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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="2">      <p align="center"><font size="4"><b>Dreaming of Dry Land. Environmental Transformation in Colonial M&eacute;xico City</b></font></p>      <p>VERA S. CANDIANI    <br> Stanford (California): Stanford University Press    <br> 2014 | ISBN: 9780804788052 | 408 pp.</p>      <p align="center"><b>KATHERINNE GISELLE MORA PACHECHO</b>    <br> Universidad Nacional de Colombia, sede Bogot&aacute;, Colombia</p>  <hr>     <p>Con frecuencia, los historiadores ambientales se enfrentan con el problema de destacar las condiciones biof&iacute;sicas sin caer en la trampa de destinarles cap&iacute;tulos exclusivos desconectados de las din&aacute;micas sociales y que, finalmente, logran el efecto contrario, pues se limitan a servir de marco geogr&aacute;fico o escenario del acontecer humano. El mismo esfuerzo por resaltar los componentes de los ecosistemas que las sociedades apropian, puede convertirlos m&aacute;s en ec&oacute;logos, agr&oacute;nomos o hidr&oacute;logos del pasado, que en estudiosos de la sociedad, y pueden caer en explicaciones propias del determinismo geogr&aacute;fico decimon&oacute;nico. El libro de la historiadora argentina Vera S. Candiani es un ejemplo magistral para quienes se enfrentan a estos retos. Los rasgos geol&oacute;gicos, h&iacute;dricos y edafol&oacute;gicos siguen teniendo relevancia en su obra; no obstante, son transversales, est&aacute;n presentes en la interacci&oacute;n con los grupos humanos, bien sea por los significados que les asignan o por la intervenci&oacute;n material que hacen sobre ellos.</p>      <p>Centrada en los esfuerzos por drenar la regi&oacute;n lacustre de la Altiplanicie Mexicana y espec&iacute;ficamente en las obras que en conjunto se conocen como Real Desag&uuml;e de Huehuetoca, la autora explica las razones de la lucha contra el agua y los efectos que tuvo, qui&eacute;nes fueron los impulsores y ejecutores, y en beneficio de qui&eacute;nes actuaron. Aunque se enfoca en un &aacute;rea espec&iacute;fica, el Desag&uuml;e es comprendido en el marco de la construcci&oacute;n de la Europa moderna, por lo cual se incorporan en el texto similitudes, contrastes y relaciones directas entre el proyecto novohispano y las obras de drenaje que se llevaban a cabo en las actuales Inglaterra, Francia, Holanda e Italia.</p>      <p>Candiani hace una reconstrucci&oacute;n detallada del Desag&uuml;e, para lo cual sigue un criterio cronol&oacute;gico (con cortes relacionados con el cambio de protagonistas, de planes, de t&eacute;cnicas...) desde las condiciones prehisp&aacute;nicas y los antecedentes en el siglo XVI hasta principios del siglo XIX, con un ep&iacute;logo en el que ofrece un breve recorrido por la continuaci&oacute;n de la historia hasta la actualidad. No obstante, su objetivo principal no es el estudio del Desag&uuml;e en s&iacute; mismo. M&aacute;s bien, utiliza el proyecto (o, como bien demuestra, los proyectos) del Desag&uuml;e para argumentar que la colonizaci&oacute;n no debe ser entendida solo como desplazamiento de pueblos o naciones para someter a otros pueblos y sus territorios, sino como alianzas de unas clases sobre otras, sin desconocer que las diferencias de clase suelen coincidir con las diferencias &eacute;tnicas. Lamentablemente, este concepto de clase, que es central para Candiani, no es definido ni discutido con profundidad en el cuerpo del texto, sino que se releg&oacute; a la nota 6 del prefacio (325)<sup><a name="nu1"></a><a href="#num1">1</a></sup>.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La relevancia de la categor&iacute;a de clase sobresale adem&aacute;s en el cuestionamiento que la autora hace del uso que se les da a los conceptos de "aculturaci&oacute;n" y "transculturaci&oacute;n" en los estudios sobre la Conquista y la Colonia. Considera que, en su empleo, se olvida que no se encontraron dos culturas sino muchas y que se concibe la colonizaci&oacute;n como predominio de una cultura y no de una clase. Cuando de las t&eacute;cnicas y las herramientas se trata, tampoco se puede hablar de "hibridaci&oacute;n" o "mestizaje", pues estas no son organismos que puedan mezclar su informaci&oacute;n gen&eacute;tica; m&aacute;s bien, retoma el concepto de elecci&oacute;n tecnol&oacute;gica de Pierre Lemonier para mostrar que en diversos casos se recurri&oacute;, incluso de forma inconsciente, a las posibilidades t&eacute;cnicas que mejor se adaptaban a los fines que se persegu&iacute;an (8). Adicionalmente, aclara que frente a las t&eacute;cnicas ind&iacute;genas no hubo mestizaje sino apropiaci&oacute;n, sin la cual era imposible la colonizaci&oacute;n, y sin tomar sus valores sociales, econ&oacute;micos o ecol&oacute;gicos, raz&oacute;n por la cual tampoco puede hablarse de mestizaje cultural (137, 138).</p>      <p>En su propuesta, la autora cambia el &eacute;nfasis de una colonizaci&oacute;n de espa&ntilde;oles o ingleses a la explicaci&oacute;n de por qu&eacute; y c&oacute;mo las diferentes clases que participaron en el surgimiento del capitalismo colonizaron tierra, agua, biota y las relaciones que exist&iacute;an con estas, y lo que el mismo proceso signific&oacute; para Europa y Am&eacute;rica. No se limita a la historia de la ciencia y la tecnolog&iacute;a, aunque, por supuesto, ofrece detalles sobre los materiales, las herramientas, las t&eacute;cnicas, la influencia de las ideas del Renacimiento y de la Ilustraci&oacute;n, los cambios en los campos de la f&iacute;sica y las matem&aacute;ticas (y las resistencias a estos), los desaf&iacute;os de dise&ntilde;o, los planes aceptados y descartados, las experticias de los involucrados, el papel de las academias, entre otros aspectos. No se circunscribe a los l&iacute;mites de la historia social y econ&oacute;mica, aunque incorpora en su an&aacute;lisis la proveniencia y condiciones de la mano de obra, la tenencia de la tierra, las pr&aacute;cticas agropecuarias, los intereses de diferentes sectores econ&oacute;micos, los obst&aacute;culos para la producci&oacute;n desde diferentes perspectivas, la organizaci&oacute;n pol&iacute;tico-administrativa, solo por mencionar algunos t&oacute;picos. M&aacute;s all&aacute; de esto, integra la historia ambiental, preocupada por las interrelaciones entre las sociedades y la naturaleza. La colonizaci&oacute;n, en el sentido que le da la autora, implica la alteraci&oacute;n en esas interacciones. En el ejemplo del Desag&uuml;e, mantener la oferta de mano de obra o definir derechos de propiedad, fueron alterando gradualmente la relaci&oacute;n de complementariedad entre tierras y humedales permanentes y temporales, sus usos y los significados, y las respuestas frente a los ciclos de lluvias e inundaciones.</p>      <p>Candiani demuestra que hubo alteraci&oacute;n de las relaciones prehisp&aacute;nicas con los humedales porque para los pobladores espa&ntilde;oles tierra y agua eran entidades distintas en su sistema productivo (30). Valdr&iacute;a la pena adelantar otras investigaciones en Latinoam&eacute;rica sobre casos en los cuales esta visi&oacute;n ib&eacute;rica no parece tan clara, entre ellos el de la sabana de Bogot&aacute; en los Andes colombianos, donde se llevaron a cabo actividades productivas no prehisp&aacute;nicas como la ganader&iacute;a, en convivencia con los humedales. En todo caso, en el ejemplo novohispano, el paulatino drenaje condujo a la p&eacute;rdida de ventajas obtenidas de estos ecosistemas como la alta productividad de biomasa que sirve de alimento, materia prima o medicina, o el aporte de sedimentos que fertilizan los suelos (15). Estos cambios, sin duda tuvieron un impacto significativo en las poblaciones ind&iacute;genas. Al respecto, la autora tambi&eacute;n resalta el papel del repartimiento en proveer mano de obra para el Desag&uuml;e al menor costo inmediato posible para la &eacute;lite urbana, pero que a larga incrementaba las dificultades por la rotaci&oacute;n constante de personal y la necesidad de nuevo entrenamiento. Con el fin de ahorrar, la labor ind&iacute;gena no era complementada por trabajo animal, m&aacute;s costoso de mantener por necesidad de pastos y tierras, ni por innovaciones tecnol&oacute;gicas disponibles (88, 89, 107). El trabajo en el Desag&uuml;e alter&oacute; la vida en los pueblos de indios porque sus miembros no regresaban, sus lazos cambiaban, sus formas de sustento anteriores ya no eran posibles o favorec&iacute;a la propagaci&oacute;n de enfermedades cuando se presentaban epidemias (275-278, 291, 294).</p>      <p>Sin embargo, la autora no presenta a los ind&iacute;genas como v&iacute;ctimas pasivas de un proyecto ajeno. Por el contrario, destaca su papel en la transformaci&oacute;n de la regi&oacute;n que ocupaban desde tiempos prehisp&aacute;nicos y bajo el dominio espa&ntilde;ol, as&iacute; como sus formas de resistencia jur&iacute;dica y de hecho. Tampoco fueron los &uacute;nicos perjudicados, argumento que respalda su propuesta de una colonizaci&oacute;n de clases. Por ejemplo, muestra que antes de la Conquista la complementariedad de agua y tierra permit&iacute;a obtener entre un 20 y 35% de todos los alimentos de la poblaci&oacute;n (19), pese a lo cual los habitantes de la regi&oacute;n no se limitaron a extraer lo que la naturaleza les quisiera brindar, sino que construyeron plataformas base para la ciudad de Tenochtitl&aacute;n, chinampas para la ocupaci&oacute;n agr&iacute;cola de los lagos y diques que desviaban r&iacute;os para irrigar o prevenir inundaciones. Una vez los espa&ntilde;oles se instalaron en su territorio, en las primeras d&eacute;cadas se sirvieron de esa infraestructura y consultaban a las autoridades ind&iacute;genas; las propuestas netamente hisp&aacute;nicas solo surgieron hasta finales del siglo XVI, momento en el cual hab&iacute;an alcanzado cierto conocimiento del espacio y demandaban la definici&oacute;n de nuevas formas de tenencia de la tierra y usos del suelo (cap&iacute;tulo 1). Durante las tres primeras d&eacute;cadas del Desag&uuml;e, cuyas obras inician con la excavaci&oacute;n de un t&uacute;nel despu&eacute;s de la inundaci&oacute;n de 1607, no son solo los ind&iacute;genas los que ven alterado su acceso a los suelos y al agua; la agricultura de los blancos tambi&eacute;n se vio afectada por la p&eacute;rdida de mano de obra asignada al proyecto y las inundaciones que da&ntilde;aron sus cosechas y mejoras, pero que proteg&iacute;an a la ciudad (cap&iacute;tulo 2). Cuando a partir de la inundaci&oacute;n de 1629 se opt&oacute; por un desag&uuml;e abierto, tanto hacendados y rancheros, como pueblos de indios completos y sus principales, buscaron incrementar su producci&oacute;n agr&iacute;cola, por ejemplo, construyendo barreras y zanjas en la estaci&oacute;n seca, que iban en contra de las prioridades urbanas y, por tanto, eran prohibidas (296).</p>      <p>Como aporte espec&iacute;fico a los estudios del drenaje de la Altiplanicie Mexicana, Candiani invita a los historiadores a abandonar la perspectiva de la &eacute;lite urbana y su narrativa, difundida adem&aacute;s por Alexander von Humboldt, que presenta las inundaciones como problema universal y al Desag&uuml;e como soluci&oacute;n para todos. Perpetuar esta visi&oacute;n implica desconocer la intervenci&oacute;n prehisp&aacute;nica, la complejidad del sistema h&iacute;drico, los beneficios que las inundaciones reportaban a la productividad agr&iacute;cola, y las soluciones alternativas que no se implementaron y que ten&iacute;an otros costos humanos y monetarios o beneficios de distinta &iacute;ndole y para otros grupos. La autora tambi&eacute;n cuestiona que se atribuyan los fracasos de la obra a las limitaciones f&iacute;sicas o tecnol&oacute;gicas. Demuestra que la &eacute;lite urbana contaba con los recursos, pero no estaba dispuesta a pagar el precio de lo que consideraba su bienestar. Tambi&eacute;n reeval&uacute;a la visi&oacute;n de atraso cient&iacute;fico y tecnol&oacute;gico de Espa&ntilde;a. Las herramientas y mecanismos para disminuir el trabajo humano se empleaban en la miner&iacute;a, pero la elecci&oacute;n no se inclin&oacute; hacia ellos. El supuesto de una Corona patrocinadora de la ciencia solamente a principios del siglo XVII y en la segunda mitad del XVIII, olvida los m&uacute;ltiples patrocinios locales y asume que la producci&oacute;n de conocimiento es sin&oacute;nimo de publicaci&oacute;n de libros, sin tener en cuenta la comunicaci&oacute;n oral, la producci&oacute;n de objetos y la asimilaci&oacute;n, cuestionamiento y adaptaci&oacute;n del saber que circulaba por escrito (303-306).</p>      <p>Aunque la autora no profundiza en el campo de la historia clim&aacute;tica, ni este fue uno de sus objetivos, en el texto se hacen presentes indicaciones de eventos hidrometeorol&oacute;gicos que se relacionan directamente con el Desag&uuml;e. La inundaci&oacute;n de 1580 aviva las discusiones y propuestas de drenaje (34); la variaci&oacute;n mensual del caudal del r&iacute;o Cuautitl&aacute;n obliga a una distribuci&oacute;n por el n&uacute;mero de caballer&iacute;as que deb&iacute;a irrigar (37); las inundaciones de 1604 y 1607 condujeron a la materializaci&oacute;n de la idea del drenaje con la construcci&oacute;n de un t&uacute;nel; la inundaci&oacute;n de 1629 se relacion&oacute; con la destrucci&oacute;n del t&uacute;nel para cavar un drenaje abierto (cap&iacute;tulo 3); las inundaciones de 1747 despertaron el inter&eacute;s por la hidrolog&iacute;a (161); los desv&iacute;os de agua se hac&iacute;an en la estaci&oacute;n seca (104, 289, 296). Sin embargo, la obra no incluye informaci&oacute;n sobre las precipitaciones de la regi&oacute;n de estudio o las din&aacute;micas de variabilidad clim&aacute;tica intranual e interanual. No se hace menci&oacute;n de la relaci&oacute;n con fen&oacute;menos de car&aacute;cter global, como la ocurrencia de El Ni&ntilde;o, y respuestas opuestas o similares ante las crisis generadas en otros puntos para los mismos a&ntilde;os. Si bien estos asuntos podr&iacute;an ser materia de otras investigaciones profundas, no deja de ser extra&ntilde;o que un factor tan importante se mantenga tras bambalinas.</p>      <p>Por &uacute;ltimo, vale anotar dos debilidades de forma en la publicaci&oacute;n. La primera es la ausencia de una secci&oacute;n en la cual se compile la bibliograf&iacute;a. Para conocer las fuentes, el lector debe sumergirse en la secci&oacute;n de notas, con una citaci&oacute;n que obliga a buscar p&aacute;gina tras p&aacute;gina el cap&iacute;tulo en el cual se cit&oacute; por primera vez para obtener la referencia completa. La segunda es la presentaci&oacute;n de figuras en escala de grises. Como bien se&ntilde;ala la autora (14), las im&aacute;genes que emplea no son solo ilustraciones sino que est&aacute;n integradas en el an&aacute;lisis y son parte del desarrollo del texto. Aunque la autora ofrece una direcci&oacute;n web para la consulta de las figuras a color, el lector debe contar con una conexi&oacute;n a internet para observarlas; adicionalmente, al menos para el momento en el cual se escribe esta rese&ntilde;a (julio de 2015), no todas las figuras est&aacute;n disponibles. Por ejemplo, un perfil elaborado por un ingeniero para una zanja en el lago Texcoco, que est&aacute; acompa&ntilde;ado por una explicaci&oacute;n detallada del uso de los colores para comunicar su plan (figura 6.8, 234, 235), o el mapa del Nuevo Canal de Guadalupe, que contiene una nota sobre el uso del verde oscuro y verde claro para representar las temporadas seca y h&uacute;meda (figura 7.5, 260). En estos casos, la informaci&oacute;n que deber&iacute;a llegar al lector se pierde.</p>      <p>Estas consideraciones no le restan valor al resultado de un arduo trabajo de largo aliento que se refleja en esta obra. Imposible sintetizar en pocas p&aacute;ginas todas las discusiones que propicia y los intereses investigativos que despierta para las diferentes formas de hacer historia. Cada lector, interesado o no en la historia ambiental o en la historia de la ciencia o la tecnolog&iacute;a, desde su perspectiva, descubrir&aacute; que esta es m&aacute;s que la historia de un sue&ntilde;o de tierra seca.</p>      <p><b>A prop&oacute;sito de la rese&ntilde;a de Katherinne Mora</b></p>      <p align="right">VERA S. CANDIANI    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> Princeton University, Nueva Jersey, Estados Unidos</p>      <p>Quiero expresar mi gratitud con Katherinne Mora por su lectura cuidadosa de mi libro, su apreciaci&oacute;n de las ideas que busqu&eacute; transmitir ah&iacute; y sus cr&iacute;ticas acertadas. Igualmente agradezco a los editores de <i>Fronteras de la Historia</i> la oportunidad de responder.</p>      <p>Como se&ntilde;ala Mora, la pregunta fundamental que me preocupa en este libro es qu&eacute;, exactamente, es la colonizaci&oacute;n como fen&oacute;meno central de la temprana modernidad atl&aacute;ntica, ese periodo formativo en el capitalismo de fines del siglo XV a mediados del XVIII. Hallar la respuesta me result&oacute; inesperadamente complicado a pesar de la proliferaci&oacute;n en la literatura hist&oacute;rica angl&oacute;fona y en cierta medida tambi&eacute;n en la castellana del t&eacute;rmino "colonizaci&oacute;n" y de aquellos asociados a &eacute;l -colonialismo, colonia, imperio, imperialismo-. Es m&aacute;s, el empleo repetido de estos t&eacute;rminos de manera que se tornan intercambiables entre s&iacute;, m&aacute;s la acu&ntilde;aci&oacute;n de t&eacute;rminos compuestos -<i>settler-colonialism,</i> descolonizaci&oacute;n, anticolonialismo- enturbi&oacute; el panorama en vez de aclararlo. Prefer&iacute; retroceder del ruido para enfocarme en los humanos de quienes hablan estos t&eacute;rminos y sin sus gentilicios y dem&aacute;s diferenciantes: pensarlos como especie cuyo comportamiento en pos de la supervivencia y de la reproducci&oacute;n de cada esp&eacute;cimen y de su grupo social responda tanto -o incluso quiz&aacute; m&aacute;s- a la larga evoluci&oacute;n de la especie que a su cort&iacute;sima historia, para luego pensar esta historia otramente. Es decir, pensar en la colonizaci&oacute;n como el proceso por el cual una especie avanza sobre un terreno o ecosistema al que era ajena y lo altera. El libro intenta volver a lo m&aacute;s b&aacute;sico -nuestra conducta como especie que como cualquier otra busca su reproducci&oacute;n, cosa que en nuestro caso, como mam&iacute;feros sociales, requiere que operemos como grupos- para simplificar algo que hemos complicado en exceso y vuelto confuso e impreciso. Esta &oacute;ptica permite entender mejor a la colonizaci&oacute;n tanto en la larga historia de nuestra especie -a la manera de Warren Dean en <i>With Broadax and Firebrand: The Destruction of the Brazilian Atlantic Forest,</i> donde los humanos aparecen como especie invasiva que coloniza bosques que carec&iacute;an de ellos- como en la corta historia protagonizada por humanos de la temprana modernidad europea, ya divididos en clases como en mi libro.</p>      <p>Por eso aprecio que Mora encabece la rese&ntilde;a se&ntilde;alando el uso del an&aacute;lisis de clase en el libro, donde busco demostrar su utilidad para la comprensi&oacute;n de aspectos de la realidad hist&oacute;rica para los que escasamente ha sido utilizado. Me refiero en particular a su aplicabilidad para el estudio de las relaciones hist&oacute;ricas humanas dentro de y con el ambiente y de la ciencia y las t&eacute;cnicas, y all&iacute; muy especialmente a la era premoderna. Por consiguiente, es igualmente acertada la cr&iacute;tica a lo escueto de la discusi&oacute;n sobre qu&eacute; son las clases sociales, dado el objetivo de revitalizar el an&aacute;lisis hist&oacute;rico basado en ellas. Especialmente es necesaria una mayor explicaci&oacute;n del tema para quienes estudiaron historia en entornos acad&eacute;micos donde la disciplina se ha enriquecido con el giro cultural pero a expensas de la rica historiograf&iacute;a can&oacute;nica y de un entrenamiento te&oacute;rico en los cuales el materialismo hist&oacute;rico y dial&eacute;ctico se explicaban y aplicaban a la par que aquellos de otras tradiciones, cosa que afecta particularmente a los estudios universitarios en Estados Unidos. Para ellos en particular, antes de demostrar c&oacute;mo funciona el an&aacute;lisis de clase hubiese sido &uacute;til explicar qu&eacute; es una clase social, despu&eacute;s de todo, y finalizar con un resumen donde se aclarase que "an&aacute;lisis de clase" no es lo mismo que "lucha de clases" -por m&aacute;s que para Marx y Engels la lucha de clases fuese el motor de la historia<sup><a name="nu2"></a><a href="#num2">2</a></sup>- y mucho menos se reduce al estudio de la explotaci&oacute;n capitalista de humanos y naturaleza. Despu&eacute;s de todo, si la historiograf&iacute;a de las d&eacute;cadas del 1960 al 1980 fue tan rica se debe en parte a que usaba el m&eacute;todo y sus conceptos para entender mejor &eacute;pocas muy anteriores a la consolidaci&oacute;n del capitalismo como sistema hegem&oacute;nico - pi&eacute;nsese en un Robert Brenner, o en un Enrique Tandeter-. Si persiste confusi&oacute;n entre una cosa y la otra es probable que se deba a deficiencias te&oacute;ricas e historiogr&aacute;ficas en el entrenamiento de j&oacute;venes historiadores y a una tendencia a permitir que nuestros deseos e identificaciones pol&iacute;ticas coloreen el an&aacute;lisis hist&oacute;rico cuando lo que se precisa es exactamente lo contrario, no que al contenido y prop&oacute;sito del an&aacute;lisis lo dicten los anhelos pol&iacute;ticos, sino que el contenido de la pol&iacute;tica se sirva del an&aacute;lisis desnudo de anhelos<sup><a name="nu3"></a><a href="#num3">3</a></sup>.</p>      <p>Aunque el modo en que uso el t&eacute;rmino "clase" y el an&aacute;lisis que se basa en &eacute;l viene de Marx, es dif&iacute;cil encontrar en sus escritos una definici&oacute;n concisa de en qu&eacute; consiste lo uno y lo otro. Uno simplemente ve c&oacute;mo lo hace. De ah&iacute;, en parte, la escasez de una discusi&oacute;n te&oacute;rica sobre el tema en el libro. Pero intentemos, de todas formas: en el fondo, si lo que prima en la definici&oacute;n de lo que es una clase es la relaci&oacute;n que cada grupo social tiene con los "medios de producci&oacute;n", es b&aacute;sicamente porque esta relaci&oacute;n sienta los par&aacute;metros de lo posible y seguro como medio de "reproducci&oacute;n social" para cualquier grupo humano. Es decir, a mi entender, la manera en que un grupo de personas (o clase, en una sociedad que las tiene) obtiene su sustento y se propaga de generaci&oacute;n en generaci&oacute;n se basa en el grado y manera en que sus miembros acceden a los recursos para esto que el medio les ofrece y este acceso y uso moldea las relaciones entre s&iacute;, con y dentro del medio de los integrantes de ese grupo y del grupo como totalidad.</p>      <p>Para quien desee entender c&oacute;mo un grupo social o una clase se reproduce socialmente en y con el ambiente, mirar primero hacia el campesinado es un buen comienzo porque para esta clase estas relaciones con el medio son directas, porque las formas en que actuar&aacute; en pos de su sustento y pervivencia ser&aacute;n m&aacute;s visibles, identificables y tangibles que para otras clases, y porque -en el antiguo r&eacute;gimen en particular- todas las dem&aacute;s clases dependen para su sustento del producto del trabajo de esta clase, de una manera u otra. As&iacute;, por ejemplo, a pesar de las diferencias culturales (en el sentido antropol&oacute;gico englobante de la palabra) que pueda haber entre los campesinos franceses del siglo XVI y sus contrapartes ind&iacute;genas en la cuenca de M&eacute;xico en la misma &eacute;poca, o entre aquellos del siglo XIII y los del XIX, en general esos grupos usufructuaron de acceso a la tierra, el agua y los ecosistemas de los cuales sustentarse, sea como propietarios, como beneficiarios de derechos de uso consuetudinarios, o a trav&eacute;s de relaciones contractuales o una combinaci&oacute;n de modos de tenencia, control y acceso. Bajo un r&eacute;gimen de derechos u otro, lo que los une a trav&eacute;s del tiempo y espacio es la capacidad de usar su trabajo directamente para extraer los alimentos, el refugio, los materiales y dem&aacute;s recursos con las cuales reproducirse dentro de la familia y socialmente: ingieren y expenden energ&iacute;a directamente de y sobre el medio que contiene las calor&iacute;as y nutrientes necesarios para la vida, y, como cualquier otro grupo, tender&aacute;n a proteger la base material y social de pr&aacute;cticas y estrategias de supervivencia que el tiempo les haya validado como exitosas y econ&oacute;micas. No as&iacute; quienes ya no gozan de este acceso, para quienes un salario se vuelve necesario, ni tampoco para quienes o lo poseen o tienen amplios medios para hacerlo si eso prefiriesen pero que no lo precisan, por gozar de rentas u otros modos de procurarse lo necesario. Cada clase y grupo tiene modos peculiares de asegurar la continuidad de su linaje y su grupo, que tienden a tratar de replicar en el tiempo y espacio no por terquedad ideol&oacute;gica sino porque desviarse implica abandonar una organizaci&oacute;n social y un capital cognitivo y cultural probados e invertir en vez esas o m&aacute;s calor&iacute;as y tiempo en estrategias experimentales sin garant&iacute;as de &eacute;xito.</p>      <p>Por lo anterior, resulta que la utilidad del an&aacute;lisis de clase no se reduce al estudio de las relaciones capitalistas, as&iacute; como el concepto de lucha de clases tampoco sirve solamente para explicar la contradicci&oacute;n entre opresores y oprimidos con vistas a la heroica liberaci&oacute;n de estos &uacute;ltimos. Es en todo tiempo y lugar en el cual las clases o grupos sociales entran en relaci&oacute;n los unos con los otros al pretender usar la misma materia, la misma energ&iacute;a y el mismo tiempo para su propio beneficio que se manifiesta m&aacute;s claramente cu&aacute;les son las clases involucradas y cu&aacute;ndo se puede observar las diversas maneras en que estas se relacionan, desde la simbiosis a la alianza y hasta la lucha, irrespectivamente del grado de consciencia que tenga cada grupo o &eacute;poca. En el libro entran en tensi&oacute;n y alianza distintas clases: un campesinado ind&iacute;gena, una aristocracia rentista que abarca hasta la corona misma, mercaderes, propietarios rurales y profesionales y t&eacute;cnicos que dependen de sus salarios, desde letrados a arquitectos y frailes a ingenieros militares. A&uacute;n sin conciencia de ello, cada una de las diversas clases que se conjugaban en la geograf&iacute;a afectada por el Desag&uuml;e defend&iacute;a a trav&eacute;s de sus intervenciones en la obra y el paisaje lo esencial de su modo de reproducci&oacute;n social.</p>      <p>Mora se&ntilde;ala tambi&eacute;n defectos de forma: que el lector est&aacute; obligado a recurrir a un sitio de internet para acceder a las im&aacute;genes a color y la falta de una bibliograf&iacute;a, en particular. Estas inconveniencias son consecuencia de limitaciones de la editorial para reducir el costo del libro y que intent&eacute; subsanar de dos formas: colocando las im&aacute;genes en el sitio web (lo cual por otra parte result&oacute; en el beneficio de que solamente en un formato electr&oacute;nico manipulable pueden verse en los planos y mapas todos los elementos a los que se refiere el texto) y reduciendo la extensi&oacute;n del libro eliminando la extensa bibliograf&iacute;a (la  cual ahora se hallar&aacute; en el sitio web junto con las im&aacute;genes). De ah&iacute; tambi&eacute;n que no se aborden aspectos tales como la incidencia del fen&oacute;meno del Ni&ntilde;o, que si bien son relevantes al libro lo son menos a su prop&oacute;sito e incluso como el tema de las clases, sobre el cual ya hay un nutrido corpus multiling&uuml;e. Es duro tener que sacrificar contenido y facilidad de uso a favor de accesibilidad econ&oacute;mica. Una edici&oacute;n castellana del libro quiz&aacute; permita incluir lo que en la edici&oacute;n inglesa no se pudo.</p>  <hr>     <p><b>Pie de p&aacute;gina</b></p>      <p><sup><a name="num1"></a><a href="#nu1">1</a></sup> La nota puede traducirse as&iacute;: "El t&eacute;rmino 'clase' se refiere en este libro a la relaci&oacute;n de los grupos sociales con el capital, la tierra, el agua y los recursos necesarios para producir bienes, en conjunto (los 'medios de producci&oacute;n'), y las diferencias entre sectores espec&iacute;ficos dentro de las clases. El t&eacute;rmino '&eacute;lite' es utilizado para incluir a las clases propietarias (propietarios urbanos y rurales, comerciantes y empresarios capitalizados) y a las castas burocr&aacute;tica y letrada (que no eran propietarias de los medios de producci&oacute;n y, por consiguiente, no eran clases en s&iacute; mismas)".    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  <sup><a name="num2"></a><a href="#nu2">2</a></sup> En el <i>18 Brumario de Luis Bonaparte, </i>en particular.    <br>  <sup><a name="num3"></a><a href="#nu3">3</a></sup> Ver cr&iacute;tica paralela en Fern&aacute;ndez Prieto.</p>  <hr>      <p><b>BIBLIOGRAF&Iacute;A</b></p>      <!-- ref --><p>Fern&aacute;ndez Prieto, Lourenzo <i>et al.</i> "Conflict in the contemporary rural world. New interpretations of an old problem," <i>Workers of the World. International Journalon Strikes and Social Conflicts</i> 1-5 (2014): 7-15. Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6255924&pid=S2027-4688201600010000800001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>  </font>      ]]></body><back>
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