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</front><body><![CDATA[  <font size="2" face="Verdana">      <p>    <center><font size="4"><b>El arte de la prudencia</b></font></center></p>     <p>    <center><b><font size="3">The art of prudence</font></b></center></p>     <p>    <center>Jos&eacute; Edmar Real P&eacute;rez, MD<sup>(1)</sup></center></p>     <p><sup>(1)</sup> Cirujano General. Hospital General de Barranquilla, Barranquilla, Colombia.</p>     <p><b>Correspondencia</b>: Jos&eacute; Edmar Real P&eacute;rez, MD, Barranquilla,    Colombia. <a href="mailto:josereal@telesat.com.co">josereal@telesat.com.co</a></p>     <p>Fecha de recibo: Enero 12 de 2005. Fecha de aprobaci&oacute;n: Febrero 15 de    2005.</p> <hr size=1>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> Hay libros de cabecera y libros que nos traen de cabeza. Los primeros sirven    para dormir. Los otros, para permanecer despiertos. Y entre estos &uacute;ltimos    suelo tener siempre a mano El or&aacute;culo manual y arte de prudencia, de    Baltasar Graci&aacute;n (1601-1658). Jesuita, espa&ntilde;ol e inconformista    (nunca permiti&oacute; que la Compa&ntilde;&iacute;a le censurara sus obras),    Graci&aacute;n es uno de los cl&aacute;sicos menos divulgados de nuestra lengua,    pero quiz&aacute;s uno de los m&aacute;s citados debido a su c&eacute;lebre    dicho &#8220;lo bueno, si breve, dos veces bueno&#8221;. De ah&iacute; mi sorpresa    al descubrir que una versi&oacute;n en ingl&eacute;s del Or&aacute;culo, editada    por Double-day, ha tenido en Estados Unidos un gran &eacute;xito de ventas.</p>     <p>Ensalzada por Nietzsche y Schopenhauer, comparada con El Pr&iacute;ncipe, de    Maquiavelo, y El arte de la guerra de Sun Tz&uacute;, The Art of Wordly Wisdom,    t&iacute;tulo con que se ha traducido al ingl&eacute;s, merece esos elogios    con justicia. El bien decir de Graci&aacute;n s&oacute;lo es equiparable a su    talento, el cual brilla con singular esplendor en este inventario de m&aacute;ximas    donde casa &#8220;lo espacioso con lo sentencioso&#8221;.</p>     <p>Existe una raz&oacute;n, me sospecho, para que la obra haya tenido tan buena    acogida. Y es que, pese a contar m&aacute;s de trescientos a&ntilde;os, su visi&oacute;n    de la vida humana pareciera ser de este siglo. El mundo es un enga&ntilde;o,    viene a decir Graci&aacute;n, y todo hombre sagaz debe descubrir la verdad entre    las mentiras que lo disfrazan. Tambi&eacute;n ha de ser astuto y realista y    saber acomodarse al mundo mediante el sabio uso de la prudencia que, en nuestro    autor, es arte antes que virtud.</p>     <p>Graci&aacute;n desea llevar al hombre com&uacute;n la &eacute;tica del hombre    culto, democratizarla y divulgarla, aunque no hacerla vulgar. Graci&aacute;n    no cree en el milagro, ni en la fortuna, ni en las utop&iacute;as, ni en la    moral meliflua del predicador, ni en la divina intervenci&oacute;n a favor del    justo. Cree en las tretas del tah&uacute;r y en la persona capaz de alzarse    por encima de sus carencias e ignorancias. &iquest;C&oacute;mo? Con el saber.    Nuestro destino es el conocimiento, decimos hoy. Y, tambi&eacute;n, saber es    poder. Pero Graci&aacute;n subraya que saber vivir es el verdadero saber y que    es tan corta la vida que no se vive si no se sabe.</p>     <p>El conceptismo de nuestro autor, empero, hace de esta obra un texto a rato    dif&iacute;cil de leer. Tal es la raz&oacute;n por la que me he tomado la libertad    de retocar e hilvanar en un espa&ntilde;ol m&aacute;s contempor&aacute;neo algunas    de sus sentencias, las cuales traigo aqu&iacute; como muestra de est&eacute;tica    que Graci&aacute;n deseaba para el hombre de su siglo y que muchos desear&iacute;amos    para el del nuestro.</p>     <p>&#8220;Todo es malo o todo es bueno seg&uacute;n votos. Por eso hay que saber    adaptarse. Con el santo, santo. Con el docto, docto. He ah&iacute; el arte de    ganarse a los dem&aacute;s, pues la semejanza atrae la benevolencia&#8221;.</p>     <p>Adaptarnos a nuestro tiempo es vencerlo. O como dice el pol&iacute;tico, antes    loco con todos que cuerdo a solas. A veces, el mayor saber es aceptar no saber.    Y como los ignorantes son m&aacute;s, trata de seguirles la corriente para que,    en tu cordura, no seas tomado por loco. De manera que, si no puedes llevar la    piel del le&oacute;n, ponte la del zorro.</p>     <p>&#8220;Y no act&uacute;es siempre igual. As&iacute; confundir&aacute;s a tus    rivales. &iquest;O no es m&aacute;s f&aacute;cil matar al ave de vuelo seguido    que a la que lo tuerce y lo cambia? Con todo, procura jugar siempre limpio.    Y s&eacute; generoso. Vencer con indignidad no es victoria&#8221;. </p>     <p>&#8220;Procura ser persona de amplio saber. La variedad entretiene la vida,    nos hace felices y traslada este placer a los amigos. Y ten trato con quien    puedas aprender. Haz de estas personas tus maestros y une lo &uacute;til del    aprendizaje al gusto de la conversaci&oacute;n. Pero recuerda que sin valor    todo saber es est&eacute;ril y que un grano de audacia en todo es gran cordura.    Deja, por tanto, pasar la primera intenci&oacute;n y espera la segunda, y aun    la tercera, pues tanto importa una elegante retirada como una valiente acometida&#8221;.</p>     <p>&#8220;La esperanza es una gran falsificadora de la verdad. De ah&iacute; que    la cordura deba corregirla procurando que el goce de la realidad sea siempre    superior al del deseo. Pero has de saber esperar, sin que la pasi&oacute;n ni    las prisas te aturdan&#8221;.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&#8220;Recuerda que no basta con tener cualidades. Tambi&eacute;n hay que hacerlas    valer. El mundo juzga las cosas por fuera y, de resultas, las cosas no son por    lo que son, sino por lo que aparentan. Valer y saber mostrarlo vale por tanto    dos veces, pues aquello que no se ve es como si no existiese&#8221;.</p>     <p>&#8220;No mientas. Pero tampoco digas toda la verdad. No hay cosa que requiera    m&aacute;s tiempo que la verdad, que es un sangrarse el coraz&oacute;n. Por    ello, tan necesario es saberla decir como saberla callar&#8221;. </p>     <p>&#8220;Y no creas siempre lo que te digan. Siendo ordinario el mentir, sea    extraordinario el creer. Y act&uacute;a siempre con prudencia. Las cosas que    se han de hacer no se han de decir. Procura, en suma, ser sabio en los dichos,    pero a&uacute;n m&aacute;s cuerdo en los hechos&#8221;.</p>     <p>&#8220;Sigue tu intuici&oacute;n, tus buenos repentes. Hay quienes piensan    mucho y lo yerran todo. En cambio hay otros que lo aciertan todo sin pensarlo    mucho. La mala ejecuci&oacute;n hace menos da&ntilde;o que la indecisi&oacute;n.    Y sigue en todo la regla del maestro (se refiere a Ignacio de Loyola): Procura    los medios humanos como si no existiesen los divinos, y los divinos, como si    no existiesen los humanos&#8221;.</p>     <p>&#8220;Aprende a escuchar. No puede ser entendido quien no es buen entendedor.    Y s&eacute; diestro en otorgar y en negar. A veces un NO elegante satisface    m&aacute;s que un S&Iacute; a secas&#8221;.</p>     <p>&#8220;S&eacute; inteligente y, a la vez, diligente. La diligencia debe ejecutar    aprisa lo que la inteligencia discurre despacio&#8221;.</p>     <p>&#8220;Y no esperes a ser sol que se pone. Es consejo de cuerdos dejar las    cosas antes que &eacute;stas nos dejen. Como el tah&uacute;r, hay que retirarse    a tiempo&#8221;.</p>     <p>&#8220;Y no canses. Lo bueno, si breve, dos veces bueno. Y aun lo malo, si    poco, no tan malo. Dejar a los dem&aacute;s con la miel en los labios es treta    de buen gusto y regla para agradar&#8221;.</p>     <p>&#8220;No te pases&#8221;.    <br>   No me paso.</p> </font>      ]]></body>
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