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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">      <p align="center" ><font face="verdana" size="4"><b>LA ANTROPOLOG&Iacute;A DE LA POL&Iacute;TICA P&Uacute;BLICA</b></font></p>      <p>Mar&iacute;a Clemencia Ram&iacute;rez</p>      <p>Editora invitada,    Instituto Colombiano de Antropolog&iacute;a e Historia</p>  <hr size="1">      <p>En este numero <i>Ant&iacute;poda </i>pone a consideraci&oacute;n de los lectores un nuevo campo de estudio de la antropolog&iacute;a,   la pol&iacute;tica p&uacute;blica, cuya formulaci&oacute;n es central para el ejercicio del gobierno y, por consiguiente, una herramienta    de poder que, sin embargo, al ser definida como producto del conocimiento experto, ha sido tratada y percibida por    la sociedad como algo objetivo y neutral, y, sobre todo, ajena a la pol&iacute;tica o no contaminada por esta &uacute;ltima. Esta    representaci&oacute;n de la pol&iacute;tica p&uacute;blica como conocimiento experto se hace evidente en el campo del Estudio de las Pol&iacute;ticas    P&uacute;blicas que se ofrece como maestr&iacute;a en varias universidades, lo cual reitera su condici&oacute;n cient&iacute;fica y, por lo tanto,    t&eacute;cnica.        <p>Hacer etnograf&iacute;a de la pol&iacute;tica p&uacute;blica significa reconocer que su formulaci&oacute;n es un proceso sociocultural y,    como tal interpreta, clasifica y genera realidades, adem&aacute;s de moldear a los sujetos a quienes se dirige. Los tecn&oacute;cratas    que formulan las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas tambi&eacute;n se tornan en sujetos de investigaci&oacute;n como actores situados en contextos de    poder espec&iacute;ficos, con ideolog&iacute;as, intereses y objetivos concretos e inmersos en sistemas de pensamiento que se plasman    en la pol&iacute;tica p&uacute;blica. Es entonces labor del antrop&oacute;logo desmitificar el poder naturalizado de la pol&iacute;tica p&uacute;blica, que  no s&oacute;lo regula a los sujetos sino que &eacute;stos a su vez, al someterse a ella, le confieren poder, de la misma manera que se le confiere poder al Estado.</p>      <p>Aqu&iacute; vale la pena contar una an&eacute;cdota que me sucedi&oacute; en un taller que realizamos en el primer semestre de 2002 con    campesinos en el Putumayo, para evaluar los programas de desarrollo alternativo que hab&iacute;a implementado en la regi&oacute;n el    gobierno de Andr&eacute;s Pastrana, en el marco del Plan Colombia. Durante el receso se me acerc&oacute; un l&iacute;der y me mostr&oacute; un documento    con los puntos del programa de gobierno de &Aacute;lvaro Uribe, en ese momento a pocos d&iacute;as de posesionarse, y me pregunt&oacute;:    &quot;&iquest;Usted qu&eacute; piensa del programa Guardabosques que est&aacute; proponiendo el pr&oacute;ximo presidente?&quot;. Y a continuaci&oacute;n   me propuso que en vez de evaluar los programas que hab&iacute;a implementado el gobierno que estaba concluyendo, ser&iacute;a m&aacute;s    importante entender cu&aacute;l iba a ser la pol&iacute;tica de desarrollo alternativo del presidente Uribe, para valorar c&oacute;mo los   iba a afectar y, sobre todo, estar preparados para recibirla, apropi&aacute;rsela y, si era necesario, refutarla. Este l&iacute;der   buscaba darle sentido a una determinada pol&iacute;tica p&uacute;blica como actor involucrado en la misma, y cuya vida cotidiana   se ver&iacute;a afectada, punto de vista central que debe ser examinado por cualquier antrop&oacute;logo interesado en llevar a   cabo una etnograf&iacute;a de la pol&iacute;tica p&uacute;blica. Recuerdo que fue all&iacute; donde o&iacute; por primera vez de Guardabosques,   programa que reflej&oacute; un cambio de 180 grados en la pol&iacute;tica de desarrollo alternativo dirigida a los peque&ntilde;os   cultivadores de coca en regiones marginales como el Putumayo, al poner en segundo plano la promoci&oacute;n de proyectos   productivos, definir el territorio amaz&oacute;nico como de bosque sin vocaci&oacute;n agr&iacute;cola, y al clasificar a sus habitantes   como criminales por la ilegalidad de sus cultivos de coca, pero sobre todo, sin derecho a ninguna negociaci&oacute;n    sobre esta condici&oacute;n. Ten&iacute;a raz&oacute;n el l&iacute;der campesino de estar interesado en entender la nueva pol&iacute;tica de desarrollo   alternativo, pues es a trav&eacute;s de las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas que se articulan discursos hegem&oacute;nicos que empoderan    a unos sectores de la poblaci&oacute;n y silencian a otros; pero sobre todo, son las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas las que    legitiman tanto las acciones de los gobiernos como a quienes est&aacute;n en el poder, y adem&aacute;s, en el proceso de  interacci&oacute;n con las mismas, los sujetos asumen identidades colectivas.    <p>El estudio sobre las pol&iacute;ticas      p&uacute;blicas permite, entonces, develar tecnolog&iacute;as pol&iacute;ticas, as&iacute; como sus cambios a lo largo del tiempo y      la consecuente reconfiguraci&oacute;n de la relaci&oacute;n entre el individuo y el Estado, y la sociedad. Sobre todo,      contienen la historia y la cultura de la sociedad que las genera, por lo cual pueden ser le&iacute;das como textos      culturales, dispositivos clasificatorios o narrativas, y como tales conllevan significados culturales y      simb&oacute;licos y, por consiguiente, se tornan objeto de estudio de la antropolog&iacute;a.</p>                <p>En el art&iacute;culo central del presente volumen, el antrop&oacute;logo Cris Shore, profesor de la Universidad de Auckland, en    Nueva Zelanda, y pionero en el tema, responde a la pregunta sobre cu&aacute;l es el aporte distintivo de la perspectiva    antropol&oacute;gica al estudio de la pol&iacute;tica p&uacute;blica y sostiene que la pol&iacute;tica p&uacute;blica funciona de manera similar al   mito en sociedades no letradas, y nos remite a las observaciones de Malinowski sobre el papel del mito en la sociedad   ind&iacute;gena, para entender el papel de la pol&iacute;tica p&uacute;blica en la sociedad contempor&aacute;nea. Sostiene que &quot;hay mucho que   ganar al volver la mirada anal&iacute;tica de una disciplina sobre las pr&aacute;cticas y supuestos de otra&quot;, porque    frecuentemente &quot;este ejercicio puede generar nuevas perspectivas sobre viejos problemas&quot;, y de esta    manera hace un llamado al di&aacute;logo entre disciplinas, en este caso, entre el profesional en el an&aacute;lisis de la    pol&iacute;tica p&uacute;blica y el antrop&oacute;logo. Finalmente, para ilustrar su propuesta de adelantar antropolog&iacute;a de la pol&iacute;tica    p&uacute;blica, nos presenta dos casos etnogr&aacute;ficos.        <p>Partiendo de los postulados que Shore y otros investigadores han    propuesto para adelantar trabajos en el tema de la Antropolog&iacute;a de la Pol&iacute;tica P&uacute;blica, dos j&oacute;venes investigadores    nos presentan sus novedosos trabajos en este campo. Federico P&eacute;rez, candidato de doctorado en antropolog&iacute;a de la    Universidad de Harvard, dirige su an&aacute;lisis a la pol&iacute;tica p&uacute;blica denominada Cultura Ciudadana, implementada por el    alcalde Mockus en la ciudad de Bogot&aacute;, la cual es continuada por su sucesor, Enrique Pe&ntilde;alosa, quien enfatiza la Espacializaci&oacute;n de la Ciudadan&iacute;a Democr&aacute;tica, y la compara con la pol&iacute;tica p&uacute;blica del Urbanismo Social propuesta    en la ciudad de Medell&iacute;n por el alcalde Sergio Fajardo. Se pregunta a qui&eacute;nes han beneficiado estos procesos de    reconstrucci&oacute;n urbana, pues aunque estas pol&iacute;ticas p&uacute;blicas est&aacute;n animadas por la inclusi&oacute;n y la igualdad social,    al ordenar el espacio urbano y promover la civilidad, se produce &quot;limpieza&quot; y desplazamiento social, de    manera que el autor concluye que se hace latente una tensi&oacute;n entre las din&aacute;micas socioecon&oacute;micas excluyentes y los    principios de justicia democr&aacute;tica. Tambi&eacute;n nos muestra c&oacute;mo estas teconolog&iacute;as gubernamentales no responden del    todo a los principios del neoliberalismo, pues al mismo tiempo &quot;generan mayor equidad social y calidad de vida  a trav&eacute;s de la provisi&oacute;n de derechos urbanos&quot;, mostrando la complejidad y ambig&uuml;edad de los arreglos que se encuentran en campo.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Por su parte, Ana Mar&iacute;a Restrepo, antrop&oacute;loga y polit&oacute;loga con maestr&iacute;a en Pol&iacute;tica Social y Planeaci&oacute;n del London    School of Economics and Political Sciences, cuyo inter&eacute;s desde su tesis de pregrado ha sido entender c&oacute;mo se materializa   la idea de Estado, sostiene en el art&iacute;culo que se presenta en este n&uacute;mero que la pol&iacute;tica p&uacute;blica permite entender no    s&oacute;lo qui&eacute;n representa el Estado sino c&oacute;mo se ejerce el poder. As&iacute; mismo, se&ntilde;ala que el concepto de Estado es clave en    el an&aacute;lisis de la antropolog&iacute;a de la pol&iacute;tica p&uacute;blica, de manera que Estado y pol&iacute;tica p&uacute;blica son dos caras de la misma   moneda, por cuanto argumenta que &quot;los mecanismos de poder que subyacen a la pol&iacute;tica p&uacute;blica hacen parte de la    reproducci&oacute;n del mismo, de su habitus&quot;. Su experiencia personal como funcionaria p&uacute;blica de la Alcald&iacute;a de Bogot&aacute;   le permite reflexionar sobre su papel en la viabilizaci&oacute;n de la formulaci&oacute;n de la pol&iacute;tica de juventud para Bogot&aacute; durante   la administraci&oacute;n de Luis Eduardo Garz&oacute;n, y como antrop&oacute;loga investigadora, analiza las formas de comunicaci&oacute;n con la    poblaci&oacute;n objeto de la pol&iacute;tica, en la b&uacute;squeda de construir una &quot;comunidad pol&iacute;tica&quot; que reproduce el Estado,   como &quot;rituales de Estado&quot;, pero sobre todo se enfoca en entender c&oacute;mo interpretan y reciben los j&oacute;venes la  pol&iacute;tica que se dirige a ellos.    <p>En una segunda secci&oacute;n de la revista, Jairo Tocancip&aacute;, profesor titular de la Universidad     del Cauca, introduce en su art&iacute;culo el tema de la pol&iacute;tica de las marcas y del mercado al an&aacute;lisis de los cambios en la     imagen de Juan Valdez -s&iacute;mbolo del productor cafetero colombiano-, promovidos por la Federaci&oacute;n Nacional de Cafeteros     en contextos de crisis econ&oacute;mica. As&iacute;, se&ntilde;ala el autor que el dominio de una imagen que ocultaba la diferencia regional,     y que respondi&oacute; hist&oacute;ricamente a la creaci&oacute;n de una identidad y una representaci&oacute;n de Colombia ante el mundo como una     naci&oacute;n cafetera, empieza a cambiar, en respuesta al mercado internacional del grano que promueve los caf&eacute;s especiales,     lo cual hace que Juan Valdez aparezca en 2003 en Estados Unidos acompa&ntilde;ado de &quot;su familia&quot;, representada     por otros caficultores vestidos de trajes t&iacute;picos, seg&uacute;n la regi&oacute;n de Colombia, lo cual pone en evidencia lo que el     autor denomina &quot;el juego de las representaciones&quot;. De esta manera, llama la atenci&oacute;n sobre las relaciones     que se establecen entre gobiernos nacionales e intereses internacionales en la orientaci&oacute;n de los problemas locales y     regionales, en beneficio de intereses que muchas veces est&aacute;n m&aacute;s all&aacute; de los espec&iacute;ficamente regionales, como lo      evidencia el hecho de que, en muchos casos, Juan Valdez no es conocido por el caficultor com&uacute;n.</p>      <p>En la &uacute;ltima secci&oacute;n de la Revista, se presentan dos art&iacute;culos etnogr&aacute;ficos centrados en la vida    cotidiana de las familias campesinas de los Andes y la manifestaci&oacute;n de formas de poder relacionadas   con su condici&oacute;n de g&eacute;nero: Santiago &Aacute;lvarez, profesor del Programa de Postgrado en Antropolog&iacute;a Social, IDES-IDAES, Universidad Nacional de San Mart&iacute;n, analiza la construcci&oacute;n social agresiva de la masculinidad    y la violencia dom&eacute;stica en una comunidad campesina del Sumapaz, mientras que Francisco Pazzarelli,    estudiante de Doctorado en Antropolog&iacute;a en la Universidad Nacional de C&oacute;rdoba, en Argentina, nos introduce    en el mundo de la mujer en la cocina, argumentando que la preparaci&oacute;n de alimentos es crucial en la producci&oacute;n    de espacios de poder femeninos. Ambos art&iacute;culos presentan un amplio recuento bibliogr&aacute;fico de la literatura    antropol&oacute;gica latinoamericana sobre cada uno de los temas tratados, perspectiva comparativa que enriquece los  art&iacute;culos y les permite abordar de manera novedosa los temas.</p>      <p>Finalmente, se incluye en este n&uacute;mero de la revista <i>Ant&iacute;poda </i>la rese&ntilde;a del libro del antrop&oacute;logo David Gow    <i>Countering Development. Indigenous Modernity</i> and the Moral Imagination, </i>publicado por Duke University    Press en 2008. En cuanto al tema de la pol&iacute;tica p&uacute;blica, vale la pena resaltar del libro el cap&iacute;tulo 3, titulado    &quot;Planificaci&oacute;n del desarrollo, &iquest;esclavos de la modernidad o agentes de cambio?&quot;, en el cual hace un    an&aacute;lisis textual de los planes de vida y de desarrollo que ha elaborado cada una de las comunidades Nasa objeto    de estudio, los cuales precisamente responden a los lineamientos que ha establecido el Estado en la Ley de Ordenamiento    Territorial, que privilegia la participaci&oacute;n comunitaria en la elaboraci&oacute;n de los mismos. Es este cap&iacute;tulo en especial    el que toca el tema de c&oacute;mo es recibida y apropiada la pol&iacute;tica p&uacute;blica, y es muy rico etnogr&aacute;ficamente, pues hace una    descripci&oacute;n densa de los talleres realizados por las comunidades con este fin, as&iacute; como de la manera en que abordaron la    elaboraci&oacute;n de los planes de desarrollo en cuanto a la participaci&oacute;n de la comunidad, de las autoridades tradicionales,    de organizaciones regionales Nasa y de consultores de afuera, seg&uacute;n el caso.        <p>Esto me lleva a reiterar, para finalizar, que el an&aacute;lisis de los actores situados diferencialmente en comunidades que se forman alrededor de las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas es central para llevar a cabo una etnograf&iacute;a de las mismas.</p>  </font>      ]]></body>
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