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<journal-title><![CDATA[Fronteras de la Historia]]></journal-title>
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<publisher-name><![CDATA[Instituto Colombiano de Antropología e Historia]]></publisher-name>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Sobre la historia de la arquitectura de los conventos del norte de la Península de Yucatán: Desde la llegada de los Franciscanos a Campeche en 1544 hasta la construcción del convento de Santa Clara de Asís en 1567]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[The evangelization of Nueva España begun in 1524, when twelve Franciscan monks led by Martín de Valencia arrived to Yucatán. All of them were wise and experienced. However, their knowledge was not enough to accomplish their mission. To reach their purposes, they had to learn the essential pre-Hispanic cultural habits and apply them to the evangelization process. This lead to a syncretism which influenced all human activities. For example, in architecture, the most important result was the way they built convents in Nueva España during the sixteenth century, which gave a new meaning to spaces and became the very axis that ruled the life in the new rising countries. This is a synopsis of the evangelization process in the northern zone of Yucatán peninsula, presented through the consideration and analysis of the Franciscan convents architecture.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">          <p align="center"><font size="4"><b>Sobre la historia de  la arquitectura de los conventos del norte de la Pen&iacute;nsula de Yucat&aacute;n: Desde la llegada de los  Franciscanos a Campeche en 1544 hasta  la construcci&oacute;n del convento de Santa Clara de As&iacute;s en 1567</b></font></p>              <p align="right"><b>ANA RAQUEL VANOYE CARLO</b>    <br> <i>Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico    <br> <a href="mailto:raquelvanoye@gmail.com">raquelvanoye@gmail.com</a></i></p>     <p>Recibido: 20 de enero de 2013    <br> Aceptado: 5 de agosto de 2013</p> <hr size="1" />                <p><b> <font size="3">RESUMEN</font> </b></p>          <p>En  1524,  con el arribo de los doce franciscanos dirigidos por fray Mart&iacute;n de Valencia,  inici&oacute; la  evangelizaci&oacute;n de la Nueva Espa&ntilde;a. Los conocimientos y la experiencia del grupo no  ser&iacute;an suficientes para el &eacute;xito de esta empresa; fue necesario tambi&eacute;n  incorporar los h&aacute;bitos  esenciales de las culturas prehisp&aacute;nicas en ese proceso. El sincretismo  derivado de  ello gener&oacute; resultados en todas las disciplinas humanas. Para la arquitectura,  el m&aacute;s importante  fue el convento novohispano del siglo XVI, que resignific&oacute; los espacios y fue un  verdadero eje de la vida de las nacientes poblaciones. Este trabajo es un  recuento del proceso  de evangelizaci&oacute;n del norte de la pen&iacute;nsula de Yucat&aacute;n, a trav&eacute;s de la presentaci&oacute;n y el an&aacute;lisis de la arquitectura de los conventos  franciscanos. </p>          <p><b><font size="3">Palabras clave</font></b>: Arquitectura en Yucat&aacute;n, Dzidzant&uacute;n, evangelizaci&oacute;n en Yucat&aacute;n, pintura mural, sincretismo religioso.</p>  <hr size="1" />                ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b> <font size="3">ABSTRACT</font> </b></p>          <p>The evangelization of Nueva  Espa&ntilde;a begun in 1524, when twelve Franciscan monks led by Mart&iacute;n de Valencia arrived  to Yucat&aacute;n. All of them were wise and experienced. However, their knowledge was not  enough to accomplish their mission. To reach their purposes, they had to learn  the essential pre-Hispanic cultural habits and apply them to the evangelization  process. This lead to a syncretism which influenced all human activities. For example, in  architecture, the most important result was the way they built convents in Nueva  Espa&ntilde;a during the sixteenth century, which gave a new meaning to spaces and became  the very axis that ruled the life in the new rising countries. This is a  synopsis of the evangelization process in the northern zone of Yucat&aacute;n peninsula, presented  through the consideration and analysis of the Franciscan convents architecture. </p>          <p><b><font size="3">Keywords</font></b>: Architecture in Yucat&aacute;n, Dzidzant&uacute;n, evangelization in Yucat&aacute;n, mural painting, religious syncretism.</p>  <hr size="1" />            <p>Para  llevar a cabo su proyecto de evangelizaci&oacute;n en la Nueva Espa&ntilde;a, los franciscanos  siguieron un modelo de expansi&oacute;n que ten&iacute;a dos etapas. La primera  consist&iacute;a en incursionar de manera continua en territorios cada vez m&aacute;s  lejanos y dominarlos, mientras que la segunda implicaba mejorar la  infraestructura y,  con ello, la comunicaci&oacute;n entre los lugares ya controlados.</p>     <p>En  teor&iacute;a, para cumplir esas etapas, bastaba con que los frailes construyeran  conventos de modo simult&aacute;neo y sostenido, que pudieran dotarlos  de recursos, servicios y &aacute;reas de producci&oacute;n adecuadas, y que fueran  capaces de agrupar a un n&uacute;mero suficiente de individuos en torno a  estas construcciones. Pero muy pocas veces fue posible llevar a cabo, desde  el principio y simult&aacute;neamente, todas estas tareas. En muchas ocasiones, las  circunstancias obligaron a los menores a modificar ese esquema ideal  de expansi&oacute;n. Entre ellas, las m&aacute;s frecuentes fueron las condiciones econ&oacute;micas  y sociales poco favorables del lugar, la presencia del clero secular o  de otras &oacute;rdenes mendicantes, la existencia de relaciones hostiles con los  encomenderos y la resistencia ofrecida por la poblaci&oacute;n nativa.</p>     <p>La  arquitectura tambi&eacute;n ofrece argumentos que confirman que este modelo,  en no pocas ocasiones, sufri&oacute; modificaciones. Actualmente hay suficiente evidencia  para considerar que los conventos que Manuel Toussaint identific&oacute;  y cuya existencia difundi&oacute; en sus escritos son la &uacute;ltima expresi&oacute;n arquitect&oacute;nica  de un proceso que comenz&oacute; incluso antes de 1524, a&ntilde;o en que  arrib&oacute; a la Nueva Espa&ntilde;a el grupo de los doce franciscanos encabezados por  fray Mart&iacute;n de Valencia. Antes de estos conventos existi&oacute; una serie de  construcciones cuyo reconocimiento y entendimiento es &uacute;til para comprender los  elementos y procesos que condujeron a la configuraci&oacute;n final del  convento novohispano caracter&iacute;stico del siglo XVI.</p>     <p>Estos  inmuebles precursores han sido agrupados en tres fases bien  identificadas y, por lo tanto, caracterizadas. La primera comenz&oacute; al mismo  tiempo que los contactos entre los mendicantes y los ind&iacute;genas. Durante  esta etapa, los frailes tuvieron las experiencias que determinaron la  configuraci&oacute;n de los espacios adecuados para llevar a cabo el proceso de evangelizaci&oacute;n.  Muy probablemente se trataba de lugares improvisados y al  aire libre. Este comienzo fue bien descrito por fray Diego de Valad&eacute;s al referirse  a la ubicaci&oacute;n de los sitios de predicaci&oacute;n: "en todos los lugares a donde  llegan a predicar, pero fuera de las poblaciones". Se&ntilde;ala tambi&eacute;n el tipo  de espacio: "de grandes dimensiones, limitado por muros de mamposter&iacute;a y  sin que est&eacute; adosado a ninguna construcci&oacute;n. Por lo tanto no hay ah&iacute; ni  templo, ni convento" (cit. en Chanf&oacute;n 205)<sup><a href="#1a" name="1b">1</a></sup>.</p>     <p>Es  m&aacute;s dif&iacute;cil precisar las construcciones que pertenecen a la segunda etapa,  pues esta agrupa a todas las erigidas despu&eacute;s de la aparici&oacute;n de las  que acabamos de describir y antes del tipo de convento identificado por  Toussaint; es decir, todas las que contribuyeron a la configuraci&oacute;n final de  este &uacute;ltimo. Aunque muchas se han perdido, es posible mencionar que cualquier  edificaci&oacute;n que haya fusionado antiguas construcciones prehisp&aacute;nicas con  estructuras europeas pertenece a este grupo; por ejemplo, como  lo veremos m&aacute;s adelante, el Convento Grande de M&eacute;rida. Tambi&eacute;n est&aacute;n  incluidas en este conjunto aquellas obras en las que, a pesar de haberse utilizado  un dise&ntilde;o europeo, algunos asuntos estructurales y materiales fueron  resueltos usando t&eacute;cnicas, herramientas o conocimientos desarrollados por  las culturas prehisp&aacute;nicas. Este es el caso de las estructuras construidas  en material org&aacute;nico en lugar de las iglesias.</p>     <p>En  un tercer grupo se re&uacute;nen los inmuebles de los que Kubler y Toussaint  dieron testimonio y que adem&aacute;s estudiaron. Se trata de aquellos cuyo  dise&ntilde;o se basa en el patr&oacute;n arquitect&oacute;nico manejado en Europa desde  el siglo IX,  pero que presentan rasgos, como los grandes espacios abiertos  (los atrios y las capillas abiertas), que satisficieron algunas pr&aacute;cticas y  h&aacute;bitos provenientes de la forma de vida ind&iacute;gena<sup><a href="#2a" name="2b">2</a></sup>.</p>     <p>El  sureste del virreinato qued&oacute; excluido de la etapa inicial del proceso descrito  anteriormente porque el dise&ntilde;o, la experimentaci&oacute;n y la evaluaci&oacute;n  del mismo se llevaron a cabo, en su totalidad, en el centro de la  Nueva Espa&ntilde;a. Esa ventaja inicial de la regi&oacute;n suroriental no facilit&oacute; la implementaci&oacute;n  de dicho proceso, pues fue dif&iacute;cil dominar este territorio. De  hecho, "el interior, escasamente poblado, nunca fue conquistado, y en realidad,  los l&iacute;mites territoriales del Yucat&aacute;n espa&ntilde;ol retrocedieron a fines del  siglo XVI y  durante el XVII"  (Gerhard 44)<sup><a href="#3a" name="3b">3</a></sup>. Pero una vez que los espa&ntilde;oles lograron  el control de las costas del norte y del poniente, la Corona consider&oacute;  como prioritaria la conversi&oacute;n de los mayas a la religi&oacute;n cat&oacute;lica.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Esta  tarea fue asignada, como en muchas otras partes de la Nueva Espa&ntilde;a, a  los franciscanos.</p>     <p>Los  mendicantes enfrentaron sus propias dificultades para llevar a  cabo la evangelizaci&oacute;n, como las enfrentaron los conquistadores para lograr  la conquista. Entre las geogr&aacute;ficas se encontraban el clima, que es extremadamente  caluroso y h&uacute;medo, y la escasez de agua, porque todos los  r&iacute;os son all&iacute; subterr&aacute;neos; entre las sociales, las fricciones con los  encomenderos, debidas  a los malos tratos que les daban a los ind&iacute;genas; y entre  las culturales, el desconocimiento de la lengua maya. No obstante, la  inaccesibilidad del centro de la pen&iacute;nsula fue la causa principal de que no  se pudieran cumplir simult&aacute;neamente las dos fases de su modelo de evangelizaci&oacute;n,  pues les sirvi&oacute; a los ind&iacute;genas para evitar los maltratos, el trabajo  forzado y los excesivos tributos impuestos por los encomenderos, lo  que provoc&oacute; la disminuci&oacute;n de la mano de obra de la que dispon&iacute;an los mendicantes  y la p&eacute;rdida de individuos por adoctrinar<sup><a href="#4a" name="4b">4</a></sup>.</p>     <p>Debido  a lo anterior, los franciscanos resolvieron implementar las fases  por separado: durante los quince a&ntilde;os posteriores a su llegada a Yucat&aacute;n, en  1544,  construyeron conventos que ten&iacute;an como prioridad lograr el control  religioso de las zonas norte y oeste de la pen&iacute;nsula de Yucat&aacute;n; luego, durante  los siguientes diez a&ntilde;os, aproximadamente entre 1560  y 1570, levantaron  conventos para mejorar la comunicaci&oacute;n entre los ya existentes. Solo  despu&eacute;s de 1570 tuvieron  la suficiente capacidad econ&oacute;mica y social para  cumplir de manera simult&aacute;nea ambos objetivos.</p>     <p>Este  trabajo se centra en el an&aacute;lisis arquitect&oacute;nico de algunas de las construcciones  correspondientes a estos primeros veinticinco a&ntilde;os. Este ejercicio  es posible debido a que, durante este periodo, los franciscanos siguieron  una forma de expansi&oacute;n lineal, es decir, no levantaron un nuevo convento  mientras no estuvo erigido el anterior, lo que permite reconstruir la  primera parte de su historia en Yucat&aacute;n y, adem&aacute;s, explorar las limitaciones arquitect&oacute;nicas  a las que se enfrentaron los frailes. Despu&eacute;s de este lapso, los franciscanos  financiaron, dise&ntilde;aron e implementaron un modelo de expansi&oacute;n no  lineal que b&aacute;sicamente supon&iacute;a la construcci&oacute;n simult&aacute;nea de varios inmuebles,  lo que dificulta la reconstrucci&oacute;n hist&oacute;rica por la imposibilidad de  rehacer el recorrido de los menores y por la escasez de fuentes y archivos.</p>     <p>El  an&aacute;lisis se centra en destacar las similitudes arquitect&oacute;nicas y ornamentales que  existen entre los diferentes inmuebles considerados. Aunque la  conversi&oacute;n de los ind&iacute;genas a la religi&oacute;n cat&oacute;lica fue la raz&oacute;n principal de  la construcci&oacute;n de los conventos, una serie de actividades habituales para  sus moradores y visitantes termin&oacute;, por un lado, transform&aacute;ndolos inevitablemente  en centros multifuncionales en los que la evangelizaci&oacute;n, el  adoctrinamiento, la educaci&oacute;n, el almacenamiento de provisiones, la salud, la  organizaci&oacute;n social y el gobierno estuvieron siempre ligados y, por el otro,  incidiendo en la configuraci&oacute;n de la sociedad rural novohispana<sup><a href="#5a" name="5b">5</a></sup>. La lectura  del trabajo de Isabel Fern&aacute;ndez sugiere que "el convento fue parte de  los m&eacute;todos usados por la cultura dominante para concentrar, reducir o congregar  pueblos, aun en contra de la l&oacute;gica del modo de vida y producci&oacute;n ind&iacute;genas"  (211);  es decir, el convento no solo reemplaz&oacute; los antiguos centros  prehisp&aacute;nicos mayas o modific&oacute; el paisaje natural y cultural, tambi&eacute;n  permiti&oacute; la organizaci&oacute;n de la naciente sociedad ind&iacute;gena novohispana en  la medida en que reuni&oacute; la gran mayor&iacute;a de sus actividades.</p>     <p>Esto  &uacute;ltimo insin&uacute;a que los diferentes recintos del convento deb&iacute;an ser  espacios adecuados, al menos en dimensiones, ventilaci&oacute;n e iluminaci&oacute;n, para  que las personas ligadas a &eacute;l pudieran desarrollar sus distintas actividades.  Los estudios de Kubler muestran tambi&eacute;n la existencia de rasgos  que refuerzan la idea de que los espacios brindados por estos inmuebles tend&iacute;an  a propiciar y facilitar la convivencia de todos sus usuarios: las  diferencias entre las decoraciones murales indicaban el car&aacute;cter p&uacute;blico o  privado de los recintos, esto es, se&ntilde;alaban los espacios a los que solo los frailes  ten&iacute;an acceso y los que eran de uso colectivo.</p>     <p>La  variedad de tareas ligadas al convento, la asociaci&oacute;n de cada una de  ellas a determinados recintos arquitect&oacute;nicos y la diferenciaci&oacute;n de dichos  recintos son los resultados del proceso de resignificaci&oacute;n de espacios que  comenz&oacute; con el levantamiento de los inmuebles de la primera etapa  y que tuvo su m&aacute;xima expresi&oacute;n en los pertenecientes a la tercera, es decir,  en la aparici&oacute;n del convento. En general, este proceso comprende todos  los pasos que fueron necesarios para que los ind&iacute;genas aceptaran y utilizaran  los inmuebles propios de la nueva arquitectura religiosa. Entre ellos  podemos destacar la subordinaci&oacute;n de la arquitectura maya a la franciscana, que  se tradujo en el levantamiento del convento sobre el <i>ku </i>m&aacute;s importante  de cada centro ceremonial maya a partir de las piedras y los materiales  de los <i>kus </i>aleda&ntilde;os<sup><a href="#6a" name="6b">6</a></sup>.</p>     <p>Sin  embargo, acompa&ntilde;ando esta experiencia de &iacute;ndole negativa, el proceso  de construcci&oacute;n del convento dio pie a una serie de circunstancias, como  el trabajo en equipo, la convivencia entre frailes e ind&iacute;genas y el  intercambio de costumbres culinarias, ling&uuml;&iacute;sticas y culturales, que  contribuyeron a  generar orgullo y aprecio por el inmueble, simpat&iacute;a por sus moradores  y, en general, un sentimiento de pertenencia. Con el paso del tiempo  y con el uso cotidiano y adecuado de estos edificios, los afectos y empat&iacute;as  depositados en ellos se ir&iacute;an acrecentando y modificando. Este uso  habitual signific&oacute; para el ind&iacute;gena aprender a desarrollar buena parte de  sus actividades diarias y todas las religiosas en un marco arquitect&oacute;nico diferente  que impon&iacute;a, en la segunda fase del proceso descrito, abandonar las  ceremonias al aire libre y aceptar como un rasgo caracter&iacute;stico de los  espacios sagrados la artificialidad de los ambientes generados por la  arquitectura. Sin  duda, entender estas diferencias fue f&aacute;cil, pero aprobarlas y depositar  la fe en ellas ser&iacute;a parte de un proceso m&aacute;s complejo del que la resignificaci&oacute;n  del espacio a trav&eacute;s de los conventos es solo una parte.</p>     <p>Para  comprender el papel que el convento tuvo en la ense&ntilde;anza y el  aprendizaje de la nueva religi&oacute;n, no se debe olvidar que los frailes no dudaron  en suavizar la severidad de sus lineamientos originales cuando lo  juzgaron conveniente y que la arquitectura no escap&oacute; a esta premisa; si en  sus inicios los muros conventuales fueron los encargados de borrar los antiguos  centros ceremoniales mayas, algunos a&ntilde;os despu&eacute;s esos mismos muros  rescataron y resguardaron todos aquellos elementos mayas que fueron  de utilidad para que los ind&iacute;genas entendieran y aceptaran la nueva religi&oacute;n.  Tal es el caso de la cruz verde, que para los mayas tiene relaci&oacute;n con  la ceiba (<a href="#fig1">figura 1</a>)<sup><a href="#7a" name="7b">7</a></sup>.</p>     <p align="center"><a name="fig1"></a><img src="img/revistas/frh/v18n2/v18n2a07fig1.gif"></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La  historia de las fundaciones hechas por estos misioneros comenz&oacute; en  1544 con  el arribo a Campeche de los franciscanos fray Luis de  Villalpando, fray Lorenzo de Bienvenida, fray Melchor de Benavente y  fray Juan de Herrera. Su primer convento, establecido bajo la advocaci&oacute;n de  san Francisco de As&iacute;s, se erigi&oacute; en 1546  sobre las ruinas de lo  que durante el periodo prehisp&aacute;nico fue conocido como Can Pech, hoy  Campeche. Despu&eacute;s, en el mismo a&ntilde;o, este grupo de franciscanos march&oacute;  al norte de la pen&iacute;nsula, hacia la antigua ciudad maya de T&acute;h&oacute; (tambi&eacute;n  llamada Ichcaanzih&oacute;), la actual M&eacute;rida, y estableci&oacute; all&iacute; el segundo convento,  dedicado igualmente a san Francisco de As&iacute;s<sup><a href="#8a" name="8b">8</a></sup>. Este recinto,  tambi&eacute;n conocido como el Convento Grande y destruido hasta sus  cimientos a principios del siglo XIX, exhibi&oacute; ciertas caracter&iacute;sticas arquitect&oacute;nicas que  se&ntilde;alan su pertenencia a la segunda fase del proceso explicado  al inicio de este trabajo.</p>     <p>Seg&uacute;n  el relato de fray Ciudad Real, el Convento Grande "est&aacute; pegado  con la misma ciudad, puesto sobre un <i>ku </i>o <i>mul </i>antigua,  y aun edificada  parte de &eacute;l sobre los mismos edificios viejos de los indios antiguos.  Todo &eacute;l est&aacute; labrado de cal y canto, con su claustro alto y bajo,  dormitorios y celdas; hay en &eacute;l una buena huerta &#91;...&#93;, hay tambi&eacute;n algunos  ca&ntilde;af&iacute;stolos" (Garc&iacute;a y Castillo 2: 340).  El relato sugiere que  algunas de las estructuras arquitect&oacute;nicas del <i>mul </i>fueron reutilizadas en  el convento, sobre todo como celdas o dormitorios<sup><a href="#9a" name="9b">9</a></sup>. Este edificio,  que fusiona en su composici&oacute;n y estructura dos arquitecturas, es  un ejemplo correspondiente a la segunda etapa del proceso que hemos  descrito. Algunos autores han llamado esta etapa la de <i>los pasos</i> <i>intermedios</i>, para enfatizar que el proceso evolutivo de los espacios  arquitect&oacute;nicos destinados a la evangelizaci&oacute;n estuvo integrado por diferentes  fases<sup><a href="#10a" name="10b">10</a></sup>.</p>     <p>Hay  varias razones probables por las que los menores aceptaron llevar  a cabo esta mezcla: tal vez porque la mayor parte de la poblaci&oacute;n asentada  en M&eacute;rida era espa&ntilde;ola y la fusi&oacute;n de arquitecturas no generaba la  confusi&oacute;n que habr&iacute;a generado si la poblaci&oacute;n hubiera sido mayoritariamente ind&iacute;gena;  o quiz&aacute; porque no dispon&iacute;an de suficiente mano de obra  para levantar una edificaci&oacute;n desde los cimientos; o acaso decidieron construir  sobre los edificios prehisp&aacute;nicos para comenzar el proceso de resignificaci&oacute;n  de los espacios, explicado en p&aacute;rrafos anteriores, y mandar un  mensaje claro acerca de la falta de lugar que estas edificaciones tendr&iacute;an dentro  de la naciente sociedad virreinal, al igual que todo lo concerniente a  la cultura maya.</p>     <p>Despu&eacute;s  de construir este convento, el objetivo de los menores era dirigirse  al oriente, hacia la villa espa&ntilde;ola de Valladolid, y elevar all&iacute; un tercer convento,  pero el adelantado Francisco de Montejo, conquistador de la pen&iacute;nsula,  les pidi&oacute; que primero atendieran su encomienda en Man&iacute;. Los franciscanos  fundaron en este lugar, en 1549, su tercer convento, esta vez bajo  la advocaci&oacute;n de san Miguel Arc&aacute;ngel (<a href="#fig2">figura 2</a>). Lo hicieron tanto por  la petici&oacute;n de Montejo como por las excelentes condiciones que el sitio ofrec&iacute;a,  pues el <i>batab </i>Tutul Xiu, que era el dirigente maya, y la numerosa poblaci&oacute;n  que se encontraba bajo su mando eran aliados de los espa&ntilde;oles. Esto  garantiz&oacute; que los frailes realizaran su actividad evangelizadora con relativa tranquilidad.  Adem&aacute;s, se trataba de una zona densamente poblada, por  lo que los franciscanos adoctrinaron a un gran n&uacute;mero de personas en un  periodo corto y dispusieron de una buena cantidad de mano de obra.</p>     <p align="center"><a name="fig2"></a><img src="img/revistas/frh/v18n2/v18n2a07fig2.gif"></p>     <p>Estas  excepcionales condiciones servir&iacute;an para mucho m&aacute;s que la r&aacute;pida  construcci&oacute;n del convento. En general, le aseguraron al lugar una posici&oacute;n  econ&oacute;mica y pol&iacute;tica privilegiada porque, siendo la pen&iacute;nsula de Yucat&aacute;n  un territorio que carece de recursos minerales, el trabajo ind&iacute;gena se  perfil&oacute;, desde el inicio del virreinato, como el recurso m&aacute;s valioso de la regi&oacute;n.  Al contar con &eacute;l, Man&iacute; se convirti&oacute; en uno de los principales puntos econ&oacute;micos  del centro de la pen&iacute;nsula, al menos hasta mediados del siglo  XVII,  cuando otros poblados, como Ticul, Tekax, Oxkutzcab y Teabo, comenzaron  a tener m&aacute;s importancia. Desde entonces, Man&iacute; ya no ser&iacute;a lo  que hab&iacute;a sido. Ticul estaba mucho mejor ubicado respecto de la redes de  comunicaci&oacute;n del Yucat&aacute;n espa&ntilde;ol, y Tekax lo estaba respecto de la emergente  frontera misionera franciscana en el Pet&eacute;n. Oxkutzkab y Teabo ten&iacute;an  una creciente importancia agr&iacute;cola (Bretos 52).</p>     <p>En  particular, las condiciones mencionadas sirvieron para que los franciscanos  dotaran esta tercera construcci&oacute;n de unas caracter&iacute;sticas arquitect&oacute;nicas  diferentes de las que ten&iacute;a el Convento Grande de M&eacute;rida. De  hecho, el de Man&iacute; fue el primero en ajustarse a los criterios de tama&ntilde;o, dise&ntilde;o,  disposici&oacute;n y ornamentaci&oacute;n que los franciscanos tendr&iacute;an en cuenta  para las edificaciones de la tercera etapa en el resto de la Nueva Espa&ntilde;a, identificadas  y estudiadas por Kubler.</p>     <p>El  convento de San Miguel, al igual que los de Campeche y M&eacute;rida, est&aacute;  construido sobre un antiguo <i>mul </i>maya, pero a diferencia de los dos anteriores  este fue nivelado y cubierto hasta ser enterrado, y el terreno se emparej&oacute;,  es decir, la estructura prehisp&aacute;nica solo se utiliz&oacute; como la plataforma del  nuevo edificio religioso. Con esto, los menores lograron una edificaci&oacute;n  de grandes dimensiones colocada en un punto alto, donde pod&iacute;a ser  vista por toda la comunidad que, a partir de ese momento, creci&oacute; y se  desarroll&oacute; alrededor de ella.</p>     <p>Adem&aacute;s,  como ya lo mencion&eacute;, la iglesia de San Miguel Arc&aacute;ngel cumple  con la mayor&iacute;a de los requisitos que, seg&uacute;n George Kubler, caracterizan a  estas construcciones religiosas novohispanas del siglo XVI (9-13). Entre  ellos se encuentran la simplicidad de su masa y su perfil, la planta de una  sola nave con &aacute;bside ciego en el extremo oriente, el uso de b&oacute;vedas nervadas  de crucer&iacute;a para techar el presbiterio -que en el caso de Man&iacute; tienen  un dise&ntilde;o muy sencillo: un par de bandas entrecruzadas (<a href="#fig3">figura 3</a>)- y  el de una b&oacute;veda cil&iacute;ndrica de ca&ntilde;&oacute;n corrido para cubrir el resto de la nave.</p>     <p align="center"><a name="fig3"></a><img src="img/revistas/frh/v18n2/v18n2a07fig3.gif"></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Otra  caracter&iacute;stica de esta iglesia es el uso de elementos de defensa, propios  de los castillos, como ornamentos; es el caso de las almenas que rodean  el borde superior de sus muros. Un  elemento decorativo m&aacute;s de este convento es la pintura mural.</p>     <p>En  realidad, esta edificaci&oacute;n conserva una buena cantidad de murales, correspondientes  a distintas temporalidades, distribuidos en diferentes partes  del inmueble: en el intrad&oacute;s de algunos arcos formeros de los muros norte  y sur de la iglesia, en la capilla abierta, en el claustro bajo, en la antigua y  en la nueva sacrist&iacute;as, en las capillas laterales, en la b&oacute;veda de lacer&iacute;as y  en el  muro absidal. En este trabajo solo hablar&eacute; del retablo mural del &aacute;bside porque  las representaciones que contiene garantizan su pertenencia al periodo en el  que el convento estaba en manos de los franciscanos.</p>     <p>Detr&aacute;s  del actual retablo de madera tallada sobrevive uno ejecutado en  pintura mural (<a href="#fig4">figura 4</a>).  Coronando el t&iacute;mpano se coloc&oacute;, en una cartela  sostenida por dos &aacute;ngeles, una representaci&oacute;n de los s&iacute;mbolos pasionarios dentro  de una pila bautismal; debajo de esta se localiza un friso, adornado  con triglifos, que funciona como el remate de un muro hecho de sillares.  Son ilustrativos los pasajes de la <i>Ret&oacute;rica  cristiana</i>, de fray Diego de  Valad&eacute;s, para explicar los grabados acerca de las jerarqu&iacute;as civil y  eclesi&aacute;stica, en  los que se emplean im&aacute;genes arquitect&oacute;nicas de origen b&iacute;blico:</p>       <blockquote>         <p>&#91;...&#93;  la piedra angular (Cristo), "las piedras vivas" y las "piedras cuadradas"       (los  fieles) que conforman la iglesia y que son mencionadas por Pedro y Pablo       en  sus ep&iacute;stolas; de manera que la simulaci&oacute;n de siller&iacute;a &#91;...&#93;, para el  recubrimiento       de  paramentos, parece responder a esta necesidad simb&oacute;lica, ya que       los  padres de la Iglesia y los liturgistas emplearon frecuentemente dichos  s&iacute;mbolos. (cit. en Estrada 69)</p> </blockquote>     <p align="center"><a name="fig4"></a><img src="img/revistas/frh/v18n2/v18n2a07fig4.gif"></p>     <p>En  la parte inferior, el retablo mural tiene dos nichos: el de la izquierda alberga  a san Miguel Arc&aacute;ngel y el de la derecha, a san Francisco de As&iacute;s recibiendo  los estigmas.</p>     <p>La  pintura se ejecut&oacute;, en su totalidad, con los colores rojo, azul y negro y  sus distintas tonalidades. Los grises se aplicaron sobre los elementos arquitect&oacute;nicos  y sus ornamentos -imitando, al parecer, una estructura tallada  en piedra- y en la ropa de los franciscanos all&iacute; representados. El azul  y el rojo se utilizaron, siempre de manera alterna, sobre el vestido de san  Miguel Arc&aacute;ngel y en los atributos que tanto este como los menores portan.  A lo largo de esta exposici&oacute;n veremos que esa paleta y las reglas de uso  del color por las que se rigi&oacute; tuvieron una amplia aceptaci&oacute;n.</p>     <p>La  <a href="#fig4">figura 4</a> tambi&eacute;n  muestra una tela blanca en el centro de la composici&oacute;n descrita.  Detr&aacute;s de esta tela hay un rect&aacute;ngulo que no conserva vestigio alguno de ese  tipo de pintura y cuyas dimensiones son las mismas de  la tela que lo cubre. Adem&aacute;s, en la parte inferior, en el centro, tiene un nicho,  lo que sugiere que la composici&oacute;n mural funcionaba como el marco del  elemento que se colocaba en este rect&aacute;ngulo central y que, muy probablemente, era  un peque&ntilde;o retablo de madera que hoy est&aacute; perdido.</p>     <p>El  tama&ntilde;o del supuesto retablo de madera indica tambi&eacute;n que, casi con  seguridad, en ese momento su material era escaso y, debido a ello, la  responsabilidad del dise&ntilde;o de los interiores reca&iacute;a en la arquitectura y en la pintura  mural. Por lo dem&aacute;s, en esa primera etapa se dio una preeminencia de  la pintura sobre la arquitectura, pues esta quedaba oculta detr&aacute;s de lo  que recreaba la pintura. Esa relaci&oacute;n ir&aacute; cambiando con el tiempo. Las composiciones  finales muestran un v&iacute;nculo m&aacute;s equilibrado, por cuanto las  representaciones pict&oacute;ricas son mucho m&aacute;s peque&ntilde;as, lo que indica que  la pintura mural ya no sustitu&iacute;a a la arquitectura ni se encargaba por completo  de la reconstrucci&oacute;n del aspecto de los espacios, sino que se coordinaba  con aquella para lograr su adecuada configuraci&oacute;n.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El  dise&ntilde;o del convento de San Miguel Arc&aacute;ngel tambi&eacute;n incorpor&oacute; elementos  derivados de la forma de vida ind&iacute;gena, como la necesidad de espacios  p&uacute;blicos amplios y abiertos que se tradujo en el atrio, o gran patio, de  grandes dimensiones y en las cuatro capillas posas ubicadas en sus esquinas, de  las que solo sobrevive una. En estos lugares se realizaron diversas actividades  religiosas y civiles, como la ense&ntilde;anza de la doctrina religiosa y  la impartici&oacute;n de sacramentos y justicia, en el primero, y el desarrollo de procesiones,  en el segundo.</p>     <p>Sin  embargo, hay caracter&iacute;sticas que comenzaron a utilizarse en estas primeras  construcciones y que perduraron durante todo el virreinato; su  uso es exclusivo y caracter&iacute;stico de la regi&oacute;n. Es el caso de la espada&ntilde;a que  la iglesia de Man&iacute; ostenta en la parte superior de su fachada<sup><a href="#11a" name="11b">11</a></sup>, que se utiliz&oacute; en lugar de los  campanarios y que es resultado de una modificaci&oacute;n llevada a cabo en el primer  cuarto del siglo XVIII<sup><a href="#12a" name="12b">12</a></sup>. La existencia de estos rasgos  sugiere que en la regi&oacute;n se aplicaron estrictamente los estatutos franciscanos  de 1260:</p>     <blockquote>       <p>En  muchos de los templos conventuales mendicantes hay una diferencia     constructiva  muy marcada entre el templo y la nave. Esta caracter&iacute;stica es     especialmente  notable en los monasterios de Yucat&aacute;n &#91;...&#93;. Nos parece que     &#91;esto  se debe a una&#93; aplicaci&oacute;n estricta de los estatutos franciscanos de 1260     que  prohib&iacute;an abovedar los templos, excepto el presbiterio, y vedaban tambi&eacute;n     la  construcci&oacute;n de torres y el uso de vidrieras con im&aacute;genes. (Chanf&oacute;n 330)</p> </blockquote>     <p>El  tama&ntilde;o y la configuraci&oacute;n del convento de San Miguel Arc&aacute;ngel   destacan  el hecho de que los franciscanos hayan logrado construir un   inmueble  t&iacute;pico novohispano, perteneciente a la tercera etapa, solo cinco   a&ntilde;os  despu&eacute;s de haber llegado a la regi&oacute;n. Esto insin&uacute;a la rapidez con la   que  alcanzaron la capacidad econ&oacute;mica y social necesaria para estabilizar   el  proceso constructivo as&iacute; como el dominio que de este &uacute;ltimo ten&iacute;an. En   adelante,  las construcciones llevadas a cabo por estos misioneros se ajustar&iacute;an   a  ese tipo.</p>     <p>Una  vez que los franciscanos terminaron de construir el convento de  Man&iacute;, se dirigieron al noreste de Yucat&aacute;n, que en ese tiempo era la segunda zona  m&aacute;s poblada de la pen&iacute;nsula. El lugar elegido para comenzar su actividad  evangelizadora fue un antiguo santuario maya construido en honor al  dios Itzimn&aacute;, "patrono de las ciencias y los conocimientos e inventor de  la escritura" (Bretos 67)<sup><a href="#13a" name="13b">13</a></sup>. Aqu&iacute;, y sobre las ruinas del  recinto dedicado a los <i>chaacs</i>, los franciscanos levantaron su cuarto convento bajo la  advocaci&oacute;n de  san Antonio de Padua.</p>     <p>El  arquitecto que edific&oacute; el cuarto convento fue el mismo del de Man&iacute;: fray  Juan de M&eacute;rida, por lo que algunas de las caracter&iacute;sticas observadas en este,  as&iacute; como en muchos otros de la Nueva Espa&ntilde;a, vuelven a estar presentes. Entre  ellas podemos mencionar el emplazamiento sobre una estructura prehisp&aacute;nica  y el tratamiento arquitect&oacute;nico que se le dio a esta con el fin de convertirla  en una base amplia, s&oacute;lida y adecuada para soportar el nuevo edificio, pues  no solo se enterr&oacute; y se emparejo dicha estructura sino que adem&aacute;s se  rebaj&oacute; y se demoli&oacute; el santuario de la parte superior. Otra similitud tiene que  ver con la forma de distribuir el &aacute;rea resultante del proceso anterior:  nuevamente, una  parte generosa fue destinada para el atrio y la huerta.</p>     <p>En  cuanto a la iglesia de este convento, podemos apreciar, como en el  caso de Man&iacute;, que se trata de un inmueble con planta de una sola nave con  &aacute;bside ciego en el extremo oriente. Para techar el presbiterio, se us&oacute; una b&oacute;veda  doble nervada, y para hacer lo propio con el resto de la nave, una de ca&ntilde;&oacute;n  corrido (<a href="#fig5">figura 5</a>).</p>     <p align="center"><a name="fig5"></a><img src="img/revistas/frh/v18n2/v18n2a07fig5.gif"></p>     <p>La  iglesia cuenta, adem&aacute;s, con vanos para ventanas, separados y colocados de  modo irregular en lo alto de las paredes laterales, y con almenas para  adornar la parte superior de los muros. Y al igual que la de Man&iacute;, tambi&eacute;n tiene  espada&ntilde;as como remates de su fachada principal. En este caso son  tres: una central, que alberga dos campanas, y dos laterales m&aacute;s peque&ntilde;as, cada  una de las cuales sostiene una campana.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>As&iacute;  mismo, en el convento de San Antonio de Padua hay pintura mural,  pero en una proporci&oacute;n mucho menor que en Man&iacute;; esta se concentra en  la entrada del convento y en la fachada de la iglesia. B&aacute;sicamente, se  trata de escenas de la vida de los franciscanos y de una pintura de caballete en  la que se figur&oacute; a santa B&aacute;rbara y que, tal vez, en su representaci&oacute;n inicial  fue una escultura, porque todav&iacute;a se aprecia la peana sobre la que se apoya  el cuerpo de la santa, as&iacute; como sus atributos: una palma en su mano derecha  y la torre con tres vanos en su izquierda.</p>     <p>Las  ampliaciones y modificaciones arquitect&oacute;nicas que el convento de  Izamal ha sufrido a lo largo de su historia hacen que actualmente, sin importar  que haya sido construido por el mismo arquitecto, luzca muy diferente de  Man&iacute;. Entre estas podemos mencionar la arquer&iacute;a que recorre todo  el per&iacute;metro del atrio, y que incluso absorbi&oacute; e incorpor&oacute; el antiguo portal  que articulaba la iglesia, el convento y la capilla abierta; la construcci&oacute;n del  camar&iacute;n de la Virgen, recinto t&iacute;pico del clero secular; las tres rampas  de acceso y las sucesivas remodelaciones a la fachada de la iglesia, que  incluyen la edificaci&oacute;n de una torre de reloj que se fusion&oacute; con una de  las espada&ntilde;as laterales. En realidad, todas estas adecuaciones muestran que  frailes y p&aacute;rrocos encontraron en la arquitectura el medio ideal para reclamar  y recuperar para el catolicismo el prestigio de santuario del que este  lugar ha gozado desde la &eacute;poca precolombina.</p>     <p>Con  la construcci&oacute;n del convento de Izamal, los franciscanos, que ya  se hab&iacute;an asegurado el control de la zona oeste de la pen&iacute;nsula con los conventos  de Campeche, M&eacute;rida y Man&iacute;, comenzaron a dominar la zona norte.  Dado que desde el inicio del virreinato la regi&oacute;n central de la pen&iacute;nsula estuvo  bajo el control del clero secular y que la selva hac&iacute;a del sur un territorio  impenetrable, los franciscanos se dirigieron posteriormente al oriente  del actual estado de Yucat&aacute;n, donde faltaba un convento alrededor del cual  organizar la evangelizaci&oacute;n de las principales poblaciones de ind&iacute;genas all&iacute;  establecidas. Llegaron a esa regi&oacute;n en 1552  y al a&ntilde;o siguiente levantaron  el convento de San Bernardino de Siena en Valladolid (<a href="#fig6">figura 6</a>).</p>     <p align="center"><a name="fig6"></a><img src="img/revistas/frh/v18n2/v18n2a07fig6.gif"></p>     <p>Tal  vez Valladolid fue el lugar que m&aacute;s retos ofreci&oacute; a los franciscanos. Por  un lado, al igual que M&eacute;rida, era una ciudad que albergaba poblaci&oacute;n espa&ntilde;ola  y, por otro, Saci, su emplazamiento, fue durante el periodo prehisp&aacute;nico un  importante centro pol&iacute;tico y religioso donde resid&iacute;an los se&ntilde;ores del  linaje cupul. Debido al ensanche de las antiguas calzadas ind&iacute;genas que la  comunicaban con M&eacute;rida y poblaciones vecinas, Valladolid se convirti&oacute; en  un centro de acopio y distribuci&oacute;n de tributos. Esto atrajo mano de obra  ind&iacute;gena que se fue estableciendo a orillas de la villa, por lo que se hizo  necesaria la presencia de los franciscanos (Gonz&aacute;lez 98). Eso explica la  ubicaci&oacute;n del convento en los alrededores de la poblaci&oacute;n, en un lugar llamado  Sisal, ubicaci&oacute;n que tra&iacute;a como principal desventaja el aislamiento de  la edificaci&oacute;n con respecto a la primera manzana de la comunidad, en la  que se asentaban el clero secular y los &oacute;rganos de gobierno. Para mitigar esta  situaci&oacute;n, los frailes decidieron implementar algunas modificaciones arquitect&oacute;nicas,  como el cambio de localizaci&oacute;n de la capilla abierta y el de las  dimensiones del atrio, que m&aacute;s adelante abordar&eacute;.</p>     <p>La  disponibilidad de mano de obra, aunada al hecho de que el arquitecto fue  el mismo de las edificaciones de Man&iacute; e Izamal, fray Juan de M&eacute;rida,  hicieron posible que los franciscanos levantaran en Sisal un convento muy  similar a los descritos anteriormente. El uso de arcos de medio punto  en el dise&ntilde;o del claustro, al igual que en los de Man&iacute; e Izamal, es un ejemplo  que ilustra esa similitud. San Bernardino es una construcci&oacute;n masiva y  sobriamente ornamentada. Los elementos decorativos se concentran en  la iglesia. El interior vuelve a presentar las caracter&iacute;sticas de sus  predecesoras: planta  de una sola nave con &aacute;bside ciego en el extremo oriente, con una  doble b&oacute;veda nervada de crucer&iacute;a que techa el presbiterio y una de ca&ntilde;&oacute;n corrido  que hace lo propio en el resto de la nave, y vanos para ventanas muy  separados y colocados de forma irregular en lo alto de los muros laterales. Sin  embargo, las nervaduras exhiben un dise&ntilde;o m&aacute;s complejo aqu&iacute;: las  de la primera b&oacute;veda representan una estrella de cinco picos, mientras que  las de la segunda, una de ocho con cuatro picos largos y cuatro cortos colocados  de manera alterna (<a href="#fig7">figura 7</a>). El exterior de la iglesia luce almenas en  el borde superior de los muros y un peque&ntilde;o torre&oacute;n que corona el lado  norte de la fachada principal, en lugar de espada&ntilde;as.</p>     <p align="center"><a name="fig7"></a><img src="img/revistas/frh/v18n2/v18n2a07fig7.gif"></p>     <p>Otra  caracter&iacute;stica propia de los primeros inmuebles de este tipo en la  regi&oacute;n, com&uacute;n a los dos conventos ya analizados y al de Valladolid, es el uso  de portales de acceso que articulan la iglesia y el convento. Aunque los actuales  datan del siglo XVII,  es probable que hayan sido construidos en lugar  de una estructura anterior m&aacute;s fr&aacute;gil debido a los materiales empleados. Miguel  Bretos afirma en su investigaci&oacute;n:</p>     <blockquote>       <p>&#91;...&#93;  los conventos de fray Juan &#91;de M&eacute;rida&#93; se ajustan al modelo mendicante     novohispano  del siglo XVI,  aunque, como hemos visto en Izamal y Man&iacute;, con     ciertas  variaciones importantes. La m&aacute;s notable era el tratamiento frontal de la     iglesia  y convento con sendos portales. En Sisal existen actualmente portales, empero  los mismos datan del siglo XVII seg&uacute;n una placa que nos dice haber     sido  comenzados por fray Francisco de Abarca y terminados por fray Juan de     Qui&ntilde;ones  en 1678.  (78)</p> </blockquote>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Adem&aacute;s,  el convento conserva una capilla abierta cuyo frente no   apunta  hacia el atrio, como en el caso de Man&iacute;, porque est&aacute; adosada al   muro  suroeste de la iglesia. En general, estas soluciones arquitect&oacute;nicas   (posici&oacute;n  de la capilla y uso de torreones) fueron empleadas en virtud   de  que Valladolid era una villa espa&ntilde;ola y eso hac&iacute;a necesario lograr una   mejor  integraci&oacute;n del aspecto del inmueble y su funcionamiento a los lineamientos   de  un poblado de esta clase. Por otro lado, San Bernardino est&aacute;   construido  sobre un cenote. En su tiempo, este hecho signific&oacute; un aprovisionamiento   constante  y seguro de agua; sin embargo, tambi&eacute;n provoc&oacute;   demasiada  humedad en el interior del edificio. Debido a esto, los encalados se humedec&iacute;an  y eran poco durables, cosa que hizo imposible que la mayor&iacute;a   de  la pintura sobreviviera. Actualmente solo quedan dos retablos   murales  que flanquean el presbiterio, pues est&aacute;n ubicados en los paramentos   laterales  de la iglesia.</p>     <p>Curiosamente,  y a manera de compensaci&oacute;n por el lugar sobre el que  est&aacute; construido este convento, "la historia de los retablos del santuario de  Sisal est&aacute; bien documentada", como afirma Miguel Bretos:</p>     <blockquote>       <p>Seg&uacute;n  el bachiller C&aacute;rdenas Valencia, quien escrib&iacute;a durante el primer cuarto     del  siglo XVII,  el retablo mayor era de pincel, con su sagrario de escultura,     "hecho  con toda curiosidad". Cogolludo se refiere al sagrario como "obra moderna". Es  posible que en la factura del sagrario interviniera fray Juli&aacute;n de     Cuartas  (1553-1610), a  quien se deb&iacute;an "numerosos retablos de escultura y     media  talla muy vistosos y costosos". (83)</p> </blockquote>     <p>Esto  indica que el presbiterio de la iglesia de Valladolid, al igual que el   del  templo de Man&iacute;, alberg&oacute; un retablo principal ejecutado como pintura   mural.  La descripci&oacute;n de este aparece en el inventario de la secularizaci&oacute;n   del  convento:</p>     <blockquote>       <p>Un  retablo de altar con cuatro medias columnas y un sagrario, con divisiones     como  de marcos de cuadrados en las cuales est&aacute;n quince lienzos: en el de la     parte  superior la imagen del Eterno Padre y en los dos siguientes de en medio,     en  uno pintada la imagen de Cristo crucificado y en otro la imagen de Nuestra     Se&ntilde;ora,  y en el que termina sobre el sagrario un nicho con la imagen de bulto     del  Se&ntilde;or San Bernardino: y en el lado diestro seis lienzos y en el siniestro     otros  tantos de diversas im&aacute;genes de santos. (Bretos 83)</p> </blockquote>     <p>La  afirmaci&oacute;n "en el que termina sobre el sagrario un nicho con la   imagen  de bulto del Se&ntilde;or San Bernardino" sugiere la existencia de un peque&ntilde;o   retablo  de madera que albergaba la escultura del santo y que estaba   rodeado  por un retablo mural cuya estructura, similar a la del retablo de   la  iglesia de Man&iacute;, se muestra en la <a href="#fig8">figura 8</a>. Lo anterior reafirma que en   los  primeros a&ntilde;os de expansi&oacute;n de los conventos en Yucat&aacute;n, no solo eran   parecidos  los contenidos de los programas pict&oacute;ricos, sino tambi&eacute;n su   composici&oacute;n  y el lugar elegido para representarlos.</p>       <p align="center"><a name="fig8"></a><img src="img/revistas/frh/v18n2/v18n2a07fig8.gif"></p>     <p>Con  estas tres &uacute;ltimas construcciones, la orden alcanz&oacute; cierto control  sobre los puntos m&aacute;s importantes del norte de la pen&iacute;nsula y, finalmente, estuvo  en posici&oacute;n de construir conventos que, acortando las distancias,  mejoraran la comunicaci&oacute;n, ya fuera entre los mismos conventos, ya  fuera entre estos y otros puntos importantes. Con esta l&oacute;gica, los frailes  fundaron dos m&aacute;s en 1561:  el de San Luis de Tolos&aacute;, en Calkin&iacute;, a mitad  de camino entre Campeche y M&eacute;rida, y el de San Buenaventura, en Hom&uacute;n, que  acercaba el Convento Grande de M&eacute;rida a la regi&oacute;n de Sotuta, basti&oacute;n  natural del clero secular.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Posteriormente,  en 1563 y  al norte del convento de San Bernardino de  Siena, fue erigido el de Los Tres Reyes, en Tizim&iacute;n, que acercaba dos puntos  significativos: Valladolid y R&iacute;o Lagartos. Propiamente hablando, este  &uacute;ltimo no se encuentra a la orilla de un r&iacute;o, sino de una r&iacute;a, es decir, de un  flujo de agua marina que corre entre la tierra firme y una estrecha franja de  playa. Debido a esta ubicaci&oacute;n, durante la &eacute;poca virreinal R&iacute;o Lagartos funcion&oacute;  como puerto de arribo para los barcos.</p>     <p>En  1567,  cuatro a&ntilde;os despu&eacute;s de la edificaci&oacute;n de Los Tres Reyes, los franciscanos  fundaron el convento de San Juan Bautista en Motul, punto central  del camino que comunica a M&eacute;rida con Izamal. Ese mismo a&ntilde;o, Motul  se convirti&oacute; en paso obligado para ir del Convento Grande de M&eacute;rida al  reci&eacute;n construido de Santa Clara de As&iacute;s, en Dzidzant&uacute;n (<a href="#fig9">figura 9</a>).</p>     <p align="center"><a name="fig9"></a><img src="img/revistas/frh/v18n2/v18n2a07fig9.gif"></p>     <p>Al  parecer, la construcci&oacute;n de este convento no respondi&oacute; al objetivo de  mejorar la comunicaci&oacute;n entre los ya existentes. En su tiempo, fue la  edificaci&oacute;n religiosa situada m&aacute;s al norte en Yucat&aacute;n. Esto sugiere que su  fundaci&oacute;n obedeci&oacute; al deseo de los menores de incursionar en la costa septentrional  de la pen&iacute;nsula, lo que sit&uacute;a su levantamiento al inicio de la etapa  en la cual los franciscanos ya ten&iacute;an la capacidad de llevar a cabo su proceso  de expansi&oacute;n cumpliendo de manera simult&aacute;nea sus prop&oacute;sitos: controlar  nuevos territorios y mejorar la conexi&oacute;n entre ellos. Ese cambio en  la ejecuci&oacute;n del esquema revela la capacidad econ&oacute;mica, pol&iacute;tica, religiosa y  social alcanzada por los menores en un periodo muy corto. Algunas caracter&iacute;sticas  arquitect&oacute;nicas de este convento, muchas de ellas presentes por  primera vez en &eacute;l y de manera exclusiva, constituyen un testimonio de dicha  capacidad.</p>     <p>Seg&uacute;n  L&oacute;pez de Cogolludo, el convento de Santa Clara fue fundado en el  antiguo cacicazgo maya de Ah Kin Chel (1: 303),  lo que indica, una vez m&aacute;s, la  costumbre de los franciscanos de ocupar recintos prehisp&aacute;nicos y  resignificarlos. Respecto  a este claustro de Dzindzant&uacute;n, Luis Vega se&ntilde;ala que "fue erigido  por cap&iacute;tulo celebrado en M&eacute;rida el 13  de abril del a&ntilde;o de 1567. Pertenec&iacute;a a  las doctrinas del territorio de la costa y ten&iacute;a como visitas a los pueblos de  Yoba&iacute;n y Zilam. Su primer guardi&aacute;n fue el P. F. Diego Zazo" (2: 149).</p>     <p>Basta  con recorrer la iglesia, el convento y en general todos los espacios que  forman parte de este inmueble para descubrir algunos rasgos que  resaltan su importancia o el cambio de &eacute;nfasis en ciertos atributos que indica,  a su vez, el cambio del arquitecto que dirig&iacute;a su construcci&oacute;n.</p>     <p>La  iglesia del convento tiene algunas particularidades. Es la m&aacute;s larga  de todas las que hay en Yucat&aacute;n. Aunque presenta, al igual que las de  Izamal y Valladolid, dos b&oacute;vedas nervadas de lacer&iacute;a utilizadas para techar el  primer tercio de la nave, la primera, la que descansa sobre el muro absidal,  exhibe el dise&ntilde;o m&aacute;s complejo entre los ejecutados en la regi&oacute;n hasta  ese momento (<a href="#fig10">figura 10</a>).  Sin embargo, esta b&oacute;veda result&oacute; ser m&aacute;s prolongada  que el espacio definido por los cinco muros que forman el &aacute;bside;  debido a eso, el arquitecto decidi&oacute; construir solo hasta terminar la  parte central del dise&ntilde;o, porque de ese modo lograba que empatara la b&oacute;veda  con el muro final del &aacute;bside (<a href="#fig10">figura 10</a>). Tal decisi&oacute;n gener&oacute; fuertes alteraciones  estructurales, pues mientras el lado derecho de la lacer&iacute;a es lo suficientemente  resistente para soportar el peso de la b&oacute;veda, el izquierdo no,  lo que provoca que este &uacute;ltimo se hunda. La soluci&oacute;n a este problema fue  la construcci&oacute;n de una pilastra que apuntal&oacute; la b&oacute;veda.</p>     <p align="center"><a name="fig10"></a><img src="img/revistas/frh/v18n2/v18n2a07fig10.gif"></p>     <p>Ahora  bien, la presencia de la pilastra en el presbiterio romp&iacute;a con la funci&oacute;n  de este espacio, en raz&oacute;n de lo cual se adelant&oacute; el altar mayor construyendo la pared que se observa detr&aacute;s de la pilastra (<a href="#fig10">figura 10</a>).</p>     <p>El  espacio que qued&oacute; entre el &aacute;bside original y el nuevo muro se us&oacute; como  sacrist&iacute;a, mientras el que qued&oacute; delante de este &uacute;ltimo se destin&oacute; al nuevo  presbiterio, que se tech&oacute; utilizando una b&oacute;veda de nervaduras de lacer&iacute;a cuyo  dise&ntilde;o es igual a la de la iglesia de Izamal (<a href="#fig11">figura 11</a>, comparar con  la <a href="#fig5">figura 5</a>).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center"><a name="fig11"></a><img src="img/revistas/frh/v18n2/v18n2a07fig11.gif"></p>     <p>La  b&oacute;veda de ca&ntilde;&oacute;n tambi&eacute;n presenta singularidades: es inusualmente larga  y, adem&aacute;s, result&oacute; muy pesada para los muros de la iglesia. La pared norte  sorte&oacute; bien este problema porque el propio convento sirvi&oacute; de apuntalamiento<sup><a href="#14a" name="14b">14</a></sup>, pero  el muro sur comenz&oacute; a ceder al peso de la b&oacute;veda, aun cuando  las columnas de esta fueron ensanchadas y el muro reforzado. Finalmente, en 1916 la b&oacute;veda se vino abajo (Zetina, comunicaci&oacute;n personal).</p>     <p>En  la iglesia de Santa Clara se dan otras particularidades. Por un lado, es  el &uacute;nico templo que tiene relieves tallados en los vanos de las tres ventanas del  muro sur. Se trata de una decoraci&oacute;n en trama cuya unidad es un rombo  inscrito en un cuadrado. Muchas de esas tramas todav&iacute;a conservan rastros  de pintura azul y roja. La misma ornamentaci&oacute;n se puede observar en  el arco toral de la iglesia y en las nervaduras de la segunda b&oacute;veda. Por otro  lado, este inmueble es el que m&aacute;s pintura mural conserva. Esta se localiza en  el &aacute;bside, en las b&oacute;vedas que techan el claustro bajo, en el vano de la  puerta que comunica este &uacute;ltimo recinto con la nave de la iglesia y en el muro  sur de la porter&iacute;a del convento.</p>     <p>Al  igual que los muros absidales de las iglesias de Man&iacute; y Valladolid, el  del templo de Dzidzant&uacute;n alberga un retablo mural cuyo dise&ntilde;o es, tambi&eacute;n,  muy similar. La <a href="#fig12">figura 12</a> muestra  el aspecto actual de esta estructura, que  est&aacute; coronada, como la de Man&iacute;, por una representaci&oacute;n bastante deslavada  de los s&iacute;mbolos pasionarios: de hecho, solo se pueden apreciar, a  la izquierda, las pinzas y, debajo de ellas, los clavos; en el centro, la parte inferior  de la cruz, y a la derecha, la parte inferior de la escalera. El retablo es de  grandes dimensiones, ocupa igualmente casi todo el muro. Su autor lo compuso  usando dos estructuras arquitect&oacute;nicas anidadas que enmarcan tres  elementos dispuestos verticalmente: una representaci&oacute;n de la coronaci&oacute;n de  la Virgen es el superior; la escena de la asunci&oacute;n, el central, y un rect&aacute;ngulo  de color crudo, el inferior. As&iacute; mismo, la caracter&iacute;stica principal de  dicho rect&aacute;ngulo es un nicho en la parte inferior central, y sobre &eacute;l, probablemente,  tambi&eacute;n se colocaba un peque&ntilde;o retablo al que rodeaba la composici&oacute;n  descrita en el p&aacute;rrafo anterior.</p>     <p align="center"><a name="fig12"></a><img src="img/revistas/frh/v18n2/v18n2a07fig12.gif"></p>     <p>Adem&aacute;s,  en este retablo se observan algunas de las caracter&iacute;sticas pl&aacute;sticas  exhibidas en el retablo mural del convento de San Miguel Arc&aacute;ngel: los  colores azul, rojo y negro y sus distintas tonalidades se usaron para ejecutar  la totalidad de la composici&oacute;n; el negro y su gama de grises se utilizaron nuevamente  sobre los elementos arquitect&oacute;nicos y sus ornamentos; el  rojo y el azul se emplearon, de manera alterna, en las ropas de los santos y  en sus atributos, en las alas de los &aacute;ngeles y en los pa&ntilde;os que estos portan en  sus manos. Otros murales de este convento, sobre todo los de la porter&iacute;a y  los de la puerta claustral, se realizaron utilizando la misma paleta y los mismos  criterios; sin embargo, son posteriores<sup><a href="#15a" name="15b">15</a></sup>. Con todo, su existencia refuerza  la idea de que la decoraci&oacute;n mural basada en estos colores fue ampliamente aceptada  durante un periodo prolongado.</p>     <p>La  <a href="#fig13">figura 13</a>,  que muestra la distribuci&oacute;n de todos los conventos mencionados  en este trabajo, indica que para 1570, menos de treinta a&ntilde;os despu&eacute;s  de la llegada de los menores, estos hab&iacute;an logrado su objetivo de controlar  el norte y el poniente de la pen&iacute;nsula de Yucat&aacute;n. El clero secular y  la selva hac&iacute;an imposible continuar la expansi&oacute;n hacia el sur, por lo que las  actividades y los objetivos debieron ser replanteados: en adelante, ser&iacute;a imperativo  maximizar el dinamismo de cada una de las comunidades y sistemas econ&oacute;micos  y pol&iacute;ticos que comenzaban a crecer alrededor de los reci&eacute;n  fundados conventos.</p>     <p align="center"><a name="fig13"></a><img src="img/revistas/frh/v18n2/v18n2a07fig13.gif"></p>       <p><b><font size="3">Conclusiones</font></b></p>     <p>La  reconstrucci&oacute;n de muchos de los procesos que formaron parte de la evangelizaci&oacute;n  del sureste mexicano est&aacute; pendiente, sobre todo la de los que  tienen que ver con la configuraci&oacute;n del panorama arquitect&oacute;nico y, en general,  art&iacute;stico. Este trabajo propone, en primer lugar, que es v&aacute;lido retomar  m&eacute;todos y procedimientos dise&ntilde;ados a la luz de otras regiones de la  Nueva Espa&ntilde;a para dar cuenta del patrimonio arquitect&oacute;nico, con la finalidad de  comenzar esa reconstrucci&oacute;n aplazada.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En  particular, este art&iacute;culo retoma la clasificaci&oacute;n, dise&ntilde;ada para el centro  de M&eacute;xico, de los inmuebles religiosos en tres etapas arquitect&oacute;nicas y  la aplica al caso de los conventos que sobreviven en el norte de la pen&iacute;nsula  de Yucat&aacute;n, todos de filiaci&oacute;n franciscana. Uno de los primeros resultados  de esa aplicaci&oacute;n es la definici&oacute;n de un proceso arquitect&oacute;nico de  dos etapas, en lugar de tres, en el sureste mexicano. Es decir, en esta regi&oacute;n, el  proceso mencionado se inicia con la aparici&oacute;n de inmuebles que fusionan  antiguos edificios prehisp&aacute;nicos con nuevas estructuras europeas.</p>     <p>Que  la evangelizaci&oacute;n no haya comenzado en esos grandes espacios delimitados  con muros de mamposter&iacute;a, en primer lugar, sugiere el conocimiento  y el dominio de las culturas prehisp&aacute;nicas que los frailes hab&iacute;an  alcanzado menos de veinticinco a&ntilde;os despu&eacute;s de haber entrado en  contacto con ellas y, en segundo lugar, refrenda la importancia que ten&iacute;a el  centro de la Nueva Espa&ntilde;a como generador de procesos de diversa naturaleza.  La construcci&oacute;n del convento de Man&iacute;, que por sus caracter&iacute;sticas pertenece  a la tercera etapa del proceso arquitect&oacute;nico, apenas cinco a&ntilde;os  m&aacute;s tarde de que los franciscanos hubieran llegado a la pen&iacute;nsula de Yucat&aacute;n,  indica la madurez y la solidez de la empresa de evangelizaci&oacute;n emanada  del centro del virreinato. Esta supon&iacute;a el conocimiento de los elementos  rectores de la vida de las culturas prehisp&aacute;nicas. No se pod&iacute;a invertir la  cantidad de recursos econ&oacute;micos y humanos que los franciscanos emplearon  en levantar un convento con las caracter&iacute;sticas del de San Miguel Arc&aacute;ngel,  construido en el &aacute;rea mexica, sin tener la seguridad de que el  inmueble cumplir&iacute;a sus objetivos en relaci&oacute;n con los mayas: resignificaci&oacute;n del  lugar de asentamiento, transmisi&oacute;n efectiva de la nueva religi&oacute;n y organizaci&oacute;n  de la vida comunal.</p>     <p>El  estudio de los conventos que pertenecen a la fase final del proceso nos  permite identificar los rasgos arquitect&oacute;nicos que, como las espada&ntilde;as, se  desarrollaron de manera particular en esta regi&oacute;n y la caracterizaron. Adem&aacute;s,  el an&aacute;lisis de la secuencia del levantamiento de las construcciones de los  mendicantes proporciona una idea sobre el conocimiento que estos ten&iacute;an  de la regi&oacute;n y de sus prioridades. Al observar el mapa final, es innegable que  los frailes sab&iacute;an que sus primeros esfuerzos deb&iacute;an estar encaminados  a cubrir el norte y el oeste de la pen&iacute;nsula de Yucat&aacute;n, pues ese  era el territorio disponible. Una vez concluida esta fase de expansi&oacute;n, lo  siguiente fue maximizar las din&aacute;micas econ&oacute;micas y sociales generadas alrededor  de cada uno de los conventos. El estudio de los aspectos que determinaron esas  din&aacute;micas est&aacute; pendiente.</p>     <p>Por  otro lado, las particularidades arquitect&oacute;nicas de cada uno de los  inmuebles presentados proporcionan informaci&oacute;n sobre la situaci&oacute;n de  los mendicantes en la pen&iacute;nsula y sobre los cambios, ante todo econ&oacute;micos, que  esa situaci&oacute;n fue experimentando con el paso del tiempo. Por  ejemplo, los atributos arquitect&oacute;nicos del convento de Valladolid, as&iacute; como  su ubicaci&oacute;n, sugieren unas circunstancias llenas de contrastes. San Bernardino  de Siena expone una dualidad: por un lado, su arquitectura refleja los  intentos de los frailes por penetrar en la vida de una villa espa&ntilde;ola; por  el otro, su localizaci&oacute;n fuera del cuadro principal de la ciudad refleja el papel  secundario que jugaron los frailes en la vida de la villa.</p>     <p>Otro  ejemplo de la afirmaci&oacute;n anterior es la ornamentaci&oacute;n de los inmuebles analizados,  que estuvo fuertemente condicionada por la situaci&oacute;n econ&oacute;mica  y por los recursos naturales disponibles. La carencia de minerales, la  incapacidad de dominar la selva (que anul&oacute; la posibilidad de contar con  madera de forma ilimitada) y la lejan&iacute;a del lugar con respecto al centro del  virreinato retrasaron la producci&oacute;n de esculturas y retablos, lo que determin&oacute; que  el peso de la ornamentaci&oacute;n recayera en una de las actividades mejor  dominadas por los mayas: la pintura mural.</p>     <p>El  estudio de cualquiera de las etapas que forman parte de esta t&eacute;cnica, desde  la colocaci&oacute;n de los morteros hasta la aplicaci&oacute;n de los colores, pasando  por el trazado de las escenas usando sinopias rojas, ofrece indicios del  h&aacute;bil manejo de ella que se logr&oacute; en esta regi&oacute;n. Esta destreza garantizaba la  existencia de experimentaci&oacute;n, tanto con los materiales como con los procedimientos,  y por lo tanto aseguraba su cambio y evoluci&oacute;n constante. Garantizaba  tambi&eacute;n la existencia de din&aacute;micas de aprendizaje, entrenamiento y  ense&ntilde;anza, es decir, de escuelas que manejaban determinados gustos, tendencias  y caracter&iacute;sticas. Esta idea es reforzada por los atributos que,  de manera persistente, aparecen en algunos conjuntos de murales y que,  en el caso de las decoraciones absidales analizadas en este trabajo, son fundamentalmente  la paleta de color rojo, azul y gris empleada en las iglesias de  Man&iacute; y Dzidzant&uacute;n, la forma alternada de aplicaci&oacute;n del color y el uso  de una sinopia roja para bosquejar las im&aacute;genes.</p>     <p>La  comprensi&oacute;n de las t&eacute;cnicas, las condiciones y las ideas que animaron  las primeras construcciones arquitect&oacute;nicas y los programas pict&oacute;ricos  relacionados con ellas es importante no solo para reconstruir el  proceso de evangelizaci&oacute;n o el de la arquitectura sino tambi&eacute;n el de la pintura  mural en la pen&iacute;nsula de Yucat&aacute;n.</p>  <HR>    <p> <b><font size="3">Notas</font></b>    <br> <a href="#1b" name="1a">1</a> Nos parece evidente que en un  principio la predicaci&oacute;n haya tenido que hacerse en lugares improvisados  y ante peque&ntilde;os grupos de oyentes; desde luego, al aire libre. Los espacios  ceremoniales abandonados,  los grandes patios de edificios p&uacute;blicos y los recintos de los templos en ruinas  quiz&aacute; pudieron servir. Estas situaciones probablemente se dieron entre 1521 y 1524. Al llegar  el grupo de los doce, debieron formalizarse las experiencias para elegir el  tipo de espacio necesario  y la ubicaci&oacute;n conveniente. El momento en que se establecieron los criterios  para definir  estos dos aspectos (espacio &uacute;til y ubicaci&oacute;n) podemos tomarlo como el primer escal&oacute;n de un  camino ascendente que culminar&iacute;a en los conventos tal como hoy los conocemos.    <br> <a href="#2b" name="2a">2</a> "A finales del siglo VIII y  principios del IX,  las autoridades religiosas y civiles europeas propiciaron un  movimiento de unificaci&oacute;n que logr&oacute; expresiones arquitect&oacute;nicas ya probadas que,  apoyadas por las autoridades, desplazaron otras existentes, consideradas  entonces menos eficientes,  menos controlables o simplemente distintas. Un importante documento gr&aacute;fico testifica  los criterios unificatorios desarrollados en esa &eacute;poca. Es el documento  conocido como <i>Plano de Sankt Gallen</i>, que en forma sint&eacute;tica y esquem&aacute;tica muestra el  programa arquitect&oacute;nico discutido  y aprobado en dos s&iacute;nodos celebrados en agosto de 816 y en  julio de 817 en  el palacio imperial de Aquisgr&aacute;n. El hecho importante que debemos aqu&iacute;  registrar es que este  partido arquitect&oacute;nico, documentado ya a principios del siglo IX, vino a tener en Am&eacute;rica su  &uacute;ltima expresi&oacute;n, cuando ya en Europa hab&iacute;a caducado. Los ejemplos novohispanos,  sin embargo,  extraordinariamente ricos en calidad y cantidad, construidos en algo m&aacute;s de  medio siglo,  conservaron fielmente el partido arquitect&oacute;nico carolingio, aunque lo  complementaron con  elementos espaciales mesoamericanos que les dan genuina individualidad"  (Chanf&oacute;n 289-291).    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> <a href="#3b" name="3a">3</a> Yucat&aacute;n fue conocido por los  espa&ntilde;oles por lo menos en 1511,  fue redescubierto en 1517 y escasamente  visitado en la d&eacute;cada siguiente, mientras Cort&eacute;s y sus hombres se dedicaban a la  conquista del centro de M&eacute;xico. Uno de los capitanes de Cort&eacute;s, Francisco de  Montejo, fue  comisionado como adelantado y llev&oacute; a cabo dos intentos no muy exitosos de  conquistar Yucat&aacute;n  en los periodos 1527-1528 y 1530-1534.  Apenas en 1540-1547 se  asegur&oacute; el dominio espa&ntilde;ol  en las &aacute;reas m&aacute;s pobladas (Gerhard 44).    <br> <a href="#4b" name="4a">4</a> Desde la segunda mitad del siglo XVI, la regi&oacute;n de las monta&ntilde;as de  Yucat&aacute;n se constituy&oacute; en refugio  de los mayas fugitivos del noroeste. Hu&iacute;an individualmente o en peque&ntilde;os  grupos, y durante  las epidemias, sequ&iacute;as, plagas de langosta y hambres que azotaban la parte  colonizada, numerosos  contingentes emigraban hacia all&aacute; en busca de alimentos silvestres, vegetales y animales  (Quezada 37).    <br> <a href="#5b" name="5a">5</a> Gonz&aacute;lez C&iacute;cero ha considerado que  algunas funciones (de los barrios) siempre estuvieron ligadas  a la parroquia: evangelizaci&oacute;n y adoctrinamiento, educaci&oacute;n, salud,  organizaci&oacute;n social y  algunas veces de gobierno (52).    <br> <a href="#6b" name="6a">6</a> <i>Ku </i>es la palabra con la que los mayas  se refer&iacute;an a sus construcciones arquitect&oacute;nicas.    <br> <a href="#7b" name="7a">7</a> Como todos los grupos mayances, los  cehaches eran devotos de la ceiba, &aacute;rbol sagrado llamado en  maya <i>yaxche</i>; su nombre completo es <i>yaxcheilkab</i>.  Acostumbraban plantarla en el centro del  pueblo. Los itzaes la conceb&iacute;an como el primer &aacute;rbol del mundo. Su forma  estilizada se asemeja  a la de una cruz. Era venerada como representaci&oacute;n de la lluvia (Ch&aacute;vez 52).    <br> <a href="#8b" name="8a">8</a> Probablemente, en ese mismo a&ntilde;o se  fund&oacute; la custodia de San Jos&eacute; de Yucat&aacute;n, subordinada a la  provincia del Santo Evangelio de M&eacute;xico (Ch&aacute;vez 50).    <br> <a href="#9b" name="9a">9</a> <i>Mul </i>es otra denominaci&oacute;n de las  estructuras arquitect&oacute;nicas mayas.    <br> <a href="#10b" name="10a">10</a> "Hemos analizado las necesidades  espaciales que se plantearon al inicio de la gran campa&ntilde;a de  evangelizaci&oacute;n. Por otro lado, conocemos los conventos construidos por las tres  &oacute;rdenes mendicantes,  que han llegado hasta nosotros y que han sido objeto de m&uacute;ltiples estudios.  Surge ahora  el cuestionamiento sobre si, entre ambos extremos, hubo pasos o etapas  intermedias que  integren un proceso evolutivo de los espacios arquitect&oacute;nicos de la  evangelizaci&oacute;n. Por ahora  nuestra opini&oacute;n es que s&iacute; hubo pasos intermedios, de los que las mismas p&aacute;ginas  de fray Diego  de Valad&eacute;s dan pista" (Chanf&oacute;n 312).    <br> <a href="#11b" name="11a">11</a> La espada&ntilde;a es un muro que sobresale  de la fachada que sirve de campanario. Suele poseer uno o  m&aacute;s vanos, en los cuales se ubican las campanas.    <br> <a href="#12b" name="12a">12</a> Para 1562, el conjunto arquitect&oacute;nico de Man&iacute; era ya un todo  arm&oacute;nico y coherente. As&iacute; permanecer&iacute;a hasta  principios del siglo XVIII,  cuando su aspecto se alter&oacute; radicalmente debido a  una serie de cambios; entre otros, la construcci&oacute;n de la actual fachada de la  iglesia, el enmuramiento de  la capilla de indios, la demolici&oacute;n de los antiguos portales y, posiblemente,  el replanteo  de parte del per&iacute;metro del atrio (Bretos 49).    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> <a href="#13b" name="13a">13</a> "A unos sesenta kil&oacute;metros al  noreste de Man&iacute; se yergue: San Antonio de Padua Izamal. La erecci&oacute;n  del convento tom&oacute; lugar en el cap&iacute;tulo provincial del 29 de septiembre y a petici&oacute;n de  los caciques del lugar. Antiguamente Izamal hab&iacute;a sido un importante santuario  de Itzamn&aacute;  'Casa-del-Mago-del-Agua', el poderoso numen maya, patrono de las ciencias y los conocimientos,  inventor de la escritura" (Bretos 67).    <br> <a href="#14b" name="14a">14</a> En la Nueva Espa&ntilde;a, la mayor parte  de las iglesias ten&iacute;an una orientaci&oacute;n oriente (presbiterio) poniente  (fachada principal); en Yucat&aacute;n, los conventos se constru&iacute;an adosados al muro  norte para  aprovechar la sombra proporcionada por el templo (Chanf&oacute;n 320).    <br> <a href="#15b" name="15a">15</a> El uso del punz&oacute;n y las plantillas,  en lugar de la sinopia roja, para trazar elementos geom&eacute;tricos como  los c&iacute;rculos sugiere, entre otras cosas, esta afirmaci&oacute;n.</p>   <hr>    <p><b><font size="3">BIBLIOGRAF&Iacute;A</font></b></p>     <!-- ref --><p>Bretos,  Miguel. <i>Iglesias de Yucat&aacute;n</i>. Yucat&aacute;n: Dante, 1992, Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6300652&pid=S2027-4688201300020000700001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Chanf&oacute;n,  Carlos. <i>Historia de la arquitectura y  el urbanismo mexicanos</i>.  Vols. 1-2. M&eacute;xico: UNAM, 1997.  Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6300654&pid=S2027-4688201300020000700002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Ch&aacute;vez,  Jos&eacute; Manuel. <i>Intenci&oacute;n franciscana de  evangelizar entre los mayas rebeldes</i>.  M&eacute;xico: Conaculta,  2001.  Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6300656&pid=S2027-4688201300020000700003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Estrada  de Gerlero, Elena Isabel. <i>Muros,  sargas y papeles. Imagen de lo sagrado y lo profano</i> <i>en el arte novohispano del  siglo </i><i>XVI</i>. M&eacute;xico: UNAM, 2011.  Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6300658&pid=S2027-4688201300020000700004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Fern&aacute;ndez,  Isabel. <i>La comunidad ind&iacute;gena maya de  Yucat&aacute;n. Siglos </i><i>XVI </i><i>y </i><i>XVII</i>. M&eacute;xico: INAH, 1990.  Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6300660&pid=S2027-4688201300020000700005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Garc&iacute;a  Quintana, Josefina y V&iacute;ctor Castillo Farrera. <i>Tratado curioso y docto de las grandezas</i> <i>de la Nueva Espa&ntilde;a: relaci&oacute;n  breve y verdadera de algunas cosas de las muchas que</i> <i>sucedieron al padre fray  Alonso Ponce de las provincias de la Nueva Espa&ntilde;a siendo</i> <i>comisario general de aquellas  partes</i>. 2  Vols. M&eacute;xico: UNAM, 1976.  Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6300662&pid=S2027-4688201300020000700006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Gerhard,  Peter. <i>La frontera sureste de la  Nueva Espa&ntilde;a</i>. M&eacute;xico: UNAM, 1991.  Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6300664&pid=S2027-4688201300020000700007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Gonz&aacute;lez  C&iacute;cero, Stella. <i>El estado de Yucat&aacute;n</i>. M&eacute;xico: Reproducciones Fotomec&aacute;nicas, 1998. Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6300666&pid=S2027-4688201300020000700008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Kubler,  George. <i>La arquitectura novohispana  del siglo </i><i>XVI</i>. M&eacute;xico: Direcci&oacute;n del Patrimonio  Universitario; UNAM,  1975.  Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6300668&pid=S2027-4688201300020000700009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>L&oacute;pez  de Cogolludo, Diego. <i>Historia de Yucat&aacute;n</i>. 2 t.  M&eacute;xico: Academia Literaria, 1957. Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6300670&pid=S2027-4688201300020000700010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Quezada,  Sergio. <i>Breve historia de Yucat&aacute;n</i>. M&eacute;xico: Colmex; Fondo de Cultura Econ&oacute;mica,  2001.  Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6300672&pid=S2027-4688201300020000700011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Toussaint,  Manuel. <i>Arte colonial en M&eacute;xico</i>. M&eacute;xico: UNAM, 1948.  Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6300674&pid=S2027-4688201300020000700012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Vanoye  Carlo, Raquel. "Esbozo de la historia de la pintura mural virreinal de Yucat&aacute;n  a trav&eacute;s  del convento de Santa Clara de As&iacute;s en Dzidzant&uacute;n". Tesis de maestr&iacute;a. UNAM, 2011.  Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6300676&pid=S2027-4688201300020000700013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Vega,  Luis. <i>Cat&aacute;logo de construcciones  religiosas del estado de Yucat&aacute;n</i>.  2 vols.  M&eacute;xico: Talleres  Gr&aacute;ficos de la Naci&oacute;n, 1945.  Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6300678&pid=S2027-4688201300020000700014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Zetina,  Mart&iacute;n. Comunicaci&oacute;n personal. Proyecto foto al rescate. M&eacute;xico. Agosto de 2012.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6300680&pid=S2027-4688201300020000700015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p> </font>      ]]></body><back>
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