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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[LA ALFABETIZACIÓN ECOLÓGICA COMO NUEVA PEDAGOGÍA PARA LA COMPRENSIÓN DE LOS SERES VIVIENTES]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[ECOLOGICAL LITERACY AS A NEW PEDAGOGY FOR THE UNDERSTANDING OF LIVING THINGS]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[The central objective of this article is to analyze the bases, the platform and the principles of the pedagogy Fritjof Capra has called Ecological Literacy to refer to a particular way of addressing environmental education, no longer from the classroom but from the very place where it seeks to be intervened having Deep Ecology as the philosophical-scientific support and with a vast experience of collective work that has gone beyond geographical borders, and does not require more doctrine that willingness and humbelness to follow the steps to discover the problems and act accordingly in the here and now of the complex community relations with living systems.]]></p></abstract>
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<kwd lng="es"><![CDATA[Educación ambiental]]></kwd>
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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">     <p> <b>DOI:  <a href="http://dx.doi.org/10.17151/luaz.2015.41.20" target="_blank">http://dx.doi.org/10.17151/luaz.2015.41.20</a></b> </p> </font>     <center><font face="verdana" size="3"><b>LA <i>ALFABETIZACI&Oacute;N ECOL&Oacute;GICA</i> COMO NUEVA PEDAGOG&Iacute;A PARA LA COMPRENSI&Oacute;N DE LOS SERES VIVIENTES    <br>    <br> <i>ECOLOGICAL LITERACY</i> AS A NEW PEDAGOGY FOR THE UNDERSTANDING OF LIVING THINGS.</b></font></center> <font face="verdana" size="2">     <p>     <center>Jos&eacute; M. Aranda S&aacute;nchez<a href="#a1" name="a1b"><sup>1</sup></a></center> </p>     <p> <a href="#a1b" name="a1"><sup>1.</sup></a> Profesor-Investigador de la Universidad Aut&oacute;noma del Estado de M&eacute;xico, adscrito a la Facultad de Artes, Toluca, M&eacute;xico. <a href="mailto:arandasjm@gmail.com">arandasjm@gmail.com</a> </p>     <p>     <center>Recibido el 13 de julio de 2014, aprobado el 20 de noviembre de 2014 y actualizado el 08 de mayo de 2015</center> </p>  <b>RESUMEN</b>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> El objetivo central de este art&iacute;culo es analizar las bases, la plataforma y los principios de la pedagog&iacute;a que Fritjof Capra ha denominado <i>Alfabetizaci&oacute;n Ecol&oacute;gica</i>, para referirse a una particular forma de abordar la educaci&oacute;n ambiental, ya no desde el sal&oacute;n de clases sino a partir del lugar mismo donde se busca intervenir, teniendo como soporte filos&oacute;fico-cient&iacute;fico a la <i>Ecolog&iacute;a Profunda</i>; y con una vasta experiencia de trabajo colectivo que ha rebasado fronteras geogr&aacute;ficas, y no exige m&aacute;s doctrina que la voluntad y humildad para seguir los pasos que permitan descubrir los problemas y actuar en consecuencia, en el aqu&iacute; y ahora de nuestras complejas relaciones comunitarias con los sistemas vivientes. </p> <b>PALABRAS CLAVE</b>     <p> Educaci&oacute;n ambiental, alfabetizaci&oacute;n ecol&oacute;gica, ecolog&iacute;a profunda, ecosof&iacute;as, sistemas vivos. </p>  <b>ABSTRACT</b>     <p> The central objective of this article is to analyze the bases, the platform and the principles of the pedagogy Fritjof Capra has called <i>Ecological Literacy</i> to refer to a particular way of addressing environmental education, no longer from the classroom but from the very place where it seeks to be intervened having <i>Deep Ecology</i> as the philosophical-scientific support  and with a vast experience of collective work that has gone beyond geographical borders, and does not require more doctrine that willingness and humbelness to follow the steps to discover the problems and act accordingly in the here and now of the complex community relations with living systems. </p> <b>KEY WORDS</b>     <p> Environmental education, ecological literacy, deep ecology, ecosophy, living things. </p> <hr>    <br> </font> <font face="verdana" size="3"><b>INTRODUCCI&Oacute;N</b></font> <font face="verdana" size="2">     <p> Sin duda la creciente preocupaci&oacute;n por las cuestiones ecol&oacute;gicas y los cambios curriculares del sistema educativo han favorecido la progresiva entrada de los temas ambientales en la escuela. No obstante, por lo general esos temas son tratados de manera superficial, es decir, sin ir m&aacute;s all&aacute; de los enunciados generales, &quot;por encima&quot; de los problemas, y sin que logre promover en los estudiantes la comprensi&oacute;n y explicaci&oacute;n de los procesos ambientales como sistemas complejos<a href="#p2" name="p2b"><sup>2</sup></a> (Mart&iacute;nez, 1993; Harvey y Reed, 1997; Eve et al., 1997; Mart&iacute;nez y Gocho, 1998; Hayles, 2003; Bocara, 2004; Garc&iacute;a, R., 2005; Reynoso, 2009). </p>     <p> Asistimos a un momento en que tanto ni&ntilde;os como j&oacute;venes y adultos queremos hacer algo por cuidar el planeta; pero la informaci&oacute;n disponible es en muchos casos insuficiente y, otras veces, confusa y contradictoria. As&iacute;, es frecuente que en las escuelas se lleven a cabo campa&ntilde;as &quot;ecol&oacute;gicas&quot;; sin embargo, estas acciones por lo general quedan descontextualizadas de la propuesta pedag&oacute;gica que debiera sustentar la Educaci&oacute;n Ambiental (Damian y Monteleone, 2002). </p>     <p> Lo anterior se debe a que los docentes se encuentran ante el dilema de incorporar los temas que la sociedad demanda; pero que no estuvieron presentes en su formaci&oacute;n acad&eacute;mica-profesional. Por lo mismo, no cuentan con los marcos did&aacute;ctico-disciplinares ni las experiencias formativas previas. Entonces tienen que enfrentarse al desaf&iacute;o de ense&ntilde;ar lo que no aprendieron, logrando exponer los temas sin que esa ense&ntilde;anza pueda incidir en una formaci&oacute;n para la sustentabilidad como tendr&iacute;a que ser (Jonassen y Land, 2000). </p>     <p> Tal es el caso de una pr&aacute;ctica docente muy recurrente en las escuelas con la popular campa&ntilde;a de recolecci&oacute;n de latas, botellas de pl&aacute;stico o de reciclado de papel. Por lo regular, se convierte en una moda y se diluye el objetivo. De ah&iacute; que, en lugar de apuntar a la modificaci&oacute;n de determinados h&aacute;bitos consumistas y apoyar la toma de conciencia acerca de la innecesaria cantidad de basura que se produce y el impacto que tiene en el ambiente, el prop&oacute;sito de la campa&ntilde;a se reduce a juntar un cierto volumen de material reciclable a fin de canjearlo por alg&uacute;n premio para la escuela (una computadora o una videocasetera). El punto es que &quot;juntar latitas&quot; y otras acciones pasa a ser un fin en s&iacute; mismo que no siempre es resignificado a trav&eacute;s de una pr&aacute;ctica escolar contextualizada por un antes y un despu&eacute;s (cambio de actitud), ni adecuadamente encuadrado en una secuencia did&aacute;ctica que permita conceptualizar, reflexionar y alcanzar una mirada cr&iacute;tica en torno a nuestras decisiones y acciones cotidianas, as&iacute; como evaluar el impacto que estas tienen en el ambiente (Damian y Monteleone, 2002). </p>     <p> A pesar de lo anterior, m&uacute;ltiples y diversos son los intentos y experiencias institucionales relacionadas con la Educaci&oacute;n Ambiental contextualizadas en la realidad local donde se abren a la comunidad y que no se limitan a la escuela. Especialmente, suelen ser exitosas las experiencias que logran un trabajo interdisciplinario, por ejemplo, entre las &aacute;reas de ciencias naturales y ciencias sociales, donde se integran organizaciones sociales (Guti&eacute;rrez, 1995; Jonassen y Land, 2000; Aguilar y Maihol&#39;d, 2001; Caride y Metra, 2001; Wenger, 2001; West, 2002; Sureda y Colom, 2003; Capra, 2003; Carabias et al., 2009). </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> En este art&iacute;culo se expone una pedagog&iacute;a diferente a la dominante en las pr&aacute;cticas convencionales, que est&aacute; vigente y generando m&uacute;ltiples experiencias ecol&oacute;gicas en diferentes ambientes y pa&iacute;ses, y que interesa considerar en sus fundamentos y plataforma metodol&oacute;gica, resaltando la importancia de re-plantear la cuesti&oacute;n desde la ecolog&iacute;a profunda, y resituando el problema de la pr&aacute;ctica ecol&oacute;gica en el momento mismo de la planeaci&oacute;n educativa, a partir de la toma de conciencia de que, en estricto sentido, la mayor parte de nosotros somos unos <i>analfabetas ecol&oacute;gicos</i>, puesto que apenas tenemos unas cuantas nociones generales y superficiales de los complejos entretejidos que forman y conforman la vida en el planeta, y que tal vez por ello a&uacute;n no asumimos con decisi&oacute;n y conocimiento los compromisos que las crecientes crisis ecol&oacute;gicas exigen. </p>     <p> El escrito se integra en tres apartados: una presentaci&oacute;n de la <i>ecolog&iacute;a profunda</i> de Arne Naess; la nueva perspectiva de los sistemas vivos de Fritjof Capra, y principios de la <i>alfabetizaci&oacute;n ecol&oacute;gica</i>, terminando con algunas reflexiones derivadas del an&aacute;lisis y una prospectiva que busca ser a la vez invitaci&oacute;n a re-pensar y actuar en consecuencia. </p> </font> <font face="verdana" size="3"><b>BASES DE LA <i>ECOLOG&Iacute;A PROFUNDA</i></b></font> <font face="verdana" size="2">     <p> Si bien desde mediados de los noventa Fritjof Capra (1999) afirmaba que la Ecolog&iacute;a Profunda constitu&iacute;a un nuevo paradigma, eminentemente hol&iacute;stico, a partir de una visi&oacute;n integrada del mundo, y no como una serie discontinua de partes, actualmente esa perspectiva no solo sigue vigente sino que adem&aacute;s ha adquirido mayor relevancia, en la medida en que no disocia a los seres humanos, ni objeto u artefacto alguno, del entorno natural. Es decir, concibe y percibe al mundo no como una colecci&oacute;n de objetos separados entre s&iacute;, sino como una compleja red de procesos interconectados e interdependientes que configuran una trama, de la cual los seres vivos son una fibra. </p>     <p> En su expresi&oacute;n m&aacute;s abierta, la ecolog&iacute;a profunda se presenta m&aacute;s como un movimiento que una filosof&iacute;a. Condensa importantes conjuntos de personas de diferentes formaciones y ocupaciones, que coinciden y promueven el mismo estilo de vida y llevan al cabo campa&ntilde;as y acciones colectivas en defensa del ambiente, adem&aacute;s de partidos verdes que participan en el terreno pol&iacute;tico de varios pa&iacute;ses, incluso un grupo ultra que toma acciones ante problemas cr&iacute;ticos de la bi&oacute;sfera (Naess, 1988). </p>     <p> De hecho, es un movimiento radical en dos aspectos: primero, debido a que busca plantear un cuestionamiento &quot;profundo&quot; acerca de las prioridades valorativas y de los supuestos filos&oacute;ficos (tanto ontol&oacute;gicos como filos&oacute;ficos y &eacute;ticos) que se enlazan en nuestra forma de vivir y de pensar; segundo, y como consecuencia de lo anterior, puesto que promueve un cambio de fondo de las sociedades humanas que deje ya la idea del crecimiento econ&oacute;mico como lo principal, en aras de una vida &quot;simple en los medios pero rica en los fines&quot;. Sobra decir que bajo esta premisa, al movimiento se le ha tachado de ingenuidad, sobre todo por desconocer los intereses pol&iacute;ticos y el af&aacute;n de lucro que se han impuesto en nuestras sociedades &quot;desarrolladas&quot;. </p>     <p> El sentido de la profundidad que proclama el movimiento apunta a se&ntilde;alar que es una reflexi&oacute;n en torno a los fundamentos de la organizaci&oacute;n social, as&iacute; que, para quienes cuestionan el modelo de desarrollo y los estilos de vida imperantes, no existe justificaci&oacute;n alguna que d&eacute; cuenta de que la sociedad, la educaci&oacute;n, e incluso la religi&oacute;n, resultan beneficiadas para toda la vida en el planeta considerado globalmente. Por ello es que, a continuaci&oacute;n se pregunta qu&eacute; se requiere para lograr los cambios necesarios. M&aacute;s a&uacute;n, no se limita la cr&iacute;tica a un enfoque cient&iacute;fico: se tiene la obligaci&oacute;n de una visi&oacute;n total. Por ello es que, a pesar de que la mayor&iacute;a de los seguidores no son fil&oacute;sofos, ese &quot;cuestionarlo todo&quot; los hace conscientes de su propia filosof&iacute;a (o ecosof&iacute;a), como nombra Naess a ese conjunto de &quot;visiones totales&quot; que surgen en parte de la ecolog&iacute;a (Issa, 2003). </p> Tal como lo hiciera S&oacute;crates, Naess busca producir un cuestionamiento hasta que los dem&aacute;s tengan el saber en torno a su posici&oacute;n sobre las cuestiones b&aacute;sicas de la vida y la muerte (Naess, 1969; Merchant, 1992; Sessions, 1995).     <p> Ahora bien, esas &quot;ecosof&iacute;as&quot; pueden presentar muchas diferencias (hasta llegar a la oposici&oacute;n) entre los partidarios de la ecolog&iacute;a profunda; pero lo principal es la motivaci&oacute;n de todos en cuanto a su vinculaci&oacute;n especial con la naturaleza, en la medida en que procede de sus creencias y actitudes m&aacute;s afianzadas: es la palanca y soporte para garantizar la continuidad y eficacia del movimiento (Garc&iacute;a, M., 2005). </p>     <p> Sin embargo, la otra orientaci&oacute;n que perfil&oacute; Naess para insistir en la idea de ecolog&iacute;a &quot;profunda&quot;, destaca la diferenciaci&oacute;n entre esta &uacute;ltima perspectiva y aquella considerada como superficial, que si bien tambi&eacute;n muestra preocupaci&oacute;n por el planeta, no deja de estar anclada a una idea antropoc&eacute;ntrica de los problemas ecol&oacute;gicos con base en la que la naturaleza tiene que protegerse b&aacute;sicamente por el valor instrumental que tiene para los humanos. Es ah&iacute; donde la ecolog&iacute;a profunda critica duramente la desviaci&oacute;n socialmente injusta a escala mundial, impl&iacute;cita en la ideolog&iacute;a que nutre al movimiento de &quot;reforma superficial&quot;. En otras palabras, no basta con el combate a la contaminaci&oacute;n y a la explotaci&oacute;n desmedida de recursos, ya que el prop&oacute;sito es principalmente la salud y opulencia de los habitantes de pa&iacute;ses desarrollados. Es entonces cuando el movimiento se radicaliza y llama a una revaloraci&oacute;n metaf&iacute;sica del significado de ser humanos. De ninguna manera se trata de repensar el lugar que le corresponde a los hombres en la totalidad del cosmos, sino de cambiar la perspectiva de que cada persona en el planeta se maneja y decide desde &quot;su verdadero yo&quot; (Issa, 2003). </p>     <p> En estricto sentido, el n&uacute;cleo filos&oacute;fico de la ecolog&iacute;a profunda se encuentra constituido por dos postulados. El primero es la afirmaci&oacute;n de un holismo de car&aacute;cter m&iacute;stico a partir del cual los individuos &uacute;nicamente existen como tales relativamente, o m&aacute;s bien, solo pueden ser concebidos como tales en virtud de sus relaciones con los dem&aacute;s seres vivientes. La vida no es m&aacute;s que una red dentro de la cual los seres individuales constituyen nodos o centros de interacci&oacute;n espaciales. Sin embargo, no existe un ser vivo al margen del continuo biol&oacute;gico, y este es en realidad un sistema de relaciones completamente integrado, quiere decir, una totalidad indiferenciada que se encuentra en flujo constante. La idea-fuerza para plantear esta ontolog&iacute;a hiperholista la obtiene de Mahatma Gandhi, quien asimismo se inspir&oacute; en la escuela vedanta advaita de filosof&iacute;a hinduista, que sostiene la tesis de la unidad esencial de todo lo existente. </p>     <p> De este primer supuesto, a saber, que no hay un aut&eacute;ntico argumento para diferenciar entre yo y no-yo, entonces, y este es el segundo postulado de la ecolog&iacute;a profunda, quien se identifica con la totalidad del universo no &uacute;nicamente tiene la visi&oacute;n (ontol&oacute;gica) recta de las cosas, sino que adem&aacute;s ha alcanzado un grado de madurez psicol&oacute;gica que deber&aacute; traducirse necesariamente en una transformaci&oacute;n del trato que le dispensa la naturaleza (Naess, 1995). </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> En efecto, la regla de la Autorrealizaci&oacute;n exige un llamado a que los hombres expandan la conciencia que tienen de s&iacute; mismos, y con ello dejen atr&aacute;s la idea com&uacute;n y ego&iacute;sta de que somos individuos separados con intereses particulares, para orientarnos correctamente hasta alcanzar un sentimiento de identificaci&oacute;n con el todo. Entonces, la plena realizaci&oacute;n, as&iacute; comprendida, consiste en una verdadera trascendencia<a href="#p3" name="p3b"><sup>3</sup></a> hacia un estadio religioso. Para Naess esta perspectiva conlleva, entre otras cosas, la presencia de un significativo impulso motivacional para la conservaci&oacute;n ecol&oacute;gica (Passmore, 1978). </p>     <p> De tales argumentos se desprenden dos consecuencias de la mayor relevancia. Ante todo, el estilo de vida de aquellos que han experimentado el cambio de su ego restringido en el <i>ego ecol&oacute;gico</i> no puede seguir orientado &ndash;como sucede en el capitalismo contempor&aacute;neo&ndash; por el deseo de mayor nivel de consumo. El cambio radical que ha sufrido su visi&oacute;n del mundo lo impulsa necesariamente a buscar una vida m&aacute;s sencilla; aunque tambi&eacute;n m&aacute;s llena de experiencias, aceptando una disposici&oacute;n de medios requeridos para disfrutarla. Naess insiste mucho en no dejar de revisar nuestros valores habituales a favor de valores que enaltezcan la experiencia en todos sus aspectos. </p>     <p> La otra consecuencia es de mayor peso filos&oacute;fico, en la medida en que ese cambio en la percepci&oacute;n del mundo es la base para poder llevar a cabo la acci&oacute;n acertada. Esto es, que se da un decisivo apartamiento de la &eacute;tica (incluso la ambiental) y de la moral y el deber, para aproximarse a la ontolog&iacute;a, como soporte para la acci&oacute;n correcta. Este cuestionamiento llega incluso a poner en duda el fundamento de la &eacute;tica para la conservaci&oacute;n. Esto es, si la gente percibe el cuidado que le brinda a la naturaleza como un sacrificio de su inter&eacute;s ego&iacute;sta, la &eacute;tica que se lo demanda como obligaci&oacute;n no conseguir&aacute; eficacia pr&aacute;ctica. El mejor camino es la <b>identificaci&oacute;n</b> del individuo con el universo natural, ya que ser&aacute; entonces cuando la conservaci&oacute;n se aprecie en t&eacute;rminos de un inter&eacute;s propio, aut&eacute;ntico, y la acci&oacute;n se realizar&aacute; por amor y con gusto, mas no por deber que se considera exigido desde afuera (Naess, 2002). </p> </font> <font face="verdana" size="3"><b>LA NUEVA PERSPECTIVA DE LOS SISTEMAS VIVOS</b></font> <font face="verdana" size="2">     <p> Mucho antes de proponer algunos principios, relativamente sencillos y claros, con base en los cuales impuls&oacute; una nueva pedagog&iacute;a ecol&oacute;gica, Fritjof Capra llev&oacute; a cabo un profundo estudio, an&aacute;lisis y reflexi&oacute;n en torno al problema ecol&oacute;gico y los sistemas vivientes, que lo llev&oacute; no solo a consultar y deliberar con los principales cient&iacute;ficos de todo el mundo durante mediados y finales de los a&ntilde;os ochenta, sino tambi&eacute;n a explorar sobre un posible &quot;nuevo&quot; paradigma en la ense&ntilde;anza ambiental, producto precisamente de ese ir m&aacute;s all&aacute; en la explicaci&oacute;n de los problemas ecol&oacute;gicos urgentes de enfrentar; pero adem&aacute;s, acerca de otro camino para asumir individual y colectivamente la responsabilidad social que nos corresponde. </p>     <p> La obra central de Capra, y de la cual haremos una narraci&oacute;n-resumen parcial, con el prop&oacute;sito de ir llevando al lector por la l&oacute;gica que el autor encontr&oacute; m&aacute;s id&oacute;nea en su af&aacute;n de presentar en un todo coherente la s&iacute;ntesis de su perspectiva, es <i>La trama de la vida</i>, ampliamente reconocida por expertos, fil&oacute;sofos y estudiosos de los temas ambientales como un aporte que marc&oacute; un momento de ruptura y re-comienzo de la reflexi&oacute;n profunda de nuestro lugar y compromiso como seres humanos ante la complejidad de la vida y su sostenibilidad ahora y en adelante (Capra, 1999). </p>     <p> Se trata de un recorrido que nos va mostrando, a veces a pasos y en momentos a grandes saltos, c&oacute;mo el esclarecimiento del problema ecol&oacute;gico no fue tarea f&aacute;cil ni exenta de controversias, principalmente cient&iacute;ficas, que derivaron en una diferente forma de comprender la crisis ambiental y, en consecuencia, de ofrecer una alternativa para asumir nuestra responsabilidad, una vez que hemos logrado abordar la cuesti&oacute;n desde la exigencia del pensamiento, es decir, cuando hemos avanzado desde la apariencia y la contemplaci&oacute;n hasta la comprensi&oacute;n y la acci&oacute;n consecuente (Arendt, 2002). </p>     <p> El primer pasaje fue mostrar c&oacute;mo, desde la f&iacute;sica, vale decir, de la ciencia exacta por excelencia, se registr&oacute; un cuestionamiento de fondo en torno al viejo paradigma que conceb&iacute;a al universo como un sistema mec&aacute;nico compuesto de piezas, al cuerpo como una m&aacute;quina, la vida social como un campo de lucha por la supervivencia y el poder; la creencia en el progreso material sin l&iacute;mites a trav&eacute;s del crecimiento econ&oacute;mico y tecnol&oacute;gico, as&iacute; como la idea de que el patriarcado y la consiguiente dominaci&oacute;n sobre las mujeres por parte de los hombres era algo as&iacute; como una &#39;ley natural&#39;. </p> El nuevo paradigma, que ya hemos analizado suficientemente en el punto anterior, de la Ecolog&iacute;a Profunda es sin duda el eje y pivote del replanteamiento, por lo que no agregaremos nada m&aacute;s.     <p> El paso siguiente consisti&oacute; en considerar la emergencia del pensamiento sist&eacute;mico como un segundo momento en el cual la humanidad avanz&oacute; para esclarecer y &quot;resolver&quot; un viejo dilema filos&oacute;fico y cient&iacute;fico: la relaci&oacute;n entre el <i>todo</i> y las <i>partes</i> que lo componen. En efecto, para Capra la secuencia llev&oacute; al conocimiento cient&iacute;fico del estudio de las partes a la comprensi&oacute;n del todo, en la medida en que se avanz&oacute; desde el paradigma mecanicista al ecol&oacute;gico, que supone lo hol&iacute;stico u organicista. </p>     <p> No se trat&oacute; de un cambio lineal ni mucho menos, sino de un &#39;p&eacute;ndulo ca&oacute;tico&#39;, a partir de la irrupci&oacute;n del pensamiento sist&eacute;mico, encabezado por los bi&oacute;logos, que antepusieron la percepci&oacute;n de los organismos vivos como totalidades integradas. M&aacute;s adelante, la psicolog&iacute;a de la Gestalt<a href="#p4" name="p4b"><sup>4</sup></a> y la nueva ecolog&iacute;a habr&iacute;an de esclarecer el esquema y darle proyecci&oacute;n hacia otras &aacute;reas del conocimiento. </p>     <p> Para Capra, la tensi&oacute;n entre mecanicismo y organicismo tiene mucha historia, y se refiere a la a&ntilde;eja oposici&oacute;n entre substancia (materia, estructura, forma, cantidad) y forma (patr&oacute;n, orden, cualidad). As&iacute;, ante el mecanicismo de Descartes el primer cuestionamiento radical, si bien surgi&oacute; en el arte, la literatura y la filosof&iacute;a del XVIII, fue en el XIX cuando Immanuel Kant opuso las m&aacute;quinas a los organismos, otorg&aacute;ndoles a estos la capacidad de autoproducci&oacute;n y autoorganizaci&oacute;n (Capra, 1999). </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> Desde el mecanicismo del siglo XIX, reforzado por los descubrimientos en biolog&iacute;a, especialmente en microbiolog&iacute;a, se avanz&oacute; a trav&eacute;s de las controversias con el vitalismo, hasta llegar a la biolog&iacute;a organicista, que en oposici&oacute;n al mecanicismo y al vitalismo, tom&oacute; el problema de la forma biol&oacute;gica, sembrando la semilla de lo que hoy denominamos <i>pensamiento sist&eacute;mico</i>. En esa v&iacute;a, se explor&oacute; el concepto de organizaci&oacute;n, que ir&iacute;a reemplazando la antigua noci&oacute;n de funci&oacute;n en fisiolog&iacute;a, lo que propici&oacute; un cambio del pensamiento mecanicista al sist&eacute;mico. De ah&iacute; se dio un importante paso para identificar una de las propiedades especiales de toda manifestaci&oacute;n de vida: la tendencia a construir estructuras multinivel de sistemas dentro de sistemas. Donde cada uno de ellos forma un todo con respecto a sus partes, siendo a la vez parte de un todo mayor. De esta manera, las c&eacute;lulas se combinan para formar tejidos, estos para conformar &oacute;rganos y estos a su vez para configurar organismos (Capra, 1999). </p>     <p> Estas ideas de la biolog&iacute;a organicista, por lo tanto, supon&iacute;an una concepci&oacute;n sist&eacute;mica de la vida en t&eacute;rminos de conectividad, relaciones y contexto. Seg&uacute;n esta visi&oacute;n, las propiedades esenciales de un organismo o sistema viviente, son cualidades del todo que ninguna de las partes presenta. O sea, emergen de las interacciones y relaciones entre las partes. </p>     <p> Como consecuencia de estos cambios epistemol&oacute;gicos, Capra afirma que result&oacute; en un <i>shock</i> para la ciencia del siglo XX ya que implic&oacute; la constataci&oacute;n de que los sistemas no pueden ser comprendidos por medio del an&aacute;lisis, es decir, que las propiedades de las partes no son intr&iacute;nsecas, sino que &uacute;nicamente pueden ser comprendidas en el contexto de un conjunto mayor. Lo que deriva en una inversi&oacute;n de los t&eacute;rminos: <i>las propiedades de las partes solo pueden conocerse desde la organizaci&oacute;n del conjunto</i>. De ah&iacute; que el pensamiento sist&eacute;mico no se concentre en los componentes b&aacute;sicos, sino en los principios esenciales de organizaci&oacute;n. </p>     <p> En tanto que los bi&oacute;logos organicistas ten&iacute;an ante s&iacute; la totalidad irreductible en los organismos, los f&iacute;sicos cu&aacute;nticos en los fen&oacute;menos at&oacute;micos y los psic&oacute;logos de la Gestalt en la percepci&oacute;n, los ec&oacute;logos la encontraban en sus estudios de comunidades de plantas y animales<a href="#p5" name="p5b"><sup>5</sup></a>. Y as&iacute; fue como el ec&oacute;logo bot&aacute;nico brit&aacute;nico A.G. Tansley refut&oacute; la noci&oacute;n de superorganismo y propuso el t&eacute;rmino &quot;ecosistema&quot; para describir a las comunidades de animales y plantas. Actualmente se entiende por ecosistema una comunidad de organismos y su entorno f&iacute;sico, interactuando como una unidad ecol&oacute;gica, indicando la aproximaci&oacute;n sist&eacute;mica de la ecolog&iacute;a. </p>     <p> Para Capra, la nueva ciencia de la ecolog&iacute;a (Del&eacute;age, 1993) enriqueci&oacute; el emergente pensamiento sist&eacute;mico con la introducci&oacute;n de dos nuevos conceptos: <b>comunidad</b> y <b>red</b>. En una palabra: la mayor&iacute;a de los organismos no solo son miembros de comunidades ecol&oacute;gicas, sino adem&aacute;s complejos ecosistemas que contienen cantidad de organismos m&aacute;s peque&ntilde;os dotados de relativa autonom&iacute;a; pero integrados armoniosamente en un todo funcional. Por ello es que la &quot;trama de la vida&quot; es una expresi&oacute;n, con mucha historia, para dar cuenta del entretejido e interdependencia de todos los fen&oacute;menos; donde los sistemas vivos son redes en interacci&oacute;n con otros sistemas (Jacob, 1994; Penfield, 1995; Monod, 1998; Wagensberg, 2001; Rozsak, 2003; Diamond, 2007; Sch&ouml;dinger, 2012). </p>     <p> Lo principal, entonces, radic&oacute; en el <i>cambio de las partes al todo o bien de objetos a relaciones</i>. Puede decirse que se trat&oacute; de un cambio de esquemas, de diagramas, por eso es que para el pensar sist&eacute;mico las relaciones son prioritarias. Sin embargo, la red de relaciones se describe en t&eacute;rminos de su correspondiente red de conceptos y modelos, ninguno de los cuales es m&aacute;s importante que otro. Asimismo, el viejo paradigma de la certeza del conocimiento cient&iacute;fico se ve cuestionado por el nuevo paradigma que acepta que todos los conceptos y teor&iacute;as cient&iacute;ficas son limitados y aproximados: la ciencia nunca puede ofrecer una comprensi&oacute;n completa y definitiva (Bateson, 1998). </p>     <p> Esto &uacute;ltimo conlleva al pensamiento en t&eacute;rminos de procesos, es decir, que en la ciencia sist&eacute;mica cada estructura es vista como expresi&oacute;n de procesos subyacentes. En esta l&oacute;gica, el metabolismo de la c&eacute;lula viva, que combina orden y actividad de un modo que no puede ser descrito por la ciencia mecanicista, implica miles de reacciones qu&iacute;micas, que se producen simult&aacute;neamente para transformar los nutrientes de la c&eacute;lula, sintetizar sus estructuras b&aacute;sicas y eliminar los productos de desecho. &quot;El metabolismo es una actividad continua, compleja y altamente organizada&quot; (Capra, 1999, p. 63). </p>     <p> M&aacute;s adelante, debido a los esfuerzos de Bertalanffy, el pensamiento sist&eacute;mico era ya un movimiento cient&iacute;fico de importancia; y &eacute;l mismo insist&iacute;a en que el pensamiento evolucionista, es decir, en t&eacute;rminos de cambio, crecimiento y desarrollo, requer&iacute;a una nueva ciencia de la complejidad. Y si bien se reconoce a la termodin&aacute;mica y su &quot;segunda ley&quot; como expresi&oacute;n pionera de la nueva aproximaci&oacute;n, o sea, el trascendente principio de la disipaci&oacute;n de la energ&iacute;a, o mejor conocido como entrop&iacute;a, apenas se introduc&iacute;an los principios de irreversibilidad, de un vector de tiempo en la ciencia de la &eacute;poca. </p>     <p> Por ello, uno de los m&eacute;ritos de Bertalanffy fue haber acu&ntilde;ado el t&eacute;rmino &quot;equilibrio fluyente&quot; para dar cuenta del funcionamiento de los sistemas abiertos, que a diferencia de los sistemas cerrados &ndash;caracter&iacute;sticos de las m&aacute;quinas&ndash;, describ&iacute;an el equilibrio din&aacute;mico de los sistemas vivientes, raz&oacute;n por la cual se impon&iacute;a una &quot;nueva termodin&aacute;mica&quot; donde la autorregulaci&oacute;n de las estructuras disipativas es la regla y principio cibern&eacute;tico (Bertalanffy, 1974). </p>     <p> De ah&iacute; a la autopoiesis, es decir: la organizaci&oacute;n de lo vivo, Capra muestra con abundantes referencias la conexi&oacute;n exacta entre autoorganizaci&oacute;n y vida, enfatizando el proceso de <b>cognici&oacute;n</b>, en una nueva comprensi&oacute;n, mostrando c&oacute;mo se trata de una red de procesos de producci&oacute;n, en la cual la funci&oacute;n de cada componente es participar en la producci&oacute;n o transformaci&oacute;n de otros componentes de la red (Capra, 1999). </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> Este paso fue crucial y deriv&oacute; en la concepci&oacute;n de <i>Gaia</i>, la tierra viva, en una concepci&oacute;n que, haciendo eco a las reflexiones de Lovelock, avanz&oacute; junto con Lynn Margulis hasta develar gradualmente una compleja red de bucles de retroalimentaci&oacute;n que, afirmaron, era la responsable de la autorregulaci&oacute;n del planeta (Lovelock y Margulis, 1974). </p> As&iacute;, la mezcla de sistemas vivos, como los animales, y no vivos como rocas o el agua, conformamos un todo org&aacute;nico con base en la complejidad del sistema.     <p> Esa visi&oacute;n de los seres vivos como redes autoorganizadoras, cuyos componentes se encuentran interconectados y son interdependientes, nos dice Capra, tiene referencias en la historia de la filosof&iacute;a de las ciencias; pero las herramientas matem&aacute;ticas para estudiar la interconectividad no-lineal, t&iacute;pica de las redes, solo se dio con las llamadas <i>matem&aacute;ticas de la complejidad</i>, o tambi&eacute;n teor&iacute;a de los sistemas din&aacute;micos, que es precisamente una teor&iacute;a matem&aacute;tica, y no una teor&iacute;a de los fen&oacute;menos f&iacute;sicos (Jantsch, 1980; Guattari, 1996; Guiddens, 1998; Capra, 1999; Maturana y Varela, 2000, 2001; Prigogine y Stengers, 2004). </p>     <p> Espec&iacute;ficamente, estas matem&aacute;ticas incluyen: una referencia a la ciencia cl&aacute;sica y el &aacute;lgebra superior; las Ecuaciones diferenciales, la retroalimentaci&oacute;n y las iteraciones. Las huellas del caos en Poincar&eacute;, las trayectorias de los espacios abstractos, los <i>atractores extra&ntilde;os</i>, la geometr&iacute;a fractal, los n&uacute;meros complejos, y los patrones dentro de patrones. De tal manera, que la nueva s&iacute;ntesis permite confirmar la estructura de los sistemas vivos, a saber: las <i>estructuras disipativas</i>, directamente relacionadas con los cambios; solo que ahora se trata de estructuras que se encuentran en no-equilibrio y no-linialidad. Lo que adem&aacute;s se vincula con lo que Prigogine (2008) establece como irreversibilidad e indeterminaci&oacute;n de los procesos. </p>     <p> Entonces, la relaci&oacute;n entre orden y desorden queda removida, toda vez que del desorden puede surgir el orden; e incluso del orden al desorden que muestra la idea del movimiento de estado improbable a estado probable, condici&oacute;n que matem&aacute;ticamente puede definirse como el estado <i>atractor</i> de equilibrio t&eacute;rmico (Capra, 1999). </p>     <p> Con todas esas nuevas bases, y la convicci&oacute;n de que en los seres vivos existen bucles catal&iacute;ticos<a href="#p6" name="p6b"><sup>6</sup></a> (quiere decir, procesos qu&iacute;micos no-lineales, <i>irreversibles</i>) que conducen a inestabilidades a trav&eacute;s de la reiterada retroalimentaci&oacute;n autoamplificadora, y siguiendo las reflexiones de Prigogine, Capra nos conmina a integrarnos m&aacute;s plenamente con la naturaleza, a la cual le debemos respeto, cooperaci&oacute;n y el di&aacute;logo, un nuevo di&aacute;logo con las entidades no-humanas. </p>     <p> Y si bien el desarrollo de su planteamiento entorno a la autopoiesis<a href="#p7" name="p7b"><sup>7</sup></a>, desde nuestro punto de vista, queda insuficientemente formulada, no deja de ser interesante pensar en la fusi&oacute;n de los mundos simb&oacute;lico y natural, justamente a partir del lenguaje humano. Lo que nos remite de nuevo al sistema <i>Gaia</i> y a los ecosistemas, como las unidades b&aacute;sicas de los sistemas vivientes, en su articulaci&oacute;n con las entidades no bi&oacute;ticas. Se trata de comprender y visualizar al universo en su totalidad, donde la vida existente y los ecosistemas operan en forma de redes, a partir de componentes que interact&uacute;an entre s&iacute; de tal manera que la red entera se autorregula, organiza y funciona con su entorno. As&iacute;, el despliegue de la vida nos conduce a saber que sabemos, es decir, al autoconocimiento, caracter&iacute;stico de la psique humana. </p> </font> <font face="verdana" size="3"><b>PRINCIPIOS DE UNA PEDAGOG&Iacute;A PARA LA ALFABETIZACI&Oacute;N ECOL&Oacute;GICA</b></font> <font face="verdana" size="2">     <p> Del anterior recorrido, Capra nos lleva finalmente a reflexionar en el hecho de que somos unos verdaderos <i>analfabetas ecol&oacute;gicos</i>; pero que podemos avanzar para lograr un verdadero conocimiento ecol&oacute;gico el cual, desde su perspectiva, tendr&iacute;a que partir de los siguientes principios: 1) interdependencia entre todos los integrantes de una comunidad ecol&oacute;gica, ya que se encuentran interconectados en una vasta y compleja red de relaciones, la <i>trama de la vida</i>; 2) el car&aacute;cter c&iacute;clico de los procesos ecol&oacute;gicos, puesto que los circuitos de retroalimentaci&oacute;n son caminos a trav&eacute;s de los cuales los nutrientes son continuamente reciclados. Entender que comunidades enteras de organismos han evolucionado de este modo a lo largo de miles de millones de a&ntilde;os, usando y reciclando sin cesar las mismas mol&eacute;culas de minerales, agua y aire; 3) la asociaci&oacute;n es otro de los rasgos esenciales de las comunidades sostenibles, donde los intercambios c&iacute;clicos de energ&iacute;a y recursos en un ecosistema se sostienen en una cooperaci&oacute;n omnipresente, o sea, al establecer v&iacute;nculos, vivir incluso unos dentro de otros y cooperar. Se trata de aspectos distintos de un mismo patr&oacute;n de organizaci&oacute;n, para lograr la m&aacute;xima sostenibilidad<a href="#p8" name="p8b"><sup>8</sup></a>. </p>     <p> De los anteriores principios, Capra desprende dos nuevas caracter&iacute;sticas a tomarse muy en cuenta en los sistemas vivos: la <b>flexibilidad</b> y la <b>diversidad</b>. En el primer caso, sugiere adem&aacute;s una correspondiente estrategia de resoluci&oacute;n de conflictos, ante las inevitables discrepancias en toda comunidad ecol&oacute;gica; mientras que el papel de la diversidad se encuentra &iacute;ntimamente ligado a su estructura en red. As&iacute;, en los ecosistemas, la complejidad de su red es consecuencia de su biodiversidad, por lo cual esa comunidad ser&aacute; ecol&oacute;gicamente resistente. De ah&iacute; que para el autor, la supervivencia de la humanidad depender&aacute; en gran medida de nuestra capacidad de comprender los principios de ecolog&iacute;a y vivir en consecuencia, es decir, depender&aacute; de nuestra alfabetizaci&oacute;n ecol&oacute;gica (Pomier, 2002). </p>     <p> Ahora bien, sobre la base de los anteriores principios, se requiere emprender de otra manera la tarea de educaci&oacute;n ecol&oacute;gica, cambiando significativamente el esquema y el proceso de <i>alfabetizaci&oacute;n ecol&oacute;gica</i>, lo que supone, adem&aacute;s, considerar lo siguiente (Capra y Luisi, 2014): </p>     <p> <b>1) Replantear el curr&iacute;culum</b>. Este principio establece que es necesario desacralizar el curr&iacute;culum entendido como conjunto de temas y lecciones predeterminadas, listas para su aplicaci&oacute;n en los educandos, para impulsar una concepci&oacute;n diferente, donde no cabe la idea de un curr&iacute;culum de &quot;talla &uacute;nica&quot;, sino que este existir&aacute; en todo lugar donde se genere aprendizaje. Bajo esta perspectiva, se buscar&aacute; que cada quien y siempre en colectivo establezca los contenidos que su propia motivaci&oacute;n y experiencias personales les lleven. As&iacute;, los ni&ntilde;os pueden encontrar relevancia y significado en el aprendizaje cuando ellos est&aacute;n metidos hasta las rodillas en un r&iacute;o o midiendo los efectos de la restauraci&oacute;n de los p&aacute;jaros cantores y los sauces. Cuando las comunidades-escuelas est&aacute;n profundamente comprometidas en resolver problemas de restauraci&oacute;n, ellos practican una capacidad esencial para la sostenibilidad; pero penosamente faltante en muchos curr&iacute;culums: la capacidad para la compasi&oacute;n, extendiendo la vigilancia a todas las formas de vida. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> <b>2) Partir de la teor&iacute;a de los sistemas vivientes</b>. La teor&iacute;a de los sistemas funciona adecuadamente como un marco cient&iacute;fico que requiere un cambio de percepci&oacute;n hacia una nueva manera de pensar basada en las relaciones, el contexto, y las conexiones. La pregunta es: &iquest;Existe un patr&oacute;n de organizaci&oacute;n com&uacute;n que pueda ser identificado en todos los seres vivos? As&iacute; es, y su principal propiedad es que se trata de un patr&oacute;n en forma de red. Por ello, dondequiera que encontremos sistemas vivos &ndash;organismos, partes de organismos o comunidades de organismos&ndash;, podremos observar que sus componentes est&aacute;n dispuestos en forma de red. Si vemos la vida, vemos redes. Asimismo, ha quedado en claro que los seres vivos comparten la emergencia espont&aacute;nea de orden, conocida cient&iacute;ficamente como &quot;autoorganizaci&oacute;n&quot;. Y este proceso incluye la creaci&oacute;n de nuevas estructuras y nuevos modelos de comportamiento, es decir, procesos de desarrollo, aprendizaje y evoluci&oacute;n. Asimismo, la autoorganizaci&oacute;n se da &uacute;nicamente cuando el sistema se encuentra alejado del equilibrio. Finalmente, implica la interconectividad no-lineal de los componentes del sistema. </p>     <p> <b>3) Considerar la sabidur&iacute;a de los pueblos originarios</b>. Esta &quot;nueva manera&quot; de pensar, de percibir el mundo en t&eacute;rminos del contexto y las conexiones, es tambi&eacute;n sabidur&iacute;a ancestral. Los pueblos ind&iacute;genas se han sostenido ellos mismos a trav&eacute;s del tiempo en comunidades entendidas para incluir a los humanos, a las otras criaturas vivientes, y a la Tierra. Es importante asimilar c&oacute;mo las maneras de educar que estuvieron una vez indisolublemente integradas en la vida de una comunidad deben ser ahora conscientemente refortificadas, en su propio lugar, y hasta en un mayor grado en las sociedades industrializadas y altamente m&oacute;viles. En las comunidades sostenibles, el compromiso de la comunidad total es ponderado como esencial para el bienestar de todos. </p>     <p> <b>4) Una pedagog&iacute;a basada en el lugar (situada)</b>. Los ni&ntilde;os necesitan comprometerse organizadamente con los sistemas vivientes y con la vida de las personas quienes viven gracias a estos sistemas. Antes de que los estudiantes sean introducidos a un conocimiento disciplinario m&aacute;s avanzado, ellos deber&iacute;an ser inmersos en h&aacute;bitats y comunidades tal como estos ocurren, fuera de los l&iacute;mites construidos en los salones de clases &ndash;como los r&iacute;os, las monta&ntilde;as, los conucos, los humedales, los jardines, los bosques, los lagos, las islas&ndash;. De tal compromiso crece la reverencia que es capaz de transformar el aprendizaje del simple conocimiento a una pasi&oacute;n por preservar esos lugares. La ense&ntilde;anza situada, al establecer un v&iacute;nculo entre la educaci&oacute;n y la vida, permite generar pr&aacute;cticas educativas aut&eacute;nticas. Se trata de un aprendizaje comprendido como proceso multidimensional de apropiaci&oacute;n cultural, ya que se logra una experiencia que incluye el pensamiento, la afectividad y la acci&oacute;n. </p>     <p> <b>5) Educaci&oacute;n basada en proyectos</b>. Las perspectivas experiencial y situada plantean el problema de la organizaci&oacute;n y secuencia de los contenidos de la ense&ntilde;anza o de la estructura del curr&iacute;culo en t&eacute;rminos de saberes y habilidades o competencias que la persona debe lograr para afrontar los problemas, necesidades y asuntos relevantes que se le plantean en los entornos acad&eacute;micos y sociales donde se desenvuelve. De esta manera, las experiencias educativas en que participan los estudiantes en forma de actividades propositivas y aut&eacute;nticas, organizadas en forma de <i>proyectos</i>, constituyen los elementos organizadores del curr&iacute;culo. Este debe ofrecer al alumno situaciones que lo conduzcan a un crecimiento continuo, gracias a la interacci&oacute;n entre las condiciones objetivas o sociales e internas o personales, es decir, entre el entorno f&iacute;sico y social y las necesidades, intereses, experiencias y conocimientos previos de los alumnos. </p>     <p> <b>6) Conformaci&oacute;n de comunidades de aprendizaje</b>. Esta es la profunda lecci&oacute;n que necesitamos aprender de la naturaleza. La manera de sostener la vida es construir y mantener la comunidad. La comunidad es esencial para entender la sostenibilidad, y tambi&eacute;n es esencial para ense&ntilde;ar la ecolog&iacute;a de la manera multidisciplinaria que requiere. En las escuelas, varias disciplinas necesitan ser integradas para crear un curr&iacute;culum orientado ecol&oacute;gicamente. Obviamente esto solo es posible si profesores de varias disciplinas colaboran, y si la administraci&oacute;n de la escuela hace que tal colaboraci&oacute;n sea posible. En el proyecto se establecer&aacute; la conformaci&oacute;n de comunidades de aprendizaje en la medida en que diversos grupos de estudiantes y docentes participen en la integraci&oacute;n de redes donde se generen las experiencias educativas situadas, con base en proyectos, y, como prioridad, que resulten en un verdadero servicio a la comunidad. </p>     <p> <b>7) Traduciendo teor&iacute;a en pr&aacute;ctica</b>. La perspectiva experiencial, de &quot;aprender haciendo&quot; y el pensamiento reflexivo, en el caso de la Educaci&oacute;n Ambiental adquiere especial relevancia, por lo que esta propuesta plantea una secuencia pedag&oacute;gica para experimentar con el aprendizaje, en los siguientes t&eacute;rminos: a) En primer lugar se buscar&aacute; que los estudiantes <b>descubran</b> un problema, vale decir, se den cuenta de c&oacute;mo funcionan los sistemas vivientes, de su relaci&oacute;n con el medio abi&oacute;tico, de tal manera que, b) Exploren ese medio, profundicen en los factores que intervienen, encuentren las causas y avancen a la comprensi&oacute;n de lo sucedido, promoviendo que se motiven a c) Ense&ntilde;ar a otros ni&ntilde;os y docentes su descubrimiento y entendimiento del problema, lo que conducir&aacute; su esfuerzo a tratar de d) Cambiar esas condiciones, encontrar alternativas viables, para lo cual tendr&aacute;n que, e) Actuar, entrelazando su hallazgo con otras historias, es decir, estableciendo v&iacute;nculos con la comunidad de la que forman parte. </p>     <p> <b>8) Asumir la Responsabilidad personal</b>. Por la vida en general y por los sistemas vivientes de su entorno en particular. Lo m&aacute;s importante es tomar conciencia de la necesidad de impulsar formas y modelos sostenibles de vida, difundirlos y actuar en consecuencia, ya no como una tarea escolar o una acci&oacute;n aislada, sino en t&eacute;rminos de un proyecto de vida comprometido con la sostenibilidad. Lo que implica considerar que la Educaci&oacute;n Ambiental no termina jam&aacute;s, y que la responsabilidad social debe asumirse como un compromiso &eacute;tico que se tiene con la sociedad en su conjunto y con el planeta en su complejidad creciente. </p>     <p> 9) La alfabetizaci&oacute;n ecol&oacute;gica es una forma de <b>cultivar la inteligencia emocional, social y ecol&oacute;gica</b>, a fin de generar conocimientos, habilidades y valores esenciales para una vida sostenible. Por ello, incluye: <i>Descubrir, explorar, ense&ntilde;ar, cambiar</i> y <i>compartir</i>. Como la secuencia a seguir en la aplicaci&oacute;n de esta pedagog&iacute;a, ya que se trata de una serie de experiencias-acciones por medio de las cuales, b&aacute;sicamente los ni&ntilde;os (y pre-j&oacute;venes), acceder&aacute;n a esta diferente forma de conexi&oacute;n con la naturaleza. Veamos brevemente cada uno de los momentos en sus rasgos principales: </p>     <blockquote> a) <i>Descubrir</i>. El contacto directo con la naturaleza tiene como prop&oacute;sito encontrar relaciones que la propia trama de la vida ofrece; aunque puedan estar encubiertas o no ser visibles a primera vista; pero que es posible de-velar a partir de la vivencia inmediata. Se trata de iniciar el proceso educativo no con teor&iacute;as o conceptos, sino con la operaci&oacute;n racional-afectiva de la indagaci&oacute;n, lo que supone una b&uacute;squeda inicial para dar con los factores de la situaci&oacute;n observada. Y ese transparentar los hechos supone no &uacute;nicamente el resultado de un impulso investigativo, que existe en todos los humanos y otros seres vivos, sino adem&aacute;s el establecimiento de un v&iacute;nculo entre quien descubre y eso &quot;real&quot; de su descubrimiento; pero que a la vez tiene otras dos dimensiones, a saber: lo simb&oacute;lico y lo imaginario. El primero para dar cuenta de los conceptos con los cuales accedemos a la naturaleza; mientras que lo imaginario expresa justamente el peso de la imagen en cuesti&oacute;n, de tal manera que los tres registros: real, simb&oacute;lico e imaginario, entran en acci&oacute;n en el momento del descubrimiento, abriendo el an&aacute;lisis a los conocimientos sobre una forma de vida sostenible, siempre desde el entrelazamiento de las entidades humanas con las entidades no humanas. Asimismo, el momento del descubrimiento permite empezar a captar la complejidad de las relaciones observadas, desde la perspectiva de quien est&aacute; en posibilidad de asumir la funci&oacute;n de agencia, es decir, la de poder hacer actuar a otras entidades, mismas que en la &quot;recomposici&oacute;n&quot; de la trama de la vida igualmente pueden ocupar la funci&oacute;n de agencia, con base en el rol que puedan desempe&ntilde;ar. </blockquote>     <blockquote> b) <i>Explorar</i>. Para guiar adecuadamente la exploraci&oacute;n, como segundo momento del proceso, es necesario tener en cuenta uno de los principios generales de la AE que plantea la idea de que quienes aprenden son &quot;inteligentes por naturaleza&quot;, y que cuatro principios espec&iacute;ficos orientan la acci&oacute;n de examinar y auscultar: 1) la naturaleza es nuestra maestra; 2) la sostenibilidad es una pr&aacute;ctica comunitaria; 3) el mundo real es el ambiente &oacute;ptimo para el aprendizaje ecol&oacute;gico, y 4) la vida sostenible se encuentra arraigada en un profundo conocimiento del lugar. En efecto, podemos aprender de las sociedades ind&iacute;genas tradicionales que han crecido por siglos siguiendo determinados patrones. Aceptar a la naturaleza como maestra ayuda a los educadores a centrarse en los principios ecol&oacute;gicos b&aacute;sicos (como la capacidad de soporte o de carga<a href="#p9" name="p9b"><sup>9</sup></a>, la Ley del M&iacute;nimo de Liebig<a href="#p10" name="p10b"><sup>10</sup></a>, los niveles tr&oacute;ficos y energ&eacute;ticos<a href="#p11" name="p11b"><sup>11</sup></a> y la sucesi&oacute;n ecol&oacute;gica<a href="#p12" name="p12b"><sup>12</sup></a>). </blockquote>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> As&iacute;, la exploraci&oacute;n posibilita comprender la sostenibilidad como pr&aacute;ctica colectiva, donde lo m&aacute;s importante es aprender el &quot;arte&quot; de vivir en un mundo interdependiente. Por lo cual es prioridad mostrar c&oacute;mo las comunidades act&uacute;an en el mundo, utilizan recursos y se relacionan con muchas otras comunidades de las que ellas son una parte. Los lugares conocidos y amados profundamente tienen la mejor oportunidad de ser protegidos y preservados. De esta manera, ellos podr&aacute;n alimentar y cuidar esos lugares para las futuras generaciones. Adem&aacute;s, estudiar un lugar en profundidad ayuda a crear un sentido de parentesco o afinidad. Tambi&eacute;n permite a los estudiantes &quot;ver&quot; a trav&eacute;s de los ojos de la gente que considera ese lugar como su hogar. Los ayuda a imaginar y contribuir a la soluci&oacute;n de los problemas a partir de sus condiciones locales. </p>     <blockquote> c) <i>Ense&ntilde;ar</i>. Una variedad de estrategias de ense&ntilde;anza son particularmente apropiadas para nutrir una vida sostenible. Es importante promover m&eacute;todos de instrucci&oacute;n pluridisciplinarios que sean adecuados para cada nivel de edad de los alumnos; que vinculen activamente a los estudiantes en el aprendizaje dentro y fuera del sal&oacute;n de clases, que los involucre en proyectos de largo plazo, y puedan crear una atm&oacute;sfera de confianza e intercambio de puntos de vista con mucho sentido y reflexi&oacute;n acerca de temas ecol&oacute;gicos complejos. Lo principal es el aprendizaje basado en el lugar, ya que captura y despierta la imaginaci&oacute;n de los estudiantes y contribuye a una relaci&oacute;n de compa&ntilde;erismo y compromiso c&iacute;vico. Toda una serie de herramientas se proporciona a los maestros a fin de que puedan planear e instrumentar un curr&iacute;culum sostenible. Incluye libros, gu&iacute;as de discusi&oacute;n, listados de recursos, lecciones, seminarios de desarrollo profesional, y otros eventos dise&ntilde;ados por los educadores. Lugar especial ocupa el aprendizaje organizado en torno a proyectos de los estudiantes. </blockquote>     <blockquote> d) <i>Cambiar</i>. La pregunta central es: &iquest;C&oacute;mo un cambio en la consciencia sobre la sostenibilidad puede repercutir a trav&eacute;s de un curr&iacute;culum escolar en la vida de los estudiantes, en la gobernanza y en la planeaci&oacute;n? En una palabra: &iquest;C&oacute;mo podemos cambiar los sistemas establecidos? Uno de los principales hallazgos en la experiencia del Centro de Alfabetizaci&oacute;n Ecol&oacute;gica es que los cambios, si queremos que sean duraderos, no pueden simplemente ser impuestos por el sistema, como en el caso de la familia, la escuela o el distrito escolar. La experiencia indica que los sistemas por lo regular son resistentes al cambio; y es as&iacute; como preservan sus identidades y persisten. Pero los sistemas tambi&eacute;n son en parte din&aacute;micos. Asimismo, cada sistema viviente &quot;ocasionalmente&quot; encuentra puntos de inestabilidad, ante los cuales algunas de sus estructuras se quiebran y emergen nuevas estructuras o nuevas formas de comportamiento. Este fen&oacute;meno es uno de los contrastes de la vida, es la base del aprendizaje, la evoluci&oacute;n y la innovaci&oacute;n. Y as&iacute;, mientras que los cambios impuestos por un sistema tienen frecuentemente corta vida, es posible <i>crear condiciones</i> que ayuden a determinar si un sistema confrontado con el cambio resiste, colapsa o se abre &eacute;l mismo a la emergencia de la creatividad y la innovaci&oacute;n. </blockquote>     <blockquote> e) <i>Compartir</i>. Para completar los pasos y momentos de la alfabetizaci&oacute;n ecol&oacute;gica, con base en las experiencias de Fritjof Capra y colaboradores, es muy importante comunicar a otros compa&ntilde;eros las diversas vivencias y resultados obtenidos en su pr&aacute;ctica ecol&oacute;gica, ya que favorecen el acompa&ntilde;amiento colectivo, ofrecen variedad de casos, tanto exitosos como problem&aacute;ticos, para compartir y abren la reflexi&oacute;n a cada uno de los trabajos que las diferentes escuelas est&aacute;n desarrollando. As&iacute;, el c&iacute;rculo se cierra y a la vez se abre, ya que las diferentes presentaciones aportan al conjunto de los participantes las formas y expectativas que orientan las actividades de alfabetizaci&oacute;n. A trav&eacute;s de los intercambios van apareciendo con mayor claridad los obst&aacute;culos superados, los puntos de soporte para impulsar los cambios, al tiempo que se acumulan experiencias y se apoyan para llevar adelante sus proyectos. En buena medida se ampl&iacute;a la red de interesados que est&aacute;n llevando a cabo distintas acciones, comprometidos con tratar de avanzar sobre la base no de la competencia sino de la cooperaci&oacute;n, es decir, evitando los esquemas de &quot;premios&quot; y concursos para determinar qui&eacute;nes o cu&aacute;les son los mejores trabajos, sino en un encuadre de vinculaci&oacute;n entre los estudiantes y sus docentes, que a trav&eacute;s de cursos y encuentros planeados, puedan exponer y tambi&eacute;n recibir no solo nuevos conocimientos sino adem&aacute;s la calidez y comprensi&oacute;n requeridas para sentirse incluidos e involucrados en los procesos de alfabetizaci&oacute;n ecol&oacute;gica. </blockquote> </font> <font face="verdana" size="3"><b>REFLEXIONES FINALES</b></font> <font face="verdana" size="2">     <p> - La Alfabetizaci&oacute;n Ecol&oacute;gica es una concepci&oacute;n de los seres vivos y una pr&aacute;ctica ecologista que puede aportar a la diversidad de expresiones y formas de asumir la educaci&oacute;n ambiental desde diversas orientaciones y condiciones sociales. </p>     <p> - La AE se presenta como el resultado final y conclusi&oacute;n de un cambio hist&oacute;rico de paradigma, con bases cient&iacute;fico-sociales y una experiencia emp&iacute;rica de trabajo con ni&ntilde;os y j&oacute;venes para cultivar e impulsar una nueva pedagog&iacute;a ambiental. </p>     <p> -  Como una orientaci&oacute;n particular de los enfoques no antropoc&eacute;ntricos, su prop&oacute;sito central es generar cambios institucionales y personales a partir de modificaciones en los procesos de ense&ntilde;anza-aprendizaje para una vida sostenible. </p>     <p> - El aprendizaje para una vida sostenible es el n&uacute;cleo y eje de desarrollo para una verdadera Alfabetizaci&oacute;n Ecol&oacute;gica. </p>     <p> - Los principios de la AE se dirigen a promover un cambio profundo en la concepci&oacute;n com&uacute;n acerca de la Tierra y los sistemas vivientes que conlleva un aprendizaje basado en el lugar, y que mira al futuro y las siguientes generaciones. </p>     <p> - La nueva pedagog&iacute;a valora e incluye los conocimientos ecol&oacute;gicos ancestrales, de voz de los pobladores que conservan la sabidur&iacute;a de sus antepasados, por lo que combina ciencia y tradiciones en un esquema coherente. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> - Asimismo, vincula la escuela con su comunidad, aportando a la conformaci&oacute;n de redes heterog&eacute;neas a partir de las cuales se organizan y desarrollan los programas ambientales. </p>     <p> - Adem&aacute;s, la AE ofrece una perspectiva de la vida como una totalidad (compleja) en la cual los humanos tenemos una funci&oacute;n ineludible en nuestras relaciones de interdependencia con las entidades no humanas, superando las visiones estrechas y obsoletas para dar paso al optimismo de la acci&oacute;n. </p> <hr>    <br> <b>Notas al Pie</b>     <p> <a href="#p2b" name="p2"><sup>2.</sup></a> Sistemas complejos: totalidades funcionales caracterizadas por sus componentes interconectados e interdependientes, diversos, adaptativos, dependientes del camino, y emergentes (no lineales, y multi-nivel).    <br> <a href="#p3b" name="p3"><sup>3.</sup></a> En t&eacute;rminos de Kierkegaard. Ver especialmente: Kierkegaard (1965).    <br> <a href="#p4b" name="p4"><sup>4.</sup></a> Corriente de la Psicolog&iacute;a moderna, surgida en Alemania a principios del siglo XX. Sostiene, con base en investigaci&oacute;n emp&iacute;rica, que la &#39;buena forma&#39; o la m&aacute;s sencilla es la que domina la captaci&oacute;n de los contextos, otorg&aacute;ndole a la percepci&oacute;n de la configuraci&oacute;n el papel central en la apropiaci&oacute;n del entorno.    <br> <a href="#p5b" name="p5"><sup>5.</sup></a> Comunidades ecol&oacute;gicas o bi&oacute;ticas: conjuntos de poblaciones de diferentes especies que conviven en un sitio donde pueden interactuar, al menos potencialmente, de diversas formas.    <br> <a href="#p6b" name="p6"><sup>6.</sup></a> Para profundizar en el tema y sus complejidades, ver Fred Alan Wolf (2013).    <br> <a href="#p7b" name="p7"><sup>7.</sup></a> En lo relativo a la escala social.    <br> <a href="#p8b" name="p8"><sup>8.</sup></a> <b>Desarrollo sostenible</b> es el t&eacute;rmino que se le da al equilibrio del manejo del planeta en tres &aacute;mbitos: ambiental, social y econ&oacute;mico. Teniendo en cuenta que ning&uacute;n recurso renovable deber&aacute; utilizarse a un ritmo superior al de su generaci&oacute;n, ning&uacute;n contaminante deber&aacute; producirse a un ritmo superior al que pueda ser reciclado, neutralizado o absorbido por el medio ambiente, ning&uacute;n recurso no renovable deber&aacute; aprovecharse a mayor velocidad de la necesaria para sustituirlo por un recurso renovable utilizado de manera sostenible. Mientras que el <b>desarrollo sustentable</b> alude al manejo de los recursos naturales, humanos, sociales, econ&oacute;micos y tecnol&oacute;gicos, con el fin de alcanzar una mayor calidad de vida para la poblaci&oacute;n y, al mismo tiempo, velar porque los patrones de consumo actual no afecten el bienestar de las generaciones futuras.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> <a href="#p9b" name="p9"><sup>9.</sup></a> Tama&ntilde;o o densidad m&aacute;xima de una poblaci&oacute;n que puede soportar un ambiente dado. Es la densidad poblacional a la cual la tasa de nacimientos es igual a la tasa de muertes y, por lo tanto, el crecimiento poblacional es de cero.    <br> <a href="#p10b" name="p10"><sup>10.</sup></a> Principio de la Ecofisiolog&iacute;a que establece que el rendimiento de un organismo depende del recurso que presenta menor disponibilidad en un h&aacute;bitat, es decir, del que m&aacute;s limita su desempe&ntilde;o.    <br> <a href="#p11b" name="p11"><sup>11.</sup></a> Posici&oacute;n que guardan los organismos o sus actividades alimenticias en la cadena alimentaria. Los organismos del primer nivel tr&oacute;fico son los productores primarios, los del segundo nivel son los consumidores primarios y los del tercero son los consumidores secundarios.    <br> <a href="#p12b" name="p12"><sup>12.</sup></a> Proceso de cambio direccional (no c&iacute;clico) en una comunidad ecol&oacute;gica a trav&eacute;s del tiempo. Su inicio generalmente est&aacute; asociado a un disturbio. Pueden darse: sucesi&oacute;n primaria, donde el cambio se da a partir de un disturbio que elimina todos los elementos bi&oacute;ticos; o sucesi&oacute;n secundaria, donde el cambio se genera a partir de un disturbio que permite la permanencia de una fracci&oacute;n de elementos bi&oacute;ticos. </p> <hr>    <br> </font> <font face="verdana" size="3"><b>REFERENCIAS</b></font> <font face="verdana" size="2">     <!-- ref --><p> &bull; Aguilar, M. y Maihol&#39;d, G. (Comps.) (2001). <i>Hacia una cultura ecol&oacute;gica</i>. M&eacute;xico: FES.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2111190&pid=S1909-2474201500020002000001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p> &bull; Arendt, H. (2002). <i>La vida del esp&iacute;ritu</i>. Buenos Aires: Paid&oacute;s.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2111192&pid=S1909-2474201500020002000002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p> &bull; Bateson, G. (1998). <i>Pasos hacia una ecolog&iacute;a de la mente</i>. Buenos Aires: Lohle-Lumen.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2111194&pid=S1909-2474201500020002000003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p> &bull; Bertalanffy, L.V. (1974). <i>Robots, Hombres y mentes</i>. Madrid: Guadarrama.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2111196&pid=S1909-2474201500020002000004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p> &bull; Bocara, N. (2004). <i>Modeling complex Systems</i>. Nueva York: Springer.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2111198&pid=S1909-2474201500020002000005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p> &bull; Capra, F. (1999). <i>La trama de la vida</i>. Barcelona: Anagrama.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2111200&pid=S1909-2474201500020002000006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p> &bull; ________. (2003). <i>Las conexiones ocultas</i>. Madrid: Anagrama.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2111202&pid=S1909-2474201500020002000007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p> &bull; Capra, F. y Luisi, P.L. (2014). <i>The Systems View of Life: A Unifying Vision</i>. Cambridge: Cambridge University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2111204&pid=S1909-2474201500020002000008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p> &bull; Carabias, J., Meave, J.A., Valverde, T. y Cano-Santana, Z. (2009). <i>Ecolog&iacute;a y medio ambiente en el siglo XXI</i>. M&eacute;xico: Pearson-Prentice Hall.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2111206&pid=S1909-2474201500020002000009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p> &bull; Caride, J.A. y Metra, P.A. (2001). <i>Educaci&oacute;n ambiental y desarrollo humano</i>. Barcelona: Editorial Ariel.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2111208&pid=S1909-2474201500020002000010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p> &bull; Damian, R. y Monteleone; A. (2002). <i>Temas ambientales en el aula</i>. Buenos Aires: Paid&oacute;s.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2111210&pid=S1909-2474201500020002000011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p> &bull; Del&eacute;age, J.P. (1993). <i>Historia de la Ecolog&iacute;a, una ciencia del hombre y de la naturaleza</i>. Espa&ntilde;a: Icaria.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2111212&pid=S1909-2474201500020002000012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p> &bull; Diamond, J. (2007). <i>Colapso</i>. Madrid: Ed. El Bolsillo.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2111214&pid=S1909-2474201500020002000013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p> &bull; Eve, R, Horsfall, S. y Lee, M.E. (1997). <i>Chaos, complexity and sociology: Myths, models and theories</i>. Thousand Oaks: Sage.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2111216&pid=S1909-2474201500020002000014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p> &bull; Garc&iacute;a, M. (2005). <i>Ecolog&iacute;a profunda y educaci&oacute;n</i>. Memoria para obtener el grado de doctor. Universidad Complutense de Madrid, Madrid.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2111218&pid=S1909-2474201500020002000015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p> &bull; Garc&iacute;a, R. (2005). Una pol&eacute;mica que conserva actualidad. <i>El Arca Digital</i>, 56. Recuperado de <a href="http://www.elarcaimpresa.com.ar/elarca.com.ar/elarca56/notas/caos.htm" target="_blank">http://www.elarcaimpresa.com.ar/elarca.com.ar/elarca56/notas/caos.htm</a> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2111220&pid=S1909-2474201500020002000016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> &bull; Guattari, F. (1996). <i>Caosmosis</i>. Buenos Aires: Manantial.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2111221&pid=S1909-2474201500020002000017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p> &bull; Guiddens, A. (1998). <i>Modernidad e identidad del yo</i>. Barcelona: Pen&iacute;nsula.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2111223&pid=S1909-2474201500020002000018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p> &bull; Guti&eacute;rrez, J. (1995). <i>La educaci&oacute;n ambiental: Fundamentos te&oacute;ricos, propuestas de transversalidad y orientaciones extra-curriculares</i>. Madrid: La Muralla.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2111225&pid=S1909-2474201500020002000019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p> &bull; Harvey, D.L. y Reed, M. (1997). Social sciences as the study of complex Systems. En Kiel, L.D. y Elliot, E. (Comps.), <i>Chaos theory in the social sciences. Foundations and applications</i> (pp. 295-323). Ann Arbor: The University of Michigan Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2111227&pid=S1909-2474201500020002000020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p> &bull; Hayles, K. (2003). <i>La evoluci&oacute;n del caos: el orden dentro del desorden en las ciencias contempor&aacute;neas</i>. Barcelona: Gedisa.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2111229&pid=S1909-2474201500020002000021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p> &bull; Issa, J. (2003). El giro pragm&aacute;tico en la &Eacute;tica Ambiental. En Kwiatkowska, T. e Issa, J. (Comps.), <i>Los caminos de la &Eacute;tica Ambiental</i> (pp. 85-92). II. M&eacute;xico: Plaza y Vald&eacute;s.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2111231&pid=S1909-2474201500020002000022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p> &bull; Jacob, F. (1994). <i>La l&oacute;gica de lo viviente</i>. Barcelona: Laia.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2111233&pid=S1909-2474201500020002000023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p> &bull; Jantsch, E. (1980). <i>The Self-Organizing Universe</i>. Nueva York: Pergamon.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2111235&pid=S1909-2474201500020002000024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p> &bull; Jonassen, D. y Land, S. (Comps.) (2000). <i>Theoretical Foundations of Learning Environments</i>, Mahwah, Nueva Jersey: Lawrence Erlbaum.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2111237&pid=S1909-2474201500020002000025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p> &bull; Kierkegaard, S. (1965). <i>El concepto de angustia</i> (trad. de Demetrio Rivero). Madrid: Guadarrama.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2111239&pid=S1909-2474201500020002000026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p> &bull; Lovelock, J. y Margulis, L. (1974). Biological Modulation of the Earth&#39;s Atmosphere. <i>Icarus</i>, 21(4), 471-489.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2111241&pid=S1909-2474201500020002000027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p> &bull; Mart&iacute;nez Mekler, G. (1993). Din&aacute;mica y estructura de sistemas complejos. En Garc&iacute;a-Col&iacute;n, L., Ramos G&oacute;mez, F. y Rechtman, R. (Coords.), <i>Temas selectos de f&iacute;sica estad&iacute;stica</i> (pp. 141-227). M&eacute;xico: El Colegio Nacional.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2111243&pid=S1909-2474201500020002000028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p> &bull; Mart&iacute;nez Mekler, G. y Gocho, G. (1998). Al borde del milenio: caos, crisis y complejidad. En De la Pe&ntilde;a, L. (Comp.), <i>Ciencias de la materia. G&eacute;nesis y evoluci&oacute;n de sus conceptos fundamentales</i>. M&eacute;xico: Siglo XXI Editores.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2111245&pid=S1909-2474201500020002000029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p> &bull; Maturana, H. y Varela, F. (2000). <i>El &Aacute;rbol del Conocimiento</i>. Buenos Aires: Debate.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2111247&pid=S1909-2474201500020002000030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p> &bull; ________. (2001). <i>Auotopoiesis: The organization of the Living</i>. Santiago de Chile: Editorial Universitaria.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2111249&pid=S1909-2474201500020002000031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p> &bull; Merchant, C. (1992). <i>Radical Ecology: The Search for a Liable World</i>. New York: Routledge.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2111251&pid=S1909-2474201500020002000032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p> &bull; Monod, J. (1998). <i>El azar y la necesidad</i>. Barcelona: Tusquets.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2111253&pid=S1909-2474201500020002000033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p> &bull; Naess, A. (1969). <i>Scepticism</i>. New York: Humanities Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2111255&pid=S1909-2474201500020002000034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p> &bull; ________. (1988). Deep Ecology and Ultimate Premises. <i>Ecologist</i>, 18(4-5), 128-131.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2111257&pid=S1909-2474201500020002000035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p> &bull; ________. (1995). Self Realization. An Ecological Approach to Being in the world. En <i>Sessions, Deep Ecology for the 21st Century</i>. p. 224.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2111259&pid=S1909-2474201500020002000036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p> &bull; ________. (2002). <i>Life&#39;s Philosophy: Reason & Feeling in a Deeper World</i>. Athens, Georgia: University of Georgia Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2111261&pid=S1909-2474201500020002000037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p> &bull; Passmore, J. (1978). <i>La responsabilidad del hombre frente a la naturaleza</i> (trad. de &Aacute;lvaro Delgado). Madrid: Alianza.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2111263&pid=S1909-2474201500020002000038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p> &bull; Penfield, W. (1995). <i>The Mysteries of the Mind</i>. Nueva Jersey: Princeton University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2111265&pid=S1909-2474201500020002000039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p> &bull; Pomier, P. (2002). Determinismo biol&oacute;gico: el desaf&iacute;o de la Alfabetizaci&oacute;n Ecol&oacute;gica en la concepci&oacute;n de Fritjof Capra. <i>T&oacute;picos en Educaci&oacute;n Ambiental</i>, 4(11), 7-18.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2111267&pid=S1909-2474201500020002000040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p> &bull; Prigogine, I. (2008). <i>Las leyes del caos</i>. Barcelona: Drakontos.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2111269&pid=S1909-2474201500020002000041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p> &bull; Prigogine, I. y Stengers, I. (2004). <i>Order out of Chaos</i>. Nueva York: Bantam.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2111271&pid=S1909-2474201500020002000042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p> &bull; Reynoso, C. (2009). <i>Modelos o met&aacute;foras. Cr&iacute;tica del paradigma de la complejidad de Edgar Morin</i>. Buenos Aires: Editorial SB.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2111273&pid=S1909-2474201500020002000043&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p> &bull; Rozsak, Theodore (2003). <i>The voice of the earth</i>. Nueva York: Bantam Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2111275&pid=S1909-2474201500020002000044&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p> &bull; Sessions, G. (Ed.) (1995). <i>Deep Ecology for the 21st Century: Readings on the Philosophy and Practice of the New Environmentalism</i>. 1ª. Ed. Boston, MA: Shambhala.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2111277&pid=S1909-2474201500020002000045&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p> &bull; Sureda, J. y Colom, A.J. (2003). <i>Pedagog&iacute;a ambiental</i>. Barcelona: CEAC.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2111279&pid=S1909-2474201500020002000046&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p> &bull; Schr&ouml;dinger, E. (2012). <i>&iquest;Qu&eacute; es la vida?</i> M&eacute;xico: Tusquets Editores.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2111281&pid=S1909-2474201500020002000047&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p> &bull; Wagensberg, J. (2001). <i>La necesidad del azar</i>. Barcelona: Gedisa.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2111283&pid=S1909-2474201500020002000048&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p> &bull; Wenger, E. (2001). <i>Comunidades de pr&aacute;ctica, aprendizaje, significado e identidad</i>. Barcelona: Paid&oacute;s.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2111285&pid=S1909-2474201500020002000049&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p> &bull; West, T. (2002). <i>Ecolog&iacute;a y educaci&oacute;n. Elementos para el an&aacute;lisis de la dimensi&oacute;n ambiental en el curr&iacute;culum escolar</i>. M&eacute;xico: Universidad Nacional  Aut&oacute;noma de M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2111287&pid=S1909-2474201500020002000050&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p> &bull; Wolf, F.A. (2013). <i>Bucles temporales y pliegues espaciales</i>. Barcelona: Ediciones Obelisco.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2111289&pid=S1909-2474201500020002000051&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <p>  Para citar este art&iacute;culo: Aranda S&aacute;nchez, J.M. (2015). La Alfabetizaci&oacute;n Ecol&oacute;gica como nueva pedagog&iacute;a para la comprensi&oacute;n de los seres viviente. <i>Revista Luna Azul</i>, 40, 365-384. Recuperado de <a href="http://200.21.104.25/lunazul/index.php?option=com_content&view=article&id=119" target="_blank">http://200.21.104.25/lunazul/index.php?option=com_content&view=article&id=119</a> </p> </font>      ]]></body><back>
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