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<journal-title><![CDATA[HiSTOReLo. Revista de Historia Regional y Local]]></journal-title>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Guerras y expropiaciones de la época federal caucana]]></article-title>
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<kwd lng="es"><![CDATA[Siglo XIX]]></kwd>
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</front><body><![CDATA[  <font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">     <P align="right"><b>INVESTIGACI&Oacute;N</b> </P>      <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="center"><b><font size="4">Guerras y expropiaciones   de la &eacute;poca federal caucana </font></b></p>     <p>&nbsp;</p>     <p>&nbsp;</p>     <p><b>Alonso Valencia Llano*</b></p>     <p>* Doctor en Historia de Am&eacute;rica graduado en Universidad Pablo de   Olavide (Espa&ntilde;a), Maestro en Historia con Menci&oacute;n en Historia Andina, FLACSO, (Ecuador) y Profesor Titular de la Universidad del Valle. E-mail: <a href="mailto:alvalenc@univalle.edu.co">alvalenc@univalle.edu.co</a></p>     <p>&nbsp;</p>     <p>Articulo recibido 23 de julio de 2009, aceptado el 04 de septiembre de 2009 y publicado electr&oacute;nicamente el 1 de junio de 2010.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p> <hr size="1" />     <p><b>Resumen</b></p>     <p>  En el presente art&iacute;culo se enuncian los factores explicativos de la crisis   econ&oacute;mica que afect&oacute; al Cauca durante la primera mitad del siglo XIX, y se les   muestra como un efecto de los procesos econ&oacute;micos desarrollados durante el   per&iacute;odo colonial. Veremos c&oacute;mo los caucanos debieron construir empresas en   las cuales vincularon pol&iacute;ticos y extranjeros para desarrollar la infraestructura   necesaria, para sacar as&iacute; a la regi&oacute;n de la crisis en que la sumieron las guerras   de Independencia y el rosario de guerras civiles que caracterizaron los primeros   a&ntilde;os del per&iacute;odo republicano. Finalmente, se ofrece una visi&oacute;n de los efectos de   las guerras sobre el desarrollo econ&oacute;mico, evidenciando con ejemplos, como   funcionarios p&uacute;blicos, empresarios, militares y pol&iacute;ticos aprovecharon las   guerras civiles para beneficiarse econ&oacute;micamente.</p>     <p>   <b>Palabras clave:</b> guerras, expropiaciones, Valle del Cauca, Siglo XIX</p> <hr size="1" />     <p>&nbsp;</p>     <p>&nbsp;</p>     <p><b><font size="3">La herencia econ&oacute;mica colonial</font></b></p>     <p>Durante el siglo XIX la regi&oacute;n caucana permaneci&oacute; como una de las m&aacute;s   atrasadas del pa&iacute;s, lo que era contradictorio si se tiene en cuenta su abundancia   en recursos sist&eacute;micos que, por causas diversas, eran explotados s&oacute;lo para la   subsistencia y para un fr&aacute;gil mercado interno. Este atraso radicaba en la   ausencia de una infraestructura moderna de comunicaciones modernas cuya   superaci&oacute;n se convirti&oacute; en el paradigma para pol&iacute;ticos y empresarios, quienes   desesperaban al ver que no pod&iacute;an vincularse de manera eficiente al mercado   mundial.<a name="b1"></a><sup><a href="#1">1</a></sup> Las estrategias para superar esta situaci&oacute;n se orientaron en diferentes   sentidos: la primera fue la necesidad de superar la tradici&oacute;n colonial, que   orient&oacute; el desarrollo econ&oacute;mico al sector minero, el cual al entrar en crisis   arrastraba a la econom&iacute;a hacendataria. La segunda fue aprender y desarrollar las   pr&aacute;cticas empresariales del capitalismo, lo que vino asociado al establecimiento   de relaciones nacionales e internacionales que llevaron a un estrecho v&iacute;nculo   entre econom&iacute;a y pol&iacute;tica, lo cual permiti&oacute;, entre otras cosas, la llegada de empresarios y capitales extranjeros.<a name="b2"></a><sup><a href="#2">2</a></sup></p>     <p>La dificultad para superar el primer obst&aacute;culo salta a la vista si se tiene   en cuenta la tradici&oacute;n se&ntilde;orial de las &eacute;lites caucanas, renuentes a invertir en   empresas agropecuarias debido a las experiencias del pasado, llev&oacute; a una crisis continuada durante la primera mitad del siglo XIX, agravada por la inestabilidad del orden p&uacute;blico. Producto de unas guerras de independencia, extendidas en el Cauca m&aacute;s que en cualquier otro sitio de la Rep&uacute;blica, y la recurrencia de guerras civiles fue dif&iacute;cil la construcci&oacute;n del Estado y la Sociedad republicanos, creandose un clima de inestabilidad social que en ocasiones revisti&oacute; las caracter&iacute;sticas de insurgencia social o de guerra racial.<a name="b3"></a><sup><a href="#3">3</a></sup></p>     <p>Las consecuencias de la inestabilidad pol&iacute;tica y social se sintieron en la   dificultad para controlar la mano de obra, la desvalorizaci&oacute;n de la propiedad   rural y en la ausencia permanente de capitales, que llevaron al fortalecimiento   de econom&iacute;as precapitalistas en manos de campesinos que cultivaban en tierras   propias, ajenas, comunales o bald&iacute;as.<a name="b4"></a><sup><a href="#4">4</a></sup> Estos campesinos, a pesar de sus   resistencias a los cambios republicanos, se vieron fortalecidos con los   afrodescendientes que escapaban a la esclavitud o que se beneficiaban de las   reformas sociales que trataban de imponer los sectores m&aacute;s liberales.   Precisamente, las transformaciones sociales desarrolladas por los liberales   hicieron que los esclavos &#8211;la m&aacute;s importante ventaja con que contaban las &eacute;lites   coloniales&#8211; se convirtieran, durante la Rep&uacute;blica, en una inversi&oacute;n   improductiva y gravosa, que los hac&iacute;a aparecer, junto con la tierra, como bienes   suntuarios, sostenedores de un status y prestigio social, que la sociedad   republicana ve&iacute;a como r&eacute;moras del pasado. El prestigio y status se hab&iacute;an   trasladado ahora a los militares y pol&iacute;ticos salidos de la Independencia y   constructores de la Rep&uacute;blica y en los empresarios que eficientemente se vinculaban al mercado mundial.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>     <p><b><font size="3">Los empresarios y la recuperaci&oacute;n econ&oacute;mica del Cauca</font></b></p>     <p>La crisis econ&oacute;mica impuso la necesidad de buscar el desarrollo empresarial   caucano. Esto llev&oacute; a que muchos de los hacendados, transformados en   comerciantes, entregaran tierras al campesinado, situaci&oacute;n que facilit&oacute; una   oferta estable y creciente de materias primas tales como tabaco, cacao y a&ntilde;il,   que recib&iacute;an en pago de arrendamiento de parcelas; otros simplemente   compraron cosechas anticipadas mediante la financiaci&oacute;n a los productores   directos, en tanto que unos pocos, transformados en empresarios rurales,   controlaron por s&iacute; mismos los procesos productivos. Se trataba de estrategias   empresariales interesantes, pues hicieron que los empresarios caucanos no   tuvieran que invertir grandes capitales para la compra y adecuaci&oacute;n de tierras,   ni tampoco contrataci&oacute;n de fuerza laboral, pudiendo cumplir as&iacute; con los compromisos de exportaci&oacute;n adquiridos.</p>     <p>La crisis tuvo otras consecuencias igualmente importantes para el   desarrollo empresarial. La desvalorizaci&oacute;n de las tierras permiti&oacute; que fueran   adquiridas por extranjeros que ejercer&iacute;an como nuevos empresarios rurales.   Esto, a&ntilde;adido a la gran disponibilidad de tierras bald&iacute;as, permiti&oacute; que el Estado   atrajera empresarios de obras p&uacute;blicas &#8211;nacionales y extranjeros&#8211; al ofrecerlas   como retribuci&oacute;n parcial por la construcci&oacute;n de obras de infraestructura. No   obstante, la llegada de los extranjeros no hubiera sido posible sin dos elementos   a tener en cuenta: el primero es la relaci&oacute;n que establecieron con pol&iacute;ticos   caucanos y el segundo es la pertenencia a logias mas&oacute;nicas. El primer elemento   es decisivo en el desarrollo empresarial, pues obras como el camino a Buenaventura que permitir&iacute;a la comunicaci&oacute;n del Cauca con Europa y Norteam&eacute;rica por la v&iacute;a de Panam&aacute;, no habr&iacute;a sido posible, si no hubiera mediado el control del Gobierno de la Nueva Granada; este es el caso del Presidente Tom&aacute;s Cipriano de Mosquera, un importante mas&oacute;n, quien en 1845 propuso la nacionalizaci&oacute;n de los caminos que comunicaban con el extranjero. En su mira estaba el objetivo de adjudicar la construcci&oacute;n del camino carretero de Buenaventura a una empresa dirigida por su sobrino Julio Arboleda, uno de los m&aacute;s importantes pol&iacute;ticos de oposici&oacute;n, y por su yerno, el ex presidente Pedro Alc&aacute;ntara Herr&aacute;n. Estas vinculaciones pol&iacute;ticas hicieron que la empresa obtuviera el privilegio de poner coches de ruedas, cobrar los peajes correspondientes y la adjudicaci&oacute;n de 200.000 fanegadas de terreno a la orilla del camino, o donde los socios lo estimaran conveniente. No sobra mencionar que esto ocurr&iacute;a en momentos en los cuales se constru&iacute;a el Ferrocarril de Panam&aacute;, y que Mosquera hab&iacute;a establecido v&iacute;nculos econ&oacute;micos con el Sr. John Loyd Stephens, representante de la Compa&ntilde;&iacute;a del Ferrocarril, al proponerle que su propia empresa familiar aportar&iacute;a la mano de obra caucana necesaria para el desarrollo del mismo, lo cual logr&oacute; al comprar esclavos caucanos con la promesa de obtener su libertad al final de sus contratos.</p>     <p>En la constituci&oacute;n empresarial del camino de Buenaventura se   estableci&oacute; una estrategia que se convertir&iacute;a en adelante en un signo   caracter&iacute;stico: a ella se vincularon <i>personas que por su calidad de extranjeros   no pertenecen a ninguno de los dos partidos</i>, pero tambi&eacute;n caucanos que en   adelante figurar&iacute;an como importantes empresarios y pol&iacute;ticos: Federico G.   O'Byrne, Manuel M. Mallarino, Eusebio Borrero, Tom&aacute;s Cipriano de   Mosquera, Manuel Antonio Sanclemente, Jorge H. Isaacs, Manuel de Jes&uacute;s Quijano, Antonino Olano, Manuel Santos Caicedo, Estanislav Zawadzky, y Agust&iacute;n Codazzi, entre otros. La vinculaci&oacute;n de pol&iacute;ticos en ejercicio se habr&iacute;a de convertir en una importante ventaja para las empresas que se establecieron en el Cauca y gracias a ellos se pudo avanzar en las propuestas de desarrollo econ&oacute;mico que sacaron a la regi&oacute;n de crisis que se prolong&oacute; hasta la primera mitad del siglo XIX. La vinculaci&oacute;n de extranjeros proteg&iacute;a a las empresas de intentos de intervenci&oacute;n econ&oacute;mica estatal cuando las condiciones pol&iacute;ticas cambiaran. El establecimiento de este tipo de empresas permiti&oacute; el avance en las comunicaciones y la apertura de mercados, y, a su vez, se reflej&oacute; en la recomposici&oacute;n de la econom&iacute;a hacendataria que pudo consolidar el tabaco, la ganader&iacute;a y el aguardiente como la principal producci&oacute;n comercializable. Tambi&eacute;n la econom&iacute;a de subsistencia, en manos de los campesinos libres, se ampli&oacute; y encontr&oacute; condiciones propicias para la producci&oacute;n de tabaco y cacao cuya comercializaci&oacute;n interna les produc&iacute;a buenas ganancias.</p>     <p>&nbsp;</p>     <p><b><font size="3">Pol&iacute;tica, econom&iacute;a, guerra y expropiaciones</font></b></p>     <p>La recuperaci&oacute;n econ&oacute;mica fue propiciada por el per&iacute;odo de paz vivido en el   Cauca en los inicios de la segunda mitad del Siglo XIX, pues aparte de la   ''Guerra de 1851'' y algunos peque&ntilde;os motines en 1854, no existieron grandes   alteraciones del orden p&uacute;blico. No obstante, esto se vio interrumpido en 1860   cuando una coalici&oacute;n de liberales y conservadores inici&oacute; la ''Revoluci&oacute;n   Liberal'', que llevar&iacute;a a la creaci&oacute;n de los Estados Unidos de Colombia a partir de 1863, de los que formaba parte el Estado Soberano del Cauca. Todo esto permiti&oacute; que este Estado participara en el auge agroexportador colombiano del siglo XIX. Como consecuencia, los caucanos depusieran sus diferencias internas y excluyeron del poder a los miembros recalcitrantes del liberalismo radical y del conservatismo se&ntilde;orial. Gracias a esto, los mosqueristas, gobernaron de modo hegem&oacute;nico el Cauca a nombre del liberalismo, supremac&iacute;a que se prolong&oacute; hasta 1875, cuando los conservadores mostraron una importante capacidad reorganizativa y afloraron con mucha fuerza en la escena pol&iacute;tica, por su oposici&oacute;n a un proyecto oficial de educaci&oacute;n laica. Ante el temor a la reacci&oacute;n conservadora, que amenazaba con la guerra civil, j&oacute;venes radicales caucanos &#8211;liderados por C&eacute;sar Conto, Modesto Garc&eacute;s y Jorge Isaacs&#8211; accedieron al poder pol&iacute;tico en 1875. Estos hechos que se desarrollaron en medio de la inestabilidad del orden p&uacute;blico, produjeron el surgimiento de un grupo pol&iacute;tico nuevo: el Liberalismo Independiente, un grupo empresarial organizado en torno al peri&oacute;dico <i>El Tel&eacute;grafo</i>. De &eacute;l formaban parte empresarios importantes como Teodoro Mater&oacute;n, Juan de Dios Restrepo, Manuel Dolores Camacho y James Eder, quienes construyeron un programa pol&iacute;tico que promet&iacute;a dotar al Cauca de una infraestructura econ&oacute;mica s&oacute;lida para facilitar el desarrollo del comercio, estimulando la producci&oacute;n en medio de un clima de paz. Ellos consideraban que la paz era condici&oacute;n <i>sine qua non</i> para recuperar el desarrollo econ&oacute;mico que la regi&oacute;n necesitaba, y por ello trazaron pautas pol&iacute;ticas de tolerancia frente a los conservadores y de rechazo a las pr&aacute;cticas de los j&oacute;venes radicales que buscaban lanzar la oposici&oacute;n conservadora a la guerra. Pero a pesar de sus esfuerzos, la combinaci&oacute;n de una serie de factores pol&iacute;ticos &#8211;entre los que se destacan las maniobras de los radicales por mantenerse en el poder&#8211; llev&oacute; a que en 1876 la guerra fuera inevitable. El deterioro del clima pol&iacute;tico hab&iacute;a venido acompa&ntilde;ado por la crisis de los mercados externos para el tabaco, la quina y el a&ntilde;il, lo que hizo m&aacute;s complicada la situaci&oacute;n. Pero lo m&aacute;s grave fue la destrucci&oacute;n de las unidades productivas, de los cuales algunos viajeros extranjeros como Frederick von Schenck dan testimonio.<a name="b5"></a><sup><a href="#5">5</a></sup> En este contexto, las autoridades radicales del Cauca recurrieron a empr&eacute;stitos, expropiaciones y contribuciones forzosas para financiar la guerra, anulando el derecho de propiedad que el liberalismo predicaba. James Eder, el C&oacute;nsul norteamericano en el Cauca, en informe enviado al Secretario de Estado Adjunto, Mr. Hunter, le dec&iacute;a al respecto:</p>     <blockquote>       <p>La manera de levantar los medios de llevar a cabo la guerra por el gobierno me parece     que es &uacute;nica en este pa&iacute;s:  </p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p>1. El Gobierno ha embargado todo el ganado, de manera que a los due&ntilde;os no les est&aacute;     permitido vender o matar para su uso particular. Las reses se llevan a los mataderos     p&uacute;blicos por cuenta del Gobierno, y seg&uacute;n la pr&aacute;ctica del pa&iacute;s, el ganado que pertenece a     extranjeros tambi&eacute;n se embarga.  </p>       <p>2. Todos los caballos y mulas de cualquier due&ntilde;o los toma el Gobierno en calidad de     pr&eacute;stamo, pero a la fuerza.  </p>       <p>3. Todas las mercanc&iacute;as de cualquier clase y naturaleza las puede tomar el gobierno,     llamando a eso expropiaci  &oacute;n, sin hacer por el momento pago alguno, y sin distinci&oacute;n ya     sean sus due&ntilde;os nacionales o extranjeros.  </p>       <p>4. Contribuciones forzosas que deben ser en efectivo. [...].<a name="b6"></a><sup><a href="#6">6</a></sup></p> </blockquote>     <p>Todo esto hizo que los hacendados no invirtieran en sus tierras m&aacute;s de lo   necesario para sostener un l&aacute;nguido comercio, unido al hecho que la producci&oacute;n de los peque&ntilde;os propietarios tambi&eacute;n hab&iacute;a entrado en crisis, no s&oacute;lo por los reclutamientos militares, sino tambi&eacute;n porque sus huertos de cacao hab&iacute;an sido destruidos y porque la ca&iacute;da de los precios afect&oacute; a la producci&oacute;n de tabaco.</p>     <p>En tales condiciones la producci&oacute;n se redujo a la d&eacute;bil demanda interna.<a name="b7"></a><sup><a href="#7">7</a></sup>  Desde luego, no se puede dejar de advertir que la reactivaci&oacute;n econ&oacute;mica de los   a&ntilde;os sesenta se debi&oacute; a que los comerciantes hab&iacute;an encontrado demanda en los   Estados vecinos de Antioquia, Tolima o la Rep&uacute;blica del Ecuador; ahora la   situaci&oacute;n era bien diferente, porque la guerra continuaba en el m&aacute;s importante   mercado comercial caucano, el conservador Estado de Antioquia, donde se   hab&iacute;a desarrollado una particular animadversi&oacute;n contra los caucanos, que no   s&oacute;lo hab&iacute;an invadido y vencido sus ej&eacute;rcitos, sino que controlaban su gobierno;   situaci&oacute;n similar ocurr&iacute;a con el Ecuador, donde el gobierno hab&iacute;a ofrecido asilo   pol&iacute;tico a los conservadores caucanos. En tales condiciones la demanda de la   producci&oacute;n se restring&iacute;a al consumo interno, lo que creaba dificultades   adicionales dada la frugalidad de los consumos,<a name="b8"></a><sup><a href="#8">8</a></sup> asociada a factores naturales   tales como plagas de langosta, y la alternaci&oacute;n de veranos e inviernos que llevaron a desplazamiento de los campesinos del campo a la ciudad.<a name="b9"></a><sup><a href="#9">9</a></sup></p>     <p>Pero, &iquest;c&oacute;mo fue posible esta crisis a pesar de las potencialidades   econ&oacute;micas caucanas? La respuesta evidente est&aacute; en la inestabilidad pol&iacute;tica   que produjeron las guerras civiles, con sus secuelas de irrespeto a la propiedad   privada, constantes expropiaciones y empr&eacute;stitos forzosos sin contar los destrozos cometidos. El padre Federico C. Aguilar, se lamentaba de esto:</p>     <p>     <blockquote>Oh Valle del Cauca Para&iacute;so no menos hermoso que el formado por Dios para que fuera     mansi&oacute;n del hombre inocente; &iquest;por qu&eacute; fatal destino te hallas asolado? &iquest;Por qu&eacute; te has     regado con la sangre de tus hijos? &iquest;Por qu&eacute; Ed&eacute;n de bienandanzas, te has convertido en     tierra de miseria, de atrasos, de zozobras y de ruinas? El orgullo hizo perder a Ad&aacute;n el     para&iacute;so oriental y la pereza, el esp&iacute;ritu de partido y las guerras civiles han hecho perder a     los colombianos este para&iacute;so occidental.<a name="b10"></a><sup><a href="#10">10</a></sup></blockquote> </p>     <p>Muchos caucanos entendieron que era necesario establecer la paz para poder   construir una infraestructura que permitiera superar la crisis, de esta manera   podr&iacute;an consolidar la construcci&oacute;n del Ferrocarril del Pac&iacute;fico, iniciado en   1878, construir el camino Cali, que comunicaba a Buenaventura con Cali, el   camino Palmira, y establecer la Empresa de Vapores del Cauca. Todo esto, que   era una materializaci&oacute;n del programa de los liberales independientes, debi&oacute;   sufrir la oposici&oacute;n de los radicales quienes ve&iacute;an que el desarrollo de esta   infraestructura lesionaba sus intereses pol&iacute;ticos, por lo que desarrollaron desde   los cargos p&uacute;blicos que controlaban toda la oposici&oacute;n posible a su realizaci&oacute;n.   Ante esto la actitud de los independientes no fue otra que pedir la paz: ''S&eacute;anos   l&iacute;cito pedir y esperar una tregua en las hostilidades mientras llevamos a cabo las   urgentes mejoras del camino de rieles, los buques de vapor en nuestro r&iacute;o y el Banco Hipotecario. Esa tregua producir&aacute; indudablemente una paz duradera''.<a name="b11"></a><sup><a href="#11">11</a></sup></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Estas obras contaron con el apoyo del gobierno nacional, en manos del   independiente Juli&aacute;n Trujillo, quien pignor&oacute; algunas rentas para garantizar su   ejecuci&oacute;n,<a name="b12"></a><sup><a href="#12">12</a></sup> pero contaron con la oposici&oacute;n de los gobiernos caucanos, particularmente los dirigidos por los radicales C&eacute;sar Conto y Modesto Garc&eacute;s (1875-1879), quienes incumplieron sus compromisos al negarse a contribuir con los auxilios que hab&iacute;an prometido. Adem&aacute;s, acusaron al candidato independiente Ezequiel Hurtado, de promocionar su candidatura por medio de estas empresas;<a name="b13"></a><sup><a href="#13">13</a></sup> igualmente, movilizaron a los bogas de Dagua para que entraran en huelga y entorpecieran los trabajos de los obreros del Ferrocarril.<a name="b14"></a><sup><a href="#14">14</a></sup></p>     <p>La radicalidad de la oposici&oacute;n desarrollada por los gobiernos caucanos   oblig&oacute; a que los independientes, marchando en contrav&iacute;a de sus propuestas   pacifistas, se vieran obligados a recurrir a la guerra, lo que realizaron cuando el   general Eliseo Pay&aacute;n se declar&oacute; ''Jefe Civil y Militar del Cauca'' e inici&oacute; la   ''Revoluci&oacute;n del 21 de abril'' de 1879, mediante la cual los radicales fueron   expulsados del poder. Aunque esta guerra fue de muy corta duraci&oacute;n, sus   conductores tuvieron un comportamiento muy diferente al que hab&iacute;a   caracterizado las guerras anteriores. Por ejemplo, los ej&eacute;rcitos contendores   confiscaban las caballer&iacute;as necesarias para el sostenimiento y movilizaci&oacute;n de   las tropas, lo que se prestaba para innumerables abusos, pues oficiales de alto   rango optaban por vender los animales confiscados apropi&aacute;ndose del dinero de   la venta. Para evitar esto, el gobierno de Eliseo Pay&aacute;n dict&oacute; el 14 de mayo de   1879 un decreto que prohib&iacute;a que los oficiales vendieran caballer&iacute;as ''sin la   presencia de las autoridades pol&iacute;ticas del municipio ante las cuales deber&aacute; el   vendedor acreditar plenamente el derecho de propiedad que tenga sobre las bestias vendidas''<a name="b15"></a><sup><a href="#15">15</a></sup></p>     <p>La tarea inmediata de los independientes se concentr&oacute; en normalizar el desarrollo econ&oacute;mico. Para ello era necesario restablecer la confianza de los empresarios rurales, muchos de los cuales hab&iacute;an visto afectados sus intereses por los decomisos que sufrieron durante la guerra de 1876. Por eso Eliseo Pay&aacute;n dict&oacute; un decreto sobre devoluci&oacute;n de propiedades ra&iacute;ces urbanas y rurales, bienes muebles e inmuebles que hubieran sido expropiadas durante la guerra de 1876. Los due&ntilde;os leg&iacute;timos deber&iacute;an ser indemnizados y todos los remates que de ellos se hicieron fueron considerados nulos.<a name="b16"></a><sup><a href="#16">16</a></sup></p>     <p>El decreto de devoluci&oacute;n de propiedades levant&oacute; muchos comentarios en   contra, explicados por la afectaci&oacute;n de los intereses de quienes salieron   beneficiados por los remates. Esto hizo que los editores del <i>El Amaime</i>, de 11   de septiembre de 1879, hicieran una defensa del mismo argumentado que lo   &uacute;nico que hac&iacute;a era recuperar el respeto por el inviolable derecho de la   propiedad, pues ''se devuelve lo ajeno, lo que no debi&oacute; tomarse, lo robado''. Las   denuncias se enfocaron a los decomisos realizados en el Sur, donde fincas   ra&iacute;ces de alto valor fueron cotizadas a voluntad de los rematadores ''en mucho   m&aacute;s de medio mill&oacute;n de pesos'', con el agravante de que s&oacute;lo entr&oacute; a las cajas   del Gobierno, ''siete mil y pico de pesos'', de los cuales los encargados de los   remates dedujeron por comisi&oacute;n porcentual de sueldo ''m&aacute;s de dos mil pesos''. La denuncia no se hizo esperar y se plante&oacute; con la pregunta:</p>     <p>     <blockquote>&iquest;Qu&eacute; se hizo pues el medio mill&oacute;n de pesos en valores? Se invirti&oacute; en el sostenimiento     de las autoridades constituidas? No se&ntilde;or [...] el medio mill&oacute;n fue robado por unos pocos     que han llevado impropiamente el nombre de liberales, contra toda raz&oacute;n, todo derecho i     toda justicia, y contra los intereses permanentes de la sociedad caucana''<a name="b17"></a><sup><a href="#17">17</a></sup></blockquote> </p>     <p>La fuerte denuncia incluy&oacute; acusaciones de abusos como los ocurridos en el   municipio de Barbacoas donde varias propiedades y minas fueron rematadas al   fiado, sin que se hubieran consignado los valores correspondientes en las arcas oficiales a pesar de que los rematadores las estaban poseyendo.</p>     <p>Mucho m&aacute;s grave fue lo que ocurri&oacute; en Buenaventura donde se   remataron minas avaluadas previamente en $20.000, por s&oacute;lo $1.100, sumas   que tampoco entraron a oficina alguna o a poder de los empleados responsables.   All&iacute;, de un empr&eacute;stito de $40.000, efectuado en oro en polvo y alhajas de oro y plata, no se dio cuenta al gobierno por un solo centavo.</p>     <p>Desde luego, los decomisos y expropiaciones se hicieron en otro tipo de   bienes. Por ejemplo, en Caldas los empleados del gobierno y miembros del   ej&eacute;rcito se apropiaron de ganados, bestias y quinas, las que fueron entregadas a   particulares ''sin que mediara expropiaci&oacute;n''. No fue diferente lo ocurrido en   Popay&aacute;n donde se produjo el arreamiento de ganados, que llenaron las arcas y   las dehesas de algunos generales. En Santander de Quilichao en una sola   hacienda, se tomaron m&aacute;s de 4.000 reses, pero las autoridades s&oacute;lo admitieron   haber expropiado 150. El valle del Cauca no fue ajeno a esta situaci&oacute;n, pues un   caso extremo se present&oacute; en Cali, donde los abusos fueron creciendo hasta que   se produjo el terrible 24 de diciembre cuando la ciudad fue entregada para el   saqueo de las tropas durante tres d&iacute;as; all&iacute;, los saqueos fueron imposibles de   cuantificar. En Buga, la situaci&oacute;n no fue diferente, pues 76 reses de media ceba   valuadas a 32 pesos, fueron entregadas al mismo precio que 650 reses de igual   clase y de cr&iacute;a; all&iacute;, se estableci&oacute; el derecho de que quien primero ocupara una hacienda ganadera ten&iacute;a la prioridad en los decomisos, y los alcaldes establecieron almac&eacute;n de sillas, frenos, ruanas, lienzos, sarazas, etc., etc. para ''vender los efectos y aplicar sus valores a la defensa de sus bolsillos''.<a name="b18"></a><sup><a href="#18">18</a></sup></p>     <p>Todo esto sirvi&oacute; para que algunas propiedades retornaran a sus due&ntilde;os,<a name="b19"></a><sup><a href="#19">19</a></sup>  pero muchas devoluciones encontraron dificultades para efectuarse por la   evidente corrupci&oacute;n con que se hicieron los remates. Esto lo relat&oacute; el   Administrador de Hacienda de Pasto, quien el 24 de marzo de 1880, escribi&oacute; al   Secretario de Hacienda del Cauca, que en su oficina no exist&iacute;a ning&uacute;n   documento legal acerca de los remates efectuados entre 1876 y 1877, lo cual le   parec&iacute;a ''muy natural'', debido a que el se&ntilde;or Benjam&iacute;n G&aacute;lvez, comisionado   oficial para hacer efectivos los empr&eacute;stitos, ''se dio por robado del archivo de su   oficina'', a lo que se agregaba que el se&ntilde;or Camilo Santander, Administrador   Municipal en ese entonces, no rindi&oacute; las cuentas de manejo, ni dej&oacute; constancia   de &eacute;l en el archivo de la Administraci&oacute;n. Lo curioso es que en algunas   publicaciones oficiales aparec&iacute;a que fincas valiosas fueron rematadas en favor   del mencionado Santander a&uacute;n cuando era Administrador de Hacienda, y   agregaba, como dato adicional, que todas esas fincas fueron administradas por   Jos&eacute; Mar&iacute;a Guerrero y el mismo Santander, sin que le produjeran un centavo al Tesoro del Estado. Y agregaba en forma de conclusi&oacute;n:</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>     <blockquote>Pretender, se&ntilde;or Secretario, aclarar el misterio que encierra la &eacute;poca nefanda de la     confiscaci&oacute;n de Pasto es m&aacute;s que dif&iacute;cil, imposible, ora porque ser&iacute;a descorrer el velo     que cubre la vasta i profunda llaga que amenaza i mina la existencia deste municipio, i     ora porque con excepci&oacute;n de diez o doce individuos que actualmente forman el c&iacute;rculo     independiente, los dem&aacute;s, cu&aacute;l m&aacute;s, cu&aacute;l menos, todos en nombre del Gobierno i del partido liberal, han tomado participaci&oacute;n en el banquete del crimen, motivo por el cual se     unen i se compactan para evitar que la luz de la justicia venga a ense&ntilde;ar al pa&iacute;s en toda     su deformidad, ese inmenso c&uacute;mulo de delitos; i por lo mismo ponen en juego cuantos     medios les es posible, por indignos que ellos sean, a fin de impedir que la atenci&oacute;n del     Gobierno recaiga en las depredaciones del sur en a&ntilde;os anteriores.<a name="b20"></a><sup><a href="#20">20</a></sup></blockquote> </p>     <p>Todas las denuncias sirvieron para que, al fin, aparecieran los documentos de   los bienes decomisados en Pasto, pero estos ''aparecieron despedazados e   inutilizados a pocas cuadras de distancia de la casa del Jefe Municipal, viviendo el Administrador especial a m&aacute;s de doce cuadras de distancia de la primera''.</p>     <p>Los empr&eacute;stitos que se hicieron en el sur alcanzaron la suma de $70.000,   de los cuales $47.216 fueron en dinero, el resto en inmuebles, suma que de   todas maneras ten&iacute;a que ser restituido a los abusivos rematadores, pues   argumentaron que sus derechos no pod&iacute;an ser lesionados cuando el Estado   restituyera las propiedades a sus leg&iacute;timos due&ntilde;os.<a name="b21"></a><sup><a href="#21">21</a></sup> De todas maneras, los   rematadores no se salieron con la suya pues el Gobierno orden&oacute; reintegrar a los que remataron los bienes la suma de $6.590.<a name="b22"></a><sup><a href="#22">22</a></sup></p>     <p>Todo esto mostr&oacute; la venalidad de las autoridades radicales del Cauca y   sirvi&oacute; para que en el peri&oacute;dico <i>La Reforma</i>, publicado en Cali el 21 de mayo de   1880, le hicieran una serie de cargos a Modesto Garc&eacute;s, el Presidente reci&eacute;n   derrocado, y quien desempe&ntilde;aba el cargo de Secretario de Hacienda del Cauca,   durante la guerra del 76. Se le acusaba principalmente de haber favorecido a   particulares, y en especial a empresas comerciales de sus amigos en los remates. Por ejemplo, cuando entre abril y julio del 77 el gobierno mand&oacute; rematar 100 cargas de quinas del sur, decomisadas como contribuci&oacute;n de guerra para pagar un armamento comprado en Panam&aacute; y con el cual se hizo la compa&ntilde;ia del sur del Cauca, esas quinas fueron rematadas por el se&ntilde;or Jerem&iacute;as C&aacute;rdenas en nombre de la <i>Casa de Ernesto Cerruti i C&iacute;a</i>., de Popay&aacute;n. Esto no tendr&iacute;a nada de particular, si no fuera por el hecho de que el general Ezequiel Hurtado fue el jefe de las fuerzas que hicieron la campa&ntilde;a del sur del Cauca, teniendo como segundo Jefe al general Buenaventura Reinales, ambos socios de Cerruti, quienes, adem&aacute;s, remataron otras cargas de quina por ellos decomisadas a favor de su empresa. A esto se agreg&oacute; que en 1876, cuando el gobierno debi&oacute; comprar 4.000 arrobas de sal para el sostenimiento de las tropas lo hizo a los se&ntilde;ores <i>Ernesto Cerruti y C&iacute;a</i>., Francisco Menotti y Rodas y Otero de Buenaventura, sin que mediara la aprobaci&oacute;n de la Legislatura del Estado, como ordenaba la norma que reg&iacute;a los contratos p&uacute;blicos.<a name="b23"></a><sup><a href="#23">23</a></sup></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><b><font size="3">Los empresarios y la guerra de 1885</font></b></p>     <p>Cuando las cosas se normalizaron la pol&iacute;tica econ&oacute;mica de los independientes   promet&iacute;a sacar a la regi&oacute;n de la crisis. En efecto, se lograron algunos avances en   el ferrocarril, por el que pudo circular el caf&eacute; de la zona del Quind&iacute;o y del   Valle, el cual promet&iacute;a reemplazar las p&eacute;rdidas que hab&iacute;an ocasionado la crisis   tabacalera y la guerra. Esto ocurr&iacute;a en momentos en los cuales los precios de la   quina y el a&ntilde;il ca&iacute;an en forma acelerada, lo que obligaba a la exportaci&oacute;n de metales preciosos para equilibrar la balanza exportadora. Todo indicaba que hab&iacute;a un dominio de los productos agropecuarios en la exportaci&oacute;n, pero la guerra de nuevo vino a oscurecer el panorama. En efecto, en 1885 los radicales iniciaron un movimiento revolucionario con el fin de derrocar a los independientes quienes, a su juicio, estaban entregando el poder al Conservatismo. En el Cauca, el movimiento fue instigado y financiado por comerciantes de la plaza de Cali, dirigidos por Ernesto Cerruti, gerente de un grupo comercial que llevaba su nombre y al que aparec&iacute;an vinculados importantes pol&iacute;ticos caucanos.<a name="b24"></a><sup><a href="#24">24</a></sup> Sus intervenciones en la pol&iacute;tica interna del Cauca son muy antiguas y no es del caso repetirlas; s&oacute;lo recordaremos que ellas siempre se dieron al lado de los liberales radicales, varios ellos, socios suyos en sus empresas comerciales. Sobresale el general Tom&aacute;s Rengifo, quien fuera candidato a la presidencia del Cauca en 1883, en cuya campa&ntilde;a pol&iacute;tica Cerruti desempe&ntilde;&oacute; un papel importante que s&oacute;lo termin&oacute; con la muerte del candidato.</p>     <p>La situaci&oacute;n general presagiaba la guerra, pues los liberales se   dividieron en toda la Rep&uacute;blica, al punto de que los radicales declararon la   guerra contra el gobierno regenerador en 1885. En el Cauca la situaci&oacute;n se   complic&oacute; cuando un batall&oacute;n de la Guardia Colombiana, como se dijo en la   &eacute;poca, se ''vendi&oacute;'' a unos comerciantes radicales, entre los que descollaba   Cerruti.<a name="b25"></a><sup><a href="#25">25</a></sup> Esto llev&oacute; a que las autoridades del Estado argumentaran que don   Ernesto hab&iacute;a perdido su condici&oacute;n de neutral y por lo tanto, quedaba cobijado   por las leyes colombianas, situaci&oacute;n que afect&oacute; a sus empresas. A ra&iacute;z de esto,   el 12 de febrero, Eliseo Pay&aacute;n en su car&aacute;cter de Presidente del Estado Soberano del Cauca, orden&oacute; que se confiscaran todas las propiedades de Cerruti y sus socios en Buenaventura, Cali, Palmira y Popay&aacute;n. Para tomar estas medidas, Pay&aacute;n se escud&oacute; en la ley 38 de 1879, del Estado Soberano del Cauca, con fundamento en la cual declar&oacute; bien nacional ''la propiedad personal de dicho Cerruti, lo mismo que la posee en com&uacute;n con los rebeldes Ezequiel Hurtado y Virgilio Quintana''. M&aacute;s tarde fue reducido a prisi&oacute;n y se inici&oacute; contra &eacute;l un proceso por rebeli&oacute;n, hasta que, el 6 de julio, el capit&aacute;n de un barco de guerra italiano exigi&oacute; su libertad desembarcando tropas en Buenaventura, lo que produjo el rompimiento de las relaciones entre Colombia e Italia. Cerruti parti&oacute; a Europa, donde el 18 de junio de 1886 inici&oacute; el proceso que se conoce como ''Cuesti&oacute;n Cerruti''.</p>     <p>Aunque muchos empresarios se quejaron de hacer sido perseguidos   despu&eacute;s de la derrota de los radicales, el gobierno, para aclarar las cosas, realiz&oacute;   una encuesta entre los comerciantes extranjeros, con el fin de sustentar que no   se hab&iacute;a perseguido a nadie que no hubiera intervenido en la pol&iacute;tica interna del   Cauca. Las declaraciones fueron tomadas por el Jefe municipal Belisario   Palacios, ante quien empresarios como Carl. H. Simmonds, el abanderado de la   navegaci&oacute;n a vapor por el Cauca, declar&oacute; haber gozado de plenas garant&iacute;as en   el nuevo r&eacute;gimen pol&iacute;tico. Jos&eacute; Quilici, en cambio, mencion&oacute; haberse sentido   perjudicado debido a que el gobierno hab&iacute;a embargado los bienes de Cerruti, su   socio, pero reconoci&oacute; que las autoridades le hab&iacute;an ofrecido sacar su capital del   embargo, lo que no acept&oacute; por no convenir a sus intereses. Otro italiano,   Vicente Espadafora, declar&oacute; que durante su vida en el Cauca, no hab&iacute;a sido   molestado en sus intereses; ''aunque en 1879, con motivo de la rebeli&oacute;n le   quitaron algunos intereses en el paso de Cauca'' y que hasta el momento no le hab&iacute;an devuelto su valor, agreg&oacute; que ''el tercero o cuarto d&iacute;a de haber llegado el general Pay&aacute;n a esta plaza fue el Intendente General del gobierno del Estado a la puerta de su tienda, a ofenderlo en palabras expresando que los extranjeros ven&iacute;an a este pa&iacute;s a explotar y a especular y que ellos estaban muy dormidos y que ning&uacute;n provecho dej&aacute;bamos al pa&iacute;s''.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>De manera igualmente conforme, se expres&oacute; el se&ntilde;or Alberto Burchardt,   comerciante alem&aacute;n, quien dijo haber recibido un trato satisfactorio. Desde   luego, esa no fue la opini&oacute;n de quienes vieron confiscados sus bienes, pues   adem&aacute;s de los asuntos legales que suscit&oacute; su participaci&oacute;n en los asuntos   internos del Cauca, debieron sufrir la demanda que los se&ntilde;ores <i>Scholss   Brothers, David Midglay and Sons, Reinsch am Ende y Stadelvauer and   Company</i>, del comercio de Manchester en Inglaterra interpusieron por poder   otorgado al se&ntilde;or A. de Cambil para que los representaran en vista de las   circunstancias anormales por las que atravesaba el Estado del Cauca. Entre los   deudores de los citados figuraban las casas de Ernesto Cerruti y C&iacute;a., Gaviria e   hijos, y Fidel Galinde cuyos inmuebles y existencias se encontraban confiscados y estaban rematando por cuenta del Estado<a name="b26"></a><sup><a href="#26">26</a></sup>.</p>     <p>La guerra llev&oacute; a que la recuperaci&oacute;n econ&oacute;mica se detuviera, pues la   destrucci&oacute;n de la econom&iacute;a, produjo un per&iacute;odo de escasez con su   correspondiente alza de precios. Como siempre se unieron factores clim&aacute;ticos,   tales como un crudo invierno que inund&oacute; el Valle y que llev&oacute; a que Eustaquio   Palacios encontrara, como &uacute;nica soluci&oacute;n a este problema, seguir el ejemplo de   los colonizadores antioque&ntilde;os, y cultivar los piedemontes cordilleranos que rodean al Valle. Dec&iacute;a: ''Hay que volver los ojos a las monta&ntilde;as, all&aacute; est&aacute; la esperanza de la generaci&oacute;n presente; all&aacute; el porvenir del hombre laborioso''.<a name="b27"></a><sup><a href="#27">27</a></sup> No estaba equivocado, pues durante el per&iacute;odo conocido como ''La Hegemon&iacute;a Conservadora'', la recuperaci&oacute;n econ&oacute;mica descansar&iacute;a en los brazos de los hombres y mujeres que, en la zona de colonizaci&oacute;n, encontraron en el caf&eacute; el producto que redimir&iacute;a econ&oacute;micamente al valle del Cauca al permitir, luego de la Guerra de los Mil D&iacute;as, que se desarrollaran las empresas por las que hab&iacute;an luchado los caucanos: el ferrocarril y la navegaci&oacute;n a vapor y que los proyectos econ&oacute;micos de los empresarios nacionales y extranjeros tomara un nuevo impulso despu&eacute;s de la &uacute;ltima y m&aacute;s terrible de nuestras guerras civiles.</p>     <p>&nbsp;</p> <hr size="1" />     <p><b><font size="3">Notas al pie </font></b></p>     <p><a name="1"></a><a href="#b1">1</a> Los aspectos generales del desarrollo de la regi&oacute;n caucana durante el siglo XIX pueden   consultarse en Valencia 1993.</p>     <p><a name="2"></a><a href="#b2">2</a> Sobre el tema v&eacute;ase Valencia 2003<i>a</i>.</p>     <p><a name="3"></a><a href="#b3">3</a> V&eacute;ase Valencia 2003<i>b</i>.</p>     <p><a name="4"></a><a href="#b4">4</a> V&eacute;ase Mej&iacute;a 1993.</p>     <p><a name="5"></a><a href="#b5">5</a> Schenck 1963.</p>     <p><a name="6"></a><a href="#b6">6</a> Eder 1958.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a name="7"></a><a href="#b7">7</a> <i>El Ferrocarril</i> 1878, 1.</p>     <p>   <a name="8"></a><a href="#b8">8</a> <i>El Ferrocarril</i> 1878, 8.</p>     <p>   <a name="9"></a><a href="#b9">9</a> <i>El Ferrocarril</i> 1878, 4.</p>     <p><a name="10"></a><a href="#b10">10</a> Aguilar 1881, 572.</p>     <p>   <a name="11"></a><a href="#b11">11</a> <i>El Ferrocarril</i> 1878, 10.</p>     <p>   <a name="12"></a><a href="#b12">12</a> Ver Samper 1997, 198.</p>     <p><a name="12"></a><a href="#b13">13</a> <i>El Ferrocarril </i>1878, 29.</p>     <p> <a name="14"></a><a href="#b14">14</a><i> El Ferrocarril</i> 1878, 40.</p>     <p>   <a name="15"></a><a href="#b15">15</a> <i>Registro Oficial</i> 1879, 5.</p>     <p><a name="16"></a><a href="#b16">16</a> <i>Registro Oficial</i> 1879, 8.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   <a name="17"></a><a href="#b17">17</a> <i>El Amaime</i> 1879, 7.</p>     <p><a name="18"></a><a href="#b18">18</a> <i>El Amaime</i> 1879, 7.</p>     <p>   <a name="19"></a><a href="#b19">19</a> <i>Registro Oficial</i> 1879, 7.</p>     <p><a name="20"></a><a href="#b20">20</a> Barreiro 1880.</p>     <p>   <a name="21"></a><a href="#b21">21</a> <i>Registro Oficial</i> 1883.</p>     <p>   <a name="22"></a><a href="#b22">22</a> <i>&Iuml;bid.</i>, 237.</p>     <p><a name="23"></a><a href="#b23">23</a> <i>El Ferrocarril</i> 1878, 104.</p>     <p><a name="24"></a><a href="#b24">24</a> V&eacute;ase Valencia 1988.</p>     <p>   <a name="25"></a><a href="#b25">25</a> <i>Registro Oficial</i> 1886, 398.</p>     <p><a name="26"></a><a href="#b26">26</a> Archivo Hist&oacute;rico Municipal de Cali, Jefatura Municipal de Cali, 11 de agosto y siguientes, 1885.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a name="27"></a><a href="#b27">27</a> <i>El Ferrocarril</i> 1887, 298.</p> <hr size="1" />     <p>&nbsp;</p>     <p>&nbsp;</p>     <p><b><font size="3">Bibliograf&iacute;a </font></b></p>     <!-- ref --><p>Aguilar, Federico. 1881. El Valle del Cauca. <i>El Ferrocarril</i>, No. 143, Cali, 18-   II, p. 572.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000097&pid=S2145-132X201000010000200001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Archivo Hist&oacute;rico Municipal de Cali, <i>Jefatura Municipal de Cali</i>, 11 de agosto   y siguientes, 1885.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000099&pid=S2145-132X201000010000200002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Barreiro, M. S. 1880. Comunicaci&oacute;n del Administrador Municipal de Pasto, al   Secretario de Hacienda, Pasto, 24-III. <i>Registro Oficial</i>. No.55.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000101&pid=S2145-132X201000010000200003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Eder, Phanor J. 1958. <i>El Fundador</i>. James M. Eder. Cali, ed. Velasco   Madri&ntilde;&aacute;n, pp. 246-247.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000103&pid=S2145-132X201000010000200004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Mej&iacute;a, Eduardo. 1993. <i>Origen del Campesino Vallecaucano</i>. Editorial Facultad   de Humanidades, Universidad del Valle.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000105&pid=S2145-132X201000010000200005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->  </p>     <!-- ref --><p>Samper, Miguel. La protecci&oacute;n. En <i>Selecci&oacute;n de Escritos</i>, Medell&iacute;n, Bedout, s.f,   p. 103.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000107&pid=S2145-132X201000010000200006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Schenck, Friederich von. 1963. <i>Viajes por Antioquia en el a&ntilde;o de 1880</i>. Bogot&aacute;,   Banco de la Rep&uacute;blica.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000109&pid=S2145-132X201000010000200007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Valencia, Alonso. 1993. <i>Empresarios y Pol&iacute;ticos en el Estado Soberano del   Cauca</i>. Cali: Editorial Facultad de Humanidades, Universidad del Valle.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000111&pid=S2145-132X201000010000200008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Valencia, Alonso. 2003a. Las pr&aacute;cticas empresariales en el Estado Soberano del   Cauca. En <i>Empresas y empresarios en la historia de Colombia Siglos XIX y   XX. Una colecci&oacute;n de estudios recientes</i>, eds. D&aacute;vila Ladr&oacute;n De G, Carlos.   Bogota: Grupo editorial Norma, CEPAL, Universidad de los Andes.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000113&pid=S2145-132X201000010000200009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Valencia, Alonso. 2003b. La insurgencia social y la consolidaci&oacute;n de los   campesinos vallecaucanos. <i>Historia y Espacio</i>. Departamento de Historia de la   Universidad del Valle, Cali, Julio- Diciembre, 21.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000115&pid=S2145-132X201000010000200010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Valencia, Alonso. 1988. &iexcl;Centu per Centu Moderata Ganancia!: Ernesto Cerruti   un comerciante italiano en el Estado Soberano del Cauca. <i>Bolet&iacute;n Cultural y   Bibliogr&aacute;fico</i>, Bogot&aacute;, Banco de la Rep&uacute;blica. 17.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000117&pid=S2145-132X201000010000200011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <p><b><font size="3">Fuentes primarias </font></b></p>     <!-- ref --><p><i>El Amaime</i>. 1879. No. 7, Palmira.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000120&pid=S2145-132X201000010000200012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p><i>El Ferrocarril</i>. 1878. Nos. 1. 4, 8, 10, 29, 40, Cali.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000122&pid=S2145-132X201000010000200013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p><i>El Ferrocarril</i>. 1887. No. 298, Cali.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000124&pid=S2145-132X201000010000200014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p><i>El Ferrocarril</i>, A&ntilde;o 3. No. 104, Cali.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000126&pid=S2145-132X201000010000200015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p><i>Registro Oficial</i>. 1879. Nos. 5, 7, 8, Popay&aacute;n.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000128&pid=S2145-132X201000010000200016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p><i>Registro Oficial</i>. 1883. No. 237, Popay&aacute;n.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000130&pid=S2145-132X201000010000200017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p><i>Registro Oficial</i>. 1886. No. 398, Popay&aacute;n.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000132&pid=S2145-132X201000010000200018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <p>&nbsp;</p> </font>     ]]></body><back>
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