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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Yanaconas: indios conquistadores y colonizadores del Nuevo Reino de Granada, siglo XVI]]></article-title>
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<institution><![CDATA[,Universidad de Rutgers Departamento de Estudios de Género ]]></institution>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This article revisits the part played by Yanacona indians in Sebastián de Belalcázar's 1535 invasion of present-day southern Colombia and examines their role in the colonization of Nueva Granada during the sixteenth and seventeenth centuries.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">          <p align="center"><font size="4"><b>Yanaconas: indios conquistadores y colonizadores del Nuevo Reino de Granada, siglo XVI</b></font></p>              <p align="right"><b>SUSANA MATALLANA PEL&Aacute;EZ </b>    <br> <i>Departamento de Estudios de G&eacute;nero de la Universidad de Rutgers, Estados Unidos    <br> <a href="mailto:susana.matallana@correounivalle.edu.co">susana.matallana@correounivalle.edu.co</a></i></p>     <p>Recibido: 5 de febrero de 2013    <br> Aceptado: 5 de agosto de 2013</p> <hr size="1" />           <p><b> <font size="3">RESUMEN</font> </b></p>          <p>Este  art&iacute;culo examina el rol de los yanaconas en las huestes conquistadoras de  Sebasti&aacute;n de  Belalc&aacute;zar en lo que hoy es el sur de Colombia, as&iacute; como algunos de los roles  que cumplieron en el proceso de colonizaci&oacute;n de la Nueva  Granada en los siglos XVI y XVII.</p>          <p><b><font size="3">Palabras clave</font></b>: Nueva Granada, siglo XVI, siglo XVII, yanaconas.</p>  <hr size="1" />                ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b> <font size="3">ABSTRACT</font> </b></p>          <p>This article revisits the part  played by Yanacona indians in Sebasti&aacute;n de Belalc&aacute;zar's 1535 invasion of present-day southern  Colombia and examines their role in the colonization of Nueva Granada during the sixteenth and seventeenth  centuries.</p>          <p><b><font size="3">Keywords</font></b>: Nueva Granada, sixteenth  century, seventeenth century, <i>yanaconas</i>.</p>  <hr size="1" />            <p><b><font size="3">Introducci&oacute;n</font></b></p>          <p>En  una carta escrita el 30 de  agosto de 1538,  el gobernador de Quito, Gonzalo D&iacute;az  de Pineda, acusaba al capit&aacute;n Sebasti&aacute;n de Belalc&aacute;zar de haber casi  vaciado la ciudad de todos sus habitantes. Pineda se&ntilde;alaba que el adelantado hab&iacute;a  "sacado m&aacute;s de cinco mil &aacute;nimas e acopio de vecinos, sin dejar  en esta villa caballos ni recaudo necesario" (Rumazo 29-30). El gobernador se  refer&iacute;a a la expedici&oacute;n que hab&iacute;a salido de Quito a finales de enero de  1536 hacia  el norte y en la cual unos doscientos espa&ntilde;oles acompa&ntilde;aban a  Belalc&aacute;zar. Como veremos, a Pineda no le preocupaban tanto los 200 espa&ntilde;oles que  el adelantado se hab&iacute;a llevado consigo como las otras 4.800 "almas"  que su rival hab&iacute;a reclutado.</p>     <p>Estas  4.800 "almas"  han sido descritas por cronistas e historiadores como <i>indios de servicio</i>, <i>indianos</i>, <i>yanaconas </i>o <i>anaconas</i>.  Esos apelativos disimulan mal  el escaso inter&eacute;s que la participaci&oacute;n ind&iacute;gena en las huestes de  Belalc&aacute;zar ha despertado entre los investigadores y lo poco o nada que se  sabe sobre los miles de nativos provenientes de Quito y sus alrededores que  acompa&ntilde;aron al adelantado en la conquista y colonizaci&oacute;n de lo que hoy  es el sur de Colombia. La mayor&iacute;a se ha limitado a afirmar que se trataba de  "indios cargueros" cuyo papel consist&iacute;a en transportar los v&iacute;veres de los  espa&ntilde;oles. En el mejor de los casos, se los ha descrito como "auxiliares", sin  que se haya establecido en qu&eacute; consist&iacute;a el "auxilio" que brindaban a las tropas  de Belalc&aacute;zar y, menos a&uacute;n, si se trataba de un grupo homog&eacute;neo o  si, por el contrario, lo integraban personas de muy diversa procedencia, etnia,  rango y oficio.</p>     <p>Sin  embargo, excavaciones arqueol&oacute;gicas realizadas en el Per&uacute; en el 2007, as&iacute; como investigaciones efectuadas en Ecuador y Chile,  y las m&aacute;s recientes  teor&iacute;as sobre migraci&oacute;n andina prehisp&aacute;nica sugieren que los llamados  "auxiliares" de las huestes espa&ntilde;olas jugaron un papel m&aacute;s protag&oacute;nico y  complejo en la conquista de Am&eacute;rica de lo que se ha querido admitir  hasta ahora. Asimismo, la presencia de estos ind&iacute;genas en varios documentos  oficiales de los siglos XVI y  XVII indica  que ellos siguieron desempe&ntilde;ando  importantes funciones en la colonia una vez terminada la conquista.  Lo anterior indica que bien valdr&iacute;a la pena preguntar de nuevo &iquest;qui&eacute;nes  eran realmente los indios que acompa&ntilde;aron a Belalc&aacute;zar desde Quito  y por qu&eacute; lo hicieron? &iquest;Cu&aacute;l fue su papel tanto en la conquista como en  la colonizaci&oacute;n del suroccidente colombiano?</p>       <p><font size="3"><b>Indios conquistadores</b></font></p>     <p>En  su estudio sobre la regi&oacute;n amaz&oacute;nica del Ecuador en el siglo XVI, Jos&eacute;   Rumazo  menciona que antes y despu&eacute;s de la salida de Belalc&aacute;zar hacia tierras   neogranadinas  reinaba en Quito un ambiente de mucha tensi&oacute;n entre   los  distintos lugartenientes de Francisco Pizarro (29-30).  En medio de este ambiente, Gonzalo D&iacute;az de Pineda redact&oacute; la carta en la cual  acus&oacute; a Belalc&aacute;zar   de  haber desocupado a Quito casi por completo. Rumazo afirma   que,  por esa misma &eacute;poca, D&iacute;az de Pineda se propon&iacute;a ausentarse de la ciudad,   llev&aacute;ndose  consigo mucha gente para ir a la conquista de los yumbos,   pero  que el cabildo se opuso a la solicitud del gobernador, argumentando   que  no pod&iacute;an sacarse m&aacute;s vecinos de la villa sin poner en peligro la vida de   los  mismos puesto que no hab&iacute;a suficiente gente para "resistir los naturales". Cuenta  Rumazo que D&iacute;az de Pineda redact&oacute; entonces su ep&iacute;stola, en la que  dec&iacute;a que cuando &eacute;l hab&iacute;a llegado de Lima hab&iacute;a encontrado "la tierra alborotada  de motines e ligas e muy necesitada de gente de los indios naturales de  esta provincia porque el capit&aacute;n Benalc&aacute;zar se averigua y prueba haber  sacado m&aacute;s de cinco mil &aacute;nimas" y que aquel tiempo en el que este capit&aacute;n  proced&iacute;a de tal manera hab&iacute;a sido el momento propicio para que el cabildo  protestara (cit. en Rumazo 31).</p>     <p>Semejante  descripci&oacute;n evidencia un ambiente de intensa competencia entre  Belalc&aacute;zar y sus lugartenientes por el recurso humano ind&iacute;gena que  hac&iacute;a posibles esas salidas. Linda Newson sostiene, en su estudio sobre el  territorio de la actual Rep&uacute;blica del Ecuador en el siglo XVI, que en manos  de los espa&ntilde;oles Quito se convirti&oacute; en un centro expedicionario de  donde partieron innumerables excursiones en busca de nuevas conquistas (174). Seg&uacute;n ella, lo que m&aacute;s exig&iacute;an los  espa&ntilde;oles de los ind&iacute;genas locales  era su trabajo como "auxiliares" en estas empresas. Newson tambi&eacute;n sugiere  que, durante la mayor parte del siglo XVI, la participaci&oacute;n de esos  auxiliares en las huestes conquistadoras fue de &iacute;ndole militar, y que solo  hacia finales del siglo, cuando las expediciones empezaron a cobrar un  car&aacute;cter m&aacute;s misional que militar, se redujo su n&uacute;mero en la medida en que  pasaron a fungir como cargueros (174). Uno de los primeros ejemplos de  colaboraci&oacute;n militar de ind&iacute;genas nativos del territorio que constituye hoy  Ecuador con tropas espa&ntilde;olas es el caso de los 3.000 "auxiliares"  ca&ntilde;aris que,  con la esperanza de librarse para siempre del yugo incaico, combatieron al  lado de Belalc&aacute;zar contra las fuerzas de Rumi&ntilde;ahui en la batalla de Tiocajas  de 1534 (Newson  172).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Belalc&aacute;zar  har&iacute;a su entrada en Quito poco despu&eacute;s. Al a&ntilde;o siguiente, saldr&iacute;a  hacia el norte en busca del legendario Dorado. El jesuita Juan de Velasco dice  que entre aquel y su teniente general, Juan de Ampudia (quien hab&iacute;a  partido unos meses antes con una columna de avanzada), llevaban 300  espa&ntilde;oles y 6.000  "indianos" (<i>Historia </i>2: 186-188).  Aunque Velasco escribi&oacute; en  el siglo XVIII -250 a&ntilde;os  despu&eacute;s de los hechos- y aunque ha sido acusado  de haberlo hecho "solo de memoria, sin m&aacute;s archivos ni bibliotecas que  los recuerdos", es importante tener en cuenta que &eacute;l afirma haberse aplicado  "a la constante fatiga de recoger impresos y manuscritos" durante los  cuarenta a&ntilde;os que vivi&oacute; en el reino antes de su destierro; haberse familiarizado con  la regi&oacute;n, producto de los numerosos viajes que realiz&oacute; a lo largo  y ancho de ella; haber vivido por espacio de cinco a&ntilde;os en Popay&aacute;n, y haber  sido un gran conocedor de los ind&iacute;genas de la zona, adem&aacute;s de hablar su  lengua con fluidez (<i>Padre </i>43-44). Por lo dem&aacute;s, Horacio Larrain Barros, avalando  las cifras proporcionadas por Velasco, estima que hacia 1580 las expediciones  organizadas por los espa&ntilde;oles a distintas zonas del territorio pod&iacute;an  haber contado ya hasta con 20.000 ind&iacute;genas  en sus filas (2:  47,  53).</p>     <p>La  reconstrucci&oacute;n que hizo Velasco en 1789  de la incursi&oacute;n de Belalc&aacute;zar en  lo que actualmente es territorio colombiano resulta sugestiva. &Eacute;l  afirma que el adelantado dividi&oacute; su cuerpo expedicionario en cuatro partes:</p>     <blockquote>       <p>una  de solo mil indianos que adelantaban como batidores, recogiendo vituallas,     y  siguiendo siempre el rastro de Ampudia &#91;...&#93; otra de la ala izquierda     por  el poniente de cincuenta hombres, con mil indianos, bajo el mando del     capit&aacute;n  Pedro de Puelles; otra de la derecha al oriente, con otros cincuenta     hombres  y mil indianos, bajo el mando del capit&aacute;n Alonso S&aacute;nchez; y la &uacute;ltima     del  centro de cien hombres y mil indianos, en que iba el mismo Belalc&aacute;zar.</p> </blockquote>     <p>(<i>Historia </i>1: 186-188) Esta  reelaboraci&oacute;n es interesante por varias razones. En primer lugar, porque  describe la conquista espa&ntilde;ola de lo que hoy es el sur de Colombia como  una campa&ntilde;a en la cual los indios superaban a los espa&ntilde;oles en una proporci&oacute;n  de 20 a  1.  En segundo lugar, porque no existe en ninguna parte, ni  en la correspondencia de Belalc&aacute;zar ni en las probanzas de m&eacute;ritos y servicios o  en los juicios de residencia de &eacute;l y sus hombres, nada que se parezca a  la versi&oacute;n de los hechos relatada por Velasco (Garc&eacute;s); por el contrario, son  escasas las referencias a los yanaconas, a los que este alude bajo el r&oacute;tulo de  "indianos". Por &uacute;ltimo, porque el n&uacute;mero de "indianos" que menciona Velasco  es cinco veces superior al n&uacute;mero de criados ind&iacute;genas por cada soldado  espa&ntilde;ol que la audiencia de Santaf&eacute; reportaba para la &eacute;poca.</p>     <p>Seg&uacute;n  los oficiales de la audiencia de Santaf&eacute;, en 1572  el promedio de  servidores ind&iacute;genas por cada soldado espa&ntilde;ol era de 3 a 4: "porque para  ir a nuevo descubrimiento o poblaci&oacute;n no hay soldado &#91;...&#93; que no lleve  tres o cuatro indios e indias que le sirvan" ("Particularidades" 116). Luego  los "indianos" que serv&iacute;an a los doscientos soldados espa&ntilde;oles de Belalc&aacute;zar  no deb&iacute;an sumar m&aacute;s de ochocientos efectivos. Sin embargo, Velasco  sostiene que al adelantado lo acompa&ntilde;aban 4.000 ind&iacute;genas. Semejante  discrepancia llama la atenci&oacute;n y obliga a preguntar &iquest;por qu&eacute; una  banda de 200 soldados  requerir&iacute;a de 4.000 cargueros?  Un n&uacute;mero tan desproporcionado  de hombres sin armas solo pod&iacute;a estorbarles. Adem&aacute;s, si  todos eran cargueros desarmados que transportaban v&iacute;veres, &iquest;por qu&eacute; habr&iacute;a  de colocarlos un curtido estratega militar como Belalc&aacute;zar a la cabeza  de una expedici&oacute;n b&eacute;lica? Cabe anotar tambi&eacute;n que el t&eacute;rmino <i>batidor</i>, con  el que Velasco describ&iacute;a a los "indianos" que encabezaban esta incursi&oacute;n  ("batidores recogiendo vituallas"), era una expresi&oacute;n castrense que  designaba a una persona que recog&iacute;a inteligencia militar, no v&iacute;veres. Sin  duda, muchos de esos "indianos" eran vig&iacute;as que ten&iacute;an la tarea de reconocer  el terreno y acopiar un conocimiento &uacute;til para la excursi&oacute;n. Pero,  &iquest;mil vig&iacute;as? La idea resulta inoperante, por no decir absurda, desde el  punto de vista militar.</p>     <p>Solo  es posible entender la reconstrucci&oacute;n que hace Velasco si asumimos que  subsume a miles de militares ind&iacute;genas bajo la categor&iacute;a de criados  o yanaconas. Existe, claro, la posibilidad de pensar que este jesuita, exiliado  de su tierra natal luego de que la Pragm&aacute;tica Sanci&oacute;n de 1767 decret&oacute;  la expulsi&oacute;n de la orden de los dominios de la Corona, en un af&aacute;n revanchista  contra la metr&oacute;poli, haya querido exagerar el n&uacute;mero de nativos que  participaron en esa conquista, pues la &uacute;nica evidencia directa que  favorece su versi&oacute;n es la estrecha coincidencia entre sus cifras y el n&uacute;mero de  "almas" referidas por D&iacute;az de Pineda. No obstante, hay indicios circunstanciales  que respaldan la narraci&oacute;n de Velasco y que invitan a reconsiderarla cuidadosamente.</p>     <p>Por  el mismo a&ntilde;o en que Belalc&aacute;zar se dirig&iacute;a hacia el futuro territorio colombiano,  Diego de Almagro marchaba hacia lo que hoy es Chile. Dice  el cronista Francisco L&oacute;pez de G&oacute;mara que Almagro parti&oacute; con "quinientos treinta  espa&ntilde;oles &#91;...&#93; y otros muchos indios honrados" (190). Gonzalo  Fern&aacute;ndez de Oviedo indica que la expedici&oacute;n de Almagro sali&oacute; un  3 de  julio de 1535 acompa&ntilde;ada  de "mucha cantidad de indios de servicio &#91;...&#93;  de los que por su propia voluntad siguen a los cristianos cuyo intento  y mantenimiento es la guerra" (131). Por su parte, el capit&aacute;n Pedro Mari&ntilde;o  de Lovera precisa que acompa&ntilde;aban a Almagro "muchos indios yanaconas  (que es nombre &iacute;ndico el cual quiere decir mozos de servicio) &#91;...&#93;  que no solamente serv&iacute;an de traer le&ntilde;a &#91;...&#93; tambi&eacute;n ayudaban a sus amos  en la guerra". Adem&aacute;s, se&ntilde;ala que "habiendo hecho alto &#91;...&#93; vino en busca  del adelantado un indio llamado Pablo Inga, hermano de Topa Inga, que  a la saz&oacute;n era rey del Per&uacute; &#91;...&#93;. Este Pablo tra&iacute;a consigo sesenta mil indios  de pelea, para ofrecerse con ellos" (21-23).</p>     <p>La  relaci&oacute;n de Mari&ntilde;o de Lovera es respaldada por hallazgos arqueol&oacute;gicos  realizados en el Per&uacute; que evidencian la participaci&oacute;n de tropas incas  al lado de los espa&ntilde;oles, como ocurri&oacute; en el caso del campo de batalla  de Cotaguarcho (Cotahuacho). Las excavaciones de Puruchuco, a  las afueras de Lima, han mostrado que la coya Hatun Jauja y su ej&eacute;rcito, aliados  con los espa&ntilde;oles, resultaron determinantes en la derrota de la rebeli&oacute;n del  Cusco, encabezada por Manco Inca Yupanqui<sup><a href="#1a" name="1b">1</a></sup>. Si aceptamos que,  en general, los conquistadores espa&ntilde;oles del siglo XVI emplearon  estrategias similares  y que en sus expediciones intervinieron vastas huestes nativas,  podr&iacute;amos entonces suponer que los centinelas que avistaron por primera  vez a las tropas del adelantado, a medida que estas hac&iacute;an su entrada en  lo que hoy es Colombia, debieron contemplar un espect&aacute;culo muy distinto del que  hasta ahora han querido imaginar los historiadores de la Nueva  Granada.</p>     <p>Velasco  afirma que las huestes de Belalc&aacute;zar avanzaban en forma de cruz  y que la marcha estaba encabezada por una columna de mil <i>indianos</i>. Es  de anotar que el jesuita solo menciona los nombres de los capitanes espa&ntilde;oles  que comandaban el ala derecha y el ala izquierda, cada una con cincuenta  soldados hispanos, mientras que asegura que Belalc&aacute;zar comandaba la  columna central, donde marchaban los otros cien espa&ntilde;oles. Sin embargo,  olvida mencionar el nombre del capit&aacute;n que guiaba la avanzada. &iquest;Por  qu&eacute;? &iquest;Acaso porque, trat&aacute;ndose de un contingente totalmente ind&iacute;gena, el  nombre del oficial o <i>huaranka kamayuk </i>que muy posiblemente lo comandaba  no le parec&iacute;a tan importante como para registrarlo en los anales de  la historia?</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La  reconstrucci&oacute;n hecha por Velasco sugiere dos posibles escenarios. En  el primero, las huestes de "indianos" habr&iacute;an estado compuestas por  antiguos enemigos de los incas aliados con los espa&ntilde;oles (como las tropas  ca&ntilde;aris que combatieron al lado del adelantado en Tiocajas); en el segundo,  esas mismas fuerzas habr&iacute;an sido integradas por soldados otrora pertenecientes  al ej&eacute;rcito inca, convertidos en mercenarios en esta nueva campa&ntilde;a  europea. En cualquiera de los dos, habr&iacute;an marchado de manera similar  a como lo hubieran hecho en la era incaica: cien <i>chunka-kamayuks</i>, cada  uno al mando de diez hombres; veinte <i>picca  chunka kamayuks</i>, a la cabeza  de cinco escuadrones cada cual, y diez <i>pachac  kamayuks</i>, cada uno al  frente de una compa&ntilde;&iacute;a de cien hombres<sup><a href="#2a" name="2b">2</a></sup>. Fiel a la estrategia militar inca, el <i>huaranka kamayuk </i>que probablemente lideraba la columna de avanzada habr&iacute;a  apostado sus boleadores y arqueros adelante, seguidos de hombres que  portaban macanas, <i>chambis </i>y <i>cunka  chukunas </i>para el combate cuerpo a cuerpo<sup><a href="#3a" name="3b">3</a></sup>. Los lanceros habr&iacute;an cerrado filas  en la retaguardia.</p>     <p>Los  vig&iacute;as locales, que posiblemente espiaban la progresi&oacute;n de esta incursi&oacute;n invasora,  habr&iacute;an divisado al cuerpo principal de la expedici&oacute;n, con sus  alas extendidas hacia el este y el oeste, desplaz&aacute;ndose de modo muy parecido a  la columna de vanguardia. Pronto habr&iacute;an detectado que la ordenada formaci&oacute;n  de boleadores, arqueros, macaneros y lanceros en cada ala escoltaba a  un conjunto peque&ntilde;o de espa&ntilde;oles a caballo. El grupo m&aacute;s numeroso de ib&eacute;ricos  habr&iacute;a marchado en el centro, acompa&ntilde;ado de cargueros y de otros auxiliares,  un buen n&uacute;mero de los cuales eran mujeres. De no haber sido por los  hispanos y sus caballos, los vig&iacute;as ubicados a la vera del camino habr&iacute;an pensado  que se trataba del mismo ej&eacute;rcito que una generaci&oacute;n antes hab&iacute;a conquistado  a los pastos que viv&iacute;an al sur del r&iacute;o Gu&aacute;itara. Estos <i>aucarunas </i>a sueldo  segu&iacute;an entonces el rastro de humo y muerte que Ampudia y sus hombres iban  dejando atr&aacute;s<sup><a href="#4a" name="4b">4</a></sup>.  En este nuevo ej&eacute;rcito europeo, los anteriormente gloriosos  soldados del Imperio inca se habr&iacute;an convertido en carne de ca&ntilde;&oacute;n.</p>     <p>Esta  reconstrucci&oacute;n concuerda, como se ha visto, con las conclusiones que  se desprenden de hallazgos arqueol&oacute;gicos hechos en el Per&uacute; y de relatos  como los de Mari&ntilde;o de Lovera y otros cronistas e historiadores, los cuales  dan cuenta del papel protag&oacute;nico que jugaron los ej&eacute;rcitos amerindios en  las conquistas espa&ntilde;olas del Nuevo Mundo. En este sentido, permite ante  todo considerar seriamente el papel central que desempe&ntilde;aron las huestes  ind&iacute;genas en la conquista del territorio de la futura Colombia<sup><a href="#5a" name="5b">5</a></sup>.</p>       <p><b><font size="3">Orejones,  aliados y soldados de  fortuna</font></b></p>     <p>Hasta  ahora, la explicaci&oacute;n del gran n&uacute;mero de ind&iacute;genas que integraban   las  huestes espa&ntilde;olas ha favorecido la idea de que ellos cumpl&iacute;an servicios forzados.  Sin embargo, existen interpretaciones que sugieren que este fen&oacute;meno   hac&iacute;a  parte de una din&aacute;mica migratoria m&aacute;s compleja, iniciada   por  los incas en su ofensiva imperialista y exacerbada por la conquista   hisp&aacute;nica  (Deprez 303-314; Powers; S&aacute;nchez-Albornoz;  Wightman). Un   an&aacute;lisis  de c&oacute;mo la presencia de nativos en las huestes de Belalc&aacute;zar pudo   haber  respondido a pr&aacute;cticas instauradas por los incas en el Chinchaysuyu,   durante  la expansi&oacute;n del Tawantinsuyu, acaso nos ayude a entender,   mejor  que la idea del sometimiento, los motivos que llevaron a hombres y   mujeres  ind&iacute;genas a participar masivamente de la empresa conquistadora   espa&ntilde;ola.</p>     <p>En  realidad, los incas hab&iacute;an precedido a Belalc&aacute;zar por ochenta a&ntilde;os.  En 1455,  el inca Tupac Yupanqui organiz&oacute; una campa&ntilde;a militar para ampliar  la frontera norte del imperio. En 1495, mientras los espa&ntilde;oles atracaban en  las costas de Hispaniola, Huayna Capac cerraba con broche de oro  la campa&ntilde;a de expansi&oacute;n que su padre hab&iacute;a iniciado cuarenta a&ntilde;os atr&aacute;s.  Luego de la decisiva batalla de Tontaqui (Atuntaqui o Hatuntaqui), en  la cual cay&oacute; Caccha Duchicela, Huayna Capac despos&oacute; a la hija y sucesora de  este, Paccha Duchicela, con lo cual consolid&oacute; el dominio del imperio  sobre las provincias norte&ntilde;as de Pichincha, Imbabura y Carchi.</p>     <p>Esta  &uacute;ltima provincia constitu&iacute;a, junto con la de Nari&ntilde;o, una sola regi&oacute;n cultural  habitada por los pastos. Los incas hab&iacute;an logrado conquistar a  los pobladores del Carchi, pero no consiguieron dominar a los que moraban al  norte de la provincia, los cuales conservaron su autonom&iacute;a. Despu&eacute;s, siguiendo  su habitual protocolo de conquista y colonizaci&oacute;n, trasladaron a muchos  de ellos hacia el sur, a lugares tan apartados como el lago Titicaca. Newson  afirma que en el valle de Quito hab&iacute;a varios asentamientos de pastos y  que en el mismo Quito, en Tumbaco, hab&iacute;a uno (131). Esto indicar&iacute;a que  los habitantes de esa zona estaban familiarizados con las gentes que proven&iacute;an  del norte del r&iacute;o Carchi. Es posible que las consideraran como algo  m&aacute;s que forasteras; tal vez hasta ten&iacute;an parientes en la frontera.</p>     <p>Sin  duda, los un&iacute;a una compleja red de lazos y filiaciones, pues el Tawantinsuyu  se hab&iacute;a afianzado sobre la base de una pol&iacute;tica de interculturalidad fundada  en un patr&oacute;n relacional que estaba, a su vez, vinculado a  la permeabilidad de las fronteras &eacute;tnicas que posibilitaba y promov&iacute;a la interacci&oacute;n  regulada de distintos grupos &eacute;tnicos (Hern&aacute;n). La regi&oacute;n estaba habitada  por un gran n&uacute;mero de migrantes, hombres y mujeres cuyos padres  o abuelos hab&iacute;an sido reubicados en la zona tan solo unas cuantas d&eacute;cadas  atr&aacute;s. Pedro Cieza de Le&oacute;n, que viaj&oacute; por ella entre 1536 y 1548, describe  un territorio en plena conmoci&oacute;n: "En el Per&uacute; no hablan otra cosa los  indios, sino decir que los unos vinieron de una parte y los otros de otra, y  con guerras y contiendas los unos se hac&iacute;an se&ntilde;ores de las tierras de los otros"  (116).  En ese entonces, una nueva ola de invasores desestabilizaba la  regi&oacute;n.</p>     <p>Aunque  la historiadora Karen Powers se&ntilde;ala que la compleja superposici&oacute;n de  gentes y culturas -resultante de las conquistas abor&iacute;genes, incaicas  y espa&ntilde;olas que tuvieron lugar en los Andes ecuatorianos entre los  siglos XV y  XVI-  hace casi imposible la tarea de recomponer la demograf&iacute;a y  la etnohistoria del &aacute;rea (13-14),  es f&aacute;cil ver que ese territorio no pod&iacute;a  albergar una gran cohesi&oacute;n social: las lealtades y alianzas que exist&iacute;an deb&iacute;an  ser precarias, por no decir otra cosa. En este escenario, puede que  los intereses de espa&ntilde;oles e ind&iacute;genas hayan coincidido m&aacute;s de lo que suele  pensarse. Es probable que esta nueva coyuntura les brindara a aquellos pastos,  que cuarenta a&ntilde;os atr&aacute;s hab&iacute;an sido desplazados por los incas hacia  el sur, la oportunidad de regresar a sus hogares originarios. De haber sido  as&iacute;, la idea de enrumbarse hacia el norte en compa&ntilde;&iacute;a de las tropas de Belalc&aacute;zar  no les habr&iacute;a resultado del todo extra&ntilde;a.</p>     <p>Desde  luego, muchos de los ind&iacute;genas que marcharon con Belalc&aacute;zar rumbo  al norte lo hicieron como ayudantes de toda suerte. Mari&ntilde;o de Lovera,  al referirse a los nativos que en 1535  se encaminaban hacia Chile con  Almagro, lo dice claramente: eran "muchos indios yanaconas &#91;...&#93; mozos  de servicio" (23).  Pero anota inmediatamente que "tambi&eacute;n ayudaban a  sus amos en la guerra" (23).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Un  amparo de libertad redactado en Santaf&eacute; en 1590, por solicitud de  una india de nombre Elena, permite entrever, as&iacute; mismo, el rol militar que  los yanaconas desempe&ntilde;aron en la conquista y pacificaci&oacute;n de la Nueva Granada.  Seg&uacute;n el documento, Elena estaba solicitando este recurso de protecci&oacute;n  porque, a pesar de que era due&ntilde;a de una tierra llamada Chucuni, dos  espa&ntilde;oles, vecinos de Ibagu&eacute;, pretend&iacute;an desalojarlos a ella y a sus parientes:  "digo que yo la dicha Elena tengo un pedazo de tierra que lo hered&eacute; de  mis padres los cuales lo ganaron en otros tiempos con la lanza en la mano  de otros enemigos &#91;...&#93; dicha tierra &#91;...&#93; se llama Chucuni" (AGN, <i>CI </i>66, ff. 619  r.-624  v.). En el <i>Diccionario indio del Gran  Tolima</i>, del ling&uuml;ista Pedro Jos&eacute;  Ram&iacute;rez Sendoya, la palabra <i>Chucuni </i>aparece como el nombre de una  vereda a las afueras de Ibagu&eacute;, habitada originalmente por "indios yanaconas del  Per&uacute;" (236).  Pero lo que m&aacute;s llama la atenci&oacute;n en el documento referido  es el argumento que Elena esgrime para justificar su reclamaci&oacute;n. Ella  demuestra que pertenec&iacute;a a una segunda generaci&oacute;n de yanaconas cuyos  padres hab&iacute;an peleado al lado de los espa&ntilde;oles. A cambio de este "auxilio", los  padres de Elena, muy probablemente, hab&iacute;an obtenido el derecho de  asentarse de manera libre en un repartimiento llamado Chucuni.</p>     <p>Igualmente,  en la obra de Juan de Castellanos se encuentra una estrofa que  evoca el rol militar que los yanaconas habr&iacute;an cumplido en las huestes  de Belalc&aacute;zar, en una de las ocasiones en que la villa de Timan&aacute; fue atacada  por los yalcones<sup><a href="#6a" name="6b">6</a></sup>.  Incluso, el pasaje dice que no todos eran soldados rasos,  sino que hab&iacute;a <i>orejones </i>entre ellos<sup><a href="#7a" name="7b">7</a></sup>. Fray Pedro Sim&oacute;n tambi&eacute;n describe  una batalla que habr&iacute;a tenido lugar en 1544  entre las tropas de Belalc&aacute;zar y  los paeces, en la cual algunos <i>orejones </i>habr&iacute;an peleado al lado de los  espa&ntilde;oles<sup><a href="#8a" name="8b">8</a></sup>.  La cr&oacute;nica de Mari&ntilde;o de Lovera indica, en el mismo sentido, que  por el a&ntilde;o en que Belalc&aacute;zar part&iacute;a en busca del Dorado, una parte del  ej&eacute;rcito inca se un&iacute;a a las tropas de Almagro que se dirig&iacute;an hacia Chile. A  la cabeza de esa fracci&oacute;n se hallaba Pablo Inga, hermano del inca reinante. Los  testigos que Pablo Inga cit&oacute; luego en una probanza confirman el hecho: "vio  como yendo camino de Chile iban con el dicho Pablo muchos principales  y se&ntilde;ores" (cit. en Vidal).</p>     <p>Si  "muchos" orejones participaron de la expedici&oacute;n de Almagro hacia Chile  en 1535,  no es imposible suponer que otro tanto hubiese ocurrido con  la de Belalc&aacute;zar hacia la futura Colombia, como refieren Castellanos y Sim&oacute;n.  Frank Salomon nos recuerda que "el r&eacute;gimen h&iacute;brido producido en  la primera etapa de la invasi&oacute;n espa&ntilde;ola interpuso, entre la peque&ntilde;a minor&iacute;a  conquistadora y la mayor&iacute;a aborigen, una capa de exoficiales del Tawantinsuyu"  (59).  Despu&eacute;s de todo, la incorporaci&oacute;n de tropas y de oficialidad ind&iacute;gena  a las filas hisp&aacute;nicas cumpl&iacute;a el doble prop&oacute;sito de restarle hombres  y mandos a los territorios dominados -posibles combatientes y dirigentes  en un levantamiento- y a la vez engrosar los contingentes destinados a  nuevas incursiones.</p>     <p>Pero  si los espa&ntilde;oles ten&iacute;an evidentes razones para reclutar combatientes abor&iacute;genes,  &iquest;qu&eacute; motivos animaban a estos a engrosar las huestes europeas?  Indudablemente ten&iacute;an varios, pues, como hemos visto, el r&oacute;tulo de <i>yanaconas </i>con el que los cronistas designaron indistintamente a los indios  que participaron de la empresa conquistadora cobijaba a una masa heterog&eacute;nea  de individuos, entre los que se contaban orejones, soldados rasos  y ayudantes de toda clase. Los orejones, ciertamente, se percib&iacute;an a s&iacute;  mismos como hombres libres involucrados en una campa&ntilde;a en la cual eran  aliados de los invasores, antes que sirvientes en una marcha forzada. En  cuanto a los soldados rasos y "mozos de servicio", la solicitud de amparo de  la india Elena nos ofrece una pista: la ocupaci&oacute;n hisp&aacute;nica de las futuras tierras  colombianas les habr&iacute;a proporcionado la esperanza de mejorar sus condiciones  de vida.</p>     <p>Los  incas, en su mete&oacute;rica expansi&oacute;n, hab&iacute;an creado una casta de hombres  y mujeres sin tierra que deb&iacute;an alquilar su fuerza de trabajo al mejor postor.  Y los mejores postores ahora eran los espa&ntilde;oles. La posibilidad de  acompa&ntilde;ar a estos en esa aventura militar infund&iacute;a en los yanaconas la ilusi&oacute;n  de conquistar un pedazo de tierra propio, la tan anhelada chagra, junto  con un estatus m&iacute;nimo. Las tropas europeas pueden haber representado una  instancia expedita de integraci&oacute;n y promoci&oacute;n social para miles de abor&iacute;genes  que de por s&iacute; ten&iacute;an muy poco que perder. Al menos era la ocasi&oacute;n  de distanciarse, tanto f&iacute;sica como socialmente, de los indios que iban  quedando atr&aacute;s para trabajar en las encomiendas y las minas. Los espa&ntilde;oles habr&iacute;an  capitalizado muy pronto las aspiraciones y frustraciones de  un sector marginado de la poblaci&oacute;n del Tawantinsuyu. Ir&oacute;nicamente, el  mismo grupo de hombres y mujeres que hab&iacute;an hecho posible el ensanchamiento del  Imperio inca impulsar&iacute;a entonces la expansi&oacute;n del Imperio espa&ntilde;ol.</p>       <p><b><font size="3">Soldaderas</font></b></p>     <p>Pero  las huestes indianas de conquista no estaban compuestas solo por antiguos  enemigos, exoficiales y exsoldados del imperio; al lado de estos hombres  y de aquellos que oficiaban como cargueros, marchaban cientos de  mujeres. En este sentido, el relato de Velasco no solo desconoce a los aucarunas,  tambi&eacute;n invisibiliza a las mujeres quechuahablantes que hac&iacute;an parte  de esta expedici&oacute;n. Castellanos y Sim&oacute;n, sin embargo, las mencionan en  su recuento de lo que fue la expedici&oacute;n de Belalc&aacute;zar al norte de Quito<sup><a href="#9a" name="9b">9</a></sup>. Una  lectura conservadora de la informaci&oacute;n proporcionada por los oficiales de  la audiencia de Santaf&eacute; indica que el promedio de mujeres ind&iacute;genas que acompa&ntilde;aban  al adelantado y sus tropas pod&iacute;a estar entre doscientas y ochocientas: "no  hay soldado &#91;...&#93; que no lleve tres o cuatro indios e indias que le  sirvan" ("Particularidades" 113). El arque&oacute;logo norteamericano Terence D'Altroy  argumenta que la presencia de grandes contingentes de mujeres en los  ej&eacute;rcitos incas era bastante com&uacute;n: "las unidades del ej&eacute;rcito marchaban en  compa&ntilde;&iacute;a de un n&uacute;mero importante de mujeres, la mayor&iacute;a de ellas parientes de  los soldados. Las mujeres se encargaban de la cocina y atend&iacute;an a los  heridos y enterraban a los muertos despu&eacute;s de las batallas" (216).</p>     <p>Si  los espa&ntilde;oles enlistaban en sus ej&eacute;rcitos tropas ind&iacute;genas y estas, a  su vez, sol&iacute;an ser acompa&ntilde;adas por un gran n&uacute;mero de mujeres, no debe sorprendernos  que Belalc&aacute;zar haya incorporado una cantidad tan importante de  mujeres quechuahablantes en sus filas, sobre todo teniendo en  cuenta que los hispanos tend&iacute;an a adoptar aquellos rasgos de la cultura inca  que se adaptaban a sus prop&oacute;sitos, como lo afirma la historiadora Ann  Wightman (2).  Pero hay otras razones que podr&iacute;an explicar la concurrencia de  tantas mujeres ind&iacute;genas en las fuerzas conquistadoras. Mar&iacute;a Rostworowski  sostiene que, antes de que los espa&ntilde;oles desembarcaran en  el Per&uacute;, las epidemias de origen europeo ya hab&iacute;an causado estragos entre  la poblaci&oacute;n y que, a consecuencia de esta situaci&oacute;n, las mujeres del Tawantinsuyu  se habr&iacute;an visto obligadas a incrementar su participaci&oacute;n en la  guerra, especialmente en lo que se refer&iacute;a al apoyo log&iacute;stico (6). Con la llegada  de los ib&eacute;ricos y la aguda competencia que se entabl&oacute; entre capitanes por  el recurso humano ind&iacute;gena, esta coyuntura se habr&iacute;a exacerbado, lo  cual explicar&iacute;a la considerable presencia femenina entre los hombres de Belalc&aacute;zar.</p>     <p>Rolando  Mellafe afirma que las tropas invasoras sol&iacute;an constituir verdaderas  microsociedades migratorias, estratificadas y compuestas por diferentes  elementos (132-133). La relaci&oacute;n de Mari&ntilde;o de Lovera  evidencia la  participaci&oacute;n en ellas de m&aacute;s de una categor&iacute;a de <i>auxiliares </i>ind&iacute;genas o  yanaconas: hab&iacute;a abor&iacute;genes que se desempe&ntilde;aban como cargueros propiamente hablando;  pero tambi&eacute;n hab&iacute;a miles de exsoldados y exoficiales del  Imperio inca, aliados y mercenarios al servicio de los espa&ntilde;oles, antes que  siervos. Hab&iacute;a, igualmente, miembros de la nobleza incaica u orejones, un  n&uacute;mero significativo de mujeres y, muy probablemente, antiguos enemigos del  Imperio inca.</p>     <p>Todos  ellos confluyeron en la empresa conquistadora hisp&aacute;nica, en la  cual empezaron a ser agrupados indistintamente bajo la voz quechua <i>yanacona(s)</i>, aunque muchos no se habr&iacute;an identificado como tales,  pues en  el Imperio inca este apelativo designaba a una casta espec&iacute;fica de s&uacute;bditos cuyas  principales caracter&iacute;sticas eran haber sido desarraigados y estar al  servicio de la nobleza. Con la llegada de los espa&ntilde;oles, la antigua noci&oacute;n de <i>yanacona(s) </i>comenz&oacute; a denotar, no ya un segmento particular de la  poblaci&oacute;n del Imperio inca, sino a todos aquellos antiguos s&uacute;bditos del inca  que de una u otra manera -sin importar distinciones de etnia, rango, categor&iacute;a  social u oficio- pasaron a servir a los europeos. Como veremos, el  campo significativo de esta noci&oacute;n seguir&iacute;a evolucionando durante la Colonia.</p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b><font size="3">Indios colonizadores</font></b></p>     <p>En  su descripci&oacute;n de la expedici&oacute;n de Belalc&aacute;zar, Velasco nos dice que la mayor&iacute;a  de los ind&iacute;genas que lo acompa&ntilde;aban murieron en el valle del Pat&iacute;a. Los  historiadores Kathleen Romoli y Luis Fernando Calero afirman que los  indios que acompa&ntilde;aban al adelantado no murieron solo a causa del t&oacute;rrido  calor de los valles del Pat&iacute;a sino tambi&eacute;n debido a que fueron ellos quienes  encajaron en primera instancia las bajas por cuenta de los ataques de  los sindaguas (Calero 55-59; Romoli 258). Sin embargo, la ubiquidad de los  yanaconas en los documentos oficiales del siglo XVI  sugiere, o bien que un  n&uacute;mero suficiente de ellos sobrevivi&oacute;, o bien que este grupo hac&iacute;a parte de  un patr&oacute;n m&aacute;s amplio de migraciones de quechuahablantes hacia tierras ubicadas  al norte de Quito que se repetir&iacute;a a lo largo del siglo XVI.</p>     <p>La  recurrente presencia de hombres y mujeres yanaconas en textos coloniales  indica, as&iacute; mismo, que estos jugaron un papel primordial en la  colonizaci&oacute;n de lo que hoy es el suroccidente colombiano. El historiador Ary  Campo Chicangana asegura que al menos 17.000 yanaconas  se establecieron all&iacute;  a lo largo del siglo XVI:  "m&aacute;s de 17.000 Yanakunas  &#91;...&#93; fueron separados  violentamente unos, y por voluntad propia otros, y trasladados como  guerreros, agricultores, pastores y cargueros. Algunos murieron guerreando, otros  se fueron quedando a lo largo de la ruta recorrida por los invasores  espa&ntilde;oles" (31)<sup><a href="#10a" name="10b">10</a></sup>.</p>     <p>En  las p&aacute;ginas siguientes examinaremos algunas de sus apariciones en  documentos de los siglos XVI y  XVII,  que constituyen un testimonio del rol  que cumplieron en la constituci&oacute;n de la Nueva Granada.</p>       <p><b><font size="3">Intermediarios culturales</font></b></p>     <p>Muchos  yanaconas perecieron en los valles del Pat&iacute;a a manos de los sindaguas. Avanzando  como carne de ca&ntilde;&oacute;n en la l&iacute;nea de fuego, habr&iacute;an sufrido las  primeras bajas a causa del ataque de los que Castellanos describe como escuadrones  altamente disciplinados de guerreros (718; parte 3, canto 3). Muchos,  sin embargo, sobrevivieron.</p>     <p>Treinta  a&ntilde;os despu&eacute;s de la incursi&oacute;n inicial de Belalc&aacute;zar y 950 km al norte  de la frontera del actual territorio del Ecuador, el jueves 16 de mayo de  1569,  uno de esos sobrevivientes -"indio lengua anacona de Quito cristiano  y ladino"- se dirig&iacute;a a una multitud reunida en la plaza de mercado de  Tunja (AGN, <i>CI </i>70, ff. 613  r.-621  v.). El "indio lengua anacona"  estaba retransmitiendo  la &uacute;ltima proclamaci&oacute;n del alcalde de la ciudad. Al parecer, aunque  los espa&ntilde;oles hab&iacute;an conquistado el lugar hac&iacute;a tres d&eacute;cadas, les  preocupaba que los lugare&ntilde;os estuvieran empe&ntilde;ados en seguir con sus  vidas como si los europeos jam&aacute;s hubiesen puesto un pie en la regi&oacute;n. No  es posible determinar si se trataba de una retransmisi&oacute;n literal, pero sabemos  que el lengua yanacona, "muy diestro en la lengua de los dichos naturales",  se dirigi&oacute; a la multitud en chibcha:</p>     <blockquote>       <p>En  la ciudad de Tunja &#91;...&#93; doce d&iacute;as mes de mayo de mil quinientos sesenta     y  nueve a&ntilde;os, el &#91;...&#93; licenciado Juan L&oacute;pez de Cepeda, oidor y alcalde     &#91;...&#93;  dijo que por cuanto &#91;...&#93; es informado que todav&iacute;a los caciques principales     e  indios de esta provincia &#91;...&#93; tienen sus santuarios e &iacute;dolos y templos     y  hacen uso de otros ritos y areitos diab&oacute;licos antiguos en ofensa de nuestro     se&ntilde;or  Dios &#91;...&#93; queri&eacute;ndolo remediar &#91;...&#93; mandaba que de aqu&iacute; en adelante     ninguno  ni algunos zaques principales e indios, as&iacute; chontales como ladinos     y  cristianos conversos por a&ntilde;os, no tengan ni consientan tener ni usar de los     dichos  santuarios ni &iacute;dolos. (AGN, <i>CI </i>70, ff. 613  r.-621  v.)</p> </blockquote>     <p>El  documento indica que el int&eacute;rprete yanacona lo report&oacute; todo   fielmente  porque estaba acompa&ntilde;ado de Sebasti&aacute;n Ropero y Hernando   Avenda&ntilde;o,  "mestizos hijos de los que entienden su lengua de estos indios   como  nacidos en esta dicha ciudad", quienes hab&iacute;an sido encargados de vigilar   que  la traducci&oacute;n hecha por aquel fuese fidedigna. Lo que no explica   es  por qu&eacute; Ropero o Avenda&ntilde;o no transmitieron ellos mismos el contenido   del  decreto. Pues, como "mestizos hijos de los que entienden su lengua   de  estos indios", su lengua materna era el chibcha, no as&iacute; la del int&eacute;rprete   yanacona.  Adem&aacute;s, Ropero y Avenda&ntilde;o encarnaban una autoridad local   que  aquel no ten&iacute;a. Entonces, &iquest;qu&eacute; era lo que hac&iacute;a de ese traductor un   intermediario  ideal para los espa&ntilde;oles?</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Los  decretos del alcalde revelan una situaci&oacute;n en la cual los europeos   estaban  lejos de tener el control, a tal punto que incluso los indios   ladinos,  aquellos que hab&iacute;an sido convertidos en los treinta a&ntilde;os transcurridos   desde  la conquista de la regi&oacute;n, estaban huyendo y junt&aacute;ndose   con  los chontales. Esto explicar&iacute;a por qu&eacute; las autoridades coloniales de la   ciudad  sent&iacute;an que era necesario situar a dos mestizos -dos hombres   cuya  lengua materna era el chibcha, pero cuyas lealtades estaban con los   espa&ntilde;oles-  al lado del int&eacute;rprete yanacona para cerciorarse de que el   contenido  del mensaje fuera transmitido en forma veraz. Sin embargo, al   optar  por un traductor ind&iacute;gena, esas mismas autoridades parecen haberse   inclinado  por una estrategia conciliadora que les permitiera manejar el estado   de  anarqu&iacute;a al que se estaban enfrentando. Hab&iacute;an elegido a alguien   con  quien los locales pod&iacute;an relacionarse, alguien capaz de derrotar la   desconfianza  de los colonizados, en suma, capaz de ganarse los corazones   de  la multitud que lo escuchaba. En semejante situaci&oacute;n, <i>los indios amigos</i>,   como  llamaban los espa&ntilde;oles a los abor&iacute;genes que colaboraban con ellos,   eran  no solo &uacute;tiles sino preferibles a los propios mestizos.</p>       <p><b><font size="3">Indios amigos y carne de ca&ntilde;&oacute;n</font></b></p>     <p>El  mundo que este edicto nos permite vislumbrar se caracterizaba por un  equilibrio precario que los espa&ntilde;oles no dominaban del todo. Esta circunstancia  favoreci&oacute; la entrada en escena de intermediarios culturales como  ese lengua yanacona. Poder mediar entre europeos y locales les brindaba a  estos agentes del di&aacute;logo intercultural la posibilidad de ejercer cierta influencia  sobre ambas facciones. No obstante, al mismo tiempo que sosten&iacute;an relaciones  privilegiadas con ellas, eran percibidos con desconfianza desde  los dos sectores. Para los locales, se trataba de colaboradores de los colonizadores;  para los hispanos, de colaboradores que pod&iacute;an conspirar contra  ellos y traicionarlos, y a los que, por lo tanto, hab&iacute;a que vigilar de cerca.</p>     <p>Juan  Friede cita un informe de 1562 en el que se denuncian los excesos cometidos  por el teniente Luis de Guevara contra los naturales durante una  expedici&oacute;n punitiva organizada para castigar la rebeli&oacute;n de los quimbayas de  1557.  Guevara fue acusado de abusar de ellos de tal manera que incluso  los indios yanaconas, ali&aacute;ndose con los indios de la localidad, se hab&iacute;an  rebelado contra los espa&ntilde;oles: "porque una india yanacona lleg&oacute; a la  poblaci&oacute;n de Anserma para 'invocar e incitar a todos los caciques de esta provincia'  &#91;...&#93;" (Friede 76).</p>     <p>Pero  a los yanaconas tambi&eacute;n se los usaba como carne de ca&ntilde;&oacute;n en la  lucha contra los <i>indios de guerra </i>o rebeldes. Prueba de qu&eacute; tan arraigada era  esta pr&aacute;ctica es un informe de 1603 sobre la guerra contra los pijaos. En  una carta dirigida al presidente de la audiencia de Santaf&eacute;, don Juan de Borja,  el cabildo de Ibagu&eacute; describe c&oacute;mo un grupo de diez soldados espa&ntilde;oles hab&iacute;an  salido de esta &uacute;ltima ciudad disfrazados de yanaconas para unirse  con doscientos <i>indios amigos </i>en procura de tenderles una trampa a los  pijaos: "los vecinos con su pobreza se animan a defenderse &#91;...&#93; han salido  ahora diez espa&ntilde;oles arcabuceros en aviso de yanaconas con sus cabelleras disfrazados  y doscientos indios amigos que van en su alcance de los  dichos indios salteadores" (Ortega 61).</p>     <p>El  costo de tan estrecha asociaci&oacute;n con los espa&ntilde;oles era alto para los yanaconas.  Como aliados de aquellos, a menudo eran el blanco favorito de los  indios rebeldes. Los europeos lo sab&iacute;an y los usaban a su acomodo, coloc&aacute;ndolos en  la l&iacute;nea de fuego. Que esas alianzas pod&iacute;an resultar peligrosas se  puede ver, por ejemplo, en un informe de 1542  sobre la primera rebeli&oacute;n de  los quimbayas. All&iacute;, un indio de nombre Apaca testific&oacute; que el cacique Yamba  "hab&iacute;a matado a una india llamada Isabel y a los yanaconas que la acompa&ntilde;aban"  (Friede 25).  Sin embargo, la posibilidad de obtener chagras a  cambio de servicios constituy&oacute; un fuerte aliciente, durante 280 a&ntilde;os de  gobierno colonial, para aliarse con los espa&ntilde;oles. El siguiente caso ilustra las  complejidades de la lucha yanacona por hacerse con tierras durante la Colonia.</p>       <p><b><font size="3">H&aacute;biles pol&iacute;ticos y agentes de  mano de obra</font></b></p>     <p>En  1696,  don Tom&aacute;s Quimbaya, el gobernador ind&iacute;gena de los yanaconas   que  viv&iacute;an en Neiva, acudi&oacute; a los estrados judiciales. Don Tom&aacute;s le hab&iacute;a   solicitado  a la audiencia de Santaf&eacute; que les permitiera a los yanaconas que   estaban  a su cargo reubicarse a las afueras de Neiva, en un poblado otrora   habitado  por los indios dujos. En su petici&oacute;n, Quimbaya afirmaba que los   abusos  del gobernador espa&ntilde;ol, don Juan Marruto, se hab&iacute;an hecho intolerables   y  que, para evitar que los indios huyeran, era necesario autorizarles   el  reasentamiento que requer&iacute;an:</p>     <blockquote>       <p>El  fiscal protector por Tom&aacute;s Quimbaya gobernador de los indios anaconas     de  la ciudad de Neiva dice le informan que en el corto tiempo que ha que     lleg&oacute;  por gobernador de ella don Juan Marruto &#91;...&#93; son como piezas tan     miserables  como dichos indios &#91;...&#93; les ha compelido su misma necesidad     por  redimirse de las vejaciones intolerables que experimentan a acudir a esta     corte  &#91;...&#93; y que para que no se les contin&uacute;en, representan que el &uacute;nico medio     para  conseguirlo es la mudanza de dichos indios para lo cual refieren que a     un  cuarto de legua de esta dicha ciudad de Neiva hay un pueblo llamado los     dujos  que ha venido en suma disminuci&oacute;n adonde piden ser agregados &#91;...&#93;     y  concedi&eacute;ndose por vuestra se&ntilde;or&iacute;a lo referido ofrecen &#91;...&#93; fundar en dicho     pueblo  de los dujos cien almas y que es muy posible que a vista de su fomento     y  del alivio que con el tiempo reconocieren se agreguen muchas m&aacute;s &#91;...&#93; remedio     y  reparo &uacute;nico para que no se ausenten y anden dispersos en perjuicio     de  la Real Hacienda. (AGN, <i>CI </i>62, ff. 95  r.-105  v.)</p> </blockquote>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La  audiencia de Santaf&eacute; accedi&oacute; a la solicitud y les orden&oacute; a las autoridades   de  la ciudad de Neiva llevar a cabo la reubicaci&oacute;n de los indios. Pero estas se  negaron a hacerlo. En una audiencia acontecida en Neiva, el oidor   don  Diego de Rojas y Vargas cit&oacute; a varios testigos yanaconas que declararon   que,  a excepci&oacute;n de los azotes que un tal Bernab&eacute; hab&iacute;a recibido, los   indios  no recib&iacute;an malos tratos. Con todo, un testigo de la parte de los yanaconas   sostuvo  que los indios se hab&iacute;an dispersado mucho antes del castigo   recibido  por Bernab&eacute; "por no tener tierras en donde poblarse". A pesar de   esto,  el oidor insisti&oacute; en que la ciudad no pod&iacute;a prescindir de los yanaconas.</p>     <p>No  es claro si la audiencia de Santaf&eacute; acept&oacute; la apelaci&oacute;n de las autoridades de  Neiva (el documento est&aacute; incompleto), pero este caso es un buen  ejemplo de los intereses en juego en la lucha de los yanaconas por la tierra  y de la manera en que estos intentaban negociar a su favor. Como el escrito  lo indica, para la &eacute;poca, la poblaci&oacute;n de dujos hab&iacute;a sido diezmada. Es  evidente que don Tom&aacute;s y los suyos hab&iacute;an detectado esta situaci&oacute;n y la posibilidad  que les brindaba de hacerse con una tierra convenientemente localizada  al lado de sus rozas. La reubicaci&oacute;n que ped&iacute;an les ahorrar&iacute;a el tener  que someterse a los abusos de los vecinos y encomenderos de Neiva. Pero  los yanaconas constitu&iacute;an una fuente de mano de obra barata de la cual  la ciudad se negaba a prescindir. En todo caso, don Tom&aacute;s sab&iacute;a muy bien  que los funcionarios de la Corona estaban m&aacute;s preocupados por asegurarse de  que los indios pagaran tributos que por cualquier disputa entre estos  y los encomenderos. Y deb&iacute;a saber que el argumento presentado por &eacute;l,  en el sentido de que los indios a su cuidado empezar&iacute;an pronto a huir si  no se les permit&iacute;a reubicarse -lo cual har&iacute;a imposible la recolecci&oacute;n de tributos  entre ellos-, era poderos&iacute;simo a o&iacute;dos de los funcionarios reales.</p>     <p>La  migraci&oacute;n ind&iacute;gena para escapar a las demandas espa&ntilde;olas de mano  de obra, a las reducciones y al pago de tributos constituy&oacute; un dolor de cabeza  para los funcionarios coloniales durante el siglo XVI. Karen Powers afirma  que a lo largo y ancho de los Andes, las palabras <i>ausentes</i>, <i>forasteros </i>y <i>rezagos </i>aparec&iacute;an por todas partes en los informes de los  bur&oacute;cratas (45). La  respuesta de la audiencia de Santaf&eacute; a la petici&oacute;n de don Tom&aacute;s indica que  la sombra del ausentismo y los rezagos tributarios a&uacute;n los mortificaba a finales  del siglo XVII.  La end&eacute;mica falta de mano de obra que aquejaba a las colonias  hac&iacute;a de gobernadores ind&iacute;genas como este -que en ocasiones lograban  obtener ventajas al enfrentar los intereses de la Corona con los de  encomenderos y vecinos- proveedores de una fuerza de trabajo ideal.</p>     <p>Es  de anotar que don Tom&aacute;s consigui&oacute; despertar entre los funcionarios reales  la expectativa de un mayor recaudo tributario argumentando que  la reubicaci&oacute;n de los yanaconas en el antiguo poblado dujo atraer&iacute;a a  otros ind&iacute;genas (yanaconas y forasteros) que, al asentarse all&iacute;, tambi&eacute;n pagar&iacute;an  tributos. Powers afirma que las reducciones y el estatus de los yanaconas eran  muy apetecidos en la regi&oacute;n andina por migrantes ind&iacute;genas no-yanaconas  que buscaban escapar de las encomiendas, la mita y el pago de  tributos (46).  Dado que estos hombres y mujeres llegaban a suplir la mano  de obra de los pueblos y reducciones que estaban bajo jurisdicci&oacute;n real,  los funcionarios de la Corona se hac&iacute;an los de la vista gorda, mientras que  los caciques yanaconas se ve&iacute;an favorecidos en la medida en que los migrantes  contribu&iacute;an a la econom&iacute;a de las parcialidades y aumentaban su capital  pol&iacute;tico. Resguardos como el de don Tom&aacute;s florecieron a todo lo largo  del camino real de Quito, desde Popay&aacute;n hasta Neiva, y de all&iacute; hasta Ibagu&eacute;.  Eventualmente, el olfato de hombres como &eacute;l para agarrar las oportunidades  y negociar con las autoridades espa&ntilde;olas les permiti&oacute; a las  comunidades yanaconas obtener tierras y prosperar.</p>     <p>A  pesar de que los historiadores y cronistas de la Colonia nunca reconocieron  la envergadura y relevancia de la participaci&oacute;n de los yanaconas en  la constituci&oacute;n de la Nueva Granada, los funcionarios de la administraci&oacute;n  colonial comprendieron muy bien el valor y la utilidad de  dicha poblaci&oacute;n. Como <i>indios amigos</i>, los yanaconas eran vigilados de cerca  y, siempre y cuando fuera conveniente, consentidos por los espa&ntilde;oles. Como  fuerza de trabajo, por su anterior condici&oacute;n social dentro del Imperio  inca, estaban m&aacute;s familiarizados con la l&oacute;gica laboral de los europeos que  las culturas locales, que rechazaron esa l&oacute;gica tenazmente. Como intermediarios,  demostraron ser indispensables, franqueando las barreras ling&uuml;&iacute;sticas  y culturales que exist&iacute;an entre europeos y locales. Como aliados militares,  constituyeron el grueso de unas tropas sin las cuales la conquista desde  el sur del futuro territorio neogranadino no se habr&iacute;a llevado a cabo.</p>     <p>En  este proceso de conquista y colonizaci&oacute;n, los yanaconas desempe&ntilde;aron, a  menudo simult&aacute;neamente, papeles disimiles aunque no por ello  excluyentes: conquistadores y carne de ca&ntilde;&oacute;n, aliados y soldados de fortuna,  soldaderas y colonizadoras, intermediarios culturales, proveedores de mano de  obra y h&aacute;biles pol&iacute;ticos. La evidencia sugiere que, intentando mejorar  sus condiciones de vida, participaron de ese proceso en calidad de sujetos  agenciadores de su propia historia. Por todo lo anterior, su importancia como  aliados y socios de los espa&ntilde;oles en la conquista y colonizaci&oacute;n de  lo que ahora es el sur de Colombia no puede desconocerse.</p>  <HR>    <p> <b><font size="3">Notas</font></b>    <br> <a href="#1b" name="1a">1</a>  Guillermo Cock y Elena Goycochea han  exhumado setenta esqueletos en Puruchuco: solo   tres  muestran se&ntilde;ales de haber muerto por el embate de armas espa&ntilde;olas. Efra&iacute;n  Trelles afirma   que,  en el juicio que tuvo lugar a&ntilde;os despu&eacute;s, los herederos de Pizarro sostuvieron  que la defensa   de  Lima hab&iacute;a implicado una alta erogaci&oacute;n del patrimonio familiar y que la Corona   deb&iacute;a  recompensarlos. Pero la Corona llam&oacute; a varios testigos ind&iacute;genas que dijeron  que la   mayor  parte del combate hab&iacute;a tenido lugar entre ind&iacute;genas y que los espa&ntilde;oles que  hab&iacute;an   participado  lo hab&iacute;an hecho rodeados de nativos que los proteg&iacute;an (<i>The Great</i>).    <br> <a href="#2b" name="2a">2</a> <i>Kamayuk </i>era el nombre que se le daba a un oficial del ej&eacute;rcito  inca; <i>chunka</i>, <i>picca  chunka</i>, <i>pachac</i>   y <i>huaranka </i>designaban distintos rangos militares en el ej&eacute;rcito inca  (Bravo, Mac&iacute;as y Aguilar 27).    <br> <a href="#3b" name="3a">3</a> <i>Chambis</i>: mazos cubiertos de p&uacute;as; <i>cunka chukunas</i>: hachas de cobre o piedra.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> <a href="#4b" name="4a">4</a> <i>Aucaruna</i>: soldado inca.    <br> <a href="#5b" name="5a">5</a>  V&eacute;anse las cr&oacute;nicas de Pedro Cieza  de Le&oacute;n sobre la conquista de la regi&oacute;n andina y de Bernal   D&iacute;az  del Castillo sobre la de M&eacute;xico; y, m&aacute;s recientes, los trabajos de Espinoza y  de Ruiz-Esquide.    <br> <a href="#6b" name="6a">6</a>  Juan Marchena afirma que, aunque la  credibilidad de Castellanos ha sido cuestionada,   debemos  recordar que &eacute;l particip&oacute;, entre 1544  y 1554, de varias de las expediciones que se organizaron   durante  la conquista de la Nueva Granada (27-43).  Por su parte, Bernardo Tovar   Zambrano  y Carlos Eduardo Am&eacute;zquita afirman que, a pesar de que no tom&oacute; parte en la   campa&ntilde;a  contra los yalcones, Castellanos conoci&oacute; a varios de los capitanes espa&ntilde;oles  que   participaron  en ella (237-238).    <br> <a href="#7b" name="7a">7</a>  "Hicieron en los fuertes sus garitas  / &#91;...&#93; Entraron muchos indios yanaconas / &#91;...&#93; Por ser   algunos  dellos orejones / Cursados en bel&iacute;geras cuestiones" (Castellanos 919; parte 3, canto 8).    <br> <a href="#8b" name="8a">8</a>  "Los indios de servicio yanaconas &#91;...&#93;  mostraron sus voluntades &#91;...&#93; porque como hab&iacute;an   bajado  del Per&uacute; y eran orejones<i>, </i>los m&aacute;s quer&iacute;an volverse all&aacute;" (Sim&oacute;n 3: 113; cap. 25).    <br> <a href="#9b" name="9a">9</a>  "Muchos indios e indias de servicio  / Que por ac&aacute; llamamos yanaconas / &#91;...&#93; Caminaron   la  v&iacute;a del oriente" (Castellanos 878; parte 3, canto 4). "Con gran carruaje de yanaconas y otros   indios  e indias sirvientes &#91;...&#93; comenz&oacute; su jornada a la parte del oriente" (Sim&oacute;n 3: 25; cap. 4).    <br> <a href="#10b" name="10a">10</a>  Adem&aacute;s de su investigaci&oacute;n en el  Archivo Central del Cauca y en el Archivo Eclesi&aacute;stico de   San  Francisco (Popay&aacute;n), Campo Chicangana se basa en documentos del Archivo del  Cabildo   Ind&iacute;gena  de Guachicono (Cauca) y del Archivo del Cabildo Ind&iacute;gena de Rioblanco (Cauca).</p>   <hr>    <p><b><font size="3">BIBLIOGRAF&Iacute;A</font></b></p>     <p><b>FUENTES PRIMARIAS</b></p>     <blockquote>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p>A. <i>Archivos</i></p> </blockquote>     <p><b>Archivo  General de la Naci&oacute;n, Bogot&aacute;, Colombia (AGN).</b>  </p>     <blockquote>       <p><i>Caciques e indios </i>(<i>CI</i>) 62,  66,  70.</p>       <p>B. <i>Impresos</i></p> </blockquote>     <!-- ref --><p>Castellanos,  Juan de. <i>Eleg&iacute;as de varones ilustres de  Indias. </i>1588.  Madrid: Real Academia   Espa&ntilde;ola,  1944.  Impreso. Biblioteca de Autores Espa&ntilde;oles.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6343963&pid=S2027-4688201300020000100001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Cieza  de Le&oacute;n, Pedro. <i>Obras completas</i>. Madrid: Consejo Superior de Investigaciones Cient&iacute;ficas,  1985.  Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6343965&pid=S2027-4688201300020000100002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>D&iacute;az  del Castillo, Bernal. <i>Historia verdadera de la  conquista de Nueva Espa&ntilde;a</i>.  M&eacute;xico: Porr&uacute;a,  1994.  Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6343967&pid=S2027-4688201300020000100003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Fern&aacute;ndez  de Oviedo, Gonzalo. <i>Historia general de las Indias</i>. Madrid: Real Academia Espa&ntilde;ola,  1954.  Impreso. Biblioteca de Autores Espa&ntilde;oles.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6343969&pid=S2027-4688201300020000100004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Friede,  Juan. <i>Los quimbayas bajo la  dominaci&oacute;n espa&ntilde;ola </i><i>1539</i><i>-</i><i>1810</i>. Bogot&aacute;: Banco de la Rep&uacute;blica,  1963.  Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6343971&pid=S2027-4688201300020000100005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>L&oacute;pez  de G&oacute;mara, Francisco. <i>Historia general de las Indias  y vida de Hern&aacute;n Cort&eacute;s</i>. Caracas:  Biblioteca Ayacucho, 1991.  Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6343973&pid=S2027-4688201300020000100006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Mari&ntilde;o  de Lovera, Pedro. <i>Cr&oacute;nica del Reino de Chile,  escrita por el capit&aacute;n don Pedro Mari&ntilde;o</i> <i>de Lovera, reducida a nuevo  m&eacute;todo y estilo por el padre Bartolom&eacute; de Escobar de la</i> <i>Compa&ntilde;&iacute;a de Jes&uacute;s</i>. Santiago: Imprenta del Ferrocarril, 1865.  Web. Noviembre de  2012.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6343975&pid=S2027-4688201300020000100007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>"Particularidades  del Nuevo Reino por los oficiales reales de Santa Fe de Bogot&aacute;". 1572. <i>Cespedesia </i>45-46.4 (enero-junio  de 1983):  113-137. Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6343977&pid=S2027-4688201300020000100008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Sim&oacute;n,  Pedro. <i>Noticias historiales de las  conquistas de tierra firme en las Indias occidentales</i>. 8 t.  Bogot&aacute;: Biblioteca Banco Popular, 1981. Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6343979&pid=S2027-4688201300020000100009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Velasco,  Juan de. <i>Historia del Reino de Quito en  la Am&eacute;rica meridional</i>. 1789. 3 t.  Quito: El Comercio,  1946.  Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6343981&pid=S2027-4688201300020000100010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Velasco,  Juan de. <i>Padre Juan de Velasco S.I.  Historia antigua, historia moderna</i>.  T. 1.  Quito: Biblioteca Ecuatoriana  M&iacute;nima, 1960.  Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6343983&pid=S2027-4688201300020000100011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <p><b>FUENTES SECUNDARIAS</b> </p>     <!-- ref --><p>Bravo,  Kl&eacute;ver, Edison Mac&iacute;as y Marisol Aguilar. <i>Breve  historia del Ej&eacute;rcito ecuatoriano</i>. Quito:  Centro de Estudios Hist&oacute;ricos (CEHE); Ej&eacute;rcito Ecuatoriano, 2005. Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6343986&pid=S2027-4688201300020000100012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Calero,  Luis Fernando. <i>Pastos, quillacingas y abades: </i><i>1535</i><i>-</i><i>1700</i>. Bogot&aacute;: Banco Popular, 1991. Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6343988&pid=S2027-4688201300020000100013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Campo  Chicangana, Ary. <i>Montoneras, deserciones e  insubordinaciones: yanaconas y</i> <i>paeces en la guerra de los Mil  D&iacute;as</i>. Cali: Secretar&iacute;a de Cultura y  Turismo, 2003. Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6343990&pid=S2027-4688201300020000100014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>D'Altroy, Terence. <i>The  Incas</i>. Malden:  Blackwell, 2002. Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6343992&pid=S2027-4688201300020000100015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Deprez, Paul. ed. <i>Population  and Economics</i>. Winnipeg: Manitoba, 1970. Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6343994&pid=S2027-4688201300020000100016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Espinoza,  Waldemar<i>. Los huancas aliados de la  Conquista: tres informaciones in&eacute;ditas</i> <i>sobre la participaci&oacute;n  ind&iacute;gena en la conquista del Per&uacute; (</i><i>1558</i><i>, </i><i>1560</i><i>, </i><i>1561</i><i>). </i>Lima: Universidad  Nacional del Centro del Per&uacute;, 1971. Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6343996&pid=S2027-4688201300020000100017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Garc&eacute;s,  Jorge, ed. <i>Colecci&oacute;n de documentos  in&eacute;ditos relativos al adelantado capit&aacute;n don</i> <i>Sebasti&aacute;n de Benalc&aacute;zar </i><i>1535</i><i>-</i><i>1565</i>. T. 10. Quito: Publicaciones del Archivo Municipal  de Quito, 1936.  Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6343998&pid=S2027-4688201300020000100018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p><i>The Great Inca Rebellion</i>. Guion y producci&oacute;n Graham Townsley. Edici&oacute;n  Bonnie Cutler-Shea. National Geographic  Society, 2007. DVD.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6344000&pid=S2027-4688201300020000100019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Hern&aacute;n  Zapata, Horacio Miguel. "Los inkas frente al problema de la interculturalidad: una  introducci&oacute;n al estudio de la configuraci&oacute;n del Tawantinsuyu en contextos de  diversidad cultural y &eacute;tnica siglos XIV-XVI". <i>Antitesis </i>3.2  (2010): 41-70. Web. Noviembre  de 2012.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6344002&pid=S2027-4688201300020000100020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Larrain  Barros, Horacio. <i>Demograf&iacute;a y asentamiento  ind&iacute;genas en la sierra norte del Ecuador</i> <i>en el siglo </i><i>XVI</i><i>: estudio etnohist&oacute;rico de las  fuentes tempranas </i><i>1525</i><i>-</i><i>1560</i>. 2 vols. Otavalo:  Instituto Otavale&ntilde;o de Antropolog&iacute;a, 1980. Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6344004&pid=S2027-4688201300020000100021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Marchena,  Juan. <i>Desde las tinieblas del  olvido: los universos ind&iacute;genas en los endecas&iacute;labos</i> <i>de Juan de Castellanos</i>. Tunja: Universidad Pedag&oacute;gica y Tecnol&oacute;gica de Colombia,  2005.  Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6344006&pid=S2027-4688201300020000100022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Mellafe,  Rolando. "Esquema del fen&oacute;meno migratorio en el virreinato peruano". <i>Historia</i> <i>Social de Chile y Am&eacute;rica</i>. Por Mellafe. Santiago: Universitaria, 1986. 131-145. Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6344008&pid=S2027-4688201300020000100023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Newson, Linda. <i>Life  and Death in Early Colonial Ecuador. </i>Norman: University of Oklahoma, 1995. Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6344010&pid=S2027-4688201300020000100024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Ortega  Ricaurte, Enrique, ed. <i>Los  inconquistables: la guerra de los pijaos </i><i>1602</i><i>-</i><i>1603</i>. Bogot&aacute;: Archivo Nacional de Colombia, 1949. Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6344012&pid=S2027-4688201300020000100025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Powers, Karen. <i>Andean  Journeys: Migration, Ethnogenesis, and the State in Colonial Quito</i>. Albuquerque: University of New  Mexico, 1995. Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6344014&pid=S2027-4688201300020000100026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Ram&iacute;rez  Sendoya, Pedro Jos&eacute;. <i>Diccionario indio del Gran  Tolima: estudio ling&uuml;&iacute;stico</i> <i>y etnogr&aacute;fico sobre dos mil  palabras ind&iacute;genas del Huila y del Tolima. </i>Ibagu&eacute;: Minerva,  1952.  Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6344016&pid=S2027-4688201300020000100027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Romoli,  Kathleen. "El suroeste del Cauca y sus indios al tiempo de la conquista espa&ntilde;ola". <i>Revista Colombiana de  Antropolog&iacute;a </i>11 (1962): 240-302. Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6344018&pid=S2027-4688201300020000100028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Rostworowski,  Mar&iacute;a. <i>La mujer en la &eacute;poca  prehisp&aacute;nica</i>. Lima: Instituto de Estudios Peruanos,  1986.  Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6344020&pid=S2027-4688201300020000100029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Ruiz-Esquide  Figueroa, Andrea. <i>Los indios amigos en la  frontera araucana</i>. Santiago de Chile:  Centro de Investigaciones Diego Barros Arana; DIBAM, 1993.  Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6344022&pid=S2027-4688201300020000100030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Rumazo,  Jos&eacute;. <i>La regi&oacute;n amaz&oacute;nica del  Ecuador en el siglo </i><i>XVI</i>. Sevilla: Escuela de Estudios Hispano-Americanos  de Sevilla, 1946.  Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6344024&pid=S2027-4688201300020000100031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Salomon,  Frank. "Frontera aborigen y dualismo inca en el Ecuador prehisp&aacute;nico: pistas onom&aacute;sticas". <i>La frontera del Estado inca</i>. Comps. Tom D. Dillehay y Patricia Netherly.  Quito: Abya-Yala, 1998.  52-70. Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6344026&pid=S2027-4688201300020000100032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>S&aacute;nchez-Albornoz,  Nicol&aacute;s. <i>Indios y tributos en el Alto  Per&uacute;</i>. Lima: Instituto de Estudios Peruanos,  1978.  Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6344028&pid=S2027-4688201300020000100033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Tovar  Zambrano, Bernardo y Carlos Eduardo Am&eacute;zquita. "Conquista espa&ntilde;ola y resistencia  ind&iacute;gena: las provincias de Timan&aacute;, Neiva y La Plata durante el siglo  XVI". <i>Historia general del Huila</i>. Neiva: Instituto Cultural Huilense, 1996. 213-326.  Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6344030&pid=S2027-4688201300020000100034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Vidal,  Andr&eacute;s. "Yanaconas y yanaconaje en el reino de Chile (1535-1598)".  Trabajo de grado  de licenciatura. Universidad de Chile, 2006. Web. Octubre de 2012.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6344032&pid=S2027-4688201300020000100035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Wightman, Ann. <i>Indigenous  Migration and Social Change: The Forasteros of Cuzco </i><i>1570-</i><i>1720</i>.  Durham: Duke University, 1990. Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6344034&pid=S2027-4688201300020000100036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p> </font>      ]]></body><back>
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