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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[PASEO DE OLLA: ETNOGRAFÍA MÍNIMA DE UNA PRÁCTICA SOCIAL EN EL PARQUE NACIONAL ENRIQUE OLAYA HERRERA]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This paper is an exercise on the ethnographic interpretation of the "paseo de olla", an urban practice observed at a traditional park in Bogotá, the "Parque Nacional Enrique Olaya Herrera". The text combines ethnographic descriptions and reflections about the urban public space as well as socio-spatial analyses of human interaction. The text emphasizes in the importance of space practices analyses as forms of culture materialization in urban contexts. It also shows the persistence of the family in contemporary urban practices.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[   <font face="verdana" size="2">      <p >    <p align="center" ><font face="verdana" size="4"><b> PASEO DE OLLA.    <br> </b></font><font face="verdana" size="4">ETNOGRAF&Iacute;A M&Iacute;NIMA DE UNA PR&Aacute;CTICA SOCIAL EN EL PARQUE NACIONAL ENRIQUE OLAYA  HERRERA</font></p>     <p >    <br><b>&Oacute;scar Iv&aacute;n Salazar Arenas</b></p>     <p ><i>Profesor Asistente, Departamento de Sociolog&iacute;a, Universidad Nacional de  Colombia.<a  href="mailto:oisalazara@unal.edu.co">oisalazara@unal.edu.co</a></i> </p> <hr size="1">     <p ><b> RESUMEN</b></p>     <p > En este trabajo se presenta un ejercicio de interpretaci&oacute;n etnogr&aacute;fica del  &quot;paseo de olla&quot;, una pr&aacute;ctica urbana observada en el Parque Nacional Enrique  Olaya Herrera en la ciudad de Bogot&aacute;. En el texto se entrecruzan las  descripciones con la reflexi&oacute;n sobre la etnograf&iacute;a en el espacio p&uacute;blico urbano,  y el an&aacute;lisis socioespacial de la interacci&oacute;n de las personas. Se resaltan la  importancia de analizar las pr&aacute;cticas espaciales como una forma de  materializaci&oacute;n de la cultura en el entorno urbano, y la vigencia de la familia  en las pr&aacute;cticas urbanas contempor&aacute;neas.</p>      <p ><b> PALABRAS CLAVE    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> </b>Parques urbanos, paseo familiar, espacio p&uacute;blico, vida cotidiana, etnograf&iacute;a  urbana.</p>  <hr size="1">     <p ><b> ABSTRACT</b></p>     <p > This paper is an exercise on the ethnographic interpretation of the &quot;paseo de  olla&quot;, an urban practice observed at a traditional park in Bogot&aacute;, the &quot;Parque  Nacional Enrique Olaya Herrera&quot;. The text combines ethnographic descriptions and  reflections about the urban public space as well as socio-spatial analyses of  human interaction. The text emphasizes in the importance of space practices  analyses as forms of culture materialization in urban contexts. It also shows  the persistence of the family in contemporary urban practices.</p>     <p ><b> KEY WORDS    <br> </b>Urban parks, family ride, public space, everyday life, urban ethnography.</p>     <p >FECHA DE RECEPCI&Oacute;N: OCTUBRE DE 2008 / FECHA DE ACEPTACI&Oacute;N: DICIEMBRE DE 2008 </p>  <hr size="1">     <p >Los &aacute;rboles de noche all&iacute; en el parque a la luz poca y vaga de los viejos  faroles y la luna son qu&eacute; remotos, y qu&eacute; arcaicos. Eliseo Diego, <i>Cuatro de  oros</i></p>      <p ><b> 1. Introducci&oacute;n: el lugar</b></p>     <p > Una de las particularidades de Bogot&aacute; es su ubicaci&oacute;n a las faldas de los cerros  orientales. Desde su fundaci&oacute;n espa&ntilde;ola en el siglo XVI hasta ya entrado el  siglo XX, el crecimiento de la ciudad Sigui&oacute; las cuencas de agua provenientes de  la cordillera, y se extendi&oacute; hacia el sur y hacia el norte en busca de las  fuentes h&iacute;dricas de los r&iacute;os y quebradas y de los recursos energ&eacute;ticos de la  madera de los cerros. En medio de este desarrollo depredador del medio ambiente,  se cre&oacute; en la d&eacute;cada de 1930 un parque que pretend&iacute;a constituirse en uno de los  l&iacute;mites de crecimiento de la ciudad, tal como casi 20 a&ntilde;os antes lo hab&iacute;a sido  el Parque de la Independencia &#40;Salazar, 2007&#41;.</p>      <p > En el Parque Nacional se conjugaron los jardines del urbanismo del siglo XIX,  similares a los que transformaron las plazas coloniales en plazas-parques  republicanos, con ideas modernas introducidas por arquitectos extranjeros sobre  el dise&ntilde;o y la planificaci&oacute;n urbana. La concepci&oacute;n del parque-jard&iacute;n pensado  para la contemplaci&oacute;n est&eacute;tica, con caminos organizados, plantas cultivadas y  ordenadas, lugares de encuentro y descanso, estaba ahora a las afueras de la  ciudad y no en medio de las construcciones de origen colonial del centro.  Adicionalmente, su integraci&oacute;n con los cerros orientales desdibujaba los l&iacute;mites  de la ciudad con la monta&ntilde;a, caracter&iacute;stica que hoy se conserva.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p > A pesar de su extensi&oacute;n actual de 283,4 hect&aacute;reas, el &aacute;rea que est&aacute; adecuada  para ser utilizada por los visitantes es mucho menor, y corresponde  fundamentalmente a dos de sus cinco sectores: la &quot;zona hist&oacute;rica&quot;,  correspondiente al &aacute;rea de los jardines, plazoletas y equipamientos urbanos  construidos con base en los dise&ntilde;os de Karl Brunner entre 1933 y 1940, y que  comprende de la Carrera s&eacute;ptima a la Carrera Quinta &#40;14,4 ha&#41;; y el sector  central del parque, situado al oriente del sector hist&oacute;rico, entre la Carrera  Quinta y la Avenida Circunvalar <sup><a name= "s1" href="#1">1</a></sup> &#40;32,08 ha&#41;, donde existi&oacute; hasta la  d&eacute;cada de 1980 un parque de atracciones mec&aacute;nicas y un zool&oacute;gico &#40;Observatorio  de Cultura Urbana y Zambrano, 2003&#41;. Hoy en este sector hay caminos, jardines,  juegos mec&aacute;nicos para ni&ntilde;os, kioscos, un galp&oacute;n, y m&aacute;s arriba, las ruinas del  viejo zool&oacute;gico. Este art&iacute;culo presenta lo que aqu&iacute; denomino una &quot;etnograf&iacute;a  m&iacute;nima&quot; referida a una pr&aacute;ctica espacial localizada en este segundo sector del  parque<sup><a name= "s2" href="#2">2</a></sup>: el llamado &quot;paseo de olla&quot;.</p>       <p ><b> 2. Puntos de partida</b></p>      <p > <b>2.1. Etnograf&iacute;a m&iacute;nima y etnograf&iacute;a urbana </b>    <br> Hacer una etnograf&iacute;a en cualquier parte del mundo supondr&iacute;a, bajo los c&aacute;nones  acad&eacute;micos m&aacute;s cl&aacute;sicos, una larga estad&iacute;a en el lugar del trabajo de campo, una  comunidad, un etn&oacute;grafo inmerso en sus pr&aacute;cticas, y al final, un gran libro.  Pero, &iquest;qu&eacute; hay de aquellos problemas de investigaci&oacute;n que desbordan la idea del  lugar? &iquest;Qu&eacute; hay de aquellos asuntos que ocurren en muchos sitios, o que  transitan por distintos lugares, como en el caso de muchas pr&aacute;cticas sociales en  la ciudad? Aun adaptando el modelo cl&aacute;sico, plantear una etnograf&iacute;a sobre un  parque urbano moderno supondr&iacute;a detenerse en un lugar utilizado de forma  temporal y muchas veces durante s&oacute;lo unos momentos a la semana, al d&iacute;a o al mes,  e implicar&iacute;a pensar las relaciones de ese lugar con el entorno urbano  circundante. Una etnograf&iacute;a completa y compleja –aunque no totalizante– de un  parque urbano o metropolitano supondr&iacute;a tener en cuenta todos aquellos aspectos  que hacen parte del universo de sentido del parque para nuestra sociedad; habr&iacute;a  que tener en cuenta los espacios y pr&aacute;cticas en relaci&oacute;n con procesos de  diferenciaci&oacute;n y distinci&oacute;n social de largo plazo; implicar&iacute;a contar su  historia, las disputas sociales, pol&iacute;ticas y t&eacute;cnicas de las que es producto;  tendr&iacute;a que describirse e interpretarse una infinidad de pr&aacute;cticas y  microrrituales <sup><a name= "s3" href="#3">3</a></sup>que se repiten y reinventan a diario, para que  escaparan del olvido propio de lo que se da por descontado <sup><a name= "s4" href="#4">4</a></sup>.</p>      <p > Este texto no intenta realizar un esfuerzo de esa naturaleza, y ni siquiera  iniciarlo. Pretende explorar una entrada m&aacute;s fluida y fragmentada, a trav&eacute;s de  una pr&aacute;ctica particular que tiene lugar en varios parques urbanos de Bogot&aacute;, y  que puede tener relaci&oacute;n con pr&aacute;cticas similares realizadas en otros lugares y  momentos. Estoy planteando aqu&iacute; una &quot;etnograf&iacute;a m&iacute;nima&quot;, entre otras razones,  porque no es posible entender el parque como territorio, a la manera del lugar  antropol&oacute;gico de las etnograf&iacute;as cl&aacute;sicas, o el paseo de olla ni las dem&aacute;s  pr&aacute;cticas desarrolladas en &eacute;l como totalizantes, a la manera de grandes rituales  colectivos, ni representativas de la sociedad, a la manera de &quot;instituciones  totales&quot; &#40;ver Aug&eacute;, 1992; Rosaldo, 1989&#41;, ni tampoco de pr&aacute;cticas exclusivas del  lugar, porque adem&aacute;s ocurre y ha ocurrido en otros sitios y en infinidad de  versiones.</p>      <p > Mi etnograf&iacute;a m&iacute;nima se refiere a una forma particular de paseo familiar, que  desde un principio he asociado directamente con el t&eacute;rmino local de &quot;paseo de  olla&quot;, aunque no todo paseo de olla es familiar, ni todo paseo familiar  involucra la olla. La calificaci&oacute;n que hago de este trabajo como una &quot;etnograf&iacute;a  m&iacute;nima&quot; no se refiere exclusivamente a su limitaci&oacute;n frente a los par&aacute;metros  cl&aacute;sicos de la etnograf&iacute;a, ni a su m&iacute;nima extensi&oacute;n, sino tambi&eacute;n a su car&aacute;cter  trashumante, de recorrido permanente, que no permite sino hacerse una idea  m&iacute;nima del tema en cuesti&oacute;n; se refiere ante todo a su car&aacute;cter de hilo  conductor de una versi&oacute;n &#40;m&iacute;nima&#41; de lo que es y ha sido el Parque Nacional  Enrique Olaya Herrera para algunos bogotanos. Las descripciones presentadas aqu&iacute;  son acordes con la propuesta de una etnograf&iacute;a naturalista, que Manuel Delgado  propone para el estudio de los espacios p&uacute;blicos &#40;Delgado, 2003&#41;<sup><a name= "s5" href="#5">5</a></sup>, y  pretenden ante todo interpretar la pr&aacute;ctica del paseo de olla, que hoy es parte  del Parque Nacional y de otros parques de la ciudad, y que configura modos de  ser y estar en ellos.</p>      <p > <b>2.2. Perspectivas</b>    <br> Para este ejercicio interpretativo adopto aqu&iacute; una perspectiva que entiende las  pr&aacute;cticas de una cultura ante todo como algo localizado espacialmente, en las  que los sujetos incorporan modos de ser y estar en y con el espacio, y que  configuran el sentido de su vida diaria. De acuerdo con Miles Richardson, el  sentido del espacio se construye socialmente y se objetiva en la interacci&oacute;n de  las personas con los lugares. La cultura material es incorporada en las  situaciones en que las personas se ven involucradas,</p>  <ul>    <p > De  tal forma que se genera una unidad entre la situaci&oacute;n y su escenario material.  Cuando esto ocurre, se puede afirmar que la situaci&oacute;n ha sido localizada; ha  alcanzado existencia material. Las personas dejan de ser simplemente una entidad  f&iacute;sica; adquieren tambi&eacute;n la condici&oacute;n de seres-en-el-mundo. &#40;Richardson, 2003:  76&#41;</p>    </ul>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p > De esta forma, el espacio urbano no es un escenario poblado de cosas sin  sentido, o de cosas a las que se les asigna significado a voluntad. El espacio  urbano es parte integral e indisoluble de las pr&aacute;cticas urbanas, ya que los  lugares que lo configuran encarnan sentidos de acci&oacute;n, significados e historia,  y no son nunca objetos neutros y ajenos a las disputas por los significados de  los lugares p&uacute;blicos y el poder en una sociedad. Las categor&iacute;as de lugar y  espacio entendidas culturalmente nos permiten entender las relaciones de los  seres humanos con su entorno f&iacute;sico:</p>  <ul>    <p > El lugar es un tipo especial de objeto. Es resultado de la concreci&oacute;n de  valores, aunque no es un objeto valorado que pueda ser manipulado o movilizado  f&aacute;cilmente; es un objeto en el que uno puede habitar. El espacio &#91;…&#93; est&aacute;  definido por la capacidad que tenemos de movernos en &eacute;l. Los movimientos son con  frecuencia dirigidos hacia o repelidos por objetos y lugares. En este sentido,  el espacio puede ser experimentado de m&uacute;ltiples maneras, como la localizaci&oacute;n  relativa de objetos y lugares, y –de forma m&aacute;s abstracta– como el &aacute;rea definida  por una red de lugares. &#40;Tuan, 1977: 12&#41;</p>    </ul>      <p > En la medida en que en ellos confluyen pr&aacute;cticas compartidas socialmente, los  lugares se convierten, adem&aacute;s, en anclas de sentido y referentes de seguridad  que le dan piso a la experiencia humana. De este modo, el parque es entendido  aqu&iacute; como un espacio p&uacute;blico urbano donde <i>tiene lugar </i>una gran diversidad  de pr&aacute;cticas que incorporan diferentes significados, y donde, en medio de la  multiplicidad de posibilidades de acci&oacute;n, se configuran modos de ser en y con el  espacio, en un proceso inacabado de construcci&oacute;n social.</p>      <p > Los trabajos de Richardson &#40;2003&#41; y Low &#40;2000&#41; son ejemplos de este tipo de  enfoque. sus an&aacute;lisis abordan la historia y las pr&aacute;cticas m&aacute;s contempor&aacute;neas de  las plazas costarricenses, con el objetivo de comprender su papel en la  configuraci&oacute;n de la cultura local, y su funci&oacute;n en el devenir pol&iacute;tico,  econ&oacute;mico y social de las ciudades latinoamericanas. En ambos trabajos se rese&ntilde;a  la transformaci&oacute;n de las antiguas plazas coloniales de origen espa&ntilde;ol a mediados  y finales del siglo XIX en parques y jardines urbanos, reconfigurando su sentido  y reubicando gran parte de las funciones que antes cumpl&iacute;an, gracias a la  aparici&oacute;n de nuevos lugares y servicios modernos, tales como el mercado, que fue  sacado de la plaza, o la aparici&oacute;n del acueducto y el servicio privado de agua,  que volvi&oacute; innecesaria la pila de agua de la plaza. Este mismo proceso se dio en  el caso bogotano, y no s&oacute;lo reorden&oacute; las plazas de la ciudad, sino que influy&oacute;  en las pr&aacute;cticas cotidianas de las personas en el espacio p&uacute;blico y en el  significado que estos lugares ten&iacute;an &#40;Mej&iacute;a, 1999; P&aacute;ramo, 2007&#41;.</p>      <p > El Parque Nacional Enrique Olaya Herrera es producto de buena parte de estos  cambios en la concepci&oacute;n del espacio p&uacute;blico operados con los procesos de  modernizaci&oacute;n, sobre todo durante la primera mitad del siglo XX. sin embargo, su  origen no es el de la transformaci&oacute;n de la plaza colonial en parque urbano  moderno; desde sus inicios, en la d&eacute;cada de 1930, fue concebido para cumplir  diversas funciones, y sus equipamientos y dise&ntilde;o dieron lugar a una gran  diversidad de actividades. Desde el punto de vista de la <i>producci&oacute;n social </i>del parque, es decir, sus or&iacute;genes hist&oacute;ricos, pol&iacute;ticos y econ&oacute;micos &#40;Low,  2000: 128&#41;, sus funciones eran y han sido cinco: conmemorativa, orientada a la  localizaci&oacute;n de &iacute;conos de la memoria nacional, tales como estatuas, monumentos y  bustos de personajes; decorativa, dentro del esp&iacute;ritu moderno de la  ornamentaci&oacute;n de la ciudad con jardines; higi&eacute;nica, para que el aire puro  circulara por la ciudad; recreativa, con el fin de brindar un lugar de diversi&oacute;n  a mujeres, ni&ntilde;os y familias; y conservacionista, ya que se consolid&oacute; como una  zona de reserva natural tanto del agua como de los ecosistemas de los cerros  orientales &#40;Salazar, 2007: 191&#41;.</p>      <p > A pesar de la innegable influencia de la planificaci&oacute;n y la intervenci&oacute;n t&eacute;cnica  del espacio urbano sobre las costumbres y el significado de los lugares, hoy se  sabe que las pr&aacute;cticas sociales no responden de manera un&iacute;voca y autom&aacute;tica a  estas intervenciones. Es cada vez m&aacute;s creciente el inter&eacute;s por comprender el  espacio urbano no s&oacute;lo como una variable t&eacute;cnica susceptible de ser moldeada con  la intervenci&oacute;n arquitect&oacute;nica, sino tambi&eacute;n como algo din&aacute;mico, que puede ser  contradictorio y conflictivo, pero tambi&eacute;n estable y cargado de sentido. El  espacio urbano debe ser tambi&eacute;n entendido como una <i>construcci&oacute;n social, </i> en la medida en que es all&iacute; donde se dan sus transformaciones culturales m&aacute;s  importantes: los intercambios sociales, los recuerdos, las im&aacute;genes y el uso  diario del lugar hacen posible la transformaci&oacute;n del parque de simple espacio  material, en un lugar con significados culturalmente compartidos &#40;Low, 2000:  128&#41;.</p>      <p > Los conceptos de producci&oacute;n social del espacio, tomados de Henri Lefebvre, y el  de construcci&oacute;n social del espacio que elabora Setha Low &#40;2000&#41; en su trabajo  sobre las plazas en Costa Rica son an&aacute;logos a la diferenciaci&oacute;n que hace Michel  de Certeau &#40;1993&#41; entre usos proyectados y estilos de uso del espacio. Los usos  proyectados ser&iacute;an aquellos que se piensan en el proceso de producci&oacute;n del  espacio, mientras que los estilos de uso son aquellos que se dan en las  pr&aacute;cticas diarias de las personas que de manera efectiva se apropian los lugares  y construye en el espacio<sup><a name= "s6" href="#6">6</a></sup>. En este art&iacute;culo har&eacute; &eacute;nfasis en una  peque&ntilde;a parte del proceso de construcci&oacute;n del espacio; si se quiere, en un  fragmento de ese proceso.</p>      <p > El &quot;paseo de olla&quot; es uno de los estilos de usos m&aacute;s recurrentes e importantes  del parque, y sus or&iacute;genes quiz&aacute;s pueden rastrearse hasta siglos atr&aacute;s. El  &quot;paseo de olla&quot; se refiere aqu&iacute; al objeto de an&aacute;lisis de este trabajo como una  pr&aacute;ctica espacial localizada cultural y f&iacute;sicamente, propia de muchos habitantes  de Bogot&aacute;, que tiene como lugar el parque, que se realiza en familia y que  implica, entre muchas otras cosas, almorzar y jugar al aire libre. A pesar de la  introducci&oacute;n constante de nuevas formas de diversi&oacute;n en la ciudad, la pr&aacute;ctica  del paseo de olla hoy persiste, es muy frecuente y se ha integrado y  transformado con la incorporaci&oacute;n de nuevas pr&aacute;cticas, objetos y rutinas  relacionadas con la visita al parque.</p>      <p > Una vez hechas las precisiones conceptuales necesarias acerca de esta etnograf&iacute;a  m&iacute;nima, iniciemos el recorrido.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p ><b> 3. Etnograf&iacute;a m&iacute;nima del paseo de olla<sup><a name= "s7" href="#7">7</a></sup></b></p>      <p > <b>3.1. El perro, el mendigo y el etn&oacute;grafo</b>    <br> Un domingo me di cuenta de su presencia sigilosa, casi invisible, poco o nada  memorable para la mayor&iacute;a de los que recorren el parque. Eran casi las tres de  la tarde y hac&iacute;a sol. Parec&iacute;a actuar con cierta estrategia. se acerc&oacute; por los  lados, sin hacer ruido, dando un rodeo con la cabeza gacha, como buscando algo  en el suelo. se aproxim&oacute; a su objetivo como una fiera al acecho de su presa;  pareciera tratarse de alg&uacute;n rezago instintivo de la evoluci&oacute;n, pienso ahora.  Pero el acecho era solitario, como el de un lobo estepario. Buscaba en el suelo  un pedazo de hueso o cualquier sobrado, mientras otros dos de su especie  rondaban el lugar con intenciones similares. Parec&iacute;an estar rodeando a las dos  mujeres, el hombre y la ni&ntilde;a que masticaban pollo frito sentados en el prado del  parque, que pon&iacute;an un poco de aj&iacute; en las papas, que miraban a los dem&aacute;s humanos,  a los peque&ntilde;os humanos montados en los juegos de ni&ntilde;os. Tambi&eacute;n miraban, atentos  y de reojo, a los perros que olisqueaban el suelo con el rabo entre las piernas,  que permanec&iacute;an al tanto del gesto de una mano, con la extra&ntilde;a paciencia de  cazador que s&oacute;lo puede tener un perro callejero hambriento. El hombre hizo un  adem&aacute;n de lanzar algo, el perro Sigui&oacute; la trayectoria de la mano con la mirada,  pero permaneci&oacute; inm&oacute;vil. El truco ya gastado de fingir que se lanza algo al  vac&iacute;o ya no enga&ntilde;aba al callejero.</p>      <p > Suele  ocurrir que los acosados con la presencia del perro deciden tomar otras medidas:  un adem&aacute;n agresivo con los brazos y las manos en alto, corretear al perro para  que se aleje, o el cl&aacute;sico &quot;¡chite<sup><a name= "s8" href="#8">8</a></sup>, perro!&quot;, acompa&ntilde;ado del gesto  con la mano que busca expulsar bichos, moscas, perros, intrusos. El rechazado  suele darse la vuelta despreocupado, caminar en otra direcci&oacute;n, recorrer el  parque por los mismos caminos que los humanos, y seguir con el olfato los  rastros dispersos de la comida, los rastros de lo que los humanos hacemos en el  parque.</p>      <p > Siguiendo una estrategia similar a la del perro, un hombre de unos 50 a&ntilde;os se  acerc&oacute; a un grupo donde abuela, hijos, nueras, nietos, sobrinos y amigos, a la  sombra de un &aacute;rbol, terminaban de comer y tomaban Colombiana<sup><a name= "s9" href="#9">9</a></sup> en  vasos pl&aacute;sticos. El mendigo llevaba un malet&iacute;n de tela terciado, y la ropa ajada  y sucia, aunque no tanto como para que no se distinguieran los colores de su  camisa a rayas azules y blancas. La cara se le ve&iacute;a curtida por el sol, los  dientes amarillos, el rostro sin barba y el cabello corto, algo extra&ntilde;o en un  mendigo, pens&eacute;.</p>      <p > –Buenas tardes muchachos –dijo el hombre recost&aacute;ndose t&iacute;midamente contra el  &aacute;rbol. Un silencio inc&oacute;modo se atraves&oacute; en medio de la conversaci&oacute;n amena de la  familia que se encontraba reunida en torno a s&iacute; misma–. Yo soy marihuanero, lo  admito; no soy cocainero<sup><a name= "s10" href="#10">10</a></sup> pero s&iacute; marihuanero. Fui <i>hippie </i>de  pelo largo; llevaba mi s&iacute;mbolo de paz y amor en el pecho. Ya no soy eso, pero s&iacute;  soy marihuanero...</p>      <p > Unos minutos antes yo le hab&iacute;a preguntado a uno de los miembros de la familia  acerca del parque y la raz&oacute;n por la cual hab&iacute;an ido esa tarde. Me hab&iacute;a dicho  que prefer&iacute;a salir de paseo fuera de la ciudad y que no le gustaban los parques.  su respuesta se hab&iacute;a desviado hacia un comentario obsceno acerca de lo que  hab&iacute;a querido hacer alguna vez con una novia suya en el lugar. Al ver al mendigo  acercarse con su historia a cuestas, lo se&ntilde;al&oacute; y me coment&oacute; sigilosamente:</p>      <p > –&iquest;S&iacute; ve?, por ejemplo... –e hizo uno de aquellos gestos que denotan la molestia  de quien pretende haber sabido de antemano lo que podr&iacute;a ocurrir, el lado oscuro  o inc&oacute;modo del paseo; algo parecido al &quot;yo te lo dije, pero t&uacute; no quisiste  escucharme&quot;.</p>      <p > Uno de los hombres de la familia le respondi&oacute; al mendigo:</p>      <p > –Hay puro aj&iacute;<sup><a name= "s11" href="#11">11</a></sup>, chino<sup><a name= "s12" href="#12">12</a></sup> –el mismo comentario me hab&iacute;an  hecho a m&iacute; cuando me acerqu&eacute; a preguntarles si pod&iacute;a hacerles unas preguntas  sobre el parque. Me hab&iacute;an ofrecido de inmediato un vaso de Colombiana y me  hab&iacute;an dicho algo similar tras extenderme el pocillo de pl&aacute;stico azul:</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p > –No le ofrecemos aj&iacute; porque la Colombiana con aj&iacute; no es muy buena.</p>     <p > Minutos m&aacute;s tarde, esta misma familia bromeaba respecto a un perro que se hab&iacute;a  acercado a husmear. Tras el rechazo expresado al perro, uno de ellos dijo:</p>      <p > –Llev&eacute;monos al perro y lo cocinamos para el otro domingo.</p>     <p > El tema se prest&oacute; para comentarios sobre los orientales que comen perro, sopas  de cosas extra&ntilde;as, sopa de perro. Uno dijo que nunca ir&iacute;a al Jap&oacute;n, por miedo a  que le den sopa de qui&eacute;n sabe qu&eacute;. Mendigos, perros, orientales y etn&oacute;grafos  somos extra&ntilde;os. si se trata del espacio p&uacute;blico, donde seg&uacute;n la Alcald&iacute;a hay  encuentro ciudadano, &iquest;por qu&eacute; hay rechazo al extra&ntilde;o?</p>      <p > Los recorridos que los sin-hogar hacen en el parque, se cruzan con los  recorridos de aquellos con-hogar, que exhiben su privacidad en el espacio  p&uacute;blico. Los sin-hogar, los que piden una moneda con palabras o comida con la  mirada del perro miserable, habitan el espacio p&uacute;blico m&aacute;s que cualquier  ciudadano con hogar. Y a pesar de yo ser alguien con hogar, en buena medida me  identifico en mi oficio de etn&oacute;grafo del Parque Nacional con el perro y con el  mendigo, ya que, como ellos, necesito de los otros para resolver mi necesidad de  informaci&oacute;n, aunque todav&iacute;a no los conozca, aunque nunca llegue a conocerlos  realmente.</p>      <p > Los versos de Baudelaire, compuestos en Par&iacute;s en el siglo XIX, adquieren  para m&iacute; una vigencia imprevista: &quot;Yo canto al perro zarrapastroso, al perro  pobre, al perro sin hogar, al perro callejero, al perro saltimbanqui, al perro  cuyo instinto, como el del pobre, el bohemio y el del histri&oacute;n, est&aacute;  maravillosamente aguzado por la necesidad...&quot; &#40;Baudelaire, 1994: 143&#41;.</p>      <p > Ni el perro ni el mendigo ni el etn&oacute;grafo de esta etnograf&iacute;a m&iacute;nima estar&aacute;n en  los &aacute;lbumes familiares de aquellos con los que nos relacionamos, y mucho menos  en las memorias de los visitantes del parque. se esfumar&aacute;n posiblemente en los  informes verbales de los vigilantes de seguridad, y permanecer&aacute;n an&oacute;nimos y  amenazantes por unos instantes antes de desaparecer, pues hasta en los <i> walkie-talkies </i>de los vigilantes, las palabras se las lleva el viento. Esta  es una etnograf&iacute;a orientada por los recorridos de aquellos a quienes les segu&iacute;  el rastro en el parque, y carente de los pasos que Siguieron otras personas que  observ&eacute; pero de las que no hablo aqu&iacute;.</p>      <p > Sintetizo  entonces los elementos fundamentales de mi descripci&oacute;n: los grupos familiares;  la relaci&oacute;n de ellos con el espacio p&uacute;blico; los sentidos y las percepciones en  torno al lugar y la comida; los recorridos de los que hace parte la visita al  parque y los recorridos urbanos que genera el paseo de olla.</p>      <p > <b>3.2. Figuraciones sociales del paseo de olla</b>    <br> Do&ntilde;a Carmen<sup><a name= "s13" href="#13">13</a></sup> no debe de tener m&aacute;s de 50 a&ntilde;os. La vi tomar el  cuchar&oacute;n y meterlo entre la olla para sacar unas papas saladas; luego, una  porci&oacute;n de arroz con pega<sup><a name= "s14" href="#14">14</a></sup> y, en seguida, un pedazo de carne frita  que puso sobre un plato de pl&aacute;stico desechable. Yo no hab&iacute;a visto nunca una olla  tan grande y en pleno uso en medio del parque. Hab&iacute;a visto recipientes  pl&aacute;sticos, ollas peque&ntilde;as en aluminio, termos, bolsas pl&aacute;sticas; pero no una  olla de ese tama&ntilde;o.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p > La familia estaba reunida en uno de los kioscos de madera que se encuentran en  medio de los prados y las zonas verdes del parque infantil. Debieron de llegar  en carro; de lo contrario, ser&iacute;a imposible trastear semejante carga. Una olla  grande para una familia grande. La olla re&uacute;ne al grupo en torno a ella –podr&iacute;a  decirse que la contiene simb&oacute;licamente–, mientras la abuela Carmen reparte los  platos con la comida. El grupo estaba compuesto por tres de sus seis hijos, con  sus respectivas esposas, y cinco ni&ntilde;os. En total, 12 personas. A pesar de haber  sido invitados, no todos los hijos de Carmen asistieron al paseo.</p>      <p > Cuando me acerqu&eacute; a hablar con ellos, las mujeres estaban recogiendo los platos  pl&aacute;sticos, met&iacute;an todo dentro de la olla y ordenaban los cubiertos.     <br> Los ni&ntilde;os y los hombres ya se encontraban jugando alrededor con una pelota de  pl&aacute;stico anaranjada. se ve&iacute;an algunos sobrados de papas a medio mordisquear  sobre los platos. Los hombres y los ni&ntilde;os jugaban mientras las mujeres  organizaban los trastos y la basura. Un par de perros rondaban olfateando los  sobrados. El paseo familiar mostraba las mismas formas de divisi&oacute;n sexual del  trabajo dom&eacute;stico que se pueden observar en los hogares de cualquier familia de  clase media de la ciudad. En esencia, no veo mucha distancia entre lo que har&iacute;an  las mujeres y los hombres en casa: ellas ordenan el hogar –en este caso, los  trastos sucios– y se ocupan de alimentar a la familia; ellos se dedican a jugar,  con o sin los ni&ntilde;os. Pero no nos enga&ntilde;emos; hay diferencias frente al cl&aacute;sico  patr&oacute;n patriarcal: es probable que la preparaci&oacute;n de la comida haya sido entre  todos, y en el modelo de familia patriarcal el padre sol&iacute;a ser tan distante que  ni siquiera se daba permiso para jugar con los ni&ntilde;os.</p>      <p > El paseo de olla es una pr&aacute;ctica con caracter&iacute;sticas a la vez excepcionales y  cotidianas. M&aacute;s all&aacute; de la descripci&oacute;n funcional de c&oacute;mo opera la divisi&oacute;n de  las labores dom&eacute;sticas, se debe resaltar que el paseo familiar involucra la  construcci&oacute;n de un sentido m&iacute;nimo de comunidad centrado primordialmente en la  acci&oacute;n de la mujer. Hasta aqu&iacute; podr&iacute;amos estar hablando de lo que ocurre en  muchos hogares en torno a la comida y los momentos de reuni&oacute;n en la mesa. Sin  embargo, el paseo de olla es una actividad espor&aacute;dica que, en palabras de los  protagonistas, &quot;integra a la familia&quot;. Hacer paseos familiares, con o sin olla,  al Parque Nacional, a otro parque o a las afueras la ciudad, implica esfuerzos  log&iacute;sticos, m&aacute;s que econ&oacute;micos, que no permiten una alta frecuencia de la  pr&aacute;ctica. Este car&aacute;cter de actividad excepcional pero frecuente predispone la  construcci&oacute;n de memorias entre los miembros de la familia. El recuerdo de las  actividades m&aacute;s cotidianas realizadas en la casa se ve opacado por el recuerdo  del paseo, donde parad&oacute;jicamente se reproducen muchas de las formas de  comportamiento del &aacute;mbito privado.</p>      <p > Durante mis observaciones en el parque surgi&oacute; la pregunta acerca de los tipos de  familia, o mejor, la composici&oacute;n de los grupos que visitan el parque durante el  paseo. si pensamos estos grupos en t&eacute;rminos del concepto de Norbert Elias de  figuraciones, es posible comprender el paseo de olla como una actividad que va  m&aacute;s all&aacute; de los l&iacute;mites de la familia &#40;Elias, 1998 &#91;1980&#93;&#41;. Las relaciones entre  individuos, las diferencias de poder entre ellos, y el proceso en el cual se  encuentra la sociedad misma, definen la existencia de distintas formas de  relaciones, sin importar que el grupo coincida o no con nuestras ideas de  familia. El punto a destacar aqu&iacute; es que son las relaciones efectivas entre los  individuos las que configuran el grupo que sale de paseo, y no tanto los lazos  de filiaci&oacute;n en s&iacute; mismos.</p>      <p > El paseo de olla, entonces, no siempre coincide con un paseo familiar, o con una  familia en sentido estricto. si bien es muy frecuente que las diferentes  generaciones de una misma familia se reun&iacute;an en torno al paseo de olla, en  ocasiones los amigos se suman al paseo; es poco frecuente ver adolescentes y  j&oacute;venes. En contraste, muchos sujetos se suman al paseo familiar sin pertenecer  a la familia, debido a lazos de compadrazgo o amistad. Las figuraciones sociales  relacionadas con el paseo no s&oacute;lo activan los lazos de parentesco m&aacute;s cercanos;  tambi&eacute;n hay otro tipo de relaciones, como la cercan&iacute;a con los amigos.</p>      <p > La frecuente ausencia de j&oacute;venes y adolescentes sin hijos, uno de los lados  invisibles del paseo de olla, nos hace pensar en el tipo de relaciones y  actividades que se llevan a cabo. El aparente desapego de los j&oacute;venes al paseo  de olla tiene su contraparte en el desarrollo de actividades con grupos de  inter&eacute;s que los atraen con l&oacute;gicas distintas, y con diferencias de gustos  marcados por la edad y la adopci&oacute;n de estilos de vida diferenciados de los de  sus padres. Ejemplos de ello son los grupos de <i>capoeira </i>que practican los  domingos en el parque, o los grupos <i>scout. </i>No obstante, los avatares de  la vida llevan a muchos a regresar a las pr&aacute;cticas familiares temporalmente  abandonadas, en parte por necesidad, en parte por gusto. Esto ocurre con  frecuencia cuando los hijos j&oacute;venes tienen sus propios hijos y requieren del  apoyo de la familia, usualmente los abuelos, para su crianza y cuidado.</p>      <p > <b>3.3. Caminando por los bordes</b>    <br> El ciudadano que camina y recorre ciertos rumbos de la calle o del espacio  p&uacute;blico con actitud reflexiva, el <i>fl&acirc;neur </i>de Walter Benjamin, tiene una  relaci&oacute;n con el entorno en la que capta informaci&oacute;n y observa a la manera de un  investigador privado perdido entre la multitud &#40;Ortiz, 2000&#41;. Este es  posiblemente el caso del etn&oacute;grafo que recorre el parque en busca de cazar  informaci&oacute;n. En la actitud del <i>fl&acirc;neur</i>, a diferencia de la del etn&oacute;grafo  cl&aacute;sico, lo que importa es la circulaci&oacute;n en el espacio, no el anclaje al  territorio; importa m&aacute;s el flujo de la informaci&oacute;n y su transformaci&oacute;n en la  reflexi&oacute;n, antes que el simple voyeurismo del que s&oacute;lo mira sin trascender la  imagen que percibe o las palabras de los otros &#40;ver Delgado, 2003&#41;.</p>      <p > En el caso de los paseos al/en el parque, la circulaci&oacute;n es una constante. Desde  esta circulaci&oacute;n permanente, el ir y venir durante varios domingos, es posible  comenzar a reconocer fragmentos y la forma de los recorridos de los grupos que  visitan el lugar. Una caracter&iacute;stica del paseo en el parque es el movimiento  constante. Pero es un movimiento particular, diferente al de otros lugares  p&uacute;blicos, del cual es necesario detallar sus caracter&iacute;sticas.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p > El cuidado de los ni&ntilde;os se relaja, lo que no se relajar&iacute;a en la calle, y se los  deja moverse libremente, aunque el grupo permanece atento a cualquier extra&ntilde;o o  a alguna eventualidad. Los vigilantes circulan y hacen notar su presencia  permanente. Las familias usualmente escogen un lugar aislado, bajo un &aacute;rbol, y  algunas veces en uno de los kioscos de madera con mesa. Con frecuencia se ve a  los adultos –sobre todo a las mujeres– girando en torno al sitio escogido para  almorzar, como estableciendo una base de operaciones, un centro de vigilancia en  torno al cual deben moverse los m&aacute;s peque&ntilde;os –y los adultos varones tambi&eacute;n–,  mientras los ni&ntilde;os corren, saltan, gritan y juegan con propiedad en el parque.</p>      <p > Logr&eacute; reconstruir algunos rastros del recorrido del paseo de olla de la familia  de la abuela Carmen, as&iacute;: la mayor&iacute;a de la familia vive en el barrio La Aurora<sup><a name= "s15" href="#15">15</a></sup>,  en el suroccidente de la ciudad. Uno de los hijos de Carmen visit&oacute; el parque el  domingo anterior con su esposa y sus dos hijos.</p>      <p > –Entonces, le comentamos a la familia para que vini&eacute;ramos todos. Esa vez &#40;la  primera&#41; vinimos solamente con un refresquito en una maleta, y galguer&iacute;as.</p>      <p > Una vez concertado el paseo con el resto, planearon dejar todo preparado desde  el s&aacute;bado en la noche, pero comenzaron a alistar todo a las nueve de la ma&ntilde;ana  del domingo en la casa de la abuela Carmen. Finalmente, la llegada se vio  marcada por la dificultad para encontrar parqueadero para el carro en el que iba  parte de la familia y por la confusi&oacute;n en el parque para encontrase con quienes  ven&iacute;an en bus.</p>      <p > En este ejemplo se hace evidente la presencia de algo que podr&iacute;amos llamar una  memoria familiar de pr&aacute;cticas colectivas, fundada en el conocimiento de la  ciudad por parte de algunos de sus miembros. Uno de los hijos de Carmen conoc&iacute;a  el parque, lo visit&oacute; y busc&oacute; involucrar a la familia extensa en el recorrido por  la ciudad. Hay una pr&aacute;ctica cultural que hace parte de estrategias de  integraci&oacute;n colectiva en torno a la comida, activada por la acci&oacute;n de una parte  del grupo. El paseo de olla involucra no s&oacute;lo u n recorrido de la ciudad hasta  u n lugar poco frecuentado, sino tambi&eacute;n el recorrido por los lazos sociales de  parentesco y la memoria del grupo en torno a ellos. La idea de &quot;ser familia&quot; se  activa a trav&eacute;s de la pr&aacute;ctica del paseo de olla.</p>      <p > Otro de los movimientos impl&iacute;citos en el paseo de olla es el paso de los  espacios privados a la calle, al espacio p&uacute;blico. Muchos analistas de las  ciudades del siglo XX ha n visto en el las procesos crecientes de fragmentaci&oacute;n  y segregaci&oacute;n socioespacial, que desterritorializan la vivencia de la ciudad y  favorecen el flujo, antes que la habitaci&oacute;n permanente de los lugares. Al  respecto, Jes&uacute;s Mart&iacute;n-Barbero &#40;1994&#41; se refiere a la ciudad contempor&aacute;nea como  un espacio de flujo, antes que como espacio de concentraci&oacute;n. Este flujo lleva a  los ciudadanos a experimentar la ciudad de tres maneras: la des-especializaci&oacute;n,  que implica un cambio de &eacute;nfasis en el sentido del espacio hacia el sentido del  tiempo; el descentramiento, que se refiere a la difusi&oacute;n de las actividades,  antes concentradas y divididas por espacios y momentos de ocio/trabajo,  comercio/religi&oacute;n, etc.; y la des-urbanizaci&oacute;n, en el sentido en que la ciudad  es usada mucho menos para habitarla que para recorrerla &#40;Mart&iacute;n-Barbero, 1994&#41;.  La ciudad en la que se circula de un lugar a otro ser&iacute;a una ciudad desmembrada,  desarticulada; la calle y la avenida se convierten en caminos para el tr&aacute;nsito.  &iquest;Pero qu&eacute; hay del parque, que inserta en la ciudad un intermedio entre la calle  y la naturaleza? &iquest;Qu&eacute; hay del paseo de olla, que localiza en el espacio urbano  una pr&aacute;ctica colectiva que genera memoria y sentido?</p>      <p > Hay una dimensi&oacute;n complementaria de los procesos generales de fragmentaci&oacute;n de  las ciudades que debe estudiarse con detenimiento. El Parque Nacional y el paseo  de olla son ejemplos de espacios todav&iacute;a existentes y muy vivos en las ciudades  latinoamericanas, donde se da la contraparte de la fragmentaci&oacute;n de la  experiencia urbana moderna. En contraste con una fragmentaci&oacute;n que tiende a  tocarlo todo, las relaciones sociales entre algunos grupos de individuos se ven  estimuladas. Pensar en la fragmentaci&oacute;n nos permite observar lo que tiene la  ciudad contempor&aacute;nea de desmembramiento y de segregaci&oacute;n espacial, pero se corre  el riesgo de dar excesivo &eacute;nfasis a los obst&aacute;culos para la comunicaci&oacute;n entre  las personas. Una lectura de este tipo es donde posiblemente se originan las  pol&iacute;ticas estatales de buscar en el parque el encuentro ciudadano y promover la  participaci&oacute;n.</p>      <p > En contraste, pensar tambi&eacute;n en el flujo y la circulaci&oacute;n en las ciudades, y no  exclusivamente en la fragmentaci&oacute;n, nos permite aproximarnos mejor a las formas  en las que se estimulan las relaciones entre los sujetos pertenecientes a las  figuraciones sociales estructuradas en torno al paseo de olla. Si bien la  vivencia de la ciudad ya no puede ser total, en el sentido de que nadie puede  conocer toda la ciudad y ser un habitante de toda su extensi&oacute;n, la ciudad se  vuelve un laberinto que es necesario descubrir continuamente. La experiencia del  laberinto, sin embargo, no se da aislada de los v&iacute;nculos sociales cercanos de  los sujetos; el <i>f&acirc;neur </i>solitario de Benjamin se convierte en una  excepci&oacute;n cuando nos detenemos a observar las pr&aacute;cticas reales de muchas de  nuestras ciudades, modernas a su manera.</p>      <p > En este sentido, la seducci&oacute;n del extrav&iacute;o en el camino hacia el parque o hacia  el sitio de encuentro con la familia es un elemento constitutivo del recorrido  por el laberinto, como ocurre en el caso de la familia de la abuela Carmen. Ya  mencion&eacute; que muchos de los grupos que visitan el parque lo hacen de manera  espor&aacute;dica. Este extrav&iacute;o colectivo por partes de la ciudad que no se frecuentan  propicia espacios de acercamiento entre iguales o entre los pertenecientes a  cada figuraci&oacute;n. El proceso general de fragmentaci&oacute;n de la ciudad tiene una  contraparte, que es la relaci&oacute;n de los miembros del grupo a trav&eacute;s de un  encuentro parcial con el entorno del parque. Hay acciones privadas en el espacio  p&uacute;blico, en este caso familiares, que se contraponen al anonimato de individuos  solitarios que circulan por calles tumultuosas.</p>      <p > <b>3.4. La mirada y la distancia</b>    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> Veo de lejos al vigilante de los carros en la calle-carretera arriba de la zona  de juegos infantiles &#40;otra paradoja que introduce el Parque Nacional: las v&iacute;as  vehiculares internas parecen carreteras antes que calles, debido a la  inclinaci&oacute;n de la monta&ntilde;a y el entorno natural&#41;. El vigilante es un anciano que  porta un palo y pide algunas monedas a cambio de mirar. su vigilancia se centra  en los elementos ajenos al parque, los carros, los sospechosos, y aquello que  pueda amenazar los autom&oacute;viles de quienes han venido para mirar otras cosas.</p>      <p > Los visitantes buscan el sitio para mirar verde, o para &quot;dejar de respirar tanto  olor a carro, a gasolina&quot;, como dijo un visitante. Buscan la naturaleza, o una  idea de naturaleza, y se detienen para mirar alrededor. Y aunque muchos de ellos  se dediquen m&aacute;s a vigilar a sus hijos mientras corren o juegan en el parque,  existe un contacto visual sutil entre gentes distintas.</p>      <p > Primero que todo, hay un encuentro de miradas. En el sentido de Georg Simmel, la  mirada no s&oacute;lo recibe im&aacute;genes, sino que expresa cosas del vidente. &quot;En el mismo  acto en que el sujeto trata de conocer al objeto, se entrega a su vez a ese  objeto&quot; &#40;Simmel, 1977 &#91;1908&#93;: 678&#41;. La mirada es expresiva y requiere  reciprocidad. El rostro y la mirada constituyen una imagen que presenta al  sujeto en p&uacute;blico; &quot;&#91;...&#93; gracias al rostro comprendemos al hombre con s&oacute;lo  verlo, sin esperar a que obre&quot; &#40;Simmel, 1977 &#91;1908&#93;: 679&#41;. La mirada implica una  relaci&oacute;n inmediata y total con el mundo.</p>      <p > El encuentro entre gentes distintas en el parque se da a trav&eacute;s de la mirada. La  distancia se mantiene, a pesar de la exposici&oacute;n en p&uacute;blico por parte del grupo,  sobre todo en el momento de la comida. Quien permite ser visto, sin embargo, no  permitir&iacute;a la cercan&iacute;a de un extra&ntilde;o que lo mira por m&aacute;s de unos segundos, o un  perro en busca de sobrados. La mirada p&uacute;blica a la que se expone la gente en el  parque tiene similitudes con la exposici&oacute;n de los sujetos en la calle, pero a la  vez es diferente de ella. Mientras hay circulaci&oacute;n y movimiento, hay sensaci&oacute;n  de seguridad; en el parque debe haber cierta distancia entre los grupos que  permite la mirada, mas no desde un punto de vista est&aacute;tico y &uacute;nico. Quien quiera  mirar debe circular, o establecer un punto de vista distante. Las bancas del  parque est&aacute;n dispuestas a distancia unas de otras, de tal suerte que ser&iacute;a  dif&iacute;cil escuchar la conversaci&oacute;n de los que est&aacute;n sentados en la banca m&aacute;s  cercana.</p>      <p > Por su parte, en la calle tumultuosa existe el riesgo del contacto f&iacute;sico, del  roce accidental con quien va en direcci&oacute;n contraria, y la mirada permite el  control y la vigilancia del propio cuerpo en esa danza que implica circular por  la calle &#40;Delgado, 2002&#41;. En el parque las personas se mueven de forma algo  err&aacute;tica en medio del juego con el perro, la pelota que rueda, el cuerpo que  rueda jugando a los rollitos aprovechando la inclinaci&oacute;n del terreno; en  realidad no circulan: se mueven en torno a la olla-eje que es el centro de  operaciones. En la calle la circulaci&oacute;n es primordialmente la de los cuerpos que  se dirigen a alg&uacute;n lugar, sin la intenci&oacute;n de permanecer en una regi&oacute;n  espec&iacute;fica, a menos que la calle sea para alguien el lugar para el intercambio  comercial. En la calle el peat&oacute;n se integra a un flujo de movimiento; en el  parque los visitantes definen regiones en las que act&uacute;an temporalmente. Mientras  en el estar-en-el-parque hay cierto grado de territorializaci&oacute;n,  estar-en-la-calle como peat&oacute;n que circula supone moverse constantemente. En el  parque circula la mirada, en la calle circulan los cuerpos.</p>      <p > Si es la mirada el sentido que media las relaciones entre los sujetos en el  parque, entonces estamos frente a una forma particular de establecer relaciones  distantes, pero con diferencias que deber&iacute;an resaltarse frente a pr&aacute;cticas  colectivas familiares en el centro comercial, en la calle, la plaza u otros  lugares p&uacute;blicos. se va a mirar el sitio, a &#39;respirar aire puro&#39;, a buscar la  tranquilidad, a &#39;recrear a los ni&ntilde;os&#39;, a mirar gente. La seducci&oacute;n inicial de la  llegada al parque a trav&eacute;s del extrav&iacute;o, se transforma en la quietud parcial de  las mujeres en el prado, quienes ante todo miran y miran, y que, sin embargo,  siguen a sus hijos a la distancia. Los ni&ntilde;os juegan y establecen una relaci&oacute;n  m&aacute;s cercana con el parque; su idea del lugar no est&aacute; relacionada con esta  estabilidad de la mirada adulta.</p>      <p > Otro recorrido del paseo de olla es aquel que lo lleva a la memoria. La imagen  de la fotograf&iacute;a familiar y las narraciones anecd&oacute;ticas o cotidianas sobre las  fotograf&iacute;as del &aacute;lbum familiar favorecen la construcci&oacute;n de recuerdos. El paseo  de olla genera un efecto de &quot;familia unida&quot;, a trav&eacute;s del acto de rememorar el  viaje colectivo. Los referentes de la memoria son ciertos espacios en los que se  comparti&oacute; una variedad de percepciones y sensaciones. La realizaci&oacute;n de  actividades en grupo como el paseo de olla, adem&aacute;s, predispone a la repetici&oacute;n  posterior de la actividad, tal vez meses o a&ntilde;os m&aacute;s tarde, algo fundamental en  todo proceso de constituci&oacute;n de la memoria. Esa repetici&oacute;n se da de forma  pr&aacute;ctica, cuando efectivamente se vuelve a hacer aquello que ya se hab&iacute;a vivido  en familia, o cuando se rememora con fotograf&iacute;as del gran viaje o el gran paseo  que s&oacute;lo se hizo una vez, pero que genera motivos para replicarlo en el tiempo a  trav&eacute;s de un relato.</p>      <p > Al recorrer los caminos del parque se ven con frecuencia parejas en los prados;  acostados y abrazados el uno al otro, los novios permanecen semivisibles. Aunque  buscan lugares algo aislados de la gente, permanecen expuestos a la mirada de  los dem&aacute;s. Los vigilantes contratados por la administraci&oacute;n del parque<sup><a name= "s16" href="#16">16</a></sup>  se hacen visibles y circulan por los caminos. Ellos tambi&eacute;n se mueven en torno a  un centro de operaciones cuya localizaci&oacute;n no conocemos. Vigilan no se sabe qu&eacute;,  permanentemente dicen cosas por el walkie-talkie y &quot;hacen presencia&quot;, se hacen  notar. Algunos de ellos hacen su ronda en bicicleta. Los adultos del paseo de  olla vigilan a sus ni&ntilde;os o juegan con ellos.</p>      <p > Son casi las 11 de la ma&ntilde;ana. En el galp&oacute;n, en la parte baja del parque  infantil, hay algo m&aacute;s que no s&oacute;lo es para mirar<sup><a name= "s17" href="#17">17</a></sup>. Usualmente, a las  diez de la ma&ntilde;ana comienzan a acercarse all&iacute; j&oacute;venes en parejas, solos, en  bicicleta o en peque&ntilde;os grupos. Visten sudaderas y camisetas blancas; entre el  grupo hay tambi&eacute;n algunas j&oacute;venes. Varios de ellos llevan una camiseta, tambi&eacute;n  blanca, con un estampado en la espalda donde se anuncia el nombre de una  academia de <i>Capoeira</i>. El sonido atrae a los curiosos; hay algo para  ver-escuchar. Los j&oacute;venes se encuentran y se saludan chocando los pu&ntilde;os,  chocando las palmas. No pasan de los 18 a&ntilde;os, a algunos no les calculo m&aacute;s de 10  o 12. Dos de ellos van y vienen, danzan y cantan <i>capoeira</i>, se mueven en  medio de un c&iacute;rculo de j&oacute;venes que aplauden y cantan: uno salta, el otro se  agacha; uno gira en torno a s&iacute; mismo; patea el aire, y gira de nuevo; se cuida  del golpe, da un paso atr&aacute;s. &iquest;Qu&eacute; es <i>capoeira</i>?, pregunta uno de ellos;  los otros responden cantando y bailando.</p>      <p > Los curiosos nos acercamos a mirar, s&oacute;lo a mirar. Nadie pretende entrar en la  danza, pero es permitido mirar. Los j&oacute;venes se saludan, permanecen de pie,  observan a los que bailan en el centro del c&iacute;rculo formado por sus propios  cuerpos que se balancean. El grupo crece con la llegada de nuevos j&oacute;venes que  aplauden y cantan mientras los del centro bailan y hacen acrobacias. Permanecen  cerrados en torno a s&iacute; mismos. Muchos curiosos se suben en las barandas del  galp&oacute;n para poder mirar el centro del c&iacute;rculo por encima de las cabezas de  quienes lo conforman. Hay una especie de velo que no podr&iacute;a traspasarse  &uacute;nicamente con la mirada.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p > Un poco m&aacute;s tarde, un grupo de cinco mujeres y seis ni&ntilde;os sube desde la Carrera  s&eacute;ptima con maletas y bolsas; dos de las mujeres visten t&uacute;nicas color naranja,  los ni&ntilde;os llevan pelotas de pl&aacute;stico y sus morrales a la espalda. Los sigo a la  distancia y veo que suben hacia el parque infantil. Desde que los vi cerca de la  cancha de f&uacute;tbol del parque sospech&eacute; que se trataba de un paseo de olla.  Atraviesan el puente peatonal y siguen subiendo hasta que encuentran un sitio  para sentarse en la parte de arriba del parque. El grupo de Capoeira de todos  los domingos ya no est&aacute; en el galp&oacute;n, se fueron hacia las 11:30 a.m.</p>      <p > Una vez ubicadas, las mujeres sacan el contenido de las maletas, recipientes  pl&aacute;sticos, gaseosa dos litros, papas, arroz, carne, platos y vasos desechables.  Permanecen distantes de otros grupos en un claro del parque, desde donde pueden  mirar, y perseveran en una especie de privacidad port&aacute;til. Hay un lugar sin  l&iacute;mites f&iacute;sicos, pero donde la mirada y la disposici&oacute;n del grupo, la mirada y su  actitud en el sitio, establecen las barreras de su territorio temporal. La  privacidad, usualmente invisible para los curiosos, se hace p&uacute;blica. se hace  posible, en principio, un encuentro de miradas. Con seguridad, me miran.</p>      <p > <b>3.5. Algunos rastros &#40;memorias&#41; del paseo de olla </b>    <br> A comienzos del Siglo XX era frecuente en Bogot&aacute; y otras poblaciones del pa&iacute;s  una pr&aacute;ctica proveniente del siglo anterior, realizada fundamentalmente los  domingos: &quot;la familia se desplazaba para divertirse, comer en un sitio campestre  y de paso, ba&ntilde;arse en los riachuelos&quot;. Debido a la ausencia de acueducto en las  ciudades, este paseo campestre era tambi&eacute;n el momento para el aseo semanal  &#40;Reyes y Gonz&aacute;lez, 1996: 229&#41;. En los sectores m&aacute;s adinerados, las familias  sol&iacute;an trastearse con muebles, maletas, utensilios de cocina y dem&aacute;s enseres,  as&iacute; como con un grupo de criados y empleados de la familia. Parece haber  conexi&oacute;n o continuidad entre estos paseos campestres como pr&aacute;cticas del siglo  XIX y los paseos familiares de principios del XXI en el Parque Nacional.</p>      <p > Diez a&ntilde;os despu&eacute;s de su apertura oficial, en 1948, una gu&iacute;a tur&iacute;stica de Bogot&aacute;  mencionaba al Parque Nacional Olaya Herrera como una de las atracciones m&aacute;s  importantes de la ciudad, y mostraba fotograf&iacute;as de gente retozando en los  prados del parque &#40;Arag&oacute;n, 1948&#41;. Por su lado, un art&iacute;culo en la revista <i> Cromos </i>dice lo Siguiente respecto al &quot;piquete&quot;:</p>  <ul>    <p > Uno de los aspectos m&aacute;s t&iacute;picos que ofrece la clase obrera es el del &quot;almuerzo  en el parque&quot; o el del cl&aacute;sico &quot;piquete&quot; que ha logrado –con el transcurso de  los a&ntilde;os– una indiscutible posici&oacute;n social ya que, para despedir a un  funcionario burocr&aacute;tico; para congratular a un pol&iacute;tico, no hay nada mejor que  dar un &quot;piquete&quot; en su honor, con las tradicionales &quot;papas enchalecadas&quot; y la  fresca y adobada sobrebarriga, con una o dos tandas de licor rubio servido en  los &quot;burros&quot; que tanto atractivo han brindado a m&aacute;s de un &quot;m&iacute;ster&quot;<sup><a name= "s18" href="#18">18</a></sup>.  &#40;Mattos, 1948: 4&#41;</p>    </ul>      <p > Una diferencia fundamental entre este piquete y los paseos que se pueden  observar hoy en el parque, es la de los actores involucrados. El fragmento  citado nos menciona el almuerzo en el parque, y tambi&eacute;n nos remite a sectores de  poblaci&oacute;n espec&iacute;ficos, como &quot;la clase obrera&quot; o los funcionarios burocr&aacute;ticos.  Adem&aacute;s, el car&aacute;cter de actividad de fin de semana no se hace expl&iacute;cito. Por su  parte, lo que puede observarse hoy en el parque difiere, por una parte, en  cuanto a los actores espec&iacute;ficos de la pr&aacute;ctica: actualmente se trata de  familias de clases medias<sup><a name= "s19" href="#19">19</a></sup>, y resulta dif&iacute;cil decir si se trata de  obreros, empleadas de servicio dom&eacute;stico, estudiantes o ejecutivos de mandos  medios de alguna empresa. Por &uacute;ltimo, los paseos familiares observados en el  parque hoy se realizan durante los fines de semana, especialmente los domingos.</p>       <p > <b>3.6. Integraci&oacute;n y alimentaci&oacute;n    <br> </b>A pesar de la mofa que algunas personas de clase media y alta hacen respecto al  paseo de olla como una pr&aacute;ctica ordinaria o popular &#40;en el sentido peyorativo  del t&eacute;rmino&#41;, dif&iacute;cilmente podr&iacute;a decirse que el paseo de olla es exclusivo del  Parque Nacional y de grupos sociales de clases medias y bajas. Existen  desviaciones alternativas del recorrido del paseo de olla que se dan en familias  pobres y ricas: paseos a otros parques como el sim&oacute;n Bol&iacute;var o el de la Florida,  asados en la laguna del Neusa o las piedras de Tunja &#40;en Facatativ&aacute;&#41;, el paseo  de olla con gallina en el r&iacute;o. Las conexiones entre unos y otros tienen que ver  con dos relaciones fluidas de ideas: la del alimento y su v&iacute;nculo con la noci&oacute;n  de integraci&oacute;n, y la idea del tiempo libre al aire libre.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p > –C&oacute;mase la papita –le insiste la mujer a un ni&ntilde;o peque&ntilde;o que se mueve inquieto  con su cachucha a medio poner, mientras mira de reojo la pelota. A pesar de Mayo  del 68, y dem&aacute;s reivindicaciones ya casi arqueol&oacute;gicas, siguen siendo las  mujeres quienes velan principalmente por la alimentaci&oacute;n de los peque&ntilde;os. La  estabilidad de la mujer en su sitio y la olla que re&uacute;ne al grupo constituyen  elementos de anclaje en el lugar privado-publicitado del paseo de olla. Los  miembros del grupo &quot;se integran&quot; entre ellos, e integran alimentos a su cuerpo.  se integran mientras comen, y tambi&eacute;n se incorporan al parque en una forma de  ser y estar en el lugar que se orienta al esparcimiento, la ruptura con las  rutinas semanales, y las actividades en familia.</p>      <p > De otra parte, el tiempo libre en el parque es tambi&eacute;n el aire libre del parque.  Quien va al parque dispone del tiempo suficiente para permanecer all&iacute; de dos a  cuatro horas, el tiempo promedio que la gente permanece en &eacute;l, dependiendo del  recorrido propuesto o planeado para el paseo. El aire libre fluye como idea  impl&iacute;cita en la decisi&oacute;n de salir de la casa. El eco del &quot;salgamos a hacer algo&quot;  se alcanza a escuchar al mirar a mucha de la gente que est&aacute; en el parque con sus  ni&ntilde;os. Una forma de ser y estar con la naturaleza domesticada propia del parque.</p>      <p > El aire libre es un sin&oacute;nimo algo equ&iacute;voco y ambiguo de naturaleza: &iquest;aire libre  en la ciclov&iacute;a, en la Caracas, en el Parque Nacional? Pero a pesar de ello, la  idea evoca &aacute;rboles y cometas, padres con sus ni&ntilde;os jugando con la pelota de  letras, por los bordes tal vez se recuerde al perro que husmea en busca de  sobrados. El parque es tambi&eacute;n una imagen, un recuerdo, un s&iacute;mbolo de lo que  muchos no han hecho con los ni&ntilde;os, con la familia, en el tiempo libre.</p>      <p > Llegaron en dos taxis; ven&iacute;an desde el barrio Timiza, en el occidente; les debi&oacute;  de tomar cerca de 40 minutos llegar al parque. Los vi bajarse de los veh&iacute;culos,  echar un vistazo y elegir un lugar t&iacute;midamente. se apostaron en la parte  superior de la zona de juegos para ni&ntilde;os, muy cerca de la carretera &#40;&iquest;o calle?&#41;  que sube desde la Carrera Quinta hacia la Avenida Circunvalar. Eligieron la  sombra de un &aacute;rbol muy cerca de los taxis, en un sitio desde el cual se puede  ver todo el parque infantil.</p>      <p > Una cobija con la figura estampada de un perro sonriente con la lengua afuera  funcion&oacute; como tapete improvisado, como mantel durante un tiempo, como colch&oacute;n  para la siesta, despu&eacute;s.</p>      <p > Al preguntarles por los motivos que los llevaron al sitio, uno de los hombres  contest&oacute;:</p>      <p > –¡Ellas nos obligaron! –y todos soltaron una risa explosiva, a la vez que  algunos hac&iacute;an comentarios sobre el tama&ntilde;o &quot;peso pesado&quot; de ellas y la  dificultad para sacarlas de paseo.</p>      <p > <b>3.7. Estar adentro mientras se est&aacute; afuera</b>    <br> Camin&eacute; por el sendero encementado, haci&eacute;ndome el distra&iacute;do. Finalmente me  acerqu&eacute;, primero dirigi&eacute;ndome a uno de los hombres del grupo que jugaba con una  pelota, y luego a las mujeres que se ocupaban de las ollas y los platos. Me  present&eacute; y pregunt&eacute; si pod&iacute;a hacerles unas preguntas. Hubo un silencio en el que  ellos se miraron; ninguno me mir&oacute; a los ojos directamente. Nadie dijo nada de  manera clara, tal vez hubo un rumor y luego un asentimiento general que me dio  licencia para sentarme en una de las bancas del kiosco. Pregunt&eacute; si pod&iacute;a grabar  la conversaci&oacute;n.</p>      <p > –Mientras no vayamos a salir en televisi&oacute;n, no importa –dijo la abuela con la  gracia de quien desea distensionar las cosas, despu&eacute;s de otro silencio inc&oacute;modo.  Entonces, la abuela se permiti&oacute; mirarme directamente a los ojos. Hab&iacute;a logrado  entrar para armar la charla.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p > La ruptura del hielo para entablar una conversaci&oacute;n entre extra&ntilde;os es reveladora  del espacio en el cual se ingresa al hablar con los miembros del paseo de olla.  Era como si acabara de llegar a su casa, y aprovechando la puerta semiabierta de  la sala, los hubiera sorprendido en el final del almuerzo. La sensaci&oacute;n de  &quot;haber entrado en la casa sin permiso&quot; me hizo recordar los barrios de algunas  poblaciones en la costa, donde la puerta est&aacute; siempre abierta y uno pasa  avisando con la voz, uno entra, saluda, se acomoda.</p>      <p > La exposici&oacute;n de la privacidad en el parque constituye uno de los ejes centrales  del paseo de olla, pero esa exposici&oacute;n no supone la desaparici&oacute;n de ciertas  normas t&aacute;citas de conducta. Ya he dicho que la privacidad al aire-tiempo libre  hace visibles los h&aacute;bitos y costumbres alimenticias, las relaciones de poder  entre los miembros de las familias, el trato a los ni&ntilde;os, las maneras informales  de vestir. En este punto, se puede aventurar una respuesta a una de las  preguntas del principio de este texto: &iquest;por qu&eacute; hay rechazo al extra&ntilde;o en el  parque, si la promoci&oacute;n estatal de estos lugares insiste en el encuentro  ciudadano y el <i>fortalecimiento del tejido social?</i><sup><a name= "s20" href="#20">20</a></sup></p>      <p > En el caso del paseo de olla, el extra&ntilde;o es rechazado con la mirada, con la  indiferencia o con el desprecio expreso, como al perro que busca sobrados,  porque la pr&aacute;ctica constituye un &aacute;mbito de privacidad, aunque tenga lugar en el  espacio p&uacute;blico. Hay un campo de relaciones entre los miembros del grupo, una  figuraci&oacute;n social, que marca los l&iacute;mites de un hogar trashumante y en  circulaci&oacute;n, que no por m&oacute;vil y por situarse en el parque deja de funcionar bajo  pautas culturales que protegen y cobijan a sus miembros. Con el paseo familiar  se desdibujan los l&iacute;mites f&iacute;sicos de la casa, donde suelen permanecer contenidas  las relaciones entre los sujetos en el espacio privado; sin embargo, las  relaciones entre personas, las actitudes corporales, el control de la impresi&oacute;n  y los movimientos en el espacio reproducen en el parque un territorio privado y  renuevan los lazos entre sus miembros.</p>      <p > La sensaci&oacute;n latente de invasi&oacute;n de la privacidad cuando se acercan perros,  mendigos, etn&oacute;grafos, vendedores indeseables o extra&ntilde;os, hace evidente el  car&aacute;cter de &quot;privacidad p&uacute;blica&quot; impl&iacute;cita en el paseo de olla. se trata de un  borde m&aacute;s por el que circula la vivencia de la ciudad en el parque: la  naturaleza est&aacute; en la calle; la pureza del aire libre, en medio del olor a  gasolina; el paseo al r&iacute;o con gallina permanece vigente en la imagen moderna del  parque urbano, s&iacute;mbolo de la ciudad; la privacidad de la comida y las relaciones  familiares y de amistad se publicitan en el parque, que es espacio p&uacute;blico y  naturaleza manipulada.</p>      <p > Los domingos, cuando comienza a caer la noche, las familias del paseo de olla ya  han replegado de nuevo su privacidad, primero en los veh&iacute;culos, luego de puertas  para adentro. Es cuando el parque se vac&iacute;a temporalmente de recorridos, de  perros y mendigos, y los &aacute;rboles se vuelven remotos y arcaicos. Si permaneces en  el parque, entonces &quot;sientes/ nostalgia de otro sitio que no es otro/ si no el  mismo por donde vas a solas/ entre la luz de cu&aacute;l eterno entonces&quot; &#40;Diego,  1990&#41;.</p>       <p ><b> 4. Salida</b></p>     <p >A manera de conclusi&oacute;n de esta etnograf&iacute;a m&iacute;nima, quisiera revisar dos  argumentos que se derivan de la descripci&oacute;n presentada: primero, el car&aacute;cter de  pr&aacute;ctica espacial del paseo de olla, que se localiza temporalmente como lugar  familiar en el parque, que constituye una materializaci&oacute;n de las din&aacute;micas  sociales y los ritmos urbanos contempor&aacute;neos relacionados con el tiempo  productivo y el tiempo libre. Segundo, resalto el valor de la observaci&oacute;n  etnogr&aacute;fica detallada de situaciones sociales reales que ocurren en lugares  reales en nuestras ciudades, con el fin de no abusar de las generalizaciones  te&oacute;ricas que muchas veces invisibilizan la experiencia pr&aacute;ctica de las personas  en situaciones concretas.</p>      <p > El paseo de olla es una pr&aacute;ctica familiar que <i>tiene lugar </i>en el parque.  Supone adem&aacute;s unas formas particulares de ser y estar en ese espacio y, a la  manera que lo establece la situaci&oacute;n de la plaza y el mercado en las ciudades  latinoamericanas de origen espa&ntilde;ol &#40;Richardson, 2003&#41;, esa forma de ser y estar  tiene caracter&iacute;sticas culturales concretas: es un <i>&aacute;mbito familiar, </i> caracterizado ante todo por din&aacute;micas de integraci&oacute;n e inclusi&oacute;n colectiva. No  hay una intenci&oacute;n abierta de &quot;puesta en escena&quot; a la manera de las din&aacute;micas de  la presencia individual y p&uacute;blica en la plaza, como la se&ntilde;alada por Richardson,  pero tampoco hay un modo de estar &quot;ausente&quot; en la introspecci&oacute;n y la soledad,  tambi&eacute;n individual, propio de los parques angloamericanos.</p>      <p > En el paseo de olla son adem&aacute;s fundamentales el contacto con la naturaleza del  parque y la idea de comer al aire libre en un lugar lo m&aacute;s natural y abierto que  sea posible: no se puede hacer paseo de olla en la plaza; aunque tuviera zonas  verdes, sus caracter&iacute;sticas f&iacute;sicas favorecen mucho m&aacute;s la puesta en escena del  &quot;ver y ser visto&quot; que el esparcimiento del colectivo familiar<sup><a name= "s21" href="#21">21</a></sup>. De  tal forma, esta zona del parque sin jardines —con espacios verdes abiertos,  pocos caminos, con kioscos y juegos dispersos aqu&iacute; y all&aacute;, a diferencia del  sector hist&oacute;rico, que es m&aacute;s parecido a los jardines que se hicieron en las  plazas para crear parques— genera posibilidades particulares de socializaci&oacute;n e  interacci&oacute;n con el lugar; en el caso del paseo de olla, antes que privilegiarse  el encuentro entre extra&ntilde;os, se favorecen las relaciones familiares y se marcan  distancias que operan m&aacute;s bien hacia el interior del grupo<sup><a name= "s22" href="#22">22</a></sup>.</p>      <p > Finalmente, el ejercicio aqu&iacute; presentado tambi&eacute;n brinda una lecci&oacute;n  metodol&oacute;gica. Ninguna teor&iacute;a, por refinada y compleja que ella sea, es capaz de  suplir el valor de la observaci&oacute;n detallada de las pr&aacute;cticas en el contexto  urbano. A pesar de la gran cantidad de producci&oacute;n sobre la ciudad, e infinidad  de textos que pretenden explicar lo que es la vida en la ciudad, siempre ser&aacute;  pertinente y necesario regresar a la experiencia directa de las personas,  mediada por la experiencia del investigador. sin esa perspectiva ser&iacute;a imposible  acceder a las respuestas silenciosas y pr&aacute;cticas de las personas frente a la  planeaci&oacute;n y la administraci&oacute;n del espacio urbano &#40;Certeau, 1993&#41;. Respecto al  espacio p&uacute;blico, esa mirada detallada permite comprender las din&aacute;micas concretas  de las ciudades que se estudian, y develar el sentido de pr&aacute;cticas espaciales  aparentemente insignificantes, pero de gran valor para la gente; pr&aacute;cticas que  muchas veces son invisibilizadas e ignoradas por hegemon&iacute;as pol&iacute;ticas,  econ&oacute;micas y acad&eacute;micas..</p>  <hr size="1">    ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>Comentarios</b></p>        <p ><sup><a name="1" href="#s1" >1</a></sup>. La avenida Circunvalar constituye uno de los l&iacute;mites orientales de la ciudad,  y la bordea de sur a norte desde la Calle sexta, cerca del centro hist&oacute;rico de  la ciudad, aproximadamente hasta la calle 88, donde se convierte en la carretera  a la Calera.</p>      <p ><sup><a name="2" href="#s2" >2</a></sup>. Debido a su ubicaci&oacute;n en la falda de la monta&ntilde;a, el parque tiene terrenos en  diferentes alturas e inclinaciones. la parte baja corresponde a la zona  hist&oacute;rica. Hacia el oriente de la Carrera Quinta el parque adquiere una  topograf&iacute;a inclinada que asciende hasta la avenida Circunvalar, &uacute;ltimo l&iacute;mite de  la zona central del parque. el lugar de las descripciones presentadas en este  art&iacute;culo est&aacute; situado en una zona comprendida entre la Carrera Quinta y una de  las v&iacute;as vehiculares internas del parque que conectan la parte baja con la  avenida Circunvalar. se trata de una zona de forma irregular que en general  presenta una inclinaci&oacute;n de entre de 10 y 30 grados. los restantes tres sectores  del parque constituyen la parte m&aacute;s extensa, y est&aacute;n destinados principalmente a  la conservaci&oacute;n de la vegetaci&oacute;n de los cerros y a la protecci&oacute;n de cinco  quebradas que atraviesan el parque &#40;observatorio de Cultura Urbana y Zambrano,  2003: 93-94&#41;.</p>      <p ><sup><a name="3" href="#s3" >3</a></sup>. La idea de los microrrituales tiene origen en la teor&iacute;a de Ervin Goffman  sobre la presentaci&oacute;n de las personas en la vida cotidiana. En los eventos  cotidianos en los que hay interacci&oacute;n con gente distinta a la del &aacute;mbito  privado, las personas presentan una cara p&uacute;blica e interact&uacute;an de acuerdo con la  intenci&oacute;n de &quot;controlar la impresi&oacute;n&quot;; esto es, en procura de mantener una  imagen, preservar un estatus, proyectar la idea de que &quot;se sabe comportar&quot;, lo  cual hace posible el intercambio y la comunicaci&oacute;n en p&uacute;blico &#40;Goffman, 1959&#41;.  Esta misma idea es utilizada por Miles Richardson &#40;2003&#41; en su an&aacute;lisis del  comportamiento de las personas en la plaza y el mercado en una ciudad de Costa  rica.</p>      <p ><sup><a name="4" href="#s4" >4</a></sup>. Para el caso del Parque nacional, el libro publicado por el observatorio de  Cultura Urbana sobre tres parques metropolitanos de la ciudad, que no llega a  ser una etnograf&iacute;a, presenta una descripci&oacute;n completa del lugar en sus aspectos  hist&oacute;rico, arquitect&oacute;nico, ecol&oacute;gico, y una descripci&oacute;n general de las pr&aacute;cticas  de los ciudadanos en el parque, en un ejercicio comparativo con los parques  sim&oacute;n bol&iacute;var y el Tunal &#40;observatorio de Cultura Urbana y Zambrano, 2003&#41;.</p>      <p ><sup><a name="5" href="#s5" >5</a></sup>. Sobre el trabajo etnogr&aacute;fico en contextos urbanos y globales contempor&aacute;neos  hay bastante desarrollo te&oacute;rico desde la &uacute;ltima d&eacute;cada del siglo XX. Para una  revisi&oacute;n de tres formas diferentes, aunque no excluyentes, de entender el  trabajo de campo etnogr&aacute;fico en las ciudades contempor&aacute;neas, pueden verse Foster  y Kemper &#40;2002&#41;, que presentan el panorama de un trabajo de campo m&aacute;s cl&aacute;sico,  centrado en grupos y familias; George Marcus &#40;1996&#41;, quien presenta la propuesta  de una etnograf&iacute;a que debe deslocalizarse y enfrentar caracter&iacute;sticas del mundo  contempor&aacute;neo, tales como la movilidad y la fluidez; y la propuesta de Manuel  delgado que aqu&iacute; retomo, que revisa tradiciones de la etnograf&iacute;a cl&aacute;sica y el  compromiso sensible del investigador, con miras a trabajar de forma naturalista,  confiando en lo que se percibe con la vista, el o&iacute;do y la piel &#40;delgado, 2003&#41;.</p>      <p ><sup><a name="6" href="#s6" >6</a></sup>. Se puede encontrar una presentaci&oacute;n completa de los or&iacute;genes  del Parque Nacional Enrique Olaya Herrera en el libro del Observatorio de  Cultura Urbana y Fabio Zamprano &#40;eds.&#41; 2003, y sobre la relaci&oacute;n entre los  procesos de producci&oacute;n y construcci&oacute;n del espacio en el mismo parque, en  Salazar, 2007.</p>     <p ><sup><a name="7" href="#s7" >7</a></sup>. Una versi&oacute;n preliminar de esta secci&oacute;n del art&iacute;culo fue  presentada en el a&ntilde;o 2001 como trabajo final del curso &quot;Representaci&oacute;n,  conocimiento y etnograf&iacute;a &quot; de la Maestr&iacute;a de Antropolog&iacute;a de la Universidad de  los Andes. </p>     <p ><sup><a name="8" href="#s8" >8</a></sup>. En Bogot&aacute; y varias partes de Colombia se utiliza la expresi&oacute;n &quot;chite&quot; para  ahuyentar animales dom&eacute;sticos que est&aacute;n incomodando, sobre todo perros o gatos.</p>      <p ><sup><a name="9" href="#s9" >9</a></sup>. Bebida gaseosa local muy popular.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p ><sup><a name="10" href="#s10" >10</a></sup>. Cocain&oacute;mano.</p>      <p ><sup><a name="11" href="#s11" >11</a></sup>. El aj&iacute; bogotano es un aderezo picante para la comida hecho usualmente con  agua, picadillo de cilantro, cebolla larga y aj&iacute;.</p>      <p ><sup><a name="12" href="#s12" >12</a></sup>. La palabra &quot;chino&quot; designa en el contexto bogotano a una persona que cumple  labores de servidumbre, usualmente un ni&ntilde;o o un joven inexperto &#40;real academia,  2001: 532&#41;; tambi&eacute;n es utilizada para denotar cierta cercan&iacute;a social y afectiva  con la persona calificada como &quot;chino&quot; o &quot;china&quot;, a pesar de su condici&oacute;n de  servidor. En el contexto del relato, indica una distancia social entre el que  tiene y el que no tiene, ubicando al que no tiene como alguien subordinado o  dependiente, un &quot;chino&quot; inferior al que es interpelado, a pesar de no ser ni  joven ni inexperto.</p>      <p ><sup><a name="13" href="#s13" >13</a></sup>. Nombre ficticio, entre otros m&iacute;nimos detalles ficticios de esta etnograf&iacute;a  m&iacute;nima.</p>      <p ><sup><a name="14" href="#s14" >14</a></sup>. La &quot;pega&quot; es el arroz que queda pegado en el fondo de la olla, tostado y  seco. la pega es considerada por algunas personas la parte m&aacute;s suculenta del  arroz casero.</p>      <p ><sup><a name="15" href="#s15" >15</a></sup>. El Parque nacional est&aacute; actualmente ubicado muy cerca de lo que en el argot  local se considera &quot;el centro&quot; de la ciudad. Si se piensa a Bogot&aacute; con la forma  general de un abanico completamente abierto, &quot;el centro&quot; de la ciudad estar&iacute;a  ubicado en el eje en torno al cual ese abanico se abre, y hacia donde confluyen  muchas de las v&iacute;as principales que atraviesan la ciudad. Es decir que, como  ocurre con muchos &quot;centros&quot; de las ciudades, el centro no es un lugar  geogr&aacute;ficamente central, sino la zona que hist&oacute;ricamente ha funcionado como  centro de actividades econ&oacute;micas, administrativas y de gobierno, y corresponde,  para el caso bogotano, al &quot;centro hist&oacute;rico&quot; de la ciudad. Muchos de los  visitantes del parque no viven en barrios cercanos, sino que provienen de  barrios situados en las periferias de nuestro abanico imaginario. El barrio la  aurora est&aacute; situado aproximadamente a unos 40 minutos del parque en autom&oacute;vil, y  a alrededor de una hora en transporte p&uacute;blico.</p>      <p ><sup><a name="16" href="#s16" >16</a></sup>. Para el momento de las observaciones, la caja de compensaci&oacute;n familiar Colsubsidio ten&iacute;a la concesi&oacute;n para administrar el Parque nacional. Se trata de  un esquema de tercerizaci&oacute;n adoptado por la alcald&iacute;a en la d&eacute;cada de 1990 para  asegurar su mantenimiento, la seguridad y la administraci&oacute;n general de las  actividades programadas en los parques m&aacute;s grandes de la ciudad.</p>      <p ><sup><a name="17" href="#s17" >17</a></sup>. El galp&oacute;n est&aacute; formado por una plancha de cemento aproximadamente del tama&ntilde;o  de una cancha de basquetbol, cubierto con una estructura de forma semicircular  que soporta un techo de tejas met&aacute;licas. Alrededor del rect&aacute;ngulo formado por la  plancha de cemento hay barandas de aproximadamente un metro de altura.</p>      <p ><sup><a name="18" href="#s18" >18</a></sup>. El &quot;licor rubio&quot; era la chicha, bebida fermentada de ma&iacute;z que fue muy  popular hasta mediados del siglo XX. A pesar de la constante guerra legal y  simb&oacute;lica que se libr&oacute; desde la administraci&oacute;n distrital, respaldada por la  medicina y el higienismo durante d&eacute;cadas para erradicar su producci&oacute;n y consumo,  la chicha s&oacute;lo pudo ser controlada despu&eacute;s de la mitad del siglo XX, en buena  medida gracias al desplazamiento que sufri&oacute; por parte del creciente consumo de  cerveza.</p>      <p ><sup><a name="19" href="#s19" >19</a></sup>. Seg&uacute;n una encuesta realizada por el Instituto Distrital de Cultura y Turismo  en parques de Bogot&aacute; en 1998, &quot;los visitantes que m&aacute;s utilizan el Parque  nacional pertenecen a las clases medias &#91;…&#93;, repartidos en el estrato 3  &#40;48.88&#37;&#41;, seguido por el estrato 4 &#40;24.19&#37;&#41; y en menor medida por el 2 &#40;13.72&#37;&#41;&quot;  &#40;observatorio de Cultura Urbana y Zambrano, 2003: 165&#41;.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p ><sup><a name="20" href="#s20" >20</a></sup>. En el a&ntilde;o 2001 el IDRD clasificaba los parques de la ciudad en barriales y  metropolitanos. de los primeros dec&iacute;a que &quot;son sitios de encuentro gque  fortalecen el tejido social, la solidaridad, la seguridad y las relaciones entre  vecinos&quot;. De los segundos, como el Parque nacional, hac&iacute;a &eacute;nfasis en una idea de  diversidad de pr&aacute;cticas que no era muy clara: &quot;son espacios que permiten la  pr&aacute;ctica de m&uacute;ltiples actividades. Entre semana el vecindario inmediato es el  principal usuario, los fines de semana son los d&iacute;as de mayor actividad, con  visitantes de m&uacute;ltiples localidades&quot; &#40;IDCT, 2001&#41;.</p>      <p ><sup><a name="21" href="#s21" >21</a></sup>. Cabe se&ntilde;alar que las plazas del centro de la ciudad en Bogot&aacute; actualmente  son espacios casi completamente abiertos, sin zonas verdes, jardines ni mayores  equipamientos. En la Plaza de bol&iacute;var apenas hay una estatua de sim&oacute;n bol&iacute;var;  en la Plaza Santander hay algunos &aacute;rboles y una fuente de agua, y en la  Plazoleta del rosario hay &uacute;nicamente una pileta, s&oacute;lo por mencionar tres de  ellas. Las plazas descritas por Richardson &#40;2003&#41; y Low &#40;2000&#41; para el caso  costarricense se asemejan mucho m&aacute;s a parques que existen en las plazas de  algunas ciudades o poblaciones aleda&ntilde;as a Bogot&aacute;, o a los parques que  efectivamente existieron en las principales plazas del centro de la ciudad y que  fueron remodeladas a lo largo del siglo XX para convertirlas en lo que hoy  tenemos.</p>      <p ><sup><a name="22" href="#s22" >22</a></sup>. Agradezco la observaci&oacute;n de uno de los evaluadores an&oacute;nimos de este art&iacute;culo  respecto a la inconveniencia de aventurar generalizaciones sobre las din&aacute;micas,  composici&oacute;n y solidez de la familia como instituci&oacute;n social en la actualidad a  partir del ejercicio m&iacute;nimo realizado en este texto. evidentemente, ser&iacute;a  indispensable profundizar en el tema con un trabajo de mayor alcance y con  capacidad para formular generalizaciones m&aacute;s s&oacute;lidas respecto a las formas en  que parece persistir la instituci&oacute;n social de la familia en nuestra sociedad, a  pesar de la insistencia de las teor&iacute;as sociol&oacute;gicas y de muchos autores que  hablan del colapso de las instituciones sociales tradicionales en la actualidad  &#40;ver Bauman, 2002 &#91;2002&#93;&#41;.</p>  <hr size="1">     <p><b>REFERENCIAS</b></span></p>      <!-- ref --><p><span lang=EN-US><u1:p></u1:p><b>Arag&oacute;n</b><b>, </b><b>V&iacute;ctor</b> 1948 &quot;C&oacute;mo se divierte Bogot&aacute;&quot;, <i>Gu&iacute;a de Bogot&aacute;</i><i>, </i>Colecci&oacute;n sucesos Colombianos No. 4. Bogot&aacute;, Editorial Antena, pp. 319-339. </span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000147&pid=S1900-5407200900010000300001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><span lang=EN-US><u1:p></u1:p><b>Aug&eacute;</b><b>, Marc </b>1992 <i>Los no lugares. </i></span><i>Espacios del anonimato</i><i>. </i><i>Una antropolog&iacute;a de la sobremodernidad</i><i>. </i>Barcelona, Gedisa.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000148&pid=S1900-5407200900010000300002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><span lang=EN-US><b>Baudelaire</b><b>, </b><b>Charles </b>1994 <i>Poemas en prosa</i><i>. </i>Bogot&aacute;, El &Aacute;ncora  Editores.</span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000149&pid=S1900-5407200900010000300003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><span lang=EN-US><u1:p></u1:p><b>Bauman</b><b>, </b><b>Zygmunt </b>2002 &#91;2000&#93; <i>Modernidad l&iacute;quida</i><i>. </i></span>M&eacute;xico,  Fondo de Cultura Econ&oacute;mica.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000150&pid=S1900-5407200900010000300004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><span lang=EN-US><b>Certeau</b><b>, </b><b>Michel de </b>1993 &quot;Walking in the city&quot;, en Simon During (ed.), <i>The Cultural Studies Reader</i><i>. </i>London, Routledge, pp. 151-160.</span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000151&pid=S1900-5407200900010000300005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><span lang=EN-US><u1:p></u1:p><b>Delgado</b><b>, </b><b>Manuel </b>2002 <i>Disoluciones urbanas. </i></span><i>Procesos identitarios y espacio p&uacute;blico</i><i>. </i> Medell&iacute;n, Universidad Nacional de Colombia.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000152&pid=S1900-5407200900010000300006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Delgado</b><b>, </b><b>Manuel </b>2003 &quot;Naturalismo y realismo en etnograf&iacute;a urbana. Cuestiones metodol&oacute;gicas para una etnograf&iacute;a de las calles&quot;. <i>Revista Colombiana de Antropolog&iacute;a</i><i>. </i>Volumen 39, pp. <span lang=EN-US>7-39.</span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000153&pid=S1900-5407200900010000300007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><span lang=EN-US><u1:p></u1:p><b>Diego</b><b>, </b><b>Eliseo </b>1990 <i>Cuatro de oros</i><i>. </i></span>La Habana, Editorial  Letras Cubanas.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000154&pid=S1900-5407200900010000300008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Elias</b><b>, </b><b>Norbert </b>1998 &#91;1980&#93; <i>&quot;</i><i>La civilizaci&oacute;n de los padres</i><i>&quot;, </i>en <i>La civilizaci&oacute;n de los padres y otros ensayos</i><i>. </i><span lang=EN-US>Bogot&aacute;, Grupo Editorial Norma, pp.  407-450.</span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000155&pid=S1900-5407200900010000300009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><span lang=EN-US><u1:p></u1:p><b>Foster</b><b>, </b><b>George</b><b> y </b><b>Robert</b><b> </b><b>Kemper </b>2002 &quot;Anthropological fieldwork in Cities&quot;, en George Gmelch y Walter Zenner. <i>Urban Life</i><i>. </i><i>Readings in the Anthropology of the City</i><i>. </i> Long Grove, Waveland Press, pp.  131-145.</span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000156&pid=S1900-5407200900010000300010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><span lang=EN-US><u1:p></u1:p><b>Goffman</b><b>, </b><b>Ervin </b>1959 <i>The Presentation of Self in Everyday Life</i><i>. </i>New York,  Anchor Books.</span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000157&pid=S1900-5407200900010000300011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><u1:p></u1:p><b>IDCT - Instituto Distrital de Cultura y Turismo </b>2001 P&aacute;gina web <a href="http://www.idct.gov.co/" target="_blank">http://www.idct.gov.co</a> &#91;Consultada en junio de 2001&#93; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000158&pid=S1900-5407200900010000300012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>IDRD - Instituto Distrital de Recreaci&oacute;n y Deporte </b>2001 P&aacute;gina web <a href="http://www.idrd.gov.co/" target="_blank">http://www.idrd.gov.co/idrd2/parquesv2</a> &#91;Consultada en junio de 2001, con actualizaci&oacute;n de 1998&#93; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000159&pid=S1900-5407200900010000300013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><span lang=EN-US><b>Low</b><b>, </b><b>Setha </b>2000 <i>On the Plaza</i><i>. </i><i>The Politics of Public Space and Culture</i><i>. </i>Austin, The University of  Texas Press. </span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000160&pid=S1900-5407200900010000300014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><span lang=EN-US><u1:p></u1:p><b>Marcus</b><b>, </b><b>George</b> 1996 &quot;Ethnography in/of the World System. The emergence of Multi-sited Ethnography&quot;, <i>Annual Review of Anthropology</i><i>, </i>Vol. </span>24, pp. 95-117.  &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000161&pid=S1900-5407200900010000300015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Mart&iacute;n-Barbero</b><b>, </b><b>Jes&uacute;s </b>1994 <i>Mediaciones urbanas y nuevos escenarios de comunicaci&oacute;n</i><i>. </i>Caracas, FUNDARTE, Alcald&iacute;a de Caracas.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000162&pid=S1900-5407200900010000300016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Mattos Ord&oacute;&ntilde;ez</b><b>, </b><b>Juan</b> 1948  &quot;Mazamorra con recado y chicha&quot;. <i>Cromos</i><i>, </i>19 de junio de 1948. Vol. l XV. No. 1633.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000163&pid=S1900-5407200900010000300017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Mej&iacute;a Pavoni</b><b>, </b><b>G. </b>1999 <i>Los a&ntilde;os del cambio</i><i>: </i><i>historia urbana de Bogot&aacute;, 1820-1910</i><i>. </i><span lang=EN-US>Bogot&aacute;,  Ceja, Universidad Javeriana. </span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000164&pid=S1900-5407200900010000300018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><span lang=EN-US><b>Observatorio de Cultura Urbana</b><b> y </b><b>Zambrano</b><b>, </b><b>Fabio</b><b> (eds.) </b></span>2003 <i>Tres parques de Bogot&aacute;</i><i>: </i><i>Nacional, Sim&oacute;n Bol&iacute;var, El Tunal</i><i>. </i>Bogot&aacute;, Alcald&iacute;a Mayor de  Bogot&aacute;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000165&pid=S1900-5407200900010000300019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Ortiz</b><b>, </b><b>Renato </b>2000 <i>Modernidad y espacio. Benjamin en Par&iacute;s</i><i>. </i>Bogot&aacute;, Grupo Editorial Norma. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000166&pid=S1900-5407200900010000300020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>P&aacute;ramo</b><b>, </b><b>Pablo </b>2007 <i>El significado de los lugares p&uacute;blicos para la gente de Bogot&aacute;</i><i>. </i>Bogot&aacute;, Universidad Pedag&oacute;gica Nacional. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000167&pid=S1900-5407200900010000300021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Real Academia Espa&ntilde;ola </b>2001 <i>Diccionario de la lengua espa&ntilde;ola</i><i>. </i>Vig&eacute;sima segunda  edici&oacute;n. Madrid, Real Academia  Espa&ntilde;ola. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000168&pid=S1900-5407200900010000300022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>Reyes</b><b>, </b><b>Catalina</b><b> y </b><b>Lina</b><b> </b><b>Gonz&aacute;lez </b>1996 &quot;La vida dom&eacute;stica en las ciudades republicanas&quot;, en&nbsp; Beatriz Castro &nbsp;(ed), <i>Historia de la vida cotidiana en Colombia</i><i>. </i><span lang=EN-US>Bogot&aacute;, Editorial Norma, pp. 222-243. </span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000169&pid=S1900-5407200900010000300023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><span lang=EN-US><u1:p></u1:p><b>Richardson</b><b>, </b><b>Miles </b>2003 &quot;Being-in-the-Market versus being-in-the Plaza: Material Culture and the Construction of social reality in spanish america&quot;, en Setha Low y Denise Lawrence-Z&uacute;&ntilde;iga. <i>The Anthropology of Space and Place. 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