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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Tumor neuroendocrino del intestino delgado: Reporte de un caso]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  <font size="2" face="Verdana">      <p><b> Comentario </b></p>     <p>       <center>     <font size="3"><b>Tumor neuroendocrino del intestino delgado    <br>     Reporte de un caso</b></font>   </center> </p>     <p>       <center>     Dr. &Aacute;lvaro P. Quintero Vega   </center> </p>     <p><b>Correspondencia</b>: &Aacute;lvaro P. Quintero Vega, MD. Medell&iacute;n,    Colombia. <a href="mailto:apqui47@yahoo.com.ar">apqui47@yahoo.com.ar</a></p> <hr size=1>     <p>Los tumores neuroendocrinos son un reto para el ejercicio m&eacute;dico en    su diagn&oacute;stico y manejo. Aunque en la &uacute;ltima d&eacute;cada se    ha avanzado bastante en cuanto al conocimiento de su gen&eacute;tica y biolog&iacute;a    molecular, a&uacute;n falta mucho para considerar que dominamos el tema y que    podemos ofrecer a los pacientes una detecci&oacute;n suficientemente temprana    que mejore las tasas de supervivencia. </p>     <p>En el caso que presentan los autores es evidente el diagn&oacute;stico tard&iacute;o,    caracter&iacute;stico en estas lesiones, en un paciente de sexo femenino en    la s&eacute;ptima d&eacute;cada de la vida, lo cual es una presentaci&oacute;n    com&uacute;n (1). Lo que no es com&uacute;n es tanto el tama&ntilde;o descomunal    de la lesi&oacute;n en el momento de la presentaci&oacute;n cl&iacute;nica (25x8x4    cm y 3 kilos de peso) sin dar s&iacute;ntomas previos, como la ausencia de met&aacute;stasis    hep&aacute;ticas en una neoplasia tan grande y el origen subepitelial de una    lesi&oacute;n neuroendocrina del intestino medio, caracterizadas por ser generalmente    de origen epitelial a excepci&oacute;n de las localizadas en el ap&eacute;ndice    cecal que tienden a ser subepiteliales (2). El tama&ntilde;o de esta lesi&oacute;n    es m&aacute;s frecuente en tumores neuroendocrinos del colon, los cuales se    presentan como lesiones de gran tama&ntilde;o, con compromiso ganglionar y hep&aacute;tico.  </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El enfoque inicial sigui&oacute; el algoritmo de masa abdominal con biopsia    percut&aacute;nea que report&oacute; carcinoma pobremente diferenciado con ant&iacute;geno    carcinoembrionario (ACE) elevado que sugiri&oacute; posible adenocarcinoma.    Sin embargo, hay que recordar que el ACE se encuentra elevado en cerca de dos    terceras partes de los tumores neuroendocrinos del intestino delgado (3).</p>     <p>El reporte de patolog&iacute;a mostr&oacute; un carcinoma neuroendocrino pobremente    diferenciado (de la estadificaci&oacute;n de Rindi y Capella (4), quienes clasifican    las lesiones neuroendocrinas como: a) tumor endocrino bien diferenciado,&nbsp;b)    carcinoma endocrino bien diferenciado, c) carcinoma endocrino pobremente diferenciado    (de c&eacute;lula peque&ntilde;a) y d) carcinoma mixto endocrino y exocrino),    con &aacute;reas de diferenciaci&oacute;n glandular compatibles con origen en    submucosa del intestino delgado que respeta la luz intestinal con extensi&oacute;n    a serosa del colon con invasi&oacute;n linf&aacute;tica extensa 55 de 56 ganglios    peritumorales en colon, 15 de 18 proximales al tumor y 20 de 22 distales al    tumor (90 de 96 ganglios positivos en el vaciamiento del colon) y 38 de 45 en    el intestino delgado. </p>     <p>El estudio histol&oacute;gico pobremente diferenciado requiri&oacute; an&aacute;lisis    inmunohistoqu&iacute;micos que mostraron positividad para sinaptofisina y cromogranina    (A?), los cuales junto a la enolasa espec&iacute;fica de neurona son comunes    a los tumores neuroendocrinos y estudio de citoqueratinas 7(CK 7) y 20 (CK 20)    positivo y negativo respectivamente, patr&oacute;n que muestran los tumores    pobremente diferenciados de seno (ductal y lobular), pulm&oacute;n (no de c&eacute;lula    peque&ntilde;a), ovario (seroso), endometrio, mesotelioma epitelial y timoma    (5).</p>     <p>De lo anterior se puede deducir que el vaciamiento ganglionar fue adecuado,    aunque seg&uacute;n lo descrito por los autores, el procedimiento consisti&oacute;    s&oacute;lo en resecci&oacute;n segmentaria de yeyuno y colon, cuando lo aconsejable    en estos casos es un vaciamiento ganglionar mesent&eacute;rico completo, lo    cual alivia los s&iacute;ntomas y, aun m&aacute;s importante, prolonga la supervivencia    (6-7). Esto se puede realizar en el mismo tiempo quir&uacute;rgico o programado    posteriormente, seg&uacute;n el reporte de patolog&iacute;a (6-7). No se refiere    tampoco si se buscaron lesiones tumorales sincr&oacute;nicas. A favor de los    autores est&aacute; el que no conoc&iacute;an el diagn&oacute;stico previamente.    Sin embargo, la gran cantidad de ganglios positivos sugiere que queda lesi&oacute;n    ganglionar residual importante en la paciente. El OctreoScan que se realiz&oacute;    es negativo, lo cual puede significar que no qued&oacute; lesi&oacute;n residual,    o que esta lesi&oacute;n pertenece al 10% de los pacientes que no detecta el    OctreoScan, o que la lesi&oacute;n no muestra receptores para somatostatina,    escenario que s&oacute;lo se evidencia en 20% de los tumores neuroendocrinos    (8).</p>     <p>Del patr&oacute;n glandular (los otros patrones histol&oacute;gicos son insular,    trabecular, indiferenciado y mixto) se debe decir que hay estudios que lo ubican    junto al indiferenciado como los de peor pron&oacute;stico y supervivencia (9).</p>     <p>La cirug&iacute;a es el &uacute;nico tratamiento que logra la curaci&oacute;n    del tumor. Para las lesiones del intestino delgado se aconseja la resecci&oacute;n    completa del tumor, vaciamiento ganglionar mesent&eacute;rico (10) y la colecistectom&iacute;a    en los pacientes que son candidatos para manejo bioterap&eacute;utico con octreotida    (11). Pero antes se requiere clasificar adecuadamente al paciente entre lesi&oacute;n    localizada, localmente avanzada con compromiso loco-regional y lesi&oacute;n    metast&aacute;sica. Si la lesi&oacute;n ya tiene met&aacute;stasis hep&aacute;ticas,    en un paciente buen candidato quir&uacute;rgico, sin enfermedad extrahep&aacute;tica    y con suficiente h&iacute;gado residual para una funci&oacute;n hep&aacute;tica    postoperatoria adecuada (es decir, compromiso de menos del 50% del h&iacute;gado),    se debe agregar resecci&oacute;n hep&aacute;tica con prop&oacute;sito curativo,    lo cual mejora la sintomatolog&iacute;a y la supervivencia (12). Incluso, una    resecci&oacute;n paliativa (donde m&aacute;s del 90% del compromiso hep&aacute;tico    es resecado) puede lograr estos objetivos, teniendo en cuenta que los tumores    neuroendocrinos son lesiones que producen s&iacute;ntomas espec&iacute;ficos    cuando tienen met&aacute;stasis y que son tumores de crecimiento lento, por    lo tanto una cirug&iacute;a de citorreducci&oacute;n (&#8220;debulking&#8221;)    puede ser beneficiosa para el paciente (13). aun en pacientes con lesiones irresecables    localizadas &uacute;nicamente en el h&iacute;gado, buenos candidatos quir&uacute;rgicos,    el trasplante hep&aacute;tico puede lograr la curaci&oacute;n completa y supervivencia    de hasta 70% a cinco a&ntilde;os y una tasa de recurrencia de 18% (14). </p>     <p>Es posible combinar la cirug&iacute;a con ablaci&oacute;n por radiofrecuencia,    crioterapia, embolizaci&oacute;n arterial hep&aacute;tica y quimoembolizaci&oacute;n,    aunque algunos prefieren usar estos procedimientos en pacientes que son inoperables    o irresecables (15-16).</p>     <p>El seguimiento postquir&uacute;rgico se inicia a los tres meses con historia    cl&iacute;nica, examen f&iacute;sico, marcadores tumorales y TAC o RNM. El diagn&oacute;stico    posterior se lleva a cabo cada seis meses los primeros tres a&ntilde;os y luego    cada a&ntilde;o, nuevamente con historia cl&iacute;nica, examen f&iacute;sico    y marcadores tumorales, realizando estudios de imaginolog&iacute;a con base    en la cl&iacute;nica (11).</p>     <p>El comportamiento de este tumor fue at&iacute;pico. Es un tumor neuroendocrino    de la clase de las neoplasias &#8220;no funcionales&#8221;, las cuales tienden    a ser m&aacute;s agresivas que las lesiones funcionales (es decir, producen    s&iacute;ntomas t&iacute;picos de la secreci&oacute;n de prote&iacute;nas o    aminas biol&oacute;gicamente activas) (17). Los tumores neuroendocrinos no funcionales    representan entre la tercera y la mitad de los tumores neuroendocrinos (17).    Esto conforma un cuadro a&uacute;n m&aacute;s raro de un tumor descomunal, neuroendocrino,    no funcional que adem&aacute;s no tiene met&aacute;stasis hep&aacute;ticas al    momento del diagn&oacute;stico. Por tanto, poco se puede decir acerca del pron&oacute;stico    de esta paciente, porque no ha sido de comportamiento t&iacute;pico. El patr&oacute;n    glandular, el tama&ntilde;o de la lesi&oacute;n, el ser no funcional y la posible    lesi&oacute;n ganglionar residual sugiere un pron&oacute;stico pobre, pero la    lesi&oacute;n aparentemente localizada puede aclarar el panorama para el pron&oacute;stico.    Aunque los factores de riesgo asociados con una tasa de supervivencia baja dependen    del tipo histol&oacute;gico, grado de diferenciaci&oacute;n, &iacute;ndice mit&oacute;tico,    KI-67&gt;10%, tama&ntilde;o del tumor (&gt;2 cm), profundidad, localizaci&oacute;n    del tumor, presencia de met&aacute;stasis ganglionares y hep&aacute;ticas y    edad mayor de 50 a&ntilde;os, los dos factores de riesgo que tienen m&aacute;s    peso estad&iacute;stico son el tama&ntilde;o del tumor y la presencia de met&aacute;stasis    (18).</p>     <p>&iquest;Qu&eacute; hacer con la paciente? Si fu&eacute;ramos muy academicistas    para precisar el diagn&oacute;stico y como estudio de seguimiento, deber&iacute;amos    solicitar cromogranina A y polip&eacute;ptido pancre&aacute;tico (PP) que son    los marcadores m&aacute;s &uacute;tiles en casos de tumores neuroendocrinos    no funcionales (17-19), aunque posiblemente a esta altura sus niveles ya han    bajado. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Aunque la paciente mostrada por los autores tal vez ya est&eacute; tratada    y no se beneficie de m&aacute;s esfuerzos terap&eacute;uticos m&eacute;dicos    o quir&uacute;rgicos, si fu&eacute;semos suspicaces pensando en lesi&oacute;n    tumoral residual o si hubiese quedado lesi&oacute;n macrosc&oacute;pica en la    paciente o en pacientes con una enfermedad tan avanzada que no se benefician    de la cirug&iacute;a, deber&iacute;amos pensar en manejos suplementarios como    la bioterapia o la quimioterapia. </p>     <p>Esta paciente no se puede manejar con an&aacute;logos de la somatostatina,    que han sido uno de los avances m&aacute;s significativos en este campo, porque    tenemos un OctreoScan negativo. </p>     <p>Tendr&iacute;amos que pensar en manejo con bioterapia con interfer&oacute;n    alfa (INF &plusmn;) o quimioterapia. &iquest;C&oacute;mo tomamos la decisi&oacute;n    de manejo? Bas&aacute;ndonos en las propiedades de crecimiento del tumor. Tumores    de proliferaci&oacute;n r&aacute;pida (KI-67 &gt;10%) se benefician de tratamiento    con quimioterapia y los de proliferaci&oacute;n lenta (KI-67 &lt;10%) se benefician    con INF &plusmn; (20). Normalmente los tumores neuroendocrinos del p&aacute;ncreas    y bronquios son lesiones de proliferaci&oacute;n r&aacute;pida y los de intestino    medio lenta (21), por lo que es posible que esta paciente se beneficiara de    manejo con interfer&oacute;n pegylado. Los resultados con &eacute;ste se&ntilde;alan    una tasa de respuesta bioqu&iacute;mica del 50% y una reducci&oacute;n de la    masa del 15% (21).</p>     <p>Las terapias radiactivas con an&aacute;logo de la somatostatina (In-111-DPTA-octreotida    y Y-90-DOTA-octreotida) en este momento no son de amplio uso, pero se han reportado    con ellas respuestas cl&iacute;nicas del tumor hasta de 30 y 40% (22). Faltan    a&uacute;n estudios grandes que aclaren sus indicaciones precisas. La radioterapia    es &uacute;til &uacute;nicamente en el manejo de met&aacute;stasis cerebrales,    compresi&oacute;n medular y en met&aacute;stasis &oacute;seas (23).</p>     <p>Como conclusi&oacute;n sobra decir la importancia de la sospecha cl&iacute;nica    en estos tumores; el estudio de marcadores como la cromogranina A ayuda en el    diagn&oacute;stico, pron&oacute;stico y como seguimiento; la necesidad de evaluaci&oacute;n    prequir&uacute;rgica lo m&aacute;s exacta posible de la lesi&oacute;n para lo    cual se debe hacer uso de todo el armamentario paracl&iacute;nico como endoscopia,    colonoscopia, TAC o RNM y OctreoScan; el valor de la cirug&iacute;a como el    &uacute;nico tratamiento curativo, paliativo o como reductor de tumor, y la    importancia de un manejo multidisciplinario en estos tumores. </p>     <p>Finalmente, quisiera repetir la opini&oacute;n de &Ouml;berg, quien considera    que el nombre de los tumores deber&iacute;a ser tumores neuroendocrinos del    tracto digestivo, reservando el t&eacute;rmino de tumores carcinoides &uacute;nicamente    para los del intestino medio que secretan grandes cantidades de serotonina (4).  </p>     <p>Felicito a los autores por la presentaci&oacute;n que hicieron y agradezco    a los editores de la Revista Colombiana de Cirug&iacute;a por invitarme a este    comentario. </p>     <p><font size="3"><b>Referencias</b></font></p>     <p>1. Modlin IM, Sandor A. An analysis of 8305 of carcinoid tumors. Cancer 1997;79:813  </p>     <p>2. Lundqvist M, Wilander E. A study of the histopathogenesis of carcinoid tumors    of the small intestine and appendix. Cancer 1987; 60: 201. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>3. Burke AP, Thomas RM, Elsayed AM, Sobin LH. Carcinoids of the jejunum and    ileum: an immunohistochemical and clinicopathologic study of 167 cases. Cancer    1997; 79: 1086. </p>     <p>4. &Ouml;berg K. Carcinoid tumors: molecular genetics, tumor biology, and update    of diagnosis and treatment. Curr Opin Oncol 2002; 14: 38. </p>     <p>5. Spitalnik P, di Sant&acute;agnese PA. The pathology of cancer. In Rubin    P, (editor) &#8220;Clinical oncology. A multidisciplinary approach for physicians    and students&#8221; Chap 3. 8th ed.. WB Saunders Company, 2001. </p>     <p>6. Ohrvall U, Eriksson B, Juhlin C, Karacagil S, Rastad J, Hellman P, Akerstrom    G. Method for dissection for mesenteric metastases in midgut carcinoid tumors.    World J Surg 2000; 26: 998. </p>     <p>7. Soreide O, Berstad T, Bakka A, Schrumpf P, Hanssen Le, Engh V, Bergan A,    et al. Surgical treatment as a principle in patients with advanced in abdominal    carcinoid tumors. Surgery 1992; 111: 48. </p>     <p>8. Soga J, Tazawa K. Pathologic analysis of carcinoids: histologic reevaluation    of 62 cases. Cancer 1971; 28: 990. </p>     <p>9. Johnson LA, Lavin PT, Moertel CG. Carcinoids: the prognostic effect of primary    site histologic type variations. J Surg Oncol 1986; 33: 81. </p>     <p>10. Sutton R, Doran HE, Williams EMI, Vora J, Vinjamuri S, et al. Surgery for    midgut surgery. Endocr Relat Cancer 2003; 10: 469. </p>     <p>11. Clark O, Ajani JA, Kulke M, Benson B, et al. Neuroendocrine tumors. In    &#8220;National Comprehensive Cancer Network. Clinical Practice Guidelines in    Oncology&#8221;, v. 1, 2005. </p>     <p>12. Touzios JG, Kiely JM, Pitt SC, Rilling WS, Quebbeman EJ, Wilson SD, Pitt    HA. Neuroendocrine hepatic metastases. Does aggressive management improve survival?    Ann Surg 2005; 241: 776. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>13. Sarmiento JM, Heywood G, Rubin J, Ilstrup DM, Nagorney DM, Que FG. Surgical    treatment of neuroendocrine metastases to the liver: a plea for resection to    increase survival. J Am Coll Surg 2003; 197: 29. </p>     <p>14. Le Treut PY, Delpero JR, Dousset B, Cherqui D, Segol P, Mantion G, et al.    Results of liver transplantation in the treatment of metastatic neuroendocrine    tumors. Ann Surg 1997; 225: 335. </p>     <p>15. Hellman P, Ladjevardi S, Skogseid B, Akerstrom G, Elvin A. Radiofrequency    tissue ablation using cooled tip for liver metastases of endocrine tumors. World    J Surg 2002; 26: 1052. </p>     <p>16. Venook AP. Embolization and chemoembolization therapy for neuroendocrine    tumors. Curr Opin Oncol 1999,11: 38. </p>     <p>17. &Ouml;berg K, Kvols M, Kaplin G, Fave D, de Herder W, Rindi G, et al. Consensus    report on the use of somatostatin analogs for the management of neuroendocrine    tumors of the gastroenteropancreatic system. Ann Oncol 2004; 15: 966. </p>     <p>18. Ramage JK, Davies AHG, Ardill JES, Caplin M, Sutton R, et al. Guidelines    for the management of gastroenteropancreatic neuroendocrine (including carcinoid)    tumors. Gut 2005; 54: 1. </p>     <p>19. Ardill JES, Eriksson B. The importance of measurement of circulating markers    in patients with neuroendocrine tumors of the pancreas and gut. Endocr Relat    Cancer 2003; 10: 459. </p>     <p>20. &Ouml;berg K. Management of neuroendocrine tumors. In Perry M, (editor)    &#8220;American Society of Clinical Oncology. Educational book&#8221;, 2002.  </p>     <p>21. &Ouml;berg K, Eriksson B. The role of interferons in the managements of    carcinoid tumors. Acta Oncol 1991; 30: 789. </p>     <p>22. Otte A, M&uuml;ller-Brand J, Dellos S, et al. Ytrim-90 labelled somatostatin    analogue for cancer treatment. Lancet 1998; 315: 417. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>23. Schnirer II, Yao JC, Ajani JA. Carcinoid. A comprehensive review. Acta    Oncol 2003; 7: 672. </p> </font>       ]]></body>
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