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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[PRESUPUESTOS ONTOLÓGICOS PARA LA DECLARACIÓN UNIVERSAL DE LOS DERECHOS DE LA MADRE TIERRA]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[The "Buen Vivir" is a utopia that arises in Latin America inspired by the rationalities of indigenous peoples, peasants and afro-descendant people of the subcontinent which, against the current hegemonic discourses, is having a huge influence in global discussions about the civilization crisis. The purpose of this paper is to analyze the universal declaration of Mother Earth&#39;s rights draft , considering the ontological foundations that support it. The aim is to understand the question asks about the sense of being through answers around the relationality to the whole, as well as to discuss the relevance of considering these ontological assumptions in a moment of history in which we are challenged by the continuity of human life on the planet.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[ <center><font face="verdana" size="3"><b>PRESUPUESTOS ONTOL&Oacute;GICOS PARA LA DECLARACI&Oacute;N UNIVERSAL DE LOS DERECHOS DE LA MADRE TIERRA<a href="#n1"><sup>1</sup></a>    <br>    <br> ONTOLOGICAL ASSUMPTIONS FOR THE UNIVERSAL DECLARATION OF THE MOTHER EARTH&#39;S RIGHTS</b></font></center> <font face="verdana" size="2">     <p>     <center>OMAR FELIPE GIRALDO<a href="#n2"><sup>2</sup></a></center> </p>     <p> <a name="n1"><sup>1</sup></a> Agradezco las sugerencias y comentarios cr&iacute;ticos de la Dra. Gabriela Kraemer Bayer y del Dr. Guillermo Torres Carral del Departamento de Sociolog&iacute;a Rural de la UACh. Los problemas que a&uacute;n persisten en el texto son de mi total responsabilidad.    <br> <a name="n2"><sup>2</sup></a> Doctorante en Ciencias Agrarias. Departamento de Sociolog&iacute;a Rural. Universidad Aut&oacute;noma Chapingo, M&eacute;xico. Magister en Desarrollo Rural por la Universidad Nacional de Costa Rica y M&eacute;dico Veterinario egresado de la Universidad Nacional de Colombia. <a href="mailto:omarfgiraldo@hotmail.com">omarfgiraldo@hotmail.com</a> </p>     <p>     <center><b>Recibido el 10 de abril de 2012 y aprobado el 20 de agosto de 2012</b></center> </p> <b>RESUMEN</b>     <p> El Buen Vivir es una utop&iacute;a que surge en Latinoam&eacute;rica inspirada en las racionalidades de los pueblos ind&iacute;genas, campesinos y afro del subcontinente la cual, a contracorriente de los discursos hegem&oacute;nicos, est&aacute; teniendo una enorme influencia en las discusiones mundiales sobre la gran crisis civilizatoria. Espec&iacute;ficamente, en el presente art&iacute;culo analizamos el proyecto de declaraci&oacute;n universal de los derechos de la Madre Tierra, considerando las bases ontol&oacute;gicas que le dan sustento. El objetivo es comprender la pregunta que interroga por el sentido del ser a trav&eacute;s de respuestas en torno a la relacionalidad con el todo, as&iacute; como discutir la relevancia de considerar estas ontolog&iacute;as en un momento de la historia en donde nos estamos cuestionando por la continuidad de la vida humana en el planeta. </p> <b>PALABRAS CLAVE</b>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> Derechos de la naturaleza, buen vivir, ontolog&iacute;a relacional, crisis civilizatoria </p> <b>ABSTRACT</b>     <p> The &quot;Buen Vivir&quot; is a utopia that arises in Latin America inspired by the rationalities of indigenous peoples, peasants and afro-descendant people of the subcontinent which, against the current hegemonic discourses, is having a huge influence in global discussions about the civilization crisis. The purpose of this paper is to analyze the universal declaration of Mother Earth&#39;s rights draft , considering the ontological foundations that support it. The aim is to understand the question asks about the sense of being through answers around the relationality to the whole, as well as  to discuss the relevance of considering these ontological assumptions in a moment of history in which we are challenged by the continuity of human life on the planet. </p> <b>KEY WORDS</b>     <p> Rights of nature, buen vivir, relational ontology, civilization crisis </p> </font> <hr>    <br> <font face="verdana" size="3"><b>INTRODUCCI&Oacute;N</b></font> <font face="verdana" size="2">     <p> Uno de los aspectos determinantes y reproductores de la actual crisis civilizatoria es la miseria del pensamiento. No nos estamos refiriendo a la estrechez de un pensamiento que pueda expresarse en nuevas realizaciones cient&iacute;ficas y t&eacute;cnicas, sino que hablamos de la pobreza de un pensar que reconozca, desde una perspectiva ontol&oacute;gica, la amenaza que para la vida ha ocasionado la obra predatoria de la sociedad moderna. Efectivamente, la humanidad enceguecida por su capacidad de controlar, manipular y dominar la naturaleza a su antojo, huye ante la pregunta que hoy es m&aacute;s importante: aquella que interroga por la posibilidad de seguir siendo en el mundo, es decir, la cuesti&oacute;n de que su especie no desaparezca del planeta. El problema es que este cuestionamiento no puede solucionarse a trav&eacute;s de un pensamiento t&eacute;cnico del hacer y el fabricar, pues se trata de un problema eminentemente ontol&oacute;gico que debe resolverse a trav&eacute;s de respuestas que atiendan al ser en cuanto ser, y no por referencia a lo c&oacute;sico, como fue ampliamente analizado por Heidegger en su obra <i>El Ser y el Tiempo</i> (1971). </p>     <p> La pregunta acerca del dilema de la supervivencia de la especie humana en el planeta, es el objeto del discurso que quiz&aacute; con mayor fuerza ha adquirido el estatuto para ser discutido en el comienzo del siglo XXI. En torno a dicho tema se ha construido un discurso dominante,  el cual sostiene que la debacle ambiental a la que hoy nos enfrentamos puede ser remediada con el desarrollo e implantaci&oacute;n de tecnolog&iacute;as m&aacute;s amigables con el medio, y con un capitalismo verde responsable y respetuoso con el entorno. Sin embargo, la pregunta a la que estamos emplazados a contestar interroga por el sentido del <i>ser</i> en el mundo, por lo que la soluci&oacute;n a la pregunta tiene que darse en la direcci&oacute;n ontol&oacute;gica en la que la misma pregunta est&aacute; hecha. No es nuestra intenci&oacute;n decir que debamos quedarnos en una abstracci&oacute;n filos&oacute;fica. M&aacute;s bien queremos expresar que si lo que est&aacute; en peligro es la continuidad de la vida humana &ndash;y no decimos la totalidad de la vida en la Tierra&ndash;, lo que debe repensarse es la vida desde una perspectiva existenciaria<a href="#p3" name="p3b"><sup>3</sup></a>  y desde ah&iacute; plantear soluciones pragm&aacute;ticas m&aacute;s creativas para enfrentar la crisis civilizatoria contempor&aacute;nea. </p>     <p> As&iacute; entonces, la miseria del pensamiento a la que aludimos es el resultado de la concepci&oacute;n occidental del ser humano como un ente individualizado, separado de la naturaleza, en la que &eacute;l se concibe a s&iacute; mismo en el centro sobre el cual se fundamenta todo lo existente (Heidegger, 1996). Bajo &eacute;sta premisa ontol&oacute;gica construida durante la modernidad, la humanidad se ha dirigido hacia el mundo con la ambici&oacute;n de poseer y dominar (Adorno y Horkeimmer, 1987). Resulta l&oacute;gico que ahora, durante la devastaci&oacute;n ambiental, pretenda seguir sojuzgando al mundo, y contin&uacute;e creyendo que la salvaci&oacute;n de su especie pueda darse a trav&eacute;s de un cambio en el hacer t&eacute;cnico, sin considerar antes la pregunta por su <i>ser</i>. No es que consideremos que la t&eacute;cnica no sea un instrumento valioso. Lo es y no podemos prescindir de ella. La cuesti&oacute;n es que al concentrarnos en la sujeci&oacute;n del medio, hemos olvidado el sentido de nuestro ser, y, entretanto, corremos el peligro de ya no continuar siendo posibles. </p>     <p> La percepci&oacute;n del ser humano como el &uacute;nico sujeto sobre la Tierra, y todo lo dem&aacute;s como vulgares objetos disponibles para nuestros afanes explotadores, es la racionalidad antropoc&eacute;ntrica que hemos heredado de la modernidad colonial la mayor parte de los pueblos del mundo. No se trata de la totalidad de concepciones ontol&oacute;gicas, sino la de una muy particular forma de auto-percepci&oacute;n fragmentada, que desliga, compartimenta, y desune lo que inmanentemente est&aacute; unido. Corresponde a una forma muy espec&iacute;fica de aprehender al <i>ser</i>, derivada de un saber que ofrece la estructura de significaciones para que el capitalismo pueda sustentarse. Ciertamente, para acometer el soberbio proyecto de convertirnos en amos y se&ntilde;ores de la naturaleza, es imprescindible imaginarnos antes en seres aut&oacute;nomos, independientes y aut&aacute;rquicos del entorno, pues ser&iacute;a imposible dominar la Tierra si tenemos conciencia de <i>ser</i> una de sus partes constitutivas. De modo que la miseria del pensamiento consiste en el olvido de que la condici&oacute;n de nuestra existencia no es la dominaci&oacute;n, sino la relaci&oacute;n con otros sujetos naturales, puesto que la posibilidad de su existencia es el requisito ineluctable para la posibilidad de nuestra vida. </p>     <p> La construcci&oacute;n de tales racionalidades no constituyen un efecto perverso de la modernidad que ser&iacute;a necesario corregir como lo argumentar&iacute;an sus defensores; antes bien, es la esencia misma del proyecto, que necesit&oacute; del avasallamiento de las otras perspectivas cognitivas y culturales para colonizarlas luego con una forma exclusiva de saber en torno a la cultura europea (Dussel, 1994; Escobar, 2005; Quijano, 2007). Sin embargo, pese a que la modernidad necesit&oacute; de la definici&oacute;n de discursos que a&uacute;n hacen funcionarse por verdaderos y por los &uacute;nicos que deber&iacute;an ser aceptados (Foucault, 1979), existen racionalidades que pervivieron y que hoy, durante la crisis de la civilizaci&oacute;n, nos ayudan a entender que los sistemas de pensamiento occidentales han encontrado desde hace tiempo sus l&iacute;mites. No creemos tampoco que existan mejores formas de entender el mundo que otras. Pero en un momento en el que la disyuntiva de la existencia nos ha planteado la pregunta por la posibilidad de seguir siendo sobre la Tierra, es necesario inspirarnos en ontolog&iacute;as relacionales y superar aquellas fragmentarias sobre las que se ha edificado el sistema-mundo capitalista. </p>     <p> Precisamente, sobre el tema de la supervivencia de la especie humana se est&aacute;n elaborando discursos alternativos inspirados en racionalidades vivas que, a nuestro juicio, se dirigen al meollo del asunto. No son esencialismos o romanticismos sobre ciertas culturas, ni intentos de uniformizaci&oacute;n y universalizaci&oacute;n de cosmovisiones que, por definici&oacute;n, son heterog&eacute;neas y plurales. M&aacute;s bien son puntos de encuentro donde se re&uacute;nen diversas maneras de pensamiento para responder multiculturalmente al desaf&iacute;o de nuestra no asegurada vida en el planeta. En particular, queremos concentrarnos en la propuesta del Buen Vivir, una utop&iacute;a que est&aacute; configur&aacute;ndose en Latinoam&eacute;rica, y que nace inspirada en la filosof&iacute;a de los pueblos ind&iacute;genas, campesinos y afro descendientes del subcontinente y, a contrapelo, intenta hilvanar una propuesta alternativa a la esencia de la modernidad misma. El movimiento, entre muchas otras cosas, busca un acuerdo internacional por medio del cual se le declaren derechos a la Madre Tierra. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> La finalidad de este art&iacute;culo es ofrecer un marco conceptual que atienda a la pregunta misma del ser a trav&eacute;s de respuestas en torno a la relacionalidad. Antes que dar razones de tipo jur&iacute;dico, lo que buscamos es acercarnos al entendimiento de las ontolog&iacute;as que dan sustento a este proyecto. </p> </font> <font face="verdana" size="3"><b>LAS ONTOLOG&Iacute;AS RELACIONALES</b></font> <font face="verdana" size="2">     <p> En la obra citada, <i>El Ser y el Tiempo</i>, Heidegger desarrolla el argumento de la necesidad de que retomemos la pregunta que interroga por el ser, es decir, aquella por la cual nos cuestionamos el qu&eacute; somos, pero indag&aacute;ndonos ahora por su sentido. Para el fil&oacute;sofo alem&aacute;n, si bien la pregunta en la metaf&iacute;sica occidental s&iacute; se ha planteado, desde Plat&oacute;n se ha olvidado inmediatamente al considerar al <i>ser</i> con referencia a lo c&oacute;sico (Heidegger, 2000). La consecuencia de tal olvido, es que la esencia del humano ha estado encubierta. De hecho, su arrogante auto determinaci&oacute;n como &uacute;nico sujeto en el mundo y la identificaci&oacute;n de todo lo dem&aacute;s como objeto, es la causa de su principal ocultamiento (Heidegger, 1996, 1994). Seg&uacute;n hemos dicho, en la actualidad una prueba del extrav&iacute;o de la respuesta, es la contestaci&oacute;n de la pregunta que inquiere por la posibilidad de la continuidad de la vida humana en la Tierra a trav&eacute;s del auxilio t&eacute;cnico. En otras palabras, considerar que los paneles solares, la energ&iacute;a mareomotriz, o los alimentos sint&eacute;ticos constituyen la respuesta. Con Heidegger creemos, en cambio, que el problema tendr&iacute;a que solucionarse atendiendo el sentido del <i>ser</i>, en cuanto tal, sin identificarlo antes con referencia a las cosas. </p>     <p> No obstante, la dificultad descrita no puede adjudic&aacute;rsele a todas las ontolog&iacute;as sobre la faz de la Tierra, sino a una forma de saber muy particular de Occidente, asociada a las necesidades del capital, la cual hace que respondamos la pregunta por nuestro <i>ser</i> a trav&eacute;s de la posesi&oacute;n de las cosas. Por fortuna, existen contestaciones alternativas en diversas regiones del mundo que desarrollan el sentido del <i>ser</i> por medio de la relaci&oacute;n con el todo. Particularmente prestamos cuidado a las ontolog&iacute;as de algunas comunidades ind&iacute;genas, campesinas y afro latinoamericanas, de las cuales se est&aacute; inspirando el discurso pol&iacute;tico del Buen Vivir para proponer, entre otras, la declaraci&oacute;n universal de los derechos de la naturaleza. </p>     <p> Lo primero que debe comprenderse es que el principio de encuentro entre dichas ontolog&iacute;as<a href="#p4" name="p4b"><sup>4</sup></a>, es el supuesto seg&uacute;n el cual, todo es dependiente, todo est&aacute; conectado e interrelacionado con lo dem&aacute;s. Nada de lo que existe puede hacerlo de manera aut&oacute;noma, porque cada entidad es parte integral de la totalidad (Estermann, 1998). Para estas racionalidades, cada uno de los componentes del cosmos cumple una funci&oacute;n necesaria de la cual dependen muchas otras para su existencia (D&iacute;az, 2007). Incluso, concebir que algo pueda existir por fuera de la red de v&iacute;nculos con el todo, es una idea absolutamente absurda, porque es imposible que ese algo sea si no est&aacute; relacionado. La ontolog&iacute;a relacional puede ser descrita como una infinita y compleja trama de asociaciones inseparables e indisolubles, en donde los seres son comunidades de seres, antes que entidades individuales (Santos, 2010). Sin embargo, la comunidad a la que se hace referencia no es la de un c&iacute;rculo humano, sino la de una comunidad que adem&aacute;s de personas, incluye a plantas, animales, agua, aire, cielo y monta&ntilde;as (Huanacuni, 2010). Por eso el ser lo definen por su capacidad de hacer &quot;parte de&quot; y &quot;estar con&quot; otros sujetos de &eacute;sta gran comunidad. </p>     <p> Haciendo justicia, la filosof&iacute;a del irrompible lazo que ata a las personas con la naturaleza, los antepasados, los astros, minerales y herramientas, la debemos remontar a las cosmovisiones africanas que permitieron asegurar la supervivencia de los primeros humanos sobre la Tierra. Es el pensamiento de pueblos que se sienten parte del universo, porque entienden que la armon&iacute;a relacional es el principio b&aacute;sico para la convivencia entre seres humanos y naturaleza (Zapata, 1997). Por ejemplo, para las ontolog&iacute;as bant&uacute;es del &Aacute;frica central, el <i>munt&uacute;</i> es la persona, viva o difunta, que est&aacute; inherentemente relacionada con los dem&aacute;s entes del cosmos, pues el mundo depende del equilibrio entre las fuerzas vitales que lo componen y que est&aacute;n &iacute;ntimamente interconectadas (Temples, 1959). Dicha filosof&iacute;a de supervivencia, de acuerdo con Manuel Zapata, fue la sabidur&iacute;a que permiti&oacute; a la di&aacute;spora africana esclavizada y expoliada resistir a la ignominiosa explotaci&oacute;n a la que fueron sometidos en Am&eacute;rica. Efectivamente, las etnias afro-descendientes latinoamericanas, herederas de la ontolog&iacute;a m&aacute;s antigua del planeta y asentadas en la generosa biodiversidad tropical, construyeron su identidad concibi&eacute;ndose vinculados con los muertos, las divinidades, la familia y la gran comunidad humana y bi&oacute;tica que los cobija. </p>     <p> El principio de la relacionalidad con el todo no es de manera alguna exclusivo de las ontolog&iacute;as ind&iacute;genas y afro, sino que tiene una profunda afinidad con algunas sabidur&iacute;as budistas, como lo es el caso de la doctrina <i>madhyamaka</i> &ndash;escuela de la v&iacute;a media&ndash; fundada en la India del siglo II por el monje Nagarjuna. Para esta doctrina la existencia de cualquier cosa o fen&oacute;meno depende de otras cosas y fen&oacute;menos, que a su vez, tambi&eacute;n est&aacute;n condicionados. Tal idea se expresa en el concepto s&aacute;nscrito <i>pratityasamutpada</i>, traducido como origen condicionado, relacionalidad o contingencia. Tal perspectiva hace hincapi&eacute; en la naturaleza interdependiente de todo lo existente, y en el hecho de que no hay nada que tenga una realidad aut&oacute;noma de lo dem&aacute;s. La filosof&iacute;a de Nagarjuna sostiene que no pude hablarse de un elemento aislado que tenga una sustancialidad por s&iacute; y a partir de s&iacute; mismo, dado que cada cosa descansa y se origina a partir de otra, la cual por su parte, se origina de otra m&aacute;s, en una cadena infinita de relaciones vac&iacute;as de cualquier origen primario (Arnau, 2005). En t&eacute;rminos ontol&oacute;gicos, lo anterior implica la inexistencia de un &quot;yo&quot; individual y demarcado, lo que en otras palabras quiere decir, que no tiene ning&uacute;n sentido imaginar un &quot;yo&quot; al margen de los v&iacute;nculos con lo dem&aacute;s, porque ese &quot;yo&quot; est&aacute; tan hiperrelacionado que su propio <i>ser</i> se desborda. </p>     <p> An&aacute;logamente al pensamiento oriental, en las cosmogon&iacute;as ind&iacute;genas y afro el <i>ser</i> no puede vivir sino en constante relaci&oacute;n con su comunidad, porque lo que cada uno es, se determina por sus v&iacute;nculos con los dem&aacute;s. No obstante, esto no significa la desaparici&oacute;n del individuo, puesto que la comunidad tampoco podr&iacute;a <i>ser</i> si ella no estuviera integrada por cada uno de sus integrantes. Con mayor precisi&oacute;n corresponde a una dial&eacute;ctica ontol&oacute;gica, en donde el &eacute;nfasis est&aacute; dado en las interacciones que constituyen a cada uno de los seres que conforman la totalidad. Para las ontolog&iacute;as relacionales un individuo solo est&aacute; perdido,  es una nada, porque para <i>ser</i>, debe estar relacionado con el conjunto de seres de la gran comunidad de la que hace parte. En definitiva, cada <i>ser</i> podr&iacute;a definirse tan solo como un miembro m&aacute;s, integrado indisolublemente a una compleja red mutualista. Es un actor que cumple una funci&oacute;n espec&iacute;fica dentro de una concatenada red de relaciones (Estermann, 1998). As&iacute; entonces, el acento ontol&oacute;gico para estos pueblos se concentra en el nudo de v&iacute;nculos que une a los integrantes de la gran comunidad de la Madre Tierra, la cual, por supuesto, est&aacute; tambi&eacute;n conformada por los seres humanos. </p>     <p> Aceptar la met&aacute;fora de la Tierra como Madre, implica reconocer que las plantas, los r&iacute;os, los mares, los animales, las piedras, el suelo y el subsuelo, son nuestros hermanos pues todos, sin excepci&oacute;n, hemos sido paridos por la Tierra. Pero tambi&eacute;n que los seres humanos ser&iacute;amos tan solo una criatura m&aacute;s entre las muchas que componen la naturaleza. Antes que seres racionales, somos entes naturales vinculados por nexos vitales con el conjunto de fen&oacute;menos c&oacute;smicos (Estermann, 1998). La inexistencia oriental del &quot;yo&quot; podr&iacute;a interpretarse bajo la racionalidad ind&iacute;gena, como una individualidad difuminada: un &quot;nosotros&quot;, en donde cada quien, para <i>ser</i>, debe integrarse arm&oacute;nicamente a una colectividad (Lenkersdorf, 2005). </p>     <p> Sin embargo al analizar lo anterior es necesario hacer una importante aclaraci&oacute;n: la relacionalidad del todo no permite ning&uacute;n tipo de centrismo, raz&oacute;n por la cual no podr&iacute;a hablarse de enfoque bioc&eacute;ntrico, ecoc&eacute;ntrico, &oacute; cosmoc&eacute;ntrico, sino de una vasta red de relaciones vac&iacute;as de todo centro. En realidad, si intent&aacute;ramos poner el dedo en alg&uacute;n eje medular, nos dar&iacute;amos cuenta de que al hacerlo, estar&iacute;a en tal sobreabundancia de relaciones que cada cosa podr&iacute;a ser centro y circunferencia en el mismo momento. Llevar tal racionalidad al extremo nos permite dar cuenta de que el fen&oacute;meno de la vida no puede pensarse desligado de lo que com&uacute;nmente es aceptado como &quot;muerto&quot;, pues cada individuo necesita de las relaciones con el agua, el aire &oacute; el suelo que produce el alimento para poder ser. Pero a&uacute;n m&aacute;s, pensando la vida como un intrincado tejido de relaciones en donde la existencia es el resultado de condiciones hilvanadas en una conexi&oacute;n inseparable, tendr&iacute;amos que preguntarnos &iquest;qu&eacute; podr&iacute;a llamarse esencialmente muerto? </p>     <p> La respuesta para los pueblos ind&iacute;genas es contundente: nada est&aacute; muerto, todo vive y todo es necesario para el equilibrio y la vida (Huanacuni, 2010). Es la totalidad de la Madre Tierra, la <i>Pachamama</i>, en cuanto universo espacio temporal en donde se interrelaciona la vida en nuestro planeta, un <i>sujeto</i> vivo en toda su gloria y majestad. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> El sabio juicio tribal, de que la Tierra es un organismo vivo, no solo ata&ntilde;e a las racionalidades ind&iacute;genas, sino que es un discernimiento con el que concurren algunos investigadores como es el caso del reconocido cient&iacute;fico James Lovelock (2007) con su teor&iacute;a de Gaia. Seg&uacute;n Lovelock, Gaia es un sistema fisiol&oacute;gico que ha sido capaz de mantener la Tierra apta para la vida durante m&aacute;s de tres mil millones de a&ntilde;os, dada su facultad de regular su temperatura y su qu&iacute;mica. Seg&uacute;n Lovelock, la bi&oacute;sfera mantiene una homeostasis lograda por la arm&oacute;nica interrelaci&oacute;n de los componentes biol&oacute;gicos y f&iacute;sicos que la componen. </p>     <p> Por cualquier v&iacute;a, ya sea a trav&eacute;s de las cosmovisiones ind&iacute;genas o los aportes del conocimiento cient&iacute;fico, entender que la Tierra es un organismo vivo nos permite tener una concepci&oacute;n ontol&oacute;gica diferente a la construida durante la modernidad, pues los humanos, como todos los dem&aacute;s sujetos de la Madre Tierra, somos entes en constante relaci&oacute;n dentro de un organismo vivo, en donde no existen centros ni periferias. Pero como la pregunta ca&iacute;da en el olvido y la que debe hacerse no es aquella que interroga por el ser, sino por el sentido del <i>ser</i> (Heidegger, 1971), una hermen&eacute;utica ecol&oacute;gica del sujeto tiene que efectuarse a trav&eacute;s de contestaciones que resuelvan dicho cuestionamiento por la capacidad de integrarse arm&oacute;nicamente a la gran comunidad viva de la Madre Tierra. Si al decir de Heidegger, el <i>ser</i> de los humanos consiste en estar referido a posibilidades, la complicaci&oacute;n hoy m&aacute;s grande, es la probabilidad de no continuar siendo posibles. Resolvernos, por tanto, consiste en encontrar nuestra posici&oacute;n espec&iacute;fica en la totalidad de relaciones dentro de la Madre Tierra. </p>     <p> Para las racionalidades del Buen Vivir de las comunidades ind&iacute;genas de los Andes, la posici&oacute;n que hombres y mujeres desempe&ntilde;amos en el mundo es esclarecedora: el ser humano es ante todo un cuidador, un agri-cultor, en la m&aacute;xima expresi&oacute;n del t&eacute;rmino: un cultor responsable de la continuaci&oacute;n de la vida (Estermann, 1998). De manera similar, otra respuesta ontol&oacute;gica edificante puede encontrarse en algunas racionalidades de ciertos campesinos, para quienes el v&iacute;nculo con la tierra es el sentido mismo de su propia vida. Es una forma de <i>ser</i> y estar en el mundo, en el que la tierra cultivada les ofrece los alimentos necesarios para vivir y, en correspondencia, ellos act&uacute;an de modo rec&iacute;proco a trav&eacute;s de su cuidado. Si la aut&eacute;ntica esencia humana ha estado extraviada, y la soberbia auto-constituci&oacute;n de creernos los &uacute;nicos sujetos sobre la Tierra fue la principal causa de su ocultamiento, la modesta interpretaci&oacute;n de jardineros, cultores, pastores, o cuidadores de un interrelacionado sistema vivo, es quiz&aacute; la respuesta que m&aacute;s necesitamos para continuar siendo posibles. </p>     <p> Con base en la interpretaci&oacute;n descrita creemos que podemos entender, con mayor profundidad, los presupuestos ontol&oacute;gicos del proyecto impulsado por los movimientos del Buen Vivir que explicaremos a continuaci&oacute;n. </p> </font> <font face="verdana" size="3"><b>LA DECLARACI&Oacute;N UNIVERSAL DE LOS DERECHOS DE LA MADRE TIERRA</b></font> <font face="verdana" size="2">     <p> Para comenzar es preciso mencionar que lo ideal ser&iacute;a que la experiencia humana vivida desde el lugar permitir&aacute; la valoraci&oacute;n intr&iacute;nseca de la Tierra. Que existiera un cambio ontol&oacute;gico de un ser humano individualizado y separado de la naturaleza, por uno que, retornando a las ra&iacute;ces de la Tierra, revalorice el fen&oacute;meno de la vida y se conciba como parte de la misma. La idea finalmente es que se impulsara la conservaci&oacute;n no por altruismo &ndash;o por un &quot;deber ser&quot; moral&ndash; sino porque el mismo hecho de hacerlo se vea como parte del inter&eacute;s de su propia existencia, seg&uacute;n propone la ecolog&iacute;a profunda de Arne Naess (2006). Consideramos que apelar a una transformaci&oacute;n de tal tipo es ineludible y tiene que partir de un proyecto educativo &ndash;inscrito a su vez en un proyecto pol&iacute;tico integral a largo plazo&ndash; como tendr&iacute;a que hacerlo desde ya la utop&iacute;a del Buen Vivir. </p>     <p> Pero en vista de la rapidez con que ha devenido la devastaci&oacute;n ambiental no es posible esperar un cambio ontol&oacute;gico de este tipo. Por eso consideramos loable que las racionalidades de ciertas sociedades rurales ayuden a entretejer la construcci&oacute;n de alternativas pol&iacute;ticas creativas como reconocerle derechos a la Madre Tierra, hecho que ha ocurrido recientemente en la Constituci&oacute;n ecuatoriana y la legislaci&oacute;n boliviana. </p>     <p> Se trata de normativas que aceptan que el <i>ser</i> no es solo el <i>ser</i> de los humanos, sino que la Madre Tierra, en cuanto sujeto vivo, es un <i>ser</i> que tiene derecho a existir. Habr&aacute; quienes afirmen que otorgarle derechos a la naturaleza es un acto en s&iacute; mismo antropoc&eacute;ntrico, porque son los humanos los que se dan el lugar de decidir qui&eacute;n es, o no, sujeto de derechos. Por supuesto que la Madre Tierra no los tiene; ella simplemente <i>es</i>. Ese tema es una invenci&oacute;n exclusiva de nuestra especie y carece completamente de sentido para un insecto, un &aacute;rbol o el agua. Pero no podemos pretender salirnos de nuestros propios zapatos para intentar mirar con objetividad el mundo, porque la realidad emerge dependiente de quien la percibe. Las personas siempre aprehenderemos con las categor&iacute;as que hemos elaborado culturalmente, como el pensar en t&eacute;rminos de derechos. Lo que si podemos hacer desde nuestra posici&oacute;n &ndash;de la que es imposible desentendernos&ndash; es no considerarnos centro de nada, sino entes constitutivamente relacionales y, por tanto, en continua reciprocidad con el medio con el que interactuamos. </p>     <p> En verdad, los derechos de la Madre Tierra pueden ser vistos como un acto de reciprocidad, circunscrito dentro de una normativa relacional, porque en toda relaci&oacute;n hay un v&iacute;nculo bidireccional entre entes ontol&oacute;gicamente diferentes, pero interdependientemente complementarios. En otras palabras no es posible que una de las partes d&eacute; y la otra solo reciba &ndash;como en el caso de la actividad extractiva&ndash; sin que se rompa el equilibrio que debe ser mantenido (Estermann, 1998). En tal sentido, en la misma proporci&oacute;n en que la Tierra nos ofrece todos los elementos f&iacute;sicos, identitarios, afectivos que necesitamos para vivir (Walsh, 2009), ella requiere que los humanos actuemos en correspondencia. De manera que reconocer derechos es una forma de aceptar que, en la simbiosis de la realidad, somos incompletos y requerimos que los dem&aacute;s existan para complementarnos (Medina, 2008) y permitir as&iacute; nuestra propia existencia. </p>     <p> Los primeros pasos significativos en los que se adoptan estas racionalidades, son los procesos pol&iacute;ticos del Buen Vivir que se viven en Latinoam&eacute;rica. En el caso que nos ocupa, la Carta Magna de Ecuador aprobada en 2008, promulga que la <i>Pachamama</i>: &quot;tiene derecho a que se respete integralmente su existencia y el mantenimiento y regeneraci&oacute;n de sus ciclos vitales, estructura, funciones y procesos evolutivos...&quot;. El hecho de aceptar que se respete su existencia, ontol&oacute;gicamente significa que se reconozca su ser mismo, &oacute; sea, admitir el derecho de que un bosque, un r&iacute;o, y una monta&ntilde;a, sigan siendo un bosque, un r&iacute;o y una monta&ntilde;a. Adem&aacute;s, a contracorriente del proyecto moderno, la Madre Tierra legislativamente no podr&aacute; ser considerada m&aacute;s en forma de objeto, sino como un sujeto, m&aacute;s all&aacute; de cualquier valoraci&oacute;n humana en cuanto a utilidad, inter&eacute;s econ&oacute;mico o est&eacute;tico (Gudynas, 2009). </p>     <p> Por su parte, Bolivia, a trav&eacute;s de la Ley de la Madre Tierra, estableci&oacute; los derechos de la naturaleza, con los cuales se le reconoce el derecho a la vida; a la diversidad; al aire limpio; al agua pura; al equilibrio; a la restauraci&oacute;n y a vivir libre de contaminaci&oacute;n. Lo m&aacute;s significativo de esta ley es que ubican en el mismo nivel de importancia los derechos de la naturaleza y los humanos. M&aacute;s all&aacute; de los proyectos desarrollistas que quieran implantar los gobiernos, se est&aacute;n creando herramientas jur&iacute;dicas para que cualquier persona, comunidad u organizaci&oacute;n pueda exigir el cumplimiento de los derechos de la Madre Tierra. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> Es claro que pese a la relevancia de estas dos normativas, es absolutamente insuficiente que dos pa&iacute;ses aisladamente le reconozcan derechos a la naturaleza. Por eso, luego de finalizar la XV Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Clim&aacute;tico en Copenhague 2009, Bolivia convoc&oacute; la Primera Conferencia Mundial de los Pueblos sobre el Cambio Clim&aacute;tico, evento durante el cual se redact&oacute; el proyecto de declaraci&oacute;n universal de los derechos de la <i>Madre Tierra</i>: </p>     <blockquote> Nosotros, los pueblos de la Tierra... &ndash;dice el pre&aacute;mbulo del acuerdo&ndash; considerando que todos somos parte de la Madre Tierra, una comunidad indivisible vital de seres interdependientes e interrelacionados con un destino com&uacute;n; reconociendo con gratitud que la Madre Tierra es fuente de vida, alimento, ense&ntilde;anza, y provee todo lo que necesitamos para vivir bien... convencidos de que en una comunidad de vida interdependiente no es posible reconocer derechos solamente a los seres humanos, sin provocar un desequilibrio en la Madre Tierra; afirmando que para garantizar los derechos humanos es necesario reconocer y defender los derechos de la Madre Tierra y de todos los seres que la componen, y que existen culturas, pr&aacute;cticas y leyes que lo hacen... proclamamos esta Declaraci&oacute;n Universal de Derechos de la Madre Tierra, y hacemos un llamado a la Asamblea General de las Naciones Unidas para adoptarla, como prop&oacute;sito com&uacute;n para todos los pueblos y naciones del mundo... (Cmpcc, 2011) </blockquote>     <p> Como puede apreciarse, el texto advierte que as&iacute; como los seres humanos tienen sus derechos, los dem&aacute;s seres de la Madre Tierra tambi&eacute;n los tienen, porque al comprendernos como seres intr&iacute;nsecamente relacionados, no puede haber derechos para nadie si no los hay para todos<a href="#p5" name="p5b"><sup>5</sup></a>. Por tanto para que puedan garantizarse el derecho a la vida, a la salud, a la libertad, a la dignidad, a los alimentos y el agua para los seres humanos, es indispensable primero proteger los derechos de la Madre Tierra. Considerar que dar prioridad a la Tierra sobre las personas puede dar lugar a un ecofascismo, seg&uacute;n se ha sugerido, es no concebir que somos seres dependientes e integrantes de la naturaleza. Por el contrario, un humanismo radical consentir&iacute;a que &uacute;nicamente al reconocer los derechos de la Madre Tierra podr&iacute;a ser posible garantizar los derechos humanos. </p>     <p> El proyecto de los pueblos sostiene que en caso de conflictos entre los derechos de cada <i>ser</i>, ellos tendr&iacute;an que resolverse de una manera que siempre &quot;mantenga la integridad, equilibrio y salud de la Madre Tierra&quot;. Es decir, el criterio para decidir sobre los derechos econ&oacute;micos, sociales y culturales de las sociedades humanas debe responder al principio de la armon&iacute;a y la salud, entendida como un estado de equilibrio biol&oacute;gico entre los miembros de la gran comunidad. </p>     <p> Bas&aacute;ndose en las racionalidades ind&iacute;genas y la teor&iacute;a de Gaia, en el acuerdo a la Madre Tierra se le considera un sujeto: &quot;...un ser vivo... una comunidad indivisible y auto regulada de seres interrelacionados que sostiene, contiene y reproduce a todos los seres que la componen&quot;. El acuerdo continua se&ntilde;alando que &quot;cada ser se define por sus relaciones como parte integrante de la Madre Tierra&quot;. La redacci&oacute;n es absolutamente vehemente al aclarar que: &quot;El t&eacute;rmino &quot;ser&quot; incluye los ecosistemas, comunidades naturales, especies y todas las otras entidades naturales que existen como parte de la Madre Tierra&quot; (Cmpcc, 2011). Sin duda, corresponde a un discernimiento ontol&oacute;gico por el cual no se designa al <i>ser</i> directamente con el &quot;yo&quot; de los humanos, y en cambio se hace una definici&oacute;n ampliada del <i>ser</i>, al considerar a cada uno de los miembros de un organismo vivo. </p>     <p> Teniendo en la cuenta todo lo anterior, la declaraci&oacute;n del movimiento de los pueblos por la Madre Tierra subraya que todos los <i>seres</i> tienen derecho a existir y a ser respetados; a la libre auto-regeneraci&oacute;n de procesos vitales sin alteraci&oacute;n humana; a la identidad en cuanto individuos diferenciados pero interdependientes; al agua; al aire limpio; a la salud integral; a estar libre de contaminaci&oacute;n; a no sufrir modificaciones gen&eacute;ticas; a la restauraci&oacute;n de las afectaciones producidas por la humanidad; y, a vivir libres de trato cruel por parte de los seres humanos (Cmpcc, 2011). Reconocer estos derechos es asumir nuestra responsabilidad como cultores, cuidadores y pastores, por lo que en el apartado de obligaciones se advierte que &quot;todos los seres humanos son responsables de respetar y vivir en armon&iacute;a con la Madre Tierra&quot; y se conmina a una serie de obligaciones que deben asumir los Estados, organizaciones p&uacute;blicas y privadas al adoptar el acuerdo. </p>     <p> Dijimos que la intenci&oacute;n no era permanecer en una meditaci&oacute;n filos&oacute;fica. La idea es que al considerar el <i>ser</i> en cuanto tal, tengamos presupuestos ontol&oacute;gicos que nos sirvan, entre otras cosas, para estimular la creatividad pol&iacute;tica. Sabemos que la aprobaci&oacute;n de la declaraci&oacute;n universal de los derechos de la Madre Tierra es ya de por s&iacute; un complicado asunto, pues interfiere con los directos intereses del capitalismo. Pero siendo realistas debemos ser a&uacute;n m&aacute;s ambiciosos y no limitarnos a un acuerdo internacional. Hay que lograr un cambio, una emancipaci&oacute;n en contra de nuestros propios pensamientos, para poder sentirnos parte de la naturaleza y asumir las responsabilidades en los actos que dicha transformaci&oacute;n ontol&oacute;gica nos obliga. </p> </font> <font face="verdana" size="3"><b>CONCLUSI&Oacute;N</b></font> <font face="verdana" size="2">     <p> Comenzamos el art&iacute;culo mencionando la miseria del pensamiento como causa y consecuencia de la actual crisis civilizatoria. Del hecho de no considerar desde una perspectiva del ser el peligro que la humanidad corre a consecuencia de la &quot;ecocida&quot; civilizaci&oacute;n construida. Por eso quisimos volver a la pregunta olvidada, aquella que interroga por el sentido del <i>ser</i> en cuanto tal, pero a partir de ontolog&iacute;as relacionales. En divergencia con la concepci&oacute;n lineal y progresiva del tiempo, creemos necesario volver a la conciencia de los primeros habitantes sobre la Tierra quienes permitieron su propia supervivencia al considerarse como entes vinculados en un nudo inquebrantable con los dem&aacute;s seres de la Madre Tierra. M&aacute;s all&aacute; de un misticismo, la apuesta de sentirnos hermanados con los difuntos, como en el <i>munt&uacute;</i> africano o las racionalidades ind&iacute;genas, representa hacer una apuesta por el retorno de lo posible, la vuelta a una concepci&oacute;n ecol&oacute;gica y primigenia de la especie necesaria para sobrevivir, como lo ense&ntilde;&oacute; por generaciones la connotaci&oacute;n afro del humano hermanado arm&oacute;nicamente con el resto de los seres de la Tierra y el cosmos (Zapata, 1997). </p>     <p> No quiere decir que pretendamos volver a un estado primitivo. Eso no es viable. Se trata de entender que en la actualidad la hecatombe ambiental es el resultado de la pobreza de pensamiento de la modernidad occidental, y que debemos aceptar el reto de transgredir las l&oacute;gicas predatorias heredadas, y concebirnos de manera semejante a las ontolog&iacute;as relacionales que perviven a&uacute;n en muchas culturas. Finalmente, lo que est&aacute; en juego es la posibilidad de que podamos mantener nuestra propia vida en el planeta. </p> <hr>    <br> <b>Notas al Pie</b>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> <a href="#p3b" name="p3"><sup>3</sup></a> Al usar el t&eacute;rmino &quot;existenciaria&quot; parafraseamos a Heidegger, quien  hace una diferenciaci&oacute;n con la palabra &quot;existencial&quot;, para dar cuenta del ser que se pregunta por el sentido de su existencia.    <br> <a href="#p4b" name="p4"><sup>4</sup></a> Reiteramos una vez m&aacute;s que si bien la utop&iacute;a se apoya en cosmovisiones y filosof&iacute;as de culturas diversas, no pretende equipararlas, y borrar de tajo sus distintivos y caracter&iacute;sticas propias. Si bien la trampa es caer en una excesiva generalizaci&oacute;n, la idea es hacer un di&aacute;logo intercultural del cual podamos inspirarnos para la creatividad pol&iacute;tica.    <br> <a href="#p5b" name="p5"><sup>5</sup></a> Es importante aclarar, que cuando se hace referencia a los derechos para todos se est&aacute; hablando de la totalidad de la Madre Tierra y no a sujetos individuales como podr&iacute;a malinterpretarse. La idea es que las acciones humanas no violen las congruencias del mundo natural. </p> </font> <hr>    <br> <font face="verdana" size="3"><b>BIBLIOGRAF&Iacute;A</b></font> <font face="verdana" size="2">     <!-- ref --><p> Adorno, Theodor y Horkeimmer, Max. (1987). Dial&eacute;ctica del iluminismo. Traducci&oacute;n de Murena H.A. Buenos Aires: Editorial Sudamericana. p. 302 &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000057&pid=S1909-2474201200020000600001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> Juan. (2005). La palabra frente al vacio. Filosof&iacute;a de Nagarjuna. M&eacute;xico D.F.: Fondo de Cultura Econ&oacute;mica. Colegio de M&eacute;xico. 347 p.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000058&pid=S1909-2474201200020000600002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Cmpcc. (2011). Conferencia Mundial de los Pueblos sobre el Cambio Clim&aacute;tico y los Derechos de la Madre Tierra &#91;En l&iacute;nea&#93; Recuperado de <a href="http://cmpcc.wordpress.com/2010/04/24/conclusiones-finales-grupo-de-trabajo-3-derechos-de-la-madre-tierra/#more-1816" target="_blank">http://cmpcc.wordpress.com/2010/04/24/conclusiones-finales-grupo-de-trabajo-3-derechos-de-la-madre-tierra/#more-1816</a> &#91;Consulta: 18 de diciembre de 2012&#93;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000059&pid=S1909-2474201200020000600003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref -->. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000060&pid=S1909-2474201200020000600004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Dussel, Enrique. (1994). 1492: El encubrimiento del otro. Hacia el origen del &quot;mito de la modernidad&quot;. La Paz: Plural Editores. p.186 &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000061&pid=S1909-2474201200020000600005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> Arturo. (2005). M&aacute;s all&aacute; del tercer mundo. Globalizaci&oacute;n y diferencia. Bogot&aacute;: Editorial Norma. p.276     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000062&pid=S1909-2474201200020000600006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Estermann, Josef. (1998). Filosof&iacute;a andina. Estudio intercultural de la sabidur&iacute;a aut&oacute;ctona andina. Quito: Ediciones Abda-Yala. p. 359 &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000063&pid=S1909-2474201200020000600007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> Michel. (1979). Microf&iacute;sica del poder. Traducci&oacute;n de Varela, J. y &Aacute;lvarez, F. Madrid: Las Ediciones de la Piqueta. p.189     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000064&pid=S1909-2474201200020000600008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Gudynas, Eduardo. (2009). La ecolog&iacute;a pol&iacute;tica del giro bioc&eacute;ntrico en la nueva Constituci&oacute;n de Ecuador. <i>Revista de Estudios Sociales</i>. 32: 34-47.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000065&pid=S1909-2474201200020000600009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000066&pid=S1909-2474201200020000600010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Heidegger, Martin. (1994). La pregunta por la t&eacute;cnica. Barcelona: Ediciones del Serbal. Traducci&oacute;n de Barja&uacute;, E.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000067&pid=S1909-2474201200020000600011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000068&pid=S1909-2474201200020000600012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Heidegger, Martin. (2000). Carta sobre el humanismo. Traducci&oacute;n de Cort&eacute;s, H. y Leyte, A Madrid: Alianza Editorial.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000069&pid=S1909-2474201200020000600013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000070&pid=S1909-2474201200020000600014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Lenkersdorf, Carlos. (2005). Filosofar en clave tojolobal. M&eacute;xico D.F.: Miguel &Aacute;ngel Porr&uacute;a. p. 277 &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000071&pid=S1909-2474201200020000600015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> James. (2007). La venganza de la tierra. Traducci&oacute;n de Garc&iacute;a, M. M&eacute;xico, D.F.: Editorial Planeta. p. 249     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000072&pid=S1909-2474201200020000600016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Medina, Javier. (2008). Suma Qama&ntilde;a. La comprensi&oacute;n ind&iacute;gena de la Buena Vida. La Paz: GTZ. p. 238.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000073&pid=S1909-2474201200020000600017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000074&pid=S1909-2474201200020000600018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Quijano, Anibal. (2000). Colonialidad del poder, eurocentrismo y Am&eacute;rica Latina. En: La colonialidad del saber: eurocentrismo y ciencias sociales. Perspectivas latinoamericanas. Lander, E. (Comp.) 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