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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">          <p align="center"><font size="4"><b>Periplos ilustrados, piratas y ladrones por el Caribe colonial</b></font></p>         <table width="400" border="0">   <tr>     <td width="18"><img src="img/revistas/frh/v19n2/v19n2a08fig1.gif"></td>     <td width="372">    <p><b><font size="-1">NARA  FUENTES CRISP&Iacute;N</font></b><font size="-1">    <br>   Bogot&aacute;:  Universidad Nacional de Colombia    <br>     2013 - ISBN: 9789587614633 - 496 pp.</font></p></td>   </tr> </table>     <p align="right"><b>RUBEN DARIO SERRATO HIGUERA</b>    <br> <i>Universidad Colegio Mayor de Nuestra Se&ntilde;ora del Rosario, Colombia</i></p> <hr size="1" />                <p>El historiador que realice un balance historiogr&aacute;fico  acerca de los trabajos que  abordan los tres siglos que componen el periodo colonial, tanto de Am&eacute;rica  del Sur como de la actual Colombia, concluir&aacute; sin duda que las nuevas  corrientes han dado un privilegio notorio a lo que se conoce como la  historia cultural. A trav&eacute;s de nuevos tipos de fuentes, diferenciadas de los documentos  "cl&aacute;sicos", se han venido realizando trabajos de diversa tem&aacute;tica que  ampl&iacute;an el panorama hist&oacute;rico y la realidad colonial, que de una u otra manera  a todos nos llama la atenci&oacute;n. El libro que analizar&eacute; en la presente ocasi&oacute;n,  que tiene esta perspectiva de an&aacute;lisis, <i>Periplos ilustrados, piratas y</i> <i>ladrones en el  Caribe colonial</i>, es un perfecto ejemplo de aquel  trabajo que nuestro  historiador tendr&iacute;a problemas para ubicar tem&aacute;tica y temporalmente dentro  del balance historiogr&aacute;fico.</p>     <p>En  primera instancia, si bien es un texto que puede situarse dentro de la  materia que busca describir y entender: el funcionamiento social colonial relacionado  con el espacio mar&iacute;timo del Caribe, mediante el examen del papel de  cada uno de los actores hist&oacute;ricos y de c&oacute;mo se vinculaban entre s&iacute;, tambi&eacute;n  es un texto que puede conectarse con otros m&uacute;ltiples temas que ha trabajado  la historiograf&iacute;a colonial, como la milicia, la legalidad, el viaje de la informaci&oacute;n,  el comercio colonial, la organizaci&oacute;n social. De igual manera, no se puede  ligar el trabajo de Nara Fuentes Crisp&iacute;n a un solo periodo colonial, ya que  trata desde las primeras expediciones de Belalc&aacute;zar y Balboa por el Caribe, a  principios del siglo XVI, hasta la expedici&oacute;n de Pablo Morillo en la segunda d&eacute;cada  del XIX. Esta enorme cantidad de informaci&oacute;n es plasmada en un libro de  496 p&aacute;ginas que, as&iacute; como contiene muchos aciertos e interesantes debates, presenta  asimismo algunas falencias e incongruencias. Claramente, siendo una obra  tan amplia y que trabaja una gran diversidad de cuestiones coloniales, es f&aacute;cil  relacionarla con distintos textos historiogr&aacute;ficos. Por tal motivo, intentar&eacute; mantenerme  exclusivamente en el an&aacute;lisis y la reconstrucci&oacute;n del libro rese&ntilde;ado, y  solo me remitir&eacute; a otros trabajos cuando lo crea estrictamente necesario.</p>     <p>Una  de las principales preocupaciones que tuvo la Corona espa&ntilde;ola a lo largo  del periodo colonial fue asegurar el dominio de los territorios conquistados. Esta  coyuntura producir&iacute;a un sinn&uacute;mero de tensiones socioecon&oacute;micas entre  todos los actores involucrados en los procesos de conquista, poblamiento y  control administrativo. La autora evidencia, en una primera instancia, dos tipos  de tensiones primordiales: por un parte, la creciente competitividad de la  Corona espa&ntilde;ola con sus imperios vecinos, principalmente con su hist&oacute;rico rival,  el Imperio brit&aacute;nico; y, por otra, la manera en que las normas eran emitidas  por el gobierno en Espa&ntilde;a, acatadas en los territorios ultramarinos y  muchas veces ignoradas, lo que daba lugar a hechos como el contrabando y  la ilegalidad. El texto, entonces, busca describir y analizar c&oacute;mo sucedieron este  tipo de procesos, a trav&eacute;s de un conjunto de documentos que comprende desde  relatos de jueces, funcionarios, piratas, viajeros, militares y algunos otros actores,  como ind&iacute;genas, negros y pardos, hasta mapas y otras im&aacute;genes.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Es  importante resaltar el papel que juega el "territorio", una de las dimensiones que  tiene en cuenta la geohistoria dentro del an&aacute;lisis de la historia cultural.  El territorio es entendido como un "actor" que determina la configuraci&oacute;n de  todo tipo de relaci&oacute;n social. En este caso, es el espacio mar&iacute;timo el  que determina ciertos comportamientos de los actores sociales que viven y se  desenvuelven dentro de &eacute;l.</p>     <p>Los  seis cap&iacute;tulos que componen la obra llevan al lector a lo largo de una  serie de narraciones y periplos sin una clara l&iacute;nea conectora. Me refiero a  que, si bien la informaci&oacute;n que presentar&eacute; a continuaci&oacute;n es interesante y ampl&iacute;a  nuestro conocimiento, no existe una relaci&oacute;n evidente entre los cap&iacute;tulos. Da  la impresi&oacute;n de que han sido organizados aleatoriamente, sin un orden  riguroso, y de que hacen parte de investigaciones previas; de hecho, algunos  fueron publicados en forma de art&iacute;culo, como lo reconoce la autora con  respecto al cap&iacute;tulo 4.</p>     <p>El  primer cap&iacute;tulo, titulado "El imaginario de los piratas", es un an&aacute;lisis basado  en la idea de que los actores ilegales generaron conexiones tanto sociales  como geogr&aacute;ficas, en el sentido de que estos personajes, gracias a sus viajes,  narraciones, periplos y experiencias, establecieron una red que permiti&oacute; la  comunicaci&oacute;n entre distintos lugares y, en &uacute;ltimas, la "creaci&oacute;n" de la  geograf&iacute;a. Este  cap&iacute;tulo es fundamental para entender la primera de las tensiones que  trabaja el libro. Muchos de los piratas vinieron de otros imperios y fueron una  fuente de recursos y riqueza para los mismos. Por tal motivo, existi&oacute; una clara  b&uacute;squeda de Espa&ntilde;a, en pro de defender sus territorios y recursos, por mantener  la legalidad en contra de los actos de ilegalidad y contrabando. La idea  de la autora es que si bien, en el papel, se busc&oacute; detener la ilegalidad, a los  piratas, y bloquear los periplos que desembocaban en el contrabando, estos factores  fueron relevantes a la hora de conectar todas las costas del mar Caribe. El  imaginario geogr&aacute;fico fue creado a partir de las descripciones y los viajes de  estos personajes, que hac&iacute;an posible que los habitantes de cada una de las regiones  se hicieran una idea de la naturaleza geogr&aacute;fica de la zona. Adem&aacute;s, dieron  pie a una circulaci&oacute;n de productos, tanto legales como ilegales, que terminar&iacute;a  por crear lazos sociales que unir&iacute;an a actores tan diversos como los nativos,  comerciantes, ladrones sin bandera, ind&iacute;genas, mercaderes y extranjeros. Cabe  resaltar de este cap&iacute;tulo, y en general, a mi modo de ver, de toda la  obra, la cantidad de documentos juiciosamente analizados y utilizados para presentar  las conclusiones.</p>     <p>El  segundo cap&iacute;tulo, "<i>Da  mihi facta, ego tibi juris</i>"<sup><a href="#1a" name="1b">1</a></sup>, reconstruye las tensiones que  produjo la organizaci&oacute;n del espacio colonial, a la luz de dos tipos de  l&oacute;gicas. La primera era la de la casa borb&oacute;nica, que buscaba organizar el territorio  y apropiarse de &eacute;l a trav&eacute;s de la oficialidad de la legislaci&oacute;n; la segunda, m&aacute;s  emp&iacute;rica, era la que implicaba la ocupaci&oacute;n de los mismos territorios por  parte de caminantes, trashumantes, legales e ilegales. Lo interesante de este  cap&iacute;tulo es la manera en que reconstruye esta segunda versi&oacute;n. A partir de una  serie de causas criminales, la autora explica la imposibilidad del control territorial  estricto por parte de la Corona. Debido a la creciente necesidad de mantener  la distribuci&oacute;n de las mercanc&iacute;as, de garantizar un comercio fluido, se  constituyeron una serie de rutas alternativas con el fin de evitar los peligros y  los altos costos que acarreaban las ya existentes, como el r&iacute;o Magdalena. Ind&iacute;genas,  extranjeros y mercaderes se ve&iacute;an en la obligaci&oacute;n de conectar a sus  poblaciones por medio de caminos poco vigilados, como el r&iacute;o Atrato o la ruta  de Santaf&eacute; hacia el golfo de Maracaibo. Cabe subrayar, como lo menciona Fuentes,  la heterogeneidad de estos actores sociales. Un ejemplo es el caso de los  ind&iacute;genas, ya que no siempre estuvieron al margen de la legalidad, sino que  actuaron como informantes, acompa&ntilde;antes, vig&iacute;as e incluso esp&iacute;as, aunque algunos  otros tambi&eacute;n lo hicieron como contrabandistas. Esta afirmaci&oacute;n de la autora  puede parecer anacr&oacute;nica y deber&iacute;a ser mejor explicada.</p>     <p>Un  tercer cap&iacute;tulo sobresale porque, intentando ahondar en la mirada oficial  del problema de la legalidad sobre el territorio, se ocupa de otros actores sociales.  Abogados, oficiales reales y compa&ntilde;&iacute;as mercantiles aparecen en los documentos,  donde se avista una clara intenci&oacute;n de mantener el manejo de los  caminos y rutas, tanto mar&iacute;timos como terrestres. Seg&uacute;n la autora, y otros muchos  historiadores que han llegado a la misma conclusi&oacute;n, hubo dificultad para  conservar el control del territorio debido a su vasta extensi&oacute;n y a los altos costos  que implicaba. Por tal motivo, la protecci&oacute;n del mismo y de sus rutas pas&oacute;  a manos de particulares de dudosa lealtad hacia la Corona. Esta situaci&oacute;n derivaba  en una continua ilegalidad tanto en el comercio como en el transporte por  rutas prohibidas. Infortunadamente, las conclusiones se quedan cortas, si uno  las compara con toda la documentaci&oacute;n trabajada a lo largo del cap&iacute;tulo. La  autora afirma que existi&oacute; una marcada necesidad, dentro del imaginario jur&iacute;dico,  de controlar la territorialidad, el comercio y las rutas de transporte en la  Nueva Granada durante el siglo XVIII. Esto es, en efecto, cierto, empero el an&aacute;lisis  resulta insuficiente confrontado con la cantidad de fuentes primarias. Es  preferible un mayor contenido anal&iacute;tico que, por ejemplo, ubicar una patente de  guerra datada en 1825, como la de la figura 16 de las conclusiones de este cap&iacute;tulo,  que poco ejemplifica la tem&aacute;tica trabajada. Si bien es un documento que  reconoce la importancia de defender las costas, pertenece a otro contexto temporal,  y no es claro por qu&eacute; es ubicado en esta parte del libro y no en otra.</p>     <p>El  siguiente cap&iacute;tulo nos habla acerca de los m&eacute;todos y el funcionamiento de  la actividad geogr&aacute;fica en la Espa&ntilde;a peninsular, y c&oacute;mo se intent&oacute; aplicar dichos  m&eacute;todos para describir y estudiar los territorios del Nuevo Mundo. La principal  preocupaci&oacute;n que se buscaba subsanar durante la &eacute;poca era la del nivel  de precisi&oacute;n de los instrumentos utilizados. Es claro para la autora que esta  precisi&oacute;n se alcanz&oacute;, en su mayor grado, a trav&eacute;s de lo que podr&iacute;amos llamar  un m&eacute;todo emp&iacute;rico que, a diferencia de los estudios realizados en las academias,  estaba basado en la experiencia de los navegantes y en la confrontaci&oacute;n de  sus resultados con lo que se ve&iacute;a en la constante exploraci&oacute;n. Estas afirmaciones,  vale la pena destacar, son respaldadas con una serie de interesantes documentos  encontrados por Fuentes en los archivos espa&ntilde;oles, entre los que se cuentan  relaciones, narraciones, peticiones, cada una de las cuales es analizada en  profundidad. El problema, una vez m&aacute;s, llega en el momento de concluir, ya  que no hay una afirmaci&oacute;n final precisa, sino que se prosigue en un an&aacute;lisis de  documentos cada vez m&aacute;s variados.</p>     <p>El  quinto cap&iacute;tulo es pr&aacute;cticamente una recolecci&oacute;n de narrativas de diversos  personajes que tuvieron la oportunidad de viajar y recorrer los espacios costeros  de la zona estudiada. Se encuentran memorias, escritas y orales, de  capitanes, mercaderes, funcionarios reales, entre otros, que la autora utiliza para  ejemplificar la idea de que el estudio y la descripci&oacute;n de la geograf&iacute;a se realizaron  a trav&eacute;s de los m&eacute;todos emp&iacute;ricos, ya que muchas de estas narraciones contienen  relatos que detallan milim&eacute;tricamente la realidad del terreno que se recorre,  en especial el acu&aacute;tico. Adem&aacute;s de ello, estas historias evidencian otra realidad  de dominio. Es decir, como afirma la autora: "El periplo mar&iacute;timo, como  las cr&oacute;nicas, encierra un lenguaje que no refleja sino que constituye una realidad  que nos habla de la instauraci&oacute;n del dominio hisp&aacute;nico con toda la complejidad  de su ejercicio" (271). La pr&aacute;ctica discursiva es fundamental para comprender  c&oacute;mo los espa&ntilde;oles se apropiaban del territorio.</p>     <p>Finalmente,  el &uacute;ltimo cap&iacute;tulo es dedicado al an&aacute;lisis de la narrativa que se  encuentra en los documentos de militares y aventureros. A trav&eacute;s de este ejercicio  metodol&oacute;gico, la autora busca explicar c&oacute;mo el relato, por medio de la leyenda,  refuerza un imaginario, o un mito, que en &uacute;ltimas es el motor de las  expediciones por el territorio. El imaginario geogr&aacute;fico es creado a partir de  la narraci&oacute;n. Por ejemplo, el uso de la hip&eacute;rbole estaba dirigido a inflar las  riquezas de la regi&oacute;n que se describ&iacute;a, bien fuera para que el gobierno o la  Corona aprobaran los proyectos y la financiaci&oacute;n de los periplos, o para justificar  la importancia de los mismos. Seg&uacute;n la autora, prolifer&oacute; la idea de que  dondequiera que existieran rastros m&iacute;nimos de oro podr&iacute;a encontrarse "El Dorado",  mito que constituye el origen de una mentalidad cuya plasmaci&oacute;n se  puede hallar en las din&aacute;micas geogr&aacute;ficas coloniales, que marcaron no solo los  tres siglos de dominaci&oacute;n espa&ntilde;ola, sino tambi&eacute;n las &eacute;pocas posteriores. En este  cap&iacute;tulo se retoman lecturas tanto de mercenarios como de importantes militares,  entre ellos Pablo Morillo, para identificar relatos comunes, similitudes y  convergencias en dichas lecturas. Un aspecto llamativo del cap&iacute;tulo es que cada  una de las narraciones es considerada, no como un mundo aislado de los dem&aacute;s,  sino en conexi&oacute;n con las otras, en virtud de lo cual se puede evidenciar la  creaci&oacute;n de una conciencia geogr&aacute;fica com&uacute;n que permite reconstruir la  imagen geohist&oacute;rica que se ten&iacute;a del territorio.</p>     <p>Para  terminar, me gustar&iacute;a hacer algunas acotaciones al texto. Sin duda, se  nota que implic&oacute; un trabajo arduo de investigaci&oacute;n, escritura y lectura, y que  cumple con creces los objetivos de un trabajo hist&oacute;rico interesante. Siempre se  pueden encontrar errores, debilidades o puntos negativos, empero estos no deben  eclipsar el brillo de este enorme esfuerzo de la autora. Hay que resaltar algunas  faltas, como un exceso de citas en lat&iacute;n, franc&eacute;s e ingl&eacute;s que no est&aacute;n debidamente  traducidas, lo que reduce el p&uacute;blico al que puede llegar el texto, o  como la poca contextualizaci&oacute;n de los gr&aacute;ficos y mapas que acompa&ntilde;an cada uno  de los cap&iacute;tulos. Y me refiero a que, si bien la autora los explica al final del  texto, en un interesante apartado de anexos, no queda claro a lo largo de la  lectura por qu&eacute; se ubican en ciertas p&aacute;ginas, algunas veces sin que guarden relaci&oacute;n  con el texto (se puede estar hablando de periplos del siglo XVII y, sin embargo,  se ejemplifica con mapas del siglo XIX).</p>     <p>De  igual manera, muchas de las afirmaciones se prestan para debatir; por  ejemplo, me llama la atenci&oacute;n que no se mencione la discusi&oacute;n sobre qu&eacute; tipo  de territorio es el mar Caribe, donde se desarrollan numerosos periplos; sobre  si es una periferia o una frontera, o sobre c&oacute;mo podr&iacute;amos entenderlo en  t&eacute;rminos pol&iacute;ticos o militares<sup><a href="#2a" name="2b">2</a></sup>. Este es tan solo un ejemplo de los m&uacute;ltiples temas  que podr&iacute;an ser abordados. Sin embargo, para concluir, me gustar&iacute;a enfatizar  el valor de este tipo de textos. No solo porque se arriesgan a trabajar una  cantidad considerable de temas complejos, sino porque adem&aacute;s encuentran su  riqueza en el enorme acervo documental que sus autores recogieron en la investigaci&oacute;n.  Si bien la historia nunca podr&aacute; llegar a un cien por ciento de objetividad,  la mejor forma de asegurar el mayor porcentaje posible es apoyarse en  los documentos, que son nuestro veh&iacute;culo en el viaje hacia el pasado.</p> <hr>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> <b><font size="3">Notas</font></b>    <br> <a href="#1b" name="1a">1</a> "Dame los hechos, yo te dar&eacute; la ley".  Primero, la frase est&aacute; mal escrita, ya que la expresi&oacute;n   correcta  es <i>Da mihi facta, ego tibi jus</i>. Adem&aacute;s, un problema recurrente en el texto es la falta   de  traducci&oacute;n de todas las citas, ya sean en ingl&eacute;s, franc&eacute;s o composiciones de  lat&iacute;n. Esto es   problem&aacute;tico  porque puede llegar a reducir la cantidad de p&uacute;blico en capacidad de acceder al texto,  si pensamos que la difusi&oacute;n del conocimiento es un objetivo de todo cient&iacute;fico  social.    <br> <a href="#2b" name="2a">2</a> Me refiero a trabajos que se han  realizado en otras latitudes, como el de Margarita Gasc&oacute;n, <i>Periferias imperiales y fronteras coloniales en  Hispanoam&eacute;rica.</i></p>    <hr>       <p><b><font size="3">BIBLIOGRAF&Iacute;A</font></b></p>       <!-- ref --><p>Gasc&oacute;n,  Margarita. <i>Periferias imperiales y fronteras  coloniales en Hispanoam&eacute;rica. </i>Buenos Aires: Dunken, 2011. Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6377186&pid=S2027-4688201400020000800001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>   </font>      ]]></body><back>
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