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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="2">      <p align="center"><font size="4"><b>Wells, H. G. (2005). La guerra de los mundos</b></font></p>      <p align="center">Rese&ntilde;a del libro &ldquo;La guerra de los mundos&rdquo;, H. G. Wells.</p>      <p align="center"><i>V&iacute;ctor Hugo Bernal Boh&oacute;rquez</i>    <br> Universidad Javeriana, Bogot&aacute;, Colombia. Comentarios a: <a href="mailto:victorbernal@javeriana.edu.co">victorbernal@javeriana.edu.co</a>.</p> <hr>      <p align="center"><a name="fig1"></a><img src="img/revistas/recig/v14n18/v14n18a20f1.jpg"></p>      <p align="center"><font size="3"><b>La guerra que todos perdemos</b></font></p>      <p align="right"><i>Si no acabamos con la guerra, la guerra acabar&aacute; con nosotros.    <br>  (&hellip;)    <br>  De d&iacute;a estamos tan ocupados en nuestros pobres asuntos, que nos parece imposible que alguien, all&aacute; arriba, vigile nuestros pasos y, laborioso y met&oacute;dico, planee la conquista del planeta Tierra. S&oacute;lo la noche es capaz, con su oscuridad y su silencio, de crear las condiciones para que los marcianos, los selenitas y dem&aacute;s seres que habitan el universo, tengan cabida en nuestra imaginaci&oacute;n.</i>    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> H. G. Wells</p>      <p><i>La guerra de los mudos</i> fue escrita en 1898, siendo la primera novela cuyo t&oacute;pico es una invasi&oacute;n marciana. As&iacute;, en un escenario hipot&eacute;tico donde la inminente destrucci&oacute;n de la humanidad por parte de alien&iacute;genas es inevitable, los seres humanos pierden el control de su organizaci&oacute;n social y son representados como animales furtivos que huyen de sus cazadores. Por otra parte,  todos los sucesos son narrados por el protagonista, que en su lucha por sobrevivir observa c&oacute;mo los estamentos de toda la sociedad son derrumbados. Precisamente, es en esta destrucci&oacute;n social donde incide el argumento cr&iacute;tico de la historia, cuestionando temas como la invasi&oacute;n por recursos, la ciencia moderna, los sistemas pol&iacute;ticos, la religi&oacute;n y las fuerzas armadas; Wells evidencia la debilidad que caracteriza a los seres humanos para controlar el conocimiento adquirido a trav&eacute;s del tiempo.</p>      <p>La novela se desarrolla en la ciudad de Londres a finales del siglo XIX y comienzos del XX, una &eacute;poca en que los avances cient&iacute;ficos entorno a la revoluci&oacute;n industrial promet&iacute;an una bonanza de progreso y beneficios para la sociedad; los cuales en poco tiempo se vieron opacados por la desigualdad social que la misma industrializaci&oacute;n generaba, tal y como lo narr&oacute; Charles Dickens en sus novelas. Por otro lado, la b&uacute;squeda de recursos en el continente africano ante todo comprob&oacute; el m&eacute;todo como el ser humano, apoyado en su tecnolog&iacute;a de transporte y de armamento, explotaba y subyugaba a las diferentes poblaciones ind&iacute;genas; cuyo destino final quedaba en manos de los colonizadores europeos. A ra&iacute;z de las consecuencias de estos avances, Wells toma una posici&oacute;n cr&iacute;tica ante la realidad social de su &eacute;poca; y para describir estas circunstancias compuso narraciones que se enmarcan en el plano de la ciencia ficci&oacute;n.</p>      <p>As&iacute; el autor, bi&oacute;logo de profesi&oacute;n y amante de la ciencia por vocaci&oacute;n, est&aacute; al tanto de todos los avances y desarrollos de su &eacute;poca, uno de los periodos m&aacute;s interesantes en cuanto a historia de la ciencia se refiere. Por esta raz&oacute;n Wells aborda los temas cient&iacute;ficos, en donde se especulaba sobre viajes al espacio exterior y acerca de la posibilidad de vida extraterrestre; y teje una narraci&oacute;n extraordinaria basada en las expectativas que le brinda la ciencia. De esta manera, da vida a su mundo y desarrolla toda una secuencia programada del ataque a Inglaterra, ubicando al poder&iacute;o militar ingl&eacute;s en una posici&oacute;n muy comprometedora ya que sus fuerzas no pueden hacer nada ante la tecnolog&iacute;a alien&iacute;gena. Simult&aacute;neamente, historiadores como Jared Diamond (Diamond, 2007) y David Cook (Cook, 2005) sostienen que los procesos de colonizaci&oacute;n atraviesan varios puntos en com&uacute;n, puesto que la colonizaci&oacute;n s&oacute;lo se logra en tres &aacute;mbitos, a saber: la capacidad tecnol&oacute;gica de armamento, las enfermedades que no son t&iacute;picas del lugar, y el dominio de los elementos de la naturaleza.</p>      <p>Desde esta perspectiva, <i>La Guerra de los Mundos</i> sintetiza aquellas teor&iacute;as en su historia; ya que los extraterrestres superan tecnol&oacute;gicamente a los humanos y, al final, son los g&eacute;rmenes terr&iacute;colas los que acaban con la invasi&oacute;n.</p>      <p>Por consiguiente, se consolida el respectivo contexto de la obra, mediante la narraci&oacute;n del protagonista cuyo anonimato ubica al lector en una posici&oacute;n de igualdad, de modo que no interesa en realidad qui&eacute;n es el personaje central, puesto que podr&iacute;a ser cualquiera. De esta manera se narra el comienzo de la invasi&oacute;n, y cuando los alien&iacute;genas dejan expuesto su funesto plan, entonces el protagonista da cuenta de c&oacute;mo el mundo poco a poco se derrumba. Primero es acompa&ntilde;ado por un cura, el cual llega a ser un personaje que representa la impotencia de los estamentos religiosos: para quienes la existencia de extraterrestres supone cambios fundamentales en las doctrinas teol&oacute;gicas sobre la vida.  As&iacute;, el cura se convierte en un personaje particularmente detestable por su miedo y su incapacidad de razonar ante los hechos, para &eacute;l todo es cuesti&oacute;n divina y est&aacute; al borde de la locura porque no entiende c&oacute;mo Dios lo castiga de esta manera: &ldquo;&iquest;Qu&eacute; significa todo esto? -dijo- &iquest;Qu&eacute; son estas cosas? (&hellip;) &iquest;Por qu&eacute; existen estas cosas? &iquest;Qu&eacute; pecados hemos cometido?&rdquo; (Wells, 2005, p&aacute;g. 82).</p>      <p>Al final su irracionalidad lo expone ante los marcianos que sin vacilar lo calcinan con sus armas de gran tecnolog&iacute;a. En segundo lugar aparece el artillero, un soldado que ya no tiene esperanzas de vencer y enfoca su fuerza en sobrevivir, ya que piensa que el futuro pr&oacute;ximo de la humanidad, despu&eacute;s del completo establecimiento de los marcianos, es la de ser simple ganado para su consumo; y aunque el protagonista en un comienzo se contagia de su &iacute;mpetu y confiesa: &ldquo;por un momento el atrevimiento imaginativo del artillero y el tono de certeza y valor que adopt&oacute; dominaron mi mente por completo&rdquo; (Wells, 2005, p&aacute;g. 178), pronto caer&aacute; en cuenta de lo absurdo que significa continuar y, en consecuencia, que dicho plan no tiene sentido, y concluye: &ldquo;Decid&iacute; abandonar a este extra&ntilde;o e indisciplinado so&ntilde;ador con su bebida y glotoner&iacute;a, y continuar mi camino hasta Londres&rdquo; (Wells, 2005, p&aacute;g. 182).  Ya solo ve en este pobre soldado la impotencia de un ej&eacute;rcito, tiempo atr&aacute;s orgulloso, que ahora se encuentra devastado y sin ninguna otra oportunidad en el mundo.</p>      <p>As&iacute; las cosas, lo &uacute;nico que queda es esperar de la ciencia el milagro de la salvaci&oacute;n, ya que ni Dios ni el ej&eacute;rcito pudieron, pero los cient&iacute;ficos en medio del caos que ocasiona una cat&aacute;strofe es poco lo que pueden vislumbrar. Tan s&oacute;lo queda esperar un milagro y es la naturaleza en su condici&oacute;n m&aacute;s pr&iacute;stina la que finaliza con la mortal amenaza, ya que son las bacterias terrestres que atacan silenciosamente la forma de vida invasora.</p>      <p>En conclusi&oacute;n, &ldquo;La Guerra de los Mundos&rdquo; funciona como una paradoja del ser humano cuando es desplazado, de la misma forma que desplazamos a otros seres vivos del planeta en la escala de superioridad, y entonces nos refugiamos en las fuerzas armadas que intentan lo imposible para detener a aquellos discriminados. Tambi&eacute;n tenemos a la religi&oacute;n que tampoco puede hacer nada y, por &uacute;ltimo, a los cient&iacute;ficos que terminan por aceptar el milagro de la creaci&oacute;n que en su sabidur&iacute;a protege a la humanidad de la destrucci&oacute;n inminente.</p>  <hr>     <p><b>Referencias</b></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>1. Cook, N. D. (2005). <i>La conquista biol&oacute;gica: las enfermedades en el nuevo mundo .</i> Buenos Aires: Siglo XXI.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5665370&pid=S1900-6586201600020002000001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>        <!-- ref --><p>2. Diamond, J. (2007). <i>Armas&cedil; g&eacute;rmenes y acero.</i> Madrid: DeBolsillo.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5665372&pid=S1900-6586201600020002000002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>3. Wells, H.G. (2005). <i>La guerra de los mundos. </i>M&eacute;xico D.F: Sexto Piso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5665374&pid=S1900-6586201600020002000003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>    </font>      ]]></body><back>
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