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</front><body><![CDATA[ <center><font face="verdana" size="3"><b>LA CREACI&Oacute;N... O... LA DICHA DE PARTIR A NINGUNA PARTE</b></font></center> <font face="verdana" size="2">     <p>     <center>V&Iacute;CTOR L&Oacute;PEZ RACHE</center> </p>     <p> Manizales, 2010-02-04 (Rev. 2010-07-26) </p>     <p> El exceso de claridad impuso el discurso de Los Fines e impide el ejercicio sincero del escritor en la creaci&oacute;n literaria. La tecnociencia y los medios de comunicaci&oacute;n han transmutado el lenguaje y han reducido el principio de realidad en favor de la expansi&oacute;n de fantas&iacute;as tan extremas que sociedades, con vocaci&oacute;n futurista, han retrocedido a estadios primitivos del miedo y la religiosidad. Como si fuera poco ha surgido el AutorClic, cuya virtud consiste en redactar para consumidores de publicaciones que no saben leer, y gracias a la indiferencia de la cr&iacute;tica, se ha apoderado de las emociones y del imaginario. Si el escritor no quiere convertirse en un notario de distorsiones, debe descubrir el misterio para, luego, contribuir a hallar la realidad; s&oacute;lo entonces, las generaciones del futuro leer&aacute;n obras, de esta &eacute;poca, en cuyas p&aacute;ginas fluir&aacute; el alma y la vida de una comunidad. Para lograrlo, puede encontrar la llave en la experiencia de los grandes escritores del ayer... </p>     <p> ...Tener fe en el arte de la creaci&oacute;n es desobedecer en silencio y partir con la esperanza de llegar a ninguna parte. Debe ser un viaje desinteresado y no esperar como premios ulteriores el aura que irradia los complejos de Ad&aacute;n y de Cristo. Con un creador nada comienza. Partir de la nada invita a quedarse en la nada, para terminar en la nada. La obra tampoco tiene la obligaci&oacute;n de dividir el tiempo en Antes y Despu&eacute;s como consecuencia de una vida de sufrimiento, renunciaci&oacute;n y entrega a un espejismo est&eacute;tico. </p>     <p> El talento y la inspiraci&oacute;n no son constantes, pero si el autor est&aacute; dispuesto a morir invocando en su obra el misterio de la palabra, convierte la terquedad en una especie de genialidad indefinida. Dormido y despierto persiste en su error, sin importarle si est&aacute; dentro o fuera. Morir y renacer en cada intento es ir en la direcci&oacute;n correcta, y la sed y el insomnio sirven de estimulantes a la p&aacute;gina, siempre, a punto de iniciar. </p>     <p> El feliz sacrificio del creador aut&eacute;ntico anima a sus seguidores a poner las capacidades en la balanza. El punto de equilibrio es indolente y deja la obra en una oscilaci&oacute;n perpetua y su autor, p&aacute;lido, intuye que, en el arte, la certeza mata tanto como la duda. Pero si su imaginaci&oacute;n ha tenido movimiento propio se reconocer&aacute; &uacute;nico e individual y, s&oacute;lo entonces, comprender&aacute; que ning&uacute;n resultado est&eacute;tico depende de los caprichos de una simple balanza, ll&aacute;mese antolog&iacute;a nacional, colecci&oacute;n de obras maestras de la lengua, o compilaci&oacute;n de las joyas inmortales de la aldea. </p>     <p> Crear es sentirse un ser libre, no un cubo de materia al vaiv&eacute;n de los caprichos de mentes autoritarias. Lograr una obra tranquiliza al autor y perfecciona el esp&iacute;ritu de la comunidad. </p> Pero, &iquest;un creador puede sobrevivir al margen de las distorsiones de su tiempo y su lugar?     <p> En &eacute;pocas como esta, ser&iacute;a un prodigio. A finales del siglo XX La Muerte de la Poes&iacute;a fue anunciada y con ella vino el auge de la claridad. Todo estaba tan claro que la historia, las ideolog&iacute;as, la utop&iacute;a, hab&iacute;an llegado a su fin. El discurso de Los Fines se torn&oacute; en el seductor de las mentes futuristas y all&iacute; dirigieron la mirada sin advertir los agujeros insondables ocultos en el esplendor de la claridad. Miles de luminarias inundan el mundo cuando intereses poderosos quieren pasar por alto aquello que averg&uuml;enza la raz&oacute;n y mancha la esencia de la criatura humana. El conocimiento predominante asegur&oacute; haber descubierto el secreto de lo m&aacute;s peque&ntilde;o y lo m&aacute;s grande del universo. La inspiraci&oacute;n nunca hab&iacute;a existido y la noci&oacute;n de misterio hab&iacute;a sido un equ&iacute;voco de creadores temerosos de lo desconocido, afirmaron, incluso, poetas inspirados que escrib&iacute;an poemas misteriosos. Como si las posibilidades creativas careciesen de matices, ignoraron que el arte se adelanta o regresa en el tiempo e insistieron, de nuevo, en el fin de las grandes historias y, entonces, la creaci&oacute;n promovida pas&oacute; a ser subsidiaria de las redes subliminales de la publicidad. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> Los propagadores de Los Fines consideraban resueltas las inc&oacute;gnitas humanas y hablaron de nuevos paradigmas; tan nuevos que la mente no ten&iacute;a preocupaciones distintas a recibir informaci&oacute;n. Todo era tan di&aacute;fano que nadie entend&iacute;a nada y, conscientes de su capacidad de persuasi&oacute;n, los medios se metieron en las alcobas a repetir que El Fin de Milenio deb&iacute;a celebrarse de la mano divina para evitar que los males pasados se multiplicaran en los tiempos venideros. Se retrocedi&oacute; a los estadios primitivos de la religiosidad y comunidades enteras se entregaron a venerar a los pont&iacute;fices del miedo. La falta de pensadores apocal&iacute;pticos en Latinoam&eacute;rica impidi&oacute; promocionar El Fin de la Magia y, tal vez, ello le permiti&oacute; al Realismo M&aacute;gico prolongar su adi&oacute;s sobre otras manifestaciones literarias de nuestra lengua. Pero quienes se sent&iacute;an inc&oacute;modos en tan hermoso ata&uacute;d de fantas&iacute;as, percibieron que los soplos m&aacute;gicos de la distracci&oacute;n ocultaban trampas inversas a aquellos prodigios que revelan los practicantes de la magia no comercial. </p>     <p> Los viajes espaciales dejaron dudas acerca de la vecindad del cielo, pero los elegidos del m&aacute;s all&aacute; miraron noticias y tuvieron certeza de la existencia del Diablo. Infantilizaron el imaginario, el terror exacerb&oacute; los instintos de conservaci&oacute;n y se impuso como justicia la ignominia del salvaje. Esta iluminaci&oacute;n capciosa redujo la pluralidad del pensamiento, pero dej&oacute; un beneficio literario. Durante siglos se hab&iacute;a dicho que la poes&iacute;a era pariente de la religi&oacute;n. Los entendidos citaban como actos po&eacute;ticos la creaci&oacute;n del mundo en siete d&iacute;as y Dios hecho a imagen y semejanza del hombre. Pero no eran actos po&eacute;ticos, eran mentiras incansablemente repetidas. Y si bien la poes&iacute;a transciende los l&iacute;mites de la verdad, no puede entenderse como un gesto de aproximaci&oacute;n a las habilidades innegables de la mentira. Poes&iacute;a y religi&oacute;n son opuestas. La religi&oacute;n es local y envejece, la poes&iacute;a perdura y es universal. La religi&oacute;n es dogma, la poes&iacute;a es sugerencia. Distintos pasajes de La Biblia se semejan infinitamente a manuales de terrorismo y esa misma distancia los separa de la poes&iacute;a. </p>     <p> Cuando todo ha llegado a su fin y una farsa planificada ilumina lo existente e inexistente, la &uacute;nica opci&oacute;n es crear. Pero si la creaci&oacute;n literaria es hija de la imaginaci&oacute;n sincera y prefiere moverse en rutas libres de se&ntilde;ales arcaicas y barreras impalpables, &iquest;c&oacute;mo continuar el viaje para llegar a ninguna parte? </p>     <p> La naturaleza se transforma sin temerle a los rigores del tiempo y el hombre tiene la necesidad latente de inventar. Entonces, los poetas y escritores, ahora, ten&iacute;an la posibilidad de inventar el misterio para, luego, hallar la realidad. Y hallar la realidad deb&iacute;a ser un imperativo universal. Manos intocables la tienen refundida en superficies programadas en estudios de televisi&oacute;n, estaciones espaciales y laboratorios subterr&aacute;neos. La inteligencia y la sensibilidad fueron contaminadas de fantas&iacute;as extremas. </p>     <p> Las nuevas tecnolog&iacute;as ten&iacute;an necesidad de ser nombradas y la falta de imaginaci&oacute;n de sus inventores los llev&oacute; a apropiarse del lenguaje y, sin pudor, le infligieron mutaciones irremediables a las palabras. Los poderes establecidos repitieron el c&oacute;digo y lograron invertir los significados. Desde entonces, Paz significa eliminar a un hombre, una comunidad, una etnia. Libertad implica c&aacute;rceles, torturas y vej&aacute;menes de lesa humanidad. Soberan&iacute;a, invadir a un pa&iacute;s peque&ntilde;o o el pa&iacute;s peque&ntilde;o entregar su dignidad. Prensa Libre equivale a transmitir, impunemente, las suciedades subliminales entretejidas en las mesas estrat&eacute;gicas de las multinacionales de la comunicaci&oacute;n. La palabra, ahora, padece la represi&oacute;n de la Academia de la Lengua y el redise&ntilde;o en las guillotinas de la tecnociencia y la publicidad. </p>     <p> A trav&eacute;s de la imagen vaporosa y el lenguaje transmutado han reducido el principio de realidad y, para desmentirlo, institucionalizaron como sentencia invulnerable <i>&quot;La realidad supera a la imaginaci&oacute;n&quot;</i>, figura imposible, pero &uacute;til para exaltar los hechos atroces que suceden cuando la arbitrariedad es gu&iacute;a humana y espiritual. </p>     <p> En momentos en que el artificio maneja el imaginario colectivo, es justo mirar el pasado. En el primer milenio las sirenas dejaron de cantar; callaron a lo largo del segundo, y en el tercero reaparecieron repitiendo distracciones enfermizas con &iacute;nfulas de universalidad. En la antig&uuml;edad los o&iacute;dos con cera se cuidaban de sus cantos; su posterior silencio plante&oacute;, seguramente, desconfianza; pero su reaparici&oacute;n alienada en la era de la globalizaci&oacute;n causa p&aacute;nico. Su repetici&oacute;n incesante guarda intereses pavorosos y, en medio de barrotes invisibles o atados a redes virtuales, los navegantes de la iluminaci&oacute;n planetaria debemos escucharlas con el suspenso de futuros n&aacute;ufragos. El subconsciente depende, quiz&aacute;, de alguna deidad artificial, cuyo fin es controlar la criatura humana y vigilar las fronteras de la galaxia. Una creaci&oacute;n tan admirable como perversa. </p>     <p> La tecnociencia es de principios autoritarios, pone todo a su servicio y declara caduco a quien le oponga resistencia. La m&aacute;quina de escribir, en menos de 20 a&ntilde;os, pas&oacute; a hacer parte del mito. La palabra p&aacute;gina no remite a una cuartilla material y de dimensiones proporcionales a las medidas de la criatura humana. P&aacute;gina, hoy, es una apariencia ajena a materia, volumen y peso. Es un espejismo que obedece a un Clic y all&iacute; debe escribirse poes&iacute;a, cuando el poeta debe conservar algo de la inocencia del hombre en su estado natural. Carta, ventana, rat&oacute;n, de su tradici&oacute;n milenaria, nada le transmiten a un joven de estos d&iacute;as. La prueba esencial de la existencia de la memoria y la imaginaci&oacute;n era el libro; pero los usurpadores de los bienes intangibles ya cogieron la palabra libro para expresar todo lo opuesto a un libro. Los para&iacute;sos virtuales ocupan el esp&iacute;ritu, y la falta de una realidad objetiva ha llevado a los corazones inocentes a buscar en los mundos ilusorios su amor concreto. El hombre ni siquiera ser&aacute; necesario para el mon&oacute;tono vicio de la reproducci&oacute;n. Un cient&iacute;fico, sonriente, afirm&oacute; que si la humanidad desaparece en una cat&aacute;strofe at&oacute;mica, nada le pasar&aacute; a la naturaleza. Una d&eacute;cada atr&aacute;s, otro pensador hab&iacute;a dicho que el hombre era tan optimista que cre&iacute;a que estaba a punto de desaparecer. Se intensifica el sarcasmo hacia el humanismo y las ideolog&iacute;as mueren de acuerdo a enga&ntilde;os planificados en centros de pensamiento de avanzada o en agencias de publicidad. Es una mutaci&oacute;n din&aacute;mica y quienes eligieron la literatura como forma de vida s&oacute;lo tienen a su disposici&oacute;n una palabra manipulada y unos sue&ntilde;os a punto de ser condicionados por programadores de necesidades tan seductoras como inexistentes. </p> &iquest;C&oacute;mo crear con el humanismo herido y la conciencia individual difuminada en alucinaciones electr&oacute;nicas?     <p> Como siempre se hizo y siempre se har&aacute;. M&aacute;s en el borde de la soledad que en el centro de la multitud. M&aacute;s confiado en el milagro del inconsciente que en el gas pragm&aacute;tico que visualiz&oacute; La Muerte de la Poes&iacute;a como el acontecimiento del siglo XX. M&aacute;s en las experiencias de la vida que en las prebendas de instituciones que necesitan enaltecer y falsear. Los creadores que sobrevivieron a Los Fines de la Claridad deben seguir persistiendo en su error. En su error empezaron y en su error concluir&aacute;n, pues el creador no debe someterse a las exigencias que van surgiendo de necesidades exteriores a la integridad de su ser. Poca creaci&oacute;n literaria dejar&aacute;, por ejemplo, poner el talento al servicio de conmemoraciones hist&oacute;ricas, si ello no proviene de una motivaci&oacute;n interior. Lejos del ruido alucinante de la moda est&eacute;tica, trabajar&aacute; con la pasi&oacute;n de la primera vez y disfrutar&aacute; la compa&ntilde;&iacute;a de sus autores favoritos. Con ellos dormir&aacute; y en sue&ntilde;os establecer&aacute; di&aacute;logo de igual a igual e, incluso, los cuestionar&aacute;. Si en ellos encuentra superadas las carencias del entorno, habr&aacute; pasado la prueba en que renuncian los aficionados. Son su consuelo insustituible a sabiendas que debe huirles. A medida que crezca su admiraci&oacute;n, debe ubicarlos donde su mano no los alcance. Ellos, los maestros, los dignificados, son capaces de acabar con el mejor de los talentos. Es preferible ser un escritor con su mundo personal, suspendido en el signo de interrogaci&oacute;n, que un famoso debiendo deudas impagables que el lector cobrar&aacute;. En su seguro anonimato &eacute;l descubre el autor insincero e, ir&oacute;nico, se&ntilde;ala la procedencia de ese verso tan celebrado; en qu&eacute; atmosfera tom&oacute; vuelo tan admirable cuento; de qu&eacute; episodio surgi&oacute; tal novela; de qu&eacute; tono prest&oacute; el maravilloso eco de su voz. El lector a solas recorre la primera etapa de esa ruta quebradiza y malgeniada que el libro debe superar para comenzar a vivir. Figuras de fama absolutista han muerto apenas el lector descubre en sus libros las luces de estrellas ajenas. Despu&eacute;s de siglos, autores proscritos han recobrado vida gracias a su propia luz mantenida bajo el brillo de simples parpadeos de ne&oacute;n. </p>     <p> El creador sobreviviente de las distorsiones de la claridad debe defender su independencia. De lo contrario, puede ser usado como objeto pol&iacute;tico por esos usurpadores del poder que encuentran en los nacionalismos el refugio a sus inclinaciones macabras. Tambi&eacute;n debe cuidarse de las impertinencias econ&oacute;micas. La necesidad, o la abundancia, les impone a los artistas condiciones imposibles de eludir. Las apuestas pragm&aacute;ticas, la riqueza y la fama han llevado tantos talentos a la desolaci&oacute;n est&eacute;tica como la c&aacute;rcel, la locura y la miseria. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> Los obst&aacute;culos aparecen durante la escritura y despu&eacute;s de ella. Los de talento los agradecen; los elegidos de la vanidad reaccionan enfurecidos. Sin el silencio, la negaci&oacute;n, las envidias vengativas y dem&aacute;s m&eacute;todos de exclusi&oacute;n, el escritor no tendr&iacute;a c&oacute;mo saber si lo es. Fuera de las arbitrariedades convencionales de la sociedad, el tiempo es el principal. Todo tiempo es breve para un creador y, sin embargo, su trabajo debe ser lento, respetuoso de los abismos invisibles y de las pausas necesarias. El pasado, presente y futuro luchar&aacute;n por no dejarse someter a las libertades de su obra. El tiempo del autor es el intemporal y, por eso, logra alejarse de las din&aacute;micas de grupos, escuelas o manifiestos, art&iacute;fices de buenos prop&oacute;sitos que terminan impidiendo el desarrollo de personajes aut&oacute;nomos que le permitir&aacute;n identificar su obra con el ser esencial de los dem&aacute;s. </p>     <p> Es una opci&oacute;n dura de sostener. Pues los manipuladores de la &eacute;poca creyeron pocas las alteraciones ocasionadas a la realidad y moldearon el AutorClic, cuya caracter&iacute;stica esencial es desempe&ntilde;ar oficios ajenos a la literatura y seguir a su agente, y su agente se mueve con la agilidad del mouse para terminar, siempre, donde hay mayor rentabilidad. Si se adapta a las habilidades ratonescas, alcanzar&aacute; la gloria instant&aacute;nea. En cambio, si un escritor quiere seguir siendo un hombre de letras ser&aacute; eliminado de ferias, editoriales, traducciones y premios. Si sus libros son editados, ser&aacute;n pedestal de autores de visiones extremas. Los creadores de ayer no se ajustan al modelo impuesto y, por ello, se cuestiona su existencia. Se duda que Shakespeare sea el autor de su obra. Nerviosos acad&eacute;micos tratan de demostrar que, al menos, los p&aacute;rrafos no vulgares fueron escritos por un arist&oacute;crata de pensamiento refinado y virtuoso en el Arte de Comer y de Vestir. Cervantes tampoco se ajusta al modelo actual y, por eso, en los homenajes exaltan los episodios de su obra que invitan a la carcajada e ignoran la vida dolorosa que le dise&ntilde;&oacute; el poder de su &eacute;poca. Intelectuales menos angustiados por las finezas de los creadores de genio, dictan conferencias explicando por qu&eacute; no han le&iacute;do a Shakespeare, Cervantes y otros de suerte similar. </p>     <p> El AutorClic no es un novicio sometido a los desprop&oacute;sitos seductores de agentes y editoriales. Sabedor de sus dones capciosos acomoda su personalidad a las exigencias de los poderes p&uacute;blicos y privados, cita frases efectistas de los inmortales, carece de humor y un chiste de tinte transnacional le basta para sorprender a otro escenario cosmopolita donde, al saludar y despedirse, repetir&aacute;: <i>&quot;Nada enaltece tanto a un poeta como el fracaso&quot;</i>. No tiene ninguna preocupaci&oacute;n distinta al &eacute;xito, depende de la admiraci&oacute;n ajena y sus producciones van dirigidas a consumidores de papel impreso que no saben leer y viven ansiosos de aventuras, par&aacute;bolas y perversiones. Es tan adorable que puede publicar enga&ntilde;os vac&iacute;os de contenido y de forma. Un editor asegur&oacute; que estaba en capacidad de volver <i>best seller</i> un cubo de p&aacute;ginas sin una letra. &iquest;Para qu&eacute; inventar la llave que revelar&aacute; nuevos misterios si el arte, tambi&eacute;n, es de vencedores e inescrupulosos? </p>     <p> Un blindaje hipnotizante protege al AutorClic. No le inquita saber que la publicidad es el horno crematorio de la creaci&oacute;n. Extrae sus enga&ntilde;os de la religi&oacute;n, la historia, el arte, el crimen, o de sus aventuras como turista de las letras. Simplemente el olfato ratonesco del agente propone, un equipo recolecta la informaci&oacute;n, otro redacta y el AutorClic interrumpe sus empleos antiliterarios, revisa de af&aacute;n en la pantalla, pone su fotograf&iacute;a y la log&iacute;stica de las editoriales se encarga de exhibirlo en las nebulosas de la fantas&iacute;a comercial. La publicaci&oacute;n de finas pastas se vender&aacute; como la obra de un creador y si no encaja en g&eacute;nero esot&eacute;rico, documental, sociol&oacute;gico, ni period&iacute;stico, se le impondr&aacute; la fascinante marca de Novela. Si le acusan de plagio, los comentaristas de la red internacional de los nuevos saberes le admiraran su extraordinario talento para actualizar, actualizar, siempre actualizar. El dinamismo de la &eacute;poca permite todo. La poes&iacute;a no ser&aacute; editada, siquiera, para obsequiarla por la compra del enga&ntilde;o de finas pastas. <i>&quot;No insista en regalarlos, se&ntilde;or, encarecen el traslado de las bodegas a las librer&iacute;as&quot;</i>, le dijeron a un poeta d&iacute;as antes de la feria del libro en Bogot&aacute;. Claro, si a un AutorClic se le ocurriese exaltar en l&iacute;neas desiguales las atrocidades de un personaje del horror, el producto recibir&aacute; la chispa m&aacute;gica de los medios, obtendr&aacute; el aura de inmensa aceptaci&oacute;n y no pocos comentaristas hablar&iacute;an de la resurrecci&oacute;n de la poes&iacute;a. De paso salvar&iacute;a de la quiebra a muchas editoriales como lo siguen haciendo las publicaciones que, a&ntilde;o tras a&ntilde;o, provoca la figura de Hitler, deidad de millones de admiradores secretos que se acostumbraron a consumirlo gracias a los detractores que encontraron en su huella macabra motivaciones hist&oacute;ricas, est&eacute;ticas, pol&iacute;ticas y de pensamiento. </p>     <p> El ritmo ratonesco no est&aacute; solo perfeccionando las condiciones para poner en cuidados intensivos la creaci&oacute;n literaria. Despu&eacute;s de pasearse en laboratorios de &uacute;ltima generaci&oacute;n una cient&iacute;fica americana concluy&oacute; que la naturaleza del hombre no est&aacute; hecha para leer. La carcajada enemiga de la lectura de Hipno reson&oacute; desde la &eacute;poca de los dioses griegos y, a la vez, las multinacionales de la comunicaci&oacute;n publicitaron el descubrimiento como una verdad maravillosa y la conspiraci&oacute;n en contra de la lectura se aproxim&oacute; a su nivel &oacute;ptimo. Es tan dura la conspiraci&oacute;n que a los mismos escritores les impide leer en la vigilia para releer en sue&ntilde;os. Les ha abreviado el tiempo necesario para enterarse de sus pares, de los predecesores y, algunos, no alcanzan a llegar a los cl&aacute;sicos a quienes, no s&oacute;lo se les debe aprender, sino enriquecer hall&aacute;ndoles nuevas posibilidades de interpretaci&oacute;n. </p>     <p> En este ambiente, controlado en todas las direcciones, poetas y escritores deben crear a pulso. Los cr&iacute;ticos esperan una obra capaz de brindarles la oportunidad de descubrir personajes que les permita aventurar hip&oacute;tesis para ayudar a descubrir la realidad refundida en los diferentes planos de la fantas&iacute;a, paso previo para liberar a los ciudadanos del imperio de la claridad. Tal vez les asista la raz&oacute;n. Pero en siglos anteriores las dos actividades marchaban juntas. Los cr&iacute;ticos sentaban posiciones literarias e iluminaban a los escritores en formaci&oacute;n. Los cr&iacute;ticos no dejaron en el olvido a Kafka, Proust y, despu&eacute;s de seis siglos, rescataron de la biblioteca a la Divina Comedia. Los cr&iacute;ticos aventuraban con la misma pasi&oacute;n que los creadores y, sin temor, establec&iacute;an conexiones entre situaciones reales e imaginarias. En la obra de escritores y poetas, excluidos de su tiempo, cr&iacute;ticos y acad&eacute;micos descubrieron los monstruos ocultos en la normalidad y profetizaron las posiciones autoritarias y las calamidades que hoy tienen al mundo pendiendo de la sonrisa de la tragedia. </p>     <p> Pero el exceso de claridad tambi&eacute;n afect&oacute; a los cr&iacute;ticos y han optado por la indiferencia. Si bien la indiferencia es menos nociva que el elogio, sin cr&iacute;tica, escritores y lectores tendr&aacute;n menos posibilidades de descubrir los misterios de su entorno. La autocr&iacute;tica es insuficiente para perfeccionar una obra llamada a perdurar. </p>     <p> Ante la alteraci&oacute;n de la realidad, la indiferencia cr&iacute;tica y el hambre multinacional del AutorClic, el creador debe hacer de su obra una experiencia espiritual, como lo dej&oacute; escrito el ejemplo de los grandes del ayer. Se hace necesario reescribir incansables veces la frase esquiva. Recobrar la paciencia para hacerlo de rodillas. Experimentar la equivocaci&oacute;n creativa de ver el sol en plena noche. Un Clic no puede desaparecer el miedo seductor de enfrentarse a aquello que durante generaciones se llam&oacute; la angustia ante la p&aacute;gina blanca. La criatura que le conf&iacute;a la vida a la poes&iacute;a lo hace porque ha encontrado en el arte la posibilidad para sugerir, preguntar, descubrir monstruos y encantos que habitan el alma. Si el cultivador de la palabra es sincero, las generaciones del futuro sabr&aacute;n de un escritor, de esta &eacute;poca, que muri&oacute; gritando a sus personajes; de un poeta que muri&oacute; d&aacute;ndose consejos sobre c&oacute;mo mejorar el verso que le avergonz&oacute;. Los lectores volver&aacute;n a leer p&aacute;ginas en cuyas l&iacute;neas fluye el esp&iacute;ritu y la sangre de una comunidad ling&uuml;&iacute;stica. Volver&aacute;n a saber, en fin, de autores de esta &eacute;poca que, antes de llegar a ninguna parte, perfeccionaron su obra hasta cuando les permiti&oacute; la agon&iacute;a del breve viaje de la vida. Y, entonces, s&oacute;lo entonces, quedar&aacute; escrito que La Muerte de la Poes&iacute;a no pas&oacute; de ser el gas de una intoxicaci&oacute;n cerebral que sufri&oacute; un No-poeta en momentos previos al surgimiento de Los Fines de la Claridad. </p> </font>      ]]></body>
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