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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[De lo regional a lo local en el pacifico sur colombiano, 1780-1930]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  <font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">     <P align="right"><b>INVESTIGACI&Oacute;N</b> </P>      <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="center"><b><font size="4">De lo regional a lo local en   el pacifico sur colombiano, 1780-1930<a name="b0"></a><sup><a href="#0">*</a></sup></font></b></p>     <p>&nbsp;</p>     <p>&nbsp;</p>     <p><b>Oscar Almario Garc&iacute;a**</b></p>     <p>** Doctor en Antropolog&iacute;a Social y Cultural de la Universidad de   Sevilla (Espa&ntilde;a), Profesor Asociado adscrito al Departamento de Historia de la Facultad de   Ciencias Humanas y Econ&oacute;micas de la Universidad Nacional de Colombia, Sede Medell&iacute;n y   Director del grupo de investigaciones Etnohistoria y Estudios sobre Am&eacute;ricas Negras, clasificado en la Categor&iacute;a A de Colciencias. E-mail: <a href="mailto:oalmario@unalmed.edu.co">oalmario@unalmed.edu.co</a></p>     <p>&nbsp;</p>     <p>Articulo recibido 10 de octubre de 2008, aceptado el 05 de diciembre de 2008 y publicado   electr&oacute;nicamente el 1 de junio de 2009.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p> <hr size="1" />     <p><b>Resumen</b></p>     <p>   El art&iacute;culo analiza las estrategias, los dispositivos y las instituciones creadas por los   colectivos humanos asentados en la regi&oacute;n Pacifico Sur Colombiano entre 1780   y 1930. El texto ofrece una explicaci&oacute;n sobre el porqu&eacute; de su adaptaci&oacute;n,   transformaci&oacute;n y flujo de intercambios, y c&oacute;mo lograron una din&aacute;mica propia   que en la actualidad ofrece una identidad subregional en el &aacute;mbito nacional. El   autor toma como n&uacute;cleo y perspectiva de an&aacute;lisis lo regional, cuya   contextualizaci&oacute;n inicial se da a partir de la din&aacute;mica hist&oacute;rico-demogr&aacute;ficosocial   de sus habitantes, en su mayor&iacute;a poblaci&oacute;n esclava, seguida de hombres   libres y abor&iacute;genes. Finalmente, analiza en gruesas l&iacute;neas procesales y generales   la relaci&oacute;n regi&oacute;n-econom&iacute;a, regi&oacute;n-Estado, regi&oacute;n-mercado y regi&oacute;n-ciudad   del objeto de estudio a partir del marco cronol&oacute;gico propuesto.</p>     <p>   <b>Palabras Clave:</b> Pacifico Sur Colombiano, di&aacute;spora africana, regi&oacute;n, poblaci&oacute;n </p> <hr size="1" />     <p>&nbsp;</p>     <p>&nbsp;</p>     <p><b><font size="3">Introducci&oacute;n</font></b></p>     <p>   El espacio natural, geoecol&oacute;gico, o mejor a&uacute;n geohist&oacute;rico,   considerado en este estudio, se encuentra a medio camino entre los estudiados   en su momento por el ge&oacute;grafo cultural norteamericano R. C. West (2000) y el   antrop&oacute;logo norteamericano Whitten (1992). West estudi&oacute; un &aacute;rea geogr&aacute;fica y   cultural amplia, continua y homog&eacute;nea, que va desde el Dari&eacute;n en Panam&aacute; hasta   la provincia de Esmeraldas en el Ecuador y que comprende lo que denomina <i>las   tierras bajas del Pac&iacute;fico colombiano</i>, que considera el espacio de la cultura   negra por excelencia. Por su parte, Whitten sit&uacute;a su estudio en un espacio que   llama el <i>litoral lluvioso</i>, localizado entre la provincia de Esmeraldas en el   Ecuador y el r&iacute;o San Juan al norte de Buenaventura en territorio colombiano,   articulando tres ecosistemas diferentes: mar, bosque y manglar, ambiente en el   cual se produjo la adaptaci&oacute;n cultural de los <i>pioneros negros</i>.</p>     <p>En mi caso, denomino el &aacute;rea estudiada como <i>Pac&iacute;fico sur colombiano</i>,   que comprende desde el r&iacute;o San Juan al norte de Buenaventura hasta el r&iacute;o   Mataje en la frontera con el Ecuador, y desde la cordillera Occidental hasta la   l&iacute;nea costera (Ver Anexo 1. Geograf&iacute;a, Hidrograf&iacute;a y Poblaciones del Pac&iacute;fico   Sur Colombiano). Este espacio es parte del territorio nacional de la moderna   Rep&uacute;blica de Colombia y al tiempo constituye <i>el territorio</i> de la <i>naci&oacute;n   cultural negra</i> y de los <i>grupos ind&iacute;genas</i>. Por lo dicho, este texto no aborda la parte norte o Choc&oacute; del Pac&iacute;fico de la actual Colombia ni la provincia de Esmeraldas en el actual Ecuador y se circunscribe a la parte sur del Pac&iacute;fico colombiano, que en la actualidad corresponde a las zonas litorales de los Departamentos del Valle del Cauca, Cauca y Nari&ntilde;o. Apoyados en Camacho y Restrepo (1999), es posible se&ntilde;alar que el espacio es forjador de una identidad <i>sui generis</i> como una regi&oacute;n acu&aacute;tica, caracterizada por tener el mar al frente, los r&iacute;os atr&aacute;s y la lluvia suspendida o precipit&aacute;ndose sobre el territorio selv&aacute;tico.</p>     <p>En un sentido estructural, el funcionamiento de la frontera minera del   Pac&iacute;fico se puede explicar con base en el complejo mina-hacienda. Cuando se   toma al Pac&iacute;fico sur y su econom&iacute;a minera esclavista como un ecosistema se   hace visible que tanto sus <i>dimensiones</i>, como son: a) el tama&ntilde;o de las minas   como unidades productivas (n&uacute;mero de esclavizados, herramientas), b) sus   emplazamientos (cerca de los r&iacute;os y quebradas, la casa y la capilla), c) las   tecnolog&iacute;as productivas utilizadas (el entable y los cortes, la miner&iacute;a de aluvi&oacute;n   en playas o barrancas, las pilas y el canal&oacute;n), d) los circuitos para abastecerse   en el interior (las rozas) y del exterior (conexiones con las haciendas y   ciudades del interior del Nuevo Reino de Granada o con los puertos de la   Audiencia de Quito y el Virreinato del Per&uacute;), e) su capacidad productiva y   rentabilidad, as&iacute; como su <i>cohesi&oacute;n interna</i> (econ&oacute;mica, pol&iacute;tica y simb&oacute;lica),   estuvieron en buena medida condicionados por el clima lluvioso, los r&iacute;os   dispuestos transversalmente desde la cordillera hacia el mar, la selva h&uacute;meda   tropical y su oferta ambiental, adem&aacute;s de la topograf&iacute;a definida por las tierras   bajas e inundables por el mar y las estribaciones de la cordillera Occidental y   por los propios agentes sociales situados en y adaptados a espacios determinados.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>De la misma manera, si se considera el proceso de poblamiento libre y   extensivo de los grupos negros por la llanura aluvial ocurrido durante el siglo   XIX como una din&aacute;mica que construye un nuevo espacio social, es decir, como   un territorio construido y apropiado socialmente (Garc&iacute;a, 1976), se podr&iacute;an   entender mejor las m&uacute;ltiples estrategias sociales de adaptaci&oacute;n a esos entornos,   la interacci&oacute;n de estos grupos con ellos y los flujos entre objetos y acciones   (Santos, 2000), que conducen a la configuraci&oacute;n de un nuevo complejo socioproductivo,   que se puede enunciar como <i>el r&iacute;o y el monte</i>. <i>El r&iacute;o</i> (la <i>varzea</i>),   entendido como un eje civilizatorio que articula asentamientos, unidades   dom&eacute;sticas, comunicaci&oacute;n, acceso a recursos diversos y actividades productivas   m&aacute;s o menos estables y en general un mundo social y simb&oacute;licamente   controlado;<i> el monte</i> (los <i>interfluvios</i>), debe ser comprendido como una frontera   abierta, tanto disponible como amenazante, pero al fin de cuentas menos   controlada social y simb&oacute;licamente que <i>el r&iacute;o</i> (Ver Anexo 2. Esquema   Ideogr&aacute;fico). Sin que se pueda olvidar, por el hecho de reconocer esta tendencia   sociodemogr&aacute;fica como la fundamental, que simult&aacute;neamente tomaban forma   otros espacios sociales tambi&eacute;n habitados aunque en otras condiciones por los   grupos negros y otros sectores subordinados, como las grandes concentraciones   fluvio-marinas o puertos, como Buenaventura, Tumaco, Guap&iacute;, El Charco, entre otros.</p>     <p>Un an&aacute;lisis complejo del espacio social del Pac&iacute;fico colombiano deber&iacute;a   ser capaz de integrar las nociones de <i>frontera econ&oacute;mica</i> (los yacimientos   mineros en estricto sentido y su explotaci&oacute;n, as&iacute; como la de otros recursos   naturales y los ciclos productivos respectivos), <i>frontera cultural y simb&oacute;lica</i> (el avance de lo civilizado sobre lo salvaje, las zonas de refugio, contacto e intercambio, la modificaci&oacute;n de territorios ancestrales), divisi&oacute;n <i>pol&iacute;tico-administrativa</i> (la evoluci&oacute;n de las modalidades de organizaci&oacute;n y control del espacio social), <i>formaci&oacute;n de territorios</i> (construcci&oacute;n social y simb&oacute;lica del espacio por distintos actores colectivos) y <i>ecosistemas</i> (aquellos comprendidos en este medio ambiente de selva h&uacute;meda tropical y su relaci&oacute;n con la distintas modalidades de intervenci&oacute;n humana sobre ellos). Como indica Grimson (Grimson 2003,14), en la medida que la noci&oacute;n de <i>cultura</i> de la antropolog&iacute;a es creadora de <i>fronteras</i> y que una teor&iacute;a de la cultura implica una teor&iacute;a de la frontera, y que ambas se soportan en decisiones como las de delimitar agrupamientos humanos y en sus supuestos o reales espacios de reproducci&oacute;n, es necesario recuperar los contextos en que se producen y tienen sentido las pr&aacute;cticas e instituciones culturales a fin de evitar esencialismos o mecanicismos inconducentes. Porque como sabemos, esos ''contextos'' est&aacute;n definidos por experiencias m&uacute;ltiples de la ocupaci&oacute;n, dominaci&oacute;n, explotaci&oacute;n e imposici&oacute;n de l&oacute;gicas pol&iacute;ticas y culturales de unos grupos sobre otros, que sin embargo no pueden ser interpretadas con dicotom&iacute;as simplistas, en el sentido de que de un lado est&aacute; algo negativo (los dominadores) y del otro lo positivo (los dominados y subalternizados). Mucho menos cuando, en Am&eacute;rica Latina, la relaci&oacute;n entre la colonialidad y la modernidad no se puede seguir entendiendo como dos momentos radicalmente distintos que se suceden en el tiempo, sino como continuidades imaginarias que influyen una sobre la otra.<a name="b1"></a><sup><a href="#1">1</a></sup></p>     <p>Un modelo de an&aacute;lisis espacial y su aplicaci&oacute;n a este estudio de perspectiva regional sugiere tener en cuenta, en un contexto din&aacute;mico de an&aacute;lisis del surgimiento y consolidaci&oacute;n del Estado Nacional y de la etnog&eacute;nesis negra e ind&iacute;gena, el conjunto de variables que intervienen en la configuraci&oacute;n de la regi&oacute;n bajo estudio. De acuerdo con ello nos preguntamos inicialmente por los cambios operados en una regi&oacute;n definida hist&oacute;ricamente por su condici&oacute;n de frontera minera y esclavista durante el dominio colonial y por los t&eacute;rminos de su inclusi&oacute;n dentro del proyecto republicano.</p>     <p>&nbsp;</p>     <p><b><font size="3">Demograf&iacute;a y din&aacute;mica social: de la di&aacute;spora interna   por la llanura aluvial del Pacifico</font></b></p>     <p>En el punto anterior, propusimos, apoy&aacute;ndonos en la antropolog&iacute;a del territorio   y la geograf&iacute;a humana, que el poblamiento en libertad y extensivo por la llanura   aluvial del Pac&iacute;fico ocurrido durante el siglo XIX condujo a la construcci&oacute;n de   un nuevo espacio social. Adelantamos tambi&eacute;n que, como consecuencia de la   construcci&oacute;n y apropiaci&oacute;n social por los grupos negros e ind&iacute;genas de ese   espacio, surgi&oacute; un nuevo complejo socio-productivo que se puede enunciar   como <i>el r&iacute;o</i> y <i>el monte</i> o, en forma m&aacute;s acad&eacute;mica si se quiere, como la varzea   y <i>los</i> <i>interfluvios</i>. Asimismo, advertimos que reconocer esta tendencia   demogr&aacute;fica como la m&aacute;s importante para el per&iacute;odo estudiado, no puede   significar el olvido de otro fen&oacute;meno que fue concomitante e interactuante con   el anterior, el de la formaci&oacute;n de grandes concentraciones de poblaci&oacute;n tipo   puertos fluvio-marinos, como Buenaventura, Tumaco, Guapi y El Charco. Lo   que nos proponemos ahora, es establecer cu&aacute;les fueron las estrategias, los dispositivos y las instituciones creadas por estos colectivos humanos que permitieron la adaptaci&oacute;n exitosa a esos entornos y su transformaci&oacute;n, en un flujo de intercambios entre objetos y acciones humanas.</p>     <p>El crecimiento demogr&aacute;fico y la ocupaci&oacute;n de los espacios ''vac&iacute;os'',   como es conocido por otras experiencias de la historia colombiana, constituyen   un factor clave para la comprensi&oacute;n del siglo XIX y en particular para el Gran   Cauca. Una de las pocas investigaciones que se ocupa de este asunto es la de   Lu&iacute;s Valdivia (1980), que aprovecha dos censos oficiales del siglo XIX (1843 y   1870) para analizar los cambios demogr&aacute;ficos ocurridos y la densificaci&oacute;n de la   poblaci&oacute;n en el suroccidente del pa&iacute;s. Seg&uacute;n el censo oficial de 1843, las   provincias que constitu&iacute;an el suroccidente contaban con una poblaci&oacute;n total de   268.707 habitantes, que representan el 16% de la poblaci&oacute;n colombiana de ese   momento (1.679.269). Para el Censo Oficial de 1870, este mismo conjunto de   provincias que constituyen el Gran Estado del Cauca, con una poblaci&oacute;n de   435.078 habitantes, representan un 15% de la poblaci&oacute;n colombiana   (2.886.908) (Cf. Valdivia 1980,102-110). El per&iacute;odo intercensal considerado   (1843 - 1870) en la investigaci&oacute;n de Valdivia, arroj&oacute; una tasa media de   crecimiento anual para esta secci&oacute;n del pa&iacute;s de 17.4%, que es inferior a la tasa   media de crecimiento nacional anual que fue del 19.5%, es decir, baja seg&uacute;n el autor.</p>     <p>Algunos trabajos de demograf&iacute;a hist&oacute;rica ofrecen un cuadro explicativo   con pretensiones comprehensivas para toda la gran regi&oacute;n del Pac&iacute;fico   colombiano, que los estudios regionales, zonales y locales interpelan, como   veremos. En efecto, un investigador del tema realiz&oacute; una s&iacute;ntesis de la situaci&oacute;n   demogr&aacute;fica de la regi&oacute;n para finales de la colonia: un lento proceso de poblamiento a lo largo de tres siglos, la reducci&oacute;n de la poblaci&oacute;n ind&iacute;gena a cerca de un 10% de su tama&ntilde;o original, el predominio de la poblaci&oacute;n negra (que entre libres y esclavos casi comprend&iacute;a las tres cuartas partes de la poblaci&oacute;n), la escasa poblaci&oacute;n blanca que refleja la baja capacidad de atracci&oacute;n migratoria de la regi&oacute;n (no obstante su extraordinaria importancia econ&oacute;mica), la conformaci&oacute;n de los patrones &eacute;tnicos que en adelante definir&aacute;n su composici&oacute;n. S&iacute;ntesis que, aparte de su extremada generalidad, el autor complementa con una periodizaci&oacute;n no menos problem&aacute;tica del proceso de poblamiento ocurrido en el Pac&iacute;fico desde la colonia hasta la Rep&uacute;blica (Rueda 1993, 464-474).</p>     <p>Por su parte, Aprile-Gniset (1993) ha planteado el modelo explicativo   posiblemente m&aacute;s completo con que contamos sobre el tema del poblamiento   del Pac&iacute;fico colombiano, en la medida que articula varios elementos de an&aacute;lisis   que permiten equilibrar las din&aacute;micas generales con las variaciones y contrastes   regionales, zonales y locales. Este investigador identifica que en el proceso   global de poblamiento de la vertiente del Pac&iacute;fico colombiano se presentaron   dos ciclos hist&oacute;ricos. El primero hunde sus ra&iacute;ces en el pasado profundo   prehisp&aacute;nico (''amerindio'', en el lenguaje del autor) y su declinaci&oacute;n se produce   por la conquista espa&ntilde;ola de esos territorios. El segundo ciclo, calificado como   ''afroamericano'' (por la presencia del negro de procedencia africana pero que   no implica el paradigma afrogen&eacute;tico o africanista), est&aacute; ligado a la penetraci&oacute;n   hisp&aacute;nica por ese territorio, que se inicia en el siglo XVII, se dinamiza en el   XVIII, pero que ''[...] con un marcado cambio de rumbo econ&oacute;mico, adquiere su   m&aacute;xima expresi&oacute;n demogr&aacute;fica y territorial desde fines del Siglo XIX'' (Aprile-   Gniset 1993, 12). Como explicaci&oacute;n estructural de esta periodizaci&oacute;n del poblamiento del Pac&iacute;fico, Aprile-Gniset ofrece la hip&oacute;tesis de que en &eacute;l habr&iacute;an interactuado: los procesos de poblamiento ocurridos, el surgimiento y consolidaci&oacute;n de los h&aacute;bitats humanos y la relaci&oacute;n de estos fen&oacute;menos con los ciclos econ&oacute;micos. Con este enfoque, el autor pudo establecer que existieron dos etapas dentro del llamado ciclo afroamericano. Una ''parcial'', de extensi&oacute;n reducida a los enclaves mineros accesibles, o potencialmente pr&oacute;speros y otra de ''colonizaci&oacute;n agraria'', extensiva, pac&iacute;fica, de base agraria y miner&iacute;a independiente, cuyas caracter&iacute;sticas y problemas llegan hasta la actualidad a trav&eacute;s de las comunidades negras que habitan esos territorios. Aunque su modelo tiene pretensiones globales, como qued&oacute; dicho, el autor reconoce ciertos matices entre el poblamiento del Choc&oacute; y el del Pac&iacute;fico sur. Por ejemplo, al sintetizar la situaci&oacute;n a finales del siglo XVIII, establece diferencias entre el poblamiento ''intensivo'' y territorialmente sumamente concentrado que se presenta en el Choc&oacute; y aquel que ocurr&iacute;a al sur de Buenaventura y hasta el r&iacute;o Mataje, ''muy parecido pero m&aacute;s difuso'' (Aprile-Gniset 1993, 47). Su sugerencia metodol&oacute;gica, de que en el an&aacute;lisis se consideren las interacciones entre el crecimiento demogr&aacute;fico, la ampliaci&oacute;n territorial de los h&aacute;bitats y los cambios tecnol&oacute;gicos y productivos (como el paso de la miner&iacute;a a la agricultura), posibilita que la reconstrucci&oacute;n de las particularidades locales (que el autor no desconoce que haya que llevar a cabo) se realicen dentro de un contexto comprehensivo y en los marcos de un modelo de an&aacute;lisis que resulta &uacute;til y flexible a la investigaci&oacute;n. M&aacute;s discutibles son otras posiciones del autor, ya sea por los problemas conceptuales en juego o por las contra-evidencias que se pueden plantear, como las categor&iacute;as generales con las cuales Aprile-Gniset pretende definir este proceso como de ''colonizaci&oacute;n agraria'' y a sus actores mayoritariamente negros como ''campesinos''.<a name="b2"></a><sup><a href="#2">2</a></sup></p>     <p>La documentaci&oacute;n y an&aacute;lisis de la din&aacute;mica demogr&aacute;fica del Pac&iacute;fico   sur durante el per&iacute;odo estudiado constituyen un aspecto fundamental para   nuestra la l&iacute;nea de reflexi&oacute;n, en la medida que permiten desarrollar y precisar   algunas caracter&iacute;sticas particulares de lo ocurrido. En t&eacute;rminos de una narraci&oacute;n   hist&oacute;rica, dicha din&aacute;mica podr&iacute;a ser escenificada para el caso de los grupos   negros, como el largo viaje que los conduce desde la tr&aacute;gica y forzada di&aacute;spora   africana hasta la &eacute;pica, silenciosa y libertaria conquista extensiva del territorio   de la llanura aluvial del Pac&iacute;fico Sur Colombiano. Desde lo ind&iacute;gena esta   historia es diferente y todav&iacute;a m&aacute;s esquiva, pero las evidencias nos muestran   tambi&eacute;n una inobjetable y sistem&aacute;tica capacidad de sobrevivir, reproducirse y   reconstituirse. Como siempre, el registro de estas din&aacute;micas es fragmentario y   distorsionado, no obstante, el seguimiento atento de las evidencias disponibles y   su interpelaci&oacute;n, nos ponen tras las huellas de sus caracter&iacute;sticas concretas, sin   las cuales es dif&iacute;cil, por no decir imposible, comprender la presencia de negros e ind&iacute;genas y sus relaciones.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En esa perspectiva y con varios fines, se han utilizado los datos de   censos y padrones coloniales (1779, 1780, 1797), censos oficiales de poblaci&oacute;n   del siglo XIX (1843 y 1870) y padrones de varios r&iacute;os del Pac&iacute;fico sur de 1870.   Por una parte, esa informaci&oacute;n nos ayud&oacute; a establecer las principales tendencias demogr&aacute;ficas tanto de finales del per&iacute;odo colonial como las del siglo XIX y seguidamente a compararlas para encontrar continuidades y cambios. Por otra parte, nos fue &uacute;til para mirar en la microescala de los r&iacute;os, la manera como se manifestaban y concretaban estas tendencias. Simult&aacute;neamente, realizamos una relectura de los principales aportes historiogr&aacute;ficos sobre el tema del poblamiento, los asentamientos y los h&aacute;bitats del Pac&iacute;fico.</p>     <p>&nbsp;</p>     <p><b><font size="3">La din&aacute;mica demogr&aacute;fica en la colonia</font></b></p>     <p>Con el prop&oacute;sito de centrarnos en las tendencias demogr&aacute;ficas de las   postrimer&iacute;as del dominio colonial, partimos de los datos del &uacute;ltimo Censo del   Gobierno de Popay&aacute;n y la Relaci&oacute;n que lo acompa&ntilde;a de 1797. De una   poblaci&oacute;n total de 18.795 personas, el 48.8% eran esclavos y si a este   porcentaje se le suma el 33.4% de libres (que en su amplia mayor&iacute;a debieron ser   negros que hab&iacute;an alcanzado o comprado su libertad), tenemos un 82.2% de   negros, entre esclavizados y libres. Los ind&iacute;genas representaban el 12.1%. Los blancos el 5.4% y los cl&eacute;rigos el 0.1%.</p>     <p>Ahora bien, cuando se desagregan estos datos generales por provincias,   se hacen visibles diferencias importantes a tener en cuenta y que la simple   mirada sobre los datos generales tiende a ocultar. Por ejemplo, no quedan dudas   que en todas las provincias del Pac&iacute;fico sur la jurisdicci&oacute;n de Barbacoas era la   m&aacute;s esclavista, ya que casi el 60% de su poblaci&oacute;n eran esclavizados y un   25.3% libres, mientras que en otras provincias, por ejemplo Tumaco, la   situaci&oacute;n era radicalmente diferente, porque los esclavizados representaban   apenas el 39.3% y los libres el 46.8%. De alguna manera, los datos de las otras   provincias oscilan entre estos dos extremos. Pero no hay duda de que la otra provincia fuertemente esclavista era la del Raposo, mientras que en Iscuand&eacute; y Micay el r&eacute;gimen esclavista se presenta de forma ambigua, en general parece debilitado para la primera pero sabemos que en &aacute;reas importantes de la &uacute;ltima provincia el r&eacute;gimen esclavista se acentu&oacute; de manera dram&aacute;tica.</p>     <p>Cuando los datos de los censos coloniales lo permiten, detenerse en las   variaciones de la poblaci&oacute;n entre 1779-1780 y 1797, resulta tambi&eacute;n ilustrativa.   Se cuenta con datos para estos tres censos en los casos de Raposo, Iscuand&eacute; y   Tumaco. En el Raposo la poblaci&oacute;n esclava se mantuvo m&aacute;s o menos estable,   mientras que los libres fueron en aumento al igual que los ind&iacute;genas. En   Iscuand&eacute; la poblaci&oacute;n del n&uacute;mero de esclavizados, libres e ind&iacute;genas se   mantuvo estable y sin mayores variaciones, pero &eacute;stas son ligeramente   favorables a los indios que registran cierto porcentaje de aumento. En Tumaco   la poblaci&oacute;n esclava aument&oacute; en un impresionante 50%, seguramente por la   expansi&oacute;n de la frontera minera hacia el r&iacute;o Santiago en la provincia de   Esmeraldas y los indios lo hicieron en un modesto pero elocuente 3% (Ver  Anexo 3. Poblamiento Libre a finales del siglo XVIII en el Pac&iacute;fico Sur Colombiano).</p>     <p>Sintetizando, la amplia mayor&iacute;a de la poblaci&oacute;n negra y los datos de los   otros grupos socio-&eacute;tnicos, confirman varias tendencias socio-demogr&aacute;ficas: la   consolidaci&oacute;n irreversible de la sustituci&oacute;n de la poblaci&oacute;n ind&iacute;gena por la   negra a finales del siglo XVIII, proceso que ven&iacute;a desde comienzos del siglo   XVII; no obstante, los ind&iacute;genas hab&iacute;an logrado detener su extinci&oacute;n,   estabilizaron sus poblaciones y empezaban su recuperaci&oacute;n. Los negros e   ind&iacute;genas sumados representan el 95% del total de la poblaci&oacute;n; la condici&oacute;n   minera y esclavista de la regi&oacute;n salta a la vista; la mayor&iacute;a de la poblaci&oacute;n esclavizada se concentraba en los reales de minas localizados en las cabeceras de los r&iacute;os, en el piedemonte de la cordillera Occidental; tambi&eacute;n es evidente que no obstante el r&iacute;gido sistema social de castas imperante y el predominio de la miner&iacute;a esclavista, el modelo presentaba fisuras que permit&iacute;an la movilidad social hacia la libertad y que los libres hab&iacute;an dado origen a m&uacute;ltiples sitios y lugares que configuraban una suerte de sociedad paralela a la esclavista. Mientras que los indios se repart&iacute;an entre varios r&iacute;os de la llanura aluvial y algunos pueblos de indios en las cercan&iacute;as de Barbacoas, la presencia de una minor&iacute;a blanca al parecer m&aacute;s preocupada por beneficiar el oro que por poblar y colonizar, como por otra parte lo confirma la d&eacute;bil presencia eclesi&aacute;stica, militar y burocr&aacute;tica para un territorio extenso e inh&oacute;spito.</p>     <p>Seg&uacute;n nuestra manera de ver, el an&aacute;lisis de estas tendencias permite   sostener que en esa frontera minera se hab&iacute;a configurado una regi&oacute;n, pero con   importantes fen&oacute;menos de diferenciaci&oacute;n interna. En Barbacoas se concentraba   el n&uacute;cleo blanco m&aacute;s importante y la ciudad funcion&oacute; como el epicentro   pol&iacute;tico, religioso y simb&oacute;lico de una regi&oacute;n muy extensa. Esta sociedad se   paut&oacute; en las relaciones sociales e inter&eacute;tnicas por un r&iacute;gido sistema social de   castas, basado en la separaci&oacute;n de negros, blancos e indios y por un r&eacute;gimen   esclavista para explotar el oro. Barbacoas fue la ciudad matriz del Pac&iacute;fico sur,   dando origen a Iscuand&eacute; como antepuerto suyo y esta &uacute;ltima ciudad a su vez   expandi&oacute; la frontera por el norte hasta crear el distrito del Micay. M&aacute;s al norte,   la provincia del Raposo escapaba a la influencia de Barbacoas y su control se lo   disputaban mineros de Cali, Buga y Popay&aacute;n. Su funci&oacute;n espec&iacute;fica se defin&iacute;a   por contar con varias ventajas, primero como un &aacute;rea que hac&iacute;a de puente entre   el Pac&iacute;fico norte o Choc&oacute; y el Pac&iacute;fico sur propiamente dicho, despu&eacute;s porque su territorio serv&iacute;a para comunicar el Pac&iacute;fico con el interior de la gobernaci&oacute;n y finalmente por la posibilidad de construir un puerto estable en la bah&iacute;a de Buenaventura. En el extremo sur, el puerto de Tumaco, estrechamente vinculado con la jurisdicci&oacute;n de la provincia de Esmeraldas en la Audiencia de Quito y favorecido con la expansi&oacute;n de la frontera minera por el r&iacute;o Santiago y otros aleda&ntilde;os, no s&oacute;lo nunca fue controlado por Barbacoas sino que m&aacute;s bien &eacute;sta depend&iacute;a de aqu&eacute;l para la introducci&oacute;n por los r&iacute;os Pat&iacute;a y Telemb&iacute; de los abastos que proven&iacute;an de los puertos, ciudades y regiones agrarias de Quito y Per&uacute;. Esta diferenciaci&oacute;n interna del Pac&iacute;fico sur dar&iacute;a lugar a conflictos de poder y autoridad entre sus principales n&uacute;cleos poblados y &eacute;lites respectivas, que se agudizaron durante las protestas ''antifiscales'' de finales del siglo XVIII y las guerras de Independencia en las primeras d&eacute;cadas del XIX.</p>     <p>Las &uacute;ltimas relaciones de las autoridades coloniales de la regi&oacute;n que nos   ocupa, por su naturaleza comprehensiva de las provincias del Pac&iacute;fico sur   neogranadino, como la ya citada de 1797 y otra contempor&aacute;nea firmada por el   Gobernador de Popay&aacute;n<a name="b3"></a><sup><a href="#3">3</a></sup>, muestran que las autoridades coloniales eran   concientes tanto de la situaci&oacute;n de la frontera minera como de la complejidad de   los retos para ejercer plenamente la dominaci&oacute;n. En efecto, la geograf&iacute;a pol&iacute;tica   y la econom&iacute;a pol&iacute;tica de la regi&oacute;n, despu&eacute;s de m&aacute;s de 260 a&ntilde;os de conquista y colonizaci&oacute;n, no pod&iacute;a ser m&aacute;s pat&eacute;tica a finales del dominio colonial.</p>     <p>Con base en la <i>relaci&oacute;n</i> del gobernador de Popay&aacute;n, D. A. Nieto, de   1804, la situaci&oacute;n de las provincias de Raposo, Micay, Iscuand&eacute;, Tumaco y Barbacoas, era la siguiente:</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La del <i>Raposo</i>, con 4.519 habitantes, cuyo gobierno estaba a cargo de un   Teniente de Gobernador y jueces partidarios para los r&iacute;os, la conformaban los   curatos de Dagua, Calima, Raposo y Yurumang&uuml;&iacute;, su capital era el precario   pueblo indio de La Cruz a orillas del r&iacute;o Dagua, en el que tambi&eacute;n se localizaba   el sitio de Juntas que permit&iacute;a la conexi&oacute;n con el interior de la Gobernaci&oacute;n y   en el que hab&iacute;an adem&aacute;s cuatro reales de minas. Calima era un peque&ntilde;o pueblo   de libres a orillas de ese r&iacute;o, en donde tambi&eacute;n hab&iacute;a una mina y desde el cual   se establec&iacute;a comunicaci&oacute;n con el r&iacute;o San Juan en el Choc&oacute;. El pueblo de   Raposo, a orillas del r&iacute;o de ese nombre, era una reducida poblaci&oacute;n de indios,   en ese r&iacute;o tambi&eacute;n hab&iacute;a una <i>mina de oro corrido</i> y otras tres m&aacute;s similares en   el r&iacute;o Anchicay&aacute;. En cuanto al curato de Yurumang&uuml;&iacute;, comprend&iacute;a ese r&iacute;o y los   de Cajambre y Naya, en donde no hab&iacute;a pueblos y solamente <i>minerales</i>, es   decir, reales de minas, cuatro, dos y uno, respectivamente. Seg&uacute;n Nieto: ''todos   de oro corrido, y en cada uno hay su capilla, como regularmente sucede en los   dem&aacute;s reales de minas'' (AGN, Colonia, <i>Virreyes</i>, 16:192v). N&oacute;tese como en   esta provincia del Raposo, tan cercana a Cali y clave para el proyecto de   comunicaci&oacute;n con el interior y el exterior, el antiguo pueblo del Raposo,   epicentro administrativo de esa Provincia, ya hab&iacute;a sido desplazado por el   precario de La Cruz, mientras que el puerto de Buenaventura era irrelevante   para la &eacute;poca. Por otra parte, la escasa poblaci&oacute;n se distribu&iacute;a por el territorio   selv&aacute;tico entre pueblos de indios y reales minas (16 en total), es decir, que en   esta provincia y desde el esquema de poblamiento hisp&aacute;nico, no hab&iacute;a ninguna   poblaci&oacute;n de importancia. As&iacute; las cosas, lo m&aacute;s din&aacute;mico del conjunto consist&iacute;a   en la explotaci&oacute;n del oro con base en cuadrillas de esclavos o el mazamorreo de los libres.</p>     <p>La provincia del <i>Micay</i>, nueva tenencia separada de Iscuand&eacute;, era   gobernada por un Teniente de Gobernador y un Juez Partidario elegido por el   Cabildo de Iscuand&eacute;, contaba con una poblaci&oacute;n de 1.464 habitantes y la   compon&iacute;an los reales de minas de Micay, Saija, Timbiqu&iacute;, Guaju&iacute;, Guapi, Napi   y catorce minas de oro corrido que hab&iacute;a en las m&aacute;rgenes de estos r&iacute;os.   Eclesi&aacute;sticamente era un anexo del curato de Iscuand&eacute;, que distaba a   considerable distancia suya, por lo cual la relaci&oacute;n llamaba la atenci&oacute;n sobre la   necesidad de curas para el pasto espiritual de sus habitantes. Hab&iacute;a dos pueblos   de indios, San Jos&eacute; y Nuestra Se&ntilde;ora del Pilar y se proyectaban otros tres   lugares para concentrar la poblaci&oacute;n dispersa de indios y de libres (AGN,   Colonia, <i>Virreyes</i>, 16:193r). Esta provincia constituye lo que he denominado <i>la   frontera de la frontera</i> del tri&aacute;ngulo socio hist&oacute;rico que formaron Barbacoas-   Iscuand&eacute;-Tumaco, en la cual se van a reforzar los dispositivos esclavistas dadas   las iniciativas de los clanes mineros de Popay&aacute;n en esa zona (Arboleda y   Mosquera), pero donde tambi&eacute;n tendr&aacute;n lugar la resistencia de los negros libres,   la recomposici&oacute;n de los pueblos indios y una gran movilidad de mestizos y blancos pobres.</p>     <p>La provincia de Iscuand&eacute;, con una poblaci&oacute;n de 2.435 almas, era   gobernada por un Teniente de Gobernador, dos Alcaldes Ordinarios, el   Procurador General y el Cabildo. La jurisdicci&oacute;n de la ciudad de Iscuand&eacute;, su   capital, comprend&iacute;a el r&iacute;o de su nombre y el de Tapaje, as&iacute; como otros que al   desaguar al mar formaban playas que permit&iacute;an diversos asentamientos, como   los de San Juan, Bracito de Pat&iacute;a, Majagual, Caballos, Tierra Firme Grande,   Guascana, Sanquianga, Playa Bendita, Firmes de Sanquianga, Mulatos, Boquerones, Los Reyes, Amaral y Pongamosa. En esas <i>playas</i> y r&iacute;os algunos vecinos, <i>playadores</i> pobres, hab&iacute;an establecido lavaderos de oro corrido, que <i>se saca sin formalidad ni m&eacute;todo, s&oacute;lo cuando tienen necesidad del metal</i> (AGN, Colonia, Virreyes, 16:193r). Conviene llamar la atenci&oacute;n sobre la decadencia de Iscuand&eacute; (obs&eacute;rvese que no existen ya reales de minas en cuanto tales), lo que condujo a alternativas distintas para asegurar la sobrevivencia de sus pobladores, quienes exploraron nuevos territorios que dieron origen a la provincia del Micay y tambi&eacute;n a la conquista de los frentes de playa para m&uacute;ltiples asentamientos.</p>     <p>La provincia de Tumaco, cuya capital se asentaba en la isla de San   Andr&eacute;s de Tumaco, era bastante extensa, ten&iacute;a una poblaci&oacute;n de 4.119   habitantes y era gobernada por un Teniente de Gobernador, hab&iacute;a un Juez   Ordinario y su jurisdicci&oacute;n la compon&iacute;an los pueblos de Salahonda, Palmarreal,   Cayapas, Esmeraldas y Atacames. Hasta los r&iacute;os Bogot&aacute;, Guimb&iacute;, Santiago,   Mira y Cachavi se hab&iacute;a ampliado la frontera minera con 5 minas de oro   corrido. La zona del estero Ostiones hasta el sitio de Galeras, por donde   circulaban embarcaciones que transportaban mercanc&iacute;as diversas, es   representada en el documento como abundante en recursos, tales como maderas   de construcci&oacute;n, resinas y b&aacute;lsamos, pero se hace &eacute;nfasis en que estos no eran   debidamente explotados por los habitantes. Las tres parroquias existentes   depend&iacute;an del obispado de Quito (AGN, Colonia, <i>Virreyes</i>, 16:193r-193v).   N&oacute;tese que se trata de otra frontera dentro de la frontera minera con   caracter&iacute;sticas particulares, definida por el predominio de la navegaci&oacute;n de   cabotaje, las actividades portuarias y comerciales para abastecer las minas y   demogr&aacute;ficamente por el mayor peso de los libres y el tard&iacute;o desarrollo de la esclavitud. Asimismo, sus territorios ofrec&iacute;an toda suerte de recursos naturales &uacute;tiles, pero que no eran explotados intensivamente porque la mayor&iacute;a de poblaci&oacute;n viv&iacute;a de la subsistencia por la riqueza de la oferta ambiental y era por tanto marginal a las l&oacute;gicas comerciales.</p>     <p>Finalmente, la provincia de Barbacoas, con capital en la ciudad de su   nombre, era gobernada por un Teniente de Gobernador, un Alcalde de Primer   Voto y el Presidente del Cabildo, contaba con 6.618 habitantes y la compon&iacute;an   los pueblos de San Jos&eacute; (de indios) con cura propio, San Pablo y Chucunes con   sus anexos de Coaiquer y Nembi, tambi&eacute;n de indios y habitados por algunos   libres. La ciudad de Barbacoas estaba localizada a la orilla del r&iacute;o Telemb&iacute;, en   el que junto a los de Mag&uuml;&iacute; y G&uuml;elmamb&iacute;, hab&iacute;a treinta minas de oro corrido.   En el r&iacute;o Pat&iacute;a exist&iacute;an algunas sementeras que contribu&iacute;an a la subsistencia de   las cuadrillas de negros esclavos. Este era el &uacute;nico lugar de la regi&oacute;n que   contaba con Milicias Disciplinas, que estaban a cargo de un capit&aacute;n de la   Primera Compa&ntilde;&iacute;a de ellas, en calidad de comandante. Sus parroquias   depend&iacute;an del obispado de Quito (AGN, Colonia, <i>Virreyes</i>, 16:194v). Sin lugar   a dudas, Barbacoas era la &uacute;nica parte del Pac&iacute;fico sur en la cual prevalec&iacute;a con   cierta solvencia el modelo hisp&aacute;nico de dominio y en donde la ciudad y su   jurisdicci&oacute;n se esforzaban por mantener separados a los ''blancos'' de los indios   y por desarrollar un sistema esclavista intensivo. Pero en donde tambi&eacute;n, con   una mirada m&aacute;s atenta, se puede establecer que la fiebre del oro condujo a una   evidente dependencia de toda la sociedad respecto de la actividad minera, lo   que al tiempo conllev&oacute; a la coexistencia de la esclavitud con la libertad y a la configuraci&oacute;n del complejo universo de los libres.</p>     <p>En s&iacute;ntesis, la situaci&oacute;n de las provincias que conformaban el Pac&iacute;fico sur en las postrimeras del dominio colonial indica que: en un territorio extenso habitaba una poblaci&oacute;n importante pero dispersa (18.795 habitantes), con precarios asentamientos hisp&aacute;nicos, ciudades y puertos, y una d&eacute;bil presencia eclesi&aacute;stica, en los que predominaban los reales de minas (50 en total), <i>de oro corrido</i>, sobre los pueblos de indios y las ciudades de blancos; como frontera minera sus contornos y bases de acci&oacute;n fueron inestables y fluidos, lo que incidi&oacute; en las rivalidades de las ''ciudades'' para asegurar su control. Las modalidades extractivas de explotaci&oacute;n de sus riquezas naturales se concentraron en el oro y escasamente aprovecharon otros recursos disponibles de la oferta ambiental de la selva h&uacute;meda tropical; los dispositivos del dominio y la explotaci&oacute;n de esta sociedad esclavista presentaron importantes fisuras que permitieron diversas formas de resistencia y el despliegue de ingeniosas iniciativas de los sectores subalternos.</p>     <p>El dominio colonial dej&oacute; as&iacute; dos legados importantes para el nuevo   orden republicano: la econom&iacute;a extractiva como constante hist&oacute;rica regional y un poblamiento disperso y por lo general &eacute;tnicamente diferenciado.</p>     <p>&nbsp;</p>     <p><b><font size="3">La din&aacute;mica demogr&aacute;fica en la Rep&uacute;blica</font></b></p>     <p>En relaci&oacute;n con los aspectos demogr&aacute;ficos que estamos analizando, una   consecuencia decisiva de las guerras de Independencia y la adopci&oacute;n del   r&eacute;gimen republicano en esta regi&oacute;n, consisti&oacute; en que las tendencias descritas   para las postrimer&iacute;as del dominio colonial no s&oacute;lo persistieron sino que se   consolidaron y ampliaron. Durante el nuevo r&eacute;gimen las actividades mineras   jam&aacute;s recuperaron los niveles de productividad que tuvieron en la colonia, lo que condujo a que por lo general los n&uacute;cleos blancos m&aacute;s prestantes, de por s&iacute; minoritarios, abandonaran la regi&oacute;n y sus centros urbanos (Granda 1977). Raz&oacute;n por la cual los censos oficiales de poblaci&oacute;n de 1843 y 1870, aunque no consideran la condici&oacute;n &eacute;tnica, se pueden interpretar como la confirmaci&oacute;n del triunfo demogr&aacute;fico de negros e ind&iacute;genas en esta regi&oacute;n.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Entre 1797 y 1843, en 46 a&ntilde;os, casi medio siglo, la poblaci&oacute;n total de la   regi&oacute;n pr&aacute;cticamente no creci&oacute; o tuvo un crecimiento muy lento y a duras penas   pas&oacute; de 18.795 a 24.837 habitantes; pero en adelante, el crecimiento   demogr&aacute;fico de la regi&oacute;n se dispar&oacute;, raz&oacute;n por la cual la poblaci&oacute;n presenta un   incremento notable entre 1843 y 1870. En efecto, durante el per&iacute;odo intercensal   de 27 a&ntilde;os, la poblaci&oacute;n casi se duplic&oacute; y alcanz&oacute; los 43.447 habitantes, aunque   tenemos serias dudas sobre la confiabilidad de esta cifra que probablemente fue   m&aacute;s alta. Una lectura superficial de los datos de estos censos republicanos   puede inducir a la falsa idea de que en relaci&oacute;n con la diferenciaci&oacute;n interna de   la regi&oacute;n todo segu&iacute;a m&aacute;s o menos igual. Sin embargo, un examen m&aacute;s fino nos   revela las din&aacute;micas de cambio en su interior. En efecto, de acuerdo con el   censo de 1843, se puede decir que Barbacoas manten&iacute;a para la &eacute;poca sus   antiguas prerrogativas, en cuanto al ordenamiento y control territorial como   capital de la provincia de su nombre (la cual estuvo formada por los cantones   de Barbacoas, Tumaco, Iscuand&eacute; y Micay), jurisdicci&oacute;n que equival&iacute;a a los   territorios que estuvieron bajo su influencia durante la colonia. Sin embargo,   para el censo de 1870, es evidente que el Municipio de Barbacoas perdi&oacute;   terreno frente a los nuevos centros republicanos en ascenso, porque el   Municipio de Buenaventura le arrebat&oacute; el control sobre la antigua provincia del Micay (Guapi, Micay y Timbiqu&iacute;).</p>     <p>La ciudad de Barbacoas, que sufri&oacute; como ninguna otra las   consecuencias del desplome de la actividad minera y la abolici&oacute;n legal de la   esclavitud, experiment&oacute; entonces un estancamiento y fen&oacute;menos migratorios   irreversibles a lo largo del siglo XIX. Iscuand&eacute; vivi&oacute; un proceso similar del   cual saldr&iacute;a beneficiada a la larga la emergente poblaci&oacute;n de El Charco, situada   sobre el r&iacute;o Tapaje. Por su parte Guapi, con su impresionante crecimiento   poblacional entre los dos censos, se anuncia como el indiscutido nuevo centro de la provincia del Micay.</p>     <p>Pero fue en los dos extremos del Pac&iacute;fico sur, en Tumaco y   Buenaventura, en donde mejor se pueden observar las tendencias demogr&aacute;ficas   que conducir&aacute;n a los futuros cambios en la configuraci&oacute;n regional. En efecto,   Tumaco pr&aacute;cticamente duplic&oacute; su poblaci&oacute;n en el per&iacute;odo intercensal (si se   suman las poblaciones de Tumaco y Bocagrande), porque no hay duda que se   beneficiaba de la decadencia de Barbacoas y que tambi&eacute;n incorporaba parte de   la poblaci&oacute;n que buscaba nuevas oportunidades. Pero el crecimiento m&aacute;s   espectacular se dio en el puerto de Buenaventura, que casi triplica su poblaci&oacute;n   en el per&iacute;odo intercensal, erigi&eacute;ndose en el centro urbano de atracci&oacute;n para la   creciente poblaci&oacute;n rural de la antigua provincia del Raposo. En relaci&oacute;n con   estas tendencias hay que decir que a Buenaventura tambi&eacute;n la favorecieron las   expectativas de desarrollo portuario, la eventual conexi&oacute;n vial con el interior   del pa&iacute;s y su localizaci&oacute;n, factores que en el mediano plazo y de conjunto, la   convertir&iacute;an en el gran centro que va a sintetizar los cambios demogr&aacute;ficos,   econ&oacute;micos y sociales del Pac&iacute;fico sur, como la navegaci&oacute;n de cabotaje y la conexi&oacute;n con el interior y el exterior. Sin embargo, su definitiva consolidaci&oacute;n como el gran centro urbano y portuario de todo el Pac&iacute;fico colombiano se demorar&iacute;a todav&iacute;a unas d&eacute;cadas m&aacute;s.</p>     <p>Los censos de 1843 y 1870 se realizaron mientras ten&iacute;a lugar la &eacute;pica y   molecular conquista extensiva de la llanura aluvial por los grupos negros en   libertad, pero la l&oacute;gica que orientaba esas tareas del Estado nacional urgido de   datos confiables, no permiti&oacute; que ellos dieran cuenta de ese proceso, que en lo   fundamental escapa a sus ojos. Estos censos republicanos en realidad ten&iacute;an el   prop&oacute;sito de saber cu&aacute;ntos eran los posibles ciudadanos y contribuyentes de un   Estado nacional en construcci&oacute;n, cu&aacute;les los eventuales brazos productivos para   las empresas proyectadas y en algunos casos saber qu&eacute; obst&aacute;culos &eacute;tnicos   (generalmente los indios y en este caso los negros) se erig&iacute;an frente a la   modernidad pretendida. Los sesgos ideol&oacute;gicos que caracterizan este tipo de   documentos republicanos nos obligaron a definir varias acciones metodol&oacute;gicas   para escapar de sus limitaciones, en virtud de lo cual procuramos cruzar y   contrastar los datos de dichos censos con una interpretaci&oacute;n sobre las tendencias   demogr&aacute;ficas, como qued&oacute; anotado. Pero adicionalmente, intentamos observar   estas tendencias en el nivel m&aacute;s microsc&oacute;pico posible, en este caso, el r&iacute;o, para   cuyos efectos utilizamos los padrones por r&iacute;os que fueron levantados en forma   paralela por los responsables del censo general de 1870 y que hemos podido   localizar en el Archivo General de la Naci&oacute;n, AGN. Aunque inscritos en la   l&oacute;gica mencionada de los censos republicanos, estos padrones aportan datos de detalle muy valiosos para nuestra l&iacute;nea de reflexi&oacute;n.</p>     <p>Para el efecto contamos con padrones de 1870 para las siguientes   poblaciones y r&iacute;os: Buenaventura, Anchicay&aacute;, Calima, Cajambre, Raposo, Mayorqu&iacute;n, Aguaclara, Micay, Timbiqu&iacute;, Iscuand&eacute; y Tumaco. Lo que inicialmente hicimos fue tratar de establecer correspondencias entre los datos de poblaci&oacute;n y los de oficios, para tener una visi&oacute;n m&aacute;s cercana de las din&aacute;micas de la poblaci&oacute;n en estos lugares y r&iacute;os; los oficios por lo general se refieren a actividades masculinas y excepcionalmente algunos, como <i>dom&eacute;sticos</i> o <i>costureras</i>, aluden a las actividades femeninas.<a name="b4"></a><sup><a href="#4">4</a></sup> Posteriormente, nos planteamos varios problema generales, como por ejemplo la relaci&oacute;n entre poblaci&oacute;n y condiciones ecol&oacute;gicas, la especializaci&oacute;n productiva en algunos r&iacute;os o en partes de ellos, las conexiones internas y externas, los oficios y los roles masculino y femenino, el matrimonio, la reproducci&oacute;n y la sexualidad, entre otros.</p>     <p>&nbsp;</p>     <p><b><font size="3">Las sociedades locales ribere&ntilde;as</font></b></p>     <p>   Los datos y su an&aacute;lisis no dejan lugar a dudas, en el caso de Buenaventura y los   r&iacute;os aleda&ntilde;os, de que esta poblaci&oacute;n hab&iacute;a desplazado definitivamente a las   antiguas poblaciones del Raposo y La Cruz en la cohesi&oacute;n de los amplios   territorios de la provincia de su nombre. Buenaventura era para la &eacute;poca una   poblaci&oacute;n cada vez m&aacute;s importante, en la que se hab&iacute;an diversificado   ampliamente los oficios y que ejerc&iacute;a como centro de atracci&oacute;n para las   sociedades ribere&ntilde;as que la circundaban, al tiempo que se fortalec&iacute;a de ellas. En   efecto, Buenaventura se convirti&oacute; en el centro natural para estas sociedades que   llevaban hasta ella sus productos agr&iacute;colas, artesanales y mineros, al tiempo que   estas se abastec&iacute;an all&iacute; de los bienes que no produc&iacute;an. Este dispositivo, de un   centro urbano-comercial-portuario y una red de sociedades ribere&ntilde;as como su   periferia, refuncionaliz&oacute; antiguas especializaciones productivas al tiempo que   creo otras nuevas. As&iacute; por ejemplo, el Calima, situado hacia el interior,   continuaba siendo un r&iacute;o predominantemente minero; mientras que el caser&iacute;o de   M&aacute;laga, cercano al mar y al norte de Buenaventura, era un productor pesquero.   Por su parte el Raposo ya no era un r&iacute;o minero y se hab&iacute;a transformado en   agr&iacute;cola, lo que muy seguramente tiene que ver con la composici&oacute;n &eacute;tnica de la   poblaci&oacute;n, es decir, con una fuerte presencia ind&iacute;gena. El Mayorqu&iacute;n era   b&aacute;sicamente un r&iacute;o de pescadores. El Anchicay&aacute; en su parte baja era un r&iacute;o que   presentaba muchas actividades, como las agr&iacute;colas, comerciales y de servicios;   mientras que en su parte alta, de la que no tenemos datos, seguramente continu&oacute;   siendo un r&iacute;o minero (Ver Anexos 4, 5 y 6).</p>     <p>Pero aparte del dispositivo que se configura en torno a Buenaventura,   tambi&eacute;n es posible reconocer otro dispositivo, el de los r&iacute;os en cuanto tales. En   efecto, cuatro de los padrones (Anchicay&aacute;, Cajambre, Micay, Timbiqu&iacute;)   describen que la poblaci&oacute;n de los r&iacute;os se repart&iacute;a entre parte alta y baja, los   datos respectivos permiten concluir que dichas partes configuraban   especializaciones productivas, que los r&iacute;os comunicaban a la poblaci&oacute;n ribere&ntilde;a   en los dos sentidos y que desde sus bocanas y por el mar era posible otra   comunicaci&oacute;n con el exterior. Sin olvidar que por otros datos historiogr&aacute;ficos y   etnogr&aacute;ficos sabemos que la comunicaci&oacute;n <i>por dentro</i> tambi&eacute;n era posible a trav&eacute;s de los <i>arrastraderos</i>.</p>     <p>Seg&uacute;n nuestra interpretaci&oacute;n, que la poblaci&oacute;n de estos r&iacute;os se describa   en un documento decimon&oacute;nico con expresiones como <i>desde sus bocas</i> y <i>hasta   sus cabeceras</i>, es un ''dato portador de valor'', que resume la movilidad de la   poblaci&oacute;n negra desde los antiguos recintos esclavistas hasta el mar, experiencia   en la que se condensan memorias colectivas y ajustes a las nuevas condiciones.   A partir de este reconocimiento, el r&iacute;o puede ser entendido entonces no como   un simple dato geogr&aacute;fico sino como dato hist&oacute;rico-cultural, en la medida que   la marcha por el r&iacute;o funda sitios y lugares, adem&aacute;s de una historia propia, lo   vivido en com&uacute;n. La fuerte identidad de r&iacute;os que observa la etnograf&iacute;a en las   sociedades negras contempor&aacute;neas, seguramente se origin&oacute; en estos   desplazamientos y ''fundaciones''. Sin embargo, la experiencia compartida no   niega las diferencias, como lo indicar&iacute;a el hecho de que la mayor&iacute;a de la   poblaci&oacute;n tendi&oacute; a concentrase en la parte baja de los r&iacute;os, cerca al mar y no en   la alta. Pero tambi&eacute;n es muy significativo el hecho de que entre la parte alta y la baja se presentaran especialidades productivas determinadas por las condiciones geoecol&oacute;gicas y por los saberes colectivos acumulados en siglos, de tal manera que las partes altas siguieron siendo predominantemente mineras; mientras que las partes bajas tendieron a especializarse como pesqueras, agr&iacute;colas y comerciales, para lo cual aprovecharon el intercambio de aguas dulces de los r&iacute;os con las salobres del mar, la mejor calidad de las tierras en las partes medias y los <i>firmes</i> y un mayor contacto con el exterior. Ahora bien, el hecho de que reconozcamos que este poblamiento ribere&ntilde;o de los grupos negros de hecho establece una divisi&oacute;n de los r&iacute;os en parte baja y alta, pero que no obstante esas sociedades locales constitu&iacute;an una unidad social y cultural, no debe tomarse como un esquema r&iacute;gido sino ilustrativo de las principales tendencias que nos interesa identificar en este estudio. Porque otros datos de estos mismos censos sobre los oficios marginales en los que se ocupaban sus pobladores -como la presencia permanente de agricultores, mineros, artesanos, pescadores y otros-, entremezclados con los oficios predominantes en una u otra parte de los r&iacute;os, nos alertan sobre las posibles variaciones de este modelo demogr&aacute;fico, productivo y cultural, que tambi&eacute;n dio lugar a alternativas de autocontenci&oacute;n, autogesti&oacute;n o autosuficiencia.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Otros datos de estos padrones nos inquietaron mucho, pero es poco lo   que pudimos avanzar en cuanto a dotarlos de sentido en relaci&oacute;n con la   estructura familiar, los patrones de reproducci&oacute;n y la sexualidad en general. En   efecto, no hay duda de que al dividir a la poblaci&oacute;n por g&eacute;neros (hombres y   mujeres) e infantes, por lo general, la proporci&oacute;n era ligeramente favorable a las   mujeres, con la excepci&oacute;n del distrito de Buenaventura y el caser&iacute;o de M&aacute;laga.   En el caso de Buenaventura el porcentaje de hombres era del 50% mientras que el de las mujeres era del 35%, fen&oacute;meno que explicamos provisionalmente como causado por movimientos migratorios campo-ciudad que pudieron tener a los hombres como avanzada de los desplazamientos. En M&aacute;laga la proporci&oacute;n era de 30.8% para los hombres y 20.1% para las mujeres, lo que posiblemente obedezca a otro patr&oacute;n migratorio con avanzada masculina, pero esta vez desde zonas ribere&ntilde;as hasta el mar.</p>     <p>Los datos sobre porcentaje de matrimonios resulta muy interesante,   porque por lo general es bajo (7% el m&aacute;s bajo y 14% el m&aacute;s alto), en promedio   un 10% aproximadamente, que se puede explicar por el bajo grado de control   social y eclesi&aacute;stico de estas poblaciones negras. Cuando se cruza el dato   anterior con el del n&uacute;mero de infantes y su porcentaje en el conjunto de la   poblaci&oacute;n, se observa que estos son comparativamente altos, ya que sus   porcentajes oscilan entre 14% el m&aacute;s bajo y 52% el m&aacute;s alto, pero su promedio   tiende a estar entre el 30 y el 40%. Lo que nos condujo a plantearnos un   problema crucial, la manera c&oacute;mo estas sociedades negras ribere&ntilde;as (e   ind&iacute;genas) pudieron haber incidido en el control de sus pautas de reproducci&oacute;n,   como parte fundamental de sus estrategias de adaptaci&oacute;n, producci&oacute;n y construcci&oacute;n social y fortalecimiento de sus grupos.</p>     <p>La importancia de esta discusi&oacute;n y su desarrollo ha sido abordada desde   la perspectiva del materialismo cultural (Harris y Ross 1999). Con este estudio,   donde se combinan los enfoques demogr&aacute;fico y antropol&oacute;gico, los autores   reval&uacute;an los postulados te&oacute;ricos sobre el equilibrio entre los aspectos sociales y   biol&oacute;gicos del control reproductivo. Su punto de partida consiste en ponderar   un conjunto de datos arqueol&oacute;gicos, hist&oacute;ricos y etnogr&aacute;ficos, para plantear que   ''[...] las pautas humanas de reproducci&oacute;n raras veces se encuentran completamente a merced de los imperativos sexuales y ambientales [...], y que las tasas de poblaci&oacute;n preindustrial reflejan alg&uacute;n tipo de esfuerzo de optimizaci&oacute;n realizado por individuos y por grupos, y no una rendici&oacute;n culturalmente irregulada al sexo, el hambre y la muerte'' (Harris y Ross 1999, 9). Como es sabido, la perspectiva del materialismo cultural tiene un lenguaje muy definido y pol&eacute;mico en la disciplina antropol&oacute;gica:</p>     <p>     <blockquote>Heur&iacute;sticamente se considera que los sistemas socioculturales tienen tres grandes     sectores: la infraestructura, que consiste en modo de producci&oacute;n y modo de     reproducci&oacute;n, la estructura, o sea la econom&iacute;a dom&eacute;stica y la econom&iacute;a pol&iacute;tica, y la     superestructura, o sea, las creencias y las pr&aacute;cticas est&eacute;ticas, simb&oacute;licas, filos&oacute;ficas y     religiosas. Aunque los tres sectores est&aacute;n vinculados causalmente entre s&iacute;, se     considera que la infraestructura tiene m&aacute;s fuerza determinante, en sentido     probabil&iacute;stico, que los sectores estructural o superestructural. Es lo que se conoce     como principio de determinismo infraestructural (Harris y Ross 1999, 10).</blockquote> </p>     <p>Pero en relaci&oacute;n con el tema espec&iacute;fico que nos ocupa, los mecanismos   de regulaci&oacute;n de la reproducci&oacute;n en sociedades como las que se estudian en este   trabajo, consideramos &uacute;til la definici&oacute;n de modo de reproducci&oacute;n de los   materialistas culturales: Utilizamos la expresi&oacute;n ''modo de reproducci&oacute;n'' para   denotar el conjunto interrelacionado de actividades de regulaci&oacute;n demogr&aacute;fica y   de ''decisiones'' adoptadas consciente o inconscientemente que tienen el efecto   combinado de elevar o rebajar las tasas de crecimiento de la poblaci&oacute;n (Harris y Ross 1999, 9).</p>     <p>En el estado en que se encentran actualmente las investigaciones en   historia demogr&aacute;fica sobre este tema para el Pac&iacute;fico colombiano, no se puede   ir muy lejos en el desarrollo de este tipo de perspectiva. Sin embargo, algunas conjeturas pueden ayudar a la definici&oacute;n de futuros trabajos de investigaci&oacute;n. De acuerdo con los materialistas culturales, nosotros tambi&eacute;n sospechamos que el crecimiento de estas poblaciones no se debi&oacute; a contingencias incontroladas para estos individuos y grupos. Sin embargo, consideramos conveniente relacionar este aspecto de los posibles mecanismos reproductivos utilizados en este tipo de sociedades con una estrategia m&aacute;s amplia tambi&eacute;n utilizada por ellos, es decir, incorporar la variable ecol&oacute;gica al an&aacute;lisis. Para nuestro caso, se tratar&iacute;a de comprender cabalmente lo que signific&oacute; haber conquistado un nuevo espacio social, el de los r&iacute;os en forma extensiva, cuesti&oacute;n que tampoco presumimos como una din&aacute;mica completamente espont&aacute;nea.</p>     <p>En efecto, durante la Colonia, por el inter&eacute;s en reproducir el sistema   esclavista, los mineros tuvieron que garantizarle a los esclavizados una dieta   b&aacute;sica consistente en carne salada, panela, mieles y aguardiente, producida en   las haciendas de trapiche del valle interandino del Cauca, la cual se   complementaba con pl&aacute;tano, ma&iacute;z y otros productos del <i>monte</i> que se produc&iacute;an   en la frontera minera por esclavizados, libres e ind&iacute;genas. Desestructurado el   r&eacute;gimen esclavista en esta frontera, sus antiguos recintos (reales de minas y   distritos mineros), experimentaron un proceso de enclaustramiento y los grupos   negros en libertad de hecho (y con el tiempo de derecho) debieron enfrentar   cambios diversos, entre los que se encontraban el garantizar su dieta alimenticia   y la reproducci&oacute;n de los grupos en las nuevas condiciones. Analizamos la   conquista paulatina de los r&iacute;os, desde sus cabeceras hasta sus bocanas en el mar,   como una estrategia tanto de adaptaci&oacute;n a entornos desconocidos como de   construcci&oacute;n de un espacio social nuevo. Es notable que estos grupos no   optaran por una vida n&oacute;mada, sino que en condiciones de selva h&uacute;meda tropical formaran sociedades sedentarias, que integraron de manera vers&aacute;til los asentamientos ribere&ntilde;os con la huerta casera, la agricultura en las terrazas y firmes de los cursos medios de los r&iacute;os, la pesca, la recolecci&oacute;n y la caza en los esteros y en el monte y, finalmente, la miner&iacute;a en los cursos altos de los r&iacute;os, que les permit&iacute;a b&aacute;sicamente monetarizar sus econom&iacute;as dom&eacute;sticas y comunitarias (Ver Anexo 6. Especializaciones Productivas en algunos r&iacute;os del Pac&iacute;fico Sur Colombiano en 1870).<a name="b5"></a><sup><a href="#5">5</a></sup> Seguramente que con el transcurrir del tiempo y con la conquista extensiva de los r&iacute;os, surgieron especializaciones productivas mucho m&aacute;s marcadas que habr&aacute; que rastrear, identificar y estudiar con mayor profundidad.</p>     <p>Los estudios biol&oacute;gicos y ambi&eacute;ntales han establecido que las selvas   tropicales por encontrase en la zona conocida como cintur&oacute;n de la tierra o franja   intertropical, entre los tr&oacute;picos de C&aacute;ncer y Capricornio, no presentan cambios   clim&aacute;ticos importantes durante el a&ntilde;o, reciben por tanto exposiciones solares   directas y conservan una cobertura vegetal constante y que por ello en estos   lugares es posible una abundante producci&oacute;n de especies vegetales y animales,   que los convierten en los paisajes m&aacute;s biodiversos del planeta. En una de estas   selvas tropicales, concretamente en el hoy llamado Choc&oacute; biogeogr&aacute;fico, tuvo   lugar la gesta negra de su poblamiento y la recuperaci&oacute;n ind&iacute;gena que nos   ocupa en esta investigaci&oacute;n. Ecosistemas diversos que se extienden desde la cordillera Occidental hasta el mar sustentan la gran diversidad de especies vegetales y animales que la caracterizan. Un estudio hecho con referencia al presente resum&iacute;a esta diversidad del Pac&iacute;fico as&iacute;:</p>     <p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote>Para la fecha se han reportado en el Choc&oacute; <i>biogeogr&aacute;fico</i> entre 7.000 y 8.000 plantas     superiores; unas 150 <i>especies</i> de mam&iacute;feros: 838 <i>especies</i> de aves y se cree que     2.000 especies de plantas y 100 <i>especies</i> de aves son end&eacute;micas. La inmensa     biodiversidad se debe al aislamiento que tienen las selvas de la regi&oacute;n de las otras     selvas de Suram&eacute;rica y a los altos niveles de lluvias y a la ausencia de per&iacute;odos secos     (Rubio <i>et. al.</i>, 1998:21).</blockquote> </p>     <p>Estas referencias a la biodiversidad del presente son claves para nuestro   prop&oacute;sito, porque casi sobra recordar que la misma debi&oacute; ser mucho m&aacute;s rica   todav&iacute;a en el pasado, en raz&oacute;n de una relaci&oacute;n m&aacute;s amable y equilibrada entre   poblaci&oacute;n y recursos, culturas y medio ambiente, constituy&eacute;ndose en un factor   insustituible para el crecimiento demogr&aacute;fico y la apropiaci&oacute;n del territorio. En   otras palabras, esa impresionante diversidad con la que se encontraron los   grupos negros en expansi&oacute;n por la llanura aluvial durante el siglo XIX debi&oacute; ser   un acicate para estrategias diversas de aprovechamiento de la oferta ambiental,   si tenemos en cuenta el bajo uso de tecnolog&iacute;as intensivas en la explotaci&oacute;n de   los recursos y el proceso molecular de estos asentamientos, que expon&iacute;an a   reducidos grupos humanos con herramientas y medios limitadas, frente a una   selva h&uacute;meda tropical amenazante en muchos sentidos. Para estos grupos   humanos, como lo muestra la etnograf&iacute;a,<a name="b6"></a><sup><a href="#6">6</a></sup> debi&oacute; ser decisivo recurrir a sistemas clasificatorios de plantas y animales, reconocer sus propiedades, identificar ciclos vitales y reproductivos e inscribir todas estas acciones en su corpus mental que contaba con referentes materiales (usos cotidianos) y simb&oacute;licos (usos m&aacute;gico-religiosos y curativos), pero cuyo cabal conocimiento nos es esquivo todav&iacute;a. Seguramente, esto dio lugar a que entre negros e ind&iacute;genas surgieran expertos y mediadores entre la naturaleza y las sociedades locales (artesanos, curanderos, yerbateros, <i>jaiban&aacute;s</i>, rezanderos, entre otros).<a name="b7"></a><sup><a href="#7">7</a></sup> Igualmente, en esta densa relaci&oacute;n entre naturaleza y sociedades locales debi&oacute; tomar su lugar la estrategia de control simb&oacute;lico de un territorio tan extenso, dif&iacute;cil y caracterizado por la co-presencia de espacios socialmente dominados como <i>el r&iacute;o</i> y otros espacios no controlados como <i>el monte</i>, lo que va a dar origen a los cuentos, leyendas y relatos populares que nos testimonia la tradici&oacute;n oral, en los que una serie de entidades sobrenaturales expresan la lucha cotidiana de estos grupos negros en medio de la selva h&uacute;meda tropical.</p>     <p>En cuanto a los mecanismos reproductivos en estas sociedades s&oacute;lo nos   arriesgamos a decir, por una parte, que el evidente contraste entre las cifras   sobre el bajo &iacute;ndice de matrimonios y el alto &iacute;ndice de infantes, parecer   confirmar la opini&oacute;n de Harris y Ross (1999, 18), en el sentido que lo que suele   ocurrir en las sociedades preindustriales (y en varios sectores sociales de   muchas industriales) ''[...] es que la procreaci&oacute;n no comience con el   matrimonio, sino que el matrimonio comience con la procreaci&oacute;n''. Por otra   parte, es indudable que la marcada distinci&oacute;n entre los roles masculinos y femeninos, es otra clave del asunto de la estructura familiar para esta regi&oacute;n. Seg&uacute;n Harris y Ross (1999, 35), existen unos factores que inciden en la eficiencia de la reproducci&oacute;n humana y del sistema reproductivo femenino, como la dieta, la carga de trabajo y la tensi&oacute;n psicol&oacute;gica, ya que todos ellos afectan a los niveles de estr&oacute;geno. De acuerdo con los datos disponibles para el Pac&iacute;fico sur y los censos citados, la estructura de los oficios no deja lugar a dudas sobre el hecho de que los roles de estas sociedades estaban claramente demarcados, en t&eacute;rminos generales y para condiciones normales. De tal manera que eran los hombres los que realizaban los trabajos m&aacute;s duros, pesados y de alto riesgo, mientras que las mujeres por lo general quedaban excluidas de ellos. Mecanismo que apunta a optimizar la reproducci&oacute;n, seg&uacute;n la l&oacute;gica expositiva que traemos. En consecuencia, podemos conjeturar en forma l&iacute;cita, que el rol reproductor de la mujer que hab&iacute;a prevalecido durante la esclavitud colonial y de la rep&uacute;blica temprana se redefini&oacute;, consolid&oacute; y ampli&oacute; en condiciones de libertad, como parte de la estrategia de individuos y grupos por consolidar las nuevas sociedades y aumentar sus efectivos demogr&aacute;ficos.</p>     <p>Simult&aacute;neamente, los espacios de acci&oacute;n de hombres y mujeres tambi&eacute;n   se delimitaron e hicieron funcionales y complementarios. De tal manera que <i>el   monte,</i> el r&iacute;o y los esteros, fueron los espacios masculinos por excelencia, as&iacute;   como las actividades productivas asociadas con ellos. Mientras que la casa, con   la huerta (<i>zotea</i>), cocina y frente de r&iacute;o, fueron los espacios y las actividades   femeninos por excelencia, entre los que se destaca el cuidado de los fetos y ni&ntilde;os.</p>     <p>No obstante la importancia y trascendencia de esa poderosa realidad de   las sociedades locales ribere&ntilde;as que hemos analizado, ella no es suficiente para tener una visi&oacute;n comprehensiva del Pac&iacute;fico sur colombiano en la segunda mitad del siglo XIX. En efecto, como parte del mismo proceso de crecimiento demogr&aacute;fico de los grupos negros y de su expansi&oacute;n por el territorio, tambi&eacute;n surgieron importantes concentraciones urbanas que modificaron dr&aacute;sticamente las antiguas jerarqu&iacute;as de las ciudades patrimoniales de origen colonial, crearon las condiciones para los futuros modernos puertos y su conexi&oacute;n con el interior del pa&iacute;s y los mercados del mundo. En consecuencia ambos fen&oacute;menos, las sociedades ribere&ntilde;as y los grandes centros portuarios, deben ser objeto de un an&aacute;lisis integrado.</p>     <p>Como ya vimos, entre 1843 y 1870 en la regi&oacute;n se mantuvieron tasas de   crecimiento de poblaci&oacute;n similares a las del suroccidente y el resto pa&iacute;s en su   conjunto. Miremos ahora lo ocurrido entre 1870 y 1905. La poblaci&oacute;n general   del Pac&iacute;fico sur en 1870 era de 37.900 habitantes y en 1905 pas&oacute; a 64.769   habitantes, con lo cual se consolidaron tendencias que ven&iacute;an del per&iacute;odo   anterior. Precisamente, se produjo la configuraci&oacute;n de un nuevo patr&oacute;n de   poblamiento en el que se combinan los asentamientos ribere&ntilde;os con los grandes   puertos fluvio-marinos, haci&eacute;ndose ambos complementarios. En efecto, en la   segunda mitad del siglo XIX Buenaventura se consolida como el nuevo   epicentro del Pac&iacute;fico sur, ya que en el per&iacute;odo intercensal de 1870-1905 su   poblaci&oacute;n pas&oacute; de 3.991 habitantes a 12.195, con una tasa de crecimiento de   25%. Tumaco tuvo un desarrollo paralelo espectacular al pasar de 2.642   habitantes en 1870 a 11.145 en 1905, con una tasa de crecimiento de 30.5%.   Guapi tambi&eacute;n tuvo un comportamiento interesante, porque en 1870 su   poblaci&oacute;n era de 4.933 y en 1905 alcanz&oacute; los 8.211 habitantes, con una tasa de   crecimiento del 12%. El caso de Timbiqu&iacute; es muy notorio, porque la explotaci&oacute;n minera moderna produjo cambios muy dr&aacute;sticos en los asentamientos tradicionales, en 1870 su poblaci&oacute;n era de 3.577 y para 1905 alcanz&oacute; los 10.941 habitantes, con una tasa de crecimiento de 25%. En adelante, la suerte de las poblaciones ribere&ntilde;as quedar&iacute;a para siempre atada a la suerte de las grandes concentraciones portuarias y a los proyectos de modernizaci&oacute;n que las tomaron como los lugares fundamentales para inducir los cambios que quer&iacute;an en la regi&oacute;n, de acuerdo con expectativas econ&oacute;micas y pol&iacute;ticas nacionales e internacionales.</p>     <p>Es necesario reconocer que ambas historias, tanto la de las sociedades   ribere&ntilde;as como la de las grandes concentraciones portuarias, est&aacute;n todav&iacute;a en proyecci&oacute;n, como lo indican los estudios m&aacute;s recientes.<a name="b8"></a><sup><a href="#8">8</a></sup></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><b><font size="3">Reconfiguraci&oacute;n del espacio del Pac&iacute;fico Sur</font></b></p>     <p>Como se ha dicho, se asume que el Pac&iacute;fico Sur Colombiano y sus provincias,   pueden definirse como una regi&oacute;n hist&oacute;rica, fundamentalmente por el papel   econ&oacute;mico que jugaron en el ordenamiento colonial. Sin embargo, como tal,   esta regi&oacute;n minera se asocia a una regi&oacute;n mayor, que en su forma administrativa   se identifica como la Gobernaci&oacute;n de Popay&aacute;n, donde la econom&iacute;a minera esclavista era s&oacute;lo parte de una estructura social y productiva global.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Ahora bien, como posibles variables en el an&aacute;lisis de la configuraci&oacute;n de   las regiones y su desarrollo, de la Pe&ntilde;a sugiere las siguientes: la regi&oacute;n y la econom&iacute;a pol&iacute;tica, la regi&oacute;n y el Estado, la regi&oacute;n y el mercado, la regi&oacute;n y la ciudad, la regi&oacute;n, la desigualdad y la clase social (Pe&ntilde;a 1991:155-162). El desarrollo de un ejercicio aproximativo de aplicaci&oacute;n de estas variables al caso de las provincias del Pac&iacute;fico sur resulta sin duda interesante, aunque no sea posible abordarlo aqu&iacute; en profundidad.</p>     <p>En relaci&oacute;n con la variable <i>regi&oacute;n y econom&iacute;a pol&iacute;tica</i>, como ya se ha   dicho, esta regi&oacute;n inicialmente se estructura sobre la econom&iacute;a minera colonial   y la funci&oacute;n de la misma dentro del modelo imperial como suministradora de   minerales preciosos para la Corona espa&ntilde;ola (Barona 1995 y 1996; Colmenares   1979; D&iacute;az 1994). Pero durante el per&iacute;odo temprano de la construcci&oacute;n nacional   este car&aacute;cter de la regi&oacute;n se rompe, por la disoluci&oacute;n de la esclavitud y el   declive de la producci&oacute;n de oro, con lo cual deviene marginal al proyecto   nacional, que sin embargo permite la vigorosa presencia de las comunidades   negras e ind&iacute;genas. Al final del per&iacute;odo considerado en este estudio, la regi&oacute;n y   su gente experimentaron fuertes tensiones derivadas de las pol&iacute;ticas   integracionistas en lo sociocultural y la influencia y expansi&oacute;n de la econom&iacute;a de mercado.</p>     <p>En cuanto a la variable <i>regi&oacute;n y Estado</i>, el Pac&iacute;fico sur vive los avatares   propios de las tensiones entre las provincias hist&oacute;ricas, la regi&oacute;n mayor y las   fuerzas centralizadoras del Estado. Los grandes momentos de este proceso se   pueden hilar cronol&oacute;gicamente as&iacute;: la ''proclamaci&oacute;n'' de la Independencia por   la ciudad de Iscuand&eacute; en 1810 y las consiguientes guerras de Independencia que   durar&iacute;an en la regi&oacute;n hasta 1823-1824; el pacto pol&iacute;tico de Bol&iacute;var con las   grandes familias esclavistas de Popay&aacute;n, los Mosquera y los Arboleda, en 1821   (Lofstrom 1996); la creaci&oacute;n de la Provincia de Buenaventura con capital en la ciudad litoral de Iscuand&eacute; en 1823 y su duraci&oacute;n hasta 1835, forma administrativa que deb&iacute;a darle cohesi&oacute;n, exclusivamente, al territorio litoral comprendido entre el r&iacute;o San Juan al norte y el r&iacute;o Mataje en la frontera con Ecuador; los intentos por reiniciar un nuevo ciclo minero con base en la esclavitud y las contradicciones de este proyecto frente al desmonte paulatino de la esclavitud adoptado en la Constituci&oacute;n de C&uacute;cuta en 1821 y por el crecimiento constante de la poblaci&oacute;n de negros libres; durante este per&iacute;odo el proyecto regional de los territorios perteneciente en el pasado a la antigua Gobernaci&oacute;n de Popay&aacute;n y todas sus provincias tributarias, se vio especialmente afectado por las din&aacute;micas de la configuraci&oacute;n de los proyectos nacionales de Ecuador y Colombia, entre los cuales vacil&oacute; (Fazio 1988; Van Ake 1995; Valencia 1996); desde 1835 hasta 1857, cuando se crea el Estado Soberano del Cauca, la Provincia de Buenaventura, ahora con capital en Cali, retorn&oacute; al modelo colonial de control del territorio litoral por las ciudades del interior andino; durante la segunda mitad del siglo XIX se produjo la masiva conquista del litoral Pac&iacute;fico por los grupos negros en libertad y en las primeras d&eacute;cadas del siglo XX se dieron fuertes iniciativas integracionistas de la gente negra e ind&iacute;gena por parte de misioneros y proyectos econ&oacute;micos de explotaci&oacute;n de sus recurso naturales y de conexi&oacute;n vial con el interior y el exterior.</p>     <p>En relaci&oacute;n con la variable de la <i>regi&oacute;n y el mercado</i> se puede   establecer que las redes mercantiles en las que se hallaba inscrita la regi&oacute;n se   encontraban doblemente determinadas: por una precaria red de caminos por una   parte y por su dependencia de los productos b&aacute;sicos provenientes del exterior,   dada su exclusiva especializaci&oacute;n minera por otra. En consecuencia, la regi&oacute;n qued&oacute; igualmente traslapada entre la configuraci&oacute;n de los respectivos mercados nacionales de Colombia y Ecuador (Saint-Geours 1984). En efecto, desde la &eacute;poca colonial esta regi&oacute;n depend&iacute;a por completo de los suministros y abastos agr&iacute;cola, pecuarios y de herramientas que proven&iacute;an del mercado andino, tanto de las mesetas de Pasto, T&uacute;querres e Ipiales como de las de la sierra norte de la Audiencia de Quito; al tiempo, otro circuito discurr&iacute;a por la costa entre Guayaquil y los puertos mar&iacute;timos y/o fluviales del Pac&iacute;fico sur (Tumaco, Barbacoas, Iscuand&eacute;, Guapi, La Cruz, Raposo, Buenaventura y Charambir&aacute;); en menor medida depend&iacute;a tambi&eacute;n de los productos del valle del Pat&iacute;a, del valle del Cauca y de la zona de Popay&aacute;n y sus anexos agr&iacute;colas y ganaderos. Esta situaci&oacute;n estructural de origen colonial se prolong&oacute; en buena medida durante el siglo XIX y empezar&iacute;a a modificarse en las primeras d&eacute;cadas del siglo XX. En t&eacute;rminos de circulante, esta situaci&oacute;n tambi&eacute;n se expres&oacute; como una superposici&oacute;n de los flujos monetarios y propici&oacute; el contrabando de oro en polvo desde el sur de Colombia hacia el Ecuador. Pr&aacute;cticamente al margen del mercado, existi&oacute; siempre una econom&iacute;a de subsistencia de los grupos negros e ind&iacute;genas que aprovecharon la amplia oferta ambiental para la recolecci&oacute;n, la pesca, la agricultura de pancoger y la miner&iacute;a de aluvi&oacute;n que monetizaba parcialmente sus econom&iacute;as dom&eacute;sticas.</p>     <p>En lo atinente a la <i>regi&oacute;n y la ciudad</i>, la tipolog&iacute;a al respecto es bastante   elusiva, en tanto ninguno de los modelos conocidos acerca del papel de las   ciudades en la configuraci&oacute;n de las regiones parece coincidir con lo ocurrido en   esta regi&oacute;n. En efecto, si bien la ciudad de Popay&aacute;n ejerci&oacute; la influencia   jer&aacute;rquica en el orden pol&iacute;tico administrativo como asiento de la Gobernaci&oacute;n,   lo hizo siempre en abierta disputa y rivalidad principalmente con Quito, que la aventajaba en lo judicial y eclesi&aacute;stico; pero tambi&eacute;n con Pasto, que trataba de ejercer su influencia sobre Barbacoas; mientras que la influencia de Cali se dejaba sentir a trav&eacute;s de la presencia de mineros arraigados en la regi&oacute;n aunque originarios del valle del Cauca. Hay que considerar, adem&aacute;s, que no es despreciable la influencia de la ciudad-puerto de Guayaquil sobre la regi&oacute;n, sobre todo en cuanto a la navegaci&oacute;n y el comercio de cabotaje. Finalmente, las propias ''ciudades'' fundadoras del litoral Pac&iacute;fico -Barbacoas, Iscuand&eacute; y Tumaco-, en realidad centros urbanos fueron muy precarios, incluida Barbacoas, la ciudad matriz de esta frontera minera y despu&eacute;s las emergentes Guapi, El Charco y Buenaventura, tuvieron funciones y especializaciones muy puntuales que las diferenciaron desde muy temprano e hicieron que rivalizaran entre s&iacute; por la ampliaci&oacute;n de sus jurisdicciones y el control de los distritos mineros.<a name="b9"></a><sup><a href="#9">9</a></sup></p>     <p>Finalmente, en lo que tiene que ver con la relaci&oacute;n entre <i>la regi&oacute;n y la   desigualdad social y la estructura de clases sociales</i> cabe decir que en la regi&oacute;n   tendieron a coincidir las fronteras sociales con las fronteras &eacute;tnicas,<a name="b10"></a><sup><a href="#10">10</a></sup> dado el   escaso mestizaje, mulataje y zambaje, el amplio predominio demogr&aacute;fico de los   negros, la baja cantidad de efectivos blancos y la casi despreciable inmigraci&oacute;n   de estos o de mestizos hacia la regi&oacute;n. Precisamente, el predominio de los negros, que continu&oacute; como tendencia despu&eacute;s de que fuera abolida jur&iacute;dicamente la esclavitud, los mantiene como los protagonistas subalternos de la regi&oacute;n en la segunda mitad del siglo XIX. Justamente, cuando estos consolidaron su expansi&oacute;n territorial y conformaron sociedades locales ribere&ntilde;as en una gesta pobladora que, a manera de di&aacute;spora interna por la llanura aluvial, los llevar&aacute; a definir la regi&oacute;n como un gran territorio colectivo, sobre el cual sobrevendr&aacute;n nuevos ciclos econ&oacute;micos extractivos y la intervenci&oacute;n de sus agentes privados y estatales, amparados en la pol&iacute;tica de los bald&iacute;os nacionales, las concesiones de explotaci&oacute;n de los bosques y los dise&ntilde;os de desarrollo portuario y vial, a contrapelo de las din&aacute;micas locales y regionales.</p>     <p>En conclusi&oacute;n, considero necesarios y pertinentes un enfoque sist&eacute;mico,   una periodizaci&oacute;n de alcance intermedio y la perspectiva regional para casos   como el estudiado aqu&iacute; por varias razones. Los problemas bajo estudio suponen   balancear adecuadamente un per&iacute;odo tan considerable con las din&aacute;micas   concretas a observar, lo que obliga a enfocarse sobre todo en las tendencias m&aacute;s   que en los acontecimientos propiamente dichos, pero sin que por ello se tengan   que perder de vista los fen&oacute;menos espec&iacute;ficos y las formas que estos asumieron.   Ahora bien, aunque para el an&aacute;lisis espacial se parti&oacute; de una dimensi&oacute;n   intermedia, es decir, la gobernaci&oacute;n de Popay&aacute;n o el Gran Cauca y la regi&oacute;n del   Pac&iacute;fico sur, en &eacute;l est&aacute;n implicadas interacciones y conexiones de escala mayor   como la nacional y mundial, o de mucha menor dimensi&oacute;n como la   microescala. Por otra parte, exist&iacute;an otros retos anal&iacute;ticos, como alcanzar un   equilibrio entre la descripci&oacute;n con base documental y la explicaci&oacute;n m&aacute;s   profunda, lo que supone un permanente desplazamiento desde las din&aacute;micas hist&oacute;ricas concretas hasta un marco conceptual y sist&eacute;mico. El resultado final nos hace pensar que esta tensi&oacute;n se resolvi&oacute; positiva y razonablemente, que en lo fundamental hemos evitado el riesgo de un reduccionismo sobre alg&uacute;n modelo que en su nombre sacrifique los ricos matices que proveen las distintas fuentes, documentos y evidencias consultadas y analizadas, por lo cual nos arriesgamos a exponer un modelo flexible en el juego de variables, el cual result&oacute; de este ejercicio de investigaci&oacute;n.</p>     <p>Finalmente, en relaci&oacute;n con la pertinencia de las anteriores decisiones   metodol&oacute;gicas, cabe considerar otro aspecto fundamental: determinar cu&aacute;les   son las unidades de an&aacute;lisis de un estudio que cuenta con las caracter&iacute;sticas   anunciadas. Lo que nos condujo a enfocarnos en dos grandes din&aacute;micas   hist&oacute;ricas y sus configuraciones respectivas, <i>el nacionalismo de Estado y la   etnog&eacute;nesis negra e ind&iacute;gena</i>, las cuales solamente se pueden observar y describir en t&eacute;rminos sist&eacute;micos y en el largo o mediano plazo.</p>     <p>&nbsp;</p> <hr size="1" />     <p><b><font size="3">Notas al pie</font></b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a name="0"></a><a href="#b0">*</a> La perspectiva e informaci&oacute;n del presente texto provienen de la tesis doctoral <i>Territorio,   Etnicidad y Poder en el Pac&iacute;fico Sur Colombiano, 1780-1930 (Historia y Etnohistoria de las   Relaciones Inter&eacute;tnicas)</i> optativa al t&iacute;tulo de Doctor en Antropolog&iacute;a Social y Cultural de la Universidad de Sevilla, Espa&ntilde;a, 2007.</p>     <p><a name="1"></a><a href="#b1">1</a> V&eacute;ase al respecto, Castro-G&oacute;mez, Guardiola-Rivera y Mill&aacute;n de Benavides, eds., (1999); Editorial. 2007. Teor&iacute;as decoloniales en Am&eacute;rica Latina. <i>Revista N&oacute;madas</i>. 26: 4-5.</p>     <p><a name="2"></a><a href="#b2">2</a> En una discusi&oacute;n similar, pero desde una etnograf&iacute;a de los ''grupos negros'' de los r&iacute;os Satinga   y Sanquianga del Pac&iacute;fico sur, Eduardo Restrepo cuestiona la pertinencia de la categor&iacute;a de   ''campesinos silvicultores'' que utilizan los ingenieros forestales y economistas para referirse a   estos grupos que viven de explotar los humedales forestales de la zona (Cf. Restrepo 1996). Para una breve rese&ntilde;a de esta discusi&oacute;n, ver Almario, Oscar. 1996.</p>     <p><a name="3"></a><a href="#b3">3</a> Archivo General de la Naci&oacute;n (AGN). Colonia, <i>Virreyes</i>, t. 16, ff. 185-195, dto.:29. Popay&aacute;n,   septiembre 20 de 1804. Firmado por Diego Antonio Nieto. (n.a. Los datos del gobernante   provienen de un padr&oacute;n de 1795 y por eso se explica que coincidan con los de la relaci&oacute;n de 1797).</p>     <p><a name="4"></a><a href="#b4">4</a> Al levantar la informaci&oacute;n poblacional de los censos de 1870 se desagreg&oacute; la poblaci&oacute;n   menor de edad y sin oficio, o con oficios asignados indiscriminadamente (generalmente el   paterno) para obtener una mejor aproximaci&oacute;n al peso porcentual de solteros e infantes. En   varios casos los oficios se asignaron por familia lo cual puede indicar que las familias,   especialmente los hombres de cada una, se dedicaban a un mismo oficio; sin embargo, el hecho   de que ciertos oficios se usaran con alta regularidad, por ejemplo para mujeres solteras, puede   indicar el car&aacute;cter de ''comod&iacute;n'' de ciertas categor&iacute;as, como ''lavandera'' o ''costurera''. Al   considerar el peso porcentual de los oficios, &eacute;ste se evalu&oacute; con respecto al tama&ntilde;o de la poblaci&oacute;n ocupada, y no con respecto al tama&ntilde;o de la poblaci&oacute;n total.</p>     <p>   En algunos casos, las sumatorias obtenidas no coinciden con las tablas de resumen o totales de   los censos. Lo anterior se debe a errores en los originales o falta de informaci&oacute;n por mutilaci&oacute;n   de documentos, fallas de la copia fotost&aacute;tica o ausencia de folios completos. Sin embargo, la   informaci&oacute;n faltante no es mucha y se asume que las tendencias porcentuales no variar&iacute;an   considerablemente.</p>     <p>   Observaciones particulares sobre algunos censos. En el censo <i>M&aacute;laga, Buenaventura</i> es claro   que se asign&oacute; indiscriminadamente el oficio paterno a todos los hijos sin importar la edad, por   tanto todo ni&ntilde;o de 10 a&ntilde;os o menor no se incluy&oacute; en la poblaci&oacute;n con oficios. En la Secci&oacute;n   <i>Primera del Distrito de Buenaventura</i> la sumatoria total de poblaci&oacute;n que aparece en el censo   es de 2.052 personas, pero faltan los folios 129r., 131r., 132r., 146r, y el lado izquierdo del   152r. La informaci&oacute;n porcentual se levant&oacute; con respecto al total disponible de 1.834 personas.</p>     <p><a name="5"></a><a href="#b5">5</a> Las evidencias sobre este proceso en el Pac&iacute;fico Sur Colombiano y su comparaci&oacute;n con las   existentes para el Amazonas, ameritan futuros esfuerzos comparativos. Por ejemplo Harris y   Ross (1999, 61-64), a partir del caso amaz&oacute;nico, subrayan que puede darse, y de hecho se dio,   una importante vida sedentaria en bosques tropicales, en la medida que los distintos grupos   aprovecharon las <i>varzeas</i> (estrechas llanuras inundadas) para proveerse de recursos variados y abundantes.</p>     <p><a name="6"></a><a href="#b6">6</a> La relaci&oacute;n entre la naturaleza y las sociedades como fundamental en la formaci&oacute;n de identidades y senti dos, ha sido tratada por Descola (1989) y Descola y Palsson, coords (2001).</p>     <p><a name="7"></a><a href="#b7">7</a> Los jaiban&aacute;s, entre los ind&iacute;genas emberas, tienen el poder de controlar los animales de la   selva, con una estrategia que permite <i>encerrarlos</i> (en le mundo de abajo) o <i>destaparlos</i>   (dejarlos salir al mundo de los humanos). Desde su tradici&oacute;n, los animales tienen   comportamiento sociales similares a los humanos y por eso con ellos deben establecerse relaciones claras, que es de lo que se ocupa el <i>jaiban&aacute;</i>. Ver, Rubio et. al., 1998:28-30).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a name="8"></a><a href="#b8">8</a> L&eacute;ase Aprile-Gniset (1993 y 2002), Leal (1998 y 2005), Leal y Restrepo (2003), Almario (2003) y Romero (1995, 1997a, y 1997b).</p>     <p><a name="9"></a><a href="#b9">9</a> El estudio m&aacute;s innovador acerca de la perspectiva del papel de lo urbano en el Pac&iacute;fico, una   regi&oacute;n que tradicionalmente ha sido vista por la academia como ''rural'', es el de Claudia Leal   (1998), que desarrolla una comparaci&oacute;n entre las ciudades de Barbacoas al sur y Quibd&oacute; al   norte, que compartieron la ilusi&oacute;n de un progreso urbano en medio de la selva. En la misma   perspectiva, v&eacute;ase tambi&eacute;n de Leal (2005, 39-65) su an&aacute;lisis de la transformaci&oacute;n de Tumaco de   un caser&iacute;o a una ciudad portuaria entre 1860 y 1940, aprovechando varios ciclos vegetales atractivos, como el de la tagua.</p>     <p>   <a name="10"></a><a href="#b10">10</a> De acuerdo con la perspectiva que Wade, 1997, le ha dado en este punto a sus trabajos y que   retoma de Taussig, 1987.</p> <hr size="1" />     <p>&nbsp;</p>     <p><b><font size="3">Bibliograf&iacute;a</font></b></p>     <!-- ref --><p>   Almario Garc&iacute;a, Oscar. 2003. <i>Los Renacientes y su territorio. Ensayos sobre la   etnicidad negra en el Pac&iacute;fico sur colombiano</i>. Medell&iacute;n: Universidad   Pontificia Bolivariana, Concejo de Medell&iacute;n. Colecci&oacute;n pensamiento pol&iacute;tico   contempor&aacute;neo, No. 5.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000108&pid=S2145-132X200900010000400001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Almario Garc&iacute;a, Oscar. 1996. Ciencias Naturales, Sociales y Humanas: La   estrategia multidisciplinaria en el Pac&iacute;fico sur colombiano. <i>Bolet&iacute;n de Antropolog&iacute;a</i>, Vol. 10, 26: 105-119.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000110&pid=S2145-132X200900010000400002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>   Aprile-Gniset, Jaques. 2002. <i>G&eacute;nesis de Buenaventura. Memorias del Cascajal</i>.   Buenaventura: Universidad del Pac&iacute;fico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000112&pid=S2145-132X200900010000400003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>   Aprile-Gniset, Jaques. 1993. <i>Poblamiento, h&aacute;bitats y pueblos del Pac&iacute;fico</i>,   Cali: Universidad del Valle.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000114&pid=S2145-132X200900010000400004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>   Barona B., Guido. 1995. <i>La maldici&oacute;n de midas en una regi&oacute;n del mundo   colonial. Popay&aacute;n 1730-1830</i>. Santiago de Cali: Editorial Facultad de   Humanidades-Universidad del Valle-Fondo Mixto para la promoci&oacute;n de la   Cultura y las Artes del Cauca.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000116&pid=S2145-132X200900010000400005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>   Barona B., Guido. 1996. El espacio geopol&iacute;tico de la antigua Gobernaci&oacute;n de   Popay&aacute;n. En <i>Los pueblos campesinos de las Am&eacute;ricas. Etnicidad, cultura e   historia en el siglo XIX</i>, eds., Heraclio Bonilla y Amado A. Guerrero Rinc&oacute;n,   115-135. Bucaramanga: Maestr&iacute;a en Historia-Escuela de Historia-Universidad   Industrial de Santander.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000118&pid=S2145-132X200900010000400006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>   Camacho, Juana y Eduardo Restrepo, eds. 1999. <i>De montes r&iacute;os y ciudades.   Territorios e identidades de la gente negra en Colombia</i>. Bogot&aacute;: Fundaci&oacute;n   Natura, ECOFONDO, ICAN.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000120&pid=S2145-132X200900010000400007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Castro-G&oacute;mez, Santiago, Oscar Guardiola-Rivera, Carmen Millan de   Benavides, eds. 1999. <i>Pensar (en) los intersticios. Teor&iacute;a y pr&aacute;ctica de la   cr&iacute;tica poscolonial</i>. Santaf&eacute; de Bogot&aacute;: Instituto Pensar- Pontificia Universidad Javeriana.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000122&pid=S2145-132X200900010000400008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>   Colmenares, Germ&aacute;n. 1979. <i>Historia econ&oacute;mica y social de Colombia. Tomo   II. Popay&aacute;n: una sociedad esclavista. 1680-1800</i>. Bogot&aacute;: La Carreta.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000124&pid=S2145-132X200900010000400009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>   Descola, Philippe. 1989. <i>La Selva culta. Simbolismo y praxis en la ecolog&iacute;a de   los Achuar</i>. (Trad. de Juan Carrera Colin y Xavier Catta Quelen, revisada por   Frederic Illouz). Quito: Abya-Yala, Movimientos Laicos para Am&eacute;rica Latina.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000126&pid=S2145-132X200900010000400010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->  </p>     <!-- ref --><p>Descola, Philippe y G&iacute;sli Palsson, coords. 2001. <i>Naturaleza y sociedad.   Perspectivas antropol&oacute;gicas</i>. M&eacute;xico: Siglo XXI Editores.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000128&pid=S2145-132X200900010000400011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>   D&iacute;az, Zamira. 1994. <i>Oro, sociedad y econom&iacute;a. El sistema colonial en la   Gobernaci&oacute;n de Popay&aacute;n: 1533- 1733</i>. Santaf&eacute; de Bogot&aacute;: Banco de la   Rep&uacute;blica.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000130&pid=S2145-132X200900010000400012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>   Editorial. 2007. Teor&iacute;as decoloniales en Am&eacute;rica Latina. <i>Revista N&oacute;madas</i>. 26:   4-5.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000132&pid=S2145-132X200900010000400013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>   Fazio F., Mariano. 1988. <i>El Guayaquil colombiano. 1822-1830</i>, Guayaquil:   Banco Central del Ecuador.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000134&pid=S2145-132X200900010000400014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Garc&iacute;a, Jos&eacute; Luis. 1976. <i>Antropolog&iacute;a del Territorio</i>. Madrid: Taller de Ediciones Josefina Betancour.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000136&pid=S2145-132X200900010000400015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>   Granda, Germ&aacute;n de. 1977. <i>Estudios sobre un &aacute;rea dialectal hispanoamericana   de poblaci&oacute;n negra. Las tierras bajas occidentales de Colombia</i>. Bogot&aacute;:   Publicaciones del Instituto Caro y Cuervo.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000138&pid=S2145-132X200900010000400016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>   Grimson, Alejandro. 2003. Disputas sobre las fronteras. Introducci&oacute;n a la   edici&oacute;n en espa&ntilde;ol. En <i>Teor&iacute;a de la Frontera. Los l&iacute;mites de la pol&iacute;tica cultural</i>.   (Introducci&oacute;n de Alejandro Grimson), Scott Michaelsen y David E. Jhonson,   eds., 12-23. Barcelona: Gedisa.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000140&pid=S2145-132X200900010000400017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>   Harris, Marvin y Eric B. Ross. 1999. <i>Muerte</i>, <i>Sexo y Fecundidad. La   Regulaci&oacute;n Demogr&aacute;fica en las Sociedades Preindustriales y en Desarrollo</i>.   Madrid: Editorial Alianza.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000142&pid=S2145-132X200900010000400018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>   Leal, Claudia. 2005. Un puerto en la selva: Naturaleza y raza en la creaci&oacute;n de   la ciudad de Tumaco, 1860-1940. <i>Historia Cr&iacute;tica</i>, 30: 39-65.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000144&pid=S2145-132X200900010000400019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>   Leal, Claudia. 1998. <i>The Illusion of Urban Life in the Forest. A History of   Barbacoas and Quibd&oacute; on the Colombian Pacific Coast</i>. M.A. thesis,   University of California at Berkeley.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000146&pid=S2145-132X200900010000400020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>   Leal, Claudia y Eduardo Restrepo. 2003. <i>Unos bosques sembrados de aserr&iacute;os.   Historia de la extracci&oacute;n maderera en el Pac&iacute;fico colombiano</i>. Medell&iacute;n: Editorial Universidad de Antioquia, Colciencias, ICANH, Facultad de Ciencias   Humanas y Econ&oacute;micas-Universidad Nacional de Colombia, Sede Medell&iacute;n.   Colecci&oacute;n Cl&iacute;o.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000148&pid=S2145-132X200900010000400021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>   Lofstrom, William. 1996. <i>La vida &iacute;ntima de Tom&aacute;s Cipriano de Mosquera   (1798-1830)</i>, Bogot&aacute;: Banco de la Rep&uacute;blica - El &Aacute;ncora Editores.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000150&pid=S2145-132X200900010000400022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>   Pe&ntilde;a, Guillermo de la. 1991. Los estudios regionales y la antropolog&iacute;a social en   M&eacute;xico. En <i>Regi&oacute;n e Historia en M&eacute;xico (1700-1850). M&eacute;todos de an&aacute;lisis   regional</i>, Pedro P&eacute;rez Herrero, comp. 123-162. M&eacute;xico: Instituto Mora,   Universidad Aut&oacute;noma Metropolitana.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000152&pid=S2145-132X200900010000400023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>   Restrepo, Eduardo. 1996. Los tuqueros negros del Pac&iacute;fico Sur colombiano. En   <i>Renacientes del Guandal. ''Grupos Negros'' de los r&iacute;os Satinga y Sanquianga</i>,   Jorge Ignacio del Valle y Eduardo Restrepo, eds., 243-348. Bogot&aacute;:   Biopac&iacute;fico, Universidad Nacional de Colombia.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000154&pid=S2145-132X200900010000400024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>   Romero, Mario Diego. 1997a. <i>Historia y etnohistoria de las comunidades   afrocolombianas del r&iacute;o Naya</i>. Cali: Premios Jorge Isaacs, Colecci&oacute;n de   Autores Vallecaucanos, Gerencia Cultural de la Gobernaci&oacute;n del Valle del   Cauca, Imprenta Departamental.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000156&pid=S2145-132X200900010000400025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>   Romero, Mario Diego. 1997b. <i>Sociedades negras en la costa Pac&iacute;fica del valle   del Cauca durante los siglos XIX y XX</i>. 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Cali: Editorial Facultad de Humanidades, Universidad del Valle.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000160&pid=S2145-132X200900010000400027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>   Rubio Torgler, Heidi, Astrid Ulloa y M&oacute;nica Rubio Torgler. 1998. <i>Tras las   huellas de los animales. 23 especies del Choc&oacute; biogeogr&aacute;fico</i>. 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Bogot&aacute;: Fen Biopac&iacute;fico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000164&pid=S2145-132X200900010000400029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>   Saint-Geours, Yves. 1984. La sierra del Norte y del Centro del Ecuador 1830-   1875. <i>Bolet&iacute;n del Instituto Franc&eacute;s de Estudios Andinos</i>, XII, 13: 1-15.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000166&pid=S2145-132X200900010000400030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>   Santos, Milton. 2000. <i>La naturaleza del espacio. T&eacute;cnica y tiempo. Raz&oacute;n y   emoci&oacute;n</i>. Barcelona: Editorial Ariel S.A.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000168&pid=S2145-132X200900010000400031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>   Valdivia Rojas, Luis. 1980. Mapas de densidad de poblaci&oacute;n para el   suroccidente 1843 y 1870. <i>Revista Historia y Espacio</i>, 5:103-110.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000170&pid=S2145-132X200900010000400032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>   Valencia Llano, Alonso. 1996. Importancia de Sucre en la Historia de   Colombia. <i>Sucre. Soldado y estadista. 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Bogot&aacute;: ICANH,    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000180&pid=S2145-132X200900010000400037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>   Whitten, Norman E. 1992. <i>Pioneros Negros</i>. <i>La cultura afro-latinoamericana   del Ecuador y Colombia</i>. Quito: Centro Cultural Afro-Ecuatoriano.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000182&pid=S2145-132X200900010000400038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <p>&nbsp;</p>     <p>&nbsp;</p> </font>     ]]></body><back>
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