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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Los inicios de la asistencia social en Colombia]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">     <p align="right"> <b>ART&Iacute;CULOS</b></p>     <p align="right">Doi: <a href="http://dx.doi.org/10.18046/recs.i1.405" target="_blank">10.18046/recs.i1.405</a></p>     <p>&nbsp;</p>       <p align="center"><font size="4"><b>Los inicios de la asistencia social en Colombia </b></font></p>       <p>Beatriz Castro Carvajal.  </p>    <hr>     <p><b>Abstract </b></p>     <p>Social marginality was not absent in XIX century Colombian  society. Therefore, the need of an organized response to this kind of  problems arose. This reflection examines the period in which  Colombian social assistance emerges and takes form. For this  purpose the following article presents the main orientations and  discussions that guided the various approaches to social work:  charity, public assistance and social action. The creation process of  urban institutions, both public and private, and their different forms  of assistance is also presented.  </p>    <hr>       <p>En la segunda mitad del siglo XIX ''lo social'' aparece con cierta importancia en la  sociedad colombiana. La pobreza surge como una preocupaci&oacute;n que se expresa en la prensa  y en escritos importantes de la &eacute;poca, como <i>La miseria en Bogot&aacute; </i>de Miguel Samper,<a name="nota1"></a><a href="#notaa1"><sup>1</sup></a>  tal  vez, entre otras cosas, por la visibilidad de la pobreza en los principales centros urbanos y  por el temor, muchas veces expresado de  que el pa&iacute;s se acercara a la situaci&oacute;n de  pauperismo europeo y que por lo tanto surgieran levantamientos parecidos a los de la  Comuna de Paris.<a name="nota2"></a><a href="#notaa2"><sup>2</sup></a>  Es cierto que para esa &eacute;poca el desarrollo socioecon&oacute;mico de pa&iacute;s era  precario como bien lo han  se&ntilde;alado Marco Palacios y Frank Safford: ''Al ingresar  Colombia al siglo XX era palpable el  escaso desarrollo del capital humano, f&iacute;sico y  financiero. Entre los pa&iacute;ses latinoamericanos, el pa&iacute;s ocupaba uno de los &uacute;ltimos sitios de  acuerdo con los &iacute;ndices de alfabetizaci&oacute;n, dotaci&oacute;n de ferrocarriles, caminos, puentes,  puertos, urbanizaci&oacute;n, bancos y redes de sucursales bancarias. Todo esto a pesar de que las  exportaciones se hab&iacute;an reactivado en la segunda mitad del siglo XIX, particularmente  entre 1850 y 1882''.<a name="nota3"></a><a href="#notaa3"><sup>3</sup></a></p>        <p>Para resolver el problema de la pobreza tanto el Estado  como las instituciones que se  iban fundando para ayudar a los pobres produjeron ciertas orientaciones. Las nociones  claves que orientaron las pr&aacute;cticas adelantadas por el Estado y por las instituciones para  afrontar el problema de la atenci&oacute;n a los m&aacute;s necesitados en la segunda mitad del siglo XIX  y en la primera mitad del siglo XX  en Colombia fueron las dos parejas  <i>caridad  &#8211;     beneficencia y acci&oacute;n social &#8211; asistencia p&uacute;blica</i>. El paso paulatino, a veces opaco, de una  pareja a la otra constituye, en el campo de la atenci&oacute;n, un rasgo distintivo. Se trata entonces  de una transformaci&oacute;n conceptual e ideol&oacute;gica de consecuencias esenciales sobre las  formas de atenci&oacute;n a los pobres, sobre el tipo y conformaci&oacute;n de las instituciones que se  desenvolv&iacute;an en este campo de actividad y  sobre las relaciones entre el Estado y las  instituciones. La consideraci&oacute;n de este fen&oacute;meno puede ser &uacute;til para poner de presente  cambios mayores que ya se ven&iacute;an produciendo en el pa&iacute;s. El problema resulta pues un  objeto que debe merecer sin lugar a dudas una consideraci&oacute;n especial. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Existe sin embargo otro concepto que aparece cuando se hace referencia a la  problem&aacute;tica del tratamiento de la pobreza. Se trata del concepto de filantrop&iacute;a. Se hace  necesario entonces explicar las razones del silencio frente a este importante concepto de las  ciencias sociales, para mostrar que se trata  de una opci&oacute;n deliberada que tiene en cuenta  tanto las caracter&iacute;sticas del per&iacute;odo estudiado, como los marcos mentales de la sociedad  examinada. La palabra filantrop&iacute;a y el concepto de filantrop&iacute;a son dos realidades  sem&aacute;nticas y conceptuales que tienden a ser hoy muy utilizadas en el trabajo de las ciencias  sociales. Seg&uacute;n la reconocida  <i>Enciclopedia Internacional  de las Ciencias Sociales</i>, los  t&eacute;rminos de filantrop&iacute;a y caridad se han utilizado por mucho tiempo indistintamente, pero  los cambios de actitud social y cultural que se han producido con respecto al fen&oacute;meno de  la beneficencia &#8211;como una actividad en general estatal y p&uacute;blica&#8211;, han dado a la caridad una  connotaci&oacute;n un tanto peyorativa,  de modo que gradualmente se  ha abierto paso entre los  especialistas el concepto de filantrop&iacute;a, como m&aacute;s adecuado para el adelanto de un trabajo  de an&aacute;lisis descriptivo e interpretativo, y no simplemente valorativo. La filantrop&iacute;a es  definida entonces como la disposici&oacute;n o dedicaci&oacute;n activa a promover la felicidad y el  bienestar a sus cong&eacute;neres, definici&oacute;n que incluye el concepto moderno de la labor  caritativa que atiende m&aacute;s al bienestar total  del individuo que el simple alivio de la  miseria.<a name="nota4"></a><a href="#notaa4"><sup>4</sup></a></p>       <p>Respecto de lo que parece ser el uso concreto de la palabra filantrop&iacute;a en Colombia en la  segunda mitad del siglo XIX y principios del siglo XX, seg&uacute;n lo muestra la documentaci&oacute;n  examinada, podemos indicar que tal palabra era utilizada para describir la actividad de las  personas que daban dinero o alg&uacute;n  tipo de ayuda para el socorro de los necesitados, pero  sin que esa ayuda diese lugar a ninguna participaci&oacute;n directa en  las actividades que  econ&oacute;micamente se apoyaban. Por su parte, las personas y grupos que participaban  directamente en las actividades de caridad o beneficencia calificaban a las personas  dedicadas a la filantrop&iacute;a &#8211;en el sentido definido&#8211;, de manera despectiva, present&aacute;ndoles  incluso algunas veces reclamos morales, que aparec&iacute;an como un cuestionamiento de esa  clase de actividad. Tales reclamos estaban  dirigidos sobre todo a  las fiestas o eventos  fastuosos que se realizaban para recoger fondos con el objetivo de ayudar a los pobres. As&iacute;  por ejemplo en una nota del <i>Bolet&iacute;n de la Sociedad de San Vicente de Pa&uacute;l </i>encontramos un  texto que sirve para ilustrar lo que pensaban las personas dedicadas a las pr&aacute;cticas  caritativas respecto de aquellas que se dedicaban a las actividades denominadas como  filantr&oacute;picas. </p> <ul>Tal fue la invenci&oacute;n de la filantrop&iacute;a, palabra pagana y de resultados no menos  paganizantes. &Eacute;sta es la que ha presumido en los tiempos modernos suplantar a  la caridad, pretendiendo sus honores... &iquest;Cu&aacute;nto tiempo hab&eacute;is gastado en los  Asilos de Beneficencia regalando con las dulzuras de vuestra caridad a los  hu&eacute;rfanos y desvalidos? &iquest;Cu&aacute;ntas noches hab&eacute;is pasado velando a la cabecera  de los moribundos? &iquest;Cu&aacute;ntas veces se os ha visto por los salones de los  hospitales consolando y sirviendo a los  enfermos? &iquest;Os hab&eacute;is llegado alguna  vez al lecho de alg&uacute;n apestado o col&eacute;rico?&#91;...&#93;     </ul> <ul>Pero &iexcl;Ah!, si tienen la nobleza de confesar la verdad, contestar&aacute;n: No, nada de  eso hemos hecho, pero sin embargo, dicen, nadie podr&aacute; negarnos que  ejercemos la caridad de otra manera y que trabajamos para los pobres. Ah, s&iacute;,  es verdad; no puede negarse que algo han  hecho en favor de los miserables.  Dej&aacute;ndose llevar de los impulsos de su tiern&iacute;simo coraz&oacute;n, han inventado  bailes, espect&aacute;culos y corridas de toros, que llevan el t&iacute;tulo de funciones de  beneficencia, cuando no de caridad,  en las que los concurrentes a ellas no  ejercen en realidad, ning&uacute;n acto de caridad, pero en cambio se divierten  mucho; que sino se divirtieran no dar&iacute;an seguramente su dinero...     </ul> <ul>Por eso la caridad es por naturaleza humilde, y la filantrop&iacute;a ruidosa; aquella  busca el bien del pr&oacute;jimo; &eacute;sta s&oacute;lo se busca a s&iacute; misma; aquella besa la mano  del que recibe para no humillarse y endulzar su pena, &eacute;sta da con soberbia y  ostentaci&oacute;n ofendiendo la dignidad del  que recibe: aquella consuela al  atribulado y llora con el afligido; &eacute;sta s&oacute;lo podr&aacute; darle una limosna pero a  condici&oacute;n de que huya de su presencia y  de que le deje gozar de su acto de  generosidad; aquella da lo mejor que tiene el alma y el coraz&oacute;n; &eacute;sta lo m&aacute;s vil  y despreciable, un pu&ntilde;ado de metal.<a name="nota5"></a><a href="#notaa5"><sup>5</sup></a>    </ul>           <p>De esta manera el concepto de filantrop&iacute;a, que generalmente en otros contextos ha sido  entendido como sin&oacute;nimo de caridad, en la sociedad colombiana en la segunda mitad del  siglo XIX y principios del siglo XX, parece haber tenido un sentido diferente de aquel que  se daba al t&eacute;rmino caridad. La filantrop&iacute;a es una palabra poco utilizada entre nosotros, en  ese per&iacute;odo, por lo menos, y que aparece realmente en contadas ocasiones en los escritos  sobre la atenci&oacute;n a la poblaci&oacute;n ''desvalida'', a diferencia  de caridad, palabra que es  mencionada de manera permanente. Es notable tambi&eacute;n que el concepto de caridad no haya  recibido nunca adjetivos peyorativos, y que  m&aacute;s bien siempre recibiera valoraciones  positivas y fuera una acci&oacute;n recomendada, digna de gentes socialmente respetables  preocupadas por el bien de sus semejantes. </p>      <p><b><font size="3">I </font></b></p>       <p>La palabra y la noci&oacute;n de caridad son uno de los t&eacute;rminos claves de esta &eacute;poca para el  tratamiento de la pobreza en  el pa&iacute;s. Ocurre adem&aacute;s que  se trata de una noci&oacute;n que  permaneci&oacute; durante todo el per&iacute;odo que hemos considerado como pilar esencial de las  formas de ayuda diversas a los pobres, precisamente en un per&iacute;odo rico y variado desde el  punto de vista de la creaci&oacute;n de instituciones y formas espec&iacute;ficas de ayuda a los pobres.  Sin embargo, ni la palabra ni la realidad conceptual a que se hace referencia con el vocablo  ''caridad'' representaban en esta &eacute;poca una novedad absoluta. Se trata por el contrario de  una noci&oacute;n que hab&iacute;a venido utiliz&aacute;ndose desde la &eacute;poca colonial.  </p>     <p>Definir el concepto de caridad es una tarea dif&iacute;cil, como seg&uacute;n lo reconocen connotados  especialistas del tema, entre ellos el gran historiador de la pobreza en el Medioevo y los  albores del Mundo Moderno, Bronislaw Geremek, quien tan solo puede escribir al respecto,  como resumen de sus b&uacute;squedas: ''la caridad es un sentimiento y un comportamiento  complejo&#91;s&#93;''.<a name="nota6"></a><a href="#notaa6"><sup>6</sup></a> La caridad se define como una virtud con vast&iacute;simas cualidades y alrededor  de ella se relaciona un sinn&uacute;mero de actitudes. La caridad verdadera es entonces  industriosa, abnegada, paciente, benigna, humilde y desinteresada, no busca el provecho,  todo lo sobrelleva, todo lo soporta. Adem&aacute;s a la caridad se le establece un n&uacute;mero infinito  de atributos, dones y virtudes que la hacen casi milagrosa o al menos la representan como  una actitud que se encuentra un tanto distante de lo habitual y terrenal. Para decirlo con las  palabras de un escritor local, pol&iacute;tico y hombre de Estado, que vivi&oacute; en el per&iacute;odo que  consideramos y quien se ocup&oacute; largamente del problema, y posiblemente resuma bien las  concepciones sobre la caridad de esa &eacute;poca y sociedad: </p> <ul>  Porque ella &#91;la caridad&#93; es la sola que establece a un tiempo la fraternidad  natural y la necesidad de las desigualdades sociales; que prescribe la  resignaci&oacute;n a los pobres y la limosna a los ricos; que a los unos les pone por  modelo la pobreza de Jesucristo, viajero de este mundo que no posey&oacute; ni  siquiera una choza, y a los otros la munificencia del Creador.<a name="nota7"></a><a href="#notaa7"><sup>7</sup></a>    </ul>         ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Como aparece claro en el texto antes citado de Marco Fidel Su&aacute;rez &#8211;aunque bajo la  forma de una ideolog&iacute;a&#8211;, la caridad es siempre una relaci&oacute;n social, un hecho que no puede  tener realizaci&oacute;n m&aacute;s que a trav&eacute;s de una  interacci&oacute;n social, una ''acci&oacute;n doble'', que  supone el concurso de quien ofrece y de quien recibe. Pero como esta doble acci&oacute;n no solo  brinda beneficios materiales, sino que posibilita el perfeccionamiento espiritual del que da  y la ''cristianizaci&oacute;n'' y moralizaci&oacute;n del que recibe, es un caso t&iacute;pico y ejemplar de lo que  los antrop&oacute;logos han denominado  como ''hecho social total'',<a name="nota8"></a><a href="#notaa8"><sup>8</sup></a>  pues se trata de un tipo de   relaci&oacute;n que compromete tanto  dimensiones materiales como  mentales, tanto dimensiones  econ&oacute;micas como simb&oacute;licas. </p>     <p>Seg&uacute;n Natalie Z. Davis, el sistema de dones cat&oacute;licos estaba basado en la noci&oacute;n antigua  de que las cosas sagradas, el  regalo de Dios por excelencia no se pod&iacute;a vender. La idea  permaneci&oacute; firmemente en las ense&ntilde;anzas y en la ley can&oacute;nica. La Iglesia era entonces la  instituci&oacute;n en donde los regalos circulaban, por ejemplo se intercambiaban las velas por la  fe, se daba comida a las almas en el D&iacute;a de los Muertos, se rezaba por las almas que estaban  en el purgatorio; a los santos se les daba estatuas y velas para que ellos intercedieran con  Dios.<a name="nota9"></a><a href="#notaa9"><sup>9</sup></a>  Tambi&eacute;n hab&iacute;a intercambios entre los laicos y los cl&eacute;rigos, los laicos daban c&aacute;lices,  vestiduras, estandartes y dinero, y los sacerdotes retornaban con oraciones y liturgias en las  misas. Los cl&eacute;rigos pod&iacute;an usar estas donaciones no solamente para las misas sino tambi&eacute;n  para la reparaci&oacute;n de las iglesias, para apoyar el culto y para ayudar a los pobres, que  tambi&eacute;n glorificaban a Dios.  Pero los laicos tambi&eacute;n daban ayudas a los pobres de forma  directa y lo hac&iacute;an generalmente en los lugares santos. Siempre hab&iacute;a la esperanza de la  gratitud de los que lo recib&iacute;an, y que estos se sintieran obligados a rezar por las almas de  los donadores. Pero todas estas donaciones, eran finalmente donaciones a Dios. El  meritorio acto de donar podr&iacute;a atraer la atenci&oacute;n de Dios y tal vez servir para la salvaci&oacute;n  del alma del cat&oacute;lico. Adicionalmente, el dar deb&iacute;a estar acompa&ntilde;ado siempre de cierto  sacrificio que los donantes trataban de cumplir.  </p>     <p>Seg&uacute;n la historiadora, San Francisco de As&iacute;s  en el siglo XIII plante&oacute; la posibilidad de  dar directamente a los pobres y no darles a trav&eacute;s de la Iglesia, ampliando de esta forma el  espacio del dar y reforzando el sentido de la caridad. Esta propuesta fue posible en la  medida que se fueron creando instituciones para ayudar a los pobres. La donaci&oacute;n se vuelve  m&aacute;s distante que cuando la donaci&oacute;n se realizaba directamente por medio de limosnas, pero  se intentaba de esta forma hacerla m&aacute;s organizada. No obstante, est&aacute; posibilidad nunca  suplant&oacute; las otras formas da dar donaci&oacute;n directamente a la Iglesia. De todas formas la  obligaci&oacute;n de dar en el catolicismo cualquiera fuera la forma que se escogiera estaba  directamente vinculada al camino de la salvaci&oacute;n y se ubicaba entre los polos de la  reciprocidad y la gratitud. </p>     <p>Ahora bien, a pesar de todas estas evoluciones de direcci&oacute;n secular, la concepci&oacute;n  religiosa de la caridad continu&oacute; siendo predominante, o por lo menos en todas las  concepciones de la caridad parece haberse  mantenido su viejo fondo cristiano. Como  sabemos, en la concepci&oacute;n religiosa de la caridad estaba impl&iacute;cita la idea de que quien  ofrec&iacute;a el don, la ofrenda, la  ayuda, recibir&iacute;a una recompensa por la d&aacute;diva, fuera en este  mundo o en el venidero. Como lo se&ntilde;alaba de manera clara un  <i>Bolet&iacute;n de la Sociedad de  San Vicente de Pa&uacute;l,</i> haciendo una aplicaci&oacute;n precisa de preceptos eclesi&aacute;sticos generales a  la situaci&oacute;n concreta en que se desarrollaba su operaci&oacute;n caritativa:  </p>   <ul>&iquest;Sab&eacute;is que cada mes todo socio de San Vicente de Pa&uacute;l puede ganar una  indulgencia plenaria aplicable a las almas del purgatorio, si asiste a todas las  Juntas de conferencia o por lo menos si son cuatro a tres? &iquest;Sab&eacute;is que est&aacute;  concedido el mismo beneficio espiritual a todo socio que asista a la Comuni&oacute;n  y a cada una de nuestras Juntas anuales, o sea a los retiros y a la misa de  comuni&oacute;n que los clausura? &iquest;Sab&eacute;is que cada vez que particip&aacute;is en las  diferentes tres obras de la Sociedad, asistencia a las Juntas, visita de pobres, a  los presos, a los enfermos del hospital, asistencia a la misa por un consocio o  por un padre fallecido, etc., etc., se os concede una indulgencia de siete a&ntilde;os y  siete cuaresmas? &iquest;Sab&eacute;is  de todas las indulgencias plenarias o parciales  concedidas a vosotros, a vuestros padres, a los socios honorarios, a los  bienhechores de vuestra conferencia, a los padres que visit&aacute;is?<a name="nota10"></a><a href="#notaa10"><sup>10</sup></a>    </ul>         <p>Este significado de recompensa futura pervive desde luego en la ideolog&iacute;a moderna de la  beneficencia, pero ya no se piensa tanto en recibirla en el otro mundo, sino en &eacute;ste, sea bajo  la forma de una simple satisfacci&oacute;n personal que depara el sacrificio y el deber cumplido, o  como una recompensa m&aacute;s tangible en forma de beneficios directos o indirectos, beneficios  de una gran variedad y de imposible definici&oacute;n uno a uno, pero que sin duda se encuentran  vinculados a lo que gen&eacute;ricamente llamamos  el poder, en sus dimensiones material o  simb&oacute;lica.  </p>     <p>La noci&oacute;n de caridad tal como circul&oacute; y fue utilizada en Colombia en el per&iacute;odo que nos  ocupa, est&aacute; de manera clara ligada a los preceptos del cristianismo cat&oacute;lico. Durante el  per&iacute;odo colonial, la Monarqu&iacute;a espa&ntilde;ola otorg&oacute; protecci&oacute;n y apoyo a la evangelizaci&oacute;n y a  la organizaci&oacute;n de la Iglesia; la educaci&oacute;n y los pocos establecimientos de salud y amparo  existentes fueron delegados administrativamente a la Iglesia. La ruptura pol&iacute;tica  representada por la independencia hispanoamericana signific&oacute;  una posibilidad de  replantearse las relaciones  de las nuevas naciones en formaci&oacute;n con la Santa Sede. Los  nuevos gobernantes, dentro del respeto por la religi&oacute;n, quer&iacute;an conservar el control sobre la  Iglesia &#8211;el patronato&#8211;, sin garantizarle situaciones de privilegio o monopolio. De ah&iacute; que  una de las grandes discusiones pol&iacute;ticas de  la primera mitad del siglo XIX tuviera como  objeto el lugar y la funci&oacute;n de la Iglesia en la sociedad.  </p>     <p>Por su parte la Iglesia Cat&oacute;lica quer&iacute;a liberarse del control estatal, pero al mismo tiempo  pretend&iacute;a mantener su situaci&oacute;n privilegiada, y su monopolio frente a otras confesiones  religiosas. Al mismo tiempo, los nuevos Estados carec&iacute;an de plena legitimidad social y  pol&iacute;tica, sus recursos fiscales eran exiguos, estaban agobiados por deudas, y sus aparatos de  hegemon&iacute;a cultural de masas y de control administrativo eran precarios o casi inexistentes.  Esto contrastaba con la situaci&oacute;n de la Iglesia Cat&oacute;lica, cuya posici&oacute;n econ&oacute;mica era  relativamente s&oacute;lida, gozaba de gran aceptaci&oacute;n social y contaba con un n&uacute;mero si no  suficiente s&iacute; apreciable de cl&eacute;rigos y religiosas para garantizar la continuidad de su  presencia e influjo efectivos en cada regi&oacute;n del pa&iacute;s.<a name="nota11"></a><a href="#notaa11"><sup>11</sup></a>  Al mismo tiempo, la Iglesia hab&iacute;a  acumulado durante toda la sociedad colonial una s&oacute;lida experiencia pedag&oacute;gica y educativa  y un sistema de relaciones con los vecindarios y comunidades que la convert&iacute;an en  elemento b&aacute;sico de todo proyecto de integraci&oacute;n social.<a name="nota12"></a><a href="#notaa12"><sup>12</sup></a></p>       <p>En Colombia a mediados del siglo XIX, con las reformas liberales, que inclu&iacute;an la  desamortizaci&oacute;n de los llamados ''bienes de manos muertas'', la abolici&oacute;n de los diezmos, el  control de los fondos clericales por las c&aacute;maras distritales y la elecci&oacute;n de los p&aacute;rrocos por  el cabildo municipal, y que adem&aacute;s se vieron  acompa&ntilde;adas con la nueva expulsi&oacute;n de la  Compa&ntilde;&iacute;a de Jes&uacute;s, el concepto de caridad entr&oacute; en discusi&oacute;n. La pol&eacute;mica se centraba en  dos conceptos: la caridad y la beneficencia,  que se pensaban como dos conceptos  excluyentes, o por lo menos no complementarios, y su discusi&oacute;n estaba relacionada con el  debate sobre la secularizaci&oacute;n del Estado, en el sentido elemental de una forma de  administraci&oacute;n p&uacute;blica, controlada por ''civiles'' y manejada con independencia de la Iglesia  y de sus jerarqu&iacute;as. Para entender el fondo y los matices del debate hay que tener en cuenta  que, si bien la beneficencia tambi&eacute;n se define como una ''virtud'',  como una forma de hacer  el bien e incluso como el propio ejercicio de la caridad, existe  una diferencia grande  respecto a la forma de realizaci&oacute;n ''del bien'', ya que la definici&oacute;n de beneficencia liga el  ''acto de dar'' con la existencia de instituciones que lleven a cabo las actividades ben&eacute;ficas,  trat&aacute;ndose, en general, de instituciones estatales, o por lo menos controladas y vigiladas por  los gobiernos. De esta manera, el ''proyecto de beneficencia''  no aparece ligado ni  condicionado a la Iglesia, y en principio  se encuentra despojado de las connotaciones  espirituales&#8211;religiosas que aparecen de manera  evidente en la idea tradicional de caridad,  trat&aacute;ndose m&aacute;s bien del ejercicio de una virtud secular, o m&aacute;s estrictamente de un deber  ciudadano y estatal. La diferencia entre caridad y beneficencia, pues, no se encuentra  particularmente del lado de su consideraci&oacute;n como una virtud o no, del lado de su  consideraci&oacute;n como una pr&aacute;ctica socialmente aprobada o no, sino en relaci&oacute;n con su lugar  en la estructura de la sociedad y del Estado, con su definici&oacute;n como una virtud secular y  como una obligaci&oacute;n social. </p>     <p>Es claro que por los objetos con los cuales se relacionaba,  por las tradiciones sociales  que pon&iacute;a en tela de juicio, por las fuerzas sociales que compromet&iacute;a y por el momento de  su aparici&oacute;n en el contexto de un Estado que a&uacute;n no defin&iacute;a sus rasgos centrales, el debate  respecto de las nociones de caridad y beneficencia en Colombia no fue solo un debate  intelectual y doctrinario, sino que fue ante todo un debate pol&iacute;tico y un elemento que  produjo oposiciones y divisiones en torno de ''lo social''. Por fuerza de las circunstancias y  de las tradiciones culturales de la sociedad en donde el debate se desarrollaba, la defensa de  la noci&oacute;n y del proyecto de ''caridad'' termin&oacute; relacion&aacute;ndose con una posici&oacute;n de apoyo a  la Iglesia y ligada al partido conservador, mientras que el alinderamiento con la noci&oacute;n y el  ''proyecto de beneficencia'' termin&oacute; relacion&aacute;ndose con una idea ''civilista'' de la sociedad,  con un cierto impulso a los procesos reci&eacute;n  iniciados de secularizaci&oacute;n, y por lo tanto  ''represent&aacute;ndose'' como una afiliaci&oacute;n al proyecto del liberalismo m&aacute;s radical, aunque en  t&eacute;rminos efectivos ninguna de las dos posiciones fuera as&iacute; de clara y de excluyente. Como  corresponde a nuestras tradiciones y particularmente a un siglo como el XIX, dominado por  la pasi&oacute;n pol&iacute;tica, la pol&eacute;mica fue ardua, sobre todo entre 1851 y 1876, a&ntilde;os en los cuales  las reformas emprendidas por el liberalismo radical en el gobierno afectaron  significativamente los privilegios que la Iglesia ten&iacute;a desde el per&iacute;odo colonial, ya que al  proyecto reformista de los liberales se le sum&oacute; el decreto org&aacute;nico  de instrucci&oacute;n p&uacute;blica  primaria, que trataban de acabar con el resto  de privilegios econ&oacute;micos de la Iglesia y el  control que ejerc&iacute;a sobre la educaci&oacute;n.  </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Las medidas liberales de reforma repercutieron sobre los establecimientos de atenci&oacute;n a  los pobres que depend&iacute;an de alguna asociaci&oacute;n o comunidad religiosa, pero que en algunos  casos tambi&eacute;n pertenec&iacute;an simult&aacute;neamente a alguna instancia estatal. En un primer  momento estos establecimientos pasaron  a pertenecer totalmente a los gobiernos  municipales. Posteriormente  y de manera progresiva los hospitales, hospicios e incluso  escuelas pasaron a ser administrados por comunidades religiosas que fueron llamadas por el  Estado para que realizaran contratos con los gobiernos locales y se encargaran de la  administraci&oacute;n de dichos establecimientos. Cuando se lograron los arreglos entre el Estado  y las &oacute;rdenes religiosas para el manejo de los establecimientos, arreglos forzados por la  inexperiencia del Estado, enfrentado a las presiones y experiencia de la Iglesia en este  terreno, el debate p&uacute;blico respecto de los conceptos de caridad y beneficencia disminuy&oacute; y  tendi&oacute; a desaparecer, y ocurri&oacute; que la noci&oacute;n de caridad se revitaliz&oacute; y volvi&oacute; a primer  plano, fortalecida por la presencia renovada de la Iglesia y de las fuerzas sociales que la  apoyaban.<a name="nota13"></a><a href="#notaa13"><sup>13</sup></a></p>        <p>Se puede decir como balance provisional  que las reformas liberales contribuyeron a  transformar la noci&oacute;n tradicional de caridad en direcci&oacute;n de la noci&oacute;n de beneficencia, al  haber logrado crear un sistema de atenci&oacute;n de los pobres en manos del Estado, aunque por  fuerza de las circunstancias esto signific&oacute;  entrar en acuerdos con las instituciones y  comunidades religiosas para su administraci&oacute;n. La diferencia central respecto de lo  obtenido podr&iacute;a expresarse diciendo que las actividades de atenci&oacute;n de pobres dirigidas por  el Estado no ofrecen como su programa la ayuda domiciliaria a los que tienen necesidad,  sino que funda o crea establecimientos especializados con tal fin, y se compromete en un  programa de auxilios econ&oacute;micos para con las instituciones, que cumplen de manera  aut&oacute;noma con esta labor. Al parecer el cambio sustancial que  se present&oacute; respecto de la  noci&oacute;n originaria de caridad, en el momento en que el Estado asume la nueva direcci&oacute;n de  un programa de ''beneficencia p&uacute;blica'', tiene que ver con la decisi&oacute;n del Estado de  centrarse en la ayuda institucional y no participar en la ayuda domiciliar&iacute;a, como otros  Estados lo hac&iacute;an y lo hab&iacute;an hecho.<a name="nota14"></a><a href="#notaa14"><sup>14</sup></a>  Podemos afirmar entonces que en 1870 el gobierno  liberal introdujo lo ''social'' dentro de la agenda de su gobierno. Era la primera vez que lo  ''social'' entraba con notoriedad en la agenda del gobierno colombiano, aspecto que no  volvi&oacute; a ser excluido de la agenda de los  siguientes gobiernos; por el contrario, fue  paulatinamente recogido, incluso por los  gobiernos conservadores, aunque los recursos  asignados para este rubro hubieran sido m&iacute;nimos en comparaci&oacute;n con otros gastos estatales. </p>     <p>La ayuda institucional antes de 1870 era poca y se encontraba concentrada en los  grandes centros urbanos, esencialmente en establecimientos como los hospitales,  atendiendo a los enfermos pobres, y excepcionalmente la Casa de Refugio de Bogot&aacute;,  fundada a finales del siglo XVIII como hospicio. Despu&eacute;s de 1870 se pueden observar  cambios en la ayuda institucional, principalmente la fundaci&oacute;n y creaci&oacute;n de  establecimientos de mayor especializaci&oacute;n,  sobre todo en los centros urbanos m&aacute;s  importantes,  tratando se asegurar el  dominio de los establecimientos y las  responsabilidades de los gobiernos locales, regionales y nacionales.  </p>     <p>Los mayores esfuerzos de la ayuda institucional durante los gobiernos liberales se  centraron en la educaci&oacute;n. Fueron separados el campo de la educaci&oacute;n del de la  beneficencia, creando la Junta de Instrucci&oacute;n P&uacute;blica, responsable de promover la  educaci&oacute;n, principalmente las escuelas primarias gratuitas. Para los ni&ntilde;os y j&oacute;venes la  instrucci&oacute;n se centraba en la educaci&oacute;n b&aacute;sica m&aacute;s un adiestramiento en artes y oficios; la  de las ni&ntilde;as se centraba tambi&eacute;n en educaci&oacute;n b&aacute;sica pero complementada con actividades  dom&eacute;sticas; para los artesanos el &eacute;nfasis estaba en las formas m&iacute;nimas de entrenamiento en  distintos oficios manuales, complementado con algo de instrucci&oacute;n b&aacute;sica. Los  establecimientos para la educaci&oacute;n de los ni&ntilde;os y j&oacute;venes fueron las escuelas de primaria  gratuitas y algunos orfanatos, para los j&oacute;venes y trabajadores fueron las escuelas de artes u  oficios, los colegios dominicales y los nocturnos.  </p>     <p>Presentar un cuadro completo de las escuelas primarias en todo el pa&iacute;s es una tarea  dif&iacute;cil. El primer esfuerzo efectivo por establecer escuelas primarias gratuitas se efectu&oacute;  durante el gobierno liberal en 1876. Antes de esta reforma hubo dos intentos pioneros en  educaci&oacute;n despu&eacute;s de la Independencia. En  1826, en el gobierno  del General Francisco  Paula Santander, se cre&oacute; la Direcci&oacute;n de Instrucci&oacute;n P&uacute;blica para  promover la educaci&oacute;n  popular. Las escuelas primarias recibieron colaboraci&oacute;n con libros y materiales educativos,  pero las escuelas gratuitas fueron un sue&ntilde;o aplazado. En 1842 el presidente Mariano Ospina  Rodr&iacute;guez declar&oacute; la educaci&oacute;n primaria gratuita, los padres ten&iacute;an que enviar a todos sus  hijos a las escuelas y &eacute;stas ten&iacute;an la obligaci&oacute;n de recibir a todos. Sin embargo la puesta en  marcha fue principalmente un deseo, pues el Estado no tuvo los recursos necesarios para  llevar a cabo esta propuesta.<a name="nota15"></a><a href="#notaa15"><sup>15</sup></a></p>        <p>Para 1847, seg&uacute;n Frank Safford, se calculan en el pa&iacute;s 659 escuelas primarias privadas y  474 escuelas primarias gratuitas, de las cuales las primeras ten&iacute;an  7.611 estudiantes y las  segundas 21.517.<a name="nota16"></a><a href="#notaa16"><sup>16</sup></a>  La realidad era que muchas de las escuelas privadas estaban en manos  de &oacute;rdenes religiosas. En 1876, cuando el gobierno liberal quiso poner en marcha su  programa educativos, se generaron fuertes controversias que se pueden explicar por las  disputas pol&iacute;ticas entre los dos partidos, por la alianza de la Iglesia cat&oacute;lica con el partido  conservador, por la introducci&oacute;n de nuevos m&eacute;todos de ense&ntilde;anza que fueron vistos como  ''extranjeros y anticat&oacute;licos'' y por los nuevos  impuestos que se ordenaron para llevar a  cabo el programa.<a name="nota17"></a><a href="#notaa17"><sup>17</sup></a>  Para 1876 se estiman 1.646 escuelas primarias con 79.123 estudiantes;  pero la mayor&iacute;a fue cerrada durante la guerra civil de 1876, y fue s&oacute;lo  durante la d&eacute;cada de  1880 que las escuelas primarias pudieron recuperar parte de su din&aacute;mica.<a name="nota18"></a><a href="#notaa18"><sup>18</sup></a></p>        <p>  En 1883 hab&iacute;a en Colombia 1.297 escuelas primarias con 68.261 ni&ntilde;os.<a name="nota19"></a><a href="#notaa19"><sup>19</sup></a>  En la  Constituci&oacute;n de 1886 la educaci&oacute;n se declar&oacute; libre, pero no obligatoria, y fue organizada en  concordancia con la religi&oacute;n cat&oacute;lica. Algunos  historiadores han se&ntilde;alado que la decisi&oacute;n  de entregar buena parte de las instituciones educativas a la Iglesia cat&oacute;lica en Colombia, en  esta &eacute;poca, tiene explicaciones pr&aacute;cticas, como lo sugiere Germ&aacute;n Colmenares:  ''Investigaciones recientes se inclinan a concluir que, en el caso  de la educaci&oacute;n, se  impusieron m&aacute;s bien consideraciones pragm&aacute;ticas. El Estado no pose&iacute;a los recursos para  sostener el fervor que hab&iacute;an mostrado  los radicales por una educaci&oacute;n laica''.<a name="nota20"></a><a href="#notaa20"><sup>20</sup></a>  En un  <i>Reporte</i> brit&aacute;nico de 1887 sobre Colombia se afirmaba que la instrucci&oacute;n p&uacute;blica se est&aacute;  extendiendo, que muchas de las escuelas primarias son patrocinadas por el Gobierno y que  en general la educaci&oacute;n muestra progresos.<a name="nota21"></a><a href="#notaa21"><sup>21</sup></a></p>        <p>Al lado de las actividades del Estado, asociaciones laicas, como la Sociedad de San  Vicente de Pa&uacute;l desde su fundaci&oacute;n en 1857, tuvieron un importante papel en la educaci&oacute;n  de los pobres. La sede de Bogot&aacute; comenz&oacute;  con una peque&ntilde;a escuela primaria con doce  ni&ntilde;as, anexa al hospital que abrieron y sostuvieron por unos a&ntilde;os. Despu&eacute;s patrocinaba  escuelas p&uacute;blicas gratuitas en seis barrios de la ciudad: Las Aguas, Egipto, La Catedral, Las  Cruces, Santa B&aacute;rbara, Las Nieves, San Victorino y Santa Isabel; algunas de ellas  ocasionalmente recib&iacute;an ayuda de los gobiernos municipales o departamentales.<a name="nota22"></a><a href="#notaa22"><sup>22</sup></a>  En 1914  la Sociedad sosten&iacute;a dos escuelas primarias gratuitas en Bogot&aacute;, una bajo la direcci&oacute;n de  los Hermanos Cristianos con 300 ni&ntilde;os, y otra peque&ntilde;a, cerca de las 32 casas que la  Sociedad hab&iacute;a construido en el barrio Las Nieves. En 1917 fundaron la Escuela Modelo en  edificio con suficiente espacio para que los ni&ntilde;os pudieran hacer ejercicio y sembrar la  tierra, con salones higi&eacute;nicos y ventilados. En 1919 hab&iacute;a tres escuelas primarias gratuitas  que depend&iacute;an del comit&eacute; central de la Sociedad: una en la Calle octava con 230 ni&ntilde;os y la  Escuela Modelo con 180 ni&ntilde;os, ambas bajo la direcci&oacute;n de los Hermanos Cristianos, y la  escuela de las Habitaciones  de los Pobres con 52 ni&ntilde;os.<a name="nota23"></a><a href="#notaa23"><sup>23</sup></a>  Tambi&eacute;n hab&iacute;a escuelas que   depend&iacute;an de las conferencias de la Sociedad: la Conferencia de Nuestra Se&ntilde;ora de Lourdes  estableci&oacute; una escuela para ''ni&ntilde;os de las clases m&aacute;s desvalidas'', donde se les ense&ntilde;aba a  leer y escribir, y se les daba comida y  ropa. La Conferencia de San Pedro, con la  colaboraci&oacute;n del p&aacute;rroco del barrio de Egipto, fund&oacute; una escuela para los ni&ntilde;os ''que por su  extremada pobreza se encuentran imposibilitados para concurrir a las escuelas p&uacute;blicas del  municipio''.<a name="nota24"></a><a href="#notaa24"><sup>24</sup></a>  Igualmente en muchos colegios privados manejados por &oacute;rdenes religiosas  hab&iacute;a escuelas p&uacute;blicas gratuitas. En 1930 la mitad de los colegios p&uacute;blicos y privados eran  dirigidos por &oacute;rdenes religiosas, y de estos 59.6% eran para ni&ntilde;as y el 42.9% para ni&ntilde;os.<a name="nota25"></a><a href="#notaa25"><sup>25</sup></a>   Los Hermanos Cristianos, por ejemplo, en cada colegio privado que ellos ten&iacute;an a su cargo  ten&iacute;an una peque&ntilde;a secci&oacute;n de educaci&oacute;n primaria gratuita.<a name="nota26"></a><a href="#notaa26"><sup>26</sup></a>  Tambi&eacute;n era com&uacute;n que en  los colegios privados de ni&ntilde;as hubiese escuelas gratuitas para ni&ntilde;as pobres, como lo era en  los del Sagrado Coraz&oacute;n de Jes&uacute;s y de la Presentaci&oacute;n.<a name="nota27"></a><a href="#notaa27"><sup>27</sup></a></p>         <p>Otro tipo de educaci&oacute;n para los ni&ntilde;os pobres  fue el Oratorio Festivo que establecieron  los Hermanos Salesianos. Eran reuniones educativas que se llevaban a cabo los domingos y  los d&iacute;as festivos, donde se les ense&ntilde;aba religi&oacute;n, se realizaban juegos y deportes, se hac&iacute;a  drama y teatro y los ni&ntilde;os ten&iacute;an acceso a la biblioteca. Se organizaban en las parroquias de  los ''sectores desfavorecidos'', que estaban  a cargo de los Hermanos Salesianos, en  coordinaci&oacute;n con los colegios que ellos regentaban. El Oratorio del barrio Bavaria en  Bogot&aacute; lleg&oacute; a tener una escuela gratuita con  cantina, dormitorio y un ropero, que serv&iacute;a  por la noche como colegio para los obreros, y para actividades deportivas los domingos y  d&iacute;as festivos.<a name="nota28"></a><a href="#notaa28"><sup>28</sup></a>  A mediados de 1930 se calculan 17 oratorios en Bogot&aacute;.<a name="nota29"></a><a href="#notaa29"><sup>29</sup></a></p>       <p>Los Jesuitas, junto con la Acci&oacute;n Cat&oacute;lica fundada en 1916, tambi&eacute;n organizaron  Oratorios Festivos para los ni&ntilde;os pobres y  programas de bibliotecas populares en las  parroquias que ten&iacute;an asignadas, que inclu&iacute;an colegios dominicales y nocturnos para los  ni&ntilde;os y los obreros. El padre Rufino Beristain abri&oacute; ocho colegios nocturnos con el apoyo  p&uacute;blico y para 1915 ten&iacute;a 1.200 obreros registrados.<a name="nota30"></a><a href="#notaa30"><sup>30</sup></a>  Las escuelas gratuitas tambi&eacute;n  recib&iacute;an colaboraci&oacute;n de la  Liga de Damas Cat&oacute;licas, fundada en 1924. Las se&ntilde;oras del  Centro de Acci&oacute;n Cat&oacute;lica Social de San Pedro Claver establecieron 10 escuelas primarias  en Cartagena en 1919 para ''ense&ntilde;ar a los ni&ntilde;os  y ni&ntilde;as m&aacute;s pobres la vida cristiana, los  primeros rudimentos y los oficios dom&eacute;sticos''.<a name="nota31"></a><a href="#notaa31"><sup>31</sup></a>  Igualmente los Franciscanos, pero en  menor medida, participaron en esta actividad; en Cali por ejemplo, fundaron varios colegios  nocturnos liderados por Fray Dami&aacute;n Gonz&aacute;lez.<a name="nota32"></a><a href="#notaa32"><sup>32</sup></a>  En cuanto a las escuelas de artes y  oficios, la Sociedad de San Vicente de Pa&uacute;l fue pionera y fue tal vez su actividad en  educaci&oacute;n m&aacute;s importante, ofreci&eacute;ndola principalmente a los j&oacute;venes y trabajadores pobres  de las ciudades m&aacute;s grandes. En Bogot&aacute; estableci&oacute; la Escuela de Artes y Oficios en 1877,  los Talleres de San Vicente en 1890, el Taller de Costura en 1890, la Escuela de Oficios  Dom&eacute;sticos en 1894, la Escuela Pr&aacute;ctica en 1900  y los Talleres de Mar&iacute;a Auxiliadora en  1919.<a name="nota33"></a><a href="#notaa33"><sup>33</sup></a>  En Medell&iacute;n fund&oacute; una escuela nocturna  en 1887, a la que en 1890 asist&iacute;an 145  artesanos; el municipio colaboraba con libros, l&aacute;pices y la iluminaci&oacute;n.<a name="nota34"></a><a href="#notaa34"><sup>34</sup></a>  En 1892 cre&oacute; tres  m&aacute;s y en 1894 decidi&oacute; unir todos los colegios nocturnos en uno llamado Escuela Central,  con 160 artesanos. En 1907 hab&iacute;a en Medell&iacute;n siete colegios nocturnos con 682 artesanos y  obreros, y recib&iacute;an apoyo de los gobiernos municipales y departamentales. En Cali el  principal logro de la Sociedad fue la Escuela de Artes y Oficios fundada en 1897, gracias a  un legado que recibi&oacute; la Sociedad, instituci&oacute;n que en un principio dirigieron los Hermanos  Maristas y que luego, en 1933,  pas&oacute; a manos de los Salesianos.<a name="nota35"></a><a href="#notaa35"><sup>35</sup></a></p>        ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Los Salesianos &#8211;orden religiosa italiana&#8211; fueron la orden masculina m&aacute;s preocupada y  dedicada a la educaci&oacute;n t&eacute;cnica y general de los artesanos y obreros. En 1890 fundaron la  Escuela Le&oacute;n XIII en Bogot&aacute;; la mitad de  los estudiantes pertenec&iacute;a a grupos sociales  pobres. Ense&ntilde;aban la educaci&oacute;n b&aacute;sica y los estudiantes pod&iacute;an escoger entre carpinter&iacute;a,  sastrer&iacute;a, zapater&iacute;a, talabarter&iacute;a, herrer&iacute;a o impresi&oacute;n. En 1905 abrieron un colegio similar en Ibagu&eacute; por iniciativa del gobierno departamental. Y en 1912 fundaron el Colegio Juan Bosco que ten&iacute;a 100 internos y 50 ni&ntilde;os de familias de artesanos y obreros que recib&iacute;an la educaci&oacute;n dise&ntilde;ada por ellos combinando la educaci&oacute;n b&aacute;sica en las ma&ntilde;anas y el aprendizaje de alg&uacute;n oficio en las tardes. En 1905 el obispo de Medell&iacute;n les solicit&oacute; que abrieran un orfanato para ni&ntilde;os pobres, que en 1921 se convirti&oacute; en la Escuela de Artes y Oficios. Despu&eacute;s de la exitosa exhibici&oacute;n de sus trabajos, los gobiernos departamental y municipal decidieron transformarla en el Instituto Pedro Justo Berrio en 1926.<a name="nota36"></a><a href="#notaa36"><sup>36</sup></a>  En 1930 los Salesianos ten&iacute;an 19 establecimientos en Colombia.<a name="nota37"></a><a href="#notaa37"><sup>37</sup></a></p>        <p>Si bien proveer educaci&oacute;n para los ni&ntilde;os pobres fue uno de los objetivos de los gobiernos departamentales y municipales al  principio de este periodo, su desarrollo dependi&oacute; de las iniciativas de asociaciones laicas con soporte de &oacute;rdenes religiosas, o de las mismas &oacute;rdenes religiosas. Las escuelas de  artes y oficios que impart&iacute;an educaci&oacute;n para j&oacute;venes y adultos fueron frecuentemente una iniciativa de grupos laicos, y en algunos casos recibieron ayuda de los gobiernos departamentales y municipales. La presencia de &oacute;rdenes religiosas masculinas y femeninas en la educaci&oacute;n fue clave. Dentro las femeninas las Hermanas de la Caridad sobresalieron, siendo su contrapartida masculina los Hermanos Cristianos y los Salesianos.  </p>     <p>Aparte de la casas de educaci&oacute;n, los de salud y protecci&oacute;n fueron tambi&eacute;n importantes establecimientos para la ayuda institucional. Estos establecimientos fueron impulsados por los gobiernos municipales y regionales, creados por sociedades laicas y promovidos por autoridades eclesi&aacute;sticas o en algunos casos por religiosos. Durante este periodo creci&oacute; la capacidad para albergar a los pobres y fue cuando se estableci&oacute; la ayuda institucional con firmeza para lograr asilar y encerrar a los pobres en las principales ciudades colombianas, como en la mayor&iacute;a de los pa&iacute;ses latinoamericanos.<a name="nota38"></a><a href="#notaa38"><sup>38</sup></a>  La mayor&iacute;a de las grandes ciudades ten&iacute;an un asilo para indigentes, algunas ten&iacute;an tambi&eacute;n sitio para los ''lun&aacute;ticos'' y los hu&eacute;rfanos, esto con apoyo p&uacute;blico, a trav&eacute;s de las autoridades municipales o departamentales. Los nuevos establecimientos que fueron creados por sociedades privadas  o por individuos fueron complementarios a los esfuerzos del Estado, los que fueron siempre  limitados.  </p>     <p>Otras instituciones fueron creadas principalmente para acoger a menores de edad, al  principio ni&ntilde;os y ni&ntilde;as juntos, luego en 1910  todos los establecimientos se encontraban  divididos por sexo. En un inicio se crearon m&aacute;s orfanatos para ni&ntilde;os, pero hacia 1920, la  mayor&iacute;a de estos fue fundada para amparar a las ni&ntilde;as. Por ejemplo la Casa de Hu&eacute;rfanos  que se fund&oacute; en 1881 bajo la direcci&oacute;n de la se&ntilde;ora Mar&iacute;a de Jes&uacute;s Upegui con apoyo del  obispo, con el prop&oacute;sito de dar un sitio para vivir y brindarles alimentaci&oacute;n, ropa y  educaci&oacute;n. Despu&eacute;s de que los Hermanos Cristianos llegaron a Bogot&aacute;, se les encomend&oacute; la  secci&oacute;n de ni&ntilde;os en 1890 junto con una escuela primaria, y la secci&oacute;n de ni&ntilde;as fue  trasladada a un colegio privado de las Hermanas de la Caridad. La Sociedad de San Vicente  de Pa&uacute;l, igualmente, organiz&oacute; varios establecimientos para amparar a los ni&ntilde;os hu&eacute;rfanos.  En Bogot&aacute; fundo el Asilo de la Santa Infancia en 1895, con el soporte intermitente de la  Junta General de Beneficencia de Cundimanarca.<a name="nota39"></a><a href="#notaa39"><sup>39</sup></a>  En Medell&iacute;n hab&iacute;a establecido en 1889  los Talleres de San Vicente, para acoger hu&eacute;rfanos entre los  seis y quince a&ntilde;os y para  ofrecerles educaci&oacute;n b&aacute;sica y de  artes y oficios. En Bogot&aacute; se  cre&oacute; el Asilo de la Santa  Infancia Desamparada de San Antonio en  1895, que recibi&oacute; una donaci&oacute;n en 1907 que le  permiti&oacute; construir un nuevo edificio y luego, bajo la direcci&oacute;n de Manuel Mar&iacute;a Camargo,  el orfanato fue completamente reorganizado como instituci&oacute;n de albergue y educaci&oacute;n; en  1918 alojaba 150 ni&ntilde;os.<a name="nota40"></a><a href="#notaa40"><sup>40</sup></a>  Caso similar fue el del Instituto de San Pablo construido con el  legado de Lorenzo Cu&eacute;llar.<a name="nota41"></a><a href="#notaa41"><sup>41</sup></a>  Los ni&ntilde;os asilados en ambos  establecimientos ten&iacute;an una  rutina diaria estricta, fundamentada principalmente en la educaci&oacute;n b&aacute;sica primaria y en el  entrenamiento en oficios artesanales. </p>     <p>Los orfanatos femeninos compart&iacute;an la mayor&iacute;a de los objetivos de los masculinos,  aunque hubo desde luego algunas diferencias.  Las ni&ntilde;as recib&iacute;an igualmente educaci&oacute;n  primaria b&aacute;sica, pero su otro aprendizaje era el de las labores dom&eacute;sticas; se esperaba que  salieran del establecimiento a trabajar en una casa de familia buscada por la instituci&oacute;n. La  mayor&iacute;a de los establecimientos eran dirigidos por damas de grupos sociales medios y altos,  algunas guiadas por sacerdotes. En Bogot&aacute;, por ejemplo, fueron fundadas los siguientes  orfanatos: la Casa Protectora de Ni&ntilde;as dirigida por Ana Vergara de Samper en 1914, la  Asociaci&oacute;n de Caridad para Ni&ntilde;as por Margarita Fonseca en 1919 y la Casa de Mar&iacute;a  Inmaculada para el Servicio Domestico en 1921. En Medell&iacute;n, tempranamente, la Casa de  Beneficencia por Mar&iacute;a Escobar Uribe en 1855  y la Casa de Jes&uacute;s, Mar&iacute;a y Jos&eacute; en 1893  bajo la direcci&oacute;n de la Asociaci&oacute;n del Sagrado Coraz&oacute;n, que posteriormente pas&oacute; a las  Hermanitas de los Pobres, orden religiosa francesa.<a name="nota42"></a><a href="#notaa42"><sup>42</sup></a></p>       <p>Hay tambi&eacute;n algunos casos de orfanatos establecidos directamente por &oacute;rdenes  religiosas, como los que las Hermanas de la  Caridad de la Presentaci&oacute;n establecieron en  algunas salas de los hospitales que ellas dirig&iacute;an en Bogot&aacute;, como ya lo hemos se&ntilde;alado, en  Medell&iacute;n en 1880 y en Cartagena en 1897. Les  ense&ntilde;aban los elementos de la educaci&oacute;n  b&aacute;sica y actividades dom&eacute;sticas, al tiempo que las alumnas colaboraban con las Hermanas  en las actividades del hospital y llevaban una vida casi conventual. El orfanato de  Cartagena consigui&oacute; un edificio nuevo en 1916 con el apoyo del gobierno gubernamental y  con donaciones; en 1930 albergaba 40 ni&ntilde;as.<a name="nota43"></a><a href="#notaa43"><sup>43</sup></a></p>        <p>La ayuda domiciliaria en Colombia fue liderada por la Sociedad de San Vicente de Pa&uacute;l,  que para 1907 ten&iacute;a alrededor 50 sedes en el pa&iacute;s,<a name="nota44"></a><a href="#notaa44"><sup>44</sup></a>  aunque las que realmente tuvieron una  din&aacute;mica importante fueron las de Bogot&aacute; y Medell&iacute;n, que concentraron sus esfuerzos en  las visitas domiciliarias y ayuda a la poblaci&oacute;n m&aacute;s necesitada a trav&eacute;s de la donaci&oacute;n de  bonos a las familias seleccionadas. Adicionalmente se organizaron formas de repartir  comida, bolsas de empleo e iniciaron programas de construcci&oacute;n de viviendas.<a name="nota45"></a><a href="#notaa45"><sup>45</sup></a>  La sede de  Bogot&aacute; particularmente fue activa en el hospital de San Juan de Dios, en el campo de las  consultas m&eacute;dicas, dispensarios  y distribuci&oacute;n de medicinas y la sede de Medell&iacute;n en la  Caja de Ahorros y el granero para vender alimentos m&aacute;s baratos a las personas favorecidas  con los bonos. La Sociedad de San Vicente de Pa&uacute;l de Bogot&aacute; entre 1911 y 1931 atendi&oacute;  como promedio 320 familias por a&ntilde;o, lo que representa alrededor de 1.300 personas  atendidas.<a name="nota46"></a><a href="#notaa46"><sup>46</sup></a>  A la Sociedad San Vicente de Pa&uacute;l  la ayuda a las familias adoptadas le  significaba entregar en bonos y auxilios cerca de $10.000 como promedio al a&ntilde;o. Cada  bono oscilaba entre un peso y veinticinco centavos.<a name="nota47"></a><a href="#notaa47"><sup>47</sup></a>  Aunque, claro est&aacute;, una familia  adoptada pod&iacute;a recibir varios bonos en el a&ntilde;o. Para la sede de Medell&iacute;n el promedio anual  de familias atendidas entre 1912 y 1930 fue de  544. Para la Sociedad de San Vicente de  Pa&uacute;l de Medell&iacute;n esto signific&oacute; aportar $8.311 como promedio anual en estos 19 a&ntilde;os. Cada  familia recibi&oacute; anualmente $12. La Sociedad de Medell&iacute;n repart&iacute;a anualmente por familia la  mitad de lo que repart&iacute;a la de Bogot&aacute;, aunque ten&iacute;a mayor cobertura.<a name="nota48"></a><a href="#notaa48"><sup>48</sup></a></p>           <p><font size="3"><b>II </b></font></p>       <p>La noci&oacute;n de caridad, acoplada a las necesidades sociales de la &eacute;poca y sin entrar en  conflicto mayor con el proceso de secularizaci&oacute;n de los Estados en formaci&oacute;n, se apoyaba  particularmente en las enc&iacute;clicas papales. La enc&iacute;clica <i>Rerum Novarum</i>, presentada por el  Papa Le&oacute;n XIII en 1891, manifestaba la importancia de construir un mundo en donde la  justicia social primara, como tambi&eacute;n expresaba la idea de que la manera de lograr la  justicia social era por medio de la caridad cristiana. Le&oacute;n XIII planteaba el ideal de justicia  social en su enc&iacute;clica <i>Rerum Novarum </i>de la manera siguiente: </p> <ul>A los ricos y a los amos les incumbe: no tener y tratar a los obreros como se  ten&iacute;an en la antig&uuml;edad y se trataban  a los esclavos; respetar en ellos la  dignidad de persona y la nobleza que a esa persona a&ntilde;ade lo que se llama  car&aacute;cter cristiano. Si se tiene en cuenta la raz&oacute;n natural y la filosof&iacute;a cristiana,  no es vergonzoso para el hombre ni le rebaja el ejercer un oficio por salario,  pues le habilita el tal oficio para poder &eacute;l honradamente sustentar su vida. Lo  que verdaderamente es vergonzoso e  inhumano es abusar de los hombres,  como si no fuesen m&aacute;s que cosas, para sacar provecho de ellos y no  estimularlos en m&aacute;s de lo que dan de s&iacute; sus m&uacute;sculos y fuerzas.     </ul> <ul>De  estos deberes, los que tocan al proletariado y obreros son: poner de parte  integra y fielmente el trabajo que libre y equitativamente se ha contratado: no  perjudicar en manera alguna al capital ni hacer violencia personal a los  patronos; al defender sus propios derechos, abstenerse de la fuerza, y nunca  armar sediciones ni hacer juntas con hombres malvados que ma&ntilde;osamente les  ponen delante esperanzas desmedidas y grand&iacute;simas promesas, a que se sigue  casi siempre un arrepentimiento in&uacute;til y la ruina de las fortunas.<a name="nota49"></a><a href="#notaa49"><sup>49</sup></a>    ]]></body>
<body><![CDATA[</ul>         <p>Aunque la enc&iacute;clica <i> Rerum Novarum </i>hac&iacute;a planteamientos m&aacute;s relacionados con la  problem&aacute;tica obrera, que simplemente con la existencia de los pobres,  su referente social  era todav&iacute;a amplio, y la caridad cristiana deb&iacute;a ser la base, la gu&iacute;a, el pilar de la ayuda a los  pobres. Esta enc&iacute;clica era la manifestaci&oacute;n nueva del pensamiento social cat&oacute;lico, en un  contexto moderno, en el que se trataba de enfrentar problemas in&eacute;ditos. La famosa enc&iacute;clica  de Le&oacute;n XIII fue una reacci&oacute;n m&aacute;s que una iniciativa, y es obvio que debajo de muchas de  las preocupaciones del Pont&iacute;fice estaba el temor a que el socialismo ganara la competencia  por el apoyo de las masas. Pero resultaba  toda una novedad que un Papa proclamase esa  especie de nuevo dec&aacute;logo de los derechos de los trabajadores y denunciara las injusticias  sociales que  acompa&ntilde;aban a la nueva sociedad industrial &#8211;al punto que algunos han  hablado de esa enc&iacute;clica como del  ''Anti&#8211;Manifiesto Comunista''&#8211;. La <i> Rerum Novarum </i> reconoc&iacute;a la existencia de conflictos entre los patrones y  los trabajadores, conflictos que  eran fruto del crecimiento de la industria, la concentraci&oacute;n  de la riqueza y el  empobrecimiento de las masas. Pero la enc&iacute;clica tambi&eacute;n abogaba por la intervenci&oacute;n del  Estado a favor de los trabajadores, para que  estos tuvieran garantizadas unas condiciones  dignas de trabajo y de vida. </p>     <p>Posteriormente la enc&iacute;clica  <i>Quadragesimo Anno</i> del Papa P&iacute;o XI vuelve a plantear el  problema de la justicia social pero espec&iacute;ficamente centrado en la situaci&oacute;n de los obreros.  Se retoma nuevamente la defensa de la propiedad privada y, tal vez parad&oacute;jicamente, a  partir de all&iacute; la construcci&oacute;n de un mundo m&aacute;s equitativo. Se busca una nueva estrategia de  promoci&oacute;n social, pero de nuevo descansando en el proyecto de Acci&oacute;n Social, considerada  como una acci&oacute;n preventiva y permanente, a diferencia de la caridad que es una actividad  curativa y ocasional. As&iacute; el reto siguiente para la vieja noci&oacute;n de caridad fue el de ser lo  suficientemente flexible para acomodarse a las nuevas exigencias sociales. Tal vez quien  expres&oacute; de manera clara y sencilla la diferencia entre las diferentes modalidades de  atenci&oacute;n a los pobres fue nuevamente la Sociedad de San Vicente de Pa&uacute;l: </p> <ul>La Sociedad de San Vicente de Pa&uacute;l es ante todo obra de caridad y apostolado,  pero acomod&aacute;ndose a las necesidades y exigencias de los tiempos, es tambi&eacute;n  obra de acci&oacute;n social.     </ul> <ul>Como obra de caridad, su principal objeto es el de visitar semanalmente, por  medio de sus miembros, a los pobres en sus domicilios, a fin de llevarles, con  sol&iacute;cito inter&eacute;s, socorros espirituales y materiales, as&iacute; como visitarlos en los  hospitales y en las prisiones, procurarles roperos, servicios m&eacute;dicos y boticas  gratuitas, y por &uacute;ltimo, proveer al entierro de los que han fallecido y sufragios  por el eterno descanso.      </ul> <ul>Como obra de apostolado, funda y sostiene escuelas cristianas gratuitas para  los hijos del pueblo, catecismo, bibliotecas populares, distribuye lecturas y  organiza conferencias y retiros espirituales para hombres del mundo y  especialmente para los obreros.     </ul> <ul>Como obra de acci&oacute;n social cat&oacute;lica, funda y sostiene talleres de artes y oficios,  restaurantes escolares, patronatos  de aprendices, cocinas econ&oacute;micas,  secretarias para los pobres, cajas de ahorro y especialmente jardines obreros, y  construye y administra habitaciones populares.<a name="nota50"></a><a href="#notaa50"><sup>50</sup></a>    </ul>         <p>La ''acci&oacute;n'' la defin&iacute;an los pensadores de  la Acci&oacute;n Social Cat&oacute;lica como ''el influjo  ejercido por una causa cualquiera. Fuera del influjo f&iacute;sico hay otro moral, y es el ejercido  por un ser racional en otro racional, no ya modificando el ser  f&iacute;sico de la persona, sino  infundi&eacute;ndole nuevas cualidades morales,  modelando por medio de la palabra el  entendimiento y voluntad ajena''.<a name="nota51"></a><a href="#notaa51"><sup>51</sup></a>  La Acci&oacute;n Social era entonces el influjo moral ejercido  sobre la sociedad. El fin que se propon&iacute;a la Acci&oacute;n Social de sus trabajos era ''el conservar  al pueblo en la fe y en las sanas costumbres, y el atraer a los extraviados y viciosos al buen  camino, para de ese modo, conservar la paz social y procurar la salvaci&oacute;n de las almas''.<a name="nota52"></a><a href="#notaa52"><sup>52</sup></a>   Los medios para llevar a cabo el nuevo influjo moral sobre la sociedad estaban constituidos  por un abanico amplio de propuestas que fueron denominadas gen&eacute;ricamente como obras  sociales. En el <i>Manual de Sociolog&iacute;a Pr&aacute;ctica de la Acci&oacute;n Social Cat&oacute;lica</i> se mencionan  entre tales propuestas las siguientes: las primeras son las obras sociales de car&aacute;cter general  llamadas las Uniones Populares que eran encargadas de la difusi&oacute;n de los conocimientos  sociales y la buena prensa; junto con los Secretariados Sociales que son m&aacute;s t&eacute;cnicos y que  distribuyen conocimiento &uacute;tiles a quien lo solicite sobre sociolog&iacute;a o diversas industrias.  Otras propuestas m&aacute;s particulares eran las Bibliotecas Parroquiales y las Ambulantes, los  C&iacute;rculos de Estudio, las Escuelas Profesionales, T&eacute;cnicas  o Agr&iacute;colas y las Nocturnas y  Dominicales. Las segundas eran las obras  de car&aacute;cter econ&oacute;mico, que contaban con  infinidad de asociaciones como fueron las Cooperativas de Producci&oacute;n, de Consumo, de  Cr&eacute;dito, Mutualidades, Cajas de Ahorros, Bolsas de Trabajo, Vivienda. Se agregaban otras  instituciones que ten&iacute;an como fin la satisfacci&oacute;n de todas las necesidades a los obreros. Se  trataba aqu&iacute; de Patronatos para J&oacute;venes, los C&iacute;rculos de Obreros, las Uniones Profesionales  y los Sindicatos. Las terceras eran las obras diocesanas, en donde la parroquia jugaba un  papel fundamental como ''modelo de la organizaci&oacute;n obrera y a la vez el n&uacute;cleo o c&eacute;lula  vital del desarrollo de la vida social''.<a name="nota53"></a><a href="#notaa53"><sup>53</sup></a>  La idea era que la parroquia fuera otro centro para  desarrollar las obras sociales planteadas por la Acci&oacute;n Social. </p>     <p>El cooperar en las obras sociales se consideraba que manifestaba un esp&iacute;ritu cristiano y  que constitu&iacute;a un acto de caridad. ''Las  obras sociales son una obra eminentemente  caritativa, en todo comparable con la limosna, menos en dos cosas en que la superan: en  que al socorrer la ajena miseria no se averg&uuml;enza el socorrido y en que el auxilio es m&aacute;s  eficaz y permanente''.<a name="nota54"></a><a href="#notaa54"><sup>54</sup></a>  En 1931 se elabor&oacute; la <i>Carta Apost&oacute;lica</i> del Papa P&iacute;o XI en que se  recomendaba al mundo cat&oacute;lico una cruzada de caridad y de socorros en favor de los  obreros que, por falta de trabajo, no pod&iacute;an procurarse honradamente el pan cotidiano y que  por la miseria se ve&iacute;an reducidos, juntamente con sus hijos, a una extrema necesidad.<a name="nota55"></a><a href="#notaa55"><sup>55</sup></a>  Se  recomienda hacer un <i>triduo</i> de oraciones y rogativas, colectas promovidas por los p&aacute;rrocos,  todo con el fin de ser repartido de manera equitativa entre los ni&ntilde;os indigentes y  desamparados. </p>     <p>En Latinoam&eacute;rica, la<i> Rerum Novarum</i> obtuvo respuestas de diversa &iacute;ndole. Sin embargo,  es posible que una de las mayores respuestas favorables y en bloque hubiera sido la que  ofrecieron los jesuitas, quienes respondieron activa y prontamente a las orientaciones  pontificias y consideraron que la Acci&oacute;n Social Cat&oacute;lica era una estrategia indispensable  para hacerse a un lugar en las organizaciones de la clase obrera y crear una presencia  cat&oacute;lica en f&aacute;bricas y sindicatos.<a name="nota56"></a><a href="#notaa56"><sup>56</sup></a>  El lema que predomin&oacute; en  Colombia para apoyar la  puesta en marcha de la Acci&oacute;n Social Cat&oacute;lica fue: la cuesti&oacute;n que divide los hombres de  nuestros d&iacute;as no es una cuesti&oacute;n de formas pol&iacute;ticas, sino cuesti&oacute;n social. En Colombia, el  centro vital de la Acci&oacute;n Cat&oacute;lica fue el C&iacute;rculo de Obreros de Bogot&aacute;, fundado en 1910 y  que resulta ser aquel del que tenemos mayor  conocimiento. El C&iacute;rculo lo fund&oacute; el padre  jesuita Jos&eacute; Mar&iacute;a Campoamor con el objetivo de atender a los obreros de la ciudad, aunque  la definici&oacute;n de obreros no comprend&iacute;a s&oacute;lo a los trabajadores de las pocas industrias que  exist&iacute;an en aquella &eacute;poca en  la capital, sino que inclu&iacute;a a  todos los que hac&iacute;an trabajo  manual. El C&iacute;rculo se inicia con la fundaci&oacute;n de la Caja de Ahorros en 1911 y en 1913. Con  los r&eacute;ditos de la Caja y con auxilios del Estado se compra un lote para iniciar el proyecto de  la construcci&oacute;n de la ciudadela de Villa Javier; para 1933 se hab&iacute;an construido 120 casas,  un edificio en donde funcionaban las escuelas, una hospeder&iacute;a para j&oacute;venes maestras, un  teatro, el sal&oacute;n de sesiones y restaurantes. La otra obra importante del C&iacute;rculo de Obreros  fue la Granja Agr&iacute;cola de Santa Teresa de  Jes&uacute;s en donde se cultivaban principalmente  frutas y hortalizas, para luego ser vendidos y consumidos en la ciudadela. Con esta obra se  organiza el grupo llamado Las Mar&iacute;as &#8211;fundamental para apoyar  todas las obras del  C&iacute;rculo&#8211; que eran mujeres j&oacute;venes y solteras, generalmente campesinas y hu&eacute;rfanas. El  C&iacute;rculo ten&iacute;a un Consejo Administrativo que ayudaba en la orientaci&oacute;n y administraci&oacute;n,  adem&aacute;s del Consejo de Se&ntilde;oras Benefactoras que realizaban visitas domiciliarias,  colaboraban en la organizaci&oacute;n de las festividades del C&iacute;rculo y patrocinaban la  consecuci&oacute;n de donaciones.<a name="nota57"></a><a href="#notaa57"><sup>57</sup></a>  Posteriormente, el C&iacute;rculo de Obreros extendi&oacute; sus  actividades fuera de Bogot&aacute;. La Caja de Ahorros fue la actividad que le permiti&oacute; cierta  difusi&oacute;n a nivel nacional. En 1929 se funda  en Facatativ&aacute; una Caja de Ahorros y dos  escuelas, una para ni&ntilde;as y otra para ni&ntilde;os, gracias al legado recibido de parte del se&ntilde;or  Manuel Vicente Uma&ntilde;a. Posteriormente se fundan sucursales de la  Caja de Ahorros en  Sogamoso en 1932, en Duitama en 1933, en Manizales en 1941, en Pamplona y M&aacute;laga en  1942, en Cali en 1943 y en Tunja en 1945. Se complementaba esta actividad con escuelas  para ni&ntilde;os y ni&ntilde;as. Para 1961 asist&iacute;an 2.148 ni&ntilde;os y 2.358 ni&ntilde;as a todas las escuelas del  C&iacute;rculo de Obreros.<a name="nota58"></a><a href="#notaa58"><sup>58</sup></a></p>        ]]></body>
<body><![CDATA[<p>  Por otro lado el C&iacute;rculo de Obreros de Bogot&aacute; se difundi&oacute; como base para la formaci&oacute;n  de organizaciones pol&iacute;ticas. En 1924 se establece la organizaci&oacute;n de los gremios de los  obreros cat&oacute;licos, cuyos miembros se apoyaban en la doctrina social de la Iglesia y en la  propia Iglesia Cat&oacute;lica, estimada como un pilar central del orden social, lo que implicaba,  entre otras cosas, fomentar el matrimonio cat&oacute;lico, respetar la propiedad privada, combatir  los excesos en la bebida, fomentar la instrucci&oacute;n en todos los niveles, el establecimiento de  cajas de ahorros y la construcci&oacute;n de vivienda. En 1925 el C&iacute;rculo de Obreros de Bogot&aacute;,  en representaci&oacute;n de los gremios matriculados de agricultura, alba&ntilde;iles, alfareros,  aserradores, canteros, carreteros, carpinteros,  constructores, ebanistas, electricistas,  empleados, escultores, fundidores, grabadores,  herreros, joyeros, latoneros, mec&aacute;nicos,  ornamentadores, peluqueros, pintores, pirot&eacute;cnicos, plateros, relojeros, sastres, talabarteros,  tapiceros, tip&oacute;grafos y zapateros,  consider&oacute;:  </p>   <ul>que el llamado Congreso de Obreros, reunidos el a&ntilde;o pasado en la capital de la  Rep&uacute;blica, no era representaci&oacute;n genuina de la clase obrera, pues result&oacute; una  junta de car&aacute;cter pol&iacute;tico, antisocial y antirreligioso, en completa disonancia  con los sentimientos cat&oacute;licos de la inmensa mayor&iacute;a de los obreros del pa&iacute;s,  que sus sectarias disposiciones no resolvieron ninguno de los problemas  sociales, y dejaron a la clase obrera en la misma postraci&oacute;n y miseria en que se  encontraba; y que los principios all&iacute;  proclamados ofrecen ancho campo a las  ambiciones personales de algunos agitadores que pretenden medrar y entrar en  la burgues&iacute;a, sirvi&eacute;ndose como pelda&ntilde;o de la ignorancia e inexperiencia de  muchos infelices obreros.<a name="nota59"></a><a href="#notaa59"><sup>59</sup></a>    </ul>     <p>El liderazgo del C&iacute;rculo de Obreros en la  organizaci&oacute;n gremial obrera estaba ligado a  uno de los objetivos de la Acci&oacute;n Cat&oacute;lica, que para esa &eacute;poca ya estaba conformada en  Colombia. En sus inicios, alrededor de 1913,  la Acci&oacute;n Cat&oacute;lica se asemejaba m&aacute;s a las  sociedades privadas de ayuda a los necesitados, puesto que sus prop&oacute;sitos eran ''el  conservar al pueblo en la fe y en las sanas  costumbres, y el atraer a los extraviados y  viciosos al buen camino, para de ese modo, conservar la paz social y procurar la salvaci&oacute;n  de las almas''; declarando que sus medios  se reduc&iacute;an ''a instituciones de car&aacute;cter  econ&oacute;mico y de instrucci&oacute;n y educaci&oacute;n cristiana que se dar&aacute; a los obreros y sus hijos''.<a name="nota60"></a><a href="#notaa60"><sup>60</sup></a>   En el Congreso Eucar&iacute;stico de Bogot&aacute; y  en el Congreso Mariano de 1919 la Acci&oacute;n  Cat&oacute;lica ayud&oacute; a promocionar la idea del catolicismo social.<a name="nota61"></a><a href="#notaa61"><sup>61</sup></a>  En 1923 Monse&ntilde;or Vicentini  reorganiz&oacute; la Acci&oacute;n Cat&oacute;lica con el imperativo de la justicia social y de la caridad  cristiana.<a name="nota62"></a><a href="#notaa62"><sup>62</sup></a>  En 1944 la coordinaci&oacute;n de la Acci&oacute;n Cat&oacute;lica fue encomendada a los jesuitas,  porque eran ellos quienes la hab&iacute;an liderado pr&aacute;cticamente desde el inicio, y fue ese el  momento en que la Acci&oacute;n Cat&oacute;lica alcanz&oacute; en Colombia una dimensi&oacute;n nacional e  institucional, basada principalmente en el desarrollo del sindicalismo cat&oacute;lico. Para 1950 la  Acci&oacute;n Cat&oacute;lica estimaba tener 120.000 miembros urbanos y 200.000 miembros rurales.<a name="nota63"></a><a href="#notaa63"><sup>63</sup></a></p>       <p>Con la misma orientaci&oacute;n fueron creados los  Patronatos Obreros en Medell&iacute;n, dado el  crecimiento acelerado del trabajo industrial femenino en la ciudad. El primero de ellos se  crea en 1912 bajo la direcci&oacute;n  de los jesuitas vinculados a  la Acci&oacute;n Cat&oacute;lica, con el  objetivo de poseer una instituci&oacute;n ''que fuera como un asilo en que se recojan las hijas del  trabajo para ganarse honradamente la vida, aprender los peligros del mundo y las verdades  fundamentales que les sirvan como escudo para el porvenir''.<a name="nota64"></a><a href="#notaa64"><sup>64</sup></a>  En los primeros a&ntilde;os el  Patronato fue impulsado y sostenido por la Compa&ntilde;&iacute;a Colombiana de Tejidos (Coltejer),  por la f&aacute;brica de Escobar, Restrepo y Cia., por la Compa&ntilde;&iacute;a Industrial Unida de Cigarrillos,  la f&aacute;brica de Tejidos Hern&aacute;ndez, la f&aacute;brica de Tejidos de Jacinto Arango y Cia. y la f&aacute;brica  de F&oacute;sforos Olano. El Patronato de Obreras se conform&oacute; con una junta directiva  conformada por mujeres con el apoyo de sacerdotes jesuitas. Se estructuraron sus diferentes  actividades por medio de secciones, un poco siguiendo el modelo de  la Sociedad de San  Vicente de Pa&uacute;l. La primera en crearse fue la Secci&oacute;n de Conferencias Religiosas, la cual  ten&iacute;a que visitar las f&aacute;bricas e invitar y convencer a las obreras para que asistieran a las  conferencias dictadas por los padres jesuitas mensualmente. Igualmente se inicia la Secci&oacute;n  de Restaurantes, que repart&iacute;a sopas entre las obreras, suministrando entre 1912 y 1919,  93.200 platos de sopa.<a name="nota65"></a><a href="#notaa65"><sup>65</sup></a>  Tambi&eacute;n se fund&oacute; la Secci&oacute;n de Socorros Mutuos, que con el  aporte mensual de las obreras conformaba  un fondo para ayudar a aquellas que sufrieran  enfermedad y en 1915 se nombr&oacute; un m&eacute;dico que atend&iacute;a a las obreras del Patronato. En  1914 se crea la Secci&oacute;n Dormitorio de San Javier, en donde se les facilitaba vivienda a las  obreras solteras que no fueran de Medell&iacute;n, bajo el cuidado de las Hermanas de la Caridad  de la Presentaci&oacute;n. Se inicia con 4 obreras y para 1919 albergaba hasta 150.<a name="nota66"></a><a href="#notaa66"><sup>66</sup></a>  En ese mismo  a&ntilde;o se funda la Secci&oacute;n de Caja de Ahorro, para fomentar el ahorro entre las obreras que  pertenec&iacute;an al Patronato. En 1915 se crea la Secci&oacute;n de Culto, que intentaba no s&oacute;lo  organizar las conferencias religiosas, que para esa &eacute;poca eran ya semanales, sino tambi&eacute;n  fomentar los ejercicios espirituales, que cubr&iacute;an a todo el personal de las f&aacute;bricas. Esta  Secci&oacute;n de Culto estaba apoyada por la Congregaci&oacute;n de Hijas de Mar&iacute;a, que fomentaba la  pr&aacute;ctica de la piedad y que para 1919 ten&iacute;a 500 socias.<a name="nota67"></a><a href="#notaa67"><sup>67</sup></a>  Ellas organizaban las conferencias,  las misas, las primeras comuniones y formaban coros que acompa&ntilde;aban las eucarist&iacute;as. Ese  mismo a&ntilde;o se cre&oacute; la Secci&oacute;n de la Escuela Dominical, mediante la cual se daban clases de  corte y de bordado, de lectura, escritura, aritm&eacute;tica, gram&aacute;tica y cocina. Se calculaba una  asistencia de 130 a 150 obreras cada domingo.<a name="nota68"></a><a href="#notaa68"><sup>68</sup></a>  La asistencia regular a esta escuela les  daba a las obreras derecho a usufructuar de los beneficios del Patronato. Hacia 1919 hab&iacute;a  unas 820 obreras inscritas. </p>     <p>En 1916 las secciones en el Patronato se incrementaron. Aparece la Secci&oacute;n de  Propaganda, que estaba encargada de fomentar la pr&aacute;ctica de la buena lectura, para lo cual  distribu&iacute;an en las f&aacute;bricas peri&oacute;dicos,  folletos y revistas. La Secci&oacute;n de Recreo, que  fomentaba veladas art&iacute;sticas, reuniones musicales, paseos, rifas y celebraci&oacute;n de  aguinaldos. Su objeto era ''dar a las obreras algunos ratos de solaz... de este modo las  pobres obreras pasan horas muy agradables sin que por ello pierdan el amor al trabajo''.<a name="nota69"></a><a href="#notaa69"><sup>69</sup></a>   Igualmente se crea la Secci&oacute;n de Colocaciones, con el objetivo de ayudar a buscar trabajo a  las obreras que no ten&iacute;an empleo, a trav&eacute;s de contactos que obten&iacute;a el Patronato y de sus  recomendaciones, de las que se esperaba constituyeran una buena carta de presentaci&oacute;n.  Entre 1916 y 1919 el Patronato ayud&oacute; a conseguir empleo a 307 obreras de 599 que lo  solicitaron.<a name="nota70"></a><a href="#notaa70"><sup>70</sup></a>  La otra Secci&oacute;n fue la de Caja de Pr&eacute;stamos, para que las obreras lograran  conseguir ayuda, sobre todo para vivienda, con la seguridad de que pod&iacute;an pagarlo; al a&ntilde;o  siguiente se cre&oacute; la Secci&oacute;n de Caja Dotal, para que las obreras ahorraran para el momento  de su matrimonio. En 1918 se funda la Escuela Tutelar que atend&iacute;a a personas diferentes a  las obreras, estaba orientada a recluir ni&ntilde;as indigentes o ''descarriadas'' y darles una  educaci&oacute;n adecuada, para que luego, de ser  posible, fueran obreras. En 1919 se crea la  Secci&oacute;n del Sindicato, con la idea de formar un sindicato que agrupara a las obreras de  diferentes f&aacute;bricas de la ciudad, con la  esperanza de conformar un solo grupo obrero,  participando de una sola organizaci&oacute;n. En ese a&ntilde;o ten&iacute;an 215 filiales. Su primera tarea fue  la de oponerse a la fiesta del Primero de Mayo organizada por la Sociedad Socialista de  Medell&iacute;n. Para este fin se repartieron hojas volantes explicando los peligros de aquella  celebraci&oacute;n. El 4 de mayo las obreras del Patronato celebraron el d&iacute;a del trabajo con una  misa y una velada recreativa, a la cual asistieron alrededor de 1.300 obreras.<a name="nota71"></a><a href="#notaa71"><sup>71</sup></a>  Para 1918 el  Patronato de Obreras de Medell&iacute;n contaba en 1918 con 2.164 obreras. </p>      <p>Al lado de las actividades de la Acci&oacute;n Social Cat&oacute;lica, otras instituciones continuaron  atendiendo a la poblaci&oacute;n m&aacute;s necesitada y otras nuevas fueron creadas tanto en la ayuda  institucional como en la domiciliaria. En la ayuda domiciliaria la Sociedad de San Vicente  de Pa&uacute;l contin&uacute;o siendo la l&iacute;der con la entrega de sus bonos familiares y sus otras obras  como lo hemos se&ntilde;alado anteriormente. Tal vez la diferencia entre el comportamiento y las  obras de la Compa&ntilde;&iacute;a de Jes&uacute;s y de la Sociedad de San Vicente de Pa&uacute;l residi&oacute; en que las  organizaciones lideradas por los jesuitas  se vincularon mucho m&aacute;s a los procesos de  participaci&oacute;n sindical y pol&iacute;tica que las nuevas enc&iacute;clicas y  evoluciones de la Doctrina  Social de la Iglesia autorizaban y su atenci&oacute;n se centr&oacute; m&aacute;s en la poblaci&oacute;n obrera. La  Sociedad mantuvo su ayuda domiciliaria de forma amplia hacia a la poblaci&oacute;n necesitada.  </p>     <p>En cuanto a la ayuda institucional, el incremento fue notable. Si bien la creaci&oacute;n de la  mayor&iacute;a de los establecimientos se concentr&oacute; en las ciudades m&aacute;s grandes, algunos  empezaron a ser fundados en las ciudades medianas. Las regiones m&aacute;s din&aacute;micas en la  ayuda institucional fueron Cundinamarca y Antioquia, dos de las regiones m&aacute;s activas  econ&oacute;micamente tambi&eacute;n. Hubo una proliferaci&oacute;n de instituciones y fueron m&aacute;s flexibles y  capaces de realizar nuevas formas atenci&oacute;n. Los conceptos y las pr&aacute;cticas de estas  instituciones se derivan de  nociones de la obligaci&oacute;n moral, del deber religioso, de las  exigencias y expectativas sociales. Los patrones de la ayuda institucional siguieron  frecuentemente los modelos europeos, particularmente los franceses. En cuanto hac&iacute;a  referencia a pol&iacute;ticas sociales, a ideas y pr&aacute;cticas de ayuda a los pobres y a las estructuras  de los establecimientos; estos patrones fueron reforzados por las &oacute;rdenes religiosas  francesas, especialmente las femeninas, que llegaron a Colombia desde mediados del siglo  XIX. Algunas experiencias latinoamericanas, como la chilena, tambi&eacute;n fueron de ejemplos  a seguir en el campo de la ayuda institucional. La fundaci&oacute;n de establecimientos por  iniciativa privada aument&oacute; considerablemente  con ventaja sobre las creaciones oficiales a  principios del siglo XX. M&eacute;dicos, religiosos, mujeres, empresarios y autoridades pol&iacute;ticas  contribuyeron todos, de alguna forma, en estas fundaciones. La participaci&oacute;n de las  mujeres, seculares y religiosas fue de nuevo,  importante y notoria,  lo que les permiti&oacute; a  &eacute;stas entrar de alguna manera a la vida  p&uacute;blica de forma aceptable y estimada. La  participaci&oacute;n de las &oacute;rdenes religiosas en  la ayuda institucional fue sobresaliente, cada  congregaci&oacute;n aport&oacute; su especializaci&oacute;n en la atenci&oacute;n y la ayuda a los pobres.  </p>     <p>Varias pautas se desarrollaron en la ayuda  institucional. Los establecimientos de salud  dependieron del Estado y se esparcieron m&aacute;s a trav&eacute;s del pa&iacute;s. Se contaban 127 hospitales  en la regi&oacute;n central de Colombia para 1927. Hab&iacute;a al menos un hospital en cada capital de  departamento, en algunas ciudades m&aacute;s de uno,  como era el caso de Bogot&aacute;, Medell&iacute;n y  Pasto. Antioquia era el departamento que ten&iacute;a m&aacute;s hospitales: 36. Exist&iacute;a un hospital en  casi todos sus municipios. Seguido por Boyac&aacute; que ten&iacute;a 25 y Cundinamarca, incluida  Bogot&aacute;, que ten&iacute;a 24.<a name="nota72"></a><a href="#notaa72"><sup>72</sup></a>  De estos la mayor&iacute;a era estatal, tan s&oacute;lo en el caso de las ciudades  m&aacute;s grandes, el hospital principal era estatal y los otros se hab&iacute;an fundado por iniciativas de  m&eacute;dicos o sociedades cient&iacute;ficas, como en  el caso de Bogot&aacute; en donde se crearon el  hospital de La Misericordia  en 1897 &#8211;liderado por el doctor Jos&eacute; Ignacio Barberi para  atender especialmente a los ni&ntilde;os enfermos&#8211; y  el de San Jos&eacute; en 1926 por la Sociedad de  Cirug&iacute;a de la ciudad. </p>     <p>Dentro de las actividades en el &aacute;rea de salud cabe resaltar el programa de La Gota de  Leche. El hospital principal de Bogot&aacute; conjuntamente con la Sociedad Pedi&aacute;trica fueron los  l&iacute;deres del programa que se inicio en 1919,<a name="nota73"></a><a href="#notaa73"><sup>73</sup></a>  programa que recibi&oacute;  la colaboraci&oacute;n de un  grupo de se&ntilde;oras encargadas de recoger fondos.<a name="nota74"></a><a href="#notaa74"><sup>74</sup></a>  El principal objetivo era ''ejercer una  supervigilancia m&eacute;dica sobre los ni&ntilde;os de la  clase pobre por medios de institutos de  puericultura y de dispensarios lactantes donde se pesan y examinan los p&aacute;rvulos, y se  preparan y se ense&ntilde;an a preparar a las madres la leche y f&oacute;rmulas alimenticias adecuadas  para los ni&ntilde;os''.<a name="nota75"></a><a href="#notaa75"><sup>75</sup></a>  Este programa hace parte de estrategias relacionadas con las nuevas ideas  de higiene ya incorporadas y para responder a la inquietud generalizada sobre el alto &iacute;ndice  de mortalidad infantil. El programa de la Gota de Leche fue acompa&ntilde;ado con el programa  de salas&#8211;cuna, que para el caso de Bogot&aacute; se implement&oacute; en el Hospicio. Estos programas  se hab&iacute;an desarrollado en la d&eacute;cada 1910 con gran &eacute;xito en Argentina, Chile y Uruguay, lo  que sirvi&oacute; como ejemplo para que se extendiera en muchas partes de Colombia.<a name="nota76"></a><a href="#notaa76"><sup>76</sup></a>  En 1917  en Medell&iacute;n, por iniciativa del arzobispo y la Asociaci&oacute;n de Madres Cat&oacute;licas, bajo la  direcci&oacute;n de las Hermanas de la Caridad y con el apoyo del cuerpo m&eacute;dico de la ciudad, se  inici&oacute; el programa para atender a los hu&eacute;rfanos y a los ni&ntilde;os de familias pobres,<a name="nota77"></a><a href="#notaa77"><sup>77</sup></a>  que en  1925 atend&iacute;a a 100 ni&ntilde;os. En 1919 en Cartagena un grupo de se&ntilde;oras con el apoyo de los  m&eacute;dicos y la municipalidad iniciaron el programa y, posteriormente, fue tambi&eacute;n  establecido en Bucaramanga, Popay&aacute;n y Sons&oacute;n. En Medell&iacute;n el programa fue extendido  por la creaci&oacute;n del hospital infantil Club Noel, que se inici&oacute; en un edificio inacabado anexo  al hospital, que le fue donado a dicha sociedad en 1923.<a name="nota78"></a><a href="#notaa78"><sup>78</sup></a>  Esta Sociedad se hab&iacute;a iniciado  con el objetivo de donar regalos en la navidad a los ni&ntilde;os pobres. En 1924 ten&iacute;a 60 camas y  el programa de La Gota de Leche. De una manera similar, las Damas Cat&oacute;licas de Cali que  ten&iacute;a la misma costumbre de dar regalos de navidad a los ni&ntilde;os pobres, recibieron en 1924  una donaci&oacute;n de un lote para construir un hospital infantil, y en 1934 abrieron el Hospital  Infantil Club Noel. </p>     <p>El panorama de los establecimientos de protecci&oacute;n era m&aacute;s variado. Las instituciones  para indigentes fueron un asunto estatal dado que hacia 1920 hab&iacute;a ya un consenso sobre la  prohibici&oacute;n de la mendicidad en las calles, y  fuertes disposiciones legales se decretaron  para controlar la presencia de los mendigos en ellas.<a name="nota79"></a><a href="#notaa79"><sup>79</sup></a>  Los vagos ten&iacute;an que ser reeducados  y reformados.<a name="nota80"></a><a href="#notaa80"><sup>80</sup></a>  La ley implicaba igualmente la promoci&oacute;n y fundaci&oacute;n de asilos en la  mayor&iacute;a de las capitales de los departamentos. En ese momento hab&iacute;a asilos para indigentes  en Bogot&aacute;, Medell&iacute;n, Cali, Cartagena, Tunja, Pasto y C&uacute;cuta a cargo de los gobiernos  municipales. Los establecimientos para los  ni&ntilde;os tuvieron un notable incremento despu&eacute;s  de la d&eacute;cada de 1910. En este tiempo los orfanatos fueron vistos como la siguiente  instituci&oacute;n para los ni&ntilde;os hu&eacute;rfanos despu&eacute;s de las salas&#8211;cunas o el hospicio. La protecci&oacute;n  y amparo de los ni&ntilde;os hu&eacute;rfanos y pobres fue una de las actividades con mayor din&aacute;mica en  esta &eacute;poca, y se hizo evidente a trav&eacute;s  de la fundaci&oacute;n y creaci&oacute;n de este tipo de  establecimientos por todo el pa&iacute;s. Sin embargo, la mayor&iacute;a de iniciativas salieron de  ciudadanos, de asociaciones laicas, algunas apoyadas por &oacute;rdenes religiosas o establecidas  por ellas mismas.  La divisi&oacute;n por sexo en estas instituciones era clara. El n&uacute;mero de  orfanatos para ni&ntilde;as era mayor que el de los ni&ntilde;os; a las ni&ntilde;as, como a las mujeres, se les  ve&iacute;a como un grupo m&aacute;s vulnerable. Los orfanatos fueron sitios de protecci&oacute;n para los  ni&ntilde;os entre siete y catorce a&ntilde;os, pero tambi&eacute;n fueron vistos como instituciones educativas.  La educaci&oacute;n era vista como la mejor manera  de proveer una vida respetable despu&eacute;s del  orfanato, y particularmente la educaci&oacute;n para el trabajo fue vista como la mejor forma de  garantizar un ahorro mientras los ni&ntilde;os permanec&iacute;an en el establecimiento y como un  ingreso para su vida futura. Fuera de los orfanatos de Bogot&aacute; y Medell&iacute;n que albergaban a  un n&uacute;mero significativo de ni&ntilde;os, la mayor&iacute;a en el resto del pa&iacute;s, fundados en las capitales  de los departamentos, fueron peque&ntilde;os. En  Pasto, por ejemplo, fue fundado un orfanato  para ni&ntilde;as por el obispo en 1886 con el appoyo del gobierno departamental y municipal y  dirigido por las Hermanas Betlehemitas; en 1924 ten&iacute;a 24 ni&ntilde;as.<a name="nota81"></a><a href="#notaa81"><sup>81</sup></a>  En Cartagena el orfanato  ten&iacute;a en 1934 40 ni&ntilde;as y exist&iacute;an otros peque&ntilde;os orfanatos en Armenia, Pamplona, Socorro,  Chin&aacute;cota, Caloto, Zipaquir&aacute; y Cartago. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>A la par de est&aacute; din&aacute;mica en la ayuda a los m&aacute;s necesitados, los gobiernos de la d&eacute;cada  de 1920 parecen haberse planteado algunos cambios importantes respecto de las estructuras  tradicionales del aparato de  beneficencia, buscando sentar las bases de una asistencia  p&uacute;blica realmente secular y moderna. Este proceso de todas maneras tom&oacute; varias d&eacute;cadas  para llegar a su punto de arribo, en caso de que aceptemos que la sociedad colombiana ha  conquistado ese punto de secularizaci&oacute;n e independencia estatal de la Iglesia en el terreno  de la asistencia social, lo cual no deber&iacute;a ser aceptado como algo evidente. Los  planteamientos de esos gobiernos modernizantes de principios del  siglo XX, al parecer  sinceramente empe&ntilde;ados en la reforma de la sociedad por la v&iacute;a del trabajo productivo y la  creaci&oacute;n de riqueza, se centraban en introducir de forma estandarizada la pr&aacute;ctica de la  higiene y la cientif&iacute;cidad de la atenci&oacute;n m&eacute;dica, como tambi&eacute;n la educaci&oacute;n para el trabajo  y el fomento al ahorro. Y por otro lado buscaban introducir un manejo centralizado,  supervisado y controlado de las actividades de todos los establecimientos de asistencia  p&uacute;blica. Estos cambios estaban enmarcados en un contexto de discusi&oacute;n m&aacute;s amplio que  era la reflexi&oacute;n sobre la idea de caridad y de beneficencia. Uno de los mejores ejemplos  para ilustrar estas discusiones son las ideas  expresadas por el m&eacute;dico Marcelino Vargas,  quien hab&iacute;a trabajado varios  a&ntilde;os en la Junta General de Beneficencia de Cundinamarca  que hab&iacute;a sido fundada en 1869 como el primer ente estatal de beneficencia. La Junta era  responsable de la administraci&oacute;n de todas las propiedades relacionadas con los  establecimientos de beneficencia, ten&iacute;a que dise&ntilde;ar los reglamentos para el funcionamiento  de los establecimientos, designar las personas responsables de su administraci&oacute;n, supervisar  y controlar las cuentas y encontrar suficientes ingresos para el desempe&ntilde;o normal. Las  cr&iacute;ticas a la Junta y sus establecimientos, que en 1919 eran el Hospital de San Juan de Dios,  el Asilo de Locos, el Asilo de Locas, el  Hospicio, el Asilo de San Jos&eacute; de Ni&ntilde;os  Desamparados, el Asilo de Preservaci&oacute;n para Ni&ntilde;as, el Asilo de Indigentes de Mujeres y la  Colonia de Mendigos de Sibat&eacute;, fueron  publicadas primero en el peri&oacute;dico <i> El Diario  Nacional,</i> art&iacute;culos que provocaron respuestas y aclaraciones y que posteriormente fueron  publicados como un libro titulado<i> La Beneficencia en Cundinamarca</i>.<a name="nota82"></a><a href="#notaa82"><sup>82</sup></a>  Uno de los puntos  que Marcelino Vargas m&aacute;s discuti&oacute; fue el que la ayuda institucional no deber&iacute;a concebirse  m&aacute;s como acci&oacute;n de caridad o beneficencia sino que deber&iacute;a considerarse un asunto de asistencia p&uacute;blica: </p>   <ul>Basta por hoy. Ojal&aacute; que la Junta de  Beneficencia, integrada como est&aacute; por  personas inteligentes y honorables, se  haga cargo alguna vez de que en sus  manos est&aacute; la asistencia p&uacute;blica de Cundinamarca y que los establecimientos  que maneja no son de caridad, como los califica el informe tantas veces  mencionado.<a name="nota83"></a><a href="#notaa83"><sup>83</sup></a>    </ul>     <p>Unas p&aacute;ginas m&aacute;s adelante a&ntilde;ade:  </p>   <ul>El Nuevo Tiempo y el se&ntilde;or S&iacute;ndico del Hospital se empe&ntilde;an en confundir la  beneficencia p&uacute;blica con la privada y en sostener que los establecimientos a  cargo de la Junta General de Beneficencia son de caridad, sin considerar que  as&iacute; le hacen mal a la entidad misma y desconocen la obligaci&oacute;n en los poderes  p&uacute;blicos de proveer suficientemente a ramo tan importante de la  administraci&oacute;n. La m&aacute;xima evang&eacute;lica Amaos los unos a los otros, no tiene que  ver con el Estado. Este no hace ni debe hacer obras de caridad auxiliando  establecimientos destinados al servicio de los menesterosos... Muchos de los  errores en que se ha incurrido en esto de la Beneficencia, y muchas de sus  deficiencias, provienen de la confusi&oacute;n de beneficencia por caridad, de  beneficencia por asistencia p&uacute;blica.<a name="nota84"></a><a href="#notaa84"><sup>84</sup></a>    </ul>     <p>Otro aspecto importante que Marcelino Vargas trae a discusi&oacute;n consiste en qui&eacute;n deber&iacute;a ser el responsable de la ayuda institucional: </p> <ul>En todas partes del mundo este organismo que aqu&iacute; llamamos beneficencia se  llama de asistencia p&uacute;blica y funciona organizado como un ramo muy  importante del gobierno. El nombre de beneficencia que aqu&iacute; le hemos dado a  esa dependencia oficial, y la manera despreciativa con que se la ha mirado y  administrado, perturban el criterio con que se juzga, haciendo creer que es  asunto de caridad y filantrop&iacute;a, y que debe tratarse como tal lo que es  simplemente un deber administrativo.  A los establecimientos que el gobierno  costea y que son o deben ser parte integrante de la administraci&oacute;n p&uacute;blica, en  donde no entra la caridad como m&oacute;vil, sino el cumplimiento de ineludibles  deberes gubernativos, debemos darles su verdadero nombre y organizarlos y  reglamentarlos bajo una oficina p&uacute;blica, con su personal de empleados, sus  rentas, su materia, etc.<a name="nota85"></a><a href="#notaa85"><sup>85</sup></a>    </ul>     <p>Despu&eacute;s de varias discusiones p&uacute;blicas alrededor de la  beneficencia, en 1921, en la  Ordenanza n&uacute;mero 51, el Estado incluye el nuevo concepto de asistencia p&uacute;blica.<a name="nota86"></a><a href="#notaa86"><sup>86</sup></a>  La  introducci&oacute;n de este nuevo concepto no trajo cambios sustanciales en las pr&aacute;cticas de la  ayuda institucional, la Junta continu&oacute; a cargo de los mismos establecimientos, aplicando y  mejorando los mismos programas que hasta ahora ven&iacute;a implementando. Los cambios  estaban m&aacute;s relacionados con la manera en que la Junta deber&iacute;a manejar los recursos. Sin  embargo, el presidente de la Junta General de Beneficencia en 1922, Francisco Samper,  expres&oacute; sus temores:  </p>   <ul>Esa reforma ser&aacute; muy conveniente, y a&uacute;n necesaria, cuando las entradas  pecuniarias justifiquen la existencia de empleados superiores t&eacute;cnicos y bien  remunerados; por el momento ser&iacute;a preciso disminuir las partidas destinadas a  alimentos y drogas para costear en cambio los sueldos del personal directivo  superior, el cual carecer&iacute;a por lo dem&aacute;s, de campo de acci&oacute;n para sus  conocimientos e iniciativas que encallar&iacute;an en todas partes en la falta de  recursos. De otro lado la formaci&oacute;n de una burocracia en la Beneficencia  retraer&iacute;a el apoyo de los particulares, cuyas donaciones, herencias, legados y  servicios personales constituyen un important&iacute;simo rengl&oacute;n de entradas para  esta rama de la administraci&oacute;n departamental. En cuanto a la creaci&oacute;n de una  tesorer&iacute;a general que centralice las cajas de los Establecimientos, quiz&aacute;s se  imponga cuando la situaci&oacute;n y orden del Fisco Nacional le permitan atender,  puntualmente y sin constantes cobros, el pago de auxilios; por el momento es  irreemplazable la acci&oacute;n simult&aacute;nea  de ocho a diez caballeros de grande  influencia social, quienes por caridad y filantrop&iacute;a desempe&ntilde;an las  sindicaturas, y recaudan las rentas de los establecimientos y cobran los auxilios  con mayor asiduidad que si se tratase de sus intereses particulares.<a name="nota87"></a><a href="#notaa87"><sup>87</sup></a>    </ul>          <p>Hacia 1920 estos nuevos planteamientos, discusiones y temores manifiestos llevaron a  que el Estado adoptara una pol&iacute;tica social m&aacute;s di&aacute;fana, sobre todo en lo concerniente a la  ayuda institucional, sin embargo subsistieron  muchas ambig&uuml;edades, principalmente en la  administraci&oacute;n de los establecimientos y el manejo de los recursos. Si bien mucha de las  informaciones aqu&iacute; estudiadas perecen comprobar la idea de que en el &uacute;ltimo tercio del  siglo XIX se abre paso por primera vez a una realidad espec&iacute;fica denominada ''lo social'' en  la agenda de los gobiernos, el trayecto hacia las pol&iacute;ticas estatales permanentes de atenci&oacute;n  hacia los grupos sociales m&aacute;s vulnerables de la sociedad ser&iacute;a un proceso lento y gradual.  </p>     <p>Como hab&iacute;amos se&ntilde;alado, en los gobiernos liberales de la d&eacute;cada de 1870 se cre&oacute; la  Junta de Instrucci&oacute;n P&uacute;blica separada de  la beneficencia. Posteriormente en 1887 se  establecieron la Junta Central de Higiene y las Juntas Departamentales de Higiene en cada  departamento. Estas Juntas eran promovidas y administradas por m&eacute;dicos, quienes ten&iacute;an la  responsabilidad de organizar la salud p&uacute;blica en el pa&iacute;s. Antes de que estas instituciones  fueran establecidas, las acciones relacionadas con salud p&uacute;blica eran tomadas s&oacute;lo en  condiciones de emergencia, por ejemplo, cuando alguna epidemia se expand&iacute;a. En 1918 la  Junta Central de Higiene fue transformada en la Direcci&oacute;n Nacional de Higiene; el aspecto  m&aacute;s importante de este cambio fue el que la Direcci&oacute;n ten&iacute;a la capacidad de decretar  legislaci&oacute;n relacionada con la problem&aacute;tica de la higiene y sanidad, sin interferencia de  otras esferas pol&iacute;ticas: adquiri&oacute; completa autonom&iacute;a.<a name="nota88"></a><a href="#notaa88"><sup>88</sup></a>  En 1924 fue creado el Ministerio de  Instrucci&oacute;n y Salubridad P&uacute;blica. La secci&oacute;n de salud fue dividida en dos: higiene y  asistencia p&uacute;blica. La divisi&oacute;n de higiene  ten&iacute;a la responsabilidad de controlar la  infraestructura urbana &#8211;abastecimiento de agua, alcantarillado y basuras&#8211; y las epidemias,  mantener actualizadas las estad&iacute;sticas y llevar a cabo campa&ntilde;as de vacunaci&oacute;n. La divisi&oacute;n  de asistencia p&uacute;blica ten&iacute;a la responsabilidad de administrar las instituciones como  hospitales, asilos y orfanatos, la protecci&oacute;n para la infancia y las habitaciones para los  pobres.<a name="nota89"></a><a href="#notaa89"><sup>89</sup></a>  Podemos constatar no s&oacute;lo los primeros cambios en  las denominaciones que el  Estado fue introduciendo en pol&iacute;tica social sino tambi&eacute;n cambios efectivos de  reorganizaci&oacute;n de las funciones del Estado respecto a la seguridad social. </p>         ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="3"><b>III </b></font></p>       <p>Considerado el panorama del problema,  podemos ahora intentar trazar algunas  caracter&iacute;sticas generales. Los inicios modernos de la asistencia social en Colombia pueden  ser rastreados en los a&ntilde;os que van de 1870 a 1920, a&ntilde;os que corresponden tanto a gobiernos  liberales como conservadores. Las orientaciones en la asistencia &#8211;de la caridad y la  beneficencia a la  acci&oacute;n social y la asistencia p&uacute;blica&#8211; y su paulatina transformaci&oacute;n  reflejan los primeros intentos de consolidar, modernizar, sistematizar y ampliar la ayuda  institucional y domiciliar&iacute;a tanto de las asociaciones privadas como de organismos  estatales, de manera muy semejante a lo que se encuentra en Europa y en otras sociedades  latinoamericanas.  Salud a la poblaci&oacute;n pobre  en general, educaci&oacute;n b&aacute;sica y t&eacute;cnica a  ni&ntilde;os, artesanos y obreros; protecci&oacute;n a los ni&ntilde;os y ancianos; asistencia con bonos,  alimentos y ropa y vivienda a familias; bolsas de empleo y cajas de ahorro a artesanos y  obreros, fueron las actividades m&aacute;s desarrolladas tanto por agentes  privados como por  agentes p&uacute;blicos, lo que puede significar que si bien estas actividades estaban en el marco  general de la asistencia social, algunas de estas empezaron a incorporar elementos que iban  un poco m&aacute;s all&aacute; de la asistencia &#8211;en el sentido m&aacute;s tradicional&#8211;, como en el caso de la  educaci&oacute;n y la capacitaci&oacute;n laboral. Como es de suponer, las primeras preocupaciones  modernas en torno a la asistencia recayeron sobre la poblaci&oacute;n m&aacute;s desvalida, en forma  gen&eacute;rica, y paulatinamente la atenci&oacute;n se fue especializando en grupos como los ni&ntilde;os, los  obreros, los artesanos, los ancianos y las mujeres. En general buena parte de las acciones  privadas y p&uacute;blicas se adelantaron de forma conjunta y complementaria, un hecho que se  puede constatar de varias formas, pero que  se observa de manera muy n&iacute;tida cuando se  observa el concurso de fuentes privadas y  estatales de financiaci&oacute;n que concurr&iacute;an de  manera indistinta a la financiaci&oacute;n de labores de asistencia social.<a name="nota90"></a><a href="#notaa90"><sup>90</sup></a></p>        <p>Los grupos de personas que sobresalen en la  realizaci&oacute;n de la actividad de asistencia  social fueron los religiosos  &#8211;curas y monjas&#8211;, profesionales &#8211;de muy diversa formaci&oacute;n,  aunque sobresalen los m&eacute;dicos&#8211;, hombres y mujeres que generalmente pertenec&iacute;an a medios  sociales que se pueden identificar como de  clase media y alta. Se destaca tambi&eacute;n la  participaci&oacute;n voluntaria, un hecho que puede estar explicado en parte por el llamado del  catolicismo a participar en este tipo de actividades de manera directa y no s&oacute;lo a brindar  apoyo a trav&eacute;s de colaboraci&oacute;n econ&oacute;mica. Los religiosos y las religiosas fueron al parecer  las personas m&aacute;s id&oacute;neas para realizar las tareas de direcci&oacute;n y administraci&oacute;n de estas  instituciones en esa &eacute;poca. Sin embargo no se puede dejar de lado el hecho de que en  algunas congregaciones religiosas, tanto de hombres como de mujeres, pero de manera  acentuada en estas &uacute;ltimas, sus miembros eran formados para actuar en este campo y  ofrecer servicios de asistencia social, de manera particular en el caso de las &oacute;rdenes  religiosas que ten&iacute;an su origen en Francia.<a name="nota91"></a><a href="#notaa91"><sup>91</sup></a></p>        <p>La mayor parte de la actividad de asistencia social tuvo como  epicentro principal a  medios urbanos, grandes y medianos, aunque la actividad fue mucho  m&aacute;s concentrada en  las ciudades colombianas que muestran para esa &eacute;poca mayor crecimiento y dinamismo.  Esta distribuci&oacute;n geogr&aacute;fica de  la asistencia social en principio sorprende, dado que para  esa &eacute;poca la poblaci&oacute;n en Colombia viv&iacute;a en su mayor&iacute;a en el campo.<a name="nota92"></a><a href="#notaa92"><sup>92</sup></a>  Esta concentraci&oacute;n  de la asistencia social en  medios urbanos se encuentra tambi&eacute;n como una constante en  Europa, como lo muestran los estudios hist&oacute;ricos sobre la pobreza, en los que se constata  tambi&eacute;n que la atenci&oacute;n a la poblaci&oacute;n pobre desde tempranas &eacute;pocas tuvo como escenario  principal a las ciudades,<a name="nota93"></a><a href="#notaa93"><sup>93</sup></a>  en donde posiblemente la pobreza se hac&iacute;a m&aacute;s visible, m&aacute;s  ''peligrosa'' y m&aacute;s apremiante en los campos; o  tal vez ocurr&iacute;a, como en ocasiones se ha  pensado, que en las &aacute;reas rurales exist&iacute;an m&aacute;s ayudas informales &#8211;muy poco registradas en  los archivos oficiales&#8211;, o que las instituciones de asistencia se fortalec&iacute;an y consolidaban si  manten&iacute;an v&iacute;nculos m&aacute;s cercanos con el poder pol&iacute;tico establecido en las capitales. </p>              <p><b>NOTAS AL PIE DE P&Aacute;GINA</b></p>     <p><a name="notaa1"></a><a href="#nota1">1.</a>  Samper, Miguel,<i> La miseria en Bogot&aacute;</i>, Universidad Nacional, Bogot&aacute;, 1969. Publicado por primera vez en  1867 por solicitud de la Sociedad de San Vicente de Pa&uacute;l para conmemorar sus primeros diez a&ntilde;os de  fundaci&oacute;n. </p>     <p><a name="notaa2"></a><a href="#nota2">2.</a> Ver: Mart&iacute;nez, Fr&eacute;d&eacute;ric, <i>El Nacionalismo Cosmopolita. La referencia europea en la construcci&oacute;n nacional  en Colombia, 1845&#8211;1900,</i> Banco de la Rep&uacute;blica e Instituto Franc&eacute;s de Estudios Andinos, Bogot&aacute;, 2001.  (Cap&iacute;tulo 8). </p>     <p><a name="notaa3"></a><a href="#nota3">3.</a> Palacios, Marco y Frank Safford, <i>Colombia. Pa&iacute;s fragmentado, sociedad dividida. Su historia,</i> Norma,  Bogot&aacute;, 2002. (p. 467). </p>     <p><a name="notaa4"></a><a href="#nota4">4.</a> <i>Enciclopedia Internacional de las Ciencias Sociales</i>, Ediciones Aguilar, Madrid, 1974. (Tomo 4, pp. 281&#8211;287).</p>     <p><a name="notaa5"></a><a href="#nota5">5.</a> <i> Bolet&iacute;n de la Sociedad de San Vicente de Pa&uacute;l</i>, no. 230, Bogot&aacute;, 1931, pp. 32 y 33. Citado en adelante como  <i>BSVP.</i></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a name="notaa6"></a><a href="#nota6">6.</a> Geremek, Bronislaw,  <i>La piedad y la horca. Historia de la miseria y de la caridad en Europa</i>, Alianza  Editorial,  Madrid, 1989. (p. 267). </p>     <p><a name="notaa7"></a><a href="#nota7">7.</a> Su&aacute;rez, Marco Fidel, ''Discurso en la Sociedad de San Vicente de Pa&uacute;l el 22 de julio de 1883'', en: <i>Obras de  Marco Fidel Su&aacute;rez</i>, Editorial Librer&iacute;a Voluntad, Bogot&aacute;, 1958. (pp. 1087&#8211;1104). </p>     <p><a name="notaa8"></a><a href="#nota8">8.</a> Mauss, Marcel, ''Ensayo sobre los dones, motivo y forma del cambio en las sociedades primitivas'', en:  Mauss, Marcel, <i>Sociolog&iacute;a y antropolog&iacute;a</i>, Tecnos, Madrid, 1971. (pp. 155&#8211;257). </p>     <p><a name="notaa9"></a><a href="#nota9">9.</a> Davis, Natalie Z,  <i>The Gift in Sixteenth&#8211;Century France,</i> The University of Wisconsin Press, Wisconsin,  2000. (Cap&iacute;tulo 7).  </p>     <p><a name="notaa10"></a><a href="#nota10">10.</a> <i>BSVP,</i> no. 241, Bogot&aacute;, 1932, (pp. 4 y 5). </p>     <p><a name="notaa11"></a><a href="#nota11">11.</a> Castro, Beatriz, ''Caridad y beneficencia en Cali, 1848 &#8211; 1898'',  <i>Bolet&iacute;n Cultural y Bibliogr&aacute;fico</i>, vol.   XXVII, no. 22, Bogot&aacute;, 1990, (pp. 67&#8211;80). </p>     <p><a name="notaa12"></a><a href="#nota12">12.</a> Ver: Melo, Jorge Orlando, ''La Rep&uacute;blica Conservadora, 1880&#8211;1930'', en: Melo, Jorge O., <i> Colombia Hoy,</i>  Siglo XXI Editores, Bogot&aacute;, 1978, (pp. 52&#8211;101). </p>     <p><a name="notaa13"></a><a href="#nota13">13.</a> De manera similar sucedi&oacute; en M&eacute;xico, en donde las reformas de secularizaci&oacute;n fueron m&aacute;s radicales que en  Colombia. Silvia M. Arrom se&ntilde;ala al respecto: ''En  conclusi&oacute;n, es dif&iacute;cil atribuirle a los liberales la  transformaci&oacute;n de la caridad cat&oacute;lica en beneficencia p&uacute;blica. Este proceso lo iniciaron los reyes ilustrados a  mediados del siglo XVIII. Los liberales solamente siguieron los s&oacute;lidos pasos borbones, y los avanzaron con  d&eacute;biles pasos adicionales. Por consiguiente las reformas de Ju&aacute;rez no fueron el cambio de rumbo radical  proclamado por la historiograf&iacute;a oficial''. Arrom, Silvia M., <i>''&iquest;De la caridad a la beneficencia? Las reformas  de asistencia p&uacute;blica desde la perspectiva del Hospicio de Pobres de la Ciudad de M&eacute;xico, 1856 &#8211; 1871''</i>, en  Illanes, Carlos y Ariel Rodr&iacute;guez (ed.), <i>Ciudad de M&eacute;xico: instituciones, actores sociales y conflicto pol&iacute;tico,  1774 &#8211; 1931,</i> Colegio de Michoac&aacute;n y UNAM, M&eacute;xico, 1997.</p>     <p><a name="notaa14"></a><a href="#nota14">14.</a> Es importante resaltar y se&ntilde;alar que en muchos pa&iacute;ses europeos y en los Estados Unidos, la ayuda  domiciliaria fue el centro de las pol&iacute;ticas estatales de ayuda a los pobres. Ver Innes Joanna, ''State, Church  and Voluntarism in Europe Welfare, 1690&#8211;1850'', en; Cunningham, Hugh e Innes Joanna (ed.),  <i>Charity,  Philanthropy and Reform. From 1690s to 1850</i>,  Macmillan Press, Londres, 1998, (pp. 15&#8211;65), y Adonica,  Lui, ''Political and Institutional Constraints of Reform: The Charity Reforms Failed Campaigns Against  Public Outdoor Relief, New York, 1874&#8211;1898'', <i>Journal of Political History</i>, vol. 7, no. 3, 1995, pp. 341&#8211;364.   </p>     <p><a name="notaa15"></a><a href="#nota15">15.</a> Ver: Helg, Aline, <i> La Educaci&oacute;n en Colombia, 1918&#8211;1957. Una historia social y pol&iacute;tica</i>, Cerec, Bogot&aacute;, 1987;  y Gonz&aacute;lez, Fern&aacute;n <i>Educaci&oacute;n y Estado en la historia de Colombia</i>, Cinep, Bogot&aacute;, 1979.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a name="notaa16"></a><a href="#nota16">16.</a> Safford, Frank, <i>El ideal de lo pr&aacute;ctico. El desaf&iacute;o de formar una &eacute;lite t&eacute;cnica y empresarial en Colombia</i>,  Ancora, Bogot&aacute;, 1989, (p. 79)</p>     <p><a name="notaa17"></a><a href="#nota17">17.</a> Un ejemplo de los descontentos por los impuestos mencionados se puede encontrar en el peri&oacute;dico  <i>Los  Principios</i>, Cali, 26 de noviembre de 1876. </p>     <p><a name="notaa18"></a><a href="#nota18">18.</a> M. Rausch, Jane M.,<i>La Educaci&oacute;n durante el Federalismo</i>, Instituto Caro y Cuervo&#8211;Universidad  Pedag&oacute;gica Nacional, Bogot&aacute;, 1993, (Cap&iacute;tulo 5). Los  departamentos que fueron l&iacute;deres en las escuelas  primarias fueron Antioquia, Santander, Boyac&aacute; y Cundinamarca. </p>     <p><a name="notaa19"></a><a href="#nota19">19.</a>  Ib&iacute;d., p 185. </p>     <p><a name="notaa20"></a><a href="#nota20">20.</a> Colmenares, Germ&aacute;n, <i>Ricardo Rend&oacute;n. Una fuente para la historia de la opini&oacute;n p&uacute;blica</i>, Fondo Cultural  Cafetero, Bogot&aacute;, 1984, (p. 712). </p>     <p><a name="notaa21"></a><a href="#nota21">21.</a>  <i>Diplomatic and Consular Reports on Trade and Finance. No. 253. Report for the year 1887 on the United  States of Colombia,</i> Londres, 1888, p. 71.</p>     <p><a name="notaa22"></a><a href="#nota22">22.</a> Uribe, Antonio Jos&eacute;, <i>Sociedad Central de San Vicente de Pa&uacute;l de Bogot&aacute;. Celebraci&oacute;n del Quincuag&eacute;simo  Aniversario 1857&#8211;1907</i>, Imprenta Nacional, Bogot&aacute;, 1908, (p. 71.) </p>     <p><a name="notaa23"></a><a href="#nota23">23.</a> <i>BSVP,</i> no. 111, Bogot&aacute;, 1920, p. 89.</p>     <p><a name="notaa24"></a><a href="#nota24">24.</a> <i>BSVP,</i> no. 114, Bogot&aacute;, 1920, p. 161. </p>     <p><a name="notaa25"></a><a href="#nota25">25.</a> Aline Helg, Op. Cit., p. 76.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a name="notaa26"></a><a href="#nota26">26.</a> Ib&iacute;d., p. 78. </p>     <p><a name="notaa27"></a><a href="#nota27">27.</a> De acuerdo al peri&oacute;dico  <i>Los Principios,</i> de Cali, 14 de enero de 1876, la orden religiosa del Sagrado  Coraz&oacute;n ten&iacute;a escuelas gratuitas en Popay&aacute;n y Santander de Quilichao.  </p>     <p><a name="notaa28"></a><a href="#nota28">28.</a> <i>Historia de Leyes</i>, Imprenta Nacional, Bogot&aacute;, 1925, (p. 591). </p>     <p><a name="notaa29"></a><a href="#nota29">29.</a> Farnell. Robert V., ''The Catholic Church and Colombian education: 1886&#8211;1930, in Search of a Tradition'',  Tesis doctoral, Universidad de Columbia, 1974, (p. 89).  </p>     <p><a name="notaa30"></a><a href="#nota30">30.</a> Fern&aacute;ndez, Jos&eacute; Mar&iacute;a,<i> Obra Civilizadora de la Iglesia en Colombia</i>, Librer&iacute;a Voluntad, Bogot&aacute;, 1936, (p.  385).</p>     <p><a name="notaa31"></a><a href="#nota31">31.</a> Simancas, Stella, ''El papel de los religiosos y de los m&eacute;dicos en la caridad y asistencia p&uacute;blica en  Cartagena, 1895&#8211;1925'', Monograf&iacute;a, Universidad de Cartagena, 1998, (p. 88.)</p>     <p><a name="notaa32"></a><a href="#nota32">32.</a> Fern&aacute;ndez, Jos&eacute; Mar&iacute;a, Op. Cit., p. 239.</p>     <p><a name="notaa33"></a><a href="#nota33">33.</a> Uribe, Antonio Jos&eacute;, Op. Cit., p. 71 y <i>BSVP</i>, no. 114, Bogot&aacute;,  1920, p. 162.</p>     <p><a name="notaa34"></a><a href="#nota34">34.</a> Castro, Patricia, ''Beneficencia en Medell&iacute;n, 1800&#8211;1930'', Monograf&iacute;a, Universidad de Antioquia, 1994, (p.  24). Ver adem&aacute;s Londo&ntilde;o, Patricia,<i> Religi&oacute;n, cultura y sociedad en Colombia. Medell&iacute;n y Antioquia 1850 &#8211;  1930</i>, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, Bogot&aacute;, 2004, (Cap&iacute;tulo 5).</p>     <p><a name="notaa35"></a><a href="#nota35">35.</a> <i>Sociedad de San Vicente de Pa&uacute;l de Cali. Primer Centenario de su fundaci&oacute;n 1870&#8211;1970, Folleto  Conmemorativo, Cali, 1970</i>. Los primeros Hermanos Maristas llegaron a Popay&aacute;n en 1889. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a name="notaa36"></a><a href="#nota36">36.</a> Helg, Aline, Op. Cit., p. 93 </p>     <p><a name="notaa37"></a><a href="#nota37">37.</a> V. Farnell, Robert V., Op. Cit., pp. 85&#8211;96.</p>     <p><a name="notaa38"></a><a href="#nota38">38.</a> Ver:  Mead, Karen ''Oligarchs, Doctors and Nuns: Public Health and Beneficence in Buenos Aires, 1880&#8211;1914'', Tesis Doctoral, Universidad de California&#8211;Santa Barbara, 1994; Garc&iacute;a Ponce, Antonio, <i>Los pobres en  Caracas, 1873&#8211;1907</i>.<i> Un estudio de la pobreza urbana, </i> Instituto Municipal de publicaciones, Caracas, 1995;  Mart&iacute;nez&#8211;Vergne, Teresita,  <i>Shaping the Discourse on Space. Charity and its Wards in Nineteenth&#8211;Century  San Juan</i>, University of Texas Press, Austin, 1999.   </p>     <p><a name="notaa39"></a><a href="#nota39">39.</a> Archivo General de la Naci&oacute;n, Secci&oacute;n Rep&uacute;blica, Fondo Polic&iacute;a, t. iv, fol. 680&#8211;682. Citado en adelante  como AGN. </p>     <p><a name="notaa40"></a><a href="#nota40">40.</a><i> El Catolicismo</i>, Bogot&aacute;, 30 de noviembre de 1918. </p>     <p><a name="notaa41"></a><a href="#nota41">41.</a>  AGN, Secci&oacute;n Rep&uacute;blica, Ministerio de Gobierno, t. 7, fol. 199&#8211;214.</p>     <p><a name="notaa42"></a><a href="#nota42">42.</a> La Asociaci&oacute;n del Sagrado Coraz&oacute;n de Jes&uacute;s de Medell&iacute;n fue creada en 1871 por la iniciativa de se&ntilde;oras de  la elite apoyadas por un sacerdote. Las Hermanitas de los Pobres llegaron a Colombia en la d&eacute;cada de 1910;  la congregaci&oacute;n fue fundada en 1839 y para 1878 hab&iacute;a 2.700 hermanas y se expandi&oacute; r&aacute;pidamente por fuera  de Francia; en Francia fue una de las &oacute;rdenes religiosas femeninas que m&aacute;s creci&oacute; en el siglo XIX. Se  dedicaban principalmente a los viejos y a las personas de las que nadie se quer&iacute;a hacer cargo. </p>     <p><a name="notaa43"></a><a href="#nota43">43.</a> Simancas, Stella, Op. Cit., pp. 36&#8211;39. </p>     <p><a name="notaa44"></a><a href="#nota44">44.</a> Uribe, Antonio Jos&eacute;, Op. Cit., pp. 266&#8211;270.</p>     <p><a name="notaa45"></a><a href="#nota45">45.</a> En Bogot&aacute; para 1931 hab&iacute;a construido 120 casas y en Medell&iacute;n en 1930, 138 casas. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a name="notaa46"></a><a href="#nota46">46.</a> Ver informes anuales de las conferencias y de la Sociedad publicados en los <i>Boletines de la Sociedad de  San Vicente de Pa&uacute;l</i> de los a&ntilde;os se&ntilde;alados. El promedio que presentaban era de cinco personas por familia. Se  estima que la ciudad de Bogot&aacute; ten&iacute;a 235.421 habitantes en 1928. </p>     <p><a name="notaa47"></a><a href="#nota47">47.</a> <i>BVSP</i>, no. 97, Bogot&aacute;, 1919, p. 152.</p>     <p><a name="notaa48"></a><a href="#nota48">48.</a> Se estima que Medell&iacute;n ten&iacute;a 120.022 habitantes en 1928.  </p>     <p><a name="notaa49"></a><a href="#nota49">49.</a> Bernal, Jos&eacute; Mar&iacute;a, ''Acci&oacute;n Social Seglar'', <i>Revista de la Universidad Cat&oacute;lica Bolivariana</i>, vol. II, no. 4,  Bogot&aacute;, febrero&#8211;marzo 1938, pp. 86&#8211;103. </p>     <p><a name="notaa50"></a><a href="#nota50">50.</a><i> BSVP,</i> no. 213, Bogot&aacute;, 1928. pp. 145 y 146. </p>     <p><a name="notaa51"></a><a href="#nota51">51.</a> Fern&aacute;ndez Jes&uacute;s Mar&iacute;a, S. J.,  <i>La Acci&oacute;n Social Cat&oacute;lica en Colombia. Manual de sociolog&iacute;a pr&aacute;ctica</i>,  Arboleda &amp; Valencia, Bogot&aacute;, 1915, pp. 9 y 10.</p>     <p><a name="notaa52"></a><a href="#nota52">52.</a> ''Acci&oacute;n Social  Cat&oacute;lica &#8211;1913'',  <i>Conferencias Episcopales de Colombia. 1908 &#8211; 1953,</i> Editorial El  Catolicismo, Bogot&aacute;, 1956, vol. 1, p. 50. </p>     <p><a name="notaa53"></a><a href="#nota53">53.</a> Fern&aacute;ndez, Jes&uacute;s Mar&iacute;a,  Op. Cit., p. 222. </p>     <p><a name="notaa54"></a><a href="#nota54">54.</a>  Ib&iacute;dem. pp. 33 y 34.</p>     <p><a name="notaa55"></a><a href="#nota55">55.</a> <i>BSVP</i>, no. 242, Bogot&aacute;, 1932, pp. 24 y 25. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a name="notaa56"></a><a href="#nota56">56.</a> John Lynch, ''<i>La Iglesia cat&oacute;lica en Am&eacute;rica Latina, 1830&#8211;1930''</i>, en Leslie Bethell (ed.) <i>Historia de  Am&eacute;rica Latina,</i> T. 8. Barcelona: Cambridge University Press y Editorial Cr&iacute;tica, 1991, pp. 65&#8211;122. </p>     <p><a name="notaa57"></a><a href="#nota57">57.</a> Ver Mar&iacute;a Casas, <i>El Padre Campoamor y su obra El C&iacute;rculo de Obreros</i>, Bogot&aacute;: Fundaci&oacute;n Social, 1995  &#91;primera impresi&oacute;n en 1953&#93; y Roc&iacute;o Londo&ntilde;o y Alberto Saldarriga,  <i>La Ciudad de Dios en Bogot&aacute;.</i> Barrio  Villa Javier, Bogot&aacute;: Fundaci&oacute;n Social, 1994. </p>     <p><a name="notaa58"></a><a href="#nota58">58.</a> Alberto Mart&iacute;nez, Carlos E. Noguera y Jorge O. Castro, <i>Educaci&oacute;n, poder moral y modernizaci&oacute;n. Historia  de la acci&oacute;n educativa de la Fundaci&oacute;n Social. 1911&#8211;1961,</i> Bogot&aacute;: Fundaci&oacute;n Social, 1996, p. 32. </p>     <p><a name="notaa59"></a><a href="#nota59">59.</a> Londo&ntilde;o, Roc&iacute;o y Gabriel Restrepo, <i>Diez Historias de Vida ''Las Mar&iacute;as'', Fundaci&oacute;n Social,</i> Bogot&aacute; 1995,  (pp. 128 y 129).</p>     <p><a name="notaa60"></a><a href="#nota60">60.</a> ''Acci&oacute;n Social Cat&oacute;lica 1913'' en  <i>Conferencias Episcopales de Colombia</i>, Bogot&aacute;, 1956, vol. 1, (pp. 53&#8211;54). Por ejemplo en 1918 se hab&iacute;a creado en Barranquilla el Centro de Acci&oacute;n Social que pretend&iacute;a realizar  s&oacute;lo las obras econ&oacute;micas de Acci&oacute;n Social Cat&oacute;lica. </p>     <p><a name="notaa61"></a><a href="#nota61">61.</a> C&aacute;rdenas, Eduardo ''La Iglesia Colombiana'', en: Aldea, Q y Eduardo C&aacute;rdenas, <i>Manual de Historia de la  Iglesia</i>, Herder, Barcelona, 1987, t. x. (pp. 1110&#8211;1137). </p>     <p><a name="notaa62"></a><a href="#nota62">62.</a> Bidega&iacute;n de Uran, Ana Mar&iacute;a,  <i>Iglesia, pueblo y pol&iacute;tica. Un estudio de conflicto de intereses. Colombia  1930 &#8211; 1953</i>, Universidad Javeriana, Bogot&aacute;, 1985. </p>     <p><a name="notaa63"></a><a href="#nota63">63.</a> C&aacute;rdenas, Eduardo, <i> La Iglesia Hispanoamericana en el siglo XX</i>, Mafre, Madrid, 1992, (p. 200). Entre  1930 y 1950 la Acci&oacute;n Cat&oacute;lica fue organizada tambi&eacute;n en Argentina, Chile y Cuba. </p>     <p><a name="notaa64"></a><a href="#nota64">64.</a> Mayor Mora, Alberto, <i>&Eacute;tica, trabajo y productividad en Antioqui. Una interpretaci&oacute;n sociol&oacute;gica sobre la  influencia de la Escuela Nacional de Minas en la vida, costumbres e industrializaci&oacute;n regionales,</i> Tercer  Mundo, Bogot&aacute;, 1984, (p. 260.) </p>     <p><a name="notaa65"></a><a href="#nota65">65.</a> Ib&iacute;d, p. 266. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a name="notaa66"></a><a href="#nota66">66.</a> Ib&iacute;d, p. 264. </p>     <p><a name="notaa67"></a><a href="#nota67">67.</a> Ib&iacute;d, p. 262</p>     <p><a name="notaa68"></a><a href="#nota68">68.</a> Ib&iacute;d, p. 265</p>     <p><a name="notaa69"></a><a href="#nota69">69.</a> Ib&iacute;d.</p>     <p><a name="notaa70"></a><a href="#nota70">70.</a> Ib&iacute;d, p. 264</p>     <p><a name="notaa71"></a><a href="#nota71">71.</a> Ib&iacute;d, p. 267</p>     <p><a name="notaa72"></a><a href="#nota72">72.</a> <i>Historia de las Leyes,</i> Imprenta Nacional, Bogot&aacute;, 1934, pp. 405&#8211;445.</p>     <p><a name="notaa73"></a><a href="#nota73">73.</a> AGN, Secci&oacute;n Rep&uacute;blica, Ministerio de Gobierno, t. 6, fol. 129&#8211;131.</p>     <p><a name="notaa74"></a><a href="#nota74">74.</a> AGN, Secci&oacute;n Rep&uacute;blica, Ministerio de Gobierno, t. 6, fol. 111&#8211;112.</p>     <p><a name="notaa75"></a><a href="#nota75">75.</a> <i>Informe que rinde la Junta General de Beneficencia de Cundinamarca a la Asamblea Departamental en su  sesiones de 1922.</i> Imprenta La Luz, Bogot&aacute;, 1922. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a name="notaa76"></a><a href="#nota76">76.</a> Asunci&oacute;n Lavrin, <i> Women, Feminism and Social Change in Argentina, Chile and Uruguay, 1890&#8211;1940</i>,  Lincoln: Nebraska University Press, 1995, pp. 97&#8211;124. </p>     <p><a name="notaa77"></a><a href="#nota77">77.</a> AGN, Secci&oacute;n Republica, Ministerio de Gobierno, t. 6, fol. 276&#8211;278 y t. 8, fol. 17&#8211;18.</p>     <p><a name="notaa78"></a><a href="#nota78">78.</a> Patricia Castro, op. cit., p. 81.</p>     <p><a name="notaa79"></a><a href="#nota79">79.</a><i> El Tiempo</i>, Bogot&aacute;, 11 de marzo de 1920. </p>     <p><a name="notaa80"></a><a href="#nota80">80.</a> <i>El Tiempo,</i> Bogot&aacute;, 16 de marzo de 1920.</p>     <p><a name="notaa81"></a><a href="#nota81">81.</a> Santander, Alejandro, <i>Biograf&iacute;a de Aldana y Coreograf&iacute;a de Pasto</i>, Pasto, 1895, (p. 98).</p>     <p><a name="notaa82"></a><a href="#nota82">82.</a> Vargas, Marcelino, <i>La Beneficencia en Cundinamarca,</i> Casa Editorial Arboleda &amp; Valencia, Bogot&aacute;, 1920. </p>     <p><a name="notaa83"></a><a href="#nota83">83.</a>  Ib&iacute;d., p. 10.</p>     <p><a name="notaa84"></a><a href="#nota84">84.</a>  Ib&iacute;d., p. 17.</p>     <p><a name="notaa85"></a><a href="#nota85">85.</a>  Ib&iacute;d., p. 28.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a name="notaa86"></a><a href="#nota86">86.</a> <i>Compilaci&oacute;n de Leyes y Ordenanzas de la Beneficencia y Asistencia Social de Cundinamarca. 1869&#8211;1942,</i>  Talleres de la Imprenta del Departamento, Bogot&aacute;, 1942, (p. 63). </p>     <p><a name="notaa87"></a><a href="#nota87">87.</a> <i>Informe que rinde la Junta General de Beneficencia a la Asamblea Departamental en sus sesiones de 1922, </i> Imprenta La Luz, Bogot&aacute;, 1922.</p>     <p><a name="notaa88"></a><a href="#nota88">88.</a> <i>Repertorio de Medicina y Cirug&iacute;a,</i> vol. xviiii, no. 1, Bogot&aacute;, 1926.</p>     <p><a name="notaa89"></a><a href="#nota89">89.</a> <i>Proyecto de Ley sobre Higiene social y asistencia p&uacute;blica,</i> Imprenta Nacional, Bogot&aacute;, 1924. </p>     <p><a name="notaa90"></a><a href="#nota90">90.</a> Las instituciones estatales recibieron legados y donaciones y las instituciones privadas auxilios del Estado y  m&uacute;ltiples exenciones.  </p>     <p><a name="notaa91"></a><a href="#nota91">91.</a> Ver: Castro, Beatriz, ''Charity and Poor Relief in a Context of Poverty: Colombia, 1870 &#8211; 1930''. Tesis  Doctoral, Universidad de Oxford, 2001.</p>     <p><a name="notaa92"></a><a href="#nota92">92.</a>  En 1938 un 29% de la poblaci&oacute;n colombiana viv&iacute;a en las ciudades y al final del siglo XX, un 70%</p>     <p><a name="notaa93"></a><a href="#nota93">93.</a> Ver: J&uuml;tte, Robert,  <i>Poverty and Deviance in Early Modern Europe,</i> Cambridge Univeristy Press,  Cambridge, 1994, y Geremek, Bronislaw, Op. Cit.   </p>    </font>      ]]></body>
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