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<article-id pub-id-type="doi">10.18046/recs.i5.452</article-id>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Diseño de espacios educativos significativos para el desarrollo de competencias en la infancia]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[A meaningful educational space is a learning environment that promotes and strengthens the development of social and cognitive competencies in children. This article offers conceptual and methodological elements from Educational Psychology that facilitates the design of significant educational spaces for the development of child competencies, both in and out of school. On the one hand, the learning environment is defined as a dynamic and complex space of construction of knowledge. On the other it takes into account some considerations about child development which help set five criteria to characterize learning environments as meaningful educational spaces: They are structured, intensive, extensive, generative and interactive situations. Each of these criteria is illustrated through learning environments designed by educators in Colombia, based on the use of cultural practices inherent their communities of origin. Cultural practices were found to be relevant to the development of their children's competencies.]]></p></abstract>
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<kwd lng="es"><![CDATA[Desarrollo infantil]]></kwd>
<kwd lng="es"><![CDATA[Educación inicial]]></kwd>
<kwd lng="es"><![CDATA[Ambiente de aprendizaje]]></kwd>
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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">     <p align="right"> <b>ART&Iacute;CULOS</b></p>     <p align="right">DOI: <a href="http://dx.doi.org/10.18046/recs.i5.452" target="_blank">10.18046/recs.i5.452</a></p>     <p>&nbsp;</p>     <p align="center"><b><font size="4">Dise&ntilde;o de espacios educativos significativos para el desarrollo de competencias en la infancia<a href="#1" name="1b"><sup>1</sup></a></font></b></p>     <p>&nbsp;</p>     <p align="center"><b><font size="3">Designing meaningful educational spaces for the development of competencies in childhood</font></b></p>     <p>&nbsp;</p>     <p>&nbsp;</p>     <p><b>Yenny Ot&aacute;lora Sevilla<sup>*</sup></b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>* Universidad del Valle, Colombia <a href="mailto:yotalora@gmail.com">yotalora@gmail.com</a></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><b>Art&iacute;culo de reflexi&oacute;n</b> recibido el 15/04/10 y aprobado el 31/05/10</p>     <p>&nbsp;</p> <hr size="1" noshade>     <p><b>Resumen</b></p>     <p>Un espacio educativo significativo es un ambiente de aprendizaje que promueve y fortalece el desarrollo de competencias sociales y cognitivas en los ni&ntilde;os. Este art&iacute;culo ofrece elementos conceptuales y metodol&oacute;gicos de la psicolog&iacute;a educativa que facilitan el dise&ntilde;o de espacios educativos significativos para el desarrollo de competencias infantiles dentro y fuera del aula. Por una parte, se brinda una definici&oacute;n de ambiente de aprendizaje que permite comprenderlo como un espacio din&aacute;mico y complejo de construcci&oacute;n de conocimiento. De otra parte, teniendo en cuenta algunas consideraciones sobre la concepci&oacute;n de desarrollo infantil, se establecen cinco criterios para caracterizar los ambientes de aprendizaje como espacios educativos significativos: situaciones estructuradas, intensivas, extensivas, generativas y ricas en formas de interacci&oacute;n. Cada uno de los criterios se ilustra con ambientes de aprendizaje dise&ntilde;ados por agentes educativos de Colombia, basados en el uso de pr&aacute;cticas culturales de sus comunidades de origen. Las pr&aacute;cticas culturales resultaron ser pertinentes para el desarrollo de las competencias de sus ni&ntilde;os.</p>     <p><b>Palabras clave:</b> Desarrollo infantil, Educaci&oacute;n inicial, Ambiente de aprendizaje, Pr&aacute;cticas culturales</p> <hr size="1" noshade>     <p><b>Abstract</b></p>     <p>A meaningful educational space is a learning environment that promotes and strengthens the development of social and cognitive competencies in children. This article offers conceptual and methodological elements from Educational Psychology that facilitates the design of significant educational spaces for the development of child competencies, both in and out of school. On the one hand, the learning environment is defined as a dynamic and complex space of construction of knowledge. On the other it takes into account some considerations about child development which help set five criteria to characterize learning environments as meaningful educational spaces: They are structured, intensive, extensive, generative and interactive situations. Each of these criteria is illustrated through learning environments designed by educators in Colombia, based on the use of cultural practices inherent their communities of origin. Cultural practices were found to be relevant to the development of their children’s competencies.</p>     <p><b>Key words:</b> Child development, early education, learning environment, cultural practices</p> <hr size="1" noshade>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font size="3"><b>Introduccion</b></font></p>     <p>La calidad del desarrollo cognitivo, social y afectivo de los ni&ntilde;os depende en gran medida de la calidad de las pr&aacute;cticas en las que ellos participan. En esta medida, generar experiencias enriquecedoras que fortalezcan el desarrollo integral de los ni&ntilde;os durante la primera infancia es un prop&oacute;sito que preocupa a instituciones educativas, agentes educativos y comunitarios, psic&oacute;logos y otros profesionales que est&aacute;n dedicados a su cuidado en el per&iacute;odo de cero a seis a&ntilde;os. Los espacios educativos constituyen ambientes de aprendizaje creados por estas personas con el objetivo de promover su crecimiento, su conocimiento del mundo y su actuaci&oacute;n exitosa en &eacute;l. Lograr que las pr&aacute;cticas y actividades propuestas en los contextos educativos lleguen a ser significativos para tales prop&oacute;sitos es una tarea que exige el establecimiento y uso de criterios que faciliten su dise&ntilde;o y su implementaci&oacute;n.</p>     <p>Este art&iacute;culo brinda, desde la perspectiva de la psicolog&iacute;a educativa, algunos elementos conceptuales y metodol&oacute;gicos sobre el dise&ntilde;o o enriquecimiento de ambientes de aprendizaje que pueden ser utilizados como espacios educativos que resulten significativos para el desarrollo de las competencias de los ni&ntilde;os durante los primeros seis a&ntilde;os de vida. El art&iacute;culo presenta, inicialmente, una definici&oacute;n de ambiente aprendizaje y se&ntilde;ala un conjunto de consideraciones sobre la concepci&oacute;n de desarrollo infantil a partir de las cuales se derivan implicaciones para la definici&oacute;n de un espacio educativo significativo. Se parte del supuesto que la concepci&oacute;n del sujeto que aprende y se desarrolla dirige el tipo de pr&aacute;cticas que se le proponen para su educaci&oacute;n. Luego se propone ilustrar algunos criterios espec&iacute;ficos para el dise&ntilde;o o enriquecimiento de espacios educativos significativos. A trav&eacute;s de la revisi&oacute;n de &eacute;stos criterios el art&iacute;culo promueve especialmente el uso de pr&aacute;cticas cotidianas y culturales de las comunidades a las que pertenecen los ni&ntilde;os como espacios educativos que pueden llegar a ser pertinentes para el desarrollo de competencias en dominios espec&iacute;ficos de conocimiento y a su vez, la construcci&oacute;n de la personalidad, la identidad cultural y, el sentido de pertenencia a la comunidad.</p>     <p>Con esta estrategia se busca contribuir al mejoramiento de la calidad de la educaci&oacute;n inicial en contextos educativos formales y no formales, tanto urbanos como rurales, as&iacute; como en comunidades culturales espec&iacute;ficas.</p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font size="3"><b>La definici&oacute;n de ambiente de aprendizaje</b></font></p>     <p>Un <i>ambiente de aprendizaje</i> constituye un escenario de construcci&oacute;n de conocimiento en el que un agente educativo –o instituci&oacute;n educativa, organizaci&oacute;n o grupo cultural– genera intencionalmente un conjunto de actividades y acciones dirigidas a garantizar la consecuci&oacute;n de un objetivo de aprendizaje amplio que es pertinente para el desarrollo de competencias en uno o varios dominios de conocimiento de uno o m&aacute;s educandos pertenecientes a una cultura. El concepto de ambiente de aprendizaje no s&oacute;lo se refiere a la totalidad de las actividades que giran alrededor de un objetivo de aprendizaje centrado en un conocimiento espec&iacute;fico, un contenido tem&aacute;tico o una habilidad, como tradicionalmente se concibe. Un ambiente de aprendizaje es un espacio estructurado en el que se articulan diversos elementos y relaciones necesarios para alcanzar tal objetivo. La <i><a href="#f1">figura 1</a></i> pretende ilustrar algunos de estos elementos y relaciones.</p>     <p align="center"><a name="f1"></a><img src="img/revistas/recs/n5/n5a04f1.jpg"></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>     <p>En cuanto a sus elementos fundamentales el ambiente de aprendizaje implica, en primer lugar, al agente educativo que lo propone y a los aprendices que participan en &eacute;l. Un ambiente de aprendizaje siempre es generado y organizado por un <i>agente educativo</i> para uno o m&aacute;s educandos. Se denomina agente educativo a quien intencionalmente plantea el conjunto de actividades, acciones y formas de intervenci&oacute;n dirigidas a la consecuci&oacute;n del objetivo de aprendizaje por parte de los aprendices. El "agente educativo" es la forma gen&eacute;rica para designar a "quien" dise&ntilde;a y dirige la actividad educativa, y los "aprendices" o "educandos" son "quienes" aprenden y se desarrollan. Por lo tanto, el agente educativo no siempre es un profesor y los aprendices no siempre son los ni&ntilde;os de una escuela. La relaci&oacute;n agente educativo&#8211;educando se puede observar tambi&eacute;n en una comunidad que dispone actividades culturales para sus miembros, una organizaci&oacute;n o un jefe que genera una serie de acciones dirigidas a mejorar la competencia productiva de sus empleados, una comunidad de pescadores o zapateros que ense&ntilde;an a los ni&ntilde;os a pescar o hacer zapatos, un padre de familia que genera una serie de reglas para el aprendizaje de un h&aacute;bito en sus hijos, un conjunto de tutores con diferentes niveles de experticia que preparan a nuevos miembros para asumir las responsabilidades de un grupo, etc.</p>     <p>En segundo lugar, todo ambiente de aprendizaje implica como elementos fundamentales: el objetivo central y las metas espec&iacute;ficas de aprendizaje, las actividades planteadas por el agente educativo con sus estructuras y demandas cognitivas, y las operaciones, estrategias o desempe&ntilde;os que los aprendices usan para enfrentarse a estas actividades. Cada una de las tareas que se proponen en un ambiente de aprendizaje contiene una meta diferenciada, pero articulada al objetivo central, plantea una estructura diferente y exige el uso de varios funcionamientos mentales en los aprendices que se hacen evidentes en su desempe&ntilde;o. En psicolog&iacute;a educativa se conoce a esta relaci&oacute;n como estructura&#8211;demanda cognitiva de la tarea y determina la complejidad cognitiva de la situaci&oacute;n (Ot&aacute;lora, 2009). La estructura de una situaci&oacute;n sencilla como, por ejemplo, el dictado de un texto para que los ni&ntilde;os copien en el cuaderno exige que se lleve a cabo un proceso de transcodificaci&oacute;n literal de un texto en formato verbal a un texto en formato escrito, y este proceso genera como demanda cognitiva el uso de procesos b&aacute;sicos como atenci&oacute;n sostenida, memoria a corto plazo y el uso de una regla de traducci&oacute;n de un c&oacute;digo a otro. Esta estructura no genera demanda cognitiva compleja como <i>comprensi&oacute;n</i> o <i>uso creativo del conocimiento previo</i>. La estructura de una situaci&oacute;n de resoluci&oacute;n de problemas, por el contrario, puede tener una demanda cognitiva m&aacute;s compleja en la medida que un individuo tendr&iacute;a que comprender los elementos y las relaciones implicadas en la tarea para buscar estrategias pertinentes y alcanzar la meta. La b&uacute;squeda de estrategias exige no s&oacute;lo el uso de conocimiento sino la comprensi&oacute;n de los contextos en los que &eacute;ste puede ser usado y de recursos cognitivos m&aacute;s avanzados que la memoria o la atenci&oacute;n. Entre mayor nivel de complejidad tenga una tarea m&aacute;s avanzada ser&aacute; la demanda cognitiva y, por ende, las operaciones y estrategias de los aprendices.</p>     <p>En tercer lugar, todo ambiente de aprendizaje comprende los artefactos culturales, utilizados por el agente educativo en las situaciones, con el fin de garantizar el logro de las metas formativas. Entre los <i>artefactos culturales</i> se encuentran: el marco simb&oacute;lico o contexto, los g&eacute;neros discursivos y usos del lenguaje, las modalidades de intervenci&oacute;n, las ayudas pedag&oacute;gicas, los materiales, y los lugares y tiempos en los cuales se desarrollan las actividades. El uso de artefactos culturales genera la din&aacute;mica de un ambiente de aprendizaje. A trav&eacute;s de las diferentes modalidades de intervenci&oacute;n y los g&eacute;neros discursivos, los agentes educativos dinamizan las <i>formas de participaci&oacute;n </i>de las personas involucradas en la situaci&oacute;n y las <i>modalidades de interacci&oacute;n</i> entre el agente educativo&#8211;educando, educando&#8211;educando o entre educando&#8211;objetos de la situaci&oacute;n. Estas formas de participaci&oacute;n e interacci&oacute;n pueden llegar a ser tan variadas y combinarse de tantas maneras que constituyen uno de los criterios primordiales para determinar la complejidad del espacio educativo.</p>     <p>En cuarto lugar, el ambiente de aprendizaje implica como elementos fundamentales las concepciones e intencionalidades de los agentes educativos y de los educandos. Es importante reconocer que todos los elementos anteriores como las metas de aprendizaje, la estructura y demanda cognitiva de las actividades y los artefactos culturales son propuestos por el agente educativo de acuerdo con sus concepciones sobre el desarrollo y el aprendizaje de los educandos, sobre el conocimiento que se pretende ense&ntilde;ar, sobre la forma como se debe ense&ntilde;ar y sobre los fines de la educaci&oacute;n. Las concepciones dirigen las acciones del agente educativo, tanto como sus intenciones, y de esta manera constituyen un elemento fundamental para la din&aacute;mica del ambiente de aprendizaje. Pero, tambi&eacute;n, los educandos aportan a esta din&aacute;mica a trav&eacute;s de sus concepciones sobre las intenciones y las formas de ense&ntilde;ar del agente educativo, sobre el conocimiento que aprenden y las metas de la educaci&oacute;n. Por supuesto, los aprendices tambi&eacute;n construyen concepciones sobre su propio aprendizaje.</p>     <p>Las relaciones que se establecen entre los elementos fundamentales de un ambiente de aprendizaje permiten concebirlo no s&oacute;lo como un espacio de construcci&oacute;n de conocimiento estructurado, sino como un escenario complejo y din&aacute;mico que cambia en el tiempo, que es flexible a las necesidades de los educandos o de los agentes educativos, que se puede enriquecer. La din&aacute;mica de un ambiente de aprendizaje puede variar en funci&oacute;n de metas emergentes que afectan el conjunto de actividades de los agentes educativos o las acciones de los educandos (Coll y Onrubia, 1996). Sin embargo, la din&aacute;mica de un ambiente de aprendizaje puede ser predecible y controlada sin dejar de ser flexible y pertinente para la consecuci&oacute;n del objetivo de aprendizaje central para el aprendiz o el grupo de educandos.</p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font size="3"><b>Desarrollo infantil y espacios educativos significativos</b></font></p>     <p>Un espacio educativo se puede considerar significativo en la medida que promueva el principal sentido de la educaci&oacute;n: el aprendizaje y el desarrollo humano. Desde este punto de vista es pertinente revisar algunas consideraciones sobre la concepci&oacute;n del desarrollo infantil que permitan derivar implicaciones para el dise&ntilde;o de ambientes de aprendizaje que contribuyan, significativamente, al crecimiento integral de los ni&ntilde;os. A partir de estas implicaciones es posible definir la naturaleza de los espacios educativos significativos.</p>     <p>La primera consideraci&oacute;n es que los ni&ntilde;os poseen competencias innatas y las usan para desarrollar nuevas competencias. De acuerdo con algunos autores, los beb&eacute;s vienen equipados con mecanismos innatos en diferentes dominios de conocimiento, como el social, ling&uuml;&iacute;stico, f&iacute;sico &oacute; matem&aacute;tico, que son utilizados para atender y organizar la informaci&oacute;n que proviene del medio y comprender su realidad (Karmiloff&#8211;Smith, 1996; Gelman, 2000). El desarrollo infantil consiste en un proceso de reorganizaciones y transformaciones permanentes de estas y de nuevas competencias, y por lo tanto, requiere escenarios exigentes que revelen los retos del mundo real. Desde el nacimiento y durante el per&iacute;odo de la infancia son diversos los espacios donde los ni&ntilde;os act&uacute;an e interact&uacute;an con otros y con su mundo. Los di&aacute;logos madre&#8211;beb&eacute; durante el ba&ntilde;o diario, la resoluci&oacute;n de un problema cotidiano como amarrarse los zapatos, encontrar un juguete perdido o ayudar a los hermanos a lavarse las manos, las pr&aacute;cticas tradicionales como armar el pesebre o construir un caballito de palo y los juegos de competencia, como "La gallina ciega" o "La rayuela" con los compa&ntilde;eritos constituyen situaciones enriquecedoras y novedosas para los ni&ntilde;os porque los enfrentan a las exigencias de la vida diaria.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Sin embargo, no toda experiencia durante la infancia resulta significativa para los ni&ntilde;os. El desarrollo infantil no se traduce s&oacute;lo en aprender "contenidos" sobre el mundo o generar "h&aacute;bitos" para sobrevivir. Por esta raz&oacute;n las actividades centradas en el uso de rutinas ya aprendidas, como por ejemplo, hacer planas y bolitas de papel para pegar en un cuaderno, copiar dictados o jugar todos los d&iacute;as el mismo juego, no constituyen para los ni&ntilde;os un desaf&iacute;o porque no hay nada nuevo que crear. Igualmente las actividades centradas en el uso exclusivo de la memoria y la atenci&oacute;n como aprender un texto para hacer una exposici&oacute;n o poner atenci&oacute;n al tablero mientras la maestra habla no favorecen el desarrollo del pensamiento creativo ni la autonom&iacute;a en la resoluci&oacute;n de problemas para la vida. Un espacio educativo significativo debe ser, por el contrario, un escenario de aprendizaje retador y generador de m&uacute;ltiples experiencias para quienes participan en &eacute;l. Un espacio educativo resulta significativo para el desarrollo en la infancia cuando el conjunto de situaciones relacionadas entre s&iacute;, en el ambiente de aprendizaje, favorecen la construcci&oacute;n de nuevo conocimiento y permiten el crecimiento de formas de pensamiento m&aacute;s avanzadas y modalidades m&aacute;s complejas de interacci&oacute;n (Ot&aacute;lora, 2007). Esta constituye, en esencia, la funci&oacute;n de la educaci&oacute;n en la sociedad.</p>     <p>Una segunda consideraci&oacute;n sobre la concepci&oacute;n de desarrollo infantil es el reconocimiento del rol activo que los ni&ntilde;os desepe&ntilde;an en sus propios procesos de cambio. Ellos piensan porque les gusta pensar y conocen porque quieren saber siempre m&aacute;s, exploran porque quieren descubrir, deciden cu&aacute;ndo quieren aprender algo nuevo y adem&aacute;s deciden qu&eacute; aprender. M&aacute;s sorprendente a&uacute;n, los ni&ntilde;os vuelven una y otra vez sobre lo que ya saben para comprender mejor (Karmiloff&#8211;Smith, 1996). Ellos igualmente son capaces de generar nuevas formas de interactuar con los adultos, con los otros ni&ntilde;os, con las cosas y con los eventos. Son capaces de organizar informaci&oacute;n compleja y de articular sus conocimientos y recursos cognitivos en procedimientos dirigidos a metas, generando as&iacute; estrategias para solucionar problemas (Ot&aacute;lora, 2007). Adem&aacute;s, pueden generar diversas maneras de enfrentarse a las tareas y situaciones cotidianas, y responder a sus demandas, en un mismo momento de su desarrollo (Siegler, 2007). Por esta raz&oacute;n, un espacio educativo significativo es aquel que promueve la actuaci&oacute;n de los ni&ntilde;os en el mundo y la autonom&iacute;a sobre sus procesos de aprendizaje. Un espacio educativo en el que el adulto es el que piensa y el ni&ntilde;o solo sigue &oacute;rdenes, en el que el ni&ntilde;o no puede tomar algunas decisiones, en el que s&oacute;lo puede utilizar una &uacute;nica forma de hacer las cosas considerada la correcta, en el que no puede probar estrategias y el error significa que no sabe, o en el que todos los d&iacute;as hace las mismas cosas, no es considerado significativo porque no le permite pensar, saber, descubrir siempre m&aacute;s. Por el contrario, un espacio educativo es significativo cuando los ni&ntilde;os pueden resolver problemas por s&iacute; mismos, con apoyo de sus hermanos o padres, compa&ntilde;eros o maestros, en el que pueden tomar sus propias decisiones, aprender del fracaso y el error y utilizar sus resultados efectivos para resolver nuevos problemas en contextos diferentes.</p>     <p>Una tercera consideraci&oacute;n es que los ni&ntilde;os no aprenden ni se desarrollan de la misma manera. El desarrollo infantil no es lineal, no tiene un inicio y un final fijos, ni sigue una v&iacute;a de avance progresivo de menos a m&aacute;s conocimiento, y por lo tanto, sus cambios no dependen exclusivamente de la edad (Puche&#8211;Navarro, 2003). Por esta raz&oacute;n cuando los ambientes de aprendizaje son significativos no est&aacute;n relacionados con una edad determinada en la que los ni&ntilde;os deban participar, sino que permiten la inclusi&oacute;n de beb&eacute;s, infantes, ni&ntilde;os mayores e incluso adultos en la consecuci&oacute;n de las metas de las actividades, como ocurre en la vida real. Es posible, por ejemplo, que en un juego que ense&ntilde;a una maestra a sus ni&ntilde;os, sean ellos quienes a veces expliquen las instrucciones a sus compa&ntilde;eros o elijan los roles del juego, y esta no sea una labor exclusiva del adulto. Igualmente, es posible que la maestra juegue, y no sean s&oacute;lo los ni&ntilde;os quienes pueden jugar. Los espacios educativos significativos no presentan tampoco una sola manera de hacer las cosas, por el contrario favorece m&uacute;ltiples v&iacute;as de resoluci&oacute;n. Situaciones cerradas como hacer una plana o decir la capital de un pa&iacute;s presenta una &uacute;nica respuesta correcta. Enfrentarse a problemas cotidianos como ayudarle a hacer el mercado a la mam&aacute;, organizar los juguetes del hogar comunitario o explorar las ideas del abuelo sobre la navidad son abiertas e implican varias formas de alcanzar las metas.</p>     <p>Una cuarta consideraci&oacute;n es que los ni&ntilde;os no aprenden ni se desarrollan solos. La pertenencia a un grupo cultural en el que se construyan relaciones entre los miembros que participan en &eacute;l, juega tambi&eacute;n un papel importante en el desarrollo infantil, porque afecta de manera &uacute;nica y diferenciada la experiencia de los ni&ntilde;os, enriqueci&eacute;ndola y colm&aacute;ndola de importantes significados. Los ni&ntilde;os requieren de la presencia de otros ni&ntilde;os que los acompa&ntilde;en en la empresa de crecer, y de adultos que apoyen sus procesos de cambio. Esta interacci&oacute;n favorece la construcci&oacute;n de su identidad y la formaci&oacute;n de rasgos espec&iacute;ficos de su personalidad que los diferencian de los dem&aacute;s. Adem&aacute;s, los ni&ntilde;os establecen relaciones tambi&eacute;n con los objetos del contexto, desde explorar c&oacute;mo funcionan las cosas y el papel que cumplen en una situaci&oacute;n dada, hasta la constituci&oacute;n de esos objetos como herramientas para su comunicaci&oacute;n o su supervivencia. Finalmente, la introducci&oacute;n de los ni&ntilde;os en la consecuci&oacute;n de metas leg&iacute;timas de su grupo cultural dirige el aprendizaje hacia modos cada vez m&aacute;s adecuados de participaci&oacute;n en las actividades de supervivencia y de convivencia, y a la generaci&oacute;n de una amplia red de saberes compartidos. As&iacute;, de manera aut&oacute;noma, los ni&ntilde;os logran alimentar el sentido de pertenencia a su comunidad y ocupar un lugar central y espec&iacute;fico en ella. A partir de estas consideraciones, emerge como necesidad primaria el dise&ntilde;o, o mejoramiento, de espacios educativos que reconozcan la relevancia de los contextos y las tramas culturales en las cuales los ni&ntilde;os caracterizan su individualidad, tejen sus primeros v&iacute;nculos sociales y despliegan sus competencias.</p>     <p>Como &uacute;ltima consideraci&oacute;n, es necesario se&ntilde;alar que estas formas de pensamiento y aproximaciones de los ni&ntilde;os a la realidad, s&oacute;lo se pueden evidenciar en las conductas y verbalizaciones que ellos muestran cuando manipulan los objetos, cuando juegan, cuando hacen una pregunta, cuando realizan sus actividades cotidianas o cuando interact&uacute;an con los dem&aacute;s. Los psic&oacute;logos llaman <i>desempe&ntilde;os</i> a este conjunto de verbalizaciones y procedimientos. Por lo tanto, los espacios educativos son significativos cuando permiten a los agentes educativos observar, describir y analizar f&aacute;cilmente los desempe&ntilde;os de los ni&ntilde;os en las actividades que les proponen y hacer seguimiento a la manera como &eacute;stos cambian a trav&eacute;s del tiempo. En otras palabras, un espacio educativo significativo es aquel que facilita la observaci&oacute;n y el an&aacute;lisis de <i>indicadores de desarrollo</i> que dan cuenta de las competencias de los ni&ntilde;os en los diferentes dominios de conocimiento.</p>     <p>Estas consideraciones permiten concluir que un espacio educativo es <i>significativo</i> si se trata de cualquier situaci&oacute;n, actividad, tarea o pr&aacute;ctica que sea acompa&ntilde;ada por pares y cuidadores y enriquecida con la generaci&oacute;n de m&uacute;ltiples interacciones, que se relacione con otras experiencias de la vida de los ni&ntilde;os y con las metas del grupo cultural al que pertenecen, que les brinde la oportunidad de aprender conocimiento realmente nuevo, establecer desaf&iacute;os, resolver problemas complejos, descubrir, crear, innovar y que les exija "pensar". Desde este punto de vista, los espacios educativos significativos son ambientes de aprendizaje que favorecen no s&oacute;lo la adquisici&oacute;n de m&uacute;ltiples ‘saberes’, sino que fortalecen las competencias afectivas, sociales y cognitivas necesarias para enfrentar de manera creativa las demandas crecientes del entorno durante los primeros a&ntilde;os de vida.</p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font size="3"><b>Criterios para dise&ntilde;ar o enriquecer espacios educativos significativos</b></font></p>     <p>Teniendo en cuenta la definici&oacute;n de ambientes de aprendizaje, la concepci&oacute;n de desarrollo en la primera infancia y las implicaciones para la implementaci&oacute;n de espacios educativos retadores y generadores de m&uacute;ltiples experiencias, es necesario explicitar y operacionalizar cinco criterios que hacen que un ambiente de aprendizaje se constituya en un espacio educativo significativo. Esos criterios piden que ese espacio sea una situaci&oacute;n: 1) <i>estructurada</i>, alrededor de objetivos centrales y metas espec&iacute;ficas, 2) <i>intensiva</i>, que exija la resoluci&oacute;n de problemas relacionados con metas de la cultura, 3) <i>extensiva</i>, que permita manipular la complejidad de las metas en el tiempo, 4) que favorezca contextos complejos de <i>interacci&oacute;n</i> y, 5) <i>generativa</i>, que exija el uso de variadas competencias. La <i><a href="#f2">figura 2</a></i> esquematiza los criterios que pueden y deben estar presentes en una misma situaci&oacute;n de manera articulada.</p>     <p align="center"><a name="f2"></a><img src="img/revistas/recs/n5/n5a04f2.jpg"></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>    <p>El uso de pr&aacute;cticas cotidianas y culturales es considerada una estrategia pertinente para lograr la comprensi&oacute;n y el fortalecimiento de las competencias sociales y cognitivas de los ni&ntilde;os, relevante para sus vidas, a&uacute;n como miembros de grupos culturales espec&iacute;ficos (Orozco, <i>et al</i>, 2001; Ot&aacute;lora, 2007); y, por lo tanto, permiten la implementaci&oacute;n de cada uno de estos criterios. Por esta raz&oacute;n, la revisi&oacute;n de los criterios se aborda ilustrando el uso de pr&aacute;cticas culturales dise&ntilde;adas por agentes educativos, que participan en dos programas de intervenci&oacute;n desarrollados desde la psicolog&iacute;a educativa por investigadores del Centro de Investigaciones en Psicolog&iacute;a de la Universidad del Valle –uno en el departamento del Valle, y otro en el departamento del Cauca&#8211;Colombia.</p>     <p><i>Criterio 1: situaciones estructuradas alrededor de objetivos centrales y espec&iacute;ficos</i></p>     <p>El primer criterio para definir un espacio educativo como significativo es que se traduzca en una situaci&oacute;n <i>estructurada</i>. Una situaci&oacute;n es estructurada cuando cada una de sus actividades se dirige a metas de aprendizaje espec&iacute;ficas y &eacute;stas, a su vez, giran alrededor de un objetivo de aprendizaje amplio. Los objetivos son el punto de partida para dise&ntilde;ar u organizar las actividades y ambos constituyen componentes fundamentales que brindan estructura a una situaci&oacute;n porque permiten configurar la secuencia completa o unidad de aprendizaje. Un tercer componente en esta estructura es a veces olvidado, pero es igual de importante. La tem&aacute;tica, tambi&eacute;n llamada t&oacute;pico, contexto o marco simb&oacute;lico, es necesaria porque facilita la traducci&oacute;n de objetivos y metas al conjunto de actividades de la situaci&oacute;n y posibilita la articulaci&oacute;n de estas actividades entre s&iacute;.</p>     <p>Dos actividades encontradas en un hogar comunitario del Distrito de Aguablanca del departamento del Valle&#8211;Colombia ilustran situaciones no estructuradas. Un agente educativo pide a sus ni&ntilde;os de 2 a 6 a&ntilde;os jugar a la ronda del "Pan y canela" todos los d&iacute;as, y los deja jugando solos hasta que se aburran o se cansen. Cu&aacute;ndo se le indaga por el objetivo de esta actividad el agente educativo plantea que los ni&ntilde;os se divierten y as&iacute; los puede tener ocupados y entretenidos, mientras &eacute;l hace otra tarea. Adem&aacute;s ya se la saben porque la juegan todos los d&iacute;as. Esta actividad muestra una situaci&oacute;n con sentido s&oacute;lo para el agente educativo ("puede hacer otras tareas") pero no existe un prop&oacute;sito de aprendizaje para los participantes del juego por tres razones: 1) el &uacute;nico prop&oacute;sito es estar "entretenido" 2) no hay construcci&oacute;n de nuevo conocimiento ni se promueve la creatividad y el uso del pensamiento, dado que diariamente los ni&ntilde;os emprenden la misma actividad que conocen de memoria, y 3) los ni&ntilde;os no tienen el acompa&ntilde;amiento de un cuidador que observe sus acciones y verbalizaciones interpret&aacute;ndolas en t&eacute;rminos de su desarrollo y que, a su vez, manipule la situaci&oacute;n para lograr que ellos avancen en este desarrollo.</p>     <p>El mismo agente educativo pide en otro momento a los ni&ntilde;os m&aacute;s grandecitos hacer una plana del 2, una del 3 y una del 4 con el prop&oacute;sito de aprender el significado de los n&uacute;meros. Aunque esta actividad si tiene un prop&oacute;sito de aprendizaje, &eacute;ste no es coherente con el tipo de conocimiento que se pretende ense&ntilde;ar –los n&uacute;meros–, ni con la forma como los ni&ntilde;os aprenden este conocimiento –conteos y composiciones aditivas y multiplicativas. Se trata de una actividad rutinaria que permite fortalecer la habilidad grafo&#8211;motora, pero no tiene relaci&oacute;n con la creaci&oacute;n de significados del dos, el tres y el cuatro y mucho menos con la idea de alcanzar un nivel de comprensi&oacute;n abstracta de ellos.</p>     <p>Este agente educativo tiene sin embargo dos fortalezas. Usa una pr&aacute;ctica tradicional en la primera actividad y tiene un objetivo de aprendizaje espec&iacute;fico en la segunda actividad. En el programa de intervenci&oacute;n el agente educativo logra crear un ambiente de aprendizaje estructurado para trabajar competencias matem&aacute;ticas y sociales relevantes para el desarrollo de sus ni&ntilde;os. Plantea como objetivo amplio lograr que ellos construyan significados abstractos de los n&uacute;meros del 1 al 12 en una situaci&oacute;n de trabajo en equipo. Para esto revisa varias pr&aacute;cticas culturales de la comunidad que no usa rutinariamente con los ni&ntilde;os y que, potencialmente, puedan facilitar la consecuci&oacute;n de este objetivo amplio. Elige la ronda "Agua de lim&oacute;n", y organiza dos ciclos de cuatro actividades, cada una con una meta de aprendizaje diferente en funci&oacute;n de las competencias sociales o matem&aacute;ticas que quiere promover. La pr&aacute;ctica se implementa con los doce ni&ntilde;os del hogar comunitario.</p>     <p align="center"><img src="/img/revistas/recs/n5/n5a04t1.jpg"></p>     <p>&nbsp;</p>    <p>Este ciclo se repite de nuevo pero complejizando la demanda de las actividades y para ello trabaja con el n&uacute;mero cinco. De esta manera, logra trabajar la construcci&oacute;n de significados abstractos de varios n&uacute;meros como el 3, 6, 9, 12, 5, 10 y 2. Este ambiente de aprendizaje ilustra la manera como un conjunto de actividades se articulan entre s&iacute; en funci&oacute;n de un prop&oacute;sito amplio de aprendizaje y metas espec&iacute;ficas de comprensi&oacute;n, vinculadas al desarrollo de competencias sociales y matem&aacute;ticas, utilizando como contexto una pr&aacute;ctica cultural tradicional en Colombia y formas de enriquecimiento de esta pr&aacute;ctica.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><i>Criterio 2: situaciones intensivas de resoluci&oacute;n de problemas relacionados con la cultura</i></p>     <p>Son llamadas intensivas las situaciones que plantean a las personas la resoluci&oacute;n de uno o varios problemas y que, por lo tanto, exigen de ellas una actividad mental m&aacute;s intensa que otro tipo de tareas, como por ejemplo, las rutinas. De acuerdo con Luria y Tsvetkova (1981) un<i> problema </i>es una pregunta a la que es imposible dar una respuesta inmediata y que determina la actividad posterior de las personas que se enfrentan a ella. Esta actividad posterior llamada "resoluci&oacute;n" tiene un car&aacute;cter selectivo dado que se apoya en un programa l&oacute;gico de operaciones relacionadas entre s&iacute;. Cuando las personas se enfrentan al problema, deben analizar la informaci&oacute;n contenida en la pregunta, seleccionar los datos esenciales, conocidos o desconocidos y confrontarlos. A partir de esta orientaci&oacute;n las personas generan un esquema de resoluci&oacute;n llamado estrategia y desencadenan las operaciones que conducir&aacute;n exitosamente a la respuesta buscada. Para los autores, &eacute;sta representa la estructura caracter&iacute;stica de la actividad intelectual de las personas. Desde este punto de vista, la resoluci&oacute;n de problemas constituye un escenario privilegiado para el desarrollo de los ni&ntilde;os ya que la b&uacute;squeda de la respuesta les permitir&aacute; usar de manera intensa su pensamiento.</p>     <p>Newell y Simon (1972) muestran la relaci&oacute;n entre la estructura general de un problema y la demanda cognitiva de la resoluci&oacute;n. Seg&uacute;n los autores, una situaci&oacute;n de resoluci&oacute;n de problemas tiene un estado inicial; un estado final deseado, tambi&eacute;n llamado meta; una barrera entre los dos estados y una serie de pasos u operaciones necesarias para pasar de uno al otro venciendo la barrera. Los autores proponen dos subprocesos b&aacute;sicos para la resoluci&oacute;n de un problema denominados <i>comprensi&oacute;n y b&uacute;squeda</i>. Por una parte, la comprensi&oacute;n del problema exige a las personas la identificaci&oacute;n de una red de relaciones en el planteamiento del estado inicial haciendo uso de su conocimiento previo, y el razonamiento sobre estas relaciones, el cual lleva a la ampliaci&oacute;n de la red creando nuevo conocimiento. Por otra parte, el proceso de b&uacute;squeda lleva a la generaci&oacute;n de estrategias que se manifiestan en procedimientos dirigidos a alcanzar el estado meta. Desde esta perspectiva, la resoluci&oacute;n de problemas implica a los ni&ntilde;os hacer uso de su conocimiento previo para establecer relaciones sobre su realidad, enriquecer esta red de relaciones y articular sus recursos mentales y emocionales en estrategias que permitan alcanzar la respuesta buscada de manera efectiva &#8211;respuesta correcta&#8211; y eficiente &#8211;con el menor gasto de recursos&#8211;. Por estas razones, la resoluci&oacute;n de problemas constituye un espacio de aprendizaje ideal en contextos educativos que privilegien la comprensi&oacute;n del mundo m&aacute;s que la memorizaci&oacute;n de contenidos sobre &eacute;l, y la transformaci&oacute;n estrat&eacute;gica del mundo m&aacute;s que la recepci&oacute;n pasiva de conocimiento.</p>     <p>Las pr&aacute;cticas cotidianas son situaciones que f&aacute;cilmente pueden ser utilizadas por los agentes educativos como situaciones de resoluci&oacute;n de problemas, pues son actividades que tienen un car&aacute;cter pr&aacute;ctico que implica a los ni&ntilde;os aprender a responder a las necesidades del entorno. Las pr&aacute;cticas cotidianas son actividades diarias compartidas por una gran parte de los miembros de la comunidad, que siguen siendo vigentes para la consecuci&oacute;n de <i>metas relevantes de supervivencia </i>como por ejemplo la socializaci&oacute;n, la convivencia, la alimentaci&oacute;n, la salud, la higiene y la consecuci&oacute;n de recursos econ&oacute;micos. La participaci&oacute;n en las actividades cotidianas est&aacute; en funci&oacute;n de prop&oacute;sitos pr&aacute;cticos dirigidos a cubrir estas necesidades b&aacute;sicas. Involucrarse por primera vez en actividades como saludar a los compa&ntilde;eros cada ma&ntilde;ana, ayudar a servir el almuerzo, organizar la casa o el sal&oacute;n de clases y preparar colaborativamente la merienda puede llegar a representar un problema para los ni&ntilde;os, frente al cual ellos pueden espont&aacute;neamente articular sus conocimientos, hip&oacute;tesis y recursos de pensamiento para implementar los procedimientos que la situaci&oacute;n requiere. A su vez, el an&aacute;lisis de las conductas o actividad de los ni&ntilde;os permite a los agentes educativos analizar sus competencias y utilizar esta informaci&oacute;n para ayudarlos a desarrollar nuevas competencias.</p>     <p>Sin embargo, por su naturaleza una situaci&oacute;n de resoluci&oacute;n de problemas debe ser siempre una situaci&oacute;n novedosa. Si los ni&ntilde;os se enfrentan a la misma actividad todos los d&iacute;as se convierte en una rutina y deja de ser un problema para ellos. Por ejemplo, cuando los ni&ntilde;os empiezan a vestirse solos despu&eacute;s del primer a&ntilde;o de vida, enfrentan un verdadero problema porque la meta &#8211;estar vestido&#8211; est&aacute; mediada por obst&aacute;culos que ellos deben superar como la coordinaci&oacute;n de los movimientos de ambas manos con cada parte de la ropa y con cada parte del cuerpo. Una vez los ni&ntilde;os dominan los movimientos que deben realizar con la ropa y con su cuerpo, cuando se enfrentan nuevamente a la tarea de hacerlo, ya no representa un problema, ya no hay aprendizaje, ya no les exige pensar, incluso, ya no es necesario el uso de la conciencia para llegar a la meta efectivamente. Por estas razones, los espacios educativos significativos requieren la implementaci&oacute;n de actividades novedosas, que impliquen retos, no s&oacute;lo motores y espaciales, sino del pensamiento. As&iacute;, el uso de pr&aacute;cticas cotidianas no quiere decir el uso de rutinas aprendidas, sino el aprovechamiento de actividades novedosas en las que cotidianamente los ni&ntilde;os se pueden involucrar para solucionar estrat&eacute;gicamente problemas.</p>     <p>Por otra parte resulta necesario vincular, en los ambientes de aprendizaje, metas relevantes de la cultura. Gran parte de las actividades utilizadas en los espacios educativos son descontextualizadas de los intereses de las comunidades a las que los ni&ntilde;os pertenecen y, en esta medida, se olvidan r&aacute;pidamente porque no son &uacute;tiles para la vida o interesantes para ellos. Brown, Collins y Duguid (1989) plantean que la cognici&oacute;n es espec&iacute;fica de la situaci&oacute;n en que se aprende y deriva del v&iacute;nculo de la acci&oacute;n de los sujetos con el contexto. Adem&aacute;s, se&ntilde;alan que el conocimiento cultural est&aacute; distribuido en el seno de las comunidades, no pertenece a sujetos individuales. Es por esta raz&oacute;n que los contenidos, temas o t&oacute;picos de los espacios educativos se deben buscar en las metas de estas comunidades, deben promover el acceso al saber propio de sus miembros, negociar significados y garantizar la acci&oacute;n de todos los participantes sobre el contexto. De esta manera los ni&ntilde;os construir&aacute;n no s&oacute;lo conocimiento en dominios espec&iacute;ficos, sino que fortalecer&aacute;n si identidad cultural y su sentido de pertenencia. El <i>Dise&ntilde;o de la huerta </i><i>comunitaria</i> es una pr&aacute;ctica construida por tres maestras de preescolar de una escuela rural del departamento del Cauca&#8211;Colombia, durante un programa de intervenci&oacute;n realizado desde la psicolog&iacute;a educativa. Esta pr&aacute;ctica permite ilustrar la vinculaci&oacute;n de metas de su comunidad en situaciones de resoluci&oacute;n de problemas y, a la vez, promover competencias sociales, matem&aacute;ticas, comunicativas y cient&iacute;ficas. Esta secuencia de actividades corresponde a la primera fase de un proyecto comunitario m&aacute;s amplio que implica tambi&eacute;n la siembra, cuidado y cosecha en la huerta.</p>     <p align="center"><img src="/img/revistas/recs/n5/n5a04t2.jpg"></p>     <p>&nbsp;</p>     <p>Una caracter&iacute;stica importante de esta actividad es que propone diferentes situaciones de resoluci&oacute;n de problemas, como la planeaci&oacute;n conjunta de la actividad, la elaboraci&oacute;n del plano, la distribuci&oacute;n de las eras, la medici&oacute;n de las eras, y la transformaci&oacute;n de las unidades de medida, alrededor de la soluci&oacute;n de un problema m&aacute;s amplio pertinente para el grupo cultural: el dise&ntilde;o de una huerta comunitaria. Adem&aacute;s, los agentes educativos permiten a los ni&ntilde;os utilizar sus propios procedimientos –acciones y verbalizaciones– y poner en juego sus propias ideas y conceptos, as&iacute; estos no sean todav&iacute;a formales. La actividad est&aacute; completamente basada en situaciones abiertas que posibilitan diversas formas de resolver los problemas que se les van proponiendo continuamente. Las v&iacute;as de resoluci&oacute;n que los ni&ntilde;os utilizan son v&aacute;lidas porque son propias y evidencian sus competencias. A trav&eacute;s de la actividad las maestras logran identificar la comprensi&oacute;n alcanzada por los ni&ntilde;os y complementan o retroalimentan sus ideas iniciales para generar comprensiones m&aacute;s avanzadas. Esta actividad adem&aacute;s les permite plantear nuevos objetivos y retos que son formulados en un segundo ambiente de aprendizaje que hace parte del mismo proyecto comunitario: la siembra de los productos. As&iacute;, este tipo de actividades promueve la creaci&oacute;n de nuevo conocimiento en los ni&ntilde;os y a la vez, esta creatividad les permite la transformaci&oacute;n de su entorno. Es de esta manera, que las situaciones de resoluci&oacute;n de problemas constituyen escenarios que exigen a los ni&ntilde;os comprometerse de una manera activa con el mundo.</p>     <p><i>Criterio 3: situaciones extensivas que permitan manipular niveles de complejidad</i></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Las actividades extensivas son situaciones que adem&aacute;s de ser intensivas pueden repetirse en episodios consecutivos –intrasesi&oacute;n– y/o presentarse en m&uacute;ltiples ocasiones a lo largo del tiempo –multisesiones. El objetivo de plantear una situaci&oacute;n como extensiva es que los agentes educativos logren observar y diagnosticar el conocimiento que los ni&ntilde;os han construido en situaciones intensivas reiteradas, intervenir adecuadamente y llevar un seguimiento de las estrategias empleadas y los avances relativos al objetivo y las metas de aprendizaje.</p>     <p>Un principio de la construcci&oacute;n de conocimiento que sustenta la actividad extensiva como pr&aacute;ctica educativa es que el conocimiento de los ni&ntilde;os no es est&aacute;tico, sino que evoluciona permanentemente (Steffe, 1990). Por esta raz&oacute;n, para que una situaci&oacute;n intensiva pueda hacerse extensiva, debe contemplar diversos niveles de complejidad, en funci&oacute;n de la comprensi&oacute;n observada en los ni&ntilde;os. Este elemento es quiz&aacute; uno de los m&aacute;s importantes en la implementaci&oacute;n de estas situaciones, pues manipular niveles de complejidad implica determinar de manera continua, la comprensi&oacute;n que los ni&ntilde;os logran a medida que se enfrentan a las actividades propuestas, as&iacute; como modificar las metas de comprensi&oacute;n planteadas. Este objetivo se logra porque ellos pueden establecer relaciones cada vez m&aacute;s ricas y formales que les permitan avanzar sobre su propio aprendizaje. Ejemplo de una situaci&oacute;n intensiva que se vuelve extensiva es la ronda "Agua de lim&oacute;n" (ver criterio 1), en la cual el agente educativo manipula el nivel de complejidad de dos maneras, la actividad 2 de la situaci&oacute;n exige el uso de la cardinalidad (establecer totales abstractos) y la cuantificaci&oacute;n y, a partir de all&iacute;, genera otras situaciones cada vez m&aacute;s complejas en funci&oacute;n de la relaci&oacute;n aritm&eacute;tica a establecer por los ni&ntilde;os, una para usar relaciones aditivas y otra para usar relaciones multiplicativas. Adem&aacute;s, el agente educativo manipula otro criterio de la complejidad de la situaci&oacute;n, el rango num&eacute;rico, utilizando el primer ciclo para trabajar composiciones aditivas y multiplicativas con el n&uacute;mero <i>tres</i>, y el segundo ciclo con el n&uacute;mero <i>cinco</i>.</p>     <p>La naturaleza extensiva de esta situaci&oacute;n permite la movilizaci&oacute;n y confrontaci&oacute;n del conocimiento de los ni&ntilde;os de manera continua. Por esta raz&oacute;n, implementar este tipo de actividad permite a los agentes educativos intervenir adecuadamente a partir de l&iacute;nea de base de los aprendices y hacer un seguimiento de los procedimientos empleados y los avances que han tenido con relaci&oacute;n al objetivo de aprendizaje. El componente extensivo de las actividades favorece igualmente el replanteamiento de metas y la creaci&oacute;n de nuevos objetivos tanto por los agentes educativos como por parte de los mismos educandos.</p>     <p><i>Criterio 4: situaciones que favorezcan contextos complejos de interacci&oacute;n</i></p>     <p>Un espacio educativo es significativo cuando dinamiza contextos de <i>interacci&oacute;n complejos</i> que favorecen la relaci&oacute;n activa de los ni&ntilde;os con el mundo. Un contexto de interacci&oacute;n rico y complejo es aquel que genera un mayor n&uacute;mero de posibilidades de intercambio entre los aprendices y los objetos, los pares, los agentes educativos, los artefactos culturales y los eventos relevantes de todos los d&iacute;as. Tal intercambio tiene una funci&oacute;n transformadora. Por el contrario, un contexto de interacci&oacute;n es pobre cuando los ni&ntilde;os no tienen posibilidades de establecer relaciones transformadoras con su entorno.</p>     <p>Las pr&aacute;cticas cotidianas y culturales son contextos educativos pertinentes para implementar este criterio dado que involucran a los ni&ntilde;os en variadas interacciones con otros compa&ntilde;eritos y adultos, con los instrumentos, eventos y metas de la comunidad, introduci&eacute;ndolos en roles que les ofrecen un lugar central en el grupo cultural. Sin embargo, no basta con usar pr&aacute;cticas culturales para establecer un contexto de interacci&oacute;n complejo. En el ambiente de aprendizaje, la calidad de las modalidades de intervenci&oacute;n de los agentes educativos es la que determina la calidad de las formas de interacci&oacute;n y participaci&oacute;n de los aprendices, instaurando una din&aacute;mica entre los ni&ntilde;os y la situaci&oacute;n que puede favorecer o no, el logro de las metas educativas. Algunas de estas modalidades de intervenci&oacute;n y formas de interacci&oacute;n son revisadas a continuaci&oacute;n en el uso de pr&aacute;cticas culturales:</p>     <p><i>Resoluci&oacute;n colaborativa de problemas. </i>Una situaci&oacute;n de resoluci&oacute;n de problemas colaborativa es aquella que plantea un problema a un grupo de personas cuya respuesta s&oacute;lo puede ser alcanzada por la acci&oacute;n y la interacci&oacute;n de todas las personas del grupo. Un problema que puede ser resuelto f&aacute;cilmente por uno s&oacute;lo de los integrantes no es una situaci&oacute;n colaborativa. Coll (1997) se&ntilde;ala que la resoluci&oacute;n de problemas colaborativa es la forma de organizaci&oacute;n social que tiene mayor efecto en el aprendizaje de los sujetos que otras formas de organizaci&oacute;n social como la competencia o la resoluci&oacute;n individual de tareas y problemas. Su importancia radica en que la comprensi&oacute;n grupal del problema as&iacute; como la planeaci&oacute;n y generaci&oacute;n de estrategias conjuntas exige de la reflexi&oacute;n sobre el conocimiento de cada una de las personas del grupo y la negociaci&oacute;n de este conocimiento entre ellos. Adem&aacute;s exige la comunicaci&oacute;n o socializaci&oacute;n de los resultados de cada submeta y la meta en general. La situaci&oacute;n <i>Dise&ntilde;o de la granja comunitaria </i>construida por los 3 agentes educativos de la escuela rural del Cauca para trabajar competencias ciudadanas, cient&iacute;ficas, matem&aacute;ticas y comunicativas (ver criterio 2), plantea varias situaciones de resoluci&oacute;n de problemas que son resueltos de manera colaborativa entre los grupos de ni&ntilde;os y todos los grupos para alcanzar la meta de la actividad. Por ejemplo, las mediciones y la distribuci&oacute;n de todo el terreno son logradas a partir de la medici&oacute;n y distribuci&oacute;n de las eras de los grupos de ni&ntilde;os, y a su vez &eacute;stas son medidas y distribuidas entre todos los miembros de un grupo. Para realizar el diario de registro con el plano y la sistematizaci&oacute;n de los datos, los ni&ntilde;os deben socializar los resultados de su propia medici&oacute;n con los otros, y si uno se equivoca afecta la medici&oacute;n de todo el terreno. El agente educativo del Valle que trabaja la ronda "Agua de lim&oacute;n" para promover competencias sociales y matem&aacute;ticas (ver criterio 1), tambi&eacute;n propone como meta de la tarea hacer grupos de tres o de cinco ni&ntilde;os, que sin el trabajo colaborativo no puede ser alcanzada. En esta medida, los resultados de toda la actividad dependen de las acciones y las interacciones de los participantes.</p>     <p><i>Ense&ntilde;ar a otros ni&ntilde;os las pr&aacute;cticas culturales. </i>Algunos agentes educativos tienen la disposici&oacute;n permanente a presentar a los ni&ntilde;os los juegos que utilizan, a dar las instrucciones y las reglas o a ense&ntilde;ar ellos mismos los estribillos y canciones. Con estas modalidades de intervenci&oacute;n se genera una din&aacute;mica en la que los agentes educativos son directivos mientras los ni&ntilde;os adoptan un papel pasivo, pues al jugar s&oacute;lo siguen instrucciones y decisiones del adulto. Esta modalidad de intervenci&oacute;n genera una forma de interacci&oacute;n unidireccional. Por el contrario, el agente educativo que utiliza la pr&aacute;ctica "Agua de lim&oacute;n", al iniciar la actividad pregunta a los ni&ntilde;os si alguna vez han jugado esta ronda y a quienes ya la conocen les pide que expliquen a los dem&aacute;s ni&ntilde;os los pasos, las instrucciones y las reglas a seguir. Despu&eacute;s promueve acuerdos entre ellos sobre algunas reglas de convivencia que se deber&iacute;an cumplir. Adem&aacute;s, propone que todos los ni&ntilde;os jueguen –independientemente de la edad– y cuando ve que los m&aacute;s peque&ntilde;itos de 2 a&ntilde;os se quedan a un lado sin cantar o bailar los invita a jugar. Para que lo hagan, pide a los ni&ntilde;os de mayor edad que los tomen de la mano durante el juego y los ayuden a girar. Estas propuestas promueven un papel m&aacute;s activo, aut&oacute;nomo y responsable de los ni&ntilde;os en la actividad y formas de interacci&oacute;n no s&oacute;lo del agente educativo hacia los educandos, sino entre los mismos educandos.</p>     <p><i>La elecci&oacute;n de roles por parte de los ni&ntilde;os.</i> En juegos tradicionales colombianos que involucran roles como "El gato y el rat&oacute;n" o "El gavil&aacute;n pollero", algunos agentes educativos elijen los ni&ntilde;os que asumir&aacute;n tales roles. Generalmente, proponen a los m&aacute;s grandes que se saben las canciones o los estribillos de memoria. Esta modalidad de intervenci&oacute;n no permite que los ni&ntilde;os tomen decisiones por s&iacute; mismos. Cuando los agentes educativos piden a los participantes que propongan qui&eacute;nes quieren hacer de gato y de rat&oacute;n, o de gavil&aacute;n pollero y mam&aacute; gallina, y que entre todos elijan qui&eacute;nes de los ni&ntilde;os postulados van a asumir estos roles, les ofrecen una oportunidad para tomar decisiones de manera aut&oacute;noma, negociada y basada en la evaluaci&oacute;n de sus propias posibilidades. La elecci&oacute;n de roles por parte de los ni&ntilde;os en un juego constituye una modalidad de intervenci&oacute;n favorable para generar una din&aacute;mica en la que desempe&ntilde;an un papel m&aacute;s activo que los compromete con la actividad a realizar y a su vez promueve competencias ciudadanas como la participaci&oacute;n social y la toma de decisiones.</p>     <p><i>Implementaci&oacute;n de preguntas para enriquecer la situaci&oacute;n. </i>Un agente educativo puede &uacute;nicamente llevar a cabo los pasos de un juego, bailar una ronda, cantar una canci&oacute;n de animales y al terminarlos detiene la actividad. Aunque los ni&ntilde;os participan en los juegos, rondas y canciones, es posible que no haya una interacci&oacute;n rica entre ellos o con el conocimiento implicado en la pr&aacute;ctica. Otros agentes educativos por el contrario, pueden plantear a los ni&ntilde;os preguntas durante o al final las pr&aacute;cticas con el fin de enriquecerlas. Por ejemplo, en la ronda "Agua de Lim&oacute;n", el agente educativo formula una serie de preguntas aditivas y multiplicativas al final del juego y as&iacute; enriquece la pr&aacute;ctica tradicional con el objetivo de generar en los ni&ntilde;os significados m&aacute;s abstractos de n&uacute;meros. As&iacute; propone problemas que pueden ser resueltos por cada grupo de participantes. En la pr&aacute;ctica <i>Dise&ntilde;o de la huerta comunitaria</i>, las maestras formulan preguntas a los ni&ntilde;os en la actividad de planificaci&oacute;n para conocer sus ideas previas sobre una huerta y sobre sus beneficios para la comunidad, para generar una definici&oacute;n conjunta y negociada de "huerta comunitaria" y para construir entre todos, los pasos de las siguientes actividades. Durante la tercera actividad, de distribuci&oacute;n, las maestras generan preguntas dirigidas a sistematizar la informaci&oacute;n que los ni&ntilde;os obtienen en sus grupos, y a socializarla a los otros grupos. Las preguntas pueden llevar a los ni&ntilde;os a comprender mejor las actividades y reflexionar sobre c&oacute;mo participaron en ellas y c&oacute;mo enfrentaron en equipo una meta com&uacute;n. Adem&aacute;s, estas modalidades de intervenci&oacute;n favorecen formas de interacci&oacute;n que van m&aacute;s all&aacute; de la relaci&oacute;n agente educativo&#8211;educandos, promoviendo la relaci&oacute;n educando&#8211;educando, educandos&#8211;artefactos culturales y educandos&#8211;metas culturales, entre otras posibles.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><i>Consignas o instrucciones que permitan actuar sobre la realidad. </i>En muchos de los ambientes educativos las actividades est&aacute;n centradas en la mente del agente educativo m&aacute;s que en la mente de los ni&ntilde;os, por ejemplo, algunos maestros hacen la exposici&oacute;n de un tema o un dictado, dan &oacute;rdenes o instrucciones que supuestamente permitir&aacute;n el aprendizaje de los ni&ntilde;os, o hacen afirmaciones sobre el conocimiento y exigen a los alumnos aprender de memoria estas "respuestas correctas". Tal din&aacute;mica est&aacute; centrada en el reconocimiento del agente educativo como poseedor del conocimiento y del educando como el que debe &uacute;nicamente recibir el conocimiento del agente educativo. Sin embargo, la din&aacute;mica del ambiente de aprendizaje cambia cuando los ni&ntilde;os pueden formular propuestas o sugerencias, dar ejemplos o participar en la planificaci&oacute;n y evaluaci&oacute;n de una actividad. La din&aacute;mica igualmente cambia cuando se pide a los ni&ntilde;os debatir con justificaciones y argumentos basados en sus conocimientos previos y en sus creencias, m&aacute;s que dar una respuesta correcta memorizada. Si los agentes educativos introducen frecuentemente preguntas y demandan propuestas, justificaciones, explicaciones, ejemplificaciones y argumentos a los ni&ntilde;os, ellos empiezan a relacionarse con actividades fundamentales para la construcci&oacute;n de nuevo conocimiento como razonar, formular hip&oacute;tesis, pensar, justificar y explicar sus puntos de vista. De esta manera, el agente educativo logra ir m&aacute;s all&aacute; de la mera transmisi&oacute;n de informaci&oacute;n y sugiere una participaci&oacute;n m&aacute;s activa de sus ni&ntilde;os.</p>     <p><i>Utilizar actividades de competencia.</i> El uso de pr&aacute;cticas tradicionales como los juegos de competencia constituyen un escenario privilegiado para el desarrollo de competencias ciudadanas (Orozco, <i>et al</i>. 2001). Actividades como "El gato y el rat&oacute;n", "El ba&uacute;l de mi abuelita", "El Agua de Lim&oacute;n" y el "Gavil&aacute;n Pollero", son pr&aacute;cticas tradicionales en algunos pa&iacute;ses de Latinoam&eacute;rica, trabajadas por madres comunitarias del Valle&#8211;Colombia para promover la capacidad de pensar desde la perspectiva del otro, de elegir y tomar decisiones, de seguir reglas, de generar estrategias para ganar, de asumir consecuencias, de argumentar sus propias ideas, de comprender y respetar las ideas, las creencias y los sentimientos de los dem&aacute;s, la cooperaci&oacute;n, el trabajo en equipo y la solidaridad (Ot&aacute;lora, <i>et al</i>. 2007). Estas capacidades son necesarias para el desarrollo de habilidades sociales, de convivencia, de buena ciudadan&iacute;a y la participaci&oacute;n en su grupo cultural. Las competencias ciudadanas garantizan la participaci&oacute;n de los ni&ntilde;os como seres humanos responsables, respetuosos y capaces de convivir con otras personas.</p>     <p><i>Uso de instrumentos de la cultura. </i>El uso de instrumentos creados o vinculados a las comunidades a las que los ni&ntilde;os pertenecen promueve su interacci&oacute;n con el contexto cultural. Para Bruner (1997) un instrumento de la cultura funciona como un amplificador cognitivo que media entre las interacciones de sus miembros y los objetos de la acci&oacute;n. As&iacute;, el uso de canciones, nanas, danzas, mitos y cuentos propios de las regiones, dibujos, mapas y representaciones gr&aacute;ficas, juguetes tradicionales, instrumentos musicales, hojas, piedras y semillas, revistas, libros o peri&oacute;dicos locales son herramientas que adem&aacute;s de facilitar la construcci&oacute;n de conocimiento de los ni&ntilde;os en dominios espec&iacute;ficos, como sociales, matem&aacute;ticas, f&iacute;sicas y el lenguaje, apoyan la comprensi&oacute;n de su propia historia y generan valiosas formas de interacci&oacute;n con los objetos, las tradiciones y las metas de la cultura, dando un sentido &uacute;nico a las actividades. El uso de nuevas tecnolog&iacute;as por otra parte, aunque traspasa los l&iacute;mites de las comunidades culturales, es &uacute;til para apoyar la construcci&oacute;n de conocimiento sobre otras culturas o la propia cultura en el contexto global.</p>     <p>Las modalidades de intervenci&oacute;n revisadas son s&oacute;lo algunas de las tantas que pueden llegar a generar formas de participaci&oacute;n activa y leg&iacute;tima en la actividad y formas de interacci&oacute;n transformadora sobre el entorno. Las pr&aacute;cticas culturales por su parte pueden constituirse como contextos ricos y complejos de interacci&oacute;n que permiten a los ni&ntilde;os definir rasgos de su personalidad, construir su identidad cultural, apropiarse de saberes, creencias y valores compartidos por una comunidad y fomentar el sentido de pertenencia a esta. A su vez, la interacci&oacute;n de los ni&ntilde;os con los objetos, los eventos cotidianos, con las formas de mediaci&oacute;n y negociaci&oacute;n que el otro utiliza o con los instrumentos y las metas de la cultura permite la construcci&oacute;n y transformaci&oacute;n de procedimientos cada vez m&aacute;s complejos basados en la experiencia y favorecen el desarrollo de formas m&aacute;s avanzadas de pensar y de relacionarse con otros, que a su vez permiten a los ni&ntilde;os enfrentarse a problemas de mayor complejidad en la sociedad. Estos contextos permiten que los ni&ntilde;os participen como interlocutores v&aacute;lidos, compartiendo sus propias creencias, concepciones y conocimientos.</p>     <p><i>Criterio 5: situaciones generativas que exijan m&uacute;ltiples competencias</i></p>     <p>Ejercicios estereotipados como hacer planas en un papel o bolitas de plastilina, resultan de poco inter&eacute;s para los ni&ntilde;os porque repiten un sinn&uacute;mero de veces la misma actividad sin que tenga un sentido para ellos. Escribir incansablemente el n&uacute;mero "dos" no quiere decir que los ni&ntilde;os comprendan cu&aacute;nto es "dos" o que sean capaces de sumar y restar con el "dos". Los ni&ntilde;os &uacute;nicamente est&aacute;n trabajando su motricidad fina. Estas son situaciones <i>no generativas</i> porque los ni&ntilde;os s&oacute;lo desarrollan una competencia, pero adem&aacute;s, porque esta competencia no implica pensar. Tales actividades resultan poco significativas porque los ni&ntilde;os no tienen que utilizar conocimientos y capacidades variadas para cumplir con la tarea y de esta manera no les facilita comprender el mundo ni aprender a pensar mejor. Un espacio educativo es significativo cuando es generativo, es decir, cuando su demanda exige "generar redes amplias de relaciones, dentro de un dominio de conocimiento y entre dominios de conocimiento". En otras palabras, cuando permite a los ni&ntilde;os el uso de m&uacute;ltiples competencias.</p>     <p>La ronda "Agua de lim&oacute;n" (ver criterio 1) permite ilustrar la manera como en una secuencia de actividades un agente educativo es capaz de fortalecer simult&aacute;neamente competencias matem&aacute;ticas y ciudadanas. Para dar respuesta a las preguntas de cuantificaci&oacute;n, cardinalidad, suma y multiplicaci&oacute;n, los ni&ntilde;os deben comprender y seguir reglas, trabajar en equipo y adem&aacute;s, los chicos grandes deben hacerse responsables de los m&aacute;s peque&ntilde;os. Incluso con una sola ronda la madre comunitaria logra construir un ambiente de aprendizaje que permite generar m&uacute;ltiples relaciones en un mismo dominio de conocimiento, como por ejemplo, relaciones aditivas y multiplicativas, y establecimiento de cardinales o totales abstractos en la competencia matem&aacute;tica y el manejo de reglas, la toma de decisiones, el trabajo en equipo y la solidaridad en la competencia social. La actividad <i>Dise&ntilde;o de una huerta comunitaria</i> (ver criterio 2) permite trabajar la toma de decisiones, el trabajo en equipo y el manejo de reglas en la competencia social, la formulaci&oacute;n de hip&oacute;tesis y la planificaci&oacute;n en la competencia cient&iacute;fica, el establecimiento de relaciones espaciales y geom&eacute;tricas, la cuantificaci&oacute;n y la comprensi&oacute;n de los usos y las formas de medici&oacute;n, en la competencia matem&aacute;tica y la comprensi&oacute;n y producci&oacute;n de textos, la argumentaci&oacute;n, la socializaci&oacute;n de ideas y resultados y la negociaci&oacute;n de significados en la competencia comunicativa.</p>     <p>Para que una situaci&oacute;n pueda exigir competencias variadas es m&aacute;s efectivo plantear una tem&aacute;tica central suficientemente amplia y compleja, tambi&eacute;n llamado <i>t&oacute;pico generativo </i>(Stone, 1997), que permita articular un conjunto de actividades dirigidas a metas de aprendizaje o comprensi&oacute;n espec&iacute;ficas. En la actividad <i>Dise&ntilde;o de la huerta comunitaria </i>las maestras eligieron como <i>tem&aacute;tica central</i> construir conjuntamente con los ni&ntilde;os una huerta donde sembraran frijol, ma&iacute;z y cilantro que resulta de gran beneficio para los miembros de la comunidad rural en la que se encuentra la escuela. Esta tem&aacute;tica es lo suficientemente amplia y compleja como para trabajar una gran variedad de conocimientos y saberes con ni&ntilde;os de diferentes edades, a lo largo de todo el semestre. Alrededor de una tem&aacute;tica central es posible recrear diferentes contextos significativos que le dan sentido a la situaci&oacute;n. La presencia de la tem&aacute;tica central y los contextos significativos posibilita la organizaci&oacute;n de una situaci&oacute;n que favorece la comprensi&oacute;n de los ni&ntilde;os, la generaci&oacute;n de una vasta red de relaciones conceptuales y la construcci&oacute;n &oacute; el descubrimiento de nuevas herramientas del pensamiento.</p>     <p>Durante esta segunda parte del art&iacute;culo se ha ilustrado la manera como el uso de pr&aacute;cticas culturales permite la operacionalizaci&oacute;n de los cinco criterios propuestos para que un espacio educativo pueda constituirse como significativo para el desarrollo de competencias en la primera infancia. Esta ilustraci&oacute;n ha buscado igualmente mostrar c&oacute;mo se pueden tener en cuenta las implicaciones de la concepci&oacute;n de desarrollo infantil y la definici&oacute;n del ambiente de aprendizaje como un escenario de construcci&oacute;n de conocimiento din&aacute;mico y complejo en el dise&ntilde;o o enriquecimiento de los espacios educativos.</p>     <p>&nbsp;</p> <hr noshade size="1">     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="3"> <b>Notas</b></font></p> <a href="#1b" name="1">1.</a> Este art&iacute;culo es producto de la investigaci&oacute;n "Prueba piloto a escala real para la evaluaci&oacute;n del aprendizaje de la escritura de numerales en comunidades escolares", c&oacute;digo 110645221365, financiado por Colciencias, contrato 637&#8211;2008, presentado a trav&eacute;s del Centro de Investigaciones en Psicolog&iacute;a, Cognici&oacute;n y Cultura de la Universidad del Valle.</p> <hr noshade size="1">     <p>&nbsp;</p>     <p><b><font size="3">Bibliograf&iacute;a</font></b></p>     <!-- ref --><p>Brown, John, Collins, Allan y Duguid, Paul (1989). "Situated cognition and the culture of learning". <i>Educational Researcher</i>, 18, 1, 32&#8211;41.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5485904&pid=S2011-0324201000010000400001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Bruner, Jerome (1997). "Cultura, mente y educaci&oacute;n". <i>La Educaci&oacute;n, Puerta de la Cultura</i>. Aprendizaje Visor, Madrid.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5485906&pid=S2011-0324201000010000400002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Coll, C&eacute;sar (1997). Estructura grupal, interacci&oacute;n entre alumnos y aprendizaje escolar. <i>Aprendizaje escolar y construcci&oacute;n de conocimiento, Cap&iacute;tulo 5, 105&#8211;130. </i>Paid&oacute;s, Barcelona.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5485908&pid=S2011-0324201000010000400003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Coll, C&eacute;sar y Onrubia, Javier (1996). "La construcci&oacute;n de significados compartidos en el aula: actividad conjunta y dispositivos semi&oacute;ticos en el control y seguimiento mutuo entre profesor y alumnos". En: Coll, C&eacute;sar y Edwards, Derek (eds.) <i>Ense&ntilde;anza, aprendizaje y discurso en el aula. Aproximaciones al estudio del discurso educacional, Cap&iacute;tulo 4, 53&#8211;73</i>. Aprendizaje, S. L., Madrid.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5485910&pid=S2011-0324201000010000400004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Gelman, Rochel (2000). "Domain specificity and variability in cognitive development". <i>Child Development</i>, 71, 4, 854 &#8211;856.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5485912&pid=S2011-0324201000010000400005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Karmiloff&#8211;Smith, Annette (1996). "El desarrollo tomado en serio". <i>M&aacute;s all&aacute; de la modularidad. La ciencia cognitiva desde la perspectiva del desarrollo. Cap&iacute;tulo 1, 17&#8211;49</i>. Alianza, Madrid.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5485914&pid=S2011-0324201000010000400006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Luria, Aleksander Romanovich y Tsvetkova, L.S. (1981). <i>La resoluci&oacute;n de problemas y sus transtornos. </i>Fontanella, Barcelona.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5485916&pid=S2011-0324201000010000400007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Orozco, Mariela; Ochoa, Solanlly y S&aacute;nchez, Hern&aacute;n (2001). <i>Pr&aacute;cticas culturales para la educaci&oacute;n de la ni&ntilde;ez. </i>Fundaci&oacute;n Antonio Restrepo Barco, Bogot&aacute;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5485918&pid=S2011-0324201000010000400008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Ot&aacute;lora, Yenny (2007). "Espacios educativos significativos para la educaci&oacute;n en la infancia". En Yenny Ot&aacute;lora & Marlenny Guevara (comps.) <i>Recuperando y Significando Ando. Pr&aacute;cticas Culturales para la Comprensi&oacute;n y Promoci&oacute;n del Desarrollo Infantil.</i> Artes Gr&aacute;ficas del Valle, Cali.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5485920&pid=S2011-0324201000010000400009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Ot&aacute;lora, Yenny (2009).<i> An&aacute;lisis de tareas como estrategia metodol&oacute;gica para acceder a la cognici&oacute;n encubierta.</i> Centro de Investigaciones en Psicolog&iacute;a, Cognici&oacute;n y Cultura, Cali.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5485922&pid=S2011-0324201000010000400010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Ot&aacute;lora, Yenny y Guevara, Marlenny (2007). <i>Recuperando y Significando Ando. Pr&aacute;cticas Culturales para la Comprensi&oacute;n y Promoci&oacute;n del Desarrollo Infantil.</i> Artes Gr&aacute;ficas del Valle, Cali.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5485924&pid=S2011-0324201000010000400011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Puche&#8211;Navarro, Rebeca (2003). <i>El ni&ntilde;o que piensa y vuelve a pensar.</i> Artes Gr&aacute;ficas del Valle, Cali.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5485926&pid=S2011-0324201000010000400012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Newell, Allen y Simon, Herbert (1972).<i> Human Problem Solving. </i>Englewood Cliffs, Prentice&#8211;Hall, New Jersey.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5485928&pid=S2011-0324201000010000400013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Siegler, Robert (2007). "Cognitive variability". <i>Developmental Science</i>, 10, 1, 104&#8211;109.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5485930&pid=S2011-0324201000010000400014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Steffe, Leslie (1990). "C&oacute;mo construye el ni&ntilde;o la significaci&oacute;n de los t&eacute;rminos aritm&eacute;ticos". <i>Cuadernos de Psicolog&iacute;a</i>, 11, 1, 107&#8211;162.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5485932&pid=S2011-0324201000010000400015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Stone, Martha (1999). "&iquest;Qu&eacute; es la ense&ntilde;anza para la comprensi&oacute;n?". En <i>La ense&ntilde;anza para la comprensi&oacute;n, Cap&iacute;tulo 3, 95&#8211;126</i>. Paid&oacute;s, Buenos Aires.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5485934&pid=S2011-0324201000010000400016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p> </font>      ]]></body><back>
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