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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[ANTROPOLOGÍA Y LITERATURA: TRAVESÍAS Y CONFLUENCIAS]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[   <font face="verdana" size="2">      <p><b>Presentaci&oacute;n</b></p>     <p>    <p align="center" ><font size="4"><b>ANTROPOLOG&Iacute;A Y LITERATURA: TRAVES&Iacute;AS Y CONFLUENCIAS</b></font></p>     <p><b>Juan Carlos Orrego<sup><a  name="s*" href="#*">*</a></sup></b> y <b>Margarita Serje<sup><a  name="s**" href="#**">**</a></sup></b></p>     <p><sup> <a  href="#s*" name="*">*</a></sup>   Doctorado en Literatura, Universidad de Antioquia, Medell&iacute;n. Colombia. <a href="mailto:languidamente@gmail.com"><i>languidamente@gmail.com</i></a>      <p><sup> <a  href="#s**" name="**">**</a></sup> Doctora en Antropolog&iacute;a Social y Etnolog&iacute;a de la &Eacute;cole des Hautes &Eacute;tudes enSciences Sociales, Par&iacute;s, Francia. <a href="mailto:mserje@uniandes.edu.co"><i>mserje@uniandes.edu.co</i></a>   <hr size="1">      <p><b>El v&iacute;nculo entre antropolog&iacute;a y literatura </b>surge, curiosamente, mucho antes de que se formalizaran las ciencias sociales a finales del siglo XIX. Se podr&iacute;a incluso decir que la antropolog&iacute;a, como reflexi&oacute;n sobre la unidad y la diversidad humana, nace desde muy temprano en la historia moderna en el seno de una tradici&oacute;n literaria en particular: la de los relatos de viaje. Las descripciones y reflexiones de los viajeros en la llamada &quot;era de los descubrimientos&quot;, que fueron centrales para la constituci&oacute;n del orden mundial moderno, al tiempo que transformaron la literatura (donde fundan nuevos temas e incluso nuevos g&eacute;neros, como el de la utop&iacute;a), dan forma a una serie de problemas alrededor de los cuales se va a estructurar, mas tarde, la antropolog&iacute;a. En esta forma narrativa -que viene de una larga tradici&oacute;n en Occidente que se remonta hasta los tiempos de Herodoto- confluyen las traves&iacute;as de peregrinos, mercaderes, aventureros, misioneros y conquistadores. Sus cr&oacute;nicas recogen, adem&aacute;s de las noticias del viaje, la experiencia de la alteridad en la que se expresan las relaciones de poder sobre las que se forja la relaci&oacute;n colonial. Los relatos de viaje no s&oacute;lo constituyen el corpus que dio base a las primeras reflexiones de la antropolog&iacute;a como disciplina y a los tropos con los que constituye su ret&oacute;rica: prefiguran tambi&eacute;n los dilemas que presenta el trabajo de campo como m&eacute;todo y como estrategia espacial, centrales para el desarrollo de la etnograf&iacute;a como pr&aacute;ctica constitutiva de la disciplina.</p>     <p>Los comienzos de la relaci&oacute;n formal entre ambas tradiciones estuvieron marcados por las convulsiones del nacimiento del siglo XX. Durante el cambio de siglo hab&iacute;a surgido un nuevo inter&eacute;s por el &quot;primitivismo&quot; en los medios culturales, literarios y art&iacute;sticos europeos: Victor Segalen, por ejemplo, se propone al regreso de su viaje por Ocean&iacute;a el proyecto de escribir su <i>Ensayo sobre el exotismo, </i>en 1904. Picasso sit&uacute;a el momento de su &quot;iluminaci&oacute;n&quot; en el museo etnogr&aacute;fico del Trocadero, en 1907. Ambos expresan la forma que asume ahora el inter&eacute;s por lo otro: como eje y como posibilidad de ruptura de la experiencia y de las formas de hacer modernas (por lo menos en el arte, la literatura, la cultura).</p>     <p>Este inter&eacute;s va a ser expresado en la relaci&oacute;n de una serie de movimientos de vanguardia que nacen de la mano con la etnolog&iacute;a, la que a su vez adopta como referente muchos de los dilemas de las vanguardias. La relaci&oacute;n entre las vanguardias y la etnolog&iacute;a marca de manera indeleble los v&iacute;nculos entre la antropolog&iacute;a y la literatura: su proximidad hist&oacute;rica se expresa no s&oacute;lo en sus objetos de indagaci&oacute;n (las culturas y las artes de las sociedades no modernas), sino en cuanto a las pr&aacute;cticas (en particular, las pr&aacute;cticas narrativas) y las formas de aproximarlos. Mientras que en el mundo anglosaj&oacute;n este inter&eacute;s no va m&aacute;s all&aacute; de la inclusi&oacute;n de ciertas piezas de la literatura oral en las colecciones folcl&oacute;ricas de la antropolog&iacute;a cultural de las primeras d&eacute;cadas del siglo XX -pi&eacute;nsese, entre los trabajos can&oacute;nicos, en <i>El arte primitivo </i>(1927) de Franz Boas-, y s&oacute;lo tard&iacute;amente se advirti&oacute; lo que hermanaba a ambas disciplinas, esta relaci&oacute;n toma formas muy particulares en Francia y en Am&eacute;rica Latina.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Desde la antropolog&iacute;a reflexiva francesa, varios autores han se&ntilde;alado y debatido las peligrosas relaciones entre surrealismo y etnograf&iacute;a (Jamin, 1986; Clifford, 1988; Richardson, 1993). El v&iacute;nculo que uni&oacute; a los etn&oacute;logos del Mus&eacute;e de l'Homme y del Institut d'Ethnologie y a los miembros del movimiento surrealista fue la certeza de que es en el encuentro con lo otro, que desnaturaliza y relativiza lo propio, donde se puede dislocar y desestabilizar el orden vigente. Vale la pena se&ntilde;alar aqu&iacute; el rechazo compartido que tuvieron al viaje ex&oacute;tico y al car&aacute;cter de los &quot;objetos primitivos&quot;. Por su parte, la etnolog&iacute;a -que busca en este momento consolidarse como disciplina a partir del trabajo de campo- se opone no s&oacute;lo a la &quot;antropolog&iacute;a de sill&oacute;n&quot; sino al viaje del <i>tour: </i>a su mirada a vuelo de p&aacute;jaro y su gusto superficial por el color local. Los surrealistas expresan tambi&eacute;n su rechazo al viaje rom&aacute;ntico, que Aragon en el <i>Manifiesto Surrealista </i>denuncia como una de las &quot;peque&ntilde;as nostalgias burguesas'. Este rechazo com&uacute;n lleva a que del encuentro entre surrealistas y antrop&oacute;logos surjan pr&aacute;cticas narrativas textuales y visuales de car&aacute;cter experimental, orientadas a transgredir los formatos y los l&iacute;mites tradicionales, con el fin de dislocar el lenguaje cotidiano. Ello se expres&oacute; particularmente en la revista <i>Documents, </i>dirigida por Georges Bataille como un espacio de pensamiento experimental que, de acuerdo con Clifford (1988), representa el principio del relativismo cultural y expresa tanto el impulso etnogr&aacute;fico del surrealismo como el principio surrealista de la etnograf&iacute;a. En esta revista se plasma tambi&eacute;n una confluencia alrededor de los objetos de la cultura material: del &quot;arte primitivo&quot;, proponiendo enfoques etnogr&aacute;ficos en los que se traslapan los debates de la etnolog&iacute;a con los dilemas del arte y la literatura del momento.</p>     <p>Por su parte, los movimientos de vanguardia latinoamericanos agruparon durante las primeras d&eacute;cadas del siglo XX una serie de propuestas pol&iacute;ticas y culturales multifac&eacute;ticas que surgieron a lo largo y ancho del continente, dirigidas a la construcci&oacute;n de formas de hacer nacionales, latinoamericanas y americanistas. Las vanguardias latinoamericanas se definieron a s&iacute; mismas como precursoras y nunca dudaron en presentarse como catalizadoras e incluso como germen de los movimientos modernistas europeos (Unruh, 1994). Se consolidaron, m&aacute;s que como un conjunto de trabajos y de autores (tanto en las artes como en la literatura, el teatro y, en general, en la cultura), como una actividad pol&iacute;tica que surgi&oacute; a lo largo y ancho del continente dedicada a explorar, recrear y reorientar el sentido y la naturaleza de la cultura latinoamericana. Estos movimientos congregaron no s&oacute;lo artistas, poetas y escritores, sino a los primeros antrop&oacute;logos que por esos a&ntilde;os estaban en el proceso de institucionalizar la disciplina en el continente, quienes participaron activamente en movimientos como la Antropofagia brasilera; Amauta, en Per&uacute;; los Muralistas y los Estridentistas, en M&eacute;xico, o el Grupo Minorista cubano, entre muchos otros<sup><a  name="s1" href="#1">1</a></sup>.</p>     <p>Estos grupos tuvieron en com&uacute;n el objetivo de redefinir la naturaleza y la funci&oacute;n social del Arte, la Historia y la Cultura en el continente, as&iacute; como experimentar nuevas formas de representaci&oacute;n art&iacute;stica y literaria. Su quehacer se centr&oacute;, sobre todo, en proponer una cr&iacute;tica a la modernidad latinoamericana: a sus expresiones sociales, econ&oacute;micas, pol&iacute;ticas, culturales (Unruh, 1994). Buscaron trazar un proyecto original de modernidad a partir ya no de una espiritualidad ind&iacute;gena idealizada, sino del reconocimiento de su dislocaci&oacute;n y su desmembramiento. La visi&oacute;n indigenista de Antonio Garc&iacute;a Nossa en Colombia, de Jos&eacute; Carlos Mari&aacute;tegui en Per&uacute;, o la creaci&oacute;n de una figura como Macuna&iacute;ma por M&aacute;rio de Andrade en Brasil, logran repolitizar y desafiar la negaci&oacute;n y la destrucci&oacute;n impl&iacute;citas en la caracterizaci&oacute;n de lo americano y lo amerindio como &quot;Otro&quot;, buscando forjar una mirada y una visi&oacute;n americana -latinoamericana- amerindia sobre el logos occidental.</p>     <p>Es precisamente de este quehacer de las vanguardias que surgen, no solamente nuevos objetos (de arte, de indagaci&oacute;n, de reflexi&oacute;n) que van a ser decisivos para la antropolog&iacute;a latinoamericana, sino nuevas formas narrativas. Los movimientos de vanguardia ponen en escena una serie de objetos de investigaci&oacute;n etnogr&aacute;fica -fundamentalmente latinoamericanos- que van a ser centro de atenci&oacute;n en las nacientes antropolog&iacute;as nacionales: el mestizaje, el indigenismo, la identidad latinoamericana, las identidades nacionales, el etnocidio, la historia colonial. Pero quiz&aacute; lo que va a ser central es el hecho de que su aproximaci&oacute;n a la cultura y la historia americanas surge como un modo novedoso de indagaci&oacute;n y reflexi&oacute;n, donde se borran las l&iacute;neas interdisciplinarias entre los lenguajes (tanto verbales como pict&oacute;ricos), la historia, la etnolog&iacute;a y la sociolog&iacute;a. Al mismo tiempo, se diluye la l&iacute;nea que separa las preocupaciones est&eacute;ticas de las pol&iacute;ticas, y en las que se buscan nuevas formas narrativas. Estas aproximaciones se expresan en trabajos cruciales de la antropolog&iacute;a latinoamericana durante la primera mitad del siglo XX, como <i>Casa Grande y Senzala </i>(1933) de Gilberto Freyre, el <i>Contrapunteo cubano del tabaco y el az&uacute;car </i>(1940) de Fernando Ortiz o, m&aacute;s tarde, <i>Ma&iacute;ra </i>(1976) de Darcy Ribeiro. Trabajos que no s&oacute;lo experimentan con nuevas formas narrativas, sino que ponen adem&aacute;s en cuesti&oacute;n ideas fundacionales de la antropolog&iacute;a metropolitana como el evolucionismo o el difusionismo, mediante conceptos cr&iacute;ticos como el de &quot;transculturaci&oacute;n&quot; de Ortiz o el de &quot;transfiguraci&oacute;n &eacute;tnica&quot; de Ribeiro.</p>     <p>La sospecha de que los antrop&oacute;logos, as&iacute; como los literatos, constru&iacute;an mundos figurados con palabras tuvo el tama&ntilde;o de un cisma en las llamadas &quot;antropolog&iacute;as del norte&quot;, s&oacute;lo en 1967, cuando la viuda de Bronislaw Malinowski autoriz&oacute; la publicaci&oacute;n de los viejos papeles de campo de su marido bajo el t&iacute;tulo de <i>A Diary in the Strict Sense of the Term </i>(Un diario en el sentido estricto del t&eacute;rmino). En esos documentos, el antrop&oacute;logo polaco hab&iacute;a consignado crudas reflexiones sobre sus depresiones maniacas, su invencible lujuria y, sobre todo, el profundo desprecio que por momentos le inspiraban los nativos de Kiriwina; revelaciones, &eacute;sas y otras muchas, que produjeron en Clifford Geertz una cr&iacute;tica implacable con visos de despecho: el antrop&oacute;logo norteamericano escribi&oacute; que su colega eslavo era un &quot;narcisista rezong&oacute;n, preocupado por s&iacute; mismo e hipocondr&iacute;aco&quot; (Geertz, citado por Stanton, 1998: 507). Por supuesto, lo que estaba en juego era algo m&aacute;s que la franqueza desma&ntilde;ada propia de todo diario: el gran corolario de esas confesiones era que los magn&iacute;ficos tratados etnogr&aacute;ficos de la &eacute;poca dorada del funcionalismo -el primero de todos, <i>Los argonautas del Pac&iacute;fico occidental </i>(1922)- hab&iacute;an sido, en alg&uacute;n grado, simulaciones de una interacci&oacute;n limpia y objetiva entre un etn&oacute;grafo capacitado y unos buenos salvajes hospitalarios. En otras palabras, Malinowski hab&iacute;a descorrido el velo que ocultaba la naturaleza ficticia de la distancia cient&iacute;fica.</p>     <p>No es gratuito que en la d&eacute;cada de los setenta -es decir, en los a&ntilde;os que siguieron a la publicaci&oacute;n de <i>A Diary in the Strict Sense of the Term-</i>una nebulosa de publicaciones hiciera visible el inter&eacute;s de los antrop&oacute;logos por los cruces de su disciplina con la literatura. De acuerdo con un inventario establecido por James Clifford, entre 1972 y 1979 vieron la luz once trabajos que &quot;se adentran en el campo de lo literario en la antropolog&iacute;a&quot;, entre ellos, obras tan can&oacute;nicas como <i>La interpretaci&oacute;n de las culturas </i>(1973) de Geertz y <i>El lenguaje perdido </i>(1973) de Jean Duvignaud (Clifford, 1991: 29). Con todo, ser&aacute; en la d&eacute;cada siguiente cuando la conciencia de la intersecci&oacute;n entre ambos discursos se consolide, propiamente, como un campo de estudio; en concreto, el que define como su objeto la naturaleza literaria de la escritura de los antrop&oacute;logos. Dos hechos acad&eacute;micos lo ilustran con suficiencia: el ya c&eacute;lebre <i>El antrop&oacute;logo como autor </i>(1988) de Geertz, libro empe&ntilde;ado en examinar la entra&ntilde;a ret&oacute;rica de un pu&ntilde;ado de cl&aacute;sicos antropol&oacute;gicos especialmente &quot;persuasivos&quot;; y, antes de eso, el seminario que tuvo lugar en 1984 en la School of American Research, en Santa Fe (Nuevo M&eacute;xico), y cuyas memorias engrosaron el volumen <i>Writing Culture: The Poetics and Politics of Ethnography </i>(1986), editado por George E. Marcus y James Clifford, y traducido al espa&ntilde;ol en 1991 como <i>Ret&oacute;ricas de la antropolog&iacute;a. </i>En la introducci&oacute;n de esa compilaci&oacute;n, es justamente Clifford quien mejor define lo que, por entonces, m&aacute;s interesaba a los antrop&oacute;logos en la coyuntura discursiva en que se cruzan su disciplina y la literatura: &quot;La etnograf&iacute;a es un fen&oacute;meno interdisciplinar emergente. Su influjo, y hasta su ret&oacute;rica, se expande abarcando aquellos campos en donde la cultura es un problema nuevo que amerita de una descripci&oacute;n y una cr&iacute;tica&quot; (Clifford, 1991: 27-28). Por supuesto, m&aacute;s que la propia etnograf&iacute;a, el escenario real de la convergencia interdisciplinar es la pr&aacute;ctica narrativa en que, necesariamente, deviene el gesto etnogr&aacute;fico; de ah&iacute; su encuentro con la literatura y todos los discursos empe&ntilde;ados en forjar im&aacute;genes representativas de la cultura. Fiel reflejo de esa complejidad, <i>Writing Culture </i>se configura como un libro diverso, al mismo tiempo que unificado, de acuerdo con un balance de Clifford: &quot;Muchas de las contribuciones aqu&iacute; recogidas funden la teor&iacute;a literaria con la etnogr&aacute;fica. Algunas se arriesgan en su aproximaci&oacute;n a los l&iacute;mites de la experimentaci&oacute;n, para acercarse, no sin cierto peligro, a un esteticismo que acerca sus posiciones a las institucional-mente aceptadas. Otros, llevados de un alto grado de entusiasmo, desembocan en formas experimentales de escritura. Pero en sus v&iacute;as diferentes &#91;...&#93; contemplan, los ensayos aqu&iacute; recogidos, la escritura acerca de lo etnogr&aacute;fico como una experiencia de cambio e inventiva&quot; (Clifford, 1991: 28).</p>     <p>La intersecci&oacute;n entre antropolog&iacute;a y literatura volvi&oacute; a ser centro de debate acad&eacute;mico en la &uacute;ltima d&eacute;cada del siglo xx, cuando en la Universidad de C&oacute;rdoba (Espa&ntilde;a), un grupo de profesores de antropolog&iacute;a social propuso la experiencia metodol&oacute;gica de la etnoliteratura. Se trataba, con ello, de reconocer la obra literaria como un campo sui g&eacute;neris para la pr&aacute;ctica antropol&oacute;gica; un reconocimiento de la literatura como objeto de la antropolog&iacute;a, y no, como en el caso de los investigadores reunidos en Santa Fe, de la literatura como modo forzoso de la expresi&oacute;n antropol&oacute;gica. As&iacute; lo se&ntilde;ala Manuel de la Fuente Lombo -la cabeza visible de esa corriente disciplinar- en el abrebocas del libro en que se divulgaron los trabajos presentados en un seminario basal de 1993, <i>Etnoliteratura. Un nuevo m&eacute;todo de an&aacute;lisis en antropolog&iacute;a: </i>&quot;El seminario ha preguntado, y ha tratado de responder, si es posible una Etnoliteratura como m&eacute;todo antropol&oacute;gico, es decir, una Antropolog&iacute;a desde la literatura, no una Literatura antropol&oacute;gica ni una Etnograf&iacute;a literaria&quot; (Fuente Lombo, 1994: 6).</p>     <p>En contraste con esta perspectiva, cabe destacar dos l&iacute;neas de trabajo que se han venido desarrollando desde (y sobre) los pueblos ind&iacute;genas de Am&eacute;rica Latina. Ambas parten de cuestionar la proyecci&oacute;n de las categor&iacute;as modernas -como la de &quot;literatura&quot;- al aproximar las pr&aacute;cticas narrativas y textuales de las sociedades no modernas. De esta manera, se han cuestionado, por una parte, las herramientas textuales usadas por la ling&uuml;&iacute;stica, el folklore y la etnolog&iacute;a mediante las cuales se recogen las narrativas ind&iacute;genas, al tiempo que las &quot;fijan&quot; separ&aacute;ndolas de sus contextos enunciativos y las reducen mediante el uso de categor&iacute;as occidentales -cargadas de contenidos y significados en la historia del mundo moderno-, como la de &quot;mito&quot;. As&iacute;, se ha reconocido que resulta problem&aacute;tico pensar que el concepto de mito pueda ser el traductor universal de una multiplicidad de formas narrativas ind&iacute;genas. Se ha propuesto, adem&aacute;s, que el corpus de textos, relatos y narraciones -muchas veces inscritos en la memoria colectiva de los pueblos-, m&aacute;s que un conjunto indiscriminado de diferentes tipos de &quot;mitos&quot; que pueden ser interpretados en s&iacute; mismos, no se puede desligar de un conjunto de pr&aacute;cticas, eventos, objetos, lugares, paisajes, narrativas, que movilizan significados y sentidos que tienen una fuerza ilocutoria o performativa. Entre estas propuestas, se pueden destacar en el caso colombiano trabajos como los de Landaburu y Pineda (1981), Echeverri (2002) y Urbina (2010).</p>     <p>Por otra parte, se ha venido realizando una serie de investigaciones que buscan explorar, tanto desde la antropolog&iacute;a como desde los estudios literarios, la pr&aacute;ctica de la escritura en pueblos ind&iacute;genas. Aunque estos pueblos se han caracterizado muchas veces como &quot;pueblos sin escritura&quot; o como &quot;culturas orales&quot;, desde tiempos coloniales se han apropiado de la escritura, interpelando a la Ciudad Letrada, mediante la producci&oacute;n de diferentes tipos de textos. El contrapunto entre este campo se puede ejemplificar con trabajos como el de Adorno (1986) sobre <i>El primer nueva cor&oacute;nica y buen gobierno </i>de Felipe Guam&aacute;n Poma de Ayala, y en el caso colombiano, con los trabajos de Rappaport (2005, 2012) o Espinosa (2009) que exploran las pr&aacute;cticas textuales ind&iacute;genas en el contexto m&aacute;s amplio de la memoria y la pol&iacute;tica.</p>     <p>Por supuesto, este balance tem&aacute;tico no podr&iacute;a aspirar a pensarse completo -as&iacute; sea nada m&aacute;s que de modo relativo- si no considerara la visi&oacute;n que los literatos pueden tener de la vecindad de la antropolog&iacute;a; m&aacute;xime si, como creemos, &eacute;sa es la perspectiva que ha dominado en Am&eacute;rica Latina en las coyunturas en que se ha manifestado la conciencia del v&iacute;nculo referido. La sugerencia procede del cr&iacute;tico cubano Roberto Gonz&aacute;lez Echevarr&iacute;a, quien en <i>Myth and Archive. A Theory of Latin American Narrative </i> (1990) ha establecido que una parte importante de la narrativa continental  -aquella particularmente interesada en explicar o justificar los orígenes y la  singularidad de las culturas regionales- ha mimetizado el discurso de la  antropología, cuyas recopilaciones e interpretaciones de las cosmovisiones alternativas han alcanzado un apreciable estatus enunciativo en un momento de quiebre de la hegemon&iacute;a racionalista occidental. En otras palabras, lo anterior equivale a decir que, al imitar la escritura antropol&oacute;gica, la literatura ha buscado &quot;autorizar&quot; sus representaciones de la cultura. Por lo dem&aacute;s, as&iacute; lo prueban los esfuerzos de escritores cercanos a la antropolog&iacute;a, tal cual ocurre con Miguel &Aacute;ngel Asturias, estudiante de etnolog&iacute;a en Par&iacute;s y autor de una saga de relatos y novelas en que la ficci&oacute;n ampl&iacute;a el alcance explicativo de los mitos mayas; o con Jos&eacute; Mar&iacute;a Arguedas, doctorado en etnolog&iacute;a en la madurez de su vida y autor de una obra narrativa en que la cosmovisi&oacute;n andina logra expresarse vigorosamente, en su alteridad, por medio de una traducci&oacute;n al c&oacute;digo est&eacute;tico occidental. No obstante, por tratarse del trabajo relativamente insular de escritores y no de proyectos consolidados en tradiciones acad&eacute;micas, esas fusiones leg&iacute;timas de la literatura y la antropolog&iacute;a latinoamericanas no suelen incluirse en los estados del arte del v&iacute;nculo interdisciplinar.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En efecto, la producci&oacute;n literaria basada en el saber antropol&oacute;gico no figura en el balance del encuentro entre antropolog&iacute;a y literatura que Joan Frigol&eacute; define como &quot;una relaci&oacute;n multifac&eacute;tica&quot; (Frigol&eacute;, 1996: 229). Para el antrop&oacute;logo catal&aacute;n, son cuatro las modalidades en que se materializa el cruce discursivo, todas ellas definidas desde la expectativa acad&eacute;mica: la emergencia del &quot;yo etnogr&aacute;fico&quot;, cuya expresi&oacute;n superlativa ser&iacute;an las &quot;novelas etnol&oacute;gicas&quot; producidas por algunos antrop&oacute;logos; las aplicaciones del m&eacute;todo etnoliterario promulgado en la Universidad de C&oacute;rdoba; el uso de obras literarias como fuentes de datos etnogr&aacute;ficos convencionales; y los estudios antropol&oacute;gicos que, como apoyo del trabajo de interpretaci&oacute;n cr&iacute;tica, iluminan los contextos culturales en que han sido producidas las obras literarias (Frigol&eacute;, 1996: 229-231). Recientemente, Joan Mira ha reafirmado esa posici&oacute;n subalterna reservada para la literatura, entendida como fuente de los datos que s&oacute;lo a la antropolog&iacute;a corresponde interpretar; pues toda obra narrativa, &quot;incluyendo la m&aacute;s elaborada y literaria de las novelas contempor&aacute;neas, es rigurosamente ind&iacute;gena y nativa&quot; (Mira, 2007: 562). Seg&uacute;n ese punto de vista, al escritor corresponde el rol del informante en el proceso de ex&eacute;gesis de la cultura. Pero, como creemos que ha quedado claro, esa presunta primac&iacute;a interpretativa del antrop&oacute;logo obedece al hecho simple de que ha sido &eacute;sa la posici&oacute;n enunciativa desde la que, unilateralmente, se ha reconocido y delimitado como campo de estudios eso que aqu&iacute; hemos llamado &quot;v&iacute;nculo entre antropolog&iacute;a y literatura&quot;. De hecho, no es gratuito que, al construir esa estructura gramatical conjuntiva, situemos adelante el nombre de la ciencia que representamos. Mientras tanto, la literatura se sabe autosuficiente como proyecto de comprensi&oacute;n de la condici&oacute;n humana.</p>     <p>El primer art&iacute;culo que recoge el n&uacute;mero es un trabajo provocador que abre el debate: &quot;Mito, magia, m&iacute;mesis&quot; de Eduardo Subirats, quien propone una reflexi&oacute;n sobre las comunes fuentes del mito y ciertas formas narrativas modernas -entre ellas, la novela latinoamericana de tema ind&iacute;gena-, relatos referidos, por igual, a la memoria de una realidad primordial.</p>     <p>Este art&iacute;culo se contrapone al trabajo de Carmen Bernand, &quot;Contrapuntos entre ficciones y verdades&quot;, que hace parte en la modalidad de los estudios interesados por los procesos culturales que tienen una manifestaci&oacute;n singular -si no exclusiva- en la literatura, o mejor, que arraigan especialmente en ella; en este caso espec&iacute;fico, el proceso de identificaci&oacute;n que lleva al campesino andino a reconocerse en las figuras familiares y triunfantes del imaginario hist&oacute;rico y regional.</p>     <p>Otros art&iacute;culos que componen este n&uacute;mero de <i>Ant&iacute;poda </i>reproducen, por fuerza, el estado de cosas del &quot;v&iacute;nculo&quot; seg&uacute;n se ve desde la antropolog&iacute;a. En un grupo muy definido se ubican cuatro art&iacute;culos interesados por las representaciones literarias de la cultura, es decir, trabajos que llaman la atenci&oacute;n sobre la pugna que antrop&oacute;logos y escritores han sostenido en torno a unos referentes comunes. Por un lado, Felipe Mart&iacute;nez Pinz&oacute;n propone, en &quot;Leer a Silva a contrapelo: <i>De sobremesa </i>como novela tropical&quot;, c&oacute;mo las representaciones espaciales ofrecidas por la literatura pretenden la identificaci&oacute;n t&oacute;pica de los sujetos sociales; eso s&iacute;, la &uacute;nica novela del poeta bogotano dejar&iacute;a ver un parad&oacute;jico orden de cosas en que dichas im&aacute;genes significan tanto la divulgaci&oacute;n de un imaginario etnogr&aacute;fico y geogr&aacute;fico nacional como su comentario cr&iacute;tico. Por su parte, en &quot;La fisura irremediable: ind&iacute;genas, regiones y naci&oacute;n en tres novelas de Mario Vargas Llosa&quot;, Mar&iacute;a de las Mercedes Ortiz Rodr&iacute;guez estudia c&oacute;mo en la ficci&oacute;n del nobel peruano -concretamente en <i>La casa verde, El hablador </i>y <i>Lituma en los Andes- </i>se abona a la vigencia de la imagen colonial y evolucionista del indio salvaje, reducido a las ant&iacute;podas de la modernidad. Asimismo, Ernesto M&aacute;chler Tobar se interesa por la representaci&oacute;n literaria de la discriminaci&oacute;n del indio en el proceso de reforma agraria de la Revoluci&oacute;n Mexicana; su art&iacute;culo, &quot;Entre la entelequia y el mito: la traici&oacute;n de la Revoluci&oacute;n Mexicana&quot;, muestra c&oacute;mo la narrativa mexicana previa al <i>boom </i>aport&oacute; a la memoria de una reivindicaci&oacute;n &eacute;tnica que, nacida como consigna pol&iacute;tica, jam&aacute;s pudo realizarse de facto. Finalmente, en &quot;De la ilegibilidad de lo ajeno. Lectura m&aacute;gica y escritura mim&eacute;tica en Alfred D&otilde;blin&quot; Sven Werkmeister problematiza la noci&oacute;n de la &quot;cultura como texto&quot;, en boga en la antropolog&iacute;a posmoderna; con base en las im&aacute;genes etnogr&aacute;ficas de la trilog&iacute;a <i>Amazonas </i>del escritor alem&aacute;n Alfred D&otilde;blin, el autor muestra c&oacute;mo la renuncia a la domesticaci&oacute;n hermen&eacute;utica de la alteridad puede significar su m&aacute;s leg&iacute;tima comprensi&oacute;n.</p>     <p>Con una perspectiva distinta, propia de los estudios interesados por el vigor antropol&oacute;gico de los estudios literarios, Anke Birkenmaier estudia -en su art&iacute;culo &quot;Entre filolog&iacute;a y antropolog&iacute;a: Fernando Ortiz y el D&iacute;a de la Raza&quot;-c&oacute;mo el antrop&oacute;logo cubano logr&oacute; forjar conceptos significativos de cultura y raza con base en el estudio de las expresiones ling&uuml;&iacute;sticas y folcl&oacute;ricas caribe&ntilde;as.</p>     <p>Esta edici&oacute;n monogr&aacute;fica se cierra con dos estudios que, por concentrarse en fen&oacute;menos verbales reconocidos como enunciaciones nativas -el mito, los cantos, la tradici&oacute;n oral-, pueden definirse como cl&aacute;sicos en el contexto del v&iacute;nculo entre antropolog&iacute;a y literatura. Con una perspectiva muy definida en t&eacute;rminos etnogr&aacute;ficos, Selnich Vivas Hurtado estudia, en <i>&quot;Kirigaiai: </i>los g&eacute;neros po&eacute;ticos de la cultura minika&quot; la especificidad literaria de dos g&eacute;neros po&eacute;ticos de una cultura del r&iacute;o Igaraparan&aacute;, en el Amazonas colombiano; su art&iacute;culo permite cobrar conciencia de la particularidad de una tradici&oacute;n verbal que no es sensible al instrumental cr&iacute;tico de la ling&uuml;&iacute;stica y la cr&iacute;tica literaria ortodoxas. En &quot;La ilusi&oacute;n del hermano: expedici&oacute;n a las mitograf&iacute;as antropol&oacute;gica y literaria del Yurupar&iacute;&quot; Juan Camilo Gonz&aacute;lez y Natalia Lozada establecen los puntos de contacto entre las ex&eacute;gesis originalistas que antrop&oacute;logos y estudiosos de la literatura han hecho del Yurupar&iacute;, como forma narrativa representativa de los grupos tucano y arawak del noroeste amaz&oacute;nico.</p>     <p>Aunque el proyecto acad&eacute;mico al que se adscribe la revista se centra en el g&eacute;nero del ensayo, hemos optado por incluir un trabajo literario de expresi&oacute;n antropol&oacute;gica: un art&iacute;culo de Christopher Britt que experimenta con diversos registros narrativos para presentar las condiciones y el contexto de un pueblo ind&iacute;gena en Colombia. Con estas contribuciones, que proponen reflexiones sobre los espacios de intersecci&oacute;n entre antropolog&iacute;a y literatura, se ponen en evidencia tanto la forma en que la literatura ha alimentado el pensamiento antropol&oacute;gico como la manera en que la antropolog&iacute;a y, en particular, la etnograf&iacute;a se han constituido como pr&aacute;cticas narrativas. </p>  <hr size="1">   <b>Comentarios</b>      <p><sup><a href="#s1" name="1">1</a></sup> De acuerdo con Vicky Unruh (1994), los diferentes grupos y sus posiciones est&eacute;ticas se identificaron muchas veces con el nombre de la revista <i>Mart&iacute;n Fierro </i>en Buenos Aires, <i>Contempor&aacute;neos </i>en M&eacute;xico, <i>Amauta </i>en Per&uacute;, <i>Revista de Avance </i>en La Habana, <i>Klaxon </i>y <i>Revista de Antropofagia </i>en Brasil), o con un &quot;-ismo&quot;: como el estridentismo en M&eacute;xico o el ultra&iacute;smo y neocriollismo en Argentina. En algunos casos, el -ismo era el proyecto est&eacute;tico de un individuo (como el creacionismo de Vicente Huidobro).   <hr size="1">    <b>Referencias</b></p>     <!-- ref --><p><b>1. Adorno, Rolena </b>1986. <i>Guaman Poma: Writing and Resistance in Colonial Peru </i>(1986, 2000). Austin, Texas, University of Texas Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000031&pid=S1900-5407201200020000300001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p><b>2. Clifford, James </b>1988. The Predicament of Culture: Twentieth-century Ethnography, Literature, and Art. Cambridge, MA, Harvard University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000033&pid=S1900-5407201200020000300002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p><b>3. Clifford, James </b>1991. Introducci&oacute;n: verdades parciales. En <i>Ret&oacute;ricas de la antropolog&iacute;a, </i>eds. Marcus, G. E. y James Clifford, pp. 25-60. Madrid, J&uacute;car.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000035&pid=S1900-5407201200020000300003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p><b>4. Echeverri, Juan &Aacute;lvaro </b>2002. Las escrituras de las narrativas orales ind&iacute;genas. En <i>Ense&ntilde;anza de lenguas en contextos multiculturales, </i>comp. Mar&iacute;a Trillos. Bogot&aacute;, Instituto Caro y Cuervo.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000037&pid=S1900-5407201200020000300004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p><b>5. Espinosa, M&oacute;nica </b>2009. <i>La civilizaci&oacute;n mont&eacute;s. La visi&oacute;n india y el trasegar de Manuel Quint&iacute;n Lame en Colombia. </i>Bogot&aacute;, Ediciones Uniandes.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000039&pid=S1900-5407201200020000300005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p><b>6. Frigol&eacute;, Joan </b>1996. Narrativas. Antropolog&iacute;a y literatura: una relaci&oacute;n multifac&eacute;tica. En <i>Ensayos de antropolog&iacute;a cultural. Homenaje a Claudio Esteva-Fabregat, </i>eds. Joan Prat y &Aacute;ngel Mart&iacute;nez, pp. 229-235. Barcelona, Ariel.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000041&pid=S1900-5407201200020000300006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p><b>7. Fuente Lombo, Manuel de la </b>1994. Pr&oacute;logo. En <i>Etnoliteratura: un nuevo m&eacute;todo de an&aacute;lisis en antropolog&iacute;a, </i>ed. Manuel de la Fuente Lombo, pp. 5-7. C&oacute;rdoba, Universidad de C&oacute;rdoba.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000043&pid=S1900-5407201200020000300007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p><b>8. Jamin, Jean </b>1986. L'ethnographie: Mode d'emploi. De quelques rapports de l'ethnologie avec la malaise dans la civilisation. En <i>Le mal et la douleur, </i>eds. Jacques Hainard y Roland Kaehr, pp. 45-79. Neuchâtel. Mus&eacute;e d'ethographie&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000045&pid=S1900-5407201200020000300008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b>9. Landaburu, Jon y Pineda C. Roberto </b>1981. Cuentos del diluvio de fuego. <i>Maguar&eacute; </i>1 (1).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000046&pid=S1900-5407201200020000300009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p><b>10. Mira, Joan F. </b>2007. Literatura y antropolog&iacute;a. En <i>Introducci&oacute;n a la antropolog&iacute;a social y cultural. Teor&iacute;a, m&eacute;todo y pr&aacute;ctica, </i>ed. Carmelo Lis&oacute;n Tolosana, pp. 547-567. Madrid, Akal.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000048&pid=S1900-5407201200020000300010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p><b>11. Rappaport, Joanne </b>2005. Cumbre renaciente: una historia etnogr&aacute;fica andina. Bogot&aacute;, Icanh.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000050&pid=S1900-5407201200020000300011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p><b>12. Rappaport, Joanne </b>2012. <i>Beyond the Lettered City: Indigenous literacies in the Andes. </i>Durham, NC, Duke University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000052&pid=S1900-5407201200020000300012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p><b>13. Richardson, Michael </b>1993. An Encounter of Wise Men and Cyclop Women: Considerations of Debates of Surrealism and Anthropology. <i>Critique of Anthropology </i>13 (1), pp. 57-75.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000054&pid=S1900-5407201200020000300013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p><b>14. Stanton, Gareth </b>1998. Etnograf&iacute;a, antropolog&iacute;a y estudios culturales: v&iacute;nculos y conexiones. En <i>Estudios culturales y comunicaci&oacute;n. An&aacute;lisis, producci&oacute;n y consumo cultural de las pol&iacute;ticas de identidad y el posmodernismo, </i>comps. James Curran, David Morley y Valerie Walkerdine, pp. 497-532. Barcelona, Paid&oacute;s.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000056&pid=S1900-5407201200020000300014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p><b>15. Tylor, Edward Burnett </b>1993. Cultura primitiva. En <i>Antropolog&iacute;a. Lecturas, </i>eds. Paul Bohannan y Mark Glazer, pp. 64-78. Madrid, McGraw-Hill-Interamericana.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000058&pid=S1900-5407201200020000300015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p><b>16. Unruh, Vicky </b>1994. <i>Latin American Vanguards: The Art of Contentious Encounters. </i>Berkeley, University of California Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000060&pid=S1900-5407201200020000300016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p><b>17. Urbina, Fernando </b>2010. <i>Las palabras del origen. Breve compendio de la mitolog&iacute;a de los uitotos. </i>Bogot&aacute;, Ministerio de Cultura.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000062&pid=S1900-5407201200020000300017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>    </font>      ]]></body><back>
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