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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Manejo quirúrgico del reflujo gastroesofágico en la Universidad Nacional de Colombia, sede Bogotá]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[In our environment gastroesophageal reflux disease remains a problem that is managed medically, while surgical intervention is not fostered, especially by gastroenterologists. Patients are generally offered medical treatment, and the entity becomes chronic, while one could avoid the permanent prescription of medications with surgical intervention. This review is intended to indicate the manner for an early detection of patients with gastroesophageal reflux that can be benefitted from surgical correction.]]></p></abstract>
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<kwd lng="es"><![CDATA[reflujo gastroesofágico]]></kwd>
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</front><body><![CDATA[  <font size="2" face="Verdana">  <h3>    <center>Manejo quir&uacute;rgico del reflujo gastroesof&aacute;gico en la Universidad Nacional de Colombia, sede Bogot&aacute; </center></h3> <h4>    <center>Management of gastroesophageal reflux at Universidad Nacional de Colombia, Bogot&aacute; </center></h4>     <p>    <center>H&eacute;ctor Ren&eacute; Hazb&oacute;n<sup>1</sup>, Edgar Germ&ccedil;an Junca-Burgos<sup>2</sup></center></p>     <p><sup>1</sup> Profesor asociado, Cirug&iacute;a Laparosc&oacute;pica, Departamento de Cirug&iacute;a, Universidad Nacional de Colombia, Bogot&aacute;, D.C., Colombia     <br> <sup>2</sup> Instructor asociado, Cirug&iacute;a Gastrointestinal, Departamento de Cirug&iacute;a, Universidad Nacional de Colombia, Bogot&aacute;, D.C., Colombia</p>     <p><b>Correspondencia</b>: H&eacute;ctor Ren&eacute; Hazb&oacute;n Nieto, MD Correo electr&oacute;nico: <a href="emailto:hrhazbonn@unal.edu.co">hrhazbonn@unal.edu.co</a> Bogot&aacute;, Colombia.</p>     <p>Fecha de recibido: 6 mayo de 2011.  Fecha de aprobaci&oacute;n: 9 de agosto de 2011.</p> <hr size=1> <h4>Resumen </h4>     <p>La enfermedad por reflujo gastroesof&aacute;gico en nuestro medio es un problema que a&uacute;n sigue siendo manejado m&eacute;dicamente y la ayuda quir&uacute;rgica no est&aacute; siendo fomentada, principalmente por los gastroenter&oacute;logos cl&iacute;nicos. Se ofrece &uacute;nicamente el manejo m&eacute;dico y se torna un problema cr&oacute;nico que podr&iacute;a solucionarse, evitando la administraci&oacute;n permanente de medicamentos. Con esta revisi&oacute;n se busca indicar una manera eficaz para detectar al paciente con reflujo gastroesof&aacute;gico, que puede beneficiarse de la cirug&iacute;a para controlar su enfermedad.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Palabras clave: reflujo gastroesof&aacute;gico; esofagitis; monitorizaci&oacute;n del pH esof&aacute;gico; fundoplicaci&oacute;n; laparoscop&iacute;a.</p> <hr size=1> <h4>Abstract</h4>     <p>In our environment gastroesophageal reflux disease remains a problem that is managed medically, while surgical intervention is not fostered, especially by gastroenterologists. Patients are generally offered medical treatment, and the entity becomes chronic, while one could avoid the permanent prescription of medications with surgical intervention. This review is intended to indicate the manner for an early detection of patients with gastroesophageal reflux that can be benefitted from surgical correction.</p>     <p> Key words: gastroesophageal Reflux; esophagitis; esophageal pH monitoring; fundoplication; laparoscopy.</p> <hr size=1>  <h4>Introducci&oacute;n </h4>     <p>El Departamento de Cirug&iacute;a de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Colombia ha querido implementar un protocolo para evaluar el papel de la cirug&iacute;a antirreflujo en aquellos pacientes que se vuelven cr&oacute;nicos y en aquellos cuya calidad de vida se ve muy afectada. Para ello, se han llevado a cabo varias reuniones para analizar los factores que influyen en el fracaso del tratamiento m&eacute;dico y en el estilo de vida, para mejorar esta condici&oacute;n que cada d&iacute;a es m&aacute;s frecuente. Preocupa el acostumbramiento del paciente a limitaciones cada vez mayores en su diario vivir y ofrecer un procedimiento con baja morbilidad y efectividad comprobada a largo plazo, teniendo en cuenta el incremento de los casos en adolescentes <sup>1</sup>. </p>     <p>La enfermedad por reflujo gastroesof&aacute;gico en el mundo tiene una prevalencia muy alta <sup>2 </sup>y su tratamiento sigue siendo m&eacute;dico, con restricciones notorias en la calidad de vida, en una sociedad que hasta en estos aspectos exige a la poblaci&oacute;n, por las caracter&iacute;sticas de trabajo, sociales y costumbres culturales, estar libre de s&iacute;ntomas y sin restricciones en ninguno de esos aspectos.</p>     <p> La herramienta quir&uacute;rgica que ha hecho pensar nuevamente en tomar el liderazgo en el manejo de esta enfermedad es la laparoscopia con las t&eacute;cnicas m&iacute;nimamente invasivas que ya nos han brindado con el transcurso del tiempo la prueba de su efectividad<sup> 3</sup>, pero sobre todo, la pericia que como cirujanos se debe tener actualmente para que el &eacute;xito de esta t&eacute;cnica quir&uacute;rgica sea adecuada y reproducible. </p>     <p>El reto se centra en seleccionar adecuadamente al paciente para solucionar los s&iacute;ntomas que generan pro</p>     <p>blemas en su calidad de vida y que permanezca libre de ellos por largos periodos, como hoy lo demuestra la efectividad de la cirug&iacute;a en 90 a 95 % de los casos a los 10 a&ntilde;os. Para esto, es necesario aclarar los siguientes conceptos y t&eacute;rminos. </p> <h4>Definici&oacute;n </h4>     <p>La enfermedad por reflujo gastroesof&aacute;gico es una condici&oacute;n que se desarrolla cuando el reflujo del contenido g&aacute;strico o el alcalino causa s&iacute;ntomas molestos o complicaciones. El espectro de la enfermedad va desde s&iacute;ntomas sin lesiones visibles a la endoscopia convencional, pasa por esofagitis macrosc&oacute;pica y llega hasta la presencia de complicaciones como &uacute;lceras, estenosis y es&oacute;fago de Barrett <sup>4</sup>.</p>     <p> La enfermedad por reflujo gastroesof&aacute;gico puede diagnosticarse en la atenci&oacute;n primaria con base solamente en sus s&iacute;ntomas, pirosis y regurgitaci&oacute;n. Puede ser responsable del dolor tor&aacute;cico no cardiog&eacute;nico hasta en 50 % de los casos <sup>5,6</sup>. </p> <h4>S&iacute;ntomas</h4>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> T&iacute;picos. Se producen por el da&ntilde;o directo del reflujo &aacute;cido o el alcalino en la mucosa esof&aacute;gica (enfermedad erosiva). Son la pirosis, o agrieras, y la regurgitaci&oacute;n o sensaci&oacute;n de ascenso de l&iacute;quidos que pueden llegar hasta la orofaringe. </p>     <p>At&iacute;picos. Se producen por el da&ntilde;o ocasionado por el reflujo &aacute;cido o el alcalino a distancia del es&oacute;fago, como odinofagia, sinusitis, dolor de garganta matutino, ronquera matutina, resequedad en la boca, tos nocturna o problemas pulmonares intr&iacute;nsecos, como neumon&iacute;as, fibrosis pulmonar y asma. Tambi&eacute;n, las alteraciones &oacute;ticas, como la otitis media cr&oacute;nica, puede ser causada por reflujo gastroesof&aacute;gico <sup>7,8</sup>. </p> <h4>Diagn&oacute;stico </h4>     <p>Un m&eacute;todo diagn&oacute;stico &uacute;til para detectar los signos de enfermedades producidas por reflujo gastroesof&aacute;gico, es la endoscopia de v&iacute;as digestivas altas, cuya pr&aacute;ctica es f&aacute;cil y, sobre todo, est&aacute; disponible cada vez m&aacute;s frecuentemente <sup>9</sup>. Sin embargo, con este examen s&oacute;lo se detectan los efectos causados por la agresi&oacute;n de los fluidos que componen el reflujo gastroesof&aacute;gico, pero no se diagnostica la causa exacta, as&iacute; se den hallazgos como una gran hernia hiatal <sup>10</sup>. La informaci&oacute;n aportada por la endoscopia suele ser tambi&eacute;n muy limitada y limitarse a aclarar la causa del reflujo. Por ejemplo, no muestra si hay lesiones en la orofaringe y las cuerdas vocales. En este examen, los hallazgos positivos resultan tan importantes como los negativos. </p>     <p>Hasta en el 60 % de los casos, la endoscopia de v&iacute;as digestivas altas es aparentemente normal en pacientes con s&iacute;ntomas atribuibles a enfermedad que no es por reflujo gastroesof&aacute;gico, en su variante no erosiva <sup>11</sup>. Los hallazgos que orientan al diagn&oacute;stico son las erosiones y las complicaciones asociadas, como ulceraci&oacute;n, estenosis o el es&oacute;fago de Barrett. </p>     <p>La endoscopia es obligatoria al iniciar el estudio de los pacientes con se&ntilde;ales de alarma, como disfagia, odinofagia, sangrado digestivo, anemia de causa no aclarada, p&eacute;rdida no explicada de peso, y es muy recomendable en aquellos con prueba terap&eacute;utica positiva y persistencia o progresi&oacute;n de la sintomatolog&iacute;a; tambi&eacute;n, lo es en pacientes inmunocomprometidos en quienes se deben descartar otras causas, con manifestaciones extraesof&aacute;gicas, con alteraciones en los estudios radiol&oacute;gicos y los que van a ser sometidos a procedimientos endosc&oacute;picos &ndash;por ejemplo, dilataci&oacute;n de estenosis&ndash; o quir&uacute;rgicos. Ante la sospecha de procesos infecciosos, premalignos o neopl&aacute;sicos, es imperativa la toma de biopsias. </p>     <p>Para disminuir las limitaciones de este m&eacute;todo diagn&oacute;stico, se han implementado algunas medidas como las siguientes <sup>12,13</sup>: </p>     <p>1. La cromoendoscopia es de especial inter&eacute;s en el es&oacute;fago de Barrett, para dirigir la toma de biopsias. </p>     <p>2. La toma de biopsias en el es&oacute;fago distal es &uacute;til en caso de reflujo no erosivo, cuyos hallazgos son poco espec&iacute;ficos. Sin embargo, a partir de 2004, un grupo internacional de pat&oacute;logos expertos (EsoHisto Project) retom&oacute; el estudio de este aspecto, considerando que en hasta dos terceras partes de los pacientes con enfermedad por reflujo gastroesof&aacute;gico no se observan alteraciones con la endoscopia convencional, pero s&iacute; tienen lesiones esof&aacute;gicas demostrables microsc&oacute;picamente. Se busca unificar criterios que sean de utilidad en la caracterizaci&oacute;n histol&oacute;gica de la enfermedad por reflujo gastroesof&aacute;gico.</p>     <p>1. La imagen de banda estrecha (Narrow Band Imaging, NBI) aumenta el contraste y permite visualizar erosiones microsc&oacute;picas, y el patr&oacute;n de los vasos subepiteliales y de la desembocadura de las gl&aacute;ndulas (pit pattern), con la ayuda de endoscopios de aumento. </p>     <p>El m&eacute;todo de referencia para diagnosticar el reflujo gastroesof&aacute;gico sigue siendo la acidimetr&iacute;a esof&aacute;gica, con la cual se puede establecer objetivamente cu&aacute;ntos episodios de reflujo &aacute;cido se presentan y definirlo como patol&oacute;gico <sup>14</sup>. Con la utilizaci&oacute;n de este m&eacute;todo se cambia el tratamiento en, aproximadamente, 50 % de los pacientes estudiados. En la actualidad, se cuenta con dos alternativas para su pr&aacute;ctica: el cat&eacute;ter de acidimetr&iacute;a y el sistema de c&aacute;psula inal&aacute;mbrica (Bravo). </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El sistema de monitorizaci&oacute;n con cat&eacute;ter ya est&aacute; m&aacute;s disponible y es menos costoso, aunque m&aacute;s molesto para el paciente. La monitorizaci&oacute;n dura alrededor de 24 horas y se hace por v&iacute;a naso-esof&aacute;gica, instalando el sensor 5 cm por encima del borde proximal del esf&iacute;nter esof&aacute;gico inferior. Fue descrito por Spencer, en 1969, pero s&oacute;lo hasta 1976 Johnson y DeMeester promulgaron los valores normales para la t&eacute;cnica. </p>     <p>La c&aacute;psula de Bravo se ancla a la mucosa 6 cm por encima del borde proximal del esf&iacute;nter esof&aacute;gico inferior y, por causar menos molestias, aparentemente permite una actividad esof&aacute;gica cercana a lo habitual, lo que incrementa la sensibilidad diagn&oacute;stica. Adem&aacute;s, en algunos casos se logra registrar hasta cuatro d&iacute;as continuos; algunos autores incluyen protocolos de registro sin tratamiento las primeras 48 horas y con tratamiento, los d&iacute;as 3 y 4. </p>     <p>Mediante estas dos t&eacute;cnicas se busca b&aacute;sicamente establecer si el es&oacute;fago distal est&aacute; expuesto al &aacute;cido en forma excesiva en comparaci&oacute;n con lo observado en individuos normales, y si los s&iacute;ntomas referidos corresponden en el tiempo con los episodios de reflujo gastroesof&aacute;gico.</p>     <p> El principal par&aacute;metro utilizado para considerar positivo el resultado, es el tiempo en que el pH permanece por debajo de 4. Para encontrar la asociaci&oacute;n entre el pH y los s&iacute;ntomas se han utilizado varios &iacute;ndices <sup>15</sup>: el &iacute;ndice de reflujo, descrito por Wiever, et al., en 1988; el &iacute;ndice de sensibilidad sintom&aacute;tica, y el an&aacute;lisis sintom&aacute;tico de probabilidad, propuesto por Weusten, et al., en 1994. </p>     <p>Se recomienda practicar la acidimetr&iacute;a en pacientes con s&iacute;ntomas de enfermedad por reflujo gastroesof&aacute;gico pero con malos resultados del tratamiento de prueba <sup>16</sup>, con endoscopia de v&iacute;as digestivas altas normal y aquellos que vayan a ser sometidos a procedimientos endosc&oacute;picos o quir&uacute;rgicos para el tratamiento del reflujo. Probablemente, su mayor potencial est&aacute; en pacientes que persisten sintom&aacute;ticos a pesar del uso de inhibidores de la bomba de protones. </p>     <p>Existe una limitaci&oacute;n y es que, en un alto porcentaje de estos pacientes, los s&iacute;ntomas se pueden producir con episodios de reflujo no &aacute;cido (pH mayor de 4,0) <sup>17</sup>. </p>     <p>Existen otros grupos adicionales de alteraci&oacute;n funcional, como los de es&oacute;fago hipersensible (acidimetr&iacute;a negativa pero &iacute;ndice sintom&aacute;tico positivo mayor de 50 %) con pirosis funcional. </p>     <p>La impedancio-acidimetr&iacute;a se invent&oacute; considerando las limitaciones en la medici&oacute;n del pH, especialmente en pacientes con tratamiento de supresi&oacute;n &aacute;cida. Permite caracterizar las propiedades f&iacute;sicas, qu&iacute;micas y la altura del material refluido, la presencia del bolo y su eliminaci&oacute;n. Un grupo de expertos reunidos en Porto generaron una clasificaci&oacute;n para la lectura unificada de resultados con impedancio-acidimetr&iacute;a 18. El reflujo puede ser &aacute;cido (pH menor de 4); d&eacute;bilmente &aacute;cido (pH de 4 a 7) o d&eacute;bilmente alcalino (pH mayor de 7). Los episodios pueden ser de reflujo l&iacute;quido (disminuye la impedancia), gaseoso (aumenta la impedancia) o mixto. Tambi&eacute;n, se considera el reflujo proximal, cuando se identifica material refluido a 15 cm por encima del esf&iacute;nter esof&aacute;gico inferior.</p>     <p> Los resultados de los estudios en pacientes bajo tratamiento con inhibidores de la bomba de protones, han demostrado que en 65% de ellos se controlan los s&iacute;ntomas con el tratamiento. En la mayor&iacute;a de quienes no mejoran con dicho tratamiento, existe una relaci&oacute;n demostrable entre los s&iacute;ntomas y el reflujo no &aacute;cido. A&uacute;n falta determinar si esta nueva metodolog&iacute;a diagn&oacute;stica puede ayudar hacer una mejor selecci&oacute;n de los pacientes resistentes al tratamiento m&eacute;dico que deben someterse al quir&uacute;rgico y a predecir sus resultados.</p> <h4>Gammagraf&iacute;a </h4>     <p>Es otro m&eacute;todo diagn&oacute;stico disponible y autorizado en el Plan Obligatorio de Salud (POS) de nuestro sistema de salud. Se utiliza en el estudio de episodios de reflujo y en la valoraci&oacute;n del vaciamiento g&aacute;strico. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Generalmente, para el estudio del reflujo se utilizan 300 ml de jugo de naranja marcado con radiois&oacute;topos. Se pueden utilizar maniobras para facilitar el reflujo. Su sensibilidad es de 15 a 59 % y su especificidad de 83 a 100 % <sup>19</sup>. Su principal limitaci&oacute;n est&aacute; en que no permite determinar la causa. Podr&iacute;a utilizarse como prueba de tamizaci&oacute;n en situaciones en las que se sabe que la endoscopia de las v&iacute;as digestivas altas es de poca utilidad diagn&oacute;stica, por ejemplo, cuando hay manifestaciones extraesof&aacute;gicas. Lamentablemente, este examen no est&aacute; entre las herramientas diagn&oacute;sticas del Plan Obligatorio de Salud. </p>     <p>Con el an&aacute;lisis retrospectivo de los hallazgos endosc&oacute;picos y su correlaci&oacute;n cl&iacute;nica, se puede lograr exactitud en el diagn&oacute;stico del paciente con enfermedad erosiva por reflujo grastroesof&aacute;gico, tanto proximal como distal, pero aqu&eacute;llos sin estas caracter&iacute;sticas y que sufren de reflujo gastroesof&aacute;gico quedan sin tratamiento.</p>     <p> Otros ex&aacute;menes necesarios para hacer el diagn&oacute;stico y tomar una decisi&oacute;n quir&uacute;rgica, pueden ser la manometr&iacute;a esof&aacute;gica, la cinerradiolog&iacute;a de v&iacute;as digestivas altas, la gammagraf&iacute;a esof&aacute;gica y otras pruebas que eval&uacute;en el vaciamiento g&aacute;strico <sup>20</sup>.</p>     <p> En este punto no hay consenso sobre cu&aacute;les son los ex&aacute;menes necesarios y suficientes para tomar de manera segura la decisi&oacute;n de intervenir quir&uacute;rgicamente a un paciente y es en lo cual se ha centrado el an&aacute;lisis <sup>21</sup>. </p>     <p>Por estas dificultades, se decidi&oacute; analizar diferentes trabajos para lograr un orden en la toma de decisiones respecto a las pruebas diagn&oacute;sticas y poder detectar los pacientes en los que la cirug&iacute;a brinda un buen resultado. </p>     <p>Dicho an&aacute;lisis nos llev&oacute; a hacer &eacute;nfasis en cinco preguntas esenciales en el estudio de los casos de reflujo gastroesof&aacute;gico: </p>     <p>1. El es&oacute;fago causante del problema de reflujo, &iquest;es por un trastorno de la motilidad o por incompetencia del tono del esf&iacute;nter esof&aacute;gico inferior? </p>     <p>2. &iquest;Hay un trastorno de la motilidad g&aacute;strica que dificulte la evacuaci&oacute;n del contenido g&aacute;strico al resto del tubo digestivo? </p>     <p>3. &iquest;Es la causa del reflujo una combinaci&oacute;n de los dos factores anteriores? </p>     <p>4. &iquest;Cu&aacute;l es la t&eacute;cnica quir&uacute;rgica adecuada para el paciente? </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>5. &iquest;Existen otros factores que ocasionen los s&iacute;ntomas? Para dilucidar estos interrogantes, se analizaron varios trabajos que ilustran la complejidad de la motilidad del tubo digestivo y, lamentablemente, no se obtuvo una soluci&oacute;n &uacute;nica y sencilla para tomar la decisi&oacute;n.</p>     <p> Para entender el aspecto de la motilidad esof&aacute;gica, hemos seleccionado el art&iacute;culo de Ozin, et al., publicado en el World Journal of Gastroenterology <sup>22</sup>. En un grupo de 550 pacientes con s&iacute;ntomas de enfermedad por reflujo gastroesof&aacute;gico, se encontr&oacute; que 43,8 % presentaba reflujo gastroesof&aacute;gico proximal y distal, 17,6 % presentaba s&oacute;lo reflujo distal y 12,7 % presentaba s&oacute;lo reflujo proximal; adem&aacute;s, 7,6 % presentaba es&oacute;fago hipersensible (acidimetr&iacute;a negativa con &iacute;ndices sintom&aacute;ticos positivos para reflujo &aacute;cido o no &aacute;cido) y en 18,2 % (n=100) la endoscopia fue normal y no presentaba s&iacute;ntomas. </p>     <p>A todos los pacientes se les practic&oacute; acidimetr&iacute;a de 24 horas y manometr&iacute;a para evaluar los resultados y compararlos con los hallazgos endosc&oacute;picos, y determinar si los s&iacute;ntomas se correlacionan con dichos resultados. </p>     <p>En este art&iacute;culo se demuestra que de 20 a 50% de los pacientes con enfermedad por reflujo gastroesof&aacute;gico presenta motilidad esof&aacute;gica inefectiva, caracterizada por contracciones del cuerpo esof&aacute;gico de amplitud menor de 30 mm de Hg, o un porcentaje mayor de 30 % de falta de transmisi&oacute;n de las ondas perist&aacute;lticas con el inicio de la degluci&oacute;n de saliva. </p>     <p>La motilidad esof&aacute;gica inefectiva tiene mayor prevalencia en los pacientes con reflujo proximal aislado y reflujo asociado a s&iacute;ntomas respiratorios. </p>     <p>No hubo diferencias en la amplitud de las contracciones del cuerpo esof&aacute;gico entre los pacientes con reflujo distal aislado y los sanos, pero s&iacute; en la presi&oacute;n del esf&iacute;nter esof&aacute;gico inferior, la cual fue m&aacute;s baja en el primer grupo.</p>     <p> La enfermedad erosiva por reflujo, es decir, aquella en la que se encuentra alg&uacute;n grado de esofagitis, s&iacute; predispone a trastornos de la motilidad esof&aacute;gica y genera desde disminuci&oacute;n de la amplitud de las contracciones del cuerpo esof&aacute;gico hasta ausencia de movimientos perist&aacute;lticos, en 20 % de pacientes con esofagitis de grado B y en 50 % de aquellos con esofagitis de grado C y D. </p>     <p>Frazzoni, et al. <sup>23</sup>, analizaron los efectos de diferentes grados de esofagitis sobre la motilidad y, en forma similar, encontraron que el promedio de la amplitud de las contracciones del cuerpo esof&aacute;gico es menor en los casos de esofagitis complicada y enfermedad erosiva por reflujo, que en aquellos sin enfermedad no erosiva por reflujo. Adem&aacute;s, no encontraron mayores diferencias en los diferentes grupos respecto a la tonicidad del esf&iacute;nter esof&aacute;gico inferior. </p>     <p>Lemme, et al. <sup>24</sup>, estudiaron 110 pacientes con enfermedad por reflujo gastroesof&aacute;gico, 70 con la forma erosiva y 40 con la no erosiva, y no encontraron diferencias en el n&uacute;mero de contracciones de baja amplitud en el cuerpo esof&aacute;gico. Concluyeron que la inefectividad de la motilidad esof&aacute;gica por s&iacute; sola no es un prerrequisito para desarrollar esofagitis.</p>     <p> Otro grupo encabezado por Martinek (2008) <sup>25</sup>, evalu&oacute; 110 pacientes con enfermedad no erosiva por reflujo, 77 moderada y 33 grave, y 99 pacientes sanos. La acidimetr&iacute;a y la manometr&iacute;a esof&aacute;gicas no mostraron diferencias significativas en la presi&oacute;n del esf&iacute;nter esof&aacute;gico inferior y la presencia de inefectividad de la motilidad del es&oacute;fago, entre los grupos de enfermedad erosiva y no erosiva <sup>25,26</sup>. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Todos estos autores concluyeron que deben existir otros factores asociados, como gen&eacute;ticos, de defensa de la mucosa y de depuraci&oacute;n del &aacute;cido, que influyen en la sensibilidad para desarrollar enfermedad erosiva por reflujo gastroesof&aacute;gico. Estos resultados ponen de manifiesto que los trastornos de la motilidad esof&aacute;gica pueden no ser la causa del reflujo, sino s&oacute;lo una consecuencia del mismo. </p>     <p>Se analiz&oacute; tambi&eacute;n el estudio de Anish, et al. <sup>27</sup>, quienes presentaron una casu&iacute;stica de 46 casos de cirug&iacute;a antirreflujo de tipo Nissen por laparoscopia. Operaron los pacientes sin manometr&iacute;a ni calibraci&oacute;n esof&aacute;gica y encontraron s&oacute;lo un caso de afagia que necesit&oacute; una fundiplicatura parcial de tipo Toupet, dos d&iacute;as despu&eacute;s de la operaci&oacute;n inicial de Nissen. Se trat&oacute; de un grupo de 44 pacientes, 29 con hernia hiatal entre 3 y 5 cm de tama&ntilde;o, 4 con estenosis p&eacute;ptica y dilataciones previas, 9 con hernia hiatal complicada con hernia paraesof&aacute;gica o con hernia hiatal gigante, y 2 con es&oacute;fago de Barrett.</p>     <p> En todos los casos se practic&oacute; endoscopia de v&iacute;as digestivas altas y, s&oacute;lo en uno acidimetr&iacute;a, por tener s&iacute;ntomas de reflujo gastroesof&aacute;gico, aunque su endoscopia fue normal. Estos autores concluyeron que, aun en pacientes con hernia hiatal &ndash;que la mayor&iacute;a presentaba&ndash;, no se necesita practicar previamente la manometr&iacute;a de rutina para decidir qu&eacute; tipo de procedimiento utilizar 27. </p>     <p>Lamentablemente, no aclararon las causas de la nueva intervenci&oacute;n del paciente que requiri&oacute; una cirug&iacute;a de 270 grados: si experimentaba un problema motor primario antes de la cirug&iacute;a o si la causa de su importante disfagia fue la t&eacute;cnica quir&uacute;rgica utilizada. </p>     <p>Haack, et al. <sup>28</sup>, tambi&eacute;n evaluaron el papel de la motricidad esof&aacute;gica en la producci&oacute;n del reflujo. Estudiaron 100 pacientes con motilidad esof&aacute;gica inefectiva y 100 pacientes control y concluyeron que no exist&iacute;an diferencias significativas entre edad, sexo, prevalencia de dolor tor&aacute;cico y exposici&oacute;n al &aacute;cido, y los s&iacute;ntomas de reflujo gastroesof&aacute;gico, al comparar entre s&iacute; los pacientes con motilidad esof&aacute;gica inefectiva o al comparar estos pacientes con controles normales. Coinciden con los autores mencionados previamente, en que deben existir otros factores adicionales para la aparici&oacute;n de esofagitis y que la alteraci&oacute;n de la motilidad por s&iacute; sola no es una causa principal.</p>     <p> Se puede concluir que la manometr&iacute;a es un elemento importante para aclarar los trastornos de la motilidad esof&aacute;gica y evaluar el gradiente de presi&oacute;n del esf&iacute;nter esof&aacute;gico inferior, pero no debe practicarse de rutina en todo paciente que vaya a ser sometido a una cirug&iacute;a antirreflujo, a menos que presente alguna enfermedad del col&aacute;geno o autoinmunitaria que produzca problemas serios de la motilidad esof&aacute;gica, como el s&iacute;ndrome de Sj&ouml;gren, lupus eritematoso sist&eacute;mico o esclerodermia, o un trastorno del metabolismo de la gl&aacute;ndula tiroides, sea hipotiroidismo o hipertiroidismo. Tambi&eacute;n, debe practicarse en quienes refieran disfagia importante durante la anamnesis y si se sospecha un trastorno primario de la motilidad esof&aacute;gica que amerite descartar acalasia o espasmo esof&aacute;gico difuso. </p>     <p>El hecho de detectar un trastorno de la motilidad no obliga a cambiar la decisi&oacute;n de practicar una fundiplicatura completa en lugar de una incompleta, ante la sospecha de que el trastorno motor esof&aacute;gico pueda ser secundario al reflujo y no su causa. Se excluyen de este concepto los trastornos motores primarios, como la acalasia, cuyo tratamiento es la fundiplicatura parcial. </p>     <p>Ahora consideremos el vaciamiento g&aacute;strico y la dispepsia funcional, para evaluar estos componentes dentro del problema del reflujo gastroesof&aacute;gico<sup> 29,30,31</sup>. Cuando el alimento entra en el est&oacute;mago, se genera un reflejo vasovagal mediado por el &oacute;xido n&iacute;trico y el p&eacute;ptido intestinal vasoactivo (Vasoactive Intestinal Peptide, VIP), con el fin de permitir el ingreso del alimento sin que se incremente la presi&oacute;n intrag&aacute;strica. A medida que se distiende la pared g&aacute;strica, principalmente en la zona distal del est&oacute;mago, se comienzan a generar fen&oacute;menos fisiol&oacute;gicos que involucran la sensaci&oacute;n de saciedad. </p>     <p>En condiciones normales, el est&oacute;mago entrega al intestino proximal una cantidad aproximada de 200 kcal por hora y se generan contracciones lentas, que se tornan m&aacute;s fuertes con el cierre sincr&oacute;nico del p&iacute;loro, para mezclar y triturar el alimento y convertirlo en quimo <sup>32</sup>. </p>     <p>Inicialmente, durante el vaciamiento temprano de l&iacute;quidos, el p&iacute;loro presenta una apertura parcial que permite el paso de part&iacute;culas con un tama&ntilde;o de 2 a 3 mm. Por este efecto f&iacute;sico, la cantidad de contenido g&aacute;strico que pasa por el p&iacute;loro depende del volumen ingerido, la solubilidad, la cantidad de l&iacute;quido ingerido, la cantidad de &aacute;cido secretada, y el grado de mezcla y trituraci&oacute;n alcanzado. El tiempo m&aacute;ximo de vaciamiento o de actividad &quot;posprandial&quot; es de 120 minutos. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La fase III del complejo motor migratorio, que tiene una duraci&oacute;n de unos 10 minutos y cuya funci&oacute;n principal es la de evacuar todo el contenido g&aacute;strico que ha quedado residual manteniendo relajado permanentemente el p&iacute;loro para esta funci&oacute;n, permanece a pesar de la secci&oacute;n de los nervios vagos y del plexo visceral. </p>     <p>Tambi&eacute;n, existen mecanismos fisiol&oacute;gicos que inhiben el vaciamiento g&aacute;strico; por ejemplo, el incremento desmedido del paso al duodeno de contenido g&aacute;strico que no puede ser digerido adecuadamente, genera un impulso nervioso ent&eacute;rico que inhibe el vaciamiento. </p>     <p>Los factores m&aacute;s importantes que producen los reflejos que inhiben el vaciamiento g&aacute;strico, son: </p>     <p>&bull; el grado de distensi&oacute;n duodenal; </p>     <p>&bull; la irritaci&oacute;n de alg&uacute;n grado de la mucosa duodenal; </p>     <p>&bull; el grado de acidez y la osmolaridad del quimo; </p>     <p>&bull; la presencia de subproductos de la digesti&oacute;n de prote&iacute;nas y grasas, y </p>     <p>&bull; la colecistocinina, la secretina y el p&eacute;ptido inhibidor g&aacute;strico. </p>     <p>En la fisiopatolog&iacute;a de este proceso se conoce el t&eacute;rmino de &quot;gastroparesia&quot;, que consiste en el trastorno de la evacuaci&oacute;n g&aacute;strica sin que exista un mecanismo obstructivo. Sus s&iacute;ntomas son plenitud &quot;posprandial&quot;, llenura precoz, n&aacute;useas y v&oacute;mito; se producen por la dificultad para el vaciamiento g&aacute;strico de s&oacute;lidos, por problemas neurop&aacute;ticos, producidos por la vagotom&iacute;a, o miop&aacute;ticos, debidos a diabetes o esclerodermia. En la poblaci&oacute;n normal se encuentra una prevalencia de 4 % <sup>33</sup>, que se incrementa hasta 30 a 50 % en pacientes diab&eacute;ticos. </p>     <p>La gastroparesia es idiop&aacute;tica en 36 % de los casos. Otras causas de gastroparesia son: diabetes mellitus (29 %); intervenciones quir&uacute;rgicas, como vagotom&iacute;a, cirug&iacute;a bari&aacute;trica o cirug&iacute;a antirreflujo por disfunci&oacute;n motora g&aacute;strica (13 %); enfermedad de Parkinson (7,5 %); enfermedades del col&aacute;geno; enfermedades metab&oacute;licas, como hipertiroidismo, paratiroidismo e insuficiencia suprarrenal; bulimia nerviosa y anorexia; manifestaciones paraneopl&aacute;sicas por c&aacute;ncer de es&oacute;fago, est&oacute;mago, mama, pulm&oacute;n o p&aacute;ncreas (raros); pancreatitis cr&oacute;nica; estre&ntilde;imiento primario (19 %). </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Hay controversia sobre si <i>Helicobacter pylori</i> la puede causar <sup>34</sup>, al igual que otras infecciones virales. </p>     <p>Hay reportes de asociaci&oacute;n de la gastroparesia con reflujo gastroesof&aacute;gico, hasta en 10 a 40 % de los casos.</p>     <p>El diagn&oacute;stico objetivo de la gastroparesia se hace con la gammagraf&iacute;a, con comida s&oacute;lida marcada con un radiois&oacute;topo como el tecnecio 99. Se considera positiva para gastroparesia cuando hay retenci&oacute;n de 60 % del medio a las 2 horas o de 10 % a las 4 horas despu&eacute;s de la ingesti&oacute;n. </p>     <p>En los pacientes con enfermedad por reflujo gastroesof&aacute;gico y otras condiciones que pueden retardar el vaciamiento g&aacute;strico, se debe practicar esta prueba para evaluar este &uacute;ltimo. La cirug&iacute;a antirreflujo puede no tener el &eacute;xito esperado si hay retardo del vaciamiento del est&oacute;mago, el cual agrava el reflujo gastroesof&aacute;gico. Cuando se comprueba, se debe adicionar el tratamiento farmacol&oacute;gico al quir&uacute;rgico o, si hay erosi&oacute;n por reflujo, agregar alg&uacute;n procedimiento quir&uacute;rgico que facilite el vaciamiento g&aacute;strico, como una piloroplastia.</p>     <p> Es necesario resolver algunas inquietudes sobre la necesidad de la acidimetr&iacute;a esof&aacute;gica en los pacientes aquejados por reflujo gastroesof&aacute;gico. Actualmente, la acidimetr&iacute;a es la prueba est&aacute;ndar para dilucidar si una persona tiene reflujo &aacute;cido o alcalino, y si &eacute;ste es el causante de los s&iacute;ntomas de la enfermedad y de los hallazgos endosc&oacute;picos<sup> 35,36</sup>. </p>     <p>Sin embargo, &uacute;ltimamente se ha hecho &eacute;nfasis en este examen para aquellos pacientes con enfermedad no erosiva por reflujo gastroesof&aacute;gico o con hallazgos endosc&oacute;picos normales en la uni&oacute;n gastroesof&aacute;gica <sup>37</sup>. Muchos equipos de trabajo han tratado de optimizar los resultados de la acidimetr&iacute;a <sup>38-43</sup> y de correlacionarlos con los s&iacute;ntomas del reflujo, colocando los sensores convencionales a diferentes alturas del esf&iacute;nter esof&aacute;gico inferior o fijando c&aacute;psulas en la mucosa esof&aacute;gica para monitorizaci&oacute;n inal&aacute;mbrica. No obstante, no se ha logrado una correlaci&oacute;n exacta ni establecer cu&aacute;l es la altura ideal para evaluar los episodios de reflujo &aacute;cido y biliar, aunque se estima que el sensor para el pH &aacute;cido debe estar a cinco cm de la uni&oacute;n cardioesof&aacute;gica. Adem&aacute;s, la sensibilidad de esta prueba en la enfermedad no erosiva no es tan buena como en la erosiva <sup>44,45</sup>. </p>     <p>Por estas razones, la recomendaci&oacute;n final es tomar esta prueba con sonda multicanal y, cuando el modelo del aparato permita hacerlo, fijarla a un cent&iacute;metro de distancia de la uni&oacute;n gastroesof&aacute;gica.</p>     <p> Estas variables se analizaron en la Facultad de Medicina y se pusieron a consideraci&oacute;n del grupo de cirujanos generales y gastrointestinales que practican los procedimientos antirreflujo. Se busc&oacute; establecer un algoritmo l&oacute;gico que no provocara una solicitud excesiva e innecesaria de ex&aacute;menes y, a su vez, evitara al m&aacute;ximo no detectar pacientes que realmente los requieran. Los objetivos eran no practicar cirug&iacute;as antirreflujo en pacientes que no las requieran y, adem&aacute;s, establecer el tipo de fundiplicatura apropiada, teniendo en cuenta que la t&eacute;cnica de 360 grados es la m&aacute;s efectiva <sup>3 </sup>cuando no hay un trastorno motor primario del es&oacute;fago o cuando se trata de un paciente pedi&aacute;trico. </p>     <p>En un estudio de Cuschieri, se compararon los resultados en 266 pacientes sometidos a fundiplicatura de tipo Nissen o fundiplicatura parcial de tipo Toupet, por por dos cirujanos expertos en laparoscopia, con seguimiento a seis a&ntilde;os. Lo interesante de este estudio es que la escogencia del procedimiento se hizo seg&uacute;n el gusto del cirujano en cada grupo, es decir, en un grupo se us&oacute; la fundiplicatura de 360 grados y, en el otro, la de 270 grados, sin tener en cuenta los s&iacute;ntomas del paciente. La disfagia posoperatoria fue similar en ambos grupos, a pesar de que casi la mitad de los pacientes presentaban s&iacute;ntomas de disfagia antes de la cirug&iacute;a, con presiones del esf&iacute;nter esof&aacute;gico inferior que variaban entre 12 y 15 mm de Hg. La conclusi&oacute;n fue que la mejor&iacute;a de los s&iacute;ntomas es mayor con la fundiplicatura completa que con la parcial, sin diferencias en la disfagia posoperatoria, aunque la fundiplicatura completa produjo m&aacute;s dificultad para eructar y para vomitar <sup>46</sup>. </p>     <p>Considerando lo anterior y teniendo en cuenta al paciente con la sintomatolog&iacute;a propia del reflujo gastroesof&aacute;gico, resulta l&oacute;gico iniciar el plan diagn&oacute;stico con la endoscopia de v&iacute;as digestivas altas, por su gran sensibilidad para detectar la esofagitis, para descartar alg&uacute;n proceso de origen neopl&aacute;sico, por su f&aacute;cil realizaci&oacute;n y por estar dentro del Plan Obligatorio de Salud. En estos pacientes con clara sintomatolog&iacute;a de reflujo, no consideramos necesaria la acidimetr&iacute;a. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Aproximadamente, 40 % de los pacientes con reflujo gastroesof&aacute;gico no presentan erosi&oacute;n mucosa y, por ende, requieren la acidimetr&iacute;a, como se estableci&oacute; en el algoritmo, la cual puede ser o no con impedancia para evaluar reflujo duodeno-pancre&aacute;tico. </p>     <p>En la evaluaci&oacute;n de la motilidad esof&aacute;gica y g&aacute;strica, se deben tener en cuenta los s&iacute;ntomas que refiere el paciente y los antecedentes de enfermedades asociadas, para luego practicar pruebas que permitan un adecuado tratamiento farmacol&oacute;gico, quir&uacute;rgico o ambos, de las alteraciones encontradas.</p>     <p> Por ello, en pacientes con diabetes y disfagia es prudente incluir la manometr&iacute;a esof&aacute;gica y la gammagraf&iacute;a, para estudiar la evacuaci&oacute;n g&aacute;strica de s&oacute;lidos y l&iacute;quidos. Con la informaci&oacute;n obtenida se puede establecer acertadamente cual paciente debe someterse a cirug&iacute;a. </p>     <p>A continuaci&oacute;n se presenta el algoritmo que result&oacute; del ejercicio anteriormente expuesto y analizado (<a href="#figura1">figura 1</a>). </p>     <p>        <center>     <a name="figura1"></a>    <br>     <img src="img/revistas/rcci/v26n3/v26n3a6f1.jpg">   </center> </p>     <p>Finalmente, se presenta el formato para introducir los datos del paciente con reflujo gastroesof&aacute;gico y anexarlo a la historia cl&iacute;nica (figura 2).</p>     <p>        <center>     <a name="figura2"></a>    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>     <img src="img/revistas/rcci/v26n3/v26n3a6f2.jpg">   </center> </p> <h4>Bibliograf&iacute;a</h4>     <!-- ref --><p>1. Molano J, Pi&ntilde;eros S, L&oacute;pez C. Dispepsia y reflujo gastroesof&aacute;gico en adolescentes escolarizados. Revista Colombiana de Gastroenterolog&iacute;a. 2008;23:46-56. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000104&pid=S2011-7582201100030000600001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>2. Karhilas PJ, Hogan W. Gastroesophageal reflux disease. In: Sleisenger M, Fordtran J, editors. Gastrointestinal disease: Pathophysiology, diagnosis and management. Philadelphia: Saunders Company; 1993. p. 378-401. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000105&pid=S2011-7582201100030000600002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>3. Arango L, &Aacute;ngel A. Reflujo gastroesof&aacute;gico: conceptos actuales, evaluaci&oacute;n y presentaci&oacute;n de 50 enfermos intervenidos laparosc&oacute;picamente con seguimiento a 6 meses. Rev Colomb Cir. 1997;12:251-63. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000106&pid=S2011-7582201100030000600003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>4. Flook N, Jones R, Vakil N. Approach to gastroesophageal reflux disease in primary care. Can Fam Physician. 2008;54:701-5.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000107&pid=S2011-7582201100030000600004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 5. Flook N, Unge P, Agreus L, Karlson BW, Nilson G. Approach to managing undiagnosed chest pain. Could GERD be the caused? Can Fam Physycian. 2007;53:261-6. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000108&pid=S2011-7582201100030000600005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>6. Richter JE, Bradley LA, Castell DO. Esophageal chest pain: Current controversies in pathogenesis, diagnosis and therapy. Ann Intern Med. 1989;110:66-8. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000109&pid=S2011-7582201100030000600006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>7. Harding SM, Richter JE, Guzzo MR, Schan CA, Alexander RW, Bradley LA, et al. Asthma and gastroesophageal reflux: Acid suppression therapy improves asthma outcome. Am J Med. 1996;100:395-405. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000110&pid=S2011-7582201100030000600007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>8. De Caesteker J. ABC of the upper gastrointestinal tract. Oesophagus: Heartburn. BMJ. 2001;323:736-9. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000111&pid=S2011-7582201100030000600008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>9. American Society for Gastrointestinal Endoscopy (ASGE). The role of endoscopy in the management of GERD. Guidelines for clinical application. Gastrointest Endosc. 1999;49:834-5. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000112&pid=S2011-7582201100030000600009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>10. Talwar V, De Caesteker J. Hiatus hernia and gastro-oesophageal reflux disease. Medicine. 2007;35:194-8. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000113&pid=S2011-7582201100030000600010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>11. Fass R, Fennerty B, Vakil N. Nonerosive reflux disease -current conceps and dilemas. Am J Gastroenterol. 2001;96:303-14. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000114&pid=S2011-7582201100030000600011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>12. Patti MG. Advances in diagnostic testing for gastroesophageal reflux disease. World J Gastroenterol. 2010;16:3750-6. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000115&pid=S2011-7582201100030000600012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>13. Fiocca R, Mastracci L, Ridell R, Takubo K, Vieth M, Yerian L, et al. Development of consensus guidelines for the histologic recognition of microscopic esophagitis in patients with gastroesophageal reflux disesase: The Esohisto Project. Human Pathology. 2010;41:223-31. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000116&pid=S2011-7582201100030000600013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>14. Hirano I, Richter JE, Practice Parameters Committee of the American College of Gastroenterology. ACG practice guidelines: Esophageal reflux disease. Am J Gastroenterol. 2007;102:668-85. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000117&pid=S2011-7582201100030000600014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>15. Katz PO. Review article: Intragastric and oesophageal pH monitoring in patients with gastro-esophageal reflux disease. Aliment Pharmacol Ther. 2006;23(Suppl.1):3-11. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000118&pid=S2011-7582201100030000600015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>16. DeVault KR, Caastell DO. Update guidelines for the diagnosis and treatment of gastroesophaegeal reflux disease. Am J Gastroenterol. 2005;100:190-200. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000119&pid=S2011-7582201100030000600016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>17. Tutuian R, Castell DO. Review article: Complete gastrooesophageal reflux monitoring -combined pH and impedance. Aliment Pharmacol Ther 2006;24(Suppl.2):27-37.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000120&pid=S2011-7582201100030000600017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>18. Sifrim D, Castell D, Dent J, Kharilas PJ. Gastro-oesophageal reflux monitoring: Review and consensus report on detection and definitions of acid, non-acid, and gas reflux. Gut. 2004;53:1024-31. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000121&pid=S2011-7582201100030000600018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>19. Galli J, Volante M, Parrilla C, Rigante M, Valenza V. Oropharyngoesophageal scintigraphy in the diagnostic algorithm of laryngopharyngeal reflux disease: A useful exam? J Otolaryngol Head Neck Surg. 2005;132:717-21.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000122&pid=S2011-7582201100030000600019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>20. Richter JE. Diagnostic test for gastroesophageal reflux disease. Am J Med Sci. 2003;326:300-8. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000123&pid=S2011-7582201100030000600020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>21. Hani A. Pruebas diagn&oacute;sticas en enfermedad por reflujo gastroesof&aacute;gico (ERGE). Revista Colombiana de Gastroenterolog&iacute;a. 2009;24210-22.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000124&pid=S2011-7582201100030000600021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>22. Ozin Y, Dagli U, Kuran S, Sahin B. Manometric findings in patients with isolated distal gastroesophageal reflux. World J Gastroenterol. 2009;15:5461-4. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000125&pid=S2011-7582201100030000600022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>23. Frazzoni M, De Micheli E, Savarino V. Different patterns of oesophageal acid exposure distinguish complicated reflux disease from either erosive reflux oesophagitis or non-erosive reflux disease. Aliment Pharmacol Ther. 2003;18:1091-8. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000126&pid=S2011-7582201100030000600023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>24. Lemme EM, Abrahao-Junior LJ, Manhaes Y, Shechter R, Carvalho BB, Alvariz A. Ineffective esophageal motility in gastroesophageal erosive reflux disease and in nonerosive reflux disease: Are they different? J Clin Gastroenterol. 2005;39:224-7. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000127&pid=S2011-7582201100030000600024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>25. Martinek J, Benes M, Hucl T, Drastich P, Stirand P, Spicak J. Non-erosive and erosive gastroesophageal reflux diseases: No difference with regard to reflux pattern and motility abnormalities. Scand J Gastroenterol. 2008;43:794-800. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000128&pid=S2011-7582201100030000600025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>26. Ho SC, Chang CS, Wu CY, Chen GH. Ineffective esophageal motility is a primary motility disorder in gastroesophageal reflux disease. Dig Dis Sci. 2002;47:652-6.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000129&pid=S2011-7582201100030000600026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 27. Nagpal AP, Soni H, Haribhakti S. Is oesophageal manometry a must before laparoscopic fundoplication? Analysis of 46 consecutive patients treated without preoperative manometry. J Minim Access Surg. 2010;6:66-9. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000130&pid=S2011-7582201100030000600027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>28. Haack HG, Hansen RD, Malcolm A, Kellow JE. Ineffective oesophageal motility: Manometric subsets exhibit different symptom profiles. World J Gastroenterol. 2008;14:3719-24. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000131&pid=S2011-7582201100030000600028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>29. Pati&ntilde;o JF. Reflujo gastroesof&aacute;gico. En: Pati&ntilde;o JF. Lecciones de cirug&iacute;a, Primera edici&oacute;n, Bogot&aacute;; Editorial M&eacute;dica Panamericana; 2000. p. 421-32. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000132&pid=S2011-7582201100030000600029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>30. Camilleri M, Thompson DG, Malagelada JR. Functional dyspepsia. Symptoms and underlying mechanism. J Clin Gastroenterol. 1986;8:424-9. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000133&pid=S2011-7582201100030000600030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>31. Greydanus MP, Vassallo M, Camilleri M, Nelson DK, Hanson RB, Thomforde GM. Neurohormonal factors in functional dyspepsia: Insights on pathophysiological mechanisms. Gastroenterology. 1991;100:1311-8. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000134&pid=S2011-7582201100030000600031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>32. Rodr&iacute;guez A, Zuleta J. De la fisiolog&iacute;a del vaciamiento g&aacute;strico al entendimiento de la gastroparesia. Rev Col Gastroenterol. 2010;25:219-25. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000135&pid=S2011-7582201100030000600032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>33. Abell TL, Bernstein RK, Cutts T, Farrugia G, Forster J, Hasler WL, et al. Treatment of gastroparesis: A multidisciplinary clinical review. Neurogastroenterol Motil. 2006;18:263-83. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000136&pid=S2011-7582201100030000600033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>34. Koskenpato J, Korppi-Tommola T, Kareima K, Farkkila M. Long term follow up study of gastric emptying and Helicobacter pylori eradication among patients with functional dyspepsia. Dig Dis Sci. 2000;45:1763-8.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000137&pid=S2011-7582201100030000600034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 35. DeVault KR, Castell DO. Guidelines for the diagnosis and treatment of gastroesophagal reflux disease. Arch Intern Med. 1995;155:2165-73. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000138&pid=S2011-7582201100030000600035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>36. Kahrilas PJ, Quigley EMM. Clinical esophageal pH recording: A technical review for practice guideline development. Gastroenterology. 1996;110:1982-96. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000139&pid=S2011-7582201100030000600036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>37. Bansal A, Wani S, Rastogi A. Impact of measurement of esophageal acid exposure close to the gastroesophageal junction on diagnostic accuracy and event-symptom correlation: A prospective study using wireless dual pH monitoring. Am J Gastroenterol. 2009;104:2918-25. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000140&pid=S2011-7582201100030000600037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>38. Shay S, Tutuian R, Sifrim D, Vela M, Wise J, Blaji N, et al. Twenty-four hours ambulatory simultaneous impedance and pH monitoring: A multicenter report of normal values from 60 healthy volunteers. Am J Gastroenterol. 2004;99:1037-43. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000141&pid=S2011-7582201100030000600038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>39. Sifrim D, Castell D, Dent J, Kahrilas PJ. Gastro-oesophageal reflux monitoring: Review and consensus report on detection and definitions of acid, nonacid, and gas reflux. Gut. 2004;53:1024-31. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000142&pid=S2011-7582201100030000600039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>40. Pandolfino JE, Richter JE, Ours T, Guardino JM, Chapman J, Kahrilas PJ. Ambulatory esophageal pH monitoring using a wireless system. Am J Gastroenterol. 2003;98:740-9. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000143&pid=S2011-7582201100030000600040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>41. Mekapati J, Knight LC , Maurer AH, Fisher RS, Parkman HP. Trans-sphincteric pH profile at the gastroesophageal junction. Clin Gastroenterol Hepatol. 2008;6:630-4. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000144&pid=S2011-7582201100030000600041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>42. Pandolfino JE, Zhang Q , Ghosh SK, Post J, Kwiatek M, Kahrilas PJ. Acidity surrounding the squamocolumnar junction in GERD patients: 'Acid pocket' versus 'acid film'. Am J Gastroenterol. 2007;102:2633-41. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000145&pid=S2011-7582201100030000600042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>43. Wenner J, Hall M , Hoglund P, Johansson J, Johnsson F, Oberg S. Wireless pH recording immediately above the squamocolumnar junction improves the diagnostic performance of esophageal pH studies. Am J Gastroenterol. 2008;103:2977-85. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000146&pid=S2011-7582201100030000600043&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>44. Bredenoord AJ, Weusten BL, Timmer R, Conchillo JM, Smout AJ. Addition of esophageal impedance monitoring to pH monitoring increases the yield of symptom association analysis in patients off PPI therapy. Am J Gastroenterol. 2006;101:453-9. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000147&pid=S2011-7582201100030000600044&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>45. Wenner J, Johnsson F, Johansson J, Oberg S. Acid reflux immediately above the squamocolumnar junction and in the distal esophagus: Simultaneous pH monitoring using the wireless capsule pH system. Am J Gastroenterol. 2006;101:1734-41. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000148&pid=S2011-7582201100030000600045&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>46. Sgromo B, Irvine LA, Cuschieri A. Long-term comparative outcome between laparoscopic total Nissen and Toupet fundoplication: Symptomatic relief, patient satisfaction and quality of life. Surg Endosc. 2008;22:1048-53.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000149&pid=S2011-7582201100030000600046&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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