<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1"?><article xmlns:mml="http://www.w3.org/1998/Math/MathML" xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xmlns:xsi="http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance">
<front>
<journal-meta>
<journal-id>1900-9607</journal-id>
<journal-title><![CDATA[CES Medicina Veterinaria y Zootecnia]]></journal-title>
<abbrev-journal-title><![CDATA[Ces. Med. Vet. Zootec.]]></abbrev-journal-title>
<issn>1900-9607</issn>
<publisher>
<publisher-name><![CDATA[Universidad CES]]></publisher-name>
</publisher>
</journal-meta>
<article-meta>
<article-id>S1900-96072014000100001</article-id>
<title-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[La influencia del consumo de carne en la evolución humana]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[The influence of meat consumption on human evolution]]></article-title>
<article-title xml:lang="pt"><![CDATA[A influência do consumo de carne na evolução humana]]></article-title>
</title-group>
<contrib-group>
<contrib contrib-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Urrego]]></surname>
<given-names><![CDATA[Rodrigo]]></given-names>
</name>
</contrib>
</contrib-group>
<aff id="A">
<institution><![CDATA[,  ]]></institution>
<addr-line><![CDATA[ ]]></addr-line>
</aff>
<pub-date pub-type="pub">
<day>00</day>
<month>06</month>
<year>2014</year>
</pub-date>
<pub-date pub-type="epub">
<day>00</day>
<month>06</month>
<year>2014</year>
</pub-date>
<volume>9</volume>
<numero>1</numero>
<fpage>12</fpage>
<lpage>14</lpage>
<copyright-statement/>
<copyright-year/>
<self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1900-96072014000100001&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_abstract&amp;pid=S1900-96072014000100001&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_pdf&amp;pid=S1900-96072014000100001&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri></article-meta>
</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">     <p>EDITORIAL</p>      <P align="center"><B><font size="4">La influencia del consumo de carne en la evoluci&oacute;n humana</font></b></p>      <p>En la antigua Grecia era com&uacute;n que Arist&oacute;teles hiciera referencia al ser humano como &ldquo;animal pol&iacute;tico&rdquo;. Algunos a&ntilde;os despu&eacute;s, en la misma Grecia, Galeno de P&eacute;rgamo logr&oacute; disecar varios tipos de animales y constat&oacute; que los &oacute;rganos, tejidos, venas, arterias y huesos son similares a los de los humanos. Ya en el siglo XVIII Charles Darwin, Thomas Huxley y Ernest Haeckel demostraron contundentemente que los humanos no son un producto de la creaci&oacute;n sino de la evoluci&oacute;n y los recientes avances en las t&eacute;cnicas moleculares han permitido corroborar que los humanos y los chimpanc&eacute;s comparten el 98% de su genoma. De manera tal, es evidente que hacemos parte del mundo animal, pero somos excepcionales ya que cocemos nuestros alimentos y asamos la carne a la parrilla mientras socializamos con los mismos de nuestra especie.</p>      <p>Seg&uacute;n las evidencias, nuestros antepasados comenzaron a consumir carne hace aproximadamente 2.5 millones de a&ntilde;os, cuya fuente eran restos de mam&iacute;feros conseguidos inicialmente a partir del carro&ntilde;eo y luego combinado con la caza. Una caracter&iacute;stica importante de estos hom&iacute;nidos es que pose&iacute;an un tracto digestivo mayor y unos dientes m&aacute;s grandes para poder triturar y digerir los alimentos. Se estima que un individuo de ese entonces, destinaba el 25% del tiempo a masticar.  Pero ocurrieron dos hechos trascendentales en la evoluci&oacute;n de los <I>Homo</I>. Uno, el desarrollo de herramientas afiladas que permit&iacute;an romper el pellejo de los animales muertos y llegar a la carne y a tejidos como la m&eacute;dula &oacute;sea y el cerebro, lo cual mejor&oacute; la posibilidad de acceder a una mayor cantidad de carne animal proporcionando niveles adecuados de &aacute;cidos grasos que sustentaron una r&aacute;pida evoluci&oacute;n del cerebro. Y dos, la domesticaci&oacute;n del fuego que tuvo una gran influencia en la evoluci&oacute;n de nuestros antepasados. Si no cocin&aacute;ramos los alimentos, tendr&iacute;amos que pasar la mitad de nuestros d&iacute;as masticando igual que nuestros primos m&aacute;s cercanos, los chimpanc&eacute;s.</p>     <p>Por ende, cuando el hombre comienza asar la carne pasan tres cosas: 1) disminuci&oacute;n en el tama&ntilde;o del intestino, pues al asar la carne y otros alimentos como los tub&eacute;rculos aumenta la disponibilidad de los nutrientes; 2) disminuci&oacute;n del tama&ntilde;o de los dientes, debido a que la carne al ser asada se vuelve mucho m&aacute;s f&aacute;cil de masticar y 3) un aumento del cr&aacute;neo lo que conlleva a un cerebro m&aacute;s grande y complejo con una mayor cantidad de conexiones neuronales debido al trabajo cerebral para mejorar la eficiencia en la caza y as&iacute; poder consumir m&aacute;s carne. A la postre, esto conlleva al desarrollo del lenguaje y a una capacidad cognitiva mucho mayor con respecto a la de los dem&aacute;s animales, tal como lo explica Richard Wrangham de la Universidad de Harvard en su libro <I>Catching Fire: How Cooking Made Us Human.</I></p>     <p>De manera tal que, el asado jug&oacute; un rol clave en nuestra evoluci&oacute;n. Bienvenidos todos los trabajos enfocados hac&iacute;a la calidad de la carne, bienvenidos los cortes novedosos atractivos a las parrillas, bienvenida la trazabilidad que le da un sello de calidad a la carne y nos brinda seguridad. Bienvenido el consumo de carne animal, no podemos olvidar que la profesi&oacute;n m&aacute;s antigua del mundo es la de cocinero y dentro de est&aacute; la de parrillero. </p>     <p><b>Rodrigo Urrego</b>    <br> Editor t&eacute;cnico</p>  </font>      ]]></body>
</article>
