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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="2">      <p align="center"><font size="4"><b>No voy a odiar</b></font></p>      <p align="center">Izzeldin Abuelaish </p>     <p>Rese&ntilde;a escrita por el profesor Marek Glezerman<sup>*</sup></p>      <p><sup>*</sup> Director del Hospital para Mujeres y director adjunto de Rabin Medical Center, Israel (texto adaptado de una entrevista concedida a Rally Armstrong). </p>     <p>(texto adaptado de una entrevista concedida a Rally Armstrong).</p>     <p align="center"><img src="img/revistas/recig/v13n16/v13n16a14img1.jpg"></p>       <p>A principios de la d&eacute;cada de 1990, cuando yo era jefe del Servicio de Obstetricia y Ginecolog&iacute;a en <I>Soroka Medical Center </I> de Beerseba, Israel, el doctor Izzeldin Abuelaish se puso en contacto conmigo para hacerme una consulta sobre unos pacientes a los que estaba tratando  en la Franja de Gaza. A partir de aquel momento comenz&oacute; a traerme a sus pacientes a mi consulta despu&eacute;s del trabajo. Eran en su mayor&iacute;a parejas con problemas de fertilidad a las que yo atend&iacute;a normalmente de forma gratuita. Con el tiempo llegu&eacute; a conocer bien a Izzeldin, m&eacute;dico dedicado y ser humano compasivo, y qued&eacute; impresionado  por la profunda empat&iacute;a que llegaba a tener con sus pacientes. Tambi&eacute;n descubr&iacute; que su modo de enfrentarse  y de entender la vida y el mundo en general era excepcional. Viajar desde Gaza al hospital Soroka no es f&aacute;cil. Nunca se sabe si la frontera va a estar cerrada ni si podr&aacute;s salir despu&eacute;s. Dado que tanto &eacute;l como sus compatriotas palestinos experimentan esta frustraci&oacute;n a diario, me parec&iacute;a extraordinario que Izzeldin nunca extendiese de modo general sus quejas. Nunca lo o&iacute; condenar las injusticias que hab&iacute;a sufrido de un modo gen&eacute;rico, sino siempre espec&iacute;fico, dirigiendo  sus cr&iacute;ticas a una situaci&oacute;n en concreto. Esta postura tambi&eacute;n se refleja en su actitud optimista de enfrentarse a la vida: parece incapaz de albergar un pesimismo existencial o clase alguna de desesperanza. Jam&aacute;s se regodea en pensar &laquo;lo que podr&iacute;a haberse hecho en el pasado&raquo;, sino que s&oacute;lo piensa en lo que se podr&aacute; hacer en el futuro. Es un hombre  que siempre mira hacia el porvenir, que siempre est&aacute; lleno de esperanza, algo bastante dif&iacute;cil en este mundo y particularmente en el suyo. </p>      <p>Otro  de los rasgos de car&aacute;cter m&aacute;s notables en Izzeldin es su deseo constante  de ampliar sus conocimientos. Siempre ha intentado completar su formaci&oacute;n y nunca se ha cansado de aprender y desarrollar sus capacidades. Cuando lo conoc&iacute;, hab&iacute;a estudiado obstetricia y ginecolog&iacute;a en Arabia Saud&iacute;, pero so&ntilde;aba con hacer su residencia en Israel. Para m&iacute; fue un gran reto conseguir que fuese el primer m&eacute;dico palestino que completara su residencia en nuestro pa&iacute;s. Los programas para la residencia de los m&eacute;dicos en Israel son muy intensos y alcanzan elevadas cotas de calidad. Teniendo en cuenta todas las dificultades a las que ten&iacute;a que enfrentarse viviendo en Gaza, el mayor obst&aacute;culo no era si tendr&iacute;a  formaci&oacute;n suficiente para hacerse acreedor  del puesto, sino si ser&iacute;a capaz de llevarlo a buen t&eacute;rmino, dado que nunca iba a poder estar seguro de si cruzar&iacute;a o no la frontera para encargarse de las tareas que lo esperar&iacute;an aqu&iacute;. </p>      <p>En 1995, m&aacute;s o menos cuando yo pas&eacute; a ocupar un puesto de responsabilidad  en otro hospital, Izzeldin fue admitido en el programa  de residencia en obstetricia  y ginecolog&iacute;a en Soroka Medical Center. Se trataba de una residencia dise&ntilde;ada a medida y destinada no a aprobar un examen sino a ampliar el curr&iacute;culum. Contra todo pron&oacute;stico consigui&oacute; completarla  con todas sus rotaciones en distintos servicios, con los problemas fronterizos diarios, la barrera del idioma y el inconveniente de los horarios. Por ejemplo: si un interno no se presenta a la hora debida, alguien debe hacer el turno por &eacute;l apenas sin tiempo para organizarlo, y a nadie le gusta hacer eso. En funci&oacute;n de lo que ocurriera en la frontera hab&iacute;a ocasiones en las que Izzeldin y otros palestinos de Gaza al igual que &eacute;l no pod&iacute;an entrar  en Israel. Otras veces, despu&eacute;s de haber hecho el turno de noche, no se le permit&iacute;a volver junto a su familia en Gaza. Pero &eacute;l nunca se rindi&oacute;. Complet&oacute; el programa  de seis a&ntilde;os, adquiri&oacute; un dominio absoluto del hebreo  y consigui&oacute; llegar a ser un competente ginec&oacute;logo y obstetra. </p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Izzeldin ten&iacute;a todas las razones del mundo  para sentirse frustrado, desilusionado y ofendido por el entorno en el que le ha tocado vivir, pero &eacute;l no es as&iacute;. A pesar de todo lo que ha visto y ha tenido que soportar,  su creencia en la coexistencia y en el proceso de paz entre palestinos y jud&iacute;os sigue firme. &Eacute;l no considera a Israel como una entidad monol&iacute;tica  en la que todo el mundo es igual. Conoce a muchos israel&iacute;es, algunos de los cuales han llegado a ser amigos suyos, que no desprecian a todos los palestinos por considerarlos terroristas,  y conoce a muchos palestinos que de la misma manera no califican a todos los israel&iacute;es como ocupantes de la extrema derecha. Izzeldin cree que hay dos pueblos que quieren vivir en paz y que est&aacute;n hartos de guerra y sangre. Tiempo atr&aacute;s la gente corriente de ambos lados era m&aacute;s militante y los gobiernos se sent&iacute;an quiz&aacute; m&aacute;s inclinados a buscar una soluci&oacute;n. Sin embargo, &eacute;l cree que la situaci&oacute;n presente es la contraria: la gente, tanto israel&iacute;es como palestinos, quiere vivir en paz, tener  una vida decente, un techo sobre la cabeza y seguridad para sus hijos. Son sobre todo los l&iacute;deres de sus comunidades  los que se empe&ntilde;an en seguir peleando las batallas inconclusas de ayer. </p>      <p>Hemos seguido manteni&eacute;ndonos en contacto a lo largo de los a&ntilde;os. Lo he visto en conferencias y, qu&eacute; duda cabe, hemos hablado sobre el conflicto en Oriente Pr&oacute;ximo y las posibilidades de que llegue la reconciliaci&oacute;n. Ambos somos optimistas. Ni &eacute;l ni yo creemos que los obst&aacute;culos ideol&oacute;gicos que nos impiden encontrar un &aacute;mbito com&uacute;n en el que construir  un futuro decente sean insuperables. Cuando  nuestros l&iacute;deres hablan ahora de paz, sus discusiones se centran  en el establecimiento de las futuras fronteras  geogr&aacute;ficas entre Israel y el estado palestino emergente. Y este enfrentamiento puede, debe y ser&aacute; resuelto un d&iacute;a. Sin duda, lo que estoy diciendo peca de simplismo. No podemos  obviar el hecho de que muchos fan&aacute;ticos de ambos lados siguen haciendo todo lo que est&aacute; a su alcance para tratar de imponer su visi&oacute;n extremista. Pero est&aacute;n en minor&iacute;a. La verdadera tragedia de nuestros pueblos radica en que pr&aacute;cticamente todo el mundo sabe cu&aacute;l ser&aacute; el resultado final y, sin embargo, son pocos los que est&aacute;n dispuestos a admitirlo y a actuar en con- secuencia: dos estados vecinos, Jerusal&eacute;n como ciudad con un estatus especial, el regreso simb&oacute;lico de unos cientos de miles de refugiados y la compensaci&oacute;n  por aquellos que no volver&aacute;n. La tragedia  radica en que la necedad de ambos bandos sigue inexorablemente su curso en direcci&oacute;n opuesta a este acuerdo y deja en el camino multitud  de bajas tanto jud&iacute;as como &aacute;rabes. Cuando me preguntan si mi optimismo nace del idealismo o del realismo, les digo que de una mezcla de ambos. Hay que ser realista aunque se sea un idealista. Y se tiene que ser idealista para poder soportar la realidad en que vivimos aqu&iacute;. Si se juzgaran nuestras vidas s&oacute;lo por lo que ha ocurrido ayer u hoy, ser&iacute;a imposible levantar la cabeza y mirar hacia el futuro. Y si, por otro lado, s&oacute;lo mir&aacute;ramos hacia delante, no dejar&iacute;amos de tropezar y caminar en c&iacute;rculos. </p>      <p>Izzeldin es realista, sabe bien que no vivimos en un jard&iacute;n de flores. Pero cree fervientemente que la medicina puede establecer puentes que salven el abismo entre nuestros pueblos. La medicina y la ciencia no conocen l&iacute;mites ni fronteras, ni deber&iacute;an conocerlos. Cuando investigo un asunto determinado, leo sobre el tema y tomo en consideraci&oacute;n  la informaci&oacute;n publicada en muchos sitios: Jap&oacute;n, Siria, Francia, Estados Unidos. Lo &uacute;nico que me importa es la calidad del informe, no de d&oacute;nde provienen sus autores. En los congresos internacionales nos reunimos con colegas de todo el mundo, a veces de pa&iacute;ses que no tienen relaciones diplom&aacute;ticas con nosotros o entre ellos. Cuando  inter- vengo en reuniones  cient&iacute;ficas, los &aacute;rabes no abandonan la sala del modo en que a veces lo hacen en Naciones Unidas. Si hablo de medicina y ciencia con un colega cuyo pa&iacute;s no tiene relaciones diplom&aacute;ticas con Israel, hablamos como profesionales... aun- que es f&aacute;cil que lo hagamos tambi&eacute;n de cuestiones del &aacute;mbito personal mientras nos tomamos luego un caf&eacute;. Aceptar distintos puntos de vista es posible si dos personas se conocen. </p>      <p>Izzeldin estuvo de visita en casa unas semanas antes de que el ej&eacute;rcito israel&iacute; comenzara  a bombardear Gaza y m&aacute;s tarde hablamos por tel&eacute;fono mientras ca&iacute;an las bombas. Le pregunt&eacute; c&oacute;mo se las arreglaban para vivir mientras estaban siendo ataca- dos bajo un fuego cruzado y constante con todos sus hijos en casa. Me contest&oacute;: &laquo;Como todo el mundo: durmiendo todos juntos en la misma habitaci&oacute;n. Ponemos unos cuantos ni&ntilde;os contra una pared y al resto contra la otra, de modo que si nos alcanzan no caigamos todos a la vez&raquo;. El 16 de enero de 2009 tres de sus hijas estaban junto a la pared equivocada. Despu&eacute;s de la tragedia &iquest;qui&eacute;n lo habr&iacute;a culpado si se hubiera dejado llevar por el ansia de venganza y el desprecio? </p>      <p>Un peque&ntilde;o  grupo de israel&iacute;es influyentes  pidieron  una investigaci&oacute;n  formal del ataque sobre la casa de Izzeldin y el Ministerio  de Defensa respondi&oacute; con rodeos y evasivas. En la actualidad un n&uacute;mero  creciente  de voces israel&iacute;es, a las que se han sumado cierto n&uacute;mero de parlamentarios, est&aacute;n pidiendo lo mismo pero a mayor escala, pero sigue sin ponerse en marcha una investigaci&oacute;n formal e independiente por parte de Israel. Lo que las autoridades han ofrecido por el momento no es suficiente. Si una investigaci&oacute;n formal llegase a la conclusi&oacute;n de que se cometi&oacute; un descomunal error, que es lo que parece, el ej&eacute;rcito tendr&iacute;a que admitirlo de modo taxativo y sincero... y por supuesto disculparse y asumir sus responsabilidades. </p>      <p>La notable energ&iacute;a de Izzeldin podr&iacute;a haberse transformado en odio, pero no escogi&oacute; ese camino, sino que, como es habitual en &eacute;l, redirigi&oacute;  toda esa energ&iacute;a a conseguir vivir en un lugar mejor, algo que &eacute;l resume en una frase sencilla pero extraordinaria: &laquo;Si supiera que el sacrificio de mis hijas iba a ser el &uacute;ltimo en el camino a la paz entre palestinos e israel&iacute;es, podr&iacute;a aceptarlo&raquo;. </p>      <p>Izzeldin lucha por sus convicciones. Est&aacute; dedicado en cuerpo y alma a mejorar su entorno a su manera, que es la medicina. Es posible que Albert Schweitzer, por ejemplo, no fuera el m&eacute;dico m&aacute;s aclamado de su tiempo, pero mediante  la medicina alert&oacute; al mundo  del sufrimiento de &Aacute;frica. Oblig&oacute;  a la gente a considerar el continente africano desde un &aacute;ngulo distinto y a comprender lo que es el sufrimiento y lo que los privilegiados deben hacer por los desheredados. Creo firmemente que la principal contribuci&oacute;n de Schweitzer a la medicina no fue tanto la ayuda que prest&oacute; a miles de africanos sino haber propiciado la sensibilizaci&oacute;n del mundo  desarrollado sobre nuestros  hermanos menos privilegiados. Florence Nightingale es otro ejemplo. Consagr&oacute; su vida a alimentar y mejorar los cuidados m&eacute;dicos que recib&iacute;an los pobres, y demostr&oacute; cu&aacute;l es el papel humanitario de la medicina. Nos ense&ntilde;&oacute; que es necesario anteponer la com- prensi&oacute;n al tratamiento. </p>      <p>Creo que Izzeldin ha mostrado tanta pasi&oacute;n, tanta compasi&oacute;n y tanta dedicaci&oacute;n a mejorar la condici&oacute;n humana que por ello ser&iacute;a ya un m&eacute;dico extraordinario. Pero es un hombre  que trasciende el ejercicio de la medicina. Para &eacute;l la medicina es la herramienta que utiliza para ayudar a sus cong&eacute;neres  a comprender  mejor los problemas de los dem&aacute;s, a comunicarse mejor, a ayudarnos a vivir juntos. Las muchas mujeres a las que ha tratado o a las que ha ayudado a dar a luz en Soroka, los muchos colegas israel&iacute;es con los que ha compartido situaciones estresantes en un ajetreado  entorno cl&iacute;nico, que lo han sustituido siempre que lo ha necesitado o a quienes &eacute;l ha cubierto en otras ocasiones, sus superiores y sus iguales... todos han encontrado en Izzeldin a un m&eacute;dico palestino nacido en el campo de refugiados de Jabalia que trata a sus pacientes con profesionalidad y con compasi&oacute;n, que es un igual entre iguales y que ha sabido hacerse su amigo. Los pacientes palestinos que acuden a Soroka han encontrado m&eacute;dicos y enfermeras  israel&iacute;es que los tratan con humanidad y en funci&oacute;n de su estado de salud y no de su origen. As&iacute; es como la medicina tiende puentes entre pueblos divididos. </p>      <p>Hace unos diez a&ntilde;os Izzeldin iba a acudir a una conferencia m&eacute;dica en Chipre. Sali&oacute; de la Franja de Gaza y fue al aeropuerto, pero las autoridades no lo dejaron embarcar por razones de seguridad, as&iacute; que perdi&oacute; el vuelo. Ten&iacute;a un permiso por el que s&oacute;lo pod&iacute;a salir en un d&iacute;a en concreto  y no hab&iacute;a otro  avi&oacute;n hasta el d&iacute;a siguiente. Tampoco pod&iacute;a quedarse en el aeropuerto, de modo que qued&oacute; atrapado en tierra de nadie. La mayor&iacute;a de personas que conozco se habr&iacute;an puesto furiosas. Me llam&oacute; y yo llam&eacute; a algunos amigos para que pudiese tomar el avi&oacute;n que sal&iacute;a al d&iacute;a siguiente. Pas&oacute; la noche en nuestra casa. Yo esperaba encontrarme con un hombre enfadado, humillado incluso, pero cu&aacute;l fue mi sorpresa al descubrir que s&oacute;lo estaba enfadado con el funcionario del aeropuerto, es decir, con una persona individual y no con todos los israel&iacute;es. As&iacute; es Izzeldin: nunca se deja llevar hasta generalizar. Se limit&oacute; a decir: &laquo;Ese tipo no s&oacute;lo ha sido desconsiderado, sino que adem&aacute;s est&aacute; enga&ntilde;ado. Se ha comportado de forma grosera porque no entiende nada&raquo;. </p>      <p>Izzeldin no generaliza como hacemos la mayor&iacute;a de nosotros. Imaginemos  por ejemplo que vamos de vacaciones a Italia y da la casualidad de que contratamos  los servicios de un taxista que resulta ser terrible; llegamos al hotel y nos encontramos con un hombre muy desagradable atendiendo la recepci&oacute;n. Volver&iacute;amos a casa hablando mal de todos los italianos. Pues Izzeldin nunca reaccionar&iacute;a as&iacute;. Tom&oacute; el avi&oacute;n al d&iacute;a siguiente atendido por un empleado que no andaba buscando una excusa cualquiera para ensa&ntilde;arse con un &aacute;rabe. </p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>A veces la ira es importante y debemos tener la posibilidad de enfadarnos. Pero Izzeldin dirige su ira de un modo controlado, sin dejar que se esparza, que lo desborde y que lo distraiga de su verdadero objetivo. </p>      <p>En unas circunstancias muy tr&aacute;gicas Izzeldin ha despertado la atenci&oacute;n internacional. Ha sido entrevistado  por los principales peri&oacute;dicos, ha aparecido en programas  de televisi&oacute;n de gran audiencia y se ha encontrado y ha hablado con los l&iacute;deres del mundo,  y lo m&aacute;s sorprendente de todo ello es que no ha cambiado lo m&aacute;s m&iacute;nimo.</p>      <p>&Uacute;ltimamente he o&iacute;do decir a varias personas que es demasiado bueno para ser real. Despu&eacute;s de haber perdido a sus hijas &iquest;c&oacute;mo puede a&uacute;n hablar de paz y de amor, y seguir teniendo amigos israel&iacute;es? Hay quien ha llegado a preguntarse si no se estar&aacute; aprovechando  de su tragedia. Pero yo lo conozco desde hace muchos a&ntilde;os y puedo dar fe de que nada podr&iacute;a estar m&aacute;s lejos de la verdad. Su visi&oacute;n de la coexistencia es honda, fuerte, coherente... tan fuerte como para no haberse visto alterada por una tragedia tan desgarradora que resulta dif&iacute;cil imaginar c&oacute;mo es posible sobrevivirla. Y &eacute;l sigue adelante. </p>      <p>Izzeldin ha centrado ahora todos sus esfuerzos en crear una fundaci&oacute;n en honor a sus tres hijas muertas, destinada a promover las relaciones entre chicas jud&iacute;as y palestinas y a fomentar su educaci&oacute;n. Para ello est&aacute; organizando una escuela dedicada a este fin. Donde quiera que va, con quienquiera que habla, su objetivo es encontrar el modo de tender  puentes en una regi&oacute;n tan dividida como la nuestra. Por ahora ha conseguido  conmover a muchas personas influyentes tanto con su dolor como con su visi&oacute;n del futuro, y s&eacute; que no cejar&aacute; en su empe&ntilde;o. Si hay una sola persona que pueda conseguir poner en marcha este proyecto, esa persona es &eacute;l. Yo s&oacute;lo puedo desearle que alcance el &eacute;xito. </p> <hr>     <p><B><font size="3">Referencias</font></b></p>      <!-- ref --><p>1. Abuelaish, I. (2011a). I Shall Not Hate: A Gaza Doctor’s Journey on the Road to Peace and Human Dignity (2010, Foreword by Marek Glezerman. Maps on pages IX and 64 by Ortelius Design). New York: Walker and Company.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000028&pid=S1900-6586201500020001400001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><P>2. Abuelaish, I. (2011b). No voy a odiar. Viaje de un m&eacute;dico de Gaza por el camino de la paz y de la dignidad humana (traducci&oacute;n al espa&ntilde;ol).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000030&pid=S1900-6586201500020001400002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></P>  </font>      ]]></body><back>
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