos. Nos encontramos con gentes que ven&iacute;an de las regiones    del pa&iacute;s m&aacute;s azotadas por la violencia. Los &quot;m&aacute;s antiguos&quot; hab&iacute;an llegado en la    d&eacute;cada de La Violencia &#40;1948 -1958&#41; y hab&iacute;an subido atra&iacute;dos por la guaquer&iacute;a.    Para esa &eacute;poca, nos contaban, el oro sal&iacute;a a montones. Detr&aacute;s de los guaqueros,    los campesinos-colonos se fueron asentando sobre la infraestructura de piedra    del antiguo poblamiento tairona que parece cubrir la esquina noroccidental de la    serran&iacute;a. Estando en pleno auge la guaquer&iacute;a, apareci&oacute; la <i>marimba</i>.    Atra&iacute;do por esta nueva bonanza lleg&oacute; un segundo contingente de colonos. La    marihuana era imbatible. Las ganancias eran tales que cuando se &quot;coronaba&quot; un    negocio, se prend&iacute;an los cigarrillos con billetes de cien pesos. Cuando    establecimos el Parque Hist&oacute;rico el negocio estaba en su c&uacute;spide.</p>        <p>Desde el punto de vista institucional, nuestro proyecto estaba administrado por    una ONG creada para agilizar su financiaci&oacute;n: la Fundaci&oacute;n Cultura Tairona. Este    esquema fue objeto de un gran debate p&uacute;blico —que no viene al caso tratar aqu&iacute;—    que culmin&oacute; a mediados de la d&eacute;cada de 1980 con el cierre del proyecto y la    expulsi&oacute;n de la zona de quienes trabaj&aacute;bamos all&iacute;. Para entonces ya comenzaba a    entrar en decadencia la marihuana, y la violencia y la pobreza eran evidentes en    la zona de colonizaci&oacute;n. El cierre del proyecto no iba, sin embargo, a detener el compromiso que nuestro grupo sent&iacute;a con los amigos y    vecinos, tanto ind&iacute;genas como colonos. Resolvimos entonces crear una fundaci&oacute;n    —a imagen y semejanza de la que para este momento se disolv&iacute;a— que tuviera la    capacidad de recibir financiaci&oacute;n tanto del sector p&uacute;blico como del privado, con    el fin de continuar con nuestro cometido.</p>        ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Creamos entonces en 1986 la Fundaci&oacute;n Pro Sierra Nevada de Santa Marta &#91;FPS&#93;.    Siguiendo los par&aacute;metros de nuestras estaciones de investigaci&oacute;n en el Buritaca,    uno de los primeros proyectos fue el establecimiento en plena zona de    colonizaci&oacute;n de un &quot;centro de apoyo a la comunidad&quot; para trabajar directamente    con la poblaci&oacute;n de campesinos. La premisa era que fortaleciendo este grupo y    proponi&eacute;ndole una f&oacute;rmula de habitaci&oacute;n, acorde con los principios de    sostenibilidad aprendidos del manejo del paisaje ind&iacute;gena y de la ocupaci&oacute;n    tairona, era posible lograr al mismo tiempo su bienestar y reducir la presi&oacute;n    sobre el territorio ind&iacute;gena y sus bosques. Comenzamos entonces a trabajar con    los colonos en las l&iacute;neas en las que normalmente se trabaja para el Desarrollo:    infraestructura, salud, educaci&oacute;n, peque&ntilde;os proyectos productivos, formaci&oacute;n de    l&iacute;deres comunitarios y acompa&ntilde;amiento en las gestiones ante las instituciones    estatales.</p>        <p>Entonces lleg&oacute; la guerrilla a la sierra. Al principio solo hac&iacute;an apariciones    espor&aacute;dicas hasta que finalmente llegaron a quedarse en la regi&oacute;n. Comenzaron    haciendo reuniones con &quot;la comunidad&quot; y visitando finca por finca. Advirtieron    que quienes robaran, incumpliera n los compromisos, les pegara n a sus mujeres o    se comportaran de manera dudosa iban a ser severamente castigados. Entraron a    planear los trabajos colectivos comunitarios y a intervenir y dirimir conflictos    cotidianos. Al indagar con una de las vecinas campesinas c&oacute;mo ve&iacute;a ella la    intervenci&oacute;n de la guerrilla, me la describi&oacute; con una sola frase: &quot;Los de la    guerrilla hacen lo mismo que ustedes, pero con armas&quot;. Estaba todav&iacute;a    desconcertada por el choque que me produjeron estas palabras, d&aacute;ndoles vueltas y    tratando de descifrar qu&eacute; demonios quer&iacute;an decir, cuando unos d&iacute;as m&aacute;s tarde,    por el camino nos alcanz&oacute; una recua de mulas cargadas que ven&iacute;a sin arriero.    Cada mula tra&iacute;a un cuerpo a medio amarrar, ensangrentado, sobre el lomo: eran    todos vecinos campesinos de la vereda. Seg&uacute;n lo reconoci&oacute; unos d&iacute;as m&aacute;s tarde la    guerrilla en una reuni&oacute;n comunitaria, se trataba de &quot;hacer limpieza&quot; en la    regi&oacute;n y para ello hab&iacute;an ajusticiado a todos aquellos que consideraban    &quot;problem&aacute;ticos&quot;.</p>        <p>El pensar que nosotros hac&iacute;amos &quot;lo mismo que la guerrilla, pero sin armas&quot;,    hizo que para m&iacute; terminara el idilio del Parque Hist&oacute;rico y me confront&oacute; a una    serie de preguntas que me han asaltado permanentemente desde entonces. El tratar    de descifrar esa afirmaci&oacute;n que me hizo la mujer campesina me oblig&oacute; a mirar con    extra&ntilde;eza lo que significa tratar de impulsar propuestas de Orden en la vida de    una poblaci&oacute;n y sus paisajes. Comenc&eacute; a darme cuenta de que nuestro grupo de    trabajo hab&iacute;a transformado este lugar en un proyecto   que necesariamente surg&iacute;a de nuestra manera de conceptualizar la Sierra como    paisaje, como regi&oacute;n de planificaci&oacute;n, como territorio &eacute;tnico.</p>        <p>Mi objetivo en este art&iacute;culo es el de discutir e ilustrar, a trav&eacute;s del  itinerario de esta experiencia que se inicia en un sitio arqueol&oacute;gico y lleva a  la invenci&oacute;n de una regi&oacute;n de planificaci&oacute;n, una serie de problemas clave  relacionados con la dimensi&oacute;n espacial de este proceso. Me interesa poner en  evidencia la producci&oacute;n de conocimiento antropol&oacute;gico como una &quot;pr&aacute;ctica  espacial&quot;<sup><a name="s3" href="#3">3</a></sup>, es decir como una estrategia y/o t&eacute;cnica  por medio de la cual se configura una realidad espacial al tiempo que se opacan  las condiciones sociales de su producci&oacute;n<sup><a name="s4" href="#4">4</a></sup>. Para  ello, me centrar&eacute; en una serie de pr&aacute;cticas constitutivas de la etnograf&iacute;a, la  arqueolog&iacute;a y la antropolog&iacute;a aplicada a trav&eacute;s de las cuales se crea una  geograf&iacute;a imaginativa &#40;Said 1979&#41; que, como campo discursivo, va de la mano y es  condici&oacute;n de posibilidad de una geograf&iacute;a de la gesti&oacute;n y de la intervenci&oacute;n &#40;Trouillot  2003&#41;.</p>      <p>Este trabajo es tambi&eacute;n una etnograf&iacute;a que busca repetir las rutas tanto  concretas como metaf&oacute;ricas que recorri&oacute; nuestro grupo de trabajo, a trav&eacute;s de  las cuales se establecieron nuevas conexiones entre la sierra y el mundo. Me voy  a centrar en el proceso que tiene lugar en la d&eacute;cada de los ochenta cuando el  grupo del Buritaca,<sup><a name="s5" href="#5">5</a></sup> a partir de un &quot;relato de  origen&quot; crea la Fundaci&oacute;n pro Sierra y se inventa la Sierra Nevada como regi&oacute;n  objeto de su intervenci&oacute;n. Adem&aacute;s de poner en evidencia el itinerario de la  invenci&oacute;n del macizo como proyecto y como relato cultural, este trabajo pretende  contribuir a la visualizaci&oacute;n y legitimaci&oacute;n de las nociones de territorialidad  de las poblaciones que lo habitan. Desde ese punto de vista, intento aqu&iacute; hacer  un aporte a la etnograf&iacute;a del lugar, a &quot;las formas en que los ciudadanos del  mundo constituyen sus paisajes y en que se consideran conectados con ellos &#91;...&#93;  la forma en que los hombres y las mujeres habitan&quot; &#40;Basso 1996: 54&#41;. A pesar de  que se ha se&ntilde;alado que este tipo de trabajos no son abundantes &#40;Hirsch, 1995,  Feld y Basso 1996&#41;, la antropolog&iacute;a se ha preocupado siempre por el &quot;aura&quot; del  lugar, por las formas que asume la experiencia de la geograf&iacute;a y se da  significado al entorno en que se vive. La etnograf&iacute;a, al sumergirse en la  textura de la cotidianidad ha tratado de &quot;ver un mundo en un grano de arena&quot;  prestando el famoso verso de William Blake; o como lo pone Basso, &quot;en unos  granos de arena cuidadosamente interpretados&quot; &#40;Basso 1996:57&#41;, entendiendo as&iacute;  los lugares habitados por la gente como espacios llenos por mundos, por mundos  sociales y culturales.</p>      <p><b>1. LA UTOPIA</b></p>      <p>La indagaci&oacute;n de estos granos de arena es, de cierta manera, un proyecto  ut&oacute;pico. La utop&iacute;a, parafraseando a L. Wittgenstein, es ante todo una imagen. No  cualquier imagen. Se trata de una imagen fundamentalmente espacial que se crea a  partir de las mismas premisas con las que Tomas More &#40;1997 &#91;1516&#93;&#41; crea un  proyecto social que sit&uacute;a en su famosa isla en Ultramar. Contrariamente a lo que  sugiere el retru&eacute;cano a partir del cual More forj&oacute; la palabra —<i>eutopos, </i> un lugar afortunado y <i>outopos</i>, un lugar que no existe— las utop&iacute;as se  conciben en primera instancia como proyectos instrumentales. Como tales, siempre  han tenido lugar. Aunque se imaginan en sitios lejanos a los que se llega en un  viaje —muchas veces de descubrimiento—, se proponen siempre en t&eacute;rminos  factibles. No hay que olvidar que la tradici&oacute;n de la Utop&iacute;a se nutri&oacute; de los  relatos de viajes de los exploradores, misioneros, comerciantes y naturalistas,  quienes en muchos casos se desempe&ntilde;aban adem&aacute;s como administradores coloniales.  Estos relatos surg&iacute;an de su experiencia pr&aacute;ctica. De hecho, muchos proyectos  civilizatorios como las Ordenanzas de Leyes de Felipe II o las misiones jesuitas  en Sur Am&eacute;rica adoptaron la forma de proyectos ut&oacute;picos.</p>      <p>La Utop&iacute;a planifica y define formas ideales —espacios e instituciones— para la  familia, la comunidad y el gobierno, codifica totalitariamente la vida cotidiana  en nombre del bien colectivo. Funda ciudades, construye edificios y plazas donde  distribuye funciones, creando espacios geom&eacute;tricamente ordenados, estandarizados  y legibles y estableciendo horarios minuciosamente organizados.<sup><a name="s6" href="#6">6</a></sup>  No hay que olvidar que More nos propone en <i>Utop&iacute;a </i>una ciudad-estado  gobernada por la raz&oacute;n. Su premisa b&aacute;sica es que la existencia de este orden  f&iacute;sico e institucional ser&iacute;a garante en s&iacute; mismo del orden y la armon&iacute;a social.  Si bien parte de la cr&iacute;tica de una sociedad hist&oacute;rica particular, la Utop&iacute;a  tiene la pretensi&oacute;n de ser una formula universal. Por medio de la evocaci&oacute;n de  un mito fundacional &#40;como el del &quot;bien com&uacute;n&quot; o el comunitarismo cristiano&#41;, y  en nombre de unos ideales &eacute;ticos y est&eacute;ticos &#40;los de Occidente&#41;, la utop&iacute;a  prescribe —m&aacute;s que describe— un orden institucional y espacial, sistem&aacute;tico y  racional. Quiz&aacute; por ello hace tabula rasa, planificando y dise&ntilde;ando sobre un  lienzo en blanco —desde el punto de vista te&oacute;rico de una mirada superior, el ojo  divino— espacios e instituciones cuya l&oacute;gica abstracta, de regularidad y  simetr&iacute;a podr&iacute;a ser aplicada indistintamente en cualquier lugar. El pensamiento  ut&oacute;pico es eje de la ideolog&iacute;a de la modernizaci&oacute;n, as&iacute; como de la arquitectura,  el urbanismo y la planificaci&oacute;n modernos.</p>      <p>La idea de que la creaci&oacute;n de un entorno espec&iacute;fico —en este caso un entorno que  responde a especificaciones precisas— puede generar unas condiciones sociales  deseadas constituye, sin embargo, un supuesto determinista terriblemente  ingenuo. La puesta en marcha de las utop&iacute;as, termina pervirtiendo de maneras  parad&oacute;jicas los objetivos que se proponen. Se ha ilustrado ampliamente que este  efecto parad&oacute;jico se produce, fundamentalmente, porque las propuestas ut&oacute;picas  descontextualizan y deshistorizan los procesos sobre los que pretende actuar por  lo que son siempre procesos conflictivos y resistidos que terminan por producir  efectos inesperados, muchas veces perversos &#40;Cf.  Holston 198 9, Mitchell 1988, Rabinow 1989 , Berman, 1988&#41;.</p>      <p>La etnograf&iacute;a y la arqueolog&iacute;a &quot;cl&aacute;sicas&quot; &#40;es decir, antes de la llamada  &quot;crisis de la representaci&oacute;n&quot;&#41;, en la medida en que han buscado representar,  apropiar, conservar o reconstruir mundos lejanos en el espacio y/o en el tiempo,  se han formulado en t&eacute;rminos ut&oacute;picos, reflejando una nostalgia por todo aquello  que se quisiera que fuera ordenado y armonioso, sagrado y aut&eacute;ntico. No  casualmente L&eacute;vi-Strauss sit&uacute;a el nacimiento de la etnolog&iacute;a moderna en una obra  ut&oacute;pica de Jean Jacques Rousseau, pregunt&aacute;ndose si &quot;&iquest;no es acaso la etnolog&iacute;a  contempor&aacute;nea, su programa y sus m&eacute;todos los que aparecen all&iacute; delineados?&quot; y  afirmando que,</p>  <ul>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>No solo se puede considerar a Rousseau como un antecesor de la etnolog&iacute;a, sino  que hay que reconocer que &eacute;l es, de hecho, quien la funda. Primero, de manera  pr&aacute;ctica, al escribir su <i>Discurso sobre el origen y los fundamentos de la  desigualdad entre los hombres</i>, donde formula los problemas que presenta la  relaci&oacute;n entre naturaleza y cultura y que se puede entender como un primer  tratado de etnolog&iacute;a general; y segundo, en el plano te&oacute;rico, al distinguir de  forma admirablemente clara y sucinta, el objeto propio de la etnolog&iacute;a, del  objeto del moralista o del historiador &#40;Levi-Strauss, 1973: 46&#41;<sup><a name="s7" href="#7">7</a></sup>.</p>    </ul>      <p>Esta aseveraci&oacute;n resulta particularmente expresiva en la medida en que en el <i> Discurso</i>, Rousseau no plasma ni una descripci&oacute;n etnogr&aacute;fica, ni un estudio  etnol&oacute;gico, sino una construcci&oacute;n de car&aacute;cter ut&oacute;pico del estado de naturaleza,  representado en su creaci&oacute;n del mundo del salvaje. Lo que me interesa, m&aacute;s que  discutir esa obra de Rousseau, es destacar la forma en que la imaginaci&oacute;n  ut&oacute;pica ha impregnado la imaginaci&oacute;n etnol&oacute;gica y, por lo tanto, las  descripciones etnogr&aacute;ficas. Esta relaci&oacute;n entre la utop&iacute;a y la etnograf&iacute;a ha  sido poco reconocida y poco problematizada en los debates antropol&oacute;gicos. En la  historia del grupo de trabajo del Buritaca y de la creaci&oacute;n de la FPS, esta  conjunci&oacute;n de la imaginaci&oacute;n ut&oacute;pica con la imaginaci&oacute;n etnogr&aacute;fica se expresa  de varias maneras. Se presenta como un juego de espejos que abre y cierra  caminos. Para narrar los pormenores de estos cruces y visualizar los efectos de esta  conjunci&oacute;n hay que comenzar —a la manera de More— por &quot;el terreno&quot;.</p>      <p><b>2. EL TERRENO</b></p>      <p>Quiz&aacute; la primera lecci&oacute;n que aprendimos los miembros del equipo del Parque  Hist&oacute;rico, tuvo que ver con la inestabilidad del concepto de &quot;terreno&quot;. El  trabajo de campo, que constituye uno de los ejes distintivos de la disciplina,  se desarroll&oacute; hist&oacute;ricamente a trav&eacute;s de una serie de pr&aacute;cticas que implican una  experiencia de <i>d&eacute;paysement: </i>de desplazamiento y de extra&ntilde;amiento,  inscrito en una cierta forma de entender la pr&aacute;ctica del viaje &#40;Rabinow 1977,  Fabian 1983, Cliford 1988-1997, Gupta y Fergusson 19 97, Trouillot 2003&#41;. En &quot;el  terreno&quot; se entrelazan los mundos situados m&aacute;s all&aacute; de los confines de lo  moderno con un modo de comprenderlos y narrarlos. El terreno es una pr&aacute;ctica que  localiza y circunscribe en el espacio. En los an&aacute;lisis tanto arqueol&oacute;gicos como  antropol&oacute;gicos se tuvo como certeza el isomorfismo entre espacio, tiempo y  cultura &#40;Fabian 1983, Gupta y Fergusson 1992a, 1992b, Tomas 1996&#41;, en la medida  en que la comprensi&oacute;n de los procesos sociales se anclaba en la descripci&oacute;n de  la vida cotidiana en una localidad &#40;una aldea, una isla, una maloca&#41;, que se  identifica con el grupo particular que lo habita: &quot;la etnograf&iacute;a reflejaba as&iacute;  el encuentro circunstancial del antrop&oacute;logo, quien se ha desplazado  voluntariamente y el &#39;otro&#39; involuntariamente fijado a una localidad&quot; &#40;Appadurai  1988:16&#41;. De esta manera, el objeto de observaci&oacute;n de la antropolog&iacute;a, termin&oacute;  siendo definido cada vez m&aacute;s en t&eacute;rminos de un lugar y, como lo se&ntilde;ala Trouillot  &#40;2003:122-3&#41;, se tiende a &quot;concebir los lugares en el mejor de los casos como <i> locales </i>y en el peor como <i>localidades</i>, m&aacute;s que como localizaciones ,  en el sentido en que su car&aacute;cter situacional en tanto que localizaci&oacute;n siempre  queda un poco vago&quot;.<sup><a name="s8" href="#8">8</a></sup> Los miembros del grupo del  Buritaca al enfrentar la coyuntura hist&oacute;rica de la sierra nos vimos obligados a <i>situar </i>el campo en el que trabaj&aacute;bamos, prefigurando la crisis  epistemol&oacute;gica que atravesar&iacute;a la disciplina en la d&eacute;cada de 1980.</p>      <p>Nuestro terreno era en un comienzo el sitio arqueol&oacute;gico, la Ciudad Perdida.  &Eacute;ste se vio desestabilizado, primero, desde el punto de vista temporal. Cuando  comenzaron a aparecer artefactos de la ocupaci&oacute;n castellana, tuvimos que asumir  que el &quot;piso cultural&quot; no hablaba tanto de la realidad sincr&oacute;nica de una cultura  amerindia pura, sino de un proceso social marcado por la relaci&oacute;n colonial.  Despu&eacute;s, desde el punto de vista espacial pues al tratar de determinar los l&iacute;mites del sitio, nos encontramos que no era posible establecer un  per&iacute;metro claro para el conglomerado de estructuras l&iacute;ticas: la densidad de  terrazas y muros de contenci&oacute;n disminuye a lo largo de los caminos y nuevamente  aumenta hasta conformar una nueva aglomeraci&oacute;n, haciendo imposible establecer  l&iacute;mites claros entre &eacute;stas &#40;Serje 1984*&#41;. Muy pronto, &quot;el sitio&quot; tuvo que ser  ampliado para abarcar el continuo espacial que evidencia la infraestructura  l&iacute;tica en las cuencas de los r&iacute;os Guachaca, Buritaca y Don Diego. El &quot;terreno&quot;  se transform&oacute; de nuevo cuando introdujimos el concepto del paisaje y la cultura  hist&oacute;rica de los ind&iacute;genas como informaci&oacute;n relevante para la interpretaci&oacute;n  arqueol&oacute;gica. Este hecho nos forz&oacute; a dejar de lado un objeto de estudio definido  como un conjunto de rasgos y objetos, para visualizarlo como una compleja red de  relaciones sociales donde el campo aparec&iacute;a m&aacute;s bien como un &aacute;mbito abierto,  conectado de varias formas con el mundo &quot;externo&quot;.</p>      <p>El &quot;campo&quot; dej&oacute; entonces de ser el lugar discreto —como una isla en medio de la  selva a la que se llegaba en helic&oacute;ptero— un lugar &quot;otro&quot; separado de nuestras  vidas &quot;reales&quot;: el campo cl&aacute;sico de la etnograf&iacute;a <i>&agrave; la </i>Malinowski. Se vio  transformado en un territorio en el que nuestras vidas estaban involucradas.  Primero, porque nuestra presencia era cada vez m&aacute;s permanente, lo que hizo que  las relaciones que establecimos entre nosotros como equipo de trabajo &#40;en el que  interactu&aacute;bamos investigadores y trabajadores&#41; y con los vecinos, tanto  ind&iacute;genas como campesinos, se convirtieran en relaciones personales. Segundo,  nuestra pretensi&oacute;n de convertir Ciudad Perdida y el Parque mismo en un modelo de  habitaci&oacute;n para la regi&oacute;n hizo que estableci&eacute;ramos con los vecinos —tanto  ind&iacute;genas como campesinos-colonos— una relaci&oacute;n que ten&iacute;a muchos aspectos de  tipo pragm&aacute;tico y que inclu&iacute;a el intercambio de productos y de conocimientos, lo  que introduc&iacute;a nuevas aristas a la relaci&oacute;n investigador-informante que para ese  momento caracterizaba la pr&aacute;ctica etnogr&aacute;fica. Y tercero, porque el haber  constituido un &aacute;rea protegida donde efectivamente imped&iacute;amos, con el apoyo de  una columna del Ej&eacute;rcito Nacional, la entrada de motosierras y de cultivadores  de &quot;marimba&quot;, hizo que al poco tiempo los &quot;combos&quot; armados que proteg&iacute;an estos  cultivos nos hicieran llegar amenazas. Todo ello dio un giro visceral al sentido  que el proyecto ten&iacute;a para nosotros. Santa Marta y Bogot&aacute; dejaron de ser lugares  donde estar c&oacute;modamente &quot;por fuera&quot; del campo y se convirtieron en otro campo de  batalla para hacer presi&oacute;n institucional y gesti&oacute;n. De hecho, estas actividades  &quot;no acad&eacute;micas&quot; incidieron en el desprestigio del proyecto de investigaci&oacute;n y en  su liquidaci&oacute;n. Sin embargo, para cuando se dio el cierre del proyecto y la  demanda de que sali&eacute;ramos de nuestro Parque Hist&oacute;rico, &eacute;ste ya hab&iacute;a adquirido  realidad material: a la nueva administraci&oacute;n del ICAN se le hizo entrega de un  &quot;sitio&quot; que ya no era &uacute;nicamente Ciudad Perdida, sino un &aacute;rea en el alto  Buritaca, delimitada por una serie de estaciones abiertas a la vez como sitios arqueol&oacute;gicos y como centros  de interacci&oacute;n con los vecinos en las fronteras del &aacute;rea protegida<sup><a name="s9" href="#9">9</a></sup>.</p>      <p>Estas estaciones ten&iacute;an el objetivo central de convertirse en un modelo para el  presente y el futuro de la regi&oacute;n:</p>  <ul>    <p>&quot;el poblamiento actual de la regi&oacute;n por parte de la colonizaci&oacute;n &#91;...&#93; desconoce  las pautas ambientales en sus asentamientos al tratar de reproducir los esquema  urbano-industriales de habitaci&oacute;n. Por ser &eacute;ste uno de los factores m&aacute;s  importantes en el impacto que el actual patr&oacute;n de asentamiento tiene en la  regi&oacute;n, se se&ntilde;ala la urgente necesidad de desarrollar un modelo de habitaci&oacute;n  basado en las experiencias tradicionales que particularmente expresan los  vestigios arqueol&oacute;gicos y la cultura ind&iacute;gena kogui&quot; &#40;Serje, 1987a*:1&#41;.</p>    </ul>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>3. EL MODELO Y EL MAPA</b></p>      <p>Partiendo de que &quot;la arquitectura y el modo de habitaci&oacute;n que se adopte en  Ciudad Perdida es determinante como influencia en la regi&oacute;n y debe ser expresi&oacute;n  del ejemplo tairona, recuperando el pasado para transformar el presente y  proyectarse al futuro&quot;, este modelo se materializaba en un <i>orden espacial</i>:  se trataba de recuperar las pautas de implantaci&oacute;n en la topograf&iacute;a, la l&oacute;gica  de la infraestructura l&iacute;tica, el uso de materiales y el manejo del agua y la  vegetaci&oacute;n, para recrear un paisaje que reflejara la relaci&oacute;n con el entorno que  caracteriza el poblamiento hist&oacute;rico de la sierra, suponiendo que su &quot;cultura  apropi&oacute; y transform&oacute; los elementos naturales &#40;el relieve, la piedra, el agua&#41;  creando respuestas que revierten al paisaje, estableciendo as&iacute; una relaci&oacute;n  simbi&oacute;tica&quot; &#40;Serje 1985 *:111&#41;.</p>      <p>El equipo tuvo como un referente crucial el    trabajo de Gerardo Reichel. El m&eacute;todo &quot;etnoarqueol&oacute;gico&quot; propuesto por &eacute;l fue    central para el estudio y la interpretaci&oacute;n de los sitios tairona. Nuestro    referente principal era sin duda la &quot;cultura kogui&quot; construida por la etnograf&iacute;a    de Reichel. Adem&aacute;s de &quot;Los Kogui: Una tribu de la Sierra Nevada de Santa Marta,    Colombia&quot; &#40;1950-51&#41;, tres de sus trabajos fueron especialmente inspiradores:    &quot;Training for the Priesthood among the Kogui of Colombia&quot; &#40;1976 a&#41;, &quot;Los templos    Kogui: Introducci&oacute;n al simbolismo y la astronom&iacute;a del espacio sagrado&quot; &#40;1977&#41; y    &quot;Te Loom of Life: A Kogui Principle of Integration&quot; &#40;1978&#41;<sup><a name="s10" href="#10">10</a></sup>.    El mundo Kogui que Reichel reconstruye en estos trabajos es sin duda un universo    ut&oacute;pico en el sentido en que el pensamiento ind&iacute;gena —uno de los ejes del    proyecto de Reichel— se presenta como un aparato cosmol&oacute;gico que se expresa a    trav&eacute;s de una l&oacute;gica de orden sist&eacute;mi-co, similar a la que describe como    fundamento del mundo Tucano en <i>Cosmolog&iacute;a como an&aacute;lisis ecol&oacute;gico</i>   &#40;Reichel, 1976 b&#41;. La imagen del universo hol&iacute;stico, arm&oacute;nico, en equilibrio con    el entorno, fundado en las premisas de un sistema de orden de cierta manera    atemporal y ahist&oacute;rico<sup><a name="s11" href="#11">11</a></sup> propuesto por Reichel,    inspir&oacute; el proyecto del Buritaca. Aqu&iacute;, nuestro grupo, que buscaba reconstruir    en el Parque Hist&oacute;rico el modo de vida ind&iacute;gena, centr&oacute; sus esfuerzos en    reproducir las formas de manejo del paisaje y del entorno para crear una    propuesta de c&oacute;mo habitar la sierra. El enfoque te&oacute;rico de la &quot;arqueolog&iacute;a    espacial&quot; &#40;Clarke, 1980 ; Rodr&iacute;guez, 1980*&#41;, nos aport&oacute; elementos espaciales    anal&iacute;ticos a partir de los cuales —en conjunci&oacute;n con la poderosa recreaci&oacute;n de    Reichel— le dimos un contenido vital a los vestigios arqueol&oacute;gicos y forma    material a un proyecto de &quot;habitaci&oacute;n&quot; para el futuro de la sierra. Es decir, a    un proyecto ut&oacute;pico.</p>        <p>El orden visual y geom&eacute;trico de este &quot;modelo de habitaci&oacute;n&quot; se creaba a partir    de la fusi&oacute;n de la l&iacute;tica tairona y de la arquitectura kogui &#40;<a href="#f1">ver figuras    1 y 2</a>&#41; e implicaba un tipo de manejo del paisaje en el &aacute;rea ocupada por las    estaciones. &Eacute;ste surgi&oacute; de un proceso de experimentaci&oacute;n basado en las pautas    ind&iacute;genas del manejo de la vegetaci&oacute;n &#40;Vollmer 1982* y Salazar 1982*&#41;. Para    recuperar el &quot;pasado para el futuro&quot; part&iacute;amos de entender &quot;el orden racional en    t&eacute;rminos marcadamente est&eacute;ticos &#91;...&#93; de la misma forma en que una ciudad    eficiente y organizada racionalmente se concibe como una ciudad que se ve    regimentada y ordenada en sentido geom&eacute;trico&quot; &#40;Scott, 1998: 4&#41;. Este modelo se    convirti&oacute; en uno de los ejes de acci&oacute;n de la FPS, pues para mantener el trabajo    del Parque Hist&oacute;rico y para aplicarlo en otras zonas, establecimos nuevas    estaciones que sirvieran de &quot;multiplicadoras&quot; de este modelo.</p>        <p>El segundo gran objetivo de la FPS era llamar la atenci&oacute;n del Estado hacia la    Sierra Nevada, demostrando que era posible intervenir adecuadamente en ella. La    sierra exist&iacute;a, para los entes territoriales que tienen jurisdicci&oacute;n sobre ella    &#40;naci&oacute;n, departamentos y municipios&#41;, como un &aacute;rea residual alejada de los    centros administrativos: &quot;este hecho ha impedido que existan pol&iacute;ticas y    lineamientos integrales para el manejo de la Sierra Nevada como regi&oacute;n, pues la    gesti&oacute;n se maneja desde tres centros que miran hacia la costa. La fundaci&oacute;n se    define entonces tomando el macizo como una unidad territorial que comprende el    &aacute;rea que topogr&aacute;ficamente conforma la serran&iacute;a y sus estribaciones, f&aacute;cilmente    identificable debido a su car&aacute;cter insular&quot; &#40;FPS, 1987&#41;. Nos propusimos entonces    hacer visible el macizo como unidad territorial, transform&aacute;ndolo en una realidad    legible a los ojos de las administraciones y mostrando su importancia    estrat&eacute;gica para la naci&oacute;n &quot;pues el pa&iacute;s tiene en la Sierra Nevada sus m&aacute;s    importantes bienes &eacute;tnicos, arqueol&oacute;gicos, ecol&oacute;gicos y culturales. Empero la    sierra es un medio fr&aacute;gil y su futuro no est&aacute; claro&quot; &#40;Mayr 1984*: 6-7&#41;. Se    trataba pues, no solo de darle visibilidad a la sierra, sino de proponer una    lectura particular de su realidad.</p>        <p align=center><a name=f1><img src="img/revistas/antpo/n7/n7a10f1.jpg"></a></p>      <p>Esta manera de mostrar la sierra se expresa en el &quot;relato de creaci&oacute;n&quot; de la FPS     que qued&oacute; plasmado en el libro <i>La Sierra Nevada de Santa Marta </i>&#40;Mayr et.     al. 1984*&#41;, concebido por quien ser&iacute;a el director y principal gestor de la     Fundaci&oacute;n en adelante. El libro, significativamente, presenta una imagen visual     de la sierra. Se trata de un <i>cofeetable book</i>, donde los art&iacute;culos     escritos por varios miembros del equipo, quedan reducidos a textos secundarios     que se pierden tras las espectaculares fotograf&iacute;as que constituyen el eje de  atenci&oacute;n del libro.</p>      <p>La sierra se presenta al lector a trav&eacute;s de la naturaleza primigenia de un  paisaje pintado en brumas —que se funde con las fotos de las cumbres nevadas y  las laderas cubiertas de bosques— sobre el que se leen las palabras iniciales  del mito kogui de la creaci&oacute;n del mundo recogido por Reichel:</p>  <ul>    <p>&quot;Primero estaba el mar. Todo estaba oscuro. No hab&iacute;a sol ni luna ni gente, ni  animales, ni plantas. Solo el mar estaba en todas partes. El mar era la madre.  &#91;...&#93; La madre no era gente ni nada, ni cosa alguna. Ella era esp&iacute;ritu de lo que  iba a venir y ella era pensamiento y memoria&quot;</p>    </ul>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El libro presenta las escenas de la naturaleza —los impactantes paisajes de la  Sierra y sus picos nevados, como el escenario del mundo ind&iacute;gena. A partir de la  fusi&oacute;n de la cultura arqueol&oacute;gica Tairona y la cultura etnogr&aacute;fica Kogui, el  libro hace &eacute;nfasis en los rasgos ut&oacute;picos centrales de su mundo cultural: un  orden social y espiritual en balance y armon&iacute;a con el cosmos.</p>      <p>Adem&aacute;s del libro, la FPS  crea y divulga un mapa de la sierra, que se dise&ntilde;a teniendo en mente que &quot;la  Fundaci&oacute;n tiene como tarea principal propender por la conservaci&oacute;n, protecci&oacute;n,  investigaci&oacute;n y desarrollo integral del complejo geogr&aacute;fico cultural y social  del macizo Sierra Nevada&quot; &#40;FPS, 1987&#41;. El mapa muestra los rasgos —a nuestros  ojos— centrales de la serran&iacute;a: las curvas de nivel que delimitan los pisos  t&eacute;rmicos y le dan el car&aacute;cter distintivo al macizo al diferenciarlo  topogr&aacute;ficamente de las planicies costeras y de la cordillera de los Andes;  muestra las cuencas de los r&iacute;os que hab&iacute;amos aprendido a reconocer como ejes de  espacialidad del territorio ind&iacute;gena y que representan el recurso m&aacute;s preciado  de la sierra para las zonas circunvecinas: el agua. Finalmente, el mapa muestra  los &quot;&uacute;ltimos bosques primarios&quot; &#40;<a href="#m1">mapa 1</a>&#41;.</p>      <p>Este mapa constituye la imagen que permite visualizar la sierra que &quot;comparable  a una isla monta&ntilde;osa&quot;, aparece por primera vez como un microcosmos caracterizado  por rasgos biol&oacute;gicos y culturales que hacen de ella una regi&oacute;n en s&iacute; misma. No  es novedosa la noci&oacute;n de que los mapas se elaboran de acuerdo con prop&oacute;sitos. El  poder de la cartograf&iacute;a radica en que produce representaciones del mundo cuya  supuesta neutralidad niega el orden social que representa, al tiempo que lo  legitima: no constituyen una realidad dada, &quot;abierta&quot; al ojo inocente, sino un  campo epistemol&oacute;gico construido tanto visual como ling&uuml;&iacute;sticamente. Los mapas se  elaboran con base en &quot;t&eacute;cnicas de observaci&oacute;n t&eacute;cnicas y cient&iacute;fica, las que se  ha demostrado que surgen de pr&aacute;cticas visuales determinadas culturalmente&quot; &#40;Jay  1996:3&#41;. Como cualquier otra imagen hist&oacute;ricamente construida los mapas  presentan &quot;una apariencia enga&ntilde;osa de naturalidad y transparencia, detr&aacute;s de la  cual se oculta un mecanismo de representaci&oacute;n arbitrario, distorsionante y  opaco, un proceso de mistificaci&oacute;n ideol&oacute;gica&quot; &#40;Mitchell 1986:8&#41;. Se trata de lo  que Harley &#40;1992&#41; denomina &quot;el inconsciente pol&iacute;tico&quot; del mapa.</p>      <p align=center><a name=m1><img src="img/revistas/antpo/n7/n7a10m1.jpg"></a></p>      <p>El mapa de la FPS adquiere un car&aacute;cter ideogr&aacute;fico que moviliza visual-mente la  lectura de la Sierra que propone la Fundaci&oacute;n que hace &eacute;nfasis en su  biodiversidad y en la l&iacute;nea hist&oacute;rico-cultural que une a los actuales ind&iacute;genas  serranos tanto con la utop&iacute;a etnogr&aacute;fica como con el complejo arqueol&oacute;gico  tairona. Se convierte r&aacute;pidamente en un verdadero icono y casi en el logo de la  Fundaci&oacute;n, apareciendo no solo en todos sus documentos sino en camisetas y  folletos promocionales. El libro y el mapa con su leyenda impl&iacute;cita logran su  cometido: la Fundaci&oacute;n logra un gran &eacute;xito pol&iacute;tico, apoyada por el mismo  presidente. Prontamente obtiene donaciones y se firman convenios. Durante los  a&ntilde;os siguientes el macizo, como unidad discreta delimitada por la topograf&iacute;a, se  va a llenar de significado como un sitio emblem&aacute;tico de la riqueza tropical de  Am&eacute;rica, como un paisaje hist&oacute;rico de culturas ancestrales y como un lugar  conflictivo de encuentro entre diversos grupos humanos.</p>      <p><b>4. EL PAISAJE Y EL LUGAR</b></p>      <p>La visi&oacute;n del macizo y de su diversidad de paisajes que inspir&oacute; la ret&oacute;rica de  la Fundaci&oacute;n, su mapa y en buena parte la m&iacute;stica de sus miembros, tiene una  historia que no se puede desligar de la invenci&oacute;n de Am&eacute;rica como territorio de  naturaleza pr&iacute;stina &#40;Gerbi 1973, Denevan 1992&#41;. Para los colombianos, el paisaje  ha sido hist&oacute;ricamente uno de los principales atributos con los que  identificamos el orgullo nacional. Nuestra &quot;prodigiosa geograf&iacute;a&quot; y la  &quot;voluptuosidad de su naturaleza tropical&quot;<sup><a name="s12" href="#12">12</a></sup> han  sido valoradas en los t&eacute;rminos po&eacute;ticos de la tradici&oacute;n europea pict&oacute;rica del  paisaje, que responde a intereses tanto est&eacute;ticos como instrumentales &#40;Tomas  1983, Berque 1994, Roger 1997&#41;. Ya desde el siglo XIX, el general Mosquera  &#40;1866&#41;, dos veces presidente de la naciente rep&uacute;blica destacaba el hecho de que  el pa&iacute;s &quot;parece una pintura po&eacute;tica&quot;. M&aacute;s recientemente, otro ex presidente  se&ntilde;ala que nuestra geograf&iacute;a &quot;brinda a los ojos asombrados del observador una  extraordinaria selecci&oacute;n de nevados, selvas, r&iacute;os, ca&iacute;das de agua y atardeceres  que envidiar&iacute;a el pincel de los grandes pintores de la Historia&quot; &#40;L&oacute;pez, 2004&#41;.  En esta tradici&oacute;n, al tiempo en que se presenta el cuadro de la enorme riqueza  que encierra nuestro &quot;vasto y exuberante territorio&quot;, se propone que &eacute;ste debe  ser civilizado para progresar. Estas im&aacute;genes esc&eacute;nicas de la geograf&iacute;a tropical  est&aacute;n ancladas en dos nociones coloniales sobre la historia y la cultura de  Am&eacute;rica &#40;Serje 2005&#41;.</p>      <p>La primera de estas nociones se refiere a la visi&oacute;n de las cordilleras  segmentadas por planos horizontales o &quot;pisos t&eacute;rmicos&quot;. Esta forma de concebir  el terreno monta&ntilde;oso surge directamente de la representaci&oacute;n cartogr&aacute;fica donde,  sobre la superficie horizontal del mapa, la cordillera se transforma en una  sucesi&oacute;n estratificada de planos. As&iacute;, la topograf&iacute;a andina aparece segmentada y  clasificada por pisos t&eacute;rmicos. Esta visi&oacute;n horizontal oculta y difiere  profundamente de la comprensi&oacute;n vertical que las sociedades abor&iacute;genes andinas  tienen de su territorio. La etnograf&iacute;a y la arqueolog&iacute;a han documentado  ampliamente el patr&oacute;n de ocupaci&oacute;n que se ha denominado &#39;control vertical&#39; o  &#39;modelo del archipi&eacute;lago vertical&#39; &#40;Murra 1975, Langebaeck 1985&#41;. Aparte de que  los conceptos de &#39;control&#39; o &#39;modelo&#39; no resultan del todo precisos para  describir la experiencia que estos grupos ind&iacute;genas han establecido  hist&oacute;ricamente con sus entornos, su poblamiento se bas&oacute; en el manejo simult&aacute;neo  de los diferentes pisos t&eacute;rmicos, lo que permite el acceso a los productos de la  enorme variedad de nichos ecol&oacute;gicos. Esta organizaci&oacute;n vertical del territorio  se expresa en el hecho de que el cauce de cada r&iacute;o es un distintivo central de  pertenencia. El sistema de cuencas y micro cuencas es un referente importante en  la organizaci&oacute;n tanto social como espacial de estos grupos cuyos territorios  iban en &eacute;pocas pre-coloniales desde las nieves perpetuas hasta el mar y las  planicies circundantes &#40;Mason 1936, Reichel 19 47, Cadavid y Herrera 1985, Serje  1987b&#41;.</p>      <p>Para las culturas ind&iacute;genas de la Sierra Nevada —y en general para el continuo  cultural chibcha en los Andes colombianos— el flujo del agua es espejo de la  vida social e hist&oacute;rica de las poblaciones: es eje tanto de la memoria hist&oacute;rico  territorial &#40;Loochkartt y Avila 2004&#41; como de la movilidad de la gente.</p>  <ul>    <p>La laguna es hija de la madre, quien la puso en los cerros porque desde all&iacute;  nacen los r&iacute;os y las quebradas. Esta laguna fue puesta por la madre para tener  contacto con el mar, fue puesta para comunicarse por medio del r&iacute;o. El mar  recoge todo lo que el r&iacute;o le lleva. Y desde el mar se levantan el vapor y la  espuma, las nubes que van otra vez hacia la nevada y las lagunas, donde llueve.  As&iacute;, hay una comunicaci&oacute;n continua entre ellos. &#40;Palabras de M&aacute;ma Ink&iacute;maku de  Makotama, OGT, 1997&#41;</p>    ]]></body>
<body><![CDATA[</ul>      <p>Adem&aacute;s de constituir memoria y pensamiento vivo y activo en el territorio, el  sistema de lagunas y cuencas constituye el eje de un <i>espacio corporeizado, </i>es decir, de un modelo de comprensi&oacute;n del lugar que se construye a partir de  una concepci&oacute;n cultural del cuerpo, sus flujos y sus movimientos<sup><a name="s13" href="#13">13</a></sup>,  que resuena con el ritmo de la vida cotidiana y entreteje los hitos del  territorio conectando los cerros y los filos con las bah&iacute;as y las pen&iacute;nsulas del  litoral, recreando as&iacute; la sierra como un cuerpo vivo.</p>      <p>La segunda noci&oacute;n colonial impl&iacute;cita en la representaci&oacute;n del paisaje que  propone la FPS tiene que ver con la concepci&oacute;n de los bosques y las selvas como  &quot;naturaleza&quot;. En la tradici&oacute;n de apropiaci&oacute;n espacial europea, el paisaje  cultural solo puede ser aquel que se presenta geometrizado, medido, explotado y  fiscalizado &#40;Deleuze y Guattari 1987, Hartog 1991&#41;. As&iacute;, los paisajes que no  presentan estas &quot;mejoras&quot;, se ven como &quot;vastas y desiertas soledades&quot;. Las  selvas aparecen como para&iacute;sos distantes, abundantes en especies ex&oacute;ticas, o como  prisiones infestadas de fiebres y plagas: representan el arquetipo de la  naturaleza virgen, anterior y opuesta a la civilizaci&oacute;n, sobreviviente de una  era pasada cubierta por brumas ancestrales. Sus paisajes se valoran como fuente  de especies y saberes promisorios y, al mismo tiempo, como experiencia de la  pasi&oacute;n est&eacute;tica que suscitan las fuerzas tel&uacute;ricas y el terror exquisito de los  riesgos extremos &#40;Harrison 1992, Dalla Bernardina 1996, Slater 2003&#41;. Estas  im&aacute;genes han guiado toda clase de proyectos inici&aacute;ticos: desde viajes de  descubrimiento y de exploraci&oacute;n hasta las m&aacute;s brutales empresas extractivas. Y,  ciertamente, numerosos proyectos de conservaci&oacute;n de los que no se excluyen los  de la FPS.</p>      <p>La valoraci&oacute;n cultural que se da a estos paisajes como &quot;salvajes&quot;, esconde el  papel que han tenido las sociedades que hist&oacute;ricamente los han habitado. La  etnolog&iacute;a y la arqueolog&iacute;a han ilustrado ampliamente el manejo del bosque por  parte de sus habitantes aut&oacute;ctonos y han mostrado c&oacute;mo, en buena parte, su  diversidad es resultado de esta intervenci&oacute;n. Los grupos amerindios tropicales  han desarrollado un tipo de manejo temporal del territorio en el que se suceden  diferentes tipos de <i>huertos salvajes y bosques cultivados </i>&#40;Rival 1998&#41;  que reflejan la forma en que los ind&iacute;genas clasifican e intervienen el &aacute;rea, a  los ojos externos, aparece gen&eacute;ricamente como &quot;selva&quot;. La chagra o cultivo no es  para estos grupos un &aacute;rea domesticada opuesta al bosque salvaje &#40;Descola 1996,  Van der Hammen 1992, Osborn 1995&#41;. Por el contrario, ambos hacen parte de un  continuo de sucesiones vegetales, del que el bosque maduro es una etapa de esta  t&eacute;cnica de cultivo, que se piensa y se maneja con un horizonte temporal de m&aacute;s  de un siglo &#40;Van der Hammen y Rodr&iacute;guez 2000&#41;.</p>      <p>En la representaci&oacute;n de la Sierra Nevada que propone la FPS, aparecen fusionadas  dos formas de entender el espacio social. Por un lado, se expresa en el mapa una  visi&oacute;n de la sierra a partir de la tradici&oacute;n del <i>paisaje </i>expresada en el  &eacute;nfasis que se da a los pisos t&eacute;rmicos, las cotas de nivel y la presencia de los  &quot;&uacute;ltimos bosques&quot;. Por otro lado, se expresa tambi&eacute;n su comprensi&oacute;n como <i> lugar </i>en las cuencas de los r&iacute;os y sus nombres que se destacan en  reconocimiento de la significaci&oacute;n que tienen para los habitantes abor&iacute;genes de  la serran&iacute;a.</p>      <p>Los esfuerzos por definir el <i>paisaje </i>como objeto antropol&oacute;gico<sup><a name="s14" href="#14">14</a></sup>,  parten de naturalizar y universalizar la relaci&oacute;n epistemol&oacute;gica que hizo lo  posible en occidente, es decir la relaci&oacute;n entre un sujeto contemplativo y un  objeto-naturaleza, mediada por unos esquemas. As&iacute;, el observador abstrae una  porci&oacute;n de la superficie terrestre, arranc&aacute;ndola de su continuidad  hist&oacute;rico-geogr&aacute;fica para situarla en un nuevo contexto &#40;en el de la ciencia o  en el de la est&eacute;tica&#41;. La antropolog&iacute;a se ha preocupado por reconocer esa  continuidad hist&oacute;rico-geogr&aacute;fica, es decir, por recoger el &quot;punto de vista del  nativo&quot; de los paisajes estudiados. Ha presumido, sin embargo, que se trata de  un punto de vista a partir del cual se crea un paisaje<sup><a name="s15" href="#15">15</a></sup>.  Dicho en otras palabras, se supone la existencia de un paisaje aut&oacute;nomo que se  subordina a una mirada que lo abarca, proyectando as&iacute; los supuestos de la  oposici&oacute;n occidental naturaleza-cultura a la relaci&oacute;n que otras sociedades  establecen con sus entornos &#40;Descola 2005&#41;.</p>      <p>Para aproximar otras formas de experimentar el entorno, es quiz&aacute;s m&aacute;s &uacute;til el  concepto de lugar. De acuerdo con Cresswell, &quot;el lugar no es &uacute;nicamente una cosa  en el Mundo, es tambi&eacute;n una forma de entender el mundo&quot; &#40;2004:11&#41;. La  antropolog&iacute;a se ha preocupado por estudiar los lugares a partir de ambas  aproximaciones: la construcci&oacute;n material de lugar —el lugar como &quot;cosa en el Mundo&quot;— y la construcci&oacute;n del &quot;sentido del lugar&quot;, el <i>g&eacute;nie du lieu</i>. En  la primera aproximaci&oacute;n se ha estudiado la producci&oacute;n de una cultura material  mediante la cual se apropian los espacios. Reconociendo que toda apropiaci&oacute;n del  espacio es un ejercicio de poder &quot;los antrop&oacute;logos han llegado a preocuparse por  el lugar, no tanto en t&eacute;rminos filos&oacute;ficos o human&iacute;sticos, sino m&aacute;s bien por los  lugares como sitios de luchas de poder o sobre los emplazamientos como historias  de anexi&oacute;n, incorporaci&oacute;n y resistencia. De esta forma, los relatos etnogr&aacute;ficos  sobre el lugar se centran cada vez m&aacute;s en estas disputas&quot; &#40;Feld y Basso 1996:4&#41;.  As&iacute;, los lugares se han venido estudiando como procesos inmersos en relaciones  nacionales y globales de poder de las que surgen el emplazamiento, la  dislocaci&oacute;n y la desterritorializaci&oacute;n inherentes a los enclaves industriales y  de consumo con los que se construye el entorno de la &quot;econom&iacute;a global&quot; generando  desplazamientos, di&aacute;sporas y exilios.</p>      <p>La segunda aproximaci&oacute;n, que busca estudiar el &quot;sentido de lugar&quot;, se ha  orientado a hacer etnograf&iacute;as de la percepci&oacute;n y la experiencia de lugares  particulares, poniendo en evidencia las relaciones sociales que los producen. Se  ha buscado describir e interpretar la formas en que la gente llena los lugares  de significado, as&iacute; como las pr&aacute;cticas discursivas y performativas a trav&eacute;s de  las cuales los lugares se enuncian y se experimentan &#40;Basso 1996, De Certau  1984&#41;. Si, como lo se&ntilde;ala Lippard, &quot;el lugar es a la vez espacial y temporal,  personal y pol&iacute;tico, &#91;pues&#93; se trata de historia sedimentada en una localidad,  repleta de relatos y memorias &#91;...&#93; se trata de mirar las conexiones, lo que lo  rodea, aquello que le ha dado forma, lo que all&iacute; sucedi&oacute; y lo que habr&aacute; de  suceder&quot; &#40;citado por Cresswell 2004:40&#41;. La creaci&oacute;n de la Sierra como <i> espacio corporeizado </i>que se expresa en la concepci&oacute;n ind&iacute;gena del macizo y  sus cuencas, traen al centro de la escena la relaci&oacute;n del sentido del lugar con  el problema de los modos de conocimiento y los &quot;saberes locales&quot;.</p>      <p><b>5. LA &quot;L&Iacute;NEA NEGRA&quot;</b></p>      <p>El concepto mismo de <i>macizo </i>remite sem&aacute;nticamente tanto a la idea de una  &quot;prominencia del terreno, por lo com&uacute;n rocosa&quot;; como a la de un volumen  monol&iacute;tico: &quot;s&oacute;lido y bien fundado&quot;<sup><a name="s16" href="#16">16</a></sup> que se  complementa bien con la imagen de la &quot;pir&aacute;mide de base triangular&quot; con la que se  describe la sierra. La idea de delimitar la Sierra Nevada como un territorio  definido por la topograf&iacute;a —por una curva de nivel— termina por opacar la noci&oacute;n  ind&iacute;gena de la sierra basada en la verticalidad y en la continuidad de las  cuencas hidrogr&aacute;ficas en las tierras bajas. La delimitaci&oacute;n del macizo con base  en la topograf&iacute;a es importante tambi&eacute;n para la FPS que se busca, con el af&aacute;n de  garantizar la integridad del &aacute;rea ind&iacute;gena, darle una existencia objetiva a la  &quot;geograf&iacute;a sagrada&quot; del territorio Kogui, que, de acuerdo con la etnograf&iacute;a de  Reichel,</p>  <ul>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&#91;...&#93; est&aacute; comprendido dentro de una circunferencia sagrada que rodea la Sierra.  La Madre Universal, esencia de todo lo creado, clav&oacute; su gran huso de hilar en  los picos nevados, de &eacute;l desprendi&oacute; la punta del hilo y traz&oacute; a su alrededor un  c&iacute;rculo; la regi&oacute;n comprendida la entreg&oacute; a sus hijos mayores para que all&iacute;  habitaran ellos y su descendencia. Los picos nevados, el punto donde la Madre  clav&oacute; el huso, qued&oacute; como coraz&oacute;n del mundo &#91;...&#93; a la circunferencia trazada por  la Madre se le ha llamado la l&iacute;nea negra y tiene numerosos guardianes con  apariencia de piedra &#40;Botero 1986 *:4&#41;.</p>    </ul>      <p>Con base en esta imagen, la FPS ha liderado numerosos intentos por fijar esta  circunferencia m&iacute;tica, la <i>l&iacute;nea negra</i>, topogr&aacute;fica  y cartogr&aacute;ficamente. Ha llegado incluso a ser delimitada en varias resoluciones  gubernamentales. La presi&oacute;n que se ha hecho para que las organizaciones  ind&iacute;genas definan y fijen los puntos que la constituyen ha sido constante &#40;Gil  1994&#41;, presumiendo que tanto la &quot;l&iacute;nea negra&quot; o como la &quot;circunferencia&quot; trazada  por &quot;la madre&quot; constituyen, literalmente, una sucesi&oacute;n lineal de puntos en el  espacio cartesiano.</p>      <p>El intentar fijar el espacio m&iacute;tico en el espacio topogr&aacute;fico, implica ignorar  una dimensi&oacute;n crucial de los relatos ind&iacute;genas en la Sierra Nevada. Por una  parte, en &eacute;stos se usan conceptos y categor&iacute;as que tienen diferentes  significados y connotaciones seg&uacute;n el contexto. Inclusive el discurso corriente  se teje por medio de una red de analog&iacute;as y referencias significativas que  tienen simult&aacute;neamente varias dimensiones de lectura e interpretaci&oacute;n. As&iacute;, en  su enunciaci&oacute;n se establecen conexiones entre la vida y el contenido de estos  relatos que son, a su vez, memoria hist&oacute;rica &#40;Gil 1994, 2007&#41;. Ello implica que  los relatos y mitos se relacionan y se transforman en historias que tienen  significados vigentes para los problemas y situaciones pol&iacute;ticas contempor&aacute;neas.  El tomar el mito como una referencia ahist&oacute;rica, fijada en el texto etnogr&aacute;fico,  hace parte de la representaci&oacute;n indistinta del nativo en contacto con las  fuerzas del cosmos, que ha &quot;conservado&quot; una relaci&oacute;n sacralizada con el mismo  gracias o bien al aislamiento o a una abierta resistencia al contagio  occidental. Se considera que estas sociedades —que se homologan con la infancia  de la humanidad— &quot;viven en un cosmos sacralizado y participan de la sacralizad  c&oacute;smica que se manifiesta tanto en el mundo animal como en el mundo vegetal&quot;,  como lo pone Mircea Eliade, quien las opone expl&iacute;citamente a las &quot;sociedades  modernas que viven en un cosmos desacralizado&quot; &#40;1967 &#91;1956&#93;: 22&#41;.</p>      <p>La reivindicaci&oacute;n del car&aacute;cter espiritual-religioso del modo de vida y del  pensamiento ind&iacute;gena —o en general de los grupos locales y abor&iacute;genes en muchas  partes del globo— se ha convertido en los &uacute;ltimos a&ntilde;os en un eje estrat&eacute;gico de  reivindicaciones identitarias. Lo sagrado ha sido incorporado en el repertorio de rasgos emblem&aacute;ticos con los que &eacute;stas se ponen en escena. De hecho, diversas  instituciones que incluyen al Banco Mundial, comienzan a incorporar la dimensi&oacute;n  de &quot;lo espiritual&quot; dentro de sus pol&iacute;ticas de acci&oacute;n en territorios ind&iacute;genas &#40;Cf.  Banco Mundial 2004&#41;. Este proceso implica una objetivaci&oacute;n de lo espiritual y  sagrado, a trav&eacute;s de un proceso de &quot;cientifizaci&oacute;n&quot; similar al que deben ser  sometidos los saberes tradicionales para poder ser incorporados dentro del marco  de pr&aacute;cticas t&eacute;cnicas y objetivas de la planeaci&oacute;n y el desarrollo &#40;Agrawal  2002&#41;. Se trata de un proceso que necesariamente implica su reificaci&oacute;n y su  reducci&oacute;n, invocando de manera esencialista categor&iacute;as como la de la &#39;Madre  Tierra&#39;, los &#39;Sitios Sagrados&#39;, y los &#39;Territorios Ancestrales&#39;. La reducci&oacute;n de  la Sierra Nevada bien al &quot;cuerpo de la Madre que nutre a sus hijos&quot; &#40;Botero 1986  *:1&#41;, bien a una &quot;l&iacute;nea negra&quot; en la topograf&iacute;a, implica deshistorizar a los  ind&iacute;genas atando su historia a una localidad y a una imagen &#40;Appadurai 1988;  Malkki 1992, Rodman 2003&#41;. Aqu&iacute; no solamente se est&aacute; partiendo de una concepci&oacute;n  cartesiana del macizo como localizaci&oacute;n evidente para situar la descripci&oacute;n  etnogr&aacute;fica, sino que se olvida que los lugares son &quot;construcciones locales y  m&uacute;ltiples, politizadas, culturalmente relativas e hist&oacute;ricamente espec&iacute;ficas&quot; &#40;Rodman  2003:205&#41;.La apropiaci&oacute;n esencia-lista de la &quot;l&iacute;nea negra&quot;, al pretender fijar en el espacio  cartesiano unos lugares sagrados, se ciega al car&aacute;cter din&aacute;mico y coyuntural de  la construcci&oacute;n de lugar. Su reifcaci&oacute;n invisibiliza el proceso intersubjetivo  &#40;o de <i>interanimation</i>, en t&eacute;rminos de Basso, 1996:55&#41; mediante el cual se  constituye la experiencia del lugar.</p>      <p>La idea cartogr&aacute;fica de la &quot;l&iacute;nea negra&quot;, presenta la sierra a partir de un  relato monol&oacute;gico y esencialista y no como una confluencia de voces y de hitos  que crean conexiones con el entorno &#40;Kahn 1996&#41;, como el que est&aacute; teniendo lugar  hoy en la Sierra. El &aacute;rea del Parque Hist&oacute;rico se ha venido transformando en  escenario de un proceso de repoblamiento ind&iacute;gena. Ram&oacute;n Gil, &quot;asesor  espiritual&quot; de la organizaci&oacute;n ind&iacute;gena Gonawind&uacute;a Tairona, quien ha liderado la  migraci&oacute;n wiwa a esta zona desde la Guajira y el Cesar<sup><a name="s17" href="#17">17</a></sup>,  cuenta que decidi&oacute; venir aqu&iacute; con su pueblo porque &quot;la abuela de mi pap&aacute; me  hab&iacute;a dicho que ten&iacute;a que venir a la cuenca Nakulindue y Doanama a recuperar, a  buscar la sabidur&iacute;a, inteligencia, conocimiento, cultura, porque en Doanama  est&aacute;n plasmado en una piedra dos libros... Por eso me vine en busca de ese  libro&quot; &#40;Gil, 2007&#41;. El proceso de construcci&oacute;n de lugar en esta nueva localidad  para los wiwa se relaciona en este relato con la recreaci&oacute;n de conocimiento y  memoria. Se crea una nueva toponimia reviviendo nombres &quot;antiguos&quot;: las cuenca  del Guachaca y el Buritaca son nombradas aqu&iacute; como <i>Nakulindue y Doanama</i>.  Al nombrarlas, se conecta esta localidad con la historia y la cosmolog&iacute;a. Las  piedras-libro a las que se refiere Ram&oacute;n Gil, son el veh&iacute;culo para reconstruir  el pasado y el conocimiento: los &quot;libros plasmados en la piedra&quot; permiten a esta  comunidad reconstruir no solo su historia, sino &quot;inscribir&quot; su geograf&iacute;a, al  tiempo que se reconstruye el territorio como espacio vital. Las piedras,  vinculan la comunidad con el saber de los mayores y con el mundo de los  antiguos, cuyos vestigios arqueol&oacute;gicos aparecen marcados por &quot;piedras de  referencia&quot; &#40;Serje 1984*&#41;. Para el presente, se reconstruyen como hitos que  ratifican el derecho a ocupar una localidad aunque no haga parte del &quot;territorio  ancestral&quot; y se leen como referentes del conocimiento propio que reitera la  identidad del pueblo wiwa y de su territorio.</p>      <p><b>6. EL DIAGN&Oacute;STICO</b></p>      <p>El territorio ind&iacute;gena aparece como un mundo amenazado por una situaci&oacute;n de  desorden y violencia que para la FPS es importante intervenir. Para ello se  propuso la realizaci&oacute;n de un <i>Diagn&oacute;stico de la Sierra Nevada de Santa Marta</i>,  dirigido a las administraciones locales y regionales. Si bien &quot;el trabajo se  hab&iacute;a concebido inicialmente como un inventario de recursos naturales conducente  a un plan de manejo, la gravedad de la situaci&oacute;n social, la cual se hizo cada  vez m&aacute;s violenta, hizo clara la necesidad de dar prioridad al conocimiento de la  situaci&oacute;n socioecon&oacute;mica&quot; &#40;FPS 1988a:2&#41;. El diagn&oacute;stico tuvo pues como objetivo  principal, &quot;profundizar en las causas de la situaci&oacute;n de la Sierra, la cual se  caracterizaba &#91;...&#93; por la agudizaci&oacute;n de los conflictos sociales, la ausencia de  informaci&oacute;n actualizada en diferentes &aacute;reas, la falta de coordinaci&oacute;n en la  planeaci&oacute;n y ejecuci&oacute;n de los programas de las diferentes entidades, el avance  de la deforestaci&oacute;n, y la disminuci&oacute;n de los caudales de verano de sus  corrientes de agua y el desbordamiento de sus r&iacute;os en invierno&quot; &#40;FPS, 1988 a:  2&#41;. Para este trabajo se llevan a cabo un &quot;diagn&oacute;stico institucional&quot;, que busc&oacute;  determinar el alcance de la cobertura de servicios estatales; y un &quot;diagn&oacute;stico  social&quot; que busc&oacute; mostrar la &quot;situaci&oacute;n actual del poblamiento&quot; y &quot;los procesos  socio-econ&oacute;micos recientes&quot; por medio de un estudio hist&oacute;rico general basado en  archivos y fuentes secundarias, una historia oral de la colonizaci&oacute;n y un  estudio de la situaci&oacute;n de las fronteras de los resguardos. Ya para este momento  el equipo del Buritaca se hab&iacute;a comenzado a disgregar. En esta empresa participa  un equipo de acad&eacute;micos y expertos, tanto de la regi&oacute;n como de Bogot&aacute;.</p>      <p>Feld y Basso nos recuerdan que las &quot;regiones geogr&aacute;ficas no son tanto entes  f&iacute;sicos distintivos, sino escenarios construidos discursivamente que se&ntilde;alan  modalidades sociales particulares&quot; &#40;1996:5&#41;. En este sentido, por medio del  diagn&oacute;stico se produce la Sierra Nevada como una regi&oacute;n que comparte los rasgos  centrales de un conjunto de &quot;zonas rojas&quot; en el territorio nacional. &Eacute;stas han  sido hist&oacute;ricamente consideradas problem&aacute;ticas por las administraciones, hacen  parte de un cierto tipo de geograf&iacute;as pol&iacute;ticas que no pueden ser consideradas  como geograf&iacute;as f&iacute;sicas ni como regiones naturales, sino como espacios de proyecci&oacute;n:  son objeto de un proceso de mistifcaci&oacute;n<sup><a name="s18" href="#18">18</a></sup>. Estas  geograf&iacute;as son imaginadas y conceptualizadas a partir de un conjunto espec&iacute;fico  de im&aacute;genes y met&aacute;foras como las de frontera, tierra inc&oacute;gnita, periferia,  tierra de nadie. La relaci&oacute;n con estos espacios y sus habitantes hist&oacute;ricos se  establece a partir de un conjunto de im&aacute;genes que enfatiza en la enorme riqueza  que encierran y en su violencia presuntamente constitutiva: el mismo conjunto de  narrativas que las convierte en El Dorado, en fuente inagotable de inefables  riquezas de f&aacute;cil obtenci&oacute;n, las convierte tambi&eacute;n en zonas de violencia y  desarraigo, de atraso e ilegalidad &#40;Serje 2005&#41;.</p>      <p>La lectura que presenta el Diagn&oacute;stico se centra en los rasgos centrales de esta  representaci&oacute;n: enfatiza la idea de la ausencia del Estado y del manejo  irresponsable de las administraciones coste&ntilde;as, en virtud de las cuales en la  sierra se impone la &quot;ley de la selva&quot; y se vive &quot;una extrema pobreza que  sobrevive en un &aacute;mbito de violencia e injusticia&quot; &#40;FPS 1988a:16&#41;. Se presenta  como un territorio de refugio: &quot;las caracter&iacute;sticas especiales de la Sierra, su  imagen de anomal&iacute;a geogr&aacute;fica, envuelta en nubes y aislada por fuertes  pendientes la ha colocado a trav&eacute;s de la historia como escenario de ilusiones y  utop&iacute;as, y refugio de quienes poco quieren perder con una aventura m&aacute;s&quot; &#40;FPS  1988 a:16&#41;. Se enfatiza en la ilegalidad, en que &quot;la tradici&oacute;n del contrabando  cre&oacute; una cultura, unas formas de organizaci&oacute;n y una infraestructura que se  adapt&oacute; rentablemente a la producci&oacute;n y comercializaci&oacute;n de la yerba &#91;sic.&#93;. El  contrabando es parte constituyente de la estructura social imperante en la  regi&oacute;n&quot;. La sierra se muestra como un lugar donde &quot;se desarrolla &#91;sic.&#93; una  cultura donde lo il&iacute;cito es leg&iacute;timo, porque la acci&oacute;n del Estado parece  detenerse en el piedemonte&quot; &#40;FPS 1988b:51&#41;</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Los campesinos-colonos aparecen como verdaderos depredadores: &quot;la destrucci&oacute;n  sistem&aacute;tica del entorno por parte del colono, que a su paso arrasa con todas las  reservas forestales y faun&iacute;sticas de la regi&oacute;n por carecer de los conocimientos  que le permitan un manejo adecuado de los recursos, ha generado en esta zona un  proceso de erosi&oacute;n irreversible&quot; &#40;Mayr, 1984*:7&#41;. Se presentan como un grupo  determinado por una fatalidad hist&oacute;rica: &quot;la violencia en el interior del pa&iacute;s  cre&oacute; un colono &#39;sin Dios, ni Rey, ni Ley&#39;, familiarizado con la violencia y  dispuesto a usarla para alcanzar sus metas, las organizaciones de colonos  nacieron de la violencia y la prolongaron en la sierra como medio de acci&oacute;n  social, desencadenando en los afectados una reacci&oacute;n de id&eacute;ntica naturaleza&quot; &#40;FPS  1988b:51&#41;. La violencia y la ilegalidad aparecen como rasgos esenciales de este  grupo de pobladores que &quot;era y es proclive a la violencia &#91;...&#93; no puede ni sabe evadirla. Tiene —adem&aacute;s— experiencia en organizarla y ejercerla  socialmente. La guerrilla tiene pues una puerta abierta&quot; &#40;FPS 1988 b:52&#41;.</p>      <p>La sociedad ind&iacute;gena actual tambi&eacute;n se presenta en el Diagn&oacute;stico a trav&eacute;s de un  relato de refugio: &quot;Anteriormente la sierra fue un <i>&aacute;rea marginal </i>cubierta  por extensas zonas de bosque que separ&oacute; el incipiente y lento desarrollo de las  partes bajas de la vida de los ind&iacute;genas sobrevivientes en las partes altas. &#91;...&#93;  el anillo que circunda los territorios ancestrales ind&iacute;genas de las partes altas  y medias ya est&aacute; colonizado &#91;...&#93; los pueblos ind&iacute;genas ya no tienen donde migrar  ante la presencia agresiva del blanco&quot; &#40;FPS 1988 c:1&#41;. Se se&ntilde;ala que &quot;de estos  cuatro grupos hoy tres subsisten precariamente, pues los kankuamo se  extinguieron culturalmente y &#91;...&#93; los wiwa se encuentran en serio peligro de  extinci&oacute;n cultural&quot; &#40;p.2&#41; y se presenta estas sociedades a trav&eacute;s de una  gradaci&oacute;n que va de lo m&aacute;s tradicional a lo m&aacute;s &quot;aculturado&quot;:</p>  <ul>    <p>&quot;<i>Los kogui son los guardianes m&aacute;s celosos de su tradici&oacute;n y su cultura</i>,  conservan un gran respeto por sus autoridades, muy pocas de sus mujeres hablan  castellano y es el grupo en cuyo territorio el dinero tiene menor circulaci&oacute;n.  Los arhuacos &#91;...&#93; no son un grupo homog&eacute;neo: por un lado se encuentran  	<i>aquellos  sectores tradicionales con caracter&iacute;sticas similares a las de los kogui</i>; por otro lado un sector con mayor manejo de la realidad  sociopol&iacute;tica del pa&iacute;s, interesados en el desarrollo de una econom&iacute;a de mercado  y &#91;...&#93; el tercer sector ya no viste la manta tradicional, habla el castellano, y  tiene costumbres e intereses netamente campesinos&quot;. &#40;p.3, subrayado m&iacute;o&#41;</p>    </ul>      <p>Este an&aacute;lisis, que no se preocupa por historizar la representaci&oacute;n que la  etnograf&iacute;a cl&aacute;sica de la sierra hace de estas sociedades, termina por quitarle  legitimidad a los grupos &quot;mestizos&quot; que se asocian con la mezcla: &quot;estando  asentados dentro del resguardo modifican en algunos casos su posici&oacute;n al vaiv&eacute;n  de sus intereses. Frente al gobierno se presentan como ind&iacute;genas y frente a los  ind&iacute;genas como blancos, &#91;...&#93; han tomado la representaci&oacute;n de los ind&iacute;genas frente  a las instituciones del Estado para favorecer sus intereses inmediatos,  canalizando recursos que iban destinados a las comunidades ind&iacute;genas para su  propio beneficio&quot; &#40;p.3&#41;.</p>      <p>El diagn&oacute;stico, que tuvo &quot;por objeto presentar de manera general la situaci&oacute;n  actual de la Sierra Nevada de Santa Marta, de manera que las entidades puedan  contar con una referencia actualizada que colabore &#91;sic.&#93; en la planificaci&oacute;n de  los programas&quot; &#40;FPS 1988 c:1&#41;, cumpli&oacute; la funci&oacute;n de definir los rasgos de la  Sierra Nevada en tanto que regi&oacute;n de planificaci&oacute;n, la transforma en una regi&oacute;n  de conflicto. Como lo se&ntilde;ala Scott, la implantaci&oacute;n dirigida de un orden  &quot;requiere estrechar el campo de la mirada &#91;...&#93; para enfocar de manera precisa  ciertos aspectos limitados de una realidad que de otra manera aparece lejana e  inmanejable&quot; &#40;1998:11&#41;. El conocimiento que produjo la FPS para el &quot;diagn&oacute;stico&quot;  identific&oacute; e hizo visibles aquellos aspectos que habr&iacute;an de convertirse en  objetivo de la acci&oacute;n estatal: muestran la sierra como un espacio marginal y  salvaje, donde se impone la ley del m&aacute;s fuerte; y donde esta situaci&oacute;n de desorden  determina una identidad para sus pobladores. El ejercicio de diagnosticar  —t&eacute;rmino higienista con el que se designa la lectura de la situaci&oacute;n con base en  la cual se formulan pol&iacute;ticas, programas o argumentos jur&iacute;dicos— permite  enmarcar, delimitar y posibilitar formas de intervenci&oacute;n, al constituir las  categor&iacute;as b&aacute;sicas y las identidades que definen no solo qui&eacute;nes son los sujetos  y las relaciones relevantes, sino tambi&eacute;n y principalmente, su contexto.</p>      <p>La producci&oacute;n del contexto, en tanto que pr&aacute;ctica espacial, es constitutiva de  la acci&oacute;n social y al mismo tiempo, resultado de ella. Al definir el contexto en  el que tiene lugar cualquier relaci&oacute;n o proceso, se determina la naturaleza del  escenario y de los antecedentes en el que &eacute;stos se ven inmersos y se define  qui&eacute;nes son los actores relevantes, c&oacute;mo son y qu&eacute; papel tiene cada uno de  ellos. As&iacute;, al contextualizar se establecen las condiciones de posibilidad y de  legitimidad de ciertas formas de intervenci&oacute;n. Se trata de una pr&aacute;ctica a trav&eacute;s  de la cual no solo se produce conocimiento sobre el objeto, sino que de hecho se  produce al objeto mismo &#40;Burke 2002, Dilley 1999, Duranti y Goodwin 1992, Serje  2005&#41;. En este caso como un objeto de intervenci&oacute;n. Los relatos que producen las  &quot;zonas rojas&quot; como la Sierra Nevada —que apuntan a su car&aacute;cter salvaje, la  ausencia del Estado, el imperio de la &quot;ley del monte&quot;, el desarraigo e  ilegalidad de las poblaciones que los habitan— las convierten en una suerte de <i>rev&eacute;s </i>de los espacios formales y &quot;articulados&quot;. Son espacios donde &quot;los  &#39;otros&#39; del sujeto maestro al tiempo en que son marginalizados e ignorados en su  mirada espacial, son asignados a un lugar: el tugurio, el gueto, el harem, la  colonia, las favelas, el tercer mundo, lo privado. Estos lugares, que acechan la  imaginaci&oacute;n del sujeto maestro son, por su diferencia, objeto de deseo y de  miedo a la vez&quot; &#40;Blunt y Rose 1994:16&#41;. La imaginaci&oacute;n que media su producci&oacute;n  como contexto, legitima y hace posible las formas de acci&oacute;n y las figuras  administrativas a trav&eacute;s de las cuales estos espacios son administrados e  intervenidos &#40;bald&iacute;os, territorios nacionales, etc.&#41;, dando lugar a una serie de  relaciones y de intervenciones que solo all&iacute; son posibles y tolerables:  esclavitud, endeude, contrabando, prostituci&oacute;n, explotaci&oacute;n intensiva y  extensiva de recursos: l&iacute;citos e il&iacute;citos, militarizaci&oacute;n y parmilitarizaci&oacute;n:  all&iacute; se vale todo.</p>      <p><b>7. EP&Iacute;LOGO: LA &quot;ZONA DE INTERVENCI&Oacute;N&quot;</b></p>      <p>En buena parte, el lobby de la FPS logr&oacute; que el macizo se asumiera como &aacute;rea de  intervenci&oacute;n estatal. Primero, durante la d&eacute;cada de los noventa, como &quot;distrito  especial&quot; del Plan Nacional de Rehabilitaci&oacute;n, una iniciativa gubernamental  dirigida a regiones que presentan &quot;una situaci&oacute;n de conflicto social,  caracterizadas por su marginalidad y por la ausencia del Estado&quot; &#40;SIP 1990&#41;. En  esta misma l&iacute;nea, desde el a&ntilde;o 2000 se convierte en una de las nueve &quot;zonas  prioritarias de intervenci&oacute;n&quot; dentro la estrategia de &quot;Reconquista del  Territorio&quot; —una avanzada fundamentalmente militar— que hace parte del Plan  Colombia, contra el narcotr&aacute;fico y la guerrilla. &Eacute;sta tiene como objetivo  consolidar &quot;la apertura de estas zonas al desarrollo y la econom&iacute;a&quot; &#40;CCAI 2006&#41;:  se trata de eliminar los factores de desorden para aprovechar la promesa de sus  recursos. La zona se encuentra hoy convertida en teatro de operaciones  militares.</p>      <p>La manera en que se construye un objeto de planificaci&oacute;n incide directamente en  los tipos de intervenci&oacute;n que se prescriben y en el tipo de resultados que se  esperan. El diagn&oacute;stico —como instrumento central de este proceso— al  caracterizar la sierra como regi&oacute;n de conflicto pone de relieve los rasgos  centrales de su &quot;patolog&iacute;a&quot;: zonas salvajes y selv&aacute;ticas &quot; desarticuladas&quot; que  es necesario vertebrar mediante rutas y l&iacute;mites; poblaciones n&oacute;madas conformadas  por grupos ind&iacute;genas itinerantes y por grupos campesinos errantes y  desarraigados que es necesario censar y fijar en el espacio; y actividades  ilegales que es necesario reprimir y controlar con &quot;pulso firme&quot;. Para comenzar  se ubic&oacute; en el coraz&oacute;n de la zona ind&iacute;gena un batall&oacute;n de alta monta&ntilde;a: un punto  de control y vigilancia que simb&oacute;licamente confiere un punto de vista superior.  &Eacute;ste se enfatiza con vuelos permanentes de helic&oacute;pteros que fumigan los valles  medios y bajos de los r&iacute;os con glifosato<sup><a name="s19" href="#19">19</a></sup>. Mediante esta medida  higienista de desinfecci&oacute;n, se busca &quot;erradicar&quot; los cultivos il&iacute;citos  considerados como el principal de los males de la sierra.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El segundo paquete de medidas es el de la infraestructura: inversi&oacute;n en &quot;v&iacute;as  estrat&eacute;gicas de penetraci&oacute;n&quot;, de modo que se pueda asegurar el acceso directo,  tanto comercial como militar, a las zonas medias y altas de las cuencas. Estas  se complementan mediante la construcci&oacute;n de una serie de &quot;pueblos talanquera&quot;  para los ind&iacute;genas. Estos pueblos, construidos a trav&eacute;s del Programa de Vivienda  de Inter&eacute;s Social, tienen como objetivo expl&iacute;cito alinderar el resguardo y como  efecto instrumental &#40;Ferguson 2006&#41; permitir la identificaci&oacute;n y el censo de las  familias ind&iacute;genas en cada cuenca, as&iacute; como fijarlas y ordenarlas  simb&oacute;licamente. No gratuitamente, en estos asentamientos no se reproduce el  trazado org&aacute;nico de los poblados tradicionales de car&aacute;cter estacional, sino que  se adopta el modelo del orden geom&eacute;trico de la planeaci&oacute;n urbana moderna de  casas uniformes y ortogonales, construidas a partir de m&oacute;dulos uniformes sobre  una planta reticular cuya imagen visual produce la impresi&oacute;n de un orden  compartimental &#40;ver figura 3: fotograf&iacute;a del pueblo de Gummaku inaugurado por el  presidente Uribe en 2007&#41;. Si bien las familias ind&iacute;genas no habitan de manera permanente estos pueblos, m&aacute;s bien los usan como bodegas. A su lado se  han situado escuelas y puestos de salud, que seguramente estimularan la  presencia ind&iacute;gena. Tambi&eacute;n se ubican all&iacute; puestos militares.</p>      <p>El paquete de medidas de infraestructura contempla tambi&eacute;n proyectos de  centrales hidroel&eacute;ctricas &#40;por lo menos dos de nivel macro-regional y varias de  nivel micro-regional&#41;, adecuaci&oacute;n de puertos, construcci&oacute;n de centros de acopio  para acelerar los programas de desarrollo en la zona. El conjunto de medidas de  intervenci&oacute;n —presentadas mediante la imagen de la alta precisi&oacute;n quir&uacute;rgica con  la que se representan hoy en los medios las intervenciones militares, consolidan  el macizo como un &aacute;rea adecuada para la inversi&oacute;n con condiciones de seguridad  militar y de orden que permitan incrementar la eficiencia econ&oacute;mica de sus  actividades productivas.</p>      <p>A partir del momento en que el Estado comienza a consolidar la sierra como zona  de intervenci&oacute;n con el PNR durante la d&eacute;cada de 1990, las posibilidades de la  Fundaci&oacute;n se presentan, ya no en el campo de la visibilizaci&oacute;n de la sierra para  el Estado, sino en el de la conservaci&oacute;n de la biodiversidad. Las bases estaban  ya sentadas: existe el macizo como microcosmos de los diferentes ecosistemas  tropicales de monta&ntilde;a, h&aacute;bitat de numerosas especies end&eacute;micas y lugar hist&oacute;rico  de culturas que hab&iacute;an sido representadas como verdaderos sistemas homeost&aacute;ticos  de adaptaci&oacute;n al medio &#40;Uribe 1988, 2006, Ulloa 2004&#41;. Sin duda, la  internacionalizaci&oacute;n de la FPS y su posicionamiento en el mundo del  ambientalismo global &#40;como miembro activo de la UICN, del Foro Global de  Biodiversidad, etc.&#41;, fue la punta de lanza de una serie de intervenciones —con  recursos internacionales— que convierten a la sierra en escenario de la acci&oacute;n  ambiental. Parad&oacute;jicamente este tipo de intervenciones se dirigen  prioritariamente a aquellos sectores de la poblaci&oacute;n que tienen el impacto m&aacute;s  limitado sobre los ecosistemas, es decir a las poblaciones locales. Los grupos  cuyas decisiones y proyectos afectan de manera m&aacute;s decisiva la tenencia de la  tierra, los paisajes y las condiciones de vida de las poblaciones est&aacute;n por  fuera su alcance: los grandes inversionistas, los agentes de proyectos  agro-industriales, los grupos de poder vinculados con la coca y los  paramilitares e incluso el sector tecn&oacute;crata del Estado, todos ellos empecinados  en la &quot;competitividad&quot; para los mercados globales. Mientras que la conservaci&oacute;n  se reduce a ser problema de las &aacute;reas protegidas y de las comunidades locales,  la sierra se abre a la inversi&oacute;n global.</p>      <p>Paulatinamente se genera un modelo de &quot;ordenamiento&quot; que delimita unas &aacute;reas de  conservaci&oacute;n asimiladas en general a la zona ind&iacute;gena &#40;que se traslapa con un  Parque Natural&#41;; y un &aacute;rea de desarrollo en las zonas campesinas y las  estribaciones del macizo. Ambas se orientan a dar paso a las distintas  iniciativas econ&oacute;micas. Las primeras son objeto de un proceso intensivo de  visualizaci&oacute;n, cuyas im&aacute;genes ic&oacute;nicas siguen siendo las del libro <i>La Sierra  Nevada de Santa Marta.</i> Los picos nevados y las laderas cubiertas de bosques, como espect&aacute;culo, se abren  al consumo de naturaleza y tradici&oacute;n a trav&eacute;s del ecoturismo, el turismo de  aventura y recientemente el turismo &quot;espiritual &quot; que vende ceremonias rituales  con presencia de aut&eacute;nticos indios de la sierra. Las &aacute;reas abiertas a la  inversi&oacute;n privada son las mismas que durante en los &uacute;ltimos 40 a&ntilde;os han sido  escenario de sucesivas usurpaciones y desplazamientos: los mismos campesinos que  en calidad de <i>colonos </i>poblaron a golpe de machete las partes bajas y  medias de las cuencas, &quot;corriendo&quot; a los ind&iacute;genas hacia las partes altas del  macizo, han sido desplazados primero por violencia de la marihuana y despu&eacute;s por  el paramilitarismo que ha sido punta de lanza de las avanzadas del progreso. En  el transcurso de escasas dos generaciones las familias se han visto desplazadas  dos veces. Muchos de los desplazados que est&aacute;n llegando hoy a las ciudades de la  zona plana, de ni&ntilde;os llegaron caminando con sus padres a abrir monte en la  Sierra. En el territorio colono se sit&uacute;an hoy las l&iacute;neas &quot;duras&quot; del desarrollo  regional: la explotaci&oacute;n intensiva de recursos, la producci&oacute;n agroindustrial o  la construcci&oacute;n de grandes proyectos de infraestructura. Se concreta entonces  una distinci&oacute;n en la Sierra entre un espacio &quot;sagrado&quot;, orientado a la  conservaci&oacute;n de la diversidad biol&oacute;gica y de su &quot;nativo ecol&oacute;gico&quot; &#40;Ulloa, 2004&#41;  y un espacio dispuesto para el desarrollo de la econom&iacute;a global. No son, sin  embargo, opuestos: representan dos caras de la misma moneda. Constituyen la que  Trouillot &#40;2003&#41; llama geograf&iacute;a del manejo y la gesti&oacute;n &#40;<i>geography of  management</i>&#41;, cuya condici&oacute;n de posibilidad es la <i>geograf&iacute;a imaginaria </i> tejida con las rutas que recorri&oacute; nuestro grupo de trabajo.</p>      <p>A lo largo de este recorrido, a partir de una utop&iacute;a etnogr&aacute;fica se  desestabiliza el sitio arqueol&oacute;gico como espacio de trabajo de campo,  transform&aacute;ndose en territorio de una utop&iacute;a social: de un modelo de habitaci&oacute;n y  de intervenci&oacute;n en el paisaje. Se propone una visi&oacute;n m&uacute;ltiple y ambigua del  macizo de su historia que abre la posibilidad de contraponer al modo  &quot;tradicional&quot; de lectura de la sierra &#40;el paisaje exuberante del tr&oacute;pico salvaje  y sus habitantes&#41;, la lectura del macizo como un lugar &#40;a partir de las cuencas  y los relatos de la historia ind&iacute;gena del presente&#41;. Sin embargo, al pretender  institucionalizar y generalizar este modelo, &quot;focalizando&quot; la sierra, su  historia y su geograf&iacute;a para la mirada del Estado y las pr&aacute;cticas de  planificaci&oacute;n modernas, se crea una nueva din&aacute;mica marcada por el &quot;diagn&oacute;stico&quot;.  El caracterizar la sierra como regi&oacute;n de conflicto y representara sus habitantes  a trav&eacute;s de un relato de refugio, se crea un contexto que determina un cierto  tipo de &quot;intervenci&oacute;n&quot;. As&iacute;, la sierra se convierte en &quot;teatro de operaciones&quot;  militares con las que se busca extirpar de manera eficiente las patolog&iacute;as  diagnosticadas y garantizar una serie de acciones invasivas que buscan generar  un estado de Orden y eficiencia necesarios para la geograf&iacute;a del manejo y la  gesti&oacute;n. En este juego de espejos que nace de la conjunci&oacute;n de la imaginaci&oacute;n  ut&oacute;pica y la imaginaci&oacute;n geogr&aacute;fica, finalmente &quot;ellos hacen lo mismo, pero con  armas&quot;.</p>  <hr size="1">      <p><b>Comentarios</b></p>      <p><sup><a name="1" href="#s1">1</a></sup> &quot;Voices of ancient wisdom&quot; <i>Los Angeles Times</i>, abril   19,   1998, p. M2.</p>        <p><sup><a name="2" href="#s2">2</a></sup>   Se trata de la instituci&oacute;n que m&aacute;s tarde, al ser fusionada con el instituto de    cultura hisp&aacute;nica, se convirti&oacute; en el    icanh: Instituto colombiano de antropolog&iacute;a e historia.</p>        <p><sup><a name="3" href="#s3">3</a></sup>   Hago aqu&iacute; referencia al concepto de &#39;<i>practical mastery</i>&#39; propuesto por    Bourdieu &#40;1977&#41;</p>        <p><sup><a name="4" href="#s4">4</a></sup>   Low se refiere a este proceso como <i>social production of space</i>, <i> &quot;the processes responsible for the material creation of space as they combine      social, economic, ideological, and technological factors&quot; </i> y <i>social construction of space</i>, <i>&quot;the experience of space through which        peoples&#39; social exchanges, memories, images and daily use of the material        setting&quot; </i>&#40;2000:128&#41;.</p>            ]]></body>
<body><![CDATA[<p><sup><a name="5" href="#s5">5</a></sup>   Los trabajos elaborados por los miembros de este equipo de trabajo, aparecen en    adelante marcados con un asterisco &#40;*&#41;.</p>        <p><sup><a name="6" href="#s6">6</a></sup>   Las ciudades imaginadas por More para la isla de utop&iacute;a deb&iacute;an ser perfectamente    uniformes, de manera que &quot;quien conozca una de ellas, las conozca por extensi&oacute;n    a todas, por ser tan exactamente parecidas, siempre y cuando la naturaleza del    terreno lo permita&quot; &#40;More 1997&#91;1516&#93;:57&#41;.    Cualquier parecido con las Ordenanzas de Felipe ii para la ciudades americanas    no es ninguna casualidad.</p>        <p><sup><a name="7" href="#s7">7</a></sup>   La traducci&oacute;n de esta cita es m&iacute;a, como los son todas las traducciones de las    citas originales en este art&iacute;culo.</p>        <p><sup><a name="8" href="#s8">8</a></sup>   De acuerdo con Trouillot &quot;We can see location as a place that has been      situated, localized if not always located. &#91;&hellip;&#93;. We can see the locale as a      venue, a place defined primarily by what happens there: a temple as the locale      for a ritual &#91;&hellip;&#93; Locality is better perceived as a site defined by its human      content most likely a discrete population.    &#40;2003:122-23&#41;</p>        <p><sup><a name="9" href="#s9">9</a></sup>    Se trata de los sitios del Alto de Mira y la Frontera, que hasta hoy existen, y    los de Tigres y Nulicuandecue, que han sido abandonados.</p>        <p><sup><a name="10" href="#s10">10</a></sup>   Los dos &uacute;ltimos fueron traducidos a espa&ntilde;ol por Guillermo rodr&iacute;guez Navarro,    miembro del grupo de trabajo &#40;ver FPS : Centro de documentaci&oacute;n&#41;</p>        <p><sup><a name="11" href="#s11">11</a></sup>   Uribe &#40;1988, 2006&#41; Langebaeck &#40;2005&#41;    Ulloa &#40;2004&#41; y Orrant&iacute;a &#40;2002&#41;    han propuesto una cr&iacute;tica de esta representaci&oacute;n etnogr&aacute;fica.</p>        <p><sup><a name="12" href="#s12">12</a></sup>   Pongo estas frases entre comillas sin atribu&iacute;rselas a nadie, pues hacen parte    del saber com&uacute;n, aparecen en la generalidad de las descripciones desde el siglo    XIX.</p>        <p><sup><a name="13" href="#s13">13</a></sup>   Para una discusi&oacute;n de diversas dimensiones y conceptualizaciones en antropolog&iacute;a    de la relaci&oacute;n cuerpo &ndash; espacio ver Low y Lawrence-Zu&ntilde;iga &#40;2003&#41;.</p>        <p><sup><a name="14" href="#s14">14</a></sup>   Una de las m&aacute;s citadas es la de Hirsch: para quien el concepto de <i>&#39;landscape&#39; </i>entails a relationship between the &#39;foreground&#39; <i>&#40;the concrete actuality      of everyday social life&#41; and &#39;background&#39; </i>&#40;the perceived potentiality&#41; of    social life&quot;. Los que define en analog&iacute;a con &quot;<i>the perception of countryside      scenery and its subsequent improvement &#40;through landscape gardening, estate      management&quot;</i>. &#40;2003: 2-3&#41;.</p>          ]]></body>
<body><![CDATA[<p><sup><a name="15" href="#s15">15</a></sup>    Berque &#40;1994&#41; elabora un conjunto    de criterios para identifcar las que se pueden considerar culturas <i>paysag</i><i>&egrave;res</i>:    la existencia de una palabra para designarlo, de una tradici&oacute;n pict&oacute;rica y una    literaria u oral que lo celebre y la existencia de jardines de disfrute&#41;    se&ntilde;alando que la noci&oacute;n del paisaje no es universal y que de hecho solo existe    &ndash;con sentidos diferentes en la cultura chino-japonesa y en la occidental.</p>        <p><sup><a name="16" href="#s16">16</a></sup>   Cf. diccionario de la real Academia Espa&ntilde;ola, edici&oacute;n de 2006.</p>        <p><sup><a name="17" href="#s17">17</a></sup>   Es decir desde la esquina sur oriental de la sierra que se supone constituye el    territorio &quot;tradicional&quot; de este grupo, mientras que el de los Kogui seria la    esquina noroccidental del macizo y el de los ijka, seria la esquina sur oriental.</p>        <p><sup><a name="18" href="#s18">18</a></sup>   Este conjunto de regiones, que constituyen m&aacute;s de la mitad del territorio    nacional, ha sido el objeto de un trabajo &#40;Serje   2005&#41; donde abordo la manera en    que en el campo de los &quot;estudios regionales&quot; en Colombia se contextualiza la    relaci&oacute;n del Estado con estos territorios.</p>        <p><sup><a name="19" href="#s19">19</a></sup>   En Colombia se calcula que se han vertido cerca de   14 millones de litros de Roundup    ultra enriquecido con Cosmofux 411F    en la &uacute;ltima d&eacute;cada. En la regi&oacute;n de Santa Marta, zona expuesta desde hace   15 a&ntilde;os a las fumigaciones, se    presentan las tasas de malformaciones gen&eacute;ticas mas altas en Am&eacute;rica &#40;anencefalia,    espina b&igrave;fida, meningocele, mielomenigoncele, encafalocele&#41;, con   600 por 100.000 de incidencia, una cifra diez veces mayor que la de Bogot&aacute;   60/100.000 y 30 veces mayor que la de EE.UU.: 20/100.000.    Ver los estudios publicados en<a target=_blank href="http://www.mamacoca.org/">www.mamacoca.org</a> &#40;consultada 28 de julio 2007&#41;.</p>  <hr size="1">      <p><b>REFERENCIAS</b>    <!-- ref --><p>  <b>Agrawal, Arun</b> 2002 &#39;indigenous knowledge and the politics of classification&#39;, <i>International  Social Science Journal </i>173: 287-297.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000119&pid=S1900-5407200800020001000001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Appadurai, Arjun</b>  1988 &#39;Place and Voice in Anthropological Theory&#39;, <i>Cultural Anthropology </i> 3 &#40;1&#41;:16-20&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000120&pid=S1900-5407200800020001000002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Banco Mundial-World Bank</b>   2004    &quot;Documento Preliminar Revisado de la Pol&iacute;tica sobre Pueblos Ind&iacute;genas&quot; &#40;OP/BP   4.10&#41;    disponible en: <a target=_blank href="http://lnweb90.worldbank.org/">http://lnweb18.worldbank.org/ESSd/sdvext.nsf/63bydocName/documentoPreliminarrevisadodelaPol&iacute;ticasobrePueblosInd&iacute;genasOP410/$FILE/Revised+Draft+OP+4.10+120104+SPANISH.pdf</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000121&pid=S1900-5407200800020001000003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Basso, Keith</b> 1996 &quot;Wisdom sits in Places: Notes on a Western Apache Landscape&quot; in S. Feld, Steven  and S. Basso &#40;eds.&#41; <i>Senses of Place</i>, Santa Fe: School of American  research Press pp. 53-90&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000122&pid=S1900-5407200800020001000004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Berman, Marshal</b> 1988 <i>All that is solid melts into air. </i> New York: Viking Penguin&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000123&pid=S1900-5407200800020001000005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Berque, Agustin</b> 1994 <i>Cinq propositions pour une th&eacute;orie du paysage</i>,  Paris : Champ Vallon&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000124&pid=S1900-5407200800020001000006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Blunt, A. y Rose, G. &#40;eds&#41;</b> 1994 <i>Writing Women and Space: Colonial and Postcolonial Geographies,</i> New York: The Guilford Press. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000125&pid=S1900-5407200800020001000007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Botero, Sylvia</b> &#40;1986&#41;* &quot;La Geograf&iacute;a  Sagrada: la Monta&ntilde;a de los Hermanos Mayores&quot;, manuscrito, Bogot&aacute;: Instituto Colombiano de Antropolog&iacute;a. ms.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000126&pid=S1900-5407200800020001000008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Bourdieu, Pierre</b> 1977 <i>Outline of a Theory of Practice</i>,  Cambridge: Cambridge University Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000127&pid=S1900-5407200800020001000009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Burke, Peter</b> 2002 &quot;Context in Context&quot; <i>Common Knowledge </i> 8&#40;1&#41;: 152-177.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000128&pid=S1900-5407200800020001000010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Cadavid, G. y Herrera, L.F.</b> 1985 &#39;Manifestaciones Culturales en el &aacute;rea Tayrona&#39; <i>Informes Antropologicos</i>, 1:5-54&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000129&pid=S1900-5407200800020001000011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>CCAI-Centro de Coordinaci&oacute;n de Acci&oacute;n Integral</b> 2006 <i>Por la recuperaci&oacute;n social del territorio</i>,  Bogot&aacute;: Presidencia de la rep&uacute;blica.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000130&pid=S1900-5407200800020001000012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Clarke, David L.</b> 1980 <i>Spatial Archaeology</i> London Academic Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000131&pid=S1900-5407200800020001000013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Clifford, James</b> 1988 <i>The Predicament of Culture: Twentieth -Century Ethnography, Literature and Art, </i>Cambridge MA: Harvard University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000132&pid=S1900-5407200800020001000014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> 1997 <i>Routes: Travel and Translation in the late twentieth century</i>.  Cambridge MA: Harvard University Press&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000133&pid=S1900-5407200800020001000015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Cresswell, T.</b> 2004 <i>Place a Short Introduction.</i> London: Blackwell.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000134&pid=S1900-5407200800020001000016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Dalla Bernardina, Sergio</b> 1996 <i>L&#39;Utopie de la Nature,</i> Paris: Imag&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000135&pid=S1900-5407200800020001000017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>De Certeau, Michel</b> 1984 <i>The Practice of Everyday Life</i>, Berkeley: University of California Press&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000136&pid=S1900-5407200800020001000018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Deleuze, G. and Guattari, F.</b> 1987 <i>A Thousand Plateaus: Capitalism and Schizophrenia, </i> Minneapolis: University of Minnesota Press&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000137&pid=S1900-5407200800020001000019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Denevan, W. M.</b> 1992 &#39;The Pristine Myth: The landscape of the Americas in 1492&#39;, <i>Annals of the Association of American Geographers </i>82&#40;3&#41;: 369-385.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000138&pid=S1900-5407200800020001000020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Descola, Philippe</b> 1986 <i>La Nature Domestique,</i> Paris : MSH.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000139&pid=S1900-5407200800020001000021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> 2005 <i>Par-del&agrave; Nature et Culture</i>. Paris: Gallimard&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000140&pid=S1900-5407200800020001000022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Dilley, Roy &#40;ed.&#41;</b> 1999 <i>The problem of context</i> N.Y. - Oxford: Bergham Book&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000141&pid=S1900-5407200800020001000023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Duranti, Alessandro y Goodwin, Charles &#40;eds.&#41;</b> 1992 <i>Rethinking Context: language as an interactive phenomenon </i> &#40;Studies in the Social and Cultural Foundations of Language&#41;, Cambridge: Cambridge University Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000142&pid=S1900-5407200800020001000024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Eliade, Mircea</b> 1967 <i>Le Sacr&eacute; et le Profane</i>, Paris: Gallimard. &#91;1956&#93;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000143&pid=S1900-5407200800020001000025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Fabian, Johannes</b> 1983 <i>Time and the Other: How Anthropology Makes its Object,</i> N.Y.: Columbia University Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000144&pid=S1900-5407200800020001000026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Feld, S. y Basso, S. &#40;eds&#41;</b> 1996 <i>Senses of Place</i>. Santa Fe: School of American Research Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000145&pid=S1900-5407200800020001000027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Ferguson, James</b> 2006 &quot;The antipolitics machine&quot; en A. Sharma y A. Gupta &#40;eds&#41; <i>The Anthropology of  the State: A Reader </i>London Blackwell, pp 270-286&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000146&pid=S1900-5407200800020001000028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>FPS-Fundaci&oacute;n Pro Sierra Nevada</b> 1987 &quot;La Fundaci&oacute;n Pro Sierra Nevada de Santa Marta&quot;, cuadernillo promocional.  Bogot&aacute;: Banco de Occidente.     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000147&pid=S1900-5407200800020001000029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> 1988a &#39;Presentaci&oacute;n&#39;, <i>Diagn&oacute;stico de la Sierra Nevada de Santa Marta</i>, Santa Marta: Gobernaci&oacute;n del Magdalena, Corporaci&oacute;n regional del Cesar, Corporaci&oacute;n regional de la Guajira, FPS, con el apoyo del Fondo FEN para la protecci&oacute;n del medio ambiente &quot;Jos&eacute; Celestino Mutis&quot;     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000148&pid=S1900-5407200800020001000030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> 1988b &#39;Contribuci&oacute;n a una historia  oral de la colonizaci&oacute;n de la SNSM, por Alfredo Molano&#39;, <i>Diagn&oacute;stico de la Sierra Nevada de Santa Marta.</i>    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000149&pid=S1900-5407200800020001000031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> 1988c &#39;la cuesti&oacute;n ind&iacute;gena y la situaci&oacute;n de las fronteras de los resguardos por  Silvia Botero y Camilo Arbel&aacute;ez&#39; en <i>Diagn&oacute;stico de la Sierra Nevada de Santa Marta.</i>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000150&pid=S1900-5407200800020001000032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Gerbi, Antonello</b> 1973 <i>The dispute of the new world: The history of a polemic,</i> Pittsburgh: University of Pittsburgh Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000151&pid=S1900-5407200800020001000033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Gil, Ram&oacute;n</b> 1994 Entrevista realizada en el pueblo de Kemak&uacute;meke, r&iacute;o Guachaca entre los d&iacute;as 27 de marzo y 3 de abril.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000152&pid=S1900-5407200800020001000034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> 2007 Entrevista realizada con Juana Londo&ntilde;o en Santa Marta entre junio y julio.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000153&pid=S1900-5407200800020001000035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Gupta, A. y Fergusson, J. &#40;eds&#41;</b> 1992a Theme issue. Space, identity and the Politics of difference, <i>Cultural  Anthropology </i>7&#40;1&#41;.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000154&pid=S1900-5407200800020001000036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> 1992b &#39;Beyond &quot;Culture&quot;: Space, identity and the Politics of difference&#39;, <i>Cultural  Anthropology </i>7&#40;1&#41; pp 6-23.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000155&pid=S1900-5407200800020001000037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> 1997 Anthropological <i>Locations: Boundaries and Grounds of a Field Science, </i> Berkeley: University of California Press&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000156&pid=S1900-5407200800020001000038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Harley, J. B.</b>   1992 &#39;Rereading the Maps of the Columbian Encounter&#39;, <i>Annals of the Association of      American Geographers</i> 82 &#40;3&#41; pp 522-542.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000157&pid=S1900-5407200800020001000039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Harrison, Robert</b> 1992 <i>For&ecirc;ts: Essai sur l&#39;imaginaire occidental,</i> Paris: Flammarion&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000158&pid=S1900-5407200800020001000040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Hartog, Fran&ccedil;ois</b> 1991 <i>Le miroir d&#39;H&eacute;rodote: Essai sur la repr&eacute;sentation de l&#39;autre,</i> Paris; Gallimard&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000159&pid=S1900-5407200800020001000041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Hirsch, E.</b> 1995 &quot;Introduction. Landscape: Between Place and Space&quot; in E. Hirsch and M. O&#39;Hanlon  &#40;eds&#41; <i>The Anthropology of Landscape, Perspectives on Place and Space, </i> Oxford: Clarendon Press, pp.1-30&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000160&pid=S1900-5407200800020001000042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Holston, James</b> 1989 <i>The modernist city. An anthropological critique of Brasilia.</i> Chicago: University of Chicago Press&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000161&pid=S1900-5407200800020001000043&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Jay, Martin</b> 1993 Vision in Context: Reflections and Refractions&quot; in Brennan, T. y Jay, M. &#40;eds&#41; <i> Vision in Context: Historical and Contemporary Perspectives on Sight. </i>London:  Routledge, pp.1-4.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000162&pid=S1900-5407200800020001000044&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Kahn, M.</b> 1996 &#39;Your Place and Mine: Sharing Emotional Landscapes in Wamira, Papua New Guinea&#39;,  in S. Feld and S. Basso &#40;eds&#41; <i>Senses of Place</i>, Santa Fe: School of  American Research Press pp. 167-196.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000163&pid=S1900-5407200800020001000045&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Langebaeck, Carl</b> 1985 &#39;Tres formas de acceso a productos en territorios de los cacicazgos sujetos al  Cocuy siglo XVI&#39;, <i>Bolet&iacute;n del Museo del Oro</i> 18: 29-45&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000164&pid=S1900-5407200800020001000046&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>L&eacute;vi-Strauss, Claude</b> 1973 &quot;Jean-Jacques Rousseau, fondateur des sciences de l&#39;homme&quot;, in <i>Anthropologie  Structurale Deux</i>, Paris: Plon, pp. 45-56&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000165&pid=S1900-5407200800020001000047&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Loochkartt, Saskia y Avila, Camilo</b> 2004 <i>Memoria, Territorio y Cultura: Agua y Tiempo, Naturaleza y Norma en dos &Aacute;reas  Protegidas SIRAP-CAR</i>, Bogot&aacute;: CAR&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000166&pid=S1900-5407200800020001000048&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>L&oacute;pez Michelsen, Alfonso</b> 2004 &quot;La incre&iacute;ble cosecha literaria&quot; <i>Diario El Tiempo, </i>Bogot&aacute;: 19 de diciembre, en: <a target=_blank href="http://www.eltiempo.com/archivo/documento/MAM-1551239/">http://www.eltiempo.com/archivo/documento/MAM-1551239</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000167&pid=S1900-5407200800020001000049&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Low, Setha</b> 2000 <i>On the Plaza: The Politics of public Space and Culture</i>, Austin: University of Texas Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000168&pid=S1900-5407200800020001000050&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Low, Setha y Lawrence-Z&uacute;&ntilde;iga, Denise &#40;eds&#41;</b> 2003 <i>The Anthropology of Space and Place</i>, London Blackwell.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000169&pid=S1900-5407200800020001000051&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Malkki, L.</b> 1992 &#39;National Geographic: The Rooting of Peoples and the Territorialization of  National Identity among Scholars and Refugees&#39;, <i>Cultural Anthropology </i> 7&#40;1&#41;: 24-44.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000170&pid=S1900-5407200800020001000052&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Mason, James Alden</b> 1936 <i>Archaeology of Santa Marta, Colombia: The Tayrona Culture,</i> Chicago: Field Museum of natural History.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000171&pid=S1900-5407200800020001000053&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Mayr, Juan</b> 1984* &#39;Introducci&oacute;n&#39; en J. Mayr et. al. <i>La Sierra Nevada de Santa Marta </i>Bogot&aacute;:  Mayr y Cabal Editores, pp. 6-7&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000172&pid=S1900-5407200800020001000054&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Mayr, Juan et. al.</b> 1984* <i>La Sierra Nevada de Santa Marta</i>. Bogot&aacute;: Mayr y Cabal Editores.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000173&pid=S1900-5407200800020001000055&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Mitchell, Timothy</b> 1986 <i>Iconology: Image, Text, Ideology,</i> Chicago: Chicago University Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000174&pid=S1900-5407200800020001000056&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>More, Thomas</b> 1997 <i>L&#39;Utopie</i> Paris: librio &#91;1516&#93;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000175&pid=S1900-5407200800020001000057&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Mosquera, Tomas C.</b> 1866 <i>Geograf&iacute;a general, pol&iacute;tica, f&iacute;sica y espacial de los Estados Unidos de Colombia  dedicado al Congreso General de la Uni&oacute;n</i>, Londres: imprenta inglesa y Extranjera de H.C. Panzer&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000176&pid=S1900-5407200800020001000058&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Murra, John</b> 1975 <i>Formaciones Econ&oacute;micas y Pol&iacute;ticas del Mundo Andino</i>,  lima, instituto de Estudios Peruanos.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000177&pid=S1900-5407200800020001000059&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>OGT-Organizaci&oacute;n Gonawind&uacute;a Tairona</b> 1997 &#39;Palabras de mama&#39;, unpublished manuscript, Santa Marta: Proyecto Gonawindua  –Ricerca e Coperazione&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000178&pid=S1900-5407200800020001000060&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Orrant&iacute;a, Juan Carlos</b> 2002 &quot;Esencialismo desde el Coraz&oacute;n del Mundo. Informaci&oacute;n como legitimaci&oacute;n del  riesgo&quot; <i>Revista de Antropolog&iacute;a y Arqueolog&iacute;a</i> 13:45- 77&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000179&pid=S1900-5407200800020001000061&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Osborne, Ann</b> 1995 <i>Las cuatro estaciones: Mitolog&iacute;a y estructura social entre los U&#39;wa </i> Bogot&aacute;: Banco de la Rep&uacute;blica-Museo del Oro.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000180&pid=S1900-5407200800020001000062&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Rabinow, Paul</b> 1977 <i>Reflections on Fieldwork in Morocco</i>, Berkeley: University of California Press    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000181&pid=S1900-5407200800020001000063&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> 1989 <i>French Modern, Norms and forms of the social environment,</i> Cambridge, MA: MIT Press&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000182&pid=S1900-5407200800020001000064&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Reichel, Gerardo</b> 1947 &#39;Aspectos econ&oacute;micos entre los indios de la Sierra Nevada&#39; <i>Bolet&iacute;n de  Arqueolog&iacute;a</i>, 2 &#40;5-6&#41;: 573-580.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000183&pid=S1900-5407200800020001000065&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> 1950-51 <i>Los Kogi: una tribu de la Sierra Nevada de Santa Marta </i> 2 vols. Bogot&aacute;: Revista del Instituto Etnol&oacute;gico y Editorial Iquerma    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000184&pid=S1900-5407200800020001000066&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> 1976a &quot;Training for the priesthood among the kogui of Colombia&quot; en J. Wilbert &#40;ed&#41; Enculturation in Latin America: An Anthology, Los Angeles: Latin American Center University of  California, pp. 265-288    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000185&pid=S1900-5407200800020001000067&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> 1976b &quot;Cosmology as Ecological Analysis: A View from the Rain Forest&quot; <i> Man, New Series</i>, 11&#40;3&#41;: 307-318    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000186&pid=S1900-5407200800020001000068&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> 1977 &quot;Los templos Kogui: Introducci&oacute;n al simbolismo y la astronom&iacute;a del espacio    sagrado&quot; <i>Revista Colombiana de Antropolog&iacute;a </i>19:199-245    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000187&pid=S1900-5407200800020001000069&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> 1978 &quot;The Loom of Life: A kogui Principle of Integration&quot; <i>Journal of Latin      American Lore </i>4:5-27&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000188&pid=S1900-5407200800020001000070&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Rival, Laura</b> 1998 &#39;Domestication as an Historical and Symbolic Process: Wild Gardens and  Cultivated Forests in the Ecuadoran Amazon », in W. Bal&eacute;e &#40;ed.&#41;, <i>Advances in Historical Ecology, </i> NY: Columbia University Press, pp. 232-252&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000189&pid=S1900-5407200800020001000071&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Rodman, Margaret</b> 2003 &#39;Empowering Place: Multilocalty and Multivocality&#39; in S. Low and D. Lawrence-Z&uacute;&ntilde;iga, <i>The Anthropology of Space and Place</i>, London Blackwell, pp 204-223.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000190&pid=S1900-5407200800020001000072&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Rodr&iacute;guez, Guillermo Enrique</b> 1980* &quot;Niveles de an&aacute;lisis para el  estudio especial de los asentamientos arqueol&oacute;gicos del valle del Buritaca,  Sierra Nevada de Santa Marta Colombia&quot;, Bogot&aacute;: Fundaci&oacute;n Cultura Tairona, ms.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000191&pid=S1900-5407200800020001000073&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Roger, Alain</b> 1997 <i>Court trait&eacute; du paysage,</i> Paris: Gallimard.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000192&pid=S1900-5407200800020001000074&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Said, Edward</b> 1979 <i>Orientalism</i> New York: Vintage Books&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000193&pid=S1900-5407200800020001000075&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Salazar, Fernando</b> 1982* &quot;Seguimiento de los transectos bot&aacute;nicos en las estaciones&quot; Bogot&aacute;: Fundaci&oacute;n  Cultura Tairona, ms.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000194&pid=S1900-5407200800020001000076&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Scott, James C.</b> 1998 <i>Seeing Like a State: How Certain Schemes to Improve the Human Condition Have  Failed,</i> New Haven: Yale University Press&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000195&pid=S1900-5407200800020001000077&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Serje, Margarita</b> 1984*<i>Organizaci&oacute;n Urbana en Ciudad Perdida</i>, Cuadernos de Arquitectura Escala, No. 9 Bogot&aacute;: Editorial Escala     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000196&pid=S1900-5407200800020001000078&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> 1985* &quot;Las Ciudades de Piedra&quot; en J. Mayr et. al. <i>La Sierra Nevada de Santa Marta </i>Bogot&aacute;: Mayr y  Cabal Editores, pp. 76-111.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000197&pid=S1900-5407200800020001000079&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> 1987a* &#39;Arquitectura para Ciudad Perdida: Un modelo de Asentamiento para la Sierra Nevada de Santa Marta&#39;, unpublished monograph, Bogot&aacute;: Universidad de los Andes, Facultad de  Arquitectura.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000198&pid=S1900-5407200800020001000080&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> 1987b* &#39;Arquitectura y urbanismo en la cultura Tairona&#39;, <i>Bolet&iacute;n del Museo del Oro</i>, 19:87-96.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000199&pid=S1900-5407200800020001000081&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> 2005 <i>El Rev&eacute;s de la Naci&oacute;n: Territorios salvajes, fronteras y tierras de nadie, </i>Bogot&aacute;: Ediciones  Universidad de los Andes.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000200&pid=S1900-5407200800020001000082&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Sim&oacute;n, Fray Pedro</b> 1982 <i>Noticias historiales de las conquistas de tierra firme en las Indias  Occidentales</i> Bogot&aacute;: Biblioteca del Banco Popular &#40;6 vols.&#41;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000201&pid=S1900-5407200800020001000083&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>SIP – Secretar&iacute;a de Integracion Popular </b>1990 <i> Plan Regional de Rehabilitacion del Distrito Sierra Nevada de Santa Marta,</i> Bogot&aacute;: Presidencia de la Rep&uacute;blica&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000202&pid=S1900-5407200800020001000084&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Thomas, Keith</b> 1983 <i>Man and the Natural World: Changing Attitudes in England</i> 1500<i>-</i>1800 Oxford: Oxford University Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000203&pid=S1900-5407200800020001000085&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Thomas, Nicholas</b> 1996 <i>Out of Time: History and Evolution in Anthropological Discourse</i>,  Ann Arbor: University of Michigan Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000204&pid=S1900-5407200800020001000086&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Trouillot, Michel-Rolph</b> 2003 <i>Global Transformations: Anthropology and the Modern World. </i> New York: Palgrave-MacMillan.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000205&pid=S1900-5407200800020001000087&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Ulloa, Astrid</b> 2004 <i>La Construcci&oacute;n del Nativo Ecol&oacute;gico, </i> Bogot&aacute;: ICANH –Colciencias.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000206&pid=S1900-5407200800020001000088&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Uribe, Carlos A.</b> 1988 &#39;De la Sierra Nevada de Santa Marta, sus ecosistemas, ind&iacute;genas y antrop&oacute;logos&#39; <i>Revista de Antropolog&iacute;a y Arqueolog&iacute;a</i>, 4 &#40;1&#41;:7-35    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000207&pid=S1900-5407200800020001000089&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> 2006 &#39;Y me citar&aacute;n por muchos a&ntilde;os m&aacute;s: el modelo interpretativo de Garardo Reiche-Dolmatoff  y la antropolog&iacute;a de la Sierra Nevada de Santa Marta&#39; in A. Abello &#40;ed.&#41; <i>El  Caribe en la Naci&oacute;n Colombiana </i>Bogot&aacute;: Museo Nacional de  Colombia-Observatorio del Caribe Colombiano, pp.277-289&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000208&pid=S1900-5407200800020001000090&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Van der Hammen, Mar&iacute;a Clara</b> 1992 <i>El Manejo del Mundo: Naturaleza y sociedad entre los Yukuna de la Amazonia  colombiana,</i> Bogot&aacute;: Tropenbos y Tercer Mundo Editores.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000209&pid=S1900-5407200800020001000091&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Van der Hammen, Mar&iacute;a Clara y Rodr&iacute;guez, Carlos</b> 2000 &quot;Restauraci&oacute;n Ecol&oacute;gica Permanente: Lecciones del manejo del bosque amaz&oacute;nico  por comunidades ind&iacute;genas del medio y bajo Caquet&aacute;&quot;, en Ponce de Le&oacute;n, E. &#40;ed&#41; <i>Memorias del Seminario de Restauraci&oacute;n Ecol&oacute;gica y Reforestaci&oacute;n, </i>Bogot&aacute;:  FAAE –Fescol- GTZ.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000210&pid=S1900-5407200800020001000092&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Vollmer, Loraine</b> 1982* &quot;La ciudad bot&aacute;nica: Manejo del paisaje y la vegetaci&oacute;n en Ciudad Perdida&quot;  Bogot&aacute;: Fundaci&oacute;n Cultura Tairona, ms.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000211&pid=S1900-5407200800020001000093&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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