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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="2">      <p align="center"><font size="4"><b>Cr&oacute;nica, ret&oacute;rica y discurso en el Nuevo Mundo</b></font></p>      <p><B>MANUEL P&Eacute;REZ Y ALBERTO ORTIZ, COORDS.</b>    <br> M&eacute;xico: Universidad Aut&oacute;noma de Zacatecas 2014 - ISBN: 978-607-8062-43-0 - 228 pp.</p>      <p align="right"><b>ROGELIO JIM&Eacute;NEZ MARCE</b>    <br> Benem&eacute;rita Universidad Aut&oacute;noma de Puebla, M&eacute;xico.</p>  <hr>      <p>Hace varios a&ntilde;os, quince para ser exactos, tuve la oportunidad de conocer a una acad&eacute;mica excepcional: Helena Berist&aacute;in (q. e. p. d.), del Instituto de Investigaciones Filol&oacute;gicas de la UNAM. Ella organiz&oacute; una serie de diplomados cuya tem&aacute;tica central era el estudio de la ret&oacute;rica, pues, seg&uacute;n aduc&iacute;a, esta hab&iacute;a sido desde&ntilde;ada como consecuencia de la incursi&oacute;n racionalista en el conocimiento, motivo por el que se la consideraba una forma de enga&ntilde;o m&aacute;s que una manera de construir discursos. La aparici&oacute;n de un libro como <I>Cr&oacute;nica, ret&oacute;rica y discurso en el Nuevo Mundo</I>, coordinado por Manuel P&eacute;rez y Alberto Ortiz, seguro le habr&iacute;a provocado una sonrisa de satisfacci&oacute;n, pues los autores de los trabajos parten del supuesto de que la ret&oacute;rica es un m&eacute;todo "posible, pertinente y deseable" para el estudio de los discursos virreinales novohispanos, los cuales utilizaron diversas estrategias ret&oacute;ricas para contar, representar y comunicar el Nuevo Mundo. Es pertinente mencionar que en este libro se integran once trabajos que se presentaron en dos foros acad&eacute;micos: el XVIII Congreso Internacional de Antropolog&iacute;a Iberoamericana y el 54 Congreso Internacional de Americanistas. </p>      <p>El primer apartado re&uacute;ne cuatro trabajos que analizan diversas cr&oacute;nicas. Karl Kohut menciona que la imagen del Nuevo Mundo, difundido a trav&eacute;s de los escritos de Crist&oacute;bal Col&oacute;n y de Am&eacute;rico Vespucio, se modific&oacute; tras la aparici&oacute;n de las cr&oacute;nicas de la Conquista redactadas por Hern&aacute;n Cort&eacute;s y Pedro M&aacute;rtir de Angler&iacute;a. As&iacute;, los salvajes antrop&oacute;fagos que viv&iacute;an en una edad dorada se convirtieron en miembros de una alta civilizaci&oacute;n. El autor realiza un ejercicio comparativo de los escritos de Cort&eacute;s y M&aacute;rtir para demostrar que existen diferencias: el discurso de Pedro M&aacute;rtir resulta ambiguo, pues mostraba empat&iacute;a por el sufrimiento de los ind&iacute;genas, pero les negaba la libertad. Tambi&eacute;n reconoc&iacute;a los "cr&iacute;menes" de los espa&ntilde;oles que imped&iacute;an a los nativos salir del salvajismo. En contraste, Cort&eacute;s enaltec&iacute;a a los ind&iacute;genas por dos razones: era un hombre culto con la capacidad para admirar los logros de los mexicas y, al hablar de la conquista de una alta civilizaci&oacute;n, pod&iacute;a engrandecer su empresa. </p>      <p>Joaqu&iacute;n Zuleta analiza los textos de Pedro Sarmiento de Gamboa y Diego Flores de Vald&eacute;s relativos al fracaso en el poblamiento del estrecho de Magallanes. El primero ten&iacute;a el cargo de gobernador y capit&aacute;n general del estrecho de Magallanes, en tanto que el segundo era el general de la Armada. Para el autor, resulta interesante que los textos, sin propon&eacute;rselo, establecieron un di&aacute;logo en el que se refieren los mismos sucesos: la falta de fortificaci&oacute;n del estrecho, los naufragios, la fuga de pobladores y la p&eacute;rdida de materiales y v&iacute;veres. Pedro acus&oacute; al monarca de haber sido el causante del fracaso, mientras que Diego culp&oacute; a los consejeros y ministros del rey por su equivocada evaluaci&oacute;n de la empresa, adem&aacute;s de que estaba convencido de que se hab&iacute;an prove&iacute;do instrucciones secretas que dividieron a los miembros de la expedici&oacute;n. Con la intenci&oacute;n de congraciarse con el rey, Flores emprendi&oacute; una exploraci&oacute;n del territorio de Brasil, a fin de exponer las riquezas que ten&iacute;a y convencer al monarca que se deb&iacute;a poner atenci&oacute;n en esta regi&oacute;n. </p>      <p>Enrique Delgado examina la <I>Suma de geograf&iacute;a</I> de Mart&iacute;n Fern&aacute;ndez de Enciso, la cual, seg&uacute;n el autor, tiene particular importancia por dos razones: integr&oacute; el conocimiento geogr&aacute;fico de la Tierra y se convirti&oacute; en la primera descripci&oacute;n del Nuevo Mundo. Es de destacar que la obra se concibi&oacute; con un doble prop&oacute;sito: servir de instrumento de ense&ntilde;anza para los pilotos, los navegantes y la autoridad mon&aacute;rquica y ser una primera propuesta de regionalizaci&oacute;n, por lo que se incluy&oacute; un mapa que buscaba acabar con los conflictos derivados del Tratado de Tordesillas. En este sentido, los mapas no solo ten&iacute;an una funci&oacute;n como forma de conocimiento sino que tambi&eacute;n constitu&iacute;an un arma pol&iacute;tica. El autor advierte que el texto es una fuente cartogr&aacute;fica m&aacute;s que un medio para estudiar la geograf&iacute;a humana. Concluye que la formaci&oacute;n cultural de Enciso le permiti&oacute; construir una obra pionera en los quehaceres geogr&aacute;ficos, pese a que no estaba versado en muchas de las materias que trataba. </p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El &uacute;ltimo texto de la primera parte es el de Araceli Campos, quien estudia las cr&oacute;nicas sobre la historia de los ni&ntilde;os tlaxcaltecas muertos por causa de la fe. Estas se produjeron en las primeras etapas de conversi&oacute;n de los ind&iacute;genas  por los franciscanos, quienes no solo buscaron enaltecer su obra evangelizadora, sino tambi&eacute;n demostrar que los ind&iacute;genas pod&iacute;an convertirse en paladines de la nueva fe. En este contexto, el primer texto sobre el martirio de Crist&oacute;bal, escrito por fray Toribio de Benavente, ten&iacute;a una intenci&oacute;n hagiogr&aacute;fica, es decir, enfatizaba sus virtudes cristianas y la forma en que logr&oacute; resistir el martirio, lo cual le abri&oacute; las puertas de la santidad. La historia de Crist&oacute;bal adquiere relevancia por dos razones: son escasos los relatos de ni&ntilde;os que murieron en defensa de su creencia religiosa y la consolidaci&oacute;n del catolicismo como una religi&oacute;n de masas se busc&oacute; a trav&eacute;s del ejemplo de los m&aacute;rtires. </p>      <p>La segunda parte se compone de cuatro textos. Alberto Ortiz analiza el caso de la falsa beata Mar&iacute;a Luc&iacute;a Celis para dilucidar los elementos de ficci&oacute;n en su narraci&oacute;n de los encuentros con el demonio, situaci&oacute;n recurrente en la literatura hagiogr&aacute;fica, en donde el protagonista ten&iacute;a enfrentamientos con este ser sobrenatural. El caso de Mar&iacute;a Luc&iacute;a Celis fue expuesto por Antonio Rodr&iacute;guez Colodrero, quien era su confesor y ten&iacute;a antecedentes de ineptitud en el ejercicio de su ministerio. Aunque Rodr&iacute;guez busc&oacute; resaltar las cualidades asc&eacute;ticas de la beata, lo cierto es que su discurso enfatizaba lo diab&oacute;lico y lo sexual, situaci&oacute;n que evidenciaba que el confesor consent&iacute;a las perversiones sexuales, la ignorancia, la sumisi&oacute;n y la hipocres&iacute;a de sus pupilas. Rodr&iacute;guez intentaba ganar fama a trav&eacute;s del relato del caso de Mar&iacute;a Luc&iacute;a, pero no logr&oacute; su pretensi&oacute;n a causa de su ignorancia y de su mal juicio, motivo por el que ser&iacute;a perseguido por la Inquisici&oacute;n junto con sus hijas espirituales. La historia relatada por el confesor evidenciaba los usos y abusos del mito demonol&oacute;gico, que se constituy&oacute; en un elemento definitorio del imaginario colectivo. </p>      <p>Mar&iacute;a Isabel Ter&aacute;n menciona que en los <I>Sirgueros de la Virgen</I>, obra redactada por Francisco Bramo, se utiliz&oacute; el discurso emblem&aacute;tico como una forma de realizar una apolog&iacute;a del misterio de la inmaculada concepci&oacute;n de Mar&iacute;a, asunto que trat&oacute; en 62 folios de los 161 que compon&iacute;an la obra. El discurso emblem&aacute;tico de la obra mostraba que, para los personajes, los emblemas son "reales" y para el lector son construcciones verbales que el autor concibi&oacute; a fin de construir la trama de su relato. La autora considera que una posible fuente de los emblemas fueron las letan&iacute;as lauretanas y las letan&iacute;as peruanas, aunque es probable que existiera otra obra en la que tambi&eacute;n se bas&oacute;, pues los ejemplos propuestos daban cuenta de que representaba los t&iacute;tulos marianos. </p>      <p>Carmen Fern&aacute;ndez se ocupa de la influencia de la mitolog&iacute;a egipcia en el arte virreinal. Tanto en Puebla como en Zacatecas se construyeron obeliscos que buscaban refrendar la lealtad al gobernante. El que se construy&oacute; en Zacatecas conten&iacute;a un texto que no estaba pensado para que fuera entendido por la poblaci&oacute;n. En este sentido, el obelisco se concibi&oacute; como una imagen tangible del poder, y la presencia de jerogl&iacute;ficos contribuy&oacute; a reafirmar las jerarqu&iacute;as sociales, aunque su lectura estaba limitada a los iniciados y no a las &eacute;lites en general. La inclusi&oacute;n de una "ret&oacute;rica jerogl&iacute;fica", como la define la autora, persegu&iacute;a el objetivo de llegar al pensamiento por medio de las im&aacute;genes, lo cual constitu&iacute;a una renovaci&oacute;n del conocimiento en un clima de cambio espiritual. As&iacute;, su sentido no se inscrib&iacute;a en la l&oacute;gica del desciframiento sino en la de la comprensi&oacute;n de la episteme barroca. La presencia del obelisco y de sus jerogl&iacute;ficos constitu&iacute;a una manera de acercar al pueblo, pero de gobernarlo en la invisibilidad del sentido. </p>      <p>El &uacute;ltimo texto de este apartado es el de Enriqueta Olgu&iacute;n, quien menciona que las "guitarritas", una artesan&iacute;a propia de Ixmiquilpan, tienen ra&iacute;ces orientales como consecuencia de las importaciones de enconchados que se tra&iacute;an en el Gale&oacute;n de Manila. Aunque en un primer momento se imitaron las t&eacute;cnicas, como se constata en la presencia de los decorados, la ausencia de horizonte y la presencia de aves, lo cierto es que con el paso del tiempo se crearon modelos propios. El auge de la pintura enconchada en la Nueva Espa&ntilde;a propici&oacute; no solo que los pintores se encargaran de elaborar estas obras, sino que fueran producidas tambi&eacute;n por los ind&iacute;genas, quienes se encargaban de transportar y comerciar los productos orientales en diversas rutas de intercambio provenientes de Puebla y la ciudad de M&eacute;xico. La autora se&ntilde;ala que en Orizabita, al norte del valle de Mezquital, se han localizado las primeras evidencias de fabricaci&oacute;n de "guitarritas". </p>      <p>La tercera parte est&aacute; integrada por tres trabajos dedicados al an&aacute;lisis ling&uuml;&iacute;stico. Ver&oacute;nica Murillo advierte que el primer problema de la empresa colonizadora fue la comprensi&oacute;n ling&uuml;&iacute;stica. Los frailes no solo tuvieron que descifrar la estructura de las lenguas, sino escoger las palabras m&aacute;s adecuadas para expresar su mensaje evang&eacute;lico, por lo que su labor misional tuvo una doble problem&aacute;tica: epistemol&oacute;gica, porque se buscaba ense&ntilde;ar una visi&oacute;n del mundo diferente, y ret&oacute;rica, porque se los deb&iacute;a convencer de lo que se les ense&ntilde;aba. Ante tal dilema, los frailes utilizaron vocablos propios de la religiosidad prehisp&aacute;nica para expresar asuntos fundamentales de la doctrina cristina, pero ello no gener&oacute; &uacute;nicamente incomprensi&oacute;n sino asimismo dificultad para que los ind&iacute;genas comprendieran la doctrina, pues el uso de palabras y conceptos conocidos no necesariamente anulaban sus referentes. </p>      <p>Un ejercicio similar es realizado por Sergio Bogard, quien reflexiona acerca de la manera en que el espa&ntilde;ol incorpor&oacute; el l&eacute;xico ind&iacute;gena como parte de su sistema de nominaci&oacute;n. As&iacute;, por ejemplo, encontr&oacute; que Crist&oacute;bal Col&oacute;n utiliz&oacute; la comparaci&oacute;n y la semejanza para designar los referentes novedosos. El autor identifica cuatro pasos para incorporar palabras al l&eacute;xico: la extensi&oacute;n de su uso, su descripci&oacute;n por comparaci&oacute;n, su familiaridad y su integraci&oacute;n. Es de destacar que el espa&ntilde;ol que lleg&oacute; a Veracruz ten&iacute;a una fuerte influencia andaluza, que se transform&oacute; a partir de la incorporaci&oacute;n de l&eacute;xico proveniente de las lenguas antillanas y el n&aacute;huatl. </p>      <p>Finalmente, Soledad Ch&aacute;vez menciona que la <I>Cr&oacute;nica y relaci&oacute;n copiosa y verdadera de los reinos de Chile</I>, escrita por Jer&oacute;nimo de Vivar en 1558, no solo ten&iacute;a el objetivo de ensalzar las haza&ntilde;as de Pedro de Valdivia en la conquista de Chile, sino que buscaba hacer una descripci&oacute;n del mundo ind&iacute;gena, aunque en este caso fue una experiencia "fallida" porque Vivar carec&iacute;a de los conocimientos necesarios. La cr&oacute;nica tambi&eacute;n permite rastrear las bases de lo que se entiende por espa&ntilde;ol en Chile, de tal manera que este texto, junto con el de Pedro de Valdivia, se puede considerar uno de los fundacionales de la textualidad chilena. Entre estos tres asuntos, la autora centra su atenci&oacute;n en la forma en que se construy&oacute; la verosimilitud del texto, pues el cronista contaba haza&ntilde;as que no hab&iacute;a presenciado, aunque advert&iacute;a que se las hab&iacute;an relatado personas de "cr&eacute;dito". En este sentido, contar lo verdadero se convirti&oacute; en una estrategia ret&oacute;rica tendiente a evidenciar lo que se pod&iacute;a creer, y a partir de "contar lo verdadero", se pod&iacute;a glorificar a los verdaderos h&eacute;roes de la epopeya. </p>      <p>Los trabajos reunidos en este libro evidencian las posibilidades de an&aacute;lisis, a partir de la ret&oacute;rica, de las cr&oacute;nicas e im&aacute;genes virreinales. Aunque este tipo de documentos han sido trabajados de manera extensa, la principal aportaci&oacute;n de algunos de estos estudios es que identifican y analizan las estrategias ret&oacute;ricas que les sirvieron de sustento para construir sus argumentos discursivos. Es de destacar que la publicaci&oacute;n de este libro muestra la importancia de los congresos acad&eacute;micos, que se convierten en espacios privilegiados para compartir experiencias de investigaci&oacute;n original. </p>  </font>      ]]></body>
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