<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1"?><article xmlns:mml="http://www.w3.org/1998/Math/MathML" xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xmlns:xsi="http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance">
<front>
<journal-meta>
<journal-id>1909-2474</journal-id>
<journal-title><![CDATA[Luna Azul]]></journal-title>
<abbrev-journal-title><![CDATA[Luna Azul]]></abbrev-journal-title>
<issn>1909-2474</issn>
<publisher>
<publisher-name><![CDATA[Universidad de Caldas]]></publisher-name>
</publisher>
</journal-meta>
<article-meta>
<article-id>S1909-24742010000100001</article-id>
<title-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[EDITORIAL]]></article-title>
</title-group>
<contrib-group>
<contrib contrib-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Tobasura Acuña]]></surname>
<given-names><![CDATA[Isaías]]></given-names>
</name>
</contrib>
</contrib-group>
<aff id="A">
<institution><![CDATA[,  ]]></institution>
<addr-line><![CDATA[ ]]></addr-line>
</aff>
<pub-date pub-type="pub">
<day>00</day>
<month>06</month>
<year>2010</year>
</pub-date>
<pub-date pub-type="epub">
<day>00</day>
<month>06</month>
<year>2010</year>
</pub-date>
<numero>30</numero>
<fpage>8</fpage>
<lpage>9</lpage>
<copyright-statement/>
<copyright-year/>
<self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1909-24742010000100001&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_abstract&amp;pid=S1909-24742010000100001&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_pdf&amp;pid=S1909-24742010000100001&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri></article-meta>
</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="3"><b>EDITORIAL</b></font> <font face="verdana" size="2">     <p> Manizales, 2010-05-06 (Rev. 2010-05-25). </p>     <p> En el a&ntilde;o 1995, hace 15 a&ntilde;os, el Comit&eacute; de Educaci&oacute;n Ambiental de la Universidad de Caldas, consciente de la preocupaci&oacute;n por los problemas ambientales que experimentaba la sociedad, cre&oacute; la Revista VIDA, con el &aacute;nimo de propiciar un espacio para el debate sobre los temas ambientales y la educaci&oacute;n ambiental. Dado que Vida era un t&iacute;tulo ya registrado para otra publicaci&oacute;n, la Revista fue registrada como Luna Azul. &#39;Vida&#39; era la expresi&oacute;n de la caracter&iacute;stica m&aacute;s peculiar de nuestro planeta, y &#39;Luna Azul&#39; expresa lo mismo, pero mediada por la ilusi&oacute;n &oacute;ptica que permite la distancia. Nuestra Tierra, o la Luna Azul de los astronautas, con las diversas formas de vida que la habitan, ha sido, es y seguir&aacute; siendo, la raz&oacute;n de ser de esta publicaci&oacute;n. </p>     <p> Con el n&uacute;mero 30, la Revista celebra 15 a&ntilde;os de vida, en los cuales se han publicado diversas contribuciones de muchos autores, disciplinas, profesiones y procedencias. Si bien, los objetivos de la Revista inicialmente eran contribuir a la educaci&oacute;n ambiental y ecol&oacute;gica, hoy la Revista acoge contribuciones que sean resultados de investigaci&oacute;n, reflexiones, revisiones y cr&iacute;ticas de libros sobre &quot;asuntos ambientales&quot;, originados en cualquier disciplina o quehacer profesional, y desde cualquier enfoque metodol&oacute;gico. El tiempo y la reflexi&oacute;n sobre las cuestiones ambientales, nos han permitido comprender que la conservaci&oacute;n de los recursos naturales y la calidad del medio ambiente es un asunto que requiere y admite las m&aacute;s diversas posturas ideol&oacute;gicas y pol&iacute;ticas. La construcci&oacute;n de un &quot;saber ambiental&quot;, es un asunto de todos. </p>     <p> En la presentaci&oacute;n del primer n&uacute;mero dec&iacute;amos: en todos los per&iacute;odos hist&oacute;ricos, las sociedades humanas han afrontado crisis ambientales. Hoy tambi&eacute;n la sociedad est&aacute; enfrentada a una honda crisis civilizatoria. El sue&ntilde;o de progreso interminable destruye la naturaleza y pone en peligro la vida misma. Se podr&aacute; decir que no todas las situaciones que generan alteraci&oacute;n de las condiciones de habitabilidad del planeta tienen su origen en las travesuras humanas, en su ingenio creador y destructor. La din&aacute;mica de las placas tect&oacute;nicas que liberan energ&iacute;a diariamente y causan tsunamis y terremotos con devastadoras consecuencias, son propios de la naturaleza intr&iacute;nseca de la tierra. La erupci&oacute;n de los volcanes que vomitan lava y ceniza, nublan el espacio y generan caos en el tr&aacute;fico a&eacute;reo semanas enteras, no son obra humana, al menos, cient&iacute;ficamente no se ha demostrado que as&iacute; sea. </p>     <p> Pero hay otras situaciones que s&iacute; son producto de esta civilizaci&oacute;n y que producen consecuencias m&aacute;s devastadoras que las que producen la tect&oacute;nica de la tierra y la energ&iacute;a de los volcanes. La pobreza y el hambre de m&aacute;s de mil millones de personas en el mundo es una cuesti&oacute;n que no puede ser ignorada por los organismos multilaterales, los estados, los gobiernos y la comunidad internacional. &iquest;D&oacute;nde est&aacute;n los pobres y los que sufren hambre? Dispersos en el mundo se podr&aacute; decir. S&iacute;, pero la mayor&iacute;a de ellos, sobreviven sus penurias en los pa&iacute;ses del Sur. Algunos, como muchos africanos y suramericanos, sue&ntilde;an saciar sus m&aacute;s fundamentales necesidades, en aventurados viajes que terminan en una patera en el Atl&aacute;ntico y otros en el desierto de Arizona. </p> Los avances tecnol&oacute;gicos de las comunicaciones de esta civilizaci&oacute;n nos han permitido ser espectadores de esta tragedia humana. Tambi&eacute;n nos han permitido &quot;sentir&quot; desde la tranquilidad de nuestras moradas la guerra del Golfo, casi con la misma impotencia con que le hacemos fuerza a nuestro equipo favorito. El hambre, la miseria y la guerra, probablemente en apariencia diferentes, en el fondo obedecen a las mismas causas: el uso del poder, la riqueza y la fuerza de unos cuantos que, utilizando los m&aacute;s diversos medios &ndash;los recursos naturales, las capacidades humanas, la tecnolog&iacute;a&ndash;, hacen del paso de la criatura humana por esta nave, el fest&iacute;n del despilfarro, disfrazado de progreso y crecimiento sin l&iacute;mites.     <p> No soy apocal&iacute;ptico ni quiero parecerlo. Estoy convencido de que perdurar en un planeta habitable y construir sociedades sustentables, no se consigue por la v&iacute;a de la intimidaci&oacute;n y del miedo, recurso que ha sido utilizado por los tiranos y reyezuelos para perpetuar su dominio. No. Una sociedad sustentable es, ante todo, una sociedad que forma individuos aut&oacute;nomos, capaces de ejercer sus derechos y libertades, para poder desplegar sus potencialidades, y as&iacute; disfrutar de la buena vida. Y eso, no s&oacute;lo requiere la superaci&oacute;n de las necesidades materiales &ndash;el hambre y la miseria&ndash;, sino la conquista de los derechos y libertades, que se alcanzan con m&aacute;s y mejor educaci&oacute;n. Por ello, esta Revista abre sus p&aacute;ginas a todos los que creen que, con la palabra, fruto de la investigaci&oacute;n, la creaci&oacute;n art&iacute;stica, el ensayo filos&oacute;fico o pol&iacute;tico, se puede contribuir a la consolidaci&oacute;n de un saber ambiental que no s&oacute;lo hable de mitigaci&oacute;n y adaptaci&oacute;n al cambio clim&aacute;tico, sino que propenda por una sociedad sin hambre, sin miseria y sin guerra. Estamos convencidos de que otro mundo y otra sociedad son posibles. Y hacia ese objetivo se dirige esta publicaci&oacute;n. </p>     <p align="right"> Isa&iacute;as Tobasura Acu&ntilde;a    <br> Profesor Universidad de Caldas </p> </font>      ]]></body>
</article>
