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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Las milicias de caballería de Buenos Aires, 1752-1805]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[The military cavalry of Buenos Aires, 1752-1805]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[The purpose of this paper is to examine the methods of the colonial militias system by analyzing the experience of the city of Buenos Aires and its campaign. This will be achieved through the consideration of the militias system's trajectory between 1752, when it began to stabilize, and 1805, when the colonial order and the militia regime that had been organized collapsed. My objective is to reconstruct this experience by attempting to specify its range and the nature and characteristics of the militia formations, focusing on the cavalry ones. A dispersed and heterogeneous corpus, kept in various archives, is used, with the intention to systematize and weigh the available information.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">          <p align="center"><font size="4"><b>Las milicias de caballer&iacute;a de Buenos Aires, 1752-1805</b></font></p>          <p align="center"><font size="3"><b>The military cavalry of Buenos Aires, 1752-1805</b></font></p>         <p align="right"><b>RA&Uacute;L O. FRADKIN </b>     <br> <i>Universidad de Buenos Aires y Universidad Nacional de Luj&aacute;n, Argentina    <br> <a href="mailto:raul.fradkin@gmail.com">raul.fradkin@gmail.com</a></i></p>     <p>Recibido: 14 de julio de 2013    <br> Aceptado: 20 de diciembre de 2013</p> <hr size="1" />                <p><b> <font size="3">RESUMEN</font> </b></p>          <p>Este  trabajo se propone examinar las modalidades  del r&eacute;gimen de milicias colonial  analizando la experiencia de la ciudad  de Buenos Aires y su campa&ntilde;a. Para  ello se considerar&aacute; la trayectoria de ese  r&eacute;gimen entre 1752, cuando comenz&oacute; a  estabilizarse el sistema de milicias, y 1805,  cuando se desencaden&oacute; el colapso del  orden colonial y del r&eacute;gimen miliciano que  se hab&iacute;a configurado. El objetivo es  reconstruir esta experiencia tratando de  precisar sus alcances y la naturaleza y  caracter&iacute;sticas de las formaciones milicianas,  principalmente las de caballer&iacute;a. Se  trabaja un corpus documental disperso  y heterog&eacute;neo conservado en varios  archivos y se busca sistematizar y ponderar la informaci&oacute;n disponible.</p>          ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b><font size="3">Palabras clave</font></b>: Buenos Aires, caballer&iacute;a, Colonia, milicias.</p>  <hr size="1" />                <p><b> <font size="3">ABSTRACT</font> </b></p>          <p>The purpose of this paper is to  examine the methods of the colonial  militias system by analyzing the experience  of the city of Buenos Aires and its  campaign. This will be achieved through the consideration of the militias  system's trajectory between 1752, when it  began to stabilize, and 1805, when the  colonial order and the militia regime that  had been organized collapsed. My  objective is to reconstruct this experience  by attempting to specify its range and the nature  and characteristics of the militia formations, focusing on the cavalry ones. A dispersed and heterogeneous corpus, kept in various archives,  is used, with the intention to  systematize and weigh the available information.</p>          <p><b><font size="3">Keywords</font></b>: Buenos Aires, cavalry, colony, militia.</p>  <hr size="1" />            <p>Hacia 1805, F&eacute;lix de Azara (1742-1821) estaba de regreso en Madrid tras 20 a&ntilde;os en el R&iacute;o de la Plata. Como integrante de la Junta de Fortificaciones y Defensa de Indias, estamp&oacute; un lapidario diagn&oacute;stico sobre sus milicias:</p>     <blockquote>       <p>La junta est&aacute; bien persuadida, de que lo que dice el virrey de la superioridad de  las tropas portuguesas y de su buen estado de disciplina, armamento y  vestuario, es tan positivo como lo que refiere de la debilidad, desnudez y mal  estado de las suyas, y de los pocos recursos que tiene. Pues, aunque seg&uacute;n las  listas hechas por el mismo virrey cuando era inspector, ascend&iacute;an a 14.000  hombres, cuasi con nada de esto puede contarse; no solo por su efectiva nulidad  militar, sino porque buena parte de tales milicias, como tal vez todas las de  Am&eacute;rica, solo existen en las listas. (Azara, <i>Memorias</i> 106-109) </p> </blockquote>     <p>Si  su diagn&oacute;stico se ajustaba a la realidad, era claro que los esfuerzos  desplegados desde mediados del XVIII para ampliar y reglar las milicias hab&iacute;an  fracasado. Los esfuerzos exist&iacute;an, aunque estaban lejos de satisfacer las  aspiraciones de las autoridades. No era, por cierto, una peculiaridad  rioplatense (Kuethe). Como han reconocido los mejores estudios, la informaci&oacute;n  sobre las milicias es intermitente y, por momentos, hasta desconcertante para  el observador que atienda m&aacute;s a los planes generales de reforma que a su vida  cotidiana. Lo cierto es que durante el siglo XVIII la monarqu&iacute;a hispana adopt&oacute;  un estilo de gobierno militar y las ordenanzas de milicias funcionaron como la <i>piedra</i> <i>angular del Estado borb&oacute;nico</i>, pues instauraron aspectos que no eran  inherentesal Antiguo R&eacute;gimen y terminaron siendo antag&oacute;nicos con  respecto a los principios de este (Chust y Marchena 78; Dedieu). A trav&eacute;s de  dichas ordenanzas se intent&oacute; inscribir a las milicias dentro de una normativa  relativamente uniforme, pero igual mantuvieron una gran diversidad, y se  constituyeron en un elemento central de la construcci&oacute;n del poder y del orden  social, y en un medio para la formaci&oacute;n de las culturas pol&iacute;ticas locales (J.  Ruiz 12-13). </p>     <p>Como se demostr&oacute; plenamente durante la  crisis del orden colonial, el Ej&eacute;rcito de Dotaci&oacute;n no pas&oacute; de ser un conjunto  de fuerzas signado por las diversidades regionales, estamentales y corporativas  (McFarlane). Al igual que todos los de la monarqu&iacute;a, contaba con escasas  unidades de caballer&iacute;a y, como consecuencia, fueron las milicias las que  suministraron la mayor parte de las fuerzas de este tipo<sup><a href="#1a" name="1b">1</a></sup>.  Conviene subrayarlo, puesto que la historiograf&iacute;a se ha concentrado en precisar  las diferencias entre las tradicionales milicias y las nuevas disciplinadas,  pero se le ha prestado menor atenci&oacute;n a las especificidades de las milicias de  caballer&iacute;a que dieron lugar a un conjunto de experiencias que solo en parte se  ajustaron al modelo general deseado.</p>     <p>Por  cierto, desde el se&ntilde;ero trabajo de Halperin Donghi, el papel jugado por las  milicias en la escena pol&iacute;tica ocupa un lugar relevante en la historiograf&iacute;a  rioplatense m&aacute;s reciente (Cansanello; Garavaglia, "Ej&eacute;rcito"; S&aacute;bato). Sin  embargo, su repaso advierte con claridad que la atenci&oacute;n ha estado  preferentemente concentrada en el siglo XIX y es mucho menor la que se ha  prestado a la &eacute;poca colonial. Este estudio, por tanto, se propone examinar la  experiencia de las milicias de caballer&iacute;a de la ciudad de Buenos Aires y su  campa&ntilde;a entre 1752 y 1805, periodo durante el cual se ampli&oacute; y estabiliz&oacute; el  dispositivo miliciano hasta que fue completamente reformado por la crisis de  1806 y 1807. El objetivo es reconstruir esta experiencia tratando de precisar  sus alcances, as&iacute; como la naturaleza y caracter&iacute;sticas de las formaciones  milicianas de caballer&iacute;a.</p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b><font size="3">La  primera reorganizaci&oacute;n de las milicias</font></b> </p>     <p>Desde  el siglo XVII Buenos Aires contaba con caballer&iacute;a veterana entre sus compa&ntilde;&iacute;as  del presidio. Aquella ocupaba un lugar poco habitual en las dotaciones  coloniales, pues estaba formada por 4 compa&ntilde;&iacute;as y 232 efectivos, frente a solo  4 de infanter&iacute;a y sus 302 hombres (Birocco). Esta situaci&oacute;n indica la  centralidad que ten&iacute;a en este espacio, que a&uacute;n no contaba con milicias rurales  estables aunque sus pobladores no hab&iacute;an dejado de prestar este tipo de  servicio desde la fundaci&oacute;n de la ciudad en 1580.</p>     <p>Las autoridades se propusieron organizar  las compa&ntilde;&iacute;as del presidio para enfrentar a los portugueses en la otra banda  del R&iacute;o de la Plata, si bien hasta la d&eacute;cada de 1750 el principal aporte para  llevar a cabo esta tarea proven&iacute;a de las misiones guaran&iacute;es (Avellaneda y  Quarleri). Sin embargo, la ciudad de Buenos Aires tambi&eacute;n las requer&iacute;a para  defender su frontera cercana con los grupos ind&iacute;genas pampeanos y atender ambas  necesidades fue abiertamente contradictorio en los momentos cr&iacute;ticos. No  sorprende, entonces, que a partir de la d&eacute;cada de 1730 fueran repetidos los  conflictos entre el gobernador y el cabildo por el sostenimiento y mando de las  milicias<sup><a href="#2a" name="2b">2</a></sup>. </p>     <p>Por  un momento, se pens&oacute; que ser&iacute;a posible trasladar al territorio ind&iacute;gena la  experiencia jesuita constituyendo all&iacute; tres misiones, pero resultaron ef&iacute;meras  y fueron desmanteladas a comienzos de la d&eacute;cada de 1750. Simult&aacute;neamente se  dispuso contar con <i>batidores y exploradores</i>, y se impuls&oacute; la  organizaci&oacute;n de partidas rurales de lanceros de caballer&iacute;a<sup><a href="#3a" name="3b">3</a></sup>. A  su vez, en 1752, se cre&oacute; un fondo municipal (el ramo de guerra) para formar,  con el producido de un gravamen a los cueros exportados, tres compa&ntilde;&iacute;as milicianas  asalariadas de servicio permanente que se denominaron Blandengues de la  Frontera. Su puesta en marcha estuvo plagada de dificultades y el cabildo tuvo  que negociar con los milicianos el pago por adelantado de varios meses de  servicio<sup><a href="#4a" name="4b">4</a></sup>.  Por otra parte, la recaudaci&oacute;n del ramo de guerra, oficialmente convalidada en  1760, parece no haber sido nunca suficiente, pues hasta mediados de la d&eacute;cada  de 1770 los fuertes fronterizos no se terminaron de construir y la deserci&oacute;n  afect&oacute; recurrentemente a estas fuerzas<sup><a href="#5a" name="5b">5</a></sup>. </p>     <p>Repetidamente,  el mismo Azara se ocup&oacute; de los blandengues y se expres&oacute; a favor de fomentar el  establecimiento de esta fuerza en todo el espacio rioplatense. En un informe de  1796 recordaba que "de errantes y lanceros que eran los blandengues, se fijaron  en varios puntos, o guardias, repartidas por la frontera, y se armaron como  dragones, sirviendo en caballos propios". Conclu&iacute;a que era preciso deslindar  claramente su servicio del que prestaban los milicianos y depositaba en ellos  el futuro poblamiento de las pampas a condici&oacute;n de que, reclutando hombres  casados y entreg&aacute;ndoles tierras en propiedad, se los convirtiera en pobladores  arraigados (Azara, <i>Diario</i> 35-45).</p>     <p>Observaciones  de este tipo hicieron que la historiograf&iacute;a rioplatense se ocupara mucho m&aacute;s de  los blandengues que de las milicias rurales de caballer&iacute;a (Mayo y Latrubesse).  Sin embargo, estudios recientes han aclarado que, a partir de 1752, los  blandengues fueron una milicia a sueldo y de servicio permanente y que solo en  1784 fueron convertidos en una fuerza veterana, aunque mantuvieran atributos  t&iacute;picos de la milicia, como el sostenimiento con recursos locales y la prestaci&oacute;n  del servicio en caballos propios (Alemano). Esos estudios corroboraron que para  esa fecha tambi&eacute;n se estaba produciendo un sustancial incremento de las  parroquias, alcald&iacute;as de hermandad y fuertes fronterizos, y se hizo m&aacute;s densa  la trama de poblados rurales desde los cuales se intentaba controlar a la  dispersa poblaci&oacute;n del campo (Barral y Fradkin). Algunos de esos poblados se  formaron en torno a las guardias fronterizas y funcionaron como n&uacute;cleos  mercantiles muy activos en la articulaci&oacute;n de las relaciones inter&eacute;tnicas  fronterizas (Galarza), al tiempo que atra&iacute;an un intenso flujo de migrantes que  pon&iacute;an a producir nuevas tierras (Barcos). De este modo, se ha demostrado que  algunos de los comandantes de los blandengues se convirtieron en importantes  propietarios de tierras, pero que igualmente actuaron como portavoces de las  demandas de las tropas para que se cumplieran las promesas que las autoridades  les hab&iacute;an hecho de entregarles tierras a cambio de sus servicios (Banzato). </p>     <p>Cabe  se&ntilde;alar otra comprobaci&oacute;n que ya estaba inscripta en las anotaciones de Azara  pero que no hab&iacute;a sido suficientemente atendida, pues ella modifica la imagen  legada por la historiograf&iacute;a tradicional: ni en su fase miliciana ni en su fase  veterana los blandengues fueron suficientes para defender la frontera y, por lo  tanto, no sustituyeron a las milicias sino que, por el contrario, fue necesario  articular su servicio con otro, complementario y rotativo, de milicianos de  caballer&iacute;a sin remuneraci&oacute;n (Alemano y Carl&oacute;n; N&eacute;spolo). Antes que  sustituirlas, los blandengues veteranos deb&iacute;an contribuir a disciplinarlas.  Aqu&iacute; reside, justamente, el inter&eacute;s por el tema que se aborda en este trabajo. </p>     <p>Al comenzar la d&eacute;cada de 1760, al mismo  tiempo que reorganizaba el servicio de los blandengues, el gobernador Pedro de  Cevallos (1756-1766) impuls&oacute; una ampliaci&oacute;n sustancial de las milicias de  ciudad y de campa&ntilde;a. Por entonces advert&iacute;a que era claramente insuficiente el  servicio de "los vecinos que hacen de dragones" en las compa&ntilde;&iacute;as de caballer&iacute;a  y el de los forasteros y las castas en la infanter&iacute;a (N&eacute;spolo 568), una  observaci&oacute;n que sugiere que la caballer&iacute;a gozaba de mayor prestigio social. Sin  embargo, la amplitud que pretend&iacute;a d&aacute;rseles a las milicias de caballer&iacute;a oblig&oacute;  a ciertas concesiones, como reconocerle a la oficialidad miliciana el fuero  militar y adem&aacute;s ser poco exigentes con las "calidades" de los seleccionados  para integrarla mientras se impon&iacute;a el principio del alistamiento general de  todos los hombres aptos<sup><a href="#6a" name="6b">6</a></sup>.  De este modo, se alistaron 5.790 milicianos, &nbsp;3.592 en la ciudad y 2.198 en la campa&ntilde;a, es  decir, alrededor del 22 % de la poblaci&oacute;n de la jurisdicci&oacute;n, y la composici&oacute;n  del conjunto de milicianos reclutados reflej&oacute; la distribuci&oacute;n &nbsp;de la poblaci&oacute;n total de la provincia, dado  que la ciudad deb&iacute;a aportar el 62 %<sup><a href="#7a" name="7b">7</a></sup>. </p>     <p>En ese conjunto, la caballer&iacute;a deb&iacute;a  ocupar un lugar relevante: la ciudad contar&iacute;a con un regimiento provincial de  caballer&iacute;a con 24 compa&ntilde;&iacute;as y 1.200 efectivos, 8 compa&ntilde;&iacute;as de pardos con 400  efectivos, 6 de indios guaran&iacute;es con 350 y 6 de indios ladinos con 300. As&iacute;, en  la ciudad habr&iacute;a 44 compa&ntilde;&iacute;as y 2.250 efectivos. Adem&aacute;s, todas las formaciones &nbsp;de campa&ntilde;a ser&iacute;an de caballer&iacute;a, de manera que  &nbsp;&nbsp;ella representar&iacute;a el 76,8 % del total de  milicianos y la campa&ntilde;a aportar&iacute;a el 49 % (Beverina 272-273). </p>     <p>Estaba  claro, entonces, cu&aacute;l era la funci&oacute;n primordial que deb&iacute;an cumplir estas  milicias. No obstante, la dispersi&oacute;n de la poblaci&oacute;n rural incidi&oacute; en la forma  de organizaci&oacute;n de ellas: mientras en la ciudad y su periferia inmediata las  compa&ntilde;&iacute;as fueron integradas en un regimiento al frente del cual se pusieron  oficiales veteranos, en la campa&ntilde;a se formaron compa&ntilde;&iacute;as sueltas con oficiales  milicianos y en la frontera se cont&oacute; con compa&ntilde;&iacute;as a sueldo de blandengues  complementadas con el servicio rotativo de otras milicias. De este modo, la  reorganizaci&oacute;n tendi&oacute; a  configurar la distinci&oacute;n entre milicias de ciudad y milicias de campa&ntilde;a, pero  tambi&eacute;n entre milicias de campa&ntilde;a y milicias de frontera.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Esta reforma se inici&oacute; sin contar con  una fuerza expedicionaria regular importante, como ocurri&oacute; en Cuba, y fue  llevada a cabo por un gobernador que oper&oacute; con un amplio margen de autonom&iacute;a,  aunque siguiendo las instrucciones que hab&iacute;a fijado el virrey Amat para todo  el virreinato peruano. En ellas se estableci&oacute; que deb&iacute;a obtenerse una "exacta  raz&oacute;n" de todos los habitantes "nobles, plebeyos, espa&ntilde;oles, mestizos y  mulatos", lo que puso claramente de manifiesto la amplitud que hab&iacute;a de  adquirir el alistamiento. Tambi&eacute;n se estableci&oacute; la obligaci&oacute;n de formar  batallones o compa&ntilde;&iacute;as sueltas y, solo cuando el n&uacute;mero de estas lo permitiese,  constituir un regimiento "con el nombre de la capital de la provincia o de la  villa o ciudad de donde sea la gente", en el cual los oficiales y sargentos  gozar&iacute;an "siempre del fuero militar" y los cabos y los soldados cuando se  hallasen acuartelados o en campa&ntilde;a (N&eacute;spolo 142-146). Mientras tanto se  constituyeron las asambleas de infanter&iacute;a y caballer&iacute;a destinadas al entrenamiento  de las milicias<sup><a href="#8a" name="8b">8</a></sup>,  la administraci&oacute;n del ramo de guerra pas&oacute; a manos de oficiales reales y las  fuerzas milicianas de campa&ntilde;a fueron puestas bajo el mando del gobernador.  Comenzaba as&iacute; un primer intento de centralizaci&oacute;n.</p>     <p>Sin  embargo, para 1771, el regimiento provincial hab&iacute;a reducido sus efectivos a  865 y los milicianos de campa&ntilde;a hab&iacute;an pasado a ser 1.223 (Beverina 174-175)<sup><a href="#9a" name="9b">9</a></sup>.  Probablemente los motivos fueron varios, pero el primordial parece haber sido  la resistencia de la poblaci&oacute;n. Ante todo, la que ofrec&iacute;a a servir en campa&ntilde;as  lejanas, como sucedi&oacute; con la deserci&oacute;n colectiva de las milicias del partido de  Magdalena en 1762 (Birolo, "Militarizaci&oacute;n" 15). A su vez, la irregular  entrega de raciones o el no pago de sueldos generaban deserciones y que muchos  milicianos optaran por alistarse en las compa&ntilde;&iacute;as de la ciudad para eludir el  servicio de frontera<sup><a href="#10a" name="10b">10</a></sup>.</p>     <p>Para 1760, en un informe se sosten&iacute;a que  estas milicias de caballer&iacute;a prestaban "servicio a su costa y en caballos  propios", pero al mismo tiempo se anotaba que era imposible tornarlas  obedientes y subordinadas, situaci&oacute;n atribuida a que estaban compuestas por  gente holgazana e ind&oacute;cil y a un espacio donde la comida era abundante y barata,  y "tan baratas las caballer&iacute;as" que "todos andan a caballo" (Maeder 154). No  extra&ntilde;a, entonces, que cinco a&ntilde;os despu&eacute;s el mismo gobernador haya admitido que  no deb&iacute;a contarse mucho con las compa&ntilde;&iacute;as rurales "porque la abundancia de  caballos y dilatada extensi&oacute;n de la campa&ntilde;a les facilita la fuga, a que los  incita su repugnancia a la guerra" (I. Ruiz 26).</p>     <p>Se  expresaba as&iacute; el dilema que afrontaban las autoridades: la estructura social  ofrec&iacute;a un espectro campesino dentro del cual hasta los paisanos m&aacute;s pobres  contaban con su propia tropilla de caballos; era tentador, por tanto, descargar  sobre ellos el servicio miliciano de caballer&iacute;a. Pero esa misma disponibilidad  de recursos y la movilidad y autonom&iacute;a de los paisanos restring&iacute;an las  posibilidades de disciplinarlos. De esta forma, el servicio estaba sometido a  constantes fricciones y negociaciones, y era ineludible la mediaci&oacute;n de los  sargentos mayores y capitanes de milicia reclutados entre los vecinos m&aacute;s  prominentes que resid&iacute;an en cada partido, cuya capacidad de movilizaci&oacute;n  depend&iacute;a del influjo personal que ejerc&iacute;an sobre la tropa y de sus  posibilidades de mediar entre los milicianos y las exigencias de las  autoridades superiores, de obtener compensaciones y de tolerar un conjunto de  pr&aacute;cticas aceptadas. Esa tensi&oacute;n se puso de manifiesto en el interior mismo de  la jerarqu&iacute;a de mando a trav&eacute;s de las disputas jurisdiccionales entre los  comandantes militares que comenzaban a instalarse en las guardias fronterizas y  los sargentos mayores y capitanes milicianos. La centralizaci&oacute;n, por  consiguiente, enfrentaba enormes obst&aacute;culos. </p>       <p><font size="3"><b>La  reorganizaci&oacute;n de  las d&eacute;cadas de 1770 y 1780</b> </font></p>     <p>Pedro  de Cevallos fue tambi&eacute;n el primer virrey del R&iacute;o de la Plata (1777-1778) y  recibi&oacute; &oacute;rdenes claras de la Corona: "es preciso sacar todo el partido posible  de sus propias fuerzas y recursos, os encargo que procur&eacute;is levantar todas las  milicias que puedan formarse en las provincias de vuestro mando" (I. Ruiz 16).  Por ello se estableci&oacute; el alistamiento obligatorio de todos los hombres aptos  mayores de diecis&eacute;is a&ntilde;os que habitaran en la campa&ntilde;a, incluyendo a "todo  estante y habitante" y no solo a los vecinos (<i>Documentos para la historia  del</i> <i>Virreinato </i>1: 218-219).</p>     <p>Pero  el servicio variaba por diferentes razones. As&iacute;, el regimiento provincial de caballer&iacute;a  fue movilizado en forma muy discontinua, solo en seis a&ntilde;os del periodo  comprendido entre 1772 y 1783, y en ning&uacute;n momento la movilizaci&oacute;n abarc&oacute; a la  totalidad de sus efectivos, ya que el m&aacute;ximo que alcanz&oacute;, en 1777 y 1780, fue  de un 50 %. El registro es importante, pues permite una estimaci&oacute;n preliminar  sobre una cuesti&oacute;n extremadamente opaca a la observaci&oacute;n del historiador: &iquest;en  qu&eacute; medida eran efectivamente movilizados los milicianos? El dato se&ntilde;alado  sugiere que aun este regimiento, mejor estructurado y disciplinado que los  dem&aacute;s, solo eran movilizados espor&aacute;dicamente y nunca por completo. Sin embargo,  en ocasiones el tiempo de servicio pod&iacute;a ser muy prolongado, como sucedi&oacute; en  1775 y 1783, cuando algunos efectivos fueron movilizados por seis meses  continuos, pero en esos casos recib&iacute;an sueldo, raci&oacute;n, armamento y caballos a  cuenta de las cajas reales. En otras misiones, por ejemplo aquellas que ten&iacute;an  por objeto reforzar la defensa de la frontera, el servicio se efectuaba a  raci&oacute;n y sin sueldo, y los caballos deb&iacute;an suministrarlos los vecindarios  rurales (Beverina 459-464). Se advierte, entonces, que la naturaleza del  servicio pod&iacute;a ser extremadamente variable y que para ese momento las cajas  reales, mucho m&aacute;s regularmente provistas por el situado potosino, se hac&iacute;an  cargo. La evidencia tambi&eacute;n sugiere que quiz&aacute;s la obligaci&oacute;n de prestar  servicio con caballos y armas propios no haya sido tan frecuente como dictaba  el ideal consagrado o, al menos, que era objeto de negociaci&oacute;n y disputa. De esa  manera, este regimiento miliciano cumpl&iacute;a la mayor parte del tiempo misiones de  custodia y traslado de prisioneros o de vigilancia en puntos exactos y solo  ocasionalmente era una fuerza aut&eacute;nticamente provincial. </p>     <p>El  regimiento provincial concit&oacute; las mayores atenciones de las autoridades, que en  1772 decidieron depurarlo "de ciertos oficiales contra&iacute;dos a ocupaciones y  comercios menudos, repugnantes a tal distinci&oacute;n"; para ello apelaron a otros  que "aunque en general no fuesen de distinguido nacimiento o circunstancias, se  reputaban en el pa&iacute;s por sujetos visibles y de suficiente calidad y decencia  para los empleos concejiles y otros honor&iacute;ficos" (Beverina 277). Este  regimiento, por tanto, hab&iacute;a servido en un principio para consolidar las  posiciones sociales de sujetos de or&iacute;genes inciertos, pero esa tendencia fue  limitada cuando se dispuso que tuviera una plana mayor veterana, que para 1798  inclu&iacute;a 8 capitanes, 7 sargentos, 17 alf&eacute;reces y 27 sargentos de esa condici&oacute;n  (AGS, <i>sg</i> 7258, exp. 15). </p>     <p>Simult&aacute;neamente, en 1772 se form&oacute; un  regimiento veterano de dragones, aunque su dotaci&oacute;n result&oacute; insuficiente y sus  plazas nunca llegaron a estar ocupadas por completo, tanto por la ausencia de  relevos venidos desde la metr&oacute;poli como por las dificultades para reclutar <i>gente  del pa&iacute;s</i><sup><a href="#11a" name="11b">11</a></sup>.  Aun as&iacute;, esta <i>tropa anfibia</i>, como la calificaba uno de los estrategas  m&aacute;s consultados en la &eacute;poca (Jomini 161), era la preferida y sirvi&oacute; de modelo  inicial para formar milicias de caballer&iacute;a. En 1787, el virrey propuso aumentar  los puestos de sus compa&ntilde;&iacute;as de 47 a 60 (AGS, <i>sg</i> 6802, exp. 46). Sin  embargo, siempre hab&iacute;a algunas vacantes y la mayor parte de sus efectivos eran  destinados a diversos puntos de la Banda Oriental. Pensando en esto, para 1790  el subinspector sostuvo que por esa dispersi&oacute;n "pierden la subordinaci&oacute;n y no  se puede decir con verdad que son soldados, sino unos peones del campo,  separados enteramente de toda instrucci&oacute;n militar" (I. Ruiz 21). De modo que la  disciplina militar era tambi&eacute;n muy limitada en la caballer&iacute;a veterana y hacia  1801 en la capital solo hab&iacute;a 28 dragones (AGN, s IX, <i>s</i> 2-9-6). </p>     <p>Esa  escasez fue paliada con la transformaci&oacute;n de los Blandengues de la Frontera en  un cuerpo veterano y con la ampliaci&oacute;n de su dotaci&oacute;n (primero a 600 plazas y  luego a 720), que fue puesta bajo el mando de oficiales regulares (AGN, s IX, <i>gm</i> 2-4-14). Inicialmente, los resultados parecen haber sido exitosos y los  efectivos destinados a las guarniciones de frontera pasaron de 110 en 1761 a  270 en 1780 y 475 en 1784. Tras haberse convertido en veterano, el cuerpo lleg&oacute;  a contar con 685 efectivos en 1800, pero las necesidades defensivas hicieron  que 320 prestaran servicio en la otra banda del R&iacute;o de la Plata (AGN, s IX, <i>G </i>2-9-6). A partir de entonces, esas dotaciones fueron en franco declive, desuerte que para 1808 solo hab&iacute;a en la frontera bonaerense 225 blandengues,  es decir menos que cuando eran una fuerza de milicia (AGN, s IX, <i>cf</i> 1-4-3, 1-5-2, 1-7-4; AGN, s IX, <i>gm</i> 2-9-6; AGS, <i>sg</i> 7300, exp. 19).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Aun as&iacute;, eran la principal fuerza de  caballer&iacute;a veterana en territorio bonaerense. Pero eran insuficientes y las  autoridades apuntaron a consolidar el servicio de milicias empleando a la  oficialidad veterana de blandengues para disciplinarlas. En este sentido, debe  tenerse en cuenta que en 1776 se constituy&oacute; la Comandancia General de  Fronteras que desde 1780 fue encargada a un oficial veterano y que ostentar&iacute;a  una doble condici&oacute;n: estando al mando del cuerpo de blandengues, era al mismo  tiempo el jefe de las compa&ntilde;&iacute;as milicianas de frontera y, en cuanto sargento  mayor, el jefe de las milicias de campa&ntilde;a. La pretensi&oacute;n de centralizar  totalmente el mando de estas entraba as&iacute; en una nueva fase. </p>     <p>Pero  &iquest;cu&aacute;les fueron los resultados? Hacia 1784 el virrey V&eacute;rtiz precis&oacute; los dilemas  que afrontaba, y conviene detenerse en sus argumentos. En primer lugar,  identificaba las contradicciones que emerg&iacute;an del alistamiento general dadas  las limitadas posibilidades de supervisi&oacute;n por parte de la oficialidad  veterana: las familias, dispersas por la campa&ntilde;a, "repudiaban" reunirse en los  fuertes fronterizos y, para realizar "la revista general" y las asambleas en cada  partido, "se oblig&oacute; a muchos que por ser parientes y paniaguados de los  mandones de los partidos no reconoc&iacute;an compa&ntilde;&iacute;a" (<i>Revista</i> 3: 420-441).  En otros t&eacute;rminos, la resistencia emanaba de los m&aacute;s diversos sectores sociales  rurales. </p> Por  ello hab&iacute;a tenido que apelar a compensaciones. A los milicianos se les deb&iacute;a  dar una raci&oacute;n en especie o 20 reales al mes, y hab&iacute;a que aceptar que solo se  instruyeran en marzo, abril, octubre y noviembre. De este modo, las autoridades  tuvieron que adecuar sus exigencias a las condiciones del ciclo agr&iacute;cola y,  r&aacute;pidamente, abandonar en la campa&ntilde;a la pretensi&oacute;n de instaurar un  adiestramiento semanal. Por otra parte, tambi&eacute;n tuvieron que exceptuar del  adiestramiento a los milicianos que interven&iacute;an en una expedici&oacute;n a las Salinas  o  a todos en los a&ntilde;os de sequ&iacute;a<sup><a href="#12a" name="12b">12</a></sup>.  La conclusi&oacute;n de V&eacute;rtiz era clara: "la falta de pago puntual y vestuario ha  impedido disciplinarlas". Poco quedaba de aquel ideal del servicio miliciano  realizado "a su costa".</p>     <p>    <p>Los  obst&aacute;culos proven&iacute;an de una situaci&oacute;n muy precisa: esos milicianos "aborrecen  de la sujeci&oacute;n, la obediencia y disciplina, son propensos al complot y  rebeli&oacute;n" y, adem&aacute;s, mudaban de domicilio continuamente "para no concurrir a  las salidas contra los infieles". Dicho en otros t&eacute;rminos, si de acuerdo al  ideal vigente los milicianos deb&iacute;an ser vecinos honrados y estar domiciliados  en los partidos de su compa&ntilde;&iacute;a, la obligaci&oacute;n se hab&iacute;a impuesto al conjunto de  la poblaci&oacute;n masculina libre de la campa&ntilde;a, y la autonom&iacute;a y movilidad espacial  y ocupacional de esta corro&iacute;a completamente las posibilidades de subordinarla13.  Esa resistencia parece haber sido persistente y en ocasiones pudo derivar en  desaf&iacute;os abiertos. En este sentido, V&eacute;rtiz se&ntilde;alaba que "en campa&ntilde;a no tiene  l&iacute;mites su deserci&oacute;n, llev&aacute;ndose a veces la caballada con que inutilizan la  expedici&oacute;n". Al tiempo de servicio y al resquemor por las excepciones se sumaba  as&iacute; otro punto de fricci&oacute;n: la disputa por los caballos. De este modo, la  recurrente pr&aacute;ctica de los milicianos de desertar llev&aacute;ndose la caballada  aparece como la contracara de la exigencia de prestar servicio en caballos  propios. El problema era generalizado y V&eacute;rtiz reconoc&iacute;a que la resistencia no  anidaba solo en aquellos que pod&iacute;an ser calificados como "vagos" o  "perjudiciales", entre quienes incluso era frecuente hallar propietarios de  marcas de vacunos y caballos; era particularmente com&uacute;n entre los solteros pero  tambi&eacute;n entre los que ten&iacute;an bienes y familias, y era necesario "obligarlos a que  sirvan con fuerza" (AGN, s IX, <i>cf</i> 1-4-5).</p>     <p>Importa  tener en cuenta estas evidencias pues nos apartan de la imagen idealizada del  servicio miliciano que se expresaba en la ret&oacute;rica de la documentaci&oacute;n p&uacute;blica  oficial y que ha impregnado buena parte de la historiograf&iacute;a. &iquest;Cu&aacute;l era el  efecto de todas estas restricciones? En este punto V&eacute;rtiz era muy preciso:  resultaba "indeterminable el n&uacute;mero a que ascender&aacute; el todo de las milicias de  la provincia del R&iacute;o de la Plata, porque componi&eacute;ndose este cuerpo de muchos  individuos ambulantes, est&aacute; expuesto a error su c&aacute;lculo" (AGN, s IX, <i>cf</i> 1-4.5). La movilidad y la resistencia campesina, por tanto, erosionaban las  aspiraciones gubernamentales.</p>     <p>Juan  Jos&eacute; V&eacute;rtiz y Salcedo conoc&iacute;a bien la realidad que describ&iacute;a, pues antes de ser  virrey entre 1778 y 1784 se hab&iacute;a desempe&ntilde;ado como gobernador entre 1770 y  1776. Como tal hab&iacute;a impulsado el alistamiento masivo. Seg&uacute;n recordaba, en 1774  hab&iacute;a incorporado a "6.122 vecinos y forasteros espa&ntilde;oles y 1.349 de castas",  sumas en las cuales, aclaraba, estaban comprendidos "los padres de familia,  todos sus hijos, los estancieros, labradores, jornaleros y transe&uacute;ntes". La  composici&oacute;n del servicio miliciano, por consiguiente, exced&iacute;a con creces a  aquellos considerados como vecinos. Sin embargo, V&eacute;rtiz no extra&iacute;a un balance  positivo de tama&ntilde;a generalizaci&oacute;n del alistamiento, pues hab&iacute;a dificultado el  disciplinamiento de las milicias; por ello, se justificaba, se hab&iacute;a apartado  de las directivas recibidas y hab&iacute;a optado por reducir el n&uacute;mero de milicianos  reglados fomentando, en cambio, las milicias urbanas "con proporci&oacute;n al n&uacute;mero  de cada vecindario" (<i>Revista</i> 3: 420-441). Se advierte, de esta manera,  el atolladero en que hab&iacute;a desembocado el arreglo de las milicias: se buscaba  un alistamiento para incorporar a todos los milicianos en compa&ntilde;&iacute;as  provinciales, regladas y disciplinadas, pero hab&iacute;a tenido que optarse por  limitar sus alcances y formar compa&ntilde;&iacute;as urbanas. </p>     <p>A pesar de tantas restricciones, y de la  incertidumbre sobre su estatuto, las compa&ntilde;&iacute;as sueltas se fueron consolidando.  Hab&iacute;an comenzado a formarse improvisadamente en la d&eacute;cada de 1740 y se  ampliaron en los a&ntilde;os sesenta de ese siglo. Hacia 1780 contaban con 2.300  hombres, pero en 1790 ese n&uacute;mero se hab&iacute;a reducido a 2.152 y para 1799 a 1.967  (AGN, s IX, <i>s</i> 28-7-4; Beverina 272-282; <i>Revista</i> 2: 379-380).  Estos datos sugieren que los niveles de alistamiento no se ajustaban al  crecimiento de la poblaci&oacute;n rural.</p> Con  todo, el n&uacute;mero de compa&ntilde;&iacute;as sueltas se manten&iacute;a o, incluso, aumentaba. En  cada una deb&iacute;an alistarse individuos de un mismo partido o paraje. El partido  era una jurisdicci&oacute;n forjada en torno a una parroquia y al frente de la cual  estaba un alcalde de hermandad, un juez territorial lego reclutado  de entre los vecinos notables. La configuraci&oacute;n de esta jurisdicci&oacute;n hab&iacute;a  comenzado en la d&eacute;cada de 1730 pero reci&eacute;n se multiplic&oacute; en la de 1780 (Barral  y Fradkin), momento en el cual ya hab&iacute;an comenzado a incrementarse las  compa&ntilde;&iacute;as sueltas.</p>     <p>    <p>Como ya se dijo, las hab&iacute;a de dos tipos.  Las compa&ntilde;&iacute;as de la campa&ntilde;a eran movilizadas cuando era necesario; las de  frontera prestaban un servicio rotativo en las guarniciones. Al parecer esa  distinci&oacute;n eman&oacute; de las pr&aacute;cticas antes que de las normas y fue necesaria  cuando avanz&oacute; la l&iacute;nea de frontera, un proceso que estaba sostenido m&aacute;s en el  crecimiento de la poblaci&oacute;n rural, cuya tasa era particularmente alta, que en  la eficacia de la fuerza militar<sup><a href="#14a" name="14b">14</a></sup>.  Esto era producto del flujo migratorio que recib&iacute;a un territorio donde las  personas que llegaban hallaban mayores oportunidades de acceso a la tierra y de  constituir hogares campesinos aut&oacute;nomos, posibilidades laborales con salarios  m&aacute;s altos y monetizados, y un r&eacute;gimen de trabajo menos coactivo que en sus  regiones de origen. De ese modo, se configur&oacute; una sociedad rural en la cual la  mayor parte de las unidades productivas eran peque&ntilde;as y medianas (Garavaglia, <i>Pastores</i>).  Era ese variado espectro de productores dedicados a la labranza y lacr&iacute;a  de ganados el que suministraba la base de sustentaci&oacute;n para expandir el  servicio miliciano de caballer&iacute;a; pero la misma autonom&iacute;a y movilidad de dichos  productores restring&iacute;a su subordinaci&oacute;n y forzaba a una suerte de negociaci&oacute;n  permanente del servicio en el &aacute;mbito local. </p>     <p>En  la <a href="#tab1">tabla 1</a>, hemos sistematizado la informaci&oacute;n de la revista general de las  milicias efectuada a fines de 1799, la m&aacute;s precisa y detallada de las que hemos  hallado. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center"><a name="tab1"></a><img src="img/revistas/frh/v19n1/v19n1a05tab1.gif"></p>     <p>Como se puede observar, hab&iacute;a cinco  compa&ntilde;&iacute;as sueltas de milicias asignadas a los fuertes fronterizos, con una  dotaci&oacute;n de 503 efectivos, y 36 compa&ntilde;&iacute;as de campa&ntilde;a que sumaban 1.967  efectivos. Todas eran de caballer&iacute;a y contaban con oficiales y suboficiales  milicianos, aunque el mando directo de las primeras estaba a cargo de los jefes  veteranos de los fuertes. Esas compa&ntilde;&iacute;as complementaban a los blandengues  veteranos (unos 685 hombres para 1800), de modo que en la campa&ntilde;a se dispon&iacute;a  de 3.155 efectivos de caballer&iacute;a: si todos, blandengues y milicias, se hubieran  movilizado conjuntamente, las segundas habr&iacute;an aportado el 78 % de los  efectivos y hubieran representado el 9 % del total de la poblaci&oacute;n rural.</p>     <p>En  el cuadro se advierte que el n&uacute;mero de compa&ntilde;&iacute;as por partido y el promedio de  efectivos por compa&ntilde;&iacute;a presentaban importantes variaciones. Eran m&aacute;s altos en  los partidos m&aacute;s cercanos a la ciudad, lo que pareciera explicarse porque en  ellos era notoriamente m&aacute;s estable el n&uacute;mero de compa&ntilde;&iacute;as que el de sus  efectivos<sup><a href="#15a" name="15b">15</a></sup>.  Esto ratifica que el alistamiento miliciano no se correspond&iacute;a con la poblaci&oacute;n  existente y que las compa&ntilde;&iacute;as sueltas eran la principal fuerza de caballer&iacute;a.  Pero esto les impuso restricciones a las autoridades, que tuvieron que  resignarse a que el entrenamiento de tales fuerzas no se realizara ni  semanalmente ni cuatro veces al a&ntilde;o, sino tan solo en dos turnos de seis d&iacute;as  consecutivos, uno en oto&ntilde;o y otro en primavera, "cuando los milicianos no se  emplean en siembras ni cosechas". En consecuencia, del ideal de 52 d&iacute;as de  ejercicios anuales aspiraban tan solo a cumplir 12, aun cuando la alimentaci&oacute;n  corr&iacute;a "por cuenta de la Real Hacienda" (Beverina 324-325). Y ni as&iacute; se pod&iacute;a  asegurar que todos asistieran: a mediados del a&ntilde;o 1800 las autoridades estaban  en condiciones de hacer intervenir en los 6 d&iacute;as que duraba la asamblea a 1.424  individuos, es decir, el 72 % de los efectivos alistados en las compa&ntilde;&iacute;as  sueltas de campa&ntilde;a (AGN, s IX, <i>s</i> 28-7-4). No era poco, pero era mucho  menos de lo deseado.</p>       <p><font size="3"><b>La  reorganizaci&oacute;n de las fuerzas al comenzar el siglo XIX</b></font></p>     <p>En 1790 se elev&oacute; a la  Corona un informe de las fuerzas disponibles. Enfatizaba que las milicias se  compon&iacute;an de todos los vecinos capaces de tomar las armas, "sin distinci&oacute;n de  estado ni otra consideraci&oacute;n", de entre catorce y sesenta a&ntilde;os, con lo cual  parece haberse rebajado la edad m&iacute;nima. A su vez, advert&iacute;a que las de la ciudad  "no tienen declaraci&oacute;n de regladas ni de urbanas", que los t&iacute;tulos de sus  oficiales hab&iacute;an sido despachados por el virrey y reconoc&iacute;a que "est&aacute;n puestos  en el posible buen pie de que son susceptibles por las circunstancias del  pa&iacute;s". A pesar de ello hab&iacute;an sido &uacute;tiles en la guerra contra los portugueses y  los indios y una real orden de 1781 les hab&iacute;a reconocido el fuero militar a  oficiales, sargentos y cabos. Respond&iacute;an, as&iacute;, al estatuto de las milicias  disciplinadas pero no hab&iacute;an sido declaradas como tales. Por ello, y para  "hacer apreciables a los sujetos de m&aacute;s distinci&oacute;n y comodidad los empleos de  estas milicias", se propon&iacute;a que el rey las declarara como regladas y designara  a sus oficiales. Sin embargo, fuera de esta recomendaci&oacute;n quedaban las  compa&ntilde;&iacute;as sueltas (Beveria 450-454). </p>     <p>Hacia  1797, la defensa de la ciudad y su campa&ntilde;a depend&iacute;a completamente de las  milicias, pues los efectivos veteranos, contando entre ellos unos 400  blandengues, solo eran 506; en cambio, los de milicias eran 1.845, sin contar a  los integrantes de las compa&ntilde;&iacute;as sueltas cuyo n&uacute;mero era desconocido por las  autoridades pero cuyo enorme peso hab&iacute;a sido confirmado por la revista de 1799  (Beveria 397). Esa situaci&oacute;n explica por qu&eacute; se pusieron a sueldo cuatro  compa&ntilde;&iacute;as de infanter&iacute;a y una de caballer&iacute;a. Con todo, ante las dificultades  encontradas para completar sus plazas, en 1800 se dispuso reclutar forzadamente  a "los varios mozos hijos del pa&iacute;s que viven sin oficio y no han sido alistados  en el regimiento, ya porque se complet&oacute; su n&uacute;mero de 693 plazas, ya porque el  no tener habitaci&oacute;n fija ha imposibilitado el poderlos alistar" (Birolo, "Un  sistema" 33). Claramente, por su composici&oacute;n y su modo de reclutamiento, esa  fuerza miliciana se aleja por completo de la imagen estilizada que se ha  forjado en la historiograf&iacute;a del miliciano como vecino. </p> An&aacute;logas  dificultades afrontaba el reclutamiento de blandengues. Aun as&iacute;, esa tropa  veterana constituida por "gente del pa&iacute;s" transform&oacute; el ej&eacute;rcito regional: el  cuerpo bonaerense, la Compa&ntilde;&iacute;a Veterana de Blandengues de Santa  Fe  y el nuevo cuerpo de Montevideo formado en 1797 terminaron por darle una configuraci&oacute;n  muy peculiar en el contexto imperial, de modo que para 1802 los efectivos  veteranos de caballer&iacute;a deb&iacute;an ser el 51 % de las plazas veteranas y en la  pr&aacute;ctica alcanzaban el 65 % de las existentes (Beverina 206). &iquest;Caballer&iacute;a  veterana? S&iacute;, pero muy peculiar y de car&aacute;cter h&iacute;brido dado que no hab&iacute;a perdido  su matriz miliciana: eran una fuerza reclutada y sostenida con recursos  locales, y sus efectivos ten&iacute;an la obligaci&oacute;n de enrolarse con caballos propios  (Fradkin, "Tradiciones").</p>     <p>Buenos Aires contaba as&iacute; con un  regimiento de caballer&iacute;a que no hab&iacute;a sido declarado como reglado pese a su  car&aacute;cter provincial y con una extendida estructura de compa&ntilde;&iacute;as sueltas sin  estatuto preciso. A resolver esta situaci&oacute;n apunt&oacute; el reglamento miliciano de  1801, que no solo formaliz&oacute; la distinci&oacute;n entre milicias <i>disciplinadas</i> y <i>urbanas</i> sino que tambi&eacute;n mantuvo la diferenciaci&oacute;n entre regimientos y  compa&ntilde;&iacute;as sueltas. Sin embargo, implicaba cambios: para la ciudad se estipul&oacute;  la formaci&oacute;n de un regimiento de voluntarios de caballer&iacute;a dotado de cuatro  escuadrones y 724 plazas, en el cual deb&iacute;an servir los habitantes de la  periferia de la ciudad, y se estableci&oacute; un nuevo regimiento denominado  Voluntarios de Caballer&iacute;a de la Frontera de Buenos Aires, compuesto de 4 escuadrones  y dotado con 1.204 plazas. Pese a ello el reglamento no se propon&iacute;a acabar con  las compa&ntilde;&iacute;as sueltas. Por el contrario, preve&iacute;a que siguieran funcionando 45  con un n&uacute;mero indeterminado de plazas, aunque aclaraba que ser&iacute;an "consideradas  como regladas"<sup><a href="#16a" name="16b">16</a></sup>.  Regladas pero sin oficialidad veterana al mando y con goce del fuero. </p>     <p>De  este modo, la ciudad contar&iacute;a con una fuerza miliciana de 1.518 efectivos, de  los cuales el 47 % correspond&iacute;a a la caballer&iacute;a; la campa&ntilde;a contar&iacute;a con al  menos 3.659 efectivos, estimando que las compa&ntilde;&iacute;as sueltas, cuyo n&uacute;mero se  ampliaba, no sumar&iacute;an menos de los 2.455 hombres de 1799. Como todas eran de  caballer&iacute;a, puede calcularse que la jurisdicci&oacute;n contar&iacute;a con una caballer&iacute;a  miliciana de 4.383 efectivos, el 84 % del total de milicianos. Y si a esa  fuerza miliciana rural se le suman los 685 blandengues, puede concluirse que de  una poblaci&oacute;n de campa&ntilde;a estimada en 34.000 habitantes deb&iacute;a alistarse un 12 %.  Claramente, la nueva estructura intentaba robustecer las fuerzas de caballer&iacute;a  y el peso que en ellas deb&iacute;an tener las milicias. </p>     <p>El  reglamento era obra del marqu&eacute;s de Sobremonte, subinspector de armas, entre  1797 y 1804, y virrey desde entonces hasta 1807. Hacia 1802 el marqu&eacute;s present&oacute;  un detallado informe de la situaci&oacute;n de las fuerzas virreinales en el cual  precisaba la notable disminuci&oacute;n de los efectivos veteranos y el fracaso de los  intentos de reclutamiento. Esto se deb&iacute;a tanto al hecho de que "todo esfuerzo  es en vano para promover en estos pa&iacute;ses la afici&oacute;n al servicio del soldado,  por la abundancia de los efectos necesarios para la vida en la campa&ntilde;a y la  libertad que esta ofrece", como al hecho de que la bandera de recluta  establecida en La Coru&ntilde;a "no pudo enviar ni un hombre" durante la &uacute;ltima guerra  (Beverina 437-443). La soluci&oacute;n que imaginaba Sobremonte era completamente  inviable: que desde la metr&oacute;poli se mandara un refuerzo de 1.795 veteranos; en  su defecto, reiteraba el pedido de instalar una bandera de recluta en M&aacute;laga,  transformar el regimiento de infanter&iacute;a en dos nuevos de dragones e imponer  nuevas cargas al comercio interior para sostener a las milicias.</p>     <p>Tales  condiciones sugieren que la aplicaci&oacute;n efectiva del nuevo reglamento miliciano  debi&oacute; haber sido muy limitada y que, pese a sus pretensiones, las autoridades  no pod&iacute;an sino convalidar la diversidad de formaciones milicianas. As&iacute;, en  1805 decidieron que en la campa&ntilde;a y en su frontera se formasen compa&ntilde;&iacute;as "de  milicia urbana, sin fuero sino en el caso de estar en servicio en compa&ntilde;&iacute;as  sueltas" (Beverina 328-329). Esta situaci&oacute;n explica la indefensi&oacute;n de la ciudad  frente a la invasi&oacute;n inglesa de 1806 y el nuevo contexto que suscit&oacute;: el  colapso del arreglo de las milicias y la masiva formaci&oacute;n de nuevos cuerpos de  voluntarios de condici&oacute;n h&iacute;brida, pues prestaban un servicio continuo a sueldo  y gozaban del fuero, pero eleg&iacute;an o confirmaban a sus oficiales y no estaban  sometidos a una oficialidad veterana. A partir de entonces, se abri&oacute; una  situaci&oacute;n completamente nueva para las milicias que iba a signar la experiencia  revolucionaria (Halperin).</p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b><font size="3">Una  cuesti&oacute;n decisiva</font></b></p>     <p>A  comienzos del siglo XIX las autoridades parecen haber conseguido una  importante capacidad para movilizar a los milicianos, aunque no en las  circunstancias que deseaban. Lograron que los milicianos asistieran a los  ejercicios doctrinales, pero tuvieron que aceptar condiciones que, de alguna  manera, impusieron ellos: que  los ejercicios se realizaran en los tiempos muertos del ciclo agr&iacute;cola y que  les suministraran el alimento y la le&ntilde;a. Hasta qu&eacute; punto los milicianos <i>serv&iacute;an</i> <i>a su costa </i>era, entonces, objeto de constante discusi&oacute;n.</p>     <p>Llegados a este punto, una consideraci&oacute;n  resulta central. Milicianos y blandengues deb&iacute;an prestar servicio en sus  propios caballos y por eso las autoridades hab&iacute;an preferido conformar una  fuerza veterana de blandengues sostenida por el ramo de guerra en lugar de  ampliar los regimientos de dragones pagados por la Real Hacienda, que ten&iacute;a que  suministrarles los caballos17.  De este modo, aun cuando el blandengue ten&iacute;a un prest superior al del miliciano  de infanter&iacute;a, "este exceso queda compensado con que est&aacute; obligado a vestirse,  a comer y a montar siempre caballos propios, no debiendo tener menos de cinco"  (Azara, <i>Memorias</i> 100). En ese sentido, el sueldo mensual de un miliciano  de caballer&iacute;a y de un blandengue veterano era de 10 pesos, m&aacute;s alto por tanto  que el que percib&iacute;an los otros soldados veteranos, entre 7 y 8 pesos, o el del  resto de los milicianos, que oscilaba entre 6 y 7 pesos (<i>Documentos para la  historia argentina</i> 2: 35-44). Lo mismo se pretend&iacute;a de los milicianos: que  aportaran sus propios caballos y que tuvieran por lo menos cinco. Cuando no era  factible, se impon&iacute;an auxilios en esta especie a los vecinos de la campa&ntilde;a y  solo en muy contadas ocasiones las autoridades parecen haber procedido a  comprar un n&uacute;mero significativo de caballos a los productores (AGN, s IX, <i>cf</i> 9-1-15).</p>     <p>La  conclusi&oacute;n resulta clara: si el Ej&eacute;rcito colonial depend&iacute;a de las milicias para  contar con una caballer&iacute;a numerosa, de alguna manera ello depend&iacute;a, a su vez,  de la capacidad de reproducci&oacute;n de la econom&iacute;a campesina. Al descargar sobre  milicianos y blandengues la tarea de proveerse de caballos, las autoridades  lograban reducir el gasto fiscal trasladando a otros parte de los costos. Pero  una soluci&oacute;n de este tipo supon&iacute;a una transferencia del excedente del trabajo  campesino en t&eacute;rminos de tiempo y bienes producidos. Y, dado que la inmensa  mayor&iacute;a de los peque&ntilde;os productores, y aun de los peones y jornaleros, sol&iacute;an  ser propietarios de sus tropillas, se entiende la intenci&oacute;n gubernamental de  extender el servicio miliciano al conjunto de la poblaci&oacute;n masculina libre y no  solo a aquellos hombres considerados como vecinos. Al hacerlo, las autoridades  ampliaban los m&aacute;rgenes que ten&iacute;an los paisanos del com&uacute;n para llegar a ser  reconocidos como tales. </p>     <p>En  este sentido, cabe conjeturar que uno de los l&iacute;mites que pod&iacute;a encontrar la  movilizaci&oacute;n de la caballer&iacute;a miliciana estaba dado por la propia estructura de  la producci&oacute;n ganadera, que ten&iacute;a en los caballos su medio de producci&oacute;n  principal<sup><a href="#18a" name="18b">18</a></sup>. Una movilizaci&oacute;n masiva y  continuada de las milicias de caballer&iacute;a pod&iacute;a afectar el equilibrio de la  producci&oacute;n ganadera y las condiciones de reproducci&oacute;n campesina. Si algo  ten&iacute;an claro los milicianos era que su servicio no deb&iacute;a ser continuo,  prolongado o alejado de sus domicilios; es decir, hab&iacute;a entre ellos una franca  resistencia a servir como milicianos provinciales.</p>       <p><b><font size="3">A  modo de conclusi&oacute;n</font></b></p>     <p>De acuerdo a lo  expuesto, puede advertirse que los sucesivos esfuerzos para arreglar las  milicias no fueron fruto de un plan preconcebido sino de decisiones que,  inspiradas en una concepci&oacute;n general, deb&iacute;an ajustarse a las restricciones y  necesidades imperantes. Si la pretensi&oacute;n era contar con milicias territoriales  que prestaran un servicio auxiliar de caballer&iacute;a de car&aacute;cter provincial, que  estuvieran subordinadas a las autoridades superiores y los mandos veteranos y  que pudieran ser movilizadas lejos de sus zonas de residencia, tal objetivo  estuvo lejos de alcanzarse y ni siquiera fue factible lograrlo plenamente  poniendo compa&ntilde;&iacute;as a sueldo o convirti&eacute;ndolas en veteranas. </p>     <p>Se advierte que la aspiraci&oacute;n  gubernamental era contar con masivas fuerzas de caballer&iacute;a miliciana, pero se  enfrent&oacute; con la capacidad de resistencia que ten&iacute;a la poblaci&oacute;n rural. Las  condiciones, las caracter&iacute;sticas y la amplitud del servicio miliciano de caballer&iacute;a  fueron, entonces, resultado de una gama de factores entre los cuales la  voluntad oficial termin&oacute; por no ser decisiva. En esas circunstancias, se  ensayaron modalidades peculiares adaptadas a las restricciones, como bien lo  ejemplifican los blandengues.</p> Por  cierto, Buenos Aires no fue el &uacute;nico lugar donde las autoridades coloniales  formaron compa&ntilde;&iacute;as milicianas de lanceros de caballer&iacute;a, pero a  diferencia  de lo sucedido en la costa novohispana, por ejemplo, aqu&iacute; no se incluy&oacute; a los  pardos y morenos (Serna; Vinson III); por otra parte, aunque la ciudad cont&oacute;  con compa&ntilde;&iacute;as milicianas de pardos y morenos libres de infanter&iacute;a (como lo  hicieron las principales urbes hispanoamericanas) e incluso en 1764 se  organizaron algunas de caballer&iacute;a, no ocurri&oacute; lo mismo en su campa&ntilde;a. Ello  parece explicarse por las caracter&iacute;sticas de la sociedad rural y la fluidez y  menor cristalizaci&oacute;n de las distinciones sociales en un ambiente en el cual el  color estaba muy lejos de asegurar una posici&oacute;n. Bien lo reflejaban los  padrones, que para 1744 calificaban al 82 % de la poblaci&oacute;n rural como blanca y  para 1815 al 73,6 % (Goldberg 287).     <p>A  su vez, la formaci&oacute;n de compa&ntilde;&iacute;as de indios que se dio en la ciudad a mediados  del siglo XVIII no parece haber sido replicada en su campa&ntilde;a, donde, a  diferencia del norte novohispano o del &aacute;rea misionera, no se constituyeron  fuerzas auxiliares ind&iacute;genas, salvo unas pocas <i>compa&ntilde;&iacute;as de naturales</i> subsumidas en las compa&ntilde;&iacute;as sueltas. Esto se comprende tanto por el temprano  agotamiento de las reducciones como por el fracaso de instalar misiones en su  frontera. </p>     <p>La  situaci&oacute;n bonaerense tampoco ofrece semejanzas con la peruana, donde la  nobleza y las clases terratenientes hallaron en los rangos milicianos la  posibilidad de consolidar y ampliar su poder (Marchena 193-207). Aqu&iacute; no  exist&iacute;a esa nobleza y los mayores terratenientes eran parte de la &eacute;lite urbana  y muy reacios a prestar servicio de milicia; lo prestaron, en cambio, aquellos  propietarios de menor envergadura que viv&iacute;an en la campa&ntilde;a pero que estaban  lejos de conformar una clase terrateniente consolidada y eran, en rigor, toda  una gama de medianos productores (Garavaglia, <i>Pastores</i> 316-332; Mayo). </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Las  compa&ntilde;&iacute;as sueltas terminaron por ser la forma m&aacute;s caracter&iacute;stica de las  milicias de caballer&iacute;a de campa&ntilde;a y, al parecer, las portadoras de una  tradici&oacute;n que fue sedimentando, junto al alistamiento generalizado, una  conciencia social muy refractaria a las excepciones y privilegios. Esa  tradici&oacute;n era tambi&eacute;n de resistencia a las campa&ntilde;as prolongadas y alejadas de  los parajes de residencia, a la subordinaci&oacute;n a oficiales veteranos, a la  integraci&oacute;n en regimientos o a alistarse en cuerpos veteranos o milicias a  sueldo y de servicio permanente. Emblem&aacute;tico, en este sentido, fue lo que  sucedi&oacute; con la compa&ntilde;&iacute;a miliciana de caballer&iacute;a puesta a sueldo a fines de  siglo, que deb&iacute;a contar con 110 efectivos pero nunca pudo completarlos (AGN, s  XIII, <i>lr</i> 23-1-11). Las autoridades debieron apelar a aut&eacute;nticas levas  para llenar las plazas vac&iacute;as en esas formaciones milicianas, lo que torn&oacute;  extremadamente borrosas las diferencias entre cuerpos veteranos y milicianos. </p>     <p>La  situaci&oacute;n solo podr&iacute;a entenderse por la pertinaz resistencia campesina a perder  su movilidad y autonom&iacute;a, resistencia que encontraba sustento material en la  existencia de otras oportunidades laborales y en la producci&oacute;n dom&eacute;stica. Era  una manifestaci&oacute;n m&aacute;s de la tan reclamada <i>escasez de brazos</i>, la queja  m&aacute;s frecuente de patrones y jefes militares, en torno a la cual se construy&oacute; el  estereotipo de la <i>vagancia</i> y que se tradujo en la generalizaci&oacute;n de una  pr&aacute;ctica social: el pago por anticipado de los salarios, un hecho que los  milicianos hab&iacute;an forzado ya en las primeras tentativas de ponerlos a sueldo.</p>     <p>En  cambio, el servicio espor&aacute;dico en compa&ntilde;&iacute;as sueltas hall&oacute; menos resistencia.  Ellas, de alguna manera, parecen haber constituido un espacio social apto para  forjar solidaridades y una ideolog&iacute;a del servicio de milicias que solo en parte  respond&iacute;a a la oficial, que consideraba como inherente al servicio la negociaci&oacute;n  de las condiciones de prestaci&oacute;n del mismo y la capacidad de mediaci&oacute;n de una  jefatura leg&iacute;tima. Las consecuencias de ese legado habr&iacute;an de revelarse  plenamente durante la revoluci&oacute;n. </p>  <hr>     <p><b><font size="3">Notas</font></b>    <br> <a href="#1b" name="1a">1</a>  Entre 1714 y 1810 el Ej&eacute;rcito de  Dotaci&oacute;n en Am&eacute;rica contaba con un 15 % de efectivos de caballer&iacute;a.  Entre las milicias la situaci&oacute;n era muy desigual. De acuerdo al listado de  cuerpos milicianos  proporcionado por Marchena, puede calcularse que, entre 1760 y 1810, las  unidades de  caballer&iacute;a y dragones eran el 39,7 % de las milicianas, pero en algunas zonas  como Nueva Espa&ntilde;a,  Per&uacute;, Chile, Chilo&eacute; y el R&iacute;o de la Plata rondaban o superaban el 50 %, mientras  que en otras  zonas el porcentaje era muy inferior (119-125).    <br> <a href="#2b" name="2a">2</a>  Al respecto, v&eacute;anse las sesiones del  cabildo entre noviembre de 1740 y febrero de 1741 (Archivo, serie  2, t. 8: 193-260).    <br> <a href="#3b" name="3a">3</a> Cabildo del 19 de enero de 1745 y del 20  de mayo de 1746 (Archivo, serie 2, t. 9: 17-18; Archivo, serie  2, t. 9:163-164).    <br> <a href="#4b" name="4a">4</a> Cabildo del 15 de junio de 1752  (Archivo, serie 3, t. 1: 215-216).    <br> <a href="#5b" name="5a">5</a> Para 1776, el Tribunal de Cuentas  informaba que "las compa&ntilde;&iacute;as nunca est&aacute;n completas ni pagadas,  pues hoy se debe mucho dinero a esta tropa que desde el a&ntilde;o de 61 no se les  ajusta de su haber" (<i>Documentos  para la historia del Virreinato </i>1: 9).    <br> <a href="#6b" name="6a">6</a> En el cabildo del 4 de junio de 1762 se  dispuso que deb&iacute;a alistarse "toda la gente, as&iacute; vecina como forastera  que habita en esta ciudad" y se ratificaba que gozaban "del fuero militar los  oficiales y  soldados de las compa&ntilde;&iacute;as de milicias de esta ciudad" (Archivo, serie 3, t. 3:  51-70).    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> <a href="#7b" name="7a">7</a> Los datos sobre la poblaci&oacute;n de la  jurisdicci&oacute;n en ese momento no son seguros, pero se ha estimado que  para 1760 rondaba los 25.000 habitantes (Maeder 141). M&aacute;s firme es otra  estimaci&oacute;n: hacia 1778 un  62 % de la poblaci&oacute;n fue empadronado en la ciudad (Mass&eacute; 150).    <br> <a href="#8b" name="8a">8</a> Existi&oacute; tambi&eacute;n, desde alg&uacute;n momento que  no hemos podido precisar y hasta 1779, una asamblea de  dragones: "Estado que demuestra el importe a que ascienden mensual y anualmente  los sueldos de  los oficiales, sargentos, tambores y cabos de que se componen las tres  asambleas de Infanter&iacute;a, Caballer&iacute;a  y Dragones de estas provincias del R&iacute;o de la Plata" (<i>Documentos para  la historia de</i> <i>Argentina </i>2: 31-33, Buenos Aires, 27 de marzo de 1779).    <br> <a href="#9b" name="9a">9</a> No obstante, hacia 1779 se segu&iacute;a  registrando la existencia de las compa&ntilde;&iacute;as de indios, negros y  pardos libres y se hab&iacute;a agregado una de mestizos, pero lamentablemente no  conocemos sus dotaciones:  "Reglamento en que se prescriben los sueldos mensuales que deber&aacute;n gozar en lo sucesivo  las tropas e individuos empleados en el real servicio en los varios destinos de  estas provincias  del R&iacute;o de la Plata formado a consecuencia de la real orden del 7 de noviembre  de 1777  para que por este se hagan los respectivos ajustes por los oficiales reales de  Buenos Aires" (<i>Documentos  para la historia Argentina </i>3:  35-44, 20 de diciembre de 1779).    <br> <a href="#10b" name="10a">10</a>  As&iacute;, por ejemplo, el sargento mayor de  las compa&ntilde;&iacute;as de Magdalena avisaba que hombres "me quieren  sacar los ojos por carne, sal, yerba y tabaco y ya no los podr&eacute; sujetar mucho  tiempo aqu&iacute;",  y a&ntilde;os despu&eacute;s reiteraba que "les estoy conteniendo en los que puedo, porque no  me dejen  solo". Y el mismo tipo de reclamos llegaban desde otros puntos de la frontera  (Mayo y Latrubesse  44-45).    <br> <a href="#11b" name="11a">11</a> Aunque las autoridades reconoc&iacute;an que  los habitantes eran m&aacute;s proclives a incorporarse al regimiento  de dragones que al de infanter&iacute;a, las dificultades para completar las plazas  fueron insolubles.  En 1794 el virrey Arredondo solicit&oacute; establecer una bandera de recluta en  M&aacute;laga, pero la  solicitud fue denegada (AGS, <i>sg </i>6806, exp. 14).    <br> <a href="#12b" name="12a">12</a> Las expediciones a las salinas situadas  en territorio sometido a control ind&iacute;gena pod&iacute;an suponer una  movilizaci&oacute;n de centenares de milicianos. Hacia 1784 el cabildo segu&iacute;a  disputando que su jefatura  recayera en sargentos mayores milicianos. Argumentaba que "la gente de campa&ntilde;a  se acomoda  mejor con los jefes de su clase, y no reh&uacute;san el militar bajo sus &oacute;rdenes, como  siempre lo  han hecho con feliz suceso: al contrario se experimenta con los militares, bien  porque les repugna  su especie de mando que quieren sujetarle a todas las reglas de la milicia, o  porque las resultas  de sus empresas no han sido siempre efectivas" (<i>Documentos para  la historia del Virreinato</i> 1:  209, "Oficio del cabildo de Buenos Aires al gobernador intendente", Buenos  Aires, 10 de  julio de 1786).    <br> <a href="#13b" name="13a">13</a> Bien lo ejemplifica la comunicaci&oacute;n que  el 27 de setiembre de 1783 se envi&oacute; desde Lobos: un capit&aacute;n  llamado Marcos Flores informaba que faltaban 10 soldados para completar su  compa&ntilde;&iacute;a pues  "de los que tengo dados en las listas de revista no se han encontrado por no  tener casa ni existencia en  parte ninguna" (AGN, s IX, <i>cf </i>1-4-5).    <br> <a href="#14b" name="14a">14</a> Aunque la poblaci&oacute;n de la ciudad era  mayor que la de la campa&ntilde;a, se ha calculado que, entre 1744  y 1778, la tasa de crecimiento medio anual de la primera fue de 2,21 % y la de  la segunda de  2,27 %; pero entre 1778 y 1810, mientras que la de la primera fue de 1,78 %, la  de la segunda lleg&oacute; a 3,24  % (Gelman 103).    <br> <a href="#15b" name="15a">15</a> En Areco hab&iacute;a 6 compa&ntilde;&iacute;as que sumaban  321 milicianos en 1770; 296, en 1779; y 330, en 1799. Las  5 compa&ntilde;&iacute;as de Magdalena contaban en 1779 con 381 milicianos y en 1799 solo con  271 (AGN, s IX, <i>cf </i>1-4-1; AGN, s IX, <i>s </i>28-7-4).    <br> <a href="#61b" name="16a">16</a>  Al respecto v&eacute;ase <i>Reglamento para  las milicias regladas de infanteria y caballeria del Virreinato</i> <i>del Rio de la Plata</i>.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> <a href="#17b" name="17a">17</a> Al parecer, hasta 1777 cada compa&ntilde;&iacute;a  recib&iacute;a 20 pesos mensuales adicionales por la responsabilidad de sus  capitanes de mantener los caballos (<i>Documentos para  la historia argentina </i>2:  22).    <br> <a href="#18b" name="18a">18</a> Se ha estimado que los equinos generaban  a fin del siglo XVIII un 6 % de la recaudaci&oacute;n del diezmo  de cuatropea (Garavaglia 104), y que representaban un 13 % del <i>stock </i>de las estancias, pero  debe advertirse que parte de ese <i>stock </i>estaba conformado por yeguadas destinadas a la cr&iacute;a de mulas  (Djenderedjian 261).</p>  <hr>     <p><b><font size="3">BIBLIOGRAF&Iacute;A</font></b></p>     <p><b>FUENTES PRIMARIAS</b> </p>     <blockquote>       <p>A.  Archivos y bibliotecas</p> </blockquote>     <p><b>Archivo  General de la Naci&oacute;n, Buenos Aires, Argentina (AGN).</b></p>     <blockquote>       <p>Sala  IX (s IX).</p>       <blockquote>         ]]></body>
<body><![CDATA[<p><i>Comandancia  de Fronteras (cf) </i>1-4-1, 1-4-3, 1-4-5, 1-5-2, 1-7-4,  9-1-15.    <br>     <i>Gobierno  (g) </i>2-9-6.    <br>     <i>Guerra  y Marina (gm) </i>2-9-6, 24-1-4.    <br>     <i>Subinspecci&oacute;n  (s) </i>2-9-6, 28-7-4.</p>   </blockquote>       <p>Sala  XIII (s XIII).</p>       <blockquote>         <p><i>Listas  de Revista (lr) </i>23-1-11.</p>   </blockquote> </blockquote>     <p><b>Archivo  General de Simancas, Espa&ntilde;a (AGS).</b></p>     <blockquote>       <p><i>Secretaria  de Guerra </i>(<i>sg</i>) 6802, 6806,  7300, 7258.</p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p>B.  <i>Impresos</i></p> </blockquote>     <!-- ref --><p>Archivo  General de la Naci&oacute;n. <i>Acuerdos del extinguido cabildo de  Buenos Aires</i>. Series 2 y   3.  T. 1, 3, 8 y 9. Buenos Aires: Kraft, 1926-1933. Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6273875&pid=S2027-4688201400010000500001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Azara,  F&eacute;lix de. <i>Diario de un reconocimiento de las  guardias y fortines que guarnecen la</i> <i>l&iacute;nea de la frontera de Buenos-Aires para ensancharla. </i>Buenos Aires: Imprenta del Estado,  1836. Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6273877&pid=S2027-4688201400010000500002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Azara,  F&eacute;lix de. <i>Memorias sobre el estado rural del R&iacute;o  de la Plata en 1801, demarcaci&oacute;n de l&iacute;mites entre el</i> <i>Brasil y el Paraguay a &uacute;ltimos del siglo XVIII e informes  sobre varios particulares de la</i> <i>Am&eacute;rica meridional espa&ntilde;ola. </i>Madrid: Imprenta de Sanchos, 1847. Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6273879&pid=S2027-4688201400010000500003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p><i>Documentos para la historia argentina</i>. T. 1, 2 y 3. Buenos Aires: Compa&ntilde;&iacute;a  Sudamericana de  Billetes de Banco, 1914. Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6273881&pid=S2027-4688201400010000500004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p><i>Documentos para la historia del Virreinato del R&iacute;o de la  Plata</i>. T.  1 y 2. Buenos Aires: Compa&ntilde;&iacute;a Sudamericana  de F&oacute;sforos, 1912. Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6273883&pid=S2027-4688201400010000500005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Jomini,  Antoine-Henri, bar&oacute;n de. <i>Descripci&oacute;n  anal&iacute;tica de las combinaciones m&aacute;s importantes</i> <i>de la guerra y de su relaci&oacute;n con la pol&iacute;tica de los  Estados; para que sirva de</i> <i>introducci&oacute;n al tratado de las grandes operaciones militares</i>. Madrid: Imprenta Real, 1833.  Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6273885&pid=S2027-4688201400010000500006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p><i>Reglamento para las milicias regladas de infanter&iacute;a y  caballer&iacute;a del Virreinato del R&iacute;o de la</i> <i>Plata</i>. Buenos Aires: Imprenta de los Ni&ntilde;os Exp&oacute;sitos, 1802.  Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6273887&pid=S2027-4688201400010000500007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p><i>Revista del Archivo General de Buenos Aires fundada bajo la  protecci&oacute;n del gobierno de la provincia</i> <i>por Manuel Ricardo Trelles</i>.  T. 1, 2 y 3. Buenos Aires: Imprenta  del Porvenir, 1870-1871.  Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6273889&pid=S2027-4688201400010000500008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <p><b>FUENTES SECUNDARIAS</b> </p>     <!-- ref --><p>Alemano,  Mar&iacute;a Eugenia. "La reconversi&oacute;n de milicias en  fuerzas veteranas: el caso   de  los Blandengues de la Frontera de Buenos Aires". Ponencia. V Jornadas de la   Asociaci&oacute;n  Uruguaya de Historia Econ&oacute;mica, Montevideo. 23 al 25 de noviembre   de  2011. Impresi&oacute;n.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6273892&pid=S2027-4688201400010000500009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Alemano,  Mar&iacute;a Eugenia y Florencia Carl&oacute;n. "Pr&aacute;cticas  defensivas, conflictos y autoridades en  la frontera bonaerense. Los pagos de Magdalena y Pergamino (1752-1780)". <i>Anuario del Instituto de Historia  Argentina </i>9 (2009): 15-42. Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6273894&pid=S2027-4688201400010000500010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Avellaneda,  Mercedes y L&iacute;a Quarleri. "Las milicias guaran&iacute;es en el Paraguay  y el R&iacute;o de  la Plata: alcances y limitaciones (1649-1756)". <i>Estudios Iberoamericanos </i>33.1 (2007):  109-132. Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6273896&pid=S2027-4688201400010000500011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Banzato,  Guillermo. "El poder los comandantes en las  guardias y pueblos de frontera. Chascom&uacute;s,  1779-c.1815". Ponencia. IV Jornadas de Siglo XIX "Las provincias en la  Naci&oacute;n", Mar del Plata. 19 y 20 de abril de 2011. Impresi&oacute;n.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6273898&pid=S2027-4688201400010000500012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Barcos,  Mar&iacute;a Fernanda. "Los sistemas de acceso a la tierra en  Mercedes (Guardia de Luj&aacute;n):  pueblo, ejido y campo, 1745-1830". <i>Anuario  de Historia Argentina </i>7 (2007): 1-28.  Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6273900&pid=S2027-4688201400010000500013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Barral,  Mar&iacute;a E. y Ra&uacute;l O. Fradkin. "Los pueblos y la  construcci&oacute;n de las estructuras de  poder institucional en la campa&ntilde;a bonaerense (1785-1836)". <i>El poder y la vara.</i> <i>Estudios sobre la justicia y la construcci&oacute;n del Estado en  el Buenos Aires rural, 1780-</i><i>1830. </i>Comp.  Ra&uacute;l O. Fradkin. Buenos Aires: Prometeo, 2007. 25-58. Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6273902&pid=S2027-4688201400010000500014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Beverina,  Juan. <i>El virreinato de las provincias del R&iacute;o  de la Plata. Su organizaci&oacute;n militar</i>. Buenos  Aires: Biblioteca del Oficial; C&iacute;rculo Militar, 1992. Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6273904&pid=S2027-4688201400010000500015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Birocco,  Carlos. "El Presidio de Buenos Aires entre los  Habsburgo y los Borbones: el ej&eacute;rcito  regular en la frontera sur del Imperio espa&ntilde;ol (1690-1726)". Ponencia. Simposio  "Relaciones de poder y construcci&oacute;n de liderazgos locales. Gobierno, justicias  y milicias en el espacio fronterizo de Buenos Aires y Santa Fe entre 1720 y  1830", Rosario. 14 y 15 de marzo de 2013. Impresi&oacute;n.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6273906&pid=S2027-4688201400010000500016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Birolo,  Pablo. "Militarizaci&oacute;n y resistencia en el  R&iacute;o de la Plata colonial. Cevallos y la campa&ntilde;a  militar contra los portugueses de 1762". 2011. Manuscrito.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6273908&pid=S2027-4688201400010000500017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Birolo,  Pablo.  "Un sistema militar en crisis. La  p&eacute;rdida de las misiones orientales en 1801". 2012. Manuscrito.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6273910&pid=S2027-4688201400010000500018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Cansanello,  Orestes C. "De s&uacute;bditos a ciudadanos. Los  pobladores rurales bonaerenses entre  el Antiguo R&eacute;gimen y la Modernidad". <i>Bolet&iacute;n  del Instituto de Historia Argentina</i> <i>y Americana Dr. Emilio Ravignani </i>11 (1995): 113-139. Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6273912&pid=S2027-4688201400010000500019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Carl&oacute;n,  Florencia. "Sobre la articulaci&oacute;n defensiva en la  frontera sur bonaerense a mediados  del siglo XVIII: un an&aacute;lisis a partir de la conflictividad inter&eacute;tnica". <i>Anuario del Centro de Estudios Hist&oacute;ricos Prof. Carlos A.  Segreti </i>8.8 (2008): 277-298. Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6273914&pid=S2027-4688201400010000500020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Chust,  Manuel y Juan Marchena. "De milicianos de la monarqu&iacute;a a  guardianes de la  naci&oacute;n". <i>Las armas de la naci&oacute;n. Independencia y  ciudadan&iacute;a en Hispanoam&eacute;rica</i> <i>(1750-1850). </i>Eds.  Manuel Chust y Juan Marchena. Madrid: Iberoamericana, 2007.  7-14. Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6273916&pid=S2027-4688201400010000500021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Dedieu,  Jean Pierre. "Lo militar y la monarqu&iacute;a con  especial referencia al siglo XVIII". <i>Los nervios de la guerra. Estudios sociales sobre el  ej&eacute;rcito de la monarqu&iacute;a hisp&aacute;nica</i> <i>(s. XVI-XVIII): nuevas perspectivas. </i>Eds. Antonio Jim&eacute;nez Estrella y Francisco And&uacute;jar Castillo.  Granada: Comares, 2007. 231-250. Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6273918&pid=S2027-4688201400010000500022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Djenderedjian,  Julio. "&iquest;Un aire de familia? Producci&oacute;n  ganadera y sociedad en perspectiva comparada:  las fronteras rioplatenses a inicios del siglo XIX". <i>Jahrbuch f&uuml;r</i> <i>Geschichte Lateinamerikas </i>41  (2004): 247-274. Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6273920&pid=S2027-4688201400010000500023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Fradkin,  Ra&uacute;l O., ed. <i>Buenos Aires. De la conquista a la crisis de 1820</i>. Buenos Aires: edhasa;  Unipe, 2012. T. 2 de <i>Historia de la provincia de Buenos  Aires</i>. Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6273922&pid=S2027-4688201400010000500024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Fradkin,  Ra&uacute;l O.  "Guerras, ej&eacute;rcitos y milicias en la  conformaci&oacute;n de la sociedad bonaerense". Fradkin, <i>Buenos Aires </i>245-273.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6273924&pid=S2027-4688201400010000500025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Fradkin,  Ra&uacute;l O.  "Tradiciones militares coloniales. El  R&iacute;o de la Plata antes de la revoluci&oacute;n". <i>Experi&ecirc;ncias</i> <i>nacionais, temas transversais: subs&iacute;dios para uma hist&oacute;ria  comparada da Am&eacute;rica</i> <i>Latina. </i>Comp.  Flavio Heinz. S&atilde;o Leopoldo: Oikos, 2009. 74-126. Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6273926&pid=S2027-4688201400010000500026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Galarza,  Antonio. "Relaciones inter&eacute;tnicas y comercio en  la frontera sur rioplatense. Partidas  ind&iacute;genas y transacciones comerciales en la guardia de Chascom&uacute;s (1780-1809)". <i>Fronteras de la Historia </i>17.2 (2012): 102-128. Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6273928&pid=S2027-4688201400010000500027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Garavaglia,  Juan Carlos. "Ej&eacute;rcito y milicia: los campesinos  bonaerenses y el peso de las exigencias  militares, 1810-1860". <i>Anuario  iehs </i>18 (2003). 153-187. Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6273930&pid=S2027-4688201400010000500028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Garavaglia,  Juan Carlos. <i>Pastores y labradores de Buenos Aires.  Una historia agraria de la campa&ntilde;a bonaerense,</i> <i>1700-1830</i>.  Buenos Aires: De la Flor, 1999. Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6273932&pid=S2027-4688201400010000500029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Gelman,  Jorge. "La econom&iacute;a de Buenos Aires".  Fradkin, <i>Buenos Aires </i>85-121.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6273934&pid=S2027-4688201400010000500030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Goldberg,  Marta. "La poblaci&oacute;n 'negra', desde la  esclavitud hasta los afrodescendientes actuales".  Otero 279-308.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6273936&pid=S2027-4688201400010000500031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Halperin  Donghi, Tulio. "Militarizaci&oacute;n revolucionaria en  Buenos Aires, 1806-1815". <i>El ocaso del orden colonial en Hispanoam&eacute;rica. </i>Comp. Tulio Halperin Donghi. Buenos  Aires: Sudamericana, 1978. 121-157. Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6273938&pid=S2027-4688201400010000500032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Kuethe,  Allan. "Las milicias disciplinadas &iquest;fracaso o  &eacute;xito?". Ortiz 19-26.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6273940&pid=S2027-4688201400010000500033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Maeder,  Ernesto. "La poblaci&oacute;n del litoral argentino  seg&uacute;n la <i>Breve relaci&oacute;n geogr&aacute;fica</i> <i>y pol&iacute;tica de la gobernaci&oacute;n del R&iacute;o de la Plata </i>(1760)". <i>Folia  Hist&oacute;rica del Nordeste </i>2 (1976):  129-176. Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6273942&pid=S2027-4688201400010000500034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Marchena  Fern&aacute;ndez, Juan. <i>Ej&eacute;rcito y milicias en el mundo  colonial americano. </i>Madrid: Mapfre,  1992. Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6273944&pid=S2027-4688201400010000500035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Mass&eacute;,  Gladys. "El tama&ntilde;o y el crecimiento de la  poblaci&oacute;n hasta 1870". Otero 143-173. Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6273946&pid=S2027-4688201400010000500036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Mayo, Carlos. "Landed but  not Powerful: The Colonial Estancieros of Buenos Aires (1750-1810)". <i>Hispanic  American Historical Review </i>71.4 (1991): 761-779. Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6273948&pid=S2027-4688201400010000500037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Mayo,  Carlos y Amalia Latrubesse. <i>Terratenientes,  soldados y cautivos: la frontera 1736-</i><i>1815. </i>Mar del Plata: Universidad Nacional de  Mar del Plata, 1993. Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6273950&pid=S2027-4688201400010000500038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Mcfarlane,  Anthony. "Los ej&eacute;rcitos coloniales y la crisis  del Imperio espa&ntilde;ol, 1808-1810". <i>Historia Mexicana </i>229 (2008): 229-288. Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6273952&pid=S2027-4688201400010000500039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>N&eacute;spolo,  Eugenia. <i>Resistencia y complementariedad.  Gobernar en Buenos Aires. Luj&aacute;n en</i> <i>el siglo XVIII: un espacio pol&iacute;ticamente concertado. </i>Pilar: Escaramujo, 2012. Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6273954&pid=S2027-4688201400010000500040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Ortiz  Escamilla, Juan, coord. <i>Fuerzas  militares en Iberoam&eacute;rica, siglos XVIII y XIX</i>.  M&eacute;xico: El  Colegio de M&eacute;xico; El Colegio de Michoac&aacute;n; Universidad Veracruzana, 2005.  Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6273956&pid=S2027-4688201400010000500041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Otero,  Hern&aacute;n, ed. <i>Poblaci&oacute;n, ambiente y territorio</i>. Buenos Aires: edhasa; Unipe, 2012. T.  1 de <i>Historia de la provincia de Buenos  Aires</i>. Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6273958&pid=S2027-4688201400010000500042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Ruiz  Ib&aacute;&ntilde;ez, Jos&eacute; Javier. "Introducci&oacute;n: las milicias y el rey  de Espa&ntilde;a". <i>Las milicias del</i> <i>rey de Espa&ntilde;a. Sociedad, pol&iacute;tica e identidad en las  monarqu&iacute;as ib&eacute;ricas</i>. Coord. Jos&eacute; Javier  Ruiz Ib&aacute;&ntilde;ez. Madrid; M&eacute;xico: FCE; Red Columnaria, 2009. 9-38. Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6273960&pid=S2027-4688201400010000500043&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Ruiz  Moreno, Isidoro. <i>Campa&ntilde;as militares argentinas. La  pol&iacute;tica y la guerra. Del virreinato</i> <i>al pacto federal. </i>Buenos  Aires: Emec&eacute;, 2005. Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6273962&pid=S2027-4688201400010000500044&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>S&aacute;bato,  Hilda. "Cada elector es un brazo armado.  Apuntes para una historia de las milicias  en la Argentina decimon&oacute;nica". <i>Las  escalas de la historia comparada. Din&aacute;micas</i> <i>sociales, poderes pol&iacute;ticos y sistemas jur&iacute;dicos</i>. T. 1. Coords. Marta Bonaudo, Andrea  Reguera y Blanca Zeberio. Buenos Aires: Mi&ntilde;o y D&aacute;vila, 2008. 105-124. Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6273964&pid=S2027-4688201400010000500045&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Serna,  Juan Manuel de la. "Integraci&oacute;n e identidad, pardos y  morenos en las milicias y cuerpos  de lanceros de Veracruz en el siglo XVIII". Ortiz 61-74.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6273966&pid=S2027-4688201400010000500046&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Vinson  III, Ben. "Los milicianos pardos y la relaci&oacute;n  estatal durante el siglo XVIII en M&eacute;xico". Ortiz 47-60.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6273968&pid=S2027-4688201400010000500047&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p> </font>      ]]></body><back>
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