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<article-title xml:lang="es"><![CDATA["Guarda y custodia" en la Ciudad de los Reyes: la construcción colectiva del culto al Señor de los Milagros(Lima, siglos XVII y XVIII)]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA['Guarda y Custodia' in the Ciudad de los Reyes: Collective Construction of Devotion to the Lord of Miracles (Lima, 17th and 18th Centuries)]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This paper analyze the source and consolidation of the devotion to the Lord of Miracles, during 1651 and 1771. To do it, we focusing on three central agents: Afro-descendents devotes, élites of Lima ?Spaniards and creoles from the local power networks?, and especially Jesuits. With the approach of historical anthropology, the most classical sources about this image will be analyzed and completed with other publish and unpublished documents.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="2">      <p align="center"><font size="4"><b>"Guarda y custodia" en la Ciudad de los Reyes: la construcci&oacute;n colectiva del culto al Se&ntilde;or de los Milagros(Lima, siglos XVII y XVIII)</b></font></p>      <p align="center"><font size="3"><b>'Guarda y Custodia'<I> in the Ciudad de los Reyes: Collective Construction of Devotion to the Lord of Miracles (Lima, 17</I><Sup><I>th </I></Sup><I>and 18</I><Sup><I>th</I></Sup><I> Centuries) </I></b></font></p>      <p align="right"><b>JULIA COSTILLA</b>    <br> Universidad de Buenos Aires, Buenos Aires, Argentina    <BR> <a href="mailto:juliacostilla@hotmail.com">juliacostilla@hotmail.com</a> </p>      <p>Recibido: 17 de enero de 2015    <br> Aceptado: 16 de junio de 2015</p>  <HR>      <p><b>RESUMEN</b></p>      <p>Este trabajo analiza el surgimiento y la consolidaci&oacute;n inicial del culto al Se&ntilde;or de los Milagros, entre 1651 y 1771, en relaci&oacute;n con el papel de tres actores centrales: devotos afrodescendientes, &eacute;lites lime&ntilde;as (espa&ntilde;oles y criollos que conformaban las redes del poder local) y religiosos de la Compa&ntilde;&iacute;a de Jes&uacute;s, un sector cuyo rol en el surgimiento de la devoci&oacute;n comenz&oacute; a considerarse en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas. Con el enfoque de la antropolog&iacute;a hist&oacute;rica, se indagar&aacute;n las fuentes m&aacute;s cl&aacute;sicas sobre la historia de esta imagen y se completar&aacute; con otros documentos editados e in&eacute;ditos.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><B>Palabras clave: </B>Lima, Se&ntilde;or de los Milagros, s&iacute;mbolo religioso, sociedad colonial.</p> <hr>      <p><b>ABSTRACT</b></p>      <p>This paper analyze the source and consolidation of the devotion to the Lord of Miracles, during 1651 and 1771. To do it, we focusing on three central agents: Afro-descendents devotes, &eacute;lites of Lima ?Spaniards and creoles from the local power networks?, and especially Jesuits. With the approach of historical anthropology, the most classical sources about this image will be analyzed and completed with other publish and unpublished documents.</p>      <p><B>Keywords: </B>Colonial society, Lord of Miracles, Lima, religious symbol.</p>  <hr>      <p><font size="3"><B>Introducci&oacute;n </b></font></p>      <p>La procesi&oacute;n del Se&ntilde;or de los Milagros que cada mes de octubre recorre las calles de Lima es reconocida como una de las manifestaciones cat&oacute;licas m&aacute;s imponentes de Hispanoam&eacute;rica. Cerca de 40.000 fieles se re&uacute;nen a&ntilde;o a a&ntilde;o para celebrar su culto y m&aacute;s de 5.000 "hermanos" integran su cofrad&iacute;a, la Hermandad del Se&ntilde;or de los Milagros de Nazarenas, vinculada a su vez a un monasterio de religiosas que custodia el santuario. Ambas instituciones, hermandad y monasterio, derivan de las congregaciones que entre fines del siglo XVII y principios del XVIII fueron conform&aacute;ndose en torno al santuario y apuntalaron el desarrollo del culto.</p>      <p>En este trabajo se analizar&aacute;n el surgimiento y la consolidaci&oacute;n inicial de esta devoci&oacute;n, entre 1651 y 1771, en relaci&oacute;n con el papel de tres actores clave: devotos afrodescendientes, &eacute;lites lime&ntilde;as (espa&ntilde;oles y criollos que conformaban las redes del poder local, siempre en tensi&oacute;n con el poder central) y religiosos de la Compa&ntilde;&iacute;a de Jes&uacute;s. Respecto a estos &uacute;ltimos, su rol en el surgimiento del culto comenz&oacute; a considerarse en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas y aqu&iacute; se profundizar&aacute; en su intervenci&oacute;n (S&aacute;nchez).</p>      <p>Para desarrollar estos objetivos se examinar&aacute;n las fuentes m&aacute;s cl&aacute;sicas sobre la historia de la imagen del Se&ntilde;or de los Milagros, y se completar&aacute; la indagaci&oacute;n con otros documentos editados e in&eacute;ditos. Entre la documentaci&oacute;n tradicional sobre el culto, los manuscritos m&aacute;s tempranos permanecen guardados en el archivo del monasterio y el acceso a ellos es restringido; sin embargo, pueden ser consultados a trav&eacute;s de una edici&oacute;n digital y de transcripciones registradas en compendios posteriores<sup><a name="nu1"></a><a href="#num1">1</a></sup>. Respecto a estos &uacute;ltimos, dado que los coloniales han sido escritos por funcionarios reales ligados al santuario, se abordar&aacute;n simult&aacute;neamente como fuentes de informaci&oacute;n y como datos en s&iacute; mismos, considerando el papel de sus autores y las fechas en que fueron redactados y publicados (Colmenares; V&aacute;squez). Las fuentes contempor&aacute;neas m&aacute;s completas corresponden al historiador jesuita lime&ntilde;o Rub&eacute;n Vargas (<I>Historia del Santo</I>) y a su alumno Ra&uacute;l Banchero (<I>Lima</I>), quien fue miembro de la Hermandad del Se&ntilde;or durante 43 a&ntilde;os y, con nuevos documentos, dej&oacute; una profunda investigaci&oacute;n sobre la imagen.</p>      <p>Tomando el enfoque de la antropolog&iacute;a hist&oacute;rica, se rastrear&aacute;n evidencias en los discursos y pr&aacute;cticas plasmadas en la documentaci&oacute;n (incluso en los silencios) para reconstruir procesos hist&oacute;ricos y perspectivas nativas (Geertz; Lorandi; Nacuzzi). De esa manera se podr&aacute; historizar este s&iacute;mbolo religioso lime&ntilde;o ancl&aacute;ndolo en su escenario sociocultural y en relaciones sociales concretas, analizando el rol de lo simb&oacute;lico en las luchas de intereses desplegadas.</p>      <p><B>Historia de un Cristo urbano colonial </b></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p> Ubicado en el centro de Lima, el santuario del Se&ntilde;or de los Milagros alberga una imagen mural de Cristo que, seg&uacute;n fuentes oficiales, habr&iacute;a sido pintada hacia 1651 por un negro del antiguo barrio lime&ntilde;o conocido como Pachacamilla (<a href="#f1">figura 1</a>, numeral 7). Luego de multiplicar sus devotos y recibir el apoyo de distintos sectores, la imagen logr&oacute; institucionalizarse definitivamente en 1771, cuando se cre&oacute; su santuario y se lo adscribi&oacute; a un monasterio. Para analizar esa historia, tomar&eacute; dos momentos: uno de 1651 a 1715, fecha en que el Cristo es declarado patrono de Lima, y otro entre 1715 y 1771. Mientras que el primero nos permitir&aacute; enfocar la participaci&oacute;n de negros y jesuitas, el segundo dar&aacute; m&aacute;s visibilidad a &eacute;lites locales y autoridades reales. Pero antes de analizar su historia, resta presentar el contexto espacial y temporal que habilit&oacute; la construcci&oacute;n de este culto.</p>     <p align="center"><a name="f1"></a><img src="img/revistas/frh/v20n2/v20n2a06f1.jpg"></p>      <p>Con el nombre Ciudad de Los Reyes, Lima fue fundada por Francisco Pizarro en 1535, y se constituy&oacute; en capital del extenso Virreinato del Per&uacute;. Fue, por tanto, sede de las m&aacute;s altas autoridades civiles y eclesi&aacute;sticas y residencia de la &eacute;lite virreinal m&aacute;s numerosa de Hispanoam&eacute;rica (Flores). Para los a&ntilde;os de surgimiento del culto, su poblaci&oacute;n era de casi 30.000 personas, de las cuales unas 20.000 eran de origen africano: esclavos tra&iacute;dos para trabajar en haciendas y chacras de la zona (Bowser; S&aacute;nchez). Con ese predominio afrodescendiente, la sociedad lime&ntilde;a expresaba la maduraci&oacute;n del proceso colonial que caracteriz&oacute; al siglo XVII, con sus distintos sectores cada vez m&aacute;s enfrentados: negros esclavos y libertos, mestizos, ind&iacute;genas, castas y un grupo menor de criollos y peninsulares avecindados en la ciudad (Lorandi). En una ciudad capital, esto conllevaba un entramado de poderes y jurisdicciones superpuestas que conviv&iacute;an y negociaban sus competencias, desde virreyes, oidores y arzobispos, hasta cabildantes y p&aacute;rrocos. Asimismo, cabe destacar la gran cantidad de representantes eclesi&aacute;sticos que albergaba Lima: m&aacute;s de 1.000 religiosos y de 300 sacerdotes repartidos en sus barrios, con un creciente n&uacute;mero de mujeres congregadas en monasterios y beaterios (cerca de 4.000) (Clavijo).</p>       <p>En ese marco, la instalaci&oacute;n oficial de un santuario con una imagen vinculada a los esclavos y a cargo de dos congregaciones (devotos y religiosas) ser&aacute; la v&iacute;a de entrada para un an&aacute;lisis de la sociedad colonial lime&ntilde;a, de sus tensiones y del papel del s&iacute;mbolo religioso en la consolidaci&oacute;n del poder material y espiritual de sus miembros.</p>       <p><B>I. Jesuitas, negros y &eacute;lites lime&ntilde;as: surgimiento del culto y oficializaci&oacute;n (1651-1715) </b></p>      <p> Seg&uacute;n fuentes tempranas, por el a&ntilde;o 1650 un grupo de esclavos del barrio de Pachacamilla constituyeron una incipiente "cofrad&iacute;a"<sup><a name="nu2"></a><a href="#num2">2</a></sup>, reunidos en un galp&oacute;n sobre cuya pared uno de ellos habr&iacute;a pintado, tiempo despu&eacute;s, la "imagen del Se&ntilde;or Crucificado con su madre y la Magdalena al pie de la cruz" (Colmenares 6)<sup><a name="nu3"></a><a href="#num3">3</a></sup>. Esta efigie, actualmente venerada, habr&iacute;a logrado conservarse m&aacute;s all&aacute; de las condiciones desfavorables donde fuera pintada y de sucesivos terremotos (<a href="#f2">figura 2</a>).</p>     <p align="center"><a name="f2"></a><img src="img/revistas/frh/v20n2/v20n2a06f2.jpg"></p>      <p>Las fuentes indican que tras el primero de esos sismos en 1655, que habr&iacute;a derrumbado la ermita pero dejado intacto el muro del Cristo, el lugar qued&oacute; finalmente abandonado (Banchero, <I>Lima</I>; R. Vargas, <I>Historia del Santo</I>). Aunque no aclaran si se dej&oacute; de venerar la imagen antes o despu&eacute;s del terremoto, lo cierto es que su preservaci&oacute;n no fue suficiente para que el culto continuara. Fue reci&eacute;n a partir de 1670 cuando Andr&eacute;s de Le&oacute;n, un vecino de la parroquia de San Sebasti&aacute;n (<a href="#f1">figura 1</a>, numeral 6), comenz&oacute; a ocuparse del arreglo de la ermita: "Se empe&ntilde;&oacute; en darle alg&uacute;n culto bajo de una pobre ramada que le hizo de pedazos de mangles y esteras, poni&eacute;ndole flores y velas &#91;y&#93; siguieron despu&eacute;s su ejemplo otros vecinos del barrio" (V&aacute;squez 4). Al atribuirse al Cristo un favor que en ese momento habr&iacute;a recibido Le&oacute;n (la desaparici&oacute;n de un tumor), fue creciendo la devoci&oacute;n y los feligreses, "entre los que predominaba la gente de color", iniciaron reuniones semanales nocturnas que motivaron sospechas en las autoridades religiosas (Banchero, <I>Lima </I>46; Hermandad 5)<sup><a name="nu4"></a><a href="#num4">4</a></sup>.</p>      <p>Aunque era un barrio marginal, Pachacamilla se encontraba a poco m&aacute;s de 500 metros de la plaza mayor y de los palacios virreinal y arzobispal, y su poblaci&oacute;n estaba bajo la jurisdicci&oacute;n de la parroquia de San Marcelo (<a href="#f1">figura 1</a>, numeral 5). Fue el cura de esta iglesia quien transmiti&oacute; su desconfianza a las autoridades y motiv&oacute; que ordenaran borrar la imagen en septiembre de 1671 (Rostworowski)<sup><a name="nu5"></a><a href="#num5">5</a></sup>. Para ello se envi&oacute; una comitiva integrada por "el promotor fiscal del arzobispado, un notario, un indio pintor de brocha gorda y el capit&aacute;n de la guardia del virrey con dos escuadras de soldados" (Banchero, <I>Lima</I> 56). Pero cuando se dispusieron a cumplir la orden, una serie de sucesos lo impidieron: </p>      <blockquote>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Y que habi&eacute;ndolo ido a ejecutar un indio, qued&eacute; a la saz&oacute;n inm&oacute;vil, a vista de mucha gente, oscureci&eacute;ndose al mismo tiempo el cielo, siendo las cuatro de la tarde y lloviendo con grande exceso, por cuyas manifestaciones y otras que ha obrado esta santa imagen se intitula el Cristo de los Milagros y por esta causa se le dio culto y comenz&oacute; a fabricar una capilla. (Cit. en R. Vargas, <I>Historia del Santo</I> 34-35)<sup><a name="nu6"></a><a href="#num6">6</a></sup></p> </blockquote>      <p>Conocidos estos hechos, los vecinos de las parroquias de San Marcelo y San Sebasti&aacute;n iniciaron gestiones para trasladar la imagen a sus iglesias, solicitando que se cortara el muro donde estaba pintada; pero los devotos de Pachacamilla se opusieron. Fue entonces cuando el virrey conde de Lemos decidi&oacute; ir a visitarla junto a su esposa y a representantes del clero y la nobleza local, luego de lo cual acord&oacute; con la autoridad eclesi&aacute;stica arreglar el galp&oacute;n que la albergaba. Concluidas r&aacute;pidamente las obras, pudo celebrarse el 14 de septiembre, d&iacute;a de la Exaltaci&oacute;n de la Cruz, la primera misa ante el Cristo de Pachacamilla, conocido ya como Se&ntilde;or de los Milagros (ACM, <I>LC</I> 34, f. 158 v.; Colmenares 10). Las fuentes indican que asisti&oacute; "gran n&uacute;mero de vecinos y devotos", junto a altas autoridades civiles y eclesi&aacute;sticas (el virrey y su esposa, autoridades capitulares, miembros de la nobleza y de &oacute;rdenes religiosas) (Banchero, <I>Lima</I> 61; V&aacute;squez).</p>      <p>Pocos d&iacute;as despu&eacute;s, el arzobispo, con ratificaci&oacute;n del virrey, nombr&oacute; un mayordomo para la capilla, Juan de Quevedo y Z&aacute;rate. As&iacute;, en el transcurso de ese a&ntilde;o de 1671 se impuls&oacute; entre vecinos y autoridades locales un progresivo reconocimiento de la sacralidad de la imagen, con lo cual se revirti&oacute; la actitud inicial que tanto unos como otros hab&iacute;an mantenido respecto a ella. Con la primera misa y el nombramiento del primer mayordomo, el culto quedaba asegurado y la imagen, bajo el amparo de los poderes eclesi&aacute;stico y civil (R. Vargas, <I>Historia del Santo</I>).</p>      <p>Una muestra de ese reconocimiento se produjo tras la delicada obra de asegurar el muro con la imagen, cuando se desmoronaron parte de sus adobes. Al quedar intacto el Cristo, el virrey mand&oacute; pintar en su parte superior las figuras del Esp&iacute;ritu Santo y el Dios Padre, como consagrando a&uacute;n m&aacute;s ese mural que segu&iacute;a expresando prodigios. Sin embargo, las fuentes indican que las limosnas de los devotos fueron menguando (Banchero, <I>Lima</I> 67).</p>      <p>Por su parte, el primer mayordomo tuvo la tarea de asegurar la posesi&oacute;n de la ermita con el propietario de los solares donde se extend&iacute;a: Diego Manrique de Lara, un caballero espa&ntilde;ol que llegar&iacute;a a ser dos veces alcalde de Lima y a cuya familia pertenec&iacute;an los terrenos del barrio y los esclavos que all&iacute; resid&iacute;an (Bachero; <I>La verdadera</I>; Banchero, <I>Lima</I>; V&aacute;squez)<sup><a name="nu7"></a><a href="#num7">7</a></sup>. Convertido en benefactor y patrono de la capilla, fue el mismo Lara quien, tras la muerte de Quevedo en 1679, design&oacute; como segundo mayordomo al eclesi&aacute;stico Juan Montoya. Este, a su vez, se ocup&oacute; de mejorar la capilla y reavivar la "costumbre de reunir a los fieles los viernes por la noche" (Banchero, <I>Lima </I>81). Consigui&oacute; asimismo una real c&eacute;dula que ordenaba asistir a la f&aacute;brica de la capilla del Cristo por todos los medios posibles "por ser obra tan piadosa y en que interesa el mayor servicio de Dios"<sup><a name="nu8"></a><a href="#num8">8</a></sup>. Aumentar la devoci&oacute;n y los ingresos parec&iacute;an ser entonces los dos objetivos que preocupaban a las autoridades<sup><a name="nu9"></a><a href="#num9">9</a></sup>.</p>      <p>El cuarto mayordomo, Sebasti&aacute;n de Antu&ntilde;ano, es una de las figuras m&aacute;s destacadas en las fuentes, con una permanencia en el cargo durante 33 a&ntilde;os y el peso de haber marcado 2 hitos en esta historia: el inicio de las procesiones y el dar lugar al monasterio a cargo del culto. Se trataba de un espa&ntilde;ol vinculado desde joven a la sociedad y la econom&iacute;a del virreinato, as&iacute; como al clero secular y regular. Fue sobre estos v&iacute;nculos, a partir de 2 experiencias frente a im&aacute;genes de Cristo (una en Madrid y la otra con el propio Cristo de Pachacamilla), que descubri&oacute; su "predestinada misi&oacute;n" como custodio de la imagen lime&ntilde;a (Banchero, <I>Lima</I> 88). Dado que la &uacute;ltima fue al d&iacute;a siguiente de concluir sus ejercicios en el noviciado jesuita, comienza a evidenciarse la influencia de estos religiosos, no solo en la decisi&oacute;n personal de Antu&ntilde;ano, sino en el propio desarrollo del culto.</p>      <p>Las fuentes se&ntilde;alan que, una vez decidido, realiz&oacute; los tr&aacute;mites necesarios y fue nombrado mayordomo, seguramente por la autoridad episcopal, ya que hab&iacute;a sido esta la que en 1682 hab&iacute;a reemplazado al anterior por un administrador de limosnas. Adem&aacute;s, vimos que el mayordomo desplazado hab&iacute;a sido designado por el propietario Lara, con quien Antu&ntilde;ano se ver&iacute;a enfrentado en un incidente por la compra-venta de sus terrenos<sup><a name="nu10"></a><a href="#num10">10</a></sup>. Mientras que Lara parece haber representado al poder civil local, ya que adem&aacute;s de vecino propietario era en el momento del conflicto nada menos que regidor del Cabildo, Antu&ntilde;ano fue apoyado por el virrey, Duque de La Palata, y un oidor de la Real Audiencia, Gaspar de la Cuba, quienes intervinieron para que pudiera efectuar finalmente, en 1686, la compra de los solares (Banchero, <I>Lima</I> 90). De esa manera, la ampliaci&oacute;n de la capilla del Cristo bajo gestiones del mayordomo Antu&ntilde;ano parece haber involucrado una tensi&oacute;n entre poder real y eclesi&aacute;stico, de un lado, y poder pol&iacute;tico y econ&oacute;mico local, del otro. Volver&eacute; sobre este punto.</p>      <p>Iniciadas las obras en la capilla, el d&iacute;a 20 de octubre de 1687 un fuerte terremoto asol&oacute; la ciudad de Lima. A pesar de los destrozos en el templo de Pachacamilla, se asegura que el muro con la imagen sigui&oacute; inc&oacute;lume<sup><a name="nu11"></a><a href="#num11">11</a></sup>. Fue en ese momento cuando Antu&ntilde;ano propuso realizar la primera procesi&oacute;n rogativa con una r&eacute;plica de la imagen, llevada hasta la plaza mayor, donde alcaldes y regidores le rindieron pleites&iacute;a. A&ntilde;os m&aacute;s tarde, extendida la devoci&oacute;n m&aacute;s all&aacute; de los l&iacute;mites del barrio, la veneraci&oacute;n del Cristo como protector frente a los temblores llev&oacute; al Cabildo a declararlo patrono de la ciudad. Por un&aacute;nime decisi&oacute;n, el 27 de septiembre de 1715 se le hizo "promesa, juramento y voto sobre los Santos Evangelios de cuidar y atender a su mayor culto y veneraci&oacute;n, celebrando todos los a&ntilde;os su fiesta", y se lo eligi&oacute; como "guarda y custodia" de Lima (acm, <I>lc</I> 34, f. 158 v.). Esta declaraci&oacute;n capitular puede ser vista como una clara muestra del prestigio que hab&iacute;a adquirido la imagen. Es hasta este hito, por tanto, que extiendo lo que podr&iacute;a definirse como una primera fase del culto<sup><a name="nu12"></a><a href="#num12">12</a></sup>.</p>      <p>Ahora bien, con estos hechos a la vista, una primera observaci&oacute;n que puede desprenderse es que el culto parece haber tenido dos or&iacute;genes: uno cuando los cofrades se reun&iacute;an a venerar la imagen hacia 1650 y otro cuando en 1670 un vecino reaviv&oacute; la devoci&oacute;n entre los negros del barrio. Me detendr&eacute; a continuaci&oacute;n en cada uno de ellos para analizar sus pormenores.</p>      <p>Respecto al primer origen, este coincidir&iacute;a con la creaci&oacute;n de la imagen, en una &eacute;poca en la cual no era extra&ntilde;o que en las ciudades coloniales se entronizaran cristos resistentes a los sismos (S&aacute;nchez)<sup><a name="nu13"></a><a href="#num13">13</a></sup>. En Lima, a su vez, el mural de Pachcamilla fue asociado tempranamente a otra imagen pintada en un muro, conocida como Cruz de la Redenci&oacute;n. Hallados sus restos en la puerta de la capilla cuando se trazaban sus nuevos l&iacute;mites en 1671, se se&ntilde;al&oacute; que "por extra&ntilde;a coincidencia" hac&iacute;a frente en l&iacute;nea recta al Cristo (cit. en Banchero, <I>Lima</I> 63; V&aacute;squez 16-17). Esta conexi&oacute;n sugiere un posible antecedente de devoci&oacute;n a la cruz en el barrio que, aun con la imagen derruida, pudo haberse transmitido hasta 1650.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Por otra parte, la presencia de un negro en la producci&oacute;n de una imagen de Cristo hacia 1651 se explica por la acci&oacute;n evangelizadora sobre la poblaci&oacute;n lime&ntilde;a afrodescendiente, tarea en que los jesuitas, con sus cruces y cristos, fueron protagonistas<sup><a name="nu14"></a><a href="#num14">14</a></sup>. Aunque el autor de la pintura se mantuvo an&oacute;nimo, las fuentes coinciden en afirmar que fue un negro de la cofrad&iacute;a de Pachacamilla, incluso presentado como un "negro de Guinea" (V&aacute;squez 3)<sup><a name="nu15"></a><a href="#num15">15</a></sup>.</p>      <p>La constituci&oacute;n de una incipiente cofrad&iacute;a<sup><a name="nu16"></a><a href="#num16">16</a></sup> en torno a una imagen de culto estuvo en principio habilitada por las condiciones de vida de los negros en una ciudad portuaria y cosmopolita como Lima<sup><a name="nu17"></a><a href="#num17">17</a></sup>, mediatizada al mismo tiempo por la variedad de tradiciones religiosas que all&iacute; lograban encontrarse: adem&aacute;s de las cristianas (desde entonces), las de ra&iacute;ces africanas e ind&iacute;genas. Partiendo del papel del barrio como espacio de socializaci&oacute;n y circulaci&oacute;n de ideas, debemos atender a la posible influencia de creencias ind&iacute;genas en la conformaci&oacute;n de este culto, dado que nativos de la costa habr&iacute;an residido en ese mismo barrio un siglo antes (S&aacute;nchez). Esto ha sido advertido por distintos estudiosos a partir de la aparente continuidad, en la imagen del Cristo, de los atributos del dios coste&ntilde;o Pachacamac, invocado por los ind&iacute;genas tambi&eacute;n como protector frente a los sismos (Burga; Rostworowski; E. Vargas). Aunque no se encontraron evidencias contundentes que aseguren dicha continuidad, la acci&oacute;n de los jesuitas vuelve a dejarnos pistas sobre esa posible influencia, ya que desde fines del siglo XVI fueron ellos quienes administraron la &uacute;nica doctrina de indios de la ciudad de Lima (el Cercado) y protagonizaron, como mostrar&eacute; a continuaci&oacute;n, la predicaci&oacute;n entre los negros (Orrego; S&aacute;nchez).</p>      <p>Entre estos religiosos se destac&oacute; el lime&ntilde;o Francisco del Castillo, conocido como "el ap&oacute;stol de Lima" y como "obrero de negros y espa&ntilde;oles", dada su especial dedicaci&oacute;n en "el servicio y bien de los morenos" y su labor predicadora (Garc&iacute;a 96), especialmente en plazas y esquinas de la ciudad (lugares de reuni&oacute;n para estos grupos) y en hospitales como el de negros de San Bartolom&eacute;, fundado el mismo a&ntilde;o en que se habr&iacute;a pintado la imagen de Pachacamilla (<a href="#f1">figura 1</a>, numeral 14) (Banchero, <I>Lima</I>; Benito; R. Vargas, <I>Vida</I>). Desde 1648, Castillo se dedic&oacute; a predicar en la plazuela del Baratillo, un mercado popular del barrio de San L&aacute;zaro (vecino al centro lime&ntilde;o), disponiendo un altar con una cruz (<a href="#f1">figura 1</a>, numerales 3 y 4). Cuando en 1650 los jesuitas tomaron posesi&oacute;n de la capilla de Los Desamparados, detr&aacute;s del palacio de gobierno, Castillo estuvo a su cargo y pudo seguir desde all&iacute; su labor entre quienes frecuentaban el mercado y entre la nobleza cercana a la corte virreinal (<a href="#f1">figura 1</a>, numeral 2). Asimismo, en esta iglesia se desarroll&oacute; el culto a una imagen de la virgen y a un cristo crucificado, con el cual el jesuita organiz&oacute; una procesi&oacute;n hacia la catedral tras el terremoto de 1655 (R. Vargas, <I>Vida</I>). Por tanto, la devoci&oacute;n de los negros al Se&ntilde;or de los Milagros surg&iacute;a en un contexto donde el culto a Jesucristo era promovido en la ciudad y particularmente entre su poblaci&oacute;n afrodescendiente.</p>      <p>Pasando al propuesto como segundo origen del culto (1670), vemos que continu&oacute; esta decisiva presencia de jesuitas y negros. A&ntilde;os despu&eacute;s de decaer la devoci&oacute;n tras el terremoto de 1655, el feligr&eacute;s Le&oacute;n la recuper&oacute; organizando reuniones semanales en las que predominaban los negros (hombres y mujeres) (Banchero, <I>La verdadera</I>; Hermandad)<sup><a name="nu18"></a><a href="#num18">18</a></sup>. Podemos suponer, considerando a quienes a&uacute;n trabajaban en las propiedades de Lara hacia 1670, que buena parte de estos devotos eran o bien descendientes o los mismos cofrades de los a&ntilde;os 1650.</p>      <p>Por otro lado, el primer virrey que acept&oacute; venerar al Cristo, conde de Lemos, manten&iacute;a una estrecha relaci&oacute;n con el jesuita Castillo: lo hab&iacute;a elegido como confesor y capell&aacute;n y colabor&oacute; con &eacute;l en la fundaci&oacute;n de la iglesia detr&aacute;s del palacio. La actividad en torno a esta casa jesuita se hab&iacute;a incrementado justamente durante el tiempo transcurrido hasta que resurgi&oacute; el culto en Pachacamilla<sup><a name="nu19"></a><a href="#num19">19</a></sup>. Dado que el renovado templo jesuita se inaugur&oacute; al poco tiempo de celebrarse la primera misa ante el Se&ntilde;or de los Milagros, ambos eventos parecen ligados a la misma acci&oacute;n conjunta del virrey y su confesor. Y si era ese el marco que daba impulso al culto, no resulta extra&ntilde;o que luego de sus fallecimientos (en 1672 el virrey y en 1673 el padre Castillo) fueran mermando la devoci&oacute;n y las limosnas.</p>      <p>Fue tras la acci&oacute;n de Lara, patrono de la ermita, cuando se recuperaron las reuniones semanales de los fieles (Banchero, <I>Lima</I> 67, 81). La intervenci&oacute;n de este espa&ntilde;ol tambi&eacute;n se hab&iacute;a expresado en la ubicaci&oacute;n de una Virgen de la Gracia tra&iacute;da de Panam&aacute;. Como patr&oacute;n de esa advocaci&oacute;n en el convento agustino lime&ntilde;o, tramit&oacute; su traslado y logr&oacute; concretar una ceremonia de colocaci&oacute;n con altas autoridades (Banchero, <I>Lima</I> 75; V&aacute;squez 12-13). Considerando la reciente donaci&oacute;n de sus terrenos, esta entronizaci&oacute;n de un s&iacute;mbolo que lo representaba parec&iacute;a querer reforzar sus prerrogativas sobre la nueva capilla, lo cual tambi&eacute;n es apoyado por el hecho de que no se registraran referencias a esa virgen durante la gesti&oacute;n de su posterior rival, Antu&ntilde;ano.</p>      <p>Tras la llegada de este mayordomo, el culto mostr&oacute; un nuevo impulso institucional (el definitivo, que describir&eacute; posteriormente, ser&iacute;a para la segunda mitad del XVIII). Tambi&eacute;n aqu&iacute;, se observ&oacute; la influencia jesuita en la decisi&oacute;n de Antu&ntilde;ano de acercarse a la capilla y probablemente en la de sacar en procesi&oacute;n una r&eacute;plica del Cristo tras el terremoto de 1687. Esto se advierte, adem&aacute;s, porque en esa misma fecha fat&iacute;dica fue venerada junto al Cristo una virgen de la iglesia jesuita de San Pablo, conocida como Virgen de las L&aacute;grimas o Virgen del Aviso por las manifestaciones que antes del terremoto se hab&iacute;an ido apreciando en su imagen (<a href="#f1">figura 1</a>, numeral 13) (Benito; Ordiozola; P&eacute;rez; R. Vargas, <I>Historia del Santo</I>). Desde ese a&ntilde;o, entonces, se fij&oacute; el d&iacute;a 20 de octubre como fiesta de tabla (en la cual el virrey de turno deb&iacute;a rendir culto) y se conmemor&oacute; la fecha con la devoci&oacute;n a esa virgen jesuita y la procesi&oacute;n del Cristo de Pachacamilla<sup><a name="nu20"></a><a href="#num20">20</a></sup>. As&iacute;, los a&ntilde;os de 1684 a 1687 podr&iacute;an pensarse como un tercer "origen" del culto, simbolizado en esa primera procesi&oacute;n; pero teniendo en cuenta que la devoci&oacute;n de los feligreses continu&oacute;, como muestran los documentos sobre la administraci&oacute;n de la capilla, se mantiene la fecha de 1671 como origen definitivo (AAL, <I>PI </I>25, f. 13 v.).</p>      <p>Tras este surgimiento, entonces, con las mencionadas acciones de los espa&ntilde;oles Lara y Antu&ntilde;ano, comenz&oacute; a adquirir m&aacute;s relevancia el protagonismo de la &eacute;lite hispano-criolla. En el caso del mayordomo, se trataba de un espa&ntilde;ol de renombre con influencia en distintas esferas de la sociedad y en los benefactores del culto<sup><a name="nu21"></a><a href="#num21">21</a></sup>. Movidos por su amistad con &eacute;l y con las madres nazarenas, colaborar&iacute;an el marqu&eacute;s de Casa Concha y el cronista Felipe Colmenares, marqu&eacute;s de Zelada, quien dirigir&iacute;a luego la f&aacute;brica del monasterio. Los miembros del Cabildo, por su parte, mostraron un creciente compromiso con el culto. Comenzando por el propio Lara, regidor en 1683 y 1686, el apoyo al Cristo se habr&iacute;a mantenido cuando alcaldes y regidores le rindieron pleites&iacute;a tras el terremoto de 1687 y se sell&oacute; con la declaraci&oacute;n de 1715. Tambi&eacute;n demostraron devoci&oacute;n e intervinieron distintos virreyes y funcionarios reales: desde el conde de Lemos, pasando por el duque de La Palata, quien ayud&oacute; a Antu&ntilde;ano con la compra de terrenos, hasta el conde de la Monclova, como devoto y patrocinador<sup><a name="nu22"></a><a href="#num22">22</a></sup>. Estos &uacute;ltimos gestos segu&iacute;an adem&aacute;s la orden del propio monarca de asistir a la f&aacute;brica de la capilla (Banchero, <I>Lima</I> 81; R. Vargas, <I>Historia del Santo</I> 35).</p>      <p>Considerando estas acciones de autoridades locales y metropolitanas, puede afirmarse que las se&ntilde;aladas tensiones entre poder real y eclesi&aacute;stico, de un lado, y poder pol&iacute;tico y econ&oacute;mico local, del otro, tuvieron este s&iacute;mbolo religioso como terreno de encuentro y de disputa. Consolidado ya como un nuevo veh&iacute;culo para la evangelizaci&oacute;n, lleg&oacute; a congregar los intereses de diversos sectores, y a partir del segundo surgimiento de su culto se pueden registrar ciertos elementos que permiten caracterizarlo como <I>mestizo </I>(Bernand, "Hibridez"; Costilla, "El culto"). M&aacute;s all&aacute; de la invenci&oacute;n de la devoci&oacute;n con base en intenciones evangelizadoras y del hecho de que la imagen haya sido pintada o no por un esclavo, el mestizaje se aprecia al menos en dos aspectos.</p>      <p>Uno de ellos es la introducci&oacute;n de elementos no cristianos por parte de los cofrades negros. Siendo dif&iacute;cil acceder a trav&eacute;s de fuentes coloniales a las tradiciones africanas incorporadas en el culto, destacamos una referencia temprana a "bailes y otros entretenimientos de sus b&aacute;rbaras costumbres" (V&aacute;squez 4), y la de una obra posterior que menciona "el ritual y danzas que por costumbre dedicaban a Zanajar&iacute; o a Nyamatsan&eacute;" (deidades africanas tradicionales)" para venerar al Cristo (Banchero, <I>La verdadera</I> 20). El segundo aspecto que subrayo es la apropiaci&oacute;n del s&iacute;mbolo por parte de distintos actores sociales: adem&aacute;s de los ya mencionados (negros, jesuitas y miembros de la &eacute;lite hispano-criolla), los ind&iacute;genas y mestizos que participaron en la organizaci&oacute;n del culto y los feligreses que en las primeras procesiones cargaban y acompa&ntilde;aban las andas del Cristo, entre los que predominaban los negros y las esclavas de la &eacute;lite lime&ntilde;a que asist&iacute;an como sahumadoras y cantoras (Banchero, <I>Lima</I>). En este sentido, es notable que el a&ntilde;o 1671 coincidiera con la canonizaci&oacute;n romana de Santa Rosa de Lima, una figura que tambi&eacute;n congregaba a distintos sectores sociales y &eacute;tnicos (Hampe; Mujica). En una etapa en la que fueron frecuentes los procesos para beatificar y canonizar a miembros de la Iglesia lime&ntilde;a<sup><a name="nu23"></a><a href="#num23">23</a></sup>, esta primera santa americana result&oacute; ser la m&aacute;s significativa para la ciudad. De manera que la oficializaci&oacute;n de la imagen del Se&ntilde;or de los Milagros se dio en el momento y el lugar<sup><a name="nu24"></a><a href="#num24">24</a></sup> en los que se consolidaba otra imagen de culto local que condensar&iacute;a intereses diversos.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En este punto, contemplando los dos or&iacute;genes del culto (1651 y 1671), podemos preguntarnos cu&aacute;l de ellos corresponde al origen del s&iacute;mbolo religioso y si este fue o no simult&aacute;neo al origen de la imagen material. Entendidos los s&iacute;mbolos como entidades hist&oacute;ricas polis&eacute;micas fraguadas en un marco cultural y en relaciones sociales concretas, puede afirmarse que la imagen del Cristo de Pachacamilla se constituy&oacute; como s&iacute;mbolo religioso desde el momento en que fue pintada en un mural y se sacraliz&oacute; como objeto de culto de una cofrad&iacute;a de negros (Turner). Luego, en el resurgimiento de ese culto con nuevos actores, el s&iacute;mbolo pas&oacute; a condensar otros significados, sin perder por ello su impronta afroamericana.</p>      <p>Salvando el silencio de las fuentes oficiales m&aacute;s tempranas, la informaci&oacute;n contextual y los posteriores relatos sobre el culto coinciden en se&ntilde;alar esa impronta. Y si las narrativas m&aacute;s difundidas sobre los or&iacute;genes de s&iacute;mbolos cat&oacute;licos suelen subrayar, para reforzar su aceptaci&oacute;n, la humildad de los productores de las im&aacute;genes (materiales como en este caso o por hallazgos milagrosos) y sus dificultades iniciales para consagrarlas ante el Se&ntilde;or de los Milagros, pueden verse ambos motivos en actores diferentes (Christian; Fogelman). Los negros de Lima produjeron el s&iacute;mbolo en 1651 y un espa&ntilde;ol poderoso, Antu&ntilde;ano, sorte&oacute; dificultades para terminar de consolidarlo, asegurando el culto en lo material (el santuario), en lo simb&oacute;lico (la procesi&oacute;n desde 1687 y su patronazgo desde 1715) y en lo institucional (un monasterio). Pasamos entonces a este &uacute;ltimo aspecto: c&oacute;mo las religiosas nazarenas se sumaron definitivamente al culto y complejizaron ese s&iacute;mbolo que seguir&iacute;a expresando su potencialidad para representar distintos actores de la sociedad colonial.</p>      <p><B>II. El Cristo entre las hermanas nazarenas: procesiones y nuevo santuario (1715-1771) </b></p>      <p> La segunda fase de la etapa inicial del culto se advierte cuando logra una mayor institucionalizaci&oacute;n. Ya desde los primeros a&ntilde;os del siglo XVIII, la historia del Cristo comenz&oacute; a entrelazarse con la congregaci&oacute;n de Nazarenas Carmelitas Descalzas de Santa Teresa. Por gestiones de Antu&ntilde;ano, un beaterio de monjas que funcionaba desde 1683 en el barrio lime&ntilde;o de Monserrate qued&oacute; adscrito desde 1702 al templo de Pachacamilla<sup><a name="nu25"></a><a href="#num25">25</a></sup>.</p>      <p>Adem&aacute;s de que la capilla contaba con el apoyo del virrey, fueron las conexiones e influencias de ese mayordomo, partiendo de su amistad con la madre fundadora del beaterio, las que impulsaron la instalaci&oacute;n de las nazarenas<sup><a name="nu26"></a><a href="#num26">26</a></sup>. La donaci&oacute;n, de Antu&ntilde;ano a las beatas, de los solares y propiedades del santuario resignific&oacute; el culto al Cristo de Pachacamilla, que qued&oacute; &iacute;ntimamente asociado a la obra, a la virtud y a los designios de estas religiosas y pudo adquirir as&iacute; mayor conato y prestigio. Muestras de esto son, por ejemplo, la significaci&oacute;n que adquiri&oacute; el uso del h&aacute;bito morado que vest&iacute;an estas religiosas, adoptado luego no solo por Antu&ntilde;ano sino por los dem&aacute;s devotos, y la denominaci&oacute;n con la que pasar&iacute;a a ser conocida la imagen: Se&ntilde;or de los Milagros de Nazarenas<sup><a name="nu27"></a><a href="#num27">27</a></sup>.</p>      <p>Fallecida la madre fundadora en 1709, dej&oacute; como encargado de las gestiones materiales a Antu&ntilde;ano y como directora espiritual a su disc&iacute;pula Josefa de la Providencia. Fueros ellos los que trataron con los cabildantes para que rindieran homenaje al Cristo en 1715 y colaboraran materialmente. Luego de fallecer Antu&ntilde;ano en 1717, la directora del beaterio continu&oacute; los prolongados tr&aacute;mites y consigui&oacute; las aprobaciones reales y papales que permitieron fundar en 1730 el Monasterio de Madres Nazarenas Carmelitas Descalzas de San Joaqu&iacute;n<sup><a name="nu28"></a><a href="#num28">28</a></sup>. Para concretarlo, las beatas contaban, adem&aacute;s, con distintos benefactores que sostuvieron su congregaci&oacute;n (Banchero, <I>Lima</I>). M&aacute;s all&aacute; de qu&eacute; motivaba estos aportes, favorecieron la devoci&oacute;n al Cristo y contribuyeron a afianzar el reconocimiento del Instituto Nazareno y de la imagen que permanec&iacute;a bajo su custodia.</p>      <p>En el a&ntilde;o 1746, otro violento terremoto destruy&oacute; la iglesia del Cristo, por lo que qued&oacute; una tarea de reconstrucci&oacute;n que por veinte a&ntilde;os no pudo iniciarse<sup><a name="nu29"></a><a href="#num29">29</a></sup>. Las penurias sociales y econ&oacute;micas que dej&oacute; el sismo llevaron a que el templo no contara con ayuda material, ni oficial ni de los fieles. Una excepci&oacute;n fue la benefactora Mar&iacute;a Fern&aacute;ndez de C&oacute;rdova, de quien descend&iacute;a el ya presentado marqu&eacute;s Felipe Colmenares, una espa&ntilde;ola que ya hab&iacute;a colaborado en la fundaci&oacute;n del monasterio y se volver&iacute;a luego "patrona" del templo (Banchero, <I>Lima</I> 81; V&aacute;squez 2-3).</p>      <p>A&ntilde;os despu&eacute;s, quien brind&oacute; un apoyo decisivo al culto y su continua colaboraci&oacute;n econ&oacute;mica y pol&iacute;tica fue el virrey Manuel Amat<sup><a name="nu30"></a><a href="#num30">30</a></sup>. Se planteaba en ese momento que era una forma de hacerse cargo de la "estrecha obligaci&oacute;n que ha tenido y tiene esta ciudad, de promover su f&aacute;brica y culto", pero que el Cabildo no hab&iacute;a cumplido seg&uacute;n su promesa de 1715 (V&aacute;squez 14). Con la intervenci&oacute;n del virrey, se organiz&oacute; en 1766 una procesi&oacute;n extraordinaria para solicitar apoyo econ&oacute;mico a los feligreses (Banchero, <I>Lima</I> 199). Luego de permanecer las andas en la iglesia jesuita de Los Desamparados, se recolectaron los fondos necesarios para un nuevo templo y pudo realizarse entonces, el 15 de junio de 1766, el ritual de colocaci&oacute;n de la primera piedra, con presencia del virrey y el arzobispo, devotos y altas autoridades civiles y eclesi&aacute;sticas.</p>      <p>Finalmente, gracias al aporte de Amat, entre otros nuevos benefactores, en el a&ntilde;o 1771 se termin&oacute; de construir la iglesia donde actualmente reside la imagen, conocida ya como iglesia de las Nazarenas<sup><a name="nu31"></a><a href="#num31">31</a></sup>. A tal efecto, se realiz&oacute; un solemne acto de inauguraci&oacute;n entre los d&iacute;as 20 y 21 de enero, con presencia del virrey y sus cuerpos administrativos, el arzobispo, milicias provinciales y altares de las &oacute;rdenes de Santo Domingo, San Agust&iacute;n y La Merced y de la parroquia de San Marcelo (Colmenares; R. Vargas, <I>Historia del Santo</I>). Esta ceremonia de 1771 es el hito que suele aparecer en las fuentes como &uacute;ltimo acontecimiento de "la historia" del Santo Cristo.</p>      <p>Ahora bien, como primera observaci&oacute;n sobre estos hechos, no puede entenderse el accionar del virrey Amat fuera del marco de lo que signific&oacute; para las colonias hispanas la profundizaci&oacute;n de las reformas borb&oacute;nicas, tendientes a fortalecer el poder real y modernizar las instituciones coloniales. Uno de los virreyes m&aacute;s vinculados a la implementaci&oacute;n de estas medidas fue justamente Amat. Fue responsable, por ejemplo, de llevar adelante la expulsi&oacute;n de los jesuitas, lo cual requiri&oacute; mayor cautela en una ciudad donde el aprecio por la orden pod&iacute;a desencadenar un conflicto social (Banchero, <I>Lima</I>). Su propia  relaci&oacute;n con los jesuitas se revela, precisamente, con respecto al ritual sobre el Se&ntilde;or de los Milagros, ya que para la procesi&oacute;n extraordinaria de 1766 la iglesia ignaciana fue el sitio elegido para exponer las andas del Cristo durante dos jornadas<sup><a name="nu32"></a><a href="#num32">32</a></sup>. Evidentemente, existieron v&iacute;nculos entre los jesuitas lime&ntilde;os, quienes hasta su expulsi&oacute;n al a&ntilde;o siguiente se habr&iacute;an mantenido a cargo de esa c&eacute;ntrica iglesia, y los devotos y administradores del culto al Se&ntilde;or de los Milagros, desde los negros del barrio y los custodios del santuario (mayordomos y religiosas) hasta los virreyes. La escasa presencia que las fuentes sobre el culto dieron a estos religiosos ha sido revertida en parte desde la publicaci&oacute;n de la obra del historiador Vargas Ugarte. Este autor, adem&aacute;s, dedic&oacute; un trabajo a la vida y obra de Francisco del Castillo donde subray&oacute; las intenciones de este pasar inadvertido y no ser mencionado en los programas y relaciones (<I>Historia del Santo</I>; <I>Vida</I>). Aunque este bajo perfil del jesuita debi&oacute; haber influido en el registro de sus contempor&aacute;neos, el desfavorable contexto alrededor de la expulsi&oacute;n de la orden (incluyendo posibles recelos por su cercan&iacute;a a la corte virreinal) tambi&eacute;n pudo repercutir en la documentaci&oacute;n de la segunda mitad del XVIII, justamente en los dos textos sobre los cuales me detendr&eacute; luego.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Otra caracter&iacute;stica del culto durante el contexto borb&oacute;nico fue la participaci&oacute;n de arzobispos en los actos especiales junto a altas autoridades civiles, tanto en la ceremonia de la primera piedra en 1766 como en la inauguraci&oacute;n del templo en 1771 (Banchero, <I>Lima</I>; Colmenares; R. Vargas, <I>Historia del Santo</I>). Esto parece expresar tanto una voluntad de afianzar la presencia eclesi&aacute;stica en una &eacute;poca de creciente regalismo y avance del patronato real como la relevancia que fue adquiriendo la procesi&oacute;n del Se&ntilde;or de los Milagros en un contexto donde era clave la exhibici&oacute;n del poder a trav&eacute;s del simbolismo ritual (Guerra; Ortemberg). Asimismo, se destacaron en esos a&ntilde;os acciones favorables de la Santa Sede, con una primera concesi&oacute;n pontificia hacia 1766, cuando se procuraba recaudar fondos para el santuario, y otra durante las cr&iacute;ticas &uacute;ltimas d&eacute;cadas del siglo XVIII, cuando se otorgaron indulgencias y realces para las celebraciones del Cristo. En la primera, tras sucesivas solicitudes de las hermanas nazarenas, se facultaba al monasterio para erigir una cofrad&iacute;a de la imagen; sin embargo, se ha afirmado que la posterior aprobaci&oacute;n arzobispal no fue concedida debido no solo a la resistencia a oficializar nuevas organizaciones piadosas sino especialmente al apoyo de estas religiosas a la causa patriota (Banchero, <I>Lima</I>).</p>      <p>Puede apreciarse, entonces, que a lo largo de toda esta segunda fase del culto, su consolidaci&oacute;n e institucionalizaci&oacute;n, conforme al propio devenir del monasterio, fue el motor que lo impuls&oacute; a sostenerse por encima de los cambios en la devoci&oacute;n. Es poco el lugar que las fuentes les dieron a los fieles del barrio y eran pocas tambi&eacute;n sus limosnas; no obstante, estas fueron el eje de los pedidos de rendici&oacute;n de cuentas y, aunque el apoyo oficial y los aportes de la &eacute;lite local fueron decisivos, los trabajos realizados demandaron considerables gastos para los cuales tambi&eacute;n debi&oacute; haber colaborado la feligres&iacute;a. En este sentido, la participaci&oacute;n de los devotos hacia mediados del XVIII ha quedado registrada en distintas ocasiones. Para la procesi&oacute;n de 1766, por ejemplo, se constituyeron las cuatro primeras cuadrillas de cargadores de la imagen, con "los m&aacute;s unidos de los devotos cotizantes", y con ello se dio origen a lo que tiempo despu&eacute;s se institucionalizar&iacute;a como Hermandad del Se&ntilde;or de los Milagros. Asimismo, se menciona un antecedente para 1760, cuando se agremiaron los devotos de ambos sexos para acompa&ntilde;ar al Se&ntilde;or y quemarle incienso en la procesi&oacute;n del 20 de octubre (Banchero, <I>Lima</I> 199). Podemos deducir que entre ellos se incluir&iacute;an tanto vecinos hispano-criollos como negros, mulatos y castas del barrio (hombres y mujeres), algunos seguramente descendientes de los fieles del XVII.</p>      <p>Por otra parte, he advertido que esa mayor institucionalidad del culto tuvo un correlato en la propia documentaci&oacute;n sobre su historia. Como se anticip&oacute; en la introducci&oacute;n, luego de la redacci&oacute;n del manuscrito de Antu&ntilde;ano en 1689, dejaron tambi&eacute;n sus testimonios las fundadoras del beaterio y los funcionarios reales m&aacute;s vinculados al santuario durante el siglo XVIII: V&aacute;squez de Novoa y Colmenares (AM, <I>r</I>)<sup><a name="nu33"></a><a href="#num33">33</a></sup>.</p>      <p>El primero, abogado de la Real Audiencia y catedr&aacute;tico en la Universidad de San Marcos, se&ntilde;al&oacute; que escrib&iacute;a su <I>Compendio </I>para completar una publicaci&oacute;n previa vinculada al monasterio y contar la "verdadera historia" de la imagen como forma de "propagar su mayor veneraci&oacute;n y culto", y no fue nada casual la fecha en la cual se produjo, 1766<sup><a name="nu34"></a><a href="#num34">34</a></sup>. Para ello, propon&iacute;a sustentarse en una "firme y constante tradici&oacute;n de padre a hijos, y por antiguos manuscritos que se conservan en los archivos del monasterio" (3), a lo que se suman apreciaciones que permiten visualizar las representaciones sobre el culto en esos a&ntilde;os. Una de las m&aacute;s significativas es la referencia a la ermita como "santuario" ya para los primeros a&ntilde;os de su aceptaci&oacute;n oficial: "Creci&oacute; tanto el n&uacute;mero de devotos, que alentaron con su ejemplo al Sr. virrey conde de Lemos y su se&ntilde;ora esposa frecuentando sus visitas a venerar el santuario, que desde lejas tierras ven&iacute;an en romer&iacute;a solo por ver y reverenciar la prodigiosa imagen" (6).</p>      <p>La caracterizaci&oacute;n de la todav&iacute;a incipiente capilla como santuario indica una temprana congregaci&oacute;n de peregrinos en torno al Cristo de Pachacamilla. Considerando que se basaba en la tradici&oacute;n oral local, es posible dar cierto cr&eacute;dito a las afirmaciones de V&aacute;squez de Novoa sin dejar de matizarlas en relaci&oacute;n con los objetivos de su obra, en un contexto donde se necesitaba realzar y reconstruir (material y simb&oacute;licamente) ese lugar sagrado. Pero, dado que esta relaci&oacute;n hist&oacute;rica no fue publicada hasta 1868 (su original se conserv&oacute; en el monasterio), cabe preguntarse por qu&eacute; se mantuvo in&eacute;dita; y tal vez la respuesta sea que solo once a&ntilde;os despu&eacute;s de este compendio se imprimi&oacute; la obra de Colmenares. Escrita y publicada cuando se inaugur&oacute; el nuevo templo (1771), su autor hab&iacute;a dirigido la f&aacute;brica del santuario desde sus inicios, en el mismo a&ntilde;o en que Novoa produjo su compendio (1766). Cabe suponer entonces una preferencia por la pluma del cronista Colmenares, m&aacute;s cercano al santuario y, como se&ntilde;alar&eacute; a continuaci&oacute;n, al propio virrey Amat.</p>      <p>La figura de este funcionario real (contador jubilado de la Casa de la Moneda, honorario del Tribunal de Cuentas y tesorero de cruzada) se destacaba adem&aacute;s por sus t&iacute;tulos de coronel y marqu&eacute;s, este &uacute;ltimo obtenido tras publicarse su trabajo, y por descender de una familia de la nobleza lime&ntilde;a que, como vimos, colabor&oacute; en la obra del templo (Rezabal). Su texto era una relaci&oacute;n dirigida al virrey en la que, tras una introducci&oacute;n sobre la historia de la imagen desde 1651, describ&iacute;a las ceremonias de 1771. Puesto que el autor no refiriere a otros benefactores, con excepci&oacute;n de su pariente Mar&iacute;a C&oacute;rdova, ni a la procesi&oacute;n extraordinaria de 1766, queda a la luz su intenci&oacute;n de destacar los favores de Amat. Se&ntilde;ala solo que "su caridad y arbitrios facilitaron los medios para la f&aacute;brica de un Templo que no tiene igual en esta ciudad" (Colmenares 30). De esta manera, puede comprenderse por qu&eacute; su escrito fue publicado inmediatamente y cumpli&oacute; efectivamente su papel de enaltecer no solo el santuario sino por sobre todo al virrey que en ese periodo hab&iacute;a acompa&ntilde;ado el crecimiento del culto.</p>      <p>En definitiva, ambos cronistas reales contribuyeron a consignar una versi&oacute;n de la historia centrada en la &eacute;lite lime&ntilde;a y con escasas menciones a los negros devotos, solo al pintor de la imagen y a quienes con sus pr&aacute;cticas habr&iacute;an "instado" al Se&ntilde;or a la destrucci&oacute;n del terremoto de 1655 (V&aacute;squez 4). Por tanto, una de las m&aacute;s relevantes implicancias de esta documentaci&oacute;n oficial fue la reducci&oacute;n del lugar de los negros al acto de producci&oacute;n concreta de la imagen, sin que se avanzara en una posterior descripci&oacute;n de su participaci&oacute;n en el desarrollo del culto. Reci&eacute;n desde la &uacute;ltima mitad del siglo XX, paralelamente a una situaci&oacute;n general de mayor reconocimiento de este considerable sector de la poblaci&oacute;n peruana<sup><a name="nu35"></a><a href="#num35">35</a></sup>, se observa en las fuentes sobre el culto una creciente visibilizaci&oacute;n de su accionar<sup><a name="nu36"></a><a href="#num36">36</a></sup>.</p>      <p>Puede afirmarse, as&iacute;, que fue en esta segunda fase cuando el s&iacute;mbolo religioso se consagr&oacute; y oficializ&oacute; definitivamente en un marco institucional que lo conten&iacute;a. Tensionado por cada vez m&aacute;s actores (desde los devotos hermanados y las religiosas del convento hasta el virrey Amat), sigui&oacute; multiplicando sus significados conforme el culto se afianzaba en la sociedad lime&ntilde;a.</p>      <P><font size="3"><B>Conclusiones </b></font></P>      <p> Desde que la imagen fuera pintada a mediados del siglo XVII, el culto al Cristo de Pachacamilla parece haber ido creciendo "desde abajo", movilizado por los fieles de un barrio de negros. En efecto, su oficializaci&oacute;n bajo la &eacute;gida de la Iglesia diocesana y el poder civil en 1671 no foment&oacute; otra cosa que una mengua en las limosnas y la ausencia en las fuentes de claras manifestaciones de veneraci&oacute;n barrial. Fue reci&eacute;n con la presencia de una congregaci&oacute;n religiosa y con su institucionalizaci&oacute;n hacia 1771 cuando el templo devino "santuario", lo que fue auspiciado especialmente por el poder colonial y las &eacute;lites locales.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Las sospechas iniciales en torno al culto, por las usuales percepciones negativas sobre el comportamiento de negros y mulatos, parecieron disiparse ante la comprobaci&oacute;n de los poderes de la imagen, entendidos estos en un sentido amplio. Por encima de la aceptaci&oacute;n de sus manifestaciones como milagros, su eficacia se expresaba en la capacidad evangelizadora de un s&iacute;mbolo que identificaba a la poblaci&oacute;n afrodescendiente. Habiendo quedado sin efecto la orden de eliminar la imagen, el culto fue entonces formalmente encarrilado bajo el amparo de las autoridades coloniales. Incluso el p&aacute;rroco local, bajo cuya jurisdicci&oacute;n estaba el barrio de Pachacamilla y que participaba en las reuniones nocturnas ante la imagen aval&aacute;ndolas con su presencia, fue de alguna manera sustituido en sus funciones de supervisor del culto por un mayordomo directamente designado por el arzobispo y el virrey.</p>      <p>En este punto, queda claro que la elaboraci&oacute;n de una imagen material (una pintura en este caso) no siempre coincide con el proceso de "invenci&oacute;n" de la devoci&oacute;n a aquel a quien la imagen representa. Por el contrario, los significados que se plasman en el acto concreto de realizar una figura pueden tensionarse con aquellos que las autoridades posteriormente movilizan para fomentar su culto (Siracusano). As&iacute;, en la construcci&oacute;n colectiva del culto a este Cristo lime&ntilde;o han podido identificarse tanto los creadores de la imagen, en cuanto s&iacute;mbolo sagrado, como los agentes que la fraguaron en t&eacute;rminos evangelizadores, de patronazgo y de legitimaci&oacute;n pol&iacute;tica. Asimismo, al destacarse el mayordomo Antu&ntilde;ano, y considerando que las dificultades atravesadas pueden afianzar la consagraci&oacute;n no solo de la imagen sino de quien promueve su culto (Christian; Fogelman), puede concluirse que a quien afianzaban la fuentes oficiales era a un devoto espa&ntilde;ol y no al an&oacute;nimo pintor. Esto revela, adem&aacute;s, el alcance sociocultural de la devoci&oacute;n; si no el que tuvo espont&aacute;neamente, al menos el que se le pretendi&oacute; dar resignificando un s&iacute;mbolo de ra&iacute;z negra para incluir a distintos sectores sociales.</p>      <p>La oficializaci&oacute;n de la imagen, en una ciudad donde conviv&iacute;an autoridades reales y locales, implic&oacute; que fuera convertida en ciertos momentos en un elemento de disputa; pero al igual que se observ&oacute; con Santa Rosa, el Cristo lleg&oacute; a congregar ambos poderes, representados por el virrey y el Cabildo. As&iacute;, teniendo en cuenta el campo religioso lime&ntilde;o dentro del contexto colonial, cuyos agentes, inmersos en el "r&eacute;gimen de cristiandad" propio de la &eacute;poca (Di Stefano 85), se superpon&iacute;an a los de otros campos, vemos que este culto expresaba relaciones de fuerza derivadas de esas otras esferas sociales (jur&iacute;dico-pol&iacute;tica, econ&oacute;mica, etc.) (Bourdieu). Por ende, su trayectoria permaneci&oacute; condicionada por la evoluci&oacute;n de esa din&aacute;mica, por momentos dirim&iacute;a y por momentos acentuaba las tensiones sociales.</p>      <p>Atendiendo a otros agentes del campo religioso, m&aacute;s all&aacute; de la intervenci&oacute;n de autoridades, el encarrilamiento del culto qued&oacute; finalmente mediatizado por las religiosas, que permanecieron desde 1700 en la custodia del santuario. Por su parte, fue el mayordomo que gestion&oacute; esa custodia quien moviliz&oacute; la primera procesi&oacute;n con la imagen e impuls&oacute;, ya junto a la priora, el juramento del Cabildo en 1715 y las colaboraciones de benefactores locales para las obras del templo y el monasterio. De esta manera, la mayor actividad concerniente al sostenimiento devocional y econ&oacute;mico y al desarrollo material y simb&oacute;lico del culto fue llevada a cabo por estas dos instituciones cat&oacute;licas: la mayordom&iacute;a del Cristo, en cuanto cargo primario, y el monasterio nazareno<sup><a name="nu37"></a><a href="#num37">37</a></sup>. Ambas continuaron vigentes en los siglos posteriores y habilitaron la reproducci&oacute;n del culto hasta la actualidad (Costilla, "El culto").</p>      <p>Finalmente, en medio de esa trama de autoridades, religiosas y miembros de la &eacute;lite lime&ntilde;a, rastreamos dos sectores de la sociedad local cuyas acciones apenas fueron registradas por las fuentes coloniales. En principio, se demostr&oacute; que es posible reconstruir en varios documentos la participaci&oacute;n de los jesuitas. Cercanos tanto a los virreyes como a la poblaci&oacute;n negra de la ciudad, su influencia fue decisiva, como puede confirmarse a la luz de las evidencias presentadas. Asimismo, tomando cr&oacute;nicas m&aacute;s contempor&aacute;neas y observaciones etnogr&aacute;ficas, no puede discutirse tampoco el protagonismo de la poblaci&oacute;n negra. La Hermandad del Se&ntilde;or de los Milagros, que hoy congrega a miles de devotos, se remonta a la primera cofrad&iacute;a de negros conformada hacia 1650 y a la hermandad a la que fueron dando lugar los fieles que acompa&ntilde;aron la imagen procesional desde 1687: cargadores, sahumadoras y cantoras. Aunque la cofrad&iacute;a solicitada por las religiosas no fue autorizada, las primeras cuadrillas de fieles constituidas para la procesi&oacute;n especial de 1766 dieron paso a nuevas y sucesivas incorporaciones de hermanos adscriptos al santuario (Banchero, <I>Lima</I>; Banchero, <I>La verdadera</I>; Costilla, "El culto"). Es posible entonces afirmar y reconstruir claramente una larga tradici&oacute;n de participaci&oacute;n afrodescendiente en la devoci&oacute;n a esta imagen de Cristo.</p>  <HR>     <p><b>Notas</b></p>      <P><sup><a name="num1"></a><a href="#nu1">1</a></sup> Se trata de tres relaciones: una de 1689, escrita por el cuarto mayordomo del Cristo, Sebasti&aacute;n de Antu&ntilde;ano; otra de 1690, redactada por la madre fundadora del beaterio, luego devenido monasterio; y otra escrita por una disc&iacute;pula de esta fundadora, Josefa de la Providencia, entre fines del XVII y comienzos del XVIII.    <br>  <sup><a name="num2"></a><a href="#nu2">2</a></sup> Si bien es necesario distinguir la cofrad&iacute;a propiamente dicha de estas asociaciones espont&aacute;neas, se mantiene el t&eacute;rmino de manera heur&iacute;stica y en cuanto es utilizado en la bibliograf&iacute;a consultada (Gonz&aacute;lez).    <br>  <sup><a name="num3"></a><a href="#nu3">3</a></sup> Fuentes posteriores sostienen que la Virgen y la Magdalena fueron a&ntilde;adidas luego debido a sus distintas proporciones respecto al Cristo y por no ser mencionadas en manuscritos coloniales (Banchero, <I>Lima</I>; R. Vargas, <I>Historia del Santo</I>). Como posible hip&oacute;tesis, considero que pudieron haber sido pintadas por distintos cofrades y los manuscritos destacaron solo al Cristo.    <br>  <sup><a name="num4"></a><a href="#nu4">4</a></sup> Se se&ntilde;ala que cada viernes a la noche entonaban ante la imagen salmos y lamentaciones con instrumentos musicales, pero las autoridades fueron percibiendo tambi&eacute;n un "culto menos decoroso", un cierto "desorden de las gentes de ambos sexos que ya pasaba, con pretexto de devoci&oacute;n a esc&aacute;ndalo" (Colmenares 7; V&aacute;squez 5). Cabe recordar la percepci&oacute;n negativa que primaba sobre el comportamiento de esta poblaci&oacute;n, cuyas pr&aacute;cticas y creencias sol&iacute;an ser asociadas a supersticiones, brujer&iacute;a e invocaci&oacute;n de esp&iacute;ritus y cuyo adoctrinamiento reca&iacute;a en la Iglesia (Bowser; G&oacute;mez; Tardieu).    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  <sup><a name="num5"></a><a href="#nu5">5</a></sup> "Resoluci&oacute;n del provisor y vicario general para borrar la imagen", Lima, 5 de septiembre de 1671 (cit. en Banchero, <I>Lima </I>54-55; y V&aacute;squez).    <br>  <sup><a name="num6"></a><a href="#nu6">6</a></sup> El relato corresponde a una petici&oacute;n del Cabildo lime&ntilde;o al monarca del 27 de octubre de 1718 (Banchero, <I>Lima </I>56).    <br>  <sup><a name="num7"></a><a href="#nu7">7</a></sup> Firmada la escritura el 17 de diciembre de 1671, Lara hizo entrega a Quevedo, "como a mayordomo de la f&aacute;brica de la capilla del Santo Cristo, no s&oacute;lo &#91;d&#93;el sitio que la misma ocupaba, sino tambi&eacute;n &#91;de&#93; toda la tierra de la huerta que pose&iacute;a en esa zona de Pachacamilla para que pudiese labrar, por su cuenta, los adobes necesarios para la capilla" ("Protocolos de Sebasti&aacute;n de Carbajal", Lima, 1671, cit. en Banchero, <I>Lima </I>63).    <br>  <sup><a name="num8"></a><a href="#nu8">8</a></sup> Aranjuez, 19 de abril de 1681, cit. en Banchero, <I>Lima </I>81; R. Vargas, <I>Historia del Santo </I>35).    <br>  <sup><a name="num9"></a><a href="#nu9">9</a></sup> En efecto, la cuesti&oacute;n de los ingresos dio lugar a un auto arzobispal que en abril de 1682 separ&oacute; de su cargo a Montoya para solicitarle una rendici&oacute;n de cuentas (AAL, <I>pi </I>25, f. 13 v.). Este se&ntilde;al&oacute; que, al asumir, no hab&iacute;a patrimonio de limosnas de los fieles, por lo que hab&iacute;a debido contratar a un indio que las demandara y recurrir a sus ahorros para solventar gastos (Banchero, <I>Lima</I> 82).    <br>  <sup><a name="num10"></a><a href="#nu10">10</a></sup> Los pormenores de esta compra-venta merecer&iacute;an especial atenci&oacute;n, ya que algunas fuentes se&ntilde;alan que "tom&oacute; en fin posesi&oacute;n quieta y pac&iacute;fica de los solares" y otras describen violentos sucesos (Banchero, <I>La verdadera </I>36-41; V&aacute;squez 9).    <br>  <sup><a name="num11"></a><a href="#nu11">11</a></sup> Ra&uacute;l Bachero afirma esto con base en documentos posteriores, ya que Antu&ntilde;ano no lo destacaba en sus memorias (<I>Lima </I>98).    <br>  <sup><a name="num12"></a><a href="#nu12">12</a></sup> No obstante, los quince a&ntilde;os previos a 1715 fueron al mismo tiempo la antesala de la segunda fase del culto, cuando su historia comenz&oacute; a complejizarse con el ingreso de nuevos actores.    <br>  <sup><a name="num13"></a><a href="#nu13">13</a></sup> Un claro ejemplo es el llamado <I>Taytacha</I> Temblores en la ciudad de Cuzco, cuya imagen fue sacada en procesi&oacute;n durante un terremoto en 1650 (Vega). Agradezco a Carmen Bernand por sus observaciones en este punto.    <br>  <sup><a name="num14"></a><a href="#nu14">14</a></sup> Adem&aacute;s, no debe olvidarse la extendida presencia, en las historias sobre cultos cat&oacute;licos americanos, de negros e indios creadores de las im&aacute;genes o protagonistas de las apariciones y hallazgos de las mismas (Bernand, comunicaci&oacute;n personal; Fogelman). M&aacute;s all&aacute; de las intenciones evangelizadoras e integradoras que revelan estas narrativas, tambi&eacute;n remiten a la presencia de tradiciones y sacralidades paganas en la materialidad de im&aacute;genes cristianas, que para negros e indios pod&iacute;an tender "lazos insoslayables con su propia comprensi&oacute;n de la realidad" (Siracusano 32).    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  <sup><a name="num15"></a><a href="#nu15">15</a></sup> Ya en el siglo XX, algunas fuentes lo caracterizan como angole&ntilde;o, al igual que al resto de los cofrades de Pachacamilla, y se&ntilde;alan que estos conviv&iacute;an con mozambiques, congos, etc. (Costa; "Nuestro"). En este sentido, es muy probable que fueran de distintos or&iacute;genes, dada la gran diversidad y estratificaci&oacute;n interna de la poblaci&oacute;n afrodescendiente: por su procedencia (aunque esta no siempre determinaba las adscripciones &eacute;tnicas posteriores), su condici&oacute;n o sus grados de mestizaje (Bernand, "Hibridez"; Cruz).    <br>  <sup><a name="num16"></a><a href="#nu16">16</a></sup> Introducidas y controladas por las autoridades coloniales, estas instituciones cat&oacute;licas tuvieron flexibilidad para adaptarse a diversas necesidades y tradiciones, lo cual les permiti&oacute; alcanzar un especial arraigo entre los sectores subalternos. Aun con las limitaciones que la divisi&oacute;n en cofrad&iacute;as, parroquias y barrios impon&iacute;a a la conformaci&oacute;n de una conciencia colectiva y la concreci&oacute;n de sublevaciones, las hermandades religiosas habilitaron la reproducci&oacute;n de creencias y pr&aacute;cticas tradicionales y de antiguas y nuevas solidaridades (Bernand, "Hibridez"; Cruz; G&oacute;mez; Luca; Tardieu).    <br>  <sup><a name="num17"></a><a href="#nu17">17</a></sup> En un &aacute;mbito urbano pod&iacute;an resquebrajarse los estamentos sociales y lograr los sectores subalternos espacios de control y poder (Bernand, "Hibridez").    <br>  <sup><a name="num18"></a><a href="#nu18">18</a></sup> Estas referencias no aparecen en las fuentes oficiales, pero s&iacute; se describe a "gentes de ambos sexos", algo coherente con la presencia de negras sahumadoras y cantoras en las posteriores procesiones, presencia que contin&uacute;a hasta la actualidad (V&aacute;squez 4).    <br>  <sup><a name="num19"></a><a href="#nu19">19</a></sup> Se instal&oacute; all&iacute; un colegio de ni&ntilde;os, una casa de "mujeres arrepentidas" y una cofrad&iacute;a de nobles (Garc&iacute;a 99, 110, 112). Tambi&eacute;n volvi&oacute; a ser sacado en procesi&oacute;n su cristo durante un terremoto en 1664 (Mugaburu 100; Ordiozola).    <br>  <sup><a name="num20"></a><a href="#nu20">20</a></sup> Tras la expulsi&oacute;n de la orden, la virgen fue llevada a la iglesia del Se&ntilde;or de los Milagros, pero al poco tiempo fue reclamada por los nuevos administradores del que hab&iacute;a sido su templo (R. Vargas, <I>Historia del culto</I>). A pesar de esta conexi&oacute;n entre las im&aacute;genes, en una fuente donde se describen esas jornadas no se hallan menciones al Cristo de los Milagros (Ordiozola).    <br>  <sup><a name="num21"></a><a href="#nu21">21</a></sup> Las fuentes se refieren al "respeto y temor que ten&iacute;a a su nombre, sin haberlo jam&aacute;s visto", la madre fundadora del beaterio (Colmenares 13).    <br>  <sup><a name="num22"></a><a href="#nu22">22</a></sup> El conde de Lemos fue un virrey reconocido por las "gruesas limosnas con que continuamente contribu&iacute;a a la conversi&oacute;n de los infieles" (Garc&iacute;a 122).    <br>  <sup><a name="num23"></a><a href="#nu23">23</a></sup> Como el fraile Francisco Solano, el exarzobispo Torib&iacute;o de Mogrovejo y el mulato dominico Mart&iacute;n de Porres. Incluso el jesuita Francisco del Castillo fue postulado en 1677 para su santificaci&oacute;n, un proceso que fue abandonado durante el siglo XVIII (R. Vargas, <I>Vida</I>).    <br>  <sup><a name="num24"></a><a href="#nu24">24</a></sup> Santa Rosa se conectaba con el Cristo tambi&eacute;n espacialmente, por su cercano templo (<a href="#f1">figura 1</a>, numeral 17).    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  <sup><a name="num25"></a><a href="#nu25">25</a></sup> Sobre la historia previa de este Instituto Nazareno, puede verse el trabajo de Banchero (<I>Lima </I>122-143).    <br>  <sup><a name="num26"></a><a href="#nu26">26</a></sup> Cuando el Consejo de Indias mand&oacute; demoler el beaterio, Antu&ntilde;ano logr&oacute; que suspendiera su orden y que pudiera pasar a estar a cargo del santuario (Banchero, <I>Lima </I>109).    <br>  <sup><a name="num27"></a><a href="#nu27">27</a></sup> El uso del h&aacute;bito puede observarse en una imagen de la procesi&oacute;n a mediados del siglo XIX, del pintor A. Rodr&iacute;guez &Aacute;lamo, publicada en un libro de Banchero (<I>La verdadera </I>81).    <br>  <sup><a name="num28"></a><a href="#nu28">28</a></sup> Un pormenorizado relato sobre las dificultades que debi&oacute; atravesar la directora del beaterio, como de la ceremonia de fundaci&oacute;n, lo encontramos en Banchero (<I>Lima </I>164-184).    <br>  <sup><a name="num29"></a><a href="#nu29">29</a></sup> Las implicancias de este sismo en Lima, particularmente en el desarrollo y la popularidad del culto, son desarrolladas por Suzy S&aacute;nchez.    <br>  <sup><a name="num30"></a><a href="#nu30">30</a></sup> La Municipalidad de Lima lo presenta como "protector de la congregaci&oacute;n nazarena, quien supervis&oacute; personalmente la construcci&oacute;n de la iglesia" (22). Tambi&eacute;n la Hermandad del Se&ntilde;or de los Milagros lo recuerda actualmente en un gran cuadro ubicado dentro de la oficina del mayordomo (Costilla, "Registro").    <br>  <sup><a name="num31"></a><a href="#nu31">31</a></sup> Entre los benefactores, adem&aacute;s de C&oacute;rdova, tambi&eacute;n estaban la Universidad de Lima y un religioso dominico ("Esclavo").    <br>  <sup><a name="num32"></a><a href="#nu32">32</a></sup> Respecto a los v&iacute;nculos entre el virrey y la orden, puede verse el trabajo de Pardo y Dager.    <br>  <sup><a name="num33"></a><a href="#nu33">33</a></sup> Al respecto, v&eacute;anse las relaciones citadas en el p&iacute;e de p&aacute;gina n&uacute;mero 1 de este art&iacute;culo.    <br>  <sup><a name="num34"></a><a href="#nu34">34</a></sup> V&aacute;squez de Novoa indica que "el a&ntilde;o de 1753 se dio a la prensa otra igual relaci&oacute;n" (3). Aunque no he encontrado otras referencias para identificarla, cabe suponer que fue producida por la priora.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  <sup><a name="num35"></a><a href="#nu35">35</a></sup> Hasta fines del siglo XVIII, la poblaci&oacute;n lime&ntilde;a mantuvo un alto porcentaje de esclavos, castas y mestizos: 28.000 sobre un total de 52.000 habitantes (Flores). En los siglos posteriores, a trav&eacute;s de movimientos y organizaciones, alcanzaron paulatinamente una mayor participaci&oacute;n social y pol&iacute;tica (Arroyo). Sobre bibliograf&iacute;a relativa a los afroperuanos, puede consultarse la investigaci&oacute;n de Jos&eacute; Ragas Rojas.    <br>  <sup><a name="num36"></a><a href="#nu36">36</a></sup> Se aprecia, por ejemplo, un mayor inter&eacute;s por identificar al pintor de la imagen como esclavo negro y precursor de la hermandad (Banchero, <I>Lima </I>66 y 236; "Esclavo").    <br>  <sup><a name="num37"></a><a href="#nu37">37</a></sup> De hecho, en el plano del registro hist&oacute;rico, ambas produjeron las primeras relaciones sobre el culto, Antu&ntilde;ano para dejar constancia de una historia verificada y las madres nazarenas enfocadas en su beaterio.</P> <HR>      <P><font size="3"><B>Bibliograf&iacute;a </b></font></P>     <p><b>Fuentes primarias</b></p>      <p><b>A. Archivos</b></p>      <!-- ref --><p>Archivo Arzobispal de Lima, Per&uacute; (AAL). <I>Papeles Importantes </I>(<I>PI</I>) 25.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6260876&pid=S2027-4688201500020000600001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Archivo del Cabildo Metropolitano, Lima, Per&uacute; (ACM). <I>Libro de Cabildos</I> (<I>LC</I>) 34.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6260878&pid=S2027-4688201500020000600002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Archivo del Monasterio, Lima, Per&uacute; (AM).  <I>Relaciones </I>(<I>r</I>) &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6260880&pid=S2027-4688201500020000600003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p><B>B. Impresos </b></p>      <!-- ref --><p>Colmenares, Felipe. <I>El d&iacute;a deseado. Relaci&oacute;n de la solemnidad con que se estren&oacute; la iglesia del Santo Cristo de los Milagros </I>&#91;...&#93;. Lima: Oficina de la Calle San Jacinto, 1771. Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6260882&pid=S2027-4688201500020000600004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Garc&iacute;a y Sanz, Pedro. <I>Vida del venerable y apost&oacute;lico padre Francisco del Castillo de la Compa&ntilde;&iacute;a de Jes&uacute;s</I>. Roma: s. e., 1863. Web. Septiembre de 2013.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6260884&pid=S2027-4688201500020000600005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Ordiozola, Manuel de. <I>Terremotos. Colecci&oacute;n de las relaciones de los m&aacute;s notables que ha sufrido esta capital y que la han arruinado</I>. Lima: Tipograf&iacute;a de Alfaro, 1863. Web. Diciembre de 2013.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6260886&pid=S2027-4688201500020000600006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Rezabal y Ugarte, Joseph de. "Tratado del real derecho de las medias-anatas seculares y del servicio de lanzas a que est&aacute;n obligados los t&iacute;tulos de Castilla". Madrid: Oficina de Cano, 1792. Web. 11 de marzo de 2013.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6260888&pid=S2027-4688201500020000600007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>V&aacute;squez de Novoa, Pedro. <I>Compendio hist&oacute;rico de la prodigiosa imagen del Santo Cristo de los Milagros.</I> 1766. Lima: Concha, 1868. Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6260890&pid=S2027-4688201500020000600008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <p><B>Fuentes secundarias </b></p>      <!-- ref --><p>Armas As&iacute;n, Fernando, comp. <I>La construcci&oacute;n de la Iglesia en los Andes (siglos XVI-XX)</I>. San Miguel: Pontificia Universidad Cat&oacute;lica del Per&uacute;, 1999. Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6260893&pid=S2027-4688201500020000600009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Arroyo Aguilar, Sabino. "Formas de vida e integraci&oacute;n de los afroperuanos de hoy". <I>Investigaciones Sociales </I>16 (2006): 17-50. Web. Junio de 2013.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6260895&pid=S2027-4688201500020000600010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Banchero Castellano, Ra&uacute;l. <I>Lima y el mural de Pachacamilla.</I> Lima: Jur&iacute;dica, 1972. Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6260897&pid=S2027-4688201500020000600011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>---. <I>La verdadera historia del Se&ntilde;or de los Milagros</I>. Lima: Inti-Sol, 1976. Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6260899&pid=S2027-4688201500020000600012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Benito, Jos&eacute; Antonio. "Historia del Se&ntilde;or de los Milagros de las Nazarenas". <I>El rostro de un pueblo. Estudios sobre el Se&ntilde;or de los Milagros</I>. Comp. Francesco Pini. Lima: UCSS, 2005. 133-257. Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6260901&pid=S2027-4688201500020000600013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Bernand, Carmen. Comunicaci&oacute;n personal. Buenos Aires, 9 de febrero de 2010.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6260903&pid=S2027-4688201500020000600014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>---. "Hibridez e identificaci&oacute;n. Antropolog&iacute;a de los mestizajes". <I>Seminario de doctorado, Centro Franco-Argentino de Altos Estudios de la Universidad de Buenos Aires</I>. Buenos Aires, octubre de 2009. Manuscrito.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6260905&pid=S2027-4688201500020000600015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Bourdieu, Pierre. <I>Sociolog&iacute;a y cultura</I>. M&eacute;xico: Concaculta, 1990. Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6260907&pid=S2027-4688201500020000600016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Bowser, Frederick. <I>The African Slave in Colonial Peru</I>. California: Stanford University, 1974. Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6260909&pid=S2027-4688201500020000600017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Burga, Manuel. <I>La historia y los historiadores en el Per&uacute;</I>. Lima: Universidad Nacional Mayor de San Marcos, 2005. Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6260911&pid=S2027-4688201500020000600018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Christian, William. <I>Apariciones en Castilla y Catalu&ntilde;a: siglos XIV-XVI</I>. Madrid: Nerea, 1990. Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6260913&pid=S2027-4688201500020000600019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Clavijo, Jorge. "Sociedad, criollismo y din&aacute;micas intereclesiales a fines del siglo XVII". Armas 251-257.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6260915&pid=S2027-4688201500020000600020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Costa y Villavicencio, L&aacute;zaro. <I>Historia del Se&ntilde;or de los Milagros</I>. Lima: Mercagraph, s.f. &#91;c. 1960&#93;. Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6260917&pid=S2027-4688201500020000600021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Costilla, Julia. "El culto lime&ntilde;o al Se&ntilde;or de los Milagros (siglos XVII-XXI): fundamentos hist&oacute;ricos para repensar una devoci&oacute;n mestiza". <I>Revista Peruana de Historia Eclesi&aacute;stica</I> 13 (2011): 169-204. Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6260919&pid=S2027-4688201500020000600022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>---. "Registro de campo". 2008. Manuscrito.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6260921&pid=S2027-4688201500020000600023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Cruz, Anthony de la. "Cofrad&iacute;as negras en el Per&uacute; Colonial". Tesis de licenciatura. Pontificia Universidad Cat&oacute;lica del Per&uacute;, Lima, 1984. Mecanografiado.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6260923&pid=S2027-4688201500020000600024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Di Stefano, Roberto. "De la cristiandad colonial a la Iglesia nacional. Perspectivas de investigaci&oacute;n en historia religiosa de los siglos XVIII y XIX". <I>Andes</I> 11 (2000): 83-114. Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6260925&pid=S2027-4688201500020000600025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>"Esclavo de nombre Pedro Cruz pint&oacute; la imagen del Se&ntilde;or de Pachacamilla". <I>El Comercio </I>&#91;Lima&#93; 16 de octubre de 1968. Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6260927&pid=S2027-4688201500020000600026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Flores Galindo, Alberto. <I>La ciudad sumergida. Aristocracia y plebe en Lima 1760-1830</I>. Lima: Horizonte, 1991. Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6260929&pid=S2027-4688201500020000600027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Fogelman, Patricia. "Reconsideraciones sobre los or&iacute;genes del culto a la virgen de Luj&aacute;n". <I>Entrepasados</I> 23 (2003): 123-148. Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6260931&pid=S2027-4688201500020000600028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>"Fotograf&iacute;a del Se&ntilde;or de los Milagros". <I>Fotosyfiguras.com</I>. 4 de octubre de 2014. Archivo jpg. Web. Diciembre de 2014.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6260933&pid=S2027-4688201500020000600029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Fr&eacute;zier, Am&eacute;de&eacute;. "Plan de la ville de Lima". 1717. Getty Research Institute Digital Collections. Web. Julio de 2013. Archivo jpg.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6260935&pid=S2027-4688201500020000600030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Geertz, Clifford. <I>Conocimiento local: ensayos sobre la interpretaci&oacute;n de las culturas</I>. Barcelona: Paid&oacute;s, 1994. Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6260937&pid=S2027-4688201500020000600031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>G&oacute;mez Acu&ntilde;a, Luis. "Las cofrad&iacute;as de negros en Lima (siglo XVII)". <I>P&aacute;ginas</I> 129 (1994): 28-39. Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6260939&pid=S2027-4688201500020000600032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Gonz&aacute;lez, Ricardo. Comunicaci&oacute;n personal. Buenos Aires, 22 de agosto de 2008.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6260941&pid=S2027-4688201500020000600033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Guerra Martini&egrave;re, Margarita. "El clero ilustrado en el tr&aacute;nsito de la Colonia a la Rep&uacute;blica". Armas, 301-331.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6260943&pid=S2027-4688201500020000600034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Hampe Mart&iacute;nez, Teodoro. "Santa Rosa de Lima y la identidad criolla en el Per&uacute; colonial: ensayo de interpretaci&oacute;n". <I>Revista de Historia de Am&eacute;rica</I> 121 (1996): 7-26. Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6260945&pid=S2027-4688201500020000600035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Hermandad del Se&ntilde;or de los Milagros de Nazarenas. "Acta supletoria de fundaci&oacute;n dela Hermandad del Se&ntilde;or de los Milagros de Nazarenas". Lima, 14 de septiembre de 2001. Web. Septiembre de 2009. Archivo pdf.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6260947&pid=S2027-4688201500020000600036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Lorandi, Ana Mar&iacute;a. <I>De quimeras, rebeliones y utop&iacute;as. La gesta del inca Pedro Bohorques</I>. Lima: Pontificia Universidad Cat&oacute;lica del Per&uacute;, 1997. Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6260949&pid=S2027-4688201500020000600037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Luca, Candela de. "Las cofrad&iacute;as de indios en el territorio de Charcas (siglo XVIII): balance historiogr&aacute;fico y nuevas propuestas de an&aacute;lisis". Ponencia. II Jornadas Nacionales de Historia Social, La Falda, 13, 14 y 15 de mayo de 2009. Impresi&oacute;n.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6260951&pid=S2027-4688201500020000600038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Mugaburu, Jos&eacute; de y Francisco de Mugaburu. "Diario de Lima, 1640-1694". <I>Colecci&oacute;n de libros y documentos referentes a la historia del Per&uacute;</I>. T. 7<I>. </I>Lima: Sanmart&iacute;, 1917-1918. 3-210. Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6260953&pid=S2027-4688201500020000600039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Mujica Pinilla, Ram&oacute;n. <I>Rosa Limensis. M&iacute;stica, pol&iacute;tica e iconograf&iacute;a en torno a la patrona de Am&eacute;rica</I>. Lima: BCRP; FCE; IFEA, 2001. Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6260955&pid=S2027-4688201500020000600040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Municipalidad de Lima. <I>Nuestro Se&ntilde;or de los Milagros</I>. Lima: Municipalidad, 1997. Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6260957&pid=S2027-4688201500020000600041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Nacuzzi, Lidia. "Leyendo entre l&iacute;neas". <I>Historia y estilos de trabajo de campo en la Argentina</I>. Comps. Sergio Visacovsky y Rosana Guber<I>.</I> Buenos Aires: Antropofagia, 2002. 229-262. Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6260959&pid=S2027-4688201500020000600042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>"Nuestro Amo y Se&ntilde;or de los Milagros". <I>Mundial</I> 75 (1921): s. p. Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6260961&pid=S2027-4688201500020000600043&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Orrego Penagos, Juan Luis. "Los jesuitas en Lima". <I>Rumbo al Bicentenario</I>. Lima, 2 y 3 de noviembre de 2011. Web. Octubre de 2013.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6260963&pid=S2027-4688201500020000600044&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Ortemberg, Pablo. <I>Rituales del poder en Lima (1735-1828). De la monarqu&iacute;a a la rep&uacute;blica</I>. Lima: Pontificia Universidad Cat&oacute;lica del Per&uacute;, 2014. Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6260965&pid=S2027-4688201500020000600045&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Pardo-Figueroa Thays, Carlos y Joseph Dager Alva, eds. <I>El virrey Amat y su tiempo</I>. Lima: Pontificia Universidad Cat&oacute;lica del Per&uacute;, 2004. Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6260967&pid=S2027-4688201500020000600046&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>P&eacute;rez Mallaina, Pablo Emilio. <I>Retrato de una ciudad en crisis. La sociedad lime&ntilde;a ante el movimiento s&iacute;smico de 1746</I>. Lima; Sevilla: Escuela de Estudios Hispanoamericanos; Pontificia Universidad Cat&oacute;lica del Per&uacute;, 2001. Web. Diciembre de 2013.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6260969&pid=S2027-4688201500020000600047&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Ragas Rojas, Jos&eacute;. "Afroperuanos: un acercamiento bibliogr&aacute;fico". <I>Etnicidad y discriminaci&oacute;n racial en la historia de Per&uacute;</I>. T. 2. Lima: Banco Mundial; Pontificia Universidad Cat&oacute;lica del Per&uacute;, 2003. 191-226. Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6260971&pid=S2027-4688201500020000600048&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Rostworowski, Mar&iacute;a. <I>Pachacamac y el Se&ntilde;or de los Milagros. Una trayectoria milenaria</I>. Lima: Instituto de Estudios Peruanos, 1992. Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6260973&pid=S2027-4688201500020000600049&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>S&aacute;nchez Rodr&iacute;guez, Suzy. "Un Cristo moreno 'conquista' Lima: los arquitectos de la fama p&uacute;blica del Se&ntilde;or de los Milagros (1651-1771)". <I>Etnicidad y discriminaci&oacute;n racial en la historia del Per&uacute;</I>. Comp. Ana Cecilia Carrillo. Lima: Banco Mundial; Pontificia Universidad Cat&oacute;lica del Per&uacute;, 2002. 65-93. Libro digital. Archivo pdf.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6260975&pid=S2027-4688201500020000600050&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Siracusano, Gabriela. <I>El poder de los colores</I>.<I> De lo material a lo simb&oacute;lico en las pr&aacute;cticas culturales andinas. Siglos XVI-XVIII</I>. Buenos Aires: Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 2005. Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6260977&pid=S2027-4688201500020000600051&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Tardieu, Jean Pierre. <I>Los negros y la iglesia en el Per&uacute; (siglos XVI y XVII). </I>T. 1. Quito: Afroam&eacute;rica, 1997. Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6260979&pid=S2027-4688201500020000600052&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Turner, V&iacute;ctor. <I>La selva de los s&iacute;mbolos</I>. Madrid: Siglo XXI, 1980. Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6260981&pid=S2027-4688201500020000600053&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Vargas Puch, Eduardo. "El culto al Se&ntilde;or de los Milagros. Producci&oacute;n y reproducci&oacute;n ideol&oacute;gica y pol&iacute;tica". <I>Cuadernos de Sociolog&iacute;a</I> 1 (1990): 38-75. Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6260983&pid=S2027-4688201500020000600054&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Vargas Ugarte, Rub&eacute;n. <I>Historia del culto de Mar&iacute;a en Iberoam&eacute;rica y de sus im&aacute;genes y santuarios m&aacute;s celebrados. </I>Lima: La Providencia, 1931. Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6260985&pid=S2027-4688201500020000600055&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>---. <I>Historia del Santo Cristo de los Milagros</I>. Lima: Sanmart&iacute;, 1966. Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6260987&pid=S2027-4688201500020000600056&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>---. <I>Vida del venerable padre Francisco del Castillo, de la Compa&ntilde;&iacute;a de Jes&uacute;s</I>. Lima: Lulli, 1946. Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6260989&pid=S2027-4688201500020000600057&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Vega-Centeno, Imelda. "Sollozos del alma. Confidencias con el <I>Taytacha</I> Temblores". <I>Revista andina</I> 42 (2006): 9-56. Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6260991&pid=S2027-4688201500020000600058&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>  </font>      ]]></body><back>
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