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</front><body><![CDATA[  <font size="2" face="Verdana">  <font size="4" face="Verdana">     <center>   <b>Buena fe y principio de confianza en medicina</b> </center></font>     <p><font size="3" face="Verdana">     <center>   <b>Good faith and the principle of confidence in medicine</b> </center></font></p>     <p>    <center>     Fernando Guzm&aacute;n<sup>1</sup>, Carlos Alberto Arias<sup>2</sup> </center></p>     <p><sup>1</sup> 	M&eacute;dico, cirujano cardiovascular, Hospital Militar Central, Bogot&aacute;, D.C., Colombia; miembro, Asociaci&oacute;n Colombiana de Cirug&iacute;a; magistrado, Tribunal Nacional de &Eacute;tica M&eacute;dica.    <br> <sup>2</sup> 	M&eacute;dico, cirujano cardiovascular, Hospital Militar Central, Bogot&aacute;, D.C., Colombia; miembro, Asociaci&oacute;n Colombiana de Cirug&iacute;a.</p>     <p><b>Correspondencia</b>: Fernando Guzm&aacute;n, MD., Bogot&aacute;, D. C., Colombia. Correo electr&oacute;nico: <a href="mailto:Ferguzmancol@gmail.com" target="_new">Ferguzmancol@gmail.com</a></p>     <p>Fecha de recibido: 16 de noviembre de 2011.  Fecha de aprobaci&oacute;n: 16 de noviembre de 2011.</p> <hr size>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b><i>Palabras clave</i></b>: cirug&iacute;a general; &eacute;tica m&eacute;dica; legislaci&oacute;n m&eacute;dica.</p> <hr size>     <p>Es apenas obvio que la buena fe existe. Es la base de la conciencia individual de las personas con una personalidad sana. El principio de la buena fe es creer por parte de A que B obra en justicia, en equidad, con transparencia y con su propia conciencia.</p>       <p>Consiste en hacer el examen de si se obr&oacute; con justicia, equidad, conciencia, de manera cristalina, y bajo el convencimiento de ser as&iacute; y no de otra forma,</p>       <p>Por esto, la buena fe ha sido consagrada como un principio general del Derecho. El principio es un enunciado l&oacute;gico de una evidencia inmediata a la raz&oacute;n del hombre, que no tiene que entrar a probarse, es decir, es contundente &ndash;una cosa no puede ser y no ser al mismo tiempo; alguien no puede estar vivo y muerto&ndash;. Su validez trasciende las circunstancias de tiempo, modo y lugar. Se aplican a cualquier situaci&oacute;n.</p>       <p>Los principios generales constituyen fuente de inspiraci&oacute;n en la creaci&oacute;n de la norma. Por lo tanto, son verdades fundamentales que sirven para crear Derecho, integrarlo e interpretarlo en los vac&iacute;os que la norma no haya cubierto.</p>       <p>No se limitan a un territorio o Estado, sino que tienden a ser universales. Adem&aacute;s, su fundamento es la equidad, aplicable a las circunstancias de tiempo y lugar de cada caso. En fin, se basan en lo que pensar&iacute;an personas honradas y conscientes. Estos principios informan todo el derecho positivo y le sirven de base. Pueden inferirse por medio de inducci&oacute;n o de generalizaci&oacute;n peri&oacute;dica.</p>       <p>Los criterios esenciales de estos principios son la justicia y la equidad.</p>     <p>Seg&uacute;n Ferreira Rubio, los principios generales del Derecho deben cumplir una serie de postulados para que sean considerados como tales:</p>   <ul>         <li>universalidad de contenido,</li>         <li>esencia permanente a pesar de diferente aplicaci&oacute;n hist&oacute;rica,</li>         ]]></body>
<body><![CDATA[<li>potencialidad jur&iacute;dica ya que son normas y fuentes de normas, y</li>         <li>existencia anterior a las normas de ordenamiento legal espec&iacute;fico.</li>       </ul>       <p>Pero debe actuarse con prudencia y diligencia, porque tambi&eacute;n as&iacute; lo exige la ley. Y esto no rompe la precisi&oacute;n de la buena fe. La buena fe se presume porque debe creerse en la conciencia de las personas. Debe partirse de la base de que las personas adec&uacute;an su conducta al Derecho. </p>       <p>La buena fe indica que cada persona debe ejercer sus derechos, negocios y obligaciones, basada en lealtad, honestidad y sinceridad, es decir, partiendo de los usos sociales aceptados y las buenas costumbres. Es la que se exige como requisito m&iacute;nimo en cualquier negocio.</p>       <p>La Constituci&oacute;n Pol&iacute;tica de 1991 la determina muy claramente en su art&iacute;culo 83:</p> </font>     <blockquote>       <p><font size="2" face="Verdana">&quot;[&hellip;] Las actuaciones de los particulares y de las autoridades p&uacute;blicas deber&aacute;n ce&ntilde;irse a los postulados de la buena fe, la cual se presumir&aacute; en todas las gestiones que aquellos adelanten ante estas [&hellip;]&quot;</font></p> </blockquote> <font size="2" face="Verdana">       <p>Aunque la normatividad dice que debe presumirse de buena, lo que en realidad dice la Constituci&oacute;n Nacional es que debe obrarse conforme a los postulados de la buena fe.</p>       <p>El Art&iacute;culo 769 del C&oacute;digo Civil Colombiano expresa: &quot;La buena fe se presume, excepto en los casos en que la ley establece la presunci&oacute;n contraria. En todos los otros, la mala fe deber&aacute; probarse&quot;.</p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Tambi&eacute;n se habla de buena fe en el Art&iacute;culo 1603 del C&oacute;digo Civil Colombiano: </p> </font>     <blockquote>       <p><font size="2" face="Verdana">&quot;Los contratos deben ejecutarse de buena fe, y por consiguiente obligan no solo a lo que en ellos se expresa, sino a todas las cosas que emanan precisamente de la obligaci&oacute;n, o que por ley pertenecen a ella&quot;.</font></p> </blockquote> <font size="2" face="Verdana">       <p>Similar planteamiento se halla en los Art&iacute;culos 863 y 871 del C&oacute;digo de Comercio.</p>       <p>Corte Constitucional No. de Rad.: C-054-99</p>       <p>La buena fe no consiste simplemente, como equivocadamente lo concibe el demandante, en un actuar desprovisto de dolo o de intenci&oacute;n positiva de irrogar un perjuicio a otro. </p>       <p>El concepto involucra tambi&eacute;n el conducirse sin culpa, esto es, con un m&iacute;nimo de prudencia, de atenci&oacute;n, de cuidado, a fin de evitar tal perjuicio. En materia civil, como es sabido, la culpa grave se asimila a dolo y es fuente de responsabilidad civil. Y en materia penal, existen delitos que pueden cometerse a t&iacute;tulo de culpa. De donde se concluye que la carencia de diligencia y cuidado en el cumplimiento de las propias obligaciones y, en general, en el actuar humano, desvirt&uacute;a el principio de buena fe y es fuente de obligaciones y de responsabilidad jur&iacute;dica. </p>   <b><font size="3" face="Verdana"> Principio de confianza en Medicina</font>   </b>     <p>Una profesi&oacute;n consiste en la pr&aacute;ctica de una determinada actividad que sirve a los dem&aacute;s y que se escoge por voluntad propia siguiendo una vocaci&oacute;n, con el objeto de realizarse como persona a trav&eacute;s de un trabajo. La profesi&oacute;n m&eacute;dica puede definirse como el arte de conservar y restaurar la salud para hacer la vida m&aacute;s f&aacute;cil y segura a la comunidad. Sus pilares son dos: oficio-arte y tecnolog&iacute;a-ciencia. La medicina es el brazo de la civilizaci&oacute;n en su lucha contra la enfermedad. </p>       <p>Puede, entonces, decirse que el m&eacute;dico, utilizando su raz&oacute;n y sus conocimientos cient&iacute;ficos, prev&eacute;, discierne y previene el advenimiento de una complicaci&oacute;n. La culpa nace de la incorrecta utilizaci&oacute;n de estas capacidades y se compara con las de aquel otro m&eacute;dico que usualmente las hubiese hecho funcionar en forma adecuada. </p>       <p>La medicina es por esencia una carrera human&iacute;stica y de servicio. Su definici&oacute;n se encuentra consagrada en la Ley de &Eacute;tica M&eacute;dica, que dice en su Art&iacute;culo 1, Par&aacute;grafo 1: </p> </font>     ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote>       <p><font size="2" face="Verdana">&quot;[...] La medicina es una profesi&oacute;n que tiene como fin cuidar la salud del hombre y propender por la prevenci&oacute;n de las enfermedades, el perfeccionamiento de la especie humana y el mejoramiento de los patrones de vida de la colectividad, sin distingo de nacionalidad, ni de orden econ&oacute;mico, social, racial, pol&iacute;tico o religioso. El respeto por la vida y los fueros de la persona humana constituyen su esencia espiritual. Por consiguiente, el ejercicio de la medicina tiene implicaciones human&iacute;sticas que le son inherentes [...].&quot;</font></p> </blockquote> <font size="2" face="Verdana">       <p>Sin embargo, el ejercicio de la medicina puede lesionar bienes jur&iacute;dicos individuales protegidos por la ley. La pr&aacute;ctica quir&uacute;rgica, en particular, puede llevar al empeoramiento de las condiciones de salud de un enfermo y a su ulterior deceso, los cuales son justificables solamente a la luz del ejercicio por parte de profesionales id&oacute;neos que act&uacute;en dentro de normas universalmente establecidas y que procedan con la debida diligencia en el cuidado de los pacientes. </p>       <p>Para que el ejercicio m&eacute;dico se encuentre dentro de la ley, debe poseer toda una serie de requisitos. La Ley 14 de 1962 define el ejercicio de la medicina y la cirug&iacute;a como: </p> </font>     <blockquote>       <p><font size="2" face="Verdana">&quot;[...] la aplicaci&oacute;n de medios y conocimientos para el examen, diagn&oacute;stico, prevenci&oacute;n, tratamiento y curaci&oacute;n de las enfermedades, as&iacute; como para la rehabilitaci&oacute;n de las deficiencias o defectos ya sean f&iacute;sicos, mentales o de otro orden que afecten a las personas o que se relacionen con su desarrollo y bienestar [...]&quot;.</font></p> </blockquote> <font size="2" face="Verdana">       <p>Cada pa&iacute;s forma a sus profesionales de acuerdo con las necesidades sociales del momento, las normas internacionales de excelencia acad&eacute;mica y los recursos disponibles. El t&iacute;tulo universitario implica una presunci&oacute;n de aptitud, de formaci&oacute;n aceptada, de competencia intelectual espec&iacute;fica. </p>       <p>Solamente pueden ejercer la medicina los profesionales universitarios graduados en facultades reconocidas por la ley colombiana o aquellos graduados en el extranjero y cuyo t&iacute;tulo sea revalidado ante las autoridades del pa&iacute;s. La misma Ley 23 de 1981 lo especifica en su Art&iacute;culo 46: </p> </font>     <blockquote>       <p><font size="2" face="Verdana">&quot;[...] Para ejercer la profesi&oacute;n de m&eacute;dico se requiere: </font></p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="2" face="Verdana">a)	refrendar el t&iacute;tulo respectivo ante el Ministerio de Educaci&oacute;n Nacional;</font></p>       <p><font size="2" face="Verdana">b) 	registrar el t&iacute;tulo ante el Ministerio de Salud, y</font></p>       <p><font size="2" face="Verdana">c) 	cumplir con los dem&aacute;s requisitos que para los efectos se&ntilde;alen las disposiciones legales [...]&quot;.</font></p> </blockquote> <font size="2" face="Verdana">       <p>Las facultades de medicina legalmente reconocidas que determinen el grado de cada m&eacute;dico, deben reportarlo ante el gobierno con todos los datos necesarios (Decreto 1465 de 1992). Adem&aacute;s, de acuerdo con el Decreto 3380 de 1981, en su Art&iacute;culo 27: </p> </font>     <blockquote>       <p><font size="2" face="Verdana">&quot;[...] El Ministerio de Salud expedir&aacute; a cada m&eacute;dico una tarjeta profesional que acredite su calidad de tal y que lo autoriza para el ejercicio legal de la profesi&oacute;n en todo el territorio de la Rep&uacute;blica de Colombia [...]&quot;.</font></p> </blockquote> <font size="2" face="Verdana">       <p>En nuestro pa&iacute;s se especifica que la medicina la pueden ejercer, adem&aacute;s de los graduados universitarios colombianos, quienes hayan obtenido su grado en pa&iacute;ses con los cuales existan tratados o convenios sobre reciprocidad de t&iacute;tulos universitarios, los colombianos graduados en el exterior en facultades reconocidas por la Asociaci&oacute;n Colombiana de Facultades de Medicina y los extranjeros que obtengan la autorizaci&oacute;n para ejercerla por parte del gobierno colombiano. En la misma forma, se autoriza permiso transitorio a profesores de reconocido prestigio internacional de paso por el pa&iacute;s (previa solicitud de alguna sociedad o instituci&oacute;n cient&iacute;fica reconocida) y a personal extranjero contratado para investigaciones o funciones espec&iacute;ficas. </p>       <p>La idea del 'monopolio m&eacute;dico' exclusivo de los profesionales intenta proteger a los miembros de la sociedad del riesgo del ejercicio por parte de personas sin la debida formaci&oacute;n acad&eacute;mica y cient&iacute;fica. Si el acto m&eacute;dico puede solamente ser ejercido por el profesional universitario legalmente reconocido, cualquiera que practique actividades de diagn&oacute;stico, pron&oacute;stico, tratamiento, rehabilitaci&oacute;n o similares, sin cumplir esta exigencia, est&aacute; ejerciendo la medicina en forma ilegal. </p>       <p>El m&eacute;dico deber&aacute; emplear solamente aquellos m&eacute;todos aceptados por la profesi&oacute;n y la sociedad con base en la lex artis (6). Quien no lo hace as&iacute;, contraviene la Ley 23 de 1981, en su Art&iacute;culo 12: &quot;El m&eacute;dico solamente emplear&aacute; medios diagn&oacute;sticos o terap&eacute;uticos debidamente aceptados por las instituciones cient&iacute;ficas legalmente reconocidas.&quot;</p>       <p>&iquest;Cu&aacute;les son estas instituciones? (Decreto 3380 de 1981, art&iacute;culo 8)</p> </font>     ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote>       <p><font size="2" face="Verdana">&quot;Para los efectos del art&iacute;culo 12 de la Ley 23 de 1981, las instituciones cient&iacute;ficas legalmente reconocidas comprenden: </font></p>       <blockquote>         <p><font size="2" face="Verdana">a)	las facultades de medicina legalmente reconocidas;</font></p>         <p><font size="2" face="Verdana">b) 	las academias y asociaciones m&eacute;dico-cient&iacute;ficas reconocidas por la Ley o el Ministerio de Salud;</font></p>         <p><font size="2" face="Verdana">c) 	la Academia Nacional de Medicina;</font></p>         <p><font size="2" face="Verdana">d) 	las instituciones oficiales que cumplan funciones de investigaci&oacute;n m&eacute;dica y de vigilancia y control en materia m&eacute;dico-cient&iacute;fica [...]&quot;.</font></p>   </blockquote> </blockquote> <font size="2" face="Verdana">       <p>Lo anterior quiere significar que, de acuerdo con el Art&iacute;culo 29-3 del C&oacute;digo Penal Colombiano, cuando se produzca una lesi&oacute;n a un bien jur&iacute;dico en el curso del ejercicio de una actividad l&iacute;cita, si se act&uacute;a con base en normas de conducta definidas y a trav&eacute;s de una acci&oacute;n cuidadosa, perita y diligente, no se quebranta la estructura jur&iacute;dica y, por lo tanto, no se constituye en delito. Estos posibles da&ntilde;os inculpables, configuran los trastornos de tipo iatrog&eacute;nico, previsible y social y cient&iacute;ficamente aceptable, distinta de la malpraxis, o mala pr&aacute;ctica y, por tanto, no sujeta a consecuencias jur&iacute;dicas si se efect&uacute;a dentro de la<i> lex artis</i>. </p>       <p>Se considera en este cap&iacute;tulo la conducta del profesional de la medicina, acreditado con t&iacute;tulo universitario. Porque otro caso es el del lego que, debido a las circunstancias del lugar y el modo, se ve forzado a echar mano de sus nociones o informaciones y conocimientos emp&iacute;ricos, para prestar ayuda en un intento por curar. Tal es el caso de la persona sin estudios formales en medicina que, ante la situaci&oacute;n de inminencia de muerte de un semejante, se ve obligado a actuar de alguna forma para salvarle la vida, constituy&eacute;ndose en esta forma el t&iacute;pico estado de necesidad. </p>       <p>Ahora bien, el Art&iacute;culo 7 de la Ley 23 de 1981, en su literal a), excusa al m&eacute;dico de la obligaci&oacute;n general de prestar asistencia, cuando &quot;el caso no corresponda a su especialidad&quot;. Esto es comprensible, seg&uacute;n lo hemos visto, porque aun cuando se posea un t&iacute;tulo universitario que lo autorice a ejercer sin restricciones, su sentido &eacute;tico le indicar&aacute; muchas veces que, debido a las especiales circunstancias del caso, har&aacute; mejor en remitir al paciente a un colega que domine el campo espec&iacute;fico. El mundo actual ha contemplado un avance de la ciencia que ha impuesto los 'especialismos' de que hablaba Ortega y Gasset, y as&iacute; un hombre de ciencia &quot;conoce muy bien su porci&uacute;ncula del universo&quot;, pero siendo honesto, debe confesar que trat&aacute;ndose de dominios de saber que pertenecen a otros, su conocimiento en esos campos es restringido. </p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p>De modo que, siendo un imperativo &eacute;tico rehusar la atenci&oacute;n siempre que exista la posibilidad de que un colega, verdadero especialista en el campo determinado que involucre la enfermedad del paciente, se encargue del asunto, el no hacerlo implica la asunci&oacute;n de la responsabilidad por el fracaso. Por otro lado, si se encuentra suficientemente capacitado, su actividad ser&aacute; la de un experto y no habr&aacute; de temer por acusaciones de incompetencia, llamada t&eacute;cnicamente culpa por impericia. </p>       <p>Como puede inferirse, no basta con exhibir un t&iacute;tulo gen&eacute;rico de idoneidad, cuando las circunstancias habr&iacute;an ameritado y permitido que el paciente fuera puesto en manos de un especialista. A contrario sensu, puede descartarse sin mayor an&aacute;lisis la pretensa responsabilidad de quien, en situaci&oacute;n cr&iacute;tica, no ha tenido m&aacute;s alternativa y ha debido aceptar el reto que la enfermedad o la muerte de su semejante le imponen, consciente de su poco saber o experiencia. Esta excepci&oacute;n al deber general de cuidado interno, funciona exclusivamente como eso: como excepci&oacute;n.</p>   <font size="3" face="Verdana"> <b>Referencias</b></font>     <!-- ref --><p>1.		Guzm&aacute;n F, Franco E, Morales MC, Mendoza J. El acto m&eacute;dico como obligaci&oacute;n jur&iacute;dica. El Nuevo Siglo, 27 de agosto de 1994, p&aacute;gina 10B.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000075&pid=S2011-7582201200030000300001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 2.		Guzm&aacute;n F, Franco E. El deber de cuidado en medicina. Actualizaciones Pedi&aacute;tricas. 1995;5:57-62.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000076&pid=S2011-7582201200030000300002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 3.		Guzm&aacute;n F, Franco E, Arr&aacute;zola F. El deber de cuidado en medicina. Rev Colomb Cirug&iacute;a. 1996;11:194-202.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000077&pid=S2011-7582201200030000300003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 4.		Guzm&aacute;n F, Franco E, Arr&aacute;zola F. El deber de cuidado en medicina. En: Guzm&aacute;n F, Franco E, Rosselli D, editores La pr&aacute;ctica de la medicina y la ley. Primera edici&oacute;n. Medell&iacute;n: Biblioteca Jur&iacute;dica Dik&eacute;; 1996.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000078&pid=S2011-7582201200030000300004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 5.		Guzm&aacute;n F. El cirujano y la teor&iacute;a del principio de confianza. Carta Quir&uacute;rgica. 2002;7:1-2.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000079&pid=S2011-7582201200030000300005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 6.		Guzm&aacute;n F. El principio de la buena fe. Carta Quir&uacute;rgica. 2003;36:1-2.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000080&pid=S2011-7582201200030000300006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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