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<journal-title><![CDATA[Antipoda. Revista de Antropología y Arqueología]]></journal-title>
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<publisher-name><![CDATA[Departamento de Antropología, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de los Andes]]></publisher-name>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[LA CIUDAD MODERNISTA: Y LA MUERTE DE LA CALLE]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[The purpose of this article is to examine the street &#40;and what has replaced it&#41;, in two contrasting urban types: Pre-industrial Rio de Janeiro and Ouro Preto and modernist Brasilia. Questions will be asked regarding the design and planning of the streets and what they can reveal about urban organization in these cities. Inquires will be made about the knowledge that this type of organization can offer concerning the nature of political regimes and its relation to society.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[   <font face="verdana" size="2">      <p align="center" ><font face="verdana" size="4"><b>LA CIUDAD MODERNISTA</b>    <br> Y LA MUERTE DE LA CALLE<sup><a name="s*" href="#*">*</a></sup></font></p>      <p><b><sup>**</sup>James Holston</b></p>  <sup>**</sup>Profesor Asociado, Departamento de Antropolog&iacute;a</i>   <i>Universidad de California. Correo electr&oacute;nico: </i>   <a target=_blank href="mailto:jholston@berkeley.edu">jholston@berkeley.edu</a></p>   <hr size="1">      <p><b>RESUMEN</b></p>      <p>En este art&iacute;culo examinaremos la calle &#40;y lo que la ha reemplazado&#41; en dos tipos  contrastantes de urbanismo, el preindustrial de R&iacute;o de Janeiro y Ouro Preto y el  modernista de Brasilia. Nos preguntaremos por lo que nos puedan revelar el  dise&ntilde;o y la planeaci&oacute;n de las calles en estos ejemplos acerca de la organizaci&oacute;n  urbana en las diferentes ciudades. Adem&aacute;s, indagaremos acerca de lo que esta  organizaci&oacute;n nos ense&ntilde;a sobre la naturaleza de los reg&iacute;menes pol&iacute;ticos y sobre  su relaci&oacute;n con la sociedad.</p>      <p><b>PALABRAS CLAVE    <br> </b>Organizaci&oacute;n urbana, reg&iacute;menes pol&iacute;ticos.</p>  <hr size="1">      <p><b>ABSTRACT</b>    <p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>The purpose of this article is to examine the street &#40;and what has replaced it&#41;,  in two contrasting urban types: Pre-industrial Rio de Janeiro and Ouro Preto and  modernist Brasilia. Questions will be asked regarding the design and planning of  the streets and what they can reveal about urban organization in these cities.  Inquires will be made about the knowledge that this type of organization can  offer concerning the nature of political regimes and its relation to society.</p>      <p><b>KEY WORDS</b>    <br> Urban organization, political regimes.</p>     <p>FECHA DE RECEPCI&Oacute;N: JUNIO DE 2008 / FECHA DE ACEPTACI&Oacute;N: JUNIO DE 2008</p>  <hr size="1">      <p>El descubrimiento de que Brasilia es una ciudad sin esquinas produce una profunda desorientaci&oacute;n.    al notar que la utop&iacute;a carece de intersecciones se cae en cuenta, como m&iacute;nimo,    de que tanto los conductores como los peatones deben redefinir la manera como    conciben la locomoci&oacute;n urbana. en un sentido m&aacute;s amplio, esto puede significar    que &quot;el hombre multiplicado por el motor&quot; —para usar un axioma futurista— ha    concretado por fn su utop&iacute;a. en otras ciudades brasile&ntilde;as, el peat&oacute;n se desplaza    hacia la esquina de casi cada calle, espera a que cambie la luz del sem&aacute;foro y    con algo de seguridad cruza hacia el otro lado. en Brasilia, en donde el <i>   bal&atilde;o, </i>la rotonda, sustituye la esquina y en donde, por lo tanto, no hay    intersecciones que distribuyan el derecho a la v&iacute;a entre peatones y veh&iacute;culos,    este sencillo cruce se hace mucho m&aacute;s peligroso. El desequilibrio de fuerzas que    esto produce tiende, sencilla y llanamente, a eliminar al peat&oacute;n: quien puede,    conduce un veh&iacute;culo. La ausencia de ese ritual de paso que constituyen las    esquinas de las calles es tan s&oacute;lo una indicaci&oacute;n de una de las caracter&iacute;sticas    m&aacute;s distintivas y radicales de la modernidad de Brasilia: la ausencia misma de    calles. en lugar de calles, en Brasilia hay avenidas en las que se transita a    alta velocidad y callejones residenciales; en lugar de peatones, hay    autom&oacute;viles; en lugar del sistema de espacios p&uacute;blicos que crea el entramado de    calles, se encuentra la visi&oacute;n de un urbanismo moderno y mesi&aacute;nico &#40;<a href="#f1">Figura 1</a>,<a href="#f2">2</a>, <a href="#f3">3</a>, <a href="#f4">4</a>, <a href="#f5">5</a>&#41;.</p>         <p align=center><a name=f1><img src="img/revistas/antpo/n7/n7a12f1.jpg"></a></p>      <p align=center><a name=f2><img src="img/revistas/antpo/n7/n7a12f2.jpg"></a></p>      <p>Brasilia materializa, a escala de toda una ciudad, uno de los objetivos de  planificaci&oacute;n m&aacute;s fundamentales de la arquitectura moderna: el de redefinir la  funci&oacute;n urbana del tr&aacute;fico por medio de la eliminaci&oacute;n de lo que esta modalidad  denomina la calle-corredor, la calle bordeada por fachadas continuas de  edificaciones. En su cr&iacute;tica de las ciudades y las sociedades del capitalismo,  la arquitectura moderna propone la eliminaci&oacute;n de la calle como un prerrequisito  para la organizaci&oacute;n urbana moderna arremete contra la calle por una serie de  razones<sup><a name="s1" href="#1">1</a></sup>. Por un lado, considera que la  calle-corredor es un foco de infecciones. Por otro lado, considera que la calle  constituye un obst&aacute;culo al progreso porque no consigue acomodar las necesidades  de la era de la m&aacute;quina.</p>      <p align=center><a name=f3><img src="img/revistas/antpo/n7/n7a12f3.jpg"></a></p>     <p align=center><a name=f4><img src="img/revistas/antpo/n7/n7a12f4.jpg"></a></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align=center><a name=f5><img src="img/revistas/antpo/n7/n7a12f5.jpg"></a></p>      <p>Sin embargo, la planeaci&oacute;n modernista se deriva solo parcialmente de estas  consideraciones de salud p&uacute;blica y de las necesidades generadas por la  innovaci&oacute;n t&eacute;cnica. de manera m&aacute;s profunda, la arquitectura moderna ataca la  calle porque, como veremos en este cap&iacute;tulo, &eacute;sta constituye una organizaci&oacute;n  arquitect&oacute;nica de lo p&uacute;blico y lo privado en la vida social que el modernismo  busca subvertir. En el modelo de ciudad que el modernismo ataca, la calle es a  la vez un tipo espec&iacute;fico de lugar y un espacio de la vida p&uacute;blica. la  organizaci&oacute;n arquitect&oacute;nica de este espacio estructura todo el paisaje urbano en  t&eacute;rminos del contraste entre el espacio p&uacute;blico y la edificaci&oacute;n privada. en la  medida en que mantiene y sostiene este contraste, la calle encarna la definici&oacute;n  de lo p&uacute;blico como algo que se define en contraste con lo privado. Por lo tanto,  la calle no es tan solo un lugar en el que ocurren actividades de distinto tipo.  Tambi&eacute;n encarna un principio de orden arquitect&oacute;nico a trav&eacute;s del cual se  representa y se constituye la esfera p&uacute;blica de la vida civil.</p>      <p>Se puede ver m&aacute;s claramente c&oacute;mo la calle representa ese discurso entre lo  p&uacute;blico y lo privado al examinar su estructura en la ciudad preindustrial y su  eliminaci&oacute;n en la ciudad de la arquitectura moderna. Para ello, en este cap&iacute;tulo  examinaremos la calle &#40;y lo que la ha reemplazado&#41; en dos tipos contrastantes de  urbanismo, el preindustrial de r&iacute;o de Janeiro y Ouro Preto y el modernista de  Brasilia. Nos preguntaremos por lo que nos puedan revelar el dise&ntilde;o y la  planeaci&oacute;n de las calles en estos ejemplos acerca de la organizaci&oacute;n urbana en  las diferentes ciudades. Adem&aacute;s, indagaremos acerca de lo que esta organizaci&oacute;n  nos ense&ntilde;a sobre la naturaleza de los reg&iacute;menes pol&iacute;ticos y sobre su relaci&oacute;n  con la sociedad. Quiero proponer que comparar la estructura del espacio p&uacute;blico  en las ciudades preindustriales de un imperio colonial y en la capital  administrativa de un estado burocr&aacute;tico moderno equivale a presentar los  distintos tipos de orden urbano como concretizaciones de reg&iacute;menes pol&iacute;ticos  contrastantes. M&aacute;s aun, este contraste expone concepciones muy diferentes de lo  p&uacute;blico y lo privado en las relaciones entre la autoridad civil y la sociedad  civil.</p>      <p>Aqu&iacute; presento un contraste entre el urbanismo modernista y el preindustrial en Brasil  porque Brasilia fue dise&ntilde;ada para transformar, tanto arquitect&oacute;nica como  socialmente, una forma de vida urbana que se hab&iacute;a establecido en las ciudades  preindustriales. el modernismo europeo ataca la ciudad del siglo XIX en gran  medida porque su fundamento f&iacute;sico preindustrial, dominado por el &quot;gobierno  implacable&quot; de la propiedad privada, no se atiene a los requerimientos ni a las  consecuencias de la industrializaci&oacute;n. En Brasil, como en Europa, debemos  evaluar la estructura del urbanismo preindustrial para comprender el significado  de las transformaciones modernistas.</p>      <p>El urbanismo preindustrial en Brasil cristaliz&oacute; como modelo nacional a finales del  siglo dieciocho y comienzos del diecinueve, y aqu&iacute; me centro en el desarrollo de  Ouro Preto y r&iacute;o de Janeiro porque cada cual fue la capital en cada uno de estos  siglos respectivamente. durante este per&iacute;odo, las ciudades m&aacute;s extensas de  Brasil surgieron como centros dominantes, y difusores de gran influencia, en lo  cultural, en lo social y en las actitudes, y se erigieron en modelos regionales  &#40;en el caso de Ouro Preto&#41; y nacionales &#40;en el caso de r&iacute;o de Janeiro&#41; tanto de  la forma urbana como de la sociedad urbana<sup><a name="s2" href="#2">2</a></sup>. A  medida que cristalizaba y se expand&iacute;a la forma de vida urbana en Ouro Preto alrededor  de la producci&oacute;n de oro y en r&iacute;o alrededor de la llegada de la corte portuguesa  desde Lisboa, ambas capitales se convirtieron en centros modelo para sus  respectivas &aacute;reas de influencia. Sirvieron como veh&iacute;culos de cambio en sus  respectivos <i>hinterland </i>y proyectaron sus modelos de organizaci&oacute;n urbana a  otras ciudades. As&iacute;, en los per&iacute;odos que las examinaremos, Ouro Petro y r&iacute;o son  la expresi&oacute;n de modelos dominantes de urbanismo preindustrial en Brasil. Estos  modelos son el resultado final de tres siglos de esfuerzos coloniales. En esa  medida, estas ciudades revelan una s&iacute;ntesis de los rasgos m&aacute;s caracter&iacute;sticos y  fundamentales del urbanismo preindustrial, una modalidad que ya no depend&iacute;a ni  social ni culturalmente de la sociedad patrimonial rural, pero que todav&iacute;a no  hab&iacute;a sido transformada por la industrializaci&oacute;n.</p>      <p>Aun cuando la industrializaci&oacute;n ciertamente alter&oacute; esta s&iacute;ntesis, este modelo urbano  sigue funcionando como un prototipo b&aacute;sico de vida social y de organizaci&oacute;n  espacial en muchas, si no en la mayor&iacute;a de las ciudades brasile&ntilde;as de menor  tama&ntilde;o. este modelo sigue siendo importante porque, aunque se suele suponer que  la urbanizaci&oacute;n es un producto de la industrializaci&oacute;n, no hay una correlaci&oacute;n  entre estos dos fen&oacute;menos en Brasil<sup><a name="s3" href="#3">3</a></sup>. Desde 1940, el  crecimiento de las ciudades en las zonas no industriales ha seguido un ritmo muy  similar a las de las ciudades en las regiones industriales. B&aacute;sicamente, estas  ciudades siguen siendo preindustriales o no industriales y se expanden sobre los  fundamentos del dise&ntilde;o urbano de comienzos del siglo XIX. Por lo tanto, el  contraste que trazar&eacute; entre el urbanismo modernista y el preindustrial no es tan  solo un ejercicio de an&aacute;lisis hist&oacute;rico, sino que aborda los problemas de la  urbanizaci&oacute;n en el Brasil contempor&aacute;neo.</p>      <p>La calle-corredor es fundamental para analizar estas cuestiones porque constituye  el contexto arquitect&oacute;nico de la vida p&uacute;blica en el espacio abierto de las  ciudades brasile&ntilde;as. en su forma preindustrial, este contexto se define en  t&eacute;rminos del contraste entre el sistema de entramado de calles que constituyen  los espacios p&uacute;blicos y el sistema residencial de edificaciones privadas. es  esta relaci&oacute;n entre lo p&uacute;blico y lo privado, con las consecuencias que conlleva  para la vida p&uacute;blica, lo que subvierte Brasilia.</p>      <p>Para comprender c&oacute;mo la calle ordena los dominios p&uacute;blico y privado y c&oacute;mo su  eliminaci&oacute;n en Brasilia afecta ese orden, debemos establecer como primera medida  c&oacute;mo es que la calle llega a cobrar significado. Una manera de abordar esta  cuesti&oacute;n es por medio de la identificaci&oacute;n de las convenciones que utilizan los  arquitectos y los planeadores para el dise&ntilde;o de espacios urbanos, entre las cuales la calle viene a ser la principal, y que se viven en la  experiencia diaria como una arquitectura ya construida. Si analizamos estas  convenciones en el r&iacute;o de Janeiro y el Ouro Preto preindustriales, se ver&aacute; m&aacute;s  claramente el significado de la muerte de la calle en Brasilia.</p>      <p><b>EL CONTEXTO ARQUITECT&Oacute;NICO DE LA VIDA EN LA CALLE</b></p>      <p>Uno de los impactos m&aacute;s fuertes de la migraci&oacute;n a Brasilia es el descubrimiento de  que es una ciudad sin muchedumbres. Pero no es de la ausencia de aglutinamiento  de lo que se quejan los que migran hacia all&aacute;, sino m&aacute;s bien de la ausencia de  la vida social de las masas que esperan encontrar en los espacios p&uacute;blicos de  una ciudad. en entrevista tras entrevista con brasile&ntilde;os que comparan su ciudad  natal con Brasilia, todos notan esa diferencia fundamental: en Brasilia &quot;no hay  gente en la calle&quot;, a la ciudad &quot;le faltan muchedumbres&quot; y le falta el  &quot;movimiento de la calle&quot;. Debido a esta carencia de aglomeraciones urbanas,  Brasilia ha adquirido fama de ser una ciudad a la que &quot;le falta calor humano&quot;.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Una y otra vez, los brasilienses le atribuyen la falta de vida en la calle a varios  factores, tal como la enorme distancia que hay entre edificios y la segregaci&oacute;n  de actividades en sectores urbanos claramente diferenciados. Pero la explicaci&oacute;n  m&aacute;s frecuente es a la vez la m&aacute;s profunda. La cuesti&oacute;n es que Brasilia &quot;no tiene  esquinas&quot;. esta observaci&oacute;n se refiere a que en Brasilia no se encuentra, como  en otras ciudades brasile&ntilde;as, todo el sistema de espacios p&uacute;blicos que  tradicionalmente se hace posible gracias al entramado de calles, a que faltan no  solo las esquinas, sino las aceras bordeadas por una alineaci&oacute;n continua de  fachadas de tiendas y residencias, las plazas y las calles mismas. es una  explicaci&oacute;n en la que la esquina aparece como metonimia del sistema de  interacciones que se dan en la calle entre personas, residencias, comercio y  tr&aacute;fico. Es una explicaci&oacute;n que traza una conexi&oacute;n entre los espacios p&uacute;blicos  de una ciudad y la vida p&uacute;blica que posibilitan las calles.</p>      <p>Se puede percibir la naturaleza de esta conexi&oacute;n en la siguiente comparaci&oacute;n  t&iacute;pica entre Brasilia y su ciudad natal, que traz&oacute; un funcionario de la  dependencia encargada del desarrollo urbano de la capital &#40;Novacap&#41; . Este  ingeniero civil hab&iacute;a nacido en una peque&ntilde;a ciudad del interior del estado  nordestino de Cear&aacute;. Luego se fue a vivir a la capital del estado, Fortaleza,  para cursar sus estudios universitarios y permaneci&oacute; all&iacute; varios a&ntilde;os despu&eacute;s de  haberse graduado. En busca de mejores oportunidades de trabajo, se traslad&oacute; a  Brasilia a mediados de los a&ntilde;os sesenta. En su descripci&oacute;n de su primer a&ntilde;o en  la ciudad como un per&iacute;odo de <i>brasilite</i>, de enajenaci&oacute;n, le atribu&iacute;a su  &quot;alergia a Brasilia&quot;, como &eacute;l mismo la llamaba, a la falta absoluta de &quot;los  tradicionales espacios p&uacute;blicos de encuentro&quot; a los cuales estaba acostumbrado,  pero en especial a la inexistencia de la esquina de bario. Defin&iacute;a la  importancia social de las esquinas llam&aacute;ndolas &quot;los puntos de convivencia  social&quot; del barrio. Estos eran los lugares m&aacute;s importantes de encuentro y de  actividad p&uacute;blica &#40;principalmente para los hombres&#41; en la comunidad residencial.  con respecto a su barrio en Fortaleza, por ejemplo, subray&oacute; la importancia de  &quot;la esquina de X&quot;, la cual recib&iacute;a el nombre de la tienda-bar-restaurante que se  encontraba en esa esquina, porque era el lugar al cual pod&iacute;a ir siempre que  quer&iacute;a encontrarse con un amigo, pasar un rato, buscar a un vecino o enterarse  de las noticias. Esta esquina era el n&oacute;dulo de informaci&oacute;n del barrio, su sala  al aire libre por as&iacute; decirlo.</p>      <p>En Brasilia, en cambio, le parec&iacute;a que la falta de esquinas &#40;es decir del sistema  callejero de espacios p&uacute;blicos&#41; ten&iacute;a un efecto interorizador; obligaba a la  gente a quedarse en su apartamento y en lugar de la espontaneidad del encuentro  callejero, la forzaba a la visita formal en la casa de otros. &quot;Para encontrarme  con un amigo, yo ten&iacute;a pr&aacute;cticamente que ir a su casa o &eacute;l ten&iacute;a que venir a la  m&iacute;a&quot;. Puesto que, seg&uacute;n &eacute;l, la gente est&aacute; menos dispuesta a recibir visitas en  su casa que a encontrarse con otros en un lugar p&uacute;blico, esta interiorizaci&oacute;n de  la vida social ten&iacute;a el efecto de restringir y en &uacute;ltimas de constre&ntilde;ir su  universo social. Para alguien acostumbrado al espacio p&uacute;blico exterior, a la  sociabilidad de la esquina, su eliminaci&oacute;n produc&iacute;a no solo una interiorizaci&oacute;n  de los contactos sociales, sino tambi&eacute;n un profundo sentido de aislamiento. En  la planificada Brasilia no hay muchedumbres urbanas, no hay sociabilidad de  esquina, no hay sociabilidad de acera, en gran medida porque no hay plazas, no  hay calles y no hay esquinas.</p>      <p>Los brasile&ntilde;os se imaginan la experiencia de la vida diaria en la ciudad como de  muchedumbres, no solo porque esperan que haya una mayor cantidad de gente en las  ciudades que en el campo, sino sobre todo porque esperan encontrar calles en las  ciudades y porque la calle es el terreno acostumbrado del <i>movimento</i>, de  la exhibici&oacute;n y la interacci&oacute;n de las muchedumbres. y pueden imaginarse as&iacute; la  vida en la ciudad porque parten de la base de que la diferencia fundamental  entre la ciudad y el campo radica en la existencia misma de <i>ruas</i>, calles.  Las comunidades rurales &#40;<i>aldeias, povoados, fazendas </i>y <i>ro&ccedil;as </i>—  aldeas, pueblos, fincas y plantaciones&#41; no tienen <i>ruas</i>; m&aacute;s bien tienen <i>estradas</i>, &quot;carreteras&quot;, y <i>caminhos</i>, &quot;caminos&quot;. Solo las ciudades  —aquellos asentamientos clasificados oficialmente, independientemente de su  tama&ntilde;o, como <i>cidades </i>y <i>vilas </i>— tienen <i>ruas</i>. As&iacute;, una de las  expresiones de los habitantes urbanos para cuando van al centro, a la zona  comercial de la ciudad, es <i>vou &agrave; rua</i>, &quot;voy a la calle&quot;, y la expresi&oacute;n de  los campesinos para cuando van desde el campo a la ciudad es exactamente la  misma. es decir, la palabra &quot;calle&quot; significa &quot;ciudad&quot; porque se refiere a un  tipo particular de lugar que solo se encuentra en las ciudades.</p>      <p>Este tipo de lugar tiene una forma f&iacute;sica distintiva que constituye la  diferencia fundamental entre la arquitectura urbana y la rural. Esta diferencia  se percibe m&aacute;s claramente en el Brasil preindustrial, pero rige tambi&eacute;n para los  fundamentos f&iacute;sicos de aquellas comunidades, que si bien no se modernizaron, s&iacute;  se industrializaron. en los asentamientos rurales, el modelo b&aacute;sico de uso de la  tierra es el de edificaciones separadas unas de las otras y con &aacute;reas libres por  los cuatro costados, algunas de las cuales se usan para circular. en contraste,  la ciudad preindustrial es, desde una perspectiva arquitect&oacute;nica, una masa  s&oacute;lida de edificaciones contiguas en la que se trazan los espacios de  circulaci&oacute;n. No se trata de edificaciones separadas e independientes &#40;con  algunas significativas excepciones que trataremos m&aacute;s adelante&#41;, y los espacios  circunscritos son calles, que se usan sobre todo para circular &#40;ver <a href="#f1">figura 1</a>&#41;.  M&aacute;s aun, la expansi&oacute;n de la ciudad preindustrial consiste en ir encerrando con  edificaciones los espacios rurales abiertos que la rodean. Incluso en donde el  espacio urbano se va llenando progresivamente, las nuevas edificaciones  conservan ese sentido espacial de encierro que define la calle.</p>      <p>La calle no es, sin embargo, apenas un paso para el tr&aacute;nsito. Su espacio es tan  solo un elemento en una forma muy compleja. Como configuraci&oacute;n arquitect&oacute;nica,  la calle se compone de un espacio abierto hacia el cielo, del marco f&iacute;sico que  la contiene y le da forma, es decir, las fachadas de las edificaciones, y del  piso. Este &uacute;ltimo suele estar pavimentado y tiene dos o m&aacute;s niveles diferentes:  el nivel de la base de las edificaciones y, a un nivel m&aacute;s bajo, el de la v&iacute;a  transitable propiamente dicha; un tercer nivel media entre estos dos, compuesto  de la acera, el borde de la calle y escalones que establecen en la calle  diversas zonas de actividad, diferenciadas pero interrelacionadas. la  interacci&oacute;n entre la expansi&oacute;n de ese piso y la altura y el car&aacute;cter de las  edificaciones que lo rodean produce el efecto de que el cielo mismo tiene una  altura definida. El sistema de calles que organiza los espacios p&uacute;blicos se  compone de todos los elementos de esta configuraci&oacute;n arquitect&oacute;nica.</p>      <p>La plaza urbana es, si seguimos esta definici&oacute;n, un caso muy especial de calle<sup><a name="s4" href="#4">4</a></sup>.  En el plano de r&iacute;o de Janeiro que hizo Jean Baptiste Debret en 1839 se hace  evidente que en las ciudades brasile&ntilde;as la plaza se desarrolla de manera t&iacute;pica  en relaci&oacute;n con las calle o con una combinaci&oacute;n de v&iacute;as: por ejemplo, como un  ensanchamiento o una expansi&oacute;n lateral de las v&iacute;as principales, generalmente  conocidas como un <i>largo</i>; como un punto de acceso a las v&iacute;as principales  en las puertas de la ciudad o en el puerto; como intersecci&oacute;n de calles  principales que irradian desde ese punto, generalmente conocida con el t&eacute;rmino  de pra&ccedil;a; como un pedazo de tierra perif&eacute;rico que la ciudad va absorbiendo  gradualmente y enmarcando como una plaza, llamado <i>rocio </i>o <i>rossio</i>;  o como un atrio, el &aacute;rea frente a una iglesia que gradualmente se ve rodeado de  edificaciones y conectado a un sistema de calles. En todos estos casos, a la  plaza la definen las mismas caracter&iacute;sticas arquitect&oacute;nicas que a la calle.</p>      <p>Para ver c&oacute;mo esas caracter&iacute;sticas constituyen el contexto arquitect&oacute;nico de la  vida en la calle en la ciudad preindustrial, podemos examinar las ilustraciones  de Debret de r&iacute;o de Janeiro en el siglo XIX &#40;<a href="#f6">figura 6</a> - <a href="#f7">7</a>&#41;. Con excepci&oacute;n de los  cambios obvios en el vestido y los medios de transporte, estas escenas de la  calle y la plaza muestran una visi&oacute;n notablemente contempor&aacute;nea de la vida  callejera en r&iacute;o y sobre todo en ciudades m&aacute;s peque&ntilde;as de Brasil. Con gran  precisi&oacute;n etnogr&aacute;fica, ilustran la vida que trascurre en el &aacute;mbito p&uacute;blico  exterior en r&iacute;o, las actividades diarias y las ceremonias de sus muchedumbres,  los h&aacute;bitos de los caminantes, compradores, vendedores e indigentes<sup><a name="s5" href="#5">5</a></sup>.</p>      <p>Las ilustraciones de Debret retratan a r&iacute;o durante su per&iacute;odo inicial de supremac&iacute;a    cultural y pol&iacute;tica, luego de que, con el traslado de la corte portuguesa de    Lisboa en 1808, pasara de ser una adormilada ciudad colonial de sesenta mil    habitantes a convertirse en la ciudad m&aacute;s influyente de Brasil y la capital de    un imperio. Lo m&aacute;s interesante, desde nuestro punto de vista, es que la    presencia de la corte gener&oacute; una muchedumbre urbana como no hab&iacute;a existido    anteriormente en las ciudades brasile&ntilde;as, un vasto cuerpo de todo tipo de    personas que viv&iacute;an y trabajaban permanentemente en la ciudad. Para cuando lleg&oacute;    Debret a la ciudad, casi una d&eacute;cada despu&eacute;s del traslado de la realeza, la    poblaci&oacute;n de r&iacute;o se hab&iacute;a duplicado. La inmigraci&oacute;n de veinticuatro mil    portugueses y de un gran n&uacute;mero de europeos de otros pa&iacute;ses transform&oacute; la    capital. La corona emprendi&oacute; un proyecto de construcci&oacute;n de instituciones. Cre&oacute;    numerosas escuelas de educaci&oacute;n superior &#40;entre las que se cuentan las de    ciencias militares, ingenier&iacute;a, medicina y bellas artes&#41;, una biblioteca    nacional y una multitud de oficinas de gobierno, todas nuevas en Brasil. Estas    instituciones requer&iacute;an nuevos edificios, y los trabajos p&uacute;blicos que se    promovieron le imprimieron un car&aacute;cter definido tanto a los &aacute;mbitos civiles y    comerciales como a los residenciales de la ciudad. y puesto que los t&iacute;tulos y las funciones    de la corte atra&iacute;an familias ricas a la capital, r&iacute;o se convirti&oacute; a su vez en el    lugar que concentraba y desde donde se transmit&iacute;a un modelo de vida urbana    idealizado, y su forma f&iacute;sica se hab&iacute;a convertido en un escenario identificable    por sus muchedumbres, costumbres, modas y su peculiar s&iacute;ntesis de sensibilidades    europeas y africanas<sup><a name="s6" href="#6">6</a></sup>.</p>        <p>Si comparamos la principal plaza civil de r&iacute;o, una calle en la zona central y  una calle de un barrio residencial &#40;<a href="#f6">Figura 6</a> - <a href="#f7">7</a>&#41;, vemos que un n&uacute;mero espec&iacute;fico de  factores definen y median entre los s&oacute;lidos y los vac&iacute;os de la calle. &Eacute;stos  establecen un patr&oacute;n caracter&iacute;stico de formas y concentraci&oacute;n de s&oacute;lidos a todo  lo largo y ancho de la ciudad. En cada caso, el marco arquitect&oacute;nico del espacio  p&uacute;blico tiene un aspecto muy parecido. Su rasgo m&aacute;s distintivo es el bordeado de  fachadas continuas: cada edificio est&aacute; pegado al que le sigue, y cada uno est&aacute;  construido exactamente en l&iacute;nea con el vecino en relaci&oacute;n con la acera. As&iacute;, el  espacio p&uacute;blico de la calle y de la plaza est&aacute; rodeado por un frente s&oacute;lido de  edificios. Aun cuando la mayor&iacute;a de los edificios tiene un patio trasero, o <i> quintal</i>, que sirve de espacio exterior <i>privado</i>, no hay patio  delantero alguno que separe las fachadas del espacio p&uacute;blico exterior. M&aacute;s bien,  las fachadas de los edificios est&aacute;n alineadas con la acera y las puertas de  entrada desembocan directamente en la calle p&uacute;blica<sup><a name="s7" href="#7">7</a></sup>.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Una serie de elementos arquitect&oacute;nicos media en esta oposici&oacute;n entre el borde de  fachadas sobre la calle y lo que conduce de un espacio a otro. Estos elementos  establecen la relaci&oacute;n entre el espacio privado detr&aacute;s de la pared y el &aacute;mbito  p&uacute;blico delante de ella. Los primeros elementos que nos llaman la atenci&oacute;n son  las puertas, ventanas y balcones. es importante anotar que, puesto que las  fachadas est&aacute;n alineadas con la acera, estas aperturas brindan unos medios de  comunicaci&oacute;n directa visual, vocal e incluso t&aacute;ctil entre los dos &aacute;mbitos, tal  como se evidencia en los intercambios de conversaciones, comida, servicios,  dinero y gestos &#40;<a href="#f6">figura 6</a>&#41;. As&iacute;, la funci&oacute;n de la fachada que da a la calle es muy  compleja: define el interior y el exterior, lo privado y lo p&uacute;blico, la casa y  la calle, por contenci&oacute;n y separaci&oacute;n &#40;y todo lo asociado con estos  contrastantes &aacute;mbitos de la vida social&#41;, y al mismo tiempo brinda numerosos  tipos de conexiones entre estos &aacute;mbitos.</p>      <p align=center><a name=f6><img src="img/revistas/antpo/n7/n7a12f6.jpg"></a></p>      <p>La fachada, entonces, en tanto funciona como una divisi&oacute;n selectivamente porosa,  constituye una zona liminal de interacci&oacute;n entre los &aacute;mbitos que separa. No solo  atiende la necesidad de tener que negociar las fronteras, sino que tambi&eacute;n  estimula nuestra fascinaci&oacute;n por lo liminal en tanto que los accesos suelen  estar marcados de tal manera que atraiga n la atenci&oacute;n del p&uacute;blico. Las  aperturas se distinguen por los ornamentos de dinteles labrados, cornisamentos,  marcos de ventana y barandas; por los carteles de los negocios, y por los  escudos de armas y otros emblemas que dan a conocer al mundo la condici&oacute;n social  de la familia. En tanto zona liminal, la fachada de la calle es, por un lado, la  pared externa del mundo privado y, por el otro, la pared interna del &aacute;mbito  p&uacute;blico.</p>      <p>En este &uacute;ltimo sentido, la fachada define el espacio de la calle como una  habitaci&oacute;n, parecida a la sala de la casa, y que se distingue como tal por lo  que podr&iacute;amos llamar el mobiliario de la calle. As&iacute; pues, no solo las aperturas  en las paredes est&aacute;n decoradas, sino tambi&eacute;n las superficies de las paredes, con  roleos, rosetas, labrados en piedra y otros ornamentos de ese estilo, que son  como los tapices del recinto p&uacute;blico. Un detalle que es t&iacute;pico del dise&ntilde;o  interior, pero que aparece aqu&iacute; en la fachada es el z&oacute;calo, la parte inferior de  la pared hasta la altura m&aacute;s o menos de un metro que lleva un acabado distinto  al resto de la pared &#40;<a href="#f6">Figura 6</a>&#41;. a la altura de la cintura, m&aacute;s o menos, el z&oacute;calo  indica el nivel al que uno se sienta, a diferencia del nivel cuando se est&aacute; de  pie. En la fachada exterior, cumple la funci&oacute;n de marcar el car&aacute;cter de la calle  como si fuera una habitaci&oacute;n, adem&aacute;s de indicar la zona en la que se pegan las  bancas, las sillas y las mesas a la pared o se sit&uacute;an en la acera. el muro de  muelle de la plaza p&uacute;blica &#40;<a href="#f7">Figura 7</a>&#41; fue construido como una banca de dos niveles  para poder sentarse en la habitaci&oacute;n exterior m&aacute;s p&uacute;blica de toda la ciudad.<sup><a name="s8" href="#8">8</a></sup></p>      <p align=center><a name=f7><img src="img/revistas/antpo/n7/n7a12f7.jpg"></a></p>      <p>Hasta aqu&iacute; nos hemos venido refriendo a una serie de caracter&iacute;sticas  arquitect&oacute;nicas que definen a la calle como un &aacute;mbito de la vida p&uacute;blica. La  caracter&iacute;stica m&aacute;s importante es la oposici&oacute;n entre las edificaciones que  enmarcan la calle y su espacio propiamente dicho, entre los cuales median los  otros atributos. La oposici&oacute;n es a su vez la base de una convenci&oacute;n fundamental  de orden arquitect&oacute;nico que estructura la totalidad del paisaje urbano en un  dise&ntilde;o coherente y predecible de s&oacute;lidos &#40;edificaciones&#41; y vac&iacute;os &#40;espacios&#41;. Lo  m&aacute;s importante de esta convenci&oacute;n para el estudio de las ciudades es que  organiza la percepci&oacute;n de s&oacute;lidos y vac&iacute;os como un sistema de informaci&oacute;n, un  c&oacute;digo legible, acerca de lo que significa la relaci&oacute;n entre ellos. En el caso  de la ciudad preindustrial, &eacute;ste es un sistema de informaci&oacute;n acerca de los  significados del espacio p&uacute;blico y la edificaci&oacute;n privada, y de manera m&aacute;s  general, acerca de la articulaci&oacute;n entre los &aacute;mbitos privado y p&uacute;blico en la  vida urbana. Esta codificaci&oacute;n arquitect&oacute;nica de la percepci&oacute;n en su sentido m&aacute;s  llano se presenta en dos instancias: en el dise&ntilde;o, cuando los arquitectos crean  espacios y objetos y definen los unos en funci&oacute;n de los otros; y en la  experiencia cotidiana de una arquitectura que ya ha sido construida. En ambos  casos, las mismas categor&iacute;as de percepci&oacute;n entran en una relaci&oacute;n significativa  a trav&eacute;s de las convenciones de la arquitectura.</p>      <p>El &aacute;rea que rodea las plazas p&uacute;blicas en las ciudades brasile&ntilde;as, el <i>centro</i>,  es el espacio comercial de la ciudad. Es un laberinto de calles dedicado al  comercio, a las compras y los servicios, y su vida callejera gira alrededor de  lo econ&oacute;mico. En la &eacute;poca de Debret, al igual que hoy en d&iacute;a, una ilustraci&oacute;n de  una de las principales calles del centro de r&iacute;o, como ser&iacute;a la calle de Ouvidor,  mostrar&iacute;a una serie contigua de establecimientos comerciales al nivel de la  calle y dep&oacute;sitos, f&aacute;bricas, hoteles y residencias en los pisos superiores. Esta  imagen muestra la mezcla del uso comercial y residencial del nivel inferior que  es caracter&iacute;stico de las calles laterales. En el centro de la ciudad, muchas  personas se ganan la vida en la acera: vendedores ambulantes, m&uacute;sicos,  afiladores de cuchillos, lustrabotas, pordioseros y dem&aacute;s. a un paso,  literalmente, de esta econom&iacute;a de la acera, se encuentran los puestos  callejeros, ilustrados en la imagen por el puesto del barbero. el puesto es poco  m&aacute;s que un hueco en la pared y sus actividades necesariamente se trasladan a la  acera. Incluso hoy en d&iacute;a, rara vez se encuentra una barrera, de vidrio por  ejemplo, que separe el puesto de la calle. M&aacute;s bien, las actividades de la calle  fluyen hacia ellos y desde ellos a trav&eacute;s de la fachada permeable de la  edificaci&oacute;n, la cual crea as&iacute; un espacio liminal que no es ni privado ni  p&uacute;blico.</p>      <p>Esta barber&iacute;a es un puesto t&iacute;pico de muchos servicios. el letrero dice &quot;Barbero,  Peluquero, Sangrador, dentista y aplicador de Sanguijuelas&quot;. Se muestra a los  barberos alist&aacute;ndose para la labor del d&iacute;a. Son antiguos esclavos que han  comprado su libertad. Uno de ellos est&aacute; afilando las cuchillas, mientras el otro  est&aacute; remendando las medias de sus clientes. Est&aacute; sentado en una banca que se  encuentra a caballo entre el interior y el exterior, sobre el umbral, en donde  los clientes esperar&aacute;n su turno para pasar a la silla del barbero en el interior del  puesto. Al final del d&iacute;a, los barberos entrar&aacute;n todo el mobiliario callejero,  bajar&aacute;n la cortina y dormir&aacute;n sobre esteras en la parte trasera del puesto. As&iacute;,  esta ilustraci&oacute;n retrata una caracter&iacute;stica fundamental de la calle del centro  en una ciudad brasile&ntilde;a: es un &aacute;mbito de uso mezclado y entremezclado; de  comercio, residencia y trabajo.</p>      <p>Los refrescos en el largo do Polacio. R&iacute;o de Janeiro &#40;1816-1831&#41;. As&iacute; como la plaza  es un escenario para ceremonias formales y para la congregaci&oacute;n pol&iacute;tica,  tambi&eacute;n es la <i>sala de visitas </i>de la ciudad. Es un &aacute;mbito de interacci&oacute;n y  congregaci&oacute;n informal, un espacio para socializar en el tiempo libre, un lugar  para ver y ser visto. En este aspecto, las actividades de la plaza son  informales, cotidianas y esencialmente no comerciales. La gente se re&uacute;ne a  socializar, alejada de las restricciones dom&eacute;sticas. Las actividades consisten  en variaciones de la conversaci&oacute;n: discusiones e intercambios de opini&oacute;n, as&iacute;  como de noticias e informaci&oacute;n, de an&eacute;cdotas y coqueteos. Los primeros  constituyen, obviamente, un elemento imprescindible en la vida pol&iacute;tica de los  ciudadanos, y la plaza brinda el escenario para la formaci&oacute;n y el ejercicio de  la opini&oacute;n p&uacute;blica. Estas actividades informales se dan con y entre personas de  todas las clases, pues todos tienen acceso libre a la plaza. Es la  heterogeneidad y el car&aacute;cter libre y voluntario de las interacciones en la plaza  lo que diferencia las actividades de esta sala de visitas de su correspondiente  dom&eacute;stica.</p>      <p>Tal como lo ilustra esta imagen, las conversaciones en la plaza vienen acompa&ntilde;adas  de alg&uacute;n tipo de refresco y entretenimiento, servicios que ayudan a que el rato  de socializaci&oacute;n pase agradablemente, pero que no son comerciales. La plaza no  es un &aacute;mbito de lo econ&oacute;mico; es el &aacute;mbito de la sociabilidad extra-dom&eacute;stica e  informal, de la conversaci&oacute;n y el pasatiempo. Debret presenta los h&aacute;bitos de uno  de los grupos que frecuentan la plaza todos los d&iacute;as: la &quot;clase media de  peque&ntilde;os capitalistas&quot;, como &eacute;l los llama &#40;1978: 202&#41;, aquellos que tienen uno o  dos esclavos que logran producir lo suficiente en la semana como para que sus  amos puedan disfrutar del tiempo libre. Las tardes de este tiempo libre se pasan  en la plaza. Despu&eacute;s de la siesta del mediod&iacute;a, estos peque&ntilde;os capitalistas  suelen encontrarse en la plaza desde las cuatro de la tarde hasta que llega la  hora del ave mar&iacute;a a las siete. Hacia las cuatro y media ya est&aacute;n ocupados todos  los puestos en el muro de muelle &#40;el mobiliario callejero&#41;. Debret &#40;1978:  202-203&#41; cuenta que las conversaciones de esta clase que disfruta de su ocio  suelen estar intercaladas por &quot;un peque&ntilde;o ritual&quot; de comprar dulces y un sorbo  de agua fresca de las vendedoras ambulantes. El juego consiste en llegar a ser  reconocido como un generoso comprador de dulces, un cliente favorito y que les  coquetea, y as&iacute; ser cortejado por todas las vendedoras de la plaza. y as&iacute; como  los &quot;peque&ntilde;os capitalistas&quot; ocupan su lugar en la plaza, as&iacute; otros grupos han marcado, bajo un acuerdo informal y por la costumbre, sus &aacute;reas de  congregaci&oacute;n. en el fondo de la ilustraci&oacute;n se ven mercaderes y tenderos,  vendedores ambulantes, capitanes de barco, vendedores de buques, marineros,  extranjeros, oficiales de la corte, trabajadores del puerto y un polic&iacute;a, cuya  responsabilidad es mantener la paz en la plaza.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>LA CONVENCI&Oacute;N S&Oacute;LIDO-VAC&Iacute;O/FIGURA-FONDO</b></p>      <p>Las convenciones son relaciones reconocidas culturalmente y sancionadas socialmente  entre formas de expresi&oacute;n y lo que estas formas representan<sup><a name="s9" href="#9">9</a></sup>.  Las convenciones del dise&ntilde;o arquitect&oacute;nico son los elementos de composici&oacute;n que  codifican informaci&oacute;n sobre normas y prescripciones. Por ejemplo, el plano de un  edificio es una representaci&oacute;n convencional en dos dimensiones de una estructura  tridimensional. Para quienes saben leerlo, contiene un c&oacute;digo de instrucciones  para la construcci&oacute;n y de relaciones est&eacute;ticas. el uso de pedestales y columnas  cl&aacute;sicas en la fachada es una convenci&oacute;n f&aacute;cilmente reconocible: la de una cita  del pasado como una forma de establecer afinidades con las virtudes idealizadas  del republicanismo antiguo. en cada caso, la convenci&oacute;n es esencialmente un  principio de diferencia: dos dimensiones en lugar de tres, el pasado en  contraste con el presente. La legibilidad arquitect&oacute;nica, como cualquier otra,  se ancla en este principio: la oposici&oacute;n crea una estructura de significaci&oacute;n a  la que se le pueden adjudicar valores contrastantes, cuya identidad viene  determinada por la historia y por la ideolog&iacute;a dominante.</p>      <p>La principal convenci&oacute;n de diferenciaci&oacute;n que le otorga un orden a la calle, tanto  en la experiencia perceptiva como en la composici&oacute;n arquitect&oacute;nica, es la  organizaci&oacute;n de sus s&oacute;lidos y vac&iacute;os en relaciones de figura y fondo.<sup><a name="s10" href="#10">10</a></sup>  Percibimos la calle de la ciudad a la vez como un vac&iacute;o y como un volumen de  espacio delimitado por los s&oacute;lidos que lo rodean &#40;Fig. 1&#41;. En tanto vac&iacute;o, la  calle revela esos s&oacute;lidos; en tanto volumen, toma la forma a partir de los  s&oacute;lidos que la rodean. La calle se constituye as&iacute; en un tipo especial de espacio  vac&iacute;o; es un vac&iacute;o que tiene una forma espec&iacute;fica, por lo general la de un  volumen rectangular. Desde el punto de vista de estos s&oacute;lidos que la contienen,  la calle se manifiesta como una figura distintiva y reconocible, una que est&aacute;  desocupada pero tiene una forma. Podemos, por lo tanto, considerar la  calle-corredor como una figura vac&iacute;a.</p>      <p>Para poder reconocer una figura se requiere de la presencia de un contexto, del  fondo contra el cual se recorta. Tal como lo demuestran los estudios de  psicolog&iacute;a Gestalt, una figura se hace visible porque parece tener unos  con-tornos que la separan del fondo. en tanto se constituye como un l&iacute;mite com&uacute;n  entre dos campos, un contorno puede dar la impresi&oacute;n de dar m&aacute;s forma a uno de  los campos. el campo que m&aacute;s cobra forma a partir del contorno se percibe como  la figura; el otro es el fondo. Una figura es, entonces, un campo no continuo,  en contraste con el cual el fondo se percibe como un campo continuo<sup><a name="s11" href="#11">11</a></sup>.  En el caso de la calle, el fondo est&aacute; compuesto por las edificaciones —o  cualquier otra frontera visual, como pueden ser los &aacute;rboles — que le dan forma  al vac&iacute;o. Por ejemplo, en la Figura 8, la calle se ve representada en dos  dimensiones como una de las l&iacute;neas blancas. en estos ejemplos, el dise&ntilde;o es  evidente: en donde se perciben &#40;y se dise&ntilde;an&#41; las calles como espacios figurales,  las edificaciones que las rodean constituyen el fondo. este dise&ntilde;o organiza la  experiencia del espacio urbano en tres dimensiones y en dos, es decir, desde la  perspectiva de la persona que recorre las calles y desde la perspectiva del  plano como en la <a href="#f8">Figura 8</a>.</p>      <p align=center><a name=f8><img src="img/revistas/antpo/n7/n7a12f8.jpg"></a></p>      <p>Estas relaciones entre la figura y el fondo representan una paradoja visual que  confirma el car&aacute;cter de habitaci&oacute;n que tiene la calle. Cuando hay edificios que  sirven de fondo al espacio figural de la calle, su l&iacute;mite lo constituye el  espacio de la calle, pero parad&oacute;jicamente sus paredes no pueden terminar, por  as&iacute; decirlo, porque los contornos le pertenecen visualmente a la figura &#40;el  espacio&#41; y no al fondo &#40;las paredes&#41;. Es decir, el plano de la fachada &#40;su  superficie y sus bordes&#41; le pertenecen visualmente a ese espacio y no a la  pared. el espacio de la calle &quot;se roba&quot; las fachadas de las paredes circundantes  para conformar su contorno. Esta condici&oacute;n parad&oacute;jica crea la impresi&oacute;n de que  las fachadas de las edificaciones son las paredes interiores de una habitaci&oacute;n  exterior. la soluci&oacute;n arquitect&oacute;nica tradicional a esta paradoja de la pared que  debe terminar pero que no tiene un l&iacute;mite es la de crear un borde alrededor de  ella para que haga las veces de &aacute;rea de transici&oacute;n entre la figura y el fondo.  Esto se hace por medio de la aplicaci&oacute;n de ornamentos a la superficie de la  pared y enmarcando los bordes y las aperturas con una acera en el borde  inferior, una cornisa en la parte superior, pilastras en los lados y marcos en  las ventanas y en las puertas. Adem&aacute;s de servirle de decoraci&oacute;n, estos elementos  enmarcadores tienen una funci&oacute;n perceptiva muy importante: confirman el car&aacute;cter  figural de la calle y brinda unas superficies levantadas, detr&aacute;s de las cuales  las paredes pueden terminar. Crean una condici&oacute;n de frontera en la cual sus  bordes interiores se perciben como pertenecientes al fondo &#40;la pared&#41; y sus  bordes exteriores a la figura &#40;la calle&#41; como su contorno definitorio.</p>      <p align=center><a name=f9><img src="img/revistas/antpo/n7/n7a12f9.jpg"></a></p>      <p>Una de las caracter&iacute;sticas arquitect&oacute;nicas m&aacute;s significativas de la convenci&oacute;n  s&oacute;lido-vac&iacute;o/figura-fondo es su reversibilidad: las figuras pueden ser tanto  s&oacute;lidos como vac&iacute;os, ya que los unos son el negativo de los otros. En las  <a href="#f8">Figuras 8</a> y <a href="#f9">9</a>, lo que est&aacute; en negro es s&oacute;lido y lo que est&aacute; en blanco es vac&iacute;o.  Al comparar las dos figuras, vemos que en la segunda, los s&oacute;lidos son figurales y los vac&iacute;os  hacen de fondo, mientras que en la primera esta relaci&oacute;n es la contraria. As&iacute;,  las edificaciones se pueden percibir, y de hecho incluso dise&ntilde;ar, bien sea como  fondo, tal como en nuestro ejemplo anterior, o como figuras &#40;como en el caso de  la catedral en la plaza, por ejemplo&#41;. En suma, los s&oacute;lidos pueden funcionar  como el fondo en contraste con el cual los vac&iacute;os se perciben como figuras  distintivas; o bien, los vac&iacute;os pueden conformar el fondo contra el cual, por  contraste, los s&oacute;lidos aparecen como figuras distintivas. En todo esto se  encuentra un discurso de la percepci&oacute;n, por as&iacute; decirlo, entre los s&oacute;lidos y los  vac&iacute;os, las figuras y los fondos. Cada uno existe solo en relaci&oacute;n con el otro,  conformando un conjunto estructurado de diferencias a nivel de la percepci&oacute;n.  Tal como se ver&aacute; en el an&aacute;lisis de la calle en Ouro Preto, es la posibilidad de  invertir estas diferencias lo que hace que la convenci&oacute;n  s&oacute;lido-vac&iacute;o/figura-fondo sea de gran utilidad sem&aacute;ntica para diferenciar  arquitect&oacute;nicamente los &aacute;mbitos privado y p&uacute;blico.</p>      <p>El an&aacute;lisis de esta convenci&oacute;n que rige sobre la calle es de gran relevancia para  el estudio de la ciudad por una raz&oacute;n muy sencilla. En la medida en que la  anatom&iacute;a de la ciudad esta conformada por un sistema de circulaci&oacute;n de calles,  su estructura representacional caracteriza el orden urbano como una totalidad. Y  esto es as&iacute; porque la manera como se organizan los s&oacute;lidos &#40;las edificaciones&#41; y  los vac&iacute;os &#40;especialmente las calles y las plazas, pero tambi&eacute;n los patios&#41; de  la ciudad en relaciones de figura-fondo instaura un orden para la percepci&oacute;n de  estas relaciones dentro de la totalidad de los elementos arquitect&oacute;nicos &#40;<a href="#f8">Figura 8</a>&#41;. As&iacute; pues, la estructura sem&aacute;ntica de la calle organiza la totalidad del  paisaje urbano como un orden coherente y predecible. Este orden les sirve lo  mismo a los arquitectos que a los habitantes como un sistema de oposiciones  sencillas para elaborar valores est&eacute;ticos, pol&iacute;ticos y sociales, tal como se  ver&aacute; en la comparaci&oacute;n entre Ouro Preto y Brasilia.</p>      <p>Los arquitectos estudian este orden por medio de un recurso anal&iacute;tico conocido como  el plano de figura y fondo. Este plano representa en dos dimensione s la  estructura tridimensional de s&oacute;lidos y vac&iacute;os de la ciudad, y los arquitectos lo  usan tanto para evaluar como para dise&ntilde;ar. El plano consisten en negrear o rayar  fino bien sea los s&oacute;lidos o los vac&iacute;os —aun cuando suelen ser los s&oacute;lidos— para  revelar su organizaci&oacute;n en relaciones de figura y fondo &#40;<a href="#f8">Figuras 8</a> y <a href="#f9">9</a>&#41;. Teniendo  en cuenta este uso anal&iacute;tico, podemos decir que la convenci&oacute;n  s&oacute;lido-vac&iacute;o/figura-fondo tiene un status especial en nuestra investigaci&oacute;n: con  base en la f&iacute;sica de la percepci&oacute;n, esta convenci&oacute;n es a la vez fundamental para  la experiencia cotidiana de objetos y espacios y le sirve a los especialistas  para el an&aacute;lisis y el dise&ntilde;o.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Si comparamos, en m&aacute;s o menos la misma escala, el plano de figura y fondo de una  ciudad preindustrial t&iacute;pica y el de una ciudad modernista, notamos algo  sorprendente: estas sencillas relaciones de figura y fondo producen <i>&oacute;rdenes  inversos de s&oacute;lidos y vac&iacute;os</i> &#40;<a href="#f8">Figuras 8</a> y <a href="#f9">9</a>&#41;. Tal como lo se&ntilde;alan Rowe y Koetter &#40;1978, 62-63&#41; en su estudio de  estos patrones Gestalt, la ciudad preindustrial es casi toda negra en el plano;  la ciudad modernista es casi toda blanca. La primera presenta una manipulaci&oacute;n  de ciertos vac&iacute;os &#40;calles, plazas y patios&#41; dentro de lo que son s&oacute;lidos  relativamente poco alterados; la segunda presenta una manipulaci&oacute;n de s&oacute;lidos  &#40;edificaciones&#41; dentro de vac&iacute;os relativamente poco alterados. Cada una presenta  una categor&iacute;a completamente distinta de figura: en la una, es el espacio; en la  otra, el objeto. En la ciudad preindustrial, las calles se entienden como vac&iacute;os  figurales y las edificaciones como un fondo continuo &#40;<a href="#f8">Figura 8</a>&#41;. En la ciudad  modernista, las calles son como un vac&iacute;o continuo y las edificaciones son como  figuras escult&oacute;ricas &#40;<a href="#f9">Figura 9</a>&#41;. en la primera, los espacios circunscritos est&aacute;n  definidos por una masa de s&oacute;lidos. en la segunda, las edificaciones aisladas se  erigen en un espacio sin l&iacute;mites<sup><a name="s12" href="#12">12</a></sup>.</p>      <p>Estas comparaciones revelan mucho sobre los principios del orden urbano. Demuestran  que incluso en ciudades que se supone que no han sido planeadas, las relaciones  entre objetos y espacios no se producen aleatoriamente. Por el contrario,  manifiestan un orden coherente, una l&oacute;gica construida, lo que equivale a decir  una convenci&oacute;n arquitect&oacute;nica elaborada en los diferentes contextos hist&oacute;ricos.  Como cualquier otro &aacute;mbito de actividad cultural, la arquitectura es algo que,  en ese sentido, siempre est&aacute; planeado. Por lo tanto, no existe eso que se  denomina la ciudad org&aacute;nica o espont&aacute;nea. Las ciudades que no surgen de los  planos de los planificadores solo pueden considerarse no planeadas en el sentido  m&aacute;s estrecho de esa noci&oacute;n. No son ciudades sin orden, ni siquiera sin una  concepci&oacute;n.</p>      <p>M&aacute;s aun, ya debiera ser evidente que la conceptualizaci&oacute;n formal de la ciudad  preindustrial como una masa s&oacute;lida en la cual los espacios p&uacute;blicos de las  calles y las plazas son vac&iacute;os figurales no es privativa de los casos brasile&ntilde;os  que estamos estudiando. Esta forma urbana elemental de s&oacute;lidos y vac&iacute;os ha  tenido una presencia duradera en la experiencia urbana occidental. el sistema de  calles figural se desarroll&oacute;, en su reconocible car&aacute;cter occidental, como el  espacio del comercio y como lugar de congregaci&oacute;n en Grecia y sus colonias a  partir del siglo v A.C.., especialmente cuando surgi&oacute; la plaza —como elaboraci&oacute;n de la  calle— y se convirti&oacute; en el foro exterior de los asuntos rituales y pol&iacute;ticos de  la ciudadan&iacute;a. La plaza se formaliz&oacute; y fue llevada al norte de Europa por los  romanos y, tras el eclipse de la urbanizaci&oacute;n durante la edad media, volvi&oacute; a  ser la forma prominente de organizaci&oacute;n urbana, con varias encarnaciones  diferentes en la baja edad media, el renacimiento y el barroco. Durante el siglo  XVI, los espa&ntilde;oles y portugueses llevaron su versi&oacute;n colonial a Am&eacute;rica latina,  en donde establecieron la plaza principal de la ciudad como el espacio de las  instituciones estatales y eclesi&aacute;sticas m&aacute;s importantes. As&iacute;, en varias  encarnaciones y en un sentido pol&iacute;tico algo diferente, pero relacionado, ha sido  b&aacute;sica en la estructura f&iacute;sica de las ciudades mediterr&aacute;neas, del centro y del  noroeste europeo y las latinoamericanas<sup><a name="s13" href="#13">13</a></sup>.</p>      <p>Estamos contemplando, entonces, una concepci&oacute;n del orden urbano y un sistema para    representarlo que han dominado en la experiencia urbana occidental durante    veinticinco siglos sin que hayan sido cuestionados. No estoy diciendo que este    sistema es de alguna manera una estructura generalizada y ahist&oacute;rica de la    experiencia perceptiva. Por el contrario, quiero decir que es una estructura de    significaci&oacute;n que se ha mantenido en la formaci&oacute;n profesional y en la pr&aacute;ctica    arquitect&oacute;nica a lo largo de un extenso per&iacute;odo de tiempo, una estructura con    una historia de su uso y su valor &#40;especialmente en su reinterpretaci&oacute;n    renacentista europea&#41; que ha predominado en la instituci&oacute;n arquitect&oacute;nica hasta    que los modernistas del siglo XX presentaron una concepci&oacute;n radicalmente    distinta. Por lo tanto, en lo que sigue, las ciudades de Ouro Preto y Brasilia    sirven como ejemplos representativos, y su comparaci&oacute;n sirve como una instancia    contextualizada de un antagonismo mucho m&aacute;s general entre concepciones y    representaciones opuestas del orden urbano.</p>        <p>Lo m&aacute;s importante para lo que nos proponemos aqu&iacute; es que las sorprendentes  inversiones de los planos de figura y fondo nos brindan una manera de  aproximarnos a las transformaciones de la ciudad y la sociedad en t&eacute;rminos del  orden que crea la arquitectura. Nos indican que este orden perceptivo es a la  vez un ordenamiento de las relaciones y pr&aacute;cticas sociales en la ciudad. Como  tal, la arquitectura constituye un sistema de convenciones que puede ser usado  para representar otra cosa. lo que representa solo puede establecerse por medio  de un estudio etnogr&aacute;fico e hist&oacute;rico de la forma como ha sido usado.</p>      <p><b>LA CALLE EN OURO PRETO: PROPIEDAD PRIVADA Y MANIFESTACI&Oacute;N P&Uacute;BLICA</b></p>      <p>Durante el siglo XVIII, la ciudad de Ouro Preto surgi&oacute; como un centro de fabulosos  yacimientos de oro, localizado a unos mil kil&oacute;metros de r&iacute;o de Janeiro hacia el  interior <a href="#f3">&#40;Fig. 3&#41;</a>. Como resultado de su riqueza, se convirti&oacute; en la capital de  la econom&iacute;a minera brasile&ntilde;a en los actuales estados de minas Gerais, Bah&iacute;a,  Goi&aacute;s y mato Grosso. El desarrollo de la ciudad corre paralelo al crecimiento y  la decadencia de su producci&oacute;n aur&iacute;fera<sup><a name="s14" href="#14">14</a></sup>. En 170 0  , unos pioneros de Sao Paulo establecieron un campamento minero en Vila rica de  Ouro Preto, la &quot;Villa rica el Oro Negro&quot;. Hacia 1750, la poblaci&oacute;n hab&iacute;a llegado  a su punto m&aacute;s alto con 95.000 habitantes, 25.000 de los cuales viv&iacute;an en el  centro de la ciudad y 70.000 en la <i>comarca </i>circundante inmediata. La  econom&iacute;a minera se sosten&iacute;a con trabajo esclavo. en 1796 hab&iacute;a 5,2 habitantes no  blancos por cada blanco, una proporci&oacute;n que brinda una idea del coeficiente  amo-esclavo en la econom&iacute;a. Los grupos sociales m&aacute;s importantes eran los  empresarios con operaciones mineras a gran escala, los funcionarios que  representaban a la corona portuguesa en la ciudad, los aventureros y mercaderes  al destajo, los sirvientes por contrato y los esclavos.</p>      <p>Seg&uacute;n Furtado &#40;1971, 79-82&#41;, la econom&iacute;a minera brasile&ntilde;a le abr&iacute;a la  posibilidad a muchas personas de recursos limitados de amasar una fortuna y  adquirir status porque no era una econom&iacute;a basada en grandes minas, sino en un  sistema de aluvi&oacute;n que requer&iacute;a una menor inversi&oacute;n de capital. era una  situaci&oacute;n lucrativa para todos, incluso los esclavos, muchos de los cuales  consegu&iacute;an trabajar para su propio beneficio. As&iacute; pues, muchos migrantes se  dirigieron al nuevo el dorado. a mediados del siglo XVIII, la producci&oacute;n de oro  y la poblaci&oacute;n alcanzaron su punto m&aacute;s alto. La producci&oacute;n de oro lleg&oacute; a 1.770  kilos de mineral refinado. Ya en 1777, sin embargo, la producci&oacute;n hab&iacute;a bajado a  1.050 kilos; en 1811 estaba en 360 kilos y hab&iacute;a bajado a escasos 120 kilos en  1820. Asimismo, la poblaci&oacute;n declin&oacute; dr&aacute;sticamente del punto m&aacute;s alto de 95.000  habitantes, alcanzado en la mitad del siglo dieciocho, a apenas 8.000 en 1816,  que es el nivel en el que permaneci&oacute; durante todo el siglo siguiente. Cuando se  agotaron las minas de oro de Ouro Preto, los habitantes retornaron a la  agricultura de subsistencia o sencillamente abandonaron la ciudad en busca de  otras tierras de promisi&oacute;n, dejando atr&aacute;s un testamento ba&ntilde;ado en oro de una  empresa mercantil.</p>      <p>En su &eacute;poca de esplendor, la ciudad exhib&iacute;a su riqueza de la manera m&aacute;s cl&aacute;sica:  por medio de arquitectura grandiosa. Hacia finales del siglo XVIII ya se hab&iacute;an construido trece iglesias mayores, un palacio municipal, la capital  del estado y una tesorer&iacute;a en un despliegue de proyectos de construcci&oacute;n p&uacute;blica  que, si se tienen en cuenta el tama&ntilde;o y el aislamiento de Ouro Preto, ser&iacute;an  comparables con los de la Atenas de Pericles tanto en cuanto a consumo suntuario  de vastos recursos, como en su esplendor lit&uacute;rgico y en la adornada celebraci&oacute;n  de eventos c&iacute;vicos. Sin embargo, a pesar de su enorme opulencia y su importancia  pol&iacute;tica, Ouro Preto tambi&eacute;n era la ciudad de residencia y de trabajo para gente  de todas las clases. &iquest;C&oacute;mo se relacionaban, entonces, arquitect&oacute;nicamente estos  dos elementos del orden urbano, el p&uacute;blico y el privado?</p>      <p>Si el discurso pol&iacute;tico trata, en el sentido m&aacute;s general, de tales asuntos como  el beneficio privado y el bien com&uacute;n, &iquest;c&oacute;mo representa el orden urbano la  relaci&oacute;n entre lo p&uacute;blico y lo privado en una ciudad dominada por las pol&iacute;ticas  de la acumulaci&oacute;n de capital? un an&aacute;lisis detallado de este orden urbano tendr&iacute;a  que establecer la relaci&oacute;n entre su evoluci&oacute;n arquitect&oacute;nica y las diversas  fases de la acumulaci&oacute;n de capital y de consolidaci&oacute;n del poder: desde el  asentamiento de un campamento de pioneros, pasando por la calle principal  abierta a todos en la que se encontraban multitud de competidores, para llegar a  la exhibici&oacute;n grandilocuente de las elites pol&iacute;ticas y financieras. Me centrar&eacute;  en esta etapa grandilocuente del desarrollo de Ouro Preto para explorar la  siguiente cuesti&oacute;n. en Ouro Preto, como en la mayor&iacute;a de las ciudades  occidentales, la acumulaci&oacute;n privada de riqueza es determinante en la definici&oacute;n  de la estructura tanto f&iacute;sica como pol&iacute;tica de la ciudad &#40;ver <a href="#f3">Figura 3</a>&#41;. &iquest;De qu&eacute;  maneras espec&iacute;ficamente <i>arquitect&oacute;nicas </i>se constituye la propiedad  privada en la fuente del orden p&uacute;blico en una ciudad como &eacute;sta, y de qu&eacute; manera  se representa la riqueza como una demostraci&oacute;n civil en edificaciones y  monumentos p&uacute;blicos?</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En ciudades como Ouro Preto la masa s&oacute;lida de edificaciones constituye el fondo  en contraste con el cual los vac&iacute;os de las calles y de las plazas se perciben  como figuras &#40;ver <a href="#f3">Figura 3</a>&#41;. Puesto que la mayor parte de la actividad privada  ocurre dentro de las edificaciones y la mayor parte de la actividad p&uacute;blica &#40;aun  cuando no toda&#41; transcurre en las calles y las plazas, las convenciones  figura-fondo de la calle nos brindan un medio para diferenciar los dos &aacute;mbitos.  En tales ciudades, la experiencia de un vac&iacute;o figural indica, pre-visiblemente,  que uno se encuentra en el espacio p&uacute;blico, en una calle o una plaza; esto a su  vez pauta una serie de expectativas sobre c&oacute;mo comportarse. Igualmente, cuando  se percibe una hilera an&oacute;nima de fachadas callejeras, se sabe que son  propiedades privadas, como no se indique lo contrario por medio de una bandera o  un cartel, por ejemplo. Los &aacute;mbitos p&uacute;blico y privado se distinguen as&iacute; por  medio de una sencilla pero muy legible convenci&oacute;n arquitect&oacute;nica:</p>      <p>s&oacute;lido = fondo = privado     <br>   vac&iacute;o = figura = p&uacute;blico</p>        <p>Pero, por supuesto, no todas las edificaciones son privadas. &iquest;C&oacute;mo se reconocen,    entonces, los edificios y los monumentos p&uacute;blicos, en t&eacute;rminos de esta    convenci&oacute;n? la soluci&oacute;n sem&aacute;ntica es notablemente sencilla: se invierte la    oposici&oacute;n entre figura y fondo para marcar los edificios que son efectivamente    p&uacute;blicos. Estos edificios &#40;iglesias, instituciones gubernamentales, museos,    monumentos y dem&aacute;s&#41; est&aacute;n dise&ntilde;ados no como fondo continuo sino como figuras    escult&oacute;ricas &#40;<a href="#f3">Figura 3</a>&#41;. Se les destaca en el contexto de las edificaciones    privadas &#40;el tejido s&oacute;lido de la ciudad&#41; por medio de una combinaci&oacute;n de    estrategias de dise&ntilde;o. Por lo general est&aacute;n situados en el vac&iacute;o de una plaza o    una zona verde que les sirve de fondo contra el cual se perciben como figuras    monumentales. Por lo general, tambi&eacute;n son figuras muy ornamentadas, ensambladas    como si fueran esculturas y a gran escala. as&iacute; pues, las edificaciones civiles    se destacan como grandiosos gestos p&uacute;blicos, como figuras en el espacio, en    contraste con la zona circundante de fachadas m&aacute;s uniformes, contiguas las unas    a las otras y, en este caso, blanqueadas. Las formas y aglomeraciones    repetitivas de estas estructuras m&aacute;s comunes constituyen el fondo contra el cual    se erigen, literalmente, los monumentos que rinden homenaje a la ciudad, a la    naci&oacute;n, a dios y al patrimonio de unos pocos. La inversi&oacute;n de la figura y el    fondo brinda as&iacute; los medios arquitect&oacute;nicos para hacer una demostraci&oacute;n p&uacute;blica    de la riqueza. De esta manera, en el c&oacute;digo de la calle las convenciones de    figura-fondo y s&oacute;lido-vac&iacute;o establecen sistem&aacute;ticamente una relaci&oacute;n entre la    arquitectura civil y la arquitectura de la vida diaria. Con ello, presenta un  ordenamiento extremadamente sencillo y legible de los &aacute;mbitos p&uacute;blico y privado.</p>      <p>Podemos resumir el principio arquitect&oacute;nico fundamental que organiza la  demostraci&oacute;n p&uacute;blica y la propiedad privada en Ouro Preto de la siguiente  manera: en esta ciudad barroca preindustrial, tanto el espacio como las  edificaciones pueden operar reversiblemente como figura y como fondo. Aun cuando  el espacio es consistentemente la figura y los edificios son el fondo, estas  relaciones se invierten f&aacute;cilmente para resaltar los monumentos p&uacute;blicos y las  instituciones civiles. esta inversi&oacute;n de la figura y el fondo es el principio  ret&oacute;rico clave del discurso arquitect&oacute;nico —en el sentido literal de un &quot;ir y  venir&quot;, tal como lo indica la etimolog&iacute;a de la palabra <i>discurso</i>— entre lo  p&uacute;blico y lo privado. la ambivalencia del sistema le otorga valores alternantes  a cada elemento de la convenci&oacute;n figura-fondo:</p>      <p align=center><a name=f10><img src="img/revistas/antpo/n7/n7a12f10.jpg"></a></p>      <p><b>LA INVERSI&Oacute;N MODERNISTA</b></p>      <p>El modernismo rompe radicalmente con este sistema tradicional de significaci&oacute;n  arquitect&oacute;nica. Mientras que la ciudad barroca preindustrial brinda un  ordenamiento de los valores p&uacute;blicos y privados por medio de la yuxtaposici&oacute;n de  las convenciones arquitect&oacute;nicas de la repetici&oacute;n y la excepci&oacute;n, la ciudad  modernista se concibe como la ant&iacute;tesis tanto de este modo de representaci&oacute;n  como del orden pol&iacute;tico as&iacute; representado. al afirmar los espacios abiertos, la  claridad volum&eacute;trica, la pureza formal y la abstracci&oacute;n geom&eacute;trica, el  modernismo no solo inaugura un nuevo vocabulario de la forma, sino que de manera  m&aacute;s radical altera todo el modo de percibir la arquitectura. Se invierte el  sentido de reconocimiento, la actividad de percibir significados y relaciones,  como si los s&oacute;lidos figurales de la ciudad modernista hubieran sido producidos  en el molde de los vac&iacute;os figurales del urbanismo preindustrial.</p>      <p>Un elemento b&aacute;sico de la doctrina modernista de la salvaci&oacute;n es la erradicaci&oacute;n de  la calle figural. Condena a &eacute;sta como el basti&oacute;n de un orden civil corrupto que  sostiene valores p&uacute;blicos y privados estancados, que se le imponen a la ciudad  por medio de una arquitectura de monumentos anticuados, calles ca&oacute;ticas,  ornamentos decadentes y residencias insalubres. La arquitectura moderna elimina  la calle-corredor con la subversi&oacute;n de la convenci&oacute;n figura-fondo de la  planificaci&oacute;n barroca y con el resquebrajamiento de su discurso de inversiones.  Una comparaci&oacute;n entre el plano de figura-fondo de ciudades preindustriales como  Parma y Ouro Preto con el de Brasilia revela claramente esta inversi&oacute;n &#40;<a href="#f8">Figuras 8</a> y <a href="#f9">9</a>&#41;. En la ciudad modernista, vastas &aacute;reas de espacio continuo sin excepci&oacute;n,  forman el fondo perceptivo contra el cual se recortan los s&oacute;lidos de las  edificaciones, como si fueran esculturas. No hay un momento de alivio en esta  divisi&oacute;n arquitect&oacute;nica del trabajo: el espacio siempre es tratado como continuo  y nunca como figural; los edificios siempre como esculturas y nunca como fondo.  En la inversi&oacute;n modernista de la convenci&oacute;n figura-fondo,</p>      <p>S&oacute;lido = figura &#40;nunca fondo&#41;     ]]></body>
<body><![CDATA[<br> Vac&iacute;o = fondo &#40;nunca figura&#41;</p>      <p>Las consecuencias de esta inversi&oacute;n son profundas. Se eliminan las inversiones  del c&oacute;digo tradicional al insistir en la inmutabilidad de los t&eacute;rminos: al  establecer la supremac&iacute;a absoluta del vac&iacute;o no figural continuo, se transforma  la ambivalencia de la planificaci&oacute;n barroca en un orden espacial monol&iacute;tico.  Ahora se hacen imposibles las inversiones. De hecho, se abandona el discurso de  las inversiones a favor de una claridad de la funci&oacute;n sin concesiones. la  estructura de la percepci&oacute;n de la calle en Ouro Preto ha sido as&iacute; doblemente  invertida en Brasilia. Por un lado, las amplias avenidas de la nueva ciudad no  est&aacute;n subordinadas a ninguna otra entidad espacial o volum&eacute;trica. Sin contenci&oacute;n  arquitect&oacute;nica y sin destinaci&oacute;n aparente, pasan por delante de edificaciones  monumentales que se encargan de aislar en el espacio. Por otro lado, en tanto  esculturas aisladas, <i>cada </i>edificio de la ciudad exige ahora que se le  reconozca como monumento. Cada uno compite con los otros para que se le preste  atenci&oacute;n, cada uno inmortaliza a su creador y cada uno celebra &quot;la belleza de la  autopista&quot; que transporta gente y m&aacute;quinas hacia horizontes aparentemente  ilimitados.</p>      <p>Las motivaciones y las consecuencias de estas pol&eacute;micas inversiones son  esencialmente de dos tipos. El primero tiene que ver con las convenciones de la  arquitectura, y se refiere al proceso mismo de significaci&oacute;n. el otro tiene que  ver con la reevaluaci&oacute;n de los valores sociales y pol&iacute;ticos representados. La  arquitectura moderna instaura su modo distintivo de reconocimiento por medio de  la reconversi&oacute;n de las viejas convenciones en nuevos recursos conceptuales. el  &eacute;xito del modernismo en su ruptura con el pasado y en imponer sus visiones tiene  que ver en gran parte con la sencillez de estas soluciones formales. Al invertir  los extremos de las oposiciones tradicionales entre figura y fondo, y al  neutralizar su reversibilidad, introduce una radical desfamiliarizaci&oacute;n, en  c&oacute;digo arquitect&oacute;nico, a los t&eacute;rminos y valores que ya nos son conocidos.  Conserva los t&eacute;rminos del &quot;argumento&quot; barroco &#40;por ejemplo, s&oacute;lido, vac&iacute;o,  figura y fondo&#41;, pero los presenta con una l&oacute;gica distinta, de tal manera que  somete los valores ya establecidos &#40;tales como, lo p&uacute;blico, lo privado, etc.&#41; a  un nuevo cuestionamiento. Al conservar los t&eacute;rminos pero desfamiliarizar sus  relaciones, el c&oacute;digo moderno delata expl&iacute;citamente el proceso de significaci&oacute;n  arquitect&oacute;nica, es decir, el proceso de revestir categor&iacute;as emp&iacute;ricas &#40;los  t&eacute;rminos&#41; con significado. En el extra&ntilde;o paisaje de vidrio y acero de la ciudad  moderna, las figuras invertidas y los vac&iacute;os desplazados llaman la atenci&oacute;n  sobre s&iacute; mismos en su calidad de convenciones. Nos obligan a hacernos  conscientes del proceso mismo de que con materiales como la piedra se est&aacute;  diciendo algo sobre alguna cosa, de que se inscriben valores sociales en un  c&oacute;digo arquitect&oacute;nico. As&iacute;, por medio de la inversi&oacute;n, la neutralizaci&oacute;n y la desfamiliarizaci&oacute;n, la arquitectura moderna deliberadamente desenmascara sus  intenciones y su propio uso de recursos para reestructurar nuestra percepci&oacute;n.</p>      <p>Pero hace mucho m&aacute;s que desenmascarar las convenciones. Una vez delatado el  proceso de c&oacute;mo se inscriben las discriminaciones sociales en la arquitectura,  quiere borrar esa inscripci&oacute;n y escribir una nueva seg&uacute;n la cual la fuente del  orden p&uacute;blico ya no sea la propiedad privada en bienes inmuebles, y las  discriminaciones tradicionales entre los dos &aacute;mbitos ya no sean el foco de la  convenci&oacute;n y el comentario arquitect&oacute;nicos. Si la inscripci&oacute;n arquitect&oacute;nica en  las ciudades capitalistas constituye un discurso &#40;en el sentido de un ir y  venir, de un discurrir&#41; entre &quot;figuras p&uacute;blicas&quot; y &quot;fondos privados&quot;, entonces  el proyecto moderno es nada menos que una transformaci&oacute;n total de este discurso  civil para hacer desaparecer las distinciones mismas entre lo p&uacute;blico y lo  privado<sup><a name="s15" href="#15">15</a></sup>.</p>      <p>&iquest;C&oacute;mo se hace posible ese borramiento? el poder que adquiere del modernismo como  visi&oacute;n triunfante proviene de su habilidad para traducir sus proyecciones de un  nuevo orden institucional en convenciones sencillas de des-familiarizaci&oacute;n  arquitect&oacute;nica. estas convenciones imponen una totalidad de percepciones donde  no se pueden diferenciar lo p&uacute;blico y lo privado y, por lo tanto, se hace  imposible, al menos en teor&iacute;a, una forma de vida basada en tales distinciones.  en gran medida, este borramiento sem&aacute;ntico es una consecuencia directa e  inevitable de la eliminaci&oacute;n de la calle figural a causa de la inversi&oacute;n de la  convenci&oacute;n figura-fondo. En la ciudad moderna ideal, en la que todas las  edificaciones son figuras, resulta superfluo el c&oacute;digo para reconocer las  instituciones p&uacute;blicas como figuras excepcionales dentro de un fondo com&uacute;n. Las  instituciones p&uacute;blicas se ven reducidas, parad&oacute;jicamente, al anonimato  escult&oacute;rico: en la medida en que son objetos escult&oacute;ricos en un amplio campo de  objetos escult&oacute;ricos, son indistinguibles. as&iacute;, la eficaz reconversi&oacute;n del  c&oacute;digo tradicional se ha convertido ahora en una imposibilidad sem&aacute;ntica. Si  sabemos que no todas las edificaciones son privadas, pero no podemos identificar  cu&aacute;les son p&uacute;blicas, la vieja convenci&oacute;n arquitect&oacute;nica para diferenciar entre  lo p&uacute;blico y lo privado queda efectivamente invalidada.</p>      <p><b>LA TRANSFORMACI&Oacute;N DEL DISCURSO CIVIL: EL NUEVO &Aacute;MBITO P&Uacute;BLICO DE BRASILIA</b></p>      <p>La ciudad moderna que surge de estas transformaciones es, te&oacute;ricamente, una  ciudad completamente p&uacute;blica. Su dise&ntilde;o ut&oacute;pico elimina la propiedad privada en  bienes inmuebles como base institucional del orden urbano tanto en la vida  dom&eacute;stica como en la civil. Sin embargo, puesto que lo p&uacute;blico se define en  relaci&oacute;n con lo privado, la eliminaci&oacute;n de este &uacute;ltimo tambi&eacute;n incide en el  primero. Por lo tanto, en la ciudad modernista aparece un nuevo tipo de &aacute;mbito  p&uacute;blico. el ejemplo de Ouro Preto indica que el tipo de orden urbano cuya unidad  b&aacute;sica es una oposici&oacute;n entre la calle p&uacute;blica y la edificaci&oacute;n privada  representa, a su vez, un orden pol&iacute;tico que se basa en relaciones de orden  capitalista preindustrial entre los asuntos p&uacute;blicos y los intereses privados.  Si el orden urbano es, en este sentido, una concretizaci&oacute;n del orden pol&iacute;tico,  entonces &iquest;qu&eacute; tipo de ciudad p&uacute;blica es la que elimina los inmuebles privados?</p>      <p>En el Plan Piloto de Brasilia, la arquitectura y la organizaci&oacute;n de la ciudad  constituyen un argumento a favor de la igualdad:</p>  <ul>    <p>El agrupamiento de las supercuadras, de cuatro en cuatro, propicia un cierto  grado de coexistencia social, evit&aacute;ndose as&iacute; una indebida e indeseable  estratificaci&oacute;n. Y, de todas maneras, las diferencias de nivel de vida de una  cuadra a otra ser&aacute;n neutralizadas por el dise&ntilde;o urban&iacute;stico mismo y no ser&aacute;n de  tal naturaleza que afecten el grado de comodidad social al cual tienen derecho  todos los miembros de la sociedad &#40;Costa 1957, art. 17&#41;.</p>    </ul>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El  discurso igualitario sostiene que las mismas convenciones arquitect&oacute;nicas &#40;&quot;el  agrupamiento de cuatro en cuatro&quot;, &quot;la organizaci&oacute;n misma del esquema urbano&quot; y  otras desarrolladas en el Plan Piloto&#41; producir&aacute;n un orden pol&iacute;tico comunitario.  la ciudad le debe pertenecer &quot;a la gente&quot; &#40;una categor&iacute;a que inclu&iacute;a  originariamente a los ministros de gobierno y a sus choferes viviendo en la  misma supercuadra&#41;, independientemente de las diferencias socioecon&oacute;micas. En su  calidad de inscripciones en el espacio, todas las edificaciones de la ciudad y  todos sus espacios deben entenderse como un bien p&uacute;blico. al eliminar del &aacute;mbito  de la arquitectura tanto la competencia del mercado como el lucro, el dise&ntilde;o  global promovido por el estado pretende que sea la empresa colectiva y no la  privada la que genere este bien p&uacute;blico. en donde no se le puede sacar mayor  ganancia econ&oacute;mica a la construcci&oacute;n urbana y en donde toda construcci&oacute;n debe  remitirse al Plan Piloto, no se genera una distribuci&oacute;n desigual de los  servicios p&uacute;blicos. m&aacute;s a&uacute;n, en donde todos los edificios son monumentos de este  plan maestro, no se le brinda al dominio de clase la oportunidad de crear una  imagen mistificada de s&iacute; mismo a trav&eacute;s de monumentos individuales al lucro y al  privilegio que disimuladamente representan la conquista privada del &aacute;mbito  p&uacute;blico.<sup><a name="s16" href="#16">16</a></sup> en cambio, toda Brasilia ha de ser un monumento al  esfuerzo colectivo de la planificaci&oacute;n maestra y al estado que lo promueve. As&iacute;,  el Plan Piloto —&quot;la organizaci&oacute;n misma del esquema urbano&quot;— es lo que sostiene  este nuevo orden secular tanto en sus motivaciones como en su calidad de punto  de referencia &uacute;ltimo. Puesto que el plano se pronuncia a trav&eacute;s de la  arquitectura, la ciudad misma se convierte en el or&aacute;culo de sus intenciones  igualitarias.</p>      <p>Para entender la naturaleza del nuevo &aacute;mbito p&uacute;blico de Brasilia, nos  detendremos en lo que ha reemplazado a la vieja calle y su &aacute;mbito p&uacute;blico. La  alternativa modernista es el &quot;sector comercial local&quot;, dise&ntilde;ado con miras a brindar los mismos servicios comerciales que las tradicionales calle y plaza, en  las que se mezclan lo residencial y lo comercial &#40;ver ejemplos en las <a href="#f1">Figuras 1</a> y <a href="#f6">6</a>&#41;. Estudiaremos primero la concepci&oacute;n originaria del sector comercial, su  evoluci&oacute;n y, lo que es m&aacute;s importante, su recepci&oacute;n por parte de los  brasilienses desde la inauguraci&oacute;n de la ciudad en 1960.</p>      <p>En ninguna parte del plan de costa aparece la palabra <i>rua</i>, &quot;calle&quot;. Podemos  suponer, por consiguiente, que su ausencia es deliberada y corresponde a una  eliminaci&oacute;n tanto del concepto de la calle como de su misma existencia f&iacute;sica<sup><a name="s17" href="#17">17</a></sup>.  la Brasilia modernista &#40;el Plan Piloto&#41; se organiza en torno al cruce de dos  &quot;ejes arqueados&quot;: un eje de autopistas de alta velocidad, llamado el eje de la  autopista residencial, y el eje monumental. El primero comprende catorce  calzadas de tr&aacute;fico contiguas. &Eacute;stas se dividen entre calzadas centrales para el  tr&aacute;fico r&aacute;pido y calzadas laterales para el tr&aacute;fico local. Las calzadas  laterales se conectan con las unidades residenciales a cada lado por medio de  rampas, pasos subterr&aacute;neos y enlaces en forma de hojas de tr&eacute;bol. Aun cuando su  flujo de tr&aacute;fico es menos sinf&oacute;nico, el eje monumental tiene ocho calzadas,  cuatro en cada direcci&oacute;n, separadas por la enorme explanada de los ministerios<sup><a name="s18" href="#18">18</a></sup>.  Ninguno de los dos ejes tiene un solo sem&aacute;foro o una intersecci&oacute;n en la que haya  que detenerse, pues el objetivo de este modelo de circulaci&oacute;n es el paso del  tr&aacute;fico &quot;por la parte central y los sectores residenciales sin ning&uacute;n obst&aacute;culo&quot;  &#40;costa 1957, art. 7&#41;. Uno de los argumentos centrales del plan es que para  lograr este objetivo se ha de eliminar la calle: en el art&iacute;culo tres, costa  define su idea rectora como la aplicaci&oacute;n de &quot;los principios libres de la  ingenier&iacute;a de autopistas —incluyendo la eliminaci&oacute;n de las intersecciones &#91;es  decir, de las esquinas&#93;— a la t&eacute;cnica de la planeaci&oacute;n urbana&quot; &#40;el &eacute;nfasis es  m&iacute;o&#41;<sup><a name="s19" href="#19">19</a></sup>. Al otro lado del eje residencial, costa &#40;ibid.,  art. 16&#41; interpola una serie de v&iacute;as de distinto rango, que hoy llevan la numeraci&oacute;n l1 a l15 y W1 a W5, para  obtener acceso a las cuadras residenciales. El plan requiere que se desarrollen  entre las <i>superquadras </i>unas <i>faixas</i>, fajas, de instalaciones  comunales y comercio local, que intercepten en alternancia estas v&iacute;as de acceso.  Se llega a cada una de las franjas de comercio, llamada el &quot;sector comercial  local&quot;, por una <i>v&iacute;a de acceso motorizado</i>, una formulaci&oacute;n que  cuidadosamente evita toda menci&oacute;n de la &quot;calle&quot;.</p>      <p>Es m&aacute;s, la propuesta original de costa &#40;art. 16&#41; se cuida mucho de hacer referencia  alguna a la antigua plaza de mercado: las entradas a las tiendas y las vitrinas  est&aacute;n de frente a las <i>superquadras </i>y no a las v&iacute;as de acceso. As&iacute;, el  plan conecta lo comercial y lo residencial por medio de un parque arcada, y no  de la &quot;sucia y peligrosa calle&quot;. &Eacute;sta ha sido segregada arquitect&oacute;nicamente y  reducida a las funciones de suministro, acceso y estacionamiento de veh&iacute;culos.  Con una fe inquebrantable en el poder de la palabra y de la arquitectura para  cambiar el mundo, el Plan Piloto transforma las antiguas instituciones de la  plaza de mercado y la calle comercial en un &quot;sector comercial&quot; y una &quot;v&iacute;a de  acceso motorizado&quot;.</p>      <p>La ausencia de la palabra <i>calle </i>en el plano es prof&eacute;tica: revela la  intenci&oacute;n de desmontar el tradicional mercado urbano por medio de un  reordenamiento de las relaciones entre lo comercial y lo residencial, entre los  peatones y el transporte. Sin embargo, lo que elimina la calle comercial en  Brasilia es algo m&aacute;s que una sencilla exclusi&oacute;n l&eacute;xica. la calle tambi&eacute;n ha sido  transformada arquitect&oacute;nicamente y ha pasado de ser una figura trazada por entre  la masa de s&oacute;lidos a ser una autopista sin limitaciones. ya no se reconoce como  un vac&iacute;o figural en un discurso de relaciones entre la figura y el fondo. Las  v&iacute;as de acceso de Brasilia solo pueden percibirse como franjas de asfalto que  suplen las necesidades de m&aacute;quinas en movimiento. No tienen relaci&oacute;n alguna con  la calle como un espacio de sociabilidad de los peatones. De manera similar, la  plaza de mercado ha sido reconceptualizada arquitect&oacute;nicamente como una  edificaci&oacute;n &uacute;nica, como un bloque escultural, lo que equivale a decir, como un  objeto figural en un vac&iacute;o; o, en las palabras de lucio costa &#40;1957, art. 16&#41;,  &quot;un solo cuerpo&quot; que se recorta como desnudo contra los &aacute;rboles por un lado y  contra la v&iacute;a de acceso por el otro. Esta reconceptualizaci&oacute;n de la calle  comercial produce un cambio fundamental en la relaci&oacute;n entre lo comercial y lo  residencial en el &aacute;mbito urbano. Pues el plano de costa logra establecer una  diferenciaci&oacute;n funcional radical del espacio comercial y por ende de la  interacci&oacute;n: las calles han pasado a ser identificadas exclusivamente con las  funciones del transporte y el suministro; la distribuci&oacute;n de mercanc&iacute;as se  efect&uacute;a en edificaciones aisladas.</p>      <p>Tras haber examinado la prehistoria de la &quot;calle&quot; en Brasilia, es iluminador ver c&oacute;mo  los brasilienses han respondido a la eliminaci&oacute;n de la misma.    <br> El sector comercial se desarroll&oacute; en tres etapas. &Eacute;stas se corresponden con la  principal divisi&oacute;n de la ciudad en asa Sul &#40;ala Sur&#41; y asa Norte &#40;ala Norte&#41;, la  primera construida mucho antes que la segunda, la cual est&aacute; todav&iacute;a incompleta.  en la primera etapa, los sectores comerciales del ala Sur se construyeron  siguiendo el plan. Sin embargo, la concepci&oacute;n anti-calle de estos sectores  result&oacute; ser insostenible: desafiando el Plan Piloto, los residentes la  rechazaron. Algunos planificadores razonan que, debido a que la ciudad no estaba  terminada en el momento de ser inaugurada, la visi&oacute;n total todav&iacute;a no se hab&iacute;a  implementado y no pod&iacute;a por lo tanto ser apreciada. No obstante, la verdadera  raz&oacute;n por la cual el plano fracas&oacute; puede ser mucho menos apocal&iacute;ptica. Los  primeros habitantes de las <i>superquadras </i>de Brasilia rechazaron la anti-calle  sencillamente porque iba en contra de sus pr&aacute;cticas sociales. Estos nuevos  habitantes pertenec&iacute;an a todos los rangos de la burocracia estatal y ven&iacute;an en  su mayor parte de otras zonas urbanas de Brasil, en donde la calle es el foco de  la actividad p&uacute;blica<sup><a name="s20" href="#20">20</a></sup>. Esta gente estaba  acostumbrada al movimiento de la calle y, sobre la base de esa experiencia,  r&aacute;pidamente capt&oacute; y rechaz&oacute; las intenciones radicales del Plan Piloto.  Rechazaron las entradas de jardines que conduc&iacute;an hacia las unidades comerciales  y convirtieron la parte posterior por donde entraban los suministros en la parte  delantera de las tiendas. Las partes posteriores originales estaban asociadas  con las aceras, el tr&aacute;fico y el <i>movimento </i>y por lo tanto se percib&iacute;an  como las zonas habituales de interacci&oacute;n y sociabilidad. Consecuentemente, el  h&aacute;bito reprodujo la calle en la pr&aacute;ctica aun cuando hab&iacute;a sido negada  arquitect&oacute;nicamente.</p>      <p>Hasta el d&iacute;a de hoy, la parte de los jardines de la mayor&iacute;a de las unidades  comerciales en el asa Sul siguen sin terminarse. lo que se ha producido es lo  que podr&iacute;amos llamar un problema de definir cu&aacute;l es la parte anterior y cu&aacute;l la  posterior. la posibilidad de invertir funciones ha regresado pero en la forma de  confusi&oacute;n. Las fachadas que hab&iacute;an sido dise&ntilde;adas como el frente se encuentran  ahora desfiguradas por gr&uacute;as de almacenamiento, puertas cerradas y una desidia  general. Aun cuando algunos almacenes &quot;resuelven&quot; el problema construyendo dos  entradas, la que se encuentra del lado de la &quot;calle&quot; es la que se identifica  como la puerta delantera. La inversi&oacute;n ha sido total. aun cuando la calle misma  ha sido negada arquitect&oacute;nicamente y sigue estando legalmente proscrita en  Brasilia &#40;puesto que las ordenanzas municipales basadas en el Plan Piloto  establecen uniformidad en la altura de las edificaciones, distancias m&iacute;nimas  desde la calle, aperturas, espacios de exhibici&oacute;n, etc.&#41;, los habitantes de asa Sul resucitaron su c&oacute;digo sem&aacute;ntico. Pusieron sus tiendas otra vez en la  calle, en contacto con las aceras y el tr&aacute;fico. No es sorprendente, entonces,  que hayan reaparecido los signos de la calle popular: la mezcla de funciones  &#40;veh&iacute;culos y gente&#41;, avisos, colores y vitrinas descoordinados, los paseos a ver  vitrinas, la sociabilidad en la acera, el paseo callejero, el mugre. el  abigarramiento de los c&oacute;digos urbanos se reafirm&oacute; a pesar de todos los mejores  intentos concebidos hasta ese momento para evitarlo.</p>      <p>Aun as&iacute;, tanto el alcance como la efectividad de este resurgir rebelde son, en el  mejor de los casos, limitados. Primero que todo, Brasilia no tiene un sistema de  calles genuino. Por lo tanto, cualquier intento de recrear una calle est&aacute;  condenado a un relativo aislamiento dentro de la totalidad; en este caso, se  encuentra reducido a los sectores comerciales m&aacute;s viejos del asa Sul. Segundo,  la burocracia vio con buenos ojos estas modificaciones. Un administrador  sosten&iacute;a que el c&oacute;digo de la calle popular hab&iacute;a resurgido porque la agencia de  planificaci&oacute;n central, Novacap, no era capaz de ejercer control total sobre el  desarrollo comercial &#40;entrevista, octubre 1980&#41;. explicaba que debido a una  falta de financiaci&oacute;n inicial, Novacap no hab&iacute;a podido desarrollar los sectores  comerciales como totalidades coordinadas. en cambio, se hab&iacute;a visto obligada a  subcontratar individualmente. la carencia de una &quot;mano directriz&quot; fue la  causante de un desarrollo incontrolado y de competencia entre los propietarios,  lo que produjo como resultado el desorden de signos y s&iacute;mbolos callejeros. Pero  la fe en el &quot;dise&ntilde;o total&quot; no se abandonaba as&iacute; no m&aacute;s, y el gobierno decidi&oacute;  brindarle una segunda oportunidad en la construcci&oacute;n del Asa Norte.</p>      <p>El dise&ntilde;o de las unidades comerciales en el norte parece un intento de prevenir,  por medios arquitect&oacute;nicos y legales, que se vuelva a presentar el tipo de  comportamiento callejero que &quot;deform&oacute;&quot; las unidades del sur. Cada sector  comercial aparece ahora dividido en pabellones independientes, apartados unos  diez a quince metros el uno del otro. Cada pabell&oacute;n consiste en una loggia  c&uacute;bica de dos pisos, con dos o tres tiendas en cada lado en el nivel inferior y  oficinas en el superior. el segundo piso tiene una prominencia que produce una  arcada sobre el primero, cuyo per&iacute;metro est&aacute; trazado bien al interior del cuerpo  del edificio. Este plano cuadrado resuelve de alguna manera el problema de  definir la parte anterior y la posterior que se present&oacute; en asa Sul al  permitirle a las tiendas ocupar todos los costados de la estructura. la simetr&iacute;a  equil&aacute;tera resuelve el problema pues convierte cada lado en una parte delantera.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En la nueva soluci&oacute;n, sin embargo, los pabellones han sido situados a unos ocho  metros del borde de la calle y han sido construidos varios cent&iacute;metros por  encima del nivel de la calle. Uno debe ascender una serie de escaleras para  llegar a ellos. la acera, esa franja tradicional de interacci&oacute;n social, ha sido  ahora separada irrecuperablemente de la calle, ha sido subdividida en  extensiones definidas, y ha sido enlazada alrededor de cada pabell&oacute;n en la forma  de una arcada. aun cuando ser&iacute;a posible argumentar que estas arcadas apenas  reemplazan a la acera con unos pasajes protegidos, el efecto que producen es muy  diferente. Por un lado, la protecci&oacute;n que brindan es m&iacute;nima; por otro lado, este  dise&ntilde;o previene la posibilidad de que haya vida callejera pues separa la calle  del lugar en donde se lleva a cabo la interacci&oacute;n. Elimina el contacto que se  produce en la acera entre los dos espacios y trata a cada uno por separado,  reduciendo la calle a la simple funci&oacute;n de transporte y llev&aacute;ndose toda la  actividad comercial hacia esos mini-centros comerciales, aislados y aut&oacute;nomos. a  falta de una acera continua bordeada por fachadas, no solo se hace imposible  &quot;salir a pasearse por la calle&quot;, sino que el f&acirc;neur urbano est&aacute; condenado a  desaparecer.</p>      <p>Recientemente, los funcionarios de la ciudad revelaron la &quot;soluci&oacute;n final&quot; al asunto del  comercio barrial en la ciudad moderna cuando inauguraron la tercera etapa del  desarrollo del comercio local en Brasilia. Con veinte a&ntilde;os de atraso, el Sector  comercial local 205/206 Norte por fin realiza en su totalidad las proyecciones  &uacute;ltimas del Plan Piloto. Concebido como una totalidad y construido como una  megaestructura &uacute;nica, este sector representa &quot;la forma en que se supon&iacute;a que se  iba a construir toda Brasilia&quot;, seg&uacute;n lo expres&oacute; un administrador de la ciudad  &#40;entrevista, marzo 1981&#41;. Obviamente, los medios oficiales lo presentan como un  modelo de desarrollo urbano. tal como lo explicaron los arquitectos y  planificadores de la edificaci&oacute;n, representa un &quot;retorno a los principios del  Plan Piloto&quot; &#40;entrevista, marzo 19 81&#41;. Est&aacute; dise&ntilde;ado expl&iacute;citamente para  retirar toda la actividad comercial de la &quot;calle&quot; y &quot;volverla a situar&quot; en los  lados que dan el frente a las <i>superquadras</i>. Ya no se trabaja con la  concepci&oacute;n de un simple bloque de locales comerciales, ni siquiera con la de  discretos pabellones; ahora el proyecto absorbe todo, a ambos lados de las v&iacute;as,  y lo conjuga en una estructura palaciega.</p>      <p>Conocido localmente como Babilonia, 205/206 Norte es una aut&eacute;ntico palacio del consumo:  una especie de templo que hace las veces de centro comercial, completo con  ventanas arqueadas, terrazas en el tejado, rampas tijera, corredores  laber&iacute;nticos en los que se alinean almacenes de lujo y zonas de juegos para los  ni&ntilde;os de la nueva elite de Brasilia. en tanto soluci&oacute;n final, elimina de una vez  por todas de cualquier recuerdo, o incluso de la memoria, las trazas de la calle  comercial tradicional. Con las tiendas interiorizadas en las entra&ntilde;as de la  edificaci&oacute;n, las fachadas del centro comercial se ven como altos muros, blancos  y vac&iacute;os, encima y detr&aacute;s de los cuales se erigen las ventanas arqueadas de los  corredores internos. Para permitir que pase la carretera por ella, la estructura  se parte en dos y convierte la v&iacute;a de acceso p&uacute;blica en un conector de la  autopista. Ya no se permite estacionar a lo largo de la v&iacute;a de acceso, sino que  el estacionamiento se relega a los costados de la estructura. Una peque&ntilde;a &aacute;rea dise&ntilde;ada con jard&iacute;n y c&eacute;sped sustituye la acera, con lo cual queda poqu&iacute;simo  espacio —y resulta bastante peligroso transitar por &eacute;l— para que los peatones  caminen entre los costados de la edificaci&oacute;n y la autopista. Tal vez los  arquitectos, al notar que quedan tan pocos peatones en Brasilia, sencillamente  dejaron de incluir los gui&ntilde;os tradicionales dirigidos a ellos, como son las  aceras y las vitrinas de los almacenes.</p>      <p>Como para confirmar la eliminaci&oacute;n arquitect&oacute;nica de la calle en Brasilia, los  brasilienses han dejado de usar la palabra <i>rua </i>en la terminolog&iacute;a de las  direcciones. Utilizan el impecablemente racional sistema de direcciones de la  ciudad y dicen, por ejemplo, <i>na Comercial </i>103 <i>Sul</i>, &quot;en el &#91;Sector&#93;  comercial 103 Sur&quot; y <i>na SQS </i>407, &quot;en la Supercuadra Sur 407&quot;. La &uacute;nica  excepci&oacute;n prueba la regla: el Sector comercial local 107/108 Sur se conoce  com&uacute;nmente como la Rua da Igrejinha, la calle de la Iglesita. Recibe su nombre  de la &uacute;nica edificaci&oacute;n notable en las &aacute;reas residenciales de la ciudad, la  Igrejinha da F&acirc;tima, la Iglesita de F&aacute;tima. Dise&ntilde;ada por Oscar Niemeyer, fue la  primera iglesia que se construy&oacute; en la ciudad. aun cuando hay muchas otras  iglesias, dos imponentes templos budistas y otras estructuras excepcionales  &#40;como los colosales supermercados&#41; en otros sectores comerciales, tan solo la  Igrejinha se considera una edificaci&oacute;n lo suficientemente importante como para  ser inmortalizada en la memoria p&uacute;blica con el nombre de una calle.</p>      <p>A la luz de nuestro an&aacute;lisis de la calle preindustrial, la raz&oacute;n por la cual esta  iglesia se conmemora es obvia: dentro de la trama del sector comercial, la  iglesia se percibe, en relaci&oacute;n con el contexto, seg&uacute;n las normas del urbanismo  tradicional y no del moderno. Es, de hecho, la &uacute;nica instancia en Brasilia de  una relaci&oacute;n figura-fondo entre un monumento p&uacute;blico y una calle p&uacute;blica. Desde  el punto de vista urbano, sigue el modelo de las iglesias en ciudades como Ouro  Preto: es el punto culminante de la calle que conduce hacia ella en tanto un  objeto figural inscrito en un vac&iacute;o definido. Por lo tanto, en relaci&oacute;n con el  sector comercial, el dise&ntilde;o de la Iglesita de F&aacute;tima reconstruye el complejo  monumento-calle de las ciudades preindustriales y, por un breve momento, tambi&eacute;n  la memoria p&uacute;blica de &eacute;ste.</p>  <hr size="1">    <p><b>Comentarios</b></p>      <p><sup><a name="*" href="#s*">*</a></sup>Este art&iacute;culo es un extracto del cap&iacute;tulo 4 de The Modernist City: An Anthropological Critique of Brasilia &#40;Chicago: University of Chicago Press, 1989&#41;, p&aacute;ginas 101-144. En su versi&oacute;n original, el cap&iacute;tulo ten&iacute;a cuarenta y tres ilustraciones, la  mayor&iacute;a de las cuales no se publican aqu&iacute;. Como corresponde, el texto tambi&eacute;n ha  sido modificado. Todas las im&aacute;genes son del autor, a menos que se indique lo  contrario. Traducci&oacute;n de Erna von der Walde.</p>      <p><sup><a name="1" href="#s1">1</a></sup> Le Corbusier proclam&oacute; la muerte de la calle en un art&iacute;culo que apareci&oacute; por  primera vez en 1929 en el  peri&oacute;dico sindicalista franc&eacute;s L&#39;Intransegeant. Una versi&oacute;n diferente y  algo m&aacute;s extensa apareci&oacute; m&aacute;s tarde en la revista sindicalista Plans  5 &#40;mayo 1931&#41;. Esta versi&oacute;n es la que aparece su obra de 1933, La ciudad radiante.</p>      <p><sup><a name="2" href="#s2">2</a></sup> En 1548, las instrucciones de la  corona a Tom&eacute; de Sousa, primer gobernador general de Brasil, contienen  estipulaciones con respecto a la selecci&oacute;n de la ubicaci&oacute;n y la planificaci&oacute;n de  asentamientos urbanos que son parecidos a planos espa&ntilde;oles anteriores y  posteriores a esa fecha. Sin embargo, no fue sino hasta el per&iacute;odo que estamos  tratando aqu&iacute; que surgi&oacute; un modelo de planeaci&oacute;n ortogonal con adornos barrocos  en todo Brasil, y con este modelo se regularizaron las convenciones  arquitect&oacute;nicas y de planeaci&oacute;n que nos ocupan en este cap&iacute;tulo. Ver Morse 1974 para una visi&oacute;n general del  desarrollo urbano de Brasil durante el per&iacute;odo colonial y el imperio. un  an&aacute;lisis de los planos de la ciudad y de su planificaci&oacute;n en el Brasil del siglo xviii se encuentra en Delson 1979.</p>      <p><sup><a name="3" href="#s3">3</a></sup> Ver Schmitter 1971, 35-36 para una elaboraci&oacute;n de este aspecto.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><sup><a name="4" href="#s4">4</a></sup> Ver Zucker 1959 para un estudio hist&oacute;rico y morfol&oacute;gico de la plaza desde la antig&uuml;edad hasta el siglo xix, que, aunque se centra especialmente en Europa, presta cierta atenci&oacute;n al Nuevo mundo.</p>      <p><sup><a name="5" href="#s5">5</a></sup> Publicadas en Francia entre 1834 y 1839 bajo el t&iacute;tulo de Voyage  Pittoresque et Historique au Br&eacute;sil, las ilustraciones de debret fueron el  producto de quince a&ntilde;os de investigaci&oacute;n y documentaci&oacute;n continuos en Brasil.  Como miembro de la misi&oacute;n Art&iacute;stica Francesa invitada por la corona para fundar  la Academia de Bellas Artes, Debret lleg&oacute; en 1816, ocho a&ntilde;os despu&eacute;s de que la  corte portuguesa hubiera escapado de Lisboa hacia R&iacute;o y un a&ntilde;o antes de que  Brasil fuera ascendido a nivel de reino. Cuando apareci&oacute; su obra, el Instituto  de Historia y Geograf&iacute;a de Brasil, una entidad oficial, la conden&oacute; por el  &quot;esc&aacute;ndalo de representar las costumbres de los esclavos y las escenas de la  vida popular con tanto realismo&quot; &#40;Debret 1978, 13&#41;. Obviamente, esta  condena es precisamente la que confirma el inter&eacute;s actual en la etnograf&iacute;a de  Debret.</p>      <p><sup><a name="6" href="#s6">6</a></sup> En 1830, Walsh anotaba que &quot;las  viejas y respetables familias criollas&hellip; concurr&iacute;an hacia la capital, en donde  las frecuentes galas, las levantadas de la realeza y ceremonias de cumplea&ntilde;os  atra&iacute;an a las muchedumbres. Aqu&iacute;, al mezclarse con extranjeros, tanto  portugueses como ingleses, pronto se desprend&iacute;an de sus h&aacute;bitos anticuados y  regresaban a casa con nuevas ideas y formas de vida, las cuales, a su vez, eran  adoptadas por sus vecinos&quot; &#40;citado en Morse 1974, 65&#41;.</p>      <p><sup><a name="7" href="#s7">7</a></sup>En aquellas ciudades brasile&ntilde;as contempor&aacute;neas que todav&iacute;a presentan un modelo  preindustrial de s&oacute;lidos y vac&iacute;os, el contacto entre la casas y la calle es  inmediato y establece la diferencia entre la casa colonial &#40;un tipo que se  refiere tanto a casa viejas como nuevas&#41; y la casa moderna. Esta distinci&oacute;n es  quiz&aacute;s m&aacute;s significativa que la que se establece entre techos inclinados  &#40;coloniales&#41; y techos planos &#40;modernos&#41;. As&iacute;, en estas ciudades, los brasile&ntilde;os  clasifican las casas que tienen alg&uacute;n espacio entre la fachada y la acera como  de tipo moderno. Mi trabajo sobre esta diferenciaci&oacute;n confirma observaciones  similares de Wagley &#40;1963, 152&#41; y Harris &#40;1971, 30, 34&#41;.</p>      <p><sup><a name="8" href="#s8">8</a></sup>La experiencia de la calle y la plaza como si fueran habitaciones es bastante  consciente. Por ejemplo, en R&iacute;o, para indicar el lugar en el que la gente  socializa, los habitantes tienen una expresi&oacute;n: &quot;la sala est&aacute; en la calle&quot; &#40;a  sala est&aacute; na rua&#41;. Para dar otro ejemplo, en su estudio sobre la plaza civil  de R&iacute;o &#40;Fig. 7&#41;, Ferrez &#40;1978, 9&#41; llama el largo do Carmo &#40;Pra&ccedil;a  XV&#41; &quot;durante tres siglos la sala de visitas de la ciudad&quot;. Se puede decir,  entonces, que la casa y la ciudad tienen una relaci&oacute;n reiterativa la una  respecto de la otra: las habitaciones y los corredores de la una se conciben  como una reiteraci&oacute;n &#40;en plano, elevaci&oacute;n y secci&oacute;n&#41; de las cuadras y las calles  de la otra. una de las primeras formulaciones te&oacute;ricas acerca de esta relaci&oacute;n  entre la casa y la ciudad se encuentra en los Diez libros de arquitectura de Alberti, una obra que tuvo una influencia decisiva en el dise&ntilde;o y la  conceptualizaci&oacute;n de las ciudades occidentales desde que se public&oacute; en Italia en 1485. Se puede encontrar un  an&aacute;lisis complementario de &quot;la casa y la calle&quot; como los dos &aacute;mbitos de la  sociedad brasile&ntilde;a en la iluminadora reflexi&oacute;n de Da Matta &#40;1978, 70-95&#41;.</p>      <p><sup><a name="9" href="#s9">9</a></sup>La noci&oacute;n de convenci&oacute;n en la teor&iacute;a semi&oacute;tica se encuentra en Eco 1976 y Lyons 1977, 99-109.</p>      <p><sup><a name="10" href="#s10">10</a></sup> Un an&aacute;lisis especialmente &uacute;til del mundo visual en t&eacute;rminos de &eacute;stas y otras  relaciones perceptuales se encuentra en Arnheim 1974.</p>      <p><sup><a name="11" href="#s11">11</a></sup> Una elaboraci&oacute;n cl&aacute;sica de la relaci&oacute;n figura-fondo y sus complejidades se  encuentra en Ruben 1958.</p>      <p><sup><a name="12" href="#s12">12</a></sup>Con algunas importantes excepciones que estudiaremos m&aacute;s adelante, los s&oacute;lidos  en negro de los planos de figura y fondo en las ciudades preindustriales &#40;por  ejemplo, en la <a href="#f8">Figura 8</a>&#41; no  representan una solaedificaci&oacute;n. M&aacute;s bien, representan cuadras enteras  de muchas edificaciones contiguas, ninguna de las cuales tiene una forma  individualizadora en el plano &#40;menos las ya se&ntilde;aladas como excepciones&#41;. Esta  representaci&oacute;n debe ser comparada con el plano modernista en el cual los s&oacute;lidos  en negro suelen representar edificaciones &uacute;nicas, cada una como un objeto  separado en el espacio. Este contraste se ve claramente en el Plan Voisin de le  Corbusier. Representa ambos &oacute;rdenes de s&oacute;lidos y vac&iacute;os en el mismo dibujo. Le  Corbusier usa el plano de figura y fondo para resaltar la inversi&oacute;n de la  relaci&oacute;n objeto-espacio en su plano para un nuevo Par&iacute;s en comparaci&oacute;n con la  relaci&oacute;n en el plano del Par&iacute;s viejo. Es de anotar que cada cruce de coordenadas  cartesianas en su nuevo Par&iacute;s representa una sola edificaci&oacute;n.</p>      <p><sup><a name="13" href="#s13">13</a></sup>  Sin embargo, con algunas notables excepciones, no es un rasgo esencial de las  ciudades en Norteam&eacute;rica, en donde los edificios tienden a estar separados, cada  uno en su lote, y distanciados de la calle por un jard&iacute;n delantero.</p>        ]]></body>
<body><![CDATA[<p><sup><a name="14" href="#s14">14</a></sup> Las estad&iacute;sticas de poblaci&oacute;n y de producci&oacute;n aur&iacute;fera son tomadas de  Vasconcellos 1977, 35-36, 50.</p>      <p><sup><a name="15" href="#s15">15</a></sup> La posibilidad de hacer desaparecer &quot;el viejo orden&quot; y de instaurar uno nuevo se  complementa, a nivel arquitect&oacute;nico, con la posibilidad de dar un salto en el  desarrollo tal como lo propone la teor&iacute;a de la ciudad modernista. Es esta  est&eacute;tica de borramientos y reinscripciones que hace de la arquitectura  modernista algo tan atractivo para las ideolog&iacute;as pol&iacute;ticas tanto de extrema  derecha como de extrema izquierda.</p>      <p><sup><a name="16" href="#s16">16</a></sup>Las edificaciones privadas, particularmente las mansiones de la burgues&iacute;a  urbana, se convierten en ese tipo de monumento al hacer uso de las convenciones  de la arquitectura p&uacute;blica en aras del engrandecimiento privado. La base  arquitect&oacute;nica de esta apropiaci&oacute;n se encuentra en la anterior elaboraci&oacute;n sobre  la inversi&oacute;n de la figura y el fondo como un medio para transformar la riqueza  en una forma de exhibici&oacute;n p&uacute;blica.</p>      <p><sup><a name="17" href="#s17">17</a></sup> Esta relaci&oacute;n entre la proscripci&oacute;n l&eacute;xica y la eliminaci&oacute;n f&iacute;sica se hace  expl&iacute;cita en la propuesta de Le Corbusier de 1946: &quot;la palabra calle hoy en d&iacute;a  significa circulaci&oacute;n ca&oacute;tica. Reemplacemos la palabra &#40;y la cosa misma&#41; por los t&eacute;rminos sendero peatonal y carretera o autopista automotriz&quot; &#40;Le Corbusier 1971, 59&#41;.</p>      <p><sup><a name="18" href="#s18">18</a></sup> La organizaci&oacute;n de la ciudad en los dos Ejes, el monumental y el Residencial, no  representa una divisi&oacute;n entre lo p&uacute;blico y lo privado. En Brasilia, el  monumental y el Residencial son dos tipos de espacio diferentes, ambos promovidos por el Estado.</p>      <p><sup><a name="19" href="#s19">19</a></sup>  En el centro de la ciudad, el cruce de ejes consiste en una serie de pasos  subterr&aacute;neos y superiores que crean una plataforma de autopistas a varios  niveles. Aqu&iacute; las calzadas centrales de alta velocidad del Eje Residencial pasan  por debajo del Eje monumental, mientras que las calzadas laterales, dise&ntilde;adas  para el tr&aacute;fico residencial local, pasan por encima. los dos ejes se comunican  por medio de una serie de rampas y de enlaces en forma de hojas de tr&eacute;bol. Este  ensamblaje de autopistas interconectadas define el &aacute;rea de la plataforma y  constituye sus techos, pisos y paredes. la plataforma no es ni totalmente una  edificaci&oacute;n ni totalmente una v&iacute;a, sino una fusi&oacute;n cuidadosamente orquestada de  las dos. En el nivel superior se encuentran los estacionamientos y el Touring  club y desde all&iacute; se tiene una vista panor&aacute;mica del eje oriental. En la parte  occidental, la plataforma es contigua a los sectores de Entretenimiento, y por  el costado oriental brinda acceso por escaleras al Teatro Nacional. En el nivel  bajo se desarrolla su funci&oacute;n principal, la del Terminal Interurbano de Buses,  la troncal del servicio de buses de Brasilia desde donde se conecta el Plan  Piloto con las ciudades sat&eacute;lite.</p>      <p><sup><a name="20" href="#s20">20</a></sup></em>M&aacute;s aun, muy por el contrario de lo que se cree com&uacute;nmente, la mayor&iacute;a de los  habitantes de la ciudad antes de su inauguraci&oacute;n &#40;obreros de la construcci&oacute;n,  comerciantes, ingenieros y el personal administrativo&#41; tambi&eacute;n ven&iacute;an de  ciudades. De hecho, 79 por ciento  eran migrantes urbanos.</p>  <hr size="1">      <p><b>REFERENCIAS</b></p>      <!-- ref --><p><b>Arnheim, Rudoplh</b> 1974 Art and visual perception. Berkeley: University of California Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000131&pid=S1900-5407200800020001200001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Costa L&uacute;cio</b> 1957 O relat&oacute;rio do Plano Piloto de Brasilia. M&oacute;dulo 8.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000132&pid=S1900-5407200800020001200002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Da Matta, Roberto</b> 1978 Carnavais, balandros e her&oacute;is: Para uma sociolog&iacute;a do dilema brasileiro.  Rio de Janeiro: Zahar Editores.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000133&pid=S1900-5407200800020001200003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Debret, Jean Baptiste </b>1978 Viagem pitoresca e hist&oacute;rica ao Brasil. S&atilde;o Paulo: Editora da Universidade de S&atilde;o Paulo.  &#91;1834-39&#93;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000134&pid=S1900-5407200800020001200004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Nelson, Roberta Marx</b> 1979 New towns for colonial Brazil: Spatial and social planning of the eighteenth  century. Ann Arbor: University Microfilms International.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000135&pid=S1900-5407200800020001200005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Eco, Umberto</b> 1976 A theory of semiotics. Bloomington: Indiana University Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000136&pid=S1900-5407200800020001200006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Ferrez, Gilberto</b> 1978 A pra&ccedil;a 15 de Novembro, antigo Largo do Carmo. Rio de Janeiro: Riotur.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000137&pid=S1900-5407200800020001200007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Furtado, Celso</b> 1971 The economic growth of Brazil. Berkeley: University of California Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000138&pid=S1900-5407200800020001200008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Harris, Marvin</b> 1971 Town and country in Brazil. New York: Norton &#91;1956&#93;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000139&pid=S1900-5407200800020001200009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Le Corbusier</b> 1967 The radian city: Elements of a doctrine of urbanism to be used as the basis of  our machine-age civilization. New York: Orion Press. &#91;1933&#93;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000140&pid=S1900-5407200800020001200010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> 1971 Looking at city planning. New York: Grossman.&#91;1946&#93;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000141&pid=S1900-5407200800020001200011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Lyons, John</b> 1977 Semantics. Vol. 1. Cambridge: Cambridge University Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000142&pid=S1900-5407200800020001200012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Morse, Richard M</b>. 1974 Brazil&#39;s urban development: colony and empire. Journal of Urban History 1, no.1:39-72.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000143&pid=S1900-5407200800020001200013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Rowe, Colin and Fred Koetter</b> 1978 Collage city. Cambridge, Mass.: The MIT Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000144&pid=S1900-5407200800020001200014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Ruben, Edgar</b> 1958 Figure and ground. In Readings in perception, editado por D.C. Beradslee  y M. Wertheimer. Pp. 194-203. Princeton, N.J.: Van Nostrand.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000145&pid=S1900-5407200800020001200015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Schmitter, Phillippe C</b>. 1971 Interest, conflict and political change in Brazil.  Stanford, Calif: Stanford University Press.        &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000146&pid=S1900-5407200800020001200016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Vasconcellos, Sylvio de</b> 1977 Vila Rica. S&atilde;o Paulo: Editora Perspectiva.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000147&pid=S1900-5407200800020001200017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Wagley, Charles</b> 1963 An introduction to Brazil. New York: Columbia University Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000148&pid=S1900-5407200800020001200018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Zucker, Paul</b>   1959 Town and square: From the agora to the village green. New York: Columbia University Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000149&pid=S1900-5407200800020001200019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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